La caída moral III

El, sin abrir la boca, tomó mi teléfono celular y lo puso a mi lado. Y ahí estaba yo, Ana, la esposa, la madre, la nuera, con el culo apuntando al techo, la pija de mi jefe acariciando mis labios vaginales, y mi mente en lucha tratando de decidir que era más fuerte. Si mi moral o las ganas de ser traspasada por esa pija. Jorge me metió medio pedazo, despacio, haciéndome gozar y mojarme más aun.

Esa noche no dormí. Germán me hablaba de los niños, de su rendimiento escolar, de la posibilidad de encarar micro emprendimientos por su cuenta, de su optimismo de salir de la difícil situación económica en la que nos encontrábamos, pero yo solo atinaba a responderle con monosílabos. La verdad es que en mente solo tenía la verga de Jorge, mi jefe.

Al otro día, al llegar a mi trabajo, Jorge apenas si me saludó con la cabeza metido de lleno en la revisación de papeleo. Logré a duras penas concentrarme en mi trabajo pero finalmente me fui calmando. A media tarde y ya con los niños en casa con la niñera y mi marido a punto de terminar su jornada de trabajo y marchar a casa, el sonido de la campanilla de mi teléfono interno me sobresaltó…

-Ana, ¿podes venir a mi oficina?

Entré y al cerrar la puerta mi cuerpo comenzó a temblar al tiempo que mi vagina empezaba a humedecerse. ¿Que me sucedía? El se puso de pie y rodeando el escritorio de caoba me dio un abrazo suave y un beso tierno en los labios diciéndome:

-Sos la mujer más hermosa que existe.

Eso me mató. Rodeé su cuello con mis brazos y comencé a besarlo en las mejillas, en la barbilla, mientras él rodeaba mi cintura y me dejaba hacer. De repente me guió hasta el amplio sillón que fue escenario de mi primera infidelidad y me sentó suavemente mientras me sonreía, tomando mis pies en sus manos me sacó los zapatos y comenzó a masajear mis pies.

Miré disimuladamente mi reloj pulsera y vi que a más tardar en 50 minutos se hacía la hora en la que yo habitualmente estaba de regreso en casa. Me prometí a mi misma que sucediera lo que sucediera llegaría a casa a horario. Paradójicamente no me prometí a mi misma no ser infiel una vez más a Germán.

Levanté mi cola del sillón para poder levantar mi falda y liberar mis piernas. Fui más allá de eso y me bajé la tanga amarilla que lucía ese día. Mi macho solo sonreía mientras me ayudaba suavemente y besaba mis rodillas. Con la falda en la cintura y mi concha abierta y exhibida, los líquidos vaginales comenzaron a salir a pequeños chorros mientras Jorge arrimaba la cara y comenzaba a soplarme suavemente.

– ¿Te gusta? – Sigue por favor, atiné a decir…

Nunca me habían soplado la concha, la calentura era terrible ya y sin vergüenza alguna llevé mi mano a la zona, para pajearme suavemente friccionando el clítoris.

– Métete un dedo, me ordenó.

Y así lo hice comenzando un metisaca tremendo mientras fui agregando dedos. Comencé a gemir mientras me pajeaba y Jorge de pie y ya sin ropa de la cintura para abajo me dijo:

– ¿Lo hacemos juntos?

Y se sentó a mi lado masturbándose mientras nos mirábamos uno al otro. No se en que momento pasó el tiempo de ese modo. Solo se que el sonido de mi teléfono celular me sobresaltó. Lo tenía a mi lado, en mi cartera. Con la mano libre logré sacarlo de la misma y ver quien me llamaba, era Germán. No sabía que hacer pero Jorge me dijo suavemente…

– Atendelo…

Pero no lo hice, dejé que sonara hasta que la llamada terminó. Ni él ni yo habíamos dejado de masturbarnos en ningún momento. Jorge comenzó a chuparme las tetas alternadamente y el sonido de mi concha mojada era terrible Yo solo gemía y gemía cuando el celular nuevamente vibró con una llamada entrante…

– Atendelo Ana…

Lo hice…

– Hola Germán, respondí. – Hola amor, estás demorada, ¿está todo bien?

Coloqué el teléfono entre mi hombro y mi cabeza y con la mano libre agarré la pija de Jorge, durísima, roja, venosa.

