Crónicas de un gay morboso y pervertido (Capítulo 4.1)

QUE MÁS LE PODIA DECIR (PARTE 1)

Se preguntaran porque llevo varios días sin publicar relatos, pues bien, debo contarles que este fin de semana mi pareja se quedo conmigo, de hecho lo hace una vez a la semana, y dio la casualidad de que mientras yo preparaba el almuerzo, él se quedo mirando alguna serie, fue extraño cuando llego muy serio a la cocina.

– C****o, ¿puede venir? –

– Claro corazón, dime –

– ¿Puede explicarme que es esto? –

Al acercarme al computador para ver a que se refería quede congelado, un archivo de word abierto, el cual se titulaba:

“Crónicas de un gay morboso y pervertido (Capítulo 3)”

– C****o, dígame que lo que dice ahí no paso en verdad

No pude decir nada, estaba aterrado, molesto, preocupado, así que decidí quedarme callado y esperar a ver que reacción iba a tener A****s.

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Me gusta / No me gusta

Mi amigo Paco

Pensé que había tenido ya buenos acostones en mi vida. Ahhh qué equivocada estaba. Sin nada qué hacer, una noche entré a un chat. Estaba aburrida y me iba a salir, hasta que me mandaron un privado. Me pareció de una persona interesante y platicamos. Intercambiamos fotografías y él me encantó. Aunque me desilusioné un poco cuando me dijo que era de Guadalajara, esto se me quitó cuando dijo que el siguiente fin de semana vendría a México. Preguntó si podíamos vernos ¿y adivinen qué contesté? Quedamos en darnos un beso apasionado en cuanto nos viéramos, antes de cruzar palabra. Allí decidiríamos si había química o no.

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Me gusta / No me gusta

No dejes a tu novio solo en casa

Eran las 3 de la madrugada, y tras haber visto una película solo en casa, estaba aburrido y sin sueño. Mi novia estaba de cena y marcha con las amigas, así que aprovechando que llegaría tarde a casa, me fui al ordenador y me empecé a ver vídeos porno.

Me conecté a un chat erótico de ciber-sexo bajo el pseudónimo “chicomorbo”. Nadie me escribía, así que cambié de sala y me conecté a una de mi comunidad autónoma. Los mensajes del chat general eran casi todos de hombres que buscan chicas para tener relaciones sexuales.

Excitado, escribí: “¿alguien para charla morbosa sobre mi novia?”.

Pensaba que nadie me escribiría, puesto que parecía que todo el mundo lo único que buscaba era un polvo rápido. Me sorprendió que varias personas me abrieran ventanas privadas. Tras hacerme diversas preguntas de control, resultó que todo el mundo lo único que buscaba era tener sexo con mi novia. Desilusionado, pasé del chat y me seguí viendo vídeos porno mientras me masturbaba lentamente. Abrí la pestaña del navegador del chat, y según cerraba ventanas privadas de gente que iba a lo mismo, me sorprendió una de un tal “chicojoven90”. Me había escrito lo siguiente:

Chicojoven90: hola, ¿qué tal?

Chicojoven90: seguro que buscas morbo porque o bien has vuelto de marcha y estás solo y excitado, o bien no has salido de marcha y sí lo ha hecho tu novia.

Me llamó la atención el cambio de diálogo de este chico y le contesté diciéndole que era lo segundo.

Estuvimos hablando un rato, y la verdad es que fue muy amigable. En ningún momento exigió ni pidió nada, tal y como hacían los otros.

YO: ¿te gustaría saber cómo es mi novia?

Chicojoven90: ¡claro! ¿A quién no? Je, je, je.

YO: se llama Sara, tiene 30 años, morena, 170, muy delgada, poco pecho pero bien puesto y culito respingón.

Chicojoven90: toda una perita en dulce.

YO: ya te digo.

Chicojoven90: seguro que se lo está pasando muy bien esta noche de marcha. ¿No crees que es muy posible que algún desconocido habrá intentado ligar con ella?

YO: seguro que sí.

Chicojoven90: qué pena no haber salido de marcha esta noche, je, je, je.

YO: je, je, je.

Seguimos hablando hasta las 4 de la madrugada riéndonos, y excitándonos con las fantasías morbosas que él me contaba. Se presentó como “Kike”, y yo como “Luis”. Le dije que era una pena que mi novia no quisiera hacer un trío, porque sería el candidato ideal. Él me respondió enviándome una foto suya. Se veía a un chico joven, bien cuidado, sin pelo en el cuerpo y muy sonriente.  Me dijo que me la enviaba por si alguna vez mi chica cambiaba de opinión.

