Charly el Metamórfico

Datos sobre metamórficos:
Un metamórfico puede cambiar a cualquier forma humana que desee, y es capaz de leer los recuerdos de la persona que imita, un metamórfico normal deja una muda de piel en cada cambio a diferencia de los de sangre pura, son prácticamente irreconocibles solo por las siguientes cuestiones; 1 un metamórfico ordinario tiene la piel con cierta consistencia a cera, con un golpe fuerte es bastante para deformar un poco al metamórfico y reconocerlo. 2.- un metamórfico tanto como ordinario como un pura sangre son vulnerables a la plata y a exponer su alma a través de las cámaras donde sus ojos aparecen brillando “es la principal razón por la que los cazadores llegan a la conclusión de que se enfrentan a uno”

CAPITULO I

“No soy un el, tampoco soy ella, soy un ser que puede ser cualquiera”

El día ha llegado, la casa esta vacía, me dirijo con total tranquilidad hacia la entrada, se que hay una llave de emergencia en un agujero cavado bajo una roca que sostiene una mareta, la cojo y entro con facilidad. No quiero perder el tiempo así que rápidamente me dirijo a su habitación, al parecer es una chica ordenada pero eso ya lo sabia. Se llama Natalia, esta por cumplir 19 años, ahora mismo se encuentra en clase, igual que su hermano, sus padres están trabajando, él vende automóviles y ella es maestra en una escuela primaria, pero quien importa ahora es Natalia. Es una chica risueña, de tez clara y cabello oscuro, complexión delgada, unas tetas pequeñas pero firmes, un culito redondito y levantado que hace a cualquiera voltear mas de una vez, y una vagina preciosa donde apenas comienza a crecer una pequeña mata de bello. Y aquí estoy yo, en la intimidad de su habitación, para comenzar a trabajar.
Ya tenia ubicados los puntos clave en mi mente, así que coloco las cámaras sin perder mucho tiempo, ohh las cámaras como las detesto, pero para esta ocasión se requieren, todo esta listo pero antes de irme no puedo evitar buscar entre su cesto de ropa sucia unas bragas usadas recientemente, hhmm es un mal habito que tengo, las encuentro, unas braguitas azul claro con un arco iris ilustrado y una pequeña marca de humedad, las pego a mi rostro y respiro largo y profundo, me estoy comenzando a excitar, ese aroma juvenil y el morbo de hurgar en la intimidad de una chica buena me enloquecen, sin darme cuenta ya había comenzado a frotar mis muslos aun estando de pie con las bragas en mi cara y llevaba una de mis manos hacia mi entrepierna cuando escucho un ruido , alguien esta abriendo la puerta de la entrada – mierda- todavía me deberían de quedar 4 horas al menos, me asomo desde la habitación de Natalia y por las persianas puedo ver que es el padre, no se que carajo hace aquí tan temprano pero, después de todo puede resultar divertido, rápidamente me quito toda la ropa, me detengo un segundo frente al espejo y contemplo mi cuerpo, o mas bien el cuerpo de la pequeña Naty, solo con esa visión y el saber que el padre esta cerca basta para excitarme de sobremanera, me aseguro que quede una pequeña rendija abierta, me coloco en cuatro sobre la cama apuntando mi firme y juvenil culo hacia la puerta y comienzo a masturbarme asegurándome de lanzar varios gemidos que pronto se vuelven reales, pego mis tetas a la cama y utilizo mi otra mano para acariciar mi estrecho orificio anal, mientras acelero el ritmo sobre mi empapada vagina, comenzando a dedearme el ano y pongo mas empeño en mi sensible clítoris gimiendo aun mas fuerte.
El padre de Naty que por cierto se llama Arturo, escucha claramente los gemidos que salen de la habitación de su hija , sin saber que pensar , se acerca sigilosamente y cuando se asoma por el pequeño espacio de la puerta entrecerrada se queda paralizado; su pequeña, su niña, a la que siempre ha consentido, la preferida, la niña buena que nunca a tenido novio y siempre va bien en la escuela, está desnuda, con el culo en pompa masturbándose como una puta ninfomana, primero se siente furioso quiere entrar y reprenderla por comportarse como una zorra barata ,pero no se puede mover, su mirada esta clavada en ese culo perfecto y en la vagina de su pequeña que ahora chorrea jugos que corren por sus muslos hasta la sabana. Embobado en tal visión y como si su mano pensara por si misma, bajo la bragueta de su pantalón y saco su pene para empezar a masturbarse espiando a su hijita, yo podía ver todo por el espejo, su expresión al encontrarme así, su nerviosismo y su excitación involuntaria que se notaba de sobra en esa verga morena y peluda, estaba excitadísimo en este cuerpo de chica joven y a punto de correrme, pero quería mas morbo, quería reventarle la mente a ese bastardo que era tan “recto” y ahora se la jalaba viendo a su hija en plena sesión autoplacentera, así que entre gemidos , y sin dejar de dedearme comencé a gritar:
-Si papi, cogeme!, quiero ser tu puta!, quiero que me violes y me hagas de todo por mas que me resista!
Fue demasiado para él, pues a través del espejo vi como disparaba chorros de semen llenándose toda la mano, luego fue mi turno me corrí como hacia mucho no lo hacia, mi culo se contraía y mis piernas temblaban, caí en la cama aun con contracciones de ese intenso orgasmo, y con una sonrisa de par en par en la cara. El padre de Natalia rápidamente se dirijo rumbo a la puerta, escuche que salió, seguido por el motor del auto sabía que lo que acababa de hacer tendría consecuencias, tal vez a mi favor, mi victima era la putita de Natalia pero esto me hizo cambiar de idea utilice el resto de cámaras y las coloque por el resto de la casa rápidamente, la del baño fue la mas difícil pues no tenia muchos puntos clave para una cámara espía pero al final me las arreglé, salí de la casa, puse la llave en su lugar y solo tenía que esperar en mi guarida a que empezara el espectáculo muy pronto tendría un montón de acción esperándome, pero eso si la putita de Natalia seria mía lo antes posible, luego porque no? jugaría con el resto de la familia.

