Cachondeada en el metro y cogida por un jovencito

Sexo con Maduras, Milfs. Hola, es la primera vez que escribo un relato de este tipo, así es que espero hacerlo bien y les resulte interesante.

Bueno, mi nombre es Eréndira, tengo 52 años, mido 1.75 m, peso 70 kg, soy una mujer voluptuosa, eso significa que estoy nalgona, chichona y piernuda, tengo el pelo lacio y largo hasta una altura intermedia entre mis senos y mis nalgas. Soy de piel blanca, ojos castaños y pelo castaño claro.

Después de describirme físicamente, voy a decirles que trabajo en Liverpool del centro y vivo en la colonia Industrial, al norte de la Ciudad de México, así es que diario tomo el metro para ir y regresar a mi casa.

Diario uso un uniforme consistente en un traje sastre de falda y saco, la falda siempre la uso mini cortita a medio muslo, unos zapatos con tacón alto de aguja de 10 cm ya sea sandalias o zapatillas y medias con liguero o pantimedias transparentes, sólo en los meses de mucho calor voy al trabajo sin medias para andar más fresca. Read more

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Mio a Voluntad I

Debido a que mi pareja trabajaba fuera de la ciudad y le era muy difícil visitarme por la responsabilidad que tenia y ante la soledad en que me encontraba, sentía la necesidad de salir y disfrutar de amistades y fiestas que con frecuencia se realizaban.

Fue así como empecé a salir con mis compañeros de trabajo que constantemente me invitaban los fines de semana, o después que salíamos del trabajo, a que los acompañara a tomar algunas cervezas o tragos en diferentes sitios donde cordializábamos amenamente.

Debo confesar que soy muy apasionada y siempre me ha gustado disfrutar de la compañía de los hombres y del sexo plenamente.

Como lo indique en mi relato anterior DESEO SATISFECHO, soy una latina, coqueta y muy apasionada. Mido 1.62, algo rellenita pero con estrecha cintura, de piel blanca, de larga y negra cabellera y poseo unos naturales, grandes y provocativos senos que me encanta insinuarlos y también unas atractivas, redondas y bien pronunciadas nalgas, con piernas bien conformadas de muslos gruesos y siempre soy objeto de miradas y expresiones insinuantes de los hombres que me rodean, circunstancia que he sabido aprovechar.

En la empresa donde trabajo, trabaja también Miguel, un chico de 20 años, muy tímido y servicial. Constantemente  estaba pendiente de mi y con frecuencia y gustosamente me hacia favores personales. Miguel tenía hacia mí un trato muy respetuoso siempre, a pesar de la confianza que ya existía entre ambos. Quizá la diferencia de edad que entre los dos existe (15 años), hacía que su comportamiento fuera así. También creo que influía mi condición de profesional universitaria mientras él cursaba estudios técnicos.

En una oportunidad salimos un viernes por la tarde después del trabajo con una compañera y su pareja, Miguel y yo; fuimos a una pequeña tasca muy animada y concurrida. Al entrar, noté como varios hombres ubicados en la barra del local, me desnudaban con sus miradas, la música bulliciosa de ritmo tropical que ambientaba al local, mantenía a los visitantes alegres que unido al licor ingerido hacían mas expresivas sus emociones corporales o comentarios.

Transcurría el tiempo y después de haber bebido varias cervezas, nuestro grupo se encontraba bastante alegre y animado. Miguel era el menos expresivo de los cuatro, mi amiga se mantenía muy junta y abrazada a su pareja y con frecuencia se acariciaban y besaban; estas escenas me excitaban, logrando que por mi mente volviera a pasar la idea que ya por un tiempo venía teniendo de seducir a aquel chico, de tener con él una aventura sexual. Lo necesitaba cada vez mas y conociendo la timidez de Miguel pensé que era el indicado, que aquella aventura era fácilmente controlada por mi, que Miguel podía calmar mis deseo de sexo que con frecuencia mitigaba masturbándome en mis noches de soledad y que de alguna manera sustituiría sexualmente a mi pareja distante.

Y mientras estos pensamientos pasaban por mi mente, comencé a prodigarle tímidas pero expresivas manifestaciones de afecto, las cuales comencé tomándole reiteradamente una de sus manos, incluso llegue hasta abrazarle por el cuello con el pretexto de celebrar cualquier comentario propio del momento, cuidando que ello no fuera a generar sospechas entre mi amiga y su pareja que conocían a mi pareja distante.

Mas adelante acerqué más mi silla a la suya y así seguimos hasta incluso llegar a rozar con mis pies sus piernas. Él se mantenía inexpresivo y hasta se veía sorprendido o incrédulo por mi actitud, pero si pude notar en un momento en que se levantó para ir al urinario, que su juvenil instrumento presentaba una fuerte erección que hizo que, en un gesto propio de los hombres, lo acomodara de forma tal de disimular su expresiva excitación.

Mi vagina se humedecía, mi mente era un torbellino de pensamientos eróticos, sentía un fuerte palpitar en mi vulva que me producía el deseo reiterado de apretar y abrir mis piernas. El cálido, alegre y bullicioso ambiente del local era contagioso entre todos los que allí estábamos, hacía que consumíeramos cada vez mas,  con mas prisa, aquellas frías y estimulantes cervezas.

De repente sentí como una de sus manos se posaba tímidamente sobre uno de mis gruesos muslos dejándola allí quieta por algún tiempo hasta que sentí como suavemente la subía y bajaba, mientras conversaba con mis amigos que le atendían su historia. Quise retirársela, pero podían más mis deseos y la excitación que se apoderaba de todo mi cuerpo. Me sentía muy excitada, y solo esperaba el momento de salir de allí para junto con Miguel dar satisfacción a mi deseo de hacer mío a voluntad aquel tímido chico al que estaba dispuesta a conducir su accionar sexual de tal manera de disfrutarlo al máximo y complaciera mis deseos.

Llego el momento de partir, mi amiga y su pareja se marcharon con el compromiso de repetir el encuentro, Miguel me condujo a su auto para llevarme a mi casa; inicio la marcha con su mirada fija en la vía mientras permanecía en completo silencio, pasados unos 5 minutos sin pronunciar palabra ninguno de los dos, no pude contenerme y en incontrolado gesto puse mi mano entre sus piernas y sentí su fuerte erección, luego abrí la cremallera y con dificultad por su rígida erección pude extraer aquel juvenil y seguramente virginal e inexperto miembro. Miguel permanecía callado y hasta sorprendido por lo que una mujer como yo le hacía, a quien nadie conocía por ser una folladora fácil, pues siempre he sido muy reservada en mis múltiples enganches.

Y de repente, Miguel con baja y balbuceante voz me pidió que le permitiera estar conmigo, que quería que estuviéramos juntos, que lo deseaba desde hacía mucho tiempo, que mi cuerpo le parecía hermoso pero yo siempre le había parecido inalcanzable y que en mas de una ocasión se había masturbado pensando haciendo el amor conmigo, que le parecía un sueño lo que le estaba pasando en estos momentos, sueño del que no quería despertar. Le dije que no era un sueño, que todo era realidad, y que esta noche seria suya, que dirigiera el auto a un Motel cercano donde todos sus deseos y fantasías que conmigo tenía en su mente las disfrutaríamos en esta noche.

Presuroso se dirigió al Motel, podía ver la felicidad en la expresión de su cara; la habitación era cómoda y por la ventana de vidrios no traslucidos entraba la luminosidad externa evitando que quedara en completa penumbra y desde un primer momento puse en practica mi deseo de dirigir y controlar todo lo que hiciéramos. Le pedí que no encendiera la luz, pues deseaba que fuera mediante sus caricias que descubriera y palpara mi bien conformado cuerpo y atributos con los que la naturaleza me había dotado y que tanta miradas y exclamaciones de deseo provocaban en los hombres a mi paso junto a ellos, incluido Miguel, que tantas veces se había masturbado imaginando que me poseía; Miguel aceptó y pasó al baño, lo que me permitió desnudarme y cubrirme con la sabana blanca de la cama. Salió desnudo y le pedí se acostara junto a mi, lo hizo dócilmente y lo tomé por su cara,  la acerque a la mía y nos prodigamos un profundo y extenso beso, nuestras lenguas ávidamente acariciaban el interior de nuestras bocas y mientras lo hacíamos coloque uno de mis gruesos muslos sobre los suyos y pegue mi cuerpo al suyo, tembloroso y tenso quedando solo entre los dos la blanca sabana con que me cubría.

Empezó acariciar mi negra y larga cabellera, llevando su mano hasta mis firmes y pronunciadas nalgas a las que rodeaba con suaves pero firmes movimiento circulares. Intentaba colocarse sobre mi, pero era en vano lograrlo. Seguíamos besándonos con pasión infinita,y yo,  en medio de mi gran excitación, deseaba que poco a poco fuera descubriendo y disfrutando de mi cuerpo.

Aquellos besos y caricias eran interminables, mucho tiempo así estuvimos, creo que las palabras para él como para mi, estaban de mas; él hacia realidad sus deseos y fantasías y lo disfrutaba un tanto incrédulo y yo gozaba del placer de tener aquel joven aun inexperto que desde hacia algún tiempo deseaba hacerlo mío.

Lentamente, mientras le besaba, fui bajando mi mano derecha acariciando su pecho hasta llegar hasta aquel ardiente y rígido instrumento, húmedo también por el viscoso liquido que mantenía húmeda la suave cabeza de su pene. Lo agarre y empecé suavemente a masturbarlo, por momentos se lo apretaba y así seguía palpando aquel trozo de carne, no de proporciones en tamaño y grueso para mi gusto, pues me gustan grandes y gruesos, pero si bastante aproximado a un pene normal, y empecé a bajarme lentamente mientras besaba su pecho y sus tetillas; Miguel de espaldas en la cama abría sus piernas para facilitarme el que mis labios besara su miembro erecto y rígido que apuntaba su cabeza hacia el techo de la habitación. Miguel aprovecho mi nueva posición para encender la luz para poderme ver a plenitud, lo que acepte con cierto desdén.

Me coloque entre sus piernas en posición de perrito, agarre su arma erguida y la metí en mi boca y en un rítmico metí y saca empecé a darle una variada y magistral chupada y lamidas con mi lengua a sus bolas, a su tronco y cabeza, que hacía que Miguel se retorciera de placer.

Con placer morboso le preguntaba que si le gustaba lo que le hacia y quería que siguiera, a lo que apenas respondía con un hummjuuu… y un suave y prolongado “siiiiii…… mi amor.., sigue asiiiiii… mi reina….”, A veces levantaba mis ojos para ver su cara y veía como su vista estaba fija viendo mi excitante faena y a la vez contemplaba gozoso mis blancas y robustas nalgas que se erguían hacia el techo, cuya separación entre ellas indicaban el camino hacia mi húmeda vagina y labios mayores y menores que sentía hinchados, calientes y tensos producto de la excitación que los mantenía abiertos.

Después de aquella rica faena me coloque nuevamente junto a él y lo besé y tomó entre sus manos, ahora si, mis grandes y blancos senos, mi amplia aureola y pezones, que estaban contraídos y rígidos por la excitación. Los llevo a su boca con deseo inmenso y los chupo insistentemente, y mientras lo dirigía, paso su lengua por ambos sin dejar parte de ellos sin lamer, sus manos temblorosas acariciaban mi entrepierna abierta y sus dedos recorrieron mi rajita húmeda una y otra vez, no aguantaba mas la excitación y le pedí que se colocara sobre mi, lo hizo dócilmente y tome su cálido instrumento, quería meterlo ya, pero se lo agarré y lo me lo coloqué a la entrada de mi vagina y le indique que me lo empujara… lentamente, lo hizo… que divina sensación sentía, tenía muchísimas ganas. Miguel, por su parte, al tiempo que lo metía, producía una expresión de agrado y placidez que salía de lo mas profundo de su ser; por momentos como que dudaba continuar en su accionar, sentía su cuerpo tembloroso y tenso, yo le animaba a seguir y le indicaba que debía irme haciendo, hasta que nos unimos en uno solo, por fin aquel chico había logrado lo que durante tanto tiempo había querido que era follarme, poseerme y yo hacia realidad mis deseos, paso sus manos bajo mi espalda y me tomo fuertemente por mis hombros, lo abrace con mis piernas y brazos y junto muy juntos, fundidos el uno con el otro iniciamos una intima y profunda relación sexual.

Miguel embestía con virilidad y fuerza su agresivo miembro dentro de mi vagina y yo levantaba la cadera para que me penetrara lo mas que pudiera, poco a poco tomaba mas confianza en su accionar mientras yo le pedía que me diera mas y mas y mas fuerte, le decía que era lo que mas deseaba. Yo no quería que fuera a terminar, quería prolongar lo mas posible esos momentos, lo hacía cada vez con mayor rapidez, me volvía loca, lo apretaba lo mas que podía con mis piernas y le pedía que no terminara, que quería mas y mas guebo, le pedía que siguiera haciéndolo así, así, así, duro y seguido, me movía rítmicamente acoplándome a él, manteniéndonos fuertemente abrazados, le pedía que me diera mas y mas, no podía evitar los suspiros de placer que salían de mi, sentía sus testículos golpeando mis nalgas con sus incansables y súper excitantes embestidas, su miembro que sentía ahora como mas largo y grueso, tropezaba el interior de mi vagina, mi excitación aumentaba y sentí venirme, mi vagina se contraía y aprisionaba su miembro, mientras cantidad de liquido vaginal salía y mojaba todo y de repente en un gesto mas de excitación abrí mas mis piernas y las levanté permitiendo que me lo metiera mas profundamente, y así, me vine en un explosivo orgasmo que nublo mis sentidos, acompañado por un fuerte grito de placer, y quejidos, mientras en impulsos incontrolados arqueaba seguido mi cuerpo buscando mayor penetración por parte de Miguel, que se aferraba mas fuerte a mi, para evitar se saliera su miembro de mi ganosa vagina que en orgasmos sucesivos, hacia que mi cuerpo, preso de espasmos y contorsiones, se estremecía, mientras mi cabeza incontroladamente giraba de un lado a otro de la almohada y Miguel continuaba con su vigoroso y rápido accionar. Pero quería mas y mas, le pedía que siguiera, y Miguel aferrado fuertemente a mi indomable cuerpo, como loco, seguía perforando con su rígida arma mis entrañas en un interminable y ruidoso metí y saca. El sudor era copioso, nuestros cuerpos deslizaban entre sí, parecía como si nos hubiéramos duchado totalmente, las sabanas estaban mojadas, Miguel lamía mi cuerpo sudoroso, los minutos pasaban y parecía que recién iniciábamos hacernos el amor. Miguel buscaba prolongar este momento que no sabía si se repetiría.

