La sumisión de mi hermana Milagros parte 1


Hola, el relato que les escribo es cien por ciento real. Por razones de seguridad inventaré mi nombre, pero no el de los protagonistas de esta historia que ha marcado nuestras vidas.
Mi nombre es César tengo 24 de edad,  pero en ese entonces tenía algunos menos. Vivíamos en Lima, Perú en un distrito muy populoso. De mi no hablaré mucho porque mi participación en este drama no me implica mucho.
Hacía tres meses que nos habíamos cambiado de casa, cuando la rentamos todo parecía bien, nada de preocupaciones y algo que nos hiciera sospechar que nos iría mal. Mi hermana Milagros en ese entonces tenía 19 añitos una jovencita muy hermosa de verdad, alta, mide 1.73 , tez blanca, cabello largo de color negro. Su figura era y sigue siendo envidiable, lindos pechos, un trasero hermoso acompañado de unas piernas increíbles, habría que añadir que le gustaba mucho el ejercicio.
Como mis padre trabajan juntos, no permanecían mucho tiempo en casa, salían desde muy temprano y llegaban por las noches solo a dormir, así que solo yo y mi hermana permanecíamos en casa.
Cuando salía a comprar, los chicos del barrio siempre la fastidiaban, le decía ¨que buena estás reina¨, ¨por ti dejo todo mi amor¨, peor ella por su carácter serio nunca les hacía el menor caso.
En un día caluroso, después de lavar su ropa, mi hermana  fue al colgar su ropa al patio, lo malo que el patio lo compartíamos con los dueños de la casa. Donde por mala surte del destino, algo que nos marcó a todos, estaba el tío Jhony, un tipejo que tenía 30 años en ese entonces, era el vago barrio, que se drogaba, robaba, y todas esas cosas, nadie quería su amistad, muchos querían que lo lleven a un reclusorio o un reformatorio. Tenía un ascpeto sucio, es alto, medio barrigón, le decían el tío Jhony porque así se hacía llamar, nadie sabe por qué.
Bueno él estaba allí con ella en el patio, mi hermana estaba vestida con un shorcito que le permitía ver sus lindas piernas, y además que realzaba su culito, llevaba también un polo algo pegado, lo sufieciente para que vean sus pechos. Yo estaba en el cuarto de al lado, donde podía observar con claridad lo que ocurría. Mi hermana estaba tendindo la ropa cuando de pronto Jhony la saludó.
– ¨Hola Milagros ¨, le dijo Jhony
-¨Hola ¨ le respondió mi hermana a secas.
Jhony – ¨Aprovechando el sol para lavar ¨
Mi hermana volvió a responder a secar con un si.
Jhony ¿Cuántos años tienes?
19 ¿Por qué? Le respondio ella.
Jhonny: Como eres nuestra inquilina, no tuve el tiempo para presentarme, además es de cortesía el saludo no lo crees.
Mi hermana: Está bien. Chau le dijo ella.
De pronto, cuando ya se iba mi hermana, Jhony le agarró del brazo y le dijo que era muy rebelde y poca educada y que él le iba a enseñar a respetar a las personas.
No pasó a más a de un percanse esa vez. Pasamos la noche tranquila.
Al día siguiente fue casi lo mismo, por la mañana yo estaba el el cuarto jugando nintendo, mientras mi hermana regresó al patio para recojer la ropa que había tendido el día anterior, esta vez estaba vesida con un polito manga cero que realtaba más sus pechos, un short parecido al de ayer que hacía sobresalir sus piernas y nalgas.
Jhony aparece de nuevo con un biviri que hacía sobre salir su barriga y le dice: ¨De nuevo por aquí Milagritos¨ . Esta vez mi hermana no le respondió y de nuevo se estaba yendo, pero esta vez el tío Jhony parece algo furioso y le ataja el paso con su cuerpo.
Jhony: ¨Esta vez no me la haces de nuevo¨
Mi hermana:¨No te metas conmigo si no quieres problemas¨
Jhony con su con brazo sujeta de la cintura a mi hermana y le dice ¨Creo que te hace falta un verdadero macho, veo que jamás te han domado¨. Mi hermana estaba por meterle una bofetada cuando le sujeta la otra mano y se la pone a tras de su cintura y Jhony le clava un beso en sus labios.
Jhony: Ahora verás zorrita, te voy a demostrar que de verdad necesitas un macho, que te hace falta un verdadero hombre y no un bobo con los que seguro habrás estado.
Mi hermana: Suéltame imbécil, te voy a denunciar, te meteré a la cárcel por lo que me estás haciendo.
Mi hermana seguía luchando pero era obvio que no iba a poder con la fuerza ese tipo, de pronto Jhony arrincona a mi hermana y logra romperle su polito, dejándola en sostén, era de color blanco. Seguía con el forcejeo y consigue bajarle el shorcito dejándola en ropa interior, traía puesta una tanga blanca.
Jhony: Traes sostén y tanga blanca como si fueras virgen, pero seguro que ya no lo eres ah Mari ah Puta.
Por el forcejeo ambos cayeron a un viejo sillón donde Jhony le arrancó el sostén y sus pechos quedaron al aire, haciendo un miviénto de vaivén, que seguro aumentaba su morbo. La seguía presionado contra su sudoroso cuerpo, hasta que con sus manos le rompió su tanga, porvocando un fuerte dolor en ella.
