Con mi Tío, Navidad sobre Ruedas

La cena de Navidad  tenía todos los alicientes para ser una más. Las mismas situaciones incómodas en familia, compromisos y conversaciones triviales.

Siguiendo las rotaciones de casa anuales, aquel año le tocó a Sara y Luis hacerlo en su casa.

Tras el maratón de preparación, pronto la casa estuvo llena de padres, tíos, primos y niños pequeños. Sin más emociones que las típicas de una cena de Navidad, al final del ágape llegó el turno de los licores  y otros cócteles.

Arturo, tío de Sara, hizo una foto a la feliz pareja. Se sentó en su sitio y se la enseñó a su hermano Raúl, que pudo ver lo guapos que estaban Luis y Sara. Ésta, realzaba su delgada figura de treintañera, con un contraste entre su piel clara, melena oscura y vestido negro, corto y escotado dentro de lo posible. Ambos la encontraron bella, más allá de los lazos familiares, y disfrutaron viendo la imagen que encajaba perfectamente en la pantalla de la cámara al casi igualar en altura Sara a su novio debido a los zapatos de tacón.

El fotógrafo aficionado apuró su vaso de whiskey y le sirvió uno a Luis. Raúl esgrimió una sonrisa resignada a sabiendas de que ni siquiera le ofrecerían una copa debido a su medicación. Y es que cuando Raúl se fue al baño, no se levantó de la silla. No es que arrastrara parte del comedor al retrete, sino que estaba impedido en una silla de ruedas.

 

Desde el cuarto de reflexión, Raúl escuchó una mezcla de despedidas de algunos familiares que se despedían junto con las risotadas de Arturo y Luis. Sonrió para sí y se alegró, pese a todo, de tener una familia así.

 

La madrugada había avanzado cuando Arturo, visiblemente tocado, se despidió y se alejó en el taxi al que había llamado.

Sara no padecía de la pesadez del alcohol, al contrario que su novio, sino que estaba iluminada por una verborrea que había atrapado a Raúl en un ambiente cómodo en el que se sentía muy a gusto.

–          ¿Te quedarás a dormir, verdad tío? Tenemos la habitación del ordenador con una cama para invitados.

–          Como queráis Sara. No quiero molestar.

–          ¡Para nada! No te irás a ir a estas horas. Bueno, no has bebido, pero igual algún loco sí que lo ha hecho y a nosotros no nos importa que te quedes. ¿Verdad, Luis?

–          Claro, lo que él quiera. – Dijo con cierta pesadez en la lengua.

–          Espero no cortaros el rollo…

–          ¿El rollo? – dijo Sara divertida – Ja, ja, ja. Si fuera por él habría rollo todos los días. A ver cariño, ¿con los whiskeys que te has tomado tú crees que estás para algo? – dijo Sara sin tapujos por la confianza que siempre había tenido con Raúl.

–          Eh… a mí ya sabes que me da igual quién nos oiga ja, ja, ja.

–          ¡Qué animal! Tú ni caso Raúl. Te quedas.

–          Gracias chicos.

–          Tío, te voy a hacer un mojito sin alcohol que te mueres. A una de mis amigas le gusta más que con alcohol.

–          Gracias Sara.

La joven se fue a la cocina, e inconscientemente, los dos hombres se quedaron mirando cómo se alejaba moviendo de lado a lado su pequeño culito.

–          Bueno Raúl, con tu permiso – dijo apurando el vaso de whiskey – me iré al sofá.

El hombre se quedó solo en la mesa del comedor, mirando el móvil.

 

–          ¡Chachán! Aquí están los mojitos. Me he hecho otro para mí con alcohol.

–          ¡Gracias! – dijo Raúl.

–          ¿Y Luis? ¿Ya estás en el sofá?

–          Sí, ahora voy, déjame descansar un poco.

 

Sara se sentó a la derecha de Raúl y apuró un sorbo de su mojito con sus carnosos labios.

–          Mírale, seguro que en nada está sobando.

–          Bueno, estáis en vuestra casa, es normal que os pongáis cómodos.

–          Ya, pero un día es un día. Tampoco iba a cenar hoy con toda la familia en pijama – respondió riéndose.

–          No, con lo guapas que vas, mejor que no.

–          Gracias tío. Y tú qué ¿alguna novia? – dijo mirando su móvil  posado sobre el mantel.

–          Pues no. En la asociación en la que estoy hay bastante folleteos entre unos y otros, pero creo que soy bastante exigente.

Un ronquido desde el sofá les hizo girarse.

–          Me parece a mí que tanto tú como yo, hoy nos vamos a quedar a dos velas.

–          Je, je, je. Yo en mi caso ya lo daba por hecho.

Sara le dedicó una mirada condescendiente cargada de comprensión, y en cierta medida pena. Ese tipo de mirada a la que Raúl estaba acostumbrado y de las que había aprendido a pasar.

–          Me parece a mí que tenías más ganas tú que Luis de hacer algo hoy, ¿eh?

–          ¿Tanto se me nota tío? – El tirante izquierdo de su vestido se cayó, y ella lo recolocó despacito, inconscientemente. – Igual es cosa del alcohol. Mira, apenas has empezado tu mojito y yo ya me he acabado el mío.

La chica se levantó en uno de sus rápidos movimientos felinos y se dirigió al sofá. Tapó a su chico con una manta y volvió.

 

Tío y sobrina alargaron una hora más su conversación.

–          Cuando quieras irte a dormir, avísame.

–          Yo creo que me retiraré ya, lo que necesitaré un poco de tu ayuda para subir a la cama.

–          Lo intentaré.

 

Se dirigieron al cuarto de invitados y Sara se inclinó hacia su tío para ayudarle.

–          Entonces ¿qué hago? ¿tiro de ti? – Raúl se fijó en el escote que formaba su top y el canalillo que formaban sus pequeñas tetas.

–          No creo que puedas conmigo.

–          ¡¿Qué no?!

Sara le agarró de las manos y tiró sin éxito. Trastabilló con los tacones y Raúl la agarró para evitar que cayera. La chica fue a parar contra su tío entre risas.

–          Creo que te voy a hacer un favor – dijo agarrándola por su fina cinturita.

–          ¿El qué?

–          Sobrinita, estás más cachonda que un conejo. Ven aquí.

–          Qué… yo…

Raúl tiró hacia sí, y ella, con cara de sorpresa, se subió a sus piernas. La parte baja del vestido se subió, dejando a la vista casi el 100% de sus largas, blancas y suaves piernas.

Él amerizó sus manos sobre aquellas piernas y fue subiendo lentamente.

Sara, confusa por la mezcla de emociones e instintos, se dejó hacer con cara de sorpresa. Sus tirantes volaron, y sin saber en qué momento había ocurrido, de repente se sintió libre de la presa de su sujetador.

–          Tío, yo….

–          Calla déjate llevar, que lo estás deseando.

Su sujetador negro de encaje voló y Sara se encontró con sus erguidos, y pequeños pechos de azucena apuntando hacia su tío. Excitada, hizo lo único que sentía hacer. Colocó sus manos en la nuca de Raúl, y apretando levemente, pronto tuvo la cabeza de su tío entre sus tetitas.

El hombre disfrutaba entre aquellos pechos de adolescente. Apretándolos por los laterales le lamió el canalillo y mordisqueó sus pequeños pezones rosados.

Con la mente totalmente despejada, pudo notar como su sobrina movía de forma apenas perceptible su cadera. Estaba excitada y se estaba restregando contra él.

–          Las pierna son las siento, pero esto sí – dijo lanzando un impulso nervioso a su pene para que ella notara palpitar su erección.

Ella, silenciosa, sonrió y le besó en los labios aumentando sus balanceos de cadera.

Con total control de la situación, Raúl enganchó sus manos en las nalgas de su sobrina y apretó. El culo era terso, duro y suave, tanto al roce de la piel como de las braguitas.

 

Sin necesidad de mediar palabra, entre los dos consiguieron bajar lo justo el pantalón y los calzoncillos del hombre. Su pene parecía un poste esperando a que le izaran la bandera. Sin decir nada, Sara se inclinó, lo agarró y se lo metió directamente en la boca. El prepucio entraba lentamente dentro de su boca al son de sus cabeceos.

Raúl le recogió el pelo para no perderse detalle, y con la excusa de tenérselo agarrado empujó hacia abajo la cabeza de la chica. Sacó la polla al aire libre con un sonido de succión, y tras masturbarle un poco, volvió a mamársela con devoción.

–          Ven aquí.

El hombre la giró, y la hizo sentarse de espaldas a él, apoyada en sus disfuncionales piernas.

Su mano voló pasando a ras sobre sus piernas hasta llegar al vértice en el que se juntaban. Sara gimió instintivamente cuando su tío empezó a acariciarle las braguitas.

–          Se nota que estás muy cachonda….

Ella le contestó gimiendo mientras él la masturbaba por encima de su prenda íntima. Raúl tenía los dedos empapados por la humedad que había transmitido su sobrina.

–          ¿Tomas la píldora?

–          S… sí – logró a responder sofocada.

–          Pues métete mi polla, que lo estás deseando.

Ella logró a sonreír mientras que, apartando su braguita a un lado, se introducía la punta de aquel duro pene en su interior.

–          Tendrás que moverte tú…

No hizo falta que se lo dijeran dos veces. Sara empezó a cabalgarle de espaldas entre los sonidos de sus gemidos y sus tacones golpeando el suelo.

–          Ohhh sí, Sara, qué coñito tienes…

La chica se paró, se levantó, y tras darse la vuelta se encaró a su tío.

Le besó, y sin que ambos se dieran cuenta de cómo ocurrió, al momento él ya estaba en su interior. Saltaba sobre tu tío mientras este le chupaba las tetitas como si no hubiera cenado nada en toda la noche.

Cuando Raúl notó que su amante estaba próxima al orgasmo, le dijo cruelmente que se bajara un momento.

–          Ponte a cuatro patas en la cama.

–          Pero… no vas a llegar…

–          Tú hazme caso.

Ella obedeció. Raúl se acercó como pudo, y terminó de quitarle las sucias braguitas.

–          ¿Pasa algo? – dijo ella al esperar un rato sin que pasara nada.

–          No… ahora verás.

Sara pegó un gemidito y contrajo inconscientemente el culo al notar algo extraño.

–          ¿Qué es eso?

–          Tranquila, lo he limpiado con saliva y papel – dijo enseñando uno de los tacones de ella en la mano.

–          ¿Estás loco?

–          Cállate y acércate más al borde.

Ella, aún muy excitada obedeció. Sara notó como uno de sus tacones entraba frío en su interior. Era una sensación rara, pero estaba tan excitada que más que molestarle, le hizo desear más. Su tío se acercó como pudo, y le lamió el ano.

–          Eres un cerdo.

–          ¿Y tú qué eres, que lo estás disfrutando?

El hombre introdujo la punta de su lengua lo que pudo, y sorprendiendo a Sara, cambió su boca por el otro tacón.

–          ¡Cuidado!

–          Tranquila…

 

Precavido, sólo introdujo un poco del ensalivado tacón en el culo de la chica. Raúl inició un movimiento de pistones con los tacones. Pronto ella se relajó y gimió de tal forma que él se asustó por si su novio pudiera despertarse.

–          Ven preciosa, quiero que te corras sobre mi polla.

Ella se lanzó sobre la silla de ruedas y se montó sobre su tío. Se metió su polla rápidamente y le cabalgó en cuclillas apoyando los pies en la propia silla.

–          Mmmm, oh sí Sarita…. – gruñía Raúl mientras le apretaba el culo con fuerza hacia abajo.

Ella aceleró, y el hombre no lo pudo resistir. Al sentir el primer chorro de esperma en su interior, Sara aceleró y se corrió junto a su tío. Quedaron abrazados unos segundos hasta que ella se retiró.

 

Al regresar, tenía puesto un pijama de algodón de color rosa.

