A la playa con amigos

El morbo era alucínate. No nos importaba nada, al revés, escuchar los gemidos y suspiros de nuestros amigos nos excitaba aún más. Mi mujer se volvía loca mientras me comía su almeja, tan deliciosa, hasta que estalló con un orgasmo a los que me tiene acostumbrado. Nuestros amigos se sorprendieron, pero a Carmen pareció gustarle y  pronto llegó también al orgasmo.

Mi mujer y yo solemos ir a playas nudistas. Ella se llama Marta, 32 años, de mediana estatura, rubia de melena corta, pechos ni grandes ni pequeños, eso sí, firmes y con unos pezones perfectos, de color rosa; su color de piel es más bien blanquita, culito bien formado. El pubis lo lleva siempre depilado, dejándose un triángulo de pelo, pero con los labios totalmente libres de vello. Mi nombre es Néstor, tengo 36 años, soy alto, moreno y unos 16 cm respecto a mi aparato. Yo sí que llevo toda la zona del pubis completamente depilada, me encanta esa sensación de suavidad, y mi mujer lo agradece cuando practicamos sexo oral.

Nos gusta hacer nudismo por la sensación de libertad que te da. Nada oprime tu cuerpo. Solemos ir a la playa de Calblanque. Allí la gente va muy a lo suyo, y no suele haber mirones. Es una playa muy extensa, donde el agua está siempre cristalina. Además, tiene zona nudista y no nudista.

El pasado fin de semana estuvimos cenando con una amiga de mi mujer y su novio. Ella se llama Carmen, tiene su misma edad, es morena con el pelo largo. Su novio se llama Luis, 34 años y de mediana estatura. Durante la cena surgió el tema de pasar un día en la playa los cuatro juntos. Nosotros les propusimos ir a Calblanque por lo bonita que era. Era el mes de julio y como los cuatro estábamos de vacaciones, quedamos para ir el martes.

Salimos de Lorca con destino a la playa. Después de una hora y media llegamos a nuestro destino. Había poca gente y como de costumbre decidimos ir a la zona nudista. Conforme íbamos por la orilla, se veía gente desnuda y vestida. Nosotros nos adentramos hasta una zona de pequeñas calas. Allí no había nadie. Plantamos la sombrilla y empezamos a sacar las toallas, protectores solares y demás enseres. Las chicas se quitaron la ropa quedándose en el biquini que llevaban debajo. Nosotros en bañador. El día era precioso, lucía el sol y el mar estaba en calma.

Nos untamos de protector solar y nos tumbamos. A la media hora llegó una pareja y se pusieron a tomar el sol cerca de nosotros. Directamente se quedaron desnudos. Ambos iban totalmente depilados. Aquella situación me empezó a dar envidia y se lo comenté a mi mujer, quien me dijo “vayamos por partes”, pues nuestros amigos era la primera vez que iban a una playa nudista.

Se puso a hablar con su amiga Carmen, proponiéndole hacer top-less, cosa que hicieron. Mi mujer se quitó la parte de arriba, dejando al sol sus preciosos pechos, cuyos pezones estaban duros –probablemente porque nunca lo había hecho delante de amigos-. Le siguió Carmen, que tenía unos pechos grandes, pero no con la firmeza de los de mi mujer, estaban muy blanquitos en contraste con el moreno del resto de su cuerpo. Al principio se sonrojó, pero enseguida empezó a darles protector solar y se acostumbró a la situación.

Entonces mi mujer dijo: “bueno, como siempre, no hay igualdad; nosotras nos quitamos una prenda y vosotros ninguna”. Yo le contesté “no es la misma prenda, pero si es que os sentís en desigualdad…”.

Miré a Luis y le dije: “¿nos damos un baño?”. Luis me contestó que sí, guiñándome un ojo. Nos levantamos y cuando estábamos en la orilla nos despojamos de los bañadores. Las chicas empezaron a silbarnos “¡que culitos, a ver si os dais la vuelta, machotes!”. Nos metimos al agua, y estuvimos cerca de media hora nadando y hablando.

Salimos del agua, y mientras nos dirigíamos donde estaban las chicas, vimos que estaban tomando el sol boca abajo, pero ¡totalmente desnudas!  Podíamos ver dos culitos preciosos; el de mi mujer dejaba entrever su almejita depiladita y Carmen tenía el culo blanquito igual que sus pechos. Esto me produjo una reacción en mi polla, pero vamos, no era el único, pues miré a Luis y también. Nos miramos y nos quedamos mudos.

Ya que ellas nos habían dado la sorpresa, decidimos dar un nuevo paso. Al llegar donde estaban, nos colocamos detrás de ellas, pero de la pareja del otro. Cogimos el aceite solar y empezamos a darles aceite por la espalda, bajando por la cintura hasta llegar a sus culitos.

Ellas se movían por el morbo que les daba la situación, pero sin saber que quien les tocaba no era su pareja, sino la contraria. Seguimos avanzando por sus culitos hasta sus rajitas. Carmen tenía una almejita carnosa, de esa que yo le llamo “con alas”. Mis dedos untados de aceite se perdían en su chochito, el cual estaba húmedo y caliente. Mientras escuchaba como mi mujer Marta empezaba a jadear, mientras Luis masajeaba sus partes más íntimas.

Se dieron la vuelta y nos descubrieron “¡que pillos que sois, nos habéis engañado, pero sabéis, no está nada mal que te manosee el ajeno delante de tu pareja!”, dijo mi mujer. Carmen dijo: “esto tenéis que terminarlo machotes, no nos podéis dejar a medias, ni vosotros quedaros sin premio, pero cada uno con su pareja”.

Y juntos, pero no revueltos, empezamos a comerle las almejitas a nuestras parejas. Mi mujer llevaba totalmente depiladito el chochito para la ocasión y Carmen tenía hechas las ingles brasileñas. Nunca antes habíamos hecho el amor con alguien de testigo. El morbo era alucínate. No nos importaba nada, al revés, escuchar los gemidos y suspiros de nuestros amigos nos excitaba aún más. Mi mujer se volvía loca mientras me comía su almeja, tan deliciosa, hasta que estalló con un orgasmo a los que me tiene acostumbrado. Nuestros amigos se sorprendieron, pero a Carmen pareció gustarle y  pronto llegó también al orgasmo.

Entonces decidieron que les tocaba a ellas actuar, por lo que nos tumbamos boca arriba. Mi mujer se puso encima al igual que Carmen con Luis. Yo me deleitaba con las tetas de Carmen mientras mi mujer me lamía los pezones.

Nos vendaron los ojos a Luis y a mí, diciéndonos “ahora nos toca a nosotras daros placer”. Mi mujer me cogió la polla, se la metió en la boca mientras me acariciaba los huevos. Mi polla estaba a punto de reventar, estaba caliente, notando como los labios de Marta se la comían. Luis decía que no aguantaría mucho. De  pronto, Carmen dice: “a la de tres podéis abrir los ojos, nos encantará ver como os corréis los dos a la vez”.

Cuál fue nuestra sorpresa que descubrimos que nos habían devuelto con la misma moneda. ¡No era mi mujer quien me estaba chupando la polla, era Carmen! Y ¡Marta a Luis! Mi excitación fue tal, que empecé a correrme de placer, saliendo un semen blanco puro como no recuerdo nunca. Luis hizo lo mismo, corriéndose en las tetas de mi mujer.

Después de esto volvimos otro día, juntos a Calblanque, pero no quisimos repetir la experiencia para no dañar nuestras respectivas relaciones.

Autor: Playes

Me gusta / No me gusta

Vintage

Con las dos manos le sujeté una de sus nalgas y así, sin cambiar de posición, continué penetrándola. Me acomodé en una postura muy extraña, pero que a ella le encanta, y comencé a joderla con fuerza. Ella comenzó a aturdirse, me tomó una nalga con una de sus garras. Con una nalgada y un bramido angustiante, supe, o creí saber, que se estaba viniendo.

“Lo importante es que nunca pude hacerte sentir mal, feliz Día de la Mujer Mundial”
Andrés Calamaro

“If I changed anything about my past, I wouldn’t be the same person I am today, and I like me today”
Seka

Cómo podría imaginar que llegarían tiempos oscuros en los que la vida, al igual que la pornografía, se convertiría en una predecible realidad a la carta, un imperio de la patanería sin trama ni sorpresa alguna, en pocas palabras, que la realidad tendría rasurado el pubis y sería empinada en un gang bang de autosuficiencia asfixiante. No es raro, entonces, que me dé cuenta que toda historia porno está basada en hechos reales.

Cualquiera diría que el porno no es como para dedicarle muchas letras. En mi caso, y como se verá, ha resultado inevitable.

Aquél día comenzó como todos los lunes. Carolina, mi novia, y yo, inaugurábamos el día con un palito mañanero. Esa mañana estábamos haciendo una prueba de calidad de una pinche pasta dental de marca Colgate que prometía que te lavabas los dientes en la noche y en la mañana el aliento te amanecía fresco. Fuimos ingenuos en creer que nos sucedería como en el comercial de televisión, ese en el que una pareja aparece tendida en una cama y el sol entra por la ventana. La chica, seguramente argentina, sonríe y de la boca le surge un vapor de azul antártico que seguro olía a menta. El vaho bendito es aspirado por la narizota de su pareja, seguramente ecuatoriano, un cabrón que hasta se le quita el sueño con tanta frescura.

Acá quien sonrió primero fui yo. La cara de mi chica no fue como la de quien aspira la fragancia de la menta.

-¡No inventes! ¡No funcionó! ¡Toma!

Me pasó un vaso con agua y un cepillo que tenemos ahí junto a la cama, dizque para no levantarnos de tajo, sobre todo si queremos retozar un rato por la mañana.

Ya con boca fresca me oculté bajo las sábanas para meterle la lengua mentolada en el coño que, modorro aun, estiraba los huesos en mi boca. Los labios de su sexo se abrían como bostezando mientras yo hurgaba con paciencia. Su olor por las mañanas es tan fuerte que me enciendo de inmediato. Es algo en su espesa mata de vello lo que me adormece el cerebro pero me la pone durísima. Por la mañana le amanece hinchado su cuerpo, recargado de energía.

Como de costumbre, ella prefiere no despertarse del todo y dejarse querer. Quizá su mente analítica permanece dormida, pero su cuerpo, instintivo como es, se abandona a lo que sea que yo quiera hacerle. Luego de un rato de estármela comiendo su sexo está muy hinchado. Como quien no quiere la cosa me incorporo en mis piernas, dejando a su alcance mi verga. Su mano dormida no tarda en deslizarse hasta dónde está mi garrote, y lo empieza a tocar como si fuese la primera vez que siente un palo en la mano. Instintivamente empieza a puentearme, y aunque me encanta como muñequea, entrecorto su entusiasmo de una u otra manera para evitar que me coloque tan cerca del orgasmo. Y no es que no quiera regarme, sino que, si la dejo mamarme y masturbarme, me haría eyacular en menos de un minuto, y la verdad sería un desperdicio no aprovechar este coño hinchado.

La forma más simple de distraerla de su afán puñeteador es voltearla para meterle la lengua en su ano. Nunca se queja de eso. Ya que está bien caliente, me incorporo y empiezo a juguetear en su coño con la punta de mi verga. Ella se retuerce y se estira, como si se estuviera despertando en ese preciso instante, me mira a los ojos como si me reconociera y me sonríe como si me dijera, “ah, eres tú”. No sé por qué me enternece esto siendo que cuando llegamos a este momento llevo ya veinte minutos de meterle en sus orificios la lengua y los dedos, veinte minutos en que ella se llevó la mano a la boca para ensalivársela y comenzar a masturbarme con una habilidad sorprendente. Si es hasta los veinte minutos de esto que ella reacciona y se cuestiona quién le está haciendo todo esto, ya estoy cabrón.

Como sea, a veces corro con esa suerte de que reaccione rápido, pues en ocasiones ella “despierta” cuando le caen en el vientre mis chorros de semen. En fin. En esta ocasión estaba ella con una pierna levantada, con su coño expuesto, y yo sencillamente me le encajé hasta el fondo. Aunque despierto por fuera, sentí como si por dentro se abriesen distintos departamentos, cada uno con distinta temperatura y dureza.

Con las dos manos le sujeté una de sus nalgas y así, sin cambiar de posición, continué penetrándola. Me acomodé en una postura muy extraña que no es del todo cómoda para mí, pues prácticamente me pongo de cuclillas en el inestable colchón, pero que a ella le encanta, de hecho es su ensamble favorito para venirse. Me puse así y comencé a joderla con fuerza. Ella comenzó a aturdirse y sin medir las consecuencias me tomó una nalga con una de sus garras. Yo hice acopio de fuerza para no reducir ni un ápice mi ritmo, pese a que me estaba ella encajando un dedo –incluida su uña de acrílico- en el culo. Con una nalgada y un bramido angustiante, supe, o creí saber, que se estaba viniendo. Ella no es de venirse una vez. Me exigió que siguiera en esa misma postura y, con esa misma enjundia, se vino unas tres ocasiones más o bien el único orgasmo duró lo que cuatro de ellos.

Abrió su pierna, lo que interpreté como que ella estaba satisfecha. Me acomodé y perfilé mi aterrizaje. Para cuando ella se viene ha pasado mucho tiempo en el que he tenido que suprimir mi eyaculación. Seguido ella me complace y me anuncia desde el principio “Quiero que te vengas”, y yo, obediente, concluyo con esto que no le interesa venirse ella, aunque a veces el cuerpo la traiciona. En esas veces la duración del acto se reduce drásticamente porque me enfoco en lo mío. Pero cuando no me aclara que quiere que me venga, no me siento en la comodidad de correrme si ella no se ha corrido primero. Esta vez, como ella ya se había venido, pues todo era como caer en el vacío.

Me puse a penetrarla con fuerza. Ella estaba ahí, de espaldas sobre la cama, con sus piernas abiertas, yo Embistiéndola. Le tomé su mano derecha, ella quiso entrelazar románticamente nuestros dedos, pero yo tenía otro plan. Saqué mi verga a punto de estallar y se la entregué en la mano. Ella tardó una milésima de segundo en entender que le estaba regalando la responsabilidad de mi orgasmo. No es ella una chica que no sepa qué hacer en cualquier situación, y menos aun en este tipo de situaciones. Su intuición la llevó a masturbarme con una habilidad impresionante, cuidando de engullir con su coño mis testículos. Como fruto de su muñequeo comencé a regarme en su mano que, al contacto de la primer gota caliente, se volvió loca de calentura y puñeteó con el furor de un chamaco. Mi semen terminó de convertir mi verga en una salchicha resbalosa, y ella seguía con su muñequeo hasta no convencerse que no saldría una gota más.

