Crónicas de un gay morboso y pervertido (Capítulo 4.1)

Puedes leer la tercera parte de esta serie de relatos: Crónicas de un gay morboso y pervertido (Capítulo 3)

QUE MÁS LE PODIA DECIR (PARTE 1)

Se preguntaran porque llevo varios días sin publicar relatos, pues bien, debo contarles que este fin de semana mi pareja se quedo conmigo, de hecho lo hace una vez a la semana, y dio la casualidad de que mientras yo preparaba el almuerzo, él se quedo mirando alguna serie, fue extraño cuando llego muy serio a la cocina.

– C****o, ¿puede venir? –

– Claro corazón, dime –

– ¿Puede explicarme que es esto? –

Al acercarme al computador para ver a que se refería quede congelado, un archivo de word abierto, el cual se titulaba:

“Crónicas de un gay morboso y pervertido (Capítulo 3)”

– C****o, dígame que lo que dice ahí no paso en verdad

No pude decir nada, estaba aterrado, molesto, preocupado, así que decidí quedarme callado y esperar a ver que reacción iba a tener A****s.

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Me gusta / No me gusta

Mi amigo Paco

Pensé que había tenido ya buenos acostones en mi vida. Ahhh qué equivocada estaba. Sin nada qué hacer, una noche entré a un chat. Estaba aburrida y me iba a salir, hasta que me mandaron un privado. Me pareció de una persona interesante y platicamos. Intercambiamos fotografías y él me encantó. Aunque me desilusioné un poco cuando me dijo que era de Guadalajara, esto se me quitó cuando dijo que el siguiente fin de semana vendría a México. Preguntó si podíamos vernos ¿y adivinen qué contesté? Quedamos en darnos un beso apasionado en cuanto nos viéramos, antes de cruzar palabra. Allí decidiríamos si había química o no.

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Me gusta / No me gusta

No dejes a tu novio solo en casa

Eran las 3 de la madrugada, y tras haber visto una película solo en casa, estaba aburrido y sin sueño. Mi novia estaba de cena y marcha con las amigas, así que aprovechando que llegaría tarde a casa, me fui al ordenador y me empecé a ver vídeos porno.

Me conecté a un chat erótico de ciber-sexo bajo el pseudónimo “chicomorbo”. Nadie me escribía, así que cambié de sala y me conecté a una de mi comunidad autónoma. Los mensajes del chat general eran casi todos de hombres que buscan chicas para tener relaciones sexuales.

Excitado, escribí: “¿alguien para charla morbosa sobre mi novia?”.

Pensaba que nadie me escribiría, puesto que parecía que todo el mundo lo único que buscaba era un polvo rápido. Me sorprendió que varias personas me abrieran ventanas privadas. Tras hacerme diversas preguntas de control, resultó que todo el mundo lo único que buscaba era tener sexo con mi novia. Desilusionado, pasé del chat y me seguí viendo vídeos porno mientras me masturbaba lentamente. Abrí la pestaña del navegador del chat, y según cerraba ventanas privadas de gente que iba a lo mismo, me sorprendió una de un tal “chicojoven90”. Me había escrito lo siguiente:

Chicojoven90: hola, ¿qué tal?

Chicojoven90: seguro que buscas morbo porque o bien has vuelto de marcha y estás solo y excitado, o bien no has salido de marcha y sí lo ha hecho tu novia.

Me llamó la atención el cambio de diálogo de este chico y le contesté diciéndole que era lo segundo.

Estuvimos hablando un rato, y la verdad es que fue muy amigable. En ningún momento exigió ni pidió nada, tal y como hacían los otros.

YO: ¿te gustaría saber cómo es mi novia?

Chicojoven90: ¡claro! ¿A quién no? Je, je, je.

YO: se llama Sara, tiene 30 años, morena, 170, muy delgada, poco pecho pero bien puesto y culito respingón.

Chicojoven90: toda una perita en dulce.

YO: ya te digo.

Chicojoven90: seguro que se lo está pasando muy bien esta noche de marcha. ¿No crees que es muy posible que algún desconocido habrá intentado ligar con ella?

YO: seguro que sí.

Chicojoven90: qué pena no haber salido de marcha esta noche, je, je, je.

YO: je, je, je.

Seguimos hablando hasta las 4 de la madrugada riéndonos, y excitándonos con las fantasías morbosas que él me contaba. Se presentó como “Kike”, y yo como “Luis”. Le dije que era una pena que mi novia no quisiera hacer un trío, porque sería el candidato ideal. Él me respondió enviándome una foto suya. Se veía a un chico joven, bien cuidado, sin pelo en el cuerpo y muy sonriente.  Me dijo que me la enviaba por si alguna vez mi chica cambiaba de opinión.

Justo en ese momento me llamó mi novia. Se la veía muy contenta y con síntomas de haber bebido más de una copa. Me pidió si podía pasar a buscarla. Le dije que sí.

Le conté la conversación a Kike, y dijo que era una pena, porque hasta se estaba animando para salir de marcha aunque fuera tarde a ver si encontraba a mi novia.

– ¿Por qué no te vienes conmigo a buscarla? – dije sonriendo.

– ¿En serio? ¿Y qué le dirás a ella? – noté el tono de duda en su voz.

– Que eres un compañero de trabajo y que habíamos quedado para jugar unas partidas de fútbol en la consola.

– Ja, ja, ja. Es una locura, pero venga. ¡Me visto pitando!

Intercambiamos teléfonos y me dijo dónde podía pasar a recogerle. Le envié un mensaje a mi novia para avisarle de cuánto tardaría, y que me acompañaría un compañero de trabajo. Me vestí a toda velocidad, y hecho un manojo de nervios me fui al coche y me dirigí hasta el punto de encuentro con Kike. Puntual, supe en seguida que era él al verle sonriente bajo una farola. Se subió en el asiento de copiloto, y nos dirigimos hacia la zona de marcha. Por el camino, le di algunos detalles de mi empresa para mantener la coartada.

Llegamos al lugar de marcha, y a los pocos minutos apareció Sara. Nos bajamos del coche para saludarla. Se acercó a nosotros sonriente con el abrigo sin abrochar a través del cual pudimos apreciar su camiseta gris con toque brillante y escotada, su minifalda negra, sus medias, y sus botas negras de tallo alto.

Para no levantar sospechas, Kike se sentó en asiento de copiloto a mi lado.

–          ¿Pues sí que os habéis viciado, no? – dijo Sara.

–          Sí, je, je, je – respondí.

–          Oye Kike, ¿cómo es que no te conocía?

–          Ya sabes que en nuestra empresa trabaja mucha gente. Íbamos a ser más esta noche, pero al final se rajaron. ¿Qué tal esta noche? – Se excusó él.

–          Muy bien, ja, ja, ja.

En su tono se podía apreciar la alegría que sólo el alcohol puede facilitar.

–          ¿Y sólo habéis jugado a la consola? ¿No os habéis aburrido?

–          Bueno, también he visto porno. – Dije tentando a la suerte.

–          Ja, ja, ja, ¿qué dices? ¿Y Kike mientras jugaba solo?

–          No, a él le he conocido por Internet.

–          ¿Qué? No entiendo nada.

–          Pues eso. Que Kike no es un compañero de trabajo. Le he conocido por Internet.

–          Pe.. pe.. pero… No entiendo. ¿Para qué? – Contestó confundida.

–          Estaba cansado de ver porno y me metí en un chat. Me puse a morbosear y fantasear con desconocidos y le conocí a él.

–          Estoy flipando. ¿Pero de qué hablabais?

–          De ti. De lo cachondo que me pondría verte con otros hombres.

–          Y entonces… ¿qué hace él aquí?

–          Ha venido a verte. Ha sido muy improvisado.

–          Ajá…  – respondió sospechosa.

–          Tengo que decirte Sara que la descripción que me hizo Luis no te hace justicia. – Dijo el aludido.

–          Gra… gracias. Esto es un poco embarazoso. ¿Así que habéis estado hablando de mí?

–          Sí. Y si llego a saberlo antes, me voy de marcha por dónde has estado ja, ja, ja. – Contestó divertido Kike.

–          Je, je, je.

Se produjo un silencio incómodo que terminó en el aviso por parte de Kike de que Sara se había quedado dormida. Ambos nos reímos sin hacer mucho ruido y mi nuevo amigo me dijo que le dejara en su casa si quería. Le dije que no se preocupara, que ya veríamos cómo acababa la noche.

Llegamos a casa y desperté suavemente a Sara. Remolona, se despertó y salió del coche. Se notaba que aquella cabezadita no le había despejado los efectos etílicos, sino más bien todo lo contrario.

Sara se fue directa al sofá y se sentó bastante cómoda, y con aspecto de quedarse dormida en cualquier momento.

Hice una seña a Kike para que me siguiera, y nos sentamos a los lados de mi novia.  Le cogí con cariño la barbilla, y llevé sus labios hasta los míos. Me correspondió el beso con los ojos cerrados y cada vez con más pasión. Apoyé la mano en su rodilla, y fui subiendo hasta esconderla bajo su minifalda. Llegué al volcán que escondía bajo las medias y el tanga y se lo acaricié lentamente por encima de la ropa. Se entregó a mí persiguiendo mi lengua con la suya cada vez más excitada.

Noté la mano de Kike entre mi chica y yo justo cuando le empezaba a tocar las tetas. Me puse nervioso, pero o bien Sara no se dio cuenta, o simplemente le dio igual. La mano de Kike se abría y cerraba como una tenaza sobre los pequeños, pero bien puestos senos. Entre beso y beso podía ver cómo el chico pasaba de apretarlos, a juntarlos y amasarlos por encima de la ropa.

Nuestro nuevo amigo se animó, e introdujo su mano por debajo de la camiseta de mi chica. Fue ascendiendo, y la prenda lo hacía a la par. Al llegar a la altura del cuello, pude ver como el pecho de Sara subía y bajaba agitado atrapado pos su sujetador. Con la habilidad de años de práctica, pasé una mano por su espalda y le desabroché su prenda interior. Ésta calló al suelo, y Kike empezó a jugar con aquellas preciosas tetitas que apuntaban con sus duros pezones al techo.

Mis labios dejaron de ser los únicos en contacto con Sara: Kike bajó la cabeza y empezó a chupar sus pezones. Le apretaba las tetitas y corría rallyes con la lengua alrededor de sus pezones.

Yo seguía masturbándola por encima de la ropa hasta que noté cómo Kike le quitaba las medias. Sobó las piernas de mi chica para acabar tocando mi mano para poder tocarla él también. Era muy morboso besar a mi novia y notarla cada vez más excitada por el calentón que le provocaba aquel, hasta hacía poco, desconocido.

Sara dejó de besarme para, tras una sonrisa etílica, dejarse caer sobre mis piernas. Sus manos jugaron, como si desactivara una bomba, con mi cinturón y cremallera hasta lograr meter su cálida mano dentro de mis calzoncillos. Agarró mi pene erecto y lo sacó a la luz del comedor.

Se echó el pelo hacia atrás e inclinó hacia mi falo. Lo engulló sin lamerlo ni mirarlo, haciéndome una mamada deliciosa. Kike no perdía detalle y seguía enfrascado en la masturbación de mi novia. Notaba la cálida lengua de Sara al entrar en contacto con mi polla cada vez que subía y bajaba su cabeza en su felación. De vez en cuando me acariciaba los testículos sin detenerse ni un segundo en su trabajo vocal.

–          Mmmmm, cariño, qué bien la chupas – le dije con los ojos entrecerrados.

Ella se rio toscamente, con la boca llena, y siguió chupando sin parar.

Kike seguía enfrascado en su tarea de dar placer a Sara. Su dedo índice y corazón rotaban en lentos círculos sobre su clítoris y labios vaginales. Tenía la mano mojada por los fluidos de la chica. Podía notar el calor que emanaba del volcán que tenía entre sus piernas.

–          ¡Qué buena está tu novia! – dijo nuestro amigo mordiéndose el labio.

–          Ufff, y no veas cómo la come – le respondí sonriente.

–          Pues que sepas que está bien mojadita. ¡Mira! – me dijo enseñándome su mano impregnada en icor femenino.

Los dos hombres compartimos una corta risa. Kike resopló y negó con la cabeza para acto seguido desabrocharse los pantalones y terminar de desnudarse sin levantarse del sofá. Nos miró, primero a mi novia y luego a mí, para justo después empezar a masturbarse mientras seguía jugando con sus dedos sobre el sexo de mi chica.

–          Sara, ¡qué ganas de follarte tengo! – dijo Kike con cierta ansia mientras se masturbaba más rápido. Mi chica dejó de chupármela y se giró hacia nuestro amigo.

–          ¿Qué te impide hacerlo?  – le dijo guiñándole un ojo.

Kike me miró con la misma cara que tienen los niños al abrir los regalos en Navidad. Se acercó más a mi novia, y sin dejar de sonreír, golpeó con la punta de su pene sobre los pequeños y mojados labios inferiores de Sara. Ella le correspondió inclinando su cuerpo más hacia él. Kike se relamía y restregaba su polla, más dura que la cara de un político, sobre su coño.

De repente Sara dejó de chupármela. Se sacó mi falo de la boca con un sonido de succión y emitió un gemido. Me asomé por encima de ella y pude ver a Kike recostado y con su pene metido hasta la base dentro de mi chica.

–          Sara, quién me hubiera dicho esto esta noche cuando estaba solo en casa de mis padres….

–          Y a mí que mi novio me vendría a buscar así…

–          Mmmmmm. ¡Qué calentita estás!

–          Toda para ti….

A diferencia de lo que nos tienen acostumbrados las películas porno, Kike inició un mete-saca lento. Disfrutando de cada envite y pegando todo su cuerpo lo máximo posible con el de mi novia. Se la metía hasta el fondo y se deleitaba unos segundos en esa posición. Ambos gemían de forma sincronizada mientras yo me masturbaba viendo como aquel desconocido se follaba a mi novia ante mis narices.

Poco a poco, el ritmo de Kike aumentó. Las tetitas de Sara saltaban como si quisieran despegar de su cuerpo.

Tremendamente excitado, empujé ligeramente a mi chica para llamar su atención y le hice señas para cambiar de postura. Ella lo captó al momento y se giró, ofreciéndome su culito.

Le acaricié suave para seguir apretándole las nalgas al tiempo que ella empezaba a chupársela a Kike.

–          ¡Ohhhhh Dios! ¡Qué bien la chupas! – dijo Kike con la boca abierta.

Su blanco culo tenía marcas rojas del roce y los achuchones que antes le había dado nuestro amigo. Acerqué mi polla lentamente hasta su coño y sin todavía entrar en contacto ya noté en la distancia el calor que desprendía. Apoyé la punta de mi lanza sobre sus labios vaginales. Los noté ardientes y húmedos. No me moví, y Sara, al percatarse, empujó el culito hacia atrás para meterse mi polla poco a poco.

Apreté mis caderas contra su cuerpo y se la metí entera con muchísima facilidad. Estaba muy bien lubricada.

La mano de Sara se movía a toda velocidad sobre el pene de Kike. No sacaba su prepucio de la boca mientras le masturbaba para luego claudicar en marmársela a fuerza de cuello.

–          Saraaaaa, mmmmm. ¡Te daría todas las noches el biberón!

–          ¿Te gustaría correrte en mi boca? – dijo liberando sus labios apenas unos segundos.

–          Ufff, ¡Qué morbosa eres! ¡Sólo con decirme eso ya tengo ganas de correrme!

Mi novia aumentó el ritmo en su felación, introduciéndose la mitad del pene en su boca a toda velocidad. Justo cuando puso sus manos bajo los testículos de Kike, éste empezó a gemir.

–          ¡Aghhhhhh! ¡Me corroooo! ¡Me corroooo!. – Dijo el chico en un rictus de falso sufrimiento.

El primer chorro ardiente llenó la boca de mi chica. Abrió la boca y el semen desbordó por la comisura de sus labios. El resto de chorros impactaron en sus labios y mejillas por igual. Tenía la cara llena de leche, pero aun así le dio unas chupaditas más de despedida. Kike, exhausto, apartó su pene de la boca de Sara ya que no podía más.

Kike se dejó caer pesadamente en el sofá respirando de forma entrecortada. Mi chica se levantó y se fue al baño a limpiarse la cara. Volvió, y tras sonreírme, se montó a horcajadas encima de mí.

Podía notar su aliento apestando a semen sobre mi cara. Sara se introdujo con facilidad mi pene en su interior, y apoyando los brazos en el sofá, comenzó a cabalgarme. Se le notaba muy excitada, porque su ritmo era demencial. No aguantaría mucho aquel frenesí, y le advertí que como no frenara, me correría dentro. Ella se rio con autosuficiencia y aumentó el ritmo.

De forma incontrolable, noté un escalofrío recorrer mi cuerpo desde las rodillas hasta el pecho, y luego un tiró en los testículos. Moví mi cadera como un bailarín, y empecé a correrme dentro de mi novia.

Nos quedamos abrazados unos minutos y nos fuimos a limpiar.

Al volver Kike estaba ya vestido. Le acompañé a su casa en coche, y de camino me pidió el número de móvil de Sara. Se lo di, y volví a casa.

Nada más llegar, Sara me esperaba leyendo en la cama.

–          ¡Mira lo que me ha enviado Kike! – me dijo risueña.

Miré el móvil y pude ver una foto del chico con la polla sacada y semen por encima de la tripa.

–          ¡Ha tardado poco!

–          Sí, me ha dicho que se la ha cascado recordándome y con ganas de repetir.

–          ¿Qué harás?

Sara me respondió guiñándome un ojo y apagó la luz.

–          Creo que la próxima vez no dejaré a mi novio solo en casa…- Al poco tiempo escuché su respiración más lenta.

Se había dormido.

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El Chat y Mari Carmen

El chat y Mari Carmen.

Mari carmen es una mujer increíblemente caliente.