Miguel, se movía circularmente sobre mi, estimulando más y más mi clítoris, su pene, que ahora sentía mas largo y grueso, tropezaba mi interior y me decía que no quería que este momento terminara nunca, que si me gustaba como me lo hacia, a lo que le respondía diciéndole lo rico que lo tenía y lo divina que me sentía teniéndolo dentro de mi, le pedía que siguiera dándome duro y que no lo fuera a sacar, necesitaba ser poseída mas y mas, lo empujaba lo mas que podía y se quedaba quieto por momentos para retrasar su orgasmo, para volver a darme seguidillas de embestidas profundas y enloquecedoras, lo apretaba con mis robustos muslos y nuevamente una ola de espasmos vaginales anunciaban la proximidad de un orgasmo mas, le decía: “papi, papi ya me vengo nuevamente, dámela ahora que la deseo toda dentro de mi”, Miguel acelero su ritmo buscando terminar junto conmigo, movía mi cadera ondulante y rítmicamente, me aferré fuertemente a las sabanas, apretaba mis labios y dientes, y pujaba de placer mientras movía incontroladamente mi cabeza de una lado a otro,….. “papi dame así duro…., dame, dame mas, así, así, así,…”

De repente sentí como Miguel con vigoroso impulso de sus caderas lo metía lo mas profundo que podía, arqueando su cuerpo hacia atrás y estirando sus piernas juntas entre las mías que tenia bien abiertas y sin sacármelo tomo mis pechos fuertemente, uno en cada mano causándome dolor mientras lanzaba una fuerte y prolongada exclamación de pasión y placer; y mientras su cuerpo permanecía tenso y rígido, sentía como su maravillosa arma se recrecía y a continuación una potente descarga de abundante y caliente semen invadía mis entrañas, seguida de profundas y sucesivas embestidas que depositaban mas y mas semen en cantidad propia de la joven y excitada virilidad de Miguel. Mi vagina quedo llena desde lo mas profundo hasta brotar por los lados de su entrada humedeciendo mis muslos y nalgas con el espeso, viscoso y blanquecino liquido. Sentía la satisfacción propia y natural de la hembra plenamente poseída. De mi pecho salían gemidos de placer, estire mis brazos, lo tome por la cabeza y la atraje sobre mis pechos donde plácidamente y aun con fuerte respiración de su relajado y sudoroso cuerpo, emitía placenteros rugidos, mientras muy lentamente aquella agitada, agresiva y poderosa arma también se relajaba e iba abandonado mi cálida vagina, recubierto de la olorosa y excitante combinación de su cálido, viscoso y abundante semen que aun salía de aquel relajado guerrero y mis fluidos vaginales.

Pasado cierto tiempo y como si despertara a la realidad de lo sucedido, Miguel levanto su cabeza sudorosa de entre mis pechos y me miro con expresión de incredulidad por lo acontecido; estaba seguro que no había soñado que todo era una hermosa, excitante y anhelada realidad. Le bese tiernamente, en sus labios, le mire a sus ojos convencida de que Miguel podía en el futuro depararme mas momentos de placer y ser MIO A VOLUNTAD.
(Agradezco Comentario)

Apasionada.

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Miedo a los ascensores

Siempre le tuve temor a los ascensores. Cuando me mudé al 7mo. piso del Cervantes Center, me convencía a mi misma con el placer que me daba la excelente vista panorámica de mi departamento y con la cercanía a la empresa donde trabajo. Jamás pensé que la experiencia que iba a vivir cambiaría mi percepción sobre el sentido de viajar en ascensor.
Los primeros días lo usé casi sin pensar ocupada como estaba en armar mi nuevo departamento. Una vez instalada comencé a subir y bajar a la misma hora y  a entrar en contacto con las personas que habitualmente subían y viajaban en el mismo horario. Cada día de mañana bajábamos seis; a mi regreso de la empresa, por la noche subíamos cinco, cuatro hombres y yo. Sola. La primera vez que subí me sentí algo incómoda – sola entre cuatro hombres – subiendo en silencio. Todos con trajes impecables y corbatas que cambiaban cada día. Dos de ellos siempre de anteojos oscuros. Impecable calzado los cuatro. La mayoría de las veces atendiendo sus móviles de última generación. Uno privilegiaba el uso de la tableta. Se ponía en un rincón y parecía subir mirando algún video. Subíamos los cinco en la planta baja y me cedían el primer lugar para entrar, por lo que yo me ubicaba en el fondo del ascensor contra el espejo posterior. El último en subir apretaba con su dedo medio cada piso. Lo hacía con mucha suavidad y firmeza. Fue la primera mano que comencé a mirar con mas atención. Se notaba una piel suave y recia.
A los quince días ya nos saludábamos atentamente. Ellos mostraban conocerse hace mucho tiempo porque conversaban mucho entre si. Todos seguían a pisos superiores al mío. Por lo que bajar significaba pasar en medio de ellos y…sus miradas que me recorrían.
Noté sus miradas especialmente el día que cuando estaba por bajar se me cayó el celular sobre la alfombra del ascensor y al descender a tomarlo los cuatro se agacharon para alcanzármelo, de manera tal que sus cuatro manos y la mía casi llegaron al mismo tiempo al teléfono  Dos de ellos alcanzaron a rozar mi piel. Noté que la vista de los dos que estaban sin anteojos se dirigieron mas a mi blusa escotada que al celular del suelo. Alcé el celular, di las gracias y salí. Los cuatro sonrieron sin decir nada y noté que – mientras se cerraba la puerta del ascensor- comentaban algo entre sonrisas. Uno de ellos se pasaba la lengua por sus labios y otro me despedía con un ademán de su mano y una mueca de seducción. Era el mas alto y rubio de los cuatro.

Después de tres meses la situación seguía de la misma manera. Hasta que llegó aquel viernes en el que que volví del trabajo, llamé el ascensor desde la planta baja y al abrirse la puerta estaban ellos cuatro, solo que cuando yo subí, ninguno bajó. Ingresé y mientras el dedo aquel apretaba el piso cuarenta y dos, me vi rodeada por los cuatro que comenzaron a girar en torno mío. Algo atemorizada quedé enmudecida y tieza, pero uno de ellos me ofreció un ramo de rosas. Mientras el segundo destapaba un perfume atrapante, el tercero tomaba su tableta y comenzaba a filmarme el rostro, con primeros planos de mis labios y comenzando a recorrer con su cámara mi cuerpo con movimientos envolventes. El cuarto se arrodilló ante mi y sólo dijo:

– Hasta donde tu desees…- mientras sus manos tomaron mis tobillos y comenzaron a abrir suavemente y con firmeza mis piernas.

Ya los dos restantes dejaron de girar a mi alrededor y tomaron mis manos. entre los tres me pusieron contra el espejo. El cuarto continuaba filmando. Intente decir algo pero un dedo con un perfume embriagante se posó sobre mis labios, mientras comenzó a dibujar toda la extensión de mi boca. La otra mano acarició mi rostro y deslizó dos dedos por detrás de mi oreja, y se entretuvo en mi lóbulo. Al mismo tiempo comencé a sentir que las manos que habían tomado mis tobillos comenzaban a deslizarse hacia arriba recorriendo convencidas el interior y exterior de mis piernas, que querían temblar. La presión del dedo anular en el interior de mi pierna hizo que yo levantara mi cuerpo sobre la punta de los dedos de mis pies, con una mezcla de temor y deseo que esa mano llegara hasta las orillas de mis bragas de seda. La cámara seguía registrando cada rincón, y el cuarto hombre apoyaba mis brazos contra el espejo con fuerza.

A las manos que subían comenzaron a sumarse otras manos que se deslizaban desde el cuello para abajo y ya no alcanzaba a notar cuantos manos me acariciaban. En ningún momento me violentaban. Cada centímetro recorrido iba a compañado de las mas dulces expresiones que uno u otro deslizaba susurrando en mis oídos. Uno se puso a un lado, otro a otro lado, y el que seguía de rodillas ante mi ahora sumaba su rostro que se acercaba hacia mi vientre y su boca bajaba sobre mi falda hasta encontrar el camino mas caliente y zigzagueante hasta mis labios inferiores que ya quedaban a la altura justa de su boca.

¿Cuáles eran las manos que comenzaron a rodear mis senos? Ya no podía distinguirlas, pero tensaban mi piel hasta hacer endurecer mis pezones que comenzaron a desear salirse. Alguien comenzó a desprender mi camisa y otra boca descendió desde el cuello hasta uno de mis pezones que comenzó a rodear, primero con su lengua y dedos y luego succionó con dulzura, firmeza y un ritmo enloquecedor. Otras manos dejaban al aire el otro seno mientras otra mano tomaba mi propia mano y la deslizaba por un miembro que endurecido quería deslizarse fuera de un pantalón. Quise retirar mi mano pero la sostuvieron con firmeza contra aquel miembro erecto. MI otra mano fue deslizada dentro de un pantalon y sentí el calor y suavidad de la piel de uno de ellos.

En un momento dado tenía un miembro en cada mano; mis senos eran succionados con pasión por dos bocas; a la que se sumaba una tercera sobre mis bragas dibujando con su lengua entradas y salidas de pasión que hicieron que yo me mojara y corriera apasionada. El ritmo de mis manos corriendo la piel de aquellos endurecidas vergas, comenzó a sacar expresiones de placer. El ascensor seguía subiendo.

No me preguntes en que piso fue el momento en que me encontré con mi cara frente al espejo mi camisa , totalmente deprendida y labios que mordían mis muslos, mientras dos manos abrían mis piernas desde los tobillos. Mis bragas fueron corridas a un lado y mi culo comenzó a sentir caricias peneanas que subían  y bajaban buscando mi orificio anal. Sentí que unas manos se untaban en lubricante de aroma embriagador y cada aspereza de mi piel cedió a un camino de placer por el que comenzaron a entrar y salir, tres vergas en forma alternativa, cada una llegando a tocar diversos rincones de mis deseos.

No sé cuantas veces me corrí. Mi coño sentía a la vez dedos que entraban y salían y mi clítoris explotaba de placer. Cuando todos acabamos, estábamos parados en el piso siete. Yo me acomodé la ropa y comencé a bajar. Cuando crucé el umbral del ascensor una voz volvió a decir:

– Hasta donde tu desees…-

Otra agregó: – Hasta mañana –

Y los cuatro sonrieron. Yo bajé con mis rosas, mi perfume y mis deseos…

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Infieles

Vuelvo para confesarles una experiencia que como las anteriores publicadas en la categoría de CONFESIONES ( Deseo Satisfecho, Mio a Voluntad I y Mio a Voluntad II), son reales y esta otra fue vivida con alguien que con el tiempo compartió muchos y agradables momentos conmigo, que les contare próximamente si es de vuestro agrado..

Aquella tarde unas compañeras de estudio de la universidad me invitaron a tomar en una tasca de la ciudad unos tragos donde se unieron otros compañeros de diversas especialidades. Pasado algún tiempo salieron a la pista de baile, yo me quede con uno de ellos que ya había visto en la universidad y me llamaba la atención, pero no había tratado, llamado Augusto, quien insistía en que bailáramos, cosa que no acepte. Entonces decidimos quedarnos allí conversando, y como casi siempre, los casados hablan de sus problemas con sus esposas, de su trabajo hijos etc, etc, y de tantas cosas que en situaciones como estas se comentan, sin que dejara en todo momento de halagarme diciéndome que desde que me había visto en la universidad le parecía muy bella y excitante y que antes no había tenido la oportunidad de decírmelo, porque según él describiéndome me decía, que tenia una blanca y suave piel y una bella, interesante y atractiva cara, enmarcada por una larga y abundante cabellera negra, con ojos negros y sensuales y provocativos labios; que mis pechos eran grandes y hermosos, que mi cuerpo era armonioso pues además tenia una hermosa cintura de la cual nacían dos bien proporcionadas, redondas y robustas nalgas y gruesos muslos y bellas piernas que sabia lucir con una coquetería insinuante y natural que me hacia muy atractiva.

Después de dos horas o mas de estar allí, llego el momento de retirarnos y Augusto insistió llevarme a casa y al despedirnos me pidió que si podía próximamente salir nuevamente con él, lo que me pareció natural, no sin antes tomar mi cara entre sus manos y depositar en ella como despedida un calido y prolongado beso, lo que me produjo una excitante sensación.

Con frecuencia me llamaba al trabajo para insinuarse y halagarme o seguir diciéndome lo mucho que le atraía en todo sentido y solo fue después de insistir mucho, que acepte, no sin algún temor, a salir un día con él a tomar unos tragos. Pero así salimos varias veces. Todo era normal, hablábamos de todo y siempre no dejaba de halagarme y de ser muy detallista y atento; quizá lo hacia para generarme confianza respecto a él. Confieso que tenía el temor de pasar de una simple amistad a mayores, pues yo tenia una relación de pareja, para el momento ausente de la ciudad, y esta nueva relación complicaría mi vida sentimental, por lo que pensaba que tanto a él como a mi nos convendría, de pasar a mayores, era tener una relación que no complicara nuestras vidas particulares con nuestra parejas, una relación sin compromisos que no fuera mas allá de disfrutarnos.

En una oportunidad en la discoteca, conversábamos animadamente mientras bebíamos unos whiskys; ya para el momento sabíamos que nos gustábamos, el lugar estaba casi solo y a baja luz, la música era apropiada para la conversación de amor y admiración hacia mi que Augusto mantenía, lo que aprovecho para tomar mis manos entre las suyas y acariciarlas suavemente, gesto que me agrado y momentos después acariciaba mis cejas o lóbulos de mis orejas, hasta pasar uno de sus dedos por mi labios suavemente; la sensación era súper agradable, mi cuerpo se estremecía con sus caricias, se acerco mas a mi, sentía que su proximidad me excitaba, tomo mi cara entre sus manos, cerré mis ojos y acercadose mas, unió su labios a los míos prodigándonos un largo y profundo beso al que no me pude resistir; lo deseaba, se nublo mis sentidos y quebró la resistencia a sus caricias, que con sus habidas manos ya recorrían mis gruesos muslos, llegando a mi húmeda vulva de la que yo trataba de retirarlas, pero Augusto hábilmente las trasladaba entonces hasta mis voluptuosos senos que agitados eran medianamente contenidos por una sencilla blusa que ya había abierto lo suficiente para tomarlos entre sus manos por debajo del brasier, acariciándolos y depositando en ellos y mis erguidos pezones, calidos y suaves besos.

La excitación crecía y sentía como me aprestaba a gozar de sus caricias, sus manos parecían multiplicarse y seguían acariciando todo mi cuerpo, mientras nos besábamos intensamente. Yo le correspondía y pude palpar como mantenía una fuerte erección al acariciar su pene. Augusto con voz apasionada me pidió que estuviéramos juntos esa noche; no podía pronunciar palabra alguna, y solo pude hacer un movimiento de cabeza de aceptación. Salimos y nos dirigimos a nuestra anhelado encuentro, durante el recorrido nos seguíamos acariciando. Yo no disponía de mucho tiempo, debía llegar pronto a casa.

Una vez en el lugar nos besamos con pasión mientras nos despojábamos mutuamente de nuestra ropa, el empezó por soltar mi blusa y dejarme en brasier y antes de soltarlo beso mis pechos que parte de ambos brotaban por los bordes del brasier, suelta mi pantalón que termino de sacármelo en tanto que me besa y me pasa su lengua por el cuello hasta llegar nuevamente a mis redondos y pronunciados pechos ya libres del brasier que los oprimía y los tiene agarrados entre sus manos, los junta y me los besa como si quisiera devorarlos y los sigue acariciando y besando con avidez, por mi parte abrí y quite su camisa mientras acariciaba su pecho y luego solté su cinturón y abrí su cremallera y su pantalón cayo pesadamente al piso, baje una mano y toque su rígido instrumento que presionaba por liberarse del interior que empecé a bajárselo con su ayuda hasta que salio como un latigazo aquella verga rígida, venosa y caliente para golpear mis muslos que entreabiertos querían retenerlo.

Me volteo y me puso de espaldas contra él, mis nalgas sentían la presión de su miembro ardiente contra ellas, tomo mis pechos, uno en cada mano y los acariciaba, en tanto que besaba mi cuello y espalda, mi cuerpo se contorneaba, sus manos soltaron mis pechos y bajaron acariciando mi abdomen y cintura y entraron por debajo de mi blúmers, acariciando mi monte de Venus y mis robustas nalgas divididas por un hilo dental que se perdía entre ellas y luego pasaba suavemente uno de sus dedos por mi rajita húmeda; yo me estremecía de la excitación, allí se detuvo un momento y mientras seguía besando mi cuello, me decía hermosas y eróticas palabras al oído, algunas fuertes y posesivas, cargadas de sexualidad acordes con el momento, que me excitaban mas y mas. Termino de bajar mis blúmers y con sus manos acariciaba mis piernas y muslos, mientra iba subiendo para estar de pie nuevamente; se coloco frente a mi, me abrazo fuertemente, nos besamos con pasión y su miembro se abría paso entre mis gruesos muslos buscando penetrarme allí mismo. El momento era supremo.

