Ayudando en un centro de deportes

Le quité el slip, apareció ante mí una pija maravillosa, no lo dudé y comencé a chupársela, él me miraba asombrado, pero no dijo nada, yo seguí chupando, y al cabo de unos instantes comenzó a gemir muy despacio y su cuerpo comenzó a reaccionar, por lo cual me animé a seguir cada vez con más fricción mi labor, no pudo más y soltó toda su leche caliente en mi boca.

Corría el verano en mi ciudad y en la mañana suena el timbre del departamento, yo desocupado y sin ganas de levantarme tan temprano fui a atender sin ganas, era mi amigo Ariel, que desde hace mucho no veía.

Como estaba en calzoncillos, lo invité a pasar que pronto lo atendería, lo encontré sentado en la banqueta de la cocina esperándome con cara de ansioso, luego de retarlo por la hora que era, (las 7:00 A.M.), él se disculpó, pero que valía la pena ya que me invitaba a formar parte de un programa de ayuda comunitaria, yo sin muchas ganas le dije que esos trabajos son mal pagos y que seguro no me gustarían, a lo que él me dijo, pero… ya que vos sabes algo de educación física podrías enseñar y ayudar en el C.E.N.A.R.D. (un centro donde se entrenan sólo los olímpicos del país), tanto fue su insistencia que accedí a acompañarlo esa mañana a inscribirme en el programa.

Fui con una remera y un jogging gris claro, para estar a tono con el lugar y su gente. En cuanto entramos, el aire era distinto, todo mundo haciendo ejercicios, corriendo, alongando, lo cual fue un poco volver a lo mío. Mi amigo me llevó a presentarme a las autoridades para inscribirme y luego a una oficina donde me darían la tareas a seguir, la mujer de la ventanilla me interrogó sobre lo que sabía y mi experiencia y luego de unos minutos de espera volvió con una planilla y una nota donde decía a donde había sido asignado, me entregó el papel y yo todavía con sueño sin leer el papel, acompañé a mi amigo que si lo leyó y nos fuimos al gimnasio inmenso que está al fondo del predio. Al llegar me presenta con unas personas de edad que me estrechan su mano firmemente y me prometen ayudarme en lo que necesitaré, luego de estas presentaciones me fui despertando y al rato le pregunté a mi amigo quienes eran:

¿Quiénes son estas personas que vimos y que estamos esperando? –dije.  Son los ayudante que junto con otro que todavía no vino. Uds. lo reemplazarán en las tareas de ayuda al equipo de gimnasia deportiva y al de natación- no vas a tener problemas son gente muy disciplinada que siguen al pie de la letra todo lo que les indicas- dijo él.

A los 10 minutos aparece un chico alto, de cuerpo bien fibroso, pelo negro al ras y ojos celestes, se presenta, como Marcelo, profesor de Educación física, luego de estrecharme la mano, se quedó conversando con mi amigo y noté que tenía unos pantaloncitos de algodón medio ajustados que le marcaban bien el bulto que tenía, la pija la tenía de costado y de tan fina que era la tela se le notaba el pliegue donde comienza la cabeza de la pija, además de los huevos bien grande y redondos, unas piernas algo velludas, pero muy fuertes, eso me calentó, pero preferí dejarlo pasar ya que íbamos a ser compañeros de trabajo y con mi amigo de por medio podría ser perjudicial para mí. Es así que Ariel se retiró y nos dejó solos para que combináramos alguna estrategia o plan de trabajo con los equipos.

¡Mira, podríamos empezar con mucha actividad para ver que resistencia aeróbica tienen, después ver la respuesta muscular de cada uno y luego de eso empezar con cada caso en especial los cuales nos repartiríamos para hacerlo más personalizado, yo, casualmente tengo una planilla de entrenamiento donde podemos empezar!  Dijo Marcelo muy enfocado en la tarea a seguir. No tengo ningún problema, empecemos con eso- dije.

Fueron apareciendo algunos de los integrantes del equipo de gimnasia, todos con pantaloncitos cortos, bien ajustados, de algodón, color celeste, y una remera ajustada de color blanco, todos tenían unos cuerpos espectaculares, una vez todos presentes, nos presentamos, ellos eran adolescentes de hasta 21 años, que nos atendían y asentían a todo lo que referíamos, luego de la charla nos separamos en grupos y me llevé a mi equipo al otro lado del gimnasio separado por un campo de básquet y unos tabiques de madera bien altos, donde había una oficina para poder llenar las planillas, en camino a la oficina comencé a leer de que se trataban los datos a llenar y con sorpresa veo:

– estatura
– peso
– diámetro brazos
– diámetro piernas
– diámetro cintura
– diámetro pecho
– densidad y composición de musculatura
– Operaciones anteriores
– Hernias.

Me quedé perplejo al ver todo lo que tenía que hacer, la perplejidad dio paso a la calentura que me dio al ver esos culos bien marcados y musculosos de los muchachos, así que antes de llegar a la oficina, les comenté los que íbamos a hacer y que mientras llame a uno, los otros se quedarían alongando y practicando hasta terminar la rutina, contestaron a la vez, ¡si señor!  Todo fue de maravillas midiendo y respetando a raja tablas lo que la planilla pedía, trataba de concentrarme profesionalmente dejando de lado el hecho de tocar esos cuerpos perfectos y firmes, de jóvenes que no oponían resistencia a cualquier pedido mío. Hasta que finalmente llamé a Juan Miguel, de verlo entrar me impactó, 1.80, morocho, pelo enrulado, ojos negros, me quedé impresionado por su belleza y su masculinidad, al escucharlo hablar, le pregunté de donde era. ¡Soy venezolano, y estoy aquí, por intercambio, así que debo esforzarme mucho para lograr buenas marcas, es por eso que estoy a su disposición total para lo que necesite!

