El instituto

Sucedió esto, realmente, hace un par de meses. Comienza la situación en mi aula del instituto, en clase de biología nos mandaron un trabajo de recopilación por parejas. Como es costumbre en estos casos cada uno con su mejor amigo o compañero. Pero esta vez no fue así, el profesor decidiría las parejas. Me tocó con una compañera con la que no me había tratado mucho, pero aún así éramos buenos amigos y llegando a sentir por ella verdadero amor.

Era, a su vez, la subdelegada de mi clase. Rubia, ojos verdes, alta (cálculo que alrededor de 1,70 metros), una figura preciosa: bonitos senos y un trasero respingón que haría las delicias de cualquier hombre. Yo soy un chico normal: gafas, moreno de piel y castaño de pelo, ojos negros y un físico un poco musculado por unos meses de gimnasio.

Recuerdo vagamente que en los recreos solía juntarse con otras de las chicas que eran más guapas de mi instituto. Una se llamaba Úrsula, Carmen y Sara. Eran a su vez las más guarrillas del instituto; iban siempre provocando: enseñando las tirillas del tanga (eso en chicos de 18 años es lo mejor del mundo)…, poniéndose camisas con pronunciados escotes que dejaban entrever unas bonitas tetas, etc. Ella siempre me había gustado, era la típica guapa que no se te olvida jamás, eso era para mí. Me masturbaba casi diariamente pensando en ella, en su cuerpo, sus labios, en toda ella. La quería mía.

Llegado el día de realizar el trabajo (realizaríamos un PowerPoint), por lo que se vendría a mi casa a hacerlo junto a mí. Decir que ese día no habría nadie en mi casa, ya que días atrás falleció un tío-abuelo mío que nunca llegué a conocer y mis padres no estarían en el piso, ya que fueron a su sepelio. Pensé que así sería mejor para realizar el trabajo (no para sobrepasar ningún límite ni sexual ni nada).

Llegó ella a mi casa, tuve que ir a recogerla a un sitio convenido con sus padres (la puerta del Corte Inglés) y bajó del coche. Venía vestida como una auténtica putona: minifalda negra, camiseta de gasa que dejaba ver un sugerente sujetador de encaje y unos zapatos de tacón. Ahí se produjo mi primera erección de la tarde. Fuimos caminando a mi casa, conversando sobre el trabajo y las fuentes y documentos que utilizaríamos para realizarlo.

Una vez en el portal de mi casa, llamamos al ascensor. Ella entró primero y yo seguido, dio ella al número de mi piso y llegamos en un santiamén. Entramos en mi casa y se la enseñé, el ordenador estaba en mi cuarto, por lo que nos quedamos allí. Encendí el PC al instante y fui a preparar unas bebidas, mientras ella abría diversas páginas web que consultaríamos. Cuando al llegar de la cocina con las bebidas vi en la pantalla del ordenador una foto suya de espaldas, enseñando el tanga.

Pregunté qué hacía eso ahí y dijo ella que era para animar un poquillo el ambiente mientras realizábamos el trabajo. Empezamos a hablar sobre los temas del instituto y las clásicas parejitas y/o rollos que había en el mismo. Ella dijo que había tenido una subida de tono con el sobrino del profesor de tecnología, lo que pasa es que no le gustó y no llegaron a más. Ella se quitaba todo tapujo, pero me llegó el momento de hablar a mí y le dije que no había tenido ningún escarceo con ninguna chica, por lo que ella se extrañó:

-¿Cómo es que no has tenido ningún rollete con lo guapo que eres? – Nunca me ha gustado ninguna chica del instituto-dije yo. – ¿De verdad? – Bueno, sólo alguna fantasía que no se podrá realizar…

– ¿Con quién? -dijo ella. – Es que me da vergüenza decirlo.

Empecé a coger cierto color rojizo en los mofletes.

– Venga… ¡No te cortes! – No sé es que es muy difícil de decir…-comenté yo, un poco avergonzado y libre-. – Pues así no te podré ayudar a conseguir que te la ligues. – No creo que pueda ligármela, ella es mucho para mí… – Ayyyyy…Pero dime ya quién es que me estás dejando con la intriga. – Si te lo digo ¿no se lo cuentas a nadie?-Pregunté yo-. -Sí, desde luego.

– Pues eres tú, no paro de pensar en ti, en toda tu persona. Me gustas demasiado como para decírtelo así como así. – Pues menos mal que me lo has dicho, porque a mí me pasa lo mismo.

