Mi primera vez con los relatos.

Hola que tal me llamo Cecilia. He podido leer varios de los relato y la verdad que me gusto y me gustaria contar o relatar mejor dicho algunas de mis historias. Dado que si bien no tengo problema de hacer “cualquier cosa” en privado, muchas de las historias no se las puedo contar a nadie.
Les cuento tengo 36 años estoy casada, tengo 2 hijo, un varon de 19 años y una nena de 14 años. Me considero una persona cariñosa, inteligente, picara pero siempre con perfil bajo. En la intimidad soy muy calentona, muy gauchita y muy puta jjaja, en la intimidad. Tengo un cuerpo atractivo y también tengo mis atributos. De vez en cuando me gusta andar con poco ropa por mi casa, quizas con la fantasía que alguien me espíe.
Bueno cuento mi primera historia y creo yo que es aqui donde todo comenzó. Viviamos con nuestros padres al fondo de un terreno y adelante mi tío y su amigo Daniel tenían un taller y la casa de ellos. Eramos muy apegados a ellos y siempre nos reimos y nos hacían bromas cuando volviamos de clase. Era costumbre que agarremos un plato a la noche y fueramos a comer a la casa de ellos.
Una de esas noches fui la último en ir porque no me habían avisado que iban. Llegué a la casa golpeé y nada. Pasé y ni en el comedor ni en la cocina había alguien. Pude escuchar como un pequeño grito desde la pieza y me asuste. Pero sin embargo curiosa yo, me asomé a espiar por la puerta de la pieza. Cuando abro no lo podia creer, la mayor de mis hermanas se encontraba de rodillas en el piso con el torso del curpo sobre la cama. Sus piernas se encontraban bien juntas y la cola bien parada. A todo esto no podia quitar mi vista del pedazo de verga de mi tio, muy gorda y cabezona que intentaba meter por la cola de mi hermana. Celeste se encontraba tirada en la cama comiedole el pene a Dani. Semi-desnuda y boca abajo.
Me agarro miedo no se, pero a la vez calentura. Me puse a llorar y sali corriendo. Valeria me escucho y salio detrás mío creyendo que diría algo de lo que ví. Me alcanzo en el comedor toda transpirada desnuda su parte de abajo y solo con una musculosa blanca. Le dije que solo me había dado vergüenza y no sabía que hacer por eso salí corriendo. Hablamos un rato me calmó y nos empezamos a reir por algunas preguntas tontas que le comenzaba a hacer. Fue ahí donde me invito a que pase y lo averigüe yo. Entre a esa pieza y vi esos garrotes duros. Despues de unos segundos  comenzamos a reir y mi tío fue el que me enseño como chuparla. Apenas entraba la cabeza por mi boca pero asi y todo lo hice acabar. Y por esa noche para mi fue todo, tenia que aprender mucho.
No se si pude relatar bien mi historia espero que si y podido haber transmitido algo de lo que yo siento cuando recuerdo estas cosas. Besos
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Mi sobrina, su madre y mi hijo

De pronto los cuatro formando una sola unidad física, la madre sobre mi, ella embutida en el sexo de ésta y Lucas con el pistón ansioso de descargar su leche en ella, la calentura sube rápido a la cabeza, la eyaculación de mi hijo se hace estridente, grita el deseo en la conchita de la chica. El brama deseo y bríos en empecinado empuje, ella ahoga sus gemidos en el semen.

Es una historia de sexo, de vida que deja marcas indelebles, sobre todo cuando ninguno había transitado los caminos del sexo familiar y mucho menos a niveles de morbo solo vistos en alguna película porno, esa historia que estamos seguros jamás nos sucederá a nosotros, pero… las mujeres y el destino disponen.

Esa noche madre e hija habían tenido su noche lésbica.  Forzado a dejarles el tiempo y espacio solo para ellas, para expresarse toda su sexualidad reprimida, ni vínculo ni otra consideración moral contaba, solo eran dos hembras en celo y dispuestas a probar el placer.

En la mañana me introduje en el cuarto, tomé a Ernestina, la hice gozar mientras la hija fingía dormir,  ambos llegamos a un delicioso orgasmo, ésta despertó y entró en acción para desayunarse la abundante descarga matutina de semen, tomarlo directo de la  vagina de su madre, sacarlo con la lengua y compartírselo entre ellas.    Era algo que me superaba, despertó mis instintos y exacerbó el deseo.