Al escucharlo me dio un temblequeo interior que no podía controlar, pero sabía que si lo hacía bien íbamos a quedar satisfechos ambos y le dije: Como sabrás este es un día muy especial para ti, si sigues mis instrucciones al pie de la letra podrás formar parte del equipo de lo contrario…  Juan Miguel interrumpe diciendo: ¡Por favor no piense eso haré todo lo que Ud. me pida para pasar exitosamente las pruebas, realmente estoy obsesionado por aprender sus métodos de enseñanza, ya que yo no tengo idea de cómo se inician las prácticas, ni de cómo hacer los ejercicios, así que le haré caso en todo.-dijo incrédulamente. Realmente le tengo que sacar jugo a esta situación, este chico está muy sumiso a mí. Pensé…

Comenzamos las pruebas, estatura, le indiqué donde estaba la báscula donde también hay un centímetro, lo apoyé en su cabeza, le tomé el pecho y le dije más erguido, por favor…- ¿así está bien señor?-preguntó… -Si, así está bien-con voz firme, dije. Vamos a ver el peso. Como lo había colocado mirando hacia la pared, noté que las pesas de la balanza estaban justo en frente de su increíble bulto, se notaba su verga en reposo gruesa, mirando hacia un costado y abajo, y las bolas bien redondas y contorneadas, de buen tamaño, sus piernas musculosas y anchas y sin vellos y su estrecha cintura, un cuerpo espléndido… estuve como dos minutos observándole el bulto, midiéndole la pija, o que tamaño tendrías sus huevos, realmente eran enormes…  Empecé a mover las pesas y rozaba mi mano en su bulto con cada movimiento que hacía de las manos, lo tocaba o rozaba, él seguía con la vista arriba y al frente como se lo había indicado, tenía el paquete en reposo, y eso me gustaba…

Acuéstate en la camilla boca arriba que te voy a medir las extremidades- dije. Si señor- contestó y se subió a la camilla con las manos a los costados y cerró los ojos… le tomé un brazo (fuerte y musculoso), se lo medí, mientras giraba hacia el otro lado de la camilla para medirle el otro brazo, puse mi mano entre el elástico de la cintura y el bulto de su pija, ahí noté aún más el grosor de su pija al sentirla en la palma de la mano, mientras doblaba hacia el otro lado, él instintivamente abrió sus piernas, era un acto reflejo, nada deliberado, observé, le medí el otro brazo y le tomé la pierna y se la separé algo del centro, noté que su short se abrió algo por debajo, dejando ver el bulto de sus huevos a través de un slip blanco, le medí la pierna, la otra y al abrirle la pierna, el short se abrió y por debajo pude ver el bulto de su verga que sobresalía del slip. ¡A ver la cintura! dije autoritariamente…

Él levantó la cola hacia arriba y como estaba boca arriba aún, mientras estaba así, puse mis labios un su verga, aprovechando que seguía con los ojos cerrados, tomé la cinta de medir, la pasé por debajo y a la altura del ombligo uní las dos puntas de la cinta, lo mismo hice con su pecho, sus tetillas estaban erectas, quizás por el roce, lo que me enloquecía… Yo casi no hablaba… tragaba saliva a cada rato… empezaría la densidad muscular. ¡Sácate la remera! -le ordené… y empecé a tocar todos los músculos de su pecho, sus brazos, su cuello, todos ellos estaban fuertes y desarrollados, su estómago bien marcado por la gimnasia dejaba ver el tenue vello púbico que se perdía por entre el elástico del short, con la palma de la mano comencé a tallar cada músculo de su estómago cada tanto mi mano se chocaba con el short y entonces comencé a meter la mano por debajo de elástico, lo levanto algo y me quedé disfrutando como sus vellos se sentían al tacto, lograba sentir el elástico superior del slip, abrí sólo un poco más el short para ver que había… y me encontré con el bulto más hermoso que había visto, la pija bien gruesa y en reposo y atrás las bolas bien redondas que ocupaban toda su entrepierna y se perdían por entre ellas…

¡Boca abajo! Ordené. Así lo hizo inmediatamente y toqué toda su fuerte espalda, llegué a la cintura y comencé a delinear su cola, perfecta, le bajé el short y por debajo del elástico de las piernas del slip comencé a tocarle los cachetes del culo, le abrí algo más las piernas y comencé a tocarle donde terminaban las bolas y empezaba la raya del culo, corrí el elástico del slip y le vi el agujerito del culo, con casi nada de vellos, le abrí los cachetes y empecé a acariciarle la entrada del ano con el dedo índice, traté de meterle un dedo, pero se cerró inmediatamente, con lo que deduje que era virgen, me mojé con saliva el dedo mayor deposité esa saliva en ese agujerito y comencé a girar el dedo, lo dejé… subí el short y le dije: ¡boca arriba!… Entonces le pregunté de sus operaciones anteriores, ya notando que su pija estaba más gorda…

Comencé a buscarle posibles hernias… apreté su estómago con tres dedos, por encima y debajo del ombligo, entonces tragué saliva, respiré hondo y fui metiendo la mano suavemente, por debajo del elástico del short en dirección a su ingle, de camino me topé con el bulto de su verga, la cual dio un respingo, comencé a presionar la ingle y con cada vez que apretaba me adentraba más dentro de su slip. Comencé a palpar por encima de mis dedos en esa zona, el peso de su verga, mientras presionaba esa zona abría algo más los dedos entre sí para encerrar su pija entre ellos, comencé a usar más dedos en la zona, sus huevos no me cabían en una mano y parecían inflados de leche, los masajeaba, me di vuelta y vi su rostro… ojos cerrados y comiéndose el labio superior, su pija estaba ya, fuera de cualquier reposo, le bajé el short hasta media pierna y después él se lo bajó hasta los tobillos, comencé a masajear toda la tela del slip y a seguir toda la extensión.