Consiguió darle la vuelta a mi hermana y empezó barsarla por todo su cuerpo, ella por su parte, continuaba resistiéndose, hasta que Jhony con un hábil movimiento logró separar sus piernas y empezó a besar con locura y de forma apasionana su linda vagina. Practicamente se la estaba comiendo.
Jhony: Sabía que ya no eras virgen,pero  por lo que veo en tu conchita no te han desvirgado bien verdad. El nene que te desvirgó seguro que tenía la polla pequeña. A ti hace falta una buena pinga, una polla que te haga vibrar todo tu cuerpo.
Mi hermana: No por favor, suéltame, te lo suplico, no me hagas daño.
Jhony: Tranquila que yo te la daré esa pinga que en el fondo lo deseas. Cuando la observé mi hermana ya no ponía tanta resistencia como al principio
Al rededor de media hora le habría estado comiendo su vagina y sus tetas, cuando mi hermana ya comezaba con leves gemidos.
Mi hermana: Ahhhh, ohhh. ufffff
Jhony: Veo que comienza a gustarte Milagritos, o debería de llamarte puta, o mejor dicho mi putita. Mi hermana no respondía.
Las manos de jhony soltaron las manos de mi hermana y ella no hacía nada, señal que su resistencia había llegado a su fin para dar paso al placer.
Dejo de comer su conchita, pensé que to había acabado cuando de pronto le agarró ambas piernas, las separó, se quitó el pantalón y con su gran pene apuntó a la vagina de mi hermana, ella sin palabras, ida por el sexo oral que le había propinado, no decía nada. Cuando le metio la cabeza de su pene en su conchita recién reaccionó. Un enorme grito salió de ella.
Mi hermana: Ayyyyyyyyyyyyyyyy! Me duele, me lastimas, no va a entrar es muy grande déjame ir te lo suplico, te lo imploro.
Jhony: Dejarte ir? Eso es lo que menos quieres, en estos momentos lo que más deseas es ser penetrada por mi. Quieres que te rompa por completo. Etsó será recordado por ti mejor que tu primera vez.
Al decir esto, comenzó a meter todo su gran pene por la vagina de mi hermana que seguía gritando ahh nooo, dueleee, ahh aii.Jhony no hacia caso de su dolorni de su súplica, cuando sintió que su pene ya se había asentado por completo en la concha de mi hermama comenzaba a bombear cada vez más fuerte, los golpes se escuchaban, las de la pinga de Jhony contra la conchita  de mi hermana.
Los dolores de mi hermana cambiaron por gemidos de placer ahh ahha ahh su respiración muy agitada demostraba el placer que ya sentía cuando después de 20 minutos de estar bombeada gritó fuertemente AHHHHHHHHHH! casi se escuchó en todo el vecindario Jhony paró el bombeo y miró hacia ella. Te has venido puta, me doy cuenta que es la primera vez que llegas a tu orgamo. Veía sus piernas temblar. Pensé que ahora sí la dejaría cuando sacó un viejo colchón y lo tiró al suelo. Agarró a mi hermana y la puso a cuatro patas, de perrito la seguía cogiendo, agarró su cabello y se lo jalaba, ella solo gemía del placer en esa posición se vino 3 veces más.
La colocó boca abajo y puso una almohada en su vientre para que alzar su culo, con sus manos asperas levantó un poco y siguió penetrándola, bombeándola, ella gritaba de de puro placer. Más de 7 poses le hicieron a ella, tuvo muchos orgamos esa mañana. Hizo las poses que quiso con mi hermana. Pero lo más raro fue que esa mañana no se atrevió a hacerle por el culo, solo la palmeaba, nalgueaba,
Finalmente, cuando estaba por venirse la saco de su conchita para venirse en su cara y cuerpo. Terminó de estar con ella, sus piernas seguían temblorosas, sus pechos y nalgas  estaban marcadas por sus besos y estaba rojo por las nalgueadas que Jhony la había propinado. Al irse le dijo.
Jhony: Ves putita, ahora sí aprenderás a respetarme, ya sabes quien soy yo, además la que se benefició más eres tú. Deberías darme las gracias.
EL maldito Jhony le dijo que ni siquiera le había gustado mucho y que a él no me gustan las nenas como mi hermana que no saben moverse bien.
Jhony: Tienes un gran cuerpo pero no sabes utilizarlo bien, eso me desagrada decía mientras se sacudía su pene de los líquidos de mi hermana.
Mi hermana: Maldito, te voy a demandar, irás preso.
Jhony: JAJAJAJA eso jamás sucederá. Me buscaás con locura le decía. Chau le dijo y le tiró sus prendas junto a su calzón que se había roto por el forcejeo inicial.
Mi hermana tomó 20 minutos para tomar fuerza y levantarse se puso su shrot y polo, llego a su cuarto y tomó una ducha para después dormir por largas horas.
Pensaba en mi cama sobre lo sucedido, y me dije a mi porque no la ayudé nunca lo supe. Lo peor llega después, la dervirgación de su ano y como llega a ser su sumisa hasta la actualidad. Espero que les haya gustado.Pornto la segunda parte.
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Mi cínica esposa II