Yo estaba envuelto en sudor. Le sonreía diciéndole lo rico que me había venido, cuando sonó el teléfono. Vi la pantalla del teléfono, era el número de Claudia, mi secretaria. Cierto, los lunes no llego muy temprano que digamos, pero esta vez no iba ni siquiera retrasado. Me pareció extraño que la llamada proviniera del teléfono personal de Claudia y no del conmutador de la oficina. “¿Quién se habrá muerto durante el fin de semana?” pensaba yo mientras le devolvía su llamada.

-¿Bueno? Claudia, ¿Cuéntame qué pasa? ¿Cuál es la urgencia? -Ay jefe, se metieron a robar a la oficina. -¿Qué se llevaron? ¿Cuándo? ¿Tú cómo estás?- repuse sin saber en qué orden preguntar las cosas. -Bien, yo estoy bien. Bueno, un poco nerviosa. No sé que se llevaron. -¿Qué crees que pasó? -No sé. Se metieron por el techo. No se metieron a todas las oficinas, sólo a la suya y a la de coordinación. Yo pude pasar como si nada, el guardia ni sabía que habían robado, yo fui quien le dijo. Me senté en mi silla y me pareció raro ver la puerta de su privado abierta, como siempre la cierra, luego me fijé mejor y vi que el cristal de la puerta estaba roto. Me asomé a su privado y había un regadero. Grité y me fui de ahí. -¿Quién está ahí ahora? -Nadie. Desalojaron el inmueble hasta que usted llegue. -¡Que nadie entre hasta que llegue yo a dar indicaciones!

Regularmente me despierto a las ocho y media, me baño, almuerzo, me tomo un café con Carolina, y termino llegando a las diez con treinta, es decir, una hora y media más tarde de mi horario de entrada. Con la llamada de Claudia me levanté igual, a las ocho y media, pero me bañé en chinga, no almorcé ni bebí café. Con la camisa y pantalón arrugados y con una línea de la almohada marcada en la mejilla izquierda, me dirigí a la oficina.

Durante el camino sólo pensaba una cosa: “Seguro los ladrones encontraron el paquete con los discos de porno que guardé en el cajón de la derecha del archivero”. En efecto, tenía guardado en la oficina un paquete con discos. Con suerte se habrían llevado el tambache de películas así como las dejé, envueltas. Eran como 130 copias ilegales de piratería, sin caja de plástico, en su celofán transparente, en juegos de disco y portadilla. Estaban empaquetadas porque el mismo lunes iba a vendérselas o regalárselas a un tipo que tiene un puesto en el mercado que queda cerca de la oficina, no porque me dedicara a venderlas, sino que desde que había conocido a Carolina me hice el firme propósito de dejar el vicio de la pornografía, en consecuencia quería deshacerme de ellas. Pero eso ya no sucedería.

En el mejor de los casos, los ladrones dejarían la bolsa tal como estaba y en el fondo del cajón. Era una posibilidad, aunque muy remota, pues las tenía dentro de una bolsa negra remachada con cinta de embalaje, la cual daba un aspecto sumamente sospechoso. Los ladrones tendrían que ser absolutamente faltos de curiosidad para dejar intacta esa bolsa que gritaba “¡Ábranme putos!”. En un segundo escenario, los ladrones darían con el paradero de la bolsa y se la llevarían, dejándome sin películas pero liberándome de la tarea que tener que deshacerme de ellas. En el tercer escenario, el más terrible, los ladrones destriparían la bolsa y regarían por diversión las películas dentro de mi privado, todo ello a propósito, dándole un toque bochornoso a la escena del crimen, porque eso era mi oficina en esos momentos, una escena del crimen.

Llegué a las nueve con cinco al edificio del Gobierno del Estado. A mi arribo ya se había regado como pólvora el chisme de que los ladrones se habían intentado llevar el dinero de un cajero automático que estaba dentro del edificio, había trascendido que los rateros eran unos principiantes que no sabían que el cajero tenía dentro una caja fuerte que no podrían abrir a martillazos. Había trascendido también que, quizá por capricho, de las cincuenta y tantas oficinas que alberga el edificio de cuatro pisos, sólo se habían metido a mi privado y a otra oficina, ambas en el cuarto piso.

La gente de nuestras oficinas estaba amontonada en una plaza que queda frente al edificio, esperando el momento en el que se les permitiera entrar a trabajar, mientras que la policía estaba en camino. Le pedí a Ruiz, mi empleado más alcahuete, que me acompañara a revisar las instalaciones. Entramos con un agente investigador. Sentía una curiosidad inmensa de ver cómo habían dejado mi privado, de ver qué habían roto, de ver qué se habían robado, y sobre todo, de ver en qué había parado el tema de las películas.

Cuando entramos a mi oficina las películas estaban, en efecto, regadas por todas partes. Las portadillas parecían exhibidas para su venta y yacía uno que otro disco tirado. Nada más a la entrada estaba la portadilla de “Rocco se ensarta a Suzie”, con el semental italiano Rocco Siffredi cogiéndose precisamente a la tal Suzie, al estilo perro y echando una pierna para adelante para joderla mientras le da a chupar uno de sus pies. Junto a esta portadilla estaba “Blackzilla: La peor pesadilla de Papi” en cuya portada está un negro de nombre Shane Diesel que se hace apodar Blackzilla, por aquello de que el rabo le crece por el frente y parece un Godzilla con la cola al frente. La temática es que él es, precisamente, la pesadilla de Papi porque con semejante vergota destartalará a una jovencita que seguro es hija de alguien (el “Papi” en cuestión, que tiene razones para considerar una pesadilla el que el actor se la meta entera a su hijita, causándole cuando menos daño hepático o renal). Y así, portadas por todo mi privado, regadas y sin posibilidad de recogerse porque variarían la escena del crimen, las huellas, las pistas.

Ruiz, que es mi empleado y sabe que no debe molestarme, sólo dibujó una sonrisa socarrona y dijo con la alegría de un niño “Mire licenciado, esa ya la vi” y señaló “Las Putas de Nacho Vidal”.  Iba a empezar a dar explicaciones estúpidas para idealizar el por qué estaban ahí las películas, pero pensé que era una pendejada intentar reparar lo que ya estaba hecho. Por mi mente pasó el recuerdo de una vez traté de hablar de pornografía con Carolina, pero desistí porque ella opinó antes de siquiera entrar al tema: “Yo pienso que los infelices que ven pornografía tarde que temprano terminan pasando vergüenzas”. Ni qué decir, a mí me había llegado mi momento.

Sugerí que se limpiara rápido todo el regadero, pero el encargado de seguridad del edificio había amenazado que todo debía quedarse como estaba porque era escena del crimen. Ruiz ponía cara de madurez, como si dijera, “estas cosas pasan”.
Llegó la policía.

Uno a uno entraron gorilas a revisar la escena del crimen, todos ponían esa cara de “esto de encontrar ciento treinta películas pornográficas por todo el piso es absolutamente normal”. Obvio, ninguno de ellos creía que aquello fuese normal. Era como una manada en la que los policías eran los machos dominantes que de vez en cuando se acoplaban con las hembras mientras yo era un macho periférico e inexperto al cual además se le atorara la verga en un alambre y que sólo pudiera salir de ese predicamento con ayuda de los demás pero sin evitar desgarrarse el pito, y ellos, los policías, más por benevolencia que por otra cosa, miraran para otro lado para no ver mi verga sangrante. La siguiente comunicación se repitió como seis o siete veces:

-¿De quién es esta oficina? -Del Subcoordinador. -¿Quién es el Subcoordinador? -Yo.  Siempre la miradilla despectiva. Todos compadeciéndose de mí. Uno de ellos de plano no me quiso saludar de mano. Pregunté si ya podía juntar todo aquel desastre en vista de que no se habían llevado nada. Dijeron que no, pues estaban por llegar los peritos. Es decir, toda la bola de changos que se habían paseado por mi oficina en realidad no tenían ni por qué estar ahí, pues no encontrarían los ladrones ahí bajo el escritorio.

Cuando creí que las cosas no podían empeorar recibí en mi teléfono móvil otra llamada de Claudia (quien estaba afuera del edificio porque no les permitían entrar) quien dijo: -Licenciado, necesito que salga. Es urgente.

Se cortó la llamada. Intenté marcarle yo, pero su teléfono no admitía mi llamada. Me resultaba más sencillo salir para ver qué era eso urgente que ella decía. Cuando salí y vi quien estaba a lado de Claudia se me heló la sangre. Junto a ella estaba el licenciado Julián Fajardo, ni más ni menos que el Coordinador Nacional, es decir, ese que podía despedirme con un chasquido de dedos estaba ahí, en el peor día y en el peor momento. Con la sangre liviana que tiene Claudia me dijo:

-Mire quien está aquí licenciado. Visita sorpresa.

Yo sonreí maldiciendo las putas visitas sorpresas. El Coordinador Nacional me saludó y me pidió cuentas de cómo estaban las cosas. Le dije que todo estaba bajo control y que no se habían llevado nada. “Hay un desorden en mi privado, pero nada que no pueda manejar” recuerdo haberle dicho.
-Vamos para su oficina…

Me sentí como han de sentirse los ratones que caen en una de esas trampas de pegamento, esos que están vivos pero saben que es cuestión de tiempo que les llegue un martillazo en la cabeza, o que los tiren en la basura envueltos en esa especie de melaza jodida. Cada paso me calaba. Cuando llegamos a mi privado vi que el escritorio no tenía una sola película. Alguien las había juntado. La sangre me volvió. Dije algo chistoso, no se qué fue exactamente, pero algo dije.

Mi alegría duró poco, pues en efecto, nada había encima del escritorio, pero debajo de él estaban todavía muchas películas. “El Anal-ista”, “American Creampie”, “Ten Little Piggies 2”, “Especial de Zoofilia (Vea a la escultural Mónica Mattos chupándosela a un caballo)”, y un vasto repertorio.

El Coordinador Nacional recogió algunas películas, vio las portadillas al revés y al derecho. No parecía conmocionado. Incluso me dio por pensar que le daba alegría el enfrentar una situación así en la que él estaba en una posición sumamente segura y donde yo estaba completamente jodido. Quizá él pensaba que oportunidades como ésta se dan sólo una vez en la vida, prestándose incluso a la anécdota chistosa que podrá contar miles de veces y en la que él no corre ningún riesgo ni deshonra, justo como ver un sismo desde un helicóptero, algo muy del tipo de “Una vez corrí a un pendejo que tenía cientos de películas porno en la oficina y tuvo la puñetera suerte de que entraron a robar y los ladrones no se llevaron nada pero regaron las películas por todas partes”. Sus oyentes dirían “No mames, pinche mala suerte”. Y él diría taciturno, “Sí, el que es pendejo es pendejo”.

Mi trabajo siempre ha sido muy bueno, siempre intenté ser brillante en lo que hacía, pero ¿Cómo lidiar con esto? Pertenecíamos a la Coordinación Nacional del Sistema Nacional de Equidad de Género, ¿Cómo justificar que tuviera yo este material tan pleno de inequidad de género? Podía salir con la estupidez de que estaba yo estudiando al enemigo para comprenderlo mejor, pero ¿Quién creería semejante mamada? En eso, entró un policía con otro tanto de películas.

-Tome licenciado, nos las habíamos llevado para investigarlas.- reía.

El Coordinador Nacional alzó las cejas como diciendo “¿Cómo, hay mas?”, y también se rió, no porque tuviera ganas de reírse, sino porque no había forma de no hacerlo. Nada más me faltaba traer el cabello rojo y ponerme una puta nariz de bolita, o agacharme a juntar las películas y me tronara el pantalón en la línea del culo. Pude por fin guardar en una bolsa de basura todas las películas y refundirlas en un cajón para tirarlas esta misma noche.

De ahí en adelante el licenciado Fajardo desvió el tema de las películas y se comenzó a interesar en el resto de aspectos de aquel conato de robo, incluso me preguntó cómo iban los resultados de la oficina. Parecía que no hubiera pasado nada. En verdad que su compostura me confundía un poco. Sabía de su fama de patrón culero, y su agudeza era casi mítica, pues pesaban sobre él leyendas de que a sus treinta años había hecho llorar a un Coordinador Estatal de Chihuahua con sólo mirarlo, y que la escena dio pena porque el llorón tenía cincuenta y siete años. Yo no entendía nada, prefería que si me iba a correr me lo dijera ahí, a solas, sin aplazar la ejecución.

La gente entró a laborar y el Coordinador Nacional fue muy amable con todos. Apenas el viernes tenía yo la ilusión de que me ascendieran al puesto de Coordinador Estatal, de hecho me había estado haciendo cargo de todo desde hacía dos meses que dicho puesto estaba vacante, pero hoy la cosa era muy distinta, pues con suerte y me despromocionarían, cuando no que me iban a echar a la calle. De manera sorpresiva el licenciado Fajardo me preguntó enfrente de todo mi personal: -¿Qué me dices, mi buen Ricardo, aceptas mi invitación a incorporarte a mi equipo como Coordinador Estatal?

Yo balbuceé. Se me inundaron los ojos de lágrimas. La gente creía que estaba yo conmovido por el ascenso. Nadie, excepto Ruiz, comprendía que lo que me alegraba no era el asenso, sino el no despido. Incluso el buen Ruiz me guiñó el ojo seguro de que yo le cedería mi puesto por encima de los demás compañeros del mismo nivel, no porque fuese el más capaz, que lo era, sino simplemente porque no ascenderlo aflojaría su lengua como la de una vaca loca. Él sabía lo de las películas y con su guiño me lo estaba recordando. En un microsegundo descubrí que estaba ante algo a lo que no estaba acostumbrado. -Claro que sí, Señor, Acepto.