Lo vi tan delicioso que me lancé, le quité el slip, apareció ante mí una pija maravillosa, no lo dudé y comencé a chupársela, él me miraba asombrado, pero no dijo nada, yo seguí chupando, y al cabo de unos instantes comenzó a gemir muy despacio y su cuerpo comenzó a reaccionar, por lo cual me animé a seguir cada vez con más fricción mi labor, él no pudo más y soltó toda su leche caliente en mi boca, que sin desperdiciar una gota, la bebí toda, hasta dejarlo totalmente limpio.  Yo quería más, pero ya habíamos pasado mucho tiempo a solas y debía atender a los otros jóvenes, así que le dije que no habíamos terminado, que deseaba tener esa pija, que nos veríamos al salir del lugar, en donde nadie pudiera notar lo que pasaría entre nosotros y pudiéramos disfrutar a pleno de nuestros cuerpos.

Lo que sigue, lo relataré en otro momento…

Saludos.

Autor: El asistente

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Reconocimiento médico

Comencé a follarla mientras que Nati se puso por detrás de ella sobándole las tetas primero para luego meterle un dedito por el culo con lo que hizo que su jefa alcanzara el placer máximo siendo follada por los dos agujeros, Tere gritaba y sudaba como si de una cerda se tratase, hasta que nos corrimos manando una abundante todavía ración de semen para Tere, que se la tragó toda.

Hola, amigos, mi nombre es Mario, soy soltero y tengo 24 años, os voy a contar una historia que me sucedió hace un año en una clínica de Valencia, la ciudad donde yo vivo.

Por mi profesión de futbolista, tuve que acudir a un centro médico a realizar el habitual reconocimiento médico de cada año, yo iba en pantalón corto y una camiseta ya que era el mes de julio y hacía mucho calor. En el centro médico me recibieron dos chicas, una que era la ayudante de unos 27 o 28 años, de pelo cobrizo largo y liso, con un flequillo que le daba cierto morbo, y otra más madura de unos cuarenta años, morena y de pelo recogido que fue la que se dirigió a mí.

Yo soy moreno, de pelo corto, alto y no soy un hacha con las mujeres pero me considero atractivo, al menos estoy satisfecho en cuanto a mi éxito con ellas. Una vez hecha mi presentación, me dijeron que pasara a una sala de espera que estaba vacía, parecía que aquella tarde no había nadie en la clínica, quizás porque ya era algo tarde. Pasados unos diez minutos, entró en la sala la chica que hacía de ayudante, y me dijo que ya podía pasar.

En el cuarto de la consulta, había una mesa con montones de papeles, bolígrafos, y un ordenador, además de una camilla y numerosos aparatos que se veían en un compartimiento al fondo de la habitación. La chica morena le dijo a su ayudante:

– Nati, prepárale la camilla que ahora mismo voy.

La joven Nati me condujo hacia la parte trasera y me dijo:

– Siéntate en la camilla y vete sacando la camiseta que ahora viene Teresa.

Acto seguido, aparecieron de nuevo las dos, Teresa me informó que Nati estaba de prácticas en su clínica, que lo hacía muy bien y le veía que tenía un futuro prometedor en la profesión. Mientras tanto, Nati comenzó a tomarme la tensión y a hacerme varias pruebas, escuché como Tere le decía a Nati:

– Vamos Nati, hazlo como tú sabes.

Nati comenzó a ponerme unas ventosas por el pecho, y yo que estaba distraído comencé a fijarme en el escote de la bata blanca de Nati, cuando se agachaba a pegarme las ventosas se le veían los pechos y el sujetador blanco que hacía juego con la bata, aquella vista me ponía a mil, y a ella parecía que le gustaba exhibirse porque lo hacía de una manera un poco descarada, mientras Tere había vuelto al despacho y nos había dejado a los dos solos.

Mi excitación se hacía visible en tanto que el tamaño de mi pene había aumentado y me era imposible disimularlo porque solo llevaba un pantalón corto y el bulto era notable. Mientras ella sacaba las ventosas tras comprobar que todas las pruebas eran correctas, tropezaba con la mano en mi pene frotándolo suavemente quizás a propósito.

Yo que estaba cada vez más caliente, agarré la mano de Nati y cogí con ella mi polla que ya estaba como una piedra, ella empezó a frotármela por encima del pantalón corto, hasta que ella empezó a sacarse los botones de la bata con una sonrisa en su boca, quedándose en sujetador y tanga blancos que hacían juego con su bata, y que con su piel morena y cabellos cobrizos le daban un aspecto de autentica diosa del sexo. Cuando la escena subía de tono apareció Teresa y le dijo a Nati:

– Vaya, veo que progresas en tu oficio querida Nati.

Teresa se acercó a mí, me dio un beso en la boca, y a continuación me bajó los pantalones quedando mi pene ofreciéndose a las dos mujeres sedientas de sexo. Nati comenzó a mamarme la verga como una autentica puta, se la metía toda entera en la boca, mordisqueándome los huevos y pasándome la lengua sobre mi capullo lo cual me proporcionaba un placer intenso, mientras tanto, Teresa se despojaba también de su bata quedándose en un conjunto de bragas y sujetador azules, tenía un cuerpo bien conservado para su edad, unas tetas bien duras y unas caderas algo anchas pero sexys. Teresa se acostó en un sofá que había enfrente de la camilla sin las bragas abierta de piernas, enseñando su monte de Venus semi rasurado, y gritó:

– ¡Nataliaaa!

