La ventana de enfrente

Abrí la boca y empecé a mamar al ritmo que Checho me hacía mamar, empujaba sus caderas y me empujaba la cabeza con sus manos. Me tuvo mamando no sé cuánto. Después me hizo acostar boca arriba en la cama para chupar mi vagina, darme suaves mordiscos en mi clítoris y jugar con sus dedos dentro de mi vagina y dentro de mi ano. Me excité bastante con sus caricias.

Eran las 11 de la mañana de un día viernes y recibí una llamada de un hombre que no conocía. Me dijo que se llamaba Checho y que me llamaba porque un amigo suyo le había hablado de mí y le había dado mi número de teléfono y le había dicho que yo era una chica alegre, flaquita y muy mamadora. Me reí mucho cuando dijo eso y me preguntó si era verdad. Yo le respondí que sí y sonreí. Entonces Checho me dijo que quería invitarme a su apartamento por la tarde. Acepté ir al apartamento de Checho sólo cuando me dijo que había sido Pablo quien le había dado mis datos.

Había suficiente tiempo para llegar a la cita entonces tuve tiempo de ducharme convenientemente para la cita y colocarme un vestuario como me había pedido. Llegué a su apartamento 10 minutos antes de la hora en que me había citado. Como era un día caluroso me pidió que fuera con un vestuario muy fresco y juvenil. Me coloqué un muy pequeño top de color blanco y debajo no llevaba nada. Me puse un jean ajustado y debajo una tanga hilo blanca. No usé medias y utilicé unos zapatos blancos bajos sin tacón. De todas formas me coloqué una chaqueta negra encima de mi vestuario para no despertar la lujuria de los hombres por la calle.

Llegué por la tarde a la puerta del apartamento de Checho y me desabroché la chaqueta antes de que abriera. Checho abrió la puerta y me felicitó por ser tan puntual. Me dijo que era la primera vez que una chica le llegaba 10 minutos antes. Sonreí pero no le dije nada. Checho me ayudó a quitar la chaqueta y me hizo dar un par de vueltas delante de él para mirarme por todos lados. Me ofreció algún licor para beber pero le dije que prefería un jugo de naranja y me llevó hasta su cocina para sacarlo de la nevera. Checho sacó una cerveza para él. Volvimos a la sala.

Nos sentamos un momento en la sala mientras entrabamos un poco en confianza. En el sillón grande me senté en la mitad y Checho se sentó junto a mí abrazándome y uniendo su cuerpo al mío. Le pregunté qué tanto le había hablado de mi Pablo y me dijo que le había dicho todo de mí. Con Pablo he tenido sexo varias veces y me conoce bastante bien, así que no le pregunté más. Checho le preguntó por mi edad y por mis gustos sexuales para confirmar todo lo que le había dicho Pablo. Me dijo que si era cierto todo lo que le había dicho Pablo de mí, me tendría con él un par de horas.

Checho me empezó a acariciar todo mi cuerpo por encima de la ropa y avisarme en las mejillas, junto a la boca y en el cuello. Metió una de sus manos dentro de mi top y al comprobar que no tenía brassier se excitó mucho, lo noté de inmediato. Coloqué mi mano sobre su pantalón y tenía una buena erección. Pronto me quitó el top, pero cuando fui a desabrochar mi jean, me retiró bruscamente las manos y me dijo que él mismo me iba a desnudar. Lo miré pero no dije nada. Entonces se agachó un poco y me quitó los zapatos. Me acarició los pies y subió por mis piernas acariciándome sobre el pantalón con sus manos hasta llegar a mi vagina y acariciarme por encima del pantalón bastante fuerte, diría que un poco rudo. Checho me miraba y me besaba en el cuello y sin dejar de abrazarme empezó a chupar mis pezones, ambos, los alternaba como para que sus chupadas fueran iguales en ambos y pronto mis pezones se endurecieron. Eso excitó más a Checho.

Checho desabrochó mi pantalón y acarició mi vientre jugando con mi tanga hilo. Rápidamente Checho abrió su pantalón y sacó su verga erecta y sin decir nada colocó mi mano sobre su verga para que se la agarrara. Se la acaricié suave pero Checho me pidió que lo masturbara fuerte. Apreté un poco más y lo masturbé más fuerte pero lento. Checho me miraba con mucha lujuria, yo quería saber qué estaba pensando pero no fui capaz de preguntarle. Checho me hizo poner de pie delante de él y me quitó el jean. Sólo me dejó con la tanga hilo. Me excitaba verlo sentado con su verga erecta fuera del pantalón y mirándome con lujuria.