Me dirijo a mi hogar, fuera de la ciudad, adentrándome en el bosque, no es para nada modesto debo añadir ya que si algo no le falta a mi familia es dinero, pero no quiero hablar mas de mi familia, todo el tiempo se la pasan peleando por ganar el control de cierta ciudad sobre otras criaturas sobrenaturales, me largue de casa cuando cumplí 15 y hasta ahora me ha ido bien y  he  hecho mi propia fortuna. Vivo solo con dos esclavas, si, leíste bien esclavas, hay cierta organización que hace un muy buen trabajo entrenando esclavos para ser obedientes y fieles, aunque sus métodos no son muy ortodoxos, el resultado vale la pena, Alicia una hermosura vampírica que me ha cuidado desde que era un pequeño y hermoso bebé, pelirroja, con unas tetas de infarto, y un culazo mas suave que cualquier almohada de la mejor calidad, aparenta tener unos 30 años, pero en realidad ni yo se que edad tiene, pues se ve igual desde que recuerdo, con el paso del tiempo me ha agarrado cariño y casi me trata como a un hijo, claro sin olvidar nunca su posición, y Cat, ella es mi más reciente compra, también de raza vampírica, cabello corto y oscuro, una piel muy pálida, tiene unas buenas tetas redondas y en su lugar pero no se comparan con las de Alicia, aparenta unos 20 años y casi creo que sigue rondando esa edad pues es medio descuidada, por no decir idiota.