–          Bien, veo que estás arreglado. Voy a despertar a Luis para que te ayude a pasar a la cama. – Le dio un fugaz pico y desapareció por la puerta.

 

Medio dormido y remugando, Luis llegó al cuarto. Entre él y su novia ayudaron a Raúl a subir a la cama.

 

 

Era tarde en la mañana cuando Raúl se despertó al oír un ruido. Se debió de quedar dormido enseguida una vez en la cama. El rítmico sonido era incuestionable. Sonrió al pensar en lo insaciable que era su sobrinita.

¿Qué os ha parecido el relato? ¡Esperamos vuestros comentarios!

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Cena de Empresa de Navidad

Un año más había llegado la semana en la que se haría la cena de Navidad de la empresa. Todos los empleados estaban invitados, y este año, por cortesía del jefe, corrían rumores de que iba a ser una de las mejores. Pese a la crisis económica, el propietario de la empresa no se podía quejar ya que no sólo habían tenido beneficios, sino que habían ampliado la plantilla.

Sara, de 29 años, se estaba tomando un café con las otras compañeras de trabajo. Cuchicheaban sobre qué sorpresas podría tener guardadas su jefe, Don Gregorio.

El día de la cena de empresa de Navidad Sara se vistió acorde a las circunstancias. Lucía un vestido corto, negro, acabado en palabra de honor, junto con medias y tacones. Dada su delgada figura, la prenda le quedaba como un guante. Puesto que no tenía mucho pecho se puso un sujetador con relleno el cual le realzaba un pequeño escote. Su culo era una obra de arte gracias a la estrechez de la tela y el tanga que escondía en su interior.

Llegó algo tarde al restaurante, aunque tuvo la suerte de que aún quedaban sitios vacíos en alguna mesa y no tendría que sentarse en la siempre aburrida mesa de los jefes. En su mesa no había más chicas, y para sorpresa suya resultó ser bastante aburrida. Los chicos hablaban sólo de trabajo, y de no haber sido por su compañero Sergio, de más o menos su misma edad, se habría aburrido como una ostra.

Justo al lado suyo estaba la mesa de los jefes. Se arrepintió de sus pensamientos y perjuicios anteriores, ya que parecía que era la mesa más animada. Todo el rato se oían risotadas provenientes de Don Gregorio y sus allegados.

Antes de que trajeran los postres, hubo mucha gente que salió a fumar, o simplemente se cambió de sitio para hablar con la gente con la que tenía más confianza.

Sara le comentó a Sergio el contraste de una mesa a otra, y lo alegres que estaban los jefes.

–          ¿A qué sí? ¡Vente, vamos a sentarnos con ellos, ya verás qué bien! – dijo Sergio animados.

–          ¡Qué dices! ¿No parecemos pelotas? – preguntó Sara con el ceño fruncido.

–          ¡Qué va! La gente está muy equivocada con ellos. ¡Son unos cachondos!

A regañadientes, Sara se levantó y siguió a su compañero hasta la mesa.

–          Bueno, bueno. Qué tenemos aquí. ¿No habrás venido a pedir un aumento de sueldo aprovechando que nos hemos tomado una copa de más, verdad? – dijo muy serio Don Gregorio.

–          Ehhh, yo…. – balbuceó Sara.

–          ¡Es broma! Ja, ja, ja. – Dijo el obeso jefe riendo con fuerza.- ¡Sentaros, que no mordemos!

La compañía era tan grata, que ambos treintañeros se quedaron en aquella mesa a tomar los postres. Para sorpresa de Sara, se lo estaba pasando mejor con aquellos carcamales que con sus compañeros coetáneos o más jóvenes que ella. Aquellos hombres no paraban de contar chistes y hacer bromas.

–          Doctor, doctor – contó Sergio – Últimamente me siento más gordo y feo, ¿qué tengo…? – tras unos segundos de pausa. – ¡Mucha razón!

Todos se rieron, pero pronto los chistes cambiaron de color y se volvieron más verdes.

–          ¿Por qué a las mujeres les viene la menstruación? – preguntó Antonio, un jefe de departamento – ¡Porque la ignorancia se paga con sangre!

El grupo estalló en carcajadas y Antonio pasó un brazo por los hombros de Sara para disculparse ya que sólo era un chiste, y no nada personal.

–          Un marido le dice a su esposa: ¿hacemos un 68? ¿Y eso qué es lo que es?, le dice ella. – Andrés empezó a reírse antes de acabar, y entre risas dijo – Tú me la chupas y yo te debo una.

Más y más risas inundaron la mesa. Sara se reía como uno más y finalmente contó un chiste por petición popular.

–          Esto era una calle oscura en la que se acerca un hombre a una esquina donde hay una mujer despampanante apoyada y le dice: “Buenas noches. ¿Aceptaría usted mi compañía”. A lo que la puta le dice: “claro mi vida, son 60 € un completo”. – Sara miró a todos sonriente y pegando un grito dijo – ¡Joder qué chollo! De acuerdo señorita. ¡Compañíaaaaaaaaaaaa, ar! ¡En fila de tres! ¡Adelante, arrrrrrrrrr!

Sorprendidos, todos los hombres se rieron hasta soltar lágrimas.

Terminada la cena, el jefe anunció que para los que quisieran ir, invitaría a una ronda en un pub famoso de la zona. Por el mero hecho de que lo hubiera dicho el jefe, muchos se excusaron e hicieron planes a parte para salir con sus grupitos de amigos dentro de la empresa. Para decepción del dueño, sólo el grupito de su mesa y pocos más fueron al pub.

Tras la primera copa, casi todo el mundo se fue dando las más variopintas excusas. Don Gregorio se quedó solo con una copa en la mano y la compañía de Antonio, Andrés, Sergio y Sara.

El grupito siguió con el buen humor de la cena, pero quizás gracias al alcohol, con un contenido cada vez más picante.

–          ¿Por qué no nos haces un bailecito? – increpó Andrés a Sara.

–          ¡O un strip tease! – dijo Gregorio ante las sonrisas de asentimiento del resto.

–          ¿Aquí? ¡Qué va! ¡Eso en privado! – contestó Sara con sonrisa coqueta.

Sergio se acercó al sonriente Gregorio, y tapándose la boca con la mano le dijo algo oído. El jefe le respondió sin dejar de sonreír y levantando las cejas, a lo que Sergio le volvió a cuchichear algo hasta que el aludido respondió con una risotada.

–          ¡Eh! ¿Qué tramáis? – dijo Sara con un falso enfado.

–          Nada, nada – le respondió Sergio.

–          Venga, ahora dilo. Ahora no estamos entre jefes y empleados, sino entre amigos.

–          Le decía a Gregorio, que dudo mucho que te atrevieras a hacer un strip tease. No lo he dicho en voz alto porque no quería ofenderte.

Sara se quedó quieta sin responder unos segundos, y con un arrebato de honor patrocinado por las copas que se había bebido le respondió:

–          ¡Claro que sí! ¡Pero aquí no!

–          Pues vamos al piso piloto que nuestra empresa tiene aquí al lado, y nos lo demuestras.

Sara hizo un amago de coger un bolso pensando que allí terminaría el cachondeo. Para sorpresa suya, sus compañeros de trabajo se estaban todos levantando y cogiendo los abrigos. Con la respiración entrecortada, les imitó y siguió hacia la calle, donde se despidió de Antonio, que se iba a casa.

Los cuatro llegaron al citado piso piloto. El apartamento estaba totalmente amueblado, aunque para disgusto de los componentes masculinos del grupo, en el frigorífico sólo había una botella de agua que usaba el comercial como refrigerio cuando enseñaba el piso.

Pusieron la calefacción y tras quitarse los abrigos, los tres hombres se acomodaron en el sofá.

–          ¡Vaya! ¡Qué caballerosos! No me habéis dejado sitio…

–          Claro, para que puedas bailar – dijo Sergio mientras que buscaba una canción en el APP de Youtube de su móvil. – ¿Qué te parece ésta?

Desde su móvil, a todo volumen, sonaba una canción de striptease por el que todo el mundo aplaudió.

Los chicos le vitoreaban para que bailara. Ella no sabía muy bien qué hacer. Pensó en coger el bolso e irse de allí, pero las inhibiciones del alcohol empezaron a dar ritmo a sus caderas. Se colocó a la izquierda del sofá, pegada a unas largas cortinas blancas y comenzó a contonear su cuerpo, lentamente, al ritmo de la música.

No se atrevía a mirar a sus compañeros de trabajo, quienes seguro no le quitarían ojo de encima. ¿Cómo podría volver al trabajo el lunes siguiente? Daba igual. De perdidos al río, se dijo.

Cogió los bordes de las cortinas, y las incluyó en su baile empleándolas como si fueran un chal.

Los chicos aplaudían, y ella se animaba cada vez más. Se subió un poco la parte de abajo del vestido, sin llegar a dejar ver su ropa interior, ante los gritos de júbilo de sus compañeros.

Animada, se escondió tras las cortinas, y rotó dándoles la espalda. Sonriendo a sabiendas de lo que iba a provocar, fue subiendo de nuevo la parte baja de su vestido hasta enseñar a su audiencia su pequeño y prieto culo enmarcado en un pequeño tanga.

Los hombres gritaron como si hubiera marcado su equipo de fútbol y pidieron más y más. Sara contoneó su culito al ritmo de la música a sabiendas que el ambiente se estaba caldeando por momentos.

Se acarició las piernas y las nalgas y se giró para ver la reacción de sus compañeros de trabajo. Éstos estaban muy animados y no paraban de hablar entre ellos y relamerse al verla.

–          ¿Queréis más?

Todos gritaron un “sí” al unísono.

Sara bailó de lado y se fue bajando lentamente la parte de arriba de su vestido. Una vez con el sujetador a la vista de todos, se giró hacia ellos y se llevó un dedo a la boca provocativa.

–          ¡Otra cosa te daba yo para que te llevaras a la boca! – gritó Andrés.

Contoneándose como una profesional, se terminó de quitar el vestido, quedándose en ropa interior frente aquellos cuatro hombres.

Bailó sensualmente mientras los chicos le pedían que se quitara más prendas.

Totalmente desenfrenada y algo excitada, se quitó el sujetador y se lo pasó por la entrepierna antes de lanzarlo al sofá. Sus pequeños y níveos pechos apuntaban al cielo con los pezones duros como el granito.

Se quitó el tanga, y todos  aplaudieron al ver su sexo depilado. Justo en ese momento, se acabó la canción, y se quedó quieta sin saber qué hacer.

 

Todos la aplaudieron y Gregorio, el jefe intervino.

–          Muy bien Sara. Nos has puesto muy cachondos a todos. ¿No hay nada más que sepas hacer?

–          ¿Vestirme? – contestó provocando risas.

–          Je, je. No me refiero a eso. Ya te hemos visto todos desnuda, y guardaremos el secreto. Puestos a guardar secretos… ¿No te animas a hacer algo más para alegrarnos?

–          ¡Don Gregorio! ¡Qué está casado! ¿Es que no hay límites?

–          ¿Por qué no lo compruebas, pequeña?

Sara se acercó al orondo jefe de su empresa y se arrodilló frente a él en el sofá. Deslizó sus manos desde las rodillas hasta su entrepierna, donde se detuvo.

–          ¿Sigo, o no te atreves?

Don Gregorio asintió sonriente, y Sara le acarició el paquete por encima del pantalón. ´

–          Qué piel tan suave tienes – le dijo el hombre mientras le acariciaba la espalda.

Ella sonrió, y le bajó los pantalones. Su calzoncillo escondía un bulto, que presta, Sara empezó a acariciar.  Le dio mordisquitos y lo acarició, ante la excitada mirada de su jefe.

Gregorio le acariciaba el pelo con ternura, mientras Sara seguía a lo suyo. La chica notó la mano de Andrés en su culo.

–          ¡Vaya culo tiene! – dijo Andrés.