Me pidió que caminara varias veces, de lado a lado, delante de él para mirarme. No sé cuántas veces me hizo andar de lado a lado, pero mientras yo lo hacía que él se masturbaba y me miraba. Yo lo miraba de vez en cuando. De pronto me dijo que me acercara y me hizo poner de espaldas a él para besar mis nalgas, ambas, varias veces. Luego me bajó lentamente la tanga hilo hasta que me la quitó, la acarició, la olió y la besó varias veces. Yo lo miraba de lado. Metió una de sus manos por entre mis piernas para acariciar mi vagina y con la otra empezó a acariciar mi ano. Yo miraba su erección y a veces lo miraba a la cara.

Checho se puso de pie y sin decir nada agarró una de mis manos y me hizo agarrar su verga. Me dijo que no la soltara. Entonces me abrazó y me llevó caminando despacio hacia su habitación, mientras aprovechaba para manosear mis nalgas. Yo apenas llegaba a la altura de los hombros de Checho. Las cortinas de su habitación estaban abiertas y al frente había un edificio desde donde se podría ver todo. Traté de decirle que cerráramos las cortinas pero cuando adivinó lo que yo le iba a decir, me dijo que no, que a él no le importaba que lo vieran culeándome y evidentemente no le importaba lo que cualquiera que me viera pudiera decir de mí. Sin soltar su verga se terminó de abrir su pantalón y sólo la solté cuando se quitó los pantaloncillos y el resto de su ropa. Parado junto a la cama sin decirme nada me abrazó y me acerco a él, manoseó con ambas manos mis nalgas y me apretó contra él haciéndome sentir su verga dura en mi vientre.

Checho tenía unos 45 años, tenía muy buen cuerpo aunque empezaba a notársele un poco la panza y especialmente tenía buena verga y me excitaron mucho sus testículos grandes y totalmente afeitados. Quise preguntarle por qué se afeitaba los testículos pero no fui capaz. Parado junto a la cama, sin decir nada me agarró de los hombros empujándome hacia abajo haciéndome arrodillar. Su verga quedó frente a mi cara y sin decir nada con una mano me la puso frente a la boca y con la otra empujó mi cabeza hacia él. Abrí la boca y empecé a mamar al ritmo que Checho me hacía mamar, porque empujaba sus caderas y me empujaba la cabeza con sus manos. Me tuvo mamando mucho tiempo, no sé cuánto. Después me hizo acostar boca arriba en la cama para chupar mi vagina, darme suaves mordiscos en mi clítoris y jugar con sus dedos dentro de mi vagina y dentro de mi ano. Me excité bastante con sus caricias y gemí bastante.

Después me hizo colocar en cuatro y besó y jugó con su lengua en mi ano, me excité mucho y gemí bastante. Se puso un condón y escupiendo mi ano jugó con sus dedos dentro de mi hasta que empecé a sentir que estaba empujando su verga mientras me sostenía por mis caderas. Gemí más fuerte cuando empecé a sentir que me empezaba a penetrar sin detenerse y sin importarle que me doliera un poco. Le gustaban mis pequeños gritos y gemidos. Yo me agarraba de las almohadas y seguía gimiendo, y cuando traté de colocar mi cara contra una almohada, me agarró del cabello para evitar que lo hiciera y poder escuchar mis gemidos, sin soltar mis caderas con la otra mano. “Qué buen culo tienes, Pablo tenía razón”. Así me tuvo mucho tiempo, sin soltarme del cabello ni las caderas, ni detener sus caderas golpeando contra mis nalgas. Yo estaba cansada por la posición en que me tenía, pero aguanté todo lo que pude.

Sentí un gran alivio cuando me soltó y sacó su verga de mí. Se acostó boca arriba y me dijo que me sentara encima de él, pero clavada otra vez por el ano y de frente él mirándolo. “Cabalga puta”, me dijo y con sus manos en mis nalgas me ayudaba a subir y bajar. Así me tuvo varios minutos, hasta que me pidió que me acostara boca arriba, para montarme. Me levantó las piernas hasta sus hombros y con gran habilidad le volvió a penetrar por el ano, cada vez más fuerte, más rápido, más rudo. Yo gemía cada vez más fuerte y más rápido. Supe después que estaba eyaculando porque gemía y hacía gestos, y se movía diferente. Cuando terminó, se levantó, miré el condón lleno de semen, y se fue al baño, dejándome allí tirada sobre la cama. Miré por la ventana pero no vi a nadie en el edificio de al frente.