Llego al gran portón y al ver que no se abre presiono y hablo por el intercomunicador sin bajarme del auto aun.
-Cat, soy yo quieres abrir por favor- digo mirando hacia la cámara para que pueda distinguir por mis ojos quien soy, pues quiero llevar este cuerpecito solo un poco mas. No obtengo respuesta y el portón sigue cerrado…
-Cat!, Alicia! están ahí?, quieren abrir el puto portón de una vez!- no obtengo respuesta.
Me bajo del auto, ya cabreado, de no ser tan jodidamente paranoico con la privacidad no habría puesto un portón que solo se abre colocando la clave desde dentro, voy andando a la entrada trasera, muy bien escondida debajo de una trampilla camuflada con hierba, entro sigo el túnel, y coloco la clave en la puerta de metal, me toma un rato llegar al sótano, luego hablare de todo lo que guardo bajo casa, al fin hogar dulce hogar, solo entrar me desnudo, siento que es liberador andar en sin ropa por la casa, pero sigo molesto tuve que dejar el auto fuera, rápidamente escucho los gritos y gemidos escandalosos desde mi habitación ” esa cabrona se va a enterar”, subo rápido hacia mi cuarto y encuentro a Cat con su uniforme “Una lencería negra que tienen que utilizar, cosas mías no me juzguen”, excepto las bragas dándose duro con uno de mis vibradores, no me dejo decir palabra alguna en cuanto me vio su expresión cambio dejando ver sus horrendos dientes afilados-que desagradable, los colmillos clásicos de las películas de vampiros tenían mas clase- y se lanza sobre mi tumbándome al suelo, fue la gota que derramo el vaso – aunque en otras circunstancias la visión de una vampiresa sexy y semidesnuda sobre una chica virgen y completamente desnuda me hubiese agradado, no estaba de humor- .
-!Soy yo, estúpida! no vez la puta marca?!- Desde que Cat llego a la casa tengo que usar una pequeña marca, una cicatriz pequeña en el hombro para que la inútil pueda reconocerme cuando uso otro cuerpo, cosa que nunca es necesaria con Alicia ella me reconocería en cualquier cuerpo que copie.
Los ojos de Cat se abrieron como platos, guardo sus horrendos dientes de vampiro, se me quito de encima y por un segundo en lo que Cat encontraba que decir el único sonido que se escuchaba era el maldito silbido del vibrador que colgaba de su vagina moviéndose de un lado a otro en lo que yo me ponía de pie.
-Lo siento señor yo…- Le di una fuerte bofetada que la hizo retroceder
-¿Señor?!- Acto seguido la tome por su corta cabellera y lleve su rostro hacia mi entrepierna – Dime que ves!-
-Por favor perdóneme señorita yo no quise…- La interrumpí de nuevo, ahora sacándole de un jalón ese vibrador que ya me tenia harta.
-Esto es mio, y sabes que tienes no tienes permiso a menos que te lo de yo en persona, sabes el tiempo que estuve hablando como idiota por el intercomunicador, tuve que entrar por la entrada trasera.
-Perdóneme no volverá a pas…
-Donde esta Alicia?
-Fue a hacer las compras a la cuidad, dijo que volvía en un rato y yo…-
-Cállate, ve y hazme un café, luego limpias tu charquerio, más tarde te daré tu castigo y no olvides meter el puto auto-
-Por favor, perdóneme yo no…-
-Sigues hablando y aun no tengo mi café-
Me volteo a ver directamente a los ojos, había miedo en su mirada pero por un segundo, un instante creí ver odio, ya debo de estar alucinando.
-Le traeré su café señorita- dijo saliendo de la habitación
Un dia de estos me volvera loca esta esclava, el jodido vibrador me saca de mis pensamientos lo apago al fin, aun tiene los jugos de la idiota de Cat, huele afrodisiacamente bien, y la imagen de la puta dandose placer en mi cama para ser justos fue bastabte agradable, bajo mi mano buscando mi verga y, oh, es cierto, tiempo de librarse un rato de este cuerpecito de colegiala y regresar a mi forma original.
Cierro los ojos, me concentro y en un instante siento el cambio, ahi estoy frente al gigante espejo que tengo delante de mi cama, veo a un joven de 25 años, de complexion delgada, un poco atletica, palido, cabello lacio y castaño completamente depilado y con una polla de 27 cm, aunque para ser sinseros hice un poco de trampa ahi, con mis habilidades metamorficas, solo un poco pero, que esto quede entre nosotros.
Cat llega al cuarto y se queda mirando mi verga un segundo, veo como se le hace agua la boca.
-hmm, hmm- Interrumpo lo que fuera que estubiera pensando.
-Señor… su café- Dijo mientras se acercaba a darme mi taza cuando tropezo con la alfombra y derramo todo el cafe en ella… Hubo un momento de silencio y levanto la mirada con lagrimas en los ojos -Lo siento señor, yo-
-Ve a tu habitación- Pude ver como las lagrimas resbalaban por sus mejillas
-Pero señor déjeme-
-No lo empeores mas, solo… ve a tu habitación, Alicia se encargara de limpiar tu desastre cuando llegue- Ya entre sollozos se retiro sin decir palabra alguna.
Me hice yo mismo mi café y después fui al cuarto de computo, era hora de ver como se estaba portando la princesita de Natalia y su familia, me alegre al ver que las cámaras funcionaban perfectamente, y parecía una noche normal en familia, Jenna la madre de la Mariana hacía la cena, Jimmy el hermano menor se había encerrado en su habitación y se pajeaba visitando paginas porno, mientras la dulce Natalia hacia trabajos para la universidad sobre la mesa en lo que estaba la cena, pero Arturo no estaba en casa, me pregunto a donde habrá ido y que habrá hecho después de salir casi corriendo con la verga de fuera , trataba de imaginármelo cuando sonó la señal del portón Cat bajo corriendo y abrió la reja con la clave, y se dirigió hacia mi, pude ver como sus mejillas estaban coloradísimas y los ojos algo irritados debió de estar llorando un buen rato.

-Alicia ya llego señor-
-Bien, de una vez ve al calabozo y prepara todo- Una lagrima resbalo por su mejilla, pero no cambio su expresión al parecer ya estaba resignada.
-Como ordene señor-

Alicia entro y se topo con Cat cuando se dirigía hacia el calabozo, al ver su expresión supo inmediatamente lo que le esperaba a la pobre vampiresa novata.

