Miradas Furtivas

Tengo que confesar que solo con recordar esto que os voy a contar aun me pongo muy húmeda. Aquella tarde tenía ganas de dar un paseo por la sierra; era fin de semana, hacia buen día, algo de calor, y el campo estaba sembrado de un color verde intenso. El olor a hierbas silvestres lo invadía todo. Aquella zona es pura montaña, con todo tipo de flora y fauna, arroyos y una cascada muy bonita, que termina en un pequeño lago, a modo de piscina. El acceso hasta allí es algo complicado, con lo que se tiene que ir andando.

Yo llevaba un pantalón cortito, una camiseta, una gorrita para evitar el sol y unas zapatillas la mar de chulas, casi en plan exploradora; y menuda exploración hice (y me hicieron). Esperaba a mi novio, que venía del trabajo. Habíamos quedado allí más veces, pero nunca nos podíamos llegar a imaginar lo que nos ocurrió aquel día.

Me dedique a coger flores y algunas matas de romero y tomillo, lo cual me encanta, para ponerlas en casa y que deje una fragancia embriagadora. Viendo que mi novio tardaba un poco, decidí acercarme a la cascada para refrescarme un poco. Y mientras me iba acercando empecé a oír ruidos extraños. No podía percibir exactamente ni que eran ni de donde provenían. Cuanto más me aproximaba, más raro parecía todo. Tuve que sortear  varios ramajes para poder ver lo que eran realmente aquellos sonidos. Mi sorpresa fue de asombro y de excitación a la vez. Era una pareja haciendo el amor bajo la cascada. Me quede quieta contemplando la escena. Ella estaba a horcajadas encima de él, cayéndole el agua por la espalda. La chica era rubia, melena  larga, con un cuerpo muy bonito y unos pechos turgentes, no muy grandes, pero que a mí me parecieron un néctar de dioses. El era moreno y fuerte. Sus caras aun no las pude ver bien. No quise hacer ruido para que no me vieran y también para no cortarles el rollo.

Mi excitación era brutal. Empecé a tocarme por encima del pantalón, y aun así notaba el calor y la humedad que tenia. Mi respiración aumentaba y comencé a tocarme los pezones que estaban durísimos. Mire alrededor mía, y como vi que no había nadie salvo “los actores de la escena”, me desnude para no estar incomoda al masturbarme. Humedecí mis dedos en la boca y los metí lentamente en mi ya mojado coño. Cada vez era más fuerte el calor que me invadía.

La pareja cambio de postura, girándose ella en dirección mía, mostrando perfectamente sus ricos senos. Entonces pude ver la cara de ella. Era muy guapa, pecosa y de ojos claros. Y se inicio de nuevo el bombeo de ese macho hacia su hembra. Sus movimientos hacían ponerme más cachonda. Cogí mi móvil y lo puse en silencio, por si llamaba mi novio para que no sonara. Le mande un mensaje diciéndole donde estaba, y que no hiciera ruido al acercarse a la zona (no le di pistas jeje). Seguí mirando a aquellos dos salvajes en plena naturaleza dando rienda suelta a sus instintos. Por unos segundos creí que ella me había visto, no sé si fue imaginación mía. Pero poco a poco supe que sí, me había visto, y seguía cabalgando a su hombre, y le daba igual; es más, estaba más excitada, y yo también. Empezó a tocarse los pechos, mirándome muy lascivamente, como si quisiera que yo la imitara.

Entonces comencé a oír pasos tras mía. Era mi novio. Le extraño que estuviera desnuda allí, pero algo intuía. Le dije que hablara bajito y le mostré el espectáculo. Su cara fue de total asombro, y una erección le sobrevino en un segundo. Rápidamente también se desnudo, y vi que la tenia durísima. Y me puse de rodillas para calmarlo, sin perder de vista al show campestre. Comencé a lamerle su gran capullo rosa, lentamente, penetrándolo en mi boca. El me agarro la cabeza y el ritmo era más frenético. Casi la engullía por completo. Con una mano seguía masturbándome y con la otra me pellizcaba los pezones.

De repente la pareja paro de follar y empezaron a hablar, señalando la zona donde estábamos mi novio y yo. Nos sonrieron y nos invitaron a que fuéramos con ellos. Nos recorrió un escalofrío de vergüenza y excitación a la vez. Pero no nos echamos atrás, y nos unimos a ellos. Ella se levanto y se dirigió a nosotros. Sin previo aviso empezó a comerle la boca a mi novio y a masajearle la polla. Yo no sabía qué hacer, pero al momento la chica cogió mi mano y me la puso en su coño, y paso su boca a la mía, besándonos de forma bestial. Mi chico cada vez estaba más duro. El otro tipo nos miraba y se iba masturbando lentamente, para no perder su rigidez. Y así ella nos indico que nos tumbáramos con ellos, de lado; ella se tumbo de espaldas a su chico, penetrándola desde atrás, y nosotros hicimos lo mismo, de cara hacia ellos. Y empezamos a follar. No hablamos, no dijimos palabra ninguna, nos dejamos llevar por el deseo. Mi novio empezó a bombearme fuerte, con grandes sacudidas. Ellos hacían lo mismo, y la chica siguió besándome, tocando mis pechos, amasándolos; mis manos pellizcaban sus pezones, para ponérselos mas duros aun. Seguimos un rato así, hasta que ella se levanto y se puso encima de su chico, hincándose bien su polla hasta el fondo de su coño. Y le comento a mi novio si quería follarle el culo. No se lo pensó dos veces. Y metió sus dedos en mi coño chorreante y uso mi flujo para lubricar el precioso culo de la chica. Y de un golpe la embistió, dando ella un grito de dolor y placer. Estaba siendo empalada por dos hombres llenos de deseo y lujuria. Me puse delante de ella, agarre su pelo y acerque su boca a mi coño, empezando a saborearlo y lamerlo con todas sus ganas. Me temblaban las piernas del gusto. De vez en cuando el otro chico alzaba su cuerpo para lamerme el ano, y de pronto introdujo un dedo en mi culo. El placer que sentí me hizo tener un orgasmo muy intenso.

Al notarlo la chica, hizo señas a mi chico para que se saliera de su culo. Ella se levanto y me llevo hasta su macho, sentándome encima de él, incrustando su enorme polla en mi culo. Podía notar mi ano totalmente dilatado y entro de una vez. Y comencé a cabalgar sobre él. Mi novio se puso de pie delante mía y penetro mi boca, follandomela sin piedad. La chica agarraba mi cabeza y la empujaba para que me tragara entera la polla de mi novio. Mi excitación había alcanzado cotas inimaginables. Entonces mi novio se aparto y, agachándose, penetro mi coño. Nunca había sentido dos pollas a la vez dentro de mí. Los movimientos eran más y más violentos. Ahora la chica su puso encima mía y cogió mi pelo para que me comiera su coño. Su sabor era muy rico. Estaba disfrutando como nunca, al igual que mi novio. Las embestidas se sincronizaron, y poco a poco se iba notando que quedaba nada para que estos dos machos descargaran sus efluvios.