Justo en ese momento me llamó mi novia. Se la veía muy contenta y con síntomas de haber bebido más de una copa. Me pidió si podía pasar a buscarla. Le dije que sí.

Le conté la conversación a Kike, y dijo que era una pena, porque hasta se estaba animando para salir de marcha aunque fuera tarde a ver si encontraba a mi novia.

– ¿Por qué no te vienes conmigo a buscarla? – dije sonriendo.

– ¿En serio? ¿Y qué le dirás a ella? – noté el tono de duda en su voz.

– Que eres un compañero de trabajo y que habíamos quedado para jugar unas partidas de fútbol en la consola.

– Ja, ja, ja. Es una locura, pero venga. ¡Me visto pitando!

Intercambiamos teléfonos y me dijo dónde podía pasar a recogerle. Le envié un mensaje a mi novia para avisarle de cuánto tardaría, y que me acompañaría un compañero de trabajo. Me vestí a toda velocidad, y hecho un manojo de nervios me fui al coche y me dirigí hasta el punto de encuentro con Kike. Puntual, supe en seguida que era él al verle sonriente bajo una farola. Se subió en el asiento de copiloto, y nos dirigimos hacia la zona de marcha. Por el camino, le di algunos detalles de mi empresa para mantener la coartada.

Llegamos al lugar de marcha, y a los pocos minutos apareció Sara. Nos bajamos del coche para saludarla. Se acercó a nosotros sonriente con el abrigo sin abrochar a través del cual pudimos apreciar su camiseta gris con toque brillante y escotada, su minifalda negra, sus medias, y sus botas negras de tallo alto.

Para no levantar sospechas, Kike se sentó en asiento de copiloto a mi lado.

–          ¿Pues sí que os habéis viciado, no? – dijo Sara.

–          Sí, je, je, je – respondí.

–          Oye Kike, ¿cómo es que no te conocía?

–          Ya sabes que en nuestra empresa trabaja mucha gente. Íbamos a ser más esta noche, pero al final se rajaron. ¿Qué tal esta noche? – Se excusó él.

–          Muy bien, ja, ja, ja.

En su tono se podía apreciar la alegría que sólo el alcohol puede facilitar.

–          ¿Y sólo habéis jugado a la consola? ¿No os habéis aburrido?

–          Bueno, también he visto porno. – Dije tentando a la suerte.

–          Ja, ja, ja, ¿qué dices? ¿Y Kike mientras jugaba solo?

–          No, a él le he conocido por Internet.

–          ¿Qué? No entiendo nada.

–          Pues eso. Que Kike no es un compañero de trabajo. Le he conocido por Internet.

–          Pe.. pe.. pero… No entiendo. ¿Para qué? – Contestó confundida.

–          Estaba cansado de ver porno y me metí en un chat. Me puse a morbosear y fantasear con desconocidos y le conocí a él.

–          Estoy flipando. ¿Pero de qué hablabais?

–          De ti. De lo cachondo que me pondría verte con otros hombres.

–          Y entonces… ¿qué hace él aquí?

–          Ha venido a verte. Ha sido muy improvisado.

–          Ajá…  – respondió sospechosa.

–          Tengo que decirte Sara que la descripción que me hizo Luis no te hace justicia. – Dijo el aludido.

–          Gra… gracias. Esto es un poco embarazoso. ¿Así que habéis estado hablando de mí?

–          Sí. Y si llego a saberlo antes, me voy de marcha por dónde has estado ja, ja, ja. – Contestó divertido Kike.

–          Je, je, je.

Se produjo un silencio incómodo que terminó en el aviso por parte de Kike de que Sara se había quedado dormida. Ambos nos reímos sin hacer mucho ruido y mi nuevo amigo me dijo que le dejara en su casa si quería. Le dije que no se preocupara, que ya veríamos cómo acababa la noche.

Llegamos a casa y desperté suavemente a Sara. Remolona, se despertó y salió del coche. Se notaba que aquella cabezadita no le había despejado los efectos etílicos, sino más bien todo lo contrario.

Sara se fue directa al sofá y se sentó bastante cómoda, y con aspecto de quedarse dormida en cualquier momento.

