La verdad une III

Liz volteó a verme y con una cara de puta le pasó la lengua a la cabeza de la verga de mi amigo.  Yo sentía mi propia verga dolerme al empujar la tela de mi pantalón.   Viendo el culo de mi mujer hincada, con la boca llena con la verga de mi amigo me estaba volviendo loco de morbo.

Hola, este es el tercer capítulo de nuestra historia.  Como recordarán somos Liz y Pablo.  Hemos estado casados por 18 años, yo tengo 51 años, ella 48.  Radicamos en Estados Unidos.

En el relato anterior les platiqué de cómo nos fuimos consolidando y abriendo a nuestra sexualidad hasta que en una salida de fin de semana tuvimos un intercambio con otra pareja y ambos nos sentimos muy estimulados por esto.  Yo, en particular sentí una tranquilidad que no había experimentado con ninguna otra mujer en relaciones anteriores.  También mencioné que mi siguiente proyecto sería en Dallas, lo cual nos mantendría alejados durante los días hábiles de la semana.  Esto me parecía una buena forma de ordenar mis pensamientos y me dio la oportunidad de evaluar mis verdaderos sentimientos por ella.

Regresábamos de Cancún después de una mini-vacación de fin de semana.  Yo aún me encontraba en un estado de confusión y euforia por haber hecho un intercambio con otra pareja.  Sexualmente fue muy excitante el ver a Liz cogiendo con otro hombre, gozando, viniéndose y disfrutando de la chica igualmente conmigo.

Al aterrizar en Houston, fuimos a la sala de donde saldría yo hacia Dallas para empezar en mi proyecto al día siguiente.  Ahí Liz me dijo lo mucho que le satisfacía el sentir que yo estaba lo suficientemente seguro de ella como para haber tenido esa experiencia.  Ahí me pidió que no ocupara mi mente ni por un segundo en dudas ni preguntas respecto a nuestra separación durante mi proyecto, y que me esperaba el próximo fin de semana.  Al llamar mi abordaje, me dio un rico beso y me despidió con una sonrisa.

Empecé mi proyecto en Dallas y realmente dediqué toda mi atención a recabar y analizar la información para poder emitir un dictamen y recomendación.  Hice mis días de 10 a 11 horas; al salir me iba al restauran de Rudy a cenar; me sorprendí a mi mismo al no responder a coqueteos de clientas y meseras.  Rudy solo sonreía y me decía que ya me habían capado.

La semana trascurrió rápido.  Rudy y yo nos veíamos solo cuando yo iba a cenar, pues el llegaba tarde todos los días después de cerrar y hacer corte de caja.  Por las noches llamaba a Liz por teléfono ya tarde, calculando que hubiese acostado a sus hijos.  Durante estas llamadas, hablamos mucho de nuestra experiencia de la semana anterior.

En estas conversaciones empecé a tomar una mejor idea del pensamiento y sentir de ella.  Concluí que el haber sido reprimida en su juventud, y privada de la opción de investigar y desarrollar su libido como una adolescente normal, a la vez de el buscar satisfacción en relaciones primero furtivas y luego impuestas le había dejado un deseo de ser ella quien gozara, en vez de ser siempre el objeto de gozo de aquellos que la habían usado.

Le comenté como se me venía a la mente verla cogiendo con John, y me calentaba mucho.  Ella me confesó que también había estado pensando mucho en ello; me dijo que también la ponía muy cachonda el recordar como me había cogido a Phan y chuparle mi semen del coño de ella.  Lo que más le gustó fue el haber estado besándome mientras se la clavaba John, pues le hizo tener dos sentimientos completamente distintos a la vez; uno, el sentirse como puta mientras un tipo al que acababa de conocer se la jodía, y otro, el sentirse enamorada besándome como mi novia.

El viernes traje mi equipaje a la oficina, pues tomaría un vuelo temprano en la tarde.  En la empresa, mi contraparte se llamaba David, un tipo norteamericano, agradable, muy inteligente y perceptivo.   El era el tipo de personas que te inspiran y toman confianza de inmediato.  Mi portafolios estaba sobre mi escritorio, en el estaba el paquete de fotografías del viaje a Cancún que revelé durante la semana.  Las tomó y empezó a verlas pidiendo permiso solo después de ya tenerlas fuera del paquete.  ¡Cabrón confianzudo!