Se que intercambiaron algunas palabras pero no pude escuchar bien, luego llego al cuarto de computación ya con su uniforme puesto y con tono alegre me saludo-

-Cariño! al fin llegas, pensé que te habías olvidado de mi-dijo abrazadome desde detrás del asiento y dándome un beso en la mejilla.
-Sabes que eso nunca va a pasar Alicia, tu eres la preferida-
-¿Y ahora que hizo la inútil de Cat?, no quiso decir mucho cuando le pregunte-
-Ve a mi habitación y míralo tu misma, te tocara limpiar su desastre otra vez-
-Esta bien, pero no seas tan duro con ella si, aun le falta mucho por aprender, esta muy verde la chiquilla- Me decía al oído, mientras con una mano me masajeaba la verga como solo ella sabía – Que estas viendo?, son tu nuevo entretenimiento?- Pregunto volteando a ver las pantallas delante suyo.

-Algo así. Ahora ve y haz lo que te dije, luego llevas una botella de sangre de muerto al calabozo donde esta Cat, siempre suele “olvidarla”-
-Al parecer ahora si la cagó en grande verdad?, bueno, no me gustaría estar en su lugar, espero no te quedes sin fuerza porque hace rato que no me das mantenimiento- Acto seguido me estrujo los huevos, la cabrona sabia como calentarme.

Al ver en las pantallas que el padre de familia llegaba a su hogar, prácticamente corrí a Alicia a hacer sus deberes, pues no quería perderme detalle de lo que estaba por ocurrir.

Mi nombre es Charly, y soy un Metamórfico puedo ser la persona que quiera, cuando yo lo desee, pero sobre todo soy un metamórfico de sangre pura, si, de sangre pura, no hay cosa mas ofensiva para mi que me confundan con esas aberraciones que dejan una muda asquerosa de piel cada que cambian, que como mantenemos la linea de sangre sencillo, reproduciéndonos en familia, somos metamórficos nunca hará falta un hombre o una mujer cuando se requiera. Pero sobre todo hay algo que quiero aclarar, para nosotros no existe el ser heterosexual, gay etc, tienes que entender una cosa, a pesar de nacer hombre, yo no soy un él, tampoco una ella. Soy un ser que puede ser cualquiera.

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Miedo a los ascensores

Siempre le tuve temor a los ascensores. Cuando me mudé al 7mo. piso del Cervantes Center, me convencía a mi misma con el placer que me daba la excelente vista panorámica de mi departamento y con la cercanía a la empresa donde trabajo. Jamás pensé que la experiencia que iba a vivir cambiaría mi percepción sobre el sentido de viajar en ascensor.
Los primeros días lo usé casi sin pensar ocupada como estaba en armar mi nuevo departamento. Una vez instalada comencé a subir y bajar a la misma hora y  a entrar en contacto con las personas que habitualmente subían y viajaban en el mismo horario. Cada día de mañana bajábamos seis; a mi regreso de la empresa, por la noche subíamos cinco, cuatro hombres y yo. Sola. La primera vez que subí me sentí algo incómoda – sola entre cuatro hombres – subiendo en silencio. Todos con trajes impecables y corbatas que cambiaban cada día. Dos de ellos siempre de anteojos oscuros. Impecable calzado los cuatro. La mayoría de las veces atendiendo sus móviles de última generación. Uno privilegiaba el uso de la tableta. Se ponía en un rincón y parecía subir mirando algún video. Subíamos los cinco en la planta baja y me cedían el primer lugar para entrar, por lo que yo me ubicaba en el fondo del ascensor contra el espejo posterior. El último en subir apretaba con su dedo medio cada piso. Lo hacía con mucha suavidad y firmeza. Fue la primera mano que comencé a mirar con mas atención. Se notaba una piel suave y recia.
A los quince días ya nos saludábamos atentamente. Ellos mostraban conocerse hace mucho tiempo porque conversaban mucho entre si. Todos seguían a pisos superiores al mío. Por lo que bajar significaba pasar en medio de ellos y…sus miradas que me recorrían.
Noté sus miradas especialmente el día que cuando estaba por bajar se me cayó el celular sobre la alfombra del ascensor y al descender a tomarlo los cuatro se agacharon para alcanzármelo, de manera tal que sus cuatro manos y la mía casi llegaron al mismo tiempo al teléfono  Dos de ellos alcanzaron a rozar mi piel. Noté que la vista de los dos que estaban sin anteojos se dirigieron mas a mi blusa escotada que al celular del suelo. Alcé el celular, di las gracias y salí. Los cuatro sonrieron sin decir nada y noté que – mientras se cerraba la puerta del ascensor- comentaban algo entre sonrisas. Uno de ellos se pasaba la lengua por sus labios y otro me despedía con un ademán de su mano y una mueca de seducción. Era el mas alto y rubio de los cuatro.