Checho regresó con la verga lavada. La tenía fría por el agua, pero aún erecta. Se subió a la cama de pie y me dijo que me arrodillara y se lo siguiera mamando. Así lo hice para que no perdiera totalmente la erección, y cuando lo tenía otra vez duro, se puso otro condón, me acostó boca arriba y se montó sobre mí, para darme una fuerte cabalgata penetrándome por la vagina, hasta que se botó de nuevo. Otra vez se levantó, le vi un poco menos de semen en el condón y fue al baño a lavarse. Yo seguí tirada en la cama, esperándolo.

Cuando regresó se acostó junto a mí, me abrazó, y me besó en  el cuello y las mejillas y me dijo: “estás sabrosa, Pablo tenía razón”. Su verga ya estaba flácida y más pequeña. Encendió a control remoto el TV y el reproductor de DVD y empezamos a mirar una película pornográfica, donde 2 hombres tenían sexo con una sola chica. Me preguntó que si me gustaban los tríos, y le dije que si. Me dijo que le gustaría hacer un trío conmigo. Le respondí, que cuando quisiera. Me recosté sobre su pecho, pero noté que se quedó dormido unos minutos después. Seguí mirando la película pornográfica, escuchando los gemidos de la chica, sentada encima de un hombre que la penetraba por la vagina, y el otro por el ano. La chica se divertía y yo me imaginaba en su lugar, imaginando que Checho era uno de esos hombres.

Cuando se despertó Checho, la película continuaba y me pidió que me agachara sobre él a mamárselo. Cuando lo tuvo duro me hizo sentar encima de él primero penetrada por la vagina y después por el ano. Antes de eyacular me hizo poner en cuatro, me penetró por el ano, me agarró de nuevo por el cabello y con la otra mano de mis caderas, hasta que terminó. Gemí todo el tiempo. Cuando se fue para el baño a quitarse el condón y lavarse, lo miré pero le había salido poco semen. Pensé: “creo que no va a querer más”. Me quedé tirada en la cama esperándolo. Cuando regresó me dijo: “puedes irte”.

Salí a la sala, recogí mi ropa tirada en el piso, me vestí, fui al baño a orinar y peinarme. Checho acostado en su cama, solamente con el pantaloncillo puesto me dijo: “yo te vuelvo a llamar otro día, cierra bien la puerta al salir”. Checho apagó el TV y el DVD y cerró los ojos para descansar.

No supe si alguien me vio en el edificio de al frente, porque algunas ventanas tenían las cortinas totalmente cerradas, otras totalmente abiertas y otras un poco abiertas. Caminé algunas calles mientras buscaba un taxi para ir a mi casa. En eso me llamó Pablo muy emocionado a contarme que Checho había quedado muy satisfecho conmigo y muy agradecido con él por haberle dado mis datos y en agradecimiento Checho lo invitaría en los próximos días a su apartamento a beber, a ver porno y a divertirse con un par de chicas, pero me advirtió que si Checho cumplía su invitación, Pablo me llevaría a esa fiesta. Le pregunté si yo sería la chica de él o de Checho y sonriendo me dijo que eso lo decidirían entre ellos. Pablo me preguntó si estaba libre para esa noche, le dije que sí y me pidió que fuera a su apartamento a darle sexo a las ocho de la noche. Le dije que sí.

No habían pasado diez minutos de haber salido del apartamento de Checho cuando timbró mi teléfono, contesté y me habló la voz de un hombre maduro que dijo llamarse don Vito. Le pregunté si ése era su nombre y me dijo que no pero que así le podía decir. Le pregunté quién le había dado mi teléfono y me dijo: “soy un vecino de Checho, vivo en el edificio de al frente”. Le pregunté cómo se había enterado de mí, y me dijo que me había visto desde cuando entré a la habitación de Checho, hasta cuando salí del edificio. Me dijo que quería que fuera a su apartamento a darle el mismo tratamiento que a Checho. Me dijo que si podía ir de inmediato.