Ya desnudos me condujo a sentarme y coloco su pene erecto, de brillante y rojiza cabeza frente a mi cara, e instintivamente lo tome entre mis manos y lo empecé a acariciar delicadamente a todo lo largo hasta sus testículos, hasta que sentí el deseo de meterlo en mi boca y lo hacia poco a poco lo mas que pude y lo lamia y chupaba con ganas y con mi lengua lamía todo su instrumento calido y habido de sexo del que brotaban constantes gotas de liquido seminal que con mis dedos pasaba alrededor de su glande. El se quejaba de placer y con sus manos acariciaba mi cabeza y me atraía hacia él buscando que le siguiera mamando su provocativo sexo.

Augusto evito su orgasmo y delicadamente me retiro de su poderoso instrumento y me coloco de espaldas, me tomo por mis rodillas, las levanto y abrió mis piernas, quedando expuesta ante sus ojos y expresión de deseo de su cara, mi recrecida vulva, abierta por la excitación, era una invitación a que folláramos. Esta posición aumento mas mis ganas de que me penetrara; pero él sigue tocándome y acariciando y besando todo mi cuerpo, con sus manos bien abiertas tomaron mis nalgas y las apretó con fuerza mientras las abría para contemplar el estrecho orificio de mi culito y luego tomo su miembro rígido con una de sus manos y lo empezó a pasar y rozar lentamente por el interior de mis muslos, dejándolos untados del liquido que de su pene seguía saliendo y lo fue acercando a mi mojada vulva de labios mayores y menores recrecidos y abiertos por la excitación, hasta que llego a ella y empezó a pasármelo con cierta firmeza por mi rajita de abajo hacia arriba, abriéndola a su paso y luego acariciaba mi clítoris con su pronunciado y calido glande con movimientos en circulo, volviendo a repetir mas y mas estas excitantes caricias, que eran una tortura de placer para mi, que pedía me penetrara de una vez para sentirlo todo dentro de mi, Era lo que mas deseaba en ese momento.

Seguidamente sentí cuando lo puso a la entrada de mi vagina y yo ayude a que me penetrara subiendo mi cuerpo, buscando su instrumento de ataque y lentamente y con firmeza me fue penetrando hasta lo mas profundo, mientras sonidos de placer salían de nosotros. Empezamos a darnos con ganas incontroladas, me gustaba muchísimo como me hacia el amor, el pensar que no disponía de tiempo para seguir haciéndolo a placer toda la noche hizo que me concentrara mas en lo que hacíamos para acabar junto con él nuestros orgasmos. El lo metía y sacaba con fuerza y su cuerpo estaba tenso y sudoroso, así pasaron algunos minutos y de pronto sentí como se acelero su respiración y empezó con fuertes movimientos a penetrarme con mas vigor para acabar, lo que genero en mi una fuerte descarga de placer y abrazándolo con fuerza con mis brazos y piernas me concentre para no quedarme sola, y así fue, nos movíamos rítmica y vigorosamente como si quisiéramos fundirnos en uno solo y le dimos seguido con acoplados y rítmicos movimientos, hasta que con incontrolados y fuertes espasmos y convulsiones nos veníamos y terminábamos juntos con un intenso, vigoroso y placentero orgasmo, a la vez que sentía como de manera repetida y con fuertes y vigorosas embestidas de su rígido y recrecido instrumento, descargaba dentro de mi su abundante y caliente semen que llenaba de placer mi ávida vagina, que retenía su ardiente instrumento hinchado de gozo y de placer.

Así nos mantuvimos por un rato y luego lentamente fuimos separando nuestros sudorosos cuerpos y pude ver como su arma vigorosa un poco flácida pero aun imponente y recrecida salía lentamente de mi dilatada vagina, cubierto de nuestros viscosos fluidos a causa de tan monumental follada producto de nuestra pasión, deseos e infidelidad.

Agradezco sus comentarios que me estimulan a escribir sobre muchas mas experiencias que he vivido.
Por: APASIONADA

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El día que mi culito fue de él

No podía creer haberme tragado esa enorme tranca sin dolor, le pedí que la sacara. No terminaba de salir nunca. Me apoyé sobre el respaldo de la cama con las piernas recogidas, por primera vez en mi vida me salía semen de la colita, me chorreaba por las nalgas y las piernas. Lo miré a los ojos sorprendida por lo que había sucedido y me dijo, viste putita como te rompí el culito.

¡Papi, no sabes lo que paso ayer! Increíble, no me lo esperaba ni en sueños. Te cuento:

Los fines de semana siempre me quedo a dormir en la casa de Claudio, a veces los domingos a la mañana vamos a mi casa a almorzar y cuando no salimos y volvemos a su departamento dormimos la siesta en mi cuarto. Este fin de semana pasado, mi familia estaba invitada a un asado a un campo y Claudio tenía otro compromiso, entonces me dejó temprano a la mañana en mi casa. Por lo tanto, no nos vimos el domingo.

Entonces el lunes, que es un día en que habitualmente no nos vemos, me pasó a buscar por la facultad y fuimos a cenar. Me pidió que me quede en su casa porque no había podido “descargarse” bien el fin de semana. Por supuesto que accedí.

Estaba todo tranquilo, estábamos mirando una película, yo lo masturbaba y él a mi. En un momento me pide que me ponga de espaldas para hacerme unas caricias / masajes. Comienza por los pies, que me pierden y fue subiendo hasta que se concentró en la cola. Me la acariciaba, estaba muy bueno, muy relajada. Luego me comenzó a chupar la vagina así boca abajo como estaba y luego me comenzó a pasar la lengua por el agujerito de la cola. Estaba en las nubes. Ya lo había hecho otras veces, yo estaba tan relajada que no tenía fuerzas ni para moverme.

Luego sacó de la mesita de luz un tubo de gel lubricante y me comenzó a lubricar la cola, estaba bueno, ya lo había hecho otras veces con el objeto de que me vaya acostumbrando para el futuro. Me metió un dedo bien lubricado y luego 2 y creo que hasta 3, no sé bien porque no veía. Este masaje se prolongó muchísimo tiempo. Muchísimo.

Todo bien hasta que en un momento me hace poner de costado, me levanta una pierna y me apoya su pene en mi agujerito. No, Claudio, le dijo, no. No te quiero penetrar, sólo te quiero apoyar mientras te masturbo. Eso hizo que me relajara otra vez. Y así el detrás de mi y yo de costado apoyada por tu pene, comenzó a acariciarme la vagina y el clítoris.

Estaba en el cielo. El agujerito bien cerrado y la punta de su “Enorme” pene apoyada. Durante un buen rato estuvimos así. La intensidad de sus masajes iba en aumento y comienzo a notar que mi agujerito comienza a abrirse y su pene comienza a entrar.

Lancé un gemido, él no se movió pero yo no se porque instinto, comencé a acercarme con la cola a él. El pene estaba entrando y no dolía para nada. Esa situación me dio tanto morbo que estaba por acabar, se lo dije y comenzó a decirme guarradas como vamos putita, que se te esta abriendo bien el culito. Yo no podía creerlo, tenía lo que yo creía, esa cabezota adentro y no me había dolido.

Bueno, en resumen, acabé como una perra con las caricias en mi vagina, con su pene en la cola y con las cosas que me decía. Luego que acabé el me agarró de la cintura, se movió un poco más fuerte y acabó enseguida. Yo la sentía bien adentro, me sentía llena pero pensaba que como no me había dolido, sólo la cabeza estaba dentro. Cuando le digo que no me dolió su cabecita, me dice, ¿cabecita? Y me llevó la mano hacia atrás y pude notar que estaba toda dentro.

No podía creer haberme tragado esa enorme tranca sin dolor, cero dolor, nada de nada. Nos quedamos así un poco con nuestras respiraciones agitadas. Comenzó a dolerme-irritarme un poco y le pedí que la sacara. No terminaba de salir nunca. Me apoyé sobre el respaldo de la cama con las piernas recogidas, por primera vez en mi vida me salía semen de la colita, me chorreaba por las nalgas y las piernas.

Lo miré a los ojos sorprendida por lo que había sucedido y me dijo, ¿viste putita como te rompí el culito? Es un genio como me lo hizo, todavía no puedo creer que sea cierto. Todos los miedos que tuve, las inseguridades, toda la magia que rodeaba a esto, se esfumaron en cuestión de minutos. Y sin dolor en absoluto. Bueno, ahora me duelen un poco los esfínteres cuando los contraigo y hace un rato fui de cuerpo y me salió un hilito de sangre, pero nada importante. Me duele un poco el vientre o esa es la sensación que tengo y me cuesta sentarme en superficies duras. Pero esto ahora, en el momento ayer, no me dolió nada.

Te cuento lo que me pasa, por un lado lo amo por como lo hizo y por el otro lado, lo odio porque me quitó la ilusión que tenía de hacerlo en la luna de miel. Me quitó la magia que tenía con esto. Ese manejo de no “entregar”. Me dejó vacía con esto. No se estoy confundida, me gustó mucho lo que pasó, pero también me quitó mucho.

¿Qué pensás? ¿Me podés ayudar?

Te mando un besito…
Saludos

Autora: Paula

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Convivencia con mi tía Helena IV

Se contorneaba de placer, arqueaba la espalda y levantaba su cola hermosa, siempre con los dedos de una mano entrando y saliendo de su vagina con gran presión, y con la otra acariciándose sus nalgas. En un momento en que los abrió de tal manera que pude ver su ano en todo su esplendor, pensé en vos, y sentí una sensación que no sé por qué me contuve: pasar mi lengua por ese orificio apretadito, chupárselo, darle todo el placer que era capaz en su ano con mi propia boca.

Antes que nada les debo pedir disculpas a mis lectores por el retraso de este capítulo. Trataré de brindar una explicación de por qué corté la publicación del relato, para todos aquellos que me escribieron mails solicitándolo, como también para aquellos que no lo hicieron explícitamente, pero que igualmente siguieron la serie.

El hecho fue que tuve un problema muy grave, aunque, adelanto, con final feliz.

Sucedió que un día, mi tía, mientras revisaba unas cosas en su ordenador, se encontró con mis relatos (estos que en parte ya he publicado y ustedes han leído). Como no tengo computadora, mi tía desde el primer día me ofreció su portátil para todo lo que la necesitara, principalmente para la facultad. Y bueno, como podrán adivinar, al encontrarse con todo esto que detallaba como un diario todas nuestras aventuras, donde se desnudaban todas mis impresiones hacia ella desde el primer día de convivencia, y donde ella misma se veía absolutamente desnuda, se ofendió conmigo a tal punto que no me habló por varios días.

Toda nuestra relación se transformó, bruscamente, en una desagradable tensión e incomunicación entre ella y yo. Por ello, a los tres días de esta situación decidí hacer mi valija e irme de su departamento. Aunque extremadamente dolido, creí que ello sería lo mejor para ambos. Sin embargo, esa misma tarde en que partiría, y mientras ordenaba mis cosas en la habitación, oí a mí tía abrir la puerta del departamento, mucho más temprano de lo habitual. Maldije la situación, pues no tenía el valor de verle la cara para despedirme; tan sólo tenía pensado dejarle una nota sobre la mesa. Además, si bien era muy raro que invitara gente a su departamento, ello entró con alguien más, quizá una amiga suya con quien venía hablando y riéndose desde el palier. A los pocos minutos, y dado que la puerta de mi habitación estaba entornada, las oí pasar por el pasillo.

Silenciosamente mi tía abrió la puerta y se asomó. Yo justo levanté la cabeza, y vi a su amiga pasar por detrás de ella. Mi tía vio lo que yo estaba haciendo, pero sin darle importancia siguió su camino. A los cinco minutos, sin embargo, se asomó nuevamente. A su amiga no la oí, así que intuí que se había quedado en la habitación de mi tía. Esta vez no siguió camino, sino que se quedó observándome apoyada en el marco de la puerta y con los brazos cruzados. No se me escapó un hecho muy singular: se había cambiado de ropa. Estaba infernal, debo reconocerlo. Se había quitado el traje formal de color gris para reemplazarlo por un vestido negro, enterizo, sin mangas y hasta por encima de las rodillas. El escote pronunciado mostraba la parte superior de sus senos redondos y firmes que caían libres, sin sostén, debajo de la tela. Al ser esta muy fina y algo elastizada, se le pegaba a su cuerpo y dibujaba con gran fidelidad su figura perfecta como si estuviera desnuda. Tan sólo resaltaba la tirita de su tanga sobre sus caderas Calzaba unos zapatos de taco de aguja que le marcaban los músculos de las pantorrillas. Al tener los brazos cruzados, sus pechos se realzaban vertiginosamente. Luego de un silencio me preguntó:

– ¿Qué estás haciendo?

A pesar de nuestra situación tensa, me alegraba escuchar estas palabras, las primeras después de tantos días.

–Me voy a ir tía. Estás muy enojada conmigo. La verdad que no te esperaba, no pensé que llegarías tan temprano. Tenía pensado dejarte una nota explicándote… –Si, la verdad que estoy muy enojada. Y creo que tengo razón después de lo que sucedió. Pero tampoco es para que te vayas dejando una simple nota. –Si, perdóname tía. Lo que más quiero es que me comprendas, quería explicártelo todo, al menos por escrito. Soy un tonto, pero no creas que no tenía pensado mostrarte el relato cuando estuviera terminado o quizás antas. Esa era mi intención, pero la verdad es que me daba mucha vergüenza y no sabía cómo contarte y mostrarte lo que había escrito.

–Sí, sos un tonto -Ella entró a la habitación y entornó la puerta. Se sentó en la cama junto a mí-.  Pero ¿cómo que te daba vergüenza? Después de todo relatas lo que realmente sucedió. Si hubieras inventado habría sido más grave –mi tía se sonrió–. Pero no es el caso, y no sé si seguirme preocupando por ello… –Sí, ya sé, pero…. –Pero sucede que sentí que me estabas engañando. Me cayó muy mal leer eso, no por el contenido, sino porque me lo estabas ocultando. ¿Por qué lo escribiste?

-No sé muy bien, necesitaba relatarlo. Siempre me gustó mucho escribir, y llevar algo así como un diario de mi vida. Pero cuando comencé a escribir esto que me sucedía con vos, no sé, no podía parar de teclear. Era como una necesidad, porque todo esto que nos pasó fue muy fuerte para mí. Yo sólo quería escribir algo como para recordarlo, pero sin mucho detalles…

-Si, pero al final… estaba todo muy detallado… -Sí, creo que sí. -¿Creo que sí? ¡Ay! De sólo leer lo que escribiste, hasta el mínimo detalle, ¡despierta a cualquiera las pasiones más intimas! En  mi caso fue como vivenciarlo todo, y no sólo lo digo por mí… -¿Cómo? –no comprendía. -Sí, no fui la única lectora. Ya tenés adeptos, una adepta mejor dicho. -¿En serio? –Le dije sorprendido- ¿Quién es?

-Una amiga. –Bueno, pero entonces, ¿ya no estás enojada? –Y… ya no tanto… Fui una tonta en enojarme. Ahora me doy cuenta que todo esto que nos sucede es muy extraño pero también… muy excitante…

A partir de aquí comencé a sentir que la situación se convertía en un juego, un juego… ¿peligroso? Como sea. El hecho fue que nos amigamos nuevamente. Nos dimos un abrazo. Sentí como hervía su cuerpo. De esa manera sellábamos nuestras paces. Todo volvía a estar bien de nuevo.

–Sos un pícaro –me dijo al oído. Luego me miró fija a los ojos. Y me dio un beso en mis labios. Luego de una larga mirada, me dio otro beso, pero esta vez sus labios se abrieron juntos con los míos, y nuestras lenguas se entrelazaron. Nos comenzamos a acariciar, a respirar profundo… Pero ella se separó.

–Espera –me dijo–. Ahora quiero contarte algo. Pero antes vamos a tomar algo.

