La patrona y el capataz

Hilda es una mujer de 55 años, solterona, bajita, gordita, de pechos grandes y redondos y de culo mas grande aun, que recibe la noticia del fallecimiento de sus padres en un accidente automovilístico, ella se dirige al campo al sur de la ciudad, donde serán enterrados sus padres. Al llegar comprueba que la casa esta bastante deteriorada y que como fue hija única, recibirá de herencia ese terreno. Se instala en ese pueblo y comienza a planear rehacer esa casa, pone un aviso en un periódico del pueblo, ofreciendo empleo a hombres que sepan de construcción para comenzar con los trabajos en el campo.

Pasados unos días, llegan alrededor de 12 hombres que iban desde los 20 a los 60 años, de todos los físicos, guapos, altos, barrigones, chicos, calvos, musculosos, etc. En el grupo estaba Joel que se desempeñaba en la ciudad como capataz en construcciones de edificios y cosas por el estilo.

Joel tenia 27 años, era moreno, musculoso, velludo de pecho, 1. 85 de estatura, guapo, no sabe lo que tenía Joel pero Hilda, se embobó con él, lo designó capataz de los trabajos.

Los trabajos se iniciaron de inmediato, y Hilda se acomodó en el sector trasero de la gran casa patronal, mientras se trabajaba en el resto de la casona. Los obreros se instalaron en el amplio patio de atrás, donde había varias piezas de la antigua servidumbre. Como los baños para ducharse no estaban funcionando, los trabajadores instalaron dos ducha bajo una gran higuera, y solo las medio cerraron con una lona en el lado que daba hacia las piezas, sin saber que una pequeña ventana que quedaba a unos diez metros, justo frente a las duchas improvisadas era la de la pieza donde Hilda se había instalado.

Esa tarde Hilda se fue a su dormitorio temprano, antes que oscureciera, y grande fue su sorpresa cuando al ir a descorrer la gruesa cortina vio a uno de los trabajadores duchándose, totalmente desnudo.

Al principio cerró la cortina bruscamente, pero la hembra insatisfecha que había en su interior recapacito y pensó: Bueno, en mirar no hay pecado…, buscó entre su equipaje unos pequeños binoculares que ella usaba para observar las aves, y ahora con mucho sigilo se sentó en una silla al lado de la ventana, acomodó la cortina sin correrla para que quedara una abertura desde donde ella podía ver perfectamente las dos duchas.

Ahora pudo ver mas tranquila al trabajador que se estaba duchando, era un mocetón gordo y rubio, desde su ventana espía Hilda le miro con los binoculares la verga con curiosidad, la tenia pequeña, y con el prepucio largo, instintivamente la clasifico como un “pirulin”.

Permaneció allí más de una hora, y pudo ver a la docena de hombres ducharse, a cada uno les fue clasificando las vergas. Al final vio, 3 pirulines, 6 penes de tamaño normal, 2 falos de dimensiones llamativas, y una tranca, es decir un pene de tamaño más que grande. Cuando se fijó en el rostro del dueño de esa portentosa herramienta vio que era el capataz, Joel, el guapo moreno musculoso y alto que le había llamado la atención cuando lo vio por primera vez.

Lo observó ducharse, miro su cuerpo musculoso, sus pectorales marcados, su pecho velludo, su espalda ancha, sus glúteos tan bien formados, nunca había visto un hombre tan guapo y menos desnudo, miro su pene grande con testículos también de un tamaño gigante, gordos y muy peludos, demasiado grande era su tranca, se le hacia agua la boca, lo deseaba, sin querer por instinto, se comenzó a tocar sus pechos grandes, y de a poco tímidamente su vagina, estaba húmeda , Joel la tenia ardiendo de deseo, observaba su cuerpo desnudo y mojado, la calentaba solo verlo.