Fajardo me indicó que volviéramos a mi privado, me ordenó que cerrara la puerta con llave, y luego me pidió que sacara del cajón la bolsa donde había guardado las películas. Sin saber para qué las querría, las saqué. Saqué del escritorio la bolsa repleta de películas porno. El licenciado Fajardo me miraba inquisitivo y yo me movía torpemente. La situación no podía ser más incómoda. -Ponlas sobre el escritorio…

Sin pensarlo comencé a colocar las películas en el escritorio, pero de una manera inconsciente las estaba acomodando por género. No me hubiera dado cuenta de ello, a no ser porque Fajardo dijo:
-Pinche Ricardo. Si serás metódico. ¿Las estás acomodando? -No lo sé, Señor. -Pues mira y dime. Miré… y le dije.  -Pues al parecer así es. -¿Qué criterio seguiste, si se puede saber?

La mirada del licenciado Fajardo era pesada, escrutadora, desarticulante. Tardé en contestar, no porque no pudiera hacerlo rápido, sino porque estaba atónito ante una conclusión que acababa de sacar: Sólo había una razón para que Fajardo pudiese descubrir que las estaba acomodando: que él mismo reconociera el refinado vínculo entre las películas de cada grupo, es decir, que él conociera también los criterios de clasificación. De alguna manera él sabía el nexo invisible entre los distintos grupos de títulos. No quise exponerlo, así que contesté su pregunta:

-Créame que lo he hecho sin pensar, pero sí, creo que hay un orden en esto. Las de acá son del género gonzo, que es una vertiente que pretende ser espontánea y retrata un falso realismo; estas de acá son producciones de un director italiano que se llama Mario Salieri, estas otras corresponden a una actriz que se llama Brianna Love… -Escucha las chingaderas que me estás diciendo Ricardo.  Guardé silencio. Luego de ese silencio incomodísimo balbuceé.

-Me da mucha pena toda esta situación, licenciado, de verdad. Le juro que nunca más traeré pornografía a la oficina. Sé que resulta irrelevante cualquier explicación que yo le dé a esta situación, pero se la diré de todas maneras: había traído estas películas para deshacerme de ellas con un tipo del mercado…

-¿En qué año naciste, Salas? -¿Perdón?-¿Qué en qué puto año naciste?-En 1969, Señor.
-¿Cuándo viste la primer cinta porno de tu vida?-Supongo que por allá de 1983, en un cine que permitía la entrada de quien fuese. -Eras menor de edad. -Sólo respondo su pregunta, Señor.
Fajardo dio una respiración profunda y exhaló como si soltara un pedazo de su espíritu. Arqueó las cejas y su cara dejó aquella expresión severa para asumir una faz más bien triste. Todo entró en una calma chicha.

-Te envidio, mi buen Ricardo.-No comprendo- Contesté con interés verdadero.-Sí, te envidio. No digo que estuviese bien que hubieses estado expuesto a la pornografía a tan temprana edad. ¿Cuántos años tendrías? ¿Catorce? No importa. Lo cierto es que la oportunidad para ti fue así, no hubieras podido ver el porno a los veinte porque sencillamente no habías nacido antes. Naciste en el sesenta y nueve, qué se le va a hacer. Estabas en pleno desarrollo psicosexual y fue entonces que te tocó ver el mejor cine porno, como se debe, en una sala de cine. No comprendo cómo es que tienes toda esta mierda –comenzó a tomar en sus manos algunas portadillas, las cuales comenzó a aventar con desdén en la bolsa de basura-, esto es una mamada de cine.

Yo nací en 1979, cuando hubiere tenido oportunidad e interés de ver porno ya se producía pura basura. Créeme Salas, nunca te avergüences de haber entrado al cine siendo un menor, pues era así o no era de ninguna manera. La era estaba en tu contra. Sólo sobreviviste. Los ochenta eran una mierda en general, lo único digno que se hizo en ese entonces era el porno.

-Supongo que tiene razón en lo que dice, Señor.-Puedo ver que no puedes evitar clasificarlo todo. Eres un espécimen raro, Ricardo. Todo te ha de parecer extraño. ¿Nunca te ha dado por escribir cosas cachondas?

-Una vez Señor. Como celebración al no sé qué centenario de Don Quijote pretendí escribir mi propia versión alternativa de la obra de Cervantes; la iba a llamar Don Cachote. Así como Don Quijote narra la historia de un hombre que de tanto leer historias de caballerías se vuelve loco y va por el mundo creyéndose que el mundo es un mundo de caballeros andantes, yo escribiría acerca de un hombre que de tanto ver porno y leer relatos eróticos enloquecía e iba por el mundo creyendo que la realidad era una realidad porno, colocándolo en toda serie de situaciones chuscas. -Muy complicado Salas, para ello necesitas haber leído Don Quijote. -Lo hice, pero tardé tanto que cuando acabé ya no era año de su aniversario.

Su rostro comenzó a tornarse duro. La amabilidad y la sinceridad de Fajardo se estaban esfumando ante mis narices. Con un gesto me dio a entender que no me creyera que entre él y yo podía haber confianzas. Él estaba regresando a su olimpo, y yo volvía a ser su vasallo. Respiró hondo pero corto. Con mímica me hizo sentarme en mi silla, detrás de mi escritorio, con la superficie repleta de películas pornográficas. Con velocidad de alguacil sacó su teléfono móvil y con la cámara me tomó una foto. El muy cabrón me la mostró. Aparecía yo muy campante con mi escritorio lleno de portadillas, la más visible la de “MILF who love Freak Brothas”, es decir, una ruca rodeada de dos vergas negras de prótesis.

-Te advierto que nada de lo que estamos platicando ahora debe saberse fuera de estas cuatro paredes. Te advierto que puedo correrte cuando me de la gana. Vas a conducir esta oficina con los mismos resultados que hasta ahora, pero además vas a tener que hacer una tarea especial para mí. Vas a ir a una tienda de computación y vas a comprar con tu dinero una memoria de ciento cincuenta gigas, y vas a concentrar ahí las películas que creas que son significativas en la historia del porno, y además deberás redactar una reseña de cada una de ellas. No quiero que me hagas reseñas técnicas, sino que escribas cómo apreciaste tú la película, lo que significó para ti. Me vale una chingada si la película de que se trate está en ruso, tú me vas a anotar qué entendiste. No quiero que busques traductores ni que me trascribas críticas ajenas. No quiero que seas un sabio.

Cada día esperaré que me mandes a mi cuenta de correo electrónico las dos reseñas que puntualmente deberás mandar. Cuando llenes los ciento cincuenta gigas quedarás liberado. Entre tanto, y puesto que veo que no tienes secretaria, te mandaré una de mi absoluta confianza que no sólo te ayudará con las necesidades de la oficina, sino que te ayudará a que puedas cumplir tu misión. ¿Hay alguna duda?
-No Señor. Se puede decir más fuerte pero no más claro.

Ese es el inicio de la historia. Han pasado muchas cosas desde entonces. El recuento de los daños es como sigue: Me he quedado con un amor y he recaído en el porno. Me queda un texto que explica cómo integré el catálogo de películas XXX significativas, que he titulado “Vintage”. Me deja un escrito en el que cuento mi particular historia de la pornografía, al que he titulado “La Vie in Porn”. Permanecen numerosas reseñas de películas, identificadas bajo la serie “Stag Life”. Y por último, me queda en el bolsillo una memoria USB de 150 gigas repleta de cine Vintage y meses de trabajo que me resisto a borrar pero no he podido vender.

Complicado.

Autor: Jilo

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC.

Me gusta / No me gusta

Mi mejor compañera

Rosa comenzó a chupármela, la metía y sacaba de su boca, me pasaba una mano por los huevos, me los chupaba un poco y luego volvía a mi pija la cual se metía casi toda en su boca con total naturalidad. Yo no resistía mucho más y como no quería acabar le pedí que parara. Ella se recostó en la cama y yo me lancé como un desesperado a su vagina que ya estaba totalmente mojada.

Luego de leer muchas de las historias que se publican en esta página, me animé a escribir la mía. Esta es una historia real y no se parece mucho a las historias que aparecen por aquí. Siempre tuve la fantasía de hacerlo con una mujer mayor y la verdad es que esto más que un relato es una crónica de un sueño realizado.

Todo empezó cuando mis compañeros de trabajo me estaban organizando una despedida puesto que me iba de viaje y por un par de meses no me iban a ver. Todo venía de lo más normal, hasta que por esas cosas que tienen las fiestas se empezó a tratar el tema del sexo y la cosa cada vez se puso más picante y una compañera, de nombre Rosa, dijo muy suelta de cuerpo que un hombre que la atendiera bien le provocaba siete orgasmos en un solo polvo. Al principio las risas desacreditaron el comentario, pero luego de unos minutos mi compañera desafió a uno de los presentes a subir a una habitación para demostrárselo.

El elegido no aceptó pero dijo que tendría que subir yo por ser el homenajeado. Yo como estaba con unas copas de más acepté y subimos. Hasta aquí la cosa no pasaba de ser una broma y nada más, puesto que tanto Rosa como yo esperábamos que subieran pronto a sacarnos de allí. Así que lo que hicimos fue desarmar una cama y ponernos a gritar como que estuviéramos cogiendo como artistas porno.

Pasado un rato y como nadie subía Rosa se puso a ver por el agujero de la cerradura a ver si alguien venía. Yo como un pasmado me quedé mirándole el culo bien redondo que tenía. Ella se percató de lo que sucedía y cada tanto se levantaba y me miraba y sonreía. Cuando estaba de pie yo lo que hacía era mirarle sus tetas. Unas tetas enormes que miden más de 110 cm., y que conserva intactas a pesar de sus 48 años de edad y de que está un poco pasada de peso, yo en ese momento tenía 24 años y siempre me habían gustado las mujeres de esa edad. Muchas veces me masturbaba pensando en mujeres de 45, 50 o más años. Siempre me gustaron porque creo que son las que mejor saben coger y que además no tienen problemas de miedos o timidez como algunas jóvenes.

Lo cierto es que ahí estábamos y sonrisa va mirada viene, mi mente empezó a ir a mil pensando en lo que podría pasar. En determinado momento me dijo que tenía frío y yo le comenté que yo también, que tenía las manos heladas. Rosa se acercó a mí se paró frente a mí y tomó mis manos. En ese momento un escalofrío recorrió mi espalda y temblando dije: “qué te parece si jugamos en serio”, ella me dijo “¿cómo? ¿qué querés?

Yo repetí “qué te parece si jugamos en serio”, solo que esta vez no la dejé contestar puesto que casi en el mismo instante le di un beso, suave y corto en los labios.

Rosa dijo “tengo un hijo de tu edad”. “Y con esto qué” contesté yo. “¡Que mi hijo tiene tu edad!”

En ese momento yo estaba ya sacado y la volví a besar pero esta vez fue un beso sumamente apasionado. Mi lengua entró y en su boca y buscó la suya. Ella siguió con el juego y nuestras lenguas empezaron a entrelazarse y a recorrerse mutuamente. Así estuvimos un par de minutos, hasta que ella se separó y me dijo “podrían venir y qué hacemos”, yo volví a besarla y empecé a tocarle sus hermosas tetas y su culo. Esas tetas que tantas veces había visto a través de las blusas de seda transparente con las que venía y con las que tantas veces había soñado, ahora las estaba tocando y sobando a gusto.

Luego empecé a levantarle el buzo y a sacarle una de sus tetas del sutién para comenzar a besarla. Ella apenas comenzar a besarle las tetas comenzó a gemir y a gozar y una de sus manos fue hasta mi pija y la apretó fuertemente. Ahí me di cuenta de que la cosa no paraba. Ella terminó de sacarse el buzo y el sutién y comenzó a sacarse el pantalón. Yo me bajé el pantalón y el calzoncillo y mi pija saltó y quedó parada allí pronta para seguir de largo.

Rosa se agachó y comenzó a chupármela, como nunca antes nadie lo había hecho. La metía y sacaba de su boca, me pasaba una mano por los huevos, me los chupaba un poco y luego volvía a mi pija la cual se metía casi toda en su boca con total naturalidad. Yo no resistía mucho más y como no quería acabar le pedí que parara. Ella se recostó en la cama y yo me lancé como un desesperado a su vagina que ya estaba totalmente mojada.

Comencé a comérmela como si en ello se me fuera la vida, la besaba, la mordía, metía mi lengua y trataba de que no se me escapara ninguno de sus jugos. Ella estaba jadeando y gimiendo casi a los gritos. En ese momento lo que hice fue meter uno de mis dedos en su concha y comencé a pajearla suavemente. Ella lo recibía adentro con mucho gusto y me pidió: “meteme otro que me muero”. Yo le di el gusto e introduje otro dedo ella se arqueó toda y comenzó a apretarse las tetas y como jadeaba y parecía que iba a acabar metí un tercer dedo en su concha, lo cual fue para ella el éxtasis.

Estuvimos así unos minutos, con mis tres dedos y mi lengua haciendo que Rosa se retorciera de placer hasta que estalló en un gemido y suspiro profundos y mi boca se vio inundada de sus jugos que traté de tomarlos y no dejar escapar nada. Rosa se incorporó me dio un gran beso y me dijo “Ahora te toca a vos”. Y lo que hizo fue tenderme en la cama y comenzó a besarme y a tocarme. Me dijo “te gustan mis tetas” “sí ” contesté yo.. Entonces se incorporó y puso sus tetas a la altura de mi boca. Entonces dijo: “cómetelas todas, no dejes nada”. Yo obedecí y me dediqué un buen rato a sobarle y besarle nuevamente sus tetas. En un momento pensé que mi pija iba a reventar y le pedí que volviera a chuparla.

Esta vez fue ella quien obedeció y procedió a devorarse mi pija como lo había hecho un rato antes, cuando estaba en lo mejor, se la sacó de la boca y se la puso entre sus tetas y comenzó a hacerme una rusa. Seguramente vio mi cara de gusto y de que me acababa en cualquier momento y me preguntó: “¿Querés acabar?” “sí por favor”. Entonces se la volvió a meter en la boca y le dio un ritmo increíble. Mi pija no aguantó mucho más y descargó toda su leche en la boca de Rosa que se dedicó a tomarla y a limpiarme la pija con su lengua.

“¿Te gustó? ” Preguntó. “sí acabé como nunca”. “ya lo creo tenías un montón de leche y la verdad es que estaba muy rica”.

Yo me tiré sobre ella y quise cogerla de una vez por todas, pero no me dejó, me dijo que por ahora era suficiente y que si quería el resto tendría que ser en su casa ya que no quería que nos descubrieran. Si bien ella era divorciada y yo soltero no quería que nadie se entere de lo sucedido porque seguramente los demás querrían cogerla también, y no le interesaba mucho que eso sucediera. Por mi parte yo tampoco quería que eso pasara ya que la quería toda para mí. Así que acepté las condiciones.