Yo ya me había corrido varias veces, y la chica se corrió en  mi boca, gimiendo con todas sus fuerzas. Entonces el chico nos indico que nos incorporáramos. Ella y yo nos colocamos de rodillas, delante de ellos. Empezaron a meneárselas muy rápido; mientras, nosotras nos tocábamos mutuamente y lamiéndonos las manos para saborear nuestros flujos. Y los chicos avisaron que iban a correrse. Mi novio fue el primero, y se acerco a nuestras bocas y repartió su semen entre las dos. Al poco, el otro comenzó a correrse también, dejando nuestras caras resbalosas  y nuestras bocas saciadas. La lengua de la chica y la mía empezaron a luchar por ver quién era la más guarra por llevarse la lefa de nuestros chicos.

Acabamos todos extasiados de tanto sexo y placer. Todos nos metimos en el pequeño lago para limpiarnos, y así nos despedimos de ellos, sin decir nada, solo saludando con la mano, y alejándonos de una experiencia inolvidable, y que antes o después repetiremos.

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Todo en el campo sabe mejor

Asturias, una tierra de ensueño, fue el siguiente destino vacacional de Sara y Luis. Se armaron con ropa de invierno en previsión del frío y las lluvias y se dirigieron a su destino.

Luis encontró a través de Internet varios guías que ofrecían sus servicios de forma voluntaria. Buscando un poco más en foros, descubrió que muchas veces pedían una donación con “la voluntad”. Atraído por esa idea, contactó con el guía, de nombre “Manuel”.

Alojados en Oviedo, dedicaron el primer día a descubrir la ciudad y disfrutar de su gastronomía.

Llamaron a Manuel para concretar una visita a los lagos de Covadonga al día siguiente.

El hombre les recogió en su propio coche, y con la amabilidad asturiana, rechazó el ofrecimiento de la pareja de pagar como mínimo la gasolina. El hombre, de grandes manos, hablador, de unos 42 años, resultó ser encantador y muy amable. Les explicó, como si de una excursión contratara se tratara todos los pormenores de los sitios que visitaron.

Al día siguiente, Sara y Luis cogieron un autobús para desplazarse hasta Gijón. Una vez allí, Manuel les esperaba sonriente en la parada. Nos enseñó y explicó los sitios más emblemáticos de la ciudad, y tras comer juntos, nos preguntó si nos apetecería hacer la Senda del Oso. Nos explicó la belleza del paisaje y el largo paseo andando hasta llegar a ver a los osos. El plan nos encantó, y quedamos directamente al inicio de la senda.

Tal y como había prometido Manuel, el paisaje resultó ser espectacular. Los tonos verdes se confundían con el gris y marrón de los árboles y las hojas caídas en el suelo.

Según avanzaba la mañana, el día se fue abriendo y despertó un Sol que poco se dejaba ver por aquellas tierras en aquella época del año. Pronto, las precavidas vestimentas se hicieron incómodas, y el pequeño grupo empezó a pasar calor.

Sara había embutido su delgado cuerpo en un grueso chubasquero y pantalones de chándal. Pronto, se anudó la prenda de forma tosca a la cintura, así como guardó la sudadera en la mochila.

–          ¿Mejor así? – preguntó Manuel mirando de arriba abajo su top color rosa palo que dejaba a la luz del sol su blanca y tersa piel.

–          ¡Vaya! Espero no constiparme.

Al pasar por el grupo diseminado de casas de Las Agüeras, un hombre de unos cuarenta o más años exclamó:

–          ¡Guapa! ¡Mira que vas bien acompañada! – Sara se rio y le contestó de buen humor.

–          ¡Tengo que protegerme de los osos!

–          Los osos no te harán nada, pero cuidado con los de aquí, que no suelen ver chicas tan guapas.

El grupo siguió su camino por la Senda del Oso comentando aquel evento.

–          Pues sí que está salida la gente de aquí – dijo Sara.

–          Hombre, parte de razón tenía – contestó Manuel.

–          ¿Por qué lo dices?

–          Por lo de ver chicas guapas por aquí, je, je, je.

–          Igual al pasar por el siguiente pueblo me pongo la sudadera…

–          No mujer, que así nos alegras a tu novio y a mí.

Manuel se apartó del camino para orinar, y Sara le dijo a su novio:

–          Cariño, para mí que Manuel se está animando al verme así.

–          Ja, ja, ja – Rio Luis – Con todo lo que nos está enseñando de Asturias, y gratis, no está de más que le alegres un poco.

–          ¿Sí? ¡Ya se me ocurrirá algo! – le dijo guiñándole un ojo.

Un poco más adelante, en la desviación hacia Bermiego, Sara se paró y preguntó a Manuel:

–          ¿Qué es esto? – dijo inclinada hacia el suelo, formando 90 grados con su cuerpo. El hombre se acercó.

–          Parecen huellas de algún animal…

–          ¡No serán de un oso!

–          No, no, tranquila, ja, ja, ja.

–          ¡Qué miedo!

Sara notó cómo el hombre no la miraba a los ojos mientras hablaba. El top se colgaba en aquella postura formando un hueco en la parte superior. Seguramente el hombre estaría viendo su escote o algo más.

–          Esto de aquí es el Bosque de Toriezo. Si queréis, podemos ir un poco por esta senda de ciclistas. Hay que subir un poco. ¿Os apetece?

–          Claro –  respondió Luis. – Si vemos algún buen sitio podríamos pararnos a comer los bocatas.

–          Sí, que todo en el campo sabe mejor – dijo entre risas Sara.

Ascendieron por la senda, y en un momento dado Manuel se puso en la retaguardia. En el ascenso podía ver cómo las fuertes piernas de Sara se estiraban, y su culito se marcaba en aquel pantalón ajustado a través del cual se podía identificar la marca de la braguita.

De repente, Sara patinó sobre la tierra, pero antes de que se cayera, Manuel la paró apoyando sus manos en el culo.

–          Perdona, era para que no te cayeras.

–          Gracias. Y ya que estabas me has tocado el culo, ¿no?

–          Je, je, je. Pues menos mal que no te has caído de cara.

–          Bueno, seguro que habría caído en buenas manos – dijo con una mirada seductora.

–          Ya me gustaría a mí – susurró Manuel sin que nadie le oyera.

El camino se ensanchó un poco, y ya no era necesario que fueran en fila india.

–          Manuel, muchas gracias por todo lo que estás haciendo por nosotros. Así da gusto viajar.

–          De nada. Es un placer estar con vosotros.

–          Seguro que eso habría dicho el campesino aquel…

–          Ya lo creo. Es un placer verte…

–          ¡Anda ya! Pero si voy la mar de normalita.

–          Ufff, si no estuviera Luis, creo que te habría dicho más cosas que el campesino de antes.

–          Ja, ja, ja. Mira, se ha animado a subir la montaña. Desde ahí no nos oye. Tengo curiosidad. ¿Qué me habrías dicho?