Sus pensamientos se bloquearon pensaba que era muy vieja para semejante macho, pero le gustaba su cuerpo, era un hombre deseable y ella lo sabia, se siguió tocando, hasta que por casualidad Joel mira hacia la casona y ve a Hilda espiándolo, ella se asustó y cerro la cortina, pero Joel seguía mirando y tocándose, Hilda tímidamente, volvió a abrir la cortina y ahí si se miraron fijamente a los ojos y ella lo contemplaba desnudo y él se tocaba para ella, hizo que su pene se endureciera y ahí si Hilda lo vio a toda magnitud eran mas de 20cms. de pene era un pico gigante, como nunca Hilda conoció, ella se siguió tocando mas y mas fuerte, estaba húmeda ardiendo de deseo por Joel.

Los ojos de Hilda estaban clavados en esa portentosa verga, 20cms de carne erecta, dura, la suave y tensa piel del glande brillaba a la luz del atardecer, la chuchita de Hilda se contraía en espasmos de placer, su dedo del corazón giraba sobre su clítoris provocándole mas y mas placer…, no podía dejar de mirar ese cuerpo de macho viril expuesto a sus deseos. Estaba sentada en la silla con sus piernas muy abiertas, se había quitado las bragas para masturbarse mejor, con una mano sujetaba los binoculares y con la otra se masturbaba violentamente, pasaba su dedo por el surco húmedo de su vulva, se lo introducía en su vagina, sobaba con la yema del dedo su clítoris en círculos, hundiéndolo suavemente a la vez…, estaba en esos ricos menesteres cuando Kingo, su perro dálmata, entró a la pieza sin que ella se diera cuenta, y al ver a su ama con sus piernas abierta, y oliendo la feromonas de esa chucha mojada, la mascota creyó que su ama lo estaba incitando, como lo hacia casi todos los días, a una sesión de lamidos, se acercó y después de husmear el sexo de Hilda comenzó a lamerle la chucha…, Hilda se sorprendió de su aparición intempestiva, y después lo dejo hacer, entregándose al goce voluptuoso que le daba esa lengua grande y áspera.

Afuera Joel se masajeaba vistosamente su potente pichula, mirando con desparpajo hacia la ventana de Hilda, sabia por los movimientos de la cortina que ella seguía ahí espiándolo, eso lo excitaba mas, y sentía la verga a punto de estallar.

Ambos estaban al limite, y a los pocos minutos Hilda vio como Joel aceleraba mas y mas el sube y baja de su mano pajera, a lo que ella respondió también acelerando su dedo en el masaje clitoriano mientras Kingo le daba largos lamidos en toda la extensión de su vulva mojada…, y justo en el instante en que el cuerpo desnudo de Joel se arqueaba hacia delante y de su verga salía despedido un chorro de semen blanco y denso como un largo escupitajo, ella sintió el estremecimiento de un intenso orgasmo, que le nació desde su vagina y se extendió como una corriente eléctrica por todo su cuerpo, aumentado por la lengua de Kingo que lamía y lamía sus fluidos vaginales que se escurrían de su sexo como si el orgasmo drenara de su cuerpo el placer que la sofocaba.

Hilda cerró la cortina, aparto a Kingo y se fue a tender en su cama, sus piernas aun temblaban, y lentamente fue sintiendo el relax y la modorra que le producía una buena masturbación, el único escape sexual que había tenido en toda su vida de seriota solterona.

Al día siguiente Hilda y Joel, se miraban de manera distinta, lo ocurrido la tarde anterior los convertía en cómplices, el sabia que Hilda lo había espiado mientras se pajeaba y pensaba que ella estaba haciendo lo mismo contemplándolo, Joel se animó y se acercó a hablarle

– Como esta Patrona? – le preguntó

– Bien, Joel y tu? – respondió Hilda

Así comenzó una trivial conversación, Joel le dijo que era soltero, pero que tenia pareja y un bebe de 6 meses, Hilda le contó que era soltera a pesar de sus 55 años, Joel le pregunto que a que se debía su soltería, Hilda le respondió – nunca encontré al hombre adecuado- y Joel comprendió.