Nati dejó inmediatamente mi polla y se dedicó a comerle el coño a Teresa, que cerraba los ojos del placer gimiendo. Fue entonces cuando me levanté de la camilla y le puse la polla en la boca a Tere que empezó a mordérmela cual bocadillo lo cual me comenzó a ponerla más dura todavía. Los gemidos de Tere eran cada vez mayores ya que Nati comenzó a meterle la lengua en el coño para después comenzar a meterle uno, dos y hasta tres dedos a su jefa. Cuando se cansó de que la follara su ayudante, Teresa me dijo que le apetecía ver como me tiraba a Nati, cosa que ya estaba deseando.

Nati tenía un culo de película, ni le sobraba ni le faltaba nada, sin duda es uno de esos culos que todo hombre desea probar, Tere se sentó en la camilla, yo le aparté a Nati el tanga lo suficiente para comenzar a lamerle el clítoris, poniendo especial atención en su botoncillo, que cada vez que le pasaba la lengua se retorcía de gusto.

Tenía el coño afeitado completamente, lo cual me encanta y me pone más caliente todavía, cuando noté que estaba completamente mojada le di la vuelta para quitarle el tanga y vi que Teresa estaba masturbándose viendo la escena.

A continuación, me senté en el sofá y Nati se sentó sobre mi polla poniéndome sus tetas a la altura perfecta para comérmelas, rápidamente le saqué el sujetador, tenía los pezones pequeños y duros, comencé a mordisquear aquel par de melones mientras ella comenzaba a moverse sobre mi polla, lo hacía como una puta, sabia como moverse para que ambos gozáramos en cada momento lo máximo, hasta que no pudimos más y nos corrimos, a continuación Tere tomó el relevo de Nati y comenzó de nuevo a comerme la polla que ya estaba de nuevo superdura, y me dijo:

– ¿Habrás dejado algo de leche para mi no?

Yo llevaba varios días sin follar ni masturbarme y confiaba en que quedara una buena ración de semen para la puta mayor.

Comencé a follarla mientras que Nati se puso por detrás de ella sobándole las tetas primero para luego meterle un dedito por el culo con lo que hizo que su jefa alcanzara el placer máximo siendo follada por los dos agujeros, Tere gritaba y sudaba como si de una cerda se tratase, hasta que nos corrimos manando una abundante todavía ración de semen para Tere, que se la tragó como si en ello le fuera la vida.

Al cabo de un rato, nos vestimos y nos despedimos, yo aún saliendo por la puerta con la polla tiesa de la gran tarde de sexo que me habían hecho pasar aquellas dos mujeres. Llegué a casa y lo primero que hice fue hacerme una paja recordándolo todo, al día siguiente en el entrenamiento mis compañeros me preguntaron:

– ¿Que tal ese “reconocimiento” Mario?

Y yo les dije viendo sus sonrisas:

– Pues por lo visto son más putas de lo que pensaba…

Autor: Mario

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La piscina del hotel

Yo seguía moviéndome, haciéndolo cada vez más deprisa para sentir más su fuerza y su polla dentro de mí. No quería que terminara nunca, él volvió a coger mis pechos con sus manos y con su boca, me hacía sentir en una fantasía, rodeada de agua y siendo penetrada. Cada embestida me hacía llegar a lo más alto y estaba tan cerca del orgasmo que no me lo creía ni yo.

Empezaban las vacaciones y ese año parecía que no íbamos a ir a la playa mis padres y yo. Tenía solo 18 años y estaba dispuesta a comerme el mundo en esas vacaciones. De lo único que iba a disfrutar era de la piscina del hotel donde nos alojábamos ya que no había ni una sola playa cerca de allí.

Soy morena, de una estatura mediana y con unos pechos increíblemente grandes, cosa que notaba al ver todas las miradas en la piscina dirigidas a mi escote, pero era algo que había ido conmigo siempre, llamar la atención por eso.

Llegamos al hotel y mis padres se pusieron a colocar todo tipo de ropas, y etc. para pasar las vacaciones, y yo aburrida de estar allí tan solo 5 minutos después de llegar, cogí mi toalla y bajé a la piscina comunitaria. La verdad es que no había mucha gente pero a mi eso me daba igual, me tumbé bajo el sol y perdí el conocimiento.

El segundo día de estancia, volví a bajar muy pronto a la piscina, antes de que mis padres quisieran bajar. Llegué y volví a coger el mismo sitio que el día anterior, ese día estaba un poco más de gente por allí y muchos niños correteando y mojándome. Me ponía de los nervios, entonces mientras me echaba crema, vi que entró un grupito de 3 chicos, jóvenes, un poco mayores que yo, riéndose y colocaron sus toallas cerca de mi. Todos eran muy guapos pero sobre todo me llamó la atención el más morenito, alto y guapo. Sonreí y me acosté boca arriba.

Nos pasamos el día mirándonos, pillándonos el uno al otro, yo escuchaba mi iPod y él hablaba con sus amigos, sin parar de mirarme. Eran más de las 3 de la tarde, y mis padres se habían vuelto a subir a casa, no había casi nadie en la piscina, asique muy decidida desabroché la parte superior de mi bikini y me tumbé boca abajo para que cogiera color la espalda. Estaba calentita en parte por el sol y en parte por ese chico tan guapo que tenía cerca de mí. Siempre he tenido buena imaginación así que mientras estaba tumbada empecé a imaginarlo desnudo.

Bien entrada la tarde me desperté y vi que ya no había nadie en la piscina, solo mi toalla y yo… y ah! un papelito a mi lado donde ponía un nombre y un teléfono Sergio: 658945175 ¡Genial! Esto no me pasaba nunca, desde luego que era nuevo para mi, pero, ¿me atrevería a llamarle? No creo.