Sergio, le palpó la nalga a la que llegaba y se unió a los comentarios de aprobación de su compañero. Los dedos de Andrés se aventuraron más allá de las nalgas, rozando la entrepierna de la joven con cada caricia. Ella se movía revoltosa entre aquel mar de manos sin dejar de excitar a su jefe.

Lentamente, Sara peló el envoltorio del platanito de su jefe y sacó su pene a la luz. Era pequeño y estaba lleno de pelo. Lo lamió de arriba abajo y agarrándolo con dos dedos, empezó a succionarlo como si fuera un chupete. Don Gregorio cerró los ojos de gusto mientras su empleada le chupaba la polla.

Andrés y Sergio se dedicaban en conciencia en masturbar a su compañera. Con el coñito rosado y depilado delante de su cara, Sergio hundió su cabeza entre las nalgas de la joven y empezó a chupar como un cachorro hambriento. Andrés le pidió turno y le imitó. Sergio se volvió a sentar al lado de Gregorio y alargando las manos empezó a tocar las tetas de Sara. No eran muy grandes, pero eran naturales, bien proporcionadas mirando al cielo y duritas. Le apretaba las tetita que danzaban al ritmo de la mamada que le hacía al jefe.

Sin soltar el pene de su jefe, Sara agarró el de Sergio y plantó sus labios sobre su potente pene. Éste era mucho más grande y rico que el anterior. Lo mamó también como pudo, dado su tamaño, mientras que Andrés, tumbado en el suelo, se masturbaba a la par que le comía el coño.

La chica llegó a meterse las dos pollas en la boca y chuparlas como si tocara algún tipo de extraño instrumento musical.

Gregorio se levantó del sofá e invitó a Sara que se sentara en su sitio. Una vez se colocó en posición, el jefe se arrodilló frente a ella y le comió el coño. Ella gemía fuertemente de placer, y él paraba de vez en cuando para masturbarla con dos dedos.  Los otros dos chicos se coordinaron colocándose a los lados de la chica y acercando sus pollas para que ella se las chupara.

–          Soy el más veterano, así que seré el primero – dijo Don Gregorio.

El hombre se agachó y colocó la punta de su pene sobre la entrada a la vagina de Sara. Empujó, y su pequeña polla entró fácilmente en aquella húmeda caverna. Don Gregorio la aplastó con su barriga e inmenso cuerpo y empezó a moverse como un muñeco con las pilas recién cargadas. Sara estaba sorprendida del vigor de aquel hombre. Le abrazó el cuello mientras él, como un oso, la follaba en la postura del misionero dándole besos en el cuello. Con cuatro embestidas finales apoteósicas, el hombre se corrió dentro de Sara llenándola con más semen del que se podría haber imaginado que aquella pequeña manguera pudiera dejar fluir.

No tuvo tiempo para recobrarse porque Andrés la agarró y la colocó encima de él para que le cabalgara.  Aquel pene era de un tamaño normal, y Sara disfrutó mucho más pese a tener la vagina empapada de semen. Sara cabalgaba y al mismo ritmo que sus tetas saltaban, ella se la chupaba a Sergio.

Sergio, el chico más joven, le pidió que le cabalgara también a él. Ella se sentó dándole la espalda y empezó a cabalgar aquel pollón sin parar de gemir. Sus gritos cesaron cuando Andrés le metió la polla en la boca. Sergio le manoseaba rozando la bestialidad los pechos y se la metía con fiereza. Cambiaron, turnándose, varias veces de postura ante la atenta mirada del jefe: de lado, misionero, con las piernas levantadas y a cuatro patas. En esta última postura Sergio le estaba dando muy duro y ella estaba con todo su peso apoyado en el sofá gritando como una poseída.

–          Ufff, no aguanto más, voy a correrme. – dijo Sergio.

El chico ayudó a que Sara se arrodillara, y tanto el como Andrés empezaron a masturbarse frente a ella, quien daba chupaditas periódicamente. En una de estas chupadas, agarró el pene de Sergio y empezó mamarlo como una desesperada. Sergio estalló en su boca al tiempo que Andrés disparaba un chorro hacia la cara de la chica. El resultado fue que de la boca de Sara caían borbotones de semen y saliva mientras que su cara y su pelo estaban siendo trazados por las líneas blanquecinas de la corrida de Andrés.

Los tres descansaron en el sofá hasta que Sara se levantó para ir a limpiarse al baño. Cuando salió, los otros entraron por turnos en el baño y ella pudo volverse a vestir recogiendo las prendas dispersas por el comedor y recomponerse.

Sergio se ofreció llevarla de vuelta a casa. Al despedirse en el portal de la casa de Sara y su novio, ella le dio dos besos.

–          ¿Estás de broma después de lo que hemos hecho?

El chico le cogió la barbilla y le dio un beso metiéndole la lengua en la boca y jugueteando con ella dentro de la de Sara.

Sara entró en su casa, e hizo más ruido del que se dio cuenta, pues todavía estaba bajo los efectos del alcohol. Al llegar al cuarto, encendió la luz de su mesilla y vio como su novio se desperezaba y le preguntaba qué tal. Respondió que aburrido, como siempre.

A la mañana siguiente, Luis, el novio de Sara se despertó mucho antes que ella, quien dormía plácidamente. Al salir del cuarto se tropezó con algo tirado en la puerta. Lo recogió y pudo ver que se trataba del tanga de Sara. Estaba totalmente manchado de lo que habrían sido los flujos de ella. El chico sonrió pensando que quizás la noche no habría sido tan aburrida como ella decía. Justo al lado de donde había estado el tanga, encontró el vestido de ella. Lo recogió para llevarlo al cesto de la ropa sucia y algo le sorprendió. Por un lateral destacaban manchas como de salpicadura de una sustancia mucosa. Lo olfateó, y detectó el olor del semen.

Sara tenía que contarle cómo había ido aquella cena, supuestamente aburrida, de empresa…

 

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¡Seré tu putita!

Aquel viernes estaba preparado para disfrutar y descansar solo en casa tras una semana agotadora aprovechando que mi novia Sara (27 años) salía a cenar y de marcha con unas amigas.

Me despedí de ella hasta el día siguiente, ya que se iban a las fiestas del pueblo de una amiga, situado a unos 60 Km, y su amiga las llevaría y traería de vuelta.

Cené pizza, vi una película que a mi novia no le hacía ganas ver y me quedé dormido en el sofá. De repente, un sonido me despertó. Era el teléfono, y mi novia me estaba llamando. Le pregunté si pasaba algo. Mientras ella me explicaba que su amiga la del coche había desaparecido con un ligue y las había dejado tiradas miré el reloj del comedor y pude ver que eran las 06:00 de la madrugada.

Mi novia me pidió por favor que las fuera a buscar, que ya me compensaría, que lo sentía mucho.

Sin rechistar, me fui a buscarlas. Una hora más tarde, las conseguí encontrar en la plaza del pueblo medio dormidas y bastante borrachas.

Durante el regreso Sara y su amiga durmieron. Dejé a la amiga en su casa, y ya pasadas las 8 de la mañana llegamos a la nuestra. Acosté a mi novia, y yo no me pude dormir, así que me puse a jugar a la consola.

Al día siguiente mi novia no paraba de pedirme perdón y me dijo que le pidiera lo que quisiera. Le dije que no era necesario y ella me dijo “¿y si el finde que viene soy tu putita? Cuando lo hacemos me lo pides muchas veces. ¿Qué me dices. ¡Seré tu putita!”. Accedí y no le di mayor importancia, pensando que quizás el fin de semana siguiente, si hacíamos el amor, ella le pondría algo más de emoción al asunto.

* * *

Al viernes siguiente, me encontraba concentrado en la oficina cuando me despistó oír a un compañero cercano soltar la interjección “¡joder!”. Me giré hacia donde él miraba y pude ver a una chica que se acercaba a mí. “¡Qué pibón!”, me dijo mi compañero.

Era una chica de 1.70, pelo largo y oscuro, delgada, no mucho pecho pero resaltado por top rosa anudado al cuello que dejaba ver su vientre plano. La escena la coronaba una minifalda estampada y vaporosa y unos tacones que le daban un aire de femme fatale.

Lo mejor de todo aquello, es que se trataba de mi novia Sara.

LUIS (yo): ¡hola cariño, qué sorpresa!

SARA: hola mi amor – me dio un sonoro pico. – Te he traído un tupper con comida, que hoy no te habías traído nada.

LUIS: jo, gracias ¡eres la mejor! ¿Te invito a un café?

SARA: ¡vale!

Nos fuimos a un bar cercano. Antes de irme eché una miradita a mi pasmado compañero y le guiñé un ojo.

* * *

En el bar, Sara se subió a una silla de la barra cruzando sus hermosas piernas. La minifalda se le subió inevitablemente, dejando a la vista casi casi su ropa interior.

LUIS: ¡estás muy guapa cariño!

SARA: ¡gracias! ¿Qué te parece si esta noche nos vamos a cenar un restaurante que me han recomendado? ¿Reservo?

LUIS: ¡vale!

Al rato nos fuimos del bar y mientras lo hacíamos, mire alrededor y me fijé que muchos tíos no quitaban ojo de mi chica.

* * *

La cena transcurrió sin más incidentes que los causados por cómo iba vestida Sara. Mi novia lucía una mini falda aún más corta y vaporosa que la de la mañana, y un top negro con lentejuelas muy escotado. Se podía ver parte de su sujetador, seguramente con relleno, que juntaba sus dos pequeños pechos haciendo un precioso y sexy canalillo. Estaba buenísima.

Al final de la cena, Sara me insistió en ir a una Macro Discoteca cercana, bastante popular entre los turistas. Siempre me he negado a ir porque no me gusta la música, pero esta vez, animado por el vino, acepté.

Me dolió el coste de la entrada, pero una vez dentro me quedé flipando. El sitio está lleno hasta la bandera, todo y que el lugar era enorme. La gente iba muy bien vestida, y más de una vez la vista se me fue a alguna chica tremendamente sexy. Mi novia, tal y como iba vestida, pegaba en aquel lugar. Seguro que lo había planeado todo desde el principio.

Mi chica no perdió el tiempo en gastar la consumición, y nos fuimos a bailar. Sara se movía de forma muy sexy. En un momento dado, se subió a una plataforma, y bailó sola ante los piropos de los chicos cercanos, que le decían todo tipo de guarradas mientras que ella se contoneaba y acariciaba el cuerpo al ritmo de la música. Cuando se bajó, la besé con pasión y le dije que no aguantaba más y que estaba deseando follarla. Ella me sonrió, y me tocó el paquete, que se puso duro como una viga de acero al momento.

SARA: ¿y por qué no me follas? – me dijo sensualmente. Tras estas palabras pasó la punta de su lengua por mis labios de forma provocativa.

LUIS: ¡vamos al baño y verás!

Abriéndonos pasos entre el gentío, llegamos a los baños, en los que afortunadamente no había cola para entrar. Totalmente salido, me metí en el baño de caballeros con mi chica detrás. Sin hacer caso a las protestas de los chicos que había en el servicio, nos metimos en un urinario  empezamos a besarnos con pasión. Iba tan salido que ni si quiera me molesté en cerrar la puerta.

Sara me tenía abrazado por el cuello y nos besábamos como adolescentes. Mis manos se deslizaron con nerviosismo desde su espalda hasta sus tetas, y su culo.

Al sobarle su culito pequeño y redondito, le levanté la falda, y al oír el jolgorio cercano me di cuenta que un puñado de tíos se habían amontonado en la puerta del baño y seguían con atención nuestra pasión. Sara me susurró que “sería mi putita”, tal y como me había prometido, y que “haría todo lo que yo quisiese sin restricciones”.

Tras estas palabras, llevó su mano a mi paquete y empezó a masajeármelo. Sin importarme nada, me saqué la polla al aire y ella empezó a pajearme. La gente gritaba animándonos a hacer más cerdadas. De repente, de reojo vi como la muchedumbre se echaba a un lado, y dos tíos con aspecto de matón (uno latino y otro negro) se acercaron.

