De amor platónico a cogidas reales

Rocé con la lengua la vagina y la empecé a separar para meterme en ella, metí y saqué mi lengua, después separé tus nalgas y puse la punta de mi lengua en la entrada de tu delicado culo, lo empecé a lamer despacito, luego endurecí la lengua y traté de penetrarlo con ella, estoy seguro que logré introducir la puntita, mientras por debajo de tu cuerpo metí mi mano y puse los dedos en tu boca.

Esta historia es cierta, el encuentro no se ha dado, pero el día que suceda se los voy a compartir como lo hice con este.

Tú y yo, nos convertimos en amantes platónicos desde tu juventud y mi madurez, nos buscábamos para amarnos con la mirada, solamente con la mirada. La idea de amarnos se nos ocurrió a los dos. Siempre he pensado que los amantes platónicos deben conservar intactos todos sus deseos si quieren que el embrujo que los une, los mantenga así por toda la eternidad. A ti la idea (estoy seguro) te pareció completamente fantasiosa, irreal, inapropiada quizás, pues eras una mujer casada, pero aceptaste porque querías sentir, yo también era casado, pero tampoco podía permitirme el lujo de no explotar al máximo mis sensaciones. Ahora tú tienes 35 y yo 50, pero queremos dejar de ser platónicos para convertirlo en realidad. Recuerdo que fue un lunes cuando pedí tu correo a alguien muy querido para los dos, después pasó un año y un mucho más, donde sólo eran correos amistosos, declaraciones, fantasías, compartir recuerdos de lo que pudo haber sido lo nuestro, que si tú, que si yo, hasta narrarnos posibles encuentros sexuales entre los dos. Recuerdo que un día me escribiste:

Lo primero que voy a hacer cuando te vuelva a ver  es poner música: después me gustaría besarte, y besarte y besarte mucho, sólo la boca por mucho tiempo hasta que te duelan los labios, imagino que tú mientras yo hago esto estarás acariciándome toda:  las piernas, nalgas, senos, vagina, pelo, etc. para entonces ya debo de estar súper mojada y lista para que me penetres, pero no, todavía no, antes  voy a recorrerte con mi lengua, cada pedacito de ti de tu piel, quiero empezar por las orejas, te estoy metiendo la lengua y tú te estremeces, de ahí me bajo lentamente al cuello, te lo beso, lo chupo y lo muerdo muy suavemente para no dejarte marcas, me pides que ya deje que me metas toda la verga (que para entonces ya está de lo más parada que jamás he visto y chorreando por mí), pero no aún no papito.

La música es cada vez más suave, estamos escuchando algo de lo que tú cantas y tu voz se pierde con los gemidos que emites por tanto placer, estoy en tu pecho, te hago cosquillas con mis dedos, pero mi boca y mi lengua no te sueltan sigo bajando ( ya estoy muy mojada porque siento tus dedos dentro de mi vagina jugueteando con ella ), y hago una pausa para volver a tu boca, que me hace cosquillas con esa barba de candado que tienes, al oído te repito cuanto te amo, y te deseo, me bajo repentinamente a la verga sabe a… no se a que sabe, pero es tuyo, tu semen que se ha salido poquito porque está ya deseándome.

Voy por las orillas de tu miembro, parado increíblemente, lo deseo, quiero que me claves con el, primero suavemente y después bruscamente, ¡pero no! Me aguanto un poco más y entonces voy por detrás de ti, tú me jalas porque ya quieres meterme toda tu hermosa verga hasta el fondo de mí y admito que yo también la deseo, la necesito, la quiero, pero todavía no, me falta disfrutarte más, te volteo y… ¡Ooohhhhh! ¿Qué tengo ahí?  Todo tu hermoso cuerpo, me incorporo y vuelvo a tu nuca, primero te beso el pelo y después con la lengua, recorro cada parte de tu nuca, me voy bajando, y con mis manos te alcanzo la verga que está bien parada y chorreando, sigo así, te muerdo con suavidad las nalgas tan paradas que tienes, sigo con mis manos ocupadas, sólo tengo la boca, chupándote, lamiéndote cada poro de tu piel, justo en ese instante llego a tu ano, retiro mis manos  sólo por un instante de tu verga, para separar un poco tus dos lindas nalgas y cuando ya están empiezo a deslizar mi lengua por tu hermoso culito, lo acaricio con ella lentamente.

