Entre osos

Poco a poco mi ano cede, su lengua me penetra, lo ensaliva por dentro, y poco a poco va cediendo, no necesita jugar con ninguno de sus dedos, ya estoy abierto, ya está engrasado y rendido, se incorpora  y en un ligero movimiento se me acopla, el empuje es sabio, continuo, pero imparable. Prácticamente sin darme cuenta me encuentro ensamblado por aquella polla que me llena.

Llevaba toda la tarde de golfeo, incluso a primera hora me pase por una sauna, pero después de dar una vuelta y tomar una cerveza. Tras comprobar el tipo de tíos que por allí pululaba decidí vestirme y salir de allí. Tomé un par de cervezas más en distintos locales por donde se mueve la gente a estas horas de la tarde, pero no sé, si era mi estado de ánimo, o que el día no era el mío para ligar. Comí algo liguero de cena, y decidí encaminarme a mi local favorito.

Al llegar al local, ya se me  alegró el alma y  de la vista ni te cuento, allí en la barra, un plantel de tíos, de los que me ponen, fuertes, peludos, con pelos en la cara, y más de uno muy guapo y con buen cuerpo. Me pido otra cerveza más, y me siento en un rincón en un taburete. A partir de este momento empiezo a lanzar mis telas de araña. Justo en frente de mi, dos osetes, parecían pareja, debían de ser de fuera, nunca los había visto por aquí, me devolvieron las miradas y las insinuaciones. A mi izquierda un tío solo. Rapado, con bigote, delgado y alto más de metro ochenta.

Mis bazas estaban jugadas, mi apuesta eran estas dos opciones y solo tenía que esperar. El tío del bigote no me quitaba la mirada, yo lo retaba y le provocaba. Los osetes, eran dos pedazo tíos, más de metro ochenta ambos, los dos superaban los cien kilos, uno rapado con perilla, el otro la barba y el pelo, vestidos con vaqueros y camisas de cuadros los dos. Me daban la impresión que no tenían prisas, que igual podría salir algo, o se quedaba todo en simples miradas. El bigotes con un peto vaquero, muy amplio y una camiseta negra ajustada, ya junto a la mirada alguna que otra sonrisa. Va al baño al salir se pide una nueva copa, regresa a su sitio y me guiña un ojo. Momentos después viene el camarero con otra cerveza para mí, invitación del señor del peto. Me dice el camarero.

Le miro en señal de gratitud, y levanto la cerveza para brindar en la distancia, el en lugar de hacer lo mismo, se me acerca y chocamos sendas botellas, como gesto de salud. Instantes después nuestros ojos se quedan eclipsado los unos en los otros, somos más o menso de la misma altura, y así, de eso modo, como por un efecto de hipnotismos, nuestras bocas se acercan, se junta, se confunden, nuestras lengua como avanzadillas nos invaden, nos inundan. Una de sus piernas, entre mis piernas, sigo sentado, ahora el cuerpo a cuerpo, es irremediable, me pongo de pie, un brazo me acerca, yo dejo la copa y cogiéndolo de la cintura, lo atraigo y sigo besándolo. Su cuerpo se retuerce ante el mío, mi paquete se frota contra el suyo y aquello al igual que lo mío empieza a crecer y crecer, el roce es más fuerte, más constante, el calentón sube, la gen te nos mira y el ambiente  empieza a se irresistible. Me coge de la cintura y acercándoseme al oído, me dice.

¿Vamos arriba? Claro que si le digo.

Había gente por todos sitios, pero encontramos un hueco, bastante oscuro en un rinconcito de la primera planta. Nada, más acomodarnos un poco, me acorraló contra la pared, y en un descuido, me arrancó prácticamente la camisa. Su comportamiento era como un poseso, me lamía pezones y sobacos, me comía de una forma convulsiva, mientras me desabotonaba el vaquero y poco a poco me liberaba de la presión que desde hacía rato tenía en mis genitales. Yo le fui soltando los tirantes del peto, inmediatamente cayó al suelo, el cabrón, no llevaba nada debajo, solo tuve que sacarle la camiseta y allí ya lo tenía desnudo.

Estaba claro que no debía de disponer de mucho tiempo y quería follar cuanto antes, toques, abrazos, besos, se arrodilla y me la come, más besos, me arrodillo y saboreo también su rabo, lo engraso, lo dejo bien ensalivado. Al agacharme automáticamente me echa las manos a las nalgas y una avanza a mi culo. Mientras nuevamente me besa y juega con su lengua en el interior de mi cabeza.

Me da la vuelta, me pone las manos contra la pared, y suavemente empieza a besarme la nuca, lamerme las orejas, sigue lamiendo mi espalda, me levanta le brazo derecho, también lo lame, se agacha, su lengua como un río de saliva, desde la nuca va marcando mis espalda, se acerca a mi raja, abre mis nalgas y recorre la lengua  de arriba a abajo, lo hace varias veces, se centra en mi culo, lo lame, escupe sobre el, y con la lengua empieza a presionar mi esfínter. Poco a poco mi ano cede, su lengua me penetra, lo ensaliva por dentro, y poco a poco va cediendo, no necesita jugar con ninguno de sus dedos, ya estoy abierto, ya está engrasado y rendido, se incorpora  y en un ligero movimiento se me acopla, el empuje es sabio, continuo, pero imparable. Prácticamente sin darme cuenta me encuentro ensamblado por aquella polla que me llena.

Sigo con mis manos en alto contra la pared, mi polla bamboleándose, cada embestida la sentía en el estómago, mi polla chocaba contra mi barriga, para después volver a descolgarse, un nuevo choque de sus huevos contra los míos y su polla subiendo y chocando con mi ombligo, el tío follaba de vicio, sabía cómo moverse, como colarse, como hacerlo, de manera que sin prácticamente darme cuenta, estoy totalmente en sus manos, ofrecido, entregado. Mi culo era mi punto de placer, ni tan siquiera me había tocado la polla, su aceleración del ritmo me indica el final, el placer que sentía  me volvía loco, pero con esto no llegaría el orgasmo. Unas envestidas mas, me dice que se va a correr, yo le pido que no se preocupe, que termine, yo lo haré más tarde, acelera su ritmo, la velocidad del roce de su polla en el interior de mi culo, me quema, siento como al entrar me abrasa, y al retirase una sensación de vacío, me deja ansioso. Instantes después sale de mi, cae de rodillas entre mis piernas  y suelta su leche en el suelo.