– Si amor, logré articular entre gemidos…

La situación era tremenda. Mi marido preocupado por la tardanza, y su mujer abierta de piernas al extremo, pajeandose a dúo con su jefe, gimiendo como una cerda.

– ¿Te sucede algo? Te noto nerviosa…  – Sucede que empecé algo acá y quisiera terminarlo Germán…

Mis dedos parecían arrancar mi clítoris y comencé a darme palmadas en la concha que resonaban en el ambiente como bombas. Era tremendo el morbazo. El pobre, preocupado, y su esposa con una pija ajena en la mano y pegándose cachetadas en la concha para llegar al orgasmo.

– Ana, entonces, ¿te espero a cenar o les voy dando algo a los niños? – No, esperame que llego…  ¿Están bien los nenes?- Si, acá a mi lado viendo tele. Lucas quiere saludarte…

Jorge se había puesto de rodillas a mi lado ofreciéndome la verga para que se la mamara. Con la tranca de mi jefe en la boca escuché a mi hijo mayor preguntarme…

– ¿Estás bien mami?

Logré sacar un trozo de pija de mi boca y articular un: – Si amor, hagan todo lo que papi diga y espérenme a cenar…

De un empujón metí la verga de nuevo en mi boca y sentí que mi saliva se deslizaba a mi barbilla. Mi concha era un volcán que necesitaba ser apagado en forma urgente. Mi macho me agarró de la cintura y me dio vuelta poniéndome en cuatro patas como la perra que era, al tiempo que metía su lengua en el agujero de mi culo.

Mi hijo me dijo…

– Bueno ma, te esperamos, te paso con papi de nuevo. – Ana perdona la insistencia pero, ¿está todo bien? – Más que bien, le dije mientras la saliva caía por las comisuras de mi boca…  – Debo colgar Germán, le dije al sentir que el glande de Jorge acariciaba mi vagina encharcada…

Jorge arrimó la cabeza a la mía y susurró a mi oído…

– Decile que te están comiendo el culo, que te estás pajeando como una yegua en celo…

Eso me flasheó y en medio de una convulsión tuve mi orgasmo al tiempo que mi teléfono caía al sillón. Lo apagué y ahí sí, liberé mis cuerdas vocales y comencé a gritar de calentura…

– ¿Te gusta? ¿Te calienta hablar con tu familia mientras te cogen, cerda? – Basta Jorge. – Responde, ¿te gusta? – … Siiiii… – Decilo… – Me gusta que me llame mi esposo mientras me cogés…  – ¿Y tu hijo? – ¿Qué sucede?  – ¿Te gustó hablar con el mientras chupabas mi pija? – Metemela por favor… – Contestame antes… – Esto es demasiado Jorge, mi familia…  – ¿Tu familia qué? – Por favor, meteme la verga ya… no soporto más…  – Lo haré con una condición, perra…

” Perra” me llamaba y eso me pudo. Insólitamente son esos pequeños detalles los que hacen de ciertas situaciones, situaciones inolvidables. La “perra” solo atinó a preguntar:

– ¿Qué condición?

El, sin abrir la boca, tomó mi teléfono celular y lo puso a mi lado. Y ahí estaba yo, Ana, la esposa, la madre, la nuera, con el culo apuntando al techo, la pija de mi jefe acariciando mis labios vaginales, y mi mente en lucha tratando de decidir que era más fuerte. Si mi moral o las ganas de ser traspasada por esa pija.

Comencé a llorar. No se a ciencia cierta el motivo pero comencé a llorar… Lloraba cuando agarré el celular. Lloraba cuando marcaba el número de mi marido. Lloraba cuando atendió el teléfono mi hijo.

– ¡Hola ma! – Hola mi vida…

Jorge me metió medio pedazo, despacio, haciéndome gozar y mojarme más aun…

– El papi se está bañando, me dijo que atienda yo. – Está bien mi cielo… , decile a papá que lo amo, le dije mientras mi mano libre se deslizaba entre mis piernas hasta acariciar tiernamente las bolas de Jorge, tremendas, llenas, calientes…

En ese momento un orgasmo terrible me atravesó. Comencé a temblar como una hoja mientras litros de saliva se escapaban de mi boca…

– Bueno ma, apurate que papi te está cocinando algo, ¡no se que es pero huele bien! – Si mi amor, ya salgo para allá, le dije entre lágrimas de vergüenza…

Quince minutos después, ya vestida y con el maquillaje arreglado me despedía de mi jefe con un beso en la mejilla cuando él me sorprendió con un:

– ¿No me acompañas a fumar un cigarrillo, amor?

