Historia de Melissa

Jóvenes y Cachondas. Fernando es toda pasión, es un amante especial, disfruta haciendo gozar, su verga estaba como quería, inflamada, enhiesta, quería recorrer mi cosita con su verga, de pronto me clavó, sentí su glande estrellarse contra mi útero, estaba bien llena de su carne, me empecé a contonear y él hacía lo mismo, al cabo de unos instantes estalló cual volcán y me llenó de semen caliente y espeso.
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Me encanta el sexo

Parejas liberales, Trío, MIlf. Martín y me pone de cuatro patas. Aprovechando lo dilatado que estaba mi culito y que chorreaba la leche de Martín y mi propia sangre, me la pone pero muy despacio, centímetro por centímetro, mientras yo me masturbo. No había llegado a ponérmela toda cuando acabo de nuevo, pegándole fuertes sacudidas en la pija, lo que acelera su venida. Golpeándome las nalgas, acaba entre quejidos.
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Una tía muy marchosa

Su sexo, perfectamente aseado se ofrecía en mi boca que sin pérdida de tiempo, devoraba sin piedad. He de reconocer que la práctica del sexo oral me encanta. Raquel disfrutó, sus movimientos pélvicos y sus jadeos, parecieron reactivar a mi lengua que recorría sin cesar el sexo de Raquel, hasta que ésta tirándome del pelo, explotó en mi boca.

Mi nombre es Carlos, tengo 30 años y la historia que aquí les cuento es total y absolutamente verídica. Es más, ni siquiera invento los nombres de las personas que conmigo vivieron esta historia para de esa manera hacer de ello un relato que esté basado en hechos reales con todos sus condicionantes.

Me considero una persona muy normalita. El sexo en mi vida tiene la importancia justa. Vengo de sufrir una historia de desamor que me impide tener pareja estable, porque no he superado mi historia anterior. Por eso afronto el sexo con relaciones esporádicas de esas que vienen y van.
En Navidades, conocí a Raquel, que a pesar de sus 36 años, aparentaba tener menos. En un principio me llamó la atención por su simpatía y su acento, más quizás que por su aspecto físico que para nada era desdeñable. Es gallega y pasaba en Sevilla las fiestas navideñas. Compartimos una grata noche acompañado por una amiga suya y dos amigos míos. La noche concluyó con el único bagaje de unos besos furtivos fruto más de los efectos del alcohol que de la pasión, pero que sirvió como excusa para quedar al día siguiente.

Ella compartía casa con una tía suya mayor, hermana de su padre que era quien le daba alojo esos días de vacaciones. De 50 años aproximadamente, esta mujer era soltera. Como pude saber más tarde esta mujer que aún mantiene muy buen tipo tanto de cara como de cuerpo, tuvo un novio que falleció electrocutado, y por las reglas morales de la época no rehízo su vida y se quedó soltera.

Me sorprendió que Raquel me citase en la casa de su tía, pero ella no disponía de coche para desplazarse y ni mucho menos sabía moverse por Sevilla. Llegué diez minutos antes de la cita y me abrió la puerta su tía. Me hizo pasar y me rogó que esperara unos minutos que su sobrina vendría de inmediato. La mujer me obsequió con unos pasteles y me agradeció las atenciones que había tenido al ir a pasar a por su sobrina para llevarla con el resto de amigos. Se ve que Raquel en este aspecto había sido muy discreta con su tía y no había dado a entender que habíamos quedado solos.

La señora que se llamaba Inés, hablaba por los codos. Mantenía conversaciones intrascendentes que yo sólo seguía por pura cortesía. Me contó que ella no había marchado como su familia a Galicia, que aquello no le gustaba pero que ahora se veía muy sola. Agradecía la visita de su sobrina, pero que sabía que en unos días marchaba. En estas andábamos cuando llegó Raquel, estaba ciertamente atractiva y me besó con dos besos en la mejilla con tanta suavidad que la deseé en ese momento. Se sentó con nosotros y degustó uno de los pasteles con los que su tía me había agasajado.

Entre tía y sobrina la conversación era muy coloquial. Mantenían conversaciones muy amenas que me hacían sentir muy reconfortado. Hasta el punto de descartar salir, detalle este que nos agradeció la tía que se sentía violenta por el hecho de que por quedarnos allí íbamos a abandonar al resto de las amistades, cosa que por otro lado le aclaramos no era problema.

Pasó cierto tiempo. La conversación había variado de unos temas a otros, hasta llegar a lo meramente personal. En lo que a mí respecta ya había contado algo de mi vida y Raquel algo de la suya. Su tía Inés andaba contando su vida, cuando de pronto Raquel preguntó a su tía acerca de sus experiencias sexuales con su novio, el que falleció. Ésta sin cortarse le respondió que con su novio nunca mantuvo relaciones y que incluso jamás se dio un beso en público. Raquel lanzada a la par que sorprendida le preguntó. Tía ¿No serás virgen? En estos momentos me escandalicé un poco temiendo por la reacción que esta pregunta pudiera tener en la tía, pero cuál sería mi sorpresa cuando ésta entre risas, contestó que no.

Ella había sido muy guapa (de eso estoy seguro, aún lo era) y pretendientes no le faltaron, pero entre que tardó en superar su desgracia, la moral de la época y demás historias, le pasó la edad y se quedó soltera. El sexo lo descubrió con hombres casados y a una edad ya madura. Inés criticaba la hipocresía que nos rodeaba a la juventud de hoy en día a la hora de mantener relaciones sexuales sin tapujos, sin existir amor de por medio. Pero por otro lado entendía que los tiempos habían cambiado.

En estas estábamos cuando en uno de los momentos en el que la tía marchó a por unas bebidas.

Raquel me preguntó cómo me sentía. Yo le dije que bien, aunque le reconocí que me había dejado helado con sus preguntas. Esta me dijo que su tía era muy moderna y que no me preocupara. En ese momento, se sentó junto a mí y me besó con gran ternura, lo que hizo que me excitara. Temía que volviera la tía y nos viera en aquella situación, pero Raquel no paraba de besarme. En esto llegó la tía y para nada se escandalizó. ¡Ah!, pero sois novios, dijo. ¿Cómo novios, tía?  Si yo llevo aquí dos días. Es un amigo con derecho a roce. A mí se me subían los colores. ¡Ah!, mira que bien, ya veo que no pierdes el tiempo, le dijo ésta. Pues tened cuidado con estas cosas que luego vienen las tonterías. Si queréis os dejo solos.

De pronto, Raquel, preguntó a su tía. ¿A que es guapo? Ésta respondió, hija estás poniendo a Carlos en un compromiso (Se ve que me lo notaba en la cara), pero sí que lo es. Yo no sé qué maquinaba Raquel en aquel momento, pero le dijo a su tía. ¿Tú lo harías con un hombre más joven que tú?  A lo que ella respondió. Cuando eso sucede el hombre es el que decide, pero yo no creo que pueda motivar a un hombre joven en ese aspecto. Carlos. ¿Tú lo harías? Pero qué preguntas haces, mujer. Su sobrina es así siempre. Tú eres muy lanzada le dije. Y yo qué sé. Raquel, lo estamos cortando al chaval. No seas tan directa no ves que se esté incomodando.

Que no tía Inés, que lo está deseando. Y de pronto me tiró de la mano me levantó y me arrastró hacía el pasillo. Como un zombi, me dejaba llevar. En el pasillo a la par que me besaba, me dijo, le dejamos participar de esto a mi tía. Yo alucinaba, pero en esta ya estaba vilmente excitado. ¿Te estás quedando conmigo?  Que no tonto, que no pasa nada, déjate llevar, entra en esa habitación y espérame.

Sin cómo ni por qué, le hice caso. Al momento, se presentó Raquel con su tía Inés. El corazón se me salía del pecho. Las dos mujeres se me acercaron. Raquel me cogió de la mano y con un pequeño apretón me acercó a su tía que debía de andar tan dudosa y cortada como yo, porque el semblante de su cara, así lo denotaba. Bésala me dijo Raquel. Titubeé pero deseaba besar a la tía me daba mucho morbo. Me acerqué y la besé. Sus labios eran tiernos, pero no se movían. Raquel volvió a tomar la iniciativa. Me empezó a desnudar. De golpe me retiró el suéter, me desabrochó la camisa y empezó a besar mi cuello, mi pecho y mis brazos. Yo permanecía inmóvil. Me desabrochó el cinturón y me retiró los pantalones.

Ahí estaba yo en calzoncillos, con mi pene a 100 ante dos mujeres que parecían ansiosas de devorarme. Te toca a ti, tía Inés. Inés que hasta entonces se había mantenido fría se me acercó, y me empezó a acariciar. Raquel se había situado detrás de mí y me besaba el cuello a la par que me succionaba la oreja. Inés ya desinhibida me deslizó en un abrir y cerrar de ojos mis calzoncillos. Mi pene brotó a la par que sentía entre mis tobillos deslizarse la prenda. Inés lo sujetó entre sus manos, como aquella que admira un tesoro. La tomé de su mejilla, le levanté la cabeza, y la besé tiernamente. Ahora sus labios ya respondían a mis besos. Mientras Raquel deslizaba su lengua por mi espalda hasta llegar a mis glúteos, donde jugaba con sus manos y boca.

No hablaba nadie. Parecía un pacto de silencio entre los tres. Yo desnudo ante dos mujeres maduras aún vestidas que parecían conformarse con poseerme con caricias y besos. Raquel rompió el silencio, invitando a su tía a que me la chupara. Esta parecía poco reacia. De pronto Raquel de rodillas frente a mi pene, empezó a succionarme los testículos y con su lengua a recorrer mi falo, erecto e imperturbable. Roto el hielo, Inés se agachó y siguiendo las pautas de su sobrina, la siguió con sus gestos. A ambos extremos de mi miembro, dos lenguas se deslizaban. Ardía de excitación. Sensaciones novedosas recorrían mi cuerpo. Tenía la sensación de estar siendo utilizado por Raquel para dar una alegría a su querida tía, reprimida durante años que a buen seguro disfrutaba esa tarde de sensaciones que o bien eran nuevas o bien estaban olvidadas.

La felación se había convertido en un mano a mano entre Raquel y su tía. La una parecía la maestra y la otra su alumna. La suavidad de Raquel iba unida a la lentitud de Inés, que más bien parecía saborear despacio ese caramelo que nunca quieres que se acabe. Raquel se levantó mientras Inés continuaba. Parecía incomoda vestida. Se retiró la blusa blanca y un sujetador negro que escondía sus magníficos pechos. Se retiró el pantalón dejando a la luz un tanga del mismo color que me hizo comprobar la espléndida figura de alguien que cultiva su cuerpo con ejercicio físico. Como un poseso retiré suavemente a Inés y me centré en Raquel. Le quité el tanga y la contemplé en su total desnudez. Mi excitación no tenía fin. Era realmente preciosa. La impulsé a la cama y empecé a tomarle sus pechos. Raquel con sus manos empujando mi cabeza muy excitada parecía invitarme a visitar su sexo.

A mi inmensa excitación, había contribuido de forma muy agradable la buena impresión que me había llevado al contemplar la desnudez de Raquel. Por un momento me olvidé de la presencia de Inés y me centré en Raquel, a la que en ese momento deseaba fervientemente.

Su sexo, perfectamente aseado se ofrecía en mi boca que sin pérdida de tiempo, devoraba sin piedad. He de reconocer que la práctica del sexo oral me encanta y que quizás por ello, el cunnilingus, sea por así decirlo una de mis cartas de presentación al practicar sexo. Raquel disfrutó, sus movimientos pélvicos y sus jadeos, parecieron reactivar a mi lengua que recorría sin cesar el sexo de Raquel, hasta que ésta tirándome del pelo, explotó en mi boca a voz en grito con un orgasmo sensacional, que a fuerza de ser sincero, me llenó de satisfacción.

Por un momento, la presencia de Inés, había pasado a un segundo plano. El hecho de centrarme en Raquel, me había hecho olvidar a Inés, que por otro lado durante todo este tiempo había permanecido observando cual “voyeur”, en la distancia. Aún permanecía vestida.

Mi excitación no tenía límites, me sentía protagonista y reforzado ante el éxito del cunnilingus de Raquel, que permanecía aún exhausta, me acerqué a Inés. La besé intensamente por toda su cara agarrándola de los pelos con una mano y con la otra masajeando sus pechos y glúteos. Ella a su vez, respondía dejándose llevar y acariciando mi pene que permanecía empalmado y ávido de coño.

Ansiaba ver desnuda a Inés, torpemente empecé a desnudarla. Recuerdo que le rompí la cremallera de la falda. Mis ojos ahora observaban a una Inés que se ofrecía en ropa interior, su cuerpo fruto de los años era antagónico al de Raquel. Sin embargo sus enormes pechos algo caídos y su cintura amplia de caderas me seguían ofreciendo un morbo que me excitaba igualmente.

Le pedí a Inés que se retirará el sujetador. No quería volver a mostrarme torpe. Sus pechos enormes como ubres, ofrecían unos pezones inmensos que pase a devorar. En estas estaba cuando noté por detrás el abrazo de Raquel que de nuevo se ofrecía con sus caricias pellizcando mis glúteos y tomando mi pene.

Pedí a Inés que se quitara las bragas, y ante mi sorpresa fue Raquel quién realizó esta operación. Ante mí apareció un coño repleto de vello al que rápidamente me dirigí para acariciar. Mi protagonismo con Inés era ahora compartido con Raquel, que con sus manos acariciaba los pechos de su tía, intentando buscar su total desinhibición para lo que ahora se le presentaba.