Su nariz en la raja de mi culo, su lengua quiera reconfortarme el ano, de lo abrasado que me lo ha dejado, me parece notar como evapora su saliva al contacto, pero poco a poco, me lo relaja, me lo reconforta, me lo deja tranquilo. Nos vestimos y según bajamos, me dice, por cierto soy Luis y ha sido un auténtico placer. Encantado, soy Curro, le digo. Al llegar a la barra, directamente me lleva donde los dos osetes, y oficialmente hace las presentaciones. Bueno chicos, creo que os interesáis, aquí os dejo a Curro, ellos son Fran y Kiko, yo ya me tengo que marchar.

Este tipo de presentación fue un corte, no sabíamos muy bien que hacer, ni que decir, pero en esas estábamos, cuando el camarero nos volvió a traer una copa de parte de Luis, por lo que se ve, el tío además de  estar buenísimo, era esplendido y en esta ocasión, no tuvimos ni tiempo de darle las gracias  por esta última copa que nos ha invitado, pues cuando nos dimos la vuelta él ya se había esfumado. Fran era el rapado, Kiko el de la barba, el primero rubio, el segundo muy moreno y muy peludo, ojos oscuros que hipnotizaban. Fran de ojos grandes, muy claros, entre azules y grises claros. Pero con una mirada picarona que te llevaba a los pensamientos más morbosos. Kiko, sin embargo, tenia una mirada de duro, de cabroncete, que llegaba a dar miedo.

Entre sorbo y sorbo, la cosa se fue calentando, empezaron ellos con un leve piquito, que tras mirarme compartieron conmigo. Después, manos que me manoseaban el culo, otras, me acariciaban los pezones, y ya casi lo único que faltaba, era quedarnos desnudos allí mismos y follar como locos. Fran era, el que llevaba la voz cantante, dirigiéndose a Kiko, le dijo, que te parece si nos vamos los tres al hotel. Creo que es lo mejor. Me miraron y me hicieron la invitación, claro, le dije.

Lo estaba deseando, los tres en la cama, jugando, sin tapujos, sin miradas, solo los tres. Nada más llegar al hotel, fue un desparrame de ropa inmediato, nos sobraba todo, queríamos esta en pelotas, disfrutar de nuestros cuerpos. Yo les pedí una duchita, ya que no me sentía muy limpio después de  la sesión con Luis, pero me dijeron que ni hablar, les encanta el sexo, y los olores y además ellos también habían estado follando antes con Luis, antes de llegar yo. Me tiraron sobre la cama, uno me comía la boca, el otro me lamia el sexo, polla, huevos, y por fin llegó a mi culo, abierto y dolorido de la follada que minutos antes me había dado Luis.

Aquellos doscientos kilos de carne sobre mi hostigándome disfrutándome, me ponían a mil, Fran ya me estaba lamiendo  los pezones y los sobacos, quería disfrutar de todos los sabores de mi cuerpo, bajo con Kiko y juntos ahora deleitaban  mi sexo, recorrían mi polla al unísono, luego uno se la comía, el otro bajaba a mis huevos, y así hasta volver a coincidir en mi culo. Aquellas dos lenguas tremendamente juguetonas me lo acariciaban, mientras se entrelazaban ellas mismas, me escupían uno, el otro me lo restregaba y trataba de abrir, eran unos instantes deliciosos, sentirlos allí, a los dándome placer.

Fran se puso a horcajadas sobre mi pecho, ahora era su polla la que estaba al alcance de mi boca, y no dejé pasar la oportunidad de disfrutar de aquel pedazo de carne dentro de mi boca, lamerlo, saborearlo, pasar mi lengua por su glande, y deleitarme con la gotita que salía por la punta de su rabo. Kiko seguía allí, entre mis piernas, lamiendo y devorándome, pero se incorpora y es el culo de Fran el que está lamiendo ahora, lo lame, lo escupe juega con su dedo y vuelve a escupir y lamer. Me quita la polla de la boca se hecha, hacia atrás, y según se acerca a mi polla, la coge con la mano se la apuntala y se la clava poco a poco mientras la lengua del barbitas sigue lamiendo mi polla y el culo del rapado, solo de pensar en la situación, esa lengua tratando de colarse con mi polla en aquel agujero, me puso burro total, al notarlo Kiko, pregunta.

¿Te gusta cabrón, como entra mi lengua con tu polla? Joder tío, me pone a mil. No será lo único que entre con tu polla hoy en este culazo.

Acto seguido, empezó a jugar  junto  con mi polla alguno de sus dedos, la presión era tremenda, el culo de Fran trataba de adaptase a la situación, quería  abrirse, dilatarse  para nosotros, pero requería más tiempo, no podía ir tan de prisa, las caricias de la barba, de nuevo en mis bajos y el culo del rapado, me hacían transportarme, sentirme en la gloria, por los gemidos Fran también estaba  pasándolo tremendamente bien, mi polla clavada hasta los huevos y la lengua de su pareja mojándole el borde de su culo, algún dedo tratando de entrar en paralelo con mi rabo. Poco a poco, el culo va cediendo, noto un dedo dentro, luego ya son dos, pone lubricante, que fresquito noto ahora al meterla, woof. El cabrón de Kiko, le acaba de meter tres dedos, y los ojos de Fran están cerrados, su lengua relamiéndose los labios mientras con las manos se agarra la polla como si se  la quisieran quitar, materialmente se la está destrozando, la saca de golpe, vuelve a por crema, y alrededor del culo lo lubrica bien, hace lo mismo con mi polla, y seguidamente lo mismo con la suya.

Tumba a Fran sobre mi,  se clava mi rabo, y Kiko desde atrás, empieza también a meterle el suyo, duro grueso, potente, el comienzo es difícil, noto como me oprime, pero no logra entrar, se inclina ligeramente, ahora la punta va más encaminada, me aprieta  mi polla en la base, se va colando y noto como siguiendo mi polla como autopista perfecta se cuela en ese túnel, sin fondo, ese culo se esta tragando las dos pollas poco a poco, la noto  junto a la mía, como me aprieta, como la presión  más relajada del culo por un lado, pero el otro rabo, duro  y gordo, me hace sentir algo distinto, nuevo, una sensación novedosa, del roce de una polla contra otra, dentro de un culo.

Yo permanecía inmóvil, allí tumbado boca arriba, aplastado por ese osazo de cien kilos y el otro  allí de pie, al borde la cama, dándome envestidas que sentía como si fueran dirigidas a mi, aunque era el culo de Fran el que las recibía, mi polla hacía ligeros vaivenes, pero el placer es tremendo, es como multiplicado por diez. No puedo más, les grito. Kiko sale de Fran, este se saca mi polla, se incorporan, y me dicen. Vamos a tomar algo, luego rematamos la faena.