Todas estas situaciones producidas en tan breve lapso habían superado mis más alocadas expectativas, la capacidad de asombro desbordada, el placer era dueño de mis sensaciones, pero como diría un presentador de espectáculos, lo más importante aún está por venir, y vaya que lo hubo…

Nos quedamos remoloneando en la cama hasta quedarnos dormidos.  Desperté, estaba solo y desnudo, con esa indumentaria natural me levanté para ir al cuarto de baño, encontré a Laura, la hija, orinando, el primer ademán fue de retirarme, pero la muchacha por el contrario le parecía muy erótico verme con la verga en la mano, listo para darle uso.   Sonrió y dijo:

-Vamos, ¡acá, conmigo!  –sorprendido, me encogí de hombros sin sabe qué hacer.

En verdad esa imagen, a punto de comenzar a orinar, las piernas abiertas y la vagina dispuesta para el acto era el erotismo en su cima.   La situación me remitía a escenas de filmes porno, insiste:

-No seas malo, ¡vamos, acá, ¿sí..?  – Las palabras, el gesto infantil de chuparse el índice, poner cara de nenita inocente, suma erotismo al cuadro.

Me gustaba el juego, subí la apuesta, cada momento supera al anterior, el ambiente cargado de morbo los hacía únicos, todo estaba dado para entrar en la espiral de locura y de sexo.

Abrió un poco más las piernas, visión plena, la mata de vello recortado aumenta la dosis de lujuria, se mira en mis ojos, da vía libre a mis necesidades, leyéndome el pensamiento dijo:  – Sí tío, así marcas el territorio, ¡vamos!

Puse manos a la obra, dirigí el chorro al pequeño espacio para sumarme al que salía de ella en ese momento.   El primer chorro rozó su muslo, corregí la puntería, objetivo cumplido, justo sobre la vagina, escurrido entre los vellos, se sumó al de la niña: dos hilos dorados se hacían uno solo.

Concluido el acto de  marcar territorio limpió con papel los genitales de ambos.

La ducha matinal fue escenario del premio, delicioso masaje, la espuma subiendo y bajando por sus curvas eran el aperitivo de un banquete, mis manos se perdían en la grieta de sus nalgas, para emerger en la herida abierta de su sexo, volver a las redondeces y subir hasta sus pechos para abarcar y esconder los pezones en la palma de mis manos, regalo de caricias por el erótico regalo sorpresa. La joven se hizo cargo de borrar rastro de agua y espuma, al mismo tiempo que escribía en la carne del deseo una nueva página de sensaciones.

El desayuno nudista tenía otro sabor, vernos en desnudez era poner la libido sobre la mesa, los manjares al alcance de la mano, contemplarlas moverse preparando el desayuno una deliciosa visión,  cadencia en el andar, movimiento de curvas, cada cruce daba lugar al roce intencionado, al toqueteo indecente, a la caricia impúdica, al manoseo osado, al contacto genital descarado y urgente.

Se exhibían en libertad, la excitación y el aroma de sensualidad dominaban la cocina, todos los movimientos de las mujeres estaban calurosamente calculados, las posiciones exageraban y mostraban sus atributos e invitaban al avance descarado.   Ernestina se echó hacia atrás al inclinarse sobre la mesada de la cocina, pose ampulosa, piernas levemente separadas, genitales se ofrecen abultados y brillantes por el barniz del deseo, parece que la abertura vaginal se abriera y late, gira la cabeza comprueba el llamado de la pasión.

Avanzo, despacio, el miembro empinado y turgente, las venas pletóricas de sangre en excitación producen la molestia de la erección que se diluye en el contacto; tomada de las caderas, adelanto mi pelvis, la verga tiene el ángulo adecuado para apoyarse por sí misma contra esos labios ansiosos. Empujo, ingreso suave y ajustado, echa hacia atrás su anatomía, los cuerpos se ajustan, los sexos se acoplan.   Mis vellos se humedecen en sus jugos, es el momento de entrar en acción, encender los motores para lanzar el misil en las profundidades de la pasión.