Él se le abalanzó, la tomó entre sus brazos y empezó a tocarle los pechos, le subió el vestido y le acariciaba la vagina de una manera salvaje, le arrancó el calzón y ahí mismo en la entrada, le introdujo el pene y la zorra de mi mujer empezó a pedir a gritos más y más, luego la volteó y sin consideración le introdujo por el culo y le dijo que solo era una muestra de lo que pasaría.

Hola amigos:

Nuevamente  junto a ustedes, se acordaran de  mi anterior relato “Mi cínica esposa”, esta vendría a ser la continuación de la misma porque les cuento que el hecho de no haber estado trabajando originó que hasta la familia de ella se moleste conmigo, pero les cuento que pasó…

Resulta que en este transcurrir del tiempo, se presentó una situación difícil para mí ya que por el hecho de no estar trabajando normalmente  fui blanco de muchas críticas por los familiares de mi esposa, en esta situación se oficializó la boda de una sobrina de parte de su familia.

Como es de esperar la hipocresía, le hicieron llegar la invitación al acontecimiento social, lógicamente yo me negué  a asistir a la boda y a la recepción para felicidad de sus familiares, ya que siempre decían que como iría con alguien que recién estaba caminando y no en forma normal.

Luego de asistir a todo lo referido al matrimonio llegó el momento de la recepción social, empezaron las rondas de música el ir y venir de copas con las bebidas más seleccionadas para la ocasión.

Luego de tanto bailar ya empezaron las preguntas, porqué ella estaba sola, qué donde estaba su esposo, ella trataba de disimular a un principio, pero ese momento fue aprovechado por una de las hermanas mayores para  acercar a la mesa, en la que se encontraba un enamorado que ella tuvo antes de casarse conmigo, quien sin esperar más la sacó a bailar aprisionada  contar su miembro…

Esto hizo que ella sintiera una excitación, tratando de disimular se hizo a un lado pero él la atrajo nuevamente hacia él contando con las sonrisa cómplice de su hermana, yo estaba ubicado en un sector cerca a la pista de baile, creo que ni se percataron de mi presencia por que yo les dije que pasaría la noche haciendo un trabajo en la casa de un compañero de Universidad.XOX1

Él empezó, al calor de las copas, a manosearla descaradamente, ella a un principio trató de que no pase nada pero ya luego los vio de la mano como buenos enamorados, luego de pasar un buen tiempo se pararon para despedirse, ella indicó que le había pedido que la acompañe por lo avanzado de la hora, que estaba muy cansada y salieron…

Yo en ese momento salí por la puerta trasera y me dirigí hacia mi departamento ya decepcionado de todo visto hasta ese momento, llegué y no había nadie porque mis hijos fueron a pasar la noche a lo de sus primos, entré y me serví un vaso de agua y fue en ese momento que llegaron.

Ella intentó agradecer por la compañía, pero él se le abalanzó, la tomó entre sus brazos y empezó a tocarle los pechos, le subió el vestido y le acariciaba la vagina de una manera salvaje, le arrancó el calzón y ahí mismo en la entrada, le introdujo el pene y la zorra de mi mujer empezó a pedir a gritos más y más, luego la volteó y sin consideración le introdujo por el culo y le dijo que solo era una muestra de lo que pasaría.

Desde ese momento ella quedó con ganas de que continuara, él le dijo que volvía a la fiesta para que nadie sospeche,  que volvería en 15 minutos, y así lo hizo.

Ella como nunca lo hacía la esperó solo con un salto de cama para hacer el amor toda la noche en todas las formas, yo tuve que aguantarme el descaro de esta mujer que les dije, ya les contaré más…

Autor: Emil

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Braguitas para mamá

Me subí encima de ella y se la metí. Yo apenas quería moverme, solo quería mirarme en sus ojos y ser consciente del momento que estaba viviendo: se la estaba metiendo a mi madre, la estaba follando… y su cara reflejaba, más allá de cualquier duda, la inmensa felicidad del momento. Se había corrido como una burra y ahora su hijo se la tenía metida y se iba a correr dentro de su rajita.

Cada persona tiene sus filias (atracciones) y sus fobias (miedos), algo que con la edad se va atemperando, pero que en la niñez y en la adolescencia es casi generalizado. En el mundo del sexo es raro que no sientas atracción por las braguitas y miedo o pudor por la desnudez en público. Quién no ha sentido en algún momento fascinación de mirar a una mujer enseñando sus braguitas, aunque sea a hurtadillas y aún a riesgo de que te descubran fisgoneando, y quién en la adolescencia, no ha sentido alguna vez la tentación de curiosear en el cajón de las braguitas de su madre.

Soy Pancho Alabardero, tengo casi cuarenta años, vivo en Madrid, mantengo relaciones con mi madre y me relaciono con colegas que hacen otro tanto. Compartimos experiencias, confidencias y vivencias y a veces, sólo a veces, nos gusta darlas a conocer. Esta es la larga experiencia de un hombre que comenzó regalándole braguitas a su madre por su cumpleaños, y terminó siendo un apasionado de las bragas. Su historia es tan sensual como estimulante y nos adentra en el apasionante mundo del fetichismo y del incesto.

Hola soy Matías, tengo 31 años, trabajo de dependiente en uno de los centros comerciales con más glamour de Barcelona, no tengo novia fija, es decir, mariposeo por aquí y por allí, vivo en casa de mis padres al igual que casi todos los chicos de mi generación, me gasto todo lo que gano en mi coche, mis vicios y mis ligues, no ayudo para nada en casa, soy alto, rubio y de ojos azules, voy regularmente al gimnasio, estudio lo menos posible, aunque eso si, hablo el ingles a la perfección, cosa que por otra parte tiene poco merito en mí, dado que mi madre es inglesa.