El mini bar no tenía mucho donde escoger, Fran descolgó el teléfono  y pidió unas cervezas y algo  para picar, además de unos sándwiches. Esto sirvió para tomarnos un tiempo de resuello y relajarnos un poco, también tuve ahora la oportunidad de verlos desnudos, contemplar estos cuerpos fuertes, recios, los culos maravillosos, y sobre todo sus pollas, la de Fran, gorda normal de larga, la de Kiko, negra, larga, y cónica, fina de punta, y muy gruesa de base, de esas que sin darte cuenta se cuelan, y te dejan el culo abierto del grosor final que tiene.

Minutos después llaman a la puerta, es el camarero, Fran abre con una toalla, pero sin caer en la cuenta que traería  un carrito con la demanda y al entrar allí estábamos nosotros en pelotas. El camarero, como que no dio por sorprendido  y desde el mismo momento que atravesó la puerta, todo eran insinuaciones hacerse notar. A Fran no le pasó desapercibido, e inmediatamente, le echó mano a la polla, el camarero le respondió con cogerle de la nuca y darle un fuerte morreo.

Tendría unos 25 años, delgado, fibrado, pelo corto rizado, acara colado, piel morena, nada más soltarle del beso se acercó a nosotros, Kiko le abrió la bragueta y le soltó la polla, ¡Vaya rabo! Estaba morcillota aun, y era tan gorda como la de Fran y tan larga como la de Kiko, este al verla, empezó a dedicarle su exquisita mamada, lenta, suave, húmeda, en cada lamida, se la dejaba toda brillante, ensalivada. Fran seguía morreándose con él, me fui detrás, le abracé y empecé a darle pequeños mordiscos en el cuello. Cogiéndole por la cintura, le enculo de una forma suave, mientras empiezo a desabrocharle el pantalón, Fran le quita la camisa, y en poco momento ya está desnudo con los calzoncillos y los pantalones por los tobillos.

Su polla ya mostraba su máximo esplendor, Fran se agacha también, y así, los dos a dúo, le están haciendo una magnifica mamada a dos bocas. Yo hablándole al oído, le digo: ¿Qué, te gusta tío? Mucho me contesta, pero tú sigue jugando atrás. Joder oírle y como un resorte mi polla saltó, se acopló allí entre sus nalgas y luchaba por atravesar aquel glúteo redondo, elevado, duro, que imploraba por ser taladrado, no tuve que hacer nada, desde delante una mano ensalivada, ponía jugo en el agujero del camarero y mi polla casi auto dirigida se coló sin ningún tipo de esfuerzo. Unos poco movimientos suaves, pero profundos, recreándome allí en el interior de aquella gruta, esas bocas sabias, magistrales haciendo su trabajo, hicieron que en pocos minutos, eso huevos explotaran en la cara de los dos osetes.

El camarero, se vistió, nos deseó buenas noches y salió. Aprovechamos el momento para asearnos un poco y engullir esos bocadillos y esas cervezas, recuperando fuerzas para esa batalla final que nos esperaba. Tardamos, muy poco tiempo en comernos los bocadillos, y estábamos aun degustando las cervezas cuando el juego se reinició

Fran toma un trago de cerveza y con la boca llena del fresco jugo se arrodilla delante de mí y empieza a comerme la polla, la sensación es rara, fría, refrescante, pero muy excitante, mi polla empieza a crecer, a llenarle la boca. Kiko se sube a la cama, sin ningún tipo de contemplación empieza a follarme la boca. Fran deja mi polla y empieza a comerle el culo a Kiko.

Poco tiempo estamos en este juego, el barbas saca su polla de mi boca, se baja de la cama y de un solo golpe el rapado se acopla detrás de él clavándole el rabo hasta los huevos, le cuesta un poco tiempo acomodarse, pero instantes después, es su culo el que está follándose de una forma salvaje la polla de Fran. Se agacha, me agarra la polla y ahora con el culo bien ofrecido es mi polla la que lame, durante unos minutos, en esta posición, tragándose el rabo de su pareja por el culo y el mío por la boca, disfruta como loco de estas dos penetraciones tremendas.

Una vez satisfechos su dos agujeros, se incorpora un poco y me pone a cuatros patas al borde de la cama, bebe cerveza y lentamente  me la va introduciendo por el culo, despacio, a presión, para después  jugar con su lengua, meterla dentro de mi agujero y obligarme a abrir el culo y recuperar su cerveza.

La sensación era desconocida para mi, era algo nuevo, extraño, un liquido frío en contraste con  el caliente interior de mi ano producían una sensación inhabitual, reconfortante a la vez que  excitante. Con sus manos me abría las nalgas y su lengua luchaba por entrar dentro de mí, cada envestida que Fran le daba, cada enculada que él recibía, yo la recibía en mi culo a través de su lengua, lubricándome, dilatándome y preparando el culo, para instantes después rompérmelo con su polla.

Mi culo estaba preparado, abierto y sin darme cuenta esa polla grande, pero fina de punta estaba en mi interior, poco a poco  iba colándose, entraba cada vez más, las embestida de Fran me  llegaba  al principio amortiguadas, después una vez mi culo se hizo a la polla de Kiko, la transmisión era directa, completa.

Yo estaba ya vencido, echado contra la cama, la cabeza mordiendo la almohada, mientras aquel pedazo de carne entraba y salía de mi interior. Fran cuando se aproximaba al orgasmo, cambiaba de ritmo, lo ralentizaba, cuando era Kiko, el que se aproximaba al fénix, sacaba casi totalmente la polla de mi culo y obligaba a Fran a unos movimientos más lentos. Así estuvimos más de diez minutos, disfrutando de ese magnífico tándem, capitaneado en este caso por el rapado de los osetes.

Llevábamos  más de dos horas entre unas cosas y otras desde que llegamos al hotel, ya habíamos calentado motores antes en el bar, y el final se acercaba, yo deseaba que me rompieran allí mismo, que me dejaran empalado mientras mis huevos  se descaraban allí mismo  en las sábanas.

Como si adivinaran mi pensamiento, el ritmo de Fran se aceleró, esta vez Kiko no lo paró y transmitió sus enculadas al mismo ritmo, nuestros jadeos crecían no aguantábamos mucho más, me corro les grité, y como una torre de naipes los dos, una vez desmontado el trencito, vinieron detrás de mi descargando sus huevos sobre mis espalda. Yo suavemente me vacié en la cama encima de las sábanas, al tiempo que  sus descargas se hacían sentir, calientes, abundantes en mi espalda, en mi culo metiéndose por mi raja.

Una vez, realizada esa descarga profunda, se tumba a mi lado, me acarician la espalda, restriegan ese semen, para evitar que corriese descontroladamente por todo mi cuerpo, y en esa posición, el sueño nos venció.