Hacia cometarios chuscos y bromas de todo tipo; al ver una foto en que Liz estaba dando la espalda de tres cuartos, se quedó como tonto viéndola.  Volteó a verme y me dijo: “Cabrón quien te viera con la cara de pendejo que tienes y mira nomás que hermosura de vieja traes”.  Bromeamos e intercambiamos insultos sin agravio, y de la nada me preguntó sin titubeo si ella me daba sexo anal.  Le dije que no hiciera preguntas indiscretas.  El se sonrió con sorna diciéndome que no fuera mamón, que si no lo había hecho, me estaba perdiendo de algo delicioso y que si ya lo estaba haciendo, pues que debería de presumirlo; después de todo – dijo – culos como éste no se ven todos los días.  Me reí de su ocurrencia, y así quedó el tema.

A última hora, me llama la asistente del Presidente de la empresa, informándome que el quería tener una junta conmigo al día siguiente en su club de tenis.  Obvio que me que molestó que a menos de una hora de mi vuelo, se le ocurre una junta; pero no me sorprendió el desplante de arrogancia y prepotencia.  Averigüé la disponibilidad de vuelos, y le llamé a Liz para darle la opción de venir a verme, o esperarme hasta el día siguiente.  Decidió venir.

Dos horas más tarde apareció radiante y sexy por la puerta del túnel de abordaje.  Nos besamos sin reparar en la gente a nuestro alrededor; me la quería devorar.  No apresuramos a salir y ya en el carro nos seguimos besando.  Con el miembro a todo lo que daba, encendí el auto y traté de manejar tratando de concentrarme.

Al llegar a casa de Rudy, Liz me tumbó sobre un sillón en la sala y prácticamente me arrancó el pantalón, se montó sobre mí y sin quitarse la ropa solo se movió su tanga a un lado y se clavó en mi verga viniéndose casi instantáneamente en convulsiones, gimiendo y casi ahorcándome con mi corbata.

Una hora, y dos cogidas más tarde, salíamos rumbo al restauran de Rudy.  Liz llevaba un vestido negro con tirantes de spaghetti muy ceñido, el escote dejaba ver sus ricas tetas casi hasta la aureola y corto a medio muslo con unas zapatillas con tacones de 4 pulgadas.  ¡Rica!

Después de cenar, Liz y yo fuimos a bailar. Rudy tenía que cerrar, y estaría ocupado unas horas más.  En el club, no había cabrón que no se la comiera con los ojos; cada vez que me separaba de ella algún tipo se acercaba a hacerle plática o tratar de sacarla a bailar.  Así estuvimos unas horas más, me la pase fajándomela en la pista y gozando las miradas de los tipos que se les caía la baba cada vez que le pasaba la mano por las nalgas.

De regreso, le hice bulla preguntándole si le había gustado haber calentado pollas con ese vestido.  Me sonrió con su cara de niña mala y me preguntó si estaba celoso a la vez que me dejó ver su tanguita.  “Celoso no, nomás caliente, porque yo fui uno de los que se calentaron, y me gustó fajarte y que nos vieran.  Que vieran el culo de vieja que traigo, y nomás se imaginen que se sentirá cogerte, como lo voy a hacer en cuanto lleguemos”.

Moviendo su tanga a un lado me dio vista de su coño brillante de humedad, se metió un dedo y me lo dio a chupar y me dijo: “Si, ahorita que lleguemos, quiero que me cojas como puta, me sentí muy puta y cachonda sabiendo que me estaban viendo como me metías mano”.

Al llegar a casa de Rudy, nos dimos un beso rico y profundo.  Empecé a fajármela acariciándole sus ricas nalgas por debajo de su falda que por apretada se le subió dejando sus ricos y redondos cachetes a la vista.  A su espalda, oímos la voz de Rudy: “Ya dejen de contar dinero delante de los pobres”, a la vez que encendía la lámpara de mesa.  Liz, aún dándole la espalda, se bajó la falda lentamente, dándole oportunidad de continuar viendo su rico culo unos segundos más.

Rudy no quitaba la mirada del culo de Liz.  Le pregunté que donde estaba su carro, pues no lo vi al llegar y por eso supusimos que él no estaba.  Me dijo, mientras se levantaba dirigiéndose hacia nosotros, que después de hacer el cierre de caja, se tomó unas copas con los meseros.  Al despedirse, Sara, una de las meseras insistió que él no estaba en condiciones de manejar, y lo trajo en su carro.  Al llegar a donde estábamos, nos abrazó a ambos, me dio un beso en la mejilla a mí, después otro a Liz en los labios, diciendo que se iba a su cuarto para que pudiéramos continuar haciendo nuestro “corte de caja”.