Mi madre vino hace años de “Au Pair” a Barcelona para estudiar el español y antes de que terminase su contrato se casó con mi padre y se quedó a vivir aquí. Su matrimonio fue como tantos, de clase media acomodada, dos hijos, y alegrías y sinsabores, supongo que a partes iguales. Mi hermana estudió, se sacrificó, consiguió acabar su carrera, se casó y vive razonablemente feliz, yo en cambio me apunté a la ley del mínimo esfuerzo, hice lo menos posible, es decir: nada, y vivo inmensamente feliz.

Entré de dependiente en unos grandes almacenes, pero poseo el don de las relaciones públicas, de modo que pronto fui promovido a supervisor de la firma y la represento en todos los certámenes de moda y comercio, pero no se confundan, todo lo mío es pura apariencia, todo es de atrezzo, pues en cuanto se rasca un poco se descubre que tras esa flamante presencia sólo se esconde un Don Nadie, un servidor de ustedes.

Lo que les voy a contar comenzó hace unos cinco años y fue con motivo del cincuenta cumpleaños de mi madre. La mujer se sentía un tanto deprimida ante tal celebración, pues según decía ella, era la puerta de entrada a la madurez, aunque bendita madurez, pues mi madre era espigada, rubia natural, bellísimos ojos azules y una figura auténticamente estilizada, de tetas pequeñitas pero proporcionadas, de cara fina pero de labios sensuales y de modales absolutamente delicados, era y sigue siendo una “beatiful lady”, pura fragancia inglesa en las Ramblas de Cataluña.

Pues ante tal evento y tal situación anímica de mi madre, no se me ocurrió otra cosa que regalarle unas braguitas de fantasía, puro erotismo en forma de bragas, un simple trocito de tela que no decía nada, pero que lo insinuaba todo. Eran unas braguitas de puta, negras, llenas de volantes y con ribetes rojos. Pura insinuación: sensuales, sofisticadas, atrevidas, frívolas y explicitas, es decir, no tapaban nada, todo lo dejaba a la vista, exhibicionismo en forma de bragas. Era obvio que la que se las calzara no haría otra cosa que mostrar su chumino a quien lo quisiera disfrutar, de modo que entenderán mi precaución al regalárselas, pues en lugar de alegrarle el día podría llevarme una reprimenda por partida doble, pues mi osadía me llevó a entregarle el regalo cuando los tres, mi madre mi padre y yo, cenábamos en casa festejando su cumpleaños.

Las braguitas venían en un envoltorio elegante y glamoroso. Ella lo abrió con delicadeza y curiosidad y cuando tuvo tan delicada prenda en sus manos, sus ojos casi se llenaron de lagrimas de emoción y felicidad que evidenciaban, más allá de cualquier duda razonable, la sorpresa y la turbación por tan insólito y atrevido regalo de cumpleaños por parte de su hijo.

A mi padre el regalo también le hizo mucha gracia y de inmediato le propuso algo inesperado:

-Póntelas para que veamos como te sientan…

Mi madre, casi sin pensárselo y sin sopesar que no estaba sola con su marido, que yo también estaba allí, se levantó, se fue a su habitación y al momento salió vestida con sus bragas de puta, sin más ropa de cintura para abajo, las bragas y las medias, sólo eso. Se exhibió ante nosotros y mi padre, con suma galantería, se acercó a su entrepierna y besó con delicadeza, e incluso yo diría que con cierta excitación, su atrayente chochito, eso sí, a través de sus braguitas.

Después se acercó a mí e hizo otro tanto, exhibirse delante de mis ojos y a un palmo de mis narices. Yo sentí por un momento el impulso de hacer lo mismo que mi padre, pero no me atreví, y tan sólo alargué mi mano y con la mayor delicadeza del mundo acaricié suavemente su chochito, también por supuesto a través de sus braguitas de puta.

Fue el instante más excitante de mi vida. Por aquel entonces yo contaba 25 años y a pesar de que llevaba follando con chicas más de cinco años, les puedo asegurar que fue apasionante. Llevaba años registrando los cajones de mi madre y tocando, acariciando, oliendo las braguitas de mama. Para mí los cajones de la cómoda donde mi madre guardaba celosamente sus braguitas eran como el cofre del tesoro. Los abría y me deleitaba mirando sus braguitas cuidadosamente dobladas, apiladas por texturas y por tamaños, las tanguitas a un lado, las bragas de media nalga a otro, las de culo entero allá, en el fondo del cajón.

Cuando esa noche por fin pude por un instante acariciar y sentir en mis dedos la delicada textura del chochito de mama, creí que eso sería el Paraíso, pero no, el Paraíso aún no me estaba para serme entregado y disfrutado, esa noche el Paraíso fue para mi padre. Al rato y tan sólo después de beber unos sorbos de champán se encerraron en su habitación y no tardé más de unos minutos en escuchar unos suaves pero inconfundibles jadeos.

Mi madre estaba estrenando sus braguitas de puta que yo le regalé por su cincuenta aniversario. Yo esa noche tuve que conformarme con un premio de consolación: me hice una paja acompasada por los jadeos que llegaban de la habitación de mis padres, incluso sentía tanta afinidad, estaba tan inmerso en el momento, era tal el grado de compenetración que ambos, mi padre y yo nos corrimos a la vez y casi un instante después, mi madre, entre convulsiones, jadeos y suspiros, se retorcía entre orgasmos de felicidad.