Pero esa es otra historia, que si os interesa terminaré de contar en otra ocasión. Desconozco si lo que hasta ahora llevo contado os ha llegado a transmitir las sensaciones que yo experimenté, pero os garantizo que hubo bastante más y que permanece grabado en mi mente como si estuviera ocurriendo ahora mismo. Sin embargo temo que la historia no interese o aburra, por eso prefiero dejarla aquí.

Autor: Carlos

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De acampada

Ellos se empezaron a besar con lengua, se daban un morreo súper erótico. Yo mientras, mamando. Javi, mientras se morreaba, me metía dos dedos en el culo. Seguí mamando un buen rato hasta que se corrió en mi boca. Era la segunda vez seguida y la 3ª esa noche, pero le salieron chorros y chorros de leche caliente. Me salía por la boca y eso que tragué bastante.

Hola a todos los lectores, soy Roberto, mandé un relato en el que contaba mi historia, mi primera vez con un tío, hace ya mucho tiempo, se titulaba “Retomando una amistad”, para quienes estén interesados en conocer mi historia desde el principio.

Si os acordáis, en mi relato anterior os contaba lo que me pasó con Carlos, y os decía que ahí no acabó la cosa. Pues siguió la noche. Lo dejamos después de la follada que me dio, bien, pues eso, después de mamársela y que me la metiese, nos quedamos ahí tirados en la tienda, yo tenía toda la cara con su semen, pegajosa. Él estaba al lado, con la polla flácida y toda húmeda.

Empezamos a hablar. Me contó que tenía ganas de hacerlo conmigo desde el instituto, que al decirle yo que venía se lo preparó todo, lo del pedo, lo de quedarnos solos, y eso. También me dijo que Javier y él solían hacerlo de vez en cuando, no eran gays pero les iba ese juego, esa marcha.

Estuvimos así un rato, hasta que noté que se estaba poniendo otra vez cachondo, se le empezaba a poner morcillona. Yo también empezaba a notar algo ahí abajo. Le dije que si no había tenido suficiente con lo de antes, y él dijo que nada de eso, que había que rematar la faena. Ya sin el corte ni los miedos de antes, me lancé sobre su polla, la agarré y la manoseé, él también agarró la mía. Empezamos a sobarnos las pollas, con vicio. Ese sobeteo me gustó mucho, mano va mano viene. Yo me agaché más y me la metí en la boca, quedando justo para que él hiciese lo mismo, un 69. Y no se cortó, me empezó a chupar los huevos. Yo estaba encima y él debajo. Yo tenía toda su polla dentro y él me chupaba los huevos y la zona que va de ahí al culo. Eso me puso a cien.

Me estaba gustando mucho, notaba su lengua cerquita de mi agujero que aun no estaba recuperado de la follada de antes y eso hacía que tragase su polla con más ansia aun. Ahí estábamos, venga a chupar y gemir, y no nos dimos cuenta que Javier regresó de la marcha. Los otros se debieron meter en su tienda, que estaba unos metros alejada, y él venía hacia la nuestra. Estaba abierta y entró, venía medio borracho, pero tampoco mucho.

No le extrañó mucho lo que vio, porque no dijo nada más que: vaya, ya sabía yo que este cabrón conseguiría comerse ese culo. Yo de momento me quedé cortado, pero a los pocos segundos recordé que me había dicho que también le molaba esto, y le vi que se estaba bajando el pantalón. Ya desnudo, me empezó a acariciar el culo, las nalgas y el agujero, mientras Carlos chupaba toda la zona. Él tenía una polla más pequeña que la mía, y delgadita, estaba descapullado, o sea, operado. Nada que ver con el pollón de Carlos. Yo seguía con la mamada, de la polla de Carlos casi no me entraba ni la mitad, pero yo seguía venga a mamar, y me excitaba que me tocasen y chupasen dos tíos a la vez.

Era demasiado para mi 1ª noche bisexual. Carlos le dijo a Javi que probase, que tenía buen culo y que me entraba muy bien. El enseguida se dedicó a chupar bien mi agujero, y a meter dos dedos. Lo de que me mamase el culo fue algo bestial, me encantó. Al poco tiempo se puso un condón, y me la empezó a meter.

Estaba tan salido que ni me dolió, además, al ser pequeña y finita, no me molestó nada mientras entraba. Tenía a Carlos chupándome los huevos, Javi metiéndomela y yo con la polla de Carlos tiesa en la boca. Le pedí a Carlos que me la chupase un poco. Eso hizo, me la chupó arriba y abajo y ya no aguanté mas, me corrí como una perra, sin avisar, en su boca. Carlos dijo: será cabrón?, conque esas tenemos, eh?, ahora vas a recibir polla de verdad. Se levantó, quitó a Javi de ahí y me la metió sin preparativos, de golpe. No tenía ni condón puesto. Me dolió, pero antes de poder decir nada, Javi me puso la suya en la boca. Se estaban despachando a gusto.

Yo estaba empalmado, no se me bajó a pesar de correrme, de lo salido que estaba. Se puso un condón y siguió follando bien fuerte. Después de un rato, noté como le engordaba la polla dentro de mí, eso me puso aún más, y empezó a correrse en mi culo, lo notaba como golpes de la polla dentro de mí. Javi estaba también a punto y se corrió en mi boca. No daba a basto, corrida en la boca, corrida en el culo.

Estaba súper salido, me sentía la mas guarra del mundo y les dije: ahora yo también quiero un poco, así que me puse de rodillas y los dos me la empezaron a mamar, juntos, uno la polla otro los huevos. Y me puse un condón y les dije que los 2 a 4 patas. Se pusieron y se la fui metiendo a Carlos. Mientras, Javi se metía los dedos. Después se la metí a Javi. Un ratito después, volví con Carlos, quería correrme dentro de su culo. Empujé 4 ó 5 veces y zas, me corrí como un animal en el culo de Carlos. Javi estaba ya empalmado y tocándosela sentado, así que Carlos se acercó y se sentó sobre él, clavándose su polla en el culo.

Yo estaba reventado, pero la escena era súper cachonda, así que me acerqué a Carlos y se la mamé. La tenía casi empalmada. Javi se corrió rápido, y yo seguí con la mamada. Ellos se empezaron a besar con lengua, se daban un morreo súper erótico. Yo mientras, mamando.

Javi, mientras se morreaba, me metía dos dedos en el culo. Yo lo tenía ya al rojo vivo, pero me daba morbazo. Seguí mamando un buen rato hasta que se corrió en mi boca. Era la segunda vez seguida y la 3ª esa noche, pero le salieron chorros y chorros de leche caliente. Me salía por la boca y eso que tragué bastante. Ya nos relajamos. Y pensé en los días que todavía nos esperaban en la sierra.

Pero eso ya os lo contaré en otra ocasión, espero no tardar tanto en continuar como esta vez. Esta historia es real, si alguien quiere comentar algo o charlar conmigo, os espero.

Autor: Roberto

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Los hermanos de mi joven esposa II

Fueron las pasadas fiestas decembrinas cuando la familia de mi esposa vinó a la casa, yo al saber que pasarían con nosotros el 24 y 25 de diciembre, estaba que no cabía de contento, tanta felicidad seguro debía de ser pecado.

Primero llego Carlos con su novia Liz, luego llegaron mis suegros, y por ultimo hizo su arribó Luis quien venía acompañado de su prometida Claudia y de sus jóvenes cuñados Cristian Alixander, Alfonso y Brighton, todos ellos de ojos azules igual que Claudia, eran delgados, de pelo semi rubio, de piel blanca, y facciones finas, y por lo visto eran bastante alegres, porque enseguida empezaron de parlanchines. Otra cosa curiosa es que todos se veían de la misma edad, lo cual me desconcertaba, pero decidí no hacer ningún comentario al respecto.

Todos habían llevado vivires para enriquecer la cena de navidad, pero él que se destacó al hacer venado al horno fue Cristian quien estudiaba para ser Chef, yo nunca había probado el venado, me agradó la carne aunque un poco recia para mi gusto, tenía un muy buen sabor;

Como era de esperarse en cuanto supimos que estudiaba Cristian para ser Chef, le pedimos que nos preparara más cosas igual de suculentas, asintió enseguida y en cuestión de horas ya tenía todos los ingredientes listos para preparar jaiba, pez espada, una sopa de mariscos y empanadas de camarón, el solo hecho de pensar que comería camarón me hizo pensar que en la noche andaríamos todos como burros en primavera; De pensar que solo había dos mujeres y 7 hombres eso sería una verdadera orgia.

Pasaron las horas y el hambre ya empezaba a ser demasiado evidente, pues en nuestras platicas el tema de conversación giraba en torno a la comida, que si alguien habían preparado tal o cual cosa, que cual era la comida más rara que habíamos degustado, etc, etc, por ello decidí ir a la cocina haber en que le podía ayudar a Cristian y aprovechar para comer algo de lo que estaba preparando, debido al calor que hace en la cocina, vi a Cristian sin camiseta, se le marcaba bien sus músculos del abdomen y su pans se le ajustaba marcándole el contorno del calzón, y dividiéndole las nalgas, no sé cuánto tiempo me quede como hipnotizado observándole, pero fue evidente, porque el, a pesar de darme la espalda, sonrió soltando una leve risa y me dijo – “¿estarás todo el tiempo observándome el culo o vendrás a ayudarme a terminar la cena?”, yo también solté una risa nerviosa por ser tan obvio, y me acerque a ayudarle, le ofrecí una disculpa, él me dijo que no había problema, que no le quitaba yo nada con verle, que ya estaba demasiado acostumbrado a que lo vieran de esa forma, por eso no le daba mucha importancia.

Continuo la cena todo normal, pero yo no podía dejar de pensar en Cristian, a mi izquierda se encontraba Diana sentada y a mi derecha se sentó Cristian. Al paso de unos minutos por debajo del mantel deslice mi mano hacia la pierna de Cristian, si él se incomodaba mi estrategia era fingir que me apoyaría para levantarme, pero no se incomodó, solo sonrió un poco, así que empecé a subir mi mano, poco a poco hasta llegar a su entrepierna, y comencé a acariciársela sobre el pans, se le empezó a poner dura, y dejo de platicar tanto como era su costumbre, ya que empezaba a tener uno que otro espasmo de excitación, sus otros hermanos se dieron cuenta del cambio de actitud de Cristian, pero decidieron no decir nada, entonces decidí desamarrar su jareta del pans y meter mi mano, así lo hice y sentí su pene a traves de una pequeña tanga, eso me indicó que el iba preparado para buscar un encuentro así, entonces metí mi mano debajo de su tanga y le toque su pene, mismo que ya había lubricado por la excitación, empecé a subir y bajar su prepucio, así hasta que, me trataba de detener con la otra mano para que no siguiera, era inminente una eyaculación, saque mi mano tome 3 servilletas y la baje otra vez, y continúe masturbándolo lentamente hasta que se vinó en mi mano, pero las servilletas lograron absorberle su eyaculación.