Nunca había fumado. No se que es lo que me decidió. Si la caída libre en que derivaba mi vida o el que él usara ese término conmigo: “amor”

Así fue como llegué a mi casa sin bombacha, con el corpiño desprendido, el maquillaje apenas arreglado y con olor a cigarrillo. Eso sin contar el otro olor. El olor a pija y leche ajena. Germán me recibió con un abrazo y yo aterrorizada miré mis aspecto en el espejo del recibidor. Despeinada, ojerosa, el maquillaje definitivamente corrido y… ese olor a puta.

– Me ducho y cenamos Germán, le dije…   – ¿No vas a saludar a los niños Ana?

Algo sucedió. Algo en ese momento se quebró en nuestras vidas. Era el priorizarme a mi por sobre las ganas de mis niños de saludar a su madre.

– Por supuesto, atiné a decir y corrí a darles un beso rápido y encerrarme en el baño para ducharme y limpiar la poca vergüenza que me quedaba.

…Continuará…

Autora: Ana

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Mi ex compañera de colegio

Nuestros cuerpos comenzaron un ritmo intenso, sentía como su cuerpo me presionaba cada vez más y podría decir que sentí el momento en que ella terminó silenciosamente, para continuar hasta que explotó toda mi locura por ella entregado completamente, nuestros movimientos siguieron hasta que no tardó en dejar salir unos gemidos de placer que anunciaban su momento de placer.

Son increíbles las vueltas de la vida, después de muchos años de haber salido del colegio, mi generación de compañeros se reencontró, hace ya casi dos años, y en cada reunión han ido apareciendo distintas personas.Una de estas personas es la que motiva este relato, una de mis compañeras, a la que en la época del colegio prácticamente nunca le hablé, simplemente teníamos intereses distintos. Pero la verdad, parece que nuestros intereses actuales si tiene que ver, y después de una de la reuniones de curso, nos empezamos a hablar por chat, y estas conversaciones poco a nos fueron llevando a un punto, que ambos decíamos que no cruzaríamos.

Simplemente puedo decir que nuestras conversaciones estaban llenas de insinuaciones y provocaciones, que nos fueron llevando a sincerarnos y comenzamos a darnos cuenta que algo se despertó en nosotros y finalmente las conversaciones virtuales tuvieron su lado de real al encontrarnos en una de las reuniones con los compañeros, ahí las miradas y las sensaciones que teníamos, fueron preparando el camino a lo que vendría, esa noche lo único que quería era abrazarla y sentirla cerca mío, besarla, me habría perdido con ella esa noche, pero ninguno se atrevió a dar el paso, aunque estuvimos cerca.

A los pocos días, producto de todo lo que nos pasó esa noche, decidimos juntarnos a conversar de esta situación que no estaba bien, ya que ambos tenemos nuestras familias, así que elegimos un lugar tranquilo, pero que no significara nada más, por lo que nos citamos en mi oficina, un día que yo sabia no habría nadie y podríamos conversar tranquilos, cosa que en un principio hicimos, pero poco a poco nuestras miradas, nuestra respiración, fue dejando ver el deseo de estar juntos, nos fuimos acercando y nos dimos nuestro primer beso, fue increíble, nos abrazamos y fuimos aumentando la intensidad de los besos, tratando de no perder el control, los abrazos dieron paso a las caricias, lo que fue prendiendo un fuego en mí, y pude sentir que en ella también, dejándonos llevar completamente por la situación.

De unas sillas de oficina incómodas, nos pasamos un sillón, ella sobre mis piernas, comencé a recorrer su cuerpo con mis manos suavemente, quería descubrirla, primero acaricié sus muslos, su cintura, su espalda, la besaba con locura en su boca, en su cuello y sutilmente algunos besos en su pecho, a esa altura acariciaba su espalda y suavemente rozaba sus glúteos, a momentos me detenía a observarla, a descubrir y disfrutar esa mirada dulce que ella tiene, con sus preciosos ojos de un verde especial, también disfrutaba de su figura, un cuerpo que me enciende.