Después de tres meses la situación seguía de la misma manera. Hasta que llegó aquel viernes en el que que volví del trabajo, llamé el ascensor desde la planta baja y al abrirse la puerta estaban ellos cuatro, solo que cuando yo subí, ninguno bajó. Ingresé y mientras el dedo aquel apretaba el piso cuarenta y dos, me vi rodeada por los cuatro que comenzaron a girar en torno mío. Algo atemorizada quedé enmudecida y tieza, pero uno de ellos me ofreció un ramo de rosas. Mientras el segundo destapaba un perfume atrapante, el tercero tomaba su tableta y comenzaba a filmarme el rostro, con primeros planos de mis labios y comenzando a recorrer con su cámara mi cuerpo con movimientos envolventes. El cuarto se arrodilló ante mi y sólo dijo:

– Hasta donde tu desees…- mientras sus manos tomaron mis tobillos y comenzaron a abrir suavemente y con firmeza mis piernas.

Ya los dos restantes dejaron de girar a mi alrededor y tomaron mis manos. entre los tres me pusieron contra el espejo. El cuarto continuaba filmando. Intente decir algo pero un dedo con un perfume embriagante se posó sobre mis labios, mientras comenzó a dibujar toda la extensión de mi boca. La otra mano acarició mi rostro y deslizó dos dedos por detrás de mi oreja, y se entretuvo en mi lóbulo. Al mismo tiempo comencé a sentir que las manos que habían tomado mis tobillos comenzaban a deslizarse hacia arriba recorriendo convencidas el interior y exterior de mis piernas, que querían temblar. La presión del dedo anular en el interior de mi pierna hizo que yo levantara mi cuerpo sobre la punta de los dedos de mis pies, con una mezcla de temor y deseo que esa mano llegara hasta las orillas de mis bragas de seda. La cámara seguía registrando cada rincón, y el cuarto hombre apoyaba mis brazos contra el espejo con fuerza.

A las manos que subían comenzaron a sumarse otras manos que se deslizaban desde el cuello para abajo y ya no alcanzaba a notar cuantos manos me acariciaban. En ningún momento me violentaban. Cada centímetro recorrido iba a compañado de las mas dulces expresiones que uno u otro deslizaba susurrando en mis oídos. Uno se puso a un lado, otro a otro lado, y el que seguía de rodillas ante mi ahora sumaba su rostro que se acercaba hacia mi vientre y su boca bajaba sobre mi falda hasta encontrar el camino mas caliente y zigzagueante hasta mis labios inferiores que ya quedaban a la altura justa de su boca.

¿Cuáles eran las manos que comenzaron a rodear mis senos? Ya no podía distinguirlas, pero tensaban mi piel hasta hacer endurecer mis pezones que comenzaron a desear salirse. Alguien comenzó a desprender mi camisa y otra boca descendió desde el cuello hasta uno de mis pezones que comenzó a rodear, primero con su lengua y dedos y luego succionó con dulzura, firmeza y un ritmo enloquecedor. Otras manos dejaban al aire el otro seno mientras otra mano tomaba mi propia mano y la deslizaba por un miembro que endurecido quería deslizarse fuera de un pantalón. Quise retirar mi mano pero la sostuvieron con firmeza contra aquel miembro erecto. MI otra mano fue deslizada dentro de un pantalon y sentí el calor y suavidad de la piel de uno de ellos.

En un momento dado tenía un miembro en cada mano; mis senos eran succionados con pasión por dos bocas; a la que se sumaba una tercera sobre mis bragas dibujando con su lengua entradas y salidas de pasión que hicieron que yo me mojara y corriera apasionada. El ritmo de mis manos corriendo la piel de aquellos endurecidas vergas, comenzó a sacar expresiones de placer. El ascensor seguía subiendo.

No me preguntes en que piso fue el momento en que me encontré con mi cara frente al espejo mi camisa , totalmente deprendida y labios que mordían mis muslos, mientras dos manos abrían mis piernas desde los tobillos. Mis bragas fueron corridas a un lado y mi culo comenzó a sentir caricias peneanas que subían  y bajaban buscando mi orificio anal. Sentí que unas manos se untaban en lubricante de aroma embriagador y cada aspereza de mi piel cedió a un camino de placer por el que comenzaron a entrar y salir, tres vergas en forma alternativa, cada una llegando a tocar diversos rincones de mis deseos.