–          Ehhhh. Mira Sara, no me gustaría que te enfadaras o causara algún problema con lo bien que nos lo estamos pasando.

–          Eso cuéntaselo a alguna pijina. Te prometo que no me enfado. Cuéntame – dijo sonriente.

–          Está bien…. Tienes un culo que parece un pastelito. Redondito y pequeñito con pinta de estar riquísimo.

–          Ja, ja, ja, ja. Gracias. ¿Ves? ¡No pasa nada!

–          Tú procura no caerte, que igual no te paro con las manos.

–          Joder Manuel, me estás poniendo cachonda con lo que dices. Ja, ja, ja.

El hombre le respondió propiciándole un lento y suave azotito en el culo. Ella se rio y él le contestó agarrándose el pantalón:

–          Mira yo cómo estoy – dijo apretándose el pantalón y remarcando el bulto que asomaba por su entrepierna.

Siguieron el camino y se pararon en un pequeño claro en el que había piedras en las que sentarse.

–          Cariño, ¿le has preguntado a Manuel cuál es la voluntad normal por todo el tour que nos ha hecho?

–          No… eh… Manuel…

–          Nada chicos, no os preocupéis.

–          Qué sí hombre. Faltaría más.

Sara se fue un momento “al baño”. Tardaba en volver, y los dos chicos empezaron a preocuparse. No contestaba a las llamadas ni a viva voz ni al móvil.

–          Luis, tú quédate aquí, que conozco los senderos. Así si vuelve, no se irá a buscarnos. No creo que tarde más de una hora.

Manuel empezó su búsqueda, y a no muchos pasos se encontró con la chica.

–          Hola, dijo divertida.

–          Sara, estábamos preocupados, ¿estás bien?

–          Sí, te estaba esperando…

–          ¿Qué?

De repente la chica salió corriendo. Él la persiguió, y girando un árbol la atrapó cogiéndola de la cinturita de avispa.

–          ¿A dónde vas? – ella se reía sin parar.

–          Aquí… – dijo rozándole el paquete.

Manuel sonrió de forma desmesurada y se lanzó a besar a Sara. Sus tiernos y carnosos labios se abrieron para dar cobertura a su lengua. Ambos las removían como dos trozos de tela agitados por el viento. Acarició su cintura y abdomen hasta llegar a su culo.

–          Vaya culo tienes. He soñado con él desde que te conocí.

Lo apretó con una mano y se puso detrás de ella. Le acarició el vientre plano sin dejar de besarle el cuello. Pegó su cintura a aquel trasero de escándalo y apretó su paquete notando la dureza de las nalgas.

Ascendió hasta sus pechos agarrando uno en cada mano. Ella, pícara, saco pecho y echó el culito hacia atrás. Al tacto eran duros y cabían perfectamente cada uno en una mano. Aquellos senos pueriles provocaron que el hombre se mordiera el labio de gusto.

Manuel notó cómo ella le acariciaba el bulto del pantalón, y excitado, le agarró el top desde abajo y tiró hacia arriba. Le quitó el sujetador, casi arrancándoselo, dejando todas las prendas desparramadas por el suelo. Los pequeños y blancos pechos saltaron al desprenderse de su prisión y miraron al cielo con pezoncitos rosados.

–          Qué bruto – dijo ella sin dejar de sonreír.

El hombre hundió su cabeza en el pecho izquierdo como si se tratara de un lactante y lo succionó introduciéndose buena parte del mismo dentro de la boca.

Con varios tirones y ayuda de la chica, Manuel le bajó el pantalón, y se lo quitó a través de las deportivas. Se mojó la mano de un lengüetazo y la deslizó dentro de las juveniles braguitas de Hello Kitty.

Su mano rozó contra el pelo rasurado y encontró la húmeda hendidura de la chica.

–          Estás caliente ¿eh?

–          Y tú también… – le contestó palpándole la erección.

Manuel aleteó como un pajarito con su mano sobre los labios inferiores y clítoris de la joven.

–          ¡Qué ganas de comerte el coñito!

–          Pues a qué esperas – dijo bajándose las braguitas.

Sara se recostó en el tronco de un árbol y el hombre se acercó en cuclillas.

Puso su cabeza entre sus piernas y en seguida localizó el clítoris con su lengua. Lamió y sorbió los jugos mientras Sara gemía y le acariciaba el pelo.

–          Mmmm, sí Manuel, cómo me gusta…

Le lamía el clítoris mientras que le introducía dos dedos en el coño como si fuera una máquina automatizada.

–          ¿Quieres que te la chupe? – le preguntó con voz entrecortada por la excitación.

–          Sí, lo estoy deseando – respondió él levantándose como un resorte.

Intercambiaron puestos, y pronto Sara tuvo el pollón de Manuel listo. Sin circuncidar, grueso y de un tamaño considerable parecía una boa en la delicada mano de la chica.

–          Qué buena pinta tiene…

–          Pues pruébala a ver si te gusta. Seguro que la estás deseando tanto como yo.

Sara se introdujo el prepucio en la boca, y ayudó con su mano para favorecer el movimiento.

–          Joder Sara, qué bien la chupas.

Ella le miró y sonrió como pudo al tener la boca llena de carne. La chica hacía su felación articulando cabeza, lengua y mano en una sintonía perfecta de placer. Sus labios carnosos estaban haciendo las delicias de Manuel.

–          Qué bien lo haces Sara… se nota que te gusta chupar pollas. ¿Te habías imaginado ya comerte mi polla? – dijo con su acento asturiano.

Ella respondió con un sonido ininteligible y siguió chupando. Él le acariciaba el pelo sin necesidad de guiarle la cabeza, ya que eso lo hacía ella solita.

–          Ohhh, cómo me gusta Sa… – el hombre se interrumpió de pronto. – Creo que viene alguien – dijo en voz baja.

Ambos se pararon a escuchar. Se oían voces de un grupo que no debía de estar muy lejos.

–          Vamos a tumbarnos, que con estos arbustos no nos verán.

Agruparon la ropa, y se tumbaron en el suelo.

Contuvieron la respiración cuando las voces pasaron bastante cerca. No vieron a nadie, ni nadie les vio por lo que escucharon de la conversación del grupo de jóvenes.

–          ¡Qué haces! – susurró con exasperación Sara. El chico, tumbado de lado, había empezado a acariciarle los labios inferiores. – ¡Nos van a pillar!

–          Shhhh – Le dijo él mientras que las voces del grupo se iban alejando lentamente. – Joder Sara, qué coñito más rico tienes.

Manuel guio con sus dedos la punta de su pene hasta la entrada de la vagina de la chica. Empujando un poco con las caderas, el pene entró con facilidad.

–          Estás bien mojadita, ¿eh? Eso es que estás bien cachonda.

Sintiendo la humedad ardiente de aquel conducto, aceleró el ritmo iniciando un mete-saca bastante profundo. Ella reprimía sus gemidos, los cuales no destacaban frente a las voces ya distantes del grupo que se alejaba.