Así siguieron charlando de muchas cosas, hasta que llegaron al tema sexual, Joel le contó que tenia poco sexo con su mujer, después de haber parido a su hijo, ya no le gustaba mucho el sexo, eso a Hilda la mojó por completo y al instante, Hilda que era virgen, no se atrevió a contarle esa parte de su vida, pensando que Joel no le creería, le dijo que hacían años que no tenia una buena ración de verga, la verdad nunca la había tenido, Joel la miró con ojos calientes, eso lo motivó a seducirla.

Joel volvió a sus quehaceres e Hilda se fue a la casona a terminar de ordenar su pieza, el día concluyó y los maestros volvieron a su improvisada ducha, para Hilda ya era un ritual ver a todos esos machos desnudos, bañándose, pero esperaba ver de nuevo a Joel y en esplendor sus 20cms. de pura verga, eso a Hilda de solo pensar le mojaba las bragas por completo.

Religiosamente miró a todos los hombres ducharse y Joel sabiendo que Hilda lo debía estar esperando ansiosa, se hizo esperar, hasta que llegó a la ducha y se desnudo, ahí estaba Hilda esta vez, esperando verlo, desnuda, sin ropa, se masajeaba sus enormes pechos de mujer madura, sus pezones duros, su vulva húmeda y el olor a hembra en celo se expandió por su dormitorio, su perro llegó de nuevo a su cuarto, pero ella lo corrió, ahora quería probar con sus dedos, Joel desnudo de nuevo se empezó a pajear, su gran pichula, dura y venosa, era masajeada con frenesí, Hilda estaba loca de caliente, viendo a su macho como se pajeaba para ella, Hilda no aguantó mas y corrió la cortina por completo, así los dos se vieron cara a cara, paladeándose, mirándose con deseo, Hilda no aguantó mas y con su dedo índice hizo el ademán de llamarlo a su pieza, Joel moviendo su cabeza le dijo que sí, apagó la ducha, se puso una toalla y se fue en dirección de la pieza de Hilda para poseerla.

Cuando Joel entró al dormitorio Hilda lo esperaba desnuda y anhelante, y con la típica actitud de dueña de tierras antes de nada lo hizo desnudarse y le dijo que se sentara en el sillón que había en una esquina de la pieza. Joel, al principio sorprendido, se sentó placidamente con sus 20cms erectos y punzantes entre las piernas y sus manos a los lados en actitud desafiante de macho que muestra su virilidad sin complejos…, la miró malicioso a los ojos y luego dirigió su mirada a su verga, como indicándole que esta estaba dispuesta para ella, como invitándola u ordenándole que le mostrara sus artes de mamadora…, Hilda sonrío coqueta y se acercó a él hincándose ante ese falo erecto, grande y duro…

Hilda acercó una de sus manos y tomó la verga erecta de Joel con toda la mano para sentir esa dureza suave y nervuda, y a la vez sentir su notable grosor, luego de apretarlo con fuerza lo tomó delicadamente con sus dedos pulgar e índice y del corazón, solo con esos tres dedos…, y volvió a sentir la dureza viril del miembro, y los latidos bajo la suave piel, y muy suavemente comenzó a correr y descorrer el prepucio y la piel del tronco, como masturbándolo y acariciándolo al mismo tiempo…, con su otra mano acarició con femenina suavidad las tensas bolas de Joel, sintiendo el escroto lleno de esos testículos de macho…, luego se inclinó hacia esas bolas calientes y levantó el pene para dejarlas expuestas a su boca…, pudo oler ese intenso, olor del macho excitado y lo aspiró profundamente, deslizó su lengua húmeda, ardiente por la costurita que separaba las bolas, sintiendo su pequeña y alargada rugosidad, subió y bajó varias veces por esa línea de piel… escuchó los quejidos de placer de Joel y eso la excitó mas aun…

