Una madre revela su secreto

Me empezó a bombear suavemente, estuvo un rato larguísimo dándome marcha, parecía que nunca iba a parar, luego giró y poniéndome encima de él hizo que lo cogiera por otro largo rato, sentí en un momento sus dedos jugando con mi culo y tuve un orgasmo prolongado que grité lo más que pude para que escuchara el cornudo.

Celia era la madre de una niña llamada Nerea que vino a verme a colegio en el que impartía mis clases. Vino a contarme una historia terrible.

-He venido a contarte algo que llevo en mi conciencia ya unos años desde que Nerea era tan solo un bebé. Creo que como profesora debes saber algunas cosas que tal vez expliquen el comportamiento que la niña puede tener en el colegio.

Era un sábado, durante toda la noche sentí a mi marido inquieto en la cama moviéndose todo el tiempo. Al despertarnos en la mañana lo sobé sobre su calzón y lo sentí bien caliente. Fui al cuarto de Nerea que dormía muy tranquilamente. Le recordé a mi marido en la cocina que debía hacer una llamada. Así lo hizo, pero con la desagradable noticia que no contestaba nadie en el domicilio. Después de un rato mi marido recordó que el Sr. presidente de la compañía había viajado fuera del país y estaría todavía ausente por quince días más. La semana pasó sin muchas novedades y de pronto tuve una iluminación.

Me quedé desnudita para esperar a mi marido, quien al llegar y verme tenía una sonrisa de oreja a oreja. Se acercó y me abrazó empezando a acariciarme el culito, le agarré el pedazo que saqué fuera del pantalón y empezando a acariciarlo le dije: -Se me ocurrió una idea genial…, hice una pausa larga y continué, invité a comer a tu encargado de trabajo, López, ya que es viernes a la noche y de paso quiero que se quede a dormir conmigo. Tú te puedes acomodar en la cama que está en el cuarto de Nerea, deshice el abrazo y seguí con la comida. Quedó parado en medio de la cocina con la verga dando saltitos en el aire. Cuídame la comida que me voy a bañar y a vestir.

Me puse un vestido hermoso que tengo, que amo en especial, que resalta mi culo; me puse tanga y medias negras de rejilla con liguero que hacía mucho que no usaba.

Mi marido abrió la puerta, López vino hacia mi con un ramo de rosas rojas, me besó profundamente, luego me dijo, me sentí como un tonto el otro día, salí corriendo como un adolescente cuando me dijiste que si lo hacíamos en tu casa. Realmente agradezco tu invitación y será para mi todo un placer dormir con Ud. Pasamos a la cocina y cenamos a la luz de las velas, a cada rato mi marido se encargaba de ver si la nena necesitaba algo. Durante la cena López comentó que le encantaría que fuera su secretaria, si bien sabía que me gustaba mi trabajo me recordó que sólo necesitaría ir dos o tres veces por semana sólo un par de horas, la plata sería un poco más de lo que ahora ganaba y podría encargarme de mi hija y mis estudios con tranquilidad, me pidió que lo pensara. Pasamos al living, donde me desnudé quedando sólo con el tanga y las medias y me dediqué a amamantar a Nerea mientras los hombres estaban sentados uno en cada sillón mirándome mientras tomaban champaña.

Cuando terminé se la alcancé a mi marido, diciéndole que la acueste y fuimos caminando hacia la habitación con López que me acariciaba el culito con suavidad. Me acosté en la cama boca arriba, cuando miré a López se estaba desnudando, se notaba su pija bien dura bajo el calzón. Se acercó y sentándose en mi pecho me la dio para que la chupara. Se la mamé un largo rato con sumo placer tratando de sentir al máximo el dulce olor que despedía esa verga que era mía. Fue bajando lentamente y sentí que me la clavaba de golpe.