Liz le dijo que no tenía que irse, que se tomara una copa con nosotros, después de todo, con cara pícara, nuestra cachondez iba para largo y podíamos continuar más tarde, o si quería le podíamos dar un show.  Rudy se sonrió diciendo que mejor la copa, pues no se creía capaz de aguantar el show, ya que no había tocado una mujer desde que se fue Kelly su esposa.

Liz lo abrazó y caminando hacia el bar, le dijo que le sirviera una copa y dejara de estarse lamentando por algo que estaba en el pasado y que no desperdiciara su vida.  Sentándose en una silla alta del bar, Liz lo abrazó atrayéndolo hacia su lado, y le preguntó por qué no había invitado a Sara a pasar.  Rudy con cara de mortificación, pues era evidente que el roce con el muslo de Liz le estaba provocando una erección, le contestó que simplemente no se le había ocurrido.

Liz ahora abrazándome a mí también, lo miró y le dijo: “¿ves, tú realmente creíste que se ofreció a traerte solo porque estabas tomado?  Es obvio que no lo está, lo que está es tonto.  Ella quería darte la ocasión, si la hubieras invitado, ahorita estarías en tu recámara con ella, y Pablo y yo estriamos posiblemente cogiendo aquí sin que nos hubieras interrumpido.  Aunque a lo mejor nos hubieras sorprendido en el acto”.  Durante este tiempo, Liz movía su muslo contra la verga de Rudy, que ya estaba parada a todo lo que daba.

Sin saber que decir, Rudy se recargó en el respaldo de la silla con la vista clavada en el escote de Liz, ella volteó a verme con cara de morbo.  Con mi mano que estaba sobre el respaldo, le bajé los tirantes del vestido.  Le tomé la mano a Rudy a la vez que hice que Liz se irguiera causando que sus chiches brotaran de su escote y puse la mano a Rudy sobre una de las redondas tetas de mi mujer, mientras yo le metía la mano por debajo de la falda para sentir el manantial de jugos que brotaba de su panocha.

Liz atrajo a Rudy del cuello de su camisa para darle un beso y después bajó su mano a su verga, y tomando la mía con la otra mano, presentó sus chiches para ser acariciadas.  Con la mano que yo tenía en su espalda, le bajé el cierre del vestido.

Liz se bajó de la silla alta y caminó hacia el sofá deteniéndose para dejar caer el vestido al suelo.  Ahí parada de espaldas a nosotros, con solo el elástico de la tanga interrumpiendo su desnudez, volteó a vernos.  Esto me recordó la foto que David había visto y pensé que el cabrón tenía razón con respecto al culo de mi mujer.  Es divino y no se ven culos así todos los días.  Rudy se acercó a ella y la besó doblando las rodillas para que su verga estuviera a la altura de su coño y le tomó ambas nalgas para apretarla contra su erección.

Liz le quitó la camisa y lo empujó a sentarse en el sillón, después abriéndole el pantalón, se lo bajó con todo y calzón dejando libre la verga de Rudy hinchada a más no poder con las venas realzadas y la cabeza brillando con líquido pre-seminal.  Liz volteó a verme y con una cara de puta le pasó la lengua a la cabeza de la verga de mi amigo.  Yo sentía mi propia verga dolerme al empujar la tela de mi pantalón.   Viendo el culo de mi mujer hincada, con la boca llena con la verga de mi amigo me estaba volviendo loco de morbo.

Arrancándome mi ropa, me hinqué atrás de ella, le reventé el elástico de la tanga y hundí mi cara entre sus nalgas y más que lamer, empecé a sorber el líquido de su concha.  Sin soltar la verga de Rudy, mi puta se paró para facilitar mi acceso; así con sus sabrosas piernas abiertas, le lamí sus jugos que estaban chorreándole por los muslos, mamándole el coño y metiéndole mi lengua en su ano hasta que se vino gimiendo con la verga de mi amigo en su boca.

Rudy estaba bufando como toro, pero quizá por el alcohol no se venía aún.  Liz se montó sobre él y se dejó caer metiéndose toda su verga de golpe gozando aún más la cola del orgasmo que acababa de tener.  Ahí hincado la estuve viendo como subía y bajaba y se restregaba sobre mi amigo, quien ahora le mamaba las tetas como becerro acabándose de criar.  Le faltaban manos al cabrón para acariciarle piernas, tetas, nalgas.  ¡Que cuadro!