Mientras seguía masturbándolo a tres dedos le daba besitos a sus bolas por todos lados…, y luego levantó un poco su rostro y enfrentó los 20cms de verga erecta y potente, que le apuntaban directo a su boca, estaba muy dura, el rosado brillante de su glande resaltaba contra la tierna piel de su tronco… mientras una de sus manos seguían acariciando las bolas en su base, llevó la otra a la base del miembro y lo apretó con su pulgar y su índice como un anillo…, Joel se quejaba de placer… y Hilda vio como el miembro se endurecía aun más y se movía con periódicos latidos…

Comenzó a besar el glande, la puntita, en su ojito sensible…, después pasó su lengua mojada en su saliva caliente por todo el glande, una y otra vez, sintiendo su suavidad tensa, deliciosa, y luego bajó por el tronco dándole besitos, lamiéndolo, como en espiral… subió y bajó por el varias veces, los quejidos de Joel le indicaban que ya no aguantaba, que quería el máximo placer… y entonces volvió a la puntita del miembro y muy lentamente lo fue introduciendo en su boca, lentamente… todo, entero… hasta su base… sintiendo como iba pene-trando en su boca, llenándola completamente…

Y entonces inició la mamada…, mientras mantenía la succión lo dejó salir de su boca, pero no completamente, solo hasta que el collar del glande quedó aprisionado en sus labios…, y de ahí lo volvió a meter entero en su boca golosa… una y otra vez, variando la succión una y otra vez, los quejidos de Joel aumentaban en intensidad y eso más le calentaba, saber que le estaba dando el placer que deseaba tanto darle…, aceleró su mamada más y más, ya entregada al goce de sentir ese miembro atragantándola, llenándole la boca, ahogándola cuando llegaba al fondo de su paladar…

Siguió cada vez más excitada, lo chupó, lo succionó, lo mamó, sus labios subían y bajaban por la verga envolviéndola, chupó, succionó, mamó, estaba loca de placer con ese pene grande y duro en su boca… lo mordió suavemente para que sintiera sus dientes, lo chupó succionando muy fuerte, hasta lograr que él diera un gritito de placer… y siguió más y más rápido chupándolo, subiendo y bajando sus labios que apretaban el tronco delicioso, chupó, succionó, lo mamó con fuerza… sintió que Joel ya se venía y subió y bajó su cabeza muy rápido, apretando y succionando a la vez con todas las fuerzas de su boca y sus labios… aceleró sus chupadas más y más, en eso sintió como un leve golpe de la verga en su paladar que le avisaba que Joel se venía… entonces se metió la verga hasta en fondo de su boca y al sacarla sintió la potente eyaculación, sintió el chorro de semen muy caliente que se derramaba dentro de su boca… siguió succionando y chupando mientras sentía los breves chijetes de semen que la ahogaban, sintió su sabor dulzón y se lo fue tragando con delicia… siguió chupando mas suave para sacarle hasta la ultima gota… Joel daba quejidos mas y mas suaves…, Hilda sintió escurrir la lechecita ardiente por la comisura de sus labios… la orgullosa verga lentamente fue perdiendo su erección dentro de su boca…, sabía que el pene se pone sensible cuando ya ha acabado y aunque lo mantenía en su boca solo lo dejo ahí quieto… para sentir como iba decreciendo en tamaño y dureza, poniéndose cada vez mas tierno y pequeño…, cuando ya era apenas un botón de carne, blando y pequeño… retiró muy lentamente sus labios de el…, lentamente… hasta al final apresar el prepucio muy blando y tierno, y apretándolo con sus labios lo estiró hasta que lo soltó echando su cabeza para atrás…

Levantó la vista y vio a Joel con los ojos cerrados, recostado hacia atrás en el sillón, su rostro sonreía y tenía la actitud del relax y del placer consumado…, entonces supo que había cumplido como toda una hembra con su macho…, se levantó lentamente y le preguntó con malicia

– Te gusto?

Joel la miro y le dijo- por supuesto-, ella bajo la mirada y sonrió, se sentó al lado de su macho, desnuda, no le importo su cuerpo de mujer madura, sus pechos grandes y caídos, su abdomen abultado y su culo grande, contrastaba con el viril y musculoso cuerpo de Joel, así desnudos los dos, empezaron a conversar, Hilda le comentaba que desde que lo vio, se sintió atraída por el, después de ver su gran tranca, aun mas se sintió cautivada por el.