Esta mañana con la claridad del día me he despertado, y sin tan siquiera ducharme me he despedido de ellos  para llegar a casa a tiempo de poder preparar todo lo necesario para el viaje de mañana.

Autor: Curro

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Iniciando el intercambio

Rosa se estaba acariciando su sexo por encima de la braguita y con la otra se pellizcaba los pezones. Yo tenía una erección de campeonato, miraba como Fernando acariciaba el cuerpo de mi mujer, la situación me producía un extraño cosquilleo en el estómago, mezcla de celos y sensaciones nuevas viendo como mi mujer gozaba sin reparos empezando a emitir pequeños quejidos de placer.

Hola, todo empezó por el morbo que tenía por crear situaciones comprometidas con mi mujer, viendo como podía excitar a otros hombres a la vez que nos excitábamos nosotros. Somos un matrimonio de cuarenta y dos años y nos encontramos en una situación física todavía aceptable. Mi mujer es morena y se conserva muy bien, mide 1,70 m y tiene un cuerpo muy apetecible. Su pecho es de tamaño medio, lo suficientemente grande como para no poderle abarcar con la mano. Las piernas están bien formadas y su culito está bien redondo y nada caído,

A mi cada día me excitaba más la situación pensar como mi mujer podía calentar a otros hombres. La primera experiencia la tuve sin conocerlo mi mujer. Un día iba a venir a casa  un técnico para arreglar el calentador de agua que estaba estropeado; se me ocurrió dejar sobre la mesa de la cocina unas braguitas diminutas de mi esposa  y al lado un álbum de fotos íntimas que nos habíamos ido haciendo. Cuando llegó el técnico se puso a hacer su tarea y yo discretamente me fui al salón desde donde disimuladamente podía observar lo que hacía sin que fuera visto. Pude comprobar como nada más salir cogió las braguitas y las olió restregándoselas por la cara y volviéndolas a dejar en su sitio a la vez que se tocaba su entrepierna por encima del pantalón. La situación me estaba haciendo poner muy caliente, deseando que se fijase en el álbum de fotos, cosa que ocurrió de inmediato.

Abrió el reportaje por la primera hoja y pude comprobar la cara de sorpresa que ponía, allí aparecía mi mujer con un salto de cama negro muy corto y trasparente. Después pasó a la siguiente foto, donde aparecía con el mismo conjunto y con ligueros, medias negras y zapatos de tacón altos. Vi que no pudo evitar tocarse con una mano mientras que iba pasando más hojas donde aparecía mi mujer totalmente desnuda y en diferentes poses. Yo observaba totalmente excitado pensando en que cuando se fuese me iba a masturbar. Una llamada de teléfono me hizo salir del trance al igual que al técnico que poco después me decía que había terminado y que si podía pasar un momento al baño. Yo le dije que si y me situé junto a la puerta cerrada para ver si podía oír que hacía. Por el ruido acompasado que fue poco a poco haciendose más virulentito pude suponer que se estaba masturbando con la visión en sus retinas del cuerpo de mi mujer

Un día le dije ponte ese vestido que se abrocha por delante, dejando desabrochados más botones  de lo que sería normal. Escogí de su lencería unas diminutas braguitas  blancas y totalmente transparentes, de esas que cubren escasamente el bello púbico. Ella me preguntó que quería hacer y la dije que  ya se lo diría.

Nos montamos en el coche y nos acercamos hasta una gasolinera donde yo me había fijado que el dependiente miraba siempre a mi mujer desnudándola con la mirada. Cuando estábamos llegando le dije que se desabrochase un botón más con lo que el vestido quedaba abierto justo a la altura de su braguita dejándose ver una trocito blanco de su minúscula braga.

Una vez en la gasolinera le dije al dependiente que por favor limpiase la luna del coche y yo me metí en la tienda para desaparecer de la escena y observar disimuladamente todo lo que ocurría. Enseguida pude comprobar como invertía más tiempo de lo necesario en limpiar los cristales, dándose una buena ración de vista con las morenas y bien torneadas piernas de mi mujer; pude comprobar que tenía una gran erección y que disimuladamente se restregaba contra el coche sobre todo después de que mi mujer se girase para coger una revista del asiento trasero y situársela a la altura de la cara para que él pudiera mirar con más descaro. Transcurrido un rato pensé que ya era suficiente y salí de la tienda y pagué la gasolina. Al entrar en el coche casi me da algo, mi mujer tenía el vestido totalmente abierto a la altura de la cintura, sin duda se abrió más al girarse para coger la revista. Se veía totalmente su braguita blanca, trasparentando el bello púbico que incluso se asomaba por encima del minúsculo triangulo de la braguita, se notaba también una incipiente corrida pues la braga marcaba un ligero brillo provocado por la humedad de sus flujos.

Le pregunté que tal la experiencia a lo que ella me contestó que no había sido nada del otro mundo, pero al llevar mi mano a su entrepierna en forma de caricia pude comprobar que estaba totalmente mojada, cosa que me excitó de gran manera. Arranqué el coche y nos fuimos pero inmediatamente di la vuelta y le dije:

– Vamos a la gasolinera otra vez, seguro que el empleado está masturbándose pensando en ti.

Al llegar pudimos ver que salía del servicio, marcándose todavía un gran abultamiento en su pene.

Mi mujer dijo, seguro que ya se ha masturbado pensando en la ración de sexo que le he dado y esto me está poniendo muy caliente, empezando a tocarse por encima de la braguita.

Yo no sabía que hacer pues la polla me iba a estallar, así que nos alejamos un poco y bajando del coche le dije a mi mujer que se tocase y me dijese lo que había sentido.

Se abrió totalmente el vestido y empezó a tocarse metiéndose los dedos en su vagina y con la otra mano acariciándose el pecho por encima del sujetador que fue separando poco a poco, mientras que me contaba que notaba como el coche se movía al restregar su paquete contra la puerta y que en un momento dado alcanzó a ver su cara que delataba la excitación que estaba teniendo. Yo mientras la observaba me masturbaba disfrutando del espectáculo hasta que sin poder aguantar más eyaculé sobre su vientre. Mientras ella aceleró el ritmo de sus dedos hasta estallar en un ruidoso orgasmo.

Después de ese rato tan agradable nos compusimos las ropas y nos fuimos a seguir disfrutando del caluroso día de verano.

Otro día en que el cuerpo nos pedía guerra  decidimos ir a cenar y ver como nos podíamos divertir. Mi mujer se puso un vestido ceñido y bastante corto, sin llegar a ser una minifalda. Debajo se colocó unas braguitas negras transparentes y un liguero también negro con medias hasta medio muslo. Realmente estaba preciosa entrándome ganas de poseerla allí mismo. Una vez en el restaurante nos dimos cuenta que en la mesa de enfrente a mi mujer había una pareja ya entrada en años y que el hombre no dejaba de mirar disimuladamente a mi esposa. Yo le dije, cruza las piernas y le enseñas algo más. Al hacer esto la falda se le subió de forma considerable dejando ver el dibujo del final de las medias y parte del liguero. El hombre miraba absorto notándose que se estaba excitando por el rubor de su cara.