Los dejé cogiendo y fui al baño a buscar jalea lubricante.  Mi verga me dolía y sentía que si tan solo me la tocaba, me vendría.  Regresé justo a tiempo para ver a Liz viniéndose otra vez con un orgasmo un poco menos violento que el anterior, pero mucho mas largo.   Al pasar atrás del sillón en donde estaban, me tomó la verga y se la metió en la boca,  al sentir su lengua, estuve a punto de venirme, pero eso no era lo que yo quería, así que se la saqué, y me puse detrás de ella, le puse algo de jalea en el ano, me hinqué atrás de ella y le metí la verga en su apretado culito empujándola sobre Rudy.

Liz gimió rico de placer pegándole sus tetas en la cara a Rudy, que ahora estaba casi gritando y levantando su pelvis para penetrar más hondo a mi mujer.  Yo no me quería mover por miedo a venirme, pues estaba sintiendo un gran placer tanto físico como mental al estarme cogiendo a mi novia, amiga, amante, cómplice y puta por el culo, mientras mi amigo la tenía ensartada por la panocha.  Rudy la levantó de las caderas, empujándola contra mí, y bramando empezó un poderoso mete y saca, rozando mi verga con la suya por dentro del vientre de Liz y golpeando su pelvis contra el de ella haciendo que sus nalgas rebotaran contra mis ingles.

Así estuvo por un corto, pero delicioso tiempo hasta que se vino eyaculando chorros y chorros de mecos dentro de mi mujer, quien gritó, viniéndose otra vez al sentir esto y me causó que ahora yo empezara a bombear unas cuantas veces para también venirme dentro de su culo a borbotones. Así nos quedamos unos minutos sin movernos, solo nuestras respiraciones y gemidos.  Me tomó un rato el sentir que mis piernas me sostendrían, y solo hasta entonces me incorporé sacando mi verga del ano de Liz.  Ella al sentirlo, se empezó también a levantar dejando la ahora, flácida verga de Rudy deslizarse de su coño.  Hincada sobre Rudy, le puso las tetas sobre su cara.

Por primera vez en mi vida experimenté un orgasmo completamente mental, eyaculé otra vez, débilmente sin erección, alimentado solo con el morbo de aquella visión; ver semen chorreando del coño de mi mujer, como lo vi cuando John se la cogió, solo que esta vez parecía una cascada combinado con el mío saliéndole del ano y deslizándose por el estómago de Rudy.

Desmontándose de Rudy, Liz fue a la cocina por algo de beber.  Rudy me miró con una cara de confusión.  Le sonreí, y le dije: “¡hasta aquí llegó tu cuaresma cuate!”.   Liz regresó con una botella de champagne, tres copas y toallas de papel.  Estuvimos platicando, explicándole a Rudy nuestra relación.  El estaba confuso y varias veces expresó su miedo de que nuestra relación se deteriorara y nos perdiéramos, como le pasó a el en su matrimonio.  Liz puso el punto en perfecta perspectiva cuando le recordó que Kelly lo engañó teniendo una relación extramarital, mientras nosotros no estábamos haciendo nada a espaldas del otro.

Luego, tomándole la verga con la mano, lo que causó que se le empezara a endurecer, le dijo: “Además, ¿no te parece que después de que ya me mamaste las tetas, me metiste la verga hasta la garganta mientras mi macho me cogía el culo y me llenaste el vientre con tu semen, es un poco tarde para sermonearnos contra la infidelidad?”.  Rudy sonrió ahora con la verga ya dura, y suavemente empujando la cabeza de Liz hacia su verga, le dijo: “Tú eres menos peligrosa con la boca llena; además ya tenía demasiado de no coger, así que vamos por el siguiente plato”.

Tras de unas cuantas chupadas, Liz se hincó en el sillón y Rudy se paró atrás de ella, metiéndole la verga de golpe.  Yo, sentado en otro sillón, me dediqué a ver como esa puta cachonda paraba las nalgas y se dejaba joder por mi amigo, gozando cada embestida y disfrutando dos orgasmos más antes de que Rudy se corriera otra vez dentro de mi mujer.  Tuve que reconocerme a mí mismo que soy un voyeour, pues realmente disfruté esa escena, tanto que no hice intento por unírmeles, solo quería seguir viendo.