NEGRO: arreglen sus ropas y acompáñenos por favor.

Aquella educación distaba de lo que cabría esperar de un matón de discoteca, así que mi novia y yo les seguimos bajo los abucheos de la gente del baño de caballeros.

* * *

Los dos hombres de seguridad nos acompañaron, el negro delante y el otro detrás nuestro hasta una puerta en la que había un cartel de “privado”.  En una pequeña sala de espera llena de cajas nos explicaron que no podíamos hacer lo que habíamos hecho, y que la discoteca tenía un prestigio. Nos disculpamos, y nos pidieron que les acompañáramos a ver al dueño.

Me imaginaba que  iríamos hasta algún despacho cochambroso y descuidado. Ante mi sorpresa nos dirigimos a un ascensor y una vez dentro descendimos. El negro se quedó mirando el escote de mi novia, y después le sonrió sin decir nada.

Bajamos del ascensor y avanzamos por un pasillo cubierto con una elegante alfombra y grandes cuadros a los lados. Al final del mismo, el latino entró dejándonos solos con el negro.

NEGRO: no os preocupéis, no os pasará nada.

La puerta se volvió a abrir, y entramos a un amplio despacho ricamente decorado. Tras un gran escritorio se sentaba un hombre de unos cincuenta y pico años, vestido de marca y con el rostro serio. En un sofá cercano, dos hombres de la misma edad y con pinta de tener pasta sostenían grandes copas de licor en la mano.

El hombre del escritorio se presentó como “Gabriel, el dueño de todo esto”. Nos explicó las graves consecuencias de lo que habíamos hecho, cómo podría dañar la imagen de la discoteca. También nos asustó diciéndonos que estaba en todo el derecho de llamar a la policía, y que si no lo había hecho antes, era porque él se consideraba un hombre razonable, y que antes quería dialogar.

Nos disculpamos y nos excusamos con el calentón que teníamos, pero él negó con la cabeza.

GABRIEL: eso no me sirve. Además, más calentón debéis de tener ahora que no habéis terminado lo que hacíais. Walter, Nico, retiraros por favor. – Los dos porteros de discoteca se fueron.

SARA: por favor, por favor, no llame a la policía. Le contaré la verdad: le hice una propuesta a mi novio de que sería su putita este fin de semana, y creo que se nos fue de las manos.

GABRIEL: ¿su putita, eh?

SARA: sí. Todo es culpa mía. Esta mañana ya he ido al trabajo de mi novio vestida provocativa para calentarle. En la cena le he enseñado el escote todo lo que he podido, y tras mis bailes sexy en la pista de baile, mi chico ya no ha aguantado más.

GABRIEL: entiendo. ¿Y sabes qué?, con todo lo que nos has contado, aquí mis socios y yo no somos de piedra.

LUIS: cariño – intervine yo – Ahora me doy cuenta de todo. Ya que te comprometiste a ser mi putita, tendremos que salir de esta siendo tú mi putita.

SARA: ¿y qué quieres, que me folle a todos estos?

GABRIEL: ja ja ja. No es mala idea. Además, podría compensaros con un pase VIP, si no volvéis a montároslo en mi discoteca.

Mi chica me miró y envalentonada dijo:

SARA: si tengo que ser una putita, a parte de eso quiero también 300 euros.

El hombre se rio a carcajadas. Hizo una llamada para que prepararan dos pases VIP y sacó algo de un cajón.

GABRIEL: toma guapa, 500 euros si empiezas ahora mismo siendo una buena putita y sin cortarte de hacer nada.

Nosotros nos quedamos flipando, pero mi chica se recompuso en seguida.

* * *

Sara cogió los 500 euros, se los metió en el bolso, y sin decir nada, bordeó el escritorio de Gabriel, y echó su silla hacia atrás.  Ágilmente pasó sus piernas a los lados del hombre y se sentó frente a él. El hombre le miró sonriendo de oreja a oreja y Sara cogió su cabeza por la nuca y le besó en los labios lentamente.

Sara contoneaba su culito lentamente. Debía de tener a aquel hombre maduro bien cachondo. Le desabrochó la camisa con parsimonia y se la quitó. Acarició los peludos pezones de aquel señor y los besó con la lengua. Con suavidad, cogió al hombre por la nuca, y guio su cabeza hasta su canalillo. El hombre empezó a chupárselo y a estrujarle las tetitas.  Ahora Sara se contoneaba sobre su montura con más efusividad.

Vi bajar la mano de Sara y acariciar el paquete del hombre por encima de la ropa. Gabriel le hizo levantarse, y se sacó una pequeña y gorda polla al aire. Mi novia le masturbó rápidamente mientras él le comía la boca con pasión.

GABRIEL: chico ¿no te importa que me la coma mi novia?

LUIS: ¡no! ¡ya verá cómo la chupa! – el hombre soltó una carcajada que se interrumpió al momento cuando Sara se lanzó hacia su miembro.

Sin darle tiempo a reaccionar, se arrodilló, agarró aquella polla erecta con una mano y se la chupó rápidamente. El hombre se puso de pies sin que mi novia dejara de mamársela.

GABRIEL: ¡chicos, mirad que bien la chupa!

Pudimos apreciar que mi novia lo estaba danto todo. Se la sacó de la boca, y chupándola de un lado sin dejar de masturbarle nos miró a todos desafiante.

El dueño le pidió que parara, y cogiéndola de la mano, la guio hasta ancho sofá donde estaban sus dos socios.

GABRIEL: ¿pensabais que me había olvidado de vosotros? ¡disfrutad de ella!

El hombre ayudó a que Sara se sentara en el sofá entre aquellos dos señores.  Se presentaron como Claudio y Víctor.

Mientras Gabriel me ofrecía una copa y nos sentábamos en un sofá próximo, oí a mi chica decirles: “¿sólo vais a mirarme o no os gusto?”.

Al momento, ambos reaccionaron. Víctor le acarició las suaves piernas lentamente, mientras que Claudio lanzó sus grandes manos hasta sus tetitas.

Víctor cada vez rozaba más la entrepierna de mi chica, y desde mi posición podía ver claramente su tanga. Los roces aumentaron, y Víctor empezó a masturbar a mi chica por encima del tanga cada vez más rápido. Ella gemía y Claudio la besaba cuando podía sin dejar de tocarle las tetas.

Mi chica le pidió que parase, y se arrodilló frente al sofá. Los dos hombres se desnudaron completamente con rapidez. Mi chica les dijo que se sentaran lo más juntos posible. Tras sonreírles, agarró sus pollas, y masturbándolas a la vez, empezó a chupar la de Víctor sin dejar de mirarle a la cara.  De vez en cuando se la sacaba de la boca y les masturbaba más rápido. Alternó a la polla de Claudio siguiendo el mismo proceso. Aquellos dos hombres veían claramente las tetas de mi chica por el hueco que formaba su canalillo.

Gabriel les pidió que pararan un momento.

GABRIEL: ¿por qué no te desnudas para que veamos lo buena que estás?

SARA: sólo quedamos en que os follaría, nada de desnudarme…

GABRIEL: qué putilla estás hecha – tras lo cual le lanzó un billete de 100 euros al suelo.

Sara se puso en pie, y empezó a bailar sensualmente.

GABRIEL: si tuvieras más tetas te podría contratar como Gogó.

SARA: si tuvieras más dinero te podría contratar como mi chulo.

Todos nos reímos por aquel cruce de palabras y mi novia continuó su baile sensual.

Gabriel llamó por su pinganillo a Walter, y el negro entró impasible y puso música.

Se sentó en una silla aparte viendo cómo mi novia se contoneaba al son de la música desnudándose lentamente.  Se quedó en tanga, y de forma desafiante se dirigió hasta el escritorio de Gabriel. Se subió encima tumbándose boca arriba con las piernas abiertas.

Los tres señores se acercaron como buitres a la mesa, al tiempo que Gabriel se desnudaba.

Manos de dueños indescifrables recorrían los pequeños y erguidos pechos de Sara mientras Gabriel le quitaba el tanga y empezaba a comerle el coño.

GABRIEL: mmm, que depiladito y durito. Parece el de una adolescente.

SARA: mmm, pues cómemelo bien Tío Gabriel.

Los otros dos hombres se colocaron a los lados de la mesa y Sara le fue chupando las pollas de forma alternativa.

Mi novia pegó un fuerte gemido, y pude apreciar que Gabriel se la había metido y estaba empezando a follársela. El hombre la embestía con energía poniendo una expresión animal en el rostro. Claudio se subió a la mesa, y se colocó sobre Sara, como si fuera a hacer un 69. El hombre le metió la polla en la boca, y con la fuerza de sus caderas, empezó  follársela.

Casado, Claudio se bajó y se puso al lado de Víctor. Sara juntó ambas pollas y se metió sus puntas en la boca.

VÍCTOR: me toca.

Sara se bajó de la mesa, y apoyó con los brazos en la misma. Sin miramientos, Víctor se la metió y empezó a follarla.

Sus pequeños pechos saltaban mientras Sara hacía disfrutar a los otros dos hombres con sus mamadas.

Gabriel se fue tumbó boca arriba en el sofá y llamó a Sara para que le follara. Mi chica fue obediente, y empezó a cabalgarle pegando su cuerpo al del hombre. Los otros hombres se masturbaban con rapidez .

Sara incorporó, y le cabalgó como una amazona. Víctor que se masturbaba muy rápido, acercó su polla a su cara, y soltó lentos chorros de semen que cayeron por las mejillas de Sara.

Claudio, sin esperar a que su amigo terminase, colocó su polla frente a los labios de mi chica, y soltó fuertes chorrazos que cruzaron la cara de Sara.

Gabriel le pidió que se levantase. Colocó su pequeño pene en la boca de mi chica, se la metió, y por sus gritos empezó a correrse dentro de su boca. La cara , barbilla y cuello de mi chica estaban totalmente encharcados de líquido seminal.

SARA: ¿Cariño, he sido suficientemente putita?

LUIS: no… ahora me toca a mí.

Me quité los pantalones y  calzoncillos y me lancé sobre mi chica. Se la metí de un golpe. Su interior era un volcán. No le pude besar porque su rostro era una máscara de semen.

La follé con fuerza y me corrí dentro de ella.

Todos nos limpiamos por turnos en un baño que tenía el despacho.

Gabriel nos dio las dos tarjetas VIP y nos dijo que ahora no teníamos escusa para volver.

GABRIEL: y ya sabéis, antes de hacerlo dentro de mi discoteca, venid a verme y pondremos remedio a vuestro calentón. Ja, ja, ja.

–          FIN –

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Historias de Viana 4: Descubrimientos y Pasos Pequeños

Descubrimientos y pequeños pasos, eso es lo que Nico y yo llevamos haciendo los últimos dos meses, confesiones también, de esas que te dejan un gran alivio dentro, como si se te quitara un enorme peso de encima. Hace dos semanas me invitó a cenar a su casa, hablando con Marco me sugirió que llevara algo, por ejemplo una o dos botellas de vino, así que lo hice de esa manera, fui a un supermercado y compré dos botellas de vino blanco de ese gallego que está tan delicioso, y me fui a su casa, no me puse nada especial …

Solamente un vestido negro sencillo suelto con un cinturón de color bronce y unas bailarinas, eso si, me puse uno de mis perfumes favoritos L’ EAU de Chloé que mi hermana me regaló en mi último cumpleaños, llamé a la puerta y me abrió completamente cubierto de harina y de cacao en polvo, había entendido mal la hora y llegué antes de tiempo pero pareció no importarle en absoluto, me llevo hasta la cocina y cogió el vino para meterlo en la nevera.

-Me has pillado terminando el postre.- dijo.

-¿Qué estás haciendo?.- pregunté.