Me empezó a bombear suavemente, estuvo un rato larguísimo dándome marcha, parecía que nunca iba a parar, luego giró y poniéndome encima de él hizo que lo cogiera por otro largo rato, sentí en un momento sus dedos jugando con mi culo y tuve un orgasmo prolongado que grité lo más que pude para que escuchara el cornudo. Me sacó suavemente de encima de él y salió hacia la cocina desnudo, eso me calentaba, que se paseara desnudo por la casa. Volvió con la botella de champaña y me puso al borde de la cama y él de rodillas empezó a servir la champaña sobre mi concha y a chupar con avidez, también me pegaba unas buenas repasadas en el culo. Estuvo un rato larguísimo bebiendo, luego se acercó a mi boca y nos besamos profundamente.

Así al borde de la cama me la clavó de nuevo y me empezó a serruchar con dureza, en ese momento golpearon la puerta. -¿Qué pasa?…, dije con mi mayor voz de puta y sintiéndome llena de pija como me sentía.

-Me parece que la nena quiere tomar la teta de nuevo. -Ya voy, le contesté.

Pensé que sería buena idea ir a por Nerea y darla de mamar delante de López.

Mientras la niña me chupaba y sorbía bien la teta, López se colocó medio de pie y volvió a bombearme esta vez con más fuerza aún hasta que explotamos juntos. Sentir su leche en mi concha me volvió loca. Se acostó en la cama a descansar y mi niña seguía mamando con avidez, Cuando Nerea se sintió satisfecha se la di a su padre y le dije que viniera cuando la niña se durmiese, cosa que no tardó en hacer.

Cuando regresó estaba sentada en la cama y mi marido vio la leche que empezaba a salir de mi concha, se acercó a lamerme como desesperado. Tuve otro orgasmo mientras mi marido me chupaba la concha.

Me dormí con mi mano en la verga de López y mi cabeza en su pecho. Me desperté al sentir que la pija de López jugaba a tratar de meterse en mi boca dormida, me la tragué todo lo que pude, me calentaba la situación y pensaba que si fuera mi marido el que hiciera lo mismo le diría que era un desconsiderado y un egoísta. Después de chupársela un buen rato López se sentó en la cama y me dijo que ya sabía que me había portado mal, me acosté en su regazo con el culo en pompa y empecé a sentir sus cachetadas en el culo, cada vez más fuertes mientras restregaba mi concha lo más que podía sobre su verga que estaba muy dura.

En un momento me levantó y se fue desnudo hacia la cocina a buscar el aceite. Siempre le encantaba hacerlo con aceite de cocina, me dejó arrodillada en el piso con el cuerpo apoyado en la cama y él parado detrás mío, luego de lubricarme bien con el aceite me la fue clavando lentamente. -Cuanto hacía que no me comía este orto, ¡por favor! Cada vez me serruchaba más profundo y al sacarla dejaba solo la cabeza dentro y me descargaba un cachetazo en cada nalga. Estaba recaliente y acabé como una cerda con este tratamiento.

Siguió con el mismo tratamiento por un rato largo hasta que me tomó de la cintura y empezó a bombearme con furia hasta clavarla en el fondo llenándome el culo de su rica leche. Se quedó un rato inmóvil, hasta que salió y se fue a bañar. Se vistió y dándome un profundo beso se despidió recordándome su oferta de trabajo.

Me quedé acostada en la cama culo arriba y llamé a mi marido. Aprovecha y hacéme el culito ahora que estoy reabierta y super lubricada con aceite y la lechita de López, le dije. Me la metió y por primera vez sentí que entraba hasta el fondo. Que rica pija tenés, lástima que tú no me hayas podido agrandar el culo así, que haya tenido que ser un extraño, pero bueno… por lo menos yo lo disfruté mucho y ha sido una experiencia interesante, no? Bombéame, le dije y empezó a darme duro hasta que le dije, siente como te la exprimo con el culo y empecé a apretarlo sacándole en poquito tiempo toda la leche. Me llenaste cerdita, ¿eh?…, bueno acúestate y descansa. Me levanté y fui a amamantar a Nerea, me sentí plena y dichosa.

Estas experiencias continuaron y tal vez eso haya afectado a la niña. ¿Tú que crees? Me dijo mientras acariciaba mi mano.

