Quiero ser putita – Camille – I – La verga de manuel me hace hembrita

Nunca había sido realmente gay; sí, desde que recuerdo había estado obsesionado con la ropa de mujer, la idea de verme envuelto en un vestido, o desfilar en un par de tacos altos, pero nunca me había imaginado teniendo sexo con un hombre. Me había considerado una suerte de lesbiana.

Sin embargo en aquel momento, cuando mi amigo Manuel me confesó que era gay, vi resuelta mi fantasía más íntima.  Estaba cansado de los momentos cargados de nervios y adrenalina en los que me colaba al cuarto de mi madre y rebuscaba entre su ropero.  Solía entrar en puntillas mientras la familia almorzaba y volvía corriendo a mi cuarto con varias prendas y zapatos en los brazos. Me metía en mi cuarto y me probaba las botas de cuero negro con felpudo blanco en el tobillo y taco de trece centímetros que comía con mis ojos cada vez que los usaba mi madre. Me ponía una bombachita rosa donde apretujaba mi erección monumental, y algún vestido diferente cada día se ajustaba en mi cuerpo como una delicia. Siempre había tenido un buen culo, y si bien no era flaco, tenía espalda estrecha y gran parte de mi grasa se me juntaba en los pechos, que apretujaba y levantaba con un corpiño de licra negra sobre otro blanco que me hacía una delicia de escote.

Luego de modelar un poco frente al espejo, y sentarme a fumar con las piernas cruzadas y el vestido enseñando cada vez más de mi culo, me sentaba en el suelo frente al espejo y comenzaba a pajearme furiosamente hasta acabar tirado.  Luego devolvía todo disimuladamente y volví a mi cuarto a pajearme con lo que acababa de pasar.

Por eso lo había invitado a mi casa. Tenía la esperanza de poder convencerlo…

– Manuel… – le dije, pensando que si elegía bien las siguientes palabras podría salir cumpliendo mi fantasía…- yo también tengo algo que decirte…

Manuel río y me miró

– Ya sé…

-¿Qué sabés?

– Lo que me vas a decir…

– ¿Que te voy a decir?

– Que te gusta vestirte de mujer.

Lo miré con horror, las cosas se me habían ido de control; me miraba casi con lástima.

– ¿Como sabés?

– Vi unas fotos tuyas – dijo con  un brillo extraño en la mirada – las que le pasaste a Catalina – enmudecí de espanto; hacia unas semanas me había sacado unas fotos muy provocativas con un vestidito rojo que tapaba apenas el culo en pompa que ofrecía con ganas a la cámara. Me había puesto las botas negras de siempre y unas calzas floreadas que había comprado mi madre en un rapto de modernidad, que me agrandaban aún más el culo y torneaban mis piernas.

– Las vimos todos, bah – dijo Manuel, mis ojos abriendose de horror – tenés un culito precioso – me dijo acercandose a mí  – ¿Por qué me lo contás? ¿Que buscas?

El estomago me daba vueltas; no podía creer lo que estaba pasando, los labios de Manuel se apretaban contra los míos y mi verga se endurecía más y más; me puso una mano en el culo y la deslizó lentamente por mi pierna mientras su lengua se introducía con violencia en mi boca. Totalmente fuera de mí lo tome de la nuca y lo apreté como pude contra mi cuerpo. Me agarró de la mano y la llevo a su bulto, que comencé a masajear con ganas mientras pasaba mis manos por su gran espalda. Se levantó de la silla y se me acerco mientras se desabrochaba el pantalon. Su pija salto afuera y se ladeo hacia un costado mientras Manuel me miraba expectante. La tomé con una mano y comencé a pajearlo con ganas, pero derrepente visualizé la escena desde el exterior y me llene de angustia. Paré. Me levanté y trate de salir, pero él me detuvo.

-¿Que te pasa linda? – me preguntó Manuel – Dale, no me dejes así… haceme un favor por lo menos… después nada más si no querés… – me agarro de la cadera y me acercó – el beso te gusto… – me comenzó  a dar picos, yo perdía el control y trataba de alejarlo , pero mis manos se encontraban con sus pectorales de piedra y comenzaba a abrazarme a su cuerpo mientras el franeleaba su verga contra mi estómago. Sin embargo no podía sacarme la idea de que lo que estaba haciendo era desagradable; no me calentaban dos tipos peludos cojiendo, mucho menos Manuel… no era esto lo que había intentado hacer.

– Esperá – le dije entre besos, cuando su mano se intentaba colar a mi culo.  – Quiero que me cojas como nena…

– ¿Como nena?

– Sii – le dí un beso yo y comencé a sentirme con confianza nuevamente. Tenía el control de todo.

– Dale… vamos al cuarto de mi vieja- le dije, pero se lo veía algo indeciso.