No sé cuantas veces me corrí. Mi coño sentía a la vez dedos que entraban y salían y mi clítoris explotaba de placer. Cuando todos acabamos, estábamos parados en el piso siete. Yo me acomodé la ropa y comencé a bajar. Cuando crucé el umbral del ascensor una voz volvió a decir:

– Hasta donde tu desees…-

Otra agregó: – Hasta mañana –

Y los cuatro sonrieron. Yo bajé con mis rosas, mi perfume y mis deseos…

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Un pasado oscuro

Andrés y José Luis comenzaron a bombearla, Doña Olga sentía que disfrutaba de aquella sesión fotográfica, en la que ya no había fotógrafo, y simplemente se dejó llevar por los muchachos, hasta que sintió que se estremecía violentamente ella también. Andrés acomodaba su boca en la vagina, para absorber sus néctares. Doña Olga permaneció durante otras tres horas en la habitación, y finalmente la dejaron exhausta sobre la cama, completamente atascada de esperma.

Doña Olga no podía creerlo cuando abrió el sobre que contenía la única evidencia existente de un obscuro pasado que había intentado olvidar durante años. ¿Cómo era posible que estos dos jóvenes tuvieran en su poder esa revista con las fotografías que hacía más de 25 años se había dejado tomar?

Súbitamente le vino a la mente aquella tarde de septiembre cuando asistió a aquel reducido estudio fotográfico para llevar a cabo aquella sesión. En aquellos días ella no pensó en consecuencias, a sus 18 años no pensaba que alguien conocido podría tener acceso a esas revistas eróticas, así que había ido por propia voluntad, motivada por la emoción de hacer algo a escondidas a sabiendas de que era algo indebido, pero ni ella ni Claudia, Elena, ni Flor se arrepintieron de posar desnudas para esta publicación de circulación local, ni tampoco de haber aceptado la inclusión de modelos de sexo masculino.

Aunque Flor había sido la única que se había animado a posar teniendo relaciones sexuales, las fotografías que Doña Olga se había tomado en aquel entonces eran comprometedoras pues aparecía mostrando descaradamente el sexo y masturbando a un modelo muy bien dotado, al grado que había una foto que la mostraba con manchas de esperma.

– ¿De dónde sacaron esta revista? – preguntó Doña Olga. En esos momentos no entendía de qué se trataba la situación. Había ido a recoger a su hijo Ángel a la preparatoria y le intrigaba lo que estos dos amigos de su hijo pretendían. -Eso no importa, señora. -respondió José Luis – lo que importa es que la tenemos. – El delgado, pero atlético muchacho parecía hablar en serio. – N-no entiendo -dijo ella, nerviosa – ¿De qué se trata? -Creo que sí lo sabe, señora -añadió Andrés, que era el más corpulento. – Las fotos que aparecen en esta revista le traerían muchos problemas en su familia si las llegan a ver, además a su posición dentro de la “Asociación de padres para la conservación de las buenas costumbres”. Y nosotros podemos hacerlas de conocimiento de todos, claro, a menos de que hablemos de negocios.

-¿De qué me están hablando?…ustedes son amigos de Ángel, ¿me están intentando decir que es un chantaje? -respondió Doña Olga, molesta por la situación que estaba percibiendo. -No “le estamos intentando decir”, señora. Le estamos diciendo que esto es un chantaje. – ¿Qué?… no lo puedo creer, muchachos… ¡son amigos de mi hijo! – Eso es lo que más nos apena, Doña Olga, que la mamá de nuestro amigo tenga un pasado tan vergonzoso… -dijo Andrés, en tono sarcástico. -¿Está bien, cuánto quieren?… – dijo Doña Olga, abriendo su bolso, y tratando de ser determinante.

Al decirlo así, supuso que todo terminaría en una cantidad razonable con la que dos muchachos rebeldes podrían estar satisfechos, sin embargo, se sorprendió al verlos reír mientras se miraban el uno al otro.

-No queremos dinero, señora – respondió José Luis.

Doña Olga comenzó a sentir inseguridad por las ocultas intenciones que podrían tener los dos muchachos, a los que hasta hacía unos momentos había apreciado por ser amigos de su hijo.

-¿N-no?… ¿entonces? -preguntó Doña Olga, aún pensando que tal vez podría ofrecer otra cosa de interés para ellos, pero en su cabeza comenzaron a aparecer ideas que ella pensaba que no era posible que pudieran tener estos muchachos. -Señora…creo que también usted sabe lo que queremos. – agregó José Luis. -No, no sé -dijo Doña Olga. Pensó que si ella los convencía de que no tenía idea de lo que hablaban ellos podrían avergonzarse y abandonar sus objetivos, pero no fue así. -Bueno, dijo José Luis. Queremos solamente tiempo. La queremos por dos horas, usted y nosotros en el Hotel del Valle.

Doña Olga sintió horror al escuchar la respuesta de José Luis. ¿Cómo era posible que lo que siempre había temido ahora estuviera sucediendo y con dos jovenzuelos de la mitad de su edad y además de todo amigos de la familia? Pero todo era verdad, una verdad cruel, como las miradas de José Luis y Andrés, que ahora la miraban de arriba a abajo, apreciando su cuerpo como si fueran a comprarla.