Los ruidos de la pareja se liberaron cuando dejaron de oír al grupo.

Con sus grandes manos, Manuel ayudó a Sara a incorporarse y sacudirse la suciedad de la tierra.

–          ¡Hop! – dijo al alzar a la liviana chica sobre él y encaramársela encima de pies.

–          Parece que he encontrado a uno de los osos… – dijo divertida mientras colocaba aquel ancho pene en su coño.

–          Ruaurrrrr – gruñó él mientras la besaba el cuello.

Acomodado el pene en su hangar, él la sujetó de las nalgas hundiéndole los dedos mientras la levantaba y bajaba. Ella gemía mientras cabalgaba agarrándose a la espalda de él.

–          Cómo me gusta follarte… mmmm…. – rugió Manuel.

El hombre perdió un poco el ritmo cuando ella tomó el control. Impulsaba sus tersas piernas haciendo que su culo saltara literalmente sobre aquel miembro viril que tenía como apoyo. Ella gemía sin restricciones, como si no hubiera nadie más en el mundo.

–          Así, cabálgame preciosa.

Los pechitos subían y bajaban al ritmo del trote.

Manuel se tumbó con cuidado en el suelo, y ella no dejó apenas se posara y ya estaba otra vez saltando sobre su polla.

–          Veo que la has encontrado.

La voz apenas audible hizo que, concentrados en su lujuria, Manuel y Sara tardaran en darse cuenta.

–          Luis… – dijo Manuel.

–          No, no, no hace falta que digas nada. ¡Vosotros seguir!

Cuando Manuel vio que el chico se sacaba la polla, se rio, y se dejó caer sobre el suelo. Sara ya estaba otra vez hundiéndose su polla a buen ritmo.

Desde su posición, vio como aquel cornudo se acercaba polla en mano, y ella, sonriente, se la metía en la boca. La chica tenía muy buena coordinación, ya que no interrumpía su actividad por mucho que tuviera algo en la boca.

Tranquilo por la situación, Manuel dijo:

–          Levántate Sara, que quiero follarte viendo bien tu culito.

Ella obedeció y apoyándose un árbol, puso el culo un poco en pompa provocándole.

–          ¡Joder que culo! – dijo manoseándolo antes de caer sobre ella.

Su peso hizo que ella se apoyara fuertemente en el árbol mientras él se la metía con la precisión de una fábrica de coches. Al rato, él se la sacó, y jugó a meterla y sacarla entera lentamente. Aquello la volvió loca. Se abstrajo  a un mundo de placer intenso en el que no pudo percatarse ni de cómo Manuel le apretaba las tetas, ni de cómo su novio se masturbaba viendo la escena.

Abrazándola por la cintura, Manuel inició un mete-saca desenfrenado. Ella gemía sin dejar pausa entre vocales, y él fruncía el ceño por el esfuerzo.

–          Ufff, no voy a aguantar mucho más….

Él se apartó y ella se puso en cuclillas. Agarrando aquel envenado pene, lo masturbó a toda velocidad apoyando la punta sobre sus labios y lengua. Manuel gemía in crescendo hasta que acabó su canción un gruñido gutural acompañado por un potente chorro que acertó dentro del cielo del paladar, y volvió a bajar para derramarse sobre el origen. Otro más se vertió sobre la inquieta lengua y los gruesos labios de la criatura. Los goterones cayeron al suelo sin que nadie se percatara.

Sorprendida, Sara se notó manejada y sentada en el suelo. Su novio no tardó ni un segundo en abalanzarse encima.

–          Ahora me toca a mí, que no puedo más.

El chico colocó su polla en aquel agujero que conocía también, y la metió entera de un empellón.

–          Joder cariño, ¡estás empapada!

Ella le atrajo por el cuello hasta que la cubrió entera con su cuerpo.

–          Sí, fóllame cariño – entre dientes, decía ella.

–          Me corro, me corroooooo.

El chico se incorporó como una exhalación y sin que le diera tiempo a acercarse del todo, se corrió apenas salpicándola. Cuando hizo contacto, ella se la metió en la boca y tragó todo el semen que manaba de aquel falo exhausto.

–          ¡Vestíos, corred! – exclamó Manuel.

Pronto, escucharon el rumor de un grupo de excursionistas que se acercaba.

Se vistieron por los pelos, y esta vez el grupo pasó justo al lado de ellos. Con la cortesía del campo se saludaron.

–          ¡Joder! – exclamó un chico del grupo, que se limpiaba la zapatilla en unas malas hierbas.

Cuando se fueron, todos estallaron en carcajadas al percatarse que lo que colgaba en donde el chico se había limpiado el calzado, no eran sino gotitas diseminadas y pegajosas de un sospechoso color blancuzco.

El trío continuó su excursión por la senda del oso sin percances, aunque aquella no sería la última situación morbosa en Asturias…

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Miradas Furtivas

Tengo que confesar que solo con recordar esto que os voy a contar aun me pongo muy húmeda. Aquella tarde tenía ganas de dar un paseo por la sierra; era fin de semana, hacia buen día, algo de calor, y el campo estaba sembrado de un color verde intenso. El olor a hierbas silvestres lo invadía todo. Aquella zona es pura montaña, con todo tipo de flora y fauna, arroyos y una cascada muy bonita, que termina en un pequeño lago, a modo de piscina. El acceso hasta allí es algo complicado, con lo que se tiene que ir andando.

Yo llevaba un pantalón cortito, una camiseta, una gorrita para evitar el sol y unas zapatillas la mar de chulas, casi en plan exploradora; y menuda exploración hice (y me hicieron). Esperaba a mi novio, que venía del trabajo. Habíamos quedado allí más veces, pero nunca nos podíamos llegar a imaginar lo que nos ocurrió aquel día.

Me dedique a coger flores y algunas matas de romero y tomillo, lo cual me encanta, para ponerlas en casa y que deje una fragancia embriagadora. Viendo que mi novio tardaba un poco, decidí acercarme a la cascada para refrescarme un poco. Y mientras me iba acercando empecé a oír ruidos extraños. No podía percibir exactamente ni que eran ni de donde provenían. Cuanto más me aproximaba, más raro parecía todo. Tuve que sortear  varios ramajes para poder ver lo que eran realmente aquellos sonidos. Mi sorpresa fue de asombro y de excitación a la vez. Era una pareja haciendo el amor bajo la cascada. Me quede quieta contemplando la escena. Ella estaba a horcajadas encima de él, cayéndole el agua por la espalda. La chica era rubia, melena  larga, con un cuerpo muy bonito y unos pechos turgentes, no muy grandes, pero que a mí me parecieron un néctar de dioses. El era moreno y fuerte. Sus caras aun no las pude ver bien. No quise hacer ruido para que no me vieran y también para no cortarles el rollo.