En esto estábamos cuando observé que había otro espectador: el camarero, que no perdía detalle de las piernas de mi mujer. Se lo hice saber a ella que inmediatamente descruzó las piernas, lo que provocó que involuntariamente el vestido se subiese más dando una magnífica visión de sus muslos hasta el final de su liguero  y el comienzo de su  braguita, seguro que se vería el pequeños triángulo de la braguita trasparentando todo el bello. En ese momento pudimos comprobar el efecto de la nueva visión pues al hombre de la mesa de enfrente se le cayó la copa de las manos y el camarero se acercó disimulando con la intención de atendernos. No dejaba de mirar disimuladamente, desde su sitio podía ver perfectamente el principio de las braguitas e incluso como se trasparentaba el bello púbico. Se le notaba como poco a poco iba apareciendo un gran bulto en su pantalón. Una vez que tomó la nota se alejó de nuevo. Entonces mi mujer me dijo que si no estábamos yendo demasiado lejos pues estaba enseñando todas  sus piernas y su conejito a través de la transparente braguita y que el hombre de la mesa de enfrente se estaba tocando su paquete sin que su mujer se diese cuenta de nada. Poco después vimos que se levantaba e iba al baño tardó unos minutos en volver y mi mujer me dijo: seguro que este también se está haciendo la mejor paja del año a cuenta de mi chocho.

Yo le dije que estaba bien, que podía llegar hasta donde quisiera a lo que me contestó que la última provocación llegaría con el postre. Así fue cuando el camarero trajo los postres mi mujer giró totalmente el cuerpo en su asiento con el pretexto de preguntarle como eran los postres. En ese momento dejaba ver totalmente su braguita, ya totalmente humedecida y que se había introducido entre sus labios mayores con lo que se veía sin ningún problema parte de su sexo enmarcado por el vello púbico. La reacción del camarero fue instantánea  produciéndole una gran erección, cosa que después supe a mi mujer la excitó muchísimo. Después de tomarnos nota y explicar el contenido de los postres con todo lujo de detalles y tardando todo el tiempo que pudo se fue. En ese momento mi mujer le llamó otra vez y le dijo que en la factura debería descontar la ración de sexo que se había dado. El camarero se puso totalmente colorado y nos pidió disculpas, diciéndonos que la había resultado imposible no mirar y que era una mujer muy bella. A continuación nos dijo que le gustaría presentarnos un día a su mujer y que nos daba su teléfono móvil por si queríamos llamarles en algún momento.

Unos días más tarde, en que estábamos un poco aburridos, nos acordamos del camarero y decidimos llamarle. Atendió inmediatamente la llamada y comunicándonos que era una agradable sorpresa nos propuso quedar a comer y que él nos invitaba para de alguna forma pagar la ración visual que mi mujer le había dado de su coño.

Quedamos en un restaurante de la playa, nos presentamos y yo me quedé realmente perplejo de la belleza de Rosa su mujer. Es una mujer de nuestra edad, rubia, y con unas voluptuosas formas, sobresaliendo sus bien formadas piernas y su pecho bastante más grande que el de Ana, mi mujer. Iba vestida con un vestido corto de playa, con lo que al sentarse me permitía contemplar con tranquilidad sus bonitas piernas, pero sin llegar a ver mas, a pesar de los intentos disimulados que hice.

Al final de la comida, nos propusieron darnos un baño pues hacía mucho calor. Nosotros tuvimos que contestar que lo sentíamos mucho pero que no habíamos traído ropa de baño, a lo que Rosa nos dijo que no había problema pues ellos vivían muy cerca de allí y que ella era representante de ropa de baño y lencería y que tenía mucha ropa en casa por lo que nos podría prestar algo.

Decidimos aceptar la invitación y nos dirigimos a su casa. Una vez allí le dijo a mi mujer que pasase a una habitación contigua y que se pusiese lo que quisiera. Mientras los demás esperábamos en el salón tomando unas cervezas. Como tardaba mucho en salir la preguntamos que pasaba y nos dijo que la daba un poco de vergüenza salir y mostrarse en bañador delante de todos. En ese momento Rosa dijo, no te preocupes si quieres yo también me desvisto y sin pensarlo se sacó el vestido quedándose delante de nosotros  con un bikini rojo precioso. Yo no podía dejar de mirar su cuerpo, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Entonces mi mujer salió, pero todos protestamos pues llevaba un bañador de cuerpo entero y aunque no estaba mal no era de lo más erótico. Rosa entonces dijo: déjame a mi que te voy a dar algo más atrevido, en efecto, cuando salió de la habitación no podía creerlo, estaba con un mini bikini azul que la tapaba escasamente las aureolas de los pezones dejándose ver parte de su pecho por los laterales y en la parte inferior asomaba parte del vello de su sexo. Fernando, el camarero, miraba con lujuria y yo estaba empezando a tener una extraña sensación de placer y celos viendo a mi mujer casi desnuda en la habitación del apartamento de nuestros amigos. Fernando estaba totalmente empalmado tratando de disimular el bulto entre las piernas. Yo mientras me tocaba disimuladamente mi paquete sintiendo un gran placer por la situación al ver a mi mujer casi desnuda delante de Fernando.

Ana dijo que no era justo lo que hacíamos pues ella estaba casi desnuda y los demás vestidos. Rosa entonces dijo:

– No te preocupes me voy a poner un modelo que seguro os gustará a todos.

Se metió en la habitación y al instante salió con un bikini que nos dejos a todos de piedra, yo casi me corro en ese mismo momento. Era un bikini de un material nuevo totalmente transparente. Se veían perfectamente las aureolas de sus pechos erizadas por el seguro placer que ella misma estaba teniendo al mostrarse de esa manera. La parte inferior del bikini dejaba ver un triangulo de vello púbico perfectamente recortado y  totalmente rubio, por lo que pude comprobar que era rubia de verdad.

La situación se había puesto muy caliente. A Fernando se le notaba una mancha en el pantalón que indicaba una ligera corrida, sin quitar en ningún momento la vista del sexo de mi mujer y mirando fijamente los pelillos que salían de entre la braguita.

A mi no se si me daba más placer el ver a la mujer de Fernando prácticamente desnuda o a mi mujer de esas manera delante de todos. El caso es que deje de tocarme disimuladamente pues veía que me iba a correr.