-No es posible que hagan esto muchachos.

La respuesta de Doña Olga más que remordimiento causó hilaridad en los jóvenes, que comenzaron a retirarse del lugar, a carcajadas.

-Llámeme, señora, usted tiene mi número…-dijo José Luis, como despedida.

A pesar de que toda la situación parecía un mal sueño, Doña Olga sabía que ellos hablaban en serio, por lo que después de cuatro días tomó la decisión de llamar a José Luis.

-¿Cuándo podemos arreglar ese pendiente? -dijo Doña Olga, tratando de parecer firme. – ¿Qué le parece mañana a las 10:00?…-propuso José Luis. A ella le pareció adecuado, pues a esa hora Ángel estaría en clases (donde también deberían estar Andrés y José Luis), y su esposo estaría trabajando. -Está bien. Ahí nos vemos. -Muy bien, quiero que lleve solamente un baby doll -respondió José Luis -¿Qué?… ¿cómo que un baby doll? -pero su respuesta ya no fue escuchada. José Luis había colgado.

Doña Olga tuvo que buscar el único baby doll, uno de color negro, que le había regalado su esposo y que había usado solamente en la noche de uno de sus aniversarios de bodas. Al día siguiente, Doña Olga estuvo puntual en el Hotel del Valle, con una gabardina que la cubría y le daba una apariencia normal. Anticipadamente habían llegado ya Andrés y José Luis, en el auto de éste último, que sonrieron en cuanto la vieron en el estacionamiento. Así pues, Doña Olga acompañó a los dos muchachos a un piso superior, en donde los esperaba una habitación con una cama matrimonial, y de repente ella se percató de que además había unas lámparas y una cámara ya montada en un trípode.

-¿Qué es esto?… nunca dijimos nada de esto… -dijo Doña Olga. -Doña Olga, acuérdese que tenemos ya una revista donde le tomaron unas fotografías. – dijo Andrés, que vestía una camiseta azul marino con dos líneas blancas en cada uno de sus costados. -Nosotros simplemente queremos tener nuestra foto también… de cualquier forma ya tenemos sus fotos, ¿le gustaría que su esposo la viera con lechita en las manos? -Pero ¿qué están mal de la cabeza? -reclamó Doña Olga – ¿no se dan cuenta de que esta es una actitud criminal?… ¿de delincuentes? además son amigos de Ángel, ¿cómo le pueden hacer esto?  -Sí, pero Ángel además de ser nuestro amigo tiene una mamá con un cuerpo para comérselo – José Luis respondió mientras encendía la cámara y el flash automático -Andy, ¿le ayudas a Doña Olga a desvestirse?

Andrés se había puesto detrás de Doña Olga y suavemente la tomó por la cintura, para después proseguir a desabrochar los botones superiores de la gabardina de la señora. Ella estaba en sus manos, y sabía que nada podía hacer, así que solamente apretó las mandíbulas mientras alzaba los brazos para facilitarle a Andrés que le despojara del abrigo.

-¡Mírala Andy!… ¡sí se puso el baby doll la zorra!… -dijo burlón José Luis.

Doña Olga se dio cuenta de que el comentario del baby doll lo había hecho el muchacho sin pensar que ella sí lo llevaría. Se arrepintió de llevarlo, además de que sintió vergüenza ya que la prenda dejaba ver sus atributos físicos a través de sus encajes.

-Párese acá, junto a las cortinas -indicó José Luis, a lo que Doña Olga obedeció. De cierta manera recordó al fotógrafo de su juventud. – Deme una pose sexy – agregó José Luis, y ella simplemente se puso de costado, flexionó un poco las piernas, apoyando sus manos en los muslos y miró en dirección contraria, lo que inmediatamente le dio un aspecto natural. -¿A ver?… deme otra…

José Luis hizo otras tomas de Doña Olga con el baby doll. Ella pensó que estos muchachos morbosos quedarían satisfechos con algunas tomas eróticas, sin embargo, todo estaba a punto de cambiar.

-¡Bueno ya!… ¡échamela pa”cá!… -demandó Andrés, que para cuando volteó Doña Olga ya estaba sentado en la cama, totalmente desnudo y acariciaba su vigoroso miembro. -¿De qué se trata? – reclamó Doña Olga. – ¡Ya, ya, ya!… ya estuvo bueno, ¡ya sabe qué sigue! -gritó José Luis -quítese el baby Doll.