Le di otro beso y lo tomé de la pija, por la que lo llevé mientras lo pajaeba al cuarto de mi madre. Movía el culo con ganas, sintiendo como su mirada me quemaba y me desvestía con furia.

Entramos y abrí el placard de par en par. Me encantaba tener todo eso para mí solo, y estar ahí con alguien que podía y quería hacerme mujer me excitaba demasiado, podía sentir mi pija a punto de explotar. Le dije que se sentara en la cama a ver el televisor, y que no espiara mientras yo me preparaba.

Tomé mi usual bombachita rosa, y acomodé mi pija con fuerza ahí adentro, estaba completamente roja y un hilillo de semen colgaba de ahí. Me puse unas calzas negras que se apretaron en mis piernas dándoles un aspecto torneado, y unas altisimas sandalias de taco de corcho con tiras negras que envolvían mi pie levantaron mi culo respingón. Me puse un corpiño de copa y lo rellene con unas medias. Luego me puse un vestido de cama negro con volados que salían del escote y cortaba mi muslo unos centimetros antes de mi culo grande y esbelto, que sobresalía por debajo y pedía pija a gritos, pensé, mientras sentía mi verga escapar de la bombacha.

La acomodé como pude y Manuel me pidió que me apurara, con un dejo de irritación en su voz.

Me puse varios anillos plateados en los dedos, y le pedí que me diera cinco minutos más, mientras me delineaba los ojos y me ponía un piercing falso en la nariz. Me pinté las uñas de las manos de  rojo; las de los pies las llevaba siempre pintadas.

Me pinté los labios, y me miré al espejo; me devolvía la mirada una puta de rizos negros que caían sobre uno de sus ojos; estos brillaban con la calentura extrema que me producía estar vestida así, con los hombros echados hacia atrás y un par de tetas que apretaba con las manos llenas de anillos y los labios pintados de un rojo infernal que quería ya mismo recorrer la pija que sabía tenía a unos pocos metros hinchandose cada vez más. Mi cadera se ensanchaba en el comienzo de unas calzas que acentuaban la poca forma que tenían mis piernas y me daban un aspecto hipersensual que terminaban de definir las sandalias; mis uñas pintadas del mismo rojo apretujadas bajo una tira negra. Besé mi reflejo y le pedí a Manuel que se diera vuelta.

Sus ojos se abrieron al verme parada vestida así, con un pie flexionado y el otro contrastando su femenidad contra la pared blanca; se acomodó en la cama alargando los brazos llamándome y yo caminé hacia él haciendo mi mayor esfuerzo por mover el culo mientras lo hacía.

-Si putita, que rica que sos… – me dijo mientras me trepaba a la cama. Mis ojos y mente estaba perdida mirando mis pies y mis zapatos, él besandome el cuello – voy a romperte todo ese culito que tenes mi amor – no podía creer que fuera yo; que yo fuera la putita a la que Manuel le decía todo eso; la putita que sentía el roce sensual de la calza en sus piernas, la mano de Manuel recorriendo su espalda, la seda del vestido acariciando su piel con suavidad, la bombacha desapareciendo en la raya de su culo.

Su mano se fijó en mi culo y comenzó a masajearlo mientras su lengua se internaba en mi boca, su otra mano hacia las delicias apretando mis tetas; un fuego me iba recorriendo y dando valor. Me sentía increible. Lo separé un poco de mi boca y le arranqué como pude la remera, mientras apoyaba cada centimetro de mi piel sobre su cuerpo de marmol. Pasé mis uñas por su pecho y lo empuje de espaldas a la cama en un beso apasionado. Podía sentir su bulto latiendo contra mi pierna, y sus manos se deslizaban por mis piernas dandome un escalofrió de gusto. Tome su pija con mi mano y comencé a pajearla lentamente, mientras le mordía suavemente los labios y apretaba el bicep del mismo brazo con el que él me tocaba el ano a través de la calza.

Comencé a subir la velocidad de la paja y sentí sus manos soltar mi culo, me agarró con fuerza del brazo y me empujó bruscamente hacía abajo;  hacia lo que yo también quería, así que, sin dejar de pajearlo le besé el cuello, el pecho, la tetilla, los abdominales, y finalmente estaba ahí. Me detuve y él me dió el último empujón; me choqué torpemente con su pija en mi cara, estaba caliente y parecía a punto de estallar, la comencé a pajear con una mano mientras le chupaba la punta, pasando la lengua por todo el borde y la raya. Luego la metí en mi boca y ayudado por mi mano me dediqué a pajearlo, movimendo con dificultad mi lengua dentro, tratando de abarcar todo lo que podía.

Él se arrodilló y yo me sujete como pude de su muslo mientras le hacía la mamada de mi vida. Me corrió el pelo de la cara y me empezó a dar un ritmo, mientras yo, acostada luchaba por no atragantarme con ese pedazo de verga. Mi propia pija comenzó a pararse con esto, y yo la deje crecer y estremecerse con cada relamida que le daba.

