Hermanos en carnaval, diversión desigual

César sentía vergüenza ajena de su hermana. No era ni por su forma de ser, ni porque fuera especialmente el centro de atención en aquella velada que le había tocado compartir con ella. No. Era por lo ridículo de su disfraz.

  • Sara, ¡no sé cómo te atreves a llevar eso! – dijo poniendo mala cara.
  • ¡Ja! Pues bien original que es. ¿Y el tuyo qué?
  • De pirata. Lo más normal del mundo…
  • Sí, si no fuera que es de los chinos y la tela parece papel – replicó riéndose.
  • Pufff… – dijo indignado.
  • ¿Qué pasa? ¿no me queda bien? – dijo haciendo pucheros.
  • No es eso… – Dijo mirando a su hermana de arriba abajo. El disfraz se ceñía perfectamente al delgado cuerpo de la joven.
  • ¿Entonces?
  • ¡Es que es ridículo! – dijo alzando la voz.

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