Después del concierto

Célica se esparramó encima de mi pija casi de golpe, Susana me ofreció su conchita para que la masturbara, cosa que siempre le gustaba, en cualquier lado y a cualquier hora, Sandra no perdió tiempo y se subió sobre mi cara buscando que mi lengua le hiciera sentir el deleite de una buena lamida de concha.

Nos fuimos de aquel concierto como a las 12.30 de la noche, con rumbo a lo de Susana, pensando que tal vez su hija Andrea y el novio de Sandra ya no estarían, pero al llegar vimos luz en el departamento y decidimos seguir.

Sandra era la que guiaba, mientras Susana me besaba de continuo y su madre me pajeaba en el coche, en el asiento de atrás. Célica tenía unas ganas bárbaras a pesar de su edad (72 años), y aún después de haber acabado en pleno concierto, me hacía una soberbia paja, mientras Susana se desprendía de su top, quedando en sostén y Sandra guiaba rumbo a una amueblada cuyo nombre es Éxtasis y se encuentra a las orillas de la ciudad, muy cercana a una ciudad satélite llamada Pando.

La calentura de las dos veteranas era apoteósica y Sandra las miraba por el retrovisor, mordiéndose el labio inferior. De repente Susana quitó la mano de su madre de mi pija y se agachó a chupar, en lo que era una experta. Sandra se dio cuenta y le espetó: “¡Para! No lo mames del todo si no va a estar fundido y yo quiero coger mamá!” “Y yo quiero hacer eso que haces vos que nunca he hecho” replicó Célica.

La lengua de Susana subía y bajaba por el tronco de mi verga y Sandra manejaba con una sola mano, habiéndose metido la otra entre sus piernas y se pajeaba mientras manejaba, al tiempo que su abuela ya se había despojado de toda la ropa y estaba totalmente en bolas dentro del coche magreándose las tetas, y al verla así a su nieta le dijo: “¿querés que te ayude a sacarte el bikini?” Si abu, ayúdame; bueno para en cualquier lugar y la abuela te ayuda corazón. Los vidrios polarizados no dejaban ver para el interior.

Llegamos solicitamos una habitación por el teléfono de entrada y allá fuimos; entramos al garaje y la última en subir fue Célica que iba desnuda. Sandra no bien llegamos se despojó de la ropa y le dijo a su madre: “mientras yo lo chupo un poquito vos desnúdate”. Susana no lo dudó, y al cabo de unos segundos estábamos los 4 en bolas encima de una cama de agua, y las tres dispuestas a hacerme gozar. Con el dedo índice había enganchado su bikini entre sus piernas y lo jalé hacia abajo sacándoselo por los tobillos.

Célica pidió que a ella la dejaran cabalgar primero, y se esparramó encima de mi pija casi de golpe, Susana le dijo: ¡Cuidado, despacio que te vas a lastimar la tiene muy grande mamá!” y diciendo esto me ofreció su conchita para que la masturbara, cosa que siempre le gustaba, en cualquier lado y a cualquier hora, Sandra no perdió tiempo y se subió sobre mi cara buscando que mi lengua le hiciera sentir el deleite de una buena lamida de concha.

Como negarme a aquel placer, ¡imposible!, así que mi lengua se deleitaba yendo de un extremo al otro de aquella conchita de 20 años, depilada de tal forma que sólo tenía vellos a lo largo de la raja y cortos, aunque enrulados y duros. Los pezones de la guacha eran como dos piedras, que mis manos trataban de suavizar mientras mi lengua debido a la posición entraba cada vez más adentro y la hacía gemir de gusto.

Susana estaba entregada a la paja que le estaba haciendo y no se preocupaba de nada  más, mientras Célica decía que notaba que mi verga estaba más dura, a lo que Sandra dijo: “¡Basta abuela que lo vas a hacer acabar! Célica entendió a su nieta y se detuvo unos instantes, los suficientes como para que Sandra tomara su lugar, y le dijo: “vení mijita, cógelo y que te llene de lechita”. ¡Noooo! Replicó Susana, cortando su polvo que ya le venía, ¡nnooo que capaz quedo embarazada! “¡Déjala!” ¡Ni vos ni yo podemos darle un hijo a Gerardo y se lo merece, ella puede que se lo de y será como hijo de todas!” ¿Vos querés? Preguntó Susana a su hija. ¡Síiii! ¡Quiero darle un bebe!  Cógeme Gerardo, dame tu lechita divina, así papito, así que te viene, te siento, que divino como te vas a acabarrrrr, asíiii, dámeeelaaa toddaaaaa, que me acabo para voooossss toma, tomaaaaa. Susana llegaba a un precioso orgasmo casi junto con su hija: yo tambiéeeen, yo tambiéeeenn.

Célica estaba sobre mi cara disfrutando de su primera chupada de concha y mirando como su hija y su nieta se iban en sendos polvos con el macho que le chupaba la concha a ella y tomándose de los hombros de Sandra gimió: Ahora yo, ahora yo, me viene, me vieneeee, miraaaaaa comoooo me vienee, que rico, tomate mi lechita Gerardo. ¡Tómatela todaaaa! ¡Agh! Los cuatro sumamente contentos y felices solicitamos el servicio de habitación y pedimos sándwiches calientes y una botella de vino espumante, para festejar aquella unión.

