Una noche muy larga, muy larga

Era él quien dominaba la situación, imponía el ritmo de la mamada, notaba como la polla llegaba a tocarle la garganta y le producía alguna arcada que aguantaba para complacer a su amante y porque le encantaba tener dentro de la boca aquella polla que aun no había visto, unos segundos después ella tenía la boca llena de una inmensa corrida, que no dudó en tragarse completamente.

Empezaba el otoño, aquella estación medio invernal llena de colores y que tantos sentimientos despertaba en ella. Era viernes y por la noche había quedado con sus amigas, esta vez les acompañaría a escuchar esa música que no le despertaba ningún interés; pero necesitaba salir, no podía seguir quedándose en casa mientras el mundo se movía fuera, necesitaba volver a encontrar su sitio. Saldría con la idea de pasarlo lo mejor posible, con quien fuese y donde fuese, eso era lo que había y debería intentar acoplarse.

Llegó la hora de salir, tenía la sensación de que sería lo mismo de siempre, un bar oscuro, música aburrida y mala cerveza, sin embargo algo le hacía pensar que aquella noche iba a tener algo especial; se puso sus pantalones negros bien apretados y aquella camisa negra a medio abrochar que dejaba ver el top que llevaba debajo y si se descuidaba una pequeña parte de su sujetador, aunque no quisiera también le marcaba unos pequeños michelines que no deslucían el conjunto. Un poco de maquillaje en la cara daban luz a una carita blanca y luminosa en la que resaltaban unos bonitos ojos azules.

Una vez en el bar le falto poco para darse la vuelta y volver para casa, pero eso no era lo que había decidido durante la tarde, disfrutaría; con la primera cerveza en la mano y procurando no darle importancia a la música, hablaba con unos y con otros, cada cual más raro, sin embargo, alguien llamó poderosamente su atención. No tenía cara de disfrutar del bar ni de la música, su aspecto no era el de la mayoría, de vez en cuando intercambiaba palabras con los que debían ser sus amigos, a los que si se veía totalmente integrados en el ambiente. Se cruzaron varias miradas mientras ambos trataban de disimular lo mejor posible la falta de interés por el sitio donde estaban.

¡Uyyyyy!, al ir al servicio se lo encontró de frente, él salía, aun colocándose la camisa, cada uno sonrió al otro, ella deseaba hablar con él, pero no se decidía a dar el primer paso. Cuando salió del servicio él estaba fuera, en actitud de esperar, entonces ella no se lo pensó dos veces, con una sonrisa se dirigió a él.

– ¡Hola!, ¿disfrutando de la música? – Oh, si, me entusiasma esto, una respuesta irónica para una pregunta que no lo fue menos; parece que tú también “disfrutes” del sitio. Te invito a una cerveza.
– Acepto!

Mientras iba hacia la barra los ojos de ella lo escrutaban de arriba abajo, aun era mejor de lo que le pareció en un principio, llevaba un pantalón azul que insinuaba un culito un poco respingón y que le pedía a gritos que lo tocase, la camisa blanca, con pequeñas rayas azules, un poco arrugada, marcaba su contorno, unos hombros algo anchos que demostraban su afición por el deporte. Retirándose hacia un rincón del bar empezaron a hablar, ella estaba encantada, se alegraba de haber salido esa noche, sabía que aun podría ser mejor; en ningún momento dejaron de mirarse. Ella se moría de ganas de probar aquellos labios y tocar aquel culito, eran los mejores del bar, por momentos perdía la conversación y se quedaba absorta mirándole.

Alguien llamó la atención de la chica y cuando se quiso girar de nuevo hacia él se encontró de repente con unos labios pegados a los suyos, abrió un poco la boca y dejó que fuese él quien la besaba, él buscaba la lengua de ella dentro de su boca mientras ella apretaba contra si el cuerpo de él, agarrándole con fuerza el culo, como había deseado desde que lo vio, sus lenguas se entrelazaban en un orgasmo de besos, ella se sentía en sus manos y él sentía que aquello no sería el final de la noche, aquella mujer se entregaría, dándole lo que pidiese.

– ¿Nos vamos? -ambos estaban deseando salir de aquel sitio, pero también los dos deseaban salir con el otro.-

Ella no necesitó tiempo para pensárselo, se despidió de sus amigas mientras él hacía lo mismo con los suyos. La cogió de la mano y empezaron a andar, ninguno de los dos decía nada, pero ambos sabían lo que querían. Parecía tener prisa, él tiraba de ella, y más que andar parecían correr, solo se paraban de vez en cuando para dedicarse unos intensos besos que eran la envidia de quien les veía, se besaban y acariciaban, cada uno empezaba a notar la excitación que invadía el cuerpo del otro. Después de un rato llegaron a un portal.

– ¿Quieres subir? – parecía estar fuera de toda duda que ella contestaría que sí.-

Una beso le bastó, para darle a entender que lo deseaba tanto o más que él.  En el ascensor se acerco a ella y sin pensarlo dos veces desató su sujetador, metiendo mano por debajo del top pudo darse cuenta de que ya tenía los pezones erectos, de la misma forma que ella ya había notado antes la erección de él al acercarse.

Nada más entrar en la casa comenzaron a besarse mientras él la arrastraba hacia la habitación, se besaban y acariciaran como si la vida les fuese en ello. Una vez en la habitación comenzó a desnudarla, él no le dejaba que le quitase nada de ropa, en unos segundos estaba completamente desnuda delante de él, la acariciaba por todos lados, la besaba, pero no le dejaba tocarle.