Eenseguida me levanté y me fui al baño, no precisamente a tirar las servilletas, más bien quería saborear sus esperma, me las metí en la boca en cuanto estuve en el baño, su esperma sabía muy dulce, me gustó mucho, luego de que tome todo lo que pude, tire las servilletas al escusado y me lave la boca, regrese a la mesa, y me incorpore a la convivencia, note que Cristian estaba algo sonrosado, quizá se sentía mal por lo que pasara unos minutos antes, entonces le puse otra vez mi mano en su entrepierna y note que no había anudado la jareta del pans, por lo que mi mano incursiono una vez más en su entrepierna, así que le toque su pene, el cual ya estaba flácido y retirándole el prepucio con un dedo empecé a sobarle el glande, creo eso lo éxito muchísimo, porque con su mano me toco también mi pene, y tuve que detenerle pues se podía dar cuenta mi esposa. Después fui a sacar colchones inflables y a extender el sillón cama para que pudieran acostarse nuestros invitados, en la recamara principal nos quedaríamos mi esposa y yo en la cama matrimonial y en un colchón con ruedas se quedarían mi cuñado Luis y su prometida Claudia, en el otro cuarto se quedarían mis suegros, en el sillón cama de la sala se quedaría mi cuñado Carlos y Liz, y en tres colchones inflables se quedarían Cristian, Alfonso y Brighton. Al otro día me levante como a eso de las 6am al baño y decidí ir a la cocina por un vaso de leche, pero volteé a la sala y gracias a que tenían prendida la luz de una pequeña lamparita, daba una luz muy tenue pero que servía para alumbrar los contornos de las personas y un poco más, vi que mi cuñado Carlos estaba en un colchón inflable junto con Brighton, y su novia Liz dormía muy profundamente, lo cual me hiso suponer que le dio pastillas para dormir, Alfonso hacia como que dormía pero estaba al pendiente de lo que pasaba con su hermano Brighton, y Cristian el me seguía con la mirada, decidí acercarme a Cristian, y en ese instante el levanto sus cobijas invitándome a meter con él, pude ver que estaba completamente desnudo, y luego le pregunte si podía llamar a sus otros hermanos, él se sorprendió, y se portó indiferente, así que me incorpore y fui a donde estaba Alfonso, lo toque, y el brinco de lo nervioso, empecé a desnudarle, podía sentir su temblor, no sé si de miedo o de excitación, luego le di un beso en su boca, y cuando lo tuve desnudo le hice sexo oral tanto en el pene como en el culito, luego le dije que se pasara al colchón de Cristian, y me fui con Carlos y Brighton, me metí en medio de los dos, y empecé a meterles mano, luego Carlos ya quería penetrarme y yo le hice la seña que fuéramos al colchón donde estaban Cristian y Alfonso, se pararon Brighton, y Carlos y nos reunimos en el colchón los 5, y empecé a penetrar a Cristian, mientras Carlos penetraba a Alfonso, y a Brighton le metí el pene de plástico de mi esposa, por lo visto esos tres hermanos eran vírgenes, nunca habían estado con un hombre o con una mujer, por eso nos fue más fácil ganarles la voluntad de que se dejaran penetrar, empezaron a gemir al poco rato, y pensé que se despertarían los demás invitados, pero creo Cristian a mis suegros y a las mujeres les había echado una especie de pastilla adormilante , el único que se despertó fue Luis, y al vernos a todos cogiendo, decidió cogerse a Brighton, así estuvimos un rato, luego nos cambiamos de hermano y cogíamos a otro, hasta que logramos cogernos cada quien a los tres hermanitos, ni se diga las veces que eyacularon al ser cogidos, luego les hicimos nos chuparan el pene, al principio no querían, pero cuestión es que se animara Cristian que los demás también lo hicieron, con un poco de asco, pero lo hicieron, se notaba su inexperiencia, porque a veces como que querían morderlo, también terminaron haciéndonos sexo oral en el culo. Ya como a eso de las 8am nos fuimos a bañar todos juntos y mi cuñado Carlos le interrogo a mi cuñado Luis si sabía que sus cuñaditos les gustaba el pene y que por eso los había invitado?, a lo que Luis respondió – “como iba yo a saberlo, yo creo ni ellos lo sabían, pero ahora que lo experimentaron, seguro les gusta el camote”, lo que no dejamos fue que ellos experimentaran que se siente penetrar, quizá porque no queríamos que se nos acabara la oportunidad de penetrarles, ya que a ellos seguro que también les gustaría penetrar, pero ese gocé simplemente se los prohibimos, cada vez que querían darnos la vuelta para saber que se siente penetrar, nosotros nos reusábamos diciendo que aún no habíamos terminado, que quizá después dejaríamos a ellos que nos lo hicieran también, pero por el momento nosotros éramos los que habíamos iniciado y los que debíamos de quedar satisfechos. Por fin a las 10am dieron señales de vida mis suegros y nuestras mujeres, parecían todos aletargados, pero se compusieron luego de echarse un buen baño, dijeron que tuvieron pesadillas, y nosotros cambiamos la conversación, no vaya a ser que se dieran cuenta que todos escucharon los mismos sonidos y que cayeran en cuenta que no habían sido pesadillas, sino que había sido real. Otra vez en la tarde del 25 me ofrecí a ayudarle a Cristian, pero esta vez todos los demás idearon que también querían ayudar y que sería mejor que se fueran a hacer las compras las mujeres y mis suegros, que según esta vez las queríamos consentir, así que debía ser sorpresa lo que prepararíamos, y les indicamos que no regresaran hasta que les llamáramos, entonces se fueron al cine a matar el tiempo, y en eso nosotros nos apuramos a hacer la comida – cena y enseguida nos desnudamos, y nos empezó a grabar con su celular mi cuñado Carlos que ya para entonces tendría unos 19 años y los cuñados de Luis tendrían unos 18 años, todos empezamos a coger y probamos nuevas posiciones, en algunas la penetración era más profunda, Luis propuso usar condón, pero nadie le hicimos caso, ya que los muchachos habían sido vírgenes y nosotros no teníamos sida ni ninguna enfermedad de tipo sexual, pues decidimos hacerlo al natural, los chicos empezaban a ser más propositivos y después también empezaron a ser parlanchines igual que lo eran cuando platicaban sobre otras cosas, eso era novedad para mí, pues cuando tenía yo sexo con mi esposa casi no hablábamos según yo para no desconcentrarme, pero esa nueva experiencia rompió ese tabú que tenía yo y mis cuñados, y entonces esa orgia fue un verdadero jolgorio . Los cuñaditos de Luis aunque no les gusta mucho la mecánica se hicieron contratar por el dueño del taller como chalanes, y pese que se supone deben de ayudar a quien sea de los mecánicos, ellos solo están conmigo. Ya también se hicieron de novias, hasta se mandan cartitas de amor, y quizá si las estimen, pero su gusto por el sexo gay sigue igual de presente en sus vidas. Además ninguno de los 6 somos afeminados, es decir no se nos nota que somos gays, o bisexuales, no es como la gente piensa que son los gays, al menos nosotros somos normales como cualquier persona, pero con nuestro gusto sexual distinto, si a veces echamos un taco de ojo con algún buen galán que veamos, pero sabemos ser discretos, normalmente no pasa de unas miradas y ya.

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Los Hermanos de mi joven esposa

Yo me llamo Brian Néstor y mi esposa se llama Diana Elizabeth, ambos éramos sumamente románticos, pero también teníamos nuestro carácter, aunque nunca nos habíamos disgustado, sabíamos de las reacciones del otro frente a otras personas, reacciones que a veces eran violentas.

Con este antecedente, ambos sabíamos que quizá algún día nos disgustaríamos y entonces no saldríamos muy bien librados del altercado, pero tratábamos de ignorar ese problema latente.

Nos casamos jóvenes, hace un año y medio, cuando mi esposa tenía 17 y yo 18 años, pero el altercado fue cuando teníamos un año de casados.  Sucede que ya eran como eso de las 5 de la tarde, yo acababa de regresar de trabajar en un taller mecánico, salimos temprano porque solo me toco hacer una afinación a un Camaro 2010, yo no estaba muy de buen humor ya que en el trabajo se la pasaron escondiéndome el lavador de inyectores, y por eso entregue un poco tarde el trabajo y el cliente se molesto conmigo por no entregarle pronto su auto.

Así que llegue a la casa, la cual solo era de un piso, tenía un jardín al frente, en el servía para estacionar dos autos, mi chevy, y el corza de Diana, al entrar a la casa estaba un baño completo, y la sala, mas al fondo estaba la entrada hacia los 2 cuartos, el principal tenía también baño completo y al fondo estaba la cocina y el cuarto de servicio; Así que llegue y de inmediato me fui desnudando ya que quería llegar a echarme un baño y descansar, pero grande fue mi sorpresa cuando escucho voces de varias mujeres en la cocina y acto seguido me encuentran allí en pelotas en la sala; Mi esposa se puso roja y sus amigas se despidieron sin quitarme la vista de encima e incluso comiéndome con la mirada, yo soy blanco, pero sonrosado, mido apenas 1,70 peso 69kilogramos, ojos grises, completamente lampiño y de complexión normal, me gusta hacer ejercicio así que aunque no estoy grueso, si estoy marcadòn, y tengo un culo redondeado y parado, debido a que hago flexiones con pesas con los pies separados uno frente a otro, quizá eso fue la razón porque no apartaran la vista de mi cuerpo, yo nunca antes había sentido vergüenza, pero esa vez me hicieron me sonrojara y me cubriera mis partes, acto seguido que se fueron las amigas de mi señora, cerró la puerta y me dijo .  .  .  “de modo que te gusta exhibirte a las mujeres”, y así siguió diciendo cosas y se me acerco, notaba que su cara se iba poniendo mas y mas roja así como su forma de hablar iba incrementando su agresividad;   Al principio paso todo tan rápido que yo no terminaba de salir de mi aturdimiento, pero cuando se me puso frente a mi cortándome toda forma de escapar y dándome unas bofetadas seguidas de un rodillazo  en mis genitales, yo reaccione instintivamente dándole un empujón, trastabillo un poco pero su tacón se atoro en la alfombra y fue a dar hasta la mesita de la sala, se pego con el filo de la mesita en las costillas y enseguida escuche su fuerte alarido de dolor, luego yo quede hincado por las punzadas  en mi ingle, así que ella, enseguida se salió a la calle. Yo no le di mucha importancia, pensé que se abría ido con alguna de sus amigas, así que me prepare de comer y luego me dispuse a ver la tv así desnudo, porque planeaba encontentarla y sobarle sus costillas con algún antiinflamatorio en cuanto regresara de la calle, así que también fui a sacar de sus cosas un pene de plástico con el que pensaba introducírselo por el ano en cuanto yo metiera mi miembro en su vagina, creyendo eso la aria gozar bastante; Así que estaba yo desnudo sentado en el reposed, con el pene de plástico sobre la mesita de la sala, le deje una nota sobre la mesita en la cual le decía que ese pene se lo introduciría por el culo, también se me ocurrió que antes de hacerle el amor podría darme un buen baño, y así lo hice, pero eróticamente deje la puerta abierta para que me viera por si acaso llegaba cuando yo estuviera duchándome, yo soy de los que dilatan como 30 minutos bañándose, es que me doy varias enjuagadas y me tallo el cuerpo varias veces, así que despreocupadamente me empecé a bañar; No pasaron ni 10 minutos, cuando escuche que la puerta de la entrada se abría, no escuche los tacones de mi mujer, pensé que quizá se debía a que tenia jabón en los oídos y por eso no la escuche, continúe duchándome ya que presentí estaba siendo observado, luego de un instante me enjuague la cara y volteé pero no había nadie viéndome, eso me desconcertó y pensé seguiría algo enojada, así que en lugar de vestirme salí a la sala, vi la tv encendida y note que desde alguna parte alguien le subía el volumen al máximo, entonces se me hiso raro eso, me acerque a la sala pero ya no estaba el pene de plástico, me dirigí a la cocina, y no había nadie, así que decidí regresar a buscarla a alguno de los cuartos, cuando veo que sus dos gallardos hermanos estaban en la sala y me miraban con bastante odio, Luis el más grande de ellos me dijo “¿así que pensabas meterle este pene por el culo a mi hermana?, ¿no era ya bastante con que le pegaras, aun querías desquitarte destrozándole el ano?”, Yo le explique, que no quería destrozarle el ano, que ese juguete era de su hermana y que yo solo quería hacerla gozar más, y también le explique que yo solo la avente y ella tropezó y se pegó con la mesita en las costillas, pero ya para entonces ellos no me hacían caso y se me habían acercado diciéndome que me pondrían una buena mola para que aprendiera a respetar a su hermanita.

Carlos que había estado callado, hablo y me dijo. . .  “Brian  no solo la  avergonzaste frente a sus amigas, sino que seguiste haciéndole daño, pero eso cambiara, te aremos ver lo mal que estas al no haber medido las consecuencias”.

Les dije que no entendía porque su comportamiento, que mejor se fueran de mi casa, a lo que Luis me dijo, “claro que nos vamos a ir de tu casa Brian, pero primero te vamos a dar un correctivo de actitud”, entonces les dije que no les tenía miedo, que me dejaran vestir y les daría gusto peleando contra ellos, pero de a uno por uno, y apenas termine de decir eso, ellos se me abalanzaron, me aventaron patadas, muchas esquive, pero algunas si me dieron, yo estaba en clara desventaja, ellos traían zapatos y yo estaba completamente desnudo. Al cabo de unos 5 minutos ya me tenían todo golpeado, y aunque yo si les había propinado buenos golpes, no fueron los suficientes como para hacerlos desistir. Así que luego me amarraron boca abajo sobre la mesita de metal de la sala, sentía el frio del cristal de la mesita, y se los hice saber, me ignoraron y me taparon la boca con mi camiseta del trabajo, después ensalivó Luis el pene de plástico y me lo introdujo en el culo, yo lloraba del dolor y por más que sufría ellos no se apiadaban, luego Carlos se quitó el cinturón y empezó a darme de cinturonazos en la espalda y en las nalgas, al punto que ya no sabía que era peor si el tener el pene artificial desgarrándome el culo o los cinturonazos lacerando mi espalda y trasero. Me dio aproximadamente 15 cinturonazos, nunca había sentido tanto dolor en mi vida. Luego en algún momento se le antojo a Luis dejar de meterme el pene artificial y penetrarme el culo, así que escuche su cremallera bajarse y enseguida sentí su pene abriéndose camino en mi interior, empezó primero despacio, y después fue poco a poco más rápido, así estuvo cogiéndome por unos 20 minutos, decía que se sentía súper estrecho mi culito, que él nunca se había cogido a un hombre, pero que yo tenía un culo bien durito, rosadito y cerradito, esas palabras hicieron que Carlos se bajara el pantalón y se empezará a masturbar junto a mi cara, luego de unos pocos minutos me aventó su esperma a la cara, yo a pesar del dolor que sentía con que Luis me penetrara empecé a sentir como mi pene se iba erectando, luego sentí el esperma de Luis en mi interior, y me saco su pene, solo para que Carlos me penetrara también, Carlos me dijo que era virgen que yo sería su primera vez, así que me portara a la altura.