Célica estaba eufórica y Susana pidió que le explicaran, cosa que hizo Sandra: “¡mira mamá, las cosas sucedieron sin pensarlo y sin que Gerardo nos haya apurado para nada; yo lo veía contigo y me decía si todo lo que vos le contabas a tus amigas por teléfono sería cierto, que era bueno en la cama, que la tenía enorme, que te dejaba satisfecha todos los días, etc., etc., y la abuela se prendó de él a los pocos días de conocerlo y bastaba ver como lo miraba para darse cuenta que ni bien pudiera se lo cogía.

“¡Ya lo creo! ¡Una cosita de estas es como para que hasta una vieja como yo destile juguitos de nuevo!” Y diciendo esto se inclinó a darme un beso en la boca, donde aún tenía el sabor de su sexo y el de su nieta mezclados. Poco a poco la fui bajando hasta que la dejé frente a mi verga y Sandra le dijo: “¡chúpala abuela, chúpala, te garantizo que nunca en tu vida probaste algo igual, te va a gustar vas a ver!” La vieja se apoderó de aquella verga y al poco rato la tenía dura de nuevo. Susana pensando en vos alta dijo: “¿mamá en serio te la puso en la cola hoy en el concierto?” Y es claro que sí y lo gocé muchísimo, hacía años que no lo hacía por la cola y él tiene una pija verdaderamente grande como para hacerte gozar de la cogida por la cola.

¡Abuela yo quiero probar! ¡Sandra nooo! Te va a lastimar mi amor ¿no ves cómo la tiene? Si por eso pónganme un poco de vaselina en la cola y otro poco a él; Célica no se hizo esperar y tomó el pote de vaselina de la mesa de noche y untó la cola de su nieta, que a decir verdad, gozó de aquella caricia que le hizo su abuela, la que después se entretuvo untándome la verga. La mano experta de Célica con la palma hacia la cola de su nieta pasaba una y otra vez y un dedo empezó a entrar en aquel culito virgen haciendo que su dueña cerrara los ojos y gimiera de placer. Susana ayudó abriendo las nalgas de su hija para que la penetración fuera lo menos dolorosa, y se colocó para ello hincada de rodillas, pero frente a Sandra, mientras Célica guiaba mi pija al culo de su nieta, desde un costado.

Mi verga fue entrando y Célica dirigía: “¡Despacio, despacio, no te apures, así, así, suavecito, así no se le lastima, eso es. Ahora quietita que ya entró. ¡Quietita! Siento como que me abre en dos, pero siento rico, otro poquito, déjalo que me la ponga más abuela, así, así, me va entrando y me gusta, más, más, déjalo que me la ponga toda. Cógeme ese culo, cógeme fuerte que me gusta, así, así, fuerte, que me gusta, fuerteee. Yo la bombeaba de atrás adelante y viceversa, mientras Susana mantenía sus nalgas abiertas y Célica se arrodillaba frente a su nieta, la que irguió la cabeza y al ver las tetas de su abuela bamboleándose, las tomó entre sus manos y pidió para chuparlas.

Célica no dijo nada y se las ofreció en la palma de su mano, mientras yo tomado de las caderas de Sandra empezaba a apurar en señal de que me venía y Sandra se atragantaba con las tetas de su abuela mientras gemía de goce y dolor al metérsela hasta los huevos cuando me fui a acabar. Me dejaron descansar como una hora y luego Susana se apoderó de mi pija y dijo: “¡Es mi macho y ahora me lo cojo yo!” Nadie discutió y se subió a horcajadas para darme una cabalgata de antología. Cuando hubo acabado se bajó y chupó mi verga con sus jugos y cuando creyó que estaba pronta se puso en 4 y ordenó: “¡Ponémela en la cola!”, así sin vaselina que quiero sentirla toda cuando entre.

Sandra y Célica se miraron como diciendo, veremos si es verdad, y acto seguido comencé a sodomizarla hasta tenerla bien clavada y sangrando del culo, mientras ella gritaba: “Me mata, me mata, me parte el culo, ay, ay, ay que goce, me duele, pero gozo  aagghhh, más, más, partime al medio Gerardo, hazme tuya como a ellas, así, así mi vida, más, métela toda, así, así, fuerte que me acabo, que increíiiiibleee, me acabo por la cola miraaaa, miraaaaaaaa, aaaaayyyyyy. “Aghhhh, aghhh; aghhhh, aghhh y caímos exhaustos los dos.

Otra botella de vino y nos dormimos hasta las 8 de la mañana del otro día, cuando desperté al sentir una boca sobre mi verga: era Susana que me la chupaba mientras la abuela daba la teta a su nieta y esta recibía las caricias de su madre en la entrepierna, pero no pasó de eso, nos levantamos y nos fuimos. Al llegar Andrea dormía, el esposo de Célica estaba despierto y se le dijo que como terminó tarde, se quedó en lo de Susana y el novio de Sandra se había ido para su casa.

Yo estoy abocado a que Sandra quede embarazada y le doy verga diariamente con el consentimiento de su madre en su propia casa, y a veces cuando Andrea no está nos acostamos los tres y cogemos hasta quedar rendidos.

Autor: olimarcito

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