Al día siguiente cuando me levanté vi a mi madre ya arreglada y esperándome para desayunar juntos. Mi padre salía al trabajo cada día temprano, en cambio mi madre y yo salíamos de casa como a eso de las 9 de la mañana. Ella trabajada dando clases de inglés a altos ejecutivos y yo entraba cuando se abrían las tiendas, a las diez de la mañana. Desayunamos juntos y nos miramos sonrientes, con complicidad, quizás también con cierta sensualidad, con cierta atracción morbosa, con cierto erotismo.

Había magia, flotaban en el aire fragancias de pasión. Le pregunté si llevaba puestas sus braguitas de cumpleaños, se levantó la falda y allí estaban, entre sus bellísimas piernas, dejando a la vista su espesa mata de vello púbico que a duras penas tapaba los labios superiores de su delicado chochito de mujer madura. Una rajita que deslumbraba más que los rayos del Sol al amanecer, que lucia fresca y húmeda a través del tejido de las braguitas. Me miró, me guiñó un ojo y con voz calida y sensual me dijo:

-Es para que me las vean mis alumnos-

-Joder- pensé para mí –aquí van a mojar todos menos yo.

A partir de ese día todo mi universo empezó a girar en torno a las bragas. Comencé a coleccionar catálogos, modelos, texturas, tejidos, formas. Comencé a

visitar boutiques de Barcelona, las más selectas, las más atrevidas, las más guarras. Comencé a visitar sitios Web de Internet para estar a la última, inicié un diccionario donde llegué a almacenar decenas y decenas de sinónimos, de eufemismos, de localismos y por supuesto los nombres en diferentes idiomas.

Bombacha, en Argentina, calzón, trusa, colaless, tanga, hilo dental, cucos, blumer, bloomer, panty, chones, pantaletas… en otros países de América. Pero también Unterwäsche, undergarment, underwear, lingerie, panties, knickers, culotte… todo, todo lo que se podía aprender sobre las bragas me interesaba. Sabían que es una de las prendas de vestir que mueve una ingente cantidad de dinero? Sabían que hay mujeres que entre bragas y zapatos pueden llegar a almacenar en sus roperos cientos de prendas? Sabían que tanto las bragas como los zapatos de tacón son los fetiches preferidos por los hombres y que muy raramente causan indiferencia tanto entre hombres como en mujeres?

Por supuesto es obvio decirles que a partir de ese día buscaba la ocasión para poder regalarle a mi madre lo último de lo último en bragas. Mi padre lejos de mosquearse o de sentirse celoso, se sentía feliz de que le regalase a mi madre bragas, aunque a veces fueran modelitos auténticamente provocativos. Todas, todas le parecían bien y animaba a mi madre a que las luciera, lo que me hizo sospechar que mi padre disfrutaba de la más que evidente infidelidad conyugal de mi madre, pero ni un sólo reproche ni a ella ni a mí por mi obsesión con las braguitas de mamá.

Y surgieron las anécdotas, quizás la más sugerente fue con la dueña de una exclusiva boutique en las Ramblas de Barcelona. La primera vez que entré en su tienda a comprar unas braguitas me preguntó si eran un regalo para mi novia. Le dije que no, que era un regalo para mi madre. Ella lejos de mosquearse me dijo:

-¡Que cool!, ¿Le regalas bragas a tu madre? -Sí- le respondí con total naturalidad. -Y cómo es ella- me preguntó con curiosidad. -Más o menos como tú- le contesté, a lo que ella servicial me ofreció a probárselas para que viera como sentaban. Acepté y se las puso, aunque tuve que comprar otras porque esas quedaron destrozadas después de la follada que los dos nos metimos en el probador.

Esta obsesión se prolongó a lo largo de más de cinco años, hasta que cierto día, uno más en el largo deterioro de la relación conyugal entre mi padre y mi madre, llegó la ruptura. Ese día mi padre me llamó por teléfono y me anunció que se iba de casa a vivir con otra mujer. Me pidió que cuidara de mi madre y que estuviese con ella para que no se sintiese sola.

Yo me quedé pensativo y dudé entre comprarle un ramo de flores o unas braguitas para cuando llegase a casa no se sintiese triste. Opté por las braguitas, unas braguitas que eran una auténtica pocholada, alegres, de colores amarillo chillón y naranja, para que le levantaran el ánimo, pero la verdad es que cuando llegué a casa mi madre no estaba triste y el ánimo lo tenía levantado. La encontré aliviada, feliz, como si se hubiese sacado un peso de encima, vamos que no me propuso irnos de discotecas a celebrarlo por pura educación, se ve que estaba de mi padre hasta las narices.

Esa noche le preparé una cena fría a base de salmón y rosbif, y, como correspondía a tal acontecimiento, regada ligeramente con unas copas de champán. Cuando ya apurábamos la última copa, brindamos por un futuro mejor y acercamos nuestros labios para besarnos, pero al sentir sus labios rozando los míos, algo me impidió separarme de ellos y prolongué ese beso más allá de lo razonable. Bueno, no sólo prolongué el beso, además asomé ligeramente mi lengua y se encontró con la suya que hacía otro tanto.

Aquello fue como una invitación para adentrarse en la tierra prohibida, en el jardín del Edén, y créanme, me adentré en la tierra prohibida. Era consciente que estaba besando a mi madre, pero también era consciente la pasión que levantaba en mí. Mi lengua rápidamente se coló dentro de su fresca y almibarada boquita y se entregó a una apasionada y delirante carrera por descubrir, por probar todas las mieles que guarda su sensual boca de mujer madura.