-Tarta de tres chocolates pero me he saltado la receta y le estoy poniendo tres chocolates negros en diferentes formas, mousse, brownie y praliné con avellanas.-

-Sorprendente, un chico que cocina.-

-Soy un chico multiusos.- dice riéndose. -En realidad cocinar me relaja, de pequeño mi madre nos obligaba a mis hermanos y a mí a ayudar, luego descubrí sus beneficios, hay gente que hace punto de cruz, otros crucigramas, otros cocinamos, luego cuando me fui a vivir solo pues me dio por hacer cursos de cocina, odio los precongelados y toda esa comida que viene envasada y que es meterla en el microondas y ya, sí, tengo cosas por si algún día no me da tiempo a hacer la comida, pero trato de evitarlas.-

-A mí también me gusta cocinar, sobretodo la repostería, aunque no se me da tan bien como me gustaría.-

-Todo es práctica.- me respondió sonriendo.

Le observé terminar de cocinar, me manda poner la mesa y lo hago, luego termino de ayudarle mientras él va a darse una ducha rápida, vuelve con unos pantalones de color negro y una camisa azul pálido, empezamos a cenar, ha comprado foie y lo ha frito aderezándolo con oporto y lo ha puesto con panecillos tostados, pescado al horno con patatas y verduras y por último la tarta. Cuando sirve la tarta se sienta más cerca de mi, me mira y me sonríe, me encanta cuando lo hace, coge su cuchara, un trozo de su tarta y me la mete en la boca, luego me besa, su lengua extiende por mi boca el trozo de chocolate, luego yo le imito, meto un trozo de mi pastel en su boca y le beso, me acaricia una mejilla, me coge de la mano y me obliga a levantarme.

-Quiero verte Viana.- me dice.

-Verme como.-

-Sin barreras.-

Asentí, dejé que me viera sin esas barreras que para él era la ropa, dejé que me desabrochara el cinturón, él se quitó la camisa para no hacerme sentir cohibida, me quitó el vestido dejándome en ropa interior.

-Me encanta lo que veo.- me dijo.

Yo me dirigí a sus pantalones, la cintura es eslástica así que se los bajé y él se los sacó por los pies, le observé.

-También me encanta lo que veo.-

Pensé que empezaría a quitarme la ropa interior, llevarme a su cama y follarme toda la noche, lo deseaba pero no lo hizo, me tocó los pechos sin querer ir más lejos, nos sentamos en el sofá y me abrazó.

-Cuéntame cosas sobre ti.-

-Cosas como cuales.- le pregunté.

-Cosas, que te gusta, que te disgusta, empezaré yo, me encanta el chocolate, el vino blanco, viajar, el paintball, leer novela histórica y de fantasía, Star Wars, el mar, los acuarios y paro de contar porque no terminaría nunca, no me gusta la gente cotilla, me disgusta muchísimo, tampoco que te utilicen, que te den falsas esperanzas.-

-Ohhh, de eso útimo entiendo bastante, mi ex novio estaba liado con otra, y no fue una vez nada más.- le conté.

-Mi novia, ex novia se largó a trabajar fuera, dio por sentado que dejaría mi trabajo y todo para irme con ella, no dudó en romper conmigo.-

Seguimos hablando otro rato, en ese rato no dejó de acariciar mi cuerpo, nos quedamos un rato en silencio hasta que de repente decidió cambiar el juego, me hizo levantarme, me puso delante suyo y me quitó toda la ropa interior, se sentó un me observó, hasta que empezó a tocarme de nuevo, pasó sus manos por mis muslos, mi vientre, empezó a hacerme cosquillas con su lengua empezando por cada uno de mis pechos y bajando hasta mi ombligo, es genial sentir sus manos sobre mi piel, sigue descendiendo, mete una de sus manos entre mis muslos y empieza a tocarme. De repente deja de hacerlo, se levanta, puedo ver la enorme tienda de campaña que tiene entre sus piernas, a los pocos segundos vuelve con un bote de aceite de almendras, se pone un poco en sus manos pero antes de dejarle tocarme me pongo de rodillas y le bajo los calzoncillos dejando libre su bonita y dura erección, él me levanta y se sienta diciéndome con la mirada que espere, extiende el aceite por mis pechos y comienza a masajearlos durante un rato, baja sus manos hasta llegar a mi sexo, lo llena todo de aceite, me manda abrir un poco las piernas, lo suficiente para meter dos dedos dentro de mi, pero la sensación más indescriptible es cuando siento su lengua sobre mi clítoris, de mi boca salen sonidos que no se entienden, me encanta lo que está haciendo, soy tan virgen en estas cosas que es alucinante, me abre más las piernas y su lengua está ahora a la entrada de mi vagina, la humedece para poder volver a meter un dedo y follarme con él, no tardo en empezar a pedirme que me meta otro, que me lo haga duro, y obedece, contraigo los músculos de mi vagina de manera instintiva cuando esa enorme sensación de placer me invade.

Le miro, me mira, me sonríe, le sonrío, me pongo de rodillas y empiezo a tocar su duro pene, paso los dedos por su glande, y decido sustituirlos por mi lengua, le doy lametazos suaves, hago movimientos circulares mientras maseajeo sus testítulos. Me anima a que me meta toda su polla en la boca, nunca antes había hecho esto, él ha debido darse cuenta por culpa de mi inseguridad al hacerlo, me va guiando, su polla va penetrando lentamente mi boca hasta que ya no puedo metérmela más porque me dan arcadas, la dejo unos instantes dentro para acostumbrarme, y luego empiezo a mamársela, a chupársela como si fuera un chupachups, le debe estar gustando porque le oigo gemir, saco su pene de mi boca y mi lengua va directamente a sus testículos, los muerdo y eso le pone a 100,  le masajeo a la vez el tronco del pene con una de mis manos, y cuando termino con sus testículos vuelvo a metérmelo en la boca, se lo chupo cada vez más rápido, dándole de vez en cuando ligeros mordiscos en el glande pero sin hacerle daño, de repente me aparta y de su interior sale disparado un denso líquido blanco que da de lleno contra mis pechos, con mis manos me lo extiendo sobre ellos, haciendo que eyecule nuevamente, cuando termina se queda relajado, se acerca a mi y me besa.

-Otro paso más.-

-¿No me vas a follar?.- le pregunto directamente.

-Hoy no, vayamos despacio, me gustas Viana, quiero que esto salga bien y muchas veces las prisas son malas.-

-Vale, me ha encantado la cena.-

-A mí me ha encantado más el postre completo.-

Vuelve a besarme, se levanta y me trae una toalla mojada para que me limpie, empiezo a vestirme, él se pasea desnudo, tiene un cuerpo para mi perfecto.

-¿Desayunamos mañana juntos?.-

-Eso no se pregunta.-

Se pone algo encima, me acompaña a la puerta y se despide de mí con un beso.

FIN

HISTORIAS DE VIANA 5:  Paintball  … PRÓXIMAMENTE

NOTA DE LA AUTORA:esta historia es ficticia, sus personajes no son reales. Aunque en esta parte si que hay una fantasía que ojalá pudiera cumplir, la de que un hombre cocine para ti, mi marido es mejor que no entre en la cocina porque entonces te puedes pasar horas limpiando, algún día conseguiré que cocine para mí.

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Historias de Viana 3: Primer Contacto

Hace semanas que Nico me ha agregado a Facebook, obviamente respondí a su solicitud, no tardó mucho en enviarme un mensaje privado diciendo que Marco me sugirió como su amiga y que tardó más de un mes en decidir si hacerlo o no, desde ese día hemos estado yendo a tomar el café a una cafetería que está en nuestra misma calle casi todos los días, es un tío super encantador, parece muy inalcanzable para una chica como yo, él es mucho más alto que yo, mide 1,88 aproximadamente, por 1,68 que mido yo, él va al gimnasio, yo el único ejercicio que hago es andar en bicicleta.

Lo que más me ha llamado la atención de él es la cantidad de gustos que ambos compartimos, a los dos nos encanta la naturaleza, sobretodo ir a los acuarios y pasarnos horas observando a los peces, la novela histórica, la de fantasía, pero sobretodo un buen café, buena conversación y el chocolate, me siento muy a gusto con él, me transmite serenidad, confianza, es en una de nuestras salidas a tomar el café cuando me invita a cenar el Viernes por la noche, yo accedo encantada.

La cena del Viernes transcurre sin contratiempos, hablamos de nosotros mismos, de los últimos libros que hemos leído, páginas web interesantes, hasta que me dice que le gustaría volver a repetir lo de esta noche.

-Deberíamos repetir.- dice Nico de repente.

-Estoy de acuerdo, lo estoy pasando muy bien.- le respondo.

-Cuando la compañía es buena se pasa el tiempo volando y te quedas con ganas de más.- responde él.

-Comparto lo que has dicho, es extraño que un hombre como tú no tenga novia.-

-He tenido novias, pero ninguna me ha llenado, te veo a ti y no sé, eres diferente a todas las mujeres con las que he salido, contigo puedo hablar, llevamos casi tres horas aquí y no te has levantado para ir a pintarte los labios, y mira todo lo que has engullido, me encanta.-

-¿Me estás llamando gorda?.- le pregunto con un toque de indignación.

-¿Qué?, ¿cómo?, ¡nooooo!, en absoluto, jamás, en realidad me siento muy atraído hacia ti, tanto mentalmente como físicamente, mírate, no eres un esqueleto con un pellejo de piel encima, por primera vez siento una conexión muy fuerte con alguien.- contesta Nico.

-Gracias por los piropos, yo también siento una conexión muy fuerte contigo.-

Seguimos hablando otro rato, de repente a Nico se le ocurre la idea de ir al cine, son sesiones de pelis antiguas, compramos nuestra entrada, y nos metemos en la sala, está completamente vacía, la película que están reponiendo “Metrópoli”, no llevamos ni diez minutos de película cuando Nico me coge de la mano y me obliga a mirarle, sin verlo venir empieza a besarme, siento su lengua dentro de mi boca, busca la mía para jugar sensualmente con ella, la acaricia, mi lengua responde a esas caricias, hasta que no nos queda otra más que volver a respirar, le veo sonreírme y me da un tierno beso en los labios, yo le sonrío. Volvemos la mirada hacia la pantalla pero su mano no ha dejado la mía. Me siento mejor en el asiento, de repente la mano de Nico desciende hacia mi entrepierna y empieza a tocarme, yo abro un poco las piernas para que tenga más acceso, le sonrío, y él me sonríe, ayudándose de su otra mano me desabrocha los pantalones, me levanto un poco para dejarlos caer hasta mis rodillas, pasa su mano por encima de mis bragas, vuelve a sonreírme como si me estuviera pidiendo permiso, yo pongo una de mis manos en su entrepierna notando algo duro debajo de sus pantalones, abro su cremallera y meto la mano para dejar libre su pene, no puedo verlo en la oscuridad pero me gusta su tacto, es grueso y de una longitud normal, le acaricio, él se desabrocha los pantalones y se baja un poco los calzoncillos para que yo pueda tener más acceso a él, toco sus huevos, son peludos, nada de esas chorradas depiladas de los metro sexuales, recorro toda su longitud con mi mano, haciéndole cosquillas con un dedo en el glande, le miro a los ojos, los ha cerrado y respira entrecortadamente, muevo mi mano con más rapidez y sigo haciéndole cosquillas, con la otra mano aprieto sus testículos, para luego acariciarlos con suavidad, su respiración cada vez es mucho más rápida, me urge a que mueva mi mano mucho más rápido y que le apriete más los testículos, está a punto de correrse, cojo rápidamente un pañuelo de papel que se queda empapado de su semen por completo, le vuelvo a mirar y le veo completamente relajado y devolverme la mirada.