Los dos días siguiente, hice el mismo itinerario, bajar a la piscina todo el día y siempre aparecía Sergio, acompañado por alguno de sus amigos, pero nunca solo. Esa misma noche decidí que mientras mis padres se iban a dar el típico paseo por la ciudad, yo bajaría a escondidas a la piscina para disfrutar nadando por allí. Bajé, coloqué mi toalla y me desnudé. Me gustaba sentir el agua en mi piel, me metí directamente en el agua y empecé a nadar. Pocos minutos después estaba sentada en los escalones de la piscina todavía desnuda y vino a mi mente el chico guapo de todos los días. Sergio, empecé a ponerme caliente, me pasaba con facilidad y mi mano se movía sola por mi cuello y por todo mi cuerpo. Pero entonces escuché un ruido, paré en seco y me metí un poco más en la piscina con tal de que no me viera nadie.

Me asomé un poco por encima del bordillo de la piscina y le vi, Sergio estaba allí y miraba hacia todos los lados, buscando algo o simplemente quería hacer lo mismo que yo, nadar a escondidas. Pero Sergio dijo susurrando: ¿Chica? ¿Donde estás pequeña?  No sabía si se refería, a mí o a quien, pero asomé un poco más la cabeza por el bordillo para que me viera un poco.

– ¡Oh! Chica, estás aquí! Te he visto por la terraza, nadando y bueno pensé en bajar a hablar contigo, como no me has llamado. – Si… es que soy una chica tímida, y no sabía que decirte. Por cierto me llamo Rebe. – Encantado Rebe. ¿Te importaría salir aquí y sentarte conmigo?, así hablamos. – Me encantaría pero… prefiero estar aquí – No iba a salir desnuda frente a él.

– De acuerdo, entonces entraré yo. – No, no, de verdad – Pero era demasiado tarde, ya se había tirado con mucho cuidado para no hacer ruido, yo tapé como pude mi pecho y él se acercó con la mano estirada. – Encantadísimo – Y yo sin remedio estiré la mía para estrechársela y él aprovechó para atraerme hacia él y estar un poco más cerca. – Esto, me da un poco de vergüenza… pero… es que estoy desnuda.

Sergio abrió los ojos como platos, no se había dado cuenta en ningún momento de que estaba así, y se puso algo colorado, pero no sabía si de la vergüenza o de la excitación que le producía pensar que estaba desnuda, tan cerca de él. Bajó sus manos y de repente sacó su bañador por encima del agua y lo tiró fuera…

– Ya estamos a la par…

Eso me había vuelto loca, todavía no me creía que pudiera gustarle pero más todavía que le tuviera a tan pocos centímetros, desnudo. Estaba muy acalorada, pero me mojé la cara con agua de nuevo. Empecé a nadar en dirección contraria a la de él, pero me siguió por todos lados, nos reíamos y nos tirábamos agua jugando. El alzó sus brazos para cogerme y lo consiguió, me cogió por la cintura para atraparme y me empujó hacia atrás para que me apoyara en la pared de la piscina.

Nuestras caras estaban muy cerca y yo no dejaba de sonreír, mi corazón iba a mil por hora por la tensión de tenerlo allí. Entonces alzó su mano y acarició mi mandíbula y mi cuello, bajando por el brazo. Sin evitarlo cerré los ojos para sentir más intensamente su caricia. Sentía su respiración cerca mío hasta que mis labios y los suyos se rozaron, primero tímidamente y después apasionadamente. Era como si necesitáramos la respiración el uno del otro. Y sin evitarlo alcé mis piernas y le rodeé la cintura con ellas. El comenzó a besarme el cuello y a bajar lentamente.

En cuanto se encontró con mi pecho, paró un momento para admirarlo y seguidamente, pasó su pulgar por mi pezón quien reaccionó directamente con su tacto, lo mismo hizo el otro al contacto con su otro pulgar, seguidamente bajó su cabeza hacia allí para pasar su lengua por mis pezones, chupando el agua que los cubría y hasta pellizcándolos con los labios. Empezaba a cortarse mi respiración, no había sentido eso nunca con nadie. Sentí como entre sus piernas algo me golpeaba y se ponía duro. Eso me calentaba aun más por lo que me movía para frotarlo con mis piernas. El seguía allí con mis pechos en su boca y yo jadeando casi en susurros. Recuperó la compostura y me miró a la cara. Volvió a besarme y a tomarme con las manos en mi cintura para colocarme como quería.

Sentí como su polla estaba enorme y calentita a pesar del agua, y como la apoyaba en la entradita de mi coñito. Primero intentó meterme la puntita, despacito, gemí deseosa de tenerle dentro de mí, entero. La comenzó a meter más y más. El agua se movía conforme se movían nuestros cuerpos desnudos y calientes. Sin poder esperar más, la metió entera, provocando que por unos segundos dejara de respirar, al fin volví a controlar la situación y a moverme con él. Por cada embestida el agua se movía más y más.

– ¡Ah! Nena, como me pones…

Yo seguía moviéndome, haciéndolo cada vez más deprisa para sentir más su fuerza y su polla dentro de mí. No quería que terminara nunca, él volvió a coger mis pechos con sus manos y con su boca, me hacía sentir en una fantasía, rodeada de agua y siendo penetrada. Cada embestida me hacía llegar a lo más alto y estaba tan cerca del orgasmo que no me lo creía ni yo.

– Nene, dale más fuerte, estoy a punto de correrme. – ¡Oh! Espera, no te corras todavía. Espera…

Y despacito salió de mi y empezó a moverse para salir fuera de la piscina, desde allí me alzó las manos para que las cogiera y me sacó fuera de la piscina de un salto, me tomó por la cintura y me arrastró hacia una de las camillas. Me tumbó y se puso de rodillas a mi lado acariciando mis piernas. Las abrió con poca dificultad y hundió su cabeza entre ellas, con la lengua exploró todo mi coñito mojado por el agua y por mi misma. Lamiendo mi clítoris sin parar y metiendo la lengua entre mis labios.