Autora: Lola

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Tere, mi madurita calentorra

La abrí de piernas para que me mostrase toda la plenitud de su coño, estaba mojado por sus flujos y comencé a saborearlo, chupando el clítoris y cada pliegue de su coño, ella se apretaba contra mi boca y me agarraba la cabeza con las manos empujándola hacia su coño, hasta que se corrió como una loca llenándome de sus fluidos y pegó un grito que se debió de escuchar en todos los pasillos del hotel.

Hola amigos lectores, soy Oscar un chico de Madrid de 23 años, mido 1,85 ojos marrones pelo corto, y bastante deportista, me pego buenas machacadas en el gimnasio, en la piscina y practicando algo de deporte siempre que puedo.

Os voy a contar como conocí a Tere, mi madurita calentorra, una mujer de 54 años de Zaragoza, yo escribí un relato sobre mujeres maduras hace mucho tiempo, recibí su contestación, y me contaba que era una mujer de 54 años de Zaragoza, me mandó una foto suya en una playa nudista, estaba buenísima, o por lo menos a mí me lo parecía, y seguro que a muchos de los jovencitos como yo que estáis leyendo este relato, y os gustan las maduras tetonas y culonas, os pondría a mil ver sus fotos y os harías unas pajas antológicas igual que las que yo me he hecho pensando en su cuerpo, en sus tetas, en su coño y en todas las cosas que me gustaría hacer con ella.

Tere era muy guarra y sumisa, le gustaba que la tratasen como una cerda ramera, eso le excitaba escribirle en los mails tratándola como puta y también como guarra, eso creo que debía hacer que su coñito se mojase al instante. Me contaba como se follaba a un amigo de su marido, le gustaba que la enculasen, tragarse el semen… le encantaba el sexo, era una viciosa del copón.

También le encantaba la lluvia dorada y sentir como una buena polla se meaba encima de su cara o de sus preciosas tetas. A mi me excitaba mogollón la idea de que me mandase unas bragas suyas usadas… con el paso del tiempo recibí sus dos bragas preferidas según ella me contaba, a cambio yo prometí algo que no pude cumplir… prometí mandarle una foto de mi polla empalmada envuelta con sus bragas y de sus fotos recubiertas de mi espesa leche caliente. Seguro que Tere se puso muy triste al no poder comprobar al menos en foto como se ponían mis 18 centímetros de polla cuando estaban en contacto con sus bragas y yo veía sus fotos y me pajeaba pensando en ella.

La otra noche volví a soñar con ella, volví a soñar con Tere, su precioso culo, su peludo coño y sus tetazas… dándome de mamar con esos exquisitos pezones rosados apuntando hacia el cielo. Yo estaba en mi nuevo trabajo, como vendedor, comercial y representante de una conocida marca de ropa, mi jefe me había llamado para ir a Zaragoza a una reunión con otros directores y comerciales de la zona de Cataluña y Aragón, llegué a Zaragoza y en un taxi me dirigí hacia el conocido hotel de la ciudad, llegué a mi habitación, me puse cómodo y pedí un cubata al servicio de habitaciones, pagaba la empresa… así que no pensaba privarme de nada, y hacer muchas cosas que no haría en un hotel si tuviese que ser yo quien paga.

Lo siguiente que hice una vez el camarero del servicio de habitaciones me trajo mi copa, fue sacar un cigarrito y tumbarme en la cama, encender la televisión y poner un canal de pago con películas porno, que casualidad, estaban poniendo una peli de maduras… con Kitty una de mis actrices maduritas preferidas, algunos de vosotros ya la conoceréis, si a esa rubia, cincuentona, culona y tetona… tuve la suerte de conocerla en persona el año pasado en el festival de Cine Erótico de Barcelona.

Cogí mi móvil e hice una llamada al móvil de Tere para darle una sorpresa y decirle que estaba en Zaragoza para todo el fin de semana. Ella se puso muy contenta al recibir mi llamada, quedamos en que se escaparía la mañana siguiente para hacerme una vista… y follar como salvajes tal y como me dijo al teléfono, me venía perfecto, puesto que yo tenía el resto de tarde libre y la mañana del día siguiente también libre hasta la hora de la comida.