No nos dimos cuenta cuando estábamos en un sillón más grande de mi oficina, y nuestras ropas aún ejercían resistencia a dejarnos producto del cargo de conciencia de lo que estábamos haciendo, pero las caricias terminaron por derrumbarlas, y así pude ir descubriendo su cuerpo hermoso, sentir su pasión contra el mío, las caricias algo adolescentes se transformaron en besos apasionados, que recorrían su cuerpo y sus pechos, mis manos los acompañaban descubriendo los secretos y rincones húmedos de su cuerpo, nuestros cuerpos a esa altura ya se movían y comunicaban a la perfección, siguiendo un ritmo de movimientos que nos dejaron en el suelo, ella sobre mí con algunos restos de nuestras vestimentas.

A esa altura sentí que ya no pensábamos en nada más, dejándonos llevar por lo salvaje del momento, nos recorríamos con caricias el uno al otro, pude sentir que ya nada nos detendría por lo que comencé a pedirle que me dejara terminar lo que habíamos iniciado, ya que ella aún sentía que lo que hacíamos no estaba bien, aunque su ser le decía que se entregara a mí.

Finalmente me ubiqué en la entrada de su sexo, suavemente fui abriéndome paso y comencé a sentir algo increíble, no había avanzado mucho, pero lo que sentía era distinto a lo que conocía, la presión, la humedad, me estaba volviendo loco, ya no solo era su personalidad la que me encantaba, sino que su cuerpo me estaba embrujando, y en ese momento cuando ya se veía que nada nos detendría sonó el teléfono, un celular que con su melodía terminó todo aquel momento mágico, ya que ella sintió que no podía seguir y que era mejor dejar todo hasta ahí, algo así como salvada por la campana. No se imaginan lo que es terminar un momento tan mágico de esa manera. Nos abrazamos con ternura, creo que esos abrazos calmaron el animal que se había despertado en mi, disfruté de su fragilidad en mis brazos y me sentí invadido por su ternura.

Nuestras conversaciones siguieron las semanas siguientes, tratábamos de justificarnos y no sentir tanto cargo de conciencia por lo que habíamos hecho, pero nuestras conversaciones no cambiaban, seguíamos provocándonos, lo que finalmente nos llevó a nuestro segundo encuentro, esta vez yo sabía que no podríamos hacer nada, por que ella me dijo claramente que no quería que volviera a pasar y que necesitábamos aclarar esta situación, así que volvimos a juntarnos en mi oficina, por que no era otro el objetivo que conversar…

Se pueden imaginar que la escena se repitió, pero esta vez nos dejamos llevar y los celulares estaban silenciados, por lo que finalmente volvía a tenerla en mis brazos, pero esta vez nos entregamos el uno al otro, quedando desnudos en el suelo, ella sobre mi y esta vez sin pensar en nada más, sentiría esa magia, ese embrujo que siento al hundirme en su humedad, que me presiona dándome sensaciones increíbles, poco a poco estaba cada vez más dentro de ella, y cuando ya estuvimos completamente conectados, nuestros cuerpos comenzaron un ritmo intenso, lo que junto a los besos me hizo sentir una verdadera conexión con ella, sentía como su cuerpo me presionaba cada vez más y podría decir que sentí el momento en que ella terminó silenciosamente, para continuar hasta que explotó toda mi locura por ella entregado completamente, nuestros movimientos siguieron hasta que no tardó en dejar salir unos gemidos de placer que anunciaban su momento de placer.

Después de todo ese momento de magia, volvieron a nosotros los sentimientos de culpa, que tontera, nos sentamos tranquilamente y conversamos, en un regaloneo deliciosos durante un buen rato, no me van a creer que tonto fui al decirle como broma que si le gustaría una segunda, y ella riéndose me dijo que ¡SI!, pero como yo lo había dicho como broma, no fui capaz de darme cuenta que hablaba en serio y les menciono esto por que hubo una tercera vez, que espero no sea la última, en la que aproveché todas las oportunidades que me dio, cada vez más relajados con nuestros remordimiento, nos juntamos una noche, conversamos un rato, empezamos a besarnos, nos miramos con picardía, lo conversamos y nos dirigimos a un motel, por que ya sabíamos a lo que íbamos y lo que queríamos…

Comenzamos por reconocer el lugar y bromear un poco, seguramente de manera inconsciente con el fin de relajarnos, primera vez que yo estaba en un motel, y más aún con una mujer que no era la mía, pero eso no me importaba mucho, solo quería estar con ella, así que nos pusimos en la cama y comenzamos a besarnos, bromeábamos por el nervio de la situación, seguimos besándonos, acariciándonos, y lentamente nos fuimos desnudando, ella tiernamente se cubrió con las sabanas, por una vergüenza que ella tiene de mostrar su cuerpo y que no puedo entender, ya que tiene un cuerpo precioso.