-Guau.- me dice. –Creo que me toca.-

Nico se sube los calzoncillos y los pantalones, me obliga a levantarme ya ponerme delante suyo, me siento sobre el respaldo delantero apoyando mis pies en las butacas que están al lado de él, antes he tenido que despojarme de toda la ropa mi parte inferior. Pasa su mano por mi sexo, que está completamente húmedo, empieza a jugar con mi clítoris, hacerme cosquillas, las odio, pero me excitan, lo frota con suavidad haciendo movimientos circulares, con su otra mano extiende la humedad que mana de mi vagina, después de unos minutos se levanta para volver a besarme, se sienta y sigue con su juego, separa las dos partes de mi sexo, y es cuando empieza a introducirme dentro uno de sus dedos, primero lo mueve con cuidado, luego con menos cuidado, recorre cada centímetro de mi húmeda y oscura y secreta cueva, está disfrutando, luego decide meter otro dedo, la sensación es maravillosa, los mueve como si estuviera apretando algo de modo que a la vez presione mi clítoris, mete la otra mano por debajo de mi camiseta y la siento pellizcarme un pezón, estoy muy cerca de llegar al clímax total,  muevo mi cuerpo para que sus dedos puedan entrar más, aunque en realidad no pueden porque los tiene completamente hundidos, pero mi propio movimiento incrementa la sensación de placer, no puedo más, entre sus caricias y sus palabras bonitas el mundo deja de existir para mí durante unos instantes.

Me visto, y salimos del cine que está completamente desierto, no está lejos de nuestro edificio, así que vamos andando, entramos y subimos a nuestro piso, me vuelve a dar otro beso, muy intenso.

-Me ha gustado.- le digo.

-A mí también, vayamos despacio ¿de acuerdo?.-

-De acuerdo.- le contesto.

-Cada vez que te toques quiero que pienses en mis manos tocándote.- le dice al oído.

-Ya lo hago.-

-La próxima vez daremos un paso más, pero si no estás segura habla conmigo, comunicación Viana, es importante.-

-Vale.- le respondo.

-Bueno, nos vemos.-

Nico se despide de mi con un húmedo beso con lengua, me sonríe, da unos pasos pero vuelve sobre ellos para volver a besarme. Por fin conseguimos irnos a nuestros pisos, entro en el mío, cierro la puerta con llave, de la habitación de Marcos y Gael vienen ruidos, decido no interrumpir su momento de placer, y decido seguir disfrutando del mío hasta quedarme dormida en la oscuridad de mi dormitorio.

FIN.

HISTORIAS DE VIANA 4: Descubrimientos y Pasos Pequeños … PRÓXIMAMENTE.

NOTA DE LA AUTORA: esta es una historia de ficción, los personajes que aparecen en ella NO son reales.

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La Cena de Empresa de mi Novia

Mi nombre es Sara, tengo 26 años, y os voy a contar cómo transcurrió mi cena de empresa.
La cena pasó como cada año: ambiente distendido, risas, exceso de copas y la alegría ante la cesta de navidad. A diferencia del año anterior, el dueño esta vez se había gastado los cuartos y en los postres nos dio entradas a todos para una famosa discoteca cercana al restaurante.
Excepto unas pocas personas que argumentaban que sus mujeres o maridos y niños les esperaban en casa, prácticamente toda la plantilla, de unas 25 personas, nos fuimos al local. Para sorpresa de mi amiga y compañera Rocío, todos los jefes vinieron también. Nos sorprendió porque la edad media del lugar era muy inferior a la edad media de aquellos cuatro hombres: Marcelo (mi jefe) de 35 años, Andrés de 42, Antonio de 45 y Aurelio, el dueño, de unos 55 años.
ROCÍO: mira, allá van los jefes, a la sala VIP.
SARA: seguro que se lo pasan en grande ¡ja!
ROCÍO: por cierto, has venido muy guapa.
SARA: gracias, tú también.
Rocío llevaba puesto un vestido dorado y yo un sencillo vestido negro, escotado y con minifalda del mismo color.
Las chicas se tomaron un par de copas y se hicieron fotos y bailaron con los compañeros y compañeras. Pasadas un par de horas Rocío me dijo que iba a cotillear a ver qué hacían en la sala VIP. A ver si le invitaban a algo. Al cabo de un rato volvió y me dijo:
ROCÍO: ¡no veas qué muermo! Jajajaja. Me ha pedido tu jefe que vayas un momento.

Qué querría Marcelo, me pregunté. Entré en la sala y en seguida me di cuenta de la broma que me había gastado Rocío. Para empezar, aquello no era un muermo. Los cuatro jefes de la empresa bailaban al son de música con mucha marcha con cubatas en las manos. ¡Incluido el dueño de la empresa, el obeso Aurelio!
MARCELO: ¡Anda! ¿Tú también aquí? ¡Qué sorpresa Sara! ¿No te irás a ir corriendo como Rocío, verdad? ¡Qué maleducada!
SARA: no… Ella me dijo que me habías llamado.
MARCELO: ¿habéis oído chicos? ¡Será mentirosa! Venga ven guapa, te invitamos a una copa, que Don Aurelio se ha portado y tenemos barra libre.
Se le notaba más suelto de lo normal. El alcohol y la confianza de no hacer el ridículo al estar solos en aquella sala le hacía decir cosas que normalmente no habría dicho.
ANDRÉS: ¡venga baila un poco con nosotros!
ANTONIO: ¡eso! ¡Qué si no esto va a parecer un pub gay con tanto hombre junto!
Bailé tímidamente, pero a medida que el alcohol iba haciendo efecto me iba soltando más. Como si estuviera en una discoteca entre amigas. A ellos creo que les pasaba lo mismo, porque también se estaban desmelenando. No perdían oportunidad para cogerme de la cintura, de la mano o incluso de “accidentalmente” que su mano agarrara más debajo de la cintura y tocara un poco el culo.
MARCELO: ¡venga, gánate una subida de sueldo! ¡haznos un striptease!
Todos nos reímos. Me subí un poco la parte de abajo del vestido en broma, como si fuera a hacer el striptease. Todos empezaron a gritar entusiasmados. Cuando no hice nada más se quejaron con frustración.
MARCELO: uhhh, fueraaaaa. Venga, vámonos a tomarnos todos una copa a la barra.
Me senté en una silla cruzando mis blancas piernas al tiempo que Don Aurelio preparaba los cubatas. ¡Nuestro jefe nos servía a todos!
Andrés acercó su mano para tocarme una pierna. Se la aparté de un golpecito con mi mano entre risas. Marcelo se acercó y atacó de la misma forma por el otro lado, consiguiendo llegar a mi pierna, donde noté su mano caliente.
SARA: ehhhh ¿qué haces?
MARCELO: ya que no nos has hecho el striptease, al menos tenemos que confirmarnos con algo.
Justo en ese momento alguien vino por detrás y me agarró las tetas pegando su cuerpo contra mí.
SARA: ¡pero qué co…!
AURELIO: mmm. ¡Qué tetitas tan ricas tienes!
Conocí en seguida la voz del dueño de la empresa, que me susurraba al oído.
SARA: Do… Don Aurelio. ¿Qué hace?
AURELIO: nos vas a alegrar la noche a todos. Venga, pórtate bien con tus jefes, y seguro que nosotros nos acordamos y la semana que viene nos portaremos bien contigo en la oficina.
Me quedé anonadada mientras el gordo se iba y se sentaba en el sofá. ¿Qué debía hacer? ¡Estaba en un compromiso! ¡En un aprieto!
Mientras barajaba las distintas posibilidades, Andrés y Marcelo se habían puesto manos a la obra y me estaban acariciando cada uno una pierna.
Antonio se pegó a mí , y pude notar el bulto de su pantalón sobre mi culo. Me susurró al oído:
ANTONIO: Ya has oído al jefe. ¿Qué harás? ¿O eres una acojonada?
Me giré y le agarré el paquete diciéndole con chulería:
SARA: los acojonados vais a ser vosotros, que no me vais a durar ni un minuto.
Mi jefe se rió y se abrazó a mí. Puso sus manazas sobre mi culo y me empezó a besar el cuello. Andrés me manoseó un pecho y Antonio me acarició las piernas.
Me aparté un poco de ellos y les enseñé, ante su sorpresa, mis tetas apretujadas en mi precioso sujetador negro con relleno. Realmente se veían más grandes de lo que eran en realidad. Los hombres empezaron a silbar y decir guarradas.
Les di la espalda y me dirigí con paso resuelto hacia el sofá donde se sentaba el dueño de la empresa. Haciendo acopio de valor, cogí y me subí encima de él arremangando mi falda. Él no me puso las manos encima, así que le cabalgue un poco colocando mis manos encima de mi cabeza. El resto de la tropa silbaba y arengaba a Don Aurelio para que me follara, a lo que él respondía riéndose lleno de felicidad.
AURELIO: venga, ves con ellos. Ya me ocuparé más tarde de ti.
Me levanté y me dirigí a la barra. Me senté en el taburete como si no pasara nada. Mis compañeros se acercaron como aves de rapiña.
Antonio me desabrochó el sujetador, me lo quitó y sacó mis tetas por encima del vestido. Andrés no perdió ni un segundo empezó a chuparme las tetas. Miré a Marcelo y me le encontré mirándome y masturbándose con un pequeño pene en la mano.
SARA: ¿Quién es mi jefecito preferido?
Me acerqué a mi jefe, me arrodillé y empecé a chuparle la polla con la lengua. Marcelo gemía de placer y no pudo evitar elevar un poco el tono cuando empecé a chupársela con ahínco. Antonio y Andrés se acercaron con sus pistolas cargadas. Empecé a chupársela a aquellos hombres por turnos. Mientras se la chupaba a uno, masturbaba a otro.
ANTONIO: venga, vamos al sofá.
Los hombres se sentaron en el sofá. Fui pasando de uno a uno – excepto por Don Aurelio – chupándosela. Me detuve más tiempo del normal con Antonio, el cual me estrujaba las tetas como si fueran peluches. Aumenté adrede el ritmo hasta que se corrió en mi cara. Me acerqué a él y le dije al oído:
SARA: ¿ahora quién es el acojonado? ¡No me has durado nada!
No pude seguir metiéndome con aquel hombre, porque rompí mi discurso con un gemido. Alguien me había cogido el culo, y apartando mi tanga a un lado, me había penetrado. Me giré y pude ver a mi jefe follándome. Apoyé los brazos en el sofá mientras Marcelo me follaba a lo perrito. Aún no me había limpiado la cara y la tenía llena de semen.
Marcelo me dio un cachete en el culo mientras me follaba con más fuerza.
MARCELO: mi querida Sara. Cuántas veces me he imaginado tener tu culo entre mis manos.
SARA: métemelaaa, ahhhhh, mássss, síiiiiii
Andrés se acercó a mí, y me puso su polla al lado de la cara. Entendí en seguida qué quería y empecé a chupársela.
El hombre al que le estaba haciendo una mamada me pidió que nos pusiéramos más cómodos. El se sentó en el sofá y yo me puse a cuatro patas esperando la polla de Marcelo. Me la empezó a meter con buen ritmo al tiempo que Andrés me tocaba las tetas.
SARA: Jefe ¿no le vas a dejar a Antonio que se divierta también un poco?
Le sonreí mientras le pasaba la lengua por el prepucio.
Cambiamos de postura y empecé a cabalgar a Andrés mientras se la chupaba a mi jefe.
Los hombres no tardaron mucho en estar a punto de correrse. Mi jefe me llenó la cara de semen mientras Andrés aún me estaba follando. Éste se sacó la polla de mi coñito y empezó a correrse sobre mi abdomen.
Nos sentamos en el sofá justo cuando Don Aurelio empezó a aplaudir.
AURELIO: bravo, bravo. Ahora me toca a mí.
El resto de hombres se fue al baño y no tardó en desaparecer, dejándome a mí sola ante el dueño de la empresa. Tenía un poco de miedo.
AURELIO: desnúdame.
Obedecí. Fue trabajoso quitarle toda la ropa al hombre, debido a su tamaño y peso.
AURELIO: ahora túmbate bien abierta de piernas. Te voy a dar lo que estos mariconazos no han sido capaces.
Le esperé con las piernas abiertas y tumbada boca arriba. Su panza no me dejaba bien ver su pene.
El hombre se tumbó encima de mí, dejando caer todo su peso sobre mi cuerpo. Me sentía aplastada, como si se hubiera derrumbado un edificio encima de mí.
Empezó a besarme en los labios a pesar de los restos de semen que tenía esparcidos por toda la cara. Finalmente el hombre atinó y me la metió de un golpe.
Grité.
Aquel cincuentón tenía una polla realmente gorda. El hombre empezó a follarme como una morsa en celo. Me sentía realmente aprisionada bajo toda aquella carne.
SARA: Don Aurelio, qué gorda la tiene.
AURELIO: Te voy a follar como no te han follado nunca.
El hombre se sentó.
AURELIO: ven, móntate.
Me subí al caballito sobre el gigantón. Él me la metió.
AURELIO: Ahora verás cómo se folla a una tía buena.
Me agarró el culo y empezó a moverlo muy rápido. Me estaba follando como si estuviera zarandeando a un delincuente para hacerle caer las monedas robadas. Yo gemía como una perra y estallé en un gran orgasmo. Le grité que parara, pero siguió follándome. No pude evitar tener un segundo orgasmo y entonces paré. Estaba agotada. El hombre sudaba como si hubiera pasado toda la noche en el gimnasio.
AURELIO: ¿Te ha gustado pequeña?
Le respondí con la respiración entrecortada.
SARA: Sss.. ¡sí! ¿Cómo ha aguantado sin correrse?
Él se rió.
AURELIO: la experiencia. Venga, ahora te toca a ti. A ver si consigues que me corra.
Le sonreí y me arrodillé frente a él lista a chupársela como hice con Antonio.
Le hice una mamada de campeonato, pero pasado un cuarto de hora el hombre no se corrió. Don Aurelio agarraba mi cabeza e intentaba que me la metiera toda en la boca. Me tumbó en el sofá y empezó a chuparme todo el cuerpo. Me dio la vuelta e hizo lo mismo con mi culito y mi coñito. Me chupaba el culo y el coño como si se tratara de una peli porno. Yo estaba en la gloria y no tardé en correrme.
AURELIO: ahora me toca a mí. Te voy a dejar bien llena de leche.
Me tumbé como al principio con las piernas bien abiertas y el hombre empezó a follarme con más fuerza que nunca. Empezó a gemir sin parar y noté como se corría dentro de mí.
Se quedó encima de mí un poco y luego se fue al baño. Me fui al de chicas y al salir me lo encontré arreglado y tomándose un cubata.
AURELIO: muy bien Sara. Te has portado muy bien. ¿Podrías salir fuera y decir a los chicos que entren? Gracias.
Me quedé helada ante la frialdad de aquel hombre. He de reconocer que me hizo disfrutar como una cerda. Salí de la sala VIP y sólo quedaban los jefes en la barra. El resto de empleados se habían ido. Me sonrieron con cara maliciosa y entraron en la sala VIP.
Cogí un taxi y volví a casa totalmente exhausta tras aquella cena de empresa…