Nuestro encuentro en su casa es para otro momento, pero solo puedo adelantar que a partir de ahí comenzamos a coger y la verdad es que nunca cogí con nadie como con ella. Es sencillamente genial y nunca dice que no a nada. Ya contaré el resto.

Autor: Dbeiss

Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

Me gusta / No me gusta

Ayudando a mi vecina

Él llegó a mi conchita que destilaba de jugos… sacó su lengua y comenzó una minette de película… sabía hacerlo muy bien… su lengua perforó los labios y penetró como una pequeña verga en mi zorrita, luego encontró el clítoris y me hizo dar un respingo de placer… me lamió durante unos minutos y me hizo alcanzar los primeros orgasmos con su lengua.

Este relato se refiere a la amistad que puede haber entre mujeres y a los favores que se pueden hacer, para ayudar en el matrimonio. Para que me reconozcan en mi relato anterior “El Cumpleaños de mi marido” les contaba que soy una mujer de 59 años, algo rellenita, de tetas grandes y culo sobresaliente, me gusta mucho lucir con ropas ajustadas, casada en un matrimonio normal con un hombre un poco más joven y que en ese cumpleaños de mi marido, probamos por primera vez las delicias de un intercambio con otro matrimonio amigo de nuestra edad… lo que resultó ser un intercambio “total” muy satisfactorio para mí.

Voy a esta historia. Tengo una vecina de unos 30 años, casada con un joven de su edad, con la que nos hemos hecho muy amigas, ella me cuenta sus problemas y yo trato de ayudarla. Un día me llamó como a las 9 de la mañana, cuando ya mi marido se había ido al trabajo y estaba sola.

-Hola Carmen. ¿Cómo estás? -me saludó. -¡Hola Sylvia!, le respondí- ¿cómo amaneciste? -Mal, muy mal… nuevamente pasó lo mismo…Me contestó casi sollozando. – Amanecí muy caliente, le empecé a acariciar su miembro, esperando un rico polvo mañanero… lo calenté… se le paró rico, pero ahí viene el drama… me pidió que se lo mamara… ¡tú sabes que me fascina mamárselo!, pero que luego me lo meta ¿no es cierto? ¿No es lo que a ti también te gusta? -¡Por supuesto!- le respondí por el teléfono… – No hay nada más rico que amanecer con una rica mamada de verga, una comida de concha… acabar mucho y luego terminar con un rico polvo… ¡uuuuf! Ojala a mí me lo hicieran todos los días… pero… no veo el problema.

-¡Ese es el problema..! Él acaba, yo le hago la mejor mamada, me trago su leche exquisita esperando que él haga lo mismo, pero se baña, se viste y me dice que está muy atrasado para irse al trabajo… y me deja frustrada… caliente… desesperada…-¡Venga para acá mi niña… -la invité- tomémonos un café y conversamos.

Me levanté, puse agua a hervir, me arreglé un poco el cabello y la esperé. A los pocos minutos llegó. Venía con una bata semi transparente sobre su camisón también medio transparente, con los ojos llorosos. La observé. Era una chica hermosa, de senos medianos muy paraditos, y con unas piernas y unas caderas y trasero muy llamativos. Entró y me abrazó sollozando.

-¡Carmen! -otra vez me dejó desesperada… yo lo único que quiero es hacerlo gozar y gozar yo también… -Y ¿ni una lamidita a tu conchita?… ni una pajita con sus dedos… -¡Nada, Carmen… nada!

Serví dos tacitas de café y encendí dos cigarrillos. Me senté en el sofá y ella se acurrucó a mi lado. Yo la consolaba acariciándole el cabello. Su cara quedó apoyada sobre mis grandes tetas, que por el escote del camisón estaban casi afuera… Con las caricias y los movimientos, una teta mía se escapó quedando el pezón a escasos centímetros de su boca… Sylvia tímidamente la acarició con la yema de sus dedos, casi hasta llegar al pezón. Sentí un conocido calorcito en mi cuerpo y un cosquilleo en mi cosita… muy conocido por mí… -¡Mi niña! -Exclamé acariciándola- ya cálmese… aquí tiene a mamita para consolarla… ya… ya… -y al observar que ella acariciaba mi seno con sus deditos me acerqué más.

-Mi niña -le dije bajito- ¿quiere que mamita le de pechito?… ¿quiere papita? -y tomando el pecho con mi mano se lo puse en su boca. Ella me miró algo sorprendida, pero sacó su lengüita y comenzó a lamer el pezón por unos instantes hasta que se lo metió en la boca. -¡Así mi niña! -la animé- así chupe la tetita de su amiga… -y yo comencé a acariciar suavemente sus tetas sobre su camisón, notando que sus pezón se endurecía. -mamita la va a hacer feliz para que no quede frustrada…

Ella continuaba chupando una teta y con la mano me acariciaba la otra, mientras yo le había sacado sus dos senos y también se los acariciaba en forma caliente… esa chica me hacía sentir rara… me gustaban sus caricias y creo que mi conchita ya estaba mojada… La acosté de espaldas en el sofá y le comencé a besar y chupar sus tetas, sus pezones duros como palo… ella se retorcía y gemía. Fui bajando los besos por su estómago hasta su vientre… le entreabrí sus piernas, llevaba una tanguita blanca pequeñita que estaba totalmente empapada… la besé por encima, aspirando su aroma y besando ese trozo de tela mojado… ella levantaba sus caderas como pidiendo más. Hice a un lado su tanguita y me encontré con una conchita rosadita, semi depilada, mojada y caliente de labios rosados y hermosos… los besé y luego comencé a lamer por encima… ella gemía y se retorcía suavemente… entonces fui metiendo mi lengua poco a poco en esa rica cuevita…¡que delicia! Mojadita, caliente y de una fragancia tan especial. Mamé su concha hasta encontrar su clítoris, atacándoselo con mi lengua como cuchillo. Sylvia levantaba y bajaba sus caderas, gemía, se quejaba bajito y me pedía más.

-Más… más mamita… Más por favor… Sigue… sigue… así… que rico… Aaaaayyyy… sigue mamita… ayy que rico…esto es lo que quería… Así, así…aaaaaaay…Y empujando sus caderas me mojó la cara con sus líquidos abundantes y sabrosos que indicaban que había acabado… tragué sus jugos y poco a poco fui bajando el ritmo de la lamida.

-¡Gracias amiga…! ¡Gracias mamita! -exclamó totalmente laxa- perdón, pero venía muy caliente y la verdad es que no venía a buscar esto…no pienses mal… me has sorprendido… pero me ha gustado… me ha gustado muchísimo! -¡Que bueno mi niña, que lo haya disfrutado… la verdad es que yo también lo disfruté mucho… me pusiste muy caliente y lo único que deseaba era hacerte gozar… y gozar yo también… -Eso tiene solución, mi vida… si tú me enseñas -respondió encendiendo un cigarrillo y sorbiendo el café- ¿vamos a tu cama? -¡Vamos! ¿Qué esperamos? -respondí entusiasmada y con mi zorra empapada.

En la cama nos terminamos de desnudar y nos abrazamos efusivamente. Nos besamos, para ella era su primera vez con otra mujer, para mí ustedes saben que no… Ella se pegó a mis grandes tetas, chupándolas con desenfreno mientras sus manos acariciaban mi vientre y tímidamente acarició mi conchita con sus dedos, haciéndome una paja, igual como se la hace ella.

-¿Te gusta? -preguntó mimosa- te la hago igual como me la hago yo… es primera vez que tengo una conchita que no sea la mía en mis manos… y es muy rica la tuya… tan peludita… debe gozártela mucho tu marido… ¿cierto? -Yo también soy muy pajerita… y mi marido me la come muy rico… lo que más me gusta es que me la coman… el sexo oral para mí es lo más rico…-contesté entusiasmada… Sylvia fue bajando también sus besos y muy pronto se apoderó de mis labios vulvares con su boca… No sabía hacerlo muy bien, pero el instinto y la calentura son los mejores maestros… me estaba haciendo gozar… mi concha estaba empapada. Me acomodé y nos pusimos en posición de 69, yo sobre ella, abriendo mis muslos a cada lado de su rostro, dejándole la concha muy abierta sobre su boca… ella lo aprovechó en seguida y su lengua me penetró lindamente… Yo comencé a lamer y chupar esa sabrosa conchita y a lamer y acariciar su rico culito… cuando mi lengua pasaba por su agujero posterior ella lanzaba un gritito y lo empujaba… aprendió muy rápido y a los pocos minutos estábamos acabando las dos entre grititos y gemidos, revolcándonos en la cama abrazando nuestros culos con las manos, disfrutando sobremanera con las lenguas metidas en las conchas de la otra.

Después de otro café y varios cigarrillos, ella feliz se fue a su departamento, prometiéndonos que sería nuestro secreto y que lo repetiríamos las veces que pudiéramos.

Pasaron varios días y una tarde la visité. Nos abrazamos y besamos desnudándonos rápidamente y repitiendo lo de la otra mañana… gozamos mucho y acabamos como cuatro veces cada una. Sylvia, se puso un camisón y se recostó quedándose dormida. La cubrí y me puse mi falda y blusa, sin nada debajo y fui a su cocina a prepararme un café con un cigarrillo encendido. En eso siento la puerta que se abre y entra su marido.

-Hola Carmen -me saludó sorprendido- ¿qué pasó? – Tu mujer se sintió mal y la vine ayudar -mentí- ahora está durmiendo. -Es mejor que no la despiertes. Ven tomémonos un café en la cocina.

Se quitó la chaqueta y la corbata y se sentó. Yo me senté sobre la mesa, la falda muy corta se subió y dejó mis muslos descubiertos… entreabrí un poco las piernas y él descaradamente me las miró.

-Estás bien buena, Carmen -exclamó con una sonrisa mirándome las piernas.

-Y tú también -le respondí- Él se acercó y me tomó por los hombros. Se agachó un poco y me besó en la boca, yo me hice la estrecha al principio, pero luego lo dejé. Sentía su duro miembro pegado a mi brazo, mientras él me tomaba las tetas sobre la blusa, por supuesto sin sostén.

Nos besamos mucho y él ya me tenía las piernas abiertas. Yo comencé a tomar su aparato y a bajarle los pantalones… en realidad era un magnífico ejemplar de varón, con razón mi amiga estaba tan caliente con él. Una vez semi desnudos ambos nos tocamos nuestras partes y él me pidió:

-¡Carmen, Carmen, tanto tiempo que me gustas… no me atrevía a decírtelo… pero me calientas muchísimo… Por favor… dame una mamadita… mira como lo tengo por ti… -Te daré todas las chupadas que quieras, pero antes me lo harás a mí y me lo meterás en mi conchita hasta hacerme acabar… -Pero sólo una mamadita… si supieras lo que me gusta! -¡A mí también me gusta! -respondí excitada- pero yo no soy tu mujer y harás como yo quiera… si no, me visto y me voy!

Y diciendo esto, abrí más mis piernas, sentada en la mesa de la cocina, invitándolo a que me mamara. Él titubeó y luego comenzó a besar mis piernas, mis muslos y llegó a mi conchita que destilaba de jugos… sacó su lengua y comenzó una minette de película… sabía hacerlo muy bien… su lengua perforó los labios y penetró como una pequeña verga en mi zorrita, luego encontró el clítoris y me hizo dar un respingo de placer… me lamió durante unos minutos y me hizo alcanzar los primeros orgasmos con su lengua.

-Ven amor… ven -lo invité- pónmela aquí… mira como te espera esta conchita abierta y caliente… -Él se levantó y tomando su parado pico lo puso a la entrada de mi concha, empujó suave y firmemente y lo ensartó completamente… era una verga rica, grande y gorda, pero mi zorra lo tragó completamente con dificultad, pero con mucho goce.

Comenzó a bombear, mientras yo me acoplaba a su movimiento con mis caderas… él me chupaba mis grandes tetas, haciéndome gemir y sentir un placer inusitado. Los movimientos se intensificaron y él envarándose comenzó a acabar llenándome la concha de caliente y abundante leche que me hizo alcanzar otro orgasmo avasallador…Lo sacó y aún parado, lo tomé con mis manos y lo llevé a mi boca, dándole una mamada como yo sólo se hacer… él gemía y se retorcía mientras mi boca se trabajaba en forma exquisita su rica verga, limpiándola de los restos de semen y de mis propios jugos… él gemía y muy pronto logró nuevamente otro orgasmo, lanzándome una andanada de leche a mi boca, que tragué golosamente sin dejar ni una gota, dejándole totalmente limpio su pico…

Encendimos unos cigarrillos y continuamos besándonos.

-Ahora tú te vas a ir de nuevo -le dije- y vuelves en unos cinco minutos como si recién vinieras llegando ¿ya? Para que Sylvia no se de cuenta.

-¡Eres muy canchera, Carmen! -me dijo- ¿Cómo no me atreví antes? -Bueno mi amor, nunca es tarde. Ah -continué- si quieres seguir conmigo, tendrás que cambiar con tu mujercita… le harás lo mismo que a mí… le comerás su conchita, la culearás y luego te aseguro que ella te lo chupará las veces que quieras. -¿Te lo dijo? -preguntó intrigado. -No te preocupes, haz lo que te digo y verás que todos seremos muy felices… y cuando podamos… lo repetimos ¿ya?

Salió y yo me fui donde Sylvia, la desperté y le dije que si llegaba su marido, se hiciera la enferma, para que no sospechara nada de lo que habíamos hecho y pudiéramos repetirlo, pues él tendría confianza conmigo. Estuvo de acuerdo y se acostó bajo la cama, yo le traje una limonada con una aspirina y esperamos a su marido que a los pocos minutos llegó, tal como lo habíamos planeado.

Desde entonces, tengo mis cogidas con Sylvia y con Juan, su marido de forma separada, sin que ellos lo sepan… con ambos es nuestro “secreto”. Juan me hizo caso y con Sylvia son muy felices, claro que ambos tienen en mí un complemento ideal que los satisface muchísimo. Solo espero que algún día se de la posibilidad de hacer un trío… creo que todo es posible, ¿cierto?