La mañana siguiente me levanté temprano para prepararme para mi junta con Robert, el Presidente de la empresa.  Estaba por terminar cuando sentí alguien detrás de mí, voltee para encontrar a Liz recargada en el marco de la puerta, vestida con solamente mi corbata y una copa de mimosa en cada mano.  “¿Cómo te sientes?” me preguntó dándome la mimosa sentándose en mis piernas.  Choqué mi copa con la suya, le di un sorbo y la besé.  Desde que se sentó sobre mí, sentí una emoción indescriptible.  Lo erótico de su cuerpo desnudo ligero sobre mí, cálido y aromático, contrastaba en contexto con la profundidad que sentía al besarla.  Mi respuesta fue solo: “¡Con ganas de cogerte!”.

Hablamos de cómo nos sentíamos, yo especialmente tuve que admitir como me excitó el verla cogiendo como perra en celo y como gocé cogiéndomela por el culo mientras tenía una verga en el coño; eso me dio un sentimiento de poseerla sin inhibirla.  Admitimos que el sentir era distinto a cuando estábamos solos y llegamos a la conclusión de que ambos diferenciábamos entre hacer el amor uno con el otro y simplemente disfrutar de sexo a nivel primal con la sola intención de gozar.  Concluí que mi morbo fue tanto que no hubo cabida de un sentimiento de celos, o posesión; verla coger me pareció una extensión de cuanto aprecio su belleza y su sensualidad, algo parecido a ver a una hija luciéndose bailando ballet, o tocando el piano; ver a alguien propio desempeñando su arte.  De hecho, me excitaba y anticipaba el verla otra vez.

Liz me confesó que desde que estábamos en el club bailando, ella se estaba calentando imaginándose que se diera una situación similar a lo que sucedió la semana anterior con Denise, solo que con un hombre ahora, y que yo la compartía con él, y nos la cogíamos los dos.  Y anoche, quizá por el alcohol, se vio dentro de esa fantasía y simplemente sintió que yo estaría de acuerdo y por eso fue que la puso en práctica.  Agregó que de alguna manera sentía que todos los hombres y mujeres del mundo estaban para darnos placer a nosotros dos.  Le recordé como me había calentado que la vieran y como me la fajé para exhibirla y le admití que en un momento yo también tuve ese pensamiento.

Reconocí que nunca había imaginado el tener una relación así, pero me causaba un morbo increíble el verla cogiendo y me excitaba mucho el que fuese tan puta.  Y si bien no estaba seguro de cuales eran mis límites, yo también deseaba explorar eso; el estar al lado de una hembra cachonda y saber que aunque se la cogiera alguien más, seguía siendo mía, y aunque yo me cogiera a otra puta yo seguía siendo de ella.  Nos dimos un largo beso como sello a nuestro conocimiento.

La junta fue predeciblemente un desplante de autoridad y presunción por parte de Robert.   Durante el almuerzo, Robert hacía alarde de llamar a los meseros con chasquidos de dedos, o gritándoles: “boy”.  Transcurrida un poco más de una hora, después de pretender decirme que era lo que yo debería concluir en mi análisis, Robert daba por terminada la reunión.  Sugiriendo que la próxima vez podríamos juntarnos de una manera más personal con nuestras respectivas parejas, partimos rumbo.  De camino pensé lo estúpido y falto de propósito del ejercicio, pues no se discutió nada que no pudiese esperar hasta el lunes, y si le costaría a la empresa 10 horas de honorarios, y los respectivos viáticos.

Por otro lado, el haber ocasionado que Liz viniese, me había dado la oportunidad de gozarla con Rudy, que de otra forma, quien sabe cuando se hubiese presentado la oportunidad. Al llegar a casa, me encontré a Liz y Rudy en la cocina preparando el almuerzo.  Liz llevaba puesta una playera de Rudy y él solo unos cortos.  La besé, percibí el olor a semen en sus labios y comprobé que no traía nada más bajo la playera.  Le metí dos dedos en su cuca que estaba jugosa con los mecos de mi amigo, preguntándole cuantas veces habían cogido.  Con su hermosa cara de niña mala, me contestó, quejándose conmigo, que solo una, porque Rudy se había venido muy pronto con la mamada con que lo había despertado y se tardó mucho en recuperarse.

Le pegué a Rudy en la espalda regañándolo: “Cabrón, si dejo a mi mujer contigo es para que te la cojas hasta dejarla satisfecha, pínche eunuco impotente”.  Liz le enseñó la lengua y yo aproveché para chupársela y darnos otro beso y fajar mientras él terminaba de preparar el almuerzo disculpándose y bromeando.