Primero le costaba mantener la erección, entonces se arrodillo y sentí su lengua saborear mi culo, la sensación me era nueva, mi ano se fue expandiendo, luego Carlos se erecto y me cogió por espacio de una media hora, yo pensé que no acabaría jamás, y de repente empezó a jadear más rápido y mi pene se puso a mil, eyacule sobre la alfombra y el dentro de mí, pero se reusó a sacarme su pene y a los pocos minutos se le puso erecto otra vez, y como se dieron cuenta que yo también había eyaculado, decidieron desamarrarme, y quitarme la mordaza de la boca, aunque Luis me sujetaba firmemente de las manos, pues era consiente que me habían golpeado y violado (desvirgado), aun así Carlos decidió ponerme boca arriba sobre el sillón, y penetrarme mientras veía fijamente mi pene, y noto que enseguida me puse erecto, así que el continuo con el mete y saca,  y luego que estaba por eyacular, saco el pene se los hecho en la mano y me los puso en la boca, en acto reflejo instintivamente apreté mis labios para no probar su esperma el con la otra mano me apretó los testículos haciendo que abriera la boca de dolor, y me los hecho en la boca, cubriéndome la boca con su misma mano, así estuvo unos 4 minutos aproximadamente hasta que noto que yo tragaba, entonces sin quitarme la mano de los testículos, empezó a sobármelos y a tocarme el pene, eso me desconcertó al igual que desconcertó a su hermano mayor Luis, pero nadie dijimos palabra sobre eso, así que Carlos se arrodillo y me empezó a chupar el pene, así estuvo hasta que me hiso eyacular en su boca, luego se enderezo y me dio un beso, al tiempo que sus manos me apretaban las nalgas, así se quedó tendido sobre mí, por lo que Luis soltó mis manos y levanto a Carlos, le dijo que ya se habían dilatado mucho, y se lo llevo a aconsejarle, aunque alcance a escuchar que debían de borrar las evidencias por si acaso se me ocurría demandarles, pero la evidencia era yo, así que me sujetaron y me llevaron al baño, yo casi no podía dar un paso, porque me dolía muchísimo el culo y los golpes que me habían dado empezaban a hacer meya en mí, por eso me ayudaron a llegar al baño, luego llenaron el pequeño jacuzzi, su intención era evidente, hacer que el agua me lavara el culo, por lo que  llenaron el jacuzzi con agua caliente, no quemante pero si caliente y le echaron champú, luego ellos me metieron al jacuzzi y se desnudaron también, ya en el jacuzzi me cogieron otra vez los dos,  me enjabonaron,  se enjabonaron y luego de una hora, sonó el celular de Luis, era mi esposa preguntándoles si ya podía venir a la casa, él le dijo que lo hiciera en unos 60 minutos porque ahorita estaban borrando las evidencias de la golpiza que me habían dado, lo cual en parte era cierto. Terminamos de bañarnos y sacaron hielos del refri los envolvieron en tela y me los pusieron en el lugar de los golpes, también ellos se pusieron hielos. Al poco rato ya se me habían desinflamado los golpes y a ellos también, así que se fueron, no sin antes darme una buena agarrada de culo, incluso dijo Luis – “de haber sabido que te cogeríamos abríamos traído condones”.  Me dijo que de ahora en adelante yo sabía lo que me pasaría si le ponía una mano encima a su hermana.

Luego de un rato que se habían marchado, llego mi esposa, y no me dirigió la palabra, empezó a trapear el piso, ya que allí si había bastante sangre, motivo que hiso que se impactara y volteara a  verme tratando de adivinar de que parte mía provenía esa sangre, así que era evidente lo mal que se sentía al pensar como me habían dejado sus hermanos, me preparo unos tés y pidió pizza, que ya sabe que me gusta, y  me miró fijamente al tiempo que me pregunto, “¿Qué te hicieron?”,  yo solo baje la mirada no sabía que contestarle, ella se fue a su cuarto y encontró el pene artificial en el lavabo, tenía sangre, de inmediato binó hacia mi llorando y diciendo que eso era terrible, que me llevaría de inmediato con un urólogo, yo solo solté unas lágrimas de mis ojos y no hice por levantarme de la sala. Ella me dijo que solo me darían un correctivo, pero que nunca pensó me sodomizaran, y que ella estaba sumamente consternada, luego que me levante vio que tenía mordidas marcadas en mis nalgas y espalda, y quería ayudarme, pero yo se lo impedí, simplemente me fui  a acostar y no fui a trabajar hasta el tercer día,  no me sentía nada bien, en ese tiempo no hable con mi mujer.  Diana  trataba de hacerme plática, pero yo no participaba.

Así que un día luego de platicarlo con sus amigas, decidió decirme que ella me entendería si en parte me había gustado sentir el consolador, que era normal, ya que había investigado que nuestro punto G de los hombres es la próstata que se encuentra junto al ano y que desde allí se le puede estimular provocando así  erecciones involuntarias, eyaculaciones, y múltiples orgasmos masculinos, que si yo así lo deseaba ella podría metérmelo de cuando en cuando, o incluso cómprame un vibrador. Al notarme cada vez más ausente, decidió llamarles a sus hermanos, y le contesto Carlos , ella le reclamo el porque me habían sodomizado, que eso nunca fue lo acordado, entonces Carlos pensó que yo le había contado a ella que me habían penetrado y solo se confesó, le dijo que él no tenía pensado penetrarme, que de hecho era virgen, y  al darme cinturonazos mi carne blanca se tornó más rosada,  que mi piel era como de terciopelo muy suavecita, completamente lampiño, y que el primero en penetrarme fue su hermano Luis, y  luego él también me penetro perdiendo conmigo su virginidad. Mi esposa se quedó de una pieza, pues ella suponía solo me habían metido su consolador, y se enteró que además los dos me penetraron, me amarraron a la mesa, me taparon la boca y ya después me desamarraron, ya para entonces  no opuse resistencia, que incluso había eyaculado también.

Todo eso era demasiado para mi joven esposa, y se desmayó en el sillón, por lo que yo tome el teléfono y le dije seriamente a Carlos que ellos fueron los culpables de que se enterara que me habían sodomizado, ya que el consolador lo dejaron sin enjuagar en el lavabo, y que ella no sabía que me habían penetrado también. Por un momento pensé que Carlos no contestaría y entonces me dijo, “Ya la regué, perdóname por decirle a mi hermana lo que te hicimos, ahora quizá se divorcie de ti, pero si quieres platicarlo, podríamos vernos en un restaurant, te invito a cenar y ya después lo que quieras”; También me dijo que nunca pensó que se enamoraría de un hombre pero que yo lo había cautivado y que quería hacerme el amor.

Al otro día fue Luis a verme a mi trabajo y me reclamo el porqué le había avisado a su hermana de lo que me habían hecho. Yo a esas alturas ya estaba harto de su comportamiento y aunque él era 2 años mayor que yo, le dije que no me estuviera molestando, que me debería de agradecer que no los denuncie y que tampoco le dije a mi esposa, que ellos por sus descuidos lo hicieron evidente, pero que si lo que quería era pleito, pues que con gusto le respondería; Él se me abalanzo, y yo lo esquive, por fin me pude ir desquitando de lo que me habían hecho, claro que al final me gano, el media como 1,75 se había criado en el campo y según se dé chico era un peleonero, y yo las peleas que había tenido en mi vida las podía contar con los dedos de una mano, así que al final se impuso la maña. Pero orgullosamente no se fue limpio, es más se fue casi igual de amolado que yo. Luego de que terminamos de pelear, él me dijo que esa forma de ser mía le causaba una rara atracción y aunque me duela reconocerlo a mí también me atraía ese joven atlético blanco, de ojos cafés que se erguía frente a mí, así que nos dimos un fuerte abrazo y un beso aún más fuerte, luego me agarro las nalgas y yo a él, al tiempo que su mano derecha hurgaba  dentro de mi tanga, bajándome los pantalones, le impedí que no siguiera pues estaba en mi trabajo y nos podían ver. Así que nuestro encuentro quedo para después. . . .

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Dos hombres al mismo tiempo

Sentí como Susy llegaba al orgasmo, que delicia, dos vergas en mi cuerpo, no se detengan sigan así. Sin dejar de embestirla, la nalgueaba, acariciaba su clítoris con fuerza, mis dedos sentían el miembro del amante de mi esposa, y su clítoris, que durito, también ansiaba mis caricias. Susy tuvo otro largo orgasmo.

Mi amorosa esposa Susy llegó a mi estudio a avisarme que el arquitecto que me había recomendado un amigo para remodelar la casa, había llegado. Miguel -Me dijo- Ya llegó el arquitecto, ven para que le digas lo que queremos que haga. Por tu sonrisa, tu actitud y tus movimientos coquetos, se nota que te gustó. Le dije al tiempo que le tocaba su entrepierna. Sí, es muy guapo, me dijo abriendo las piernas y alzando los pechos.

– Putita hermosa, se nota que estás caliente. -Sí, hoy me siento cachonda, ven, vamos para que le platiques que hemos pensado, dijo. -¿Le vas a proponer nuestra fantasía, o lo hago yo? -Yo, déjame ver cómo se desarrollan las cosas. Me dijo.

Me presenté con el arquitecto que me cayó muy bien desde el principio, se llama Carlos y es como lo dijo Susy, guapo, alto, atlético, bien vestido. Susy me avisó que se iba a cambiar pues se sentía fachosa. Después de platicar unos minutos con Carlos, llegó Susy, se había cambiado y lucía una blusa roja muy escotada sin sujetador que resaltaba sus grandes pechos y dejaban ver la forma de sus pezones. La minifalda que escogió también roja y apretada, dejaba ver sus hermosas piernas y resaltaban su curvilíneo cuerpo. Parecía una puta de primera. -Te ves guapísima mujer, te ves súper sexy, muy hermosa, -le dije- Estoy seguro que Carlos opina lo mismo que yo, te ves muy guapa. Ven dame un abrazo mujer hermosa.

Mientras nos abrazábamos, Carlos dijo que se veía muy bonita.- Bueno, tengo que trabajar. -Dije- Susy, por favor enséñale la casa y platícale que quieres tú y que nos proponga otras mejoras, pero que yo tengo que terminar un trabajo en el estudio. Al pasar junto a ella, le agarré la nalga y le dije: Atiende bien a Carlos como tú sabes Susy, cuando terminen me llamas para que me digan en que quedaron.

Ya en mi estudio pensé que quizás Carlos fuese el hombre que nos ayudaría a cumplir nuestra fantasía de un trío en la cama, de tan solo pensarlo tuve una erección. Sabía que Susy estaba contenta y coqueteando con el arquitecto, me imaginaba que se le acercaba y chocaba con él, que pedía perdón por haber chocado su teta contra él, que se le acercaba y sus cuerpos se tocaban como si fuesen muy naturales esos contactos. Trataba de concentrarme en mi trabajo pero lo único que tenía en la mente era a Susy disfrutando su calentura con Carlos. Quería que lo conquistara y sedujese, cosa fácil para ella ya que es preciosa, abierta, alegre, hermosísima para mí.

Carlos aparenta unos 40 años, la misma edad de Susy, yo tengo 46. Y parece que con el paso de los años nuestra sexualidad ha aumentado, hacemos sesiones de fotografía al desnudo, inventamos juegos sexuales, platicamos más abiertamente y nuestra relación es cada día más firme. Este juego lo hemos platicado muchas veces y hoy lo vamos a disfrutar, bueno, eso yo quiero. Una hora después Susy me llamó, estaban en la sala, sentados en un sofá, Carlos dibujaba sobre una hoja de papel, Susy sentada muy juntita a él veía lo que él trazaba en el papel, su pecho recargado en el brazo de Carlos y su mano sobre su pierna. Unas copas y una botella de tequila sobre la mesa, movió su mano de su pierna y me señaló el asiento a su lado.

-Mi vida, mi amor, me gusta mucho lo que Carlos nos sugiere, también a él le gustaron nuestras ideas y va empezar el trabajo la próxima semana. -Me dijo- y me señalaba con su mano libre el papel en que Carlos escribía. Me senté al lado de Susy, coloqué mi mano sobre su muslo, Carlos me explicó sus ideas y acordamos que así se hiciera. -Muy bien, así se hará, confío en lo que tú haces y piensas y como yo ya terminé mi trabajo, me voy a servir un tequila, ¿Quieren otro? –Les pregunté. Ambos asintieron, así que serví copas para todos.

-Salud, por que todo salga como Susy quiere.- Dije. -Salud.- Contestó Carlos. -Sí, que salgan como yo quiero.- Dijo mi esposa en un tono pícaro y alegre. -¿Qué dijo Carlos de la otra propuesta que queremos?-Pregunté. -Le da pena contigo.- Susy me respondió. -Carlos, de verdad queremos los dos tener esta experiencia, la hemos pensado por mucho tiempo, estoy seguro que todos la vamos a disfrutar, no tengas temor.- Le dije mirándolo a los ojos.

-¿Qué se siente Susy bonita tener un hombre a cada lado? –le pregunté a Susy. -Muy bien, se siente una admirada y atractiva. – Me contestó. – También caliente.

Carlos sonreía pero no decía nada. Yo puse mi mano sobre la teta de mi mujer.

-Que rico se siente tu teta mujer, ¿sientes tú rico? -Muy rico, pero no lo hagas, pobre Carlos, no comas delante del hambriento. -Yo lo invito al banquete.- Dije mientras desabrochaba su blusa y dejaba al descubierto sus hermosos, grandes y bien redondeados senos, con mi boca empecé a lamer y chupar su teta, mi mano entre sus piernas buscaba su vagina que toqué sin dificultad porque no traía bragas, húmeda y suave, abrió más las piernas para facilitar el trabajo de mis dedos y puso su mano sobre mi verga que ya tenía una buena erección. Me di cuenta que no tan solo a mí me estaba agarrando la verga, su otra mano tenía bien agarrado el bulto que tenía Carlos entre las piernas y lo masajeaba con fuerza.