La conocí a través de Internet. Uno de esos días aburridos en los que te conectas con intención de pasar el rato, charlar con alguien, pero nunca con la esperanza de conocer a alguna mujer y menos de ligar con ella.

Es probable que por eso mismo me pasó esto, suerte que ella quiso hablar conmigo y además yo estaba relajado por no estar pensado en ligar.

Yo entre con un nick que decía mi edad Jaime31, y ella tenía uno que decía la suya Estrella49, o algo así. La diferencia era tangible, pero no importante. Al menos no para mi.

Siempre había querido estar con alguien mayor que yo, pero nunca lo hice, no se si por vergüenza o por que al aparentar mucha menos edad de la que tengo, me ven mas infantil de lo que soy en realidad. No sé.

El caso es que esta mujer, digamos que se llama Mari Carmen (No voy a poner aquí su nombre), y que vive en la comunidad de Madrid, digamos en Tres Cantos.

Bueno, empezamos a hablar y pronto le pregunté si tenía Messenger, cosa a la que me suelen contestar que no o simplemente me ignoran. Esta vez me lo dio sin vacilar. Así que empezamos a hablar por alli, intercambiamos algunas fotos.

No era la típica madurita que todo el mundo se imagina, desgraciadamente, porque nuestra imaginación puede ser muy caliente. Era una mujer normal, con un cuerpo normal para su edad, claro.

Las fotos que me envió tampoco mostraban mucho. Aunque a primera vista a mi me gustó.

Rubia, ni gorda ni delgada, y con un pecho generoso.

En seguida la conversación se empezó a poner caliente. Ella estaba separándose de su marido cosa en la que coincidimos al estar yo separándome de la que es ahora mi ex-novia. Aunque yo aún vivía con mi ex-pareja por problemas monetarios (maldita crisis).

Ella me hablaba de lo poco que la había cuidado su ex-marido en la cama (suena típico, lo sé, debe ser que es más típico de lo que pensamos), y yo le contaba las cosas que había hecho con mi ex-novia. Me decía que se estaba excitando y que si yo estaba excitado y la verdad era que si.

Empezamos a imaginar que haríamos si estuviéramos juntos en la misma habitación. Era una mujer muy caliente y estaba claro que quería probar cosas que no había hecho con su marido.

Me decía constantemente que se encontraba a gusto hablando conmigo. Así que di otro paso y la dije que si quería cogería el coche y me iría a tomar un café con ella a Tres Cantos, aunque pillaba un poco lejos de mi casa (soy de Alcalá). Ella me respondió que la encantaría, así que eso hice.

Conocerla fue aún mejor que hablar por el Messenger, congeniamos a la primera y nos caímos muy bien.

Bromeamos con la conversación que habíamos tenido por Internet. Era muy simpática y aunque no estaba muy buena (como decimos los tíos), la verdad es que tenía algo que me ponía a cien. No sé si sería la diferencia de edad o que se la veía caliente. Y como ya siempre he sido un defensor de que el físico no es lo más importante (si lo que quieres es una relación de una o dos noches), pues la propuse que nos podríamos ver la próxima vez en un hotel. A lo que me respondió:

“Si quieres hoy mismo podemos ir a mi casa”, me dijo con cierta vergüenza. “Mis hijos no están este fin de semana. Están con su padre”, prosiguió bajando un poco la vista.

“Claro, me encantará conocer tu casa Mari Carmen” , le contesté con media sonrisa.

Acabamos los cafés y pagamos la cuenta.

“Puedes dejar aquí el coche aparcado, no vivo lejos”, me aconsejo.

“Ok, como prefieras”, le contesté. Y los dos nos fuimos caminando a su casa. Por el camino, que no fue muy largo casi no hablamos. Al llegar al portal me di cuenta que era un bloque normal y corriente, me despedí de mis fantasías de hacerlo con una maruja ricachona en una gran chalet con piscina, etc…jeje. No lo pensé en serio. Iba a disfrutar del momento y no iba a dejar que una fantasía me arruinase la noche o lo que fuese.

Llegamos a su piso y bueno, como he dicho era una casa normal. En el salón había un gran sofá donde Mari Carmen me invitó a sentarme. Así lo hice. Estábamos los dos un poco nerviosos.

“¿Quieres tomar algo?” , Me preguntó.

“Si algo fuerte si tienes” le pedí cortésmente.

“Bueno, lo más fuerte que tengo me temo que es un poco de vino”, me dijo “Es que mi ex-marido bebía mucho y no tengo nada con alcohol, salvo el vino que me sobró de una cena”, me explico un poco por compromiso.

“El vino esta bien cielo” le contesté con una sonrisa y se sonrojó un poco por llamarla cielo.

Pasamos un rato hablando y bebiendo la botella de vino. Cuando servimos las última copas de la botella, el vino empezaba a hacer su efecto. Yo no hacía otra cosa que imaginármela en diferentes posturas.

Ella lo debió notar y también empezó a mirarme de diferente manera. Como dije estábamos disfrutando del momento.

Dejé la copa en la mesa y agarrando la suya, se la retiré de las manos con delicadeza y la puse junto a la mía. Lentamente entonces me acerqué hacia ella y le acaricié la cara. Ella respondió moviendo su cabeza hacia mi mano. Lo siguiente fue acercar mi cara hasta casi tocar sus labios con los mios. Ahí me quedé por un momento hasta que finalmente ella completó el recorrido y me besó.

El primer beso fue lento, dulce y cariñoso. Cuando se separó de mi ya no me miraba de la misma manera. Estaba sufriendo una transformación y yo aún no lo sabía. Me volvió a besar pero esta vez más apasionadamente. Se estaba calentando igual que yo.

Con el tercer beso nos empezamos a tocar. Las manos paseaban por todo nuestro cuerpo. Ella me acariciaba la espalda por debajo de la camiseta con una mano y con la otra me agarraba de la nuca para apretarme contra su boca. Nuestras bocas no se separaban. Y nuestras lenguas no paraban de jugar y enredarse la una con la otra. Pareció encantarle mi piercing de la lengua con el que jugaba constantemente.

No se separaba de mi. En su casa los dos solos y sin ningún sonido podía escuchar perfectamente su respiracion y algún que otro “mmmm”. Me estaba encantando. Ella gozaba y a mi me hacía disfrutar.

Yo por mi parte, le acariciaba las tetas por encima de la camisa blanca que vestía. Notaba el sujetador y a través de el sus pezones erectos.

Pronto que me quitó la camiseta. Acariciaba mi cuerpo como si nunca hubiese visto un cuerpo como el mio. Me cuido fisicamente, y eso de llevar casada con el mismo hombre toda su vida, sumado a que no la trataba bien, supongo que ayudo a sentirse, no sé, como afortunada de que un jovencito como yo quisiese estar con ella.

Se separaba a veces por unos segundos y me miraba de arriba a abajo soltando algún “uufffff” y volvía a besarme y tocarme. Al poco rato bajó su mano y empezó a palparme el paquete que por supuesto para ese entonces estaba a reventar. Soy un chico fácil de excitar, así que no tardé mucho en estar a punto para lo que fuese.

Mientras ella aún me besaba empecé a desabrochar su camisa. Poco a poco lo conseguí y salieron a la luz esas dos hermosas tetas sujetas aun por el sostén. La quitarle el “suje”, note como le caían un poco, cosa que no se porque me puso. Las agarré y las toqué. Para entonces ella ya no me besaba más sino que miraba lo que yo hacía con sus tetas mientras me acariciaba mir muslos pasando de vez en cuando su mano sobre mi paquete.

Desnudos ya de cintura para arriba, me dijo:

“¿Quieres que vayamos a mi cama?” , mirándome a los ojos.

“Donde tu estés mas cómoda”, le contesté mirando a sus ojos y acariciando sus tetas.

Entonces ella se levantó y sin dejar de mirarme me agarró de la mano y me llevo por un pasillo hasta la puerta del fondo donde apareció una cama de matrimonio de estilo un tanto clásico.

Nos acercamos a la cama y junto al borde nos empezamos a besar de nuevo. No dejé que pasase mucho tiempo (el vino también estaba haciendo de las suyas), y empecé a levantar la falda que llevaba puesta para llegar a tocar su sexo ya caliente y húmedo. Me sorprendió tocar un fino tanga. Supongo que me hice la idea equivocada de la mujer madura con braga….ya sabéis.

Nos sentamos mientras nos besábamos y seguí acariciándola su pubis. Nos tumbamos según caímos, pero ella pronto se levantó como sorprendida y se fue al baño muy deprisa con mala cara.

Yo un poco alucinado, salí de la habitación y me dirigí al baño tras ella. La puerta estaba cerrada y llamé.

“¿¿¡¡Mari Carmen!!?? A los pocos segundos abrió medio llorando.

“¿Que te ocurre Mari Carmen? ¿He hecho algo malo?”, le pregunte más intrigado que preocupado.

“No”, me dijo sollozando, “Es sólo que me he acordado de mi marido y no quiero recordar a ese cabrón”, me explicó.

La abracé y guarde silencio a ver que me decía.

“No puedo hacerlo en esa cama, no aún”, me dijo abrazándome.

“En la cama no, pero ¿En otro sitio si?”, le pregunte con miedo.

“Si, es la maldita cama”, me respondió.

Y entonces la retiré para ver que le caían dos lagrimas una por cada ojo. Sin pensarlo la besé. Ella me correspondió. Seguimos besándonos por un momento y luego me dijo:

“Podemos ir al salón si quieres”.

“Si, quiero”, la contesté y riéndose por mi respuesta, hizo lo mismo que antes, me agarró de la mano y me llevó al salón.

Allí sin besarle me agaché cuando aún estábamos los dos de pie y le desabroché la falda negra que se ajustaba un poco a su culito de casi cincuentona. Se la baje despacio disfrutando de la vista. Cuando se la hube quitado empecé a acariciar su culo y su pubis. Los muslos y gemelos, incluso los tobillos. Ella respondía a dichas caricias con leves gemidos. Poco a poco le fui escurriendo el tanga negro por sus piernas lo que dejó al descubierto un coño bien negro y velludo.

“que selvita tienes aquí abajo cariño”, le dije susurrando

“¿No te gusta?”, me preguntó mirando hacia abajo.

“Si me encanta, pero me gustan mas cuando están afeitados”, le dije “No es ni mejor ni peor, son manías, gustos”. Le explique, mientras besaba sus muslos.

“Luego si quieres me lo puedes afeitar, cielo”, me propuso y eso me excitó mucho.

“¿De veras? Me encantaría”, le respondí “Pero ahora no, ahora te lo voy a comer”, sentencié.

Su cara cambió repentinamente.

“¿Está todo bien?”, pregunté.

“Si, es sólo que no me lo comen desde hace años”, respondió vergonzosamente.

“Pues hoy te lo van a comer y bien comido, así que disfruta”. Le dije mirandola a los ojos mientras continuaba besando sus muslos.

Entonces poniéndole una pierna sobre el brazo del sofá de modo que su raja quedase bien abierta empecé a mordisquear sus muslos por el interior. Ella se tocaba un pecho y con la otra mano sujetaba mi cabeza contra sus muslos. Empecé pasando mi lengua por la parte externa de sus labios, a lo cual ya respondía con gemidos. Estuve así un rato para hacerle desearlo aún más. Se me escapaba algún lengüetazo el el clítoris lo cual la dejaba sin aliento. Mientras hacía todo esto, con las manos le acariciaba el culo y abría sus cachetes. Se estaba poniendo a mil así que sin vacilar más le propine una buena mamada de clítoris lo que hizo que gritase. Eran unos gritos de puro placer y liberación.

En tanto, empecé a acariciar su ano con mi dedo corazón. Notaba como mi rabo me iba a estallar, pero antes de empezar a follar quería que ella tuviera un orgasmo al menos.

Mis lengua no paraba de jugar con su clítoris. Todo allí abajo rezumaba jugos. A la vez que le daba placer en su vagina con mi mano derecha seguía masajeando el ano el cual se había relajado un poco y en cuanto pude empecé cariñosamente a meter mi dedo corazón, ahora lubricado con sus propios fluidos. Ella lo noto y contuvo el aliento por un momento hasta que con los ojos cerrados empujaba la mano que tenía en su culo para que metiese más el dedo. Ahora usaba las dos manos para que no me separase de ella.

Ese oragasmo que yo esperaba no tardó en llegar. Sus gemidos se hicieron más intensos y de repente dejó de gemir para apretar mi cara contra su sexo ya empapado. En seguida empezó a convulsionar. Pequeñas convulsiones y cuando me quise dar cuenta me empujó, y se sentó en el sofá.

“Me han fallado las piernas, perdona”, me dijo “No pierdas el tiempo y métemela. Quiero sentirme llena de ti”, la cara le cambió cuando me dijo esto. La transformación se había completado.

Entonces me quité los pantalones allí sentado en el suelo por el empujón, y poniéndome de rodillas pude rebozar mi glande en sus jugos que ahora bañaban su coño y parte del sofá.

Pasé mi glande a lo largo de su sexo varias veces haciendo las delicias de aquella mujer. Cuando creí que era el momento se la metí sin vacilación. Ella grito y me detuvo.

“Creo que acabo de tener otro orgasmo”, exhaló.

“¿Como?”, pregunté con mi polla dentro y sin moverme.

“Si, ahora cuando me la has metido, creo que he tenido otro orgasmo”, “Sigue, por favor. Fóllame. Hazme tuya.”, me pidió e intente complacerla.

Empece despacio a empujar. Un bombeo lento pero continuo, concentrado en lo que hacía. Aquella mujer no dejaba de gemir.

“mmmm…ahhhhh…uffff”, decía.

Yo por mi parte estaba centrado en no correrme, por que con aquel coño tan caliente y lleno de fluidos y Mari Carmen que no dejaba de gemir y me decia aquellas cosas.

“Dame cielo, fóllame como nadie”, me decía mientras miraba hacia abajo para ver como mi miembro entraba y salía.

“Me voy a correr otra vez”, grito “Fóllame. Métela hasta dentro cariño”.

Y así lo hice. Empujaba mi rabo, que no es nada pequeño con sus 21 cm, hasta que su grito cambiaba a grito de dolor, pero no dejaba que parara.

“AAAHHHHH ME CORROOO”, grito con los ojos ya cerrados, ” aaahhhh, ¡¡¡madre mía!!!”

Yo la follaba con todas mis ganas, sin parar y ella convulsionaba y sudaba. Sus tetas no dejaban de ir de arriba a abajo con mis embestidas.

“Mari Carmen, cielo tengo que parar o me corro”, dije jadeando.

“Pues correte cielo. Hazlo dentro”, me dijo.

“Pero no tengo puesto un condón”, le avisé

“No te preocupes, no voy a quedarme embarazada. Menopausia”, me dijo riéndose.

Seguí entonces mi bombeo intensificandolo mientras ella no dejaba de gemir.

“Siii, follame cielo. Follate a este coñito”, decía con los ojos cerrados. “¿Correte dentro!”.

Estaba ya a punto, y aceleré.

“Me corro Mari Carmen”, “¡Me corro dentro!”, y me corrí como hacía mucho no lo había hecho.

“¡¡¡aaahhhhh!!!”, grite ” ¡Me encanta!”.

La saqué de aquel coño que parecía un infierno de lo caliente que estaba. Chorreaba fluidos tanto suyos como míos. Su coño tambien estaba chorreando. Los fluidos salían como la mermelada de un frasco tumbado.

“¿Me la limpias Mari Carmen?”, “Por favor…”

“Si cielo”, me respondió y sentada aún en el sofá, conmigo de pie enfrente de ella, sin dudarlo empezó a lamerme la polla de abajo a arriba. Luego se la metió en la boca. Con delicadeza, pero con placer. Le encantaba lo que hacía. Y así estuvimos unos minutos. Hasta que ella se levantó.

“Me voy a la ducha, ¿vienes conmigo Jaime?”, y me encantó que me llamase por mi nombre.

Se que no es nada espacial, se que no hicimos nada del otro mundo, pero he de admitir que me ponen mucho las mujeres corrientes, y más las maduras.

No es el único encuentro que tuvimos. Espero que os haya gustado mi experiencia. La verdad es que Internet me ha provisto de dos historias que ya os he contado en relatos y sinceramente, espero poder contaros más.

coslada75@gmail.com (luis)

Espero vuestros comentarios y/o quejas. Saludos!

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Como conocí a una chica del chat

Ella se subió sobre mí, con una pierna a cada lado de mi cuerpo sentándose sobre mí, su vagina aplastaba mi pene sobre la ropa y la movía suavemente, me miraba, y me dijo, ayy, puedo sentir como se te está poniendo, tenía una cara que me calentaba mucho, era increíble estar así después de que tantas veces lo habíamos hablado por chat.

Hace ya un tiempo, un par de años o más, aburrido en una noche de otoño entré en una de las salas de chat que en ese tiempo tenía yahoo, me metí a una sala de mi país, para ver de que hablaban… y bueno nada interesante, solo discusiones entre los participantes, de que tú eres de este país y tú del otro, en fin. Así que empecé a buscar entre los nicks y tratar de contactarme con alguien de manera privada, así lo hice con un par de chicas, hasta que una me contestó y hablamos un poco, nos presentamos y esas cosas.

Después de un momento para ver su reacción le pregunté si le gustaba hablar de sexo, y ella reaccionó más o menos mal, me dijo que no y que si era eso lo que buscaba estaba equivocado y dijo que mejor se iba. Ok era solo una pregunta para poner un tema le dije, pero de todas formas salió. Cuando al momento me habla y me pregunta de que cosas de sexo quería hablar, le dije que nos contáramos experiencias vividas, cosas como la primera vez. Para mi sorpresa dijo bueno, si es de forma respetuosa sí.