Miré el reloj, hice mis cálculos, y le dije que sí. No estaba lejos, regresé caminando. Cuando llegué a la puerta del edificio donde vivía don Vito, vi a Checho mirando por la ventana mientras me anunciaba en el citófono de la puerta. Don Vito desde su apartamento me abrió la puerta para entrar al edificio. Checho seguía mirando mientras yo entraba. Checho y don Vito vivían en el tercer piso, uno justo al frente del otro.

Autora: Camila

camilitarod@live.com

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Complaciendo caprichos

Mi pene se metió en su hambrienta conchita, Camila movía sus caderas como en circulo, eso aunado a lo rápido y profundo que le estaba metiendo y sacando la verga hicieron que solo aguantara unos cinco minutos y terminé depositando en el condón una gran cantidad de leche; afortunadamente con las ganas que tenía de verga esta mujer, Camila terminó al mismo tiempo que yo.

Siempre he creído que es mucho mejor relatar experiencias vividas porque se pueden dar muchos más detalles y hacer vivir al lector más plenamente la experiencia que cuando la historia es ficticia. En fin lo dejo a su consideración y espero comentarios favorables o adversos, todo nos ayuda a mejorar.

Por aquellos entonces trabajaba de mesero en uno de los tantos salones que hay en Cd. Juárez, Camila era cliente asidua todos los viernes y sábados y, por lo tanto nos saludábamos con cierta familiaridad, aunque yo notaba que se llevaba bien con todos los meseros, el trato conmigo era muy peculiar, cuando se acercaba para saludarme solía abrazarse a mi y durar así mucho tiempo, en muchas ocasiones se las ingeniaba para pasar muy juntito a mi y frotarme todo su trasero en mi verga, cuando me acercaba a servirles las bebidas siempre me estaba abrazando o tomándome las manos, o peor aún llegó a atreverse a manosearme el bulto.

La realidad es que esta situación me molestaba un poco porque Camila, aparte de ser como diez años mayor que yo, era casada y a mí nunca me ha gustado enrolarme con mujeres con compromiso, obvio que si lo he hecho pero procuro que sea lo menos posible. Camila no era lo que se dice una chica linda, tampoco voy a decir que fuese desagradable, lo que si le ayudaba bastante es que tenía un cuerpo de lo más espectacular, no era una modelo pero tenía buenas tetas, no estaba gorda y tenía un culo de infarto, de esos que se antojan para comérselos.

La situación cambió un día en que ella estaba con unas amigas y una de ellas, al ver la confianza con la que Camila me abrazaba le dijo, – Está lindo el meserito, a ver si lo presentas, – , Pues si estará muy lindo, pero es maricón – contestó Camila. Al ver la cara de sorpresa que pusieron las amigas yo me puse de todos colores. – ¿Como crees que va ser maricón?  Replicó otra amiga, – pues como yo ya tengo tiempo tirándole el calzón y ni un lazo me echa, yo creo que si le gusta batear de zurda. Me retiré si saber ni que decir en medio de las risas de todas ellas.

No fue sino hasta al siguiente semana cuando le reclamé a Camila su proceder, – Es que ya ni la aciertas Camila, ¿como te pones a decirle a las chicas que soy puñalón?, después ellas se lo van a decir a otras y al rato no voy a agarrar ni madres – y Camila protestó – es que tú tienes la culpa, te abrazo, te pongo las nalgas, te agarro la verga y nunca haces nada cabrón, – mira – le dije yo – si no te hago caso es por respeto a tu marido. – No mames, ese cabrón no se merece ni tu respeto ni el mío, ese tío para que veas si es maricón, se la pasa todo el día con un amigo tomando, a mi se me hace que se andan picando uno al otro, con decirte que hace más de dos meses que el pendejo no me toca ni un pelo, por más que le sobo la verga en las noches el cabrón dormido, salgo de bañarme y me ando encuerada por toda la casa a ver si se le antoja y nada de nada, con decirte que he llegado a masturbarme cuando estamos acostados para que vea que traigo ganas y ni por enterado se da, ya me tiene hasta la madre.