Al decir esto, me plantó un beso en los labios. Nuestras lenguas empezaron a juguetear y empezó a tocarme el paquete, que empezaba a tener un tamaño considerable (medía en completa erección unos 19 centímetros). Empecé a tocarle sus pechos, que empezaron a apretarle el sujetador, que no tuve más remedio que quitárselo ya en la cama. Le quedaba todavía la minifalda y el tanga por quitar. Pero esos serían mis últimos puntos de placer, quería centrarme en su boca y en sus tetas, las que tanto me provocaban ¡y por fin las podía tocar!

Era un tacto maravilloso, toda su piel era maravillosa, pero todavía quedaba por verle ese tesoro que se veía divino a través de las transparencias de un tanga negro de encajes (a juego con el sujetador).

Le quité el tanga y quedó ante mí un precioso y flamante monte de Venus, que sería mío; totalmente depilado y un poco húmedo, por lo que empecé a probar todo su ser. Era magnífico, ella empezó a dar pequeños gritos de placer y pequeñas convulsiones. Paré de mamarle la conchita para que ella pudiera darle placer con su tremenda lengua a mi verga. Y por ser la primera vez que me lo hacía puedo decir que es la mejor felación de toda mi vida. Con sólo observar como movía su lengua alrededor de mi polla y el placer que me daba estaba a punto de venirme en su boca, pero ella paró en seco.

Sacó un preservativo de su minúsculo bolso (parece que venía preparada para todo) y lo puso en mi pene. Empezó a cabalgarme de una manera brutal y deliciosa, dejaba sus tetitas a mi libre disposición para poder tocárselas o lamerlas para darle mayor placer. Gemía como una puta, pero ya era mi puta.

Cambiamos de posición ya que me corría y nos pusimos a perrito. Podía tocarle el culo y vérsele ese trozo de carne por el que suspiraba desde hace tiempo. Empecé a meterle un dedo en su culo, a los pocos minutos ya le cabían tres, me corrí dentro de ella en su vagina. Ella me pidió que por el culo no metiera nada, pero, pese a eso, no le hice caso. Le saqué la polla de su vagina y se la metí en pocos mili segundos en su culito.

Ella dio un tremendo grito de dolor y protestó porque se la sacara, pero hice caso omiso y le dejé la polla en su culito para que se fuera acostumbrando. Paró de gritar, ya que veía que tenía la batalla perdida y se dejó hacer. Empecé un profundo mete-saca que a ella le dio su cuarto orgasmo y a mí, mi segundo.

Sacó mi polla de su culito y le quitó el condón. Se tragó toda mi leche y me dejó la polla limpia. La acompañé al baño para que viera en un espejo como había quedado su culito y que se limpiara el sudor y todo resto de sexo.

Nos quedamos desnudos y terminamos el trabajo a las 2 horas, cada vez que terminábamos una diapositiva del PowerPoint nos dábamos un morreo de campeonato. Como celebración cuando terminamos el trabajo, nos llevamos otra buena ración de sexo igual que la anterior.

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Experiencia muy satisfactoria

Mientras el agua corría entre nuestros cuerpos empezamos otra vez con el toqueteo, él me acariciaba los pechos, yo le chupaba la verga, le succionaba que parecía que quería sacar todo su jugo y él no paraba de merme hasta que no pudo resistir más y nos sentamos como pudimos y comenzó a hacerme una paja tocándome el clítoris con un dedo y metiendo dos o tres dedos por mi vagina.

Espero que al leer ésta, mi historia, comunique lo que sentí mientras vivía una experiencia que, sin ser la mejor del mundo, para mi significó un acercamiento a mi pareja. Me presento: soy una mujer de 44 años, casada con un hombre de la misma edad, del que estoy enamorada y con el que llevo unida desde los 19 años, es decir toda una vida. Vivimos en una capital de la costa andaluza.

Siempre hemos sido una pareja del montón y a pesar de que él ha necesitado sensaciones más profundas, yo nunca sospeché que esta falta de atención por mi parte pudiera significar un problema en nuestra relación.

Después de discutir en varias ocasiones, decidimos que debíamos ser más sinceros el uno con el otro y que debíamos contarnos nuestras inquietudes. Al principio, me costó mucho entenderlo y aún después de un tiempo hay cosas que no comparto con él, pero reconozco que el solo hecho de vestirme para excitarle, o por lo menos intentar excitarle dentro de mis posibilidades sin llegar a resultar ordinaria me causa placer.