Mi mujer de pronto dijo que se iba a poner algo más decente y que bajásemos a la piscina pues se encontraba algo incomoda con la situación. Así lo hicimos.

Ya en la piscina mi mujer me comentó que había tenido un orgasmo viendo como la miraba Fernando y por la gran excitación que marcaba su paquete a pesar de sus intentos por disimularlo. También me dijo que se había dado cuenta de que yo me estaba tocando la polla por encima del pantalón, preguntándome que si era por verla a ella o por Rosa. Yo la dije que por ambas, pero que la primera excitación me la produjo ella al aparecer con el minúsculo bikini y que me daba mucho morbo que la mirase Fernando y que se le saliesen pelillos por encima y por los lados de la braguita.

En la piscina primero estuvimos nadando un rato y después empezamos a jugar entre nosotros, lo que provocaba algunos roces accidentales que empezaron a subir la temperatura. Yo vi como en un giro aparentemente involuntario Fernando se agarraba al pecho de mi mujer saliéndose en ese momento sus preciosas tetillas del sujetador. Fernando se disculpó pero siguió jugando. Su bañador no podía ocultar su pene totalmente empalmado.

En otro momento del juego Rosa me tocó la polla sin disimulos y arrimándose al oído me dijo: veo que estás bien armado, quizá luego pueda saborear algo mas. Yo me puse muy nervioso y no sabía exactamente que quería decir. Mientras veía como Fernando jugaba con mi mujer agarrándola por detrás y pegándose completamente a ella. Mi mujer debió percibir el grado de excitación de Fernando pues en un acto reflejo se separó rápidamente de él. Se la veía azorada pero con cara de excitación parecida a cuando nosotros hacíamos el amor.

En un momento que pudimos estar juntos me dijo que Fernando la había restregado la polla por su trasero y que se había excitado mucho pues sin ningún reparo y como si fuese accidentalmente la había agarrado su sexo dejando su mano más tiempo del que sería normal por accidente, incluso la pareció que había subido y bajado suavemente sus dedos acariciando sus labios mayores.

Yo le dije que si la parecía que la cosa se nos escapaba de las manos nos podíamos marchar. Ella me contestó que mejor si nos íbamos, lo que comunicamos a nuestros amigos que propusieron subiésemos a su casa a cambiarnos.

Fernando nos dijo amablemente que podíamos ducharnos antes de irnos, por lo que pasamos mi mujer y yo al baño. Una vez dentro mi mujer me dijo que por favor le comiese el coño pues estaba muy caliente. Yo empecé a tocarla excitándola más pero quizá pensando que la fiesta podría ser mejor dejé de hacerlo con el pretexto de que continuaríamos en nuestra casa.

Después de ducharnos, ya vestidos esperamos por cortesía a que se duchasen nuestros amigos y despedirnos.

Al poco tiempo salieron  del baño y de nuevo volvimos a quedar sorprendidos. Rosa salía vestida únicamente con un minúsculo tanga negro transparente mostrándose totalmente desnuda y sin complejos. Fernando salía con un batín corto abrochado pero notándose un abultamiento en la entre pierna por lo que se deducía que no llevaba nada puesto debajo y que estaba totalmente empalmado. Yo no sabía que hacer ni adonde mirar, así que busqué la mirada de mi esposa para ver como reaccionaba y que podríamos hacer. Entonces me llevé una gran sorpresa, se había metido la mano debajo de su falda y daba toda la impresión que se estaba masturbando disimuladamente, por lo que decidí sentarme a su lado y empezar a besarla y toquetearla por todos los lados. Mi mujer cerró los ojos arqueando su cuerpo para atrás, relajándose en el sofá. Lentamente la fui acariciando las piernas mientras iba subiéndola poco a poco la falda hasta dejar a la vista su diminuta tanguita humedecida ya por el flujo de sus jugos.

En ese momento se acercó Fernando con la bata completamente abierta y luciendo una erección enorme, cosa que hice saber a mi mujer diciéndola que abriese los ojos y contemplase el tamaño de semejante instrumento. A ella le pareció gustar pues respondió con una pícara sonrisa volviendo a cerrar los ojos. Entonces Fernando sin ningún tipo de reparo empezó lentamente a acariciar el sexo de mi mujer por encima de la braguita, metiendo delicadamente los dedos entre los bordes y a aproximándose cada vez más a su clítoris. Yo no salía de mi asombro pues nunca había vivido una experiencia igual, estaba compartiendo a mi mujer con otro hombre y sin embargo la situación me excitaba terriblemente al igual que a mi mujer que se había dado cuenta de la situación abriendo los ojos y con una sonrisa aprobando lo que estaba haciendo Fernando que ya se había lanzado a mordisquear los pezones de mi mujer.

Mientras tanto Rosa sentada en un sillón enfrente de nosotros se estaba acariciando con una mano  su sexo por encima de la braguita y con la otra se pellizcaba los pezones que aparecían totalmente erectos. Yo tenía una erección de campeonato, limitándome a mirar como Fernando empezaba a acariciar todo el cuerpo de mi mujer, sustituyéndome sin ningún reparo. La situación me producía un extraño cosquilleo en el estómago, mezcla de celos y sensaciones nuevas viendo como mi mujer gozaba sin reparos empezando a emitir pequeños quejidos de placer.

Decidí incorporarme más activamente a la fiesta y sacando mi pene del pantalón empecé a masturbarme mirando a mi mujer totalmente entregada  a las caricias de Fernando. En eso estaba cuando los jadeos de Rosa me hicieron fijarme en ella, se estaba masturbando contemplando también el espectáculo. Se había quitado la braguita y se metía frenéticamente dos dedos en su vagina mientras con la otra mano no dejaba de acariciarse el pecho. En  ese momento me levanté del sofá y sin más miramientos me acomodé entre sus piernas empezando a dar lengüetazos sobre su sexo que estaba totalmente inundado de flujos vaginales. Sabia delicioso, con lo que me entregue a comérselo desaforadamente hasta que llegó al primer orgasmo. Entonces empezó a gritar ¡Fóllame, Fóllame! Le dije túmbate en el suelo y cuando me disponía a penetrarla, reparé que mi mujer ya estaba siendo follada por Fernando agitándose como una posesa del placer que estaba sintiendo. Eso me excitó aun más y empecé a bombear con fuerza a Rosa hasta que los dos explotamos en un ruidoso orgasmo.

Unos minutos más tarde nos despedíamos y en silencio nos marchábamos para casa cogidos de la mano. Ana llevaba una sonrisa que delataba el grado de satisfacción que había tenido y yo iba pensando en que todavía la quería más y en la comida de coño que la iba a hacer en cuanto llegásemos a nuestra casa, recordando todo lo que había sucedido en esa tarde.