Hice una seña a Kike para que me siguiera, y nos sentamos a los lados de mi novia.  Le cogí con cariño la barbilla, y llevé sus labios hasta los míos. Me correspondió el beso con los ojos cerrados y cada vez con más pasión. Apoyé la mano en su rodilla, y fui subiendo hasta esconderla bajo su minifalda. Llegué al volcán que escondía bajo las medias y el tanga y se lo acaricié lentamente por encima de la ropa. Se entregó a mí persiguiendo mi lengua con la suya cada vez más excitada.

Noté la mano de Kike entre mi chica y yo justo cuando le empezaba a tocar las tetas. Me puse nervioso, pero o bien Sara no se dio cuenta, o simplemente le dio igual. La mano de Kike se abría y cerraba como una tenaza sobre los pequeños, pero bien puestos senos. Entre beso y beso podía ver cómo el chico pasaba de apretarlos, a juntarlos y amasarlos por encima de la ropa.

Nuestro nuevo amigo se animó, e introdujo su mano por debajo de la camiseta de mi chica. Fue ascendiendo, y la prenda lo hacía a la par. Al llegar a la altura del cuello, pude ver como el pecho de Sara subía y bajaba agitado atrapado pos su sujetador. Con la habilidad de años de práctica, pasé una mano por su espalda y le desabroché su prenda interior. Ésta calló al suelo, y Kike empezó a jugar con aquellas preciosas tetitas que apuntaban con sus duros pezones al techo.

Mis labios dejaron de ser los únicos en contacto con Sara: Kike bajó la cabeza y empezó a chupar sus pezones. Le apretaba las tetitas y corría rallyes con la lengua alrededor de sus pezones.

Yo seguía masturbándola por encima de la ropa hasta que noté cómo Kike le quitaba las medias. Sobó las piernas de mi chica para acabar tocando mi mano para poder tocarla él también. Era muy morboso besar a mi novia y notarla cada vez más excitada por el calentón que le provocaba aquel, hasta hacía poco, desconocido.

Sara dejó de besarme para, tras una sonrisa etílica, dejarse caer sobre mis piernas. Sus manos jugaron, como si desactivara una bomba, con mi cinturón y cremallera hasta lograr meter su cálida mano dentro de mis calzoncillos. Agarró mi pene erecto y lo sacó a la luz del comedor.

Se echó el pelo hacia atrás e inclinó hacia mi falo. Lo engulló sin lamerlo ni mirarlo, haciéndome una mamada deliciosa. Kike no perdía detalle y seguía enfrascado en la masturbación de mi novia. Notaba la cálida lengua de Sara al entrar en contacto con mi polla cada vez que subía y bajaba su cabeza en su felación. De vez en cuando me acariciaba los testículos sin detenerse ni un segundo en su trabajo vocal.

–          Mmmmm, cariño, qué bien la chupas – le dije con los ojos entrecerrados.

Ella se rio toscamente, con la boca llena, y siguió chupando sin parar.

Kike seguía enfrascado en su tarea de dar placer a Sara. Su dedo índice y corazón rotaban en lentos círculos sobre su clítoris y labios vaginales. Tenía la mano mojada por los fluidos de la chica. Podía notar el calor que emanaba del volcán que tenía entre sus piernas.

–          ¡Qué buena está tu novia! – dijo nuestro amigo mordiéndose el labio.

–          Ufff, y no veas cómo la come – le respondí sonriente.

–          Pues que sepas que está bien mojadita. ¡Mira! – me dijo enseñándome su mano impregnada en icor femenino.

Los dos hombres compartimos una corta risa. Kike resopló y negó con la cabeza para acto seguido desabrocharse los pantalones y terminar de desnudarse sin levantarse del sofá. Nos miró, primero a mi novia y luego a mí, para justo después empezar a masturbarse mientras seguía jugando con sus dedos sobre el sexo de mi chica.

–          Sara, ¡qué ganas de follarte tengo! – dijo Kike con cierta ansia mientras se masturbaba más rápido. Mi chica dejó de chupármela y se giró hacia nuestro amigo.

–          ¿Qué te impide hacerlo?  – le dijo guiñándole un ojo.

Kike me miró con la misma cara que tienen los niños al abrir los regalos en Navidad. Se acercó más a mi novia, y sin dejar de sonreír, golpeó con la punta de su pene sobre los pequeños y mojados labios inferiores de Sara. Ella le correspondió inclinando su cuerpo más hacia él. Kike se relamía y restregaba su polla, más dura que la cara de un político, sobre su coño.