Entonces me dijo, ya que propusiste el tema empieza tú, como fue tu primera vez, así que le conté, con lujos de detalles y ella reaccionó muy interesada y me preguntaba algunos detalles. Al terminar de contarle mi historia, yo estaba ya medio hot de recordar esos ricos momentos y de la reacción de esta chica con la que estaba chateando, entonces llegó el momento que ella contara. Le costó un poco, tuve que ir preguntándole como fue y ella se iba explayando, al final de su relato yo estaba a full, fue muy excitante su relato. Le pregunté si se sentía excitada en ese momento, se quedó como pensando y demoró un poco su respuesta… pero al final dijo sí, que se sentía muy mojada, ufff…

Se nos hizo tarde y al otro día había que despertar temprano, así que nos agregamos al messenger para seguir hablando después. Pasamos así muchas noches, ya mucho más abiertamente hablando de sexo y excitándonos mutuamente y hasta teniendo cibersexo y llegar al punto de mostrarnos por cam como cada uno lo hacía, eran momentos muy calientes, demasiado diría yo.

Al tiempo intercambiamos celulares y de vez en cuando teníamos sexo telefónico. Una noche, en que no habíamos hablado, yo ya dormía cuando sonó mi celular, era ella, contesto y estaba a full, muy excitada, me dijo que se estaba masturbando y me detallaba como lo hacía, estaba desnuda acostada en su cama boca abajo con una mano metida entre sus piernas acariciando su conchita, me decía que metía un dedo y que resbalaba mucho, se pasaba el dedo de arriba a abajo por su sexo y por momentos hacía circulitos sobre su clítoris, su voz y sus gemidos eran extasiantes, hasta que ya no aguanto más y me dijo que yo le siguiera diciendo las cosas que le haría, así que lo hice hasta que acabó en un explosivo y muy gemido orgasmo, que me tenía a mi acariciando mi duro y mojado pene, masturbándome junto con ella hasta acabar también…

Un día le dije que si se atrevía a que nos viéramos directamente, es decir en persona, dudó un poco, por lo desconocido, pero me dijo que hace mucho que lo pensaba porque tenía muchas ganas de que hiciéramos todo eso que nos decíamos por el chat, pero en persona, que muchas veces se masturbaba pensando en eso, en como lo haríamos. Dijo que bueno, que lo hiciéramos. Ella vivía sola, tenía una pequeña hija de 2 años que vivía con ella, pero que los fines de semana se la llevaba el padre así que quedaba sola, que si yo me atrevía fuera hasta su casa. Ella vivía en una ciudad a unas cuatro horas de mi ciudad, así que tenía que viajar para esta excitadísima reunión.

Al final quedamos para un sábado de principios de enero en la mañana, era verano, hacía mucho calor, el único problema es que justo ese día a ella le habían fijado plazo para entregar un trabajo, pero que era solo eso ir a dejarlo y demoraría unas dos horas.

Llegó el sábado, apenas dormí esa noche, estaba excitado por el viaje y todo lo que se venía ese día. Quedamos que yo llegaría antes de las 11 de la mañana, ya que ella a las 12 debía ya ir saliendo para hacer la entrega de su trabajo, llegué apenas faltando para las 11, y gracias a sus indicaciones y a google earth llegué fácilmente hasta su casa, entré y toqué la puerta, yo casi temblaba de la emoción, ella no se demoró nada en abrir y…

Ahí estábamos por fin frente a frente, fue extraño, pero una muy agradable sensación, por primera vez nos veíamos en persona, se sentía bien, muy bien la verdad, y era extraño, parecía que nos conocíamos mucho tiempo ya, pero a la vez no nos habíamos visto nunca en persona… nos saludamos con un beso en la mejilla, me hizo pasar, no sabíamos que hablar, pasamos a la sala, tenía su casa muy ordenada y olía bien, se sentía acogedor, nos sentamos, frente a frente y comenzamos a decirnos lo que cada uno sentía en ese momento, que era raro el estar ahí después de tantas cosas calientes que nos decíamos por chat, por celular y como nos veíamos por la cam, pero ahí estábamos, muy nerviosos, sin saber que hacer…

Ella para quebrar la situación me ofreció un café, acepté y fue a la cocina, la seguí, puso el agua y sacó el café, las tazas, me daba la espalda, yo la miraba, no se que pasó, pero me acerqué por atrás y la abracé, me apegué mucho a ella, a su cuerpo, ni les digo como me puse, me refiero a ahí abajo, le di un beso por la mejilla desde atrás y luego por su cuello, ella se dio vuelta y nos abrazamos y comenzamos a besarnos con mucho frenesí, con muchas ganas, nuestros cuerpos muy pegados uno con el otro, mi pelvis apoyando a la suya, mi pene muy, pero muy durito, ella lo sentía, gemía.

Nuestras lenguas parecían una, recorriendo toda la boca, las manos se iban a todos lados. En un momento ella paró y me dijo que paráramos porque ya no aguantaba más y no podía ahora por que debía entregar el trabajo, le dijo, uy si, tienes razón, la cosa se había puesto muy, muy caliente, pero pudimos parar, terminé yo de preparar el café mientras ella se arreglaba para salir, vino a despedirse y me dijo que me quedaba en mi casa, que hiciera todo con confianza, se había puesto una pollera larga, blanca, que se transparentaba un poco, sobre todo con la luz del sol, me dio un beso en la boca, que al final se alargó un poco, mis manos no pudieron más y por atrás subí su pollera subiendo por sus piernas hasta llegar a acariciar su cola por sobre su bombacha besándonos casi desesperadamente… dijo ya basta, basta que no puedo y salió rápido, chao me dijo, nos vemos al ratito, no demoro y se fue. Ufff no te digo como quedé excitadísimo, tuve que acomodar mi pene bajo mi pantalón ya que me incomodaba por la erección, cuando me fijé bien en mi pantalón, ups, tenía una pequeña aureola mojada…

Me aguanté de tocarme, aunque era realmente difícil. Para distraerme prendí la tv y me tendí en su cama, trataba de no pensar en nada para poder estar tranquilo, porque la excitación era demasiada, al final me quedé dormido, hasta que sentí la puerta, me costó un poco despertarme, y cuando ya me enderecé para levantarme ella ya había llegado hasta donde yo estaba, medio tendido en la cama, ella se subió sobre mí, con una pierna a cada lado de mi cuerpo sentándose sobre mí, su vagina aplastaba mi pene sobre la ropa y la movía suavemente, me miraba, y me dijo, ayy, puedo sentir como se te está poniendo, tenía una cara que me calentaba mucho, era increíble estar así después de que tantas veces lo habíamos hablado por chat.

La abracé y nos besábamos, mis manos subieron su pollera y tocaba su cola, su bombacha era un culote blanco de algodón con unas suaves rayas rosadas, subí un poco más una de mis manos y la metí debajo de su bombacha hasta tocar toda su cola. Yo movía mis caderas, arriba y abajo frotando su concha, metí más mi mano hasta sentir la humedad de sus labios por atrás, ella dio un respingo y se dejó hacer, estaba mojada, mis dedos resbalaban, sentir eso me excitaba aun más, mucho más, era increíble la verdad, además que ella tenía una cola como para hacerle un monumento, después de un momento así nos paramos, de pie nos abrazamos, besamos, tocamos.

Ella metió su mano por delante y tocó mi pene, la tela del pantalón estaba mojada tanto por mi como por el roce con su sexo unos momentos antes, desabrochó mi cinturón y siguió con el botón de mi pantalón, bajó la cremallera y comenzó a bajar mi pantalón, lo sacó por completo, yo ayudaba, luego agachada miraba el bulto sobre mi bóxer, se marcaba mucho, casi salía por arriba, tomó mi pene, sobre la tela, lo acarició, movía suavemente su mano sobre mi sexo, movió su mano y la metió debajo agarrándome de lleno el pene, y terminó bajándome todo el bóxer, se acercó y posó apenas su boca sobre el tronco de mi pene y lo besó, metió su mano entre mis piernas acariciando y tomando mis testículos, mientras daba más besos a mi pene, sacó su lengua y la pasó apenas por la puntita de la cabeza de mi pene, rosadita, muy mojada por los líquidos preseminales, los saboreo… siempre dijo que quería hacerme eso y lo estaba haciendo muy bien, me tenía como quería, a full.

Abrió un poco su boca y besó el glande, un beso muy húmedo, me dio otro y esta vez metió la puntita dentro de su boca, casi acabo, fue demasiado. Sentir la humedad de su boca, la suavidad de su lengua rosando la parte baja de mi glande, el calor húmedo de sus labios.. ¡Ahhh! yo gemía de placer, era excitante, lo hacía de una manera increíble. Comenzó a chuparme, poco a poco lo metía más en su boca, y yo sentía cada vez más todas esas sensaciones en todo mi pene, más sus manos acariciando mis testículos era demasiado…

Ahora solo de recordarlo estoy a full, ya no puedo por el momento seguir con el relato, estoy muy hot… después, si el relato gusta sigo.

Díganme si les gustó y si quieren que siga con la segunda parte…. gracias.

Autor: sehgu

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Me hizo su puta

Hola a todos!! soy fiel seguidora de relatos marqueze siempre estoy al tanto desde mi cel
Voy a empezar diciéndoles q tengo 20 años soy alta 1.74 tez morena clara, ojos cafes muy bonitos me han dicho jeje buen cuerpo sobre todo mis pechos…
Siempre entro a chats a buscar hombres me encanta tener sextel. Un día de tantos encontré a uno en especial y me llamo desde el principio me gusto su voz y la forma en la que me hablaba me decía, me hablaba muy imponente y muy grosero me decía que era una PUTA, UNA PERRA, UNA PROSTITUTA DE LA CALLE, QUE ME QUERIA follar, al principio me dio mucho miedo pero acepto que esas palabras me pusieron bien cachonda, su voz de mando me impactaba tanto que por tel hacia todo lo que me decía, una vez hasta me masturbe en la azotea de mi casa porque el me dijo.Después de muchas veces de masturbarnos juntos por tel, quedamos de vernos un día, yo fui al DF a verlo.

Como una hora antes de llegar al DF, me llamo yo venia en el autobus y empezo a excitarme a decirme que estaba esperandome en la terminal que me iba a dar una follada que jamas olvidaría, me puso bien mojada en menos de 15 min… fui al baño del autobus a masturbarme, cuando termine me quite la ropa interior y me puse un pants rosado muy clarito casi blanco, bien ajustado se transparentaba que no llevaba tanga y de la parte de arriba me baje el cierre de la sudadera para q se viera algo escotado de los pechos.
Llegue a la terminal y ahi estaba él, lo abracé lo bese muy rico y apasionadamente y le dije aqui esta tu puta amor quiero que me folles ya, puse sus manos en mis nalgas y le dije ten mi culito amor. Me tomo fuerte del brazo y me dijo vamonos puta que no sabes las ganas q tengo de cojerte yo le dije al oido que no traia ropa interior y me dijo pinche puta acaso quieres que te vean todos??, en la estacion del metro no habia mucha gente me jalo hacia un stand y como estaba oscuro me bajo los pantalones me dio una nalgada bien dura y me dijo dame tu pefume puta (se referia a un perfumito q muchas veces cuando me llamaba me metia por el culito como consolador) lo saque y se lo di y me lo metió por el culo de un solo golpe, y me subio los pantalones, me dijo que asi me iba a ir hasta llegar al hotel.

Subimos al metro, como iba algo lleno nos fuimos a la parte de atras y ahi iba poniendome su verga en mis nalgas diciendome al oido mira como me pones pinche prostituta. Ya no podia aguantar las ganas.

Llegamos al hotel, nos registramos subiendo el ascensor me saco las tetas y empezo a mordermelas mmmm… antes de abrir el cuarto me dijo quitate la ropa perra, yo le dije que no que nos podrian ver, me dijo quitatela o te la quito, como no quise me puso contra la pared y me quito la sudadera y me bajo los pantalones, abrio el cuarto y me avento a la cama, empezo a decirme: ” PINCHE PUTA, QUERIAS QUE TE VIOLARA AHORA VAS A VER, Y MAS TE VALE QUE ME OBEDEZCAS SINO QUIERES QUE TE VAYA PEOR”, saco una camara y la puso arriba de la tele, empezo a quitarse la ropa e inmediatamente me jalo y me levanto de la cama de los pelos, me dijo “ANDA PERRA OFRECEME TU CULO” yo con mucho miedo agarre y le dije ten mi amor aqui esta, me empezo a nalguear como loco y me dijo ofrecemelo bien sino quieres que te nalgue mas. Me apoye en el buro y pare mi culito y le dije ten mi amor, aqui esta mi culito nalgueeame mas mi amor, eso quiero, meteme la verga, quiero que me cojas duro hasta que me saques sangre. Eso lo puso bien caliente, agarro y me quito los aretes y me los enterro en las nalgas y empezo a nalguearme con el cinturon. A mi me dolia muchisimo pero si le decia que no mas duro me nalgueaba asi q solo pedia mas, despues me saco el perfumito del culito y empezo a meterme su verga de un solo golpe, aaaah q rico me dolia muchisimo al principio y a el le excitaba que le dijera que me dolia asi estuvo dandome duro, mientras le decia violame soy tu puta!!, dame mas quiero mas verga mi amor!!…
Cuando terminamos me avento a la cama me abrio las piernas y empezo a meterme la verga en mi vagina le dije q no que esperara que se pudiera el condon pero me dijo “CALLATE PINCHE PUTA, A LAS PUTAS SE LES VIOLA SIN CONDON” Me dijo pideme que te la meta sin condon y asi fue le dije eso y empezo y si te embarazo que vas a hacer pinche puta, pideme que te embaraze, todo lo que me decia yo lo hacia y lo repetia y si le pedi que me metiera la verga sin condon y que me embarazara….me metia la verga sin piedad por mi vagina y me decia “MUEVETE RICO PUTA, MUEVETE COMO UNA PINCHE PROSTITUTA” Dime que eres una puta culera!! aaaaah que rica verga aun la siento dentro de mi.

Le gusto??? aun no termino aun hay mas pero ya me dio flojera escribir jajaja…

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La amiga de mi mujer, en el chat.

Las mujeres me gustan por lo que esconden. Por lo que insinúan. Por el placer que pueden proporcionar. Por el peligro. Por el morbo de las situaciones en que las poseeo.

Mi mujer tiene 34 años y yo 38. Llevamos casados 7 años y tenemos 3 niñas pequeñas. Con el paso del tiempo he ido entrando en páginas de contactos, chats eróticos, y toda esa suerte de lugares cibernéticos que dejan aflorar las fantasías y los deseos más fuertes y sexuales de hombres y mujeres.

Mi esposa, Ana, no lo sabe. No sé si en alguna ocasión lo ha intuido pero no sabe a ciencia cierta que me conecto por las noches a ese tipo de páginas, mientras ella lee o ve alguna serie de televisión.

Todo era más o menos entretenido hasta que hace un mes, en una de esas páginas, encontré el perfil de una mujer de 34 años, con una descripción física que me resultaba familiar. No exhibía foto propia, sino una de una actriz famosa en situación de semidesnudez. Su nombre de usuaria, California, no me decía nada, pero sí el resto de datos: altura 1,68, peso 69 kgs., ojos azul grisáceo, talla 120 de pecho, color de piel blanco, pelo rubio y media melena…. Y tenía pareja e hijos.

Comencé a chatear con ella, y para mi sorpresa no era la típica mojigata que dice que sólo quiere amistad. California quería sexo sin compromisos. Así continué preguntando, indagando, y ¡¡bingo!! supe quién era California. No me había equivocado; la conocía y bastante bien.

Mi mujer tiene una amiga, Rosa, casada con Ricardo, y aparentemente feliz. Rosa era California. Todo pequeño detalle era corroborado en la conversación. Me relataba sus andanzas en esa página, los encuentros sexuales que ya había tenido y lo poco que su marido la satisfacía.Estaba de suerte, porque siempre que veía a Rosa no podía evitar empalmarme y desear poner mi rabo entre sus pechos llamativos y casi siempre muy exhibidos. En cierta ocasión, que salimos en pareja a tomar unas copas, le estuve rozando su culo con mi polla erecta gran parte de la noche, ya un poco bebidos, con cualquier excusa, bailando, yendo al baño…. Pero desde aquel día no había vuelto a tener una situación “caliente” con ella.

Cuando ya no había duda de su identidad, y sin que ella supiera quién era yo realmente, le dije por el Chat “Rosa, sé quién eres. ¿Sabe Ricardo lo que estás haciendo?” Ella no contestó en un par de minutos. Supongo que por la impresión. Luego contestó “Quién eres?” Y yo le respondí que eso daba igual de momento. Que lo que importaba era que si no quería que su marido se enterara, debería ser mi esclava sexual. Ella accedió a quedar conmigo. Pero yo no me podía arriesgar a no tener algo para obligarla a cumplir con su parte del trato. Le dije que pusiera la cámara web y que se desnudara. Lo hizo a regañadientes, pero lo hizo. Pude ver sus pezones rosados, de aureola grande, que se erizaban al roce de sus dedos; y su coño depilado casi del todo, rubio, grande, tal y como lo imaginaba.

Ya tenía la grabación. Ya tenía algo para obligarla a ser mi esclava. Ella quería quedar en un hotel de carretera, pero yo le di una vuelta más de rosca y, aprovechando que su marido estaba de viaje dos días, quedamos en su casa. Yo dije a mi mujer que tenía una cena de amigos y saldría a tomar algo.

Sus niños ya dormían cuando yo llegué. Me abrió la puerta y no pudo ocultar su sorpresa. Allí estaba Rosa. En pijama del tipo que habitualmente llevamos los hombres, de chaqueta y pantalón de tela fina.Le miré a los ojos y en seguida supo que era yo el hombre del Chat. “Cómo has podido chantajearme?” me dijo. “Porque siempre quise follarte y nunca tuve ocasión” le contesté.