Seguimos con nuestras caricias, la besaba, lamí sus dulces senos, pudiendo sentir como con cada beso era cada vez más mía y poco a poco se fue generando el ambiente, el calor y la humedad nos unieron, comenzamos a hacer el amor intensamente, la verdad es que lo que siento con ella es algo increíble, me siento en el cielo, como que nos conectamos físicamente y espiritualmente, al parece ella también, ya que en un minuto me dijo algo, que creo no voy a olvidar en mi vida, por la forma y la intención con que lo dijo “Me encanta como me llenas”, y creo que no se refería solo a lo corporal, porque yo también me sentí lleno de ella.

Y como mencioné antes, esta vez aproveché todas mis oportunidades, estuvimos haciendo el amor y unidos en un mundo privado durante unas horas, lamentablemente como la cenicienta, tenia que volver a su casa, pero la verdad es que aún sigo unido a ella, lo que ella me da, evita que la pueda olvidar o dejar, se ha transformado en algo así como una droga a la que me hice adicto.

Autor: Carlos

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Poniendo los cuernos

Inicié la penetración con tanta lascivia que me pedía le dijera que era mi puta, quería sentir mi semen dentro de ella, no importaba que quedara embarazada ni que se fuera a casar con quien sea, que ella solo quería coger conmigo, y que me viniera dentro de ella, esto me calentó más y grité que su cuerpo sólo era mío que no me detendría hasta saciarme con ella, y que me pertenecía.

Hola, mi nombre es Mario, soy de México, y lo que les voy a contar es algo que me pasó hace no mucho tiempo.

Hace como dos años, terminé con mi novia, (por muchas diferencias acabamos), nuestra relación se volvió un desastre en nuestro segundo año, nos conocimos en la universidad, aunque éramos de carreras totalmente distintas (aunque en la cama la extrañaba, se movía riquísimo, y me hacía un sexo oral sabroso, tragándose todo mi semen, además le gustaba que lo hiciéramos en lugares públicos), tanto así que cuando nos dirigíamos a mi casa, en el trayecto en bus me hacía venir al menos 3 veces.

Bueno al grano. Esto pasó cuando ya habíamos terminado, un lunes, me dispuse a invitarle unas cervezas, la llameé y ella aceptó. Nos quedamos de ver en un centro comercial, así que saliendo del trabajo me subí a mi auto y llegué tan pronto como pude y fue puntal a la cita. Mis padres tienen una casa en construcción, y ahí decidí llevarla, ya tenía todo planeado, unas cervezas bien frías, unos condones porque sabía que ella con alcohol, cogía más rico.

Resultó que ya bebiendo, me dijo que estaba rehaciendo su vida, y que me estaba tratando de olvidar, que había aparecido en su vida un chavo y que quería que se casaran (al menos eso me dijo…), estuvimos platicando de esto y aquello por más o menos una hora, entonces le comenté que ya me estaba empezando a marear por las cervezas (pero era puro cuento), me acosté en el sofá, y cerré los ojos.

Todo sucedió como lo planeado. Llegó diciendo que no me podía sacar de su mente, y le susurré que tenía ganas de ella, al principio me dijo que no, que quería realmente al joven que no quería serle infiel, pero con alcohol y deseo, eso se olvida. Así que empecé a besarla, le comencé a meter mi lengua en su boca y no se rehusó para nada, empezó ella también a besarme como salvaje, como si hubiera esperado eso por mucho tiempo.

Le quité la blusa como pude, y empecé a besarle el cuello, ella por supuesto luego me bajó el pantalón, y me besaba el miembro que ya estaba erguido, y comencé a recordar como le gustaba tragárselo por completo.

Disfrutando de ese enorme placer, inicié el descenso de mis manos para quitarle sus bragas, y después de tanto extrañar sus pequeños, pero jugosos pechos me deleité en masturbarme con ellos, hasta que al final, sentía que me venía, le pedí que abriera la boca, sin pensar la clavo en ella, para sentir como en ese instante eyaculaba en su garganta, apreciaba como recorría un espasmo delicioso desde mi pene hasta mi cabeza.