De repente Sara dejó de chupármela. Se sacó mi falo de la boca con un sonido de succión y emitió un gemido. Me asomé por encima de ella y pude ver a Kike recostado y con su pene metido hasta la base dentro de mi chica.

–          Sara, quién me hubiera dicho esto esta noche cuando estaba solo en casa de mis padres….

–          Y a mí que mi novio me vendría a buscar así…

–          Mmmmmm. ¡Qué calentita estás!

–          Toda para ti….

A diferencia de lo que nos tienen acostumbrados las películas porno, Kike inició un mete-saca lento. Disfrutando de cada envite y pegando todo su cuerpo lo máximo posible con el de mi novia. Se la metía hasta el fondo y se deleitaba unos segundos en esa posición. Ambos gemían de forma sincronizada mientras yo me masturbaba viendo como aquel desconocido se follaba a mi novia ante mis narices.

Poco a poco, el ritmo de Kike aumentó. Las tetitas de Sara saltaban como si quisieran despegar de su cuerpo.

Tremendamente excitado, empujé ligeramente a mi chica para llamar su atención y le hice señas para cambiar de postura. Ella lo captó al momento y se giró, ofreciéndome su culito.

Le acaricié suave para seguir apretándole las nalgas al tiempo que ella empezaba a chupársela a Kike.

–          ¡Ohhhhh Dios! ¡Qué bien la chupas! – dijo Kike con la boca abierta.

Su blanco culo tenía marcas rojas del roce y los achuchones que antes le había dado nuestro amigo. Acerqué mi polla lentamente hasta su coño y sin todavía entrar en contacto ya noté en la distancia el calor que desprendía. Apoyé la punta de mi lanza sobre sus labios vaginales. Los noté ardientes y húmedos. No me moví, y Sara, al percatarse, empujó el culito hacia atrás para meterse mi polla poco a poco.

Apreté mis caderas contra su cuerpo y se la metí entera con muchísima facilidad. Estaba muy bien lubricada.

La mano de Sara se movía a toda velocidad sobre el pene de Kike. No sacaba su prepucio de la boca mientras le masturbaba para luego claudicar en marmársela a fuerza de cuello.

–          Saraaaaa, mmmmm. ¡Te daría todas las noches el biberón!

–          ¿Te gustaría correrte en mi boca? – dijo liberando sus labios apenas unos segundos.

–          Ufff, ¡Qué morbosa eres! ¡Sólo con decirme eso ya tengo ganas de correrme!

Mi novia aumentó el ritmo en su felación, introduciéndose la mitad del pene en su boca a toda velocidad. Justo cuando puso sus manos bajo los testículos de Kike, éste empezó a gemir.

–          ¡Aghhhhhh! ¡Me corroooo! ¡Me corroooo!. – Dijo el chico en un rictus de falso sufrimiento.

El primer chorro ardiente llenó la boca de mi chica. Abrió la boca y el semen desbordó por la comisura de sus labios. El resto de chorros impactaron en sus labios y mejillas por igual. Tenía la cara llena de leche, pero aun así le dio unas chupaditas más de despedida. Kike, exhausto, apartó su pene de la boca de Sara ya que no podía más.

Kike se dejó caer pesadamente en el sofá respirando de forma entrecortada. Mi chica se levantó y se fue al baño a limpiarse la cara. Volvió, y tras sonreírme, se montó a horcajadas encima de mí.

Podía notar su aliento apestando a semen sobre mi cara. Sara se introdujo con facilidad mi pene en su interior, y apoyando los brazos en el sofá, comenzó a cabalgarme. Se le notaba muy excitada, porque su ritmo era demencial. No aguantaría mucho aquel frenesí, y le advertí que como no frenara, me correría dentro. Ella se rio con autosuficiencia y aumentó el ritmo.

De forma incontrolable, noté un escalofrío recorrer mi cuerpo desde las rodillas hasta el pecho, y luego un tiró en los testículos. Moví mi cadera como un bailarín, y empecé a correrme dentro de mi novia.

Nos quedamos abrazados unos minutos y nos fuimos a limpiar.

Al volver Kike estaba ya vestido. Le acompañé a su casa en coche, y de camino me pidió el número de móvil de Sara. Se lo di, y volví a casa.