-Que rico me haces Miguel, me tienes bien mojadita. -Me parece que ya estabas mojadita desde hace rato. -Bueno si, ya me había calentado un poquito- Me dijo Susy suspirando. -No tengas miedo Carlos, anímate y disfruta el momento.- Le dije a Carlos. -¿No te molesta de veras Miguel?- Me preguntó. -No, lo voy a disfrutar mucho, aprovecha esta hermosa mujer caliente Carlos.- Le dije.- a mí me gusta verla caliente, infiel, teniendo orgasmo tras orgasmo -Bueno Miguel, ya que te gustaría ver como la complacen y a ella ser complacida, voy a aprovechar esta oportunidad para disfrutar esta hermosa hembra- me contestó Carlos.

-Susy, ¿Ya le enseñaste que bien mamas? pregunté. -Ya, y vieras que hermosa lanza tiene este hombre, está muy bien dotado, ¿quieres ver como se la mamo? -Sí, y también quiero ver cómo te la mete en tu agujerito. -Ya sabes que yo hago todo lo que me pidas, marido mío, déjame complacerte. Decía mientras sacaba la verga de Carlos de su pantalón.

Cuando la tuvo en su mano, la admiró y volteándome a ver con una sonrisa en su boca me preguntó: -¿Verdad que es hermosa? Grande y dura como roca, se siente como la sangre caliente la llena, sus venas son bonitas, su ancho es muy grande para mi agujerito, a ver como me va. Pero yo me la voy a comer, su cabeza coloradita me invita a chupar, ¡que verga tan hermosa!

Carlos tiene una verga más grande y más gorda que el promedio y que yo, como de 20 centímetros y muy ancha, la mano de Susy no alcanzaba a abarcarla por mucho para complacencia de ella, Susy se hincó entre las piernas de Carlos, se quitó su blusa y excitadísima empezó a mamar su verga. Ella se excita mucho mamando, puede tener varios orgasmos haciéndolo, quizás piensa que domina y tiene el control. Para mi es excitante verla tan caliente y contenta, Me ha contado que cuando joven y tomó en sus manos la verga de su novio, sintió un cambio en su sensualidad, desde entonces se volvió una mujer muy ardiente, muy sexual. Y que lo ha hecho con los hombres que le agradan, sean sus novios, patrones, subordinados, compañeros de trabajo, amigos o una conquista casual, pero esta era la primera vez que yo la veía haciéndolo.

Susy trataba de meter toda la verga en su boca, era un reto, con las dos manos la sujetaba y las movía de arriba abajo, también movía su cabeza y poco a poco fue logrando meterse la verga más y más. Carlos le acariciaba su cara y le sujetaba por los cabellos, por momentos cerraba los ojos y suspiraba, su respiración era muy agitada, con sus manos, acariciaba sus pechos sujetaba su nuca, la tomaba de sus orejas y le marcaba un ritmo lento al movimiento de la cabeza de mi mujer. Carlos me volteaba a ver ocasionalmente y yo le animaba con sonrisas de aprobación, yo ya me había sacado mi pene y me lo acariciaba al ritmo de la cabeza de Susy. Que excitante ver a mi esposa casi desnuda mamar con tanto ahínco la verga de otro hombre, verla tan excitada y tan contenta, llena de deseo y lujuria, satisfecha de lograr lo que quería; sexo diferente, variado, sin responsabilidades, solo por placer. No sentía celos ni nada que se le parezca, sentía orgullo de tener una mujer tan plena, tan mujer y además bella y conquistadora.

No pude resistir la situación, me acerqué a ella por atrás, yo también me hinqué, le levanté la minifalda y empecé a acariciar sus nalgas y sus senos, mis manos recorrían todo su cuerpo. Sabía que ella no podía moverse ya que estaba atada por la boca a una gran verga que no quería soltar y aproveché la situación para disfrutar su cuerpo; la nalgueaba a veces fuerte, otra quedito, acariciaba su clítoris, lo soltaba para introducir mi dedo en su agujerito, lo sacaba. Tomaba su teta y la acariciaba con fuerza, pellizcaba su pezón, volvía a nalguearla. Colocaba mi pene duro como roca entre sus nalgas, lo llevaba hasta su vagina, lo retiraba; lo frotaba a su culito y lo trataba de introducir, hacía lo mismo con su vagina, volvía a las nalgadas, a sus tetas y mi mente gritaba:

-Que hermosa putita, que dichoso poder disfrutar esto tan excitante, tan diferente, tan dominante. Sabía que ella ya había tenido varios orgasmos pues sus jugos llenaban mis manos, las llevé a mi boca para saborear el sabor del placer. Mi verga parecía a punto de explotar, hacía mucho tiempo que no sentía lo que ahora sentía.

Susy, mi amada esposa, separó su boca de la gran verga pero sin soltarla para decirme: Miguel, amor mío, me vas a vaciar, ya me vine tres veces, pero no te detengas, que placer, me siento putísima, rico, muy rico.

-Viciosa hermosa, ¿ya estás contenta, tienes lo que querías?- Pregunté. -Estoy contenta, pero quiero más, voy a acabar con estas vergas, los voy a exprimir a los dos, cabrones ricos.- Ella me contestó. – Quiero todo, quiero montarme en esta verga de caballo.

Susy se levantó y ayudó a que Carlos se desvistiera completamente, yo me desvestí también, le quité su falda tratando todo el tiempo de agarrar alguna parte de su cuerpo. Susy no soltaba a Carlos, lo tenía bien agarrado por su miembro. Volvió a sentar a Carlos en el sofá, así encuerados los tres nos mirábamos, disfrutando lo que veíamos, Susy parecía estar como drogada por sexo, su voz sonaba anhelante, su mirada como perdida, sus manos buscaban tocar y disfrutar toda la piel, la de ella, la de Carlos, la mía. Yo tenía que guardar estos momentos felices para siempre y me apresuré a mi estudio por la cámara para tomar fotografías, no me tardé más que unos momentos pues ya la tenía preparada.

En la sala, Susy no había perdido el tiempo, montada sobre Carlos de frente a él, metía su gran miembro en su coñito poco a poco, en pequeños empujes de su cuerpo hacia abajo, respiraba hondo y empujaba logrando introducirlo cada vez más, se levantaba un poco buscando el mejor acomodo para la verga y volvía a bajarlo de nuevo. El gran tamaño de la verga dificultaba el acoplamiento aunque los líquidos lubricantes de mi mujer son muy abundantes. Pero esto no parecía molestar a Susy, de hecho lo disfrutaba, en cada acometida lanzaba un gritito de satisfacción, gruñidos de deseo salían de su garganta, su mano sujetaba el pecho de Carlos apretándolo con la fuerza del deseo. Unos cuantos movimientos más y la verga estaba toda dentro.

Susy empezó una gran cabalgata sobre el pene de su amante, un galope desesperado en busca de placeres desconocidos, cerraba sus ojos por momentos porque sé que necesita retraerse a un mundo que no conozco, su cabeza también la echaba en momentos hacia atrás, su cabello y su cuello se veían hermosos, sus pechos cubiertos por las manos de Carlos, erguidos y duros me parecían los más bellos del mundo. Sus nalgas redondas y llenas se movían lentamente en movimientos ascendentes y descendentes llenando en cada uno de ellos su cuerpo del miembro de hombre. Las manos de ella apoyadas en el pecho de él a veces se movían de su boca a la boca del nuevo amante llenas de saliva, llevando más placer y más deseo con ello. Un beso ocasional con una lengua ansiosa, saliva que escurre de sus labios como substitutos de palabras.

Una escena mórbida, erótica, de placer prohibido, los instintos primarios siendo satisfechos en pecado. Yo estaba feliz, excitadísimo. Carlos no podía dejar de mirar a Susy, su mirada de su cara a sus pechos, de nuevo a su cara, como sorprendido por la fuerza de la sensualidad de mi mujer, la gran puta, la musa, la diosa, la mujer. Él jadeaba con fuerza, se notaba que quería dominar pero estaba siendo dominado, se contenía de un orgasmo para tener más y más de su placer.

Sus manos recorrían el cuerpo de ella sin saber donde detenerse, todo es bello, suave, cálido, duro. Formas redondas que alegran la vista, el tacto insatisfecho por no poder abarcar todo. Olores que nos hacen suspirar. Jadeos, suspiros y gritos de placer llenaban el espacio. Líquidos con sabores excitantes, diferentes, amargos y dulces que quería degustar. El aire, la luz estaban excitadas y vibraban.

Tomé fotografías de los amantes desde todos los ángulos posibles, mi corazón latía con fuerza, mi cabeza caliente, mi pene a punto de explotar, parecía que el deseo y placer que Susy sentía, físico y mental me lo comunicaba, yo no quería que lo que veía y sentía se acabara. Los gemidos, suspiros, jadeos llenaban el aire de la habitación convirtiéndola en un lugar de respeto; respeto por la mujer, por el hombre.

Ella como una diosa viva, llenaba el cuarto con su belleza, con sus deseos, con su placer. Todo esto lo conozco muy bien pues lo vivo con ella día a día, y sin embargo tenía una nueva dimensión, yo no era el que estaba debajo de ella y sin embargo lo disfrutaba, compartir a mi esposa me llenaba de orgullo de satisfacción, siempre había querido presumir a alguien lo que yo tenía cada día y cada noche, y no alcanzaban las palabras. Dicen que los esquimales ofrecen a sus visitantes lo mejor que tienen, y es su esposa, así me sentía yo, compartiendo con orgullo lo mejor que tengo.

No quería interrumpir a los amantes, ni romper el precioso momento así que solo me acerqué a ella y coloqué mi mano en su espalda acariciándola lentamente. Ella como bruja o como diosa me transmitió su lujuria haciéndola mía, mi pene vibraba, sentí sus orgasmos, sentí su feminidad dándose entera. Se detuvo abrió sus ojos y miró a su amante, me miró, empezó de nuevo sus movimientos ascendentes descendentes, tomó mi pene con su mano y lo llevó a su boca, me mamó suavemente al ritmo de sus embistes al miembro de Carlos.

Yo sabía que acababa de tener ella un orgasmo y empezaba de nuevo lentamente. Sus primeros orgasmos son rápidos, para llenar necesidades, los siguientes son más espaciados y son más largos, ella dice que son más satisfactorios, más conscientes. Mi mente trataba de guardar todo lo que sentía, era imposible; mi verga dominaba en sensaciones, a punto de explotar. Tomé con fuerza el cabello de Susy y lo eché hacia atrás, luego hacia delante para que se comiera toda mi verga, yo no iba a dejarme dominar por esta zorra viciosa. Con mi otra mano tomé mi cámara y fotografié todo lo que pude desde este ángulo difícil. No había tomado ninguna foto del pene de Carlos, así que me separé de ella y le ordené que se saliera de él, que se montara al revés, de espaldas a él.

Frente a ellos tomé las fotos de este difícil cambio; ella liberando el pene de Carlos escurriendo líquidos, girando su cuerpo, parándose en el sofá y bajando en cuclillas hacia la verga, tomándola con la mano para acomodársela de nuevo en su conchita. Con esta posición pude tomar las fotos del gran miembro de Carlos, unas fuera de ella y otras en que ella se lo traga completamente. Le pedí en un momento a Carlos que no agarrara las magnificas blancas tetas de Susy para que también salieran en las fotos. Estoy seguro que van a ser excelentes fotos; el magnífico cuerpo de Susy en todo su esplendor lleno de la verga de caballo del cabrón de Carlos. (Envidio el tamaño de su miembro).

Susy había tenido por lo menos un orgasmo más, se veía magnífica. No me pude resistir, acerqué mi boca a su clítoris y con mi lengua lo acaricié lo más fuerte y rápido que podía, mi mano en su pecho apretándolo fuertemente, pellizcando su pezón. Yo hincado entre las piernas de Carlos sentía su presencia muy fuerte, sobre todo la de su verga cerca de mi lengua. Entraba y salía su verga de la vagina de mi mujer tan cerca de mi cara. Mi lengua en varias ocasiones tocó su verga, extrañas sensaciones me llenaron, no eran desagradables, la pasión ganaba, la excitación crecía. El orgasmo de Susy fue muy fuerte, me sujetó del cabello con fuerza y me apretó hacia su panocha, jadeó, gritó mientras sus manos sujetaban mi cabeza y la restregaba en su vagina, mi boca estaba aprisionada entre sus labios y la verga de Carlos, yo mordía sus labios y mi lengua buscaba su vagina pero encontraban una verga que ocupaba el lugar deseado.

Me separé, Susy me abrazó y me besó en la boca mientras se recuperaba de su intenso orgasmo. Seguía montada en Carlos, se separó de él despacio y se sentó a su lado, le besó la boca y le dio las gracias por tan rica cogida. Por sus piernas escurrían sus jugos vaginales, se los empezó a limpiar pero yo la detuve, le dije que yo lo haría con mi lengua, y así lo hice. Mis labios y lengua recorrieron sus piernas disfrutando de sus líquidos que yo limpiaba con gusto, llegué a su vagina, le abrí más las piernas e introduje mi lengua en ella, que delicia de sabores y textura sentía en mi boca. Carlos mientras tanto acariciaba los pechos de mi esposa y la besaba en la boca, ella acariciaba el erecto pene y con la otra mano su pecho. Carlos había logrado sobrevivir los embates de Susy sin eyacular, su verga temblaba de deseo.

– Mi vida, Susy me dijo- Vas a hacer que me venga de nuevo, mejor déjame seguir mamando vergas, ven siéntate aquí, se las voy a mamar a los dos. Así sentados los dos en el sofá, Carlos y yo, Susy hincada frente a nosotros, nos mamaba alternadamente. Una mano en cada verga y su boca que no paraba de comernos, seguimos así por unos minutos disfrutando esas caricias hasta que ella volvió a tener otro orgasmo.