De pronto el instinto animal se nos manifiesta, el vaivén se hace constante y rítmico, los gemidos de ella se expanden, sus músculos se contraen.   La impulso con la fuerza y el movimiento alucinado de una calentura surgida del instante, sacudiendo mi cuerpo dentro del suyo marco el compás, ella ejecuta la melodía, la transporto en mi calentura, ella recibe y transforma en un resonante orgasmo:

-Ah, ah, ah.   Animal, me matas, me estás reventando.   ¡Qué calentura! ¡Qué bueno es!

La mujer modosita y pudorosa quedó sepultada por la hembra calentona, ni vale la pena recordar la sarta de obscenidades repetidas, el vocabulario más ordinario servía para expresar ese momento único.   Se impulsa hacia mí, el cuerpo se tensa y estalla en mil vibraciones y latidos, transmite su sensación, el calor jugoso de su conchita se manifiesta sobre el miembro viril que sostiene la presión interior.  Vuelve a vociferar y delirar su placer:

-Ah, qué bueno, me muero… muero de placer…   –Su vientre calienta el mármol, agarra del borde para no caer, vuelve la cabeza.   –¡Sigue, no te salgas!, ¡empuja, empuja! ¡Hijo de puta, cómo me estás poniendo!, hace tanto que necesitaba esta sorpresa, esta forma de coger me saca, me pones en el cielo y el infierno, me estás cogiendo como una puta.  ¡Me gusta, me gu…uu…sta…aaahh…! ¡Así, así… quiero… quiero se…ee…eeerr tu pu…ta…aa…aaaaaaaaaaaa!

Los latidos señalan que había entrado en un nuevo orgasmo o intensificado el anterior.   Ernestina era una fiera salvaje, la pasión desatada, la sobrecarga de excitación acababa de hacerle saltar los fusibles de su resistencia sexual, la calentura hacía estragos en ambos, tiemblan mis piernas.

Sin dejarla salirse de mí, retrocedí hasta sentarme, remolque en retroceso.   Sentada sobre mí, volví a excitarla, moverse, saltar, impulsarse en sus piernas, cabalgarme, dejarse caer para sepultar el miembro en su interior, delicioso dolor de sentir como me siente golpearla en el fondo, hasta el útero. Con mis manos ayudo a poder subir y bajar, mecerse y galoparme como una Lady Godiva, gritando su calentura, en pos de un nuevo orgasmo que explota en su conchita, el semen brota en ella, acentuando el placer.

Se mueve despacio, siente como se corre el semen por las paredes vaginales, termina de sacudirse hasta vaciarme los testículos, hasta exprimir el último resto de leche.

Los gemidos devienen a los gritos y a éstos el silencio generoso del éxtasis.   Recién notamos la presencia de Laura, callada espectadora, espera su turno para entrar en escena, se toca, frota a más no poder, pero…?, solo falta ese ingrediente, el toque de suspenso en.    En esta trama de descontrol y lujuria aún no estaba todo dicho…

Sabido es que cuando se está en el trance del goce sexual la atención y sentidos están ocupados a  full en el placer, la imagen borrosa de Laura desde la puerta tocándose no alteró nada, pero ahora,  notamos que las manos que se agitan en el sexo de la muchacha no le pertenecen?.   La inquietud supera a la sorpresa, cuando pudimos tomar conciencia que las manos que revolvían los vellos púbicos de Laura pertenecían a Lucas, ¡mi hijo!

-No paren, está todo bien, hace un buen rato que estamos disfrutando del show.  Sigan, todo bien, no ven como me tiene agarrada, estamos recalientes mirando como se dan, y estamos en lo mismo para no perdernos el espectáculo.

Se acercan, la desnudez de Laura cubre a Lucas, solo vestía la camisa, el miembro desplegado apoyado entre los glúteos de la chica, era evidente que el roce había comenzado momentos antes.

Laura avanza entra en acción, avanza y acaricia los pechos de su madre, se abrazan y la ayuda a desmontar de la empalada, pero queda descansando sobre los muslos, recostada sobre mí para recomponer del exigente galopar.

El sexo expuesto, al público, la postura y la abundante lechada exceden la retención vaginal, el fluido blanco asoma y comienza a escurrirse, Laura no permite que el vital producto se pierda, abreva para saciar su boca en el semen recién servido en su mamá.   En esa postura se ofrece a mi hijo en forma plena, exagera la postura para permitirle una entrada triunfal en ella.