Nada más llegar, Sara me esperaba leyendo en la cama.

–          ¡Mira lo que me ha enviado Kike! – me dijo risueña.

Miré el móvil y pude ver una foto del chico con la polla sacada y semen por encima de la tripa.

–          ¡Ha tardado poco!

–          Sí, me ha dicho que se la ha cascado recordándome y con ganas de repetir.

–          ¿Qué harás?

Sara me respondió guiñándome un ojo y apagó la luz.

–          Creo que la próxima vez no dejaré a mi novio solo en casa…- Al poco tiempo escuché su respiración más lenta.

Se había dormido.

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El Chat y Mari Carmen

El chat y Mari Carmen.

Mari carmen es una mujer increíblemente caliente.

La conocí a través de Internet. Uno de esos días aburridos en los que te conectas con intención de pasar el rato, charlar con alguien, pero nunca con la esperanza de conocer a alguna mujer y menos de ligar con ella.

Es probable que por eso mismo me pasó esto, suerte que ella quiso hablar conmigo y además yo estaba relajado por no estar pensado en ligar.

Yo entre con un nick que decía mi edad Jaime31, y ella tenía uno que decía la suya Estrella49, o algo así. La diferencia era tangible, pero no importante. Al menos no para mi.

Siempre había querido estar con alguien mayor que yo, pero nunca lo hice, no se si por vergüenza o por que al aparentar mucha menos edad de la que tengo, me ven mas infantil de lo que soy en realidad. No sé.

El caso es que esta mujer, digamos que se llama Mari Carmen (No voy a poner aquí su nombre), y que vive en la comunidad de Madrid, digamos en Tres Cantos.

Bueno, empezamos a hablar y pronto le pregunté si tenía Messenger, cosa a la que me suelen contestar que no o simplemente me ignoran. Esta vez me lo dio sin vacilar. Así que empezamos a hablar por alli, intercambiamos algunas fotos.

No era la típica madurita que todo el mundo se imagina, desgraciadamente, porque nuestra imaginación puede ser muy caliente. Era una mujer normal, con un cuerpo normal para su edad, claro.

Las fotos que me envió tampoco mostraban mucho. Aunque a primera vista a mi me gustó.

Rubia, ni gorda ni delgada, y con un pecho generoso.

En seguida la conversación se empezó a poner caliente. Ella estaba separándose de su marido cosa en la que coincidimos al estar yo separándome de la que es ahora mi ex-novia. Aunque yo aún vivía con mi ex-pareja por problemas monetarios (maldita crisis).

Ella me hablaba de lo poco que la había cuidado su ex-marido en la cama (suena típico, lo sé, debe ser que es más típico de lo que pensamos), y yo le contaba las cosas que había hecho con mi ex-novia. Me decía que se estaba excitando y que si yo estaba excitado y la verdad era que si.

Empezamos a imaginar que haríamos si estuviéramos juntos en la misma habitación. Era una mujer muy caliente y estaba claro que quería probar cosas que no había hecho con su marido.

Me decía constantemente que se encontraba a gusto hablando conmigo. Así que di otro paso y la dije que si quería cogería el coche y me iría a tomar un café con ella a Tres Cantos, aunque pillaba un poco lejos de mi casa (soy de Alcalá). Ella me respondió que la encantaría, así que eso hice.

Conocerla fue aún mejor que hablar por el Messenger, congeniamos a la primera y nos caímos muy bien.

Bromeamos con la conversación que habíamos tenido por Internet. Era muy simpática y aunque no estaba muy buena (como decimos los tíos), la verdad es que tenía algo que me ponía a cien. No sé si sería la diferencia de edad o que se la veía caliente. Y como ya siempre he sido un defensor de que el físico no es lo más importante (si lo que quieres es una relación de una o dos noches), pues la propuse que nos podríamos ver la próxima vez en un hotel. A lo que me respondió:

“Si quieres hoy mismo podemos ir a mi casa”, me dijo con cierta vergüenza. “Mis hijos no están este fin de semana. Están con su padre”, prosiguió bajando un poco la vista.

“Claro, me encantará conocer tu casa Mari Carmen” , le contesté con media sonrisa.

Acabamos los cafés y pagamos la cuenta.

“Puedes dejar aquí el coche aparcado, no vivo lejos”, me aconsejo.