– Bueno, eso ya cambia las cosas porque así como me platicas el torpe anda buscando que le pongan el cuerno y una chica así tan buena como tú merece que le pongan más atención – fue mi respuesta, – ¿entonces que, te animas papacito? – espérate, vámonos con calma, a mi me gusta ser yo quien busque a las mujeres, para darle sabor al asunto tu sabes, pero igual y le hacemos la lucha… si yo te pidiera que te pusieras lencería roja, porque es la que más me gusta, ¿lo harías? – ay si yo te dijera, lo que a mi más me gusta es comprarme calzones, tangas y brasieres sexy´s, me gusta ponérmelos y ver como me quedan en el espejo, me gusta ver como las tetas casi se me salen en esos brasieres de encaje y sentir como la tanga se pierde entre mis nalgas, me pongo cachonda de pensar que mi viejo al verme así me va a tirar en la cama y me va a comer todita, pero ya te dije al cabrón le vale madre como me vista ya no le gusto, ya no le excito…

– Pues a mi me gustaría ver una tanguita de esas que dices y ver ese par de nalgas que te cargas solamente cubiertas por un hilito –

Su respuesta no se hizo esperar, al día siguiente apenas llego me llamó aparte, y yéndonos a la parte de atrás de donde estaban las bocinas del sonido, sin decir ni agua va, se bajó los pantalones mostrándome una tanguita casi transparente roja, y dándose la vuelta pude ver ese par de nalgas que casi hacen que me vaya de espaldas, inmediatamente alargué mis manos para acariciar toda la firmeza y suavidad de sus nalgas, para luego repegarla a mi miembro que de inmediato se puso más duro que un bate de béisbol. – Así es como yo quería que me agarraran – dijo Camila, con ganas, con amor, con hambre. – Pues la verdad no entiendo como tu viejo viéndote así no se le antoja, estás como para culearte la noche entera – aclaré. – Y luego, ¿que esperas que no te atascas? – Por mi te daría aquí mismo, pero vamos a hacer algo mejor, le voy a decir al capitán de meseros que me siento mal, que me quiero ir a mi casa, cuando tú me veas salir me sigues y verás como nos quitamos las ganas los dos.-

Dicho y hecho, apenas me estaba despidiendo de los guardias cuando ya estaba Camila en la puerta junto a mi, me hice el disimulado y caminé hasta el estacionamiento, apenas estaba abriendo al puerta de mi carro cuando Camila se me echó encima, besándome mordiéndome, con aquellos ímpetus de mujer insatisfecha, – vámonos le dije entre jadeos – tenemos poco tiempo y no debemos desaprovecharlo – más por fuerza que por ganas se separó de mi subiéndose al carro, no bien había yo arrancado cuando comenzó a sobarme por encima del pantalón, ahí si no le dije nada y la dejé que se diera gusto y que me diera gusto a mi – sácatela mi rey – me dijo en un tono de voz que se notaba lo excitada que estaba, apenas paré en el primer semáforo y accedí a su petición liberando mi herramienta que ella procedió a chupar como si la vida se le fuera en ello tanto, así que casi me hace terminar… Afortunadamente me pude contener hasta que llegamos al motel – , me gustaría que me hicieras un strip tease para poder admirar tu cuerpo en todo su esplendor.

Hay que decir que la chava tenía talento, puse en el televisor un canal de música romántica, y al compás de “The last resort” de los “Eagles” Camila se movía con una cadencia, con una sensualidad que ya quisieran muchas teiboleras, ondulaba sus caderas ampliamente y subía y bajaba su culo en pompa, con sus manos recorría su cuerpo de arriba a abajo, las ponía en su cabello y bajaba acariciando sus hombros, enseguida tomaba sus pechos acariciándolos en toda su extensión, continuaba el recorrido por su vientre hasta posar las manos en sus caderas, luego las iba cerrando lentamente por sobre su sexo haciendo al forma del triangulo perfectamente, a continuación recorría sus piernas por dentro y por fuera hasta los tobillos, todo esto sin dejar de mirarme fijamente, con los labios entreabiertos y mirada cálida, lo mejor fue cuando se ponía de espaldas, con un azote suave pero fuerte se tomaba sus nalgas y las abría mientras se iba agachando mostrándome una espectacular vista de su trasero, y casi al terminar cuando ya se había despojado de su tanga, la vista de su rajita cubierta por unos vellos muy recortados era para morirse.