Ella sentía que la situación se le iba de las manos, miedo y excitación recorrían su cuerpo, sólo podía dejarse llevar, por aquel terremoto de deseos que inundaba la habitación. Le puso contra la pared comenzó a besarle el cuello mientras manoseaba todo su cuerpo, las manos de él se deslizaban entre los muslos de ella, se acercaban vertiginosamente hacia su sexo, que se mojaba más y más por momentos. Apretaba el cuerpo de él contra el suyo, haciendo que se sintiera prisionera entre él y la pared, por momentos sentía que le faltaba la respiración, ya de por si acelerada.

Aquella sensación era nueva para ella, mientras que él parecía muy seguro de lo que hacía y hasta donde quería llegar; esa seguridad en si mismo se la transmitía a ella en cada una de sus caricias. Le tapo los ojos con un pañuelo negro que provoco de nuevo miedo en ella, miedo y excitación, porque ahora no sabría donde llegaría la próxima caricia de su amante. Le ordenó, porque en realidad fue algo más que una petición, que se acariciara mientras él se desnudaba, así lo hacía, sus manos recorrían su cuerpo, como tantas veces lo habían hecho antes en solitario, en su cama, deseando un momento como aquel. Ella ya había tenido más relaciones, pero hacía meses que no salía con nadie y echaba de menos el sexo.

Cuando él terminó de desnudarse se abrazó a ella, que pudo notar su pene en erección contra sus nalgas, restregó su cuerpo contra el de ella y abrazándola desde atrás la llevó hasta el cuarto de baño. Ella no sabía que pretendía llevándola fuera de la habitación, pero despejó todas sus dudas cuando una vez cerca de la bañera él abrió el grifo y la hizo meterse.

Estaban ambos debajo del chorro del agua cuando él, siempre detrás de ella, empezó a jabonarle todo su cuerpo. Estar detrás de ella le daba sensación de poder, de llevar el mando de la situación, además de darle la oportunidad de poder restregar su pene contra las nalgas de ella, que tanto le excitaba.

Empezó a darle jabón desde el cuello, lo hacía recreándose en ello, haciendo infinita cada caricia, ella disfrutaba sin saber que hacer con sus manos, él no le permitía tocarlo. Sus caricias cobraban intensidad a la vez que descendían por su cuerpo. Con las piernas abiertas le permitía acariciar cerca de su clítoris, donde no tardo en llegar e hizo que saliera de su boca un tímido gemido de placer, seguía acariciándole los labios y de vez en cuando dedicándose a su clítoris. En el momento menos esperado ella sintió como le penetraba con un dedo -ahhhhhhh!-, esta vez el gemido fue más intenso, ella se sentía excitadísima, absorta en disfrutar del momento, se excitaba más por momentos y al primer dedo le siguió el segundo y sin dar tregua un tercero que le hizo gemir aun más intensamente -ahhhhhhhhhhhhhh!, a punto de llegar al éxtasis, mientras él se regodeaba acariciando aquel cuerpo que ahora era solamente suyo. El sacó sus dedos mientras con la otra mano seguía acariciando la nuca de ella, y le mandó callar cuando rota por la excitación le pedía que continuase.

– ¡Sigueeeee!, ¡por favor!, ¡sigueeee!, ¡nooooo! – Calla!, cabrona!, te gusta demasidado!

Se separó de ella un instante, que la desconcertó, no podía ver donde estaba o que intentaba hacer, sin embargo disipó toda duda cuando sintió que le sujetaba por la cintura, le giraba e inesperadamente le clavaba su pene dentro de la vagina y lo sacaba nuevamente, solo necesitó que él repitiera esto un par de veces más para sentir que le flojeaban las piernas y el primer orgasmo de la noche recorría su cuerpo.

Él mantenía su erección mientras salían de la ducha y le secaba todo su cuerpo, ella seguía con los ojos tapados, sólo podía sentir como le recorría con la toalla y como cada caricia seguía excitándole cada vez más, terminaron de secarse y le condujo de nuevo hasta la habitación, una vez allí le dijo que era su turno y le pidió que se arrodillase, ella ya sabía lo que tenía que hacer. Sintió como algo rozaba su cara, sin poder usar las manos sólo podía esperar a que él decidiese acercárselo a la boca, así lo hizo.

Ella lamía la punta de lo que sin duda era la polla de él, estaba muy suave y ella disfrutaba de la situación, de vez en cuando dejaba resbalar sus labios a lo largo del pene para metérselo en la boca y acariciarlo dentro con la lengua, la metía y sacaba de la boca, él sujetaba su cabeza, aumentando el ritmo. Notaba que cada vez estaba más dura, él estaba excitadísimo y ella sentía que se correría de un momento a otro.

Era él quien dominaba la situación, quien agarrándola de la cabeza imponía el ritmo de la mamada, notaba como la polla llegaba a tocarle la garganta y le producía alguna arcada que aguantaba para complacer a su amante y porque le encantaba tener dentro de la boca aquella polla que aun no había visto, unos segundos después ella tenía la boca llena de una inmensa corrida, que no dudó en tragarse completamente. Después, sin necesidad de que él lo pidiese, comenzó a limpiar su pene con delicados lametones que no dejaban que la erección de él llegase a su fin.

La levantó del suelo y la sentó a su lado en la cama, abrazándola, una sonrisa de cada uno bastó para dar a entender al otro que había sido genial, pero que ambos querían más, se recostaron en la cama y después de unos cuantos besos se durmieron, para despertar poco después con ganas de seguir.

Autora: Casandra

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