Al otro día suena mi teléfono de la habitación, era ella, subió hasta mi suite, estaba maravillosa, estaba muchísimo mejor que lo que se dejaba ver en sus fotos, nos dimos un largo beso y mis manos recorrieron su maravilloso cuerpo, ella se fue acercando más a mí, comencé a meterle mano acariciando sus muslos y ella se tocaba las tetas y los pezones que ya se marcaban realmente duros a través de su blusa. Se quitó la blusa y le empecé a comer las tetas mientras ella me desabrochaba el pantalón y acariciaba mi polla ya erecta por encima de mis bóxers.

Tere se puso de rodillas delante del sillón y sentí sus labios y su lengua recorriendo toda la longitud de mi polla hasta que se la metió en su boca y comenzó a chupar con auténtico vicio… me la mamaba con un ritmo brutal, y de repente paraba y jugaba con su lengua en mi glande… y seguía mamando, no podía aguantar más después de unos 20 minutos devorando mi polla así que la pedí que sacase la lengua y recibiese mi semen con la boca bien abierta y comencé a correrme como un caballo en su lengua, en su cara y en su boca, llevaba dos semanas sin eyacular y jamás pensé que pudiesen mis huevos almacenar tanta lefa, me quedé extasiado con una de las mejores corridas de mi vida.

Seguidamente la tumbé en la cama y la abrí de piernas para que me mostrase toda la plenitud de su coño… estaba mojado por sus flujos y comencé a saborearlo y comérmelo entero lamiendo, chupando los labios, el clítoris y cada pliegue de su coño que se me hacía más y más delicioso… ella se apretaba contra mi boca y me agarraba la cabeza con las manos empujándola hacia su coño para que se lo comiese más y más fuerte… hasta que se corrió como una loca llenándome de sus fluidos que yo acepté en mi boca con gran placer y pegó un grito que se debió de escuchar en todos los pasillos del hotel…

Le di la vuelta y con el culo en pompa le abrí el culo y se lo dejé bien ensalivado, es alucinate el lamer el culo de una mujer…

Me encanta, es una cerdada pero disfruto como un loco, chupando el ojete de una mujer… ese sabor, ese olor…mmm, mientras ella me masturbaba yo le comía el culo a Tere… me puse como una piedra de nuevo y a 4 patas empecé a follarle el coño… tomándola de la cintura y embistiéndola bien fuerte…después me puse a encularla metiendo un dedo en su culo para después meter mis 6cm de diámetro de polla poco a poco en su culo sin que se quejase mucho.

Cuando entró toda la polla comencé a follarla salvajemente hasta que no podía más y me corrí dentro de su culo inundándola con mi leche…ella se puso en cuclillas y yo comencé a sorber todo mi esperma caliente que resbalaba por su ano… me pidió que la mease y la llevé a la ducha donde le eché una buena meada caliente en su cara y en sus tetas, ella me correspondió también con una buena meada. Nos terminamos de duchar juntos y extasiados tumbados en la cama… ella me regaló sus bragas húmedas… y se fue a su casa a seguir con sus tareas de ama de casa… al fin había cumplido mi fantasía de follar a lo bestia con Tere…

Nota del autor: Me gustaría que me dejaran comentarios mujeres de más de 45 años, viciosas y culonas… que les guste que las coman el culo y el coño… la lluvia el sexo un poco pasado de rosca y que sean viciosas, o algo dominante me gusta que me de caña una mujer… y hacer guarradas de todo tipo.

Autor: Oscar

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Masajistas

Sin dejar de masturbar a Ricardo, Patricia estiró su único brazo que quedaba libre y agarró con fuerza el pene del otro hombre. Por primera vez en su vida se la meneaba a dos hombres al mismo tiempo, nunca se había sentido atraída por algo así, pero en ese momento estaba muy excitada. Se la agitaba a ambos al mismo ritmo, cada vez más rápido. Estaba disfrutando enormemente de la situación.