El golpe le hace tragarse de un solo envión la poderosa herramienta legada por herencia familiar, se le mete hasta el fondo, el gemido no alcanzó a ser tal, incrustada en la fuente de semen que no paró de degustar mientras recibía un tratamiento sexual acorde al de su madre.

De pronto los cuatro formando una sola unidad física, la madre sobre mi, ella embutida en el sexo de ésta y Lucas compactando a joven hembra con el pistón ansioso de descargar su leche en ella.  La imagen cargada de lujuria no permite demasiadas sutilezas y juegos, la calentura sube rápido a la cabeza, la eyaculación de mi hijo se hace estridente, grita el deseo en la conchita de la chica.   El brama deseo y bríos en empecinado empuje, ella ahoga sus gemidos en el semen.

De pronto todos estamos combinados, enlazados en la vorágine, subidos a la espiral del descontrol y la pasión más primaria, más auténtica del ser humano: el sexo.

Completa la descarga seminal de Lucas, se desarma a gusto en dentro de Laura, el grupo escultórico vivo se va descomponiendo y separando.   Ahora es turno de Ernestina, que desayuna en el manantial de semen que le sirvió su hija.   La mujer aprendió rápido el placer del sexo grupal, lame y sorbe con golosa expresión, no deja de mirar a los dos cómplices de su placer.

Nada que decir, todo por hacer, todo por disfrutar, el resto del día fue más de lo mismo.   Menos urgencias, más producido y organizado pero no por eso menos placentero.

Desde ese día no hemos dejado de realizarlo cada vez que se nos presentó la oportunidad de hacerlo.

Tus experiencias y comentarios sirven para enriquecer los nuestros, saber que no estamos solos, también es un incentivo para poder comentar las historias que algunos tenemos y no nos animamos a contar…

L@s espero en mi correo.

Autor: Nazareno Cruz

latinoinfiel@yahoo.com.ar

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El sobrino de mi marido

Me meneaba desaforadamente, desesperada en busca de un nuevo orgasmo, él me amasaba las tetas estrujando mis pezones, y dejando caer mi cuerpo encima de su gran pico que me ensartaba y me traspasaba… era lo que quería desde hacía mucho, tener ese pico metido en mi concha hasta el fondo, era tan rico que no me importaba nada, sólo gozar de ese muchacho con su pico tan grande.

Lo que les voy a contar me está ocurriendo desde hace unos pocos meses. Yo soy una mujer de 52 años, casada con un matrimonio bastante normal. Trabajé muchos años en una empresa como jefa de personal, pero hace unos dos años que estoy de dueña de casa, descansando. Mi marido por su profesión, debe ausentarse repetidas veces del país, pues está como representante para América Latina de la empresa en que trabaja. Bueno, un día ocurrió algo que vino a cambiar mi vida tranquila y normal, casi aburrida, y que es el motivo de esta narración.

Mi marido me contó que el hijo de una sobrina que vivía en el sur, vendría a la capital a estudiar en la Universidad y que él le había ofrecido hospedarlo en nuestra casa, que es bastante grande y cómoda, mientras estudiaba. Yo conocía al muchacho, era muy agradable, claro que hacía como 8 años que no lo veía, de modo que no tuve ningún reparo, al contrario lo acepté encantada pues me sentía muy sola, nuestros hijos ya casados, habían formado sus propios hogares y nos visitaban de vez en cuando.

Y llegó el día del arribo del sobrino nieto a nuestra casa. Lo recibimos con mucha alegría, dándome cuenta que el muchacho había crecido bastante. Ya tenía 19 años y se había transformado en un joven alto muy apuesto, con su misma simpatía habitual de niño. Al poco tiempo ya estábamos como una familia, conviviendo gratamente. El muchacho tenía su computador y allí estudiaba en su cuarto. Me enseñó a usarlo y me creó un correo “formal” para contactarme con mis hijos y amigas y me hice adicta al Internet, que él me adiestraba. Un día que estaba sola, fui a su pieza a ocupar el computador y al encenderlo, apareció esta página… en la sección de Relatos en el apartado de Sexo con maduras. Comencé a leer algunos relatos que me parecieron bastante fuertes, pero me empezaron a excitar sobremanera y sin darme cuenta, llevé mi mano a mi entrepierna, acariciando por sobre el calzón mi conchita que estaba húmeda… con mis dedos acaricié mis labios e introduje uno de ellos haciéndome una paja que hacía tiempo no me corría. Mi excitación estaba muy elevada por los relatos de muchachos con vecinas, con amigas de la casa e incluso con… tías. Después de eso, cada vez que podía me metía a ese sitio y leyendo otros relatos me hacía un par de pajitas que me dejaban relajada. Era como un vicio para mí y a veces al vestirme me quedaba sin calzones para disfrutar directamente de mis dedos leyendo esos relatos.