En la cocina mi tía descorchó una botella de vino blanco que tenía en la heladera. Nos fuimos al living y nos sentamos en el sofá. Sirvió dos copas y bebimos en silencio unos minutos, hasta que mi tía comenzó nuevamente a hablarme:

Quiero contarte algo que me hizo repensar el enojo. Así como vos tenías necesidad de escribir, en mi caso era de hablar. Y lo hice con una amiga muy íntima. Le conté todo. Necesitaba desahogarme con alguien. Ya tenía pensado hablarlo con alguien antes de que sucediera lo de tus relatos, porque para mí también fue muy fuerte todo. Pero la verdad que tendía que ser una persona muy especial, porque no me animaba, es algo muy íntimo que no a cualquiera puede caerle bien. Pero ahora estaba muy angustiada. Me sentía sola en el mundo. Al encontrar los relatos había caído en lo que sucedía entre nosotros. ¡Después de todo sos mi sobrino! Por eso, me decidí y busqué creo a la persona ideal. Para que mi amiga pudiera comprender algo de todo esto y me diera su opinión, tendría que saberlo todo. Comprendí que lo que necesitaba realmente era eso, contarlo todo. Y tenía razón, porque me ayudó mucho hablarlo con mi amiga. Fundamentalmente me tranquilizó.

– ¿Y que te dijo? –Nunca me imaginé la opinión suya. Después de una larga charla y de haber leído el relato (sí, lo leyó aunque tal vez te enojes), quedó sorprendida, no lo podía creer, pero en el buen sentido. Me dijo que si la pasábamos bien –como de hecho deducía de lo que le contaba–, que estaba perfecto y que me relajara y disfrutara de la situación. Que nada de esto está prohibido si era una relación sincera….

Nos quedamos un momento en silencio, mirándonos. Nos abrazamos nuevamente. Como estaba intrigado, le pregunté:

– ¿Quién es tu amiga? ¿La conozco acaso? –Si, la conoces. Trabaja conmigo en la agencia, ya te la presenté. Se llama Pilar. Tiene 25 años. A pesar de la diferencia de edad nos hicimos muy amigas desde que ingresó como modelo a la agencia, ya hace como 6 o 7 años. Ahora ella también produce, además de modelar. –Y ¿por casualidad es con la que entraste hace un momento?

–Sí, es ella. Viste que anoche no vine a dormir. Bueno, en el trabajo ella hacía  unos días que me veía muy preocupada. Me insistió tanto para que le cuente lo que me pasaba que acepté revelarle todo. De hecho yo ya había pensado contarle todo, sabía que era la persona perfecta para ello y que era la única que me comprendería. Pero no sabía cuando ni donde. Y bueno, se dio todo perfecto: me invitó a cenar a su casa, tomar unos vinos y de paso charlar sobre mi preocupación. Te digo que recién me animé a contarle después que ella abrió la segunda botella de vino. Digamos que se me ablandó la lengua. Al final, estuvo mejor de lo que pensaba. Estuvimos como hasta las 2 de la mañana. Le conté todo, no sé si con tanto lujo y detalle como vos en tu relato –se sonrío–. Pero bueno, después, con la lectura del relato, le quedó todo más que claro.

–Tía, ¿así que ella leyó mi relato? –me moría de ganas por saber estos detalles. –Si, lo leímos juntas. Primero le conté todo. Y después comenzó a preguntarme sobre los relatos, como disminuyendo el problema que yo veía. Quizá por su morbo, no sé, pero insistía con los relatos que yo me negaba a mostrarle. Hasta que decidí mostrárselos.

Mi tía estaba como expectante. La sensación que tenía yo en ese momento, al imaginármelas a ellas leyendo mi relato, era una mezcla de vergüenza y de libido total. Nos quedamos en silencio. Mi tía parecía ocultar algo más. Quería saber que opinaban sobre lo que habían leído. Y no aguanté más y le pregunté ansioso.

–Y ¿qué les pareció? –Nos encantó. A ella más, porque lo miraba de afuera. Fue muy sincera y confesó que se había excitado, y su cara así lo corroboraba. La sentí diferente a otras veces… Es mi amiga, hablamos siempre de todo, sabemos casi todo de nosotras dos. Pero jamás habíamos experimentado una lectura juntas, y más de este tipo de lecturas… Mientras lo leímos, cosa que hicimos en voz alta turnándonos, ella se acariciaba las piernas de una forma… muy sensual –y se sonrió casi con vergüenza.

–Me alegra mucho tía que tengas una amiga así, que te comprenda hasta en estas cosas, y te acompañe.

–Si, la verdad que si. Como ya se había hecho muy tarde, y como estaba bastante mareada (no sé si decir borracha, pero sí muy alegre) por las dos botellas de vino, me invitó a dormir en su casa. Ella vive sola, así que no había problemas, aunque debíamos compartir su única cama. Entre el calor de la noche, de la charla y de la lectura fundamentalmente (se sonrío),  necesitábamos una ducha. Y te voy a contar un secreto, porque entre nosotros creo que ya no hay secretos…

–Y no tía, no hay secreto entre nosotros… –Por eso te voy a contar todo lo sucedido anoche. Sé que te va a gustar…–¿Y ella donde está ahora? –se me ocurrió preguntarle.–Ella está en mi cuarto. Porque hoy nos levantamos temprano para ir a la oficina, por lo cual dormimos muy poco. Debe de estar durmiendo. Espera que me fijo.

Mi tía fue a fijarse. Regresó a los pocos minutos. En ese ir y venir no pude evitar observar su cuerpo, sus movimientos, su figura, tan hermosa y rebosante… Y así se lo dije cuando se sentó nuevamente a mi lado en la cama.

–¡Sos un dulce! –y me abrazó. –Vos también estás muy lindo, tentador diría… –y me besó en la boca.

Yo también la abracé, acariciándole los brazos, las caderas, las piernas. La sentí excitarse, pero se separó, aunque sin mucha voluntad:

–Espera un momento. Quiero contarte lo que sucedió anoche… Aprovechemos que está durmiendo. –Sí, dale, contame que me intriga mucho. –Bueno. Entonces, ella me sugirió que nos duchemos juntas. Si bien ya éramos amigas, después de esta noche era diferente, me sentía más unida a ella. Así que acepté. Nos fuimos a su cuarto y nos comenzamos a desvestir. Cuando ambas quedamos en ropa de interior (y los zapatos de taco todavía puestos), al sentirme casi desnuda frente a ella y verla a su vez a ella casi desnuda, me recorrió un cierto escalofrío. Ella tiene un cuerpo escultural y joven. Siempre lo supe por las sesiones de fotos… Pero jamás la había visto así, en esa situación, las dos solas y… Para que te imagines, su lencería era tan provocativa como aquella que elegiste una vez del catálogo, te acordás. Es más, yo le dije: “pensar que si te ve Mariano se volvería loco. Esa lencería que traes puesta es igual a una que le mostré y que….”. En eso sentí la necesidad de abrazarla, provocación tanto por el vino que me había desinhibido, como por el hecho de acordarme de vos, de la angustia de haberme enojado como una tonta. Así que me acerqué y la abracé.

[Aquí el relato es de  mi tía]

–Muchas gracias por esta noche, por escucharme y comprenderme –le dije, abrazada a su cuerpo. –De nada, tonta –me dijo Pilar sonriendo–. Y yo te agradezco a vos por haber confiado en mí. La verdad que tu historia es hermosa, estoy muy feliz por vos.

Sus manos me acariciaban la espalda, muy suave. Era una sensación muy placentera. Nuestros cuerpos no se separaban. Al contrario, estaban más unidos aun. El contacto de su piel caliente me encantaba.

–Te debo confesar –me dijo con su boca pegada a mi oído– me excitó muchísimo el relato de tu querido sobrino. Me lo vas a presentar –me dijo sonriendo, y luego me dio un suave mordisco en el lóbulo que lo sentí en todo el cuerpo. –Ni loca –le dije también sonriendo al su oído.

Seguíamos abrazadas, en silencio, acariciando nuestras espaldas. En eso ella me repitió:

–Estoy muy excitada. ¡Qué cosa con tu historia, vos y tu sobrino! –y se rió pegándose más a mi cuerpo. –Yo también –le dije, e instintivamente bajé mi mano desde la espalda hasta su cola. La acaricié muy suave; era muy suave, la sentía firme… Yo sé que a vos te gusta mi cola –se jactó mi tía con una sonrisa en sus labios–; bueno, vos no sabes lo hermosa que es la de Pilar! Es perfecta. Te confieso que nunca toqué a una mujer de esa forma; anoche sólo lo hice porque estaba media borracha, cosa que –además de la situación generada por el relato mismo, la charla que habíamos tenido hacía un momento, y por estar pegada a su cuerpo– me había desinhibido de una manera que desconocía. Era irresistible. Porque no era que me gustan las mujeres (aunque ahora lo dudo…), sino más bien el clima.  Ella se dejaba tocar; sentía su pelvis pegada a mi pierna. Nuestros pechos se aplastaban unos con otros.

En eso, ella se separó de mí, y mirándome me dijo:

–Estás hermosa, tal como te relató tu sobrino en las escenas de lencería. –¿Si?, –fue como una pregunta–. Puede ser, me siento rara, así, con vos.

Y me preguntó con una sonrisa muy pícara (cosa que yo atribuía también a las copas de vino):

– ¿Que sentís al verme con esta lencería? –y levantó los brazos mostrándome su cuerpo en todo su esplendor.

No sabía que decirle, pero me dejé llevar, porque estaba realmente hermosa, y yo muy excitada:

–No sé, pero te queda muy bien, muy sensual. Vos ya tenés un cuerpo hermoso, pero esa lencería te queda muy sexy. –¿Acaso no estarás sintiendo lo mismo que sintió tu sobrino al verte así aquella vez? – me preguntó. –No sé, no sé que es lo que siento. Estoy confundida. Lo que pasa que yo no soy como él, sino que soy mujer como vos. – ¿Y qué tiene de malo eso? Me dijo– Mírame mejor…

Entonces se dio vuelta. Pude verla de espalda, recorrerla con mi mirada. Su trasero, que recién había acariciado con mis manos, era perfecto, redondo, con la tanga que se le hundía tan hermoso entre su glúteos (como te gusta escribir a vos en tus relatos, y que sé que te vuelve loco), y sus largas piernas, jóvenes. Me daban ganas, me moría por acariciarla más. Yo creo que era el efecto del vino y de fundamentalmente. Casi sin pensarlo había llevado mi mano a mi vagina y me acariciaba sobre la tela de mi tanga mientras la observaba a ella con lujo y detalle. Ella sin darse vuelta, sabiendo por mi silencio todas mis sensaciones de ese instante, se desabrochó el sostén y lo dejó caer sobre la cama. Su espalda había quedado desnuda, hermosa. Se dio vuelta y me mostró sus pechos, eran redondos, firmes, perfectos. Mientras me miraba directo a los ojos se acariciaba sus senos. Sus pezones estaban erectos, duros.

– ¿Te gustan? –me preguntó. –Si, claro que me gustan –le contesté casi con un suspiro.

Sin decir nada, ella llevó sus dedos a sus caderas, al elástico de su tanga, y la bajó lentamente hasta sus tobillos. Erguida nuevamente, frente a mí la tenía a una de mis mejores amigas pero de una forma como jamás la había visto: completamente desnuda, sobre sus zapatos de taco de aguja que la embellecían aun más, y con deseo de acariciarla y besarla. Su entrepiernas lo tenía totalmente depilado. Todo su cuerpo escultural, salvo su cabellera larga y negra, lo llevaba completa y perfectamente depilado, lo que lo hacía aun más joven y provocativo. Su piel se veía muy suave, muy blanca. Abrió un poco sus piernas y llevó sus dos manos a su vagina. Comenzó a tocarse abriéndose de piernas parada como estaba. Me mostraba sus labios, brillantes por sus jugos. La notaba muy degenerada o no sé como decirte, muy perversa, sensación que me trasmitía a mi misma.

– ¿Te gusta esto que ves? –me preguntó.

Yo no puede contestarle más que otro “Si” con un jadeo más hondo que el anterior. Para esto mi mano tocaba mi vagina, pero ahora por debajo de mi pequeña tanga. Ella se acercó a mi, me acarició la cara y nos abrazamos de nuevo. Sentirla completamente desnuda contra mi cuerpo me provocó una sensación muy extraña, pero no dejaba de excitarme. Más aun cuando comenzó a darme besos muy suaves  en el hombro, en el cuello, en el lóbulo de la oreja, en la mejilla, en la comisura y, finalmente, en mis labios. Yo me dejaba besar con los  ojos cerrados, hasta que también comencé a besarla yo a ella. Nuestros labios se besaban cada vez con más pasión… Y nuestras bocas terminaron por abrirse… Nuestras lenguas se exploraron mutuamente y se entrelazaron, con un placer jamás experimentado. Era muy dulce, su aliento emanaba un perfume que me llenaba de placer…

Nunca pensé sentir un beso así de otra mujer. Nos abrazamos fuerte, acariciándonos nuestras espaldas, brazos, glúteos. Estábamos realmente muy excitadas. Pero en eso –y fue quizá una estupidez mía, porque la estaba pasando realmente bien, me di cuenta que era una locura lo que sucedía.

La rechacé suavemente, separándola de mí por los hombros, pero a la vez no muy convencida. Ella me comprendió con una sonrisa muy cálida que me hizo dudar de nuevo, pero me contuve. Sin embargo, ello no impidió que siguiéramos muy calientes, mirándonos y acariciándonos. Ella entonces se sentó en la cama, sin dejar de sonreír y mordiéndose esos labios sensuales. Abrió sus piernas para mostrarme su sexo jugoso. Debo decirte que era hermoso. Nunca imaginé que el sexo de otra mujer pudiera gustarme, hasta el límite de desearlo. Se comenzó a tocar con una de sus manos, primero con todos los dedos por fuera, estimulándose el clítoris, después metiéndose el dedo anular en su vulva, y después dos. Por momentos cerraba sus ojos y gozaba profundamente, y por momentos los abría y los clavaba en los míos con una sonrisa de éxtasis. Yo, por mi parte también me tocaba, pero parada, frente a ella, fuera de mí. Casi me desconocía, jamás me había comportado así frente a otra persona. Llegué hasta meterme, igual que ella, dos dedos en mi vulva, que sentía húmeda como muy pocas veces. Nos estábamos masturbando como si fuéramos dos adolescentes en celo.

Gemíamos y acariciábamos nuestros cuerpos, nuestros pechos, los apretábamos como poseídas, nuestras piernas, nuestros abdómenes, sin dejar de masturbar con la otra mano nuestras vaginas. En un momento en que ella se tiró en la cama de espaldas para compenetrarse en su masturbación, girando luego de tal forma que quedó todo su cuerpo tendido boca abajo, yo me senté en la cama en el espacio que había ocupado antes. De esa forma también podía tocarme mejor, levantar las piernas y hundir más los dedos en mi vagina. Nuestros gemidos iban en ascenso, subían su tono invadiendo toda la habitación.

Sabiendo que ella no me veía, porque tenía la cara contra las sábanas, no podía quitar mis ojos de su cuerpo, que veneraba por su hermosura y juventud, y ahora tan caliente. Se contorneaba de placer, arqueaba la espalda y levantaba su cola hermosa, siempre con los dedos de una mano entrando y saliendo de su vagina con gran presión (dada mi posición podía ver perfecto su entrepiernas y el juego de sus manos), y con la otra acariciándose sus nalgas. En un momento en que los abrió de tal manera que pude ver su ano en todo su esplendor, pensé en vos, y sentí una sensación que no sé por qué me contuve: pasar mi lengua por ese orificio apretadito, chupárselo, darle todo el placer que era capaz en su ano con mi propia boca…

Quizá fue por ello, por esa visión y mis pensamientos cada vez más libidinosos, que en ese momento aceleré los movimientos de mis dedos, que entraban y salían cada vez más rápido, y apretando mis pechos con fuerza con la mano. En ese estado de delirio sólo me animé a acariciar su nalga derecha, que ella no acariciaba (con su mano izquierda sólo podía llegar a su nalga izquierda), muy suavemente, recorrer sus curvas con mis dedos. A ella pareció gustarle mucho, pues gozaba más profundo su masturbación. Y en un momento en que volvió a abrirse sus nalgas, no resistí y pasé mis dedos por su cola y… por su ano.