Al despertar, la mañana parecía una mañana cualquiera, pero nada más lejos de la realidad. Lo que iba a ocurrir a lo largo del día superaba cualquier pensamiento que pudieran tener en sus mentes. Patricia y Ricardo reposaban el frescor de la mañana abrazados en la cama con sus cuerpos desnudos. El ambiente era totalmente distraído, sus ojos permanecían cerrados, atentos a las caricias que se intercambiaban por todo el cuerpo.

A pesar de la tranquilidad que se respiraba en esos momentos, hacía varias semanas que no paraban de discutir entre ellos, el sexo casi había desaparecido y sentían que ya no era tan plácido como lo había sido siempre. Necesitaban relajarse, pero con la ayuda de más personas, por lo que esperaban de un momento a otro la llamada al timbre de dos masajistas que siempre se anunciaban en el periódico y con los que habían contactado previamente.

Lo único que sabían de aquellos masajistas es que eran marido y mujer, y que aseguraban tener un método infalible que llevaban practicando años con parejas que tenían problemas en sus relaciones sexuales, incluso afirmaban que no cobrarían nada de dinero si la pareja no quedaba satisfecha, reduciendo sus ganancias al donativo que quisieran entregarle por sus servicios.

La cita ya estaba concretada. Serían alrededor de las 11 de la mañana cuando sintieron que llamaban a la puerta. Fue Ricardo quien se puso una bata y abrió la puerta rápidamente mientras Patricia se ponía su albornoz a la espera de conocerlos. Ante los ojos de Ricardo aparecieron dos personas, tal y como esperaban, un hombre algo más maduro que él, tendría cerca de cuarenta años, y una mujer bastante más joven, a la que a simple vista le echaría unos veinte años. Tras un sencillo saludo los dejó pasar dirigiéndolos a la habitación en donde se encontraba Patricia.

-Hola, yo soy Rubén y ella es Amalia, aunque le gusta que la llamen simplemente Ama.-, dijo aquel hombre maduro. -Yo soy Ricardo y mi mujer es Patricia, gracias por venir ¿les explico nuestros problemillas? Que supongo que querrán conocer. -No, no,- se apresuró a decir la chica más joven,- sencillamente desnúdense y túmbense en la cama, el resto lo haremos nosotros.

Ricardo no volvió a decir ni una sola palabra y dejó caer su bata mientras observaba a su mujer como también se quitaba la única prenda que llevaba puesta, permitiendo que aquellos desconocidos vieran sus cuerpos sin ropa. Ambos se tumbaron boca arriba en la cama relajándose a la espera de que los masajistas comenzaran con su trabajo.

Sin apenas haberse dado cuenta ni Ricardo ni Patricia; Rubén y Amalia estaban tan desnudos como ellos. Esta situación provocó que Patricia estuviese apunto de levantarse, pero Rubén se lo impidió colocándose suavemente sobre ella. Amalia hizo lo propio con Ricardo. Empezaron a masajear el pecho de ambos, y aunque en los primeros instantes se miraban entre ellos mismos no pudieron evitar comenzar a mirar los cuerpos desnudos de Amalia y de Rubén. Los pechos de la joven masajista estaban completamente erguidos y se movían acompasadamente con el ritmo del masaje, Ricardo no les podía quitar ojo.

Por su parte Patricia observaba detenidamente el pecho descubierto de su masajista. Iba completamente depilado y cuando la mirada de Patricia bajaba un poco más, se deleitaba viendo como el pene crecía lentamente a cada roce que la mano de él ejercía sobre los senos de ella.

Los pechos de Patricia, que eran bastante más grandes que los de Amalia, se endurecían descaradamente, sus pequeños pezones se levantaban con tal claridad que le dio reparo que su marido estuviera presente. Giró su cabeza para ver si Ricardo se había dado cuenta de que se estaba excitando y lo que se encontró fue que las manos de su hombre pellizcaban los sorprendentemente grandes pezones de Amalia.