Autor: Setiembre

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Habitación 206: Servicio de habitaciones

Ella gritó al llegar al orgasmo. Su cuerpo se contraía y se dilataba apretando aún más su culo en la poya de él que aprovechó para clavarla hasta el fondo en sus entrañas mientras ella se corría, se vio dominada por un extraño que la estaba sodomizando tal y como ella deseaba más profundamente. Ella volvió a correrse. Estaba disfrutando como nunca con el camarero dentro de ella.

Ella entró a la habitación con prisa. Alterada. Se sabía con el tiempo justo y aún tenía que prepararse para la cita con su amante. Estaba nerviosa y excitada. Hacía tiempo que no lo veía y deseaba sorprenderlo y complacerlo tal y como siempre ocurría en cada uno de sus encuentros esporádicos.

Se desnudó con prisa. Tenía un bonito cuerpo. Con unos pechos de la forma de una copa de champán y con unos pezones puntiagudos y firmes. Se recogió el pelo para entrar a la ducha. El calor de la tarde y las compras por la ciudad le habían hecho sudar. No quería que él la encontrara así.

Entró en la bañera y se dio una ducha rápida. Sacó de su bolsa de aseo un gel que acababa de comprar de olores excitantes, y al terminar sacó también una maquinilla íntima de afeitar, se echó espuma y se afeitó delicadamente su pubis. No dejó nada de vello. Era una sorpresa para él.

Al salir se echó crema por todo el cuerpo y un aceite especial para la zona genital. Se pintó los labios y se maquilló un poco para recibirlo desnuda pero sensual. No necesitaba más ropa que su desnudez y unos zapatos de tacón alto que acababa de comprarse para su cita más esperada. Sólo de recordar la cara del vendedor de la tienda cuando ella le pidió que la ayudara a elegir unos zapatos que fueran salvajes, atrevidos, que dieran ganas de follar sólo de ponérselos, se volvió a sonreír. Maliciosamente, como era ella. Él eligió los zapatos perfectos, sabía que eran los ideales, y ella le agradeció su profesionalidad permitiéndole la visión de su sexo desnudo por debajo de su falda cuando el vendedor se arrodilló a ayudarle a probárselos. Le gustaba provocar erecciones, y lo consiguió. Los dos, vendedor y clienta, quedaron satisfechos.

Los sacó de la caja y los puso sobre la silla. Disfrutó observándolos detenidamente, sentada delante de ellos, desnuda, maquillada, perfumada y depilada para su amante. Preparada para la noche de placer y pasión que siempre tenían cada vez que él tenía que pasar por la ciudad por motivos laborales.

Lentamente cogió uno de los zapatos y se lo acercó a la nariz. Le excitaba el olor a piel nueva que desprendía, y cuando comenzó a chupar la punta para saber qué sentiría su amante al probarlo tentada estuvo de follarse sus propios zapatos. Se sentía ardiendo de deseo y esos malditos zapatos la ponían a mil. Recordó la erección del vendedor. Si no hubiera tenido prisa seguro que la cosa habría acabado diferente entre ellos dos. En ese preciso momento llamaron a la puerta.

– ¿Quién es?- dijo ella precipitada. Sabía que su amante cogería las llaves en recepción, por tanto no podía ser él, aunque deseaba por lo más caliente de su cuerpo que fuera él quien llamaba a la puerta. Su cuerpo lo necesitaba.

– Servicio de habitaciones. Le traigo lo que han pedido.- le contestó la voz desde el pasillo.- Yo no he pedido nada. Se habrá equivocado.- le dijo acercándose a la puerta para no tener que abrirla. Estaba desnuda.- Tengo un pedido para la habitación 206. Hecho por el señor García. Tengo orden de entregarlo a las diez en punto.- Le contestó.

Así es como su amante reservaba la habitación siempre. Señor García. Por supuesto no era su verdadero nombre.

– Espere un momento que no estoy vestida.- le dijo mientras se fue a la cama, dejó de nuevo los dos zapatos alineados encima de la silla y se metió debajo de las sábanas, todavía desnuda y caliente.- Ya puede pasar.- le dijo al minuto.

Entró un hombre de unos treinta años, alto y atractivo. Con una bandeja con una botella de champán dentro de su cubitera, dos copas y una bandeja con fresas, cerezas y dos plátanos. El hombre no quiso mirar mucho a la chica para no avergonzarla, pues permanecía tapada hasta el cuello pero con una sábana tan fina que, aunque la tapaba lo suficiente para que no se viera nada, se ajustaba a su figura moldeándola de una forma tan excitante que casi tropieza al dejar las cosas en la mesilla junto a la cama. Se había puesto nervioso con esa magnífica visión.

– Me tiene que firmar la comanda. ¿Está todo a su gusto? Tengo orden de preguntarle si está todo bien. Lo exigió el Señor García al hacer el pedido.- le dijo mientras le daba una nota y un bolígrafo y se giraba mirando hacia la pared contraria a la cama para que ella pudiera firmar sin ser molestada por su mirada.

Aún de espaldas a ella el espejo de la habitación le permitió poder ver cómo la chica se incorporaba para firmar la nota sobre la mesilla y la sábana se resbalaba para dejar ver sus pechos y su piel blanca y suave. Él comenzó a sudar sólo con la visión de esa espectacular mujer que estaba desnuda a un metro de él.

– Aquí tiene la nota firmada.- le dijo ella.- pero espere, que tengo que comprobar si la fruta es de mi gusto. Sólo será un momento. No se gire por favor.- le insistió educadamente.

Ella ya había entendido qué es lo que quería su amante con lo que le había enviado. Era una de las fantasías que se habían contado en sus correos electrónicos y en sus chats, así que tomó uno de los plátanos. Él pudo ver, disimuladamente por el espejo cómo ella chupaba la punta del plátano durante unos segundos y lo guardaba debajo de las sábanas. El gemido y la cara de ella maniobrando bajo las sábanas confirmaron lo que estaba sospechando. Empezó a sudar de la excitación que tenía. No se esperaba empezar la noche así.

– Este plátano está bien. Es grande y fuerte. Veamos cómo es el otro plátano.- dijo ella, con un tono de voz más apagado que anteriormente mientra cogía el otro plátano y lo volvía a meter bajo sus sábanas. – ¡Este no me sirve! Está maduro y se aplasta. ¡Necesito otro plátano! ¡Tráigalo ya! ¡Mi pareja está a punto de llegar y no me puede ver así! No sirve. Es muy importante para mí.- le dijo ella gritando disgustada. Se le notaba realmente enfadada.

Él no se atrevió a darse la vuelta mientras se disculpaba.