Me hizo pasar al salón y estuvimos tomando una copa. Sin hacer ruido para no despertar a los niños. Me intentó explicar por qué entraba en esa página, pero a la segunda frase ya tenía yo su teta en mi mano, por debajo del pijama. “Sigue explicando, no dejes de hablar”, le dije. Ella continuó como pudo, mientras yo le disfrutaba las tetas, le abrí la chaquetilla del pijama y empecé a succionar sus pezones rosaditos. “no dejes de hablar”, le decía.

DE ahí bajé, ella subió un poco su culo y yo le quité a la vez el pantalón y las bragas blancas que llevaba puestas. Olía a gel de baño. SE debía haber duchado poco antes de llegar yo. Mientras ella seguía contándome, ya entrecortado su relato por la excitación, yo le lamía los labios de su vagina, disfrutaba su olor a hembra, lubricaba bastante y eso me excitaba más. La tumbé en el sofá y me desnudé. Mi polla, bastante gruesa, le gustó nada más verla. En seguida me la comenzó a chupar. Disfrutaba casi tanto como yo. Casi me corro, pero la paré a tiempo y, mirándola a sus ojos grisáceos, le metí mi polla despacito para que la sintiera toda. Casi se corre en el momento. La estuve bombeando, con vigor. Ella se corrió y yo eyaculé en su cara.

Después de terminar, le dije que así sería siempre. Yo le diría cuando quiero follarla y ella debería estar dispuesta. No se negó. Y desde aquel día, procuro que mi esposa y ella sean muy amigas y quedemos en pareja muy a menudo porque me encanta sobarla con cualquier excusa, o ponerle su mano en mi polla durante la cena por debajo de la mesa. Ahora la estoy convenciendo para que tenga un hijo más. Pero éste se le haré yo.

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Ibu…un regalo del cielo!

Aquel domingo del mes de Abril del año 2009 me encontraba solo en casa recorriendo el cyber espacio  sin encontrar a nadie; ya estaba decidido a cortar cuando de pronto me aparece una invitación que decía…. “Ibu quiere ser tu amiga te invita a agregarla a tu msn”…
Acepté e inmediatamente apareció conectada.
La saludé recibiendo inmediatamente su respuesta y al preguntarle cómo había encontrado mi dirección me comento que siempre “tira” nombres al azar y que se le había ocurrido probar con mario_esquel porque ella, a pesar de que en este momento está en Rawson, Capital de nuestra Provincia,  con su papá (padres separados),  extraña mucho y le gusta charlar con gente de aquí.
Y así comenzamos una amena charla en la que comenzamos a preguntarnos sobre cada uno… Nos preguntamos la edad…
–          Yo 19 años – me dice – y pronto cumpliré ya los 20. ¿ Y vos? – me pregunta.
–          No te imaginas –  le comenté – ya pasé los 50.
–          ¡¡¡Huuuyyy!!! – me dice – ¡¡Qué hermoso!!!!….¡¡¡Me gusta, me gusta, me gusta!!!!… me  gusta charlar con hombres grandes… aprendo mucho de ellos y además  tengo la tranquilidad de que son serios y no se te aparecen con “cosas raras ni pedidos apresurados”.
–          ¿Qué cosas y que pedidos? – le pregunté.
–          Imagínate – me dice – no se… me da vergüenza decírtelo pero…  los chicos enseguida te quieren avanzar…. Es en lo único que piensan… un trago dos palabras  y a la cama… y eso a mi no me gusta
–          Claro – le respondo.
–          Es así Mario – me insiste.
–          Bueno –  le digo – en ese aspecto tienes razón… eres una beba para mí. Podes estar tranquila.
–          Gracias – me responde.
–          Te pregunto algo – continúo – ¿Porqué Ibu?
–          Ah, mi nombre es Ivanna,   en casa me dicen Ibu… y a mi me gusta.
–          Bueno – le digo – ¿ Entonces te puedo decir Ibu?
–          Por supuesto – sentencia.

Chateamos largamente e inmediatamente sentimos que crecía entre nosotros una onda cordial de simpatía y de mutua aceptación de cada uno por el otro.
A partir de allí se nos hizo una costumbre encontrarnos en el chat; cosa que hacíamos casi todos los días.
Así me contó que hace patín artístico, que va a la Universidad, está cursando materias de segundo año de ciencias naturales, que le gusta bailar, escuchar música, charlar y hacer amigos, que le gusta mucho relacionarse con gente mayor y que tiene varios amigos.
–          ¡Sólo amistad…. ¿eh?!!  – me repetía constantemente…
Nos describimos mutuamente… ella  1,75 metros,  su cabello es negro…  cuerpo normal, sus medidas 92 – 63 – 95. A esto le comenté….
–          Buenoo… yo diría… un cuerpazo!!!
–          ¡¡jajajajaja!!! – me respondió – no es para tanto, aunque siempre los chicos y me dicen lo mismo. Es más… me dicen que soy una potra y me hacen dar mucha vergüenza.
Río ante tanta sinceridad.
Unos quince días después de nuestro primer encuentro me comento que regresaba a Esquel a vivir con su mamá y que además quería volver porque extrañaba mucho a su novio (un chico de 25 años que juega al fútbol en un importante club local).
Ya de regreso en Esquel seguimos comunicándonos por el chat y por sms… de ninguno de los dos surgía la idea de conocernos personalmente… nos parecía muy buena esta manera de comunicarnos.
Una tarde nos encontramos en el chat y me comentó que estaba muy triste porque a su novio lo habían cedido a un club de Comodoro Rivadavia, una ciudad distante a 600 km de Esquel… charlamos mucho y traté de quitarle esa tristeza con palabras de consuelo.
Así continuó nuestra amistad, pero con el correr de los días comenzamos a tocar temas relativos con el sexo…
Así me contó que ella había perdido la virginidad cuando tenía 15 y que ya había tenido varios novios pero no con todos había tenido sexo.
Yo le conté solo alguna de mis aventuras… comentándole que me  encantaba ser infiel, cosa que a ella maravilló y me comento que le fascinaba le contara mis encuentros con esas chicas, que le encantaría encontrar algún chico tan audaz que le propusiera cosas así.

Comenzábamos el mes de julio y por el problema de la gripe se suspendieron todas las actividades. Esto trajo como consecuencia que nos encontráramos con más frecuencia en el chat; nuestra relación se hizo más estrecha y comenzó a surgir una mayor confianza entre nosotros. Pasábamos largas horas por las tardes y la noche chateando.
Las charlas sobre sexo se hicieron más frecuentes y comenzamos a subir el tono día a día.
Y así llegó aquel día, el 9 de julio, recuerdo muy bien la fecha porque es el día de la independencia de mi país, en el que, luego de chatear no menos de una hora le comenté que me gustaría conocerla personalmente.
–          ¡¡A mi también!! – me respondió – dale… ¿cuándo nos encontramos? – me preguntó.
–          Te invito a tomar un aperitivo esta tarde – le dije.
–          ¡¡¡Si, si, si!!! – Me escribió – Me gusta-
–          Te espero luego, a las ocho de la noche en Tía María    – le propuse- Voy a estar  en la mesa del fondo… la de los sillones y para que no te equivoques estaré vestido con una camisa blanca y un chaleco verde.
–          Dale, acepto – me respondió.
A  las ocho estaba instalado en la confitería esperándola tomando un trago. Pasaron más de veinte minutos y no aparecía.
Pensé que se había arrepentido y me disponía a partir cuando veo entrar a una bella niña… entra y mira inmediatamente hacia la mesa que le había indicado… la saludo levantando mi mano a lo que ella responde con una sonrisa avanzando decidida hacia mi mesa, vestía una ajustada mini, con medias gruesas para protegerse del frío y un pullover de vivos colores denunciaba un hermoso cuerpo donde sus senos parecían querer reventar ese encierro y una diminuta cintura daba realce a unas caderas prominentes que daban feliz encuadre a un hermoso culito que se movía atrayendo la atención de los presentes al compás de sus gráciles pasos.
–          Hola… ¿Mario? – me saluda tímidamente.
–          ¡Hola Ibu! – le respondo – Creí que no vendrías.
–          Es que tuve que inventar toda una historia con mi mami. Le dije que Anita (su gran amiga) me había invitado a cenar a su casa y tuve que llamar a Anita para pedirle que “me cubriera si la llegaba a llamar mi mamá. Que volvería tarde, porque seguro se quedarían charlando ya que no podía ir a bailar porque estaba todo clausurado por la epidemia.
–          Si – le dije – menos mal que esta confitería está abierta.

La invité a sentarse y pedimos una cena rápida. Charlamos largamente mientras cenábamos unos emparedados acompañados por sendos aperitivos, los que repetimos tres veces ya que a Ibu le encantaba esa bebida.
Tuvimos una larga charla y luego la invité a irnos hasta Trevelín, una ciudad pequeña distante a 20 km.
Era evidente que Ibu acusaba el impacto de los tres aperitivos ingeridos… se la notaba mareada por lo que  al salir se apoyó en mi brazo a lo que respondí tomándola de la cintura acompañándola así hasta que se instaló en el coche. Partimos a marcha lenta y ella sentó inclinando el respaldo del asiento.
Al salir a la ruta, siempre a marcha lenta sentí que ella apoyaba su cabeza sobre mi hombro dejándose estar así….
Seguimos charlando mientras avanzábamos en la ruta… en un momento, como al descuido apoyé mi mano derecha sobre su larga y hermosa pierna… en un principio ella pareció ignorar esta acción pero luego sentí su mano derecha sobre la mía. Apreté suavemente sobre su pierna y ella me respondió apretando su mano sobre la mía. Con mucha lentitud comencé a bajar mi caricia hasta su rodilla y luego invertí la dirección subiendo muy suavemente mientras sentí que ella se estremecía y con un suave suspiro se apoyaba con más fuerza sobre mi hombro. Esto me dio valor y continué mi marcha por su pierna hasta llegar  a su entrepierna. Ella quito su mano  de la mía y la afirmó sobre mi pierna derecha… a cada apretón que yo daba ahora sobre su pierna ella respondía de igual manera sobre la mía (voy bien pensé para mis adentros…. avancemos….)
Entonces mientras comencé a jugar con mis dedos en el borde de su tanga mientras aparcaba el coche en la banquina encendiendo las luces intermitentes. Con el coche ya detenido con mi mano izquierda tomé su mentón y, haciendo girar su rostro hacia mí, deposite un suave beso en sus labios al que ella respondió sin dudar entregándome sus labios con un fuerte estremecimiento de su cuerpo y aferrándose a mi fuertemente con el brazo que tenía libre (su mano derecha continuaba sobre mi pierna). Ante esta reacción continué besando sus labios mientras tomaba su mano derecha y llevándola a mi entrepierna la posé sobre mi pene… ella la dejó allí sin hacer nada por lo que tomándola nuevamente hice que la cerrará sobre mi pija que estaba totalmente dura volviendo de inmediato mi mano izquierda a su entrepierna pero ahora ya corriendo hacia un lado su tanguita. Ohhh sorpresa… bajo la tanga me encontré con su medibacha…. O sea un nuevo escollo… de todas maneras masajee corriendo mis dedos a lo largo de su conchita y entonces si sentí su respuesta… su mano se cerraba sobre mi pija medio dubitativa en un principio; ante esta reacción continué con más fuerza con mis masajes vaginales tela de por medio y entonces si sentí que Ibu apretaba con fuerza mi pija y movía su mano recorriéndola en toda su extensión.
Entonces no lo dudé… subí mi mano por su estomago, por debajo de su faldita hasta encontrarme con el borde superior de su tanguita y su otro atuendo y comencé a bajarlos mientras acariciaba su abdomen, deteniéndome un instante a jugar en su ombligo… sus estremecimiento en aumento fueron signo evidente de que iba por muy buen camino. Seguí bajando sus prendas hasta encontrarme con su depilado… muy bien depilado y suave pubis… continué mi camino hasta encontrarme con su muy mojada vagina… introduje un dedo encontrándome con su clítoris que mostraba una  erección y una dureza total, seguí mi camino abriendo sus labios y metiendo los dedos en un enorme charco de flujos que emanaban abundantemente y así, mientras con mi dedo pulgar masajeaba su clítoris, los otros se encargaban de introducirse alternadamente y  por momentos dos y hasta tres en ese hueco divino.
Entonces fue cuando sentí que Ibu abría la bragueta del pantalón y corriendo a un lado el slip aferraba mi pija sin dudarlo y comenzaba con un suave sube y baja haciéndome llegar a la gloria.
A partir de allí fue la locura…. Una mutua paja que por momentos aumentaba su intensidad y luego se transformaba en suaves caricias mientras nuestros labios y nuestras lenguas no cesaban su juego sexual.
Y fue entonces cuando, desprendiendo su mini, bajé toda su ropa hasta los tobillos y luego hice lo mismo con mi pantalón y mi slip, a la vez que reclinada más los asientos para lograr más comodidad y mejor espacio. Y ahora si fue un loco correr de manos en nuestros sexos… realmente perdimos la noción del tiempo como también el hecho de que estábamos a la vera de la ruta y alguien podía sorprendernos… lo único que pasaba por nuestras mentes o nuestro instinto era la necesidad de sexo que desahogábamos de esta manera.
No se cuanto tiempo pasó… cinco… diez… veinte minutos… no se…seguimos cada vez con mayor intensidad y más fuerza y velocidad en nuestra tarea hasta que de pronto un alarido escapó de los labios de Ibu  anunciándome que comenzaba un orgasmo que duro no se cuanto tiempo y que provocó una enorme erupción de sus flujos que, además de mojar su ropa, cayó sobre el asiento. Y mientras esto le ocurría a ella, como acto reflejo aceleró sus movimientos sobre mi pija llevándome también a un maravilloso orgasmo que llenó su mano y el tapizado del asiento de abundante semén.
Luego la paz… quedamos los dos totalmente quietos, yo con mi mano adentro de su  conchita y ella tomando mi pija con su mano mientras nos besábamos tiernamente. Todo ocurrió sin palabras y así seguimos. Permanecimos largo rato así abrazados besándonos…
Lentamente volvimos a la realidad y, sin decir palabras la ayudé a arreglar su ropa e hice lo propio con la mía, luego continuamos abrazados unos minutos mas y, siempre sin decirnos nada encendí el motor del coche y comenzamos nuestro regreso a la ciudad. Ella me miraba de reojo tímidamente y rehuía a mis miradas…
Entonces puse mi mano sobre su pierna acariciándola a lo que Ibu respondió reclinándose sobre mi hombro.
–          ¿Te gustó? – le pregunté.
–          ¡Fue hermoso! – me respondió – Nunca pensé que ocurriría esto.
–          ¿Estás arrepentida?
–          ¿No! – dijo – Claro que no. Mientras nos besábamos.
Fue lo único que nos dijimos. Al llegar a su casa nos miramos sin decirnos nada y ella bajó del coche dirigiéndose raudamente a su casa.
Antes de cerrar la puerta se volvió y levantando una mano me saludo e ingresó.
Yo regresé a mi casa y, rememorando los momentos vividos me acosté junto a mi esposa que dormía, como siempre, profundamente.

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Mi primera vez gracias al chat

Cada vez me costaba más contenerme, estaba a punto de estallar, le pedí que parara mientras yo seguía engullendo aquella polla tan sabrosa, seguimos así hasta corrernos los dos a la vez, cuando uno estaba cerca, aguardaba al otro, hasta que por fin los dos coincidimos y nos corrimos, su semen invadió mi boca, mientras yo me vaciaba en la suya, me estaba tragando su leche.

Hola, me llamo Jaime, soy de Barcelona, y tengo 45 años, desde muy joven me gustaba meterme objetos en mi culo y disfrutaba mucho con ello, siempre me han gustado las mujeres y he disfrutado mucho con ellas, pero desde hace un año empecé a tener fantasías con otros hombres, hace poco entré en un chat y empecé a conversar con unos y con otros por curiosidad, les explicaba lo que sentía, hasta que encontré uno que me invitó a ir a su casa, me costó mucho decidirme, le expliqué que sería la primera vez y él se comprometió a tener paciencia, así que al fin acepté.

Me dio su dirección, la busqué en el callejero de mi ciudad, me duché, me lavé por dentro y me dirigí a su casa, al llamar apareció un chico muy guapo más bajo que yo, me besó (yo nunca antes me había besado con un hombre), lo cierto es que a pesar del reparo inicial me gustó, besaba muy bien y no se notaba ninguna diferencia con una mujer, me llevó a la cama y empezó a desnudarme, yo estaba muy cortado pero me lancé y también lo desnudé a él.

Cuando vi su polla, a pesar de estar tan cortado, no lo pude resistir y cumplí uno de mis sueños, me la metí en la boca con cierto reparo pero el chico estaba muy limpio y seguí mamando, ya sin reparos y disfrutando con su polla en mi boca, empecé a notar un gustito salado pero muy agradable, él embestía mi boca y llegaba hasta el fondo de mi garganta…

Todo esto me excitaba mucho, luego me pidió chupármela a mí y yo me dejé hacer, me lo pasé muy bien, después me lamió el ano y metió su lengua todo lo que pudo, yo creí morir de placer, nunca me lo habían chupado, fue maravilloso, él me puso una gota de lubricante en mi ano y mientras me la mamaba se untó un dedo y me lo introdujo en el culo, nadie había hecho esto nunca y a mí me gustó mucho.

Cuando ya entraba con facilidad, me introdujo un segundo dedo, no me dolió, estaba bastante relajado, pero me preocupaba el tamaño de su polla, era de unos 19 cm y de unos 5 cm de diámetro, pero mamando y metiendo dedos yo estaba en la gloria, terminó metiéndome cuatro de sus dedos, la verdad no me dolió mucho, luego me dijo que me pusiera en cuatro patas, yo estaba aterrado, pero por otro lado quería sentirla dentro de mí.