Escucho tus lamentos y eso me excita cada vez más, me pides entre murmullos que ya, entonces dejo lo que estoy haciendo y recorro tus piernas por atrás hasta llegar a los pies, son tan lindos y suaves, te chupo cada dedo, uno por uno, te vas volteando ya no resisto más y me subo rápidamente para mamarte la exquisita verga que tengo ante mí, te chupo mucho por todos lados, por supuesto los huevos no los puedo dejar de lamer y acariciar con mi boca, los muerdo suavecito. Mi amor ya no puedo más estoy mojada y mucho, me acuesto lentamente esperando para que te subas en mí y me la metas toda, pero ahora tú eres el malo, me castigas, me pasas la verga por mis senos que aunque son pequeños están firmes y en su lugar, los pezones están a punto de reventar porque quieren ser besados por ti y como si me leyeras el pensamiento te abalanzas sobre de ellos, te pido que ya me cojas, que me metas tu jugosa lanza en mi cueva del amor, pero no sigues haciéndome sufrir, te bajas lentamente besando mi vientre, te detienes en el ombligo y llegas a mi zorra que esta chorreando porque ya te quiere, te desea, metes tu lengua y te digo: “no mi amor porque te voy a llenar todo de mis jugos, de mi lechita caliente”, pero no te importa sigues ahí metiendo una y otra vez la lengua, tu barba está empapada de la miel que derrama mi cocho, pero no te importa, “ya no puedo máaaas” te grito, te suplico que ya no más,  que ya quiero que me metas toda tu verga…

Entonces se me ocurrió escribirte una fantasía y empecé por decirte que…

Que fue un día viernes cuando hice el viaje ex profeso hasta la ciudad donde vives, sabía la dirección de tu trabajo, de tu casa, eran las nueve de la mañana cuando me planté ante tu jefa y pregunté por ti, le dije que era un pariente lejano y que me urgía verte porque un familiar mutuo había muerto y pues quería notificarte, atentamente me condujo hasta tu privado y me dijo que tomáramos el tiempo que fuera necesario dada la importancia de la noticia, te quedaste muda, un color te subía y otro te bajaba llevabas puesto un hermoso traje sastre color gris oscuro, una blusa de seda blanca, medias, unos delicados zapatos negros cerrados, tu pelo estaba recogido y tu maquillaje era perfecto, te veías como una auténtica diosa  y preguntaste más con preocupación que alegría “¿qué haces aquí? Mi marido no tarda en venir por unos documentos que quedé de entregarle”. Te contesté “vine a verte, pero si soy inoportuno me voy y listo”. “No mi amor” respondiste “es que no me puedo reponer de la sorpresa, pero pasa siéntate y platícame cómo fue que se te ocurrió”. Haciendo una pausa ya pensando en salir de esa oficina y volver mis pasos sin conseguir ni un beso. “Pues simplemente decidí hacerlo, era mucho desearlo, platicarlo y creí que te iba a gustar la idea, pero veo que no”.

Como única respuesta te levantaste de tu sillón te dirigiste a mí y tras posar tus ojos en los míos me diste el más romántico, largo y amoroso beso que haya recibido jamás y me dijiste al oído “deseaba tanto este momento mi amor” y desabrochándote la blusa musitaste “ámame ya veré que hago cuando llegue mi marido”. Acto seguido subiste tu falda hasta la cintura y te montaste en mí, recuerdo que traías una tanga pulcramente blanca, de seda con encaje, me tomaste del cabello y me besaste apasionadamente, interminablemente, la boca, el cuello mientras me decías: “mi amor te amo, por fin vas a ser mío, ámame, te necesitoooo”. Me desabrochaste la camisa y hundiste tu cara en mi pecho, chupaste mis tetillas que estaban erectas por tu pasión desbordada y en un gesto de atrevimiento tomaste mis manos y las guiaste hacia tus pechos y tu sexo y me dijiste: “esta soy yo y soy tuya, tócame, acaríciame, siénteme”.