Justo al final de la canción y cuando estaba en esa posición, metió dos dedos en su vagina, notando por el sonido de los mismos, que estaba empapada, acto seguido se acercó hacia mi poniendo sus dedos cerca de mi cara, los que procedí a chupar golosamente, deleitándome con el exquisito sabor que siempre se desprende de una vagina caliente, para luego compartir con ella sus fluidos en un beso intenso. Agradecí el espectáculo con una sonrisa y una caricia en sus nalgas, – bueno – le dije – ahora me toca hacer a mi, – la recosté en al cama y poniéndole sus manos hacia arriba le dije – no quiero que bajes tus manos ni que hagas nada, déjame acariciarte y disfrútalo, pase lo que pase no actúes para nada, solo relájate y disfruta.

Me levanté y me despojé de la ropa quedándome solo con el bóxer, abrí sus piernas y me puse encima de ella, comencé besando su oreja, deslizándome por sus mejillas hasta sus labios repitiendo esto varias veces, mientras hacía esto sobaba mi miembro aun dentro del bóxer por sobre su húmeda intimidad, recorrí con mis labios y mi lengua todo su cuello, mis manos aprisionaron sus pechos tomándolos por su base, oprimiéndolos, levantándolos para luego besarlos poniendo mi lengua sobre sus pezones moviéndola en círculos, y después dejar que mis labios subieran y bajaran por esas bellas protuberancias.

Casi no podía esperar el momento de volver a saborear el sabor de sus fluidos vaginales aunque ahora directamente de la fuente de emanación, coloqué mi cara entre sus piernas y dediqué unos cuantos besos a sus labios vaginales y la cara interior de sus muslos como queriendo excitarla más aunque dudo que eso fuera posible, ya que cuando besaba su pelvis esta ya palpitaba de manera muy acelerada, y sus jugos que caían por entre sus piernas habían dejado ya una gran mancha de humedad en la cama. Con los dedos de mi mano izquierda abrí su rajita puse mi lengua en el interior de su rajita, movimiento que ella acompañó con un intenso y prologando “aaahhh”, mi lengua entraba en el interior de su conchita primero de forma lenta y luego cada vez más rápida, en un par de ocasiones bajó sus manos para apretar mi cabeza contra su pelvis olvidando la condición que le había puesto, pero que yo le recordé volviéndolas a colocar en su posición, metí mi dedos índice y medio en su conchita, una vez adentro los separé lo más que pude y comencé a mover mi mano en círculos para que los dedos a su vez acariciaran completamente las paredes de su vagina.

Camila se movía de forma incontrolable, tanto así que varias veces me hacía perder el ritmo Sus gritos y gemidos eran cada vez más fuertes, concentre el movimiento de mi lengua exclusivamente sobre su clítoris dándole pasadas rapidísimas y cuando sentí que empezó a temblar violentamente saqué mis dedos de su vagina y aprovechando lo mojados que estaban le metí el dedo índice de un solo empujón en el culo, ese fue el detonador del primero de varios orgasmos que la hicieron moverse y manotear como una posesa en la cama, así estuvo gritando y retorciéndose durante más de un minuto, ya que yo no le sacaba el dedo de su cola ni dejaba de lamerle el clítoris, hasta que no aguantó más y me empujó violentamente separándome de ella.

Me alejé un poco mientras Camila jadeaba y sudaba copiosamente limpiándome con papel higiénico el exceso de fluidos sobre mi rostro – Eres un cabrón – dijo Camila cuando se recuperó un poco – casi me dejas seca, me hiciste venirme como diez veces, y eso por que te quité si no me vengo otras diez, – ¿y que no era eso lo que querías, no que traías muchas ganas? – repelí a mi vez – es que estuvo muy intenso, muy fuerte, en pocas palabras estuvo cañón – respondió – bueno pues ahora a lo que sigue – dije avanzando hacia ella y sonriendo, – esa voz me agrada, venga mi macho – me animó Camila.

La jalé hasta que sus nalgas quedaron a al orilla de la cama, me situé en medio de ella y me puse el condón, levanté una de sus piernas colocando su tobillo en mi hombro, ella quedó un poco de lado en la cama y así en esta posición logré que la penetración fuera lo más profundo posible, mi pene se deslizó suavemente en su hambrienta conchita, la penetración fue placentera debido a lo húmedo de su cuevita y debo reconocer que a pesar de los años esta cabrona estaba bien apretadita, como decía, la penetración fue placentera, el mete y saca fue casi casi glorioso, tanto así que tuve que hacer soberanos esfuerzos para no terminar inmediatamente, y aparte de todo Camila movía sus caderas como en circulo, eso aunado a lo rápido y profundo que le estaba metiendo y sacando la verga hicieron que solo aguantara unos cinco minutos y terminé depositando en el condón una gran cantidad de leche; afortunadamente con las ganas que tenía de verga esta mujer, Camila terminó al mismo tiempo que yo y así no me vi tan mal.