La encaró bien, tenía mucha práctica en hacerlo, me preguntó si yo estaba dispuesto, yo asentí y empezó a metérmela bien untada, muy despacito, notaba como se abría camino en mi culito, cada vez entraba con más facilidad, la verdad es que noté cierta presión pero no me dolió, poco a poco me fue penetrando y yo disfrutaba con cada centímetro que me introducía, empezó muy suave besándome el cuello cuando la sacaba, yo cada vez estaba más excitado, hasta que al fin penetró toda entera.

Notaba que me llegaba al fondo y dolía un poco, pero me parecía increíble que estuviera toda dentro, yo disfruté mucho, me estuvo veinte minutos penetrando con suavidad, con mucha paciencia, cuando estaba cerca de correrse me pidió hacer un 69, yo accedí, se la limpió un poquito con unas toallitas húmedas, y nos la chupamos, disfrutando cada momento, nunca pensé que una polla fuera tan suave, se deslizaba en mi boca, era increíble, sentir una polla en el interior de mi boca mientras mi polla estaba en la suya entrando y saliendo.

Cada vez me costaba más contenerme, estaba a punto de estallar, así que le pedí que parara un momento mientras yo seguía engullendo aquella polla tan sabrosa, seguimos así hasta corrernos los dos a la vez, cuando uno estaba cerca, aguardaba al otro, hasta que por fin los dos coincidimos y nos corrimos, su semen invadió mi boca, mientras yo me vaciaba en la suya, me estaba tragando su leche los dos tuvimos una corrida muy abundante, nos llenamos las bocas, pensé que eso sería desagradable pero fue maravilloso, lo disfruté mucho, ahora siento mucho morbo pensando en lo que ocurrió.

Estoy deseando volver con él, fue muy paciente conmigo y consiguió que disfrutara más que con ninguna mujer, ahora mismo estoy pensando en cómo me gustaría tener una polla en la boca mientras me penetran, se lo he propuesto y parece muy interesado, estamos planeando hacer un trío, nada me gustaría más…

Hasta pronto, si tengo otra experiencia interesante os la contaré más adelante. Hasta pronto.

Autor: Penetrado

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Poco hacía que ella y yo cogíamos

Separé los labios y la lamí, la chupé, la devoré. Ella abría las piernas y jadeaba, para este Alberto que se hundía en su portal más íntimo y para el otro que se hundía en su imaginación.  Luego comencé a meter mis dedos en su concha, mientras me iba a chuparle las tetas, a lamer y a morder sus pezones. Le metía un dedo, dos, cuatro, comencé a meter toda mi mano en su concha.

Nos habíamos conocido en un chat porno, allí ella estaba arreglando con otro loco para reunirse con la específica finalidad de tener sexo. Lo estaban concertando en la sala general, y alguna expresión de ellos me hizo comprender que eran de aquí, de Montevideo.

Lo que pasó a continuación, sin embargo, es asunto de otro relato. Ahora quiero concentrarme en lo que pasó luego de ¿dos o tres? veces que habíamos estado juntos. Unos pocos datos más, para hacer comprensible la historia. Digamos que ella se llamaba Lucy, yo a mi vez me llamo Alberto. El otro amigo con quién ella estaba charlando ese día que entramos en contacto, también se llamaba Alberto, ahora a la acción.

Esa noche estaba muy caliente. Busqué un teléfono público y la llamé. Su voz salpicaba en gotas frescas a través del teléfono.

-Hola, soy Alberto. -Hola, ¿en que andás? -Con muchas ganas de hacerte una visita… -Venite entonces.

Así me dijo, y rápidamente me fui hasta su casa. Cuando me abrió la puerta del edificio de apartamentos yo ya deseaba tocarla, lamerla, morderla, pero debíamos llegar primero hasta su apartamento. Caminé en silencio no por no desear hablar con ella, sino por contenerme de no comenzar algo en un sitio en que podía dejarla en evidencia frente a sus vecinos.

Una vez que entramos en su casa, noté que estaba chateando. Ella estaba muy entusiasmada. “Paciencia, -me dije-. Déjale que se complazca tranquila, así luego los dos estaremos mejor”. No me es difícil la paciencia, siempre he pensado que la demora estimula el placer.

Traté de concentrarme en ella. Miraba con ansiedad la pantalla, sus labios se entreabrían, su nariz demostraba lo intenso de su respiración. Realmente lo que él le escribía le estaba llegando. Así que decidí mirar en su pantalla. No sé qué le habría dicho antes, pero en ese momento le estaba pidiendo el número de teléfono para llamarla. Yo noté que ella se sentía entre dos fuegos. Por un lado deseaba contactar con él, por otro quería que comenzásemos lo nuestro.

-Dale el número -le dije-. No hay problema, tengo que chequear mail.

Ella no se resistió mucho, le dio el número, y me dejó la computadora.
Como tiene la PC en el dormitorio, al sentarme y comenzar la rutina de chequear mensajes la vi como se iba con el teléfono inalámbrico a la cama, se tendía y recibía la llamada del ignoto y anónimo visitante. La veía sonreír, la veía moverse sinuosa y delectante, la veía complacida y complaciente.

No sé cuánto tiempo estuve chequeando cosas, pero tras el mail, revisé otros temas. Ellos seguían hablando, su conversación subía de tono, estaban en pleno preámbulo sexual. Así que decidí dejar a un lado la computadora. Ella me hizo un gesto indicándome que la acompañase en la cama y yo no me hice rogar. Entonces ella le preguntó su nombre ¡y hete aquí que él también se llamaba Alberto! Si alguna duda me quedaba, esto despejó cualquiera que quedase.

Comencé a tocarla, a acariciarla a través de las ropas. Me encantan sus tetas. Tiene los senos grandes, redondos, como frutas bien jugosas. Mis manos los recorrían mientras mi lengua buscaba su oreja libre, mientras mi lengua se introducía en su oído, mientras mis dientes mordían su lóbulo.

Ella estaba complacida, conmigo y con él. Él le estaría diciendo quién sabe qué, pero ella le jadeaba y le pedía más, yo comencé a desvestirla y a desvestirme. Me introduje entre sus piernas y comencé a chuparle la concha.

Me encanta la concha de Lucy. Tiene una concha grande, con labios muy carnosos, jugosa, con un clítoris bien fácil de excitar. Separé los labios y la lamí, la chupé, la devoré. Ella abría las piernas y jadeaba, para este Alberto que se hundía en su portal más íntimo y para el otro que se hundía en su imaginación.  Luego comencé a meter mis dedos en su concha, mientras me iba a chuparle las tetas, a lamer y a morder sus pezones (sus pezones son grandes, son oscuros, y contrastan con su piel blanquísima). Le metía un dedo, dos, cuatro, comencé a meter toda mi mano en su concha.

Ella deliraba de placer, y comenzó a dejarme escuchar lo que él le decía. En realidad no eran ya palabras, sino gemidos. Era claro que él se estaba pajeando y que del otro lado jadeaba con fuerza. Todo esto no hacía sino calentarme más y más, a mí, que -Alberto el Silencioso-, debía por un nunca pronunciado acuerdo, permanecer oculto para el que cogía con nosotros a la distancia.

Ella hizo entonces algo que no había yo imaginado fuese posible. Rápidamente me tumbó sobre mi espalda y comenzó a chuparme la pija. ¡Cómo la chupa esta mujer!. Eso sólo debería ser tema de varios relatos, pero ahora quiero contar como entre chupada y chupada se las ingeniaba para hablarle y decirle…

-Sí, sí, sí, hacémelo -chupaba y su cabeza subía y bajaba- quiero más, más, más -y yo volvía a sentir mi pija en su boca húmeda, tibia, acariciante-, ah, ah, ah, aaah -y otra vez sentía como mi pija se iba hasta el mismo fondo de su garganta.

Entonces quise cogerla, quise que mi pija se hundiera en su concha de una buena vez, así que esta vez yo la puse sobre su espalda, y separando sus piernas, las elevé para que quedaran sobre mis hombros. En esa posición la penetré y sentí la tibieza y la presión de su vagina sobre mi verga.

Con firmeza y con pasión una y otra vez iba yo repitiendo el sempiterno movimiento que todos tantas veces hemos disfrutado. Ella seguía con el inalámbrico junto a su oído, y de vez en vez me lo ponía en el oído, para que pudiese escuchar sus gemidos, a un tiempo que tapaba mi boca para que él no me oyese.

Yo sentía que llegaba el momento de acabar. Lo retuve una vez, lo retuve dos veces, sabía que la próxima vez sería la definitiva. No me gusta acabar allí donde natura ideó la cosa, siempre prefiero otros sitios. Pero siendo que ella seguía hablando no podía pedirle a Lucy su opinión.

Así que me salí y comencé a frotar mi pija contra sus tetas. Cuando ya faltaba poco, me pajeé un poquito, y mi leche salió sobre sus tetas, tibia y viscosa, derramándose sobre su seno y su pezón.

Una cosa que me encanta es saborear mi propio semen y compartirlo con quién se halla conmigo. Así que fui a lamer mi leche sobre el pezón de Lucy. Un poco me lo comí, ella a su vez estaba tomando con su dedo una muestra para llevárselo a la boca, y otro poco con mi lengua se lo llevé hasta sus labios.

Acá, natura manda, el esfuerzo me había dejado algo cansado y necesitaba tomar aliento, pero ella aún no estaba, así que se tendió boca abajo y con la mano que no tenía el auricular comenzó a pajearse. Mientras lo hacía yo le acariciaba la raya del culo.  Mi intención había sido meterle un dedo en el culo, pero en realidad ella al pajearse apreta mucho su culo y ello no era posible.

No es posible explicar bien, el placer que siento cuando habiendo yo terminado, la veo pajearse para llegar ella. Me encanta ser testigo del placer que se causa, me encanta ver cómo su cuerpo tiembla, como su cara va tomando una expresión enajenada, poseída por el goce, abstraída, turbia y concentrada.

Bueno, que la llamada llegó a su fin, y ella alcanzó lo que buscaba, y quedamos allí tendidos, dichosos, pegajosos, acariciándonos, besándonos, abrazándonos y prometiéndonos nuevos momentos de placer.

Autor: Hardland

Y ahora baja un buen video y a gozarla. Clicka aquí. http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

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Mi primera vez gracias al chat

Nunca pensé que una polla fuera tan suave, se deslizaba en mi boca, era increíble, sentir una polla en el interior de mi boca mientras mi polla estaba en la suya entrando y saliendo, cada vez me costaba más contenerme, estaba a punto de estallar, así que le pedí que parara un momento mientras yo seguía engullendo aquella polla tan sabrosa.

Hola, me llamo Jaime, soy de Barcelona, tengo 45 años, desde muy joven me gustaba meterme objetos en mi culo y disfrutaba mucho con ello, siempre me han gustado las mujeres y he disfrutado mucho con ellas, pero desde hace un año empecé a tener fantasías con otros hombres.

Hace poco entré en un chat y empecé a conversar con unos y con otros por curiosidad, les explicaba lo que sentía, hasta que encontré uno que me invitó a ir a su casa, me costó mucho decidirme, le expliqué que sería la primera vez y él se comprometió a tener paciencia, así que al fin acepté.

Me dio su dirección, la busqué en el callejero de mi ciudad, me duché, me lavé por dentro y me dirigí a su casa, al llamar apareció un chico muy guapo, más bajo que yo, me besó (yo nunca antes me había besado con un hombre), lo cierto es que a pesar del reparo inicial me gustó, besaba muy bien y no se notaba ninguna diferencia con una mujer.

Me llevó a la cama y empezó a desnudarme, yo estaba muy cortado pero me lancé y también lo desnudé a él, cuando vi su polla, a pesar de estar tan cortado, no lo pude resistir y cumplí uno de mis sueños, me la metí en la boca con cierto reparo pero el chico estaba muy limpio y seguí mamando.

Ya sin reparos, y disfrutando con su polla en mi boca, empecé a notar un gustito salado pero muy agradable, él embestía mi boca y llegaba hasta el fondo de mi garganta, todo esto me excitaba mucho, luego me pidió chupármela a mí y yo me dejé hacer, me lo pasé muy bien, después me lamió el ano y metió su lengua todo lo que pudo…

Creí morir de placer, nunca me lo habían chupado, fue maravilloso, él me puso una gota de lubricante en mi ano y mientras me la mamaba se untó un dedo y me lo introdujo en el culo, nadie había hecho esto nunca y a mí me gustó mucho, cuando ya entraba con facilidad, me introdujo un segundo dedo, no me dolió, estaba bastante relajado, pero me preocupaba el tamaño de su polla, era de unos 19 cm y de unos 5 cm de diámetro, pero mamando y metiendo dedos yo estaba en la gloria.

Terminó metiéndome cuatro de sus dedos, la verdad no me dolió mucho, luego me dijo que me pusiera en cuatro patas, yo estaba aterrado, pero por otro lado quería sentirla dentro de mi, la encaró bien, tenía mucha práctica en hacerlo, me preguntó si yo estaba dispuesto, yo asentí y empezó a metérmela bien untada, muy despacito, notaba como se abría camino en mi culo, cada vez entraba con más facilidad.

La verdad es que noté cierta presión pero no me dolió, poco a poco me fue penetrando y yo disfrutaba con cada centímetro que me introducía, empezó muy suave besándome el cuello cuando la sacaba, yo cada vez estaba más excitado, hasta que al fin penetró toda entera, yo notaba que me llegaba al fondo y dolía un poco, pero me parecía increíble que estuviera toda dentro.

Disfruté mucho, estuvo veinte minutos penetrándome con suavidad, con mucha paciencia, cuando estaba cerca de correrse me pidió hacer un 69, yo accedí se la limpió un poquito con unas toallitas húmedas, y nos la chupamos, disfrutando cada momento.

Nunca pensé que una polla fuera tan suave, se deslizaba en mi boca, era increíble, sentir una polla en el interior de mi boca mientras mi polla estaba en la suya entrando y saliendo, cada vez me costaba más contenerme, estaba a punto de estallar, así que le pedí que parara un momento mientras yo seguía engullendo aquella polla tan sabrosa…

Seguimos así hasta corrernos los dos a la vez, cuando uno estaba cerca aguardaba al otro hasta que por fin los dos coincidimos y nos corrimos, su semen invadió mi boca, mientras yo me vaciaba él la suya, me estaba tragando su leche, los dos tuvimos una corrida muy abundante, nos llenamos las bocas, pensé que eso sería desagradable pero fue maravilloso, lo disfruté mucho, ahora siento mucho morbo pensando en lo que ocurrió.

Estoy deseando volver con él, fue muy paciente conmigo y consiguió que disfrutara más que con ninguna mujer, ahora mismo estoy pensando en como me gustaría tener una polla en la boca mientras me penetran, se lo he propuesto a él y parece muy interesado, estamos planeando hacer un trío, nada me gustaría más, bueno hasta pronto, si tengo otra experiencia interesante os la contaré más adelante.

Hasta pronto.

Autor: Penetrado

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Cuando me hicieron un putito

El esfínter se acostumbraba a engullir aquel pedazo y mi excitación, empezó a hacerme disfrutar. Entonces comenzó a aparecer en mí atisbos de la perra en la que me estaba convirtiendo. Allí se estaba gestando mi transformación. Supe que aquello se iba a convertir en una constante en mi vida porque me sentía realizado y plenamente satisfecho de mi mismo siendo allí empalado por un cerdo.

Hola. Soy un chico de 27 años, aunque parezco más joven por mi piel lisa y blanca y ser rubito. Tengo la cara algo aniñada y soy delgadito y de estatura normal. Esta es la historia de lo que me ocurrió un día. Aunque todo fue consecuencia de algo que latía en mi interior hace mucho tiempo. Lo malo es que todo explotó de una forma descontrolada.

Yo tenía novia por aquel entonces, hará un par de años de aquello. Estaba bien con ella aunque siempre noté que me faltaba algo a pesar de que practicábamos un sexo satisfactorio, pero yo anhelaba algo más vicioso, un sexo más duro y ella era algo fría y convencional. No le iba ningún tipo de desviación de lo que es la penetración y los besitos. Yo necesitado de emociones más fuertes, comencé a leer todo tipo de relatos eróticos en la red. Y los que más me excitaban eran los relatos homosexuales. A mí nunca me llamaron la atención los hombres, pero la necesidad de morbo y vicio por lo prohibido me excitaba sobremanera, y a pesar de ser heterosexual, soñaba con ser poseído por grandes machos que me usaran a su antojo, y a ser el más pasivo de los esclavos. La idea de tener ante mí una gran verga con todos sus atributos, oliendo y sabiendo cómo debe de ser, me hacía la boca agua y me provocaba hasta temblores.

Las pajas leyendo relatos ya no me dejaban satisfecho y mi idea de cumplir mis deseos viciosos en realidad iba cobrando cada vez más fuerza. Pero en una ciudad no demasiado grande me era imposible pavonearme por lugares del ambiente ya que yo quería mantener mi vida como hasta entonces. Quería que toda esa aventura quedase en la clandestinidad. Nadie debía enterarse de esto y mucho menos mi novia, ya que a pesar de todo yo la quería mucho. Así que recurrí a algo menos arriesgado que buscar maromo por las discotecas y me zambullí en el mundo de los chats. Allí encontré muchas personas que buscaban la misma discreción y pronto un tipo charlando conmigo me supo dar en la tecla que yo necesitaba para lanzarme. No decía ser un tío guapo ni atlético ni nada por el estilo, eso no era lo que yo buscaba porque a mí la figura del hombre no me interesaba sino el morbo y el pene en sí. Buscaba sentirme soez sucio y depravado y para eso era mejor un hombre lejos de los cánones de belleza. Buscaba gordos, rudos, viejos, maleducados, sexo racial. Algo que se saliera de la norma.