Nos pidió unos momentos de descanso y una bebida, yo fui por bebidas para los tres, en ningún momento perdí mi erección. Susy con su bebida en la mano no dejó de acariciar a Carlos ni por un momento, lo besaba en su boca, en sus tetillas, mordía su verga, disfrutaba su nuevo amante como un niño con juguete nuevo. El hacía lo mismo respondiendo con caricias por todo su cuerpo, mordiéndole las orejas besándole el cuello, le hizo un hermoso chupete en la parte superior del pecho derecho para que lo recordásemos.

-Quiero tenerlos a los dos dentro de mí. –Nos pidió-. Por favor, háganme el amor los dos al mismo tiempo. -Montate en él de frente.-Le dije.- Yo te la meto por atrás.

Susy acostó a Carlos en el sofá, se subió arriba de él y acomodándose la verga en su coño se fue sumiendo lentamente en él entre suspiros y jadeos. A Susy con los orgasmos se le inflama su vagina, así que, aunque tenga abundancia de fluidos la vagina esta más apretadita en las penetraciones siguientes, muy rico. Mientras ella se sumergía en él, yo tomé jalea lubricante que me puse en mi pene y en mis dedos. Como vi que le costaba trabajo introducirse el miembro de Carlos, la ayudé sujetándolo y aplicándole de la jalea a la verga con mi mano.

Que rico dolor.-Decía mi putita Susy.

Yo tome más jalea y de nuevo se la puse en la verga de Carlos, era la primera vez yo que tocaba un pene que no fuese el mío, quería estar consciente de lo que sentía; duro, caliente. Siempre había pensado que sería desagradable para mí tocar una verga, pero la calentura del momento y el deseo de complacer a mi mujer me hizo olvidar mis temores.

Cuando logró Susy introducir la verga dentro de ella, empezó sus movimientos de sube baja. Yo me acomodé atrás de ella viendo como sus redondas nalgas se movían, las nalguee con fuerza varias veces hasta que ella me pidió que no lo hiciera porque la iba a hacer venirse. Embarré su culito de jalea y coloqué la punta de mi verga en él, empecé a penetrarla con movimientos cortos, suavemente, adelante y atrás. Los quejidos de mi esposa no me detuvieron, antes me estimularon para seguir metiéndosela cada vez más profundo. Los quejidos fueron reemplazados por suspiros y gemidos de placer, yo firmemente agarrado a su cadera la alejaba para volverla a penetrar más profundamente.

Yo me sentía en otro mundo, sentía como su culito suavecito como seda, me apretaba con fuerza, sentía como el pene de Carlos se rozaba con el mío teniendo solo una delgada pared entre ellos. Susy gritaba de gusto: No se detengan cabrones, sigan así, que rico se siente papacitos me tienen en el paraíso .Habíamos logrado un acoplamiento y un ritmo que nos tenía al borde del orgasmo, al cual yo todavía no quería llegar.

-Aguanta Carlos, no llegues todavía.- Le dije. -Voy a aguantar lo más que pueda, estoy disfrutando como nunca lo había hecho.- Me contestó.-

Sentí como Susy llegaba al orgasmo, me costó mucho trabajo no venirme con ella, pero la recompensa sería mayor mientras más me aguantara. -Que delicia, dos vergas en mi cuerpo, que rico, esto es el paraíso.- Nos decía Susy.- Nací para esto, ah, no se detengan sigan así. Sin dejar de embestirla, la nalgueaba, sé que le gusta mucho. Busqué sus tetas pero las manos de Carlos estaban ahí, mi mano encontró su clítoris, mi brazo entre dos cuerpos aprisionado entre acometidas. Yo acariciaba su clítoris con fuerza, mis dedos sentían el miembro del amante de mi esposa, y su clítoris, que durito, también ansiaba mis caricias. Susy tuvo otro largo orgasmo y entre jadeos y suspiros, sin dejar de moverse le dijo a Carlos:

-Que rico cabrón, gracias por hacer realidad nuestra fantasía, dos vergotas en mis agujeritos, que delicia, solo me falta una en la boca para llenar todos. ¿No tienes un amigo que quiera venir contigo la próxima vez que me cojan? Carlos se rió de la pregunta de Susy. Sí preciosa,-Le contestó.- Tengo varios amigos que estoy seguro van a querer venir conmigo, todas las veces que hagamos el amor. El próximo viernes tengo una reunión con dos amigos y quiero que vayan conmigo, con ustedes será una gran fiesta.

Yo seguía con mis movimientos de entra-sale, mi orgasmo era inminente, no podía contenerlo más, se lo dije a Susy. Vénganse dentro de mí, llénenme con sus jugos, amores míos.- Nos dijo Susy -. No se detengan. Aceleré mi ritmo, también aceleré las caricias en el clítoris de Susy, sentí en mi pene como ella llegó a un nuevo orgasmo, sus pulsaciones lo apretaban deliciosamente. El miembro de Carlos creció con su orgasmo apretándose al mío. No pude más y mi orgasmo llegó en oleadas de placer que parecía no se iban terminar, sin bajar mi ritmo no dejé de moverme hasta que ellos dos, desfallecidos, fundidos en un abrazo dejaron de moverse. Me derrumbé sobre ella con mi verga aún dentro de ella.

Permanecimos así abrazados por un largo tiempo, sintiendo como las punzadas de nuestros miembros nos recordaban el placer que acabábamos de tener. Nos separamos con cuidado, volví a limpiar su vagina con mis labios y lengua, en esta ocasión los jugos de Carlos llenaron mi boca, los tragué saboreando cada gota. Susy me miraba con cariño y una sonrisa llegó a su boca cuando me dijo, – Amor, agrádesele a Carlos el favor que nos hizo. Lo dijo mientras sostenía la verga de Carlos que aunque ya no tenía toda su erección, se veía aún imponente. -Lo que tú digas mi amor.- Contesté.

Sin pensarlo tomé la verga de Carlos y la limpié con mi lengua, le daba besos en toda su longitud, en su cabeza, la empecé a acariciar como a mi me gusta acariciarme y me la metí en la boca parte de ella. Sentí como volvió a crecer, yo me esforzaba por no lastimarlo con mis dientes que cubría con mis labios, como Susy me decía que debe hacerse. Estaba concentrado en mi tarea cuando sentí los flashes de la cámara de fotos, levanté la cabeza y le sonreí a la cámara enseñándole el trofeo que tenía en la mano. Susy estaba radiante, Carlos, como yo, alegre. Susy me apartó de Carlos y quiso terminar ella lo que me había pedido que yo empezara. Yo me encargué de las fotos que vamos a disfrutar mucho en nuestro álbum familiar. No le llevó a Susy mucho tiempo lograr el orgasmo de Carlos, el semen llenó la boca de Susy el cual compartió conmigo en un beso.

Nos vestimos entre bromas y risas, bebimos de nuestras copas y estuvimos charlando, nos platicó Carlos de sus cosas, de su familia, de su esposa y de sus amigos. Al despedirnos nos dimos un fuerte abrazo y me dijo;

– Eres un hombre muy afortunado por haber encontrado una mujer como tú querías. De Susy se despidió con un abrazo largo y cachondo, lleno de caricias y besos. Nos hizo prometerle que iríamos a su reunión del viernes. Lo acompañé a la puerta y cuando regresé a la sala me encontré a Susy desnuda en el sofá con los brazos y piernas abiertas invitándome a poseerla. Mi vida, quiero que tú, Carlos y sus amigos, el viernes en la reunión me hagan todo lo que voy a decirte.

Si mi vida, lo que tú digas.

Autor: Miguel C.

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Amarrados para mí

Empecé por Abraham. Tenía una vergota como de 20 centímetros, blanca, curva, muy peluda en la base, delgada, que acaricié con mis dos manos, sopesé, medí, sentí cómo palpitaba y lo masturbé con cuidado al principio y violentamente después. No podía hacer solo eso. La panocha me ardía y sentía un conocido desasosiego en todas mis entrañas.

Me costó trabajo perder, pero lo logré: ya bebidos y fumados, los amigos habían estado insistiendo en que el juego de la botella, que el juego del beso, que les enseñáramos las chichis, hasta que Karla dijo: -Yo diría que sí, pero no quiero perder hoy, con ninguno de ustedes, ¿qué me lo garantizaría? -Lo juraríamos –dijo uno de los chicos.

-No te creo –contestó ella-. Me han dicho que la verga parada no entiende razones. -¿Y si los amarramos? –sugerí yo, atendiendo una vieja fantasía. -Cámara –dijo Luisa.

Jimena, la cuarta chica, quiso protestar, pero fue rápidamente mayoriteada. Los chicos discutieron un poco, pero al final quedaron los cinco bien amarrados a sendas sillas, cuando les juramos que la perdedora los masturbaría a todos. Una vez amarrados, nosotras nos sentamos a la mesa y acordamos el juego (un dominó, beis-ball de cuatro, lo que significa que, cada entrada, una de las cuatro descansaría, es decir, que se jugarían 12 entradas en total), y lo que las perdedoras de cada mano debían hacer:

1ª Mano perdida: quedarse solo con la blusa y el pantalón. 2ª Fuera blusa. 3ª Fuera pantalón. 4ª Fuera brassier. 5ª Contoneo frente a ellos. 6ª Beso a los cinco. 7ª Fuera panty. 8ª Mostrarnos ante ellos en la posición que cada uno pida. 9ª  Si alguien perdía todas las entradas, chuparles las vergas en lugar de masturbarlos. Y todo, en total silencio, salvo el buen rock del estéreo.

-Pero eso, ni sueñen que va a pasar –les dijo Karla.

Una última condición, pedida por Jimena, fue que las no masturbadoras tuvieran que salir de la habitación, para que la perdedora lo hiciera en privado. La idea me gustó y me prometí perder… de hecho, empezó a hacérseme agua la boca… del sexo.

En verdad, ni Luisa, ni Karla, ni yo éramos vírgenes, pero no tenía por que enterarse todo mundo, y menos nuestros calenturientos amigos de la escuela, los cinco babosos ahí atados… a nuestra disposición, con sus vergas firmemente enhiestas desde antes de que nosotras empezáramos el juego. De Jimena no sé nada, porque no era nuestra amiga o, al menos, no como lo éramos las otras tres, inseparables y casi hermanas. Ella estaba ahí casi por accidente y a juzgar por su juego, no estaba muy de acuerdo.

(Juro que me entretendré muy poco en el juego en sí).

Luisa, Karla y yo sabíamos que jugaríamos a perder. Somos muy buenas para el dominó, así que estaría duro. En la primera mano descansó Karla y la ganó Luisa, de modo que Jimena y yo quedamos listas para empezar en serio. La segunda mano, en que descansó Luisa, ganó Jimena, así que me saqué la blusa mientras Karla se quitaba los zapatos. La tercera entrada, en que descansó Jimena, la ganó Karla, y me quedé sin pantalones. Las miradas de los cinco chicos mientras me los sacaba, mostrando a la luz mis morenas e interminables piernas, me erizaron la piel y me juré que perdería todas las manos y mamaría las cinco vergas que me esperaban.

Descansé la cuarta mano, que ganó Jimena, de modo que Karla y Luisa se quitaron las blusas. La quinta Karla descansó y ganó Luisa. Jimena se quitó la blusa, pero apenas la miraron, porque solo tenían ojos para mis pechos, morenos, puntiagudos, de grandes y morados pezones erizados por sus solas miradas.

¡Sí!, también perdí la sexta mano, ganada por Jimena (Luisa descansó) y me moví cachondamente ante los chicos mientras Karla se quitaba el pantalón. Y también perdí la séptima, ganada por Luisa (Jime descansó). Esperé que Karla se quitara el bra mostrando sus rosados y bien formados pechos y, una por una, probé las cinco bocas de los chicos. Los besé con cuidado, sin tocar ninguna otra parte de su cuerpo con el mío. Lamí sus labios, succioné sus lenguas, pasé lamía por su cavidad entera, poniéndoles sus vergas más duras, si es posible, de lo que ya estaban y yo, también si es posible, más caliente aún.

Descansé la octava, que ganó Jimena, única que jugaba para ganar. Karla, alta, delgada, guapísima, bailó ante ellos mientras Luisa se quitaba los pantalones. Cuando Jimena ganó la novena entrada pensé que estaba a punto de lograrlo. Luisa se quitó el bra y mostró sus excepcionales melones, sueño maternal de todos ellos que, no obstante, también miraron con hambre cómo me sacaba las empapadas pantys mostrando mi peluda panocha.

La 10ª entrada fue para Karla, así que yo sentía tocar el cielo. Nadie peló que la Jime se quitara el pantalón porque yo, totalmente en pelotas les mostraba el culo en pompa, la panocha abierta, la mano acariciándome, en fin, que yo estaba a punto de turrón, ellos también, y la Karla y la Luisa también un poco moviditas, je, je.

Pero las malditas jugaron juntas contra mí la 11ª ronda, última mía (y que descansaba Jimena), así que gané (es decir, perdí), y Karla besó a los chicos mientras Luisa bailaba ante ellos y yo, disimuladamente, me acariciaba, porque la escena era digna de un Oscar. Durante la última entrada seguí acariciándome, hasta alcanzar un orgasmo silencioso. Por supuesto, ganó Jimena, así que tocó a Luisa besar a los chicos y a Karlita quedar en pelotas, con el coño al aire.