Creí que me iba a otro mundo con cada lamida sin parar, incluso metiendo uno o dos dedos por mi coñito mientras lo lamía. No podía aguantar más y sin poder avisarle me corrí en su boca. Me quedé desplomada y vi como él se incorporaba y se relamía los labios…

– Me has vuelto loca. Creí que había muerto y llegado al cielo… – Todo lo que sea por una princesa… – Pues todo lo que sea por un príncipe…

Me incorporé mientras él estaba a mi lado y vi que todavía seguía empalmado, con mis manos le acerqué más a mí y puse una de ellas en su pene mientras le miraba, me encanta ver la cara de los tíos mientras juego con su polla. Empecé a menearla de arriba hacia abajo, mientras él cerraba los ojos.

Entonces saqué mi lengua y la puse en su puntita, que estaba ardiendo. La paseé por toda la punta mientras seguía acariciando su pene. Entonces la besé y abrí la boca para meterla allí, poco a poco iba metiéndola más y más, hasta que entró entera, la sacaba, acariciaba sus testículos y seguía chupándola.

A él se le habían debilitado las piernas, parecía que no iba a tenerse en pie y ponía su mano en mi cabeza, sin forzarla a hacer nada, ya que lo hacía todo por voluntad propia. Comenzó a gemir y eso me puso a mi más cachonda, aceleré el pulso y comencé a comérsela más rápido y más adentro todavía.

– Me voy… me voy a ir ya – Dijo entre susurros…

No paré de comérsela, y en un estado de shock, él se quedó quieto pero me inundó la boca con sus chorros calientes desbordándomela. Entonces como pudo se sentó en la camilla junto a mí, hizo que me tumbara encima suyo para después taparnos con la toalla. Quería que nuestro calor se guardara por más tiempo bajo la toalla.

Autora: yanik_rocker

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La clase de anatomía

La visión de la vagina de Ana, bajo su redondo trasero fue todo el estímulo que yo necesitaba. Le metí mi trozo de carne sin hacer daño. Mientras le aferraba las tetas y tenía una gloriosa vista de su culo, bombeaba una y otra vez, hasta que me corrí como si llevara una semana en vela. Entretanto, el conserje se había tendido en la camilla y las dos chicas se le habían encaramado encima.

Describir y explicar el funcionamiento de los órganos sexuales puede ser peligroso con alumnas cachondas…

Supongo que debería presentarme, pero discúlpenme si no lo hago. Si alguno de mis colegas del instituto se entera de lo que pasó la otra tarde, tendré muchos problemas, así que sólo seré “El Profe” en este relato.

Soy profesor, cierto, y doy clases a estudiantes de formación profesional en enfermería y ayudantes de laboratorio, entre otras especialidades. Me gusta sobre todo darle clases al grupo de auxiliares de enfermería, pues son todas chicas y no excesivamente jóvenes (la que menos tiene,  es 20 años). Este año me ha tocado un grupo pequeño, son 8 chicas de las que sólo tres asisten regularmente. Eso me ha sorprendido, pues no es frecuente que la dirección haga unos grupos tan reducidos, pero me viene de perlas, pues con un grupo tan pequeño las clases son muy relajadas y avanzamos muy deprisa en el temario. Y si de 8 chicas más de la mitad falte tanto, es algo normal, pues muchas están trabajando por la mañana.

Creo que olvidé decir que mis clases son por la tarde. A esas horas, el instituto está casi vacío, sin las locuras de los chicos de la mañana. Imaginen un edificio con 57 aulas, de las que sólo están ocupadas 5 por la tarde. Y a última hora del viernes, es frecuente que la única sea la mía…

El día en que pasó todo era precisamente un viernes. A última hora tocaba Anatomía, una asignatura realmente aburrida, con descripciones y más descripciones de órganos. A veces incluso es desagradable si las imágenes que tengo en las diapositivas son disecciones de cadáveres. Para la clase del viernes yo siempre he preferido buscar los temas más atractivos, y que no se lleven un mal recuerdo a casa para el fin de semana. Hay un tema que casi nunca he podido explicar por falta de tiempo, y es el de los órganos sexuales. En realidad, visto lo que me pasó, puede que ya sospechara lo que podía suceder… Pero esta vez, como ya dije, llevo el temario adelantado, así que pensé que bien podía dar ese tema. Discúlpenme, pero estoy tan nervioso… No me acordaba de que también tenía que hablar de las chicas. Sobre todo de las tres que siempre asisten. No puedo dar sus nombres reales, así que las llamaré Ana, Bea y Carmen.

Ana tiene, creo recordar, 21 años. Es morena, alta, de cara redonda y labios muy sensuales. Sus ojos son oscuros y tiene unas pestañas enormes que es como si te abanicaran cuando te mira fijamente (lo que hace muy a menudo cuando estoy explicando algo). También tiene unos pechos grandes, que no suele esconder pues prefiere las blusas escotadas. Además, suele llevar falda y se sienta en primera fila, así que ya pueden imaginar cómo me siento. Bea es rubia, pequeña, de cara ovalada y pelo corto. Usa gafas, así que no puedo describir sus ojos. La boca es pequeña, pero los labios son carnosos y ella los destaca más usando carmín de colores intensos. Sus pechos son más bien pequeños, pero muy bien proporcionados. Aunque no me fijo directamente en eso, por motivos evidentes, creo que aborrece el uso del sujetador. Suele vestir ropa muy ajustada, casi siempre pantalones.

Carmen se parece a la gitana de la ópera con ese nombre. Pelo negro, larguísimo, que suele llevar suelto. Ojos negros, con enormes pestañas. Boca sensual. No es demasiado alta y tiene un pecho muy generoso que no suele ser evidente, pues prefiere usar suéteres holgados con pantalones vaqueros. Por su estrecha cintura y sus caderas, yo diría que no está muy lejos del clásico 90-60-90.