Ahora si me cansé, papito – decía Camila – mientras yo tomaba el teléfono y pedía unas cervezas a la recepción, cuando colgué se levantó y se abrazó a mi felicitándome por esa acción ya que ella también tenía ganas de una cerveza, me entretuve un rato pellizcando sus pezones. Me levanté para ponerme el pantalón, no quería que cuando vinieran a entregar las cervezas me encontraran desnudo, y aproveché para ir al carro por unos cigarros y una bolsita con soda que traía, yo siempre he pensado y he visto que cuando me pongo coco tardo más tiempo en correrme, regresé a la habitación y esperé a que trajeran las cervezas mientras Camila orinaba ruidosamente en el baño, llegó la camarera con las cervezas y mientras las pagaba Camila salió del baño así encuerada como estaba y se aproximó a tomar una, la camarera ni se inmutó, imagino que habrá visto muchas veces a mujeres y hasta a hombres desnudos en ese motel, pero a mi si me pareció una total falta de pudor por parte de Camila, porque aún y cuando era otra vieja no es para andar exhibiéndose con una desconocida, total que fui al baño y aproveché para darme un buen pase…

Salí y Camila ya estaba viendo una película porno, tomé una cerveza y me senté junto a ella en la cama – ¿traes coca? – Preguntó Camila, – ¿como dices? – Respondí a mi vez intentando fingir demencia – no te hagas si hasta acá escuché los suspiros que te estabas dando en el baño, dame poquita – suplicó Camila – así que también le pones a la coca, pinché Camila quien te viera tan santita, pero si quieres un pase te va a costar, vas a tener que darme las nalgas… ¿Otra vez? si te las acabo de dar – no te hagas pendeja lo que te estoy diciendo es que quiero chiquitearte, que te quiero dar por el culo…

Ahí si como que se asustó y me dijo – no papi, por ahí no, mi viejo lo ha intentado varias veces y siempre me lastima, te hago lo que quieras pero eso no, es que de veras duele mucho. – Mira, a lo mejor tu viejo no ha sabido dilatarte bien y por eso te duele, déjame intentarlo con cariño y suavidad y si aun así te duele mucho le paramos y no hay bronca, – está bien, pero primero vamos a terminarnos estas cervezas y a lo mejor ya relajada con las cervezas lo podemos hacer, mientras tanto no te hagas  y hazte unas líneas – accedí a su petición y preparé cuatro líneas sobre la mesa dos para cada quien, nos fuimos a la cama a continuar tomando, me senté recargado en la cabecera y Camila delante de mi recargada en mi pecho… en esta posición podía abrazarla completamente y me deleitaba acariciando ese cuerpo de mujer madura, suave, firme y con un aroma muy característico.

Algún tiempo después Camila se levanto y me quito toda la ropa para volver a situarse junto a mi, me separó la piernas y se acostó poniendo su cabeza en uno de mis muslos, quedando mi pene a la altura y a la completa disposición de su golosa boca, mi miembro se encontraba en un estado de flacidez por lo que Camila se lo metía completamente a la boca, lo chupaba y jugaba con su lengua en el de una forma deliciosa, poco a poco fue adquiriendo la rigidez necesaria para seguir adelante, aproveché que Camila estaba chupándomela para irla girando poco a poco hasta quedar en un sesenta y nueve, rápidamente ya estaba otra vez excitada y yo sabiendo lo que quería mientras con mi lengua le daba gusto a su clítoris empecé a jugar con la punta de mi dedo en su ojete, apenas si me daba cuenta de que Camila en su excitación se metía toda mi verga en su boca, llegándole hasta la garganta y la verdad que se siente muy rico porque hay chicas que te la maman pero solo con los labios en la punta y no por eso deja de ser placentero, pero sentir como los labios de la mujer llegan hasta la base del pene y la punta roza la campanilla eso otro rollo.