Luisa los besó rápido, porque apenas acabando de hacerlo, dijo: -Pues ahí están, Erika, todos tuyos. Era verdad: aunque perdí más manos que ellas, en puntos quedé muy, muy cerca de Karla, pero de todos modos era la perdedora… o ganadora. Mis queridas Karla y Luisa salieron, mirándome con ojos entre malos y divertidos. Creo que las muy putas sabían bien que no me conformaría con masturbarlos. Yo me acerqué a los cinco chicos y con unas tijeras, rompí, uno a uno, sus calzoncillos.

-No les importa, ¿verdad? –les pregunté. No. No les importaba. -Se mantiene la prohibición de hablar –les recordé.

Empecé por el primero de la izquierda, llamémosle Abraham. Tenía una vergota como de 20 centímetros, blanca, curva, muy peluda en la base, delgada, que acaricié con mis dos manos, sopesé, medí, sentí cómo palpitaba y lo masturbé con cuidado al principio y violentamente después. No podía hacer solo eso. La panocha me ardía y sentía un conocido desasosiego en todas mis entrañas. Cinco pares de ojos masculinos admiraban mi desnudez mientras cuatro palpitantes vergas esperaban mis manos a falta de otra cosa mejor. Dejé a mi mano izquierda alrededor de la verga de Abraham haciendo movimientos casi mecánicos y llevé la derecha y la atención al segundo chico, Braulio, cuya gruesa y corta verga estaba tan necesitada que se derramó en menos de dos minutos, casi al mismo tiempo que Abraham.

Me limpié las manos con la camisa de uno de ellos y me coloqué entre los tres, pues me acababa de formar un nuevo plan, al calor de sus vergas. Con la mano izquierda empecé a sacudir la de Carlos, el tercer chico; con la derecha, atendí a Ernesto, el quinto; y llevé mis labios a la voluminoso y sonrosado glande de Daniel.

Mientras mis manos trabajaban mecánicamente, mi lengua acariciaba todo el tronco, mis labios sentían la delicada piel del glande, mi boca entera percibía su sabor y su calor, la consistencia de sus venas, su palpitar, los suspiros que dilataban su pecho. Succioné con ansia, con prisa: quería que terminaran los cinco antes de gozarlos, aunque mi panocha exigía verga a gritos. El aire contenido en los pulmones, el vacío de mis entrañas, el escozor de mi clítoris, todo era un fuego que exigía una manguera, pero yo aguantaba, mamaba con violencia y masturbaba con igual prisa.

No sentí llegar el semen de Daniel hasta que explotó en mi boca. Nunca me ha gustado el sabor, así que me hice a un lado rápidamente. Miré a uno y otro lado los rostros de Carlos y Ernesto y supe que este no aguantaba más y efectivamente se vino entre ahogados gritos. Llevé entonces mi boca a la negra verga de Carlos para obtener, menos de medio minuto después, una nueva y generosa ración de lechita caliente.

Me apliqué a la verga de Ernesto, sin saborearla, con prisa creciente, pellizcándole sus tetillas, jalando, jalando, jalando hasta que me volví a llenar de leche. Mucha leche.
Me incorporé, mostrándome enterita, sabrosa y empapada. Los cinco me veían con ojos de borrego y de lobo, al mismo tiempo. Las vergas de Abraham y Braulio estaban paradas otra vez. Había llegado el momento de sentarme, por fin…

-Apenas empezamos –susurré, para su información. Pero eso se los contaré otro día.

Autora: Aboguarra

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La profesora

Gonzalo trataba de aguantar, los pechos de Lucía eran como una máquina de masturbar, un potente chorro de esperma salió disparado golpeando el cuello de Lucía. Los siguientes disparos cayeron sobre sus pechos empapándolos de esperma. Cuando Gonzalo acabó Lucía se dedicó a pasar la lengua por sus pechos tratando de recoger el esperma.

Como todos los días el despertador sonó a la misma hora como un desesperante tintineo en los oídos de Lucía. Su profundo sueño se interrumpió de inmediato e instintivamente su mano apareció entre las sábanas para golpear el despertador que cesó en su intención de hacer cada vez más ruido. De un manotazo apartó las sábanas dejando al descubierto su cuerpo desnudo tan solo cubierto por unas diminutas braguitas blancas. Aún sin despertar y con sus músculos entumecidos pudo alcanzar a ciegas el baño y abrir a tientas el grifo de la ducha. Cuando notó en su mano que la temperatura del agua estaba en su punto entró. El agua sobre su piel empezó a despertarla de su letargo para darse cuenta que se había metido con las bragas puestas. Empapadas las deslizó por sus muslos y las dejó caer en el suelo de la ducha. La mata de pelo negro obscuro que cubría su sexo comenzó a mojarse con el agua que caía como una cascada desde sus pechos acariciando cada centímetro de su piel.

Ya más despierta salió de la ducha y comenzó a secarse, primero su largo pelo negro, para después continuar recorriendo sus brazos y detenerse a secar con mimo sus grandes pechos con forma de pera y oscuros pezones. Su singular recorrido por la geografía de su cuerpo alcanzó el valle de su estómago se topó con el matorral negro que cubría la entrada a la cueva húmeda y cálida del placer.

Levantó una de sus piernas y la apoyó sobre el borde de la bañera para a continuación deslizar la toalla desde la zona interior de sus muslos hasta su tobillo. Una vez estuvo su cuerpo bien seco, extendió sobre la crema hidratante. No dejó ni un solo rincón sin aplicar la crema, incluidos sus pechos.

De un cajón extrajo unas braguitas rojas de encaje y con equilibrio levantando una de sus piernas, la introdujo por uno de los orificios para hacer lo mismo con la otra pierna. Deslizó las braguitas por sus muslos hacia arriba con cierta dificultad pues eran pequeñas, finalmente, la colocó tapando con dificultad el vello de su pubis que luchaba por salir por los bordes de la braguita. Con sus dedos recorrió el borde de las bragas que estaba metido en la hendidura de su culo, para sacarlo y colocarlo sobre sus nalgas acentuando aún más si cabe su redondez.

Después de secar y peinar su melena, eligió del armario ropa ligera pero atractiva, cogió una blusa blanca y una minifalda roja. Prefería llevar sus pechos libres y como se mostraban bastante firmes y levantados decidió no ponerse sujetador. Con delicadeza y extremada sensualidad se puso unas medias lo bastante altas como para quedar tapadas por la minifalda. Finalmente, se colocó con dificultad unas botas negras, que le llegaban hasta las rodillas, y con prisas recogió sus libros para salir con dirección al instituto.

Cuando entró en el aula todos estaban de pie hablando, gritando y fumando, algo que odiaba, sin embargo sí había una cosa que le gustaba, en cuanto la veían entrar comenzaban a sentarse y se callaban.

– Buenos días – dijo haciéndose oír entre el murmullo – la clase de hoy tiene relación con… – continuó explicando.

Desde que fue nombrada profesora suplente en aquel instituto su vida había cambiado, siempre había deseado dar clases, y por eso estudió biología, pero lo que no la convencía mucho era el hecho de que sus alumnos fueran tan solo unos años menores que ella y algunos bastante atractivos.

Ella sabía que no estaba mal, a su edad, 23 años (muy joven según sus compañeros de trabajo), vestía ropa ajustada y provocativa, lo que sabía que producía el comentario y murmullo entre sus alumnos y las malas miradas de sus compañeras más mayores. Aquello no le importaba, pero sin embargo, no le parecía bien que sus alumnos se distrajeran por su causa, aunque por supuesto le gustaba sentirse mirada y admirada.

Desde que empezó en aquel instituto, había un grupo de cuatro alumnos, que se sentaban en su clase al final y que siempre estaban murmurando y hablando sin prestar atención, todos ellos de la misma edad, cinco menos que los de ella, y eso le excitaba. Ese día se había propuesto descubrir que es lo que les hacía murmurar tanto día tras día. Por eso al final de la clase se dirigió a ellos:

– Por favor, Tomás, Alberto, Carlos y Gonzalo quiero que me veáis en mi despacho dentro de una hora, tengo que hablar con vosotros.

Una cosa buena que tenía su despacho era que como había sido la última en llegar al instituto, le habían asignado uno en una zona que se encontraba cerrada y apartada del resto hasta que pudieran darle otro mejor situado, cosa que ella no deseaba.

Como estaba previsto, una hora después de la clase alguien llamaba a la puerta de su despacho, eran sus cuatro alumnos. Ella les abrió la puerta y les hizo pasar. El despacho no era muy grande pero al menos tenía un pequeño baño en su interior al que se accedía por una puerta situada nada más entrar a la derecha. Una ventana se encontraba justo en frente de la entrada y detrás de la mesa ante la cual solo había dos sillas sobre una gran alfombra.

Tomás y Carlos se sentaron en las sillas mientras que Gonzalo y Alberto se quedaban de pie frente a la mesa detrás de la cual se sentaba Lucía.

– Bien, os he dicho que vengáis porque quiero que me respondáis unas preguntas… – Usted dirá – dijo Carlos. – Por favor, habladme de tú, soy casi de vuestra edad.

Todos sonrieron y se miraron entre ellos.

– Quiero saber por qué en mis clases siempre estáis murmurando y hablando en voz baja.

Ninguno de ellos se atrevió a contestar.

– Vamos, de qué habláis, decídmelo. – De nada, cosas nuestras, fútbol, chicas, ya sabe… – respondió Gonzalo. – Vamos, ¿os creéis que soy tonta?, decid la verdad, no os de vergüenza. – En realidad, bueno,… hacemos apuestas…- dijo Tomás. -¿Apuestas?, sobre qué…- preguntó extrañada Lucía que no esperaba esa respuesta. Ella hubiera admitido una respuesta como “está usted muy buena”, “hablamos de usted”, o cosas por el estilo pero ¿apuestas?, ¿qué respuesta era esa?

Todos bajaron la cabeza y ninguno quiso responder.

– Creo que todos somos adultos, así que no veo motivo para que os comportéis como chiquillos, hablad claro y sin vergüenza. Tomás que parecía el más lanzado fue el que respondió, – Hacemos apuestas sobre…sobre el color de su ropa interior….

Todos le miraron indicando que se había pasado sincerándose. Para Lucía aquella respuesta era la que había estado esperando, ahora comprendía lo de las apuestas, tenía sentido, ella era el objetivo de aquellos murmullos constantes.

– Así que no atendéis en mi clase porque queréis saber cuál es el color de mi ropa interior… bien, entonces haremos algo, yo os diré cuál es el color de mi ropa interior al comienzo de la clase y así podréis concentraros en mis explicaciones..

– Verá,…verás…Lucía, en realidad también apostamos quién es el primero en vértela… Dijo Alberto un tanto temeroso. -Entiendo, – dijo Lucía levantándose de su silla y colocándose delante de la mesa y apoyada sobre ella – Bien,…esto ya es otra cosa…- aquello daba un giro nuevo a la situación y abría nuevas expectativas a Lucía. – Veréis, voy a hacer algo que debe quedar entre nosotros y quiero que sepáis que lo hago por vuestro bien… – Dicho esto, se desabrochó la minifalda y la dejó caer al suelo dejando a la vista sus braguitas rojas.

– ¿Veis?, son rojas – dijo Lucía mostrando sus braguitas ante los ojos asombrados de sus alumnos – a partir de ahora las llevaré siempre de color rojo, ya las habéis visto, espero que a partir de ahora prestéis más atención a mi clase y os olvidéis de este tema.

Todos permanecieron en silencio mirando aquellas piernas envueltas en medias negras con las botas puestas que le daban un aspecto realmente sensual. Pero lo que les hizo mirar con más interés era la entrepierna de Lucía tapada con las bragas que dejaba trasparentar una mancha oscura por cuyos extremos se escapaban algunos pelos. Lucía se giró para volver a colocarse detrás de su mesa deseando que alguno de ellos dijera algo antes de finalizar aquella reunión. Sus nalgas se mostraron redondas y desafiantes con las braguitas metidas entre ellas lo que hizo que los cuatro alumnos allí presentes sintieran levantarse sus pollas. Para Lucía, la reunión había terminado, al menos en la teoría pero ella deseaba que no fuera así. De hecho para sus alumnos acababa de empezar. Fue Tomás el que habló:

– …El…el problema es que ahora no podremos olvidarte…- ¿Qué? – preguntó Lucía. – Si nos dejas así ¿cómo quieres que atendamos a tu clase?

Lucía sonrió pícaramente y volvió a colocarse delante de la mesa:

– Pobres, – dijo poniendo voz mimosa – ¿La tenéis dura?, vamos bajaros los pantalones y los slips.

Todos quedaron sorprendidos y alegres al mismo tiempo por la petición de su profesora.

– Pero, y si alguien entra. Esto no está bien- dijo Gonzalo. – Vamos, desde el momento en que yo me quité la falda nada está bien, ¿que más da una cosa más?, además, aquí no va a venir nadie o es que os da vergüenza.

Aquellas palabras desafiantes hicieron reaccionar a Tomás que desabrochó su pantalón y lo dejó caer para seguidamente bajar su slip. Su polla dura y apuntando hacia el techo quedó libre. Lucía sonrió y miró a sus compañeros,

– ¿Y bien?, ¿me las enseñáis?

Ellos observando la reacción de su compañero hicieron lo propio y todos quedaron con sus pollas al aire. Eran cada una de una forma distinta, curvada, tiesa y apuntando al techo, levantada pero paralela al suelo, gruesas y delgadas. Parecía una exposición de pollas.