Cuando empecé a recuperar el sentido, se quitó su pantalón, su tanga, y puso su delicioso trasero en mi cara, y tuvimos sexo oral, deliciosos eran aquellos jugos que se derramaban en mi boca y en mi garganta.

Sentí como se me volvía a parar mi miembro, así que sin decirle nada, y como reacción natural, la voltee y levanté sus nalgas al aire he inicié la penetración, lo hacíamos con tanta lascivia que empezó a pedirme que le dijera que era mi puta, que quería sentir mi semen dentro de ella, que no importaba que quedara embarazada ni que se fuera a casar con quien sea, que ella solo quería coger conmigo, que le hiciera el amor como yo deseara, y que me viniera dentro de ella… esto solo me calentó más, así que le tomé la palabra, y grité que su cuerpo sólo era mío que no me detendría hasta saciarme con ella, y que me pertenecía…

La giré nuevamente para penetrarla de frente, verla a los ojos, morderle sus pezones tan fuerte que sentía que se los iba a arrancar, me pedía que le hiciera chupetones debajo de sus senos, en su vientre, y en el cuello (esto me sacó de onda, pero accedí), así que la penetraba tan frenéticamente que no pude contenerme y sin más remordimiento me vine dentro de ella, parecía que nunca iba acabar, me pareció tan eterno como efímero.

No quería que esa sensación en mi miembro, su vagina, tan húmeda tan cálida se acabara jamás. En esos momentos sonó su celular, era su novio, que estaba preocupado porque no le contestaba sus llamadas, (ja, tonto si supiera lo que hicimos su ahora esposa y yo…)

En ese momento sentí que estaba acabando mi orgasmo, aún no se como hizo para contener la respiración y no la oyera su chavo, pero la muy astuta le dijo que se cortaba la señal, que por eso no había respondido su celular y le colgó.

Entonces noté que me dedicó una perversa sonrisa y me dijo que sentía que su vientre no estaba lleno de leche, y qué esperaba para saciarla. Seguí cogiendo con ella por espacio de media hora, y no dejaba de sonar su celular a cada instante.

Terminé exhausto, saciado o más bien dicho vacío, entonces ella solo se dedicó a limpiar mi miembro con su lengua y sus senos. Me dijo que si se podía bañar porque su novio le había mandado un mensaje de que se vieran en una tienda departamental, me bañé con ella, y le pedí que siguiera limpiando mi pene hasta dejarlo limpio, a lo cual ella accedió.  Subimos a mi auto y en el camino me decía que fue una rica locura, pero que sentía que no se podía repetir. Eso me dio una sensación de nostalgia, pero le dije que la respetaba, y que si así lo quería que así iba a ser. Y la dejé cerca del lugar.

Un mes después decidí buscarla, tenía el problema que había perdido mi celular, y no contaba con sus números (además por el remordimiento a que si realmente había quedado embarazada por la cantidad de leche que en ella deposité), aunque no me fue posible localizarla. Apenas unas semanas después, un amigo la vio y me contó que se veía igual, así que no creo que haya quedado evidencia de nuestra tarde de calentura, incluso me dio su número telefónico. Yo ya tengo novia, (aún así quisiera repetir la experiencia si se puede, ya he chateado con ella me contó que su novio se dio cuenta de los chupetones, y sospechaba que algo había pasado, pero no parece muy arrepentida por lo sucedido), así que ahora y con marido creo que podré lanzarme al reto (y si esto cuaja, les prometo fotos de ella llena de lechita caliente, tanto en su boquita como en su rajita).

Bueno mis compañeros de la oz y del martillo eso es todo por hoy, otro día les comentaré sobre mis historias con mi hermanita, con ella empecé a gozar del sexo y aprendí que venirse dentro de una mujer es una sensación única, y también me enseñó que una amante dentro de la familia quita sentimientos de necesidad de pareja, luego les cuento como me fue en esas hermosas épocas, por ahora me despido.

Autor: friobar

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El que reza y peca

No titubeé y se la dejé ir hasta el fondo para sacarla y regresar al mete y saca de la cabeza, húndemela hasta tus huevos, me gritaba, se la hundí y combiné penetraciones profundas con mete y sacas rápidos y cortos, su concha estaba muy húmeda. La verga se deslizaba con facilidad, con mucha facilidad. Entraba y salía, entraba y salía. Mi polla se inflamó y mi leche salió a borbotones.

