Magistral clase de billar

Chupé durante un rato, soportando la embestida de Carlitos en mi trasero, Lucho tuvo la mejor idea de su vida: ¿Y si te metemos las dos vergas al tiempo?. Lucho se acostó y yo me senté sobre su ardiente falo de ébano. Levanté un poco el culo para ofréceselo a la dura polla de Carlitos quien no podía esperar el momento de entrar en mi. Con dificultad logró introducir la cabeza y yo sentí morir.

El billar nunca fue uno de mis pasatiempos favoritos, a pesar de que en frente de mi casa existía un sitio donde se practicaba, e incluso se realizaban frecuentes competencias y torneos. Sin embargo una tarde descubrí la razón que me llevaría por primera vez a aquel sitio desconocido hasta entonces para mí. Era agosto y el verano arreciaba. Cali siempre se ha distinguido por ser una ciudad calurosa, pero aquello ya era demasiado.

Como todos los días llegaba de estudiar y obligadamente debía pasar por la puerta de la academia de billar y saludar como de costumbre al señor Sotelo, el administrador, vecino nuestro desde hacía mucho tiempo. Pero cual no sería mi sorpresa cuando observo en lugar de la redonda figura del señor Sotelo a un chico negro de unos 20 años, sin camisa, con unos pectorales impresionantes y unos pantalones cortos que dejaban entrever un bulto de desmedidas proporciones.

Atiné a saludar y atrevidamente le pregunté por el administrador, el chico muy amablemente me dijo que Sotelo estaba enfermo y que el lo reemplazaría por una o dos semanas. Entré a mi casa con la verga tiesa y empecé a hacerme una deliciosa paja pensando en lo rico que sería chupar la negra polla del ayudante del billar. Estaba concentrado y a punto de correrme cuando llamaron a la puerta. Abrí y me encontré con la preciosa figura de mi primo Carlitos.

Carlitos tenía 18 años y era un espécimen espectacular, 1,80 de estatura y una polla de 21 centímetros que era un privilegio y que para mi había sido un manjar. Carlitos notó mi erección inmediatamente, y me preguntó la razón por la que estaba tan caliente, le conté que estaba fantaseando con chupar la verga del negro, ante lo cual no tuvo inconveniente en ofrecer su miembro para calmar mis ansias.

Me abalancé sobre su deliciosa masculinidad y succioné con ritmo. Mi delicioso primo tenía un muy rico pedazo de carne entre sus piernas, el cual yo mamaba a mi voluntad. Mi excelente demostración de sexo oral terminó en un chorro de leche sobre mi cara. Terminado esto, Carlitos me dijo: Te traigo una buena noticia. El viejo Sotelo está muy enfermo y en su reemplazo hay un negro muy buena gente. Aunque – agregó – no se si te importe, como a los mariquitas no les gusta el billar. Pensé para mi, esta es mi oportunidad y le dije a mi primo que iría con el al billar.

Llegó la noche y salimos, mi primo convencido de que me humillaría en frente de sus amigos y yo, esperando que se me diera el milagrito con ese adonis de ébano. Pedimos una mesa de pool (que es lo que mas se me da) y empezamos a jugar, a la vez que tomábamos cerveza como locos. Obviamente, mi juego era de lo peor y el negro se dio cuenta. Cuando ya era hora de cerrar el negro sacó a todo el mundo y le dijo a Carlitos:  Si querés te quedás y le enseñamos a tu primo como es que se usa el taco . Noté una extraña connotación en aquella frase, pero no me importó y seguí tomando. Entonces Lucho, que así se llamaba el chico, me dijo: -Venga flaco y le enseño.

Se puso detrás de mí y comenzó a mover mi mano con la suya, enseñándome como debía tirar y algunas estrategias como subirse a la mesa o girar si es necesario. De repente sentí algo que rozaba mi pantalón por detrás y al buscar con la mano me encontré con una polla gigante y totalmente erecta, voltee a mirar a Carlitos y me di cuenta que dormía la borrachera en una mesa, o al menos eso parecía. Entonces no me importó nada y le planté al negro un beso en la boca, el me correspondió y comenzó a morderme la lengua tan fuerte que pensé que me la iba a arrancar. Cuando le dije  que pensé que me iba a correr. Pero aguanté y tuve que hacerlo más cuando sentía que entraban, uno a uno, esos 23 centímetros de negra carne en mi adolorido agujerito…

Lucho empezó a bombear y yo a gritar, era la primera vez que estaba con un negro, y estaba comprobando en carne propia, o más bien en culo propio, la buena fama de que gozan. Su polla entraba y salía, sus bolas rozaban mi culo y yo sentía desfallecer. Cuando su enorme chorro se disparó en mi interior sentí que algo me quemaba hasta el estómago y mi verga estalló al mismo tiempo sobre el verde paño de la mesa. Nos quedamos ahí, uno sobre el otro cuando escuchamos un gemido, volteamos y encontramos a Carlitos en una violenta pajeada sobre la otra mesa.

Con una señal lo invité a venir y el inmediatamente me ofreció su nada despreciable polla. Me arrastré hacia el borde de la mesa y empecé a chuparla mientras Lucho escudriñaba mi culo con su lengua en busca de los últimos rastros de su leche. “Quiero comerte como el negro”, dijo mi primo y yo obviamente accedí.

Me senté en la orilla de la mesa, abrí mis piernas y le ofrecí mi ahora bien relajado culo. Carlitos comenzó a meterme su polla mientras Lucho, arrodillado en la mesa, me ofrecía su negro tronco para que lo chupara.

Chupé durante un rato, soportando la embestida de Carlitos en mi trasero, hasta que Lucho tuvo la mejor idea de su vida: “¿Y si te metemos las dos vergas al tiempo?”. Al principio dudé, pero luego dije, mejor arrepentirme de haberlo hecho que de no haberlo hecho. Lucho se acostó boca arriba en la mesa y yo me senté sobre su ardiente falo de ébano. Levanté un poco el culo para ofréceselo a la dura polla de Carlitos quien no podía esperar el momento de entrar en mi. Con dificultad logró introducir la cabeza y yo sentí morir.

Hasta que por fin tuve aquellas dos preciosidades dentro de mi. Sus contracciones rítmicas me producían infinita excitación. Lucho se corrió primero, dejándole a Carlitos un muy bien lubricado camino. Cuando Carlitos gritó de emoción, supe que el momento había llegado y junto con su ardiente chorro de leche que se perdió en mis entrañas dejé salir el mío empapando el pecho de mi negro amante en caliente líquido que él mismo se encargó de desaparecer con su lengua. Desde aquel día no he dejado de asistir a mis clases particulares de billar, todos los viernes a las 3 de la mañana.

Autor: Pasivoal100

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