Y un día que estaba lo más entretenida leyendo un relato, aún no me metía los dedos, siento que entra alguien a la pieza. Para mi sorpresa era Carlos, mi sobrino. No alcancé a apagar el aparato y mi reacción fue algo torpe.

-Tía –me comentó él- veo que ya aprendió a manejarse en Internet. Esa página es muy interesante. -Carlitos –murmuré- yo… yo… bueno… estaba intruseando un poco… y me encontré con esto… en realidad son bastante… interesantes los relatos.-Si tía –continuó el joven haciendo de la situación lo más normal –son casi puras narraciones de lectores y lectoras que cuentan sus experiencias… a mí me gustan mucho -Pero son puras mujeres maduras con… jovencitos… ¿te gusta eso? -¡Por supuesto tía! Para mí no hay como las mujeres maduras –respondió entusiasmado. Incluso –prosiguió- si no te molesta, te puedo mostrar páginas con fotos… pero no… sería una falta de respeto… discúlpame tía… me fui en la volada -y tratando de cambiar la conversación- ¿qué tienes de rico para almorzar?

Yo no quise aparecer como que estaba tan interesada. La verdad es que me hubiera gustado que me hubiera mostrado todo eso… sentía mis calzones mojados. Pero no debía demostrar ese entusiasmo, aunque lo dudé. Me levanté del asiento y lo invité a bajar al comedor. Cuando bajábamos la escala, él se puso a mi lado y me abrazó cariñosamente.

-¡Miren como mi tía aprendió a meterse a las páginas porno! Ja, ja, ja! Si quieres después te muestro otras… -En realidad Carlitos, -traté de justificarme- como paso sola y aburrida, no creo que sea nada malo entretenerse ¿no es cierto? -¡Por supuesto tíita, yo le enseñaré otras muy interesantes. –y me apretó dándome un beso en la mejilla. Almorzamos sin comentar nada más. Yo estaba muy nerviosa y Carlos creo que también, ambos eludíamos el tema, pero al final del almuerzo lo retomó él.

-¿Vamos tía y le enseño algo, para cuando quede sola?

Subimos nuevamente, yo delante de él. No sé si era mi imaginación, pero creí sentir su mirada pegada a mis nalgas grandes y apretadas por la falda, algo estaba cambiando en mí. Encontraba algo no tan anormal la relación de un joven con una veterana… por lo menos en los relatos así se veía y no dejaba de pensar en ello… Llegamos a su cuarto y él manipuló y entró a una página de fotos de maduras con jovencitos… eran fotos bastante fuertes, mujeres gordas, viejas con los miembros de los jóvenes en sus manos o en su boca… desnudas o semi desnudas, mostrándole sus cuerpos a los jóvenes que las manoseaban… -Pero esas mujeres son casi más viejas que yo… y más gordas… uuuf… ¡mira! -Son mujeres normales tía –respondió Carlos- no son modelos de 90, 60, 90, sino mujeres normales, como cualquier dueña de casa que demuestran sus deseos y sus gustos por lo jóvenes y dispuestas a aprovechar el tiempo gozando. ¡Son las mujeres que a los jóvenes nos gustan! -¿Y tú crees que mujeres como ésas… entusiasmen a los muchachos? ¿Crees que mujeres como yo… podrían excitar a jóvenes como… tú? -¡Por supuesto tía! Usted está mucho mejor que cualquiera de esas mujeres… sería el sueño de tantos jóvenes como yo… ¡les gana en belleza y cuerpo! -¡No seas adulador! Sé que tengo mis años, mis kilos de más… pero viéndolas… creo que me veo mejor que muchas de ellas… ¿qué piensas tú?