Y mi hombre de aquella noche decía ser un cincuentón separado y bien entrado en carnes, más alto que yo y muy fuerte según decía él. Era el hombre perfecto para lo que yo buscaba, ser poseído una noche. Yo, como todas las noches que chateaba así estaba borrachísimo y eran altas horas de la madrugada, tras recogerme de la juerga. Le dije que buscaba rabo. El me preguntó que me gustaba hacer y yo le dije que yo quería satisfacer a un hombre y que hiciera de mí una puta por aquella noche. Que me usara con desprecio y ejerciera su poder sobre mí. Después de hablarme con insultos que me pusieron cachondísimo me dijo que le diera el teléfono pero yo no quería pues deseaba mantener mi clandestinidad. Pero él me convenció poniéndome más cachondo y accedí. Ese fue mi gran error (o mi golpe de suerte según se mire). Me llamó y me dijo donde me recogería con el coche. Yo estuve acojonado esperando solo en la calle muerto de frío hasta que llegó en su cochazo gris oscuro, de gama alta. Cuando me metí en el coche olía a tabaco y a alcohol, él también debía de estar borracho. Me sorprendió su mirada, parecía que iba a comerme con los ojos, yo me ruboricé y entonces me dijo:

-Puta, estás más buena de lo que pensaba, eres un yogurcito, te voy a follar hasta que llores perra.

En ese momento me sorprendió a mi mismo mi reacción porque en mi cara se dibujó una sonrisa de oreja a oreja que no hacía sino demostrar la enorme felicidad que sentí en ese instante, me sentía realizado y haciendo lo correcto. Allí al lado de una gasolinera y con toda la luz se abrió la bragueta y sacó su polla. Morcillona, muy oscura y me cogió la mano colocándomela en su paquete. Toqué su caliente y palpitante bulto y en ese momento se me hizo la boca agua.

-Vamos zorra de mierda, ¿a que esperas a metértela en la boca?

Yo me agaché y al acercarme note su fuerte olor. Olor que al percibirlo a veces en mi mismo después de un largo día de deporte o de no poder ducharme en circunstancias me habia parecido nauseabundo. Ese olor fortísimo, agrio, me estaba haciendo salivar. En solo dos oscilaciones de mi mano aquel nabo tomo forma y se puso bastante grueso y de un tamaño de unos 18 centímetros. A mí me parecía una monstruosidad. Tiré del pellejo hacia atrás y allí aparecieron los restos grumosos de anteriores corridas. El tipo tenía pinta y olor de no haberse duchado en varios días. Saqué la lengua con timidez y la dirigí hacia esos restos grumosos.

Cuando contactaron en mis papilas gustativas noté toda la fuerza salada y agria inundándome el sentido del gusto. No pude demorarme más y metí todo el cabezón enorme en mi boca y succioné con fuerza. El parecía en el séptimo cielo pero yo disfruté de aquel mi primer chupetón a un nabo de una forma infinita. Empecé a mamársela con fruición y él arrancó el coche y empezó a conducirlo con alguna dificultad debido a mi trabajito.

-Te voy a llevar a un descampado para follarte bien, puta. Hoy te ha tocado el gordo. Sigue chupándomela zorra.

Yo seguía y seguía. Al parar en un semáforo yo noté algo raro en su postura y entonces él me dijo:

-Mira hacia arriba un momento y saluda a nuestras amigas!

Cuando miré me sobrecogí, pues habia esperando a cruzar el semáforo un grupo de 5 o 6 chicas guapas que saldrían a aquella hora de alguna discoteca y que  en aquel momento me estaban mirando boquiabiertas mientras me comía el falo del gordo. Yo al ver que no eran conocidas y para no amedrentarme por mi dueño y demostrarle mi determinación agaché mi cabeza y empecé a mamar con fuerza y gusto. Ellas se escandalizaron, gritaron ¡que asco! Y cosas similares. Mi gordo se reía a carcajadas y salió disparado con un acelerón.

-Muy bien puta. Estás haciendo muy bien tu trabajo jaa,jajaja!

Cuando llegamos al descampado paró el coche. Habíamos pasado por una zona con bastantes coches parados igual, pero donde acabamos estaba bastante separado y muy oscuro. Estábamos solos.

-Sal de coche maricón de mierda.

Fuera del coche se sentó en el frontal y me agachó para que siguiera comiéndosela. Al rato me paró y me dijo:

-Ponte contra el capó, ha llegado el momento de reventarte con mi tranca.

Me bajó los pantalones y calzones todo junto y empezó a aproximarse, entonces me vino el miedo de repente y le paré un momento lo cual provocó su mirada asesina.

-Perdona pero quiero que sepas antes de todo que esta es la primera vez que me van a follar el culo. Nunca antes he estado con un hombre, y tengo un poco de miedo a que me vaya a doler demasiado.

El se echó a reír y no se creía que fuera mi primera vez, quizá por el nivel de la mamada que le habia dado. Algo que yo habia aprendido bien viendo innumerables pelis porno. Yo se lo asevere y entonces su mirada torno a lasciva mirándome el culito me echó mano a la nalga y apretando me dijo:
-Bien putita, como es tu primera vez vamos a hacerlo bien para que no haya problemas.

Aquello me tranquilizó por un instante. El sacó del maletero unas cuerdas. Cuando me dijo de atarme al coche le dije que prefería que no y me amenazó con darme una somanta de palos entonces yo me deje atar. Me ató al marco de las puertas los brazos extendidos y mi pecho quedaba sobre el capó. Mi culo al borde en pompa a merced de aquel depravado.

Me metió bruscamente un dedo lo cual me gustó. Mi culo estaba algo acostumbrado a aquello ya que en mis pajas solía meterme objetos como mangos de herramientas incluso palos de escoba en el culo. Pronto empezó a meterme más dedos y ya me dolía bastante. El no esperó a dilatarme porque pasaba de mi miedo y me puso su cabeza en el ojete.

-Puta, si no has follado nunca ahora vas a desear estar muerto. Pero pronto te va a gustar y me vas a pedir que no pare, porque yo te lo he notado, eres una puta magnifica, tienes madera. Ahora recuerda este momento putita.

Me agarró fuerte y embistió todo su inmenso cuerpo contra mí. Yo creí ser atravesado por una viga. Ciertamente creí que me moría y que todo aquello era un lamentable error. Me la metió hasta el fondo y la dejó ahí un rato. Me agarro de los hombros. Yo emitía un pequeño gemido de dolor pues ni aire tenia para gritar. El se tumbó sobre mí y me dijo:

-Ahora tienes una polla dentro del culo puta. ¿No es lo que querías? ¿A que coño crees que habías venido?

Daba pequeños empujoncitos para que yo notara viva aquella inmensidad dentro de mis entrañas mientras me hablaba.

-Después del uso que te voy a dar no vas a dejarlo nunca porque eres un pedazo de guarra de categoría y esta noche no la vas a olvidar nunca. (¡Que razón tenía!)

Entonces empezó su mete y saca, lento pero conciso al principio. Aquello me estaba matando. Yo amagué con chillar de dolor pero él me agarró fuerte del pelo y aplastándome la cara contra el coche me amenazó con ostiarme si me quejaba en alto. Estuvo follándome un rato que se me hizo eterno:

-Eres mi perra y estás hecha para esto, para satisfacer a un macho como yo. Tienes un culo para follártelo mil veces, cacho de guarra.

Su lento proceder junto con su tratamiento, las obscenidades que me decía me situó mentalmente en el lugar de los sueños que tantas veces había tenido. El dolor comenzaba a menguar debido a que el esfínter se acostumbraba a engullir aquel pedazo y mi excitación, por lo humillado que me hacía sentir, empezó a hacerme disfrutar. Habían pasado unos veinte minutos. Entonces comenzó a aparecer en mí atisbos de la perra en la que me estaba convirtiendo. Allí se estaba gestando mi transformación. Supe que aquello se iba a convertir en una constante en mi vida porque me sentía realizado y plenamente satisfecho de mi mismo siendo allí empalado por un cerdo. Empecé a gemir pero de gusto y a culear un poco. Cuando mi gordo notó aquello se echó a reír.

-Puta tienes el culo bien partido, y gimes como una niñita. Estás disfrutando por ser tan puta.

Entonces me agarró de las caderas y empezó a follarme brutalmente a una velocidad de vértigo. No entendía como semejante gordo podía moverse-moverme así. Me estaba destrozando y me gustaba.

-Siii, siii, jódeme más. Fóllame papi. Me estás matando con tu nabo.

Giré mi cuello para mirarle:

-Quiero que preñes mi culito.

El tipo aminoró un poco el ritmo pero la metía con fuerza espasmódica y en todo su recorrido.

-Perra vas a recibir tu primer lechazo. Te voy a llenar el culo de mi leche pedazo de puta.

Entonces noté un Niágara caliente inundándome por dentro. Gemí como la más puta de las putas, me relamí y quedé exhausto en el capó del coche. Oí como con su nabo todavía dentro se accionaba el obturador de una cámara. Miré sorprendido hacia atrás y allí estaba él retratándome con su teléfono móvil con su troncho metido en mi culo. Mi cara de sorpresa toda sudada. No le dije nada porque sabía que de nada serviría. Se separó de mí y entonces hizo fotos de mayor detalle de mi culo que empezaba a chorrear su leche por la cara interna de mis muslos. Aquel momento supe que mi gordo me tenía bien atado por los cojones. Me había poseído para siempre.

-Putita, después de este polvazo no dudo que ibas a volver por más polvos, pero para asegurarme me guardo estas fotos. Recuerda que tengo tu teléfono y que se dónde vives. Ahora que eres mi puta personal ya puedes relajarte y asumir tu papel.

Me desató y me dijo que me quitara toda la ropa y la metiera en el coche. Estuvo un rato sentado mirándome. Yo estaba a un par de metros de él arrodillado en el campo y con mucho frío. Entonces se dirigió a mí.

-Voy a mear putita, y tú no querrás que mis fluidos se desperdicien por el campo, ¿verdad?, abre la boca puta mía.

Se iba a cumplir otro de mis más deseados sueños. Iba a ser la escupidera de aquel cerdo inmenso. Abrí la boca sin rechistar. El apuntó a mi boca y falló por poco mojándome toda la cara. Luego dirigió bien el chorro adentro y yo empecé a saborear y a sacar la lengua. Al poco de continuar la meada se acercó y me metió toda su fláccida polla en mis fauces meando abundantemente. Yo tragaba y tragaba lo que me parecía un manantial de agua y aun así se escapaban meados por el borde de mis labios. El se apretaba contra mí con fuerza para que saliera lo menos posible. Disfrutaba como un cerdo y yo tenía el nabo que me iba a explotar de la excitación.

-Bebe puta, bébete mis meados. Sucia perra.

Ahí fue cuando me corrí, y sin tocarme empezó a salir leche de mi polla, tragando las últimas gotas del delicioso néctar de mi macho. Cuando él vio mi semen se rió de mí y dijo:

-Como te gusta esto pedazo de mierda. Eres una guarra de campeonato.

El se vistió lentamente y me dijo:

-Bien puta, eres tan buena que no puedo guardarte para mí solo. Te voy a dar las mejores folladas de tu vida pero te puedo sacar mucho más partido. Me voy a ganar unos buenos cuartos a tu costa, que para eso eres mi puta.

Yo me eché a temblar, aquello pasaba de castaño oscuro. Todo se había desmadrado pero sabía que en mi situación nada podia hacer, solo aceptarlo y en lo posible vivirlo con ganas.

-Voy a ver cómo te desenvuelves en tu nueva ocupación perra. Hoy te vas a tragar un montón de nabos y además hoy lo vas a hacer gratis. Cuando vean lo bien que lo haces ya pagarán esos desgraciados.

-Si mi amo. – Ponte a caminar delante del coche a unos metros y anda como si fueras la más puta del globo.

El coche avanzaba a una velocidad muy lenta y yo caminaba desnudo delante alumbrado por los focos muerto de miedo.

-Zorra, ¿qué haces? quiero que andes como una puta, que me espantas el negocio. ¿O quieres que coja tu móvil y empiece a mandarle fotos a tus amigos?

Empecé a contonearme como si fuera una puta barata. Era algo increíble lo que me estaba sucediendo. A lo lejos empecé a ver a tipos que iban andando por allí. Creo que de los típicos que van a observar a los demás o a ver si alguien les invita a una “fiesta”, cuando llegamos al núcleo central de coches mi amo me ordenó detenerme y con los focos encendidos y yo rodeado de unos siete tipos dijo:

-Ahí tenéis a un putito de categoría que me ha dicho que os quiere comer los nabos a todos. Llenadlo de lefa a ese putito cabrón.

Casi todos se estaban pajeando y uno se apresuró corriendo hacia mí y me hizo agachar, solo al abrir la boca ya noté su leche salpicándome. Saqué la lengua y él me llenó de lefa toda la boca, la cara y el pelo. Después de correrse rebañaba los goterones con su nabo y me lo metía en la boca y yo lo agradecía enormemente pues me encantaba aquella situación, el sabor no me era extraño pues ya me había bebido mi propio semen en muchas ocasiones. Me encantaba ese sabor pastoso.

Todos los tíos empezaron a turnarse para las mamadas. Me comí aquellas pollas de todos los colores con enorme placer. Aquella se estaba convirtiendo en la mejor noche de mi vida. Mi felicidad era plena. Tenía mi polla otra vez empalmadísima. Y uno de los tipos se tiró al suelo a hacerme una mamada mientras los demás se corrían en mi boca, yo también me corrí en la boca de aquel extraño que no derramó ni una gota.

-¿Que pasa, nadie quiere follarse a esa perra? Dijo mi amo desde el coche. -¿Cuánto cuesta? Exclamó uno de los primeros en eyacular que ya estaba pajeándose y armado. -Esta noche es gratis, invita la casa.

Decía el gordo con una sonrisa divertida grabando un video con su móvil de su nueva puta comiéndose los nabos de tantos desconocidos. Me obligó a que gritara mi nombre y apellidos mirando a cámara mientras pajeaba a uno de los extraños. El que preguntó por el precio me agarró, me levantó y me puso contra el lateral del coche. Yo me abrí de piernas y el tipo me ensartó de un golpe y empezó a follarme como si no hubiera follado en siglos. Yo gemía como una auténtica actriz porno, me estaba dando un gusto inmenso. Su leche al correrse chorreó hasta mis tobillos.
Me follaron casi todos uno tras otro, mientras mi amo lo registraba todo con videos y fotos. Fue mi primera noche con mi amo.

Este relato no es real. Aunque está muy vivo en mi imaginación. Si queréis comentarlo estaré encantado de leer lo que me queráis decir.

Autor: Eresunpimpollo

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Ese chico del chat

Mi vulva estaba a mil, caliente y deseosa de sentir aquel miembro, me coloqué de cuclillas y me la metí a la boca. Él recostado gemía y me decía que quería más, que se la chupara toda, me excitó sentirla dentro de mi boca, mojado, caliente, resbalándose entre mis labios, se me escapaban los gemidos al sentirlo tan excitado, disminuía el movimiento y aceleraba con cada gemido.

Alberto y yo nos conocimos en el chat, él de Tampico, y yo de Oaxaca, El separado y yo casada con 2 niñas de por medio. Soy médica general, de estatura baja 1.50, tez morena clara, delgada y bien formada a pesar de las 2 cesáreas. Después de 3 meses de conversar en el chat, decidimos conocernos, yo nunca habia sido infiel, para mí sería la primera experiencia, realmente lo deseaba tanto, por curiosidad o por lo que sea, pero lo deseaba.

Decidimos encontrarnos en una ciudad intermedia, ese día un 06 de noviembre, lo esperé en el aeropuerto, hasta ese momento no lo conocía personalmente, ahí estaba él, alto, moreno, ojos verdes, me encantó… Sabía que con él la pasaría bien. Yo vestía una blusa con escote pronunciado al frente y un pantalón blanco.

El primer encuentro fue muy lindo, nos dimos un tenue beso en la mejilla, un abrazo nervioso, y unas cuantas palabras… me da gusto conocerte. Subimos al taxi, nerviosos aún, yo le tomé la mano y le dije que me encantaba saber que no solo era una pequeña pantalla fría, fuimos al hotel a dejar las maletas… Yo ya estaba hospedada ahí.

Ahí estábamos los dos solos, de frente, nerviosos, excitados… Nos acercamos para besarnos, un beso pasional, encendido, furioso, tocando nuestras lenguas, comiéndonos, casi sin decir palabras, las miradas decían todo, sentí sus manos recorrer nervioso mi espalda, recorría mis senos por encima de mi ropa, me deslizó la blusa y comenzó a chupar mis pezones, tiró de mi bras, y me lo quitó por completo.

Yo deslizaba mis manos por sus brazos, recorriéndolos suavemente, sentí su erección pegar en mi abdomen, bajé mi mano y acaricié su pene, tan duro y caliente, tan rico, caímos sobre la cama, me quité el pantalón, traía una tanga azul, él me retiró esa prenda, con un solo movimiento, casi arrancándola de mis piernas…

Se quitó el pantalón y la camisa que llevaba puestos, por primera vez vi su erección, tan perfecta, pero la sensación en ese momento fue realmente tan intensa que no se acercaba nada ni siquiera a mi primera relación sexual hacia años ya…

Me acosté de espaldas a él, él sobre mí, lamiendo mi cuello, chupándome los hombros, masajeando mis senos, recorriéndome y haciéndome sentir en el cielo, ummmm, cuanto deseo volver a él… sentí su pene entre mis nalgas, mi vulva estaba a mil, escurriendo líquidos, caliente y muy deseosa de sentir aquel miembro… me coloqué de cuclillas y me la metí a la boca.

Él recostado gemía y me decía que quería más, que se la chupara toda, me excitó sentirla dentro de mi boca, mojado, caliente, resbalándose entre mis labios, ummmm, se me escapaban los gemidos al sentirlo tan excitado, disminuía el movimiento y aceleraba con cada gemido.