En ese instante te levantaste acomodaste tu ropa y te dirigiste hasta la puerta y le dijiste a tu asistente: “por favor no me molesten cuando venga mi marido que me espere y me llamas por el interfono”. Entraste, pusiste el seguro de la puerta y volviste a regalarme unos largos y dulces besos mientras tus manos bajaban el cierre de mis pantalones y me hacían brotar la verga totalmente erecta, me la empezaste a acariciar mientras emitías unos gemidos de aprobación, cuando por fin lograste separar tus labios de los míos y echando una ojeada a mi instrumento susurraste: “mi amor que rica la tienes, está hermosa, ¿me dejas mamártela?

Aún no terminabas la frase cuando ya le estabas propinando unas tremendas lengüeteadas de abajo hacia arriba como si se tratara de una dulce paleta, después abriste la boca y te la metiste toda, hasta el fondo y con la lengua dibujabas círculos que me hacían vibrar de placer, haciendo una pausa te retiraste y con un gesto de coquetería me llevaste hasta tu escritorio y haciendo a un lado tus papeles te subiste y acomodaste con tus codos y tus rodillas de forma tal que me diste una tremenda vista de tus nalgas y tu cocho, entonces abriste las piernas y empezaste a pasar tus dedos por los labios de tu vagina y tu delicado ano, recuerdo que empecé a subir por tus piernas hasta tus nalgas y al ir hacia el centro me encontré a placer tu cocho húmedo, rosado y tu precioso cerrado y palpitante ano, no pude más y me dirigí a ellos con decisión, rocé con la lengua la vagina y la empecé a separar para meterme en ella, metí y saqué mi lengua al ritmo que el vaivén de tu cadera me indicaba, después separé tus nalgas y puse la punta de mi lengua en la entrada de tu delicado culo, lo empecé a lamer despacito, luego endurecí la lengua y traté de penetrarlo con ella, estoy seguro que logré introducir la puntita, mientras por debajo de tu cuerpo metí mi mano y puse los dedos en tu boca, como si supieras que iba a hacer, los empezaste a lamer y dejar bien llenos de saliva.

Entonces me bajé otra vez a tu cocho y empecé a estimular tu culito con mis dedos, en ese momento me dijiste emocionada “mmm que rico” y sin más te seguí estimulando y acariciando suave y delicadamente, lanzaste un suspiro y te incorporaste, me miraste dulcemente y me dijiste, – no creí que fuera a hacer esto nunca y menos aquí. Te respondí: “¿quieres que paremos? ¿Te arrepientes?  Sonreíste, me tomaste de la mano me sentaste otra vez en la silla, te sacaste la tanga la metiste en la bolsa de mi chamarra te montaste sobre mí, te colocaste justo arriba de mi verga, la sentiste y fue entonces que al momento de sentarte y clavarte toda en ella soltaste una palabra mágica ¡te amooooo! Te movías lentamente de arriba a abajo y suspirabas cada vez que te la metías toda, cuando tocaron a la puerta, te paraste, cayó tu falda, cerraste el saco, yo tapé con la chamarra mi erección y abriste la puerta y estaba en ella tu esposo, fríamente le dijiste: “hola mi amor pasa” y dirigiéndote a mí le dijiste, – “mira te presento a mi tío Juan, llegó del norte y pasó a saludarme”. Contesté – “mucho gusto, perdón que no me levante, pero es que me siento un poco cansado”. -“No importa” dijo él -“nada más vengo por unos documentos, lo esperamos a comer a la casa ok”. No me pude negar y le dije: – “si está bien”.