En un extraño impulso Patricia comenzó a masturbar lentamente a su esposo, que disfrutaba al mismo tiempo del cuerpo de Amalia. Esto pareció molestar a Rubén, que la miró sorprendido y con gesto de enfado. Pero sin dejar de masturbar a Ricardo, Patricia estiró su único brazo que quedaba libre y agarró con fuerza el pene del otro hombre. Por primera vez en su vida se la meneaba a dos hombres al mismo tiempo, nunca se había sentido atraída por algo así, pero en ese momento estaba muy excitada. Se la agitaba a ambos al mismo ritmo, cada vez más rápido. Estaba disfrutando enormemente de la situación, pero descubrió que a Amalia no le estaba gustando que tuviera ella en su poder los dos penes y paró bruscamente de darles placer deteniendo sus manos.

-No te gusta ¡eh! Ama. -Pues no, eres una egoísta. Ahora vas a ver como se ordena a dos rabos al mismo tiempo. -¿Si? ¿Qué vas a hacer? Conmigo estaban disfrutando más que contigo. -Aquí la única Ama que hay soy yo, así que tú te vas a quedar ahí quietecita- le ordenaba a Patricia- y en cuanto a vosotros dos colocaros de rodillas frente a esta zorra.

Ninguno de los dos hombres dijo nada, pero la obedecieron sin ningún tipo de dudas, la voz de Amalia sonaba clara y contundente, era casi imposible negarse a ella. Se situaron los dos juntos de rodillas y muy pegados entre ellos, de frente a Patricia, a la que Amalia cogió del pelo bruscamente poniendo su boca a la altura de ambos penes, con sus labios tan sólo unos centímetros por encima de los dos glandes.

Amalia se colocó detrás de ellos y comenzó a masturbar a cada uno de ellos con una mano. La situación era escalofriante para una pareja que nunca había tenido relaciones con otras personas hacía muchos años, se sentía en el ambiente que de un momento a otro tanto Ricardo como Rubén iban a reventar y eso les gustaba. La maestría de la masajista era evidente. Los dos disfrutaban como nunca y el ritmo iba en aumento progresivamente.

-¡Vamos perros!- les gritaba sin parar de entregarles placer.- Regalen toda vuestra leche a esta puta obediente. -¡Si! Quiero toda. Soy una puta esclava. Me gusta. -¡Te he dicho que puedes hablar! Abre tu jodida boca y mantenla abierta solo para recibir su lefa. -Insúltala, dile lo puta que es. Hace años que no se traga mi leche.- Susurraba Ricardo. -¿Quieres que la insulte? – Preguntó en tono insinuante.- ¡Vamos zorra! Que para lo único que sirves es para dar placer, guarra, puta, ramera, que luego me vas a lamer el coño.

Ricardo al oír eso no pudo aguantar más y empezó a expulsar todo el semen que tenía contenido sobre el rostro de su mujer que se puso a lamer su glande desesperadamente, tragando todos sus líquidos que caían y quedaban colgando por su piel esperando ser recogidos. Y segundos más tarde fue Rubén quien escupió su semen sobre el pelo de Patricia. Amalia se levantó y ahora se puso detrás de la mujer de Ricardo, sacándole el pene de la boca y obligando a esta a chupar los dedos de sus manos, unas manos con las que había estado masturbando a los dos varones y de las cuales todavía colgaban algunos restos de semen que exigió a Patricia se tragara sin piedad.

Cuando ya había limpiado las manos de su Ama, fue obligada a introducir en su boca los dos penes, ya bastante más blandos, al mismo tiempo. Para Patricia todo sabía a sexo masculino, estaba gratamente excitada. Cada segundo la gustaba más y más chupar. Además a Ricardo ya parecía no molestarle lo más mínimo que otro hombre también disfrutase de su mujer y que la trataran como a una esclava sin valor.

Por fin descansaron todos durante unos minutos tendidos sobre la cama, respirando fuertemente en el silencio de la mañana. Uno a uno se marchó a la ducha para quedarse más a gusto si cabe después de tanta excitación y tanto placer. Primero se duchó Amalia y luego le tocó el turno a Patricia, momento que aprovecharon los dos masajistas para decirle a Ricardo que ahora llegaba el plato fuerte de la sesión.