Él me levantó y me llevó a una silla ahí sentada sobre él, me dejé caer sobre su pene de un solo golpe, ummmm, aquella sensación fue exquisita, comencé a moverme sobre él, primero despacio, cabalgando sobre él, aumentando el ritmo, mientras él succionaba furioso mis pezones calientes y muy erectos, con sus manos me tenía sujeta de los glúteos, controlando el ritmo, deslizando sus dedos por detrás y llegando a la entrada de mi vagina tocando su propio pene en cada penetración.

Eso me ponía a mil… sentí ese orgasmo que me sacudió, esa sensación exquisita, que me hizo gemir con fuerza, tardó unos segundos…

Cuando terminé él me colocó sentada sobre el tocador, con el espejo detrás, tiró de mis glúteos y me lo encajó con fuerza, y empezó su frenético movimiento,  mientras me arqueaba para sentirlo más dentro de mi, mordiendo él mis pezones me hacía sentir oleadas de placer.

Me bajó y me colocó de espaldas a él, con las piernas semi abiertas y reclinada de frente al espejo, él detrás pegado a mí, empujándolo con fuerza, recorriendo una y otra vez todo mi cuerpo, pasando su lengua por mi cuello y espalda, me volvía loca… mmmmm…diciéndome lo rica y apretada que estaba, lo rico de probarnos por fin…

Después de  todo ese tiempo deseándonos, y fantaseando con ese momento, recuerdo bien sus manos bajando hasta mi vulva tocando mi escaso vello en esa zona mientras él me penetraba con movimientos más rápidos y fuertes, en ese momento sentí sus gemidos más intensos, diciéndome al oído, ahí te va, quieres sentirme todo completo, ahí te va mi leche caliente…

En ese momento lo sentí…lo sentí intenso dentro de mí  (aún que tenía el condón puesto).  Ahí nos quedamos exhaustos, nos recostamos en la cama, nos abrazamos y besamos…

Es totalmente real, así pasó… ese día aprovechamos la única noche que teníamos para nosotros… volvimos a hacerlo en 2 ocasiones más…pero ya les comentaré después.

De eso ya hace un año, seguimos siendo amigos lejanos, nos vemos en el chat frecuentemente, pero aún tenemos otro encuentro pendiente…

Un saludo…

Autora: Médica General

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Mi amante del chat

Me quedé de piedra, no lo niego me excité terriblemente, y como no había nadie cerca me asomé a ver mejor, el hombre de 37 al verme sonrió y se acomodó para que lo viera, tenía un pene más grande que el mío me dieron muchas ganas de probarlo pero me resistí y me limité a ver como el joven se la chupaba así que empecé a tocarme el pene mirándolos hasta que eyaculó.

Es la primera vez que escribo un relato así que espero me sepan comprender, y que me envíen sus comentarios y mensajes:

Soy un hombre de 29 años, mido 170  soy de Lima Perú estoy con pareja estable y con planes de matrimonio, una linda mujer de mi edad con un bello cuerpo, lindos senos y bonitas nalgas pero de eso no se refiere mi historia aquí les va.

Hace un mes era de noche estaba en casa y muy aburrido así que ingresé al Chat al que frecuento pero esta vez con un nuevo nick que era: “Curiosidad” pensando encontrar alguna chica libre, calentarme un rato y pasarla bien, luego de más de una hora entró un tipo y me hizo conversación, un hombre de más de 40 años, a mi me hizo algo de gracia al inicio, quise en un momento decirle: hey amigo soy hombre, te estás equivocando,  pero quise saber de que era capaz el tipo así que deje que siguiera la conversación.

Era la primera vez que chateaba con un hombre de esa manera, el tipo era directo, me quería seducir y me decía lo mucho que desearía probar de mi cuerpo, poco a poco me fui excitando y quise que continuara más de esta conversación, me pedía que me describiera así que llevado por la excitación le dije: Soy una mujer  de 23 años, hago gimnasia, tengo grandes senos y un culito redondo.

Me describía de tal manera como una amiga que alguna vez me excitaba verla pero que nunca tuve algo con ella, el tipo poco a poco me seducía y me decía que quería probar de mis senos que los chuparía y que haría una rusa en ellos, que debía tenerlos ricos y que gustaría echarme su semen en ellos yo estaba más que excitado nunca antes me había sentido así, así que sin querer empezamos a excitarnos ambos a decir que haríamos si estuviéramos juntos y de las cosas que me enseñaría, que me haría sentirme una mujer de verdad y que él tenía mucha experiencia con chicas de mi edad. Luego me dijo que si quería verlo por la cámara, por curiosidad y deseo de que siguiera con la conversación le dije que si y puso su cámara para verlo.

Era un tipo de 40 años y para que negarlo era guapo, me dijo que estaba casado y que era mexicano, y me escribía lo que haría conmigo y yo me iba excitando y le pedía detalles mientras me sobaba mi pene, en un momento se movió la cámara y la dirigió a su pene, y se puso a masturbarse, me quedé de piedra pero estaba muy excitado, lo incitaba y le decía que quería su pene dentro de mi cuerpo, así es lo que ustedes están leyendo, estaba teniendo cibersexo con este hombre y me sentía suya (nunca me he creído gay ni nada por el estilo) al final el tipo terminó y me mostró su semen y yo estaba tan excitado que eyaculé teniendo un orgasmo muy morboso.

Me dijo que le había excitado y que esperaba que nos volviéramos a encontrar, yo le di un email que me creé con Messenger y desde ahí dos veces a la semana nos encontrábamos y él me decía lo mucho que le excitaba estar conmigo y yo también me sentía atraído por la forma como me hacía suya (aunque suene algo raro) hemos tenido cibersexo otras veces más, no puedo negarlo me excitó mucho la situación. Además que tiene mucha imaginación en la que me hace que sea desde su alumna y él mi director, hasta ser su sobrina y él mi tío.

Hace unos días por todo lo nuevo que estoy pasando por  curiosidad fui a un club gay, eso si asegurándome que nadie me reconociera, el ambiente era muy diferente a lo que estoy acostumbrado a ir, como que no me sentí para nada cómodo, y si alguien se me acercaba pues al rato me alejaba disculpándome, la verdad es que no era mi ambiente, antes de irme quise ir al baño, al ingresar me gané una tremenda sorpresa, dentro de una de las cabinas un chico de aprox. 21 se la chupaba a un hombre de 37 de una manera muy golosa el tipo gemía y acariciaba la cabeza del joven, los vi.

Me quedé de piedra, no lo niego me excité terriblemente, y como no había nadie cerca me asomé a ver mejor, el hombre de 37 al verme sonrió y se acomodó para que lo viera, tenía un pene más grande que el mío me dieron muchas ganas de probarlo pero me resistí y me limité a ver como el joven se la chupaba así que empecé a tocarme el pene mirándolos hasta que eyaculó. Luego me fui apresurado.

Con el hombre de México sigo conversando, nos hemos vuelto muy amigos y aunque no le he dicho que soy hombre cuando estoy con el siento que soy su mujer, su perrita, y lo peor es que él lo sabe ya que siempre en nuestros encuentros de cibersexo me hace portarme y hacer cosas que nunca hubiera pensado hacer.

Como la última vez en la que yo hacía de su sobrina y que me dedicaba a lamer su pene mientras pone la Cám. Y le digo como lo hago hasta verlo que termine, no se que pueden pensar de mi

Desde ese día tengo una fantasía de poder probar un pene, saber como se siente en la boca, que sabor tiene, su olor; y no sé en que terminará todo esto.

Espero sus comentarios.

Autor: Curiosidad

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Mi ex y su amante del chat

Este Chat lo encontré por casualidad y demuestra lo infiel que es mi ex, rompi con ella pero les comparto lo caliente que es.

Aldo (12:14:08 p.m.): oye…
A (12:14:14 p.m.): tu gritas cuando lo haces????
Zania (12:15:35 p.m.): depende, lo que si es que gimo mucho.
A (12:15:57 p.m.): ayyy
A (12:16:00 p.m.): eso me encanta
A (12:16:02 p.m.): me excita
A (12:16:20 p.m.): te digo como me gustaría que fuera nuestra primer vez?
Z (12:16:39 p.m.): como?
A (12:16:54 p.m.): para empezar…
A (12:17:02 p.m.): que vayas bien escotadita
A (12:17:07 p.m.): con una mini, si se puede
A (12:17:14 p.m.): una tanguita debajo de la mini
A (12:17:26 p.m.): tus labios no muy pintados
A (12:17:32 p.m.): quiero probar tu sabor natural
A (12:17:44 p.m.): y ansío probarte tu cosita rica
A (12:17:48 p.m.): eso me emociona
A (12:17:54 p.m.): poner mi boca ahí
A (12:17:58 p.m.): y mi lengua
A (12:19:22 p.m.): se podrá?
A (12:19:31 p.m.): y luego desvestirte
A (12:19:40 p.m.): con mis manos suavemente
A (12:19:46 p.m.): y al llegar a tu ropa interior
A (12:19:51 p.m.): quitártela con mi boca
A (12:20:00 p.m.): y mi lengua
A (12:20:08 p.m.): sentir tu humedad
A (12:20:10 p.m.): probarla
A (12:20:28 p.m.): hasta saciar mi sed
Z (12:20:32 p.m.): a mi me gusta que mi pareja me quite la ropa, despacito mientras me besas
A (12:20:46 p.m.): me harías uno?
Z (12:21:09 p.m.): sip, solo escoges la música que quieras te baile, y listo.
A (12:21:28 p.m.): una muy sensual
A (12:21:34 p.m.): iras preparada
Z (12:21:39 p.m.): sip.
A (12:21:53 p.m.): y lo que quieras llevar para sorprenderme
A (12:21:59 p.m.): si me quieres castigar
A (12:22:05 p.m.): tú te las ingeniarás
A (12:22:13 p.m.): te permitiré todo
Z (12:22:43 p.m.): tengo un baby doll color rojo, transparente chiquitito, te gustaria lo llevara?
A (12:22:57 p.m.): siiiiiiiii
A (12:23:00 p.m.): me encanta
A (12:23:06 p.m.): por favor llévate ese rojo
A (12:23:13 p.m.): ese baby doll
A (12:23:16 p.m.): si?
A (12:23:37 p.m.): que te gustaría que llevara yo?
Z (12:24:19 p.m.): un hilo dental, y una corbatita.
A (12:30:32 p.m.): ahhh
Z (12:53:43 p.m.): muy bien, diría yo.
A (12:53:50 p.m.): excelente diría yo
A (12:42:38 p.m.): imagíname a tu lado siempre
Z (12:42:59 p.m.): ok así lo deseo.
Z (12:46:22 p.m.): estar a tu lado siempre, chiquitito, apachurrrable.
Z (12:46:39 p.m.): apapachable, adorable, encamable y etc.
A (12:48:02 p.m.): me encanta que seas así
A (12:48:04 p.m.): cariñosa
A (12:48:11 p.m.): eso me encanta
A (12:48:25 p.m.): quisiera que me llevaras a la cama siempre
A (12:48:27 p.m.): cada noche
A (12:48:30 p.m.):  ricura
Z (12:49:20 p.m.): ok, esa será tarea de todas las noches.
A (12:50:11 p.m.): y de las mañanas también, .diría yo
A (12:50:17 p.m.): porque con ese cuerpo
A (12:50:29 p.m.): crees que no se me va antojar a cada rato
Z (12:55:45 p.m.): si mi vida de día y de noche y en cualquier lugar de la casa, oye ¿te gustaría que en casa hubiera un patio en la parte de atrás y le pusiéramos pastito y ahí…. hacer cositas ricas.
A (12:56:02 p.m.): me encantaría
A (12:56:06 p.m.): trato hecho
A (12:56:10 p.m.): me gustaría también
A (12:56:16 p.m.): probar la miel de tu cuerpo
A (12:56:24 p.m.): de tu cosita ricaaaaaaaaahhhyyyyy
Z (12:56:42 p.m.): ok, yo te pondría mermelada de fresa o cajeta.
A (12:57:04 p.m.): que ricoooooo
A (12:57:06 p.m.): sabes que…
A (12:57:14 p.m.): te voy a recortar el vello de tu cosita
A (12:57:17 p.m.): con mis dientes
Z (12:57:26 p.m.): lo chuparía hasta dejarlo sin nada.
A (12:57:43 p.m.): y es una promesa
Z (12:57:44 p.m.): up´s, que calor……
A (12:57:45 p.m.): lo haré
A (12:57:51 p.m.): te recortaré el vello
A (12:57:52 p.m.): de ahí
A  (12:57:55 p.m.): con mis dientes
Z (12:58:01 p.m.): ya estoy sudando, nomas de pensar.
A (12:58:07 p.m.): es en serio
A (12:58:15 p.m.): y no me quitaré hasta que salga algo
A (12:58:17 p.m.): y probarlo
Z (12:58:39 p.m.): si no lo dudo, vas ha hacer que me excite, bueno ya lo estoy.
A (12:59:06 p.m.): te recortaré cada vello
A (12:59:09 p.m.): con mis dientes
A (12:59:12 p.m.): te morderé suave
A (12:59:17 p.m.): hasta que grites de placer
Z (12:59:18 p.m.): ¡vidita!
A (12:59:24 p.m.): dime
Z (12:59:33 p.m.): me excitas, pequeño.
A (12:59:42 p.m.): y te morderé suavemente
A (12:59:47 p.m.): que gimas de placer
A (12:59:50 p.m.): y me pidas más
A (12:59:59 p.m.): luego bajaré más a tus piernas
A (01:00:02 p.m.): y te lameré
A (01:00:05 p.m.): todita
A (01:00:08 p.m.): hasta que te mojes
A (01:00:15 p.m.): y pueda probar tu humedad ricaaaaa
Z (01:00:21 p.m.): si sigues me voy a mojar.
A (01:00:26 p.m.): eso quiero
Z (01:00:27 p.m.): y no traje el carro.
A (01:00:29 p.m.): para probarte
A (01:00:38 p.m.): quiero saciar mi sed
A (01:00:40 p.m.): con tu humedad
A (01:00:53 p.m.): meter y sacar mi lengua
A (01:00:56 p.m.): en tu cosita
Z (01:00:58 p.m.): yo también te beberé para que sientas más placer.
A (01:01:14 p.m.): y como te dije
A (01:01:17 p.m.): cortaré tu vello
A (01:01:20 p.m.): con mis dientes
A (01:01:21 p.m.): suave
A (01:01:29 p.m.): para que te excites
A (01:01:37 p.m.): al mismo tiempo
A (01:01:40 p.m.): con cariño
A (01:01:48 p.m.): pasaré mis manos por tus nalguitas
A (01:01:49 p.m.): suaves
A (01:01:59 p.m.): y te tomaré de la cintura
A (01:02:01 p.m.): te apretaré
A (01:02:09 p.m.): te morderé suave
A (01:02:12 p.m.): tus pechos
A (01:02:21 p.m.): pasaré mi lengua por tu cuello
A (01:02:29 p.m.): y te jalaré suave el cabello
A (01:02:31 p.m.): hacia mí
A (01:02:41 p.m.): no pararé de darte placer
Z (01:03:46 p.m.): aaaaaaaaahhhhhh creo que ya me mojé.
A (01:03:54 p.m.): que bueno
A (01:03:58 p.m.): ahora me toca beber
A (01:04:01 p.m.): tu humedad
Z (01:04:07 p.m.): vas a ver travieso.
A (01:04:14 p.m.): imagina ahora
A (01:04:18 p.m.): que meto mi lengua ahí
A (01:04:23 p.m.): y comienzo a probar
A (01:04:37 p.m.): y hago la expresión
A (01:04:40 p.m.): como si tomara agua
A (01:04:44 p.m.): y trajera mucha sed
A (01:04:48 p.m.): ahyhhh
A (01:04:52 p.m.): que rico
A (01:05:01 p.m.): y una vez húmeda
A (01:05:06 p.m.): saco mi herramienta
Z (01:05:09 p.m.): amor………….
A (01:05:10 p.m.): para trabajar
A (01:05:14 p.m.): así
A (01:05:16 p.m.): bien lubricada
A (01:05:23 p.m.): la meto suavemente
Z (01:05:24 p.m.): por piedad vidita………..
A (01:05:27 p.m.): e incremento
A (01:05:30 p.m.): el movimiento
Z (01:05:34 p.m.): Aldo………..
A (01:05:36 p.m.): más rápido
Z (01:05:47 p.m.): que me puedo venir en plena oficina.
A (01:07:14 p.m.): y luego
A (01:07:19 p.m.): te lamo
A (01:07:23 p.m.): suavemente
A (01:07:25 p.m.): tus paredes
A (01:07:33 p.m.): excitándome con tu vello
A (01:07:46 p.m.): te chupo muy rico
A (01:07:53 p.m.): para que me des más agua
A (01:07:56 p.m.): rica ahhhy
Z (01:07:57 p.m.): vidita, salgo a comer; nos escribimos al ratin., te amo chiquito.
A (01:08:03 p.m.): ok
Z (03:01:32 p.m.): vidita, ya regresé.
A (03:02:34 p.m.): hola mi amor
A (03:02:40 p.m.): seguimos excitándote?
Z (03:02:53 p.m.): hola cachorrito. Nada más yo?
A (03:02:58 p.m.): si
Z (03:03:04 p.m.): ok
A (03:03:05 p.m.): en verdad te mojaste?
A (03:03:15 p.m.): ¿?
Z (03:03:50 p.m.): sip, pero no llegó hasta la ropa ya que siempre uso pantiprotectores.
A (03:04:46 p.m.): ahh
A (03:04:53 p.m.): bueno, entonces le sigo
Z (03:05:01 p.m.): sip.
A (03:05:10 p.m.): pantiprotectores son toallas sanitarias?
Z (03:05:34 p.m.): sip  pero muy delgaditas, es para cualquier imprevisto.
Z (03:05:40 p.m.): como este.
A (03:06:08 p.m.): ahh
A (03:06:09 p.m.): ya
A (03:06:14 p.m.): entonces dejame seguir
Al (03:06:36 p.m.): si??
Z (03:06:47 p.m.): Siiiiii, vidita.
Z (03:07:00 p.m.): dime cositas, atrevidas.
Z (03:08:32 p.m.): cachondeame, papito.
A (03:09:33 p.m.): bueno
A (03:09:42 p.m.): te decía
A (03:09:49 p.m.): te voy a recortar los vellos
A (03:09:52 p.m.): con mis dientes
A (03:10:05 p.m.): y no pararé
A (03:10:12 p.m.): hasta que te mojes
Z (03:10:24 p.m.): ok
Z (03:10:29 p.m.): sigueeeeeeeeee.
A (03:11:00 p.m.): y te morderé suavemente
A (03:11:03 p.m.): tus paredes
A (03:11:05 p.m.): vaginales
A (03:11:09 p.m.): y las chuparé
A (03:11:17 p.m.): suavemente
A (03:11:21 p.m.): con mi lengua
A (03:11:36 p.m.): hasta que sacies mi sed
A (03:11:43 p.m.): te meteré y sacare la lengua
Z (03:11:44 p.m.): todo eso sabe hace papito?
A (03:12:44 p.m.): y luego
A (03:12:49 p.m.): te haré mía
A (03:12:56 p.m.): te besaré tus pechos
A (03:13:11 p.m.): ya lubricada
Z (03:13:16 p.m.): oye los tengo un poco grandes.
A (03:13:30 p.m.): entraré suave
Z (03:13:34 p.m.): la talla que uso es 38CC O 40 D
Z (03:14:00 p.m.): Si entras así de suave me vas a matar de placer.
A (03:14:23 p.m.): Si muy suave al principio
A (03:14:29 p.m.): luego subirá más el tamaño
A (03:14:34 p.m.): Y te lo hare más rápido
A (03:14:36 p.m.): más fuerte
A (03:14:42 p.m.): Te jalaré del cabello
Z (03:14:44 p.m.): más intenso?
A (03:14:49 p.m.): Hasta que grites y gimas de placer
A (03:14:55 p.m.): Y me pidas más
A (03:15:00 p.m.): Y con más fuerza
A (03:15:11 p.m.): Hasta que te vengas
A (03:15:16 p.m.): Y probar tu jugo
A (03:15:18 p.m.): Ricooooooooooooooo
Z (03:15:19 p.m.): huy mi vidita, ya lo estoy sintiendo, siento tu lengua dentro .
A (03:15:25 p.m.): Y terminar donde quieras
A (03:15:30 p.m.): Donde me pidas terminare
Z (03:15:40 p.m.): adentro, adentro x favor.
A (03:15:53 p.m.): si, adentro
A (03:15:57 p.m.): y luego
A (03:16:04 p.m.): chuparé todita tu cosita
A (03:16:10 p.m.): y tu clítoris
A (03:16:15 p.m.): con la lengua lo moveré
A (03:16:19 p.m.): suavecito
A (03:16:23 p.m.): más fuerte
A (03:16:25 p.m.): más fuerte
A (03:16:28 p.m.): y más rápido
A (03:16:34 p.m.): como si fuera campana
A (03:16:43 p.m.): hasta que grites y te vengas nuevamente
A (03:16:47 p.m.): y gimas
A (03:17:03 p.m.): y termines en mi boca
A (03:17:11 p.m.): y probar la miel de tu cuerpo
A (03:17:14 p.m.): ricuraaaaaaaaaaaaaaaa
A (03:17:24 p.m.): luego te cambiaré de posición
A (03:17:29 p.m.): y entraré por detrás
Z (03:17:29 p.m.): hay Aldito, mi vida, te amo amor.
A (03:17:38 p.m.): que se escuchen sonidos agradables
A (03:17:46 p.m.): y jalándote del cabello
A (03:17:55 p.m.): y dándote nalgadas suaves
A (03:18:01 p.m.): que grites más de placer
Z (03:18:22 p.m.): si mi vidita, así, así papi, que me vengo.
A (03:19:04 p.m.): y una vez humedecida
A (03:19:15 p.m.): te bajaré con mis manos
A (03:19:18 p.m.): a mi herramienta
A (03:19:26 p.m.): a que me hagas sentir lo mismo que hice yo
A (03:19:30 p.m.): y te sacies
A (03:19:33 p.m.): con mi miel
A (03:20:08 p.m.): y te vengas en mi boca
A (03:20:16 p.m.): en gran cantidad y me ahogues
A (03:20:20 p.m.): con tu dulzura
A (03:20:31 p.m.): que no quede resto de tu jugo en tu cosita
A (03:20:37 p.m.): que todo me quede en la boca
A (03:20:43 p.m.): y recorrer nuevamente
A (03:20:45 p.m.): tus paredes
A (03:20:49 p.m.): tu clítoris
A (03:20:57 p.m.): con mis labios besarlo
A (03:21:05 p.m.): y con mis dedos
A (03:21:09 p.m.): tocarte
A (03:21:12 p.m.): suave
A (03:21:19 p.m.): como una pluma de Paloma
A (03:21:21 p.m.): suave
A (03:21:25 p.m.): pasarlos por ahí
Z (03:23:56 p.m.): Ayy chiquitito, si que sabes trabajarme; ya me imagino cuando se haga realidad; que bañada nos vamos a dar., te deseo.
A (03:24:09 p.m.): yo también te deseo
A (03:24:16 p.m.): y luego me vas a excitar con tus manos
A (03:24:19 p.m.): suavemente
A (03:24:28 p.m.): hasta que me hagas terminar en tu cara
A (03:24:40 p.m.): un litro
A (03:24:51 p.m.): que recorra tu carita
A (03:25:26 p.m.): y luego entrar
Z (03:25:28 p.m.): ¿tanto? traías todo almacenado, up´s creo que me vas a embarazar muy rápido.
A (03:25:31 p.m.): suavemente por atrás
A (03:25:41 p.m.): pero por la otra parte
A (03:25:47 p.m.): suavemente
Z (03:25:58 p.m.): si vidita, mi cuerpecito es tuyo, todito, todito.
A (03:26:10 p.m.): y acariciarte tus nalguitas
A (03:26:13 p.m.): tu piel de seda
A (03:26:17 p.m.): besarla
A (03:26:23 p.m.): chuparte las nalguitas
A (03:26:27 p.m.): acariciarlas
A (03:26:34 p.m.): chuparte tus pechos
A (03:26:36 p.m.): ricos
A (03:26:45 p.m.): luego
A (03:26:48 p.m.): me haces una rusa
A (03:26:51 p.m.): ricaaaaa
A (03:26:54 p.m.): tan ricaaaa
A (03:27:00 p.m.): que termine en tus pechos
A (03:27:03 p.m.): y los bañe
A (03:27:27 p.m.): y parezca como si la leche hubiera salido de ellos
Z (03:27:30 p.m.): Si cosita rica, me vas a bañar por todos lados, bb
A (03:27:51 p.m.): te deseo mucho Zania
A (03:27:57 p.m.): te quiero
Z (03:28:14 p.m.): yo también te deseo, te amo, te quiero y te necesito mucho.
Z (03:28:18 p.m.): cachondo.
A (03:28:22 p.m.): gracias