Mi madre me correspondía desinhibida y excitada, nuestras lenguas estaban entrelazadas, nuestros cuerpos abrazados, su chochito pegado a mi polla que ya no daba más de si, sus tetitas fundidas en mi pecho palpitante, sus ojos de vez en cuando se abrían y miraban llenos de lujuria, de pasión, los míos, que lejos, muy lejos de escabullir su mirada, la mirada de una madre que estaba siendo seducida por su hijo, irradiaban pasión, ardor, y pedían a gritos sexo, sexo mama, quiero sexo mamá.

Ambos estábamos de pie en medio del salón poseídos por una fuerza cósmica y sobrenatural, por una atracción animal. Era consciente que aquella mujer que tenia entre mis brazos, que besaba, que acariciaba, que deseaba su sexo por encima de cualquier otra cosa era mi madre, pero lejos, muy lejos de cohibirme, me excitaba sobremanera y mi mano buscó ansiosamente su chochito hasta que alcancé los pliegues de sus braguitas y comencé a acariciarle el chochito.

-Quieres regalarme unas bragas o quieres quitármelas- me preguntó con voz suave al oído, intuyendo que aquel paquete que había traído esa noche cuidadosamente envuelto en papel de regalo eran unas braguitas para mamá.

-No- le respondí decidido, muy decidido -Quiero quitártelas.

Fue entonces cuando me di cuenta de mi enorme error, estaba confundiendo lo esencial con lo accesorio, las bragas no eran un fin en si mismas, eran tan sólo un medio para estar cerca del chochito de mamá.

Ella en ese momento se abandonó, se tumbó en el sofá, se abrió ligeramente de piernas y dejó ante mi vista el Pórtico de La Gloria. Yo me arrodillé delante de sus piernas, le bajé suave, muy suave las braguitas que llevaba puestas y acerqué la punta de mi lengua a su deliciosa y perfumada rajita de su chochito. Estaba humedecida, lubricada, olorosa, abierta. Mi lengua se fundió con su excitadísimo clítoris y se lo relamí suave pero intensamente, de arriba a bajo, hacia dentro, hacia fuera.

Sus piernas me atenazaban con fuerza, con pasión, y sus manos buscaron nerviosas mi cabeza para aferrarse a mis pelos y empujarme hacia su rajita. Yo hurgué entre sus nalgas para descubrir su culito hasta que conseguí poner un dedo sobre su culo, comenzando a continuación la danza de la vida. La rajita de su chochito estaba siendo lamida por mi lengua y su culo acariciado por mi dedo, todo ello acompasado, intenso, vibrante, hasta que aparecieron las primeras convulsiones y jadeos, aunque yo no aflojé ni por un momento la intensidad de mis caricias.

Fue un orgasmo intenso, vibrante, enloquecedor. Cuando su cuerpo se fue serenando me subí encima de ella y se la metí. Yo apenas quería moverme, solo quería mirarme en sus ojos y ser consciente del momento que estaba viviendo: se la estaba metiendo a mi madre, la estaba follando… ella estaba relajada y su cara reflejaba, más allá de cualquier duda, la inmensa felicidad del momento. Se había corrido como una burra y ahora su hijo se la tenía metida y se iba a correr dentro de su rajita.

A partir de ese momento mi interés por las bragas cayó exponencialmente. No quería ver a mi madre con las bragas puestas, la quería siempre ligera de ropa y franca su rajita, pero exponencialmente también creció mi interés por follar con ella, tanto, tanto que estoy sopesando muy seriamente la posibilidad de no ocultar nuestra relación incestuosa. Éste no es más que el primer paso de un largo camino lleno de pasión.

Autor: Pancho Alabardero

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Excitación en la oficina

Daniela seguía hurgueteando mi trasero con sus dedos. Mi jefa no se percataba porque no podía ver nada. El mueble tapaba la conducta atrevida de Daniela, ella me tocó de tal manera que di un sobresalto. Mi jefa me miró y me dijo que me había pasado. Le dije una tontera que no me hiciese delatar. Daniela ni se molestaba en quitar sus dedos y ya mi calzón estaba completamente mojado.

Hola, soy Victoria y trabajo en una institución bancaria en Santiago (Chile) y si bien ahora estoy en Uruguay, lo vivido en mi país es algo que siempre recuerdo y quise compartir con ustedes.

El estar mucho tiempo con determinados compañeros de trabajo hace que una tenga una idea más o menos clara de quienes le rodean pero una siempre recibe sorpresas en la vida.

Antes de darme cuenta de que me gustaban las chicas había dejado de lado toda compañía masculina. Ya no me interesaba estar con ellos y pensaba simplemente en no involucrarme con nadie.

En mi trabajo me gusta estar muy bien presentada y a veces con el justo toque se sensualidad en el vestir. Me gusta insinuar más que provocar (pero eso en el trabajo no más).

Una vez recuerdo que estaba vestida de blanco, pantalón y chaqueta del mismo color y que debajo de mi pantalón un pequeño calzón del mismo color. Sé que muchos de mis compañeros de trabajo me miraron, los hombres no solo son poco discretos al mirar sino que también al charlar. Mientras estaba preparándome un café escuché que algunos de mis compañeros hablaban de mi. Eso no me parecía nada novedoso si lo fue cuando nombraron que una de mis compañeras también me había estado mirando con ojos no tan inocentes. Según ellos Claudia, compañera mia en la oficina, estaba bastante concentrada en mi trasero y –al parecer- tampoco había sido muy discreta.