“Ok, como prefieras”, le contesté. Y los dos nos fuimos caminando a su casa. Por el camino, que no fue muy largo casi no hablamos. Al llegar al portal me di cuenta que era un bloque normal y corriente, me despedí de mis fantasías de hacerlo con una maruja ricachona en una gran chalet con piscina, etc…jeje. No lo pensé en serio. Iba a disfrutar del momento y no iba a dejar que una fantasía me arruinase la noche o lo que fuese.

Llegamos a su piso y bueno, como he dicho era una casa normal. En el salón había un gran sofá donde Mari Carmen me invitó a sentarme. Así lo hice. Estábamos los dos un poco nerviosos.

“¿Quieres tomar algo?” , Me preguntó.

“Si algo fuerte si tienes” le pedí cortésmente.

“Bueno, lo más fuerte que tengo me temo que es un poco de vino”, me dijo “Es que mi ex-marido bebía mucho y no tengo nada con alcohol, salvo el vino que me sobró de una cena”, me explico un poco por compromiso.

“El vino esta bien cielo” le contesté con una sonrisa y se sonrojó un poco por llamarla cielo.

Pasamos un rato hablando y bebiendo la botella de vino. Cuando servimos las última copas de la botella, el vino empezaba a hacer su efecto. Yo no hacía otra cosa que imaginármela en diferentes posturas.

Ella lo debió notar y también empezó a mirarme de diferente manera. Como dije estábamos disfrutando del momento.

Dejé la copa en la mesa y agarrando la suya, se la retiré de las manos con delicadeza y la puse junto a la mía. Lentamente entonces me acerqué hacia ella y le acaricié la cara. Ella respondió moviendo su cabeza hacia mi mano. Lo siguiente fue acercar mi cara hasta casi tocar sus labios con los mios. Ahí me quedé por un momento hasta que finalmente ella completó el recorrido y me besó.

El primer beso fue lento, dulce y cariñoso. Cuando se separó de mi ya no me miraba de la misma manera. Estaba sufriendo una transformación y yo aún no lo sabía. Me volvió a besar pero esta vez más apasionadamente. Se estaba calentando igual que yo.

Con el tercer beso nos empezamos a tocar. Las manos paseaban por todo nuestro cuerpo. Ella me acariciaba la espalda por debajo de la camiseta con una mano y con la otra me agarraba de la nuca para apretarme contra su boca. Nuestras bocas no se separaban. Y nuestras lenguas no paraban de jugar y enredarse la una con la otra. Pareció encantarle mi piercing de la lengua con el que jugaba constantemente.

No se separaba de mi. En su casa los dos solos y sin ningún sonido podía escuchar perfectamente su respiracion y algún que otro “mmmm”. Me estaba encantando. Ella gozaba y a mi me hacía disfrutar.

Yo por mi parte, le acariciaba las tetas por encima de la camisa blanca que vestía. Notaba el sujetador y a través de el sus pezones erectos.

Pronto que me quitó la camiseta. Acariciaba mi cuerpo como si nunca hubiese visto un cuerpo como el mio. Me cuido fisicamente, y eso de llevar casada con el mismo hombre toda su vida, sumado a que no la trataba bien, supongo que ayudo a sentirse, no sé, como afortunada de que un jovencito como yo quisiese estar con ella.

Se separaba a veces por unos segundos y me miraba de arriba a abajo soltando algún “uufffff” y volvía a besarme y tocarme. Al poco rato bajó su mano y empezó a palparme el paquete que por supuesto para ese entonces estaba a reventar. Soy un chico fácil de excitar, así que no tardé mucho en estar a punto para lo que fuese.

Mientras ella aún me besaba empecé a desabrochar su camisa. Poco a poco lo conseguí y salieron a la luz esas dos hermosas tetas sujetas aun por el sostén. La quitarle el “suje”, note como le caían un poco, cosa que no se porque me puso. Las agarré y las toqué. Para entonces ella ya no me besaba más sino que miraba lo que yo hacía con sus tetas mientras me acariciaba mir muslos pasando de vez en cuando su mano sobre mi paquete.

Desnudos ya de cintura para arriba, me dijo:

“¿Quieres que vayamos a mi cama?” , mirándome a los ojos.

“Donde tu estés mas cómoda”, le contesté mirando a sus ojos y acariciando sus tetas.

Entonces ella se levantó y sin dejar de mirarme me agarró de la mano y me llevo por un pasillo hasta la puerta del fondo donde apareció una cama de matrimonio de estilo un tanto clásico.