1. El encuentro

¡Cesar, Cesar, Cesar! Los llamados eran insistentes, giré y me encontré con ella, caminaba presurosa hacia mí, sonreía, su sonrisa demostraba que le alegraba verme.  Era un antigua vecina con sus más de 35 años, mi vecina fea con la que había tenido una serie de experiencias sexuales que quedaron consignadas en algunos relatos publicados en esta página….

– Ingrato, eres el más ingrato de todos los ingratos. Te cambiaste de apartamento y te olvidaste de mi, ni una llamada, ni una visita, nada de nada. Y eso que te fue bien conmigo y que decir de mi amiga… no te puedes quejar…  Así son todos los hombres…

No sabía que responder… sólo atiné a decirle que era el trabajo y mis viajes constantes dentro y fuera del país lo que nos había alejado…

-No eso no es excusa, con una llamada todo había quedado solucionado…  no estuviste fuera del país todo el tiempo… Así son todos los hombres, se comen lo que quieren  y adiós… y uno de pendeja esperando más… si eres un ingrato…

-¿Que haces aquí en este centro comercial? (Palmeto plaza), con mi pregunta quería cambiar de tema.

-Estoy de compras y atendiendo a mis sobrinos que están de visita por la Semana Santa, vine con mi hermana, no demoran en llamarme para que los acompañe…

-Si te llaman le dices que te encontraste con un amigo que te pidió el favor de acompañarlo a Cosmocentro (otro centro comercial ubicado a cuatro  o cinco plazas de Palmeto) y que no demoras así conversamos y aclaramos tu reclamo…

-Bueno, pero no podemos demorarnos, solo conversamos y nos vemos esta semana. Me tienes muy desatendida…

No pude más que sonreír con su última palabra, años sin verla y mi vecina iba al grano. Nunca pensé que la disculpa de ir a otro centro comercial fuera aceptada, ahora estaba en problemas, pero estaba solo, tenía tiempo y el recuerdo de las experiencias pasadas despertó mi calentura… Vamos al parqueadero por el carro… Llegamos al carro, le abrí la puerta. Cuando iba a ingresar en el auto, la tomé del talle y la besé, le restregué el pene por su sexo. Ella respondió mi beso con ardor y movió la cadera alrededor de mi pene.

– Cálmate bebe, no enciendas fuegos que nos vas apagar…

Me monté en el auto… mi pene ardía, mientras encendía el auto, como siempre hago en estos casos, se lo mostré… Ella lo tomó en su mano…

– Bebe compórtate como un adulto… ahora no podemos jugar…

2. Idea de último momento…

Salimos del parqueadero… Dirigí el auto hacia la autopista, mi vecina preguntó:

– ¿Hacia donde vas?… Por aquí no llegamos a cosmocentro, es por la cincuenta… – No preguntes, he cambiado de idea…

Llegué a la avenida Guadalupe, giré a la izquierda y tomé el carril de retorno de la autopista por debajo del puente elevado… un minuto después entraba a uno de los aparthotel de la zona…  Mi vecina estaba estupefacta… Solo balbuceaba que no lo podía creer… Me decía que estaba loco…

Después de los trámites de rigor, no dieron una de las habitaciones cuya ventana daba sobre al autopista… El recorrido de la recepción a la habitación fue una eternidad… al fin entramos, mi vecina no reaccionaba… Sólo me inculpaba de lo sucedido…

– Cesar, sinvergüenza, estás loco, ¿cómo traes aquí?, me engañas y ahora quieres comerme… alguien nos pude ver en la entrada…  Que locura… y de boba acepto, no me rehuso, no grito y no te hago escándalo…

Se acercó a la ventana y semi cerró las cortinas… Me acerqué por su espalda…la abracé… le pegué el pene a su trasero… mis manos acariciaron sus pechos… Se estremeció…giró su rostro y me besó… Nos besamos, con fuerza y con pasión…

Seguí moviendo mi pene contra su trasero, ella contoneaba su cuerpo contra mi masculinidad… Bajé mi mano por su talle… la introduje por debajo de su vestido. Ella se recostó más sobre mi sexo. Mi mano no fue obstaculizada y pronto estaba en su entrepierna. Sentí su sexo por debajo del tanga. Su húmeda vagina empezaba a ser palpable…mis dedos se concentran en el clítoris… ella se estremece, gime quedamente, presiona con sus nalga mi pene…