Autora: Carmen

Comentarios de damas maduritas como yo… Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

Me gusta / No me gusta

Desvirgué a mi hijo

A la noche se acostó conmigo y sólo me puse para dormir un camisón corto por lo que estaba casi desnuda, me abrazó y pidió teta, su mano buscó mi entrepierna y comenzó a acariciarme la concha, estábamos en la gloria, le enseñé a frotarme suavemente el clítoris y llegaba a unos orgasmos divinos. Me confesó que era virgen, que sólo había manoseado alguna chica.

Todo comenzó cuando tenía 43 años y Fernando, mi único hijo 18, mi esposo, Alberto, viajante de comercio, pasaba toda la semana fuera de casa y a menudo estaba ausente durante más tiempo, motivo por el cual críe a mi bebé muy consentidamente y éramos muy cariñosos mutuamente. Le tengo mucho miedo a las tormentas por lo que él dormía, muchas veces conmigo y a mí me gustaba que lo hiciera y nos dormíamos abrazados.

Con total naturalidad yo andaba por el departamento en ropa interior y algunas veces me sorprendió sin corpiño, mis tetas son grandes y mis pezones también.

Las largas ausencias de Alberto me ponían muy mal porque sólo me descargaba masturbándome lo que no me satisfacía totalmente, andaba con muchas ganas de que un hombre me hiciera sentir mujer y comencé a mirar a mi bebé que ya era un hombre desarrollado a sus 18 años, con un físico estupendo pues practicaba deportes y además noté en sus slips manchas de semen de sus masturbaciones.

Si bien nunca lo había visto completamente desnudo, si lo había visto en ropa interior y notaba debajo de su slip un tremendo bulto que me calentaba mucho y pensaba en él al masturbarme, pero era mi hijo ¡mi bebé! pero no había caso mis deseos eran con él.

Una mañana salía de la ducha con una toalla que solo me cubría de la cintura para abajo y Fernando se me acercó con un comentario trivial, me doy cuenta que miraba mis tetas fijamente lo que a mí me comenzó a gustar, le digo: – Bebé ¿te gustan? – Si mami, son hermosas ¿puedo tocarlas? – Si mi amor ¿Querés chuparlas? Comenzó a chupar y succionar.

A esta altura, yo estaba muy caliente con un cosquilleo en todo mi cuerpo y la concha toda mojada, estaba llegando a un orgasmo por lo que dejé caer la toalla y abrí mis piernas y le saqué la teta de la boca, miró mi concha con muy poco vello y rubio, sentí un estremecimiento tremendo, una calentura feroz, totalmente descontrolada le dije: – Te gusta bebé, tócala. Guié su mano hacia mi chucha, me metió los dedos y llegué a un orgasmo brutal, mis “gritos” lo asustaron, mas lo tranquilicé enseguida, lo abracé y besé como nunca. Luego hablamos, le dije que no le contara a nadie y menos a su papá.

A la noche se acostó conmigo y sólo me puse para dormir un camisón corto por lo que estaba casi desnuda, me abrazó y pidió teta, su mano buscó mi entrepierna y comenzó a acariciarme la concha, estábamos en la gloria, le enseñé a frotarme suavemente el clítoris y llegaba a unos orgasmos divinos. Me confesó que era virgen, que sólo había manoseado alguna chica. A todo esto cuando estaba Alberto, mi marido, hacíamos el amor con todo, él nunca sospechó de nada.

Así fue pasando el tiempo y cuando Alberto no estaba, dormía con mi bebé al que le daba la teta y me hacía acabar varias veces con sus caricias y sus dedos, le acariciaba el pene que era muy grande y gordo más que el de su papá, pero no quería acabar conmigo, seguramente porque ¡era su mamá!

Luego pasaron como cuatro meses durante el cual Fernando no me daba bolilla, me aguanté sin decirle nada porque sentía vergüenza de mi hijo, hasta que una ausencia larga de Alberto, yo no podía más, estaba harta de masturbarme con consoladores y vibradores, necesitaba una buena pija en vivo y en directo, tenía que seducirlo, pero ¿que hacer?, cuando más loca estaba de calentura Fernando me dice que un compañero de escuela vendría a estudiar a casa por la tarde, entonces ¿que hice? como hacía mucho calor me puse una solera de playa sin corpiño y una tanguita muy pequeña, las tetas parecían salirse del vestido que era muy corto y mostraba mis lindas piernas.

Cuando llegó Fer con su amigo Adrián y me encontraron así vestida, Adrián no me sacaba los ojos de encima lo que me calentaba aún más y Fernando estaba serio por los celos y era lo que yo quería! en un momento me dijo: – Mamá ¿porque estás así vestida? – Hace calor ¿que tiene de malo? – Es que no estás en la playa.

– Que va, Adrián ¿a vos te molesta? – No señora, contestó.

La bronca de Fer era inmensa. Les serví la merienda, al agacharme casi se me salen las tetas, me sentaba y cruzaba mis piernas adrede y mostrando mi tanguita, estaba reloca. Llega la hora en que Adrián se va, voy a mi dormitorio y me desnudo a esperar a Fernando que suponía que vendría a pedirme explicaciones. Abre la puerta y se sorprende al verme, tapándome con las manos le digo porque entró así al dormitorio, ¿no ves que estoy desnuda? – Cuantas veces te vi así, estás loca para vestirte como estabas, ¿que habrá pensado Adrián?

– No me interesa él sino vos, y descubrí mi cuerpo mostrándole mis tetas con mis pezones rojos y duros, la concha depilada y mi clítoris que parecía una frutilla, a la vez que noté su bruta erección.

Sin hablar pero con sus ojos claros me dijeron todo, se quita la ropa, su pija enorme, dura y palpitante era todo un poema, me siento en la cama, tomo en mis manos esa hermosa y joven verga, me la metí en la boca chupando con frenesí, acabó enseguida, gritando y llenando mi boca con su leche caliente que bebí completamente.

Luego nos besamos apasionadamente, su pija seguía muy dura, me acuesto y con las piernas abiertas, le digo: – Mi vida, chúpame la concha, mordeme el clítoris ¡es tuyo! Tuve varios orgasmos gritando de felicidad. – Pónmela, cogeme, cogeme, cogeme, ¡por favor!

Al sentir su enorme miembro dentro mío no pudo explicar lo que sentí, como tengo un espiral le dije que me acabara adentro, que me llenara de leche caliente, no paraba nunca de eyacular, me inundó ¡que hermosa locura! ¡Hice hombre a mi hijo, me entregó su virginidad! Seguía con su pija parada, lo monté, lo cabalgué, me mordía las tetas que colgaban sobre su cara. Tuve tantos orgasmos que casi me desmayo.

Luego dormimos hasta cualquier hora. Seguimos siendo amantes desde siempre.

Espero que les haya gustado mi relato.

Autora: Carmen

Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

Me gusta / No me gusta

Tres no son multitud

Pasamos a follarles el culo, Juan parecía todo un gigoló con su madre, se la follaba muy bien y ella lo agradecía ya que gemía de placer, yo hacía lo mismo con su hermana, me costó un poco de trabajo penetrarle el culo, pero parecía que ya estaba acostumbrada a esos quehaceres. Pero yo tenía que satisfacer por completo mi imaginación, tenía que follarme a Carmen, la cuarentona.

Esto que os voy a contar es una de las mejores experiencias que me han pasado en la vida. Aún hoy día, después de haber pasado unos años sigo recordándolo y me pongo a mil, no sé si podré acabar de escribir esta historia sin tener que masturbarme antes.

Tengo 26 años, cuando ocurrió lo que os voy a relatar tenía 23. Llevaba saliendo con mi novia actual unos dos años y nuestra relación iba muy bien. En cuestiones de sexo no podía quejarme, ya que los dos éramos muy imaginativos en estos temas, y lo seguimos siendo, pero esto que me ocurrió me descolocó un poco mis esquemas de lo que era el sexo.

Era un sábado por la mañana y yo tenía que ir a recoger unos paquetes a casa de una tía de mi novia, Carmen, ya que ella no podía por cuestiones laborales. No tenía mucha confianza con la tía de mi novia, pero accedí gustosamente a ir por los paquetes ya que Carmen era una cuarentona de muy buen ver y, por qué no decirlo, las mujeres con experiencia siempre me han atraído y esta no iba a ser menos. Llegué a la casa de Carmen a eso de las 12 de la mañana, llamé al portero automático y me contestó ella diciéndome que subiera, que me estaba esperando. Subí al tercer piso y la puerta de la casa estaba abierta, entré y la vi en la cocina de la casa.

– Discúlpame por las fachas que llevo, pero estoy de limpieza en la casa y esto es con lo que me encuentro más cómoda. – No hay problema – Contesté yo.

Y por supuesto que no lo había. Carmen llevaba puesta una camiseta de algún equipo de fútbol americano, de esas que las mujeres se ponen y les quedan muy largas, y le quedaba como sólo a ella le podía quedar. Casi no pude disimular mi erección al verla; que mujer, había sido una muy buena idea venir por los paquetes, merecía la pena perder la mañana contemplándola. Se acerco a mí y me dio dos besos los cuales yo aproveché para oler su aroma a mujer. Estaba sudorosa del ajetreo de la limpieza y tenía una mezcla entre perfume femenino y sudor que me puso a mil.

– ¿Quieres tomarte algo? Hace mucho calor y te veo un poco sudoroso.

Evidentemente le dije que si, tenía que prolongar mi estancia en esa casa lo máximo posible, ya que el espectáculo de verla limpiar la cocina con esa ropa no podía perdérmelo.

– Ya que estás aquí voy a aprovechar para descansar un rato y voy a tomarme algo contigo ya que llevo más de dos horas sin parar.

La cosa iba mejorando y yo estaba en la gloria. Nos fuimos para el salón y nos sentamos en el sofá charlando.

– ¿No están tu marido ni tus hijos? – pregunté casi sin darme cuenta. La pregunta salió de mis labios casi automáticamente, y de la misma manera el pensamiento de follarme a la tía de mi novia apareció en mi mente.- Pero, qué coño estoy pensando. Qué te pasa. ¿Estás loco o qué? – Me pregunté a mí mismo.- No, no están – Contestó ella – pero Ana y Juan llegarán de un momento a otro.

Una idea de frustración pasó por mi mente. Yo, ingenuo de mí, pensaba liarme con esa mujer de cuarenta y tantos años. Esbocé una leve sonrisa mientras ella me decía que sus hijos, Ana y Juan, llegarían pronto ya que habían ido al supermercado a comprar unas cosas. Ana tenía unos 19 años y era una chica normal, ni alta ni baja, ni gorda ni flaca, pero muy guapa lo que la hacía más atractiva de lo que era realmente, y Juan era algo más pequeño, tendría unos 18 años y todavía no estaba muy desarrollado físicamente, pero se le veía que sería un chaval conquistador de mujeres, ya que era rubio con los ojos claros y muy guapo. El marido de Carmen trabajaba fuera de la ciudad por lo que ella pasaba casi todo el día sola con sus hijos.

Después de un rato charlando con Carmen de cosas sin importancia con mi mirada puesta casi continuamente en sus piernas llamaron al portero automático. Eran Juan y Ana que se les habían olvidado las llaves de la casa. Carmen se levantó para abrir y yo pude aprovechar para echarle una visual a su gran culo. Me estaba poniendo a mil y ahora los dos niños iban a joderme el espectáculo – Otra vez será – pensé resignado, aunque cuando Ana y Juan entraron en la casa me llevaría la primera sorpresa del día. Carmen besó a sus dos hijos en los labios y les hizo una caricia en el pelo, pero el beso no fue un beso normal, ya que pude observar que rozaron levemente sus lenguas al besarse, yo me quedé descolocado y a la vez me llamó mucho la atención aquello.

– Ir a dejar todo esto en la cocina que yo estoy en el salón – Y les dio un golpecito a cada uno en el culo demasiado cariñosamente.

Joder, que familia más rara- pensé yo muy sorprendido. Cuando Carmen llegó de nuevo al salón me vio allí sentado con cara de sorprendido y me preguntó:

– ¿Te pasa algo? te noto raro.- No, no, nada – Contesté con la voz entrecortada.- ¿No te gusta el refresco? si quieres puedo ofrecerte otra cosa.- No es eso Carmen de verdad, es que…- Es que ¿qué?- No, que me he quedado un poco sorprendido de cómo has recibido a tus hijos, sólo eso, pero nada más.

Ella sonrío a mi contestación y yo sonreí también.

– Es que somos una familia un tanto peculiar ¿sabes?, no tenemos los tabúes que tienen otras familias con sus hijos. Aquí hablamos todos, de todo muy liberal y naturalmente. Y lo mismo que hablamos de lo que nos parece, hacemos lo que nos parece, siempre que no vayamos en contra de los pensamientos de alguno de los cuatro miembros de la familia. Todo el mundo tiene su opinión y los demás la respetamos.

Yo me quedé un poco confuso con lo que me había dicho y ella soltó una carcajada. En ese momento sus dos hijos entraron en el salón me saludaron jovialmente y se sentaron en el sofá que estaba situado enfrente de donde yo estaba.

– Perdona Carmen, pero la verdad es que no te he entendido muy bien o he entendido algo que no puede ser… – Haber, mira te pongo un ejemplo, si a mí y a mis hijos se nos apetece besarnos en la boca o darnos una torta en el culo y a ninguno de los cuatro, incluido mi marido, nos parece mal, pues lo hacemos y ya está y no hay más vuelta de hoja, es así de sencillo. Y si me apetece comerle la boca a mi hijo o a mi hija pues lo mismo, es bueno que aprendan de estos temas, y quien mejor que sus padres para enseñarles, ¿no?

Yo no sabía que contestar, y su última frase me dejó “cao”. Se comía la boca con sus hijos, con los dos, y supongo que ahí no quedaría la cosa. Yo permanecí callado durante unos segundos y tanto Carmen como sus dos hijos soltaron varias carcajadas a mi costa.

– Mira aquí somos muy claros con todo, ya te habrás dado cuenta, así que voy a sincerarme contigo: ¿Crees que no he notado la manera que tienes de mírame las piernas o el culo? – yo me quede frío y con la cara como un tomate – Tranquilo muchacho, es normal no te reprimas, aquí puedes confesar lo que quieras, no voy a decir nada ni a pensar mal de ti. Yo también me fijaba en tu paquete y en tu erección mientras me mirabas las piernas antes, y no pasa nada, es todo normal ¿Verdad chicos?