Mi excitación era brutal. Empecé a tocarme por encima del pantalón, y aun así notaba el calor y la humedad que tenia. Mi respiración aumentaba y comencé a tocarme los pezones que estaban durísimos. Mire alrededor mía, y como vi que no había nadie salvo “los actores de la escena”, me desnude para no estar incomoda al masturbarme. Humedecí mis dedos en la boca y los metí lentamente en mi ya mojado coño. Cada vez era más fuerte el calor que me invadía.

La pareja cambio de postura, girándose ella en dirección mía, mostrando perfectamente sus ricos senos. Entonces pude ver la cara de ella. Era muy guapa, pecosa y de ojos claros. Y se inicio de nuevo el bombeo de ese macho hacia su hembra. Sus movimientos hacían ponerme más cachonda. Cogí mi móvil y lo puse en silencio, por si llamaba mi novio para que no sonara. Le mande un mensaje diciéndole donde estaba, y que no hiciera ruido al acercarse a la zona (no le di pistas jeje). Seguí mirando a aquellos dos salvajes en plena naturaleza dando rienda suelta a sus instintos. Por unos segundos creí que ella me había visto, no sé si fue imaginación mía. Pero poco a poco supe que sí, me había visto, y seguía cabalgando a su hombre, y le daba igual; es más, estaba más excitada, y yo también. Empezó a tocarse los pechos, mirándome muy lascivamente, como si quisiera que yo la imitara.

Entonces comencé a oír pasos tras mía. Era mi novio. Le extraño que estuviera desnuda allí, pero algo intuía. Le dije que hablara bajito y le mostré el espectáculo. Su cara fue de total asombro, y una erección le sobrevino en un segundo. Rápidamente también se desnudo, y vi que la tenia durísima. Y me puse de rodillas para calmarlo, sin perder de vista al show campestre. Comencé a lamerle su gran capullo rosa, lentamente, penetrándolo en mi boca. El me agarro la cabeza y el ritmo era más frenético. Casi la engullía por completo. Con una mano seguía masturbándome y con la otra me pellizcaba los pezones.

De repente la pareja paro de follar y empezaron a hablar, señalando la zona donde estábamos mi novio y yo. Nos sonrieron y nos invitaron a que fuéramos con ellos. Nos recorrió un escalofrío de vergüenza y excitación a la vez. Pero no nos echamos atrás, y nos unimos a ellos. Ella se levanto y se dirigió a nosotros. Sin previo aviso empezó a comerle la boca a mi novio y a masajearle la polla. Yo no sabía qué hacer, pero al momento la chica cogió mi mano y me la puso en su coño, y paso su boca a la mía, besándonos de forma bestial. Mi chico cada vez estaba más duro. El otro tipo nos miraba y se iba masturbando lentamente, para no perder su rigidez. Y así ella nos indico que nos tumbáramos con ellos, de lado; ella se tumbo de espaldas a su chico, penetrándola desde atrás, y nosotros hicimos lo mismo, de cara hacia ellos. Y empezamos a follar. No hablamos, no dijimos palabra ninguna, nos dejamos llevar por el deseo. Mi novio empezó a bombearme fuerte, con grandes sacudidas. Ellos hacían lo mismo, y la chica siguió besándome, tocando mis pechos, amasándolos; mis manos pellizcaban sus pezones, para ponérselos mas duros aun. Seguimos un rato así, hasta que ella se levanto y se puso encima de su chico, hincándose bien su polla hasta el fondo de su coño. Y le comento a mi novio si quería follarle el culo. No se lo pensó dos veces. Y metió sus dedos en mi coño chorreante y uso mi flujo para lubricar el precioso culo de la chica. Y de un golpe la embistió, dando ella un grito de dolor y placer. Estaba siendo empalada por dos hombres llenos de deseo y lujuria. Me puse delante de ella, agarre su pelo y acerque su boca a mi coño, empezando a saborearlo y lamerlo con todas sus ganas. Me temblaban las piernas del gusto. De vez en cuando el otro chico alzaba su cuerpo para lamerme el ano, y de pronto introdujo un dedo en mi culo. El placer que sentí me hizo tener un orgasmo muy intenso.

Al notarlo la chica, hizo señas a mi chico para que se saliera de su culo. Ella se levanto y me llevo hasta su macho, sentándome encima de él, incrustando su enorme polla en mi culo. Podía notar mi ano totalmente dilatado y entro de una vez. Y comencé a cabalgar sobre él. Mi novio se puso de pie delante mía y penetro mi boca, follandomela sin piedad. La chica agarraba mi cabeza y la empujaba para que me tragara entera la polla de mi novio. Mi excitación había alcanzado cotas inimaginables. Entonces mi novio se aparto y, agachándose, penetro mi coño. Nunca había sentido dos pollas a la vez dentro de mí. Los movimientos eran más y más violentos. Ahora la chica su puso encima mía y cogió mi pelo para que me comiera su coño. Su sabor era muy rico. Estaba disfrutando como nunca, al igual que mi novio. Las embestidas se sincronizaron, y poco a poco se iba notando que quedaba nada para que estos dos machos descargaran sus efluvios.

Yo ya me había corrido varias veces, y la chica se corrió en  mi boca, gimiendo con todas sus fuerzas. Entonces el chico nos indico que nos incorporáramos. Ella y yo nos colocamos de rodillas, delante de ellos. Empezaron a meneárselas muy rápido; mientras, nosotras nos tocábamos mutuamente y lamiéndonos las manos para saborear nuestros flujos. Y los chicos avisaron que iban a correrse. Mi novio fue el primero, y se acerco a nuestras bocas y repartió su semen entre las dos. Al poco, el otro comenzó a correrse también, dejando nuestras caras resbalosas  y nuestras bocas saciadas. La lengua de la chica y la mía empezaron a luchar por ver quién era la más guarra por llevarse la lefa de nuestros chicos.

Acabamos todos extasiados de tanto sexo y placer. Todos nos metimos en el pequeño lago para limpiarnos, y así nos despedimos de ellos, sin decir nada, solo saludando con la mano, y alejándonos de una experiencia inolvidable, y que antes o después repetiremos.

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Vacaciones en la casa de campo

Sentí la embestida de Carlos dentro de mí, me hizo pegar un grito de placer, la movía tan rico me estaba haciendo ver estrellitas, por mi parte no paraba de chupar la deliciosa panocha de Lorena perfectamente depilada. Ella se quitó la tanga, se volvió a poner sobre mí y luego Sandra se acercó, se quitó su batita y empezó a comerle las chichis a Lorena, parecía que las quería tragar.

Hola, esta es la primera vez que escribo para ustedes. Soy fanática de los relatos que aquí se publican. Me encanta leer e imaginarme la situación, calentarme y…bueno lo demás ya se lo imaginaran.

Mi nombre es Chantalle, tengo 20 años. Debo confesar que me encanta el sexo. Mido 1.68, soy gordita la verdad, pero soy bastante feliz, bubbies más o menos grandes, tengo unas aureolas grandes y rositas al igual que mis pezones que se paran muy fácilmente, constantemente me dejan en evidencia. No tengo mucho pompis, creo que mi gran atractivo son las tetas. En cuanto a mi parte íntima está medio depilada, me gusta tener poco pero a la vez sentir pelitos.