Joel le reconoció que Hilda no cumplía con los cánones de las mujeres que a el le gustan, pero que desde que la vio excitada, viéndolo como se duchaba, lo hizo calentarse con ella, hasta desear poseerla, Hilda le confiesa- tú eres mi primer hombre-, Joel la miro e incrédulo le pregunto – es verdad?- si mi hombre-le respondió a Joel.

Joel se sintió halagado de ser el primer hombre de esa dueña de campo, la miro y la beso con ternura, pero ese beso se torno apasionado, la abrazo, le toco sus pechos enormes, Joel nunca había tenido sexo con una mujer mayor que el, Hilda era su primera madura, acariciaba sus pechos, le apretaba sus pezones cafés, Hilda se estremeció de puro placer, al sentir las yemas de los dedos, frotando sus pezones, Joel se agacho, se llevo un pecho a su boca y mamo como un niño recién nacido, el largo y duro pezón de Hilda, era la primera vez que un hombre, le tocaba y le chupaba sus pechos, estaba como loca, al sentir la boca de Joel, chupándole su pezón.

Con la otra mano Joel tocaba el sexo húmedo de su patrona, tocaba su vulva y estaba mojada, síntoma de que esa mujer estaba caliente y ardía de deseo, el pene viril de Joel, empezaba a despertar nuevamente, sus dedos seguían recorriendo la húmeda vagina de Hilda, de su sexo emanaba un fuerte olor a hembra, Joel nunca había sentido ese olor y le encantaba oler como del sexo de su patrona salía ese perfume ardiente, Hilda vio que el pene de Joel estaba listo para el combate, lo beso con pasión en la boca y volvió a ser la patrona del campo.

-Te voy a montar- le dijo

El caliente, se volvió a incorporar., se sentó cómodo en el sillón, Hilda se levanto, le beso en los labios y abrió sus piernas gruesas, se sentó en las piernas de Joel, tomo su pene grueso, se acerco mas a el, se puso el pene en la entrada de su vagina y como si fuera un caballo, se sentó con fuerza sobre su pico, Hilda se quejo, mezcla de dolor y placer, Joel con los ojos cerrados, solo sentía como su patrona se movía sobre su pene, Joel mirándola le dijo- no te creo que nunca hayas culiado-, Hilda respondió-he visto muchas películas de sexo, esperando el día que mi macho llegara….hasta que llegaste tu.- le dijo con cara de caliente, moviéndose sobre la tula de Joel.

Los dos gemían y gemían, sus cuerpos empezaban a sudar Hilda seguía subiendo y bajando sobre el pico de Joel, ardían de deseo, ella le mordía el cuello y Joel apretaba sus grandes nalgas, se las pellizcaba e Hilda solo gemía de gusto. Se besaron con desenfreno, con pasión, propio de una lujuria desatada y la lujuria de Hilda se demoro 55 años en ser liberada.

Joel sin aviso la tomo y la empezó a follar de pie con Hilda apoyada sobre la muralla, Hilda estaba en trance, al borde de la inconciencia de tanto gozo que su capataz le provocaba, sentir dentro de su sexo ese pico de 20cms, rozando su clítoris, era una sensación difícil de explicar, mil veces mejor que los dedos que usó por muchos años.

Hilda sentía esa verga imponente como un taladro que le removía sus entrañas causándole dolor y goce al mismo tiempo, en una mezcla de sensaciones que nunca imaginó que podía llegara sentir. Estaba allí contra la pared, empalada por ese falo duro que en cada penetrada la levantaba cono si ella colgara de un duro gancho con chucha pene-trada. Sentía como un vahído, como un extraño mareo al verse así, culiada y reculiada por un macho, y mas aun, por un macho con un pene que ella solo había visto en las revistas pornográficas que usaba para masturbarse.