En ese momento, yo seguía sin habla, Carmen se sentó entre sus dos hijos y los volvió a besar en la boca, primero a Ana, después a Juan y posteriormente volvió con Ana, pero esta vez sus lenguas se entrelazaron como una pareja de enamorados, yo casi no podía creer lo que estaba viendo cuando descubrí que mi erección era tremenda, aquella situación y aquella familia me estaban poniendo a cien.

– Veo que te has quedado un poco sorprendido puesto que no hablas y no voy a obligarte a que lo hagas ni a que des tu opinión de lo que ves, pero voy a hacerte una simple pregunta que nos hará salir a todos de dudas. ¿Te gustaría besarme como lo he hecho con mi hija? solo contesta sí o no.

Joder, lo que había estado soñando toda la mañana ahora me lo estaban sirviendo en bandeja y yo sólo acerté a asentir con la cabeza, que lelo. Carmen se acercó y me comió la boca como nunca nadie lo había hecho, allí en su casa, delante de sus hijos, con la tía de mi novia, con esa cuarentona de tan buen ver. Me dejé llevar por la situación, ya estaba todo perdido pensé, así que voy a aprovecharme de la situación y voy a ir a por todas.

Mientras Carmen me besaba, pude observar que sus dos hijos no se quedaban atrás y se estaban dando un lote de campeonato en el otro sofá y Juan tocaba las tetas de su hermana de manera muy descarada. Joder, joder, joder, no podía creérmelo, pero no me quedé corto e hice lo mismo. Mis manos fueron a parar a las tetorras de Carmen, y vaya tetas que tenía la tía. Las tenía grandes, pero no exageradas y duras para su edad. Ella se dejó hacer y yo me recreé en ellas. Volví a mirar a los dos “niños” y Ana ya estaba sin camiseta y si sujetador, con sus dos tetas al aire, y su hermano le chupaba los pezones a lo que ella le acariciaba la cabeza con gusto tirando su cabeza hacia atrás.

Los chicos no se habían cortado ni un pelo, la madre tampoco y yo no iba a ser menos así que decidí ir a por todas aunque la situación no fuera la normal. Yo estaba en medio de una orgía con la tía de mi novia y con sus dos hijos. Era una situación muy excitante la verdad y yo la iba a vivir a tope.

– Tú no te preocupes por nada, y libera tu tensión, ya ves que aquí somos todos muy liberales y no tendrás ningún problema, ya verás que lo pasaremos los cuatro muy bien – me susurró Carmen al oído.

– Desnudémonos los cuatro chicos, vamos a demostrarle al primito lo que sabemos hacer y lo bien que lo podemos pasar.

Dicho y hecho en un plis plas tanto Carmen como sus dos hijos estaban en bolas delante de mí y yo allí en el sofá mirándolos con cara de bobo, ellos no paraban de mirarme y reírse hasta que Carmen les hizo una señal a sus hijos a la que ellos obedecieron. Sus dos hijos desnudos se acercaron a mí y comenzaron a quitarme la ropa de manera muy erótica. Ana era una chica bastante normalita como ya he dicho antes, pero vista desnuda ya era otra cosa, a sus 19 años ya tenía una buena mata de pelos entre sus piernas muy bien recortada ya que delimitaba su triangulito perfectamente y sus tetas no eran muy grandes, pero tenían unos pezones que en el estado de excitación que estaba parecía que se les querían salir. Juan estaba mucho menos desarrollado. Su pene tenía una longitud considerable para su edad, se notaba que todavía ese chico prometía mucho. Pues a lo que iba, ambos hermanitos me estaban quitando la ropa mientras se reían pícaramente y yo no oponía ninguna resistencia. Cuando ya yo estaba totalmente desnudo y con mi polla mirando hacia el techo de manera amenazadora Ana le preguntó a Juan.

-¿Qué te parece hermanito? ¿Para ti o para mí? Anda te la dejo a ti primero, que eres todo un profesional en la materia. – ¿Cómo? este crío no va a chuparme a mí la polla – pensé yo, pero sólo quedó en eso, en un pensamiento, ya que Juan se metió la mitad de mis 20 cm en su boca habilidosamente, como toda una, o un, profesional. Carmen se levantó y se sentó a mi izquierda, a mi derecha estaba Ana y Juan estaba de rodillas dándome una mamada de campeonato. Carmen me dijo al oído que me relajara y que me dejara llevar y que vería que todo saldría a pedir de boca.

Efectivamente así lo hice, me dejé llevar, total, ya no podía perder nada, estaba metido en medio de una orgía de la que no podía y no quería salir. Ana y su madre se dedicaron a mis pezones, me los chupaban lentamente mientras el chico me comía la polla. Me tumbaron en el sofá y las dos mujeres, las dos putas diría yo, quitaron al chico y se dedicaron ellas dos juntas a lamerme el nabo, creía que iba a explotar eché mi cabeza hacia atrás y cerré los ojos, pero Juan volvió a sorprenderme. Sentí un par de golpecitos suaves en mi cara y abrí los ojos, Juan estaba con su polla delante de mí golpeándome suavemente. – Ahora te toca a ti – Mi cara seguro que fue un poema, pero Carmen paró de chupármela y dijo:

– Anda no le hagas el feo a Juan, creo que es justo que se la chupes. – Dicho y hecho, esa mujer parecía que me hechizaba, dijese lo que dijese yo le haría caso, estaba claro, y me metí la polla del chico en la boca. Era mi primera vez con un tío, pero seguía siendo la primera y me sorprendí porque no me daba tanto asco como en un principio creo que todos los tíos pensamos que nos daría.

Bueno, repasemos la situación: yo tumbado en el sofá con Ana y Carmen chupándome la polla y Juan sentado a horcajadas casi sobre mi cara y con su polla en mi boca. Situación que nunca pensé que se daría. El chico bombeaba con su polla en mi boca como si me estuviera penetrando hasta que dé un salto se quitó rápidamente y se dio la vuelta, iba a correrse, pero quitó a su madre y a su hermana de la labor que estaban haciendo y se corrió sobre mi pene, que cantidad de leche y muy caliente; evidentemente no se me ocurrió decir nada y me dejé llevar. Juan acabó su corrida y pasó a comerme la polla junto con su madre y su hermana. El estaba de rodillas con cada una de sus rodillas al lado de mi abdomen y estaba flexionado mostrándome su culo sin un solo pelo y comiéndome la polla con restos de su semen junto con las otras dos, no lo pude aguantar y me corrí vigorosamente. Los tres pujaban por coger las ansiadas gotas de mi esperma. Sus bocas estaban llenas de mi leche y de la de Juan, pero se lamían apetitosamente y se chupaban las bocas entre ellos. Nos reímos los cuatro y Carmen dijo:

– Ahora nos toca corrernos a nosotras, ¿verdad cariño? Pero mira a estos dos, están acabados, habrá que hacer algo para volverlos a empalmar. Vamos a hacer lo mismo que le hacemos a papá.

Nos cogieron a los dos y nos pusieron con el culo en pompa. –vamos a chuparles el ojete que seguro que les gusta – Ana se dedicó a mi culo y Carmen al de su hijo, vaya, vaya, era una sensación inexplicable, me estaban chupando el culo y yo lo estaba flipando, evidentemente mi polla y la de Juan volvieron a empalmarse, madre e hija se percataron y dijeron que ya estaba bien, que ahora les tocaba disfrutar a ellas. Se pusieron en pompa tal y como nosotros estábamos antes, yo no sabía qué hacer, pero Juan si, y me dediqué a imitar lo que él hacía. Juan le chupaba el culo a su madre y yo hacía lo mismo con su hermana Ana. Ni un solo pelito en su ojete, mi lengua entraba y salía en ese agujerito con mucho placer y a ella le gustaba.

Cuando ya estaba bien ensalivado pasamos a follarles el culo, Juan parecía todo un gigoló con su madre, se la follaba muy bien y ella lo agradecía ya que gemía de placer, yo hacía lo mismo con su hermana, me costó un poco de trabajo penetrarle el culo, pero parecía que ya estaba acostumbrada a esos quehaceres. Pero yo tenía que satisfacer por completo mi imaginación, tenía que follarme a Carmen, la cuarentona, y le dije a Juan que si nos cambiábamos los puestos, él aceptó y yo acerté.

Vaya culo que tenía Carmen. Le follaba el culo, luego le sacaba la polla y le chupaba el ojete, luego volvía a metérsela, y así un buen rato, que placer era follarse a esa mujer, no pude aguantar más y me corrí dentro de su culo, puufff, creo que ella también llegó al orgasmo a la vez ya que le estaba dando un buen tratamiento a su clítoris y emitió un gemido que haría correrse al mismo Rocco. Saqué mi polla de su culo y ella me la limpió con una buena mamada, no tardé en volver a empalmarme. A todo esto Juan se corría en la boca de su hermana la cual con sus piernas abiertas se metía dos dedos en su vagina de manera brutal corriéndose como una zorra.

– Ahora vamos a tener sexo tú y yo, que se que lo estás deseando– Me dijo Carmen.

Efectivamente, me estaba leyendo el pensamiento, estaba loco por tener un polvo completo con esa mujer, sin terceras personas, sin sus hijos, sin nadie y así fue, ella me tumbó en uno de los sofás y se sentó a caballo sobre mí, me follaba lentamente, y me tocaba el pecho mientras me decía: – Disfrútame cariño, se que lo estabas deseando, disfrútame. – Y yo la disfrutaba le tocaba sus pechos, sus labios y su pubis. Mis manos de vez en cuando se encargaban de sobar su gran culo y mis dedos se deslizaban fácilmente dentro de su agujerito lleno de mi semen. Era el mejor polvo de mi vida. Mientras en el otro sofá sus dos hijos se sobaban entre ellos mirando la escena.

Cambiamos de postura y esta vez ella quedó debajo, en la postura del misionero y le dije que me iba a correr dentro de ella, a lo cual ella me contestó que adelante, que no había problema. Metí mi cabeza en su cuello y se lo chupé. Ella me dijo que le chupara un dedo y así hice, le chupé un dedo y a continuación ella lo introdujo en mi ojete y exploté, me provocó el orgasmo instantáneamente y fue el más largo y placentero de mi vida.

Quedé extasiado, casi no podía moverme. Ella se levantó y los goterones de mi semen le caían tanto del culo como del coño a lo largo de sus muslos, le sonreí y me sonrió. Juan se estaba acabando una paja sobre su propio pecho y Ana sobaba su clítoris llegando también a un intenso orgasmo. Después de todo ese cúmulo de placeres, olores y sensaciones recogimos un poco la “escena del crimen” y nos aseamos. Tenía que irme ya que habían pasado casi tres horas. Nos vestimos y nos despedimos. Les di un beso en la boca a los tres como era costumbre en la casa y me fui.

Carmen me dijo que no me preocupara que esto sería un secreto, que ella no diría nada si yo hacía lo mismo y así disfrutaríamos todos. Bajando la escalera de la casa iba sonriendo pensando en lo que había pasado mientras me olisqueaba las manos que todavía olían a sexo. Cuando llegué a la calle me percaté que había olvidado los paquetes por los que había venido, pensé en subir a recogerlos, pero decidí volver otro día por ellos, pero eso ya es otra historia.

Si te ha gustado mi historia no dudes en votarme. Hasta la próxima, voy a masturbarme.

Autor: Site Gustó

Me gusta / No me gusta

Mi esposa y mi cuñada

Carmen se sacó mi verga y se la metió por el culo. Mi mujer metió uno de sus dedos en el coñito que acababa de estar vacío. Me iba a correr. Había llegado al punto sin retorno y me vacié en el culo de mi cuñada, al notarlo la muy cabrona cogió la mano de mi mujer para que se esforzase más en su labor. Mi mujer ya la tenía tres dedos dentro y no paraba de chuparle las tetas.

La verdad que estas cosas suelen empezar poco a poco. Que si un día mi esposa dice que se va por trabajo fuera del país y empiezas a notar como su hermana te mira de forma diferente, que si habla más con ella, que si sale más con nosotros, que si nos vamos a Roma y dormimos los tres en la habitación. Esos detalles que no sabes bien si vas, vienes, o como siempre, nada de nada. Uno de esos días, en la piscina de casa estábamos hablando los tres, ellas sentadas y yo tumbado en las piernas de mi mujer, con las gafas de sol y dejando que el sol y el murmullo del agua acabaran con el estrés de la semana, además habíamos quedado con unos primos de mi mujer, muy buena gente, y quería estar despierto y disfrutar de la noche, me apetecía desconectar del mundo.

En uno de esos momentos abrí los ojos y enfrente de mí me encontré la braguita del bikini de mi cuñada y como de ella salía un buen matojo de pelos. Tuve un doble pensamiento, el primero que como llevaba varios años sin novio, la verdad que no me extrañaba que descuidase su aspecto íntimo y el segundo, ¿me dejaría arreglárselo?, ¿y a mi mujer?, ¿y a los dos juntos?  Mi cabeza empezó a volar y a imaginarse un afeitado de coño con su posterior limpieza,… pero cuando estaba metido en mis pensamientos algo me sobresaltó, era mi pene que se estaba hinchando y luchaba por salir del pantalón. Avergonzado, me tumbé de espaldas y me puse a leer una revista, pero sabía que ese vello estaba ahí al lado, acechando y no podía parar de mirar de reojo. Evidentemente mi pene, se convirtió en polla y no había ya forma de pararla, bueno realmente si había, pero digo allí en la piscina, o sea que me levante de un salto y me zambullí en el agua. La verdad que no sé si ellas se dieron cuenta.

Eran las siete de la tarde cuando nos subimos a arreglarnos para salir a cenar. Todos con nuestros bañadores mojados, el aire acondicionado hizo que los pezones de mi mujer y mi cuñada se alborotasen. No podía dejar de mirarlos. Y mi pene volvía a despertar. Mi mujer se dio cuenta y me dijo que sería conveniente que empezásemos a ducharnos. Eso era lo mejor una ducha fría, una buena paja, cenita, unas copas y dejar de fantasear. Yo me metí en mi ducha, mi mujer en la suya y mientras mi cuñada esperaba fuera hasta que una de ellas quedara vacía.