Esta historia sucedió hace no mucho tiempo. Hace un tiempo descubrí que era bisexual, pues si me gustan los hombres, pero encontré un atractivo muy fuerte en las mujeres… cuando veía películas eróticas siempre me calentaban más las mujeres… Hace unos meses fui de vacaciones a una casa de campo de una amiga, su nombre es Lorena, con nosotros iba Sandra y su novio Carlos. En ese entonces ni Lorena ni yo teníamos pareja, Lorena era bisexual desde la secundaria, pero nunca había pasado nada entre nosotras, una vez perdimos una apuesta y nos dimos un beso riquísimo…. Ella si que sabe besar, lo hace bien lento, rico, tan sensual.

Cuando llegamos a la finca nos dimos cuenta que hacía bastante calor… Inmediatamente nos acomodamos en los cuartos, aunque la casa tenía 4 cuartos, Lore y yo nos acomodamos en uno y obviamente Sandra y Carlos en otro, cuando terminamos de acomodarnos nos fuimos a la alberca. Lorena se puso su traje de baño al igual que Sandra, pero resulta que a mí se me había olvidado el mío así que Sandra me prestó uno de sus trajes. El traje de baño me quedó bastante pequeño, la tanga se perdía en mis nalgas y el triángulo de enfrente apenas  me tapaba mi rajita. En cuanto a la parte de arriba pues también era muy chiquita, y se podía ver un poco de mis aureolas aunque trataba de acomodármelo a cada rato.

Salí al patio y los tres empezaron a piropearme, me sonrojé bastante pero me decían… ándale, Chantalle ya vente… así me metí a nadar. El ambiente andaba bastante caliente, sentía las miradas de Carlos y Lorena, que como dije era bi, pero incluso Sandra me miraba bastante las tetas… Eso me llenó de morbo y me empecé a imaginar como se verían Carlos y Sandra haciendo el amor. Nos salimos de la alberca y nos duchamos, nos pusimos pijamas y empezamos a cocinar…

Lorena es una excelente chef, nos preparó una cena deliciosa, y empezamos a comer. Cuando terminamos nos tomamos un par de copas y Sandra y Carlos se fueron a su cuarto, creo que querían tener una noche de pasión, Lore y yo nos pusimos  a ver la tele, era una película erótica. Al poco tiempo yo me excité, tenía vergüenza de que Lorena se diera cuenta, pero en eso ella me dijo, uff  Chanti, esta movie me dio ganas de tocarme y me preguntó: ¿Te molesta si lo hago? Yo le respondí claro que no, yo estoy igual pero prefiero esperar un poco…

Ella se rió y empezó a tocarse su rajita mientras veía la película, no tardó mucho en acabar, se paró y me dio un beso en la boca y me dijo: Me voy a dormir…Al poco rato yo también me fui a dormir, aunque a decir verdad no pude pegar el ojo de imaginarme lo que estarían haciendo los otros en el cuarto de enfrente, o como Lore se mordía los labios mientras se masturbaba y el beso que me dio… no se cuando pero por fin me quedé dormida…

En la mañana Sandra entró y dijo, levántense flojas…Fuimos a desayunar al pueblo, la mañana transcurrió calmada hasta que  Sandra dijo, vamos a nadar otra vez… yo dije está bien, pero esta vez me bañaré en ropa interior, ya que no había llevado bikini. Pero resulta que toda mi ropa interior era transparente, no me importó, me quité la ropa. Traía un mini bóxer blanco transparente y el bra era igual, así que al meterme al agua era como si estuviera desnuda… Lorena dijo, Cada vez que te metes a nadar te ves mejor…

Carlos me dijo: Estás para comerte y Sandra dijo, Hasta yo te comería mamacita y se reían, Lorena no se quedaba atrás, ella es espectacular, tiene unas nalgas bien paraditas, su culo está durito y redondito y sus chichis ni hablar, inmensas esta buenísima… Al poco tiempo de nadar todos estábamos ya bastantes calientes, en eso Sandra dijo, Les propongo nadar desnudos… Nosotras no tendríamos ningún problema total a mi se me veía todo, nos pareció extraño por que la que llevaba novio fue quien lo propuso, Carlos dijo, Luego no te enojes… Sandra si miró de más a las chavas… ella dijo, Para nada mi amor, me excita que las veas…. Inmediatamente nos quitamos los bikinis y seguimos nadando…

Entre nado y nado nuestros cuerpos se rozaban y yo al igual que los demás me excitaba mucho… al poco rato Carlos y Sandra estaban en pleno faje en la alberca Lore y yo decidimos salirnos, Lore les dijo, vamos a estar en el cuarto viendo una peli, vayan al rato… Nosotras nos bañamos, nos pusimos cómodas, con eso me refiero a que yo me puse una camiseta y un calzoncito y Lore se puso una batita, hasta ese momento no sabía si traía calzón, bra sabía que no por que se notaba…. Nos pusimos a ver la tele…. Bajé a tomar agua pero cuando iba bajando oí a Sandra y Carlos hablar, ella le decía que le encantaría que los cuatro estuviéramos juntos teniendo sexo y le decía que a él también, en eso empezaron a caminar así que me subí de inmediato.

Yo no le dije nada a Lore…Yo estaba tan caliente que le dije a Lorena, busca una película porno, y  encontró una…. Se trataba de una orgia, varias escenas, pero frecuentemente, hacían orgias de varios chavos y chavas no tenía ni dos min de haber empezado la peli cuando aparecieron Carlos y Sandra y nos preguntaron, ¿Podemos acostarnos con ustedes? obviamente yo les dije, claro, ellos andaban igual de cómodos que nosotros, Carlos solo traía un shorts y Sandra una batita… nos acostamos y estábamos en este orden Lore, yo, Carlos y Sandra… la película nos empezó a calentar yo podía notar como Sandra masajeaba la verga de Carlos y esta se paraba bien dura, en eso yo empecé a tocarme las tetas cuando siento una mano en ellas, Lore me dijo te ayudo… no respondí nada, ella empezó sobármelas bien rico mientras me plantaba un besote en la boca metía y sacaba su lengua despacito…

Mientras ella me besaba y tocaba las tetas encima de la camiseta yo empezaba a mojarme y siento como alguien besaba mi cuello era Carlos… eso me puso a cien saber que su novia estaba ahí con nosotros me dio mucho morbo. Sandra mientras seguía tocando el pene de Carlos…. Y él se excitaba cada vez más mientras me besaba, luego Lore dijo, Déjame quitarte toda la ropa, quiero que seas la primera en estar desnudita, me senté en la cama, levanté los brazos y me quitó la camiseta, después me acostó y me empezó a bajar los calzones, me dijo, Mira nada más, Chanti los tienes bien mojados, los quito y se los puso en la cara a Carlos y él solo soltó un Ummmm…

Sandra se paró y se sentó en un sofá que tenía al frente de la cama dijo, Hagan el amor, quiero verlos… y se empezó a masturbar, yo estaba desnuda en la cama acostada, era la única que estaba toda desnudita…Carlos no paraba de besarme las tetas, me mordía los pezones tan rico…De repente Lorena me abrió las piernas y empezó a besarme de los pies hasta mi panochita sin llegar a ella, me hacía sufrir, yo quería que sus labios llegaran a ella ¡ya! hasta que por fin llegó, pero primero jugaba con mis pelitos, los jalaba con sus deditos, luego me dio un tierno beso que me hizo estremecer solo dijo, Chantalle, estás empapada… Ella pasaba su legua por mi panochita de arriba abajo, luego la abrió y encontró mi clítoris, empezó a lamer en forma de círculos, ¡lo chupaba tan rico!