Nos acercamos a la cama y junto al borde nos empezamos a besar de nuevo. No dejé que pasase mucho tiempo (el vino también estaba haciendo de las suyas), y empecé a levantar la falda que llevaba puesta para llegar a tocar su sexo ya caliente y húmedo. Me sorprendió tocar un fino tanga. Supongo que me hice la idea equivocada de la mujer madura con braga….ya sabéis.

Nos sentamos mientras nos besábamos y seguí acariciándola su pubis. Nos tumbamos según caímos, pero ella pronto se levantó como sorprendida y se fue al baño muy deprisa con mala cara.

Yo un poco alucinado, salí de la habitación y me dirigí al baño tras ella. La puerta estaba cerrada y llamé.

“¿¿¡¡Mari Carmen!!?? A los pocos segundos abrió medio llorando.

“¿Que te ocurre Mari Carmen? ¿He hecho algo malo?”, le pregunte más intrigado que preocupado.

“No”, me dijo sollozando, “Es sólo que me he acordado de mi marido y no quiero recordar a ese cabrón”, me explicó.

La abracé y guarde silencio a ver que me decía.

“No puedo hacerlo en esa cama, no aún”, me dijo abrazándome.

“En la cama no, pero ¿En otro sitio si?”, le pregunte con miedo.

“Si, es la maldita cama”, me respondió.

Y entonces la retiré para ver que le caían dos lagrimas una por cada ojo. Sin pensarlo la besé. Ella me correspondió. Seguimos besándonos por un momento y luego me dijo:

“Podemos ir al salón si quieres”.

“Si, quiero”, la contesté y riéndose por mi respuesta, hizo lo mismo que antes, me agarró de la mano y me llevó al salón.

Allí sin besarle me agaché cuando aún estábamos los dos de pie y le desabroché la falda negra que se ajustaba un poco a su culito de casi cincuentona. Se la baje despacio disfrutando de la vista. Cuando se la hube quitado empecé a acariciar su culo y su pubis. Los muslos y gemelos, incluso los tobillos. Ella respondía a dichas caricias con leves gemidos. Poco a poco le fui escurriendo el tanga negro por sus piernas lo que dejó al descubierto un coño bien negro y velludo.

“que selvita tienes aquí abajo cariño”, le dije susurrando

“¿No te gusta?”, me preguntó mirando hacia abajo.

“Si me encanta, pero me gustan mas cuando están afeitados”, le dije “No es ni mejor ni peor, son manías, gustos”. Le explique, mientras besaba sus muslos.

“Luego si quieres me lo puedes afeitar, cielo”, me propuso y eso me excitó mucho.

“¿De veras? Me encantaría”, le respondí “Pero ahora no, ahora te lo voy a comer”, sentencié.

Su cara cambió repentinamente.

“¿Está todo bien?”, pregunté.

“Si, es sólo que no me lo comen desde hace años”, respondió vergonzosamente.

“Pues hoy te lo van a comer y bien comido, así que disfruta”. Le dije mirandola a los ojos mientras continuaba besando sus muslos.

Entonces poniéndole una pierna sobre el brazo del sofá de modo que su raja quedase bien abierta empecé a mordisquear sus muslos por el interior. Ella se tocaba un pecho y con la otra mano sujetaba mi cabeza contra sus muslos. Empecé pasando mi lengua por la parte externa de sus labios, a lo cual ya respondía con gemidos. Estuve así un rato para hacerle desearlo aún más. Se me escapaba algún lengüetazo el el clítoris lo cual la dejaba sin aliento. Mientras hacía todo esto, con las manos le acariciaba el culo y abría sus cachetes. Se estaba poniendo a mil así que sin vacilar más le propine una buena mamada de clítoris lo que hizo que gritase. Eran unos gritos de puro placer y liberación.

En tanto, empecé a acariciar su ano con mi dedo corazón. Notaba como mi rabo me iba a estallar, pero antes de empezar a follar quería que ella tuviera un orgasmo al menos.

Mis lengua no paraba de jugar con su clítoris. Todo allí abajo rezumaba jugos. A la vez que le daba placer en su vagina con mi mano derecha seguía masajeando el ano el cual se había relajado un poco y en cuanto pude empecé cariñosamente a meter mi dedo corazón, ahora lubricado con sus propios fluidos. Ella lo noto y contuvo el aliento por un momento hasta que con los ojos cerrados empujaba la mano que tenía en su culo para que metiese más el dedo. Ahora usaba las dos manos para que no me separase de ella.