Yo acabé pronto. Estaba muy caliente y no tardé mucho en correrme. Un enjabonado rápido y ya estaba listo, sin embargo ya sabéis como son las mujeres, que si un pelito por aquí, que si el suavizante, la mascarilla del pelo, el secador,… Eternizante. Yo salí muy pronto, tan rápido que mi cuñada no se lo esperaba. Al entrar al salón me la encontré jugando con su almejita, tenía dos dedos dentro. No sabía que hacer, ¿era esta la oportunidad que siempre había deseado?, ¿qué opinaría mi mujer si nos pilla?, ¿querría mi cuñada? En mitad de estos pensamientos mi cuñada se percató de mi presencia.

– ¿Desde cuándo llevas ahí?, estaba mirando que debería cortarme esos pelos.

Me había pillado, no sabía cómo reaccionar.

– Deberías ducharte se hace tarde. La mía ha quedado libre. Entretente dentro lo que quieras, que nadie te va a molestar.- Está bien. Pero,…te ruego me comprendas, llevo tanto tiempo sin,… me entiendes. – Yo no llevo tanto y me acabo de hacer una paja en la ducha. La piscina me ha levantado los ánimos. – A mí también se me ha despertado algo.

En eso notamos que deja de sonar el secador.

– Vamos Carmen, que se te va a hacer tarde y no te va a dar tiempo a todo. Le dije con un poco de sorna.

Mi cuñada es cinco años mayor que nosotros y yo supongo que estaba curada un poco de espanto. Vi como se metía a ducharse en el baño de mi mujer. Mientras yo me puse a ver un partidito de fútbol en la tele mientras las mujeres acababan. Al poco tiempo me acerqué a la cocina a por una Coca-Cola y al pasar por la puerta del baño, pude escuchar a las dos partiéndose de risa. ¿Se lo estaría contando?, ¿de que estarían hablando?, ¿la habría cargado?,… Bueno, no era tiempo de preocuparse por el futuro cuando todavía no había llegado.

Acabaron de arreglarse, las dos impresionantes, y salimos a cenar. Llegaron sus primos, realmente era su primo y la novia de él. Cenamos muy a gusto y nos fuimos de copas. Mi cuñada no hacía más que beber, se acercaba a mi mujer, cuchicheaban, me miraban y se reían. De vez en cuando mi mujer me hacía señales como si me fuese a dar unos azotes. Yo sonreía, por no salir corriendo. La noche iba pasando hasta que su primo y la novia se retiraron a su casa y nos quedamos los tres. Estaba acojonado. Mi mujer, Bea, me miró y dijo:

– Creo que debemos irnos nosotros también. – Como tú quieras cariño.- Mi hermana está muy mal, hay que llevarla a su casa.- Pero si está a 35 kilómetros de la ciudad. Mira es mejor que duerma contigo en la cama y yo dormiré en el sofá. Nuestra casa tiene dos baños y dos habitaciones, pero en la otra habitación hicimos un despacho, o sea que no había más camas que la nuestra.- Me parece bien, dijo Bea. Lo dijo en un tonillo, que no supe descifrar en ese momento. La verdad es que estaba acojonado.

Llegamos a nuestra casa, Carmen iba un poco borracha y yo sabía que mi mujer la tendría que desnudar. Entré a mi habitación, cogí un pantalón corto del pijama, me cambié en el baño y me tumbé en el sofá para dormirme. Tumbado desde el sofá, te quedas enfrente de la puerta de la habitación principal, y fue allí y no en otro sitio donde mi mujer empezó a desnudar a su hermana. Carmen quedaba de espaldas a mí y yo veía la cara de mi mujer.

Primero la fue desabrochando los botones de la camisa, después el sujetador, quedando la espalda de Carmen desnuda ante mi, Mi corazón empezó a bombear sangre a un ritmo infernal y mi mente sólo podía pensar en las vistas que mi mujer tenía en ese momento. Se me empezó a poner tiesa. Después la desabrochó la falta, dejándola caer al suelo. Estaba flotando, por qué mi mujer me haría sufrir así. ¿Pensaba acaso que su hermana no era mujer ni yo un hombre? Otra vez su voz dispersó mis pensamientos.

– ¿Me vas a ayudar?, ¿o tengo que hacerlo yo sola? – Espera ya voy.

Todavía no sabía a que tenía que ayudarla, a vestirla, a acostarla. Pero me levanté, con la polla bien dura y me acerqué a la espalda de Carmen

– ¿A que te ayudo? – No te hagas el tonto, has dejado a mi hermana a medias esta tarde y ahora tenemos que ayudarla a acabar lo que empezó.- Eso, dijo Carmen, no podéis dejar que me acueste en estas condiciones. Y se echó a reír

No sabía dónde meterme, ¿me estaban vacilando? Mi mujer se acercó a mí y me empezó a dar un beso muy húmedo. Carmen estaba aprisionada por nosotros dos y Bea empezó a meter la mano entre las bragas de su hermana y el culo, rozándome mi polla. Yo cogí a mi mujer por el culo y empecé a bajarle su pantaloncito del pijama.

– Las braguitas de mi hermana son feas, hazla lo que haces con las mías.

Estaba claro lo que quería. Introduje mis manos entre las bragas y su coñito. Las tenía empapadas. Fue muy fácil romperlas por la costura y dejarla sólo los tres elásticos, uno en la cintura y los otros en cada uno de sus piernas. En ese momento empezó a respirar más intensamente. Estaba tan expuesta que no dudé en agacharme y empezar a mordisquearla el culo. Tenía las dos manos en sus caderas y empecé a notar que las estaba moviendo lentamente. Quería que me la follara. Pero después de tanto tiempo esperando algo así tenía que aprovecharlo lo máximo posible. ¿Hasta dónde estaban dispuestas a llegar? Esa era mi pregunta en ese momento y debían de responderle.

Desplacé mis manos hacia mi mujer y la quité las bragas, ella entendiendo mis actos se quitó la camisetita de tirantes del pijama. Sólo quedaba yo vestido con el pantalón corto y mis shorts. Introduje la mano derecha entre las piernas de Carmen y empecé a masajear los labios a mi mujer. Con el antebrazo notaba la humedad del coñito de mi cuñada. Era un roce premeditado pero que no quería que fuese directo. La otra mano agarraba fuertemente el culo de mi cuñada mientras la mordía. Poco a poco empecé a desplazar mis dedos hasta que uno de ellos se paró en la entrada de su ano. Carmen lo notó y dio un respingo.

– Mételo. No te pares ahí.

Me dijo mientras se frotaba contra mi antebrazo. Me chupé el dedo gordo y se lo metí en el culo.

– Tienes otro agujero. ¡Aprovéchalo! – Carmen ¿qué pasa? – Tu marido que es un cabrón y me está metiendo un dedo en el culo. No sabes cómo me gusta.- Pues a mí nunca me ha apetecido pero viendo tu cara lo voy a probar. Metémelo a mi también Carlos.

Iba a ser la primera vez para mi mujer, si quería volver a repetirlo no tenía que hacerle daño. Metí el dedo corazón en el coño de Carmen. Viéndose masturbada empezó a moverse de un lado para otro, yo seguía agachado a su espalda, oliendo sus fluidos y notando que se iba a correr. Empezó a correrse entre unos espasmos que la daban y pude ver cómo salía como una bocanada de jugos de su coño, manchando el suelo, dejándolo pringoso no dejada de jadear.

Saqué mis dedos, arrugados por la humedad, y le introduje uno a mi mujer en el ano. Carmen se apoyó en los hombros de mi mujer quedándose inclinada y ofreciéndome su chorreante coño. Empecé a chupárselo, mientras estrenaba el culo de mi mujer con uno de mis dedos humedecido por su hermana. Prefería no pensar en lo que estaba ocurriendo.

– Túmbate en la cama. Te vas a dislocar el cuello. Además quiero que me mordisquees el clítoris y así no llegas bien. Dijo Carmen

Me tumbé en la cama, comiéndole aquel manjar a mi cuñada que no paraba de humedecerse. Mi mujer se puso enfrente de ella y empezó a restregar sus pechos con los de Carmen. Y yo la introduje un dedo de cada mano en el culo, la notaba muy excitada, por lo que cambié de coño y le di a mi mujer un masaje con la lengua.

Se retorcía cada vez que le hacía círculos alrededor del clítoris. Carmen lo notaba y empezó a chuparle los pezones. Beatriz empezó a masturbar a Carmen por lo que me centré en el coño de mi mujer. Nunca lo había notado así. Iba a cumplir otro de mis deseos y mi mujer lo sabía.

– Cariño, prepárate que este va por ti.

Empezó a contraerse y expandirse sus paredes, saqué la lengua, abrí la boca y empecé a degustar los jugos de mi mujer. Eran impresionantes, saqué la lengua para chupar mi cara. Las dos se pusieron a mirar mi cara de placer.

– Ahora te vas a follar a mi hermana. Necesita una polla. Dijo Bea.

Me quitaron la ropa, me tumbaron boca arriba y Carmen se metió la polla entre suspiros. La muy cabrona seguía empapada. Mi mujer se sentó detrás de ella rozando su pubis contra el culo de su hermana. Si hubiese tenido polla se la hubiera metido, sólo había que verle la cara.

Bea cogió los pechos de su hermana desde abajo, como si los sujetase y empezó a rozar sus pezones con los dedos gordos. Estos estaban bien duros. Carmen para no caerse, se sujetaba en el culo de Beatriz. Mi mujer la dijo algo al oído que yo no pude escuchar. Carmen echó para más hacia atrás uno de sus brazos, al rato mi mujer dio un respingo. Creo que le estaba metiendo el dedo por el coño. El otro brazo lo levantó, agarró a mi mujer por el cuello y empezó a besarla. Sus lenguas se salían de la boca. Carmen empezó a acelerar más el ritmo, y mi mujer también.

Bea estaba estirando uno de los pezones de su hermana. Estaba seguro que se iban a correr cuando Carmen se sacó mi verga, totalmente lubrificada y se la metió por el culo. Mi mujer lo vio y metió uno de sus dedos en el coñito que acababa de estar vacío.

Me iba a correr. No podía aguantar más. Mi cuerpo se estaba tensando. Había llegado al punto sin retorno y me vacié en el culo de mi cuñada, al notarlo la muy cabrona cogió la mano de mi mujer para que se esforzase más en su labor. Mi mujer ya la tenía tres dedos dentro y no paraba de chuparle las tetas. Carmen se corrió otra vez. Mojándome mi ombligo, se saco la poya y empezó a chupármela. Mientras mi mujer empezó a comerse el semen que chorreaba del culo de Carmen.

Me quería morir, jamás en mi vida hubiera imaginado que mi mujer era así de guarra. Me encantaba esta faceta descubierta. Cuando acabó se sentó en la espalda de su hermana, que parecía que quería desgastarme la polla a lametazos.

– Carmen, creo que deberíamos dejarlo ya, echar un pis y dormirnos. – Como quieras.

Carmen dejó de chuparme la polla y se quedó fijamente mirándome a los ojos, con una sonrisilla malévola. De repente empecé a oír un sonido, un fuerte olor se apoderó de la habitación y algo caliente caía sobre mi pene y mis piernas. Miré la espalda de Carmen y estaba llena de orina cayendo por sus costados, resbalando por los pechos y saltando desde los pezones. Sin apartarme la mirada me dijo:

– ¿Y tú? ¿No tienes ganas?

Me cogió de la polla y apuntó a su estómago.

– Méame, humíllame y dejaré que me des por culo cuando quieras.

La verdad, es que no podía aguantarme, entre la bebida de la cena, las copas y el sexo tenía la vejiga a estallar. Vi como salía de mí y como Carmen la movía para que la regase. Mi mujer aplaudía y las sábanas se iban empapando. Yo notaba como caía mi orina sobre de mí tras rebotar en los pechos de Carmen.

– Eso es, sigue así, no dejes nada dentro. Y ahora me toca a mí. Túmbate hermanita que esto te lo dedico por dejarme a tu maridito. Empezó a mamarla mientras intentaba masturbarme de nuevo. Pero si os soy sincero ya era demasiado para mí. Recogimos las sábanas. Pusimos unas limpias en el suelo y nos quedamos dormidos.

Autor: Carlos

Me gusta / No me gusta

Con mi prima un amigo y yo

Los gritos de placer de Carmen se escuchaban en toda la habitación y eso hacía que mi verga se ponga más dura. Ariel que hasta ese momento había sido solo un observador, no aguantó la visión de la culeada que yo le estaba dando a mi prima, y quiso participar con nosotros. Mientras yo seguía dándole verga a mi prima, él se puso detrás de ella y comenzó a pasar su lengua por su ano.

El relato que quiero compartir con ustedes es quizás un poco diferente a la mayoría, ya que a mis 19 años dependo de una silla de ruedas para movilizarme. Soy un joven algo introvertido y mi madre siempre me ha protegido mucho, tal vez porque desde mi nacimiento me encuentro así.

A medida que pasaban los años se empezaron a despertar en mi los deseos que todo hombre tiene, pero mi única manera de calmar esos deseos era por medio de la masturbación. Deseaba tener la oportunidad de hacerle el amor a alguna chica, pero esto se me dificultaba por razones obvias.

Fue así que el día de mi cumpleaños vinieron muchos amigos y familiares a saludarme, entre los cuales se encontraba mi prima Carmen. Ella tiene la misma edad que yo, y siempre la he notado desinhibida y muy alegre. Durante la fiesta la observé moviéndose de un lado a otro, y mis ojos se situaban indefectiblemente en sus piernas y su trasero. Su cabello lacio enmarcaba un rostro sensual, y sus labios gruesos me hacían divagar con la sola posibilidad de besarlos.

Nunca me hubiese atrevido a proponerle que hiciéramos el amor, hasta que un día le conté mis inquietudes a un desconocido en un chat. No se porqué, pero le tomé confianza y poco a poco dejé que supiera cuanto deseaba poder poseer una mujer. Él me dijo que me ayudaría y para eso le pedí que viniese a mi casa para poder conocernos personalmente.

El día que lo invité a mi casa fue precisamente el día de mi cumpleaños, coincidiendo con la visita de mi prima Carmen. Cuando Ariel, que así es como se llama este conocido del chat llegó a mi casa, mi madre se extraño de su presencia ya que yo nunca había hablado de él. Además de eso era mucho mayor que yo, pero bastó que dijera que era amigo mío para que lo recibieran cordialmente.

Se los presenté a todos incluyendo a mi prima Carmen, y mientras transcurría la reunión vi que Ariel bailaba con ella en el centro de la sala. Él la apretaba mientras bailaban, y vi que le hablaba al oído provocando su risa. En un momento vi que ella asentía con la cabeza a algo que Ariel le había dicho, y mi curiosidad hizo que lo llamara para preguntarle de que se trataba.