El muchacho me tomó de la mano, me levantó del asiento y me hizo dar una vuelta admirando mi cuerpo. Lanzó un silbido de admiración y acarició levemente mi cintura algo gorda y rozó mis senos con el dorso de su mano. Sentí una corriente que recorría mi cuerpo desde mi cabello hasta los pies, erizando mis pezones.

-Ud. tía tiene mucho más que ofrecer que cualquiera de ellas.

-Bueno, bueno Carlitos, es hora que te vayas a la Universidad –le dije tratando de cortar esa conversación que se estaba poniendo peligrosa. Carlitos comprendió y se despidió con un beso en la mejilla más largo que de costumbre y guiñándome un ojo me dijo: -Chao tía, le dejo encendido el computador. Allí podrá navegar por todo el sitio para que disfrute…

Sentí la puerta cerrarse El muchacho se había ido a la Universidad. Quedé sola contemplando los cuerpos robustos de esas mujeres que se comían una vergas fabulosas de muchachos más jóvenes… navegué viendo un sinnúmero de fotos que me elevaron la temperatura al máximo… sentía mi conchita empapada. Me miré al espejo haciendo sobresalir mis senos grandes y mi abultado trasero. Me quité la blusa y el sostén dejando mis dos tetas grandes y redondas al aire, las tomé por debajo levantándolas… mis pezones estaban erectos aún antes de tocármelos. Las comparé con la mujer que estaba en la pantalla desnuda y encontré mejores las mías. Las acaricié… mi concha estaba inundada… que sensación más rica sentía de tocar mis propios pezones. Luego desabroché mi falda dejándola caer. Mis grandes nalgas cubiertas por unos calzones negros no muy chicos por el tamaño de mi culo, pero muy sexys, transparentes. Miré mi culo al espejo y lo comparé con el de otra mujer que apareció en la pantalla y también encontré mejor el mío. Lentamente fui bajando mis calzones hasta sacarlos completamente… ahora estaba totalmente desnuda como las mujeres de la pantalla, abrí mis piernas y miré mi conchita, cubierta por abundantes vellos… a mi marido no le gustaba que me depilara totalmente, sólo los bordes por el traje de baño, pero le gustaban abundantes y naturales en el centro.

Miré a las mujeres de la pantalla y encontré más calentadora mi zorra peluda que esas tan depiladas de mujeres maduras… cuestión de gusto… Desnuda me senté frente al computador y comencé a hacer pasar imágenes en la pantalla, mujeres de todos tipos, todas maduras, con diferentes muchachos chupaban vergas, eran mamadas sus conchas, tenían vergas ensartadas… ¡uuuf! Cada vez me calentaba más… en ese momento deseaba la presencia de algún muchacho como los de la pantalla… con las piernas bien abiertas, metí mis dedos entre los labios de mi conchita y comencé a sobar lentamente toda esa zona que estaba empapada…

De pronto sentí unas manos que me tomaban por detrás mis dos tetas. Me asusté, pero la voz de Carlitos me hizo perder el miedo y más aún cuando me acariciaba ricamente mis tetas diciéndome: -Yo sabía que te encontraría así tía querida… ya sabía por eso me devolví… Hace tanto que deseo acariciar estas tetas riquísimas que tienes y poder disfrutar de tu cuerpo tan rico… -¡Carlitos! –Exclamé- Carlitos… ¡que rico…! ¡Que rico me las tomas..! ¡Sigue por favor! –ya no me importaba que fuera mi sobrino el que me estaba gozando, ni que fuera como mi nieto… sólo quería gozar como esas mujeres de la pantalla… – Ooooh mijito..!

Carlitos estaba desnudo, al igual que yo y sentí su rígida verga en mi espalda, me levanté y nos abrazamos ambos desnudos dejándonos caer en la cama de él. Nos revolcamos besándonos furiosamente en la boca, luego él fue bajado sus besos y se apoderó de mis tetas que chupó por largo rato, para bajar con su boca hasta mi vagina… abrí lo que más pude mis piernas, mostrándole mi concha abierta y mojada.. su lengua fue mi consuelo, pues la forma de lamer me llevó a mi primer orgasmo en pocos segundos, gritando y gimiendo de placer… estaba a punto y bastó unas pocas lamidas para irme cortada…