Ese oragasmo que yo esperaba no tardó en llegar. Sus gemidos se hicieron más intensos y de repente dejó de gemir para apretar mi cara contra su sexo ya empapado. En seguida empezó a convulsionar. Pequeñas convulsiones y cuando me quise dar cuenta me empujó, y se sentó en el sofá.

“Me han fallado las piernas, perdona”, me dijo “No pierdas el tiempo y métemela. Quiero sentirme llena de ti”, la cara le cambió cuando me dijo esto. La transformación se había completado.

Entonces me quité los pantalones allí sentado en el suelo por el empujón, y poniéndome de rodillas pude rebozar mi glande en sus jugos que ahora bañaban su coño y parte del sofá.

Pasé mi glande a lo largo de su sexo varias veces haciendo las delicias de aquella mujer. Cuando creí que era el momento se la metí sin vacilación. Ella grito y me detuvo.

“Creo que acabo de tener otro orgasmo”, exhaló.

“¿Como?”, pregunté con mi polla dentro y sin moverme.

“Si, ahora cuando me la has metido, creo que he tenido otro orgasmo”, “Sigue, por favor. Fóllame. Hazme tuya.”, me pidió e intente complacerla.

Empece despacio a empujar. Un bombeo lento pero continuo, concentrado en lo que hacía. Aquella mujer no dejaba de gemir.

“mmmm…ahhhhh…uffff”, decía.

Yo por mi parte estaba centrado en no correrme, por que con aquel coño tan caliente y lleno de fluidos y Mari Carmen que no dejaba de gemir y me decia aquellas cosas.

“Dame cielo, fóllame como nadie”, me decía mientras miraba hacia abajo para ver como mi miembro entraba y salía.

“Me voy a correr otra vez”, grito “Fóllame. Métela hasta dentro cariño”.

Y así lo hice. Empujaba mi rabo, que no es nada pequeño con sus 21 cm, hasta que su grito cambiaba a grito de dolor, pero no dejaba que parara.

“AAAHHHHH ME CORROOO”, grito con los ojos ya cerrados, ” aaahhhh, ¡¡¡madre mía!!!”

Yo la follaba con todas mis ganas, sin parar y ella convulsionaba y sudaba. Sus tetas no dejaban de ir de arriba a abajo con mis embestidas.

“Mari Carmen, cielo tengo que parar o me corro”, dije jadeando.

“Pues correte cielo. Hazlo dentro”, me dijo.

“Pero no tengo puesto un condón”, le avisé

“No te preocupes, no voy a quedarme embarazada. Menopausia”, me dijo riéndose.

Seguí entonces mi bombeo intensificandolo mientras ella no dejaba de gemir.

“Siii, follame cielo. Follate a este coñito”, decía con los ojos cerrados. “¿Correte dentro!”.

Estaba ya a punto, y aceleré.

“Me corro Mari Carmen”, “¡Me corro dentro!”, y me corrí como hacía mucho no lo había hecho.

“¡¡¡aaahhhhh!!!”, grite ” ¡Me encanta!”.

La saqué de aquel coño que parecía un infierno de lo caliente que estaba. Chorreaba fluidos tanto suyos como míos. Su coño tambien estaba chorreando. Los fluidos salían como la mermelada de un frasco tumbado.

“¿Me la limpias Mari Carmen?”, “Por favor…”

“Si cielo”, me respondió y sentada aún en el sofá, conmigo de pie enfrente de ella, sin dudarlo empezó a lamerme la polla de abajo a arriba. Luego se la metió en la boca. Con delicadeza, pero con placer. Le encantaba lo que hacía. Y así estuvimos unos minutos. Hasta que ella se levantó.

“Me voy a la ducha, ¿vienes conmigo Jaime?”, y me encantó que me llamase por mi nombre.

Se que no es nada espacial, se que no hicimos nada del otro mundo, pero he de admitir que me ponen mucho las mujeres corrientes, y más las maduras.

No es el único encuentro que tuvimos. Espero que os haya gustado mi experiencia. La verdad es que Internet me ha provisto de dos historias que ya os he contado en relatos y sinceramente, espero poder contaros más.

coslada75@gmail.com (luis)

Espero vuestros comentarios y/o quejas. Saludos!

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