Bien, vuelvo a la tarde del viernes. Heme allí con las tres chicas y mis diapositivas preparadas. Primero paso lista y tomo nota de las que faltan, luego empiezo a explicar el tema. Noto alguna mirada de complicidad entre ellas, pero no le doy importancia, como hago siempre. Ni siquiera había notado que Carmen llevaba falda, algo rarísimo en ella; también Bea se había puesto una falda corta.

En una ocasión en la que estaba escribiendo en la pizarra, al darme la vuelta sorprendí un movimiento de Bea, que estaba descruzando las piernas. Juraría que… no, es imposible… Volví a escribir otra cosa en la pizarra y a darme la vuelta, ¡otra vez estaba moviendo las piernas! Y lo hizo tan despacio que esta vez no tuve dudas: ¡no tenía bragas! Bueno, tragué saliva y seguí con la clase. Traté de mostrarme lo más profesional posible: no era la primera vez que una alumna intentaba seducirme, siempre sin éxito. Más de una ha creído que podía compensar una nota baja si me ofrecía su cuerpo, incluso hay quien lo ha dicho claramente, pero yo lo tengo claro: no quiero problemas con las alumnas.

Cada vez que escribía algo y me volteaba para comentarlo, podía verle el pubis, con los rizos claros. Y entonces comprobé que no era la única. Ana también hacía juegos con las piernas, y en uno de esos vi los mechones negros de su pubis. Incluso Carmen hacía lo mismo, ¡juraría que lo tenía afeitado! Yo estaba cada vez más nervioso, así que decidí dejarme de explicaciones y pasar a las diapositivas. ¡Había olvidado cuál era el tema que estaba tratando, y qué diapositivas había elegido! De lo contrario, nunca se me habría ocurrido poner aquellas imágenes a unas chicas tan cachondas.

Empecé con las imágenes. Primero, órganos sexuales femeninos y masculinos. No se trataba de cortes o disecciones, sino de imágenes de personas vivas. Cuando vi las primeras diapositivas de vaginas sentí un calor que me subía por la espalda. Por suerte había apagado las luces, porque seguro que me puse rojo de vergüenza. No dejaba de asociar aquellas imágenes con lo que le había visto a las tres chicas. Ellas cuchicheaban entre sí.

Luego pasé a las imágenes del órgano masculino. Aquí, ellas lanzaron exclamaciones de sorpresa, incluso algún comentario soez. Sobre todo cuando apareció un soberbio miembro masculino mostrando los mecanismos de la erección. Oí algún ruido de movimientos… Lamenté no tener más imágenes. Estaba muy nervioso y no sabía cómo continuar. Encendí las luces y me entretuve desmontando el proyector. Es entonces cuando Bea dice:

-Profe, ¿no tiene imágenes de los órganos sexuales secundarios? -Pues no, ¿por qué lo dices? Puedo ir a buscar algunas a mi despacho… – ¿Para ver tetas? ¡No gracias! Lo digo porque tal vez usted quiera ver las nuestras…

Y mientras decía esto, se levantó la blusa. Ciertamente, no llevaba sujetador. Sus pechos eran redondos y los pezones muy marcados en medio de una aureola oscura. Traté de seguirle la corriente y me acerqué lo más serio posible.

-Bueno, veamos. Aquí tenemos un par de senos femeninos. Podemos observar su forma redondeada. Aquí se sitúan las glándulas mamarias que desembocan por los canales lactíferos en el pezón, que como pueden apreciar es netamente hipermelánico.

Mientras decía todo esto, la tocaba. Trataba de hacerlo de forma fría, pero me resultaba imposible. Ella suspiraba bajo mi tacto y yo sentía el miembro viril tieso, que tenía que notarse en mi pantalón. De hecho, creo que las otras dos apenas miraban lo que estaba mostrando, sus ojos estaban algo más bajos, hacia mi entrepierna. Entonces, Ana se levantó la blusa y se soltó el sujetador rosa que llevaba.

-Profe, ¡mire mis senos! Y Carmen hizo lo mismo: se sacó la blusa sobre la cabeza y desabrochó un corpiño blanco. – ¡Y los míos! Bea, siempre la más atrevida, dijo a continuación: -También deberíamos ver el miembro del profe. Parece presentar un buen ejemplo de erección.

Y antes de que yo me diera cuenta, ella estaba manipulando mis pantalones. Cuando liberó mi verga, soltó una exclamación.

– ¡Madre mía! ¡Vaya ejemplar! Las otras dos chicas se habían levantado sus faldas y se tocaban sin ningún disimulo. Bea cogió mi polla erecta y empezó a chuparla.

Yo no podía resistirme. Acerqué mi mano a la entrepierna de la chica y lo noté húmedo y caliente. Con la otra mano aferré uno de sus diminutos senos, comprobando que cabía perfectamente en mi mano. Estuve así un par de minutos, hasta que la sensatez volvió a mi cabeza. Decidí agarrar el toro por los cuernos. Seguiría con la clase…

-Bueno, ahora vamos a ver las técnicas de estimulación sexual. Lo que está haciendo Bea es una forma de estimular al varón, pero ahora yo quiero mostrarles a ustedes cómo explotar la sensibilidad cutánea femenina. Bea, por favor atiende. Carmen, ¿no te importa servir de modelo? – ¡Claro que no, profe! ¿Qué debo hacer? -Simplemente tiéndete aquí.

No lo había dicho, pero en el aula hay una camilla que se usa en diversas clases. En ella se tendió Carmen boca arriba. Yo era muy consciente de sus enormes pechos y de su pubis depilado, pero guardé la compostura.