Una corriente eléctrica me invadió y el placer de esa acabada fue intensísimo. Nos acomodamos, pues yo quería comerme esa enorme verga de mi sobrino, que no tenía nada que envidiarle a los muchachos de la pantalla, pero también quería otra mamada de concha. Nos ubicamos e hicimos un 69 en toda su regla, donde yo chupaba con total frenesí esa rica pija, mientras Carlitos, me lamía la concha y la entrada de ano, que estaba empapado por los jugos de mi acabada… fue una comida fantástica…

Ya no podía resistir tanto placer… si estaba caliente con las imágenes ahora se había centuplicado mi calentura al tener un pico en vivo dentro de mi boca, el que podía gozar, saborear y comer a mi antojo, mientras esa deliciosa lengua hacía de las suyas en mi concha y en mi culo, que la recibía ansioso, meneando mis caderas en forma alocada… de pronto nuevamente esa sensación de corriente eléctrica que anunciaba un nuevo orgasmo…

Apuré mi chupada apretando con mis labios la cabeza del miembro del muchacho e intensificando mi movimiento de la cabeza, mientras con mi mano pajeaba su tronco… fue suficiente para que Carlitos se envarara y me lanzara chorros de leche caliente que traté de tragar, a pesar de casi atragantarme con tanta cantidad, acabando junto con él en un concierto de gemidos, grititos y meneos de cadera que me hicieron quedar casi desmayada, saboreando la delicia de su abundante leche en mi garganta y dándole mis jugos que el muchacho tragó golosamente. Quedamos tendidos en la cama agitados, disfrutando de ese momento, acariciándonos.

Sin casi hablar nos mirábamos y sonreíamos. Tomé nuevamente su pico entre mis manos, mientras él me masturbaba con sus dedos ávidos de hacerme gozar. Era mucha la diferencia de edad entre ambos, pero gracias a las imágenes de la pantalla, no me sentí tan culpable de hacerlo con alguien tan joven… en realidad lo que importaba era el placer de ambos, contenido por tanto tiempo. Una vez que estuvo nuevamente en condiciones de continuar, lo acosté boca arriba y me monté sobre su gran pico. Quería sentir ese instrumento hasta el fondo de mi concha y la mejor forma de sentirlo así, es subiéndose arriba de él ¿no es cierto amigas? Lo fui metiendo poco a poco, era demasiado grande, pero lo resistí muy bien cuando me senté de un golpe y con un gritito lo sentí ensartado hasta el fondo -¡Oooooooooooooooooooooh! ¡Uuuuuuuuuuuuuufgh! … ¡qué rico!… ¡que rico! así… así… empuja… es demasiado…ri…cooo… ooooooh como goo…zo… aaaay que grande… que rico… sigue…sigue… así… así mijito…. Mijito…. Aaaaay

Me meneaba desaforadamente, desesperada en busca de un nuevo orgasmo… él empujaba y me amasaba las tetas estrujando mis pezones, o con sus manos me agarraba las nalgas empujando y dejando caer mi cuerpo encima de su gran pico que me ensartaba y me traspasaba… era lo que quería desde hacía mucho… tener ese pico metido en mi concha hasta el fondo… era tan rico que no me importaba nada, sólo gozar de ese muchacho con su pico tan grande…

-¡Sigue mijito! Sigue así… haga gozar a su tía caliente… haga gozar a esta vieja calentona que quiere acabar de nuevo… así mijito… qué rico… ¿le gusta su tía? ¿Lo tiene caliente su tía puta mijito? ¿Seré su puta como las de la pantalla? ¡Quiero ser su puta… su vieja puta…. Aaaaaaaaay…. ¡Me vengo o tra… vez aaaaaaaaay!

Acabé en una seguidilla de orgasmos múltiples que se juntaron en uno solo grande al final… me sentí inundada nuevamente de leche joven y abundante, caliente y rica de mi sobrino… terminé moviendo mi culo sobre su pija como loquita, hasta que me dejé caer sobre él besando su boca y agradeciéndole por todo el placer que nos habíamos brindado.

Quedamos acostados un rato y luego, ambos desnudos y sin bañarnos, pasados a sexo, fuimos a la cocina y nos servimos una rica once reponedora, preparándonos para una noche que prometía ser espectacular, mientras mi marido estuviera fuera.

Agradeceré comentarios.

Autora: Madura Infiel

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