Fin de la primera parte

Autor: Aldo

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El chat y sus consecuencias

Percatada de que su culo ya podía aceptar mi miembro me calzó un condón, se sentó sobre la misma, sujetándola con una mano la posó en la entrada de su culo y empezó a tragárselo de a poco, nuestros gemidos se entremezclaban, y nuestros movimientos se hacían más acelerados, rompeme el culo, destrózame, hasta que nos fundimos en una corrida tan o más fenomenal que la primera.

El relato que paso a narrar, es realmente 100% real, sucedió hace dos años atrás, en La Paz, Bolivia, ciudad en la que radico, mi nombre es Antonio, con 42 años de edad, profesional independiente dedicado al asesoramiento en Gestión Pública – en esa entonces trabajaba en un Ministerio del Gobierno, estoy casado con una mujer en todo el sentido de la palabra desde hace 18 años; por lo cual mi matrimonio desde hace mucho tiempo entró en una suerte de monotonía sexual inercial, ya que mi esposa es muy conservadora al respecto, contrariamente a mí, que siento gran atracción por el morbo, las relaciones “prohibidas”, el erotismo, etc.

Debo confesar que mi apariencia es normal, acorde a mis años, tez blanca, con unos dos kg de sobrepeso y una estatura algo baja (1,65 mts), ósea como comprenderán no pertenezco al grupo de los físicamente privilegiados, que atraen con facilidad las miradas del sexo opuesto; sin embargo la naturaleza fue generosa en compensación y tengo la suerte de contar con un miembro de buen porte (18 cm), lo cual me ayudo bastante en mis relaciones previas a mi matrimonio y con mi esposa, a la cual hasta esa entonces jamás le había sido infiel, por temor, por respeto, por timidez, etc., es decir por una suerte de mezcla de sentimientos, valores y pensamientos que se confundían y se imponían a la hora de pretender buscar una relación extra matrimonial.

Acontece que en el tiempo en que me sucedió, esto que paso a contarles, la cantidad de trabajo se me había incrementado en un 50% más de lo normal, lo cual derivaba en que tenga que quedarme a trabajar en horarios extra laborales hasta altas horas de la noche, es así que un día, alrededor de las 20:00 horas, me encontraba solo en la oficina y con un stress acumulado que me impedía continuar de manera regular con mi faena, entonces para relajarme decidí navegar por el internet y aprovechar de leer mis correos, entre los cuales, se encontraba uno en el cual invitaban a participar de un chat local, al cual más por curiosidad y necesidad de relajamiento, decidí ingresar sin titubear.

Digité un nick acorde con mi estado emocional (stress), de inmediato me saludó una dama con el nick de aburrida, vaya casualidad, dos personas emotivamente afines, empezamos a conversar de temas triviales que como te llamas, a que te dedicas, cual tu edad, etc., hasta que decidí preguntarle la razón de su nick, a lo que ella me respondió que sobre el tema le gustaría conversar por el chat privado, a lo cual accedí, me conto que la razón obedecía a que precisamente en ese momento ella se sentía aburrida por la vida que llevaba, una mujer profesional de 45 años de edad en esa entonces (me llevaba por 5 años), de una posición económica y status personal interesantes, pero que su matrimonio había sucumbido en una suerte de estancamiento, tornándose monótono y que ella sentía la necesidad de algo más; pese al gran amor que profesaba por su esposo, el cual, por el trabajo y su vida profesional la habría descuidado involuntariamente, vaya, me dije a mi mismo, ambos atravesamos por la misma situación, casualidad del destino, no sé, pero el hecho es que teníamos los mismos conflictos, luego de escribir por más de una hora, terminamos en despedirnos  y concretar una nueva cita en el chat para el día siguiente a la misma hora.

Debo admitir, que durante todo el día me sentía inquieto, nervioso y ansioso porque las horas pasen de inmediato, así llegaron las 20:00 pm, ingresé al chat con otro nick, con el objeto de cerciorarme que ella esté en la sala y no se diera cuenta de mi ingreso, pues no había fallado, su nick estaba registrado en la sala, así que decidí salir y reingresar con el nick anterior, ni bien ingresé recibí una invitación de aburrida para ir al chat privado, me confesó que todo el día se encontraba ansiosa por que llegue la hora de nuestra cita cibernética, a lo que respondí con la misma confesión, ello nos hizo dar cuenta de nuestra mutua despertada necesidad, me resultaba inexplicable la situación, no sabía quién era la persona al otro lado del chat, no me la podía imaginar siquiera; pero había algo en ella que me atraía de una manera muy absorbente, luego de conversar esta vez por más de dos horas, ose por pedirle su teléfono el cual me facilito de inmediato a tiempo de solicitar el mío, para luego despedirnos con la mayor naturalidad y quedando en chatear al día siguiente a la misma hora.

Al día siguiente, camino a la oficina recibo una llamada de aburrida, me saluda con naturalidad y me confiesa que había soñado conmigo y que le gustaría contarme su sueño personalmente, a lo cual respondí nerviosamente, ¿porque?, pues por que deseo comprobar si eres como te imagine, como te soñé, le recalque que no era ningún adonis ni nada por el estilo, a lo cual ella con aire de confianza me dijo que eso era lo de menos y que ella tampoco era ninguna barby, el comentario sin lugar a dudas me indujo confianza y tranquilidad, entonces después de unos segundos le digo te llamo a media tarde para quedar la hora y el lugar.

Así alrededor de las 16:30, luego de una cansada reunión de trabajo, la llame y la cite a un café cerca de mi oficina, en el afán de que la cita se produzca y acabé lo más temprano posible y así no levantar sospechas en mi esposa, a quien, hasta ese momento jamás le había sido infiel, pues tenía miedo que me llamase a una hora avanzada y descubriera que yo no me encontraba en mi oficina, pues no era viernes, que es el día que gozo de cierto permiso para salir de pachanga con los amigos, llegué al café a la hora acordada y tome asiento en una mesa que se encontraba al fondo del local, algo reservada y que de cierta manera me infundía confianza para no ser detectado por alguien conocido, pasaron diez minutos y veo acercarse hacia mí a una dama de elegante apariencia y de un atractivo especial, si bien se le notaba los años, esto no impedía despertar interés, muy segura de sí, me saluda y nos damos un beso en la mejilla, lo cual me permite sentir su perfume, delicado y sensual, pedimos un café y con cierto nerviosismo empezamos a conversar de cosas triviales, hasta que ella decide romper el hielo y me dice, ¿Quieres que te cuente mi sueño?, a lo cual accedo con curiosidad.

Pues mira – me dice – eres igual te imaginé, me diste una descripción cabal de tu persona, por ello sin pensar me acerqué directamente a esta mesa, vaya entonces soy muy predecible, pensé, y que te parece lo que ves le pregunté, seguramente decepcionada, no! contestó en tono enfático, al contrario me agrada saber que no me equivoqué, y a ti, ¿te gusta lo que ves?, replicó, con timidez y cierto nerviosísimo contesté diciendo, si, eres una mujer muy atractiva y de una apariencia que se impone por si misma, soltando una sonrisa algo sensual, y mirándome directo a los ojos, me halagas contesta, y dime, ¿como te sientes?, confieso que algo nervioso, yo también me dice, y en ese instante se acerca el mesero a tiempo de facilitarnos el menú y consultarnos que nos serviríamos, coincidimos en dos cafés irlandeses, el alcohol del mismo contribuyo a relajarnos y entrar en más confianza, hablamos de todo, de política, de nuestras actividades, nuestros matrimonios, de la situación económica y social del país, etc., en fin temas triviales y sin darnos cuenta habían pasado más de dos horas.

Entonces ella al verificar la hora en su reloj de pulsera, me dice, ya es tarde, debo recogerme, esa palabra me devolvió a mi realidad y me puso nuevamente nervioso, pues la llamada de mi esposa se produciría en cualquier momento, inmediatamente se me pasó por la mente apagar mi celular y así evitar ser descubierto; sin embargo no me animé, ya que no tengo la costumbre de hacerlo ni cuando salgo de pachanga con los amigos, siempre estuve disponible para mi esposa, pero esta vez era diferente, estaba con otra mujer, aunque no había hecho nada malo hasta ese momento, no dejaba de sentirme culpable, entonces opto por retirarme unos minutos al baño, en el cual aprovecho para llamar a casa y comunicar a mi esposa que llegaría algo tarde que me encontraba en la oficina del Ministro en reunión laboral y que por esa razón no podría contestar el celular y desconocía la hora de mi retorno, mentira la cual me creyó de la forma más natural, pues era día de semana y modestia aparte había ganado su confianza en el transcurso de los años, al volver a la mesa, me pregunta, ¿nos retiramos?, si claro que si, permíteme cancelar la cuenta replico, ya fuera del local me ofrezco a llevarla a su domicilio, pues la hora estaba avanzada y casualmente ella vivía en un barrio colindante al mío, en la zona sur de la ciudad.

Decidí tomar la vía más rápida, pues no me dejaba de preocupar la mentira transmitida a mi esposa, en el camino me pregunta si conocía un motel por la zona, respondo afirmativamente, pues en el afán de experimentar algo diferente con mi esposa había recurrido al mismo en un par de oportunidades, ¿porque? le pregunte, porque me gustaría conocerlo hoy y contigo contesto en ese tono sensual que solía comunicarse, sin pensarlo más tomé la vía directa al mismo, ya dentro no asignaron una habitación confortable con una amplia cama en medio, televisión con circuito cerrado, frigobar y un baño pequeño pero acogedor.

Entonces, ella se excusa un momento para dirigirse al baño, el cual aprovecho para calibrar la luz en tenue nivel, encender la música (suave y romántica) y de revisar el frigobar y ver que podía servir para la ocasión, contenía una botella de champagne y varias botellas drinks de escocés, ¿deseas algo?, pregunté en voz alta, del baño contesta, sirve lo que tú quieras, entonces opto por los escoceses, pues el champagne me adormece, al salir alcanzo su copa y mirándome a los ojos me dice, brindo por la ocasión, a tiempo de agradecer el momento, respondo con un ademan de acentuación y cruzando nuestras copas, procedimos a brindar, ese primer trago me tranquilizó y me hizo sentir relajado.

Me acerqué hacia ella y terminamos en profesarnos un apasionante primer beso, confieso que nunca había sentido esa sensación con mi esposa, derivando en una primera erección de mi miembro, me rodeó con sus brazos a tiempo de deshacerse de los calzados de tacón, pues con ellos me llevaba algunos centímetros de ventaja, entonces ya prácticamente a mi altura, empiezo por besuquear su cuello, los lóbulos de sus orejas, ella respondía con gemidos tímidos de placer, apretando con fuerza mi cuerpo hacia el suyo, en esa faena estuvimos unos buenos minutos, luego ella