– Así, así, caliéntame suave, tocaré suave… mi conchita empieza a hervir para ti…

Con suavidad le quito su tanga… ella se deja llevar por el movimiento de mis manos. Los reclamos han sido olvidados, ahora quería sentir. Mis lengua jugueteó con su vagina, estaba húmeda,

mis dedos dibujaron los pétalos de sus labios, uno de ellos acarició su clítoris, otro desapareció en sus entrañas, arrecié el movimiento y su primer orgasmo llenó de sonidos la habitación.

– Quiero tu polla, penétrame, ¡dame verga ya!…No me hagas sufrir más…

Como pude me despojé de mi bermuda y del interior. Mi ariete quedó al aire. Ella lo tomó en su mano… jugó con los líquidos seminales…

– ¡Que grueso!… El que me estoy comiendo ahora es muy delgado… a mi me gustan las pollas gruesas, que me hagan sentir que me parten en dos. Vamos métemelo. ¡Dame polla!.

Se inclinó hacia adelante… pude ver su vagina jugosa, apenas si recordaba como era, la penetré con lentitud… mi pene se abrió espacio sin obstáculo alguno. Sus manos se posaron sobre el vidrio de la ventana, desde nuestra posición podíamos ver el paso de los carros en la autopista…

– Si, mételo suave, hazme gozar con la entrada de esa polla, métela suave, deja que la sienta entrando en mi partiéndome en dos…

La tenía agarrada por las cadera, ella seguía con sus manos en la ventana, de esta forma podía dirigir la penetración, ella se dejaba llevar. Tenía un excelente punto de apoyo. Si me quedaba quieto desplazaba su cuerpo hacia atrás para que mi pene le entrara hasta el fondo…

Deslicé una de mis manos a su entrepierna…percibí sus vellos púbicos, estaba rasurada. Toqué mi verga que entraba y salía de su sexo, le acaricié su conchita, su clítoris estaba inflamado por el placer que estaba recibiendo…

– Ohh, ¡Que buena verga estoy recibiendo! No pares Cesitar, métela, sácala, métela, sácala, adentro, afuera, adentro, afuera…

La penetración y mis caricias en su clítoris pronto la llevaron a su segundo orgasmo. Fue explosivo, pero semi silencioso. La sentía correrse pero no gritaba. Se quejaba y su cuerpo se crispaba por el placer. Mientras se corría aceleré mi penetración, no mucho pero la aceleré, sacaba mi polla y la clavaba con un poco más de fuerza…

Ella seguía en su viaje por el placer. Sus quejidos y movimiento del cuerpo me señalaban que navegaba por caminos muy placenteros… El timbre del celular nos regresó a otra realidad…

– Si, ya voy, ya estamos terminando, ya voy, me esperan en Cress allí les invito a un helado…

Mientras respondía la llamada la tomé por la cintura y seguí dándole verga, sólo le metía la cabeza de mi polla y la sacaba, de nuevo adentro y de nuevo afuera, inicié un mete saca, quería correrme, darle mi leche caliente…

Lanzó el celular sobre la cama y se apoyó de nuevo en la ventana, los carros seguían pasando por la avenida mientras la cabeza de mi polla entraba y salía de su concha. Buscaba frotar el grande de mi verga con la entrada de su coño para gozar y apurar el orgasmo…

– ¡Métela toda, métela toda. ¡Vamos métela!…

No titubeé y se la dejé ir hasta el fondo para sacarla y regresar al mete y saca de la cabeza…

– ¡Que la metas toda! toda, húndemela hasta tus huevos… métela papito, métela…

Nuevamente se la hundí y combiné penetraciones profundas con mete y sacas rápidos y cortos… su concha estaba muy húmeda. La verga se deslizaba con facilidad… con mucha facilidad…

Entraba y salía, entraba y salía… Mi polla se inflamó y mi leche salió a borbotones… me dejé caer en la cama… Ella fue al baño…

10 minutos después estábamos en Palmeto. Nos despedimos, la vi perderse en la multitud, buscaba a sus sobrinos en Cress, antes de irse me dijo sonriendo:

– Me llamas, tengo algo especial para ti, ¿Acaso no te quedó gustando mi culito?…

Autor: Pichincha63

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