La sensación que nos causó a ambas fue extraordinaria, se sentía divino, apretado, muy tentador. Pero no fui más allá de eso, de su superficie, por más que adivinaba su deseo de ser penetrada por allí.  Y así no tardé en llegar en un orgasmo profundo e interminable, gimiendo y casi gritando.  Y Pilar, oyéndome a su lado y sintiendo mis caricias, también no demoró mucho más y llegó. Éramos un solo gemido. Luego quedamos exhaustas, tendidas una al lado de la otra, ella boca abajo y yo boca arriba. Nuestras pieles brillaban por la transpiración. Nos miramos largo rato, perdidas en el delicioso éxtasis, acariciándonos como idas por el placer. Y nos dimos un beso en la boca, muy suave. Después de un momento, tomamos valor, nos levantamos y nos metimos en la ducha, sólo para bañarnos… Más tarde nos acostamos y dormimos muertas de cansancio…

Continuará

Autor: Josefo

josefojosefo@yahoo.com.ar

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Cena semanal

Me puse entre sus piernas, y con la misma técnica que había hecho correr un ratito antes a Ana, empecé a introducirle un dedo, no me costó nada, estaba muy mojada y dilatada, la fricción de mi pulgar, y las caricias de Ana a los pechos hizo que se corriera bestialmente, nos sentamos en la cama, María totalmente desnuda, Ana con su tanga, y Juan con las bragas de su mujer en la mano.

Quisiera empezar este relato contando que tengo ahora 41 años, y que estoy casado desde hace 18 con Ana, una mujer de mi edad más o menos. Ambos somos lo que se podría definir como una pareja normal, no nos consideramos feos pero tampoco espectaculares, ella tiene unos pechos más bien grandes, mide 1.70.

En lo que se refiere al sexo, mi fantasía siempre ha sido verla a ella haciendo el amor con otro hombre, y ella lo sabe, pero no quería ni entrar a discutir esta posibilidad, por lo demás, nuestras relaciones son totalmente satisfactorias, Tenemos una pareja de amigos, Juan y María, que, con los que compartimos vacaciones y una cena semanal.

Tenemos con ellos mucha confianza, y nos permitimos algunos comentarios subidos de tono, pero nada especial en este sentido Como decía, cada semana aprovechamos un día para cenar juntos, así mantenemos esta relación, ya que de lo contrario nos veríamos solo por vacaciones Esta semana tocaba en casa de Juan y María. Nos preparamos hacia las 8 de la tarde para ir a su casa, Ana se puso un vestido amplio, abierto por delante con una cremallera de arriba a abajo, muy vaporoso, con un escote importante y que le llegaba por encima de la rodilla, y unas braguitas tipo tanga (casi siempre usa tanga), con un sujetador de esos sin tiras a juego, todo ello de color rojo.

Al llegar a su casa, acabamos de preparar la cena y cenamos con una considerable cantidad de alcohol, como era normal, eso nos permitía que después la conversación fuera más picante, explicando chistes verdes o haciendo comentarios sexuales.

Estábamos liados con una charla en la que Ana decía que me conocía tan bien, que solo con el tacto serian capaces de saber si era yo el que le tocaba una mano, o la cara, o no, y los demás decíamos que esto era imposible, y que una simple caricia no podía distinguirse. Entonces María propuso que se tapara los ojos, y que lo probáramos, a lo que ella accedió. Asó que buscamos una venda y María se la puso en los ojos, atada por atrás.

Juan se acercó a ella y le cogió la mano, a lo que ella inmediatamente le cogió el brazo y dijo; “eres Juan”, pero todos gritamos que no valía, ya que ella no podía tocar. María propuso atarle también las manos, ella no quería, pero al final accedió, le tumbo en un sillón de estos que se estiran y quedan como una cama, y la puso la venda y le ató las manos a los brazos del sillón, quedando completamente estirada y le sacó los zapatos Cuando la vi así, mi miembro se puso duro inmediatamente, era una postura que muchas veces habíamos practicado en nuestros juegos sexuales, y el estar con nuestros amigos, me excitaba, además, María dijo que le gustaba hacerlo, ya que allí Juan le ataba de aquella manera alguna vez, sin más comentarios, lo que creo calentó el ambiente en general, ya que Ana dijo “Ahora te quito el sitio yo”.

Empezó de nuevo Juan, esta vez le tocó los pies, de una manera muy delicada, ella dijo que era María, y esta dijo, “¿ves como no es posible que aciertes siempre?”, pero ella disculpó su equivocación porque los pies son poco sensibles, que en la mano no fallaría, Mientras ella hablaba, se iba moviendo, y muy despacito, el vestido iba subiendo, creo que sin que ella se diera cuenta. Seguimos el juego, esta vez le tocamos los tres la mano, y curiosamente solo acertó cuando le tocó Juan, ya que confundió a María conmigo. Repetimos en los brazos, las piernas y la cara, con un éxito similar, pero cada vez tenía el vestido más arriba, además en la posición que estaba, dentro de poco rato se vería claramente su tanga. María vio lo mismo que yo, y con señas me lo indicó, pero yo le dije que callara, que no pasaba nada. En esto que seguimos con más toqueteos, pero al revés, era ella la que tenía que tocar sin desatarse, acercó la mano Juan para que procediera, y falló de nuevo, diciendo que era la mía, pero su vestido ya no ocultaba el tanga, cosa que en señas hice ver a los demás, que reímos, ella preguntó que pasaba, pero dijimos que nada, cosas nuestras.

Para animar la situación, le dije a María y a Juan que ahora le tocaría un pecho, y ella le dijo a Ana, “A ver si ahora sabes quien es”, yo me puse a su lado, y muy rápidamente le cogí un pecho, soltándolo en menos de un segundo, entonces ella dijo “ha sido Juan”. Quedamos todos asombrados, ya que no pensábamos que pudiera pensarse nunca que Juan se atreviera, ella insistió, preguntando si había acertado, a lo que Juan le contestó que no, que ya le habría gustado, pero que no, a lo que ella contesto que era tonto, y que solo era un juego. En este momento, su tanga ya era totalmente visible, y todos pudimos ver la mancha que se le había formado en su coño, marca inequívoca de su excitación.

Fue cuando María le dijo a Ana que se la había subido el vestido, y que se le veía el tanga, pero ella respondió “os gusta?” . Quedamos sin saber como reaccionar, pero Juan dijo, a mi si, me encanta, y lo que esconde, seguro que más, Ana respondió que era un pillín….

El ambiente era más que caldeado, quedamos todos sin movernos, pero Ana dijo, pensáis continuar o me dejareis aquí atada, entonces María dijo que ya no había más zonas para probar, que le habían tocado por todas partes, pero ella dijo que solo en las zonas que no tapaba su vestido, y que si molestaba, que se lo abriesen, que era fácil, solo una cremallera.

Uf, como estaba el ambiente, no sabíamos que hacer, en esto que María se acercó a ella, sentándose a su lado, y le desbrochó lentamente el vestido, Todos mirábamos las partes de su cuerpo que iban apareciendo, su escote, el nacimiento de sus pechos, sus pechos completos tapados solo por el sujetador… Se la veía preciosa, con el tanga y sujetador rojo a juego, con sus pechos que parecían salir, y sus pezones rígidos mostraban su calentura.

Entonces ella era la que guiaba, nosotros estábamos cortadísimos, y propuso un juego, que consistía en que los tres le acariciáramos un pecho, y si no acertaba, le quitaríamos el sujetador. Empezó María, que si acertó, luego me tocó a mí, que también acertó, pero Juan no se atrevía, a lo que le volví a tocar yo, entonces ella dijo que era Juan. Ya había fallado, tenía que sacarse el sujetador, pero ella le dijo a Juan otra vez que era un tonto, y que aprovechara, que esta situación no se daría muchas veces, y quiso que se lo sacara Juan. Le costó, primero vencer la vergüenza, a pesar de que los tres le animábamos, y después porque ella atada, y con el vestido solo abierto era difícil llegar a los corchetes, pero lo consiguió, cuando acabó, Ana preguntó a todos si nos gustaban sus pechos, todos contestamos a la vez que si, que nos encantaban.

No se cual de los cuatro estaba más excitado, pero creo que era María, ya que propuso el siguiente juego, que consistía en hacer lo mismo pero con sus tanga. Yo no tenía claro que aceptara, no es lo mismo que te toquen los pechos que el coño, pero ella dijo que si, pero que si acertara, tendría que ponerse ella en el sillón, y entre todos la desnudaríamos. María se puso roja como un tomate, no sabia que decir, pero su marido le dijo que era justo, y que si le gustaba el espectáculo, también podía darlo ella. Al final aceptó, Ella abrió sus piernas a no poder más y dijo, quien va a ser el primero. A empujones conseguimos que Juan se acercara, y con mucha timidez, empezó un trabajo de experto, acercándose, no se si por timidez o por calentarla, muy despacio, primero por su muslo, y muy despacio fue llegando a su coño, de golpe empezó a acariciarla con fuerza, por encima del tanga, ella se movía, agitaba todo el cuerpo, y Juan se iba animando, sus movimientos se convirtieron en gemidos, y violentamente se corrió, cerrando repentinamente las piernas y apretando la mano en su interior.

Todos quedamos callados, ella se estaba reconduciendo de un orgasmo que seguro no esperaba tener al llegar a aquella casa, esperábamos ver si identificaba correctamente a Juan, y ella dijo “María, no sabía que tu marido era tan hábil con los dedos, y por encima del tanga”, todos reímos, y yo le dije a María que se preparara, que creo que le tocaría la siguiente parte del juego a ella, mostraba una actitud mezcla de excitación y vergüenza.

El siguiente fui yo, empecé por apartarle el tanga, dejando a la vista de todos su coño mojado y excitado, María preguntó si era multiorgásmica, supongo que para saber si podría verlo repetido, ella le contestó que si, y que antes de que ella empezara pensaba correrse alguna vez mas. Le introduje un dedo, tal como lo hacía siempre, para que tuviera muy claro que era yo, ya que esta vez lo que quería es que acertara, y poder ver y jugar con María. Con el dedo pulgar le acariciaba su clítoris, mientras que tenía otro dedo dentro, yo sabia que esto le gustaba, y no me equivoqué, en pocos segundos estalló en un sonado orgasmo, incluso temimos que los vecinos nos oyeran, pero que más daba ya. Entonces ella dijo, ya sabes cariño que masturbándome eres el mejor, nadie me lo ha hecho nunca tan bien como tú. Había acertado otra vez. Entonces María le preguntó: “Te han masturbado muchos chicos?”, ella respondió que cinco más, sus antiguas parejas, y que lo que aprendió de ellos me lo enseño a mi, y que por eso sabia tanto. Nunca habíamos hablado con ellos de anteriores amantes, ni nada tan atrevido. En eso que María dijo, “sabéis que durante un año me acosté con una chica?”, quedamos asombrados, nos contó que cuando estudiaba compartía habitación con una chica que era lesbiana, y que se hicieron amantes, yo le pregunté si era bisexual, y me contestó que no lo sabia, pero que con ella había tenido una relación muy placentera. Nos comentó también que en aquella época ya tenía a Juan por novio, y que él lo sabia, y no solo no le importaba, si no que incluso una vez presenció su encuentro.

Vaya cosas que descubríamos, mi mujer contaba cuantos amantes había tenido, y María que era bisexual, o por lo menos que había practicado sexo con una mujer. Ana estaba ya impaciente, quería que un tercero, o tercera le tocara el coño, y conseguir que María fuera desnudada y acariciada por todos. Sin más, le dijo a María que quería probar a una chica, que ella nunca había estado con ninguna, pidiéndole que se acercara y empezara, pero esta respondió que no tenía porque ser ella, que eso tenía que adivinarlo, pero diciendo esto, María se acercó, se puso de rodillas al suelo, y mientras con una mano separaba su tanga, acercó su cara al coño, haciendo maravillas con la lengua, se notaba que sabía lo que hacia, y se corrió brutalmente de nuevo. Ana dijo que de aquella manera, nunca se lo había hecho un chico, y que tenía que ser María. Acertó, como yo, y creo que todos deseábamos, y tanto mi mirada como la de Juan se dirigieron a María, pero Ana dijo que no empezaran sin desatarla, que quería colaborar.

Entre todos le sacamos las cuerdas y el vendaje de los ojos, ella aprovechó para acabarse de sacar el vestido, quedando solo con el tanga.

María estaba muy nerviosa, esperando su turno, nos pidió que fuéramos a la habitación, que estaríamos más cómodos, y así lo hicimos, Ana, casi desnuda, Juan detrás de ella, y yo el último.

Entramos, y los cuatro nos estiramos en la cama, menos mal que era muy grande.

Ella dijo, “Quien empieza?”, Juan dijo que el honor les correspondía a Ana y a mi, y que él miraría, se levantó de la cama y se sentó en una butaca. Entre Ana y yo, empezamos, muy lentamente a acariciarla, a excitarla más si se podía, antes de desnudarla, íbamos jugando con su cuerpo, sin tocar ninguna zona sensible, ella ya no podía más, su cara lo decía todo, estaba súper excitada, yo tampoco podía aguantarme más, quería ver, tocar, acariciar a María, llevaba un jersey muy fino y sin mangas, y unos pantalones de piel, muy ajustados.

Le levanté el jersey, primero descubrí su cintura, después fui subiendo, ya aparecía el borde de debajo de su sujetador, era blanco, sencillo, sin florituras, amagaban unos pechos pequeños, pero que se le marcaba sus pezones, por cierto muy rígidos. Le saqué por completo el jersey, dejando que su sujetador fuera la única pieza que tenía de cintura para arriba, mientras hacía todo esto, Ana la acariciaba, se acercaba a los pechos, le marcaba el contorno del sujetador. Yo la imité, y nos dedicamos cada uno a un pecho, sin que en ningún momento se los tocáramos. Dirigí mi mano a sus pantalones, desabroché el botón y bajé la cremallera, mientras tanto, Ana seguía con sus caricias. Le bajé los pantalones, dejando al descubierto unas bragas blancas, tipo bikini, pero que trasparentaban claramente los pelos del coño, y que estaban ya empapadísimas de sus jugos.

Yo ya no podía más, estaba en una cama desnudando a una mujer junto a mi  mujer, que solo llevaba un tanga, y su marido sentado, mirando, decidí actuar, y empecé a acariciarle un pecho, ella reaccionó con un suspiro, supongo que lo necesitaba ya, con el sujetador en medio, acaricié suavemente un pezón, mientras que Ana hacía lo mismo con el otro, María gemía de placer, y no paraba de moverse. Quería verlos y tocarlos sin impedimentos, así que deslicé mis mano por su espalda, y se los desabroché, ella no paraba de moverse y gemir, en sus ojos se notaba que necesitaba más, Ana le acabó de sacar el sujetador, y yo me abalancé sobre sus pechos, los estrujé entre la mano, se los amasé, le pellizcaba los pezones, mientras sus gemidos eran cada vez más audibles. Tenía ganas de comérselos, y así lo hice, me dediqué a un pezón, mientras Ana hacía lo mismo con el otro.

Pero todos queríamos más, mientras hacía esto, bajé mi mano hasta llegar a sus bragas, eran muy suaves, de algodón, acaricié por encima su coño, ella reaccionó abriéndome las piernas, era un charco, estaba empapadísimo, Ana le preguntó si también era multiorgásmica, supongo que para saber donde podría llegar aquello, ella, entre suspiros dijo que si.

Yo quería tocar directamente su coño, así que abandoné el pecho, dejando los dos para Ana, y me dispuse a sacarle la braga, que cuando estuvo del todo fuera, las lancé a su marido, que lo primero que hizo fue llevárselas a su cara, y olerlas.