-Supongo que ustedes sabrán que el cuerpo femenino tiene gran número de zonas erógenas repartidas por toda la piel. Por eso una buena estimulación se puede lograr mediante el tacto. Podemos, por ejemplo, tocar aquí…

Empecé a acariciarle los pies. Lo hice muy despacio para que ella apreciara toda la intensidad del contacto, y para que sus compañeras comprobaran el efecto. Acompañé mis caricias con la lengua. Uno a uno, fui chupando todos sus dedos, mientras acariciaba los tobillos. De esa forma fui avanzando por ambas piernas, usando ambas manos y la lengua. Carmen se estremecía de placer…

Cuando llegué a la parte superior de los muslos, me quedé en el exterior de los mismos, y seguí subiendo por las caderas hasta los brazos. Sin perder el contacto, llegué hasta las manos y repetí el tratamiento con la lengua. Fui desplazando mi contacto por ambos brazos hasta llegar a los hombros. Entonces pasé a la cabeza. Le acaricié el cabello, la frente, los párpados, la nariz. Le chupé los lóbulos de las orejas, luego repasé sus labios con mis dedos. Esta vez puse mis labios sobre los suyos y le di un beso profundo. Ella mantuvo su boca abierta y me dejó meterle la lengua, que recorrió todo el interior de su boca.

Entretanto, mis manos habían recorrido su cuello y llegado a los senos. Los acaricié mientras separaba mis labios de los suyos, y mi boca seguía a mis manos hasta llegar a los pezones. Siempre me ha gustado imitar a los niños de pecho, y aquí tenía una buena oportunidad, así que no la desperdicié. Chupé y chupé con fuerza como si esperara que de un momento a otro surgiera la leche materna. Tanto Ana como Bea pudieron comprobar cómo Carmen lograba un par de orgasmos sin siquiera tocarle la zona genital. Aunque creo que Ana también tuvo su propio orgasmo, esta vez gracias a la acción de su mano en los genitales.

Entretanto, yo reanudé mi recorrido por el cuerpo de Carmen. Seguí bajando hasta llegar a la flor húmeda, caliente y abierta situada entre las piernas. Tenía la piel suave, ¡se había afeitado hacía muy poco tiempo! Esta vez introduje mi lengua entre los pliegues de sus labios inferiores. Notaba el sabor salado de sus jugos. También notaba el clítoris tieso como si de un diminuto pene se tratara. Ella no cesaba de estremecerse de placer. Al fin me decidí a dar el siguiente paso.

-Bien, creo que ahora ya está suficientemente estimulada para proceder a la penetración. Observen como el pene se introduce en la vagina, que está perfectamente lubricada y dispuesta para la operación.

Mientras decía lo anterior, aferré mi verga y la acerqué al caliente agujero. Entró como una llave en la cerradura perfectamente lubricada.

-Para continuar con la estimulación, se suelen hacer movimientos de vaivén como éstos que estoy haciendo… hasta que se alcanza la meseta orgásmica en la mujer y se produce la eyaculación en el hombre.

Ni Ana ni Bea me hacían caso. Se estaban besando y tocando muy íntimamente. La visión tortillera me estimuló aún más y me derramé dentro de la chica. Ella gemía y se estremecía como si le fuera la vida en ello. En ese preciso momento, se abrió la puerta y entró un hombre. ¡Me había olvidado del conserje! -Perdonen, pero hace una hora que terminaron las clases y… Al ver el espectáculo, se quedó con la boca abierta. Yo saqué mi miembro de Carmen e iba a decir algo, cuando Ana se le acercó al conserje y le dijo:

– ¡Qué oportuno! El profe necesita refuerzos, creo.

Y diciendo esto le puso la mano en el paquete. De inmediato empezó a manipular la bragueta. Bea le echó una mano y en un periquete estaba el hombre desnudo, con las dos chicas jugueteando con sus testículos y su pene. Entretanto, Carmen se dedicaba a reanimar mi exhausto miembro, usando su boca de una forma muy experta. Pero yo quería cambiar de tercio, así que la dejé con un beso y me acerqué a Ana. Carmen relevó a Ana en el trabajo con el conserje. Y Ana se quedó conmigo.

Yo estaba cansado, pero siempre había tenido ganas de follarme a Ana. ¡Eran demasiados días de tener que conformarme con unas pajas al salir de clase! Ya tenía de nuevo el miembro a punto así que casi sin esperar le dije que se pusiera en cuatro patas. La visión de su vagina bajo su redondo trasero fue todo el estímulo que yo necesitaba. Le metí mi trozo de carne con fuerza, pero sin hacer daño pues ella estaba más que dispuesta. Mientras le aferraba las tetas y tenía una gloriosa vista de su culo, bombeaba una y otra vez, hasta que me corrí como si llevara una semana en vela.

Entretanto, el conserje se había tendido en la camilla y las dos chicas se le habían encaramado encima. Bea se montó encima de su polla mientras que Carmen colocó sus piernas sobre la cara del chico, para que le lamiera las interioridades. Además, las dos chicas no estaban conformes con eso y se tocaban y besaban con profusión.

Aproveché que Carmen y Bea iban a intercambiar sus posiciones, para llevarme a Bea y dejar que Ana la sustituyera en la boca del conserje. Me senté en una silla y Bea se sentó sobre mí, clavándose mi pene hasta lo más profundo de su vagina. Me daba la espalda, así que le aferré los diminutos senos y la dejé que ella llevara todo el esfuerzo de la estimulación. Como buena amazona, al poco estaba gimiendo de placer y yo sentía que las fuerzas volvían a mi sufrido miembro. Parecía imposible, pero aún me quedaba semen por verter en un último orgasmo.

A todo esto, el conserje prefería hacer como en las películas porno, y se masturbó frente a las dos chicas, llenándoles la cara con su leche. Bien… sin decir palabra, el hombre se vistió. Yo también me vestí mientras las tres chicas iban un rato al baño a lavarse y vestirse. Volvieron pronto y el conserje dijo, simplemente:

-Es hora de cerrar el kiosco.

Salimos del edificio en silencio, el último él y cerró la puerta…

Autor: fmdg23

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