Rubén dejaba de participar por el momento en todo este asunto, así que se vistió y fue a descansar a una habitación de al lado que siempre estaba vacía, cerrando su puerta y quedando apartado de aquellos juegos sexuales que debían servir para solucionar los problemas de la pareja. A partir de ahora Patricia dejaba de ser la esclava para pasar a dominar la situación junto a Amalia.

Cuando la esposa de Ricardo salió de la ducha y pasó a la habitación se encontró con que ya no estaba Rubén y con su marido en el suelo, todavía desnudo, de rodillas. Amalia le explicó la nueva situación, la cual aceptó con agrado y se pusieron a juguetear con su nuevo esclavo.

-¿A cuál de las dos te gustaría lamerle primero los dedos de los pies?- preguntó Amalia -Me da igual, deseo a las dos de la misma forma. -¡Huélelos! Como un perro, eso es.- decía Amalia mientras le pasaba el pie por la nariz. -Seguro que están deliciosos, quiero saborearlos ya. -A mí nunca me los has chupado. – Replicaba Patricia. -Pues ahora los deseo más que nunca.- Decía un desorbitado Ricardo. -Bien, perrito. – Ordenaba Amalia mientras se sentaban ella y Patricia al borde de la cama.- Ahora túmbate en el suelo boca arriba con la cabeza aquí para que te podamos pisar.

Ricardo se tumbó cumpliendo las órdenes de Amalia y ambas pusieron los pies en su rostro, incitando a que su lengua saliera a disfrutar de las plantas, oliéndolas y comiéndolas al mismo tiempo. Su pene estaba completamente erecto y su lado más fetichista había salido violentamente al exterior.

-¡Qué bien lames! ¿Lo sabías perro?- decía mientras se reía Amalia -Me excitan mucho, quiero correrme en ellos. -Veo que aprendes pronto lo que es un buen esclavo- apuntaba mientras le introducía los dedos de su pie izquierdo en la boca.- Ahora dinos a las dos que eres un perro que está a nuestro servicio”. -Soy un perro que estoy a vuestro servicio.- Decía Ricardo de una forma casi imperceptible porque con los pies en su boca no podía hablar.

El pene parecía que iba a reventar, estaba más grande que nunca, chupar los pies de las dos mujeres le estaba resultando la experiencia más excitante de su vida, Patricia y Amalia se turnaban para introducírselos a Ricardo en la boca. Todos los dedos estaban empapadísimos. Delante de sus ojos podía ver como se acariciaban entre ellas mismas, momento en el que Amalia le ordenó cambiar de posición para colocar ahora el pene en el mismo lugar en el que antes tenía la cabeza. De esta forma le podían masturbar las dos mujeres con los pies.

-¿Te gusta Cariño?- preguntaba Patricia a su marido. -Si, me estoy sintiendo mejor que nunca. -Nunca habría pensado en hacerte pajas con los pies, pero me encanta que disfrutes así. -A mí me encantáis los dos, sois unos cerdos.- Recordaba Amalia a la pareja. – Pero la más cerda soy yo.

Terminó de decir estas palabras y se bajó de la cama para ponerse a chupar el pene al mismo tiempo que Patricia no dejaba de masturbar a Ricardo. La lengua de Amalia no paraba de lamer ni el sexo de Ricardo ni los pies de la mujer de este.

A pesar de que nunca había masturbado de esta manera a nadie, Patricia parecía tener mucha experiencia, dominaba el pene con suma facilidad. Así continuó durante unos minutos hasta que Ricardo explotó en los pies de su mujer, duchándolos por completo con su semen.

Amalia exhausta lamió todo el líquido que había sacado de su cuerpo Ricardo sobre el cuerpo de Patricia. Pocos minutos más tarde los masajistas se fueron con quinientos euros más en el bolsillo y ofreciéndose a una pronta nueva llamada

Autor: eclecticoadolf

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