Bueno total que yo seguía en mi asunto, ya podía meter un dedo completo con facilidad y comencé a moverlo en círculos, haciendo presión en los lados para abrirlo más, cuando sentí que estaba preparada comencé a introducir dos dedos ahí si sentí que le dolió un poco porque dejó por un momento la mamada que me estaba dando, aumenté las caricias al interior de su vagina con lo cual al incrementar su placer relajó un poco su esfínter y pude seguir metiendo mis dedos hasta tenerlos totalmente dentro de ella, separaba los dedos lo más que podía mientras los metía y los sacaba consiguiendo una dilatación considerable.

Ya estaba lista, me salí de abajo de ella dejándola así en cuatro, todavía Camila gimoteaba como intentando pedir que no se lo hiciera pero yo ya estaba fijo con esa idea y no iba a consentir que pasara esa noche sin culearla, se la metí en la vagina mientras con el dedo pulgar volví a la carga sobre su culito, le pedí que bajara su cabeza y puse mi verga en la entrada de su hoyito, Camila estaba muy tensa, ponía las nalgas muy duras y se aferraba fuertemente con las dos manos a la sábana. -tienes que relajarte – le dije – es que no puedo, yo se que me va a doler – tranquila, ya te lo dije que te lo iba a hacer poco a poco, no es la primera vez que lo hago, déjame actuar a mi y veras que tú también lo vas a disfrutar…

No muy segura pero aflojó un poco el cuerpo, bajé mi mano y comencé a acariciar su clítoris, logrando que se fuera excitando y muy pero muy lentamente empecé a meter mi verga por el anhelado esfínter anal, con la dilatación que había logrado fácilmente pude meter la punta y al seguir empujando empecé a sentir la presión de su recto, la saqué un poco y lubriqué con sus jugos vaginales que afortunadamente eran muchos y volví a la carga, durante más de 15 minutos estuve haciendo lo mismo, empujar un poco y volver a lubricar y en cada ocasión podía meter mi verga un poco más, ya casi estaba dentro la mitad cuando Camila me dijo que ya no aguantaba, que se la sacara, – tranquila le dije vamos bien, ya falta poco – si dijo ella, pero la verdad ya no aguanto, me arde y me duele mucho, ya sácala, tú me lo prometiste.

Me quedé quieto un rato mientras seguía sobando su clítoris, no estaba dispuesto a dejar que se me escapara lo que ya tenía en las manos, apenas sentí que se relajó un poquito y se la dejé ir toda de un solo empellón, Camila soltó un intenso quejido e intentó zafarse pero la detuve junto a mi sujetándola con las dos manos, solo era cuestión de esperar un minuto o dos para que se acostumbrara y el dolor pasara, poco a poco Camila dejó de luchar y yo empecé a moverme dentro de ella, ahora si que lo estaba disfrutando cada vez entraba y salía con menos dificultad, Camila también empezó a moverse al ritmo que yo le estaba marcando, y después de un rato sentí que otra vez se estaba viniendo porque apretó su culo de forma que hasta me dolió la verga…

Terminó de venirse y yo seguía bombeando ya llevábamos más de 25 minutos así (por eso me gusta ponerme coco, para aguantar más) cuando me empezó a llegar el orgasmo, le di tres fuertes embestidas y le llené el culo de leche porque ni condón me puse y es que un culito hay que disfrutarlo al natural, me salí de ella y Camila se volteó en la cama y como le faltaba poco para llegar a su orgasmo se metió no uno ni dos sino tres dedos en el culo y con la otra mano se frotó la vagina hasta que terminó gritando – “ves Gabriel lo que me haces hacer” – (Gabriel se llama el marido).

Parece mentira pero a pesar de todo apenas llevábamos tres horas en el motel, todavía podíamos estar una hora más juntos aunque la verdad ya ninguno de los dos teníamos ganas de seguir cogiendo, pedí más cervezas  y continuamos platicando…

Camila me dijo que aunque le había roto el culo le había gustado y que me iba a dejar culearla cada vez que yo quisiera, que pensaba cogerse a varios amigos más mientras su marido la siguiera teniendo en cuarentena, el chiste era empezar pero ya una vez puesto el cuerno las demás veces iban a ser más fáciles pero que ella había querido que yo fuera el primero porque era como un capricho y que ese culo iba a ser solo mío. Que a toda madre – dije yo…

Autor: Majic

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