Ellos almorzaron mientras platicábamos y yo los acompañé con un café.  Al terminar, Liz se acercó a mí y me besó abriéndome el pantalón, se quitó la camiseta y deslizó su vagina sobre mi verga.  Aún estaba cremosa de la cogida que le había dado Rudy antes de que yo llegara.  Volteó a ver a Rudy y le dijo que ahora le tocaba a él darle por atrás.  Sin perder tiempo, tomó la jalea de la mesita de la sala y se acercó a nosotros.  Sentí su verga deslizarse en el recto de mi hembra, y disfruté el como se arqueó ella, empujando sus ricas tetas contra mi cara.  Mi amigo, ahora sin reserva alguna, se cogió a mi mujer gozándole el culo por primera vez tratando de mantener ritmo con mis embestidas.

Yo no hice siquiera el intento de retardar mi corrida, y pronto estallé en una venida que Liz sintió, pues gimió y me besó abrazando mi cabeza y facilitando su culo para Rudy, quien también se vino momentos después.  Liz después me confirmó que ella tuvo un solo orgasmo que comenzó cuando Rudy la penetró y duró hasta que yo me vine.  El resto el día lo pasamos paseando, de compras y simplemente disfrutándonos el uno al otro.  Cenamos en un restauran italiano y fuimos a escuchar Jazz.   El domingo me levantó el ruido proveniente de la cocina donde Liz completamente desnuda, tomando una mimosa preparaba el desayuno.  Le llamé la atención a Liz con respecto a despertar a Rudy pues el sábado es el día más atareado para él y seguro que habría llegado de madrugada, y necesitaba dormir.

Liz tomó una fresa y con su cara de niña mala, la untó en los labios de su coño diciéndome: “Rudy esta descansando, pero si no me equivoco, esta descansando en la cama de Sara, pues en su cuarto no está.  Y tú déjate de regañarme y vamos a desayunar, porque tienes una puta que satisfacer al menos dos veces más antes de llevarme al aeropuerto esta tarde, así que come…” y me dio la fresa con sabor a concha.

El divorcio de Liz sería finalizado esa semana siguiente, y ella había decidido que pasaría el próximo fin de semana sola con sus hijos, por lo cual no nos veríamos durante ese tiempo.
En el camino al aeropuerto, me dijo cuanto había gozado este fin de semana y me agradeció el compartir su locura y lujuria.  Me dijo lo libre que se sentía y lo mucho que le gustaba eso.  Con su expresión de diablilla, me dio un papel con un teléfono y me dijo que buscara a Denise si me empezaban a doler los huevos, que ella por su parte iría al almacén a comprar suficientes baterías para el vibrador.

Nos despedimos con un beso largo y lleno de significado.  Como ya lo dije antes, el sentimiento del beso no concordaba con la sexualidad que vivimos estos días.  Era como si al estar solos entráramos a un capullo que nos aislaba de todo lo externo, y sentíamos deseo solo por el otro.  Por otra parte, recapacité en que me era difícil el dejarla ir, y reconocí que de hecho si sentía algo más que simple deseo por ella.  Calmé mi mente y accedí a darme esas dos semanas para analizar mis sentimientos.

Gracias por leer este tercer relato.  Con anterioridad les agradecí sus comentarios positivos; de la misma suerte, les hago saber a algunos que me han hecho ofrecimientos, que en los 19, ya casi 20 años que llevamos juntos Liz y yo, lo que menos nos ha faltado es quien quiera cogerse a mi mujer.  Fue y sigue siendo muy hermosa, atractiva y sensual.  En un principio era excitante el tratar personas nuevas tanto como podíamos, pero con el paso del tiempo y a medida que nuestro círculo de amistades creció ya no es necesario hacer nuevos contactos tan seguido  pues podemos siempre regresar a compartir con aquellos con quienes nos sentimos más cómodos y afines.  Hay hombres y mujeres en 6 continentes que han tenido conocimiento carnal de esposa, así que ya no es cuestión de cantidad.

Por lo tanto les ruego que no me pidan fotos ni pormenores para conocernos.  Estos relatos son simplemente una exposición quizás algo narcisista de nuestras vivencias, y no un vehículo para obtener más contactos.  Durante todo este tiempo, hemos logrado amarnos y seguir deseándonos en un ambiente de confianza y respeto gozando de nuestra sexualidad. Seguiremos nuestros relatos mientras ustedes expresen su deseo de seguir leyéndolos.  Gracias por sus votos.  Sus comentarios o preguntas siguen siendo bienvenidos.

Autor: Liz y Pablo

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