En eso interviniste tú y – “aquí están amor nos vemos en la casa” nos despedimos y cuando cerraste la puerta volteaste y me dijiste: “tío sígueme dando lo que me trajiste del norteeeee”. Subiste tu falda y te volviste a sentar en la punta de mi verga lo tragaste todo al momento que me decías: “cógeme papi, méteme la verga duro, dame más mi amor, soy tu puta, cógemeeee, aaaay, aaaarrrrggghhh, ay mmmáaassss, papacito dame más verga cógeme, métemela todaaaa”. ¡Me voy a venir amor estoy a punto de llegar es riquísimoooo! Quiero más verga papito más vergaaaa, que rico pedazo tienes para mi zorra, ayyy, yaaaa, mmmmmmm, me vengoooo…

Y fue entonces que me zafé de entre tus piernas y bajé a libar el néctar de tu manantial de miel salada y lo bebí todo hasta la última gota, fueron disminuyendo tus gemidos, nos besamos, te levantaste y me dijiste: – “mi amor espérame en lo que resuelvo unos pendientes y nos vamos a donde tú quieras”. Me imaginé lo que podía pasar y asentí.

El día que recibiste este correo inmediatamente te pusiste a contestarme, lo hiciste a manera de continuación de lo que ya te había mandado yo y esto fue lo que me escribiste en aquella ocasión:

Llegaste a mi oficina, casi me mojo, digo casi me muero cuando te vi ahí y todas y todos preguntaban que quien eras, como ya habías dicho que eras mi pariente tuve que seguir la mentira, después de la pequeña cogida que me diste en mi oficina y que no fue muy buena que digamos, porque siempre estuvimos pensando si alguien entraba o tocaba la puerta. Me despedí de los que estaban ahí y nos dirigimos a un hotel, si a un hotel, cuando te subiste a mi coche no dejabas de acariciar mi vagina e introducir tus dedos y yo te mojaba, te dije espera porque vamos a chocar, ya no podía más así que te pasaste del lado del conductor y yo te decía por donde, porque no conoces ningún hotel de aquí, ahora fue mi turno, te saqué, más bien ella, la verga se asomaba inmensa, grande, me bajé a mamártela locamente y me estorbaba el volante quería comérmela toda ahí mismo.

Todavía tenía la leche que me habías arrojado en la oficina dentro de mi concha y salía revuelta con mis propios jugos, a mí no me importaba si los demás automovilistas se daban cuenta que te la iba mamando o le gente que estuviera parada en las aceras yo estaba con toda tu verga metida en la boca. Por fin llegamos, pagaste y al fin solos, como pude te quité la chamarra, el pantalón mientras tú desgarrabas mi  carísima blusa, me desabrochaste  el brassier, me quitaste la tanga con los dientes mientras introduces la lengua en mi zorra, “ya no puedo más”. Te digo: “por favor mi vida méteme todo tu verga, soy tu puta,  ya no me hagas sufrir más, te deseo dentro de miiii”

Dicho esto me volteaste y me lo clavaste todo dentro de mi ano, sabías perfectamente que por ahí jamás lo había hecho y me dolió como no tienes idea, yo te pedía que lo sacaras, pero no me hacías caso y seguías empujando y empujando, hasta que el dolor inicial se empezó a convertir en placer “mmmm papi, que rico pito tienes, me está partiendo en dos el culo, pero quiero que sigas, ya no me lo saques hasta venirme contigo y me inundes el culo con tu lechita mi amor”. Pasó un rato y empecé a sentir unos riquísimos espasmos y te dije: “mi amor creo me estás dando un riquísimo orgasmo por el culo, sigue papito sigue moviéndote que creo que me ¡estoyyy viniendoooooooo!

“¡Mi amor me vengo aaaayyy!, que hermoso placer mmmm, eres mi camote y yo soy tu putaaaa”  luego te saliste de mí sólo un momento para bajarte nuevamente y seguir con la lengua, cariñosamente me decías que te disculpara, pero que mi culo te había prendido, por unos minutos más lo acariciaste con la lengua una y otra vez, después me incorporé tomé tu verga dura, llena de tu leche y mi culo y la comencé a mamar hasta que quedó limpiecita, brillante y lista para el siguiente encuentro.

Pasaron unos momentos de silencio, después me acomodé en tu pecho y me quedé dormida.

Autora: Marciave

Me gusta / No me gusta