Me puse entre sus piernas, y con la misma técnica que había hecho correr un ratito antes a Ana, empecé a introducirle un dedo, no me costó nada, estaba muy mojada y dilatada, la fricción de mi pulgar, y las caricias de Ana a los pechos hizo que se corriera bestialmente.

Una vez repuestos, nos sentamos en la cama, María totalmente desnuda, Ana con su tanga, y Juan con las bragas de su mujer en la mano. Este le pidió a Ana que le diera su tanga, pero ella le dijo que no, se las había ganado.

En eso que María nos mira a todos y nos dice, Os importaría que nos quedáramos Ana y yo un ratito solas, quiero estar con una chica, hace mucho que no lo hago, y quiero un poco de intimidad.

Miré a Ana, que asintió con la cara, Juan y yo nos fuimos al salón, comentando la situación muy excitados, pudimos oír sus gemidos, sus gritos, durante una hora larga, no sabíamos que hacer, para distraernos pusimos un video, pero no le prestábamos atención. Al rato, el silencio era total, supusimos que habían acabado, en eso que mi mujer, cubierta con un batín vino al salón, y me dijo, anda, ve a la habitación, María te está esperando, y mirando a Juan le dijo, el se va a follar a tu mujer, ¿no te importa verdad?, es que yo voy a follar contigo.

Autor: AnnaG.

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Ardientes propuestas

La calentura de Carolina era incontenible, como unas mercancías sin frenos, por lo que exigió que la penetrara sin compasión ni miramientos. Javier, incapaz ya de alargar el placer terminó con la dulce tortura que estaba infringiendo a su bella compañera e introdujo su miembro en la húmeda y caliente cueva de Carolina y de esta manera conseguir el ansiado y loco placer que les devolviera la calma.

Carolina siempre se resistió a hacer la compra. El viaje al supermercado suponía para ella un sacrificio. Por eso trató de evitarlo y fue al centro de la resistencia en las discusiones con sus hermanas y su madre, a la hora de decidir a quien le correspondía la expedición adquisitiva. Pero aquel día sería distinto, el suplicio de la compra se iba a transformar en un placentero “intercambio mercantil”.

Ese día tropezó con Javier que distraído, la palpó confundiéndola con una mercancía en venta. El contacto no molestó demasiado a Carolina. El chico pidió disculpas cuando ella, tímidamente, protestó y le dijo que él daría una fortuna por un producto tan atractivo.

El cumplido halagó a Carolina y las más audaces caricias de Javier la colocaron en un estado donde la palabra “no” empezaba a ser una estupidez. Mientras tanto el muchacho le dijo que él también tenía cosas dignas de ser tocadas.

Explicó que para hacerlo debía ponerse en un estado de calentura que igualara, por lo menos, el que él sentía y que para ello debía darse la vuelta y dejar que la inspeccionara por detrás para aconsejarle los movimientos a seguir.

Sin decirle una palabra y a lengüetazo limpio; Javier le fue dictando a Carolina el código de puesta a punto de una hembra. Carolina se olvidó de toda mercancía que no fuera la suya y empezó a suspirar a cada mordisco sabio de Javier.

El muchacho le bajó la tela que cubría sus deliciosos cántaros y besó con fruición los cárdenos pezones. La chica a estas alturas bendecía el haber perdido la discusión que terminó con su viaje al supermercado. Entre besos y suspiros le mostró a Carolina parte de sus cosas que ella podría acariciar si aceptaba su invitación de ir a su apartamento. Al tantear tan enardecido miembro, la muchacha no tuvo más deseos que aceptar la invitación de Javier.

Llegados a casa de Javier, el chico, como buen anfitrión, invitó a Carolina a una refrescante copa, que aliviara la temperatura de sus cuerpos y aprovechó para que la chica se entrenara con el corcho de la botella para posteriores tareas con la boca  mientras brindaban por esta nueva y hermosa amistad, Javier le comentó a Carolina sus planes para ese día y lo que esperaba que consiguieran si ella aceptaba sus propuestas. Tanto entusiasmo puso en la descripción, que Carolina murmuró emocionada y cachonda.

– ¡Sí, sí, Síííí!

Con un beso quedó sellado el pacto y la chica bajó sus defensas y sus ropas para permitir que Javier comenzara sus maniobras exploratorias. Los pechos de la chica se endurecieron al dulce contacto de la lengua del chico y su vagina comenzó a mojarse dulcemente. Cuando la humedad empezó a pedir que se aliviara el escozor, Javier comenzó a titilar con sus dedos el botoncito del placer y la pobre Carolina empezó un concierto de suspiros destinados a alentar el trabajo de Javier.

Las copas quedaron olvidadas y la tarea de conseguir el gozar a través del placer sexual se hizo más exigente. A cada golpe de lengua de Javier, le seguía un gritito de Carolina pidiendo más y dosificando las caricias para prolongar el disfrute.

La experta lengua de Javier dejó entonces el clítoris para entablar una más placentera charla con la maravillosa abertura que, húmeda y estallante; parecía a punto de reventar. Carolina, ya abandonada al gozo, no hacía más que gemir y demorar un orgasmo intenso, y que por otra parte se hacia casi imposible de contener.

La chica notaba que la dulzura de las caricias la iba convirtiendo en una yegua en celo y que poco más podría aguantar antes de exigir a su brioso alazán que la penetrara salvajemente. Por eso cambió los gritos de placer en insultos obscenos y exigentes.

Carolina, perdiendo todo cálculo, acercó su boca a la del chico para besarle con agradecidos labios y rogarle que no demorara más la hora de sentir en su seno el dulce y enervado miembro que había estado palpando y que ya se hacía imprescindible.

Los reclamos de la enardecida muchacha fueron entendidos por Javier, que, acomodándola sobre sí, le introdujo el ardiente miembro, en tanto no dejaba de chuparle los pezones, acariciarle el clítoris y llevar a Carolina al borde del final.

Cuando ya el orgasmo era incontenible, Javier retiró su falo de la hirviente cueva y volvió a las caricias linguales. Pero ya la calentura de Carolina era incontenible, como unas mercancías sin frenos, por lo que exigió que la penetrara sin compasión ni miramientos.

Javier, incapaz ya de alargar el placer que luchaba por expresarse, terminó con la dulce tortura que estaba infringiendo a su bella compañera e introdujo su miembro en la húmeda y caliente cueva de Carolina y de esta manera conseguir el ansiado y loco placer que les devolviera la calma.

Autor: Ser Pïter

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La cama deshecha

Joni acercó su boca a mi coño para chuparlo, metía su lengua dentro, mordía mi clítoris yo busqué lujuriosamente su falo, que estaba duro como si verdaderamente fuera de ébano. Estaba caliente. Su semen salía por las comisuras de mis labios, estaba loca de placer, con las caricias que Joni me estaba prodigando con su boca.

Por el aspecto de la habitación, se adivinaba que habían estado gozando de sus cuerpos hasta el amanecer.

Por un lado un zapato tirado en el suelo, un poco más adelante… el otro, debajo de la cama más adelante, caída en el suelo una minúscula falda negra, una blusa color fucsia, estaba sobre una silla tirada de mala manera…

Debajo de la cama se podía ver el tirante del sujetador…  solo había que tirar de el para sacarlo.

El olor a sexo estaba en el ambiente, desde la puerta pude ver que estaban dormidos, la noche debió ser bastante agitada.

Su posición dejaba ver sus nalgas morenas, se notaba que era un culo bien duro y bronceado.

Estaba desnuda, boca abajo, su pelo revuelto caía sobre la almohada, era negro, largo, un poco rizado. Dormía con una respiración profunda y acompasada, parecía un sueño muy reparador…

Al otro lado, estaba Jonis un brazo caía por fuera de la cama, su cuerpo fornido estaba   desnudo, parecía una figura de ébano su voluminoso paquete estaba en reposo, después de una noche de excitación y placer.

Sonó el teléfono y… Amalia se movió, alargó su brazo hasta el lugar de donde venía el sonido, lo descolgó y lo volvió a colgar, pero con todas estas operaciones… Jonis se despertó, al ver que Amalia estaba despierta, la cubrió con su pierna, buscó sus labios, los besó…

Ella alargó sus brazos y tomó entre sus blancas manos su cara, respondiendo a su caricia con un beso largo y dulce, la mano de Jonis fue directamente a la entrepierna  de la joven, las  fue separando  poco a poco, fue abriéndolas…

Notaban que la excitación volvía a apoderarse de sus cuerpos, su coño se humedecía, se abrió como un túnel profundo y negro…

Al sentir sus dedos como entraban en el reducto, se estremeció de placer, aún tenía en sus poros el sudor que la pasión y el deseo habían dejado impregnando en todo su cuerpo la noche anterior.

Ella buscó el falo de ébano y notó que estaba muy caliente y duro se puso de rodillas encima de él y como si fuera una amazona experta, aferrada al lomo de su caballo, empezó a cabalgar primero despacito…

Poco a poco iba aumentando el ritmo, Jonis tomaba los pechos de Amalia, que con su boca abierta jadeaba de placer, le acercaba sus tetas a su boca Jonis las lamía, las mordía, jugaba con ellas…

La excitación iba en aumento los dos se movían al mismo ritmo, cuando la excitación llegó al máximo Amalia emitió un grito de placer que debió oírse desde bastante lejos, yo que desde la otra habitación lo estaba contemplando todo sin ser vista, no pude más, acaricié mis pechos y mi clítoris…

Me sentí envuelta en la misma locura que el hombre de ébano y la mujer blanca. Sentí un rabioso orgasmo, prolongado no pude más que salir de mi escondite y unirme a ellos.

Amalia me miró y… me hizo un lado en su cama, vino inesperadamente hacia mí y empezó a acariciarme los pechos, mordía mis pezones, chupaba mi cuello, mordía mis orejas, yo estaba totalmente embriagada de placer, era la primera vez que asistía a un trío.

Joni, al ver la reacción de Amalia, acercó su boca a mi coño para chuparlo, metía su lengua dentro, mordía mi clítoris yo busqué lujuriosamente su falo, que estaba duro como si verdaderamente fuera de ébano…

Estaba caliente follaba mi boca una y otra vez,   de pronto se estremeció y corriéndose en mi boca sentí como si se tratara de un espasmo.

Su semen salía por las comisuras de mis labios, estaba loca de placer, con las caricias que Joni me estaba prodigando con su boca.

Amalia se encargaba de cubrir con caricias todo mi cuerpo hasta enloquecerme no podía resistir más, les decía…

-¡No paréis, no paréis!, ¡enloquecía!

Me dejé ir y… de pronto un temblor me invadió de placer y lujuria…

La mañana fue inolvidable, irrepetible, maravillosa, sentí el placer más profundo e inesperado que jamás pude llegar a imaginar.

La experiencia fue magnifica.

Autora: Cary

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Las vivencias con mi amiga Francia

Chupé esa rica concha que expelía esos sabrosos jugos vaginales, eran el manjar más delicioso que podría estar disfrutando. Ella se movía como hembra en celo y disfrutaba al máximo de mis caricias.

Es un placer para mí poder escribir este relato, son mis vivencias y espero que les guste, no soy escritor como muchos de Uds. que envían sus relatos a esta página, pero si son las vivencias que cada uno ha experimentado. Lo que les voy a contar es mi historia.

Un día cualquiera, en el mes de enero por vacaciones viajé con mi familia (Mi esposa y dos hijos) a la cuidad en donde nací, donde vivían mis padres. Caminando por uno de los centros comerciales y por esas casualidades de la vida, me encuentro con mi amiga Francia, una amiga que conozco desde que éramos niños, vivíamos en el mismo barrio, nuestras familias muy amigas y muchas cosas más en común, por el hecho que me fui de la cuidad porque me casé y motivos de trabajo nos dejamos de ver, habían pasados varios años

Nos saludamos como lo hemos hecho desde siempre cariñosamente y comenzamos nuestra conversación de rutina a preguntarnos por nuestras familias que como estaban etc. Pero yo como la conocía muy bien por los años de amistad enseguida noté que algo le pasaba y le pregunté: ¿porque andas sola? ¿Donde está tu marido? ¿Tus hijos? Pero en todas las respuestas pude entender que algo no estaba bien. Así que fui al grano y le pregunté: ¿A ti te pasa algo? Y la respuesta fue, No estoy bien, estoy muy triste, y no tuve otra cosa que salir de la casa y empezar a dar vueltas por aquí y por allá y ahora me encuentro en este lugar y por esa casualidades de la vida me encuentro ahora conversando contigo y que bueno el que nos hayamos encontrado, como a ti no te puedo engañar ni menos te puedo mentir te voy a conversar lo que me pasa.

Hace mucho tiempo por motivos de trabajo nos vimos en la obligación con mi marido de tener que separarnos por un tiempo, ya que él tuvo que ir a otra cuidad a trabajar y siempre venía cada dos meses a estar con nosotros y las veces que venía lo pasábamos muy bien, y esto venía pasando por varios meses, pero en esta oportunidad muy contenta que íbamos a estar juntos después de tanto tiempo de separación, habían pasado 4 meses y con mucha ilusión, como mujer de estar con mi marido, el hombre que amo, anhelaba mucho el que pudiéramos estar juntos y disfrutar de nuestro amor. Pero no fue así, pasé la noche más triste que he podido vivir en los últimos años, ¿sabes? ni siquiera me tocó, aduciendo que estaba muy cansado por el viaje, por el exceso de trabajo, que tenía que descansar, que lo comprendiera por favor… se puso a dormir, yo no pude conciliar el sueño por un buen rato, y te imaginas mis pensamientos hasta donde me llevaron, ¿y sabes que pienso?… que él pueda tener otra mujer, en la otra cuidad donde trabaja pero después la descartaba pues por lo que se nunca me ha sido infiel y yo mucho menos.

Siempre ha habido entre nosotros confianza, comunicación y entrega total del uno al otro en todo, así que descartaba esa idea. Al otro día con la esperanza en que todo iba a cambiar hice como que nada había pasado durante el día hicimos varias cosas juntos como familia lo pasamos bien, pero lo que yo quería era que cumpliera como hombre y satisficiera mis deseos sexuales que estaban reprimidos por varios meses ya que lo deseaba con todo mi ser. ¿Y que crees tú? No pasó nada…

Me quedé con unas tremendas ganas, para que te voy a contar todo lo que se me pasó por la mente esa noche y hasta me atreví a preguntarle si tenía otra mujer, pero él me contestó que no, que lo que tenía era por el agotamiento físico, los problemas y las exigencias en su trabajo, pero que ya pasarían. Esa noche no pude nuevamente dormir  y durante toda esta semana no lo he pasado bien. Esta mañana se fue sin haber conversado el tema y yo con unos deseos tremendos de hacer el amor con mi marido, ahora te puedes dar cuenta porque estoy así.

Nuestra conversación por unos instantes fue de consuelo de consejos y de razones que le pudieran dejar más tranquila, cosa que no sucedió y al verla llorar se me partía el corazón porque la consideraba mi amiga, como una hermana… la gente que pasaba nos quedaba mirando como buscando respuestas a la escena que contemplaban de mi amiga, así que la invité para que fuéramos a otro lugar para conversar más tranquilos, después de bastante persuasión aceptó. Salimos del centro comercial y como Francia andaba en su auto, me pasa las llaves y salimos a dar unas vueltas por aquí y por allá y conversando de varias cosas para tratar de que se olvidara de la situación que le afectaba, ella como estaba muy desesperada y seguía llorando no se dio cuenta ni yo cuanto rato anduvimos deambulando por la cuidad, que al darnos cuenta de la hora que había avanzado me dice, llévame a mi casa por favor, que no quiero importunarte más con mis problemas, tu vienes a vacacionar y te encuentras conmigo que lo único que hace es contarte puros problemas.