En eso, como si leyera sus pensamientos, Joel la tomo de sus nalgas y clavándole su pichula hasta en fondo la levantó y caminó con ella así, abotonada en el aire, hasta el lecho, donde sin sacar su pico la recostó sobre la cama y luego la abrió las piernas, sin sacárselo, y se las puso sobre sus hombros, y empujó su miembro con todas sus fuerzas dentro de la vagina de Hilda, de manera que la penetración fue total.

-Ayyyyy-grito instintivamente ella, al sentir el poderoso ataque fálico.

-Tranquila mi reina-. Dijo Joel y comenzó a sifonearla lenta y profundamente.

-Ahhhh… asíííí, esooooo…- murmuraba ella extasiada.

De pronto Joel ensimismado en culiar con lenta intensidad a Hilda, sintió un delicioso lengüeteo en sus bolas… y luego en su ano…, de inmediato de dio cuenta de que era Kingo, la mascota sexual de Hilda. La sensación de esa lengua áspera y húmeda en su culo y sus bolas era algo nuevo para él, y le generaba un deleite físico distinto a todo lo que él conocía, así que dejo a Kingo seguir lamiéndolo y el siguió culiando con calma y viril potencia a Hilda.

Joel sentía el lengüeteo de Kingo, era extraña la sensación, le gustaba esa lengua en sus bolas y culo, su pico estaba duro dentro de Hilda, se excito mas y mas, comenzó a penetrar a Hilda con potencia, como el macho que era, Hilda estaba al borde del desmayo de tanto gozo, le rasguñaba los glúteos a Joel, gemía despacio, sudaba como loca, sus grandes pechos bailaban al compás de los empellones que Joel le daba.

Se salio un poco de Hilda, aparto a Kingo y lo saco de la habitación, Joel se agacho frente al sexo de su patrona y comenzó a lamer su clítoris, Hilda se estremeció, estaba acostumbrada a que su perro, le lamiera la vagina, pero ahora era un macho, el que le lamía toda su intimidad y estaba al borde del clímax y fue así como apretó el cabello de Joel y grito extasiada, era su primer orgasmo, al lado de Joel su capataz.

Joel la dio vuelta y como perrita se puso en la cama, Joel le beso los glúteos, y de a poco, le abrió los cachetes y metió su húmeda lengua, en el ojete del culo, metiendo la punta de su lengua, en el interior, lo que hizo a Hilda mojarse mucho más, lamía su culo suavemente, con delicadeza y después con mas fuerza, Hilda estaba loca de caliente, los dos sudados, la cama mojada por la transpiración de ese coito tan caliente, sin aviso, Joel se puso de rodillas en la cama y sin rodeos puso la punta de su pico, en la entrada del culo y le metió el pene en el hoyo de Hilda, Hilda grito como si se fuera a morir, pero lo caliente que estaba le hizo pedir mas

-Dame por el culo, no pares- le decía a Joel

-Si mi Reina, lo que Usted quiera- le respondió a Hilda

Así le siguió dando por el culo en empellones salvajes, el culo flácido, su barriga abultada y sus pechos grandes, se movían con un ritmo desenfrenado, mientras el pico de Joel entraba en esa cavidad nunca antes explorada, Joel y su cuerpo atlético estaba todo sudado, culiándose a su patrona, se movió mas fuerte, era la señal de que iba a acabar y así fue grito como macho, al cabra dentro del culo de Hilda

-AAAAAAAAAAAHHHHHgggggg- exclamó lleno de pasión.

Hilda se quejaba, de dolor y placer, toda sudada pero llena de placer

Se acostaron en la cama, Hilda apoyo su cabeza en el pecho de Joel, y le besaba sus tetillas, hablaron harto rato y ella le pidió a Joel que se quedara a dormir con ella, Joel le reconoció que su mujer lo esperaba en casa, Hilda lo beso en los labios y le dijo

-Yo te convenceré-

Pero eso es para otro relato.

FIN

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