– Como te gusta la pija putita

Me volvía loca sentir esa barra de carne caliente metida en mi boca, cubriendose de mi saliva, haciendo las delicias de mi lengua; el gustito salado me ponía a mil.

Me acomodé como pude y empecé a aumentar el ritmo, comiendome frenéticamente esa pija, una y otra vez el pedazo de verga entrando a mi boca.  La quité y la besé con ganas, llevé mi lengua por toda la vena gordota que tenía y empecé a chuparle los huevos, mientras llevaba mis manos a sus biceps. El los trabó, y me volví loca con la situación. Allí estaba yo, atragandome con un pedazo de verga, sujetandome de los brazos marcados de mi amigo; calentandome con ellos, me estaban volviendo loca; quería sentir esa viliridad dentro mío.

Me dí vuelta y le enseñé el culo, bajandome la calza y la bombacha

– No te perdés de nada vos eh…. – dijo poniendo inmediatamente ambas manos en mi culo. Comenzó a masajearmelo mientras yo lo movía con ganas

-Dale papito metemela…. – le decía, el pasando sus dedos llenos de saliva por mi ano. Metió uno y empezó a moverlo dentro…

-Apa putita, acá entran dos! – me dijo sorprendido, yo comencé a pajearme mientras me reía: era verdad, solía meterme un dedo cuando las cosas se ponían muy calientes; cuando mi madre compraba nueva ropa o especialmente si sus amantes lo hacían. Había usado dos esa tarde, por primera vez, pensando en lo que le haría sentir Manuel.

Metió dos dedos que entraron dificilmente y los movió un poco en circulos antes de meterlos y sacarlos con cada vez más ritmo, yo me pajeaba con velocidad mientras le gritaba que por favor me la pusiera. Me hizo soltar mi pija, y tiró de mi pelo mientras su pija entraba finalmente a mi culo. Un escalofrío recorrió mi espalda y un dolor intenso me cubrió, pero antes de que pudiera hacer ni decir nada su pija entraba más y más, mientras él tiraba de mi cabeza para atrás. Derrepente me soltó, y mi cabeza cayó para encontrarse frente a un espejo que mostraba a una puta subida en cuatro patas a la cama, con la cara más lasciva que había visto nunca, la pija parada y chorreando un hilillo de semen, Manuel pegado detrás suyo, comenzando con las estocadas.

La vista se me ponía en blanco cada vez que me culeaba, y el dolor fue remplazado por un intenso placer que lo abarcaba todo. Los brazos me flaqueaban en la posición y mantenía la vista en mis uñas mientras iba acomodandome al hormigueo intenso que me llenaba. Nunca me había sentido mejor en mi vida. El placer me inundaba, mientras el me cojia con fuerza, sus huevos chocando con ritmo contra mi culo.

– Más fuerte! – le gritaba, queriendo más y más de aquello tan rico que llenaba cada espacio de mi cuerpo. Me dí vuelta irritada y lo tiré contra la cama, levante mis huevos y me senté decidida sobre su verga, que entró entera en una sola estocada. El placer nublo mi vista, y apoyando mis manos sobre sus pectorales, comencé a cabalgarlo con fuerza. Poco a poco fui entrando en velocidad, y gritando de placer mientras Manuel me hacía la paja.

– Me vengo me vengo – le dije mientras acababa sobre su abdomen, él entonces me soltó la pija y me levantó; se arrodilló y puso mis piernas en sus hombros. Me sacó los tacos y yo comencé a acariciar su cara con mi pies, el me tomó de la cadera y empezó a cojerme a fuertes estocadas. Lleve una mano a sus huevos y los masajee como pude. El ritmo fue subiendo y la calentura volviendo a subir, le tomé del culo con ambas manos y empecé a guiar las estocadas, mientras le gritaba que fuera más y más fuerte.

De pronto se detuvo y sacó la pija venosa y roja, me abalancé sobre ella y me la metí entera en la boca, la saqué y empecé a pasarmela por la cara mientras lo pajeaba, cada vez más grande y latiendo más y más bajo mis anillos. Finalmente explotó y un chorro caliente cubrió mi cara, saqué la lengua y me relamí la que tenía en los labios.  Después chupe toda la que quedaba en la punta: su lechita era salada y rica, un justo postre para mi nuevo apetito.

Manuel se recostó en la cama y comenzó a acariciarme el pelo mientras yo fumaba y sujetaba su verga en mi mano.

-…vas a ser mi novia… – decía Manuel ahora. Pff. Que me importaba Manuel, así como Manuel podía ser cualquiera… Me encantaba esa barra de carne. Le dí un beso y no pude resistir metermela nuevamente a la boca.

Acá termina el primer capítulo; me encantaría escuchar su opinión o conocerl@s! Escribanme

Besos, Camille !

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