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Más caliente de lo normal.

Cuando estaba a punto de terminar en la boca de Roberto, él se retiró y me dijo que era mi turno de comérmelo. Inmediatamente me hinqué y comencé a disfrutar una hermosa polla de 16 cm. con una deliciosa cabeza que me exigía comerla, primero puse su cabeza en mi boca y con mi lengua le daba un masaje de bienvenida.

Hoy me desperté más caliente de lo normal, esto se los cuento por que a penas veía a un hombre atractivo, quería irme sobre el y arrancarle la ropa. Y no me sucede comúnmente. En mi anterior relato “comiendo a mi amante con nieve” me presento, tengo 28 años, mido 1.80, y tengo mucho que ofrecer.

Volviendo al tema, durante todo el día en el trabajo, el tiempo pasó muy lento y no sabía que hacer, le hablé a un buen amigo para que me ayudara con mi problema, le dije que estaba muy caliente y que me urgía verlo.

Así que en cuando dieron las 6:00 de la tarde salí lo más rápido que pude a casa de Roberto. Roberto es un chico de 26 años, alto (1.83 mts) de piel blanca, delgado y con unos ojos maravillosos.

En cuanto toqué la puerta no tuve que esperar más de un minuto para que me abrieran la puerta y me recibieran con una sonrisa de oreja a oreja. Inmediatamente entré a su departamento y le di un delicioso beso. Él solo hizo una sonrisa y respondió a mis besos, inmediatamente sentí su lengua dentro de mi boca y acaricié su espalda con mis manos, hacer esto me encanta ya que me hace sentirlo cerca de mí.

Le dije que me sentía muy sudado y que me quería dar una baño, él me ofreció que mientras me bañaba él me prepararía la cena. Acepté gustoso y me fui a bañar, a los cinco minutos abrieron la puerta del baño y Roberto me dijo: ” Si, estás tan caliente como me decías en la mañana, Yo, soy tu mejor cena” y al abrir la cortina de baño lo vi desnudo listo para mi.Se metió al baño y comenzó a tallarme la espalda, inmediatamente sentí como mi polla se ponía a mil, me abrazó por atrás y sentí como su cuerpo se pegaba al mío, como su polla se colocaba entre mis nalgas.

Mientras tanto él mi sobaba el pecho y bajaba hasta mi polla, la cual comenzó a masturbarme, en esos momento yo no podía ni moverme, él se agachó y pasó por entre mis piernas para meterse mi miembro en la boca mientras me limpiaba perfectamente bien mi culito.

No pueden imaginar placer que experimentaba mientras me mamaban y me limpia muy dentro de mí, dándome un masaje que me hacía enloquecer. Cuando estaba a punto de terminar en la boca de Roberto, él se retiró y me dijo que era mi turno de comérmelo. Inmediatamente me hinqué y comencé a disfrutar una hermosa polla de 16 cm. con una deliciosa cabeza que me exigía comerla, primero puse su cabeza en mi boca y con mi lengua le daba un masaje de bienvenida. Después fui bajando poco a poco hasta que sentí los vellos en mi nariz. Después de 5 minutos le dije que necesitaba más acción.

Decidimos irnos a la cama, Roberto se acostó boca abajo, al verlo me excité aun más, ya que al ver su cuerpo mojado y a mi total disposición me hacía muy feliz. Me acerqué y le comencé a dar un masaje en la espalda, poco a poco fui bajando hasta llegar a sus nalgas, tomé un poco más de crema y comencé a explorar su cuerpo. Con mis manos abrí sus nalgas y encontré un hoyito rosado que me esperaba. Con un dedo comencé a sobarlo lentamente y haciendo presión hasta que logré meterlo, poco después metí el segundo y lo que más me excitaba era su respiración.

Me puse un condón y comencé a penetrarlo lentamente en esa posición, sentía la presión de su ano en mi polla y eso me calentaba aun más, hasta que estuve totalmente dentro de él, me detuve para que se cuerpo se acostumbrara a tenerme dentro. Comencé a realizar un metisaca disfrutando al máximo cada segundo. Poco después, le pedí que se sentara sobre mi verga, ya que me encanta ver su cara y poderlo besar, me senté al borde de la cama y su piernas me abrazaron mientras el mismo se introducía mi polla, él fue dosificando el placer, el ver la cara y sentir su cuerpo me hacía disfrutar más el momento.

Estuvimos así casi cinco minutos besándonos y haciéndolo mío, hasta que le mordí un poco más fuerte de lo normal el labio inferior con lo que le anuncié que estaba terminado dentro de él. Nos recostamos un rato a disfrutar el momento.

Poco después me dijo al oído que me cambiara y que me invitaría a cenar, para celebrar un día como ese.

Autor: Frank

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Cena semanal

Me puse entre sus piernas, y con la misma técnica que había hecho correr un ratito antes a Ana, empecé a introducirle un dedo, no me costó nada, estaba muy mojada y dilatada, la fricción de mi pulgar, y las caricias de Ana a los pechos hizo que se corriera bestialmente, nos sentamos en la cama, María totalmente desnuda, Ana con su tanga, y Juan con las bragas de su mujer en la mano.

Quisiera empezar este relato contando que tengo ahora 41 años, y que estoy casado desde hace 18 con Ana, una mujer de mi edad más o menos. Ambos somos lo que se podría definir como una pareja normal, no nos consideramos feos pero tampoco espectaculares, ella tiene unos pechos más bien grandes, mide 1.70.

En lo que se refiere al sexo, mi fantasía siempre ha sido verla a ella haciendo el amor con otro hombre, y ella lo sabe, pero no quería ni entrar a discutir esta posibilidad, por lo demás, nuestras relaciones son totalmente satisfactorias, Tenemos una pareja de amigos, Juan y María, que, con los que compartimos vacaciones y una cena semanal.

Tenemos con ellos mucha confianza, y nos permitimos algunos comentarios subidos de tono, pero nada especial en este sentido Como decía, cada semana aprovechamos un día para cenar juntos, así mantenemos esta relación, ya que de lo contrario nos veríamos solo por vacaciones Esta semana tocaba en casa de Juan y María. Nos preparamos hacia las 8 de la tarde para ir a su casa, Ana se puso un vestido amplio, abierto por delante con una cremallera de arriba a abajo, muy vaporoso, con un escote importante y que le llegaba por encima de la rodilla, y unas braguitas tipo tanga (casi siempre usa tanga), con un sujetador de esos sin tiras a juego, todo ello de color rojo.

Al llegar a su casa, acabamos de preparar la cena y cenamos con una considerable cantidad de alcohol, como era normal, eso nos permitía que después la conversación fuera más picante, explicando chistes verdes o haciendo comentarios sexuales.

Estábamos liados con una charla en la que Ana decía que me conocía tan bien, que solo con el tacto serian capaces de saber si era yo el que le tocaba una mano, o la cara, o no, y los demás decíamos que esto era imposible, y que una simple caricia no podía distinguirse. Entonces María propuso que se tapara los ojos, y que lo probáramos, a lo que ella accedió. Asó que buscamos una venda y María se la puso en los ojos, atada por atrás.

Juan se acercó a ella y le cogió la mano, a lo que ella inmediatamente le cogió el brazo y dijo; “eres Juan”, pero todos gritamos que no valía, ya que ella no podía tocar. María propuso atarle también las manos, ella no quería, pero al final accedió, le tumbo en un sillón de estos que se estiran y quedan como una cama, y la puso la venda y le ató las manos a los brazos del sillón, quedando completamente estirada y le sacó los zapatos Cuando la vi así, mi miembro se puso duro inmediatamente, era una postura que muchas veces habíamos practicado en nuestros juegos sexuales, y el estar con nuestros amigos, me excitaba, además, María dijo que le gustaba hacerlo, ya que allí Juan le ataba de aquella manera alguna vez, sin más comentarios, lo que creo calentó el ambiente en general, ya que Ana dijo “Ahora te quito el sitio yo”.

Empezó de nuevo Juan, esta vez le tocó los pies, de una manera muy delicada, ella dijo que era María, y esta dijo, “¿ves como no es posible que aciertes siempre?”, pero ella disculpó su equivocación porque los pies son poco sensibles, que en la mano no fallaría, Mientras ella hablaba, se iba moviendo, y muy despacito, el vestido iba subiendo, creo que sin que ella se diera cuenta. Seguimos el juego, esta vez le tocamos los tres la mano, y curiosamente solo acertó cuando le tocó Juan, ya que confundió a María conmigo. Repetimos en los brazos, las piernas y la cara, con un éxito similar, pero cada vez tenía el vestido más arriba, además en la posición que estaba, dentro de poco rato se vería claramente su tanga. María vio lo mismo que yo, y con señas me lo indicó, pero yo le dije que callara, que no pasaba nada. En esto que seguimos con más toqueteos, pero al revés, era ella la que tenía que tocar sin desatarse, acercó la mano Juan para que procediera, y falló de nuevo, diciendo que era la mía, pero su vestido ya no ocultaba el tanga, cosa que en señas hice ver a los demás, que reímos, ella preguntó que pasaba, pero dijimos que nada, cosas nuestras.