Parto diciendo que humildemente soy bastante atractiva, soy relativamente alta 1.72 cms, pelo largo y oscuro, piel color mate un cuerpo bastante bien cuidado, lindas piernas, buen trasero y un par de pechugas bastante exuberantes. (es mi mejor atributo dicen).

Según yo no hay nadie en la oficina de mis compañeras con tendencias lésbicas. Ninguna nadie se me había insinuado antes y ellas tenían sus respectivas parejas de hombres.

Me quedé pensando en Claudia por un rato. Ella es una chica bastante atractiva, sin ser exuberante tiene sus cualidades. Bonita cara, pelo ondulado, ojos verdes, y muy femenina. Suavecita en el trato y en el hablar.

Ella se sienta atrás mío y en diagonal. Me dirigí a mi puesto de trabajo sin antes inclinar mi cuerpo hacia delante de mi escritorio para alcanzar unos papeles. Me quedé unos segundos así y coloqué la pantalla del PC para poder ver su rostro. Efectivamente ella me estaba mirando el trasero. Eso me parecía extraño pero divertido a la vez.

Luego de un rato me fui a su puesto a consultarle sobre un asunto que me había pedido mi jefa. Ella me miraba con cierto nerviosismo y le pregunté que le pasaba. Me dijo que no pasaba nada y luego volví a mi puesto.

Ese día me tocaba clases de aeróbica y me preparaba para retirarme cuando ella me preguntó si había cupos para matricularse en dichas clases. Le dije que como acababan de comenzar suponía que si pero que le traería la respuesta al día siguiente. Lamentablemente para ella los cupos se habían cerrado.

Un día tuve que comunicarme con una mujer de otra sucursal para resolver ciertos asuntos. Fui a su encuentro pero no se encontraba. Le dejé con la secretaria unos papeles que ella necesitaba y me había dejado otros antecedentes que necesitaba.

Luego me llamó por teléfono y agradecida por llevarle lo que me había pedido. Charlamos un rato más y me invitó para al día siguiente a tomarnos algo. Se llamaba Daniela, pelo largo, trigueño, delgada, linda cara, un poco más alta que Claudia y bastante sexy.

Estaba vestida con traje de dos piezas y lucia bella. Yo estaba vestida también de dos piezas, pero yo usaba falda y ella pantalón. Estaba yo con blusa blanca, falda negra y unas panties del mismo color. Me reía en mi interior porque Daniela me miraba sin ninguna indiscreción. Ella se disculpó al mirarme así porque según ella yo era estupenda. Yo solo agradecía y respondí el cumplido de la misma manera.

Al contarle que estaba en clases de aeróbica, ella me dijo que también estaba inscrita pero que se había perdido las dos primeras sesiones. Nos pusimos de acuerdo y a la tercera fue la vencida.
Yo ya estaba con mi traje listo, peto y pantalón celeste sin sostenes debajo (obvio!) para entrar en calor cuando en eso llega Daniela y me dice si la puedo esperar para que no se quedara sola en el vestuario. Inmediatamente se desnudo quedando en ropa interior cosa que para mi no significaba nada, pero luego quedó solo en calzones y sus tetas eran preciosas.

Su trasero cubierto por una pantaleta negra le daban una forma más atractiva y trate de disimular pero me acordé de Claudia y no podía. Cuando ya estaba lista y con una tenida muy sexy, (vestida igual que yo pero de color negro). Estábamos en el medio del grupo de chicas y quería estar detrás de Daniela para ver su trasero e imaginarme de nuevo su pantaleta, pero no había caso. En un instante de pausa el grupo desarmó y ella quedó detrás de mí. Entonces aproveché de moverme lo más sexy posible y que tratara de ver que debajo de mi pantalón ajustado de Gym se encontraba un diminuto calzón de color celeste oscuro.

Luego de la sesión nos fuimos al vestuario para ducharnos en eso me llamaron por teléfono y mi conversación duró un par de minutos. Tuve que esperar a que se desocuparan una ducha y me metí a bañarme. Ya no quedaba nadie excepto Daniela quien se encontraba en el otro extremo y todavía en la ducha.

“Me encanta el agua tibia sobre mi cuerpo” exclamó mientras me miraba desde un par de metros. Solo nos veíamos la cara. Luego ella se acercó en vuelta en su toalla y me dijo “parece que has causado furor con tu performance” me dijo de forma pícara. Le pedí que me explicara y ella me dijo que estaba viéndome como me movía de forma sexy y que muchas de las mujeres de allá me estaban mirando detenidamente”.

Le dije que no tenía que porque ser furor, a menos que alguien se haya sentido atraído por mi. ¿Sabes de alguien? Le dije.

Ella me lanzó una mirada fulminante y mientras seguía en la ducha ella se acercó a la puerta del vestuario y al regresar se quitó la toalla y dijo “YO” mientras sus manos se posaban en mis pechos y comenzó a lamer mis pezones. Era la primera vez que una chica hacia eso conmigo y la calentura que tenía era mucha. Luego comenzó a besarme y posteriormente se arrodilló y comenzó a realizarme un sexo oral que ningún hombre me había hecho antes.

Luego de aquello nos cambiamos de ropa y nos fuimos. No dije nada y ella se despidió de mí diciendo que nos volveríamos a ver.

En la oficina días después estaba de lo más introvertida. Solo pensaba en Daniela. No sabía de donde había logrado tanto placer con apenas un par de caricias y un buen sexo oral.