– Señora, lo siento mucho, de verdad que lo sentimos, pero… es que no nos quedan más plátanos. He traído lo que me han pedido y no tenemos más.- le contestó el camarero avergonzado y asustado por su reacción. – Mierda.- gritó ella e hizo una pausa larga para pensar. El camarero seguía de espaldas e inmóvil, paralizado.

– Enséñame tu plátano. Déjame ver si me sirve.- le gritó ella. Él no supo reaccionar y siguió quieto de espaldas a ella. – He dicho que te gires y me enseñes tu plátano. Mi amante está a punto de llegar y no puedo fallarle. Por favor, enséñame tu plátano. Te pagaré. Lo que haga falta- le dijo ella ahora en un tono más suplicante.

Él se giró todavía extrañado por la reacción de la joven y la vio sentada, con la sábana por la cintura, mostrando sus lindos pechos y con su pelo largo y suelto sobre su cara, suplicando que le enseñara su plátano. Y no supo negarse. Además había dejado 50 euros sobre la bandeja, así que comenzó a soltarse el cinturón y abrir su pantalón que cayó al suelo y se quedó en slips blancos ajustados. Se le notaba que estaba empalmadísimo y con un bulto más bien grande y vigoroso. Cuando se bajó el slip dejó ver una verga recia, dura y de buen tamaño. Él le mostró su sexo mientras avergonzado miraba al suelo, esperando la reacción de ella, y rezando para que en ese momento no llegara el Señor García y lo pillara enseñándole la poya a su novia. Empezó a temblar de imaginarlo. Ya se veía en la calle, despedido, y con un par de hostias por tonto…

– Sí que me sirve. Acércate, rápido. Déjame prepararla.- le dijo ella y él no pudo más que acercarse, con los slips por las rodillas y la camisa todavía puesta. Su poya indicaba el camino a seguir. En ese momento no pensaba él, lo hacía su verga, y se aproximó hasta la joven.

Ella la cogió con la mano. La observó detenidamente frente a sus ojos y se la metió en la boca. Estuvo un rato pajeándola y mamándola hasta que la notó grande y erguida dentro de su boca. En ese momento apartó la sábana y se giró poniéndose a cuatro patas y acercando el culo a su poya, con las rodillas en el borde de la cama y las piernas abiertas. El plátano seguía dentro de su coño y ella lo sujetaba con una de las manos mientras con la otra se apoyaba en la cama.

– Vamos, rápido. No pierdas el tiempo. Métemela por el culo. Ya. Está a punto de llegar.- le dijo ella.

Él no tuvo tiempo para pensar si lo que hacía era lo correcto y mientras ella jugaba con el plátano en su coño jadeando y gimiendo de placer, él apuntó con su verga a la entrada del culo de ella. No sabía cómo lo iba a recibir, pero las órdenes eran precisas así que escupió en su entrada mientras metía un dedo mojado en su saliva para dilatarlo. Ya lo había hecho otras veces. Notó cómo su culo succionaba su dedo con maestría. Iba a ser fácil. Era un culo entrenado. Así que con un poco de fuerza al principio y poco a poco fue metiéndola hasta la mitad y paró esperando a que se armonizaran los dos cuerpos.

Ella gritó al llegar al orgasmo. Su cuerpo se contraía y se dilataba apretando aún más su culo en la poya de él que aprovechó para clavarla hasta el fondo en sus entrañas mientras ella se corría en sucesivos y largos espasmos. Él sintió que no iba a tardar mucho en correrse también y se agarró más fuerte a sus caderas, clavando sus uñas en su piel suave mientras golpeaba el culo de ella con la otra mano. Eso pareció gustarle aún más a ella que tras el primer orgasmo sintió que le llegaba otro cuando se vio dominada por un extraño que la estaba sodomizando tal y como ella deseaba más profundamente. Tuvo que sujetarse con las dos manos a la cama por las fuertes embestidas del chico. El plátano cayó a la cama mojado en sus fluidos cuando quedó libre de su prisión. Ella abrió los ojos y vio que tenía frente a ella sus preciosos zapatos y sin dejar de mirarlos volvió a correrse. Estaba disfrutando como nunca con el camarero dentro de ella. Y se dejaba hacer.

Él sintió que iba a correrse y se salió del culo. Ella se dio cuenta y se giró para recibir su semen sobre ella. Le gustaba bañarse en ese delicioso néctar. El camarero no pudo más que lanzar su generosa corrida por donde pudo y la baño en el pelo, en la cara, el cuello, las tetas… Ella se relamió para saborear los restos que quedaban junto a sus labios y se dejó caer sobre la cama, rendida, complacida.

El camarero se acercó a la mesilla y sacó la botella de la cubitera. Su poya todavía goteaba restos de su faena sobre el suelo, cansada y abatida. Descorchó la botella y sirvió con maestría las dos copas. Tomó una de las fresas en una mano y la copa en la otra. Se acercó a la cama y se sentó junto a ella, con las dos manos ocupadas. Mojó la fresa en los restos de su semen que aún resbalaban por los pechos de ella y se la dio a probar. Ella abrió la boca para recibir la fresa en sus labios y la saboreó lentamente antes de morderla. Luego tomó la copa de champán de su mano mientras él se incorporaba de nuevo para buscar la otra copa.

– Muchas felicidades, cariño.- le dijo él a ella.- hoy nos hemos superado. Ha sido la ostia.- volvió a decirle mientras la besaba en los pezones, todavía de punta, y bañados por él. Chocó su copa con la de ella. – Gracias, Señor García, siempre me asombras con tus sorpresas. No te esperaba llegar vestido de camarero…Cómo me has puesto nada más verte… estoy exhausta… Vaya polvo que me has pegado. Me duele todo.

– Por cierto, me gustan esos zapatos que hay sobre la silla, ¿son para mí?- le dijo él. – Por supuesto, cariño. Los he comprado para nosotros. Por eso me gustas, porque tenemos el mismo pie.- le dijo ella.

– Pues prepárate que ahora mismo me los pongo y volvemos a comenzar. Ahora te toca a ti entrar a la habitación y pillarme con tu delicada ropa interior puesta y estos maravillosos zapatos en mis pies. Como he sido malo me tienes que castigar…- Vale, dame otra fresa, termino la copa y volvemos a empezar.

En la habitación 206 han ocurrido muchas historias como ésta. Si quieres saber más sobre mí puedes visitar mi blog:

www.narradortristan.blogspot.com

Agradeceré cualquier mensaje que me enviéis a mi correo personal prometo contestarlos todos.

Muchas gracias por leerme y…

Felices experiencias…

Autor: narradortristan

narradortristan@yahoo.es

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