Carlos seguía besándome las tetas yo con mi mano sobaba su verga que ya la  tenía durísima… no tardé mucho cuando llegué a mi primer orgasmo… solté un pequeño grito de placer. Luego Carlos dijo, Lore, déjame penetrarla, ella se quitó, le dije,  Ven, ponte encima de mí, empecé a chuparla cuando sentí la embestida de Carlos dentro de mí me hizo pegar un grito de placer, la empezó a sacar y meter lentamente,  la movía tan rico me estaba haciendo ver estrellitas, por mi parte no paraba de chupar la deliciosa panocha de Lorena perfectamente depilada…. Ella luego se paró, se quitó la tanga y la batita que traía, se volvió a poner sobre mí y luego Sandra se acercó, se quitó su batita y empezó a comerle las chichis a Lorena, ¡mamaba tanto! parecía que las quería tragar…

Estoy segura de que Sandra estaba impresionada con el mega tamaño de las tetas de Lore.   Carlos seguía dentro de mí, no podía creer lo que estaba pasando. Lorena y Sandra se movieron a otro lado de la cama y empezaron un 69, Sandra abajo y Lorena arriba… sus chichis colgaban y yo alcanzaba a tocarlas… eso me excitaba cada vez más de repente Carlos se movió y empezó a besarme de los pies hasta mi panochita, me daba pequeños besitos en mis labios mayores, me hacía estremecer, entonces me moví y le dije a Sandra que se acomodara, ahora quería ser yo quien la chupara, mientras tanto Carlos agarró a Lore y la embistió por detrás…

Sandra estaba tan caliente… gritaba de placer con lo que yo le hiciera. Así estuvimos juntos los 4 un buen rato. quedamos rendidos Carlos se acostó a mi lado y masajeaba mis pezones hasta que nos quedamos dormidos…. Al día siguiente otras cosillas pasaron pero eso se los cuento después….Les mando muchos besitos bien calientes espero que les haya gustado mi relato.

Aguardo sus comentarios.

Autora: Chantalle

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Una madura gorda y calentona

De un golpe logré que entrara lo más posible. Ella se quejó, pero luego empezó a moverse. Mis manos abarcaban todo su culo, era increíble, blanco y gigante. A través del espejo podía ver nuestra pose. La gorda en cuatro patas sobre la cama, con sus tremendas tetas colgando que se movían cada vez que la penetraba. Su cara era de completo placer.

La verdad siempre he tenido suerte con las mujeres. Mi buena situación económica y un gran auto, me han abierto una serie de puertas en lo que a sexo se refiere. Mi novia es una mujer espectacular, de medidas 90-60-90, ojos azules y muy buena en la cama. Sin embargo, esta perfección y rutina siempre me llevaba a buscar algo más. Como dice en la variedad está el gusto.

Nunca fui un hombre fiel y creo que nunca lo seré. Así empecé a buscar un tipo de mujer diferente, distinta a las mujeres que acostumbraba a engancharme. Se me olvidaba, soy de Chile.

Una noche que regresaba de la casa de mi novia, pasé por el centro de la ciudad a comprar cigarros. En un paradero, se encontraba una mujer de uno 47 años, muy alta y extremadamente gorda. Estaba sola, y no había nadie en la calle. Me di dos vueltas delante de ella. La miraba. Ella empezó a notar mi presencia. A la tercera vuelta, me detuve en un negocio cerca del paradero. Al bajar ella me miraba fijamente y yo igual. Entré compre cigarros y en ese momento estaba pasando el bus que estaba esperando. Ella estaba de pie, con un bolso y dudaba en subirse o quedarse. Saqué un cigarro y la miré a la distancia fijamente.

Ella se acerca a la puerta del bus y dice al conductor que no viajará. Esa fue mi señal, ya que el próximo bus demoraría como media hora en volver a pasar y por la hora, no había ninguna otra razón para que se quedara.

Subí a mi auto, y di la vuelta a la manzana. Al pasar delante de ella, me miró y sonrió. Una vuelta más y me estacioné delante de ella. Ya con el vidrio abajo, le pregunto si necesita que la lleve. Ella se para, se acerca al auto. Cuando se agacha para hablar a través de la ventanilla, puedo observar sus tetas que son exageradamente tremendas. Me dice que iba a El valle, una localidad alejada de la ciudad, prácticamente campo, aproximadamente unos 25 minutos en vehículo. Le digo que no hay ningún problema. Ella lo duda un poco y toma su bolso y se sube.

Una vez adentro, puedo notar su gran volumen, sus nalgas ocupan todo el asiento. Su voz era un poco grave y se notaba que era de campo y un poco tímida. Le pregunto que hace tan sola y tan tarde en la calle. Me dice que había venido a cuidar a una amiga suya que había enfermado y que no se podía mover.

-¿Eres casada? – No, mi marido falleció, vivo sola hace más de 7 años – ¿Tienes hijos? – Si tengo una niña que se casó y se fue a vivir a la capital, ¿y tú? ¿Eres casado? – No, soltero y sin compromisos, – No creo que no tengas compromisos, alguien tan buen mozo como tú debe tener algo por ahí – Me río – Además, ¿que haces tan tarde en la calle? – Lo que pasa es que no me gusta acostarme temprano – ¿Y que te dio por llevarme? – Me rió nuevamente – Es que te vi con ese pesado bolso y me imaginé que no eras de acá, y como no tengo nada que hacer, estaba aburrido, quería conversar con alguien…. ¿Así que vives sola, sin nadie, ¿nadie? (analizaba el terreno, por que prefería estar en una cama con ella a llevarla a algún camino apartado). Si vivo sola, ¿no te hago desviarte mucho? – No te preocupes, no tenía ganas de acostarme, se me antojó tomarme una cerveza, pero me da lata tomármela solo… ¿Te gustaría tomarte una cerveza?…- Si podría ser.

En la primera botillería paro a comprar unas cervezas, obviamente dejando el auto un poco más allá, para que no fuera a pasar algún amigo mío y me viera con tremendo armatoste – Ok, estamos listos, ¿donde vamos a tomarla? …… No sé, di tú… Podríamos estacionarnos por ahí, pero podría pasar la policía y llevarnos por estar bebiendo en la vía pública, ¿te parece si vamos a tu casa?…Bueno.