Lucía se arrodilló delante de ellos y les pidió que se acercaran formando un círculo. Ella comenzó primero a acariciarlas, tocarlas y palpar su grosor y dureza. Las rodeaba con su mano y empezaba a menearlas arriba y abajo lo que hizo que pronto empezaran a jadear por la excitación, pero aún les quedaba lo mejor. Lucía se metió la polla de Tomás en la boca y comenzó a mamarla para seguidamente continuar con las otras tres dándoles el mismo tratamiento. Como una puta chupó aquellas pollas con deseo y gusto.

Lucía sabía que aquello no estaba bien, pero desde que entró a trabajar en aquel instituto y vio la edad de sus alumnos comprendió que tarde o temprano terminaría haciendo aquello. Era su forma de ser, su sexualidad, no podía evitar sentirse excitada al ver un grupo de hombres. Desde que comenzó a estudiar, había follado con todos sus compañeros de clase y algún que otro profesor, incluida una de sus profesoras, una mujer de unos 30 años de buen cuerpo y grandes tetas que siempre vestía ropa ceñida. Fue su obsesión desde el comienzo del curso, y pronto entabló amistad con ella, una amistad que terminó en una fantástica follada en casa de su profesora. Ahora la profesora era ella y se encargaba de darle a sus alumnos lo que ella hubiera deseado que le hubieran dado en su época de estudiante.

Las pollas estaban tan duras y los chicos tan calientes que pronto terminaría aquella triple mamada. Fue Gonzalo el primero en correrse, y lo hizo sobre el pelo moreno de Lucía mientras ella chupaba la polla de Tomás. Grandes chorretones de esperma adornaban ahora su negra melena.

– Avisadme cuando vayáis a correros- dijo Lucía separando su boca de la polla.- no quiero que pueda mancharse la alfombra…- les avisó en tono de broma.

Una de las manos de Lucía continuó masajeando la polla de Alberto y la otra la de Carlos mientras su boca seguía ocupada en enseñar que todo cabe si se sabe cómo hacer. Alberto estaba ya al límite y solo tuvo tiempo de avisar justo cuando empezaba a correrse.

– Ya, ya… señorita Lucía, ¡me corro! ahhhhhh…

Lucía giró su cara hacia su polla justo en el instante de recibir el primer chorro sobre los ojos y la nariz, mientras el segundo caía en su boca ya abierta y era tragado con delectación. Con su dedo recogió el que había quedado sobre sus ojos y lo llevó a su boca chupándose el dedo. Casi inmediatamente, sin tiempo para recuperarse de la corrida de Alberto, Carlos sintió que le venía:

-¡Me corro!, ¡uuummmffff!

Lucía se giró hacia él tan rápido como pudo pero él ya estaba disparando sobre su pelo y su mejilla. Ella puso su mano para evitar mancharse y el resto de la corrida cayó sobre ella. Al final limpió su mano con la lengua para rápidamente seguir con Tomás.

Este era algo más difícil, a Lucía le estaba costando hacerlo terminar pero su experiencia mamando pollas era algo con lo que Tomás no contaba. Su lengua era como una serpiente enroscándose alrededor de su polla y su boca parecía una máquina de succionar. Inevitablemente no podía aguantar más, ella era una chica con matrícula en mamadas y sabía cómo sacar hasta la última gota:

– Aaaahh, joder, me voy a correr, ya, Lucía, ¡chupa!…así, ¡trágate toda mi leche!…

Tomás comenzó a correrse en el interior de la boca de Lucía y esta tragó todo lo que pudo, aunque ella no contó con que un chico de su edad fuera a llenarla. La corrida de Tomás comenzó a salirle entre sus labios y a chorrear por su barbilla. Ella no tuvo más remedio que sacar la polla de su boca de forma que el último disparo de esperma fue a parar sobre su blusa blanca.

– ¡Mierda!, ¡joder!, ya me has manchado, ahora tendré que limpiarla- dijo recogiendo con su dedo el esperma que había sobre su blusa y metiéndoselo en la boca.

Lucía se levantó y fue tras la mesa para abrir un cajón del que sacó un Kleenex con el que comenzó a limpiarse la cara. Mientras, Tomás, Alberto Carlos y Gonzalo empezaron a ponerse sus pantalones con la intención de marcharse.

– ¿Qué coño hacéis?- preguntó Lucía

Extrañados, se miraron entre ellos sin saber que decir.

– Nos vestimos- dijo Alberto. – No pensareis iros ¿no? – Pues… – Quiero decir que ahora os toca a vosotros hacerme acabar a mí. ¿No pensareis dejarme así?

Dicho esto Lucia se quitó sus bragas rojas tiró al suelo todo lo que había sobre la mesa y se tumbó sobre ella con las piernas abiertas. Por primera vez su sexo aparecía con todo su esplendor, húmedo y jugoso.

– ¿Quién es el primero en darme una clase de anatomía femenina?- dijo Lucia

Fue Tomás el primero en acercarse a Lucía colocándose entre sus piernas observando con gusto el coño que se le ofrecía jugoso y abierto rodeado por una capa de pelo negro brillante por la humedad. Acercándose colocó sus manos sobre las rodillas de Lucía sintiendo el tacto de sus medias. Con temor fue acercándose lentamente mientras Gonzalo y Alberto se colocaban a los lados de la mesa y acariciaban suavemente a través de la blusa los pechos de Lucía. Podían notar que no llevaba sujetador y que sus pezones estaban duros, tan duros que casi podían pinchar. Carlos estaba a la altura de su cabeza con su polla sobre la cara de Lucía tratando de que ella volviera a mamársela.

Tomás bajo sus manos por la parte interna de los muslos hasta llegar a rozar los pelos que rodeaban la entrada de la vagina. Notó la humedad pero no se atrevió a tocarla. Lucía pasó su mano por encima de su sexo e introdujo un dedo dentro ante la mirada de deseo de Tomás. Ella llevó sus dedos a la boca y los chupó como si fueran un delicioso manjar. Entonces se decidió Tomás a tocarla, pasó sus dedos sobre su rajita y notó como una fuerza irresistible los succionaba al interior sin ninguna dificultad.

Gonzalo y Alberto trataban quizás con poco éxito, desabrochar la blusa de Lucía. Ella tuvo que ayudarlos y al quitar el último botón sus pechos aparecieron desafiantes, con sus pezones apuntando al techo y con gran forma redondeada al estar tumbada. Lucía trataba de alcanzar con su boca las pollas que tenía a su lado pero era difícil pues sus dos alumnos estaban más preocupados de chupar sus pezones que de dejarla hacerles una mamada, por este motivo tuvo que conformarse con chupar la polla de Carlos, al menos de momento.

Lucía se revolvió levantándose y quedando a cuatro patas sobre la mesa. En esta posición no solo su coño quedaba a la vista de Tomás sino también el orificio de su ano que se mostraba limpio y pequeño a sus ojos. Alberto y Gonzalo no pudieron evitar colocarse donde estaba Tomás con la intención de ver el espectáculo que se les ofrecía. No contenta con eso, Lucía separó sus nalgas ofreciendo una mejor vista. Carlos no perdió el tiempo y en la posición de Lucía se colocó delante ofreciéndole su polla que ella aceptó como un regalo metiéndosela en su boca entera hasta rozar con la nariz los pelos del pubis. Tomás estaba tan excitado que sin pensarlo más metió su cabeza debajo de Lucía entre sus piernas y con su lengua empezó a lamerle su rajita. Alberto por su parte se adelantó a Gonzalo y como pudo se dedicó a pasar la punta de su lengua por el ano de Lucía. Gonzalo que había perdido posiciones se dedicó a sobar y lamer los pechos de Lucía que colgaban como bolas de navidad. Todos los rincones del cuerpo de Lucía eran recorridos por una lengua que dejaba su huella de saliva.

Tomás subió a la mesa a la espalda de Lucía y trató de introducir su polla en el coño, pero no era capaz. Tuvo que ser ella la que metiendo su mano entre sus piernas dirigió la punta del capullo a la entrada de su orificio, lo suficiente para que Tomás empujara y su aparato se clavara hasta los huevos. Lógicamente, Alberto tuvo que dejar de jugar con el culo de Lucía, pero esto le sirvió para unirse a Carlos de manera que ahora Lucía se metía en su boca las dos pollas al mismo tiempo.

Lucía no era mala chica, y entendía bien a todos sus alumnos, en realidad los conocía y por eso sabía de la cierta timidez de Gonzalo, por lo que quiso premiarle y moviéndose se puso de rodillas sobre la mesa dejando a Tomas con su polla erecta y decepcionada.

– Túmbate en la mesa- le dijo a Gonzalo dejándole sitio.

Gonzalo obedeció sabiendo lo que le esperaba. Ella chupó su polla y cuando consideró que ya estaba suficientemente dura y húmeda se colocó sobre ella dándole la espalda a Gonzalo. Lentamente y sujetando en posición recta la polla fue sentándose sobre ella introduciéndosela por su ano. Cuando estuvo toda dentro empezó a mover en círculos su culo haciendo que Gonzalo gimiera de gusto.

Tomás volvió al ataque y colocándose sobre ella se la metió en su coño formando un sándwich con Gonzalo.

Con sus manos Lucía acariciaba las pollas de Carlos y la de Alberto para mantenerlas duras. Después de un rato follando en esta posición Tomás cedió su sitio a Alberto que rápidamente la embistió follándola con fuerza mientras Gonzalo debajo, la agarraba por las caderas tratando de acompasar su ritmo con las embestidas de Alberto que parecía dispuesto a correrse a toda costa por la velocidad con que se movía lo que no le parecía bien a Lucía, al menos de momento.

– Tranquilo,…deja algo para luego…- le dijo Lucía tratando de apartarlo.

Cuando lo consiguió se levantó bajando de la mesa. Gonzalo permaneció tumbado extenuado por su esfuerzo. Ella se colocó a un lado de la mesa para chuparle su polla mientras ahora Carlos a su espalda la penetraba desde atrás. Tomás y Alberto observaban la escena mientras se masturbaban.

– No os corráis todavía,…aguantad…- les pedía Lucía.

Era una ventaja que el despacho estuviera apartado del resto de las instalaciones porque en la habitación solo se oían gritos y gemidos de placer, sobre todo de Lucía que cada vez que sentía una polla llegar hasta el fondo de su vagina no podía evitar gritar.

Lucía masturbaba con su mano la polla de Gonzalo subiendo y bajando la piel de su capullo al tiempo que pasaba su lengua por ella. Era excitante el sonido de su boca dando lametazos a la polla unido al ruido de sus nalgas golpeando sobre Carlos a cada embestida. Gonzalo estaba ya al límite y Lucía lo sabía, por eso cambió su boca por sus pechos. Los colocó sobre la polla rodeándola y empezó a moverlos apretándolos contra ella con fuerza. Durante este lapso entre el cambio de la boca por los pechos Carlos cedió el sitio a Alberto que estaba deseando follar a Lucía por el culo. No le costó trabajo, apoyó la punta de su pene sobre el ano y empujó hasta que empezó a entrar. Lucía estaba tan acostumbrada a ser enculada que apenas protestó por aquella intromisión.

Gonzalo estaba ya en el punto de no retorno, trataba de aguantar pero era imposible, los pechos de Lucía eran como una máquina de masturbar, un potente chorro de esperma salió disparado de su polla golpeando sobre el cuello de Lucía. Los siguientes disparos cayeron sobre sus pechos empapándolos de esperma. Cuando Gonzalo acabó Lucía se dedicó a pasar la lengua por sus pechos tratando de recoger el esperma con dificultad pues apenas llegaba a rozarlos.

Mientras, Alberto seguía enculándola con rabia sujetándola por las caderas al tiempo que Carlos y Tomás seguían masturbándose.

Quizás por casualidad o quizás adrede Alberto empezó a gemir y a Gritar al mismo tiempo que el resto de sus compañeros:

– ¡Aaaaahhh!…me corro…me corro. – ¡Hazlo sobre la mesa!, ¡sobre la mesa!…¡correros en la mesa! – gritaba Lucía

Alberto sacó su polla del culo disparando ya los primeros chorros de esperma y se acercó a la mesa soltando toda su carga sobre ella. Al unísono, Carlos y Tomás corrieron hacia la mesa y sin dejar de menear sus pollas empezaron a lanzar copiosas descargas de leche. Al final toda la mesa estaba cubierta por una espesa capa blanca de salpicaduras de semen. Lucía se subió a la mesa y con su lengua fue recorriéndola toda recogiendo hasta la última gota. Cuando levantó su cara sudorosa, estaba llena de esperma que goteaba de sus labios. Con su lengua los recorrió recogiendo todos los restos que quedaban ante la atenta mirada de sus alumnos.

Agotados, todos estaban sentados sobre la alfombra excepto Lucía que estaba sentada sobre la mesa con sus nalgas apoyadas sobre un charco de saliva y esperma.

-Bien, no ha estado mal. Sois buenos alumnos. Si seguís así y hacéis los deberes tal vez aprobéis este año mi asignatura y entréis a la universidad sin problemas. -¿Deberes?- preguntó Tomás. – Por supuesto, – respondió Lucía- todos los días a esta hora tendremos una clase práctica como la de hoy, y espero que vayáis mejorando con el tiempo y seáis más aplicados…

Los cuatro se miraron con cara de alegría sabiendo el año que les esperaba tal vez el mejor de sus vidas, y quizás no aprenderían mucha Biología, pero sí que conocerían perfectamente la anatomía femenina.

Autor: FranK

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