El caso es que  después de la tormenta siempre llega la calma y, aunque no soy muy liberal que digamos, si reconozco que me he desinhibido bastante, sobre todo porque en la playa ya no me da vergüenza hacer top less, o ponerme la braguita del bañador en tanga. A raíz de verme los pechos y los cachetes morenitos, ha sido cuando he empezado a gustarme a mi misma y a su vez a pavonearme delante de mi marido para que me mire y se excite. Y ahora es cuando empieza mi historia…

La semana pasada nos fuimos a la playa como cualquier domingo, con nuestras sillas, sombrilla y comida incluida, allí tumbados los dos juntos, bajo el sol y a la vista de los demás bañistas que copan la zona en esta época del año, él no paraba de tocarme los pechos simulando que me extendía la crema, rozaba y rodeaba un pecho y se centraba en el pezón como para ponerlo duro, cosa que conseguía en segundos y a continuación se centraba en el otro para que no estuviera distinto. Paseaba la yema de sus dedos por entre los pechos, haciendo círculos concéntricos sobre las aureolas para terminar en el volcán de mis pezones.

En esta guisa estuvo varios minutos intercambiando pechos con vientre, jugando con el ombligo y sobre todo por la parte más baja metiendo, como el que no quiere la cosa y de forma “aparentemente” distraída, los dedos entre la braguita, alcanzando lentamente el vello que puebla la parte superior de mi sexo, llegando incluso en una ocasión a profundizar y, bajando sus dedos de forma sensual y cálida, sentí como abrió  mis labios vaginales y llegó a tocarme el clítoris.

La situación era muy embarazosa para mí y aunque me gustaba mucho porque me estaba poniendo cachonda, por otro lado me daba mucha vergüenza pensar que alguien nos llamara la atención porque se diera cuenta de que no era una simple untada de crema. A pesar de todo no puse impedimento y cuando pasado un rato nos tumbamos boca abajo, yo a él y él a mí, nos pusimos los bañadores metidos por la rajita del culo para que los cachetes también se pusieran morenitos. Yo sé que a Pedro también le dio un poco de vergüenza pero a su vez le excita que a mí me guste ponerle el bañador bien metidito. La verdad es que esta acción también me excitó muchísimo, sintiendo cómo se humedecía mi coño…

Pasamos la tarde y cuando llegamos a casa, mientras los niños se duchaban, nos salimos los dos a la terraza y sin pensarlo, ni planearlo, nos pusimos muy cachondos porque comenzamos otra vez el toqueteo, y sentados frente a frente él sacó su polla, que rebosaba de amplitud y dureza, saltando fuera del bañador de forma lasciva y yo le devolví el gesto abriéndome de piernas y situando una de ellas sobre el apoyabrazos de modo que dejaba todo mi coño a su vista, apartándome a un lado la braguita, me abrí los labios sintiendo cómo estos estaban abultados y húmedos.

El comenzó a frotármelo y a excitarme de tal forma que llegó un momento que no me di cuenta de que nos podían pillar los niños. Me lubricaba aún más con su saliva, metiéndose dos dedos en su boca, estimulaba los labios explorando todo su interior de modo que llegaba perfectamente al clítoris…así que decidimos irnos al baño y ducharnos juntos.

Mientras el agua corría entre nuestros cuerpos empezamos otra vez con el ritual de toqueteos, él me acariciaba los pechos, yo le chupaba la verga, le succionaba con tal fuerza que parecía que quería sacar todo su jugo y él no paraba de tocarme y lamerme hasta que no pudo resistir más y nos sentamos como pudimos y comenzó a hacerme una paja tocándome el clítoris con un dedo y metiendo dos o tres dedos por mi vagina.

Al principio iba suave para preparar el terreno pero cuando notó que yo estaba a punto, comenzó con fuerza tanto con los dedos que estaban masajeando el clítoris como los dedos que estaban en la vagina que yo notaba por el placer que recibía que me estaba tocando el llamado punto “G”.

Disfrutaba mucho y aunque Pedro me decía que lo disfrutara y que intentara que durara mucho, no pude evitarlo y la excitación aumentaba por segundos y le rogué que lo hiciera más fuerte y más rápido hasta que  caí en un orgasmo concentrado que me hizo ver las estrellas y aferrarme de tal forma a su miembro que casi la estrujo y comencé a hacerle una paja también con el ritmo acelerado hasta que vi que sus ojitos se nublaban y aunque me avisó de que se corría lo pude comprobar porque su cara iba cambiando satisfactoriamente.

Espero que  les haya gustado. Aguardo sus comentarios…

Autora: malpyl

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