Doña Olga se asustó un poco por los gritos, y obedeció a José Luis, para evitar que se exaltara más. Pensó que si ya la habían hecho ir allí no dudarían en hacer cualquier otra cosa. Quedó de pie frente a Andrés, que comenzó a masturbarse con más intensidad al admirar el cuerpo de Doña Olga. Después sintió las manos calientes de José Luis que tocaban sus glúteos, sin ningún pudor.

-Qué rica está… -Ven…

Andrés tomó extendió las manos para tomar las de Doña Olga, y la atrajo hacia sí, recostándose en la cama. Instintivamente, Doña Olga separó sus piernas, para quedar exactamente encima de Andrés, cuyo pene ya estaba en una imponente erección. Las manos de José Luis empujaron las nalgas de Doña Olga hasta acomodarla encima de la verga de Andrés que la sostenía vertical con sus dedos, y transpiraba desesperadamente.

-No hagan esto… por favor… -suplicó Doña Olga. -No le va a doler… usted ya lo sabe -respondió José Luis, para colocar sus manos en los hombros de la mujer, y dirigirla hacia abajo, con lo que ella misma quedó empalada en la carne del joven. Andrés comenzó a mover sus caderas al contacto con la vagina de Doña Olga, que como respuesta dejó caer su cuerpo sobre el del muchacho. No podía evitar sentir placer al sentir esa verga que entraba y salía de su cuerpo. Andrés se agarró de las nalgas de Doña Olga, y las separó, dejando a José Luis un espectáculo difícil de igualar. La verga de Andrés entrando y saliendo, con el culo de Doña Olga hacia arriba.

– A ver señora… mire para acá y sonría -ordenó José Luis.

Doña Olga giró su cabeza, pero no sonrió, hizo más bien una mirada de desprecio a su fotógrafo, aunque luchaba por demostrar que le estaba gustando aquel singular coito con el joven. ¡Click!… sonó el disparador de la cámara. Andrés, abrazando el trasero de la señora, comenzó a eyacularle adentro, pero sacó su miembro y continuó descargando en el vello púbico de la mujer, que se decepcionó por la prematura eyaculación del inexperto muchacho.

-¡Ooooaaaaaaaaahhhhhhh!… gritó Andrés al tiempo en que salían las últimas gotas del blanco líquido. -Bueno, ahora ven para acá José Luis -dijo Doña Olga, tomando de una vez por todas, el control de la situación.

José Luis, todavía vestido, dio unos pasos hacia la cama. Sin embargo, Doña Olga lo desvistió bruscamente y después lo empujó hacia la cama, mientras que el muchacho se emocionaba. Su miembro, con una longitud mayor al de Andrés, pero más delgado, estaba ya en su apogeo. Doña Olga se sentó encima de José Luis, mientras Andrés tomaba el papel de fotógrafo, para proseguir comenzando a hacer algunas tomas.

Doña Olga comenzó a aumentar la frecuencia del bombeo, mientras el muchacho se volvía loco en la cama. Era notorio que nunca había tenido relaciones con una mujer o que si lo había hecho había sido de manera apresurada y sin conocimiento, por lo que rápidamente Doña Olga logró que descargara toda su leche encima de la cama. Sin embargo, la ventaja que tenían los dos muchachos era su pronta recuperación. En cuestión de segundos José Luis ya estaba nuevamente con una erección que hacía ver su verga como el firme mástil de una embarcación.

-A ver dame acá -dijo Doña Olga mientras se metía el bulto de carne en la boca.

Andrés se acercó, mientras ella sencillamente levantó la pierna izquierda para facilitar la penetración vía vaginal. Una vez que Andrés y José Luis comenzaron a bombearla, Doña Olga comenzó a sentir que disfrutaba realmente de aquella sesión fotográfica, en la que ya no había fotógrafo, y simplemente se dejó llevar por los muchachos, hasta que sintió que se estremecía violentamente ella también.

-¡Aaaaahhhhhhhhhhhhhhhhh!…- gritó…-mientras, Andrés acomodaba su boca en la vagina, para absorber sus néctares.

Después de 3 rollos de fotografía, Doña Olga permaneció durante otras tres horas en la habitación, y finalmente la dejaron exhausta sobre la cama… completamente atascada de esperma. Los muchachos recogieron sus lámparas, cámara y equipo, y se retiraron. Esa noche, Doña Olga preparaba la cena para Ángel cuando llegó su esposo.

-Pásenle muchachos, acá está Ángel -escuchó ella que decía – Seguramente han de estar hambrientos. Quédense a cenar. -Gracias -dijo Andrés, mientras pasaba al comedor -tiene razón, señor, estamos muertos de hambre. Tuvimos un día de mucha actividad. ¿A usted cómo le fue Doña Olga? -Me fue muy bien, Andrés -respondió ella – estuve recordando algunas cosas que ya se me habían olvidado.

Autora: Susy

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