Cuando se acercó a mi me dijo que cuando terminara la reunión nos iríamos los tres a su departamento. Quise preguntarle más cosas pero él me dijo que esperara y confiara en él. Mis manos sudaban y sentía que el tiempo no pasaba, deseando que todos se marcharan para irnos de ahí. Cuando se marcharon los invitados, Ariel le dijo a mi madre que iríamos a dar una vuelta en su coche, y que nos demoraríamos un poco. Al parecer esto no le cuadró a mi mamá, pero al verme tan entusiasmado accedió.

En el momento de subir al coche de Ariel, Carmen pasó a la parte trasera y yo fui en el asiento del copiloto. Mi silla la acomodó en la cajuela y partimos raudamente de ahí. Al parecer a Ariel le gustaba vivir al máximo, ya que corría como si el diablo lo siguiera. Mientras íbamos en el coche, Carmen nos pasaba latas de cerveza para que las tomáramos, y mis temores fueron desapareciendo poco a poco.

Esa noche estaba dispuesto a hacer de todo, así que bebí con ellos hasta que llegamos al edificio donde él vivía. Ariel me puso en mi silla y luego de subir en el ascensor llegamos al departamento.

Puso música ni bien entramos y sacó una botella de licor que empezamos a tomar. Carmen quería bailar con Ariel, pero él le dijo que bailara conmigo y la cargó sentándola sobre mí. Ariel movía mi silla de ruedas y Carmen pasó su brazo por mi cuello para no caerse.

El hecho de tenerla sentada así hizo que la verga se me parara al sentir sus nalgas sobre mi, y ella riéndose dijo, parece que mi primito ya ha crecido. Ariel se inclinó hacia ella y la besó en la boca, sin encontrar rechazo de su parte. Agarrale los senos, me ordenó y yo puse mis manos sobre sus pechos masajeándolos.

Ella se dejaba tocar por ambos, y me llamó la atención que cuando Ariel le puso la mano en su coño, ella abrió sus piernas para sentir como la tocaba por ahí. Vamos quítate el vestido le dijo Ariel, y ella se paró de la silla bajándose el cierre del vestido. Se quitó el sujetador y las braguitas, quedando desnuda ante nosotros. Que puta que es mi prima pensé, y los tres nos fuimos a una habitación donde había una gran cama.

Me desnudé como pude, mientras miraba como Ariel le metía mano a Carmen por todos lados. Cuando los tres estuvimos desnudos me pasé de la silla hacía la cama, quedando boca arriba. Ella al ver mi verga parada se inclinó para chupármela. Sus labios gruesos la recorrían, mientras Ariel se ponía detrás de ella y se la metía por la concha. Nunca pensé que mi primera relación sexual sería un trío, pero estaba dispuesto a todo esa noche.

Ella me miró a la cara y me dijo que no pensaba que se me podía parar, y le respondí que se sentara en ella para que lo compruebe. Subió a la cama y mirándome de frente se sentó sobre mi verga, cabalgando para sentir todo su grosor. Con mis manos agarraba sus senos y cuando ella se inclinaba hacia mí, los succionaba mordiendo con mis labios sus pezones.

Los gritos de placer de Carmen se escuchaban en toda la habitación y eso hacía que mi verga se ponga más dura. Ariel que hasta ese momento había sido solo un observador, no aguantó la visión de la culeada que yo le estaba dando a mi prima, y quiso participar con nosotros. Mientras yo seguía dándole verga a mi prima, él se puso detrás de ella y comenzó a pasar su lengua por su ano.

Los chillidos que emitía mi prima, delataban el placer que sentía y yo sentía los flujos que emanaban de su concha por los orgasmos que tenía. Luego ella se volteó hacia Ariel, y le dijo que se la clavara de una buena vez. Él no se hizo de rogar y enfiló su verga hacía el ano de mi prima. Ella apretaba sus dientes mientras la verga de mi amigo se introducía en su recto. En un momento ella se encontró ensartada por ambas vergas y se movía como una perra, disfrutando de la enculada. Después de un momento eyaculamos dentro de ella, y me sentí en la gloria al momento que derramaba mi semen en la concha de mi prima.

A pesar que me había corrido de una manera espectacular, tenía ganas de hacerlo otra vez, y Ariel se echó a un costado diciéndole a Carmen que me hiciera gozar nuevamente. Ella parecía incansable y me la empezó a chupar, lamiendo la cabeza de mi verga para limpiarme la leche que aun salía. Le dije que quería metérsela por el ano, y ella se puso en cuclillas sobre mi y agarrándome la verga se sentó sobre ella.

Esta vez se había sentado pero dándome la espalda, y yo la ayudaba a subir y bajar agarrando sus deliciosas nalgas. A pesar de que Ariel había dicho que él no iba a participar esta vez, se puso de pie en la cama delante de mi prima y le mostró su verga parada. Ella al verla la agarró y se la metió a la boca. Su ano apretado y la situación tan morbosa del momento hizo que me corriera en ese momento, llenando su culito con mi leche.

Luego de mi corrida me puse a observar como se la chupaban a mi amigo y podía ver como la puta de mi prima se la mamaba, hasta que él eyaculó en su cara. Ella limpió su verga, lamiendo hasta la última gota.

Esa noche en que dejé de ser virgen fue memorable para mi, y de ahí en adelante salíamos los tres a todas partes. Casi siempre terminábamos en el departamento de Ariel, culeándonos entre los dos a Carmen, ya que la habíamos convertido en nuestra puta particular.

Espero que les haya gustado.

Autor:jrosas

Me gusta / No me gusta

Carmen, mi morena

Empujaba con su cuerpo para que mi garrote le entrara más, estaba loquísima de placer y perdidamente orgasmada, con mi espada muy adentro y desgarrando placenteramente cada parte de su ser, después echamos tres polvos más intercambiando de posiciones, manejaba yo, manejaba ella, y así hasta que dejamos la cama tan mojada como si acabaran de lavar las sábanas.

Realmente había tenido una mala racha como de seis meses sin tener alguna angustia y relajo (sexo) con ninguna mujer, aunque estaba hambriento de sexo, no me animaba a buscar prostitutas aun cuando mis amigos insistieran mucho. Prefería mujeres que fueran molionas decentes o que cogieran con menos frecuencia y se cuidaran, esto por precaución al Sida o las Ets. Yo tenía 23 años en ese entonces.

Era el jueves de Semana Santa, había estado tomando unos tragos allá por la zona de las mercedes, al extremo de Managua. Cuando ya me comenzaba a poner más o menos cara de caballo con mis tragos adentro, iba directo a mi casa, tal vez a hacerme una paja y luego dormir cuando en eso me encontré a Héctor que estaba bebiendo en la casa de unos amigos, me hizo una seña y me llamó junto con otro amigo, Francisco. Héctor estaba con unos amigos y unas mujeres, él me dijo que después de terminar de beber, nos iríamos a darles gasolina a esas mujeres a una casa que tenía allí por la tiendona, la culona o no recuerdo dónde puta, solo que era por ciudad jardín.

Cuando terminamos de beber, todos ya estaban amarrados, cada uno ya tenía su mujer para pasar la noche comiendo, solo yo y Francisco estábamos solos, pero había una morenita bonita de ojos lindísimos aunque no de muy buen cuerpo, pero la personalidad de ella era lo que bastaba para ponerme a relinchar mi caballo. Además ya había notado que ella quería armar la pelea conmigo. Ella estaba acompañada de un tipo que yo conocía y supuestamente ese la iba a matar esa noche.

El novio era simpático y algo atractivo, pero ella quería el mate conmigo. Yo soy un tipo simpático, algo serio, atractivo y que cuando las mujeres me conocen bien les resulto interesante, aunque por muchas preocupaciones por mi carrera: computación, no había querido buscar una novia en ese tiempo.

Héctor, el hijueputa, ya había ido a buscar a una ex-cuñada de él para que moliera conmigo y con Francisco. Supuestamente los dos la íbamos a culear esa noche. Cuando ella llegó al lugar donde armaríamos el destace, me vio y me sonrió lujuriosamente, pues me conocía y parece que desde hace tiempo estaba deseando que le pasara la cuenta. Esto no era ni llevaba el camino de ser una orgía, sino que iba a ser un polvo en común, es decir, cada quien con su mujer en la misma casa. Nada más.

Cuando ya se estaba arreglando el quien con culearía con quien. Carmen la morena, había dejado solo a su acompañante y se fue a bañar, como el baño y el sanitario no tienen separaciones yo la seguí para orinar, en verdad tenía que orinar. Le pedí permiso y ella se salió del baño aunque me estaba viendo orinar mientras yo estaba de espaldas, no había puertas. Cosa que me dio mucho morbo y ganas de culearla. Ella se quedó en toallas. Luego yo salí previendo que ella quería que le alborotara las hormonas. Y tenía que sabérmela llevar, para poder llevármela en el saco.

Cuando terminó de bañarse, se fue a un cuarto en donde luego Héctor me llamó y nos dejó solos, comenzamos a conversar, ella dijo que ya me había visto antes y todas esas cosas… y después de algunas pláticas calientes de repente nos comenzamos a besar. Yo le dije que sentía calor (Managua es bien caliente) y me quité la camisa, luego volvimos a besarnos lujuriosamente. Comencé a tocarle las tetas y a desvestirla hasta que quedó solo en calzón, en realidad me parecía una mujer con una personalidad linda, no solo porque estaba casi desnuda. Se los había dicho antes.

Continuando con la cuestión, comencé a tocarle la vagina, encima del calzón y estaba tan mojada que bien pudo haber hecho una donación de líquido para remediar el problema del agua que había en algunas zonas de Nicaragua. En la hora del alboroto sexual, le pedí que hiciéramos el amor y ella dijo que sí pero que no le dijera a mis amigos, yo accedí porque sabía que podía llevar a cabo esa promesa además siempre he sabido guardar en secreto cuando así me lo piden mis mujeres.

Comencé a besar todo su cuerpo, hasta llegar a su vagina la cual emanaba ese perfume delicioso de hembra con ganas de perro, y ese perro era yo. Quien le iba a sacudir el útero, estaba decidido a desflorarle el vientre y a darle bien duro esa noche.

Comencé a lamerle la vagina y ella estaba gimiendo de placer como esos niños que gritan de alegría cuando les llevas el juguete que tanto estaban deseando. Carmen estaba super-templada pues tenía su rico clítoris bien hinchado. Yo se lo seguía mamando, cuando del chunche salió el chorro de su manantial… se fue. Me mojó parte de la barbilla y el pecho. Yo también me estaba viniendo y rápido le puse mi pene en su boca y ella se tragó todo el semen que pudo, dijo que estaba delicioso, que se sentía como un colibrí bebiendo la miel de una flor.

Ella estaba orgasmada y todavía quería más; y como yo soy bueno partiendo el queso, no la iba a decepcionar, en seguida y luego de jugar mis dedos con todos sus labios, mi bate ya estaba listo para el siguiente jonrón. Despues de jugar con sus piernas, sus biberones, su vagina y amasar su culo. Mi verga ya cantaba: ¡Ready!

Así que la puse como aparecen los pollos Tip-Top o Maggie, con las piernitas para arriba y la comencé a cabalgar, Carmen estaba fuera de sí y gemía y pedía más. Se la metía lo más profundo que podía y con todas las fuerzas que pude, hasta que alcanzó tres orgasmos seguidos. Mi verga mide un poquito más de las seis pulgadas, pero ese día y con la templazón creo que llegó un poco más allá de las 7 pulgadas. Después que ella se vino la última vez y me vine con ella, seguimos conversando y acariciándonos. Hasta que nuevamente estaba yo templado, era un toro moviendo las patas para embestir y ensartar mi cacho, era un toro muco, con un solo cacho.

Sin embargo eso le impresionó a ella, mi disponibilidad sexual pues podia darle cuanto sexo quisiera y comenzamos a coger de nuevo y casi sin descansar, solo que esta vez la puse en cuatro patas y se la metí así como los perritos, ella lo disfrutaba mucho porque eso era nuevo para ella y sentía que se mareaba de la culeada que le estaba dando, después decidí darle por el culo, aunque ella no quería, confiaba en mí y en que le iba a dar tanto placer como en los orgasmos anteriores.

Así fue la lubriqué con la mezcla de mi semen y de sus jugos, le acaricié al anito con mis dedos hasta que éste quedó relajado y listo para recibir mi castigo, y al fin le di por el culo, al comienzo ella estaba incómoda y le dolía, luego lo comenzó a disfrutar, a gritar y a sentir mucho más placer que en los polvos anteriores.

Empujaba con su cuerpo para que mi garrote le entrara más, estaba loquísima de placer y perdidamente orgasmada, extasiada, en fin perdida en mis brazos con mi espada muy adentro y desgarrando placenteramente cada parte de su ser, después echamos tres polvos más intercambiando de posiciones, manejaba yo, manejaba ella, y así hasta que dejamos la cama tan mojada como si acabaran de lavar las sábanas.

Después que terminamos nos acariciamos y nos aseamos, cuando salimos de la casa me preguntaron qué onda y les dije -que nada, que no quiso conmigo, aunque nos notaron cansados, y con una cara de bien culeados. Así que no nos creyeron. Ella me dijo que ya se había masturbado varias veces por mí. Ya sabía mi nombre, donde vivía, qué estudiaba, conocía a algunas exnovias mías, etc.

El compañero de Carmen, pasó como tres meses que no me habló hasta que conoció otra novia. Héctor a como sospechaba yo, se siguió tirando a su cuñada. Era él el matador de esa mujer. Es maldito el hijueputa con el hermano, ¿no? Le anda jugando la comida. Pero en fin ese no es mi problema.

Después de eso ella iba muy seguido a mi casa para que le diera su infalible e indispensable dosis de garrote casi todos los días hasta que terminamos por un mal entendido. En realidad ella sabía que le hacía un buen trabajo. Me llegó a llamar “mi toro” porque conocía mi capacidad sexual y sabía que siempre tenía verga para complacer sus deseos y le daba buenos polvos.

Nota: Carmen si lees esto podes llamarme para recordar los viejos tiempos.

Saludos a los nicas: mis compatriotas… los meros-meros de Centroamérica.

Autor: Imperio11

Me gusta / No me gusta