Días después ella vino a verme a la oficina, con la excusa de unos papeles, mientras estaba en el cuarto donde se ubicaba la fotocopiadora, fui para sacar unas fotocopias y ella me había seguido. De forma muy discreta colocaba sus dedos de mi trasero, buscando mi ano para estimularlo. Mi calentura en ese momento, en ese lugar y con esa mujer era mucho para mí.

Afortunadamente muchos estaban en su hora de colación y los que estaban no estaban por ese sector. Pero estaba con la temperatura alta y se me notaba en la cara. Me fui al baño a mojarme la cara y apareció ella de nuevo. Yo estaba demasiado sorprendida y le dije que no hiciera nada porque nos podían pillar. Ella simplemente reía y tocaba mis senos y mi trasero. Yo quería desnudarla y llevármela a mi departamento pero no era posible eso.

Regresé a mi puesto. Claudia me preguntó si me pasaba algo y le dije que solo tenía mucho calor (respuesta no muy convincente porque apenas en Santiago había 14 grados)…

Luego mi jefa, quien ya había conocido a Daniela en otra oportunidad, me llamó a su despacho. Estaba con Daniela y me decían que se realizaría más adelante un viaje a Viña del mar para integrar de mejor manera a quienes trabajamos en la oficina.

Dije que eso estaba bien y que podían contar conmigo. Daniela que estaba sentada al lado mío me tocaba las piernas por debajo del escritorio de mi jefa. Yo ya no sabia que hacer. Hasta que le dije a mi jefa si me podía ir a almorzar. Me fui y dejé atrás a Daniela.

Ya más tranquila regresé de mi hora de colación. Seguía en mis asuntos cuando sonó mi teléfono. Era ella quien en seguida me dice “Te has escapado pero solo por un instante. Muy pronto serás completamente mía Victoria”. Traté de hacerme la canchera y le dije que eso no creía que fuese posible. Le dije que se había sobrepasado al hacer esto en el trabajo. Ella me respondió que no me había incomodado en la ducha.

Simplemente le dije que no hiciera nada más en la oficina. Fin de la historia.

La verdad es que todo lo vivido con ella en mi trabajo me había excitado demasiado. A la siguiente clase de aeróbica no asistí para no toparme con ella y colocar paño frío en esto. 24 hrs después aparece en mi oficina para charlar con mi jefa. Me llamó la atención que lo había hecho a la misma hora que vino la primera vez.

Es decir cuando hay poco personal en la oficina. Luego se acercó a mi puesto, me saludó y me preguntó que porque no había ido a las clases de aeróbica. Le dije que tenia cosas que hacer y ella me respondió que esa no era la manera de actuar. Le dije que no entendía su comentario a lo que Daniela contestó “Se que yo te provoco mucha excitación. A lo mejor esto es nuevo para ti pero no puedes hacer nada que vaya en contra de lo que tu cuerpo te pide”. Sus palabras me provocaron mucho, quería estar con ella pero no me sentía completamente lesbiana. Estaba confundida.

Me fui a otra parte de la oficina y ella nuevamente me siguió. No aguantó y nuevamente comenzó a colocar sus dedos buscando mi trasero y mi, pequeño orificio anal. Eso me excitaba muchísimo. ¡Estaba recaliente!, todo esto detrás de un mueble con nos tapaba hasta un poco más debajo de mi busto.

Mientras buscaba unos archivadores ella delicadamente hacía lo suyo. Mi sobresalto fue cuando escuchaba entrar a mi jefa. Ella nos vio juntas pero en nada sospechoso. Me preguntó si dentro de lo que estaba buscando había un documento puntual que ella requería. Mientras lo buscaba, Daniela seguía hurgueteando mi trasero con sus dedos. Mi jefa no se percataba porque no podía ver nada. El mueble tapaba la conducta atrevida de Daniela. En un instante ella me tocó de tal manera que di un sobresalto. Mi jefa me miró sorprendida y me dijo que me había pasado. Le dije cualquier tontera que no me hiciese delatar. Daniela ni se molestaba en quitar sus dedos y ya mi calzón estaba completamente mojado.

Le di lo que quería mi jefa y se retiró.

Daniela me dijo que me esperaba a la salida. Que esto teníamos que consumarlo de una vez por todas.

Se retiró a su trabajo y yo me metí al baño y me masturbé como nunca antes lo había hecho. Estaba completamente mojada. Esta tipa era una bestia y ni siquiera me había acostado con ella.
Pedí que me trajeran el almuerzo a la oficina, me calmé y me puse analizar la situación.

Antes de terminar mi hora de trabajo Daniela me llamó y me dijo que me estaba esperando abajo.
Al llegar a su encuentro mi calentura ya no era la misma (me había ayudado a calmar mis hormonas el haberme masturbado) y Daniela me preguntaba si me iría con ella a su departamento. Le dije que prefería darme una ducha porque estaba muy cansada.

Ella lo tomó como una evasión y me dijo que si esta noche no aparecía por su departamento nunca más la molestaría y que se alejaría de mí.

Me dio su dirección (a 25 minutos estaba de mi departamento) y esperaba que la fuese a ver más tarde.

Me fui a mi departamento, me tomé un baño y luego tendida en mi cama me puse a pensar si ir o no. El agua tibia más que calmarme que incitó aun más en ir a verla. Al recordar mi experiencia con ella me dio la respuesta que necesitaba para clarificar esto: deseaba estar con Daniela. Y eso era lo que iba hacer…

(Esta historia continuará)

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Autora: Victorialesb

victorialesb@gmail.com

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