Rápidamente llegamos al valle, no metimos por un camino de tierra y llegamos a una casa chiquita, bastante humilde. Nos bajamos. Mientras entrábamos, no podía dejar de mirar ese tremendo culo que se movía de un lado a otro. Una vez adentro, me siento en un sofá, y ella trae dos vasos. Empezamos a beber y fumamos un cigarro.

-Hace tiempo que no fumaba, ni tomaba cerveza, no vaya ser cosa que me embriague, me dice. – ¿Sí?, y como te pones cuando te embriagas….cambia mi personalidad… me dan ganas de hacer cosas…mmmmmmm ¿Qué cosas?…. Cosas malas….bueno, no malas…¿cosas como estas?. Me acerco y la beso. Dejo mi vaso en la mesa y le retiro el suyo.

Mi lengua se pierde en su boca, besaba torpemente, pero no importaba, no quería sus besos…bueno, no en mi boca. Rápidamente mis manos se apoderaron de sus tetas. Las apretaba con fuerza, eran imposibles de abarcar con solo una mano. Le desabrocho su blusa y saco su brasier. Un par de tetas del porte de mi cabeza quedaron a mi disposición. La chupé desesperadamente. La apretaba fuerte. Mordía sus pezones y ella me gritaba que se los apretara más y más fuerte. Le termine de sacar su blusa y quedó solo con una falda larga. Sus rollos eran bastante notorios, pero eso más me excitaba. Traté de sacarle la falda, pero sentada era imposible. Le hice pararse y desabroche su falda por detrás. Costó para que pasara por su poto, pero luego de unos tirones quedó solo con unos tremendos calzones, que marcaban cada uno de sus pliegues. La di la vuelta y me senté. Jugaba con sus tetas, pero su peso era increíble, ni siquiera me la podía puntear. Mis manos buscaron su vagina que estaba más que mojada. No duré mucho en esa posición. Le hice pararse y me paré sobre el sofá. Le pedí que me bajara los pantalones. Ella bajó mis pantalones y mis calzoncillos. Mi verga apuntaba al norte. Parada se dobló y empezó a chupármela suavemente. Mientras lo hacía, me desnude completamente. Le dije que fuéramos a su pieza.

La recosté sobre la cama (que no estaba hecha). Le subí sus piernas y le saqué sus calzones, también con gran esfuerzo. Quería apagar la luz, pero yo no quería perderme ningún detalle de su cuerpo. Me arrodillé al lado de la cama y empecé a besar sus piernas. Al subir me encontré con una tremenda mata de pelos que salía de su concha. Ella no me dejaba abrirle la pierna pero después de gran esfuerzo accedió. Empecé a buscar su concha que estaba detrás de varios pliegues de carne. Al encontrarlo introduje mi lengua lo más que pude. Alternaba mi legua con mis dedos. Ella me pedía que me saliera de ahí. Trataba de sacarme, pero yo sabía que estaba a punto de terminar. Con mis manos corrí sus carnes dejando toda su conchita mojada y rosada a mi disposición. En unos minutos de estar chupando un tremendo clítoris la gorda no aguantó más y soltó sus jugos en mi boca. Con mi cara toda mojada, me recosté a su lado y con mi cara entre sus tetas, seguí metiéndole los dedos por su choro. Ya podía meter cuatro dedos.

La hice darse vuelta y que se acostara boca abajo. Yo seguía acostado a su lado, mirando el tremendo espectáculo que era su culo. Mi mano lo recorría entero. Se perdía entre sus nalgas, desaparecía completamente. Bajé y metí mi cara también entre sus nalgas tratando de encontrar su hoyo. Fue imposible. Eran demasiado grandes para llegar a ella con mi lengua. Me monté sobre ella y empecé a jugar con mi verga entre sus nalgas. Se las abría y la dejaba aprisionaba con tremendas nalgas. Le dije que me la apretara. La gorda apretó sus nalgas y hasta me dolió el apretón pero era exquisito, mientras mis manos apretaban sus tetas que se desparramaban por el lado. Tenía que hacer mío ese culo.

Con mis dedos me perdí entre sus nalgas hasta que encontré su hoyo. Hábilmente me fui abriendo camino en su agujero, lo cual no me costó mucho.

De un golpe logré que entrara lo más posible. Ella se quejó, pero luego empezó a moverse. Mis manos abarcaban todo su culo, era increíble, blanco y gigante. A través del espejo podía ver nuestra pose. La gorda en cuatro patas sobre la cama, con sus tremendas tetas colgando que se movían cada vez que la penetraba. Su cara era de completo placer. Con mis manos agarraba su “cintura”, sus rollos, se los metía en su concha, le pegaba en los cachetes. Tomé mi lata de cerveza y se la vacié en el culo.

¡Como sonaba cada vez que la embestía! La gorda alcanzaba su segundo orgasmo. Yo no quería acabar, por que sabía que una vez que acabara lo único que quería era irme a mi casa. Luego que ella acabó, volví a bajar y a chupar su culo mojado con cerveza. Ella cae rendida. Sigo jugando a meterle mis manos entre sus nalgas. Ella me dice que está cansada, que la deje un rato. Le digo que yo también quiero terminar. Me dice que ella me hará terminar como yo quiera. La doy vuelta y me subo, dejando mi verga a la altura de sus tetas. Ella las aprieta y me empieza a correr una paja rusa. Entre los dos apretábamos sus tetas.

Mis dedos van a su boca y los chupa desesperada. Mojo mi pene con cerveza y lo acerco a su boca sentándome en sus tetas. Lo chupa. Mientras lo hace más cerveza le vacío. Vuelvo a bajar hasta sus tetas, ella las aprieta. Cada vez que me movía adelante. Mi pico entraba en su boca. Ya no aguanté más, tomo su cabeza y la obligo a meterla entera a su boca, mientras ella no suelta sus tetas, y mi primer chorro cae directamente en su boca, el resto de mi leche caliente termina entre sus tetas y su cara. Mi semen está en toda su cara y lo restregó entre sus tetas. Ella recoge el semen de su cara y lo lleva a su boca. Luego se chupa ella misma las tetas.

Le coloco nuevamente mi pene en su boca y lo deja limpio, pero este aun está duro. Bajo, se lo meto en su zorra y le agarro el culo, mientras sigo besando sus tetas que ahora tienen otro sabor. Paro un rato. Ella se coloca boca abajo para descansar. Yo me vuelvo a subir a su espalda y froto mi verga entre sus nalgas, ni siquiera trataba de metérsela, solo quería seguir tocando ese culo. Me siento en su culo, y con una mano me corro una paja mientras con la otra le agarraba el culo. Cuando estaba a punto de acabar me acuesto sobre ella, le abro las nalgas y le pido que nuevamente me agarre, dejándole todo el culo mojado.

Me retiro de su casa y me digo a mi mismo que nunca más volvería a verla, sin embargo la carne es débil y como a las dos semanas la volví a encontrar y terminé viajando nuevamente al campo.
Hasta la próxima.

Autor: R.CHI

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