Para animar la situación, le dije a María y a Juan que ahora le tocaría un pecho, y ella le dijo a Ana, “A ver si ahora sabes quien es”, yo me puse a su lado, y muy rápidamente le cogí un pecho, soltándolo en menos de un segundo, entonces ella dijo “ha sido Juan”. Quedamos todos asombrados, ya que no pensábamos que pudiera pensarse nunca que Juan se atreviera, ella insistió, preguntando si había acertado, a lo que Juan le contestó que no, que ya le habría gustado, pero que no, a lo que ella contesto que era tonto, y que solo era un juego. En este momento, su tanga ya era totalmente visible, y todos pudimos ver la mancha que se le había formado en su coño, marca inequívoca de su excitación.

Fue cuando María le dijo a Ana que se la había subido el vestido, y que se le veía el tanga, pero ella respondió “os gusta?” . Quedamos sin saber como reaccionar, pero Juan dijo, a mi si, me encanta, y lo que esconde, seguro que más, Ana respondió que era un pillín….

El ambiente era más que caldeado, quedamos todos sin movernos, pero Ana dijo, pensáis continuar o me dejareis aquí atada, entonces María dijo que ya no había más zonas para probar, que le habían tocado por todas partes, pero ella dijo que solo en las zonas que no tapaba su vestido, y que si molestaba, que se lo abriesen, que era fácil, solo una cremallera.

Uf, como estaba el ambiente, no sabíamos que hacer, en esto que María se acercó a ella, sentándose a su lado, y le desbrochó lentamente el vestido, Todos mirábamos las partes de su cuerpo que iban apareciendo, su escote, el nacimiento de sus pechos, sus pechos completos tapados solo por el sujetador… Se la veía preciosa, con el tanga y sujetador rojo a juego, con sus pechos que parecían salir, y sus pezones rígidos mostraban su calentura.

Entonces ella era la que guiaba, nosotros estábamos cortadísimos, y propuso un juego, que consistía en que los tres le acariciáramos un pecho, y si no acertaba, le quitaríamos el sujetador. Empezó María, que si acertó, luego me tocó a mí, que también acertó, pero Juan no se atrevía, a lo que le volví a tocar yo, entonces ella dijo que era Juan. Ya había fallado, tenía que sacarse el sujetador, pero ella le dijo a Juan otra vez que era un tonto, y que aprovechara, que esta situación no se daría muchas veces, y quiso que se lo sacara Juan. Le costó, primero vencer la vergüenza, a pesar de que los tres le animábamos, y después porque ella atada, y con el vestido solo abierto era difícil llegar a los corchetes, pero lo consiguió, cuando acabó, Ana preguntó a todos si nos gustaban sus pechos, todos contestamos a la vez que si, que nos encantaban.

No se cual de los cuatro estaba más excitado, pero creo que era María, ya que propuso el siguiente juego, que consistía en hacer lo mismo pero con sus tanga. Yo no tenía claro que aceptara, no es lo mismo que te toquen los pechos que el coño, pero ella dijo que si, pero que si acertara, tendría que ponerse ella en el sillón, y entre todos la desnudaríamos. María se puso roja como un tomate, no sabia que decir, pero su marido le dijo que era justo, y que si le gustaba el espectáculo, también podía darlo ella. Al final aceptó, Ella abrió sus piernas a no poder más y dijo, quien va a ser el primero. A empujones conseguimos que Juan se acercara, y con mucha timidez, empezó un trabajo de experto, acercándose, no se si por timidez o por calentarla, muy despacio, primero por su muslo, y muy despacio fue llegando a su coño, de golpe empezó a acariciarla con fuerza, por encima del tanga, ella se movía, agitaba todo el cuerpo, y Juan se iba animando, sus movimientos se convirtieron en gemidos, y violentamente se corrió, cerrando repentinamente las piernas y apretando la mano en su interior.

Todos quedamos callados, ella se estaba reconduciendo de un orgasmo que seguro no esperaba tener al llegar a aquella casa, esperábamos ver si identificaba correctamente a Juan, y ella dijo “María, no sabía que tu marido era tan hábil con los dedos, y por encima del tanga”, todos reímos, y yo le dije a María que se preparara, que creo que le tocaría la siguiente parte del juego a ella, mostraba una actitud mezcla de excitación y vergüenza.

El siguiente fui yo, empecé por apartarle el tanga, dejando a la vista de todos su coño mojado y excitado, María preguntó si era multiorgásmica, supongo que para saber si podría verlo repetido, ella le contestó que si, y que antes de que ella empezara pensaba correrse alguna vez mas. Le introduje un dedo, tal como lo hacía siempre, para que tuviera muy claro que era yo, ya que esta vez lo que quería es que acertara, y poder ver y jugar con María. Con el dedo pulgar le acariciaba su clítoris, mientras que tenía otro dedo dentro, yo sabia que esto le gustaba, y no me equivoqué, en pocos segundos estalló en un sonado orgasmo, incluso temimos que los vecinos nos oyeran, pero que más daba ya. Entonces ella dijo, ya sabes cariño que masturbándome eres el mejor, nadie me lo ha hecho nunca tan bien como tú. Había acertado otra vez. Entonces María le preguntó: “Te han masturbado muchos chicos?”, ella respondió que cinco más, sus antiguas parejas, y que lo que aprendió de ellos me lo enseño a mi, y que por eso sabia tanto. Nunca habíamos hablado con ellos de anteriores amantes, ni nada tan atrevido. En eso que María dijo, “sabéis que durante un año me acosté con una chica?”, quedamos asombrados, nos contó que cuando estudiaba compartía habitación con una chica que era lesbiana, y que se hicieron amantes, yo le pregunté si era bisexual, y me contestó que no lo sabia, pero que con ella había tenido una relación muy placentera. Nos comentó también que en aquella época ya tenía a Juan por novio, y que él lo sabia, y no solo no le importaba, si no que incluso una vez presenció su encuentro.

Vaya cosas que descubríamos, mi mujer contaba cuantos amantes había tenido, y María que era bisexual, o por lo menos que había practicado sexo con una mujer. Ana estaba ya impaciente, quería que un tercero, o tercera le tocara el coño, y conseguir que María fuera desnudada y acariciada por todos. Sin más, le dijo a María que quería probar a una chica, que ella nunca había estado con ninguna, pidiéndole que se acercara y empezara, pero esta respondió que no tenía porque ser ella, que eso tenía que adivinarlo, pero diciendo esto, María se acercó, se puso de rodillas al suelo, y mientras con una mano separaba su tanga, acercó su cara al coño, haciendo maravillas con la lengua, se notaba que sabía lo que hacia, y se corrió brutalmente de nuevo. Ana dijo que de aquella manera, nunca se lo había hecho un chico, y que tenía que ser María. Acertó, como yo, y creo que todos deseábamos, y tanto mi mirada como la de Juan se dirigieron a María, pero Ana dijo que no empezaran sin desatarla, que quería colaborar.

Entre todos le sacamos las cuerdas y el vendaje de los ojos, ella aprovechó para acabarse de sacar el vestido, quedando solo con el tanga.

María estaba muy nerviosa, esperando su turno, nos pidió que fuéramos a la habitación, que estaríamos más cómodos, y así lo hicimos, Ana, casi desnuda, Juan detrás de ella, y yo el último.

Entramos, y los cuatro nos estiramos en la cama, menos mal que era muy grande.

Ella dijo, “Quien empieza?”, Juan dijo que el honor les correspondía a Ana y a mi, y que él miraría, se levantó de la cama y se sentó en una butaca. Entre Ana y yo, empezamos, muy lentamente a acariciarla, a excitarla más si se podía, antes de desnudarla, íbamos jugando con su cuerpo, sin tocar ninguna zona sensible, ella ya no podía más, su cara lo decía todo, estaba súper excitada, yo tampoco podía aguantarme más, quería ver, tocar, acariciar a María, llevaba un jersey muy fino y sin mangas, y unos pantalones de piel, muy ajustados.

Le levanté el jersey, primero descubrí su cintura, después fui subiendo, ya aparecía el borde de debajo de su sujetador, era blanco, sencillo, sin florituras, amagaban unos pechos pequeños, pero que se le marcaba sus pezones, por cierto muy rígidos. Le saqué por completo el jersey, dejando que su sujetador fuera la única pieza que tenía de cintura para arriba, mientras hacía todo esto, Ana la acariciaba, se acercaba a los pechos, le marcaba el contorno del sujetador. Yo la imité, y nos dedicamos cada uno a un pecho, sin que en ningún momento se los tocáramos. Dirigí mi mano a sus pantalones, desabroché el botón y bajé la cremallera, mientras tanto, Ana seguía con sus caricias. Le bajé los pantalones, dejando al descubierto unas bragas blancas, tipo bikini, pero que trasparentaban claramente los pelos del coño, y que estaban ya empapadísimas de sus jugos.

Yo ya no podía más, estaba en una cama desnudando a una mujer junto a mi  mujer, que solo llevaba un tanga, y su marido sentado, mirando, decidí actuar, y empecé a acariciarle un pecho, ella reaccionó con un suspiro, supongo que lo necesitaba ya, con el sujetador en medio, acaricié suavemente un pezón, mientras que Ana hacía lo mismo con el otro, María gemía de placer, y no paraba de moverse. Quería verlos y tocarlos sin impedimentos, así que deslicé mis mano por su espalda, y se los desabroché, ella no paraba de moverse y gemir, en sus ojos se notaba que necesitaba más, Ana le acabó de sacar el sujetador, y yo me abalancé sobre sus pechos, los estrujé entre la mano, se los amasé, le pellizcaba los pezones, mientras sus gemidos eran cada vez más audibles. Tenía ganas de comérselos, y así lo hice, me dediqué a un pezón, mientras Ana hacía lo mismo con el otro.

Pero todos queríamos más, mientras hacía esto, bajé mi mano hasta llegar a sus bragas, eran muy suaves, de algodón, acaricié por encima su coño, ella reaccionó abriéndome las piernas, era un charco, estaba empapadísimo, Ana le preguntó si también era multiorgásmica, supongo que para saber donde podría llegar aquello, ella, entre suspiros dijo que si.

Yo quería tocar directamente su coño, así que abandoné el pecho, dejando los dos para Ana, y me dispuse a sacarle la braga, que cuando estuvo del todo fuera, las lancé a su marido, que lo primero que hizo fue llevárselas a su cara, y olerlas.

Me puse entre sus piernas, y con la misma técnica que había hecho correr un ratito antes a Ana, empecé a introducirle un dedo, no me costó nada, estaba muy mojada y dilatada, la fricción de mi pulgar, y las caricias de Ana a los pechos hizo que se corriera bestialmente.

Una vez repuestos, nos sentamos en la cama, María totalmente desnuda, Ana con su tanga, y Juan con las bragas de su mujer en la mano. Este le pidió a Ana que le diera su tanga, pero ella le dijo que no, se las había ganado.

En eso que María nos mira a todos y nos dice, Os importaría que nos quedáramos Ana y yo un ratito solas, quiero estar con una chica, hace mucho que no lo hago, y quiero un poco de intimidad.

Miré a Ana, que asintió con la cara, Juan y yo nos fuimos al salón, comentando la situación muy excitados, pudimos oír sus gemidos, sus gritos, durante una hora larga, no sabíamos que hacer, para distraernos pusimos un video, pero no le prestábamos atención. Al rato, el silencio era total, supusimos que habían acabado, en eso que mi mujer, cubierta con un batín vino al salón, y me dijo, anda, ve a la habitación, María te está esperando, y mirando a Juan le dijo, el se va a follar a tu mujer, ¿no te importa verdad?, es que yo voy a follar contigo.

Autor: AnnaG.

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