A lo que respondí, para que estamos los amigos y tú necesitas conversar con alguien y desahogarte, ¿quien mejor que tu amigo?, su yunta para hacerlo, (quiero decir que nuestra amistad es muy sana y sincera) Ella seguía llorando y más ahora donde le dije estas palabras. La llevé a su casa, hermosa casa, me hizo pasar y para mi sorpresa no había nadie, ya que sus hijos habían iba por unos días a casa de sus abuelos No se imaginan cuanto tiempo estuvimos conversando del tema, pero a ella no le podía convencer, pensaba que su esposo tenía otra mujer y que por eso estaba así.

Entonces le pregunté ¿Qué piensas hacer? No puedes seguir lamentándote de esta manera, tienes en primer lugar que calmarte para pensar bien las cosas y luego ver que vas hacer. Luego de un momento ella me pregunta ¿Qué harías tú? Si vivieras algo así, que después de una larga ausencia tu esposa no estuviera igual que las otras veces, estuviera diferente y no quisiera nada contigo, por que yo creo que todo matrimonio después de estar ausente por algún tiempo alguno de ellos lo que más anhelan al momento de estar juntos es hacer el amor, es disfrutarse el uno al otro, ¿no te parece?

En ese momento quedé ¡plop! Yo dándomelas de consejero y no sabía que responder pero luego le dije: dejaría pasar un tiempo, trataría de ver, conversar y si no se da bueno tendría que tomar otras medidas, ella en ese momento me pregunta ¿y que medidas?

Yo enseguida le contesto para salirme del tema, yo no soy el que tiene el problema. Para cambiar totalmente la conversación, la invité a que fuéramos a comer algo a lo cuál ella accedió pues no había comido nada hasta ese momento que eran casi las 18:00 hrs, le dije vamos a un restauran o vamos a comprar comida preparada y comemos acá, tú decides. Vamos a comprar y comemos acá mejor. Hoy voy hacer todo lo que tú quieras para que veas cuanto te estimo, y me da mucha impotencia verte triste, te voy a consentir en todo, te voy a comprar lo que tú quieras y hasta servirte querida amiga, cosa que no hago en la casa lo voy hacer contigo… estoy a tu disposición. Salimos a comprar nos llevó como una hora todo lo que tuvimos que hacer mientras íbamos en el auto recordábamos cosas que hemos hecho juntos como familia.

Pero esta era la primera vez que podíamos estar solo los dos y teníamos que disfrutarlo al máximo posible, ¿no te parece?, le dije a lo que contestó, ojala, ya que con el ánimo que tengo mucho no creo que disfrute ¿no te parece? Ya lo veremos.

Mi amiga es una mujer de 36 años, muy hermosa por donde se le mire, más de 15 años casada y a pesar de haber tenido 2 hijos su cuerpo está bastante bien moldeado, aunque ahora la noté un poquito más gordita, pero como es alta no se nota tanto, mide 1.70 aprox. Por mi lado tengo 38 años 1.74 de estatura casado también, con 2 hijos. La cena la tratamos de hacer lo más agradable posible y degustar lo que nos apetecía, al final ambos la preparamos y servimos. Después de terminada la cena le dije que quería que hiciéramos a lo que me contestó, ya es un poco tarde, creo que es hora de irte, ya que te deben estar echando de menos en la casa de tus papás donde estás con tu familia, no te preocupes yo me las sabré arreglar. Pero le dije: ¿estás más tranquila, ya te pasó todo?, a lo que me contestó… no… pero ¿que más voy hacer?… seguir conversando ¿si tú quieres?… está bien me dijo.

Levantamos la mesa lavamos las cosas que usamos y nos fuimos al living, a la pasada Francia colocó música para que mientras conversábamos animara el ambiente. Luego de un rato de conversación se comenzó a escuchar por la radio canciones que eran muy románticas, parecía que el controlador de la radio sabía que Francia necesitaba que le subieran el ánimo y parece que lo estaba logrando y eso a mi me ponía muy feliz, el ambiente estaba muy romántico que le dije que si le gustaría bailar conmigo esa canción, se hizo rogar un poco pero luego accedió, ambos un poco tímidos, pero al tiempo que trascurría la canción nuestros cuerpos comenzaron a relajarse, a rozarse y el ambiente comenzó a sentirse de otra manera tanto para ella como para mi, nuestra respiración entre cortada por la tensión del momento, que al terminar la canción nos retiramos rápidamente y nos fuimos a sentar sin decir ni una palabra.

Después de un momento le pregunté: ¿Qué te pasó? A lo que me contestó: yo hace mucho tiempo que no tenía la oportunidad de bailar, ni con mi marido ni con otro hombre, y además como no he intimado con mi marido ¡imagínate! como estoy, por eso te pido que por favor que te vayas porque sino… no se lo que pueda pasar. A lo que yo enseguida contesté. No va a pasar nada de lo que tú no quieras que pase. Siempre hemos sido buenos amigos, donde nos hemos conversado todas las cosas, hemos sido el paño de lágrimas el uno al otro, hemos tratado de solucionarnos los problemas que hemos tenido y espero que ahora pase lo mismo.

Ella me responde, lo que ahora me pasa no es fácil, además estaríamos cometiendo algo que los dos, yo creo, ni por nuestras mentes ha pasado durante todo este tiempo que nos conocimos, para mi es muy complicado y te estoy arrastrando sin querer a algo que quizás tú no quieras, bueno le respondí, ya somos bastante grandes para que yo te culpe a ti o viceversa, de las cosas que pasan ¿no te parece? Como vi que la situación iba para otro lado, no podía dejar que ella tomara la iniciativa, así que le dije que no se mortificara y que entendía muy bien lo que le pasaba. Tanto para ti como para mi es difícil pero creo que ambos llegamos hasta aquí y no pienso yo dar pie atrás, la tomé de la mano y le dije que se olvidara de quienes éramos y que disfrutáramos del momento.

Muy nerviosos los dos comenzamos a tocarnos muy delicadamente, era como si fuésemos adolescentes inexpertos en su primera cita, pero la música que se escuchaba por la radio daba el clímax perfecto para seguir, nadie decía una palabra solo las caricias eran la comunicación que en ese momento se podían percibir en el ambiente, tocaba sus manos, su hermosa cabellera larga, su rostro muy suave y muy fino, sus labios, pero aun no me atrevía a besarla ni tocar sus partes intimas porque pensaba que quizás no aceptaría y se podía incomodar, quería un poco más preparar el ambiente, había tiempo.

Este encuentro como se estaba dando debía ser lo más agradable para ella especialmente porque la quiero mucho y no se convierta en una pesadilla peor que la que estaba viviendo, no deseaba que sufriera más de lo que ya había sufrido ese día. Comencé a susurrarle en el oído que era muy hermosa, que tenía muy lindo cuerpo, (en mis pensamientos decía: como el estúpido de su marido puede fijarse en otra, si es así, teniendo en casa una mujer tan estupenda) me fui acercando cada vez más a ella, la miré a los ojos y en ese instante supe que era el momento para besarla…

Muy suavemente toqué sus labios con los míos y desde ese momento comenzó un frenético deseo por ambas partes de besarnos, tocarnos, comenzarnos a sacarnos la ropa hasta quedar ambos completamente desnudos, en ese momento pude apreciar en plenitud el cuerpo de Francia, sus senos muy hermosos y grandes, los cuales comencé a acariciar y besar con mucha delicadeza, luego seguí hacía su ombligo, su pelvis hasta llegar a su vagina que para mi sorpresa estaba totalmente rasuraba, eso a mi me mató, y me dejó con más calentura que hasta ese momento tenía.

Me detuve un momento para observar ese hermoso cuadro que tenía enfrente mío, me detuve por un instante y le dije absorto por lo que veía, ¡realmente eres muy hermosa! A lo que ella contestó, si fuera hermosa mi marido no me dejaría de lado, ni se fijaría en otra o por último disfrutaría de mí, como toda pareja lo haría después de estar separados tanto tiempo. Yo, Jaime, me había preparado para la ocasión pero ya ves… Francia por favor olvidémonos de eso, porque hoy te voy hacer la mujer más feliz que puede pisar la tierra.

Nos volvimos a trenzar en besos, caricias y me fui poco a poco hasta llegar a esa preciosa vagina, que para esas alturas estaba totalmente lubricada, lista para ser penetrada, pero yo quería degustarla con mis labios, mi lengua y mis dedos, situación que vine a hacer con mucho frenesí, a chupar esa rica concha que expelía esos sabrosos jugos vaginales, como si fueran el manjar más delicioso que podría estar disfrutando.

Ella se contorsionaba como hembra en celo y disfrutaba al máximo de mis caricias, en un momento pude darme cuenta que se estaba viniendo porque me dice: sigue por favor, sigue por favor Andrés que estoy acabando y es la primera vez que estoy acabando sin ser penetrada por un pene dentro de mi concha, que rico que se siente, por favor no pares… bueno yo pude dar fe que se estaba viniendo pues sus jugos eran muy abundantes, después de un tiempo de seguir saboreando, jugueteando con esa rica concha, hubo una pequeña pausa… ella ahora tomó la iniciativa, comenzó a besarme los labios, las mejillas, a lamerme las orejas, el dorso, las tetillas y seguía jugando hasta llegar a mi pene que parecía un volcán a punto de estallar.

Francia al ver mi pene quedó muy sorprendida y admirada y me comenta: que pene te gastáis amigo mío, para que hacer comparación con el de mi marido. (Pancho como le decimos es un poco más bajo que ella, más gordito, en otras palabras una pareja bien despareja, con eso lo digo todo) Lo tomó con una delicadeza que me sorprendió y lo quedó mirando, mientras yo ya no aguantaba más y me quería correr solo con esa situación. Pero me contuve.

Comenzó un masajeo suave, luego como que no quería, acercó su boca, su lengua y sus labios siguieron un ritual muy exquisito de succión, aunque brusco en algunos instantes.

Yo estaba en un éxtasis de satisfacción que perdí la noción del tiempo, solo quería que esta preciosa hembra disfrutara tanto como lo estaba haciendo yo. Estaba pensando en eso cuando me dieron unas ganas tremendas de venirme así que le pedí, que si podía acabar en sus senos a lo cual accedió gustosamente, fue una de esas corridas verdaderamente ricas, con el semen vertido sobre sus senos, comenzamos nuevamente a besarnos apasionadamente, ambos estábamos muy felices… pero tuvimos que volver a la realidad… la hora había pasado rápidamente eran casi las 23:00 hrs y ella me dijo:

Andrés debes irte… dejemos hasta aquí esta locura que hemos cometido, aunque para mí está resultando algo muy maravilloso, creo que no debemos continuarlo por el bien de los dos y nuestras familias, fue algo que pasó por la situación de estoy viviendo, no puede volver a suceder, tampoco quiero hacerte daño ni menos a tu familia, ni a mi familia ¿No te parece?

Que más podía decirle… ella tenía razón… aunque para mis adentros lo único que deseaba era penetrar esa exquisita concha de mi amiga… pero no se pudo y mejor. Ambos fuimos a la ducha y después me fui a la casa de mis padres donde estaba parando junto a mi familia. Esa noche hice el amor con mi mujer de una manera desenfrenada, pero pensando en Francia.

Al otro día recibí un mensaje en mi celular de Francia que decía: Jaime necesito verte…

¿Puedes venir a mi casa?

Autor: Jaime

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Esther, una esposa infiel

Mi lengua recorre tu oreja y comienzo más fuerte mientras mis dedos se posan en tu vagina de nuevo, frotando, quiero que te corras de nuevo, un, dos, tres, veinte sacudidas, notando el cosquilleo, mientras el sudor nos invade, mis dedos entran y salen de ti, y mi otra mano te recorre entera mientras tu cuello y tu boca complacen mi lengua deseosa.

Habíamos estado durante meses intercambiando relatos. Cada vez que leía algo tuyo el deseo se apoderaba de mí con inquietud temblorosa. La mayoría de las veces el cosquilleo daba paso a una tremenda erección que me incitaba a buscarte en el chat para sentirte más cerca. Pero nunca estabas. Volvía a tus letras y notaba los testículos endurecerse y los movimientos sinuosos de mi aparato buscando una salida. Con el roce únicamente conseguía mojarme los pantalones y excitarme aún más. Pensaba en como serías, si algún día podría tenerte jadeante sobre mi, disfrutando de la infidelidad salvaje, de la liberación sin más. Si pensarías en tu marido mientras te amaba, mordisqueándote el cuerpo por entero, acariciando tus curvas, buscando tus recovecos.

¿Cómo estás? Bien y tú como siempre, deseando conocerte, este miércoles estoy sola, mi marido está de viaje en Roma ¿Me estás diciendo que quieres verme? Sí, por que no, ayer soñé contigo ¿Y qué soñaste? Ja, ja, ja, no te lo pienso contar, lo tendrás que descubrir.

Muy bien y cómo quedamos, El miércoles saldré del trabajo a las 5, prepara un hotelito y nos vemos.
Muy bien, lo estoy deseando, me estoy poniendo caliente de solo pensarlo. Ja, ja, ja, quedamos en Colón, en el metro, en las taquillas, así podremos hablar mientras llegamos. ¿Muy bien que llevarás? Una faldita blanca y una camisa azul con puños blancos, llevaré un pañuelo rojo en la mano. Mmmmm, suena bastante bien, nos vemos entonces, cuídate. Igualmente, ciao.

El miércoles ha llegado, he sufrido numerosas erecciones pensando en el momento de verte, pero no quería defraudarte, no quería llegar fuera de forma después de tanto tiempo deseando conocerte. Habíamos compartido muchos deseos íntimos pero ni siquiera se puede superar así el temor a lo desconocido, a encontrar algo peor de lo esperado.

Caminaba por las escaleras lentamente, no quería llegar sudoroso, y al volver la última esquina allí estabas, vestida como había imaginado, junto a las taquillas. Noté una erección tremenda entre mi ajustado slip, elegido para evitar inconvenientes en público. Me dirigí a ti, y al verme, tan juvenil, pudiste esbozar una sonrisa de agrado que me indicó tu aprobación.

– ¿Qué tal, Esther? -, bien, ¿dispuesto?, claro, eres estupenda, tal y como te imaginaba, sonreí mientras nuestras mejillas se tocaban por primera vez. – Tú tampoco estás nada mal, jajaja.

Y así entre comentarios propios de dos compañeros de trabajo, nos introdujimos en la marabunta del metro que a esas horas se encontraba abarrotado. Era lo mejor, pasadas las primeras estaciones, la multitud comenzaba a oprimirnos mientras me hablabas, hasta que la entrada de nuevos viajeros hizo salvar las distancias al atraerte hacia mi. Noté tu pecho sobre el mío, comprimiéndose, y con un gesto cómplice pasé mi mano derecha por tu cintura atrayéndote. Estábamos pegados, y mi erección se hizo patente mientras sentía tu cintura calentarse sobre mi. Abriste los ojos en un gesto de aprobación, y tu olor golpeaba mi nariz a cada instante, atrayendo mis ojos hacia tu cuello desnudo.

Allí estábamos sintiéndonos con la sola barrera de la ropa y la multitud de ojos indiferentes de lo que se estaba cociendo. Seguíamos hablando sintiendo nuestro aliento a cada bamboleo y mi mano subió desde tu cadera, pasando por el lateral de tu espalda, dejando el pulgar para sentir el inicio de tu pecho mientras seguía subiendo hacia tu pelo. Lo aparté con cariño de tu cara y nos miramos a los ojos. Ambos veíamos lo que iba a suceder y ya casi no podíamos pararlo. Me tomaste de la cintura con las dos manos, sujetándote y en un leve movimiento nos besamos muy suavemente como amantes, con profunda sensualidad, sin despertar resquemores, sólo un instante en el que sentimos los labios superficialmente en preludio de nuestro postrero baile.

Así llegamos a la estación, desmadejados ya por el cansancio del metro y el deseo insatisfecho, estábamos a las puertas del hotel y entramos. Ambos habíamos comido ya, por lo que se trataba de pasar una tarde noche memorable. Llegamos a la habitación, te arrastraba de la mano deseoso de tenerte tendida junto a mi; un cierto sentimiento de incertidumbre se apoderaba de tu rostro mientras avanzábamos por el pasillo. Quizás no habías sido aún infiel como me habías contado y sin embargo el deseo se veía en tus pupilas.

Entramos y contemplamos la habitación con esmero; me volví hacia ti. Ahora era yo el que en mi mayor juventud notaba un cierto acaloramiento en las mejillas. Quería desnudarme para ti, te guié hacia uno de los sillones y te invité a sentarte. Estabas preciosa y tus pezones comenzaban a perfilarse bajo la camisa azul. Me desabroché la corbata, y comencé a quitarme la camisa lentamente mientras fijaba la vista en tu alianza temblorosa. Allí estaba con el pecho descubierto ante ti mientras bajaba mis pantalones lentamente. Me sentía algo ridículo pero por tu cara de aprobación y nerviosismo intuía que te estabas poniendo cardiaca. Mi polla sobresalía ya por encima del borde del slip, totalmente desnuda, pidiendo ser liberada y así fue; una vez liberada me senté sobre la cama; tus ojos me miraban, y te pedí que vinieras.

Te levantaste, tus dudas ya habían desaparecido cuando te colocaste de pie entre mis piernas mientras yo hundía la cara en tu vientre, sintiendo el calor en mis mejillas. Me acariciabas el pelo y comencé a besarte mientras mis manos recorrían tus gemelos hasta el pliegue de la falda; Comencé a subirla, las palmas se deslizaban por tus femorales, y la falda se encogía hasta el inicio del culo, que culito! Lo amasaba entre mis manos, deseosas por debajo de tu falda mientras tocaban livianas tu aparato mojado, cayendo sobre el borde de mis dedos índices. Notaba tu respiración en la cara, que apoyada sobre tu vientre se deslizaba sensual por tu cintura vestida.

Un ahhhh suave como un susurro se escapaba de tu boca mientras mis manos frotaban el interior de tus muslos, dejando los dedos correr entre tu tanga empapado. Te dejé por un instante de decepción mientras mis manos se apoderaron ahora de tus pechos temblorosos, desabrochando la camisa lo justo para ver su inicio y sentir la erección desbordarse en movimiento. Te masajeaba con rudeza, incidiendo en los pezones que eran duros como escarpias, y tú gemías con los ojos cerrados agradeciendo las caricias.

Te desabroché la camisa por entero, y el pequeño sujetador cedió en mis manos desflorando la verdad de tu pecho excitado que jadeaba de deseo entre mis dedos. Mis ojos miraban las aureolas como hipnotizados, como el adolescente que ve unos pechos por vez primera mientras los toca, indeciso.

Estás a mi merced con los brazos caídos, dejándote hacer, sintiendo la fuerza de mis manos que ahora se deslizan por tu cuello, espalda y caderas. Mi lengua traza círculos de placer en tu ombligo desnudo mientras los pliegues del borde de tu camisa abierta acarician mi rostro, ahhhhhhh que lentitud más placentera, mientras sientes como dejo caer tu tanga, como se desliza hacia los tobillos.

Allí estás, de pie mientras me reclino en la cama, totalmente desnudo ante tu mirar, con la polla erguida pidiendo que te coloques, juventud desnuda pidiendo ser saciada. – Ven – te subes a la cama y te dejas caer lentamente sobre mi cintura, mientras te subo la falda y pongo los dedos sobre tus glúteos, noto como te introduces la cabeza de la polla lentamente.UNO Los labios de tu vagina la absorben lentamente, mmmmmmm, ahhhhhhhh gemimos mientras se incrusta en ti, y nos miramos sudorosos.

Comienzas a moverte en círculos, aaahhh, ahhhhh, ahhh, poco a poco, dejando caer tus muslos sobre mis caderas, balanceándote a continuación con tus manos apoyadas en mi pecho. Tus senos se mueven glotones ante la mirada atónita de mis ojos. La sientes dentro más que nunca a cada acometida, y aumentas el ritmo, un, dos, tres, cuatro acometidas frenéticas para volver a descansar, lentamente sube y baja en tus entrañas. Se escapa, sale entera, la buscas con tu mano derecha deseosa y vuelves a introducirla, ahhhhhhh, que bien Esther, así me gusta.

Mis manos suben de nuevo por tu vientre, abriendo tu camisa del todo y tomándote los pechos con firmeza, te pellizco los pezones con mi índice y pulgar mientras te mueves y estiro, te atraigo hacia mi. Te dejas caer y me besas el cuello, nuestras lenguas se acarician deseosas un instante, y te vuelves a alzar, gimes mmmmmm, mmmmm comienzas a moverte entrecortada, ahhhh, rápido, tus caderas me presionan, y sigues moviéndote, estás follando de miedo cariño, ahhh, te susurro mientras profieres gritos de placer, ahhhhhhhhh, nos vamos casi al unísono y te dejas caer sobre mi, sudorosa.

Mis manos se cierran sobre tu espalda, siento tu pecho revolverse encima mío, te beso, te beso, y nuestras lenguas son metáfora del fluido que ahora compartimos en tu interior. La sientes dentro moverse temblorosa mientras salen las últimas gotas, ufffff, comprimo mi boca contra tu cuello, ahogando mi respiración contra tu piel. Nos besamos. Estás desnuda encima mío, con tu falda sobre la cintura, con la polla aún dentro deseosa, unida a mi pecho, con la camisa puesta y abierta cubriendo mi cintura mientras tus pechos desnudos acarician los míos sudorosos. No nos movemos. Te sientes distinta, Llena, cuando te incorporas levemente y nos miramos con gratitud.

Te incorporas y se va saliendo, cae ligeramente adormecida contra mi muslo izquierdo, y el líquido que llevas dentro gotea sobre mí devolviéndome el calor que has sentido. Te contemplo, erguida sudorosa, bella, y te ayudo a quitarte la camisa. Te echas a mi lado y te despojas de la falda. Ahí estamos, tumbados desnudos sobre la cama. Nos juntamos aún más, y me pasas la mano por la cadera mientras te abrazo. Nos tapamos mientras nos besamos con parsimonia. Allí entre las sábanas son todo caricias, nuestros pies se recorren a lo largo de las piernas, las caderas se juntan, las manos tantean senderos de sensaciones nuevas que te devuelven a la adolescencia perdida. Nuestras lenguas se tocan, se sorben, juegan, entran y salen entre los labios.

Nos revolcamos y ahora estoy encima de ti, sientes la presión de mi cuerpo sobre ti, y ahora noto la humedad renacer entre mis piernas. Me parece increíble tenerte por fin allí debajo. El olor de tu piel me reclama y de tu boca paso al cuello con rapidez mientras mis manos buscan en tu espalda, de nuevo percibo en ti la excitación mientras recorro tu garganta, y tus pechos están ahora a mi alcance.

Comienzo a comerte los pezones con delicadeza, mordiéndolos poco a poco, atusándolos con mis manos. Lengüetazo a lengüetazo siento como crecen y me pierdo en las aureolas, haciendo ahora más presión, cierro mis labios con fuerza y aspiro facilitando su endurecimiento mientras mis manos buscan ya tu entrepierna, presionando entre nosotros. Paso de uno a otro con rapidez, mientras tus manos se posan en mi nuca, y decido parar, es el momento – quiero que te sientes, sobre la almohada, sobre el cabecero – Me obedeces, sabes lo que voy a hacer y sonríes, Te acomodas en oblicuo dejando caer tu espalda sobre el cabecero y abres las piernas. Veo tu vagina chorreando levemente y la quiero toda para mí.

Me deslizo ante ti, te beso como pidiéndote permiso y me hundo entre las sábanas. Notas como me muevo, y suspiras cuando sientes la lengua por primera vez en la parte interior de tu muslo derecho. La sensación de que un extraño te relama el clítoris te remueve el cuerpo, y notas como tus piernas tiemblan de deseo. Notas mi respiración cuando la nariz se aproxima saboreando el olor de mujer que desprende tu intimidad. Mmmmm exclamas cuando mi lengua acaricia por primera vez tus labios, recorriendo toda tu abertura desde abajo hasta arriba.

La paso por ambos lados, recogiendo y distribuyendo jugos, introduciendo toda la lengua en tu interior hasta sentir casi mis dientes en tu abertura. La lengua comienza a girar y girar y finalmente encuentra tu clítoris, lo libero con soltura, está muy húmedo, en su punto, y comienzo a frotarlo, noto tu sabor en mi lengua y te lo devuelvo con soltura, ahora con mucha rapidez, te introduzco dos dedos, te contraes por la sorpresa y abres aún más las piernas. Comienzo a meterlos con rapidez mientras te chupo toda la zona, ahhh, ahhh, gimes con gran rapidez, respirando entrecortada, comienzo a hacer fuerza, presionando con mi cabeza hacia el cabecero, el impulso te arroja sobre el mientras me aprietas la cabeza con las manos, no quieres que pare, gimes, temblorosa, mis dedos se mueven, ahhhhhhhhhhh, te vas con un gran suspiro que inunda mi boca de fluido, mientras tu cuerpo se contrae.

Estás espléndida, desmadejada sobre la cama, me he puesto cardiaco de solo sentir tu olor sobre mi, necesito entrar de nuevo en ti. Desciendo mi cabeza un poco más, alcanzo tu ano y deslizo por él tu líquido, lamiendo de nuevo mientras mis dedos mojados entran con facilidad, aún te contraes sorprendida – ¿puedo? – asientes con la cabeza, y te dejas caer de lado, juntando tu espalda con mi vientre mientras mis dedos salen de tu ano. Me echo detrás de ti, no puedo dejar escapar la oportunidad y sitúo la cabeza de mi polla entre tus glúteos, con la mano cogiendo la base la tomas y con un ligero movimiento te la introduces poco a poco.

Así cm a cm, la notas entera, presionándome con tus paredes, mmmmmmmm te mordisqueo el cuello mientras inicio pequeños movimientos de sube y baja, notando tus glúteos a cada uno. Chas, chas, empieza a sonar, estamos muy mojados, y sale y entra muy bien, mmm te mordisqueo la oreja que está a mi alcance mientras te cojo las tetitas y el vientre, mi lengua recorre tu oreja y comienzo más fuerte mientras mis dedos se posan en tu vagina de nuevo, frotando, quiero que te corras de nuevo, un, dos, tres, veinte sacudidas, notando el cosquilleo, mientras el sudor nos invade, mis dedos entran y salen de ti, y mi otra mano te recorre entera mientras tu cuello y tu boca complacen mi lengua deseosa. Ya no aguanto más, ahora soy yo el que prorrumpo en jadeos a cada acometida, ahhhh, ahhh, me contraigo, chas, chas, chas, ahhhhhhhh, me voy dentro de ti de nuevo, mientras sostengo tu mano con la mía, acariciando tu alianza satisfecha posada en mi culo sudoroso, pidiendo siempre más.

No puedo dejarte a medias, y sigo acariciándote, besándote. La saco con cuidado y me siento sobre el cabecero, te levantas y te sientas delante mía con las piernas abiertas mientras mis manos te trabajan. Apoyas tu nuca en mi hombro derecho, y mis manos te frotan los pechos de nuevo, bajan al clítoris y te frotan, con intensidad, en círculos ansiosos, con fuerza, te masturban hasta la exaltación de tus gemidos, que se entrecortan al morderme el cuello pidiendo mas, aaaahhh, ahh, así, así, no pares cariño, falta poco, mis dedos entran y salen, reparten la humedad, ahhhh, ahhh. Y finalmente caes sobre mi hombro sudorosa mientras sientes mi respiración en la espalda.

De nuevo, besos y caricias tímidas, sonrisas, más besos. Y así nos quedamos dormidos. La noche nos espera.

Autor:Francisco ingenuodoble

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Mi esposa y su amante

Mi candy disfrutaba de su macho, era un placer verla disfrutar, él no quiso terminar, y la recostó para que descansara. Después de un rato le dijo que quería clavarla por el culito ella sin decir nada se colocó en posición y le ofreció ese delicioso manjar para que él disfrutara, a mi nunca me deja cogerla por el culo cosa que me excitó, él empezó a bombearla hasta que llenó su rico culo de leche.

Hola amigos, como lo escribí en mis anteriores publicaciones todo empezó por estar los relatos de esta página así conocí mi lado débil, me gusta ser cornudo, me excita ver como mi candy es cogida por otro macho y verla disfrutar…

Pero antes les describiré a mi candy, es alta, tiene unos senos redondos de ensueño que de solo verlos incita a que sean devorados, un culo paradito muy bien formado, piernas largas, es una mujer muy bonita.

Bueno después de publicar mi segundo relato alguien me escribió al correo y empezamos a chatear con él, era un tipo mayor que nosotros y le había gustado lo que habíamos escrito y me preguntaba si lo que él había leído era cierto y que se describiera con más detalle, al pasar de los días nos fuimos cogiendo más confianza y me dijo que si podía él hablar con ella cosa que acepté.

Yo le comenté a candy que había estado hablando con alguien y quería que ella hablara con él, cosa que aceptó, un día él me llamó al cel y habló con candy.  a ella le agradó, los dos empezaron a conversar por msn, todo normal hasta que un día la encontré masturbándose por cam para él, eso me excitó mucho…

Esa noche tuvimos sexo a nombre de él y fue excelente, después estábamos acostados y le entró una llamada al cel, apenas empezó a hablar con él se me montó, puso el altavoz y era él haciéndole una llamada erótica.

Personalmente no había visto a mi esposa tan excitada, tenía una forma de hablarle que la calentaba al instante, después de ese día todas las noches antes de acostarse él la llama, los dos tienen sexo por teléfono, eso me calentaba.

Hasta los viernes, que generalmente me voy de parranda, se que ella está siendo atendida por su amante, por un tiempo todo fue así por cam o teléfono hasta que llegó el día en que nos encontramos los tres, candy ese día se esmeró por ponerse bien rica para él.

Cuando llegó se sentó al lado de ella y empezamos a hablar cosas normales y a tomarnos unos tragos, todo trascurría normal, después de un rato decidimos ir a unos reservados para estar más íntimamente, él muy caballero pagó la cuenta y  al salir tomó a candy de la mano como si ellos fueran pareja y yo el invitado, eso como cornudo que soy me excitó verla  de mano de otro mientras yo los acompañaba como invitado…

Al subir al taxi ellos se hicieron atrás y yo adelante, apenas arrancó se empezaron a besar y manosear, yo no podía con la excitación que tenía, al llegar a los reservados ellos dos seguían con su faena de besos y caricias, de vez en cuando se iban a bailar y se demoraban su rato, yo me quedaba solo en el reservado imaginando lo que estaban haciendo

Después de un rato ella se quitó la ropa y quedó en liguero y tanguita, él le metía la mano en su coñito, la tenía a mil, yo solamente los miraba parecían un par de enamorados, salieron a bailar otra vez cuando llegaron ella se sentó encima y él le agarró su rico culo a dos manos, eso le fascina a mi candy que la manoseen, todo transcurrió así, caricias, besos, hasta que él la puso en cuatro y le metió la verga por su coñito.

Ella estaba esperando ese momento, dejó salir un suspiro de placer, él bombeaba y mi candy disfrutaba de su macho, ella solo pedía más, era un placer verla disfrutar, él no quiso terminar, frenó y la recostó para que descansara un rato mientras acariciaba todo su …

Después de un rato le dijo que quería clavarla por el culito ella sin decir nada se colocó en posición y le ofreció ese delicioso manjar para que él disfrutara, a mi nunca me deja cogerla por el culo cosa que me excitó, él empezó a bombearla hasta que llenó su rico culo de leche.

Al terminar se quedaron los dos rendidos y acariciándose, más tarde al llegar al apartamento yo pude disfrutar de mi candy, fue una tirada fenomenal, quise darle por su culito pero me dijo que no, que eso era solo de su macho, que yo no podía clavarla por ahí, ahora él es su amante.

Si pueden comenten, quiero hablar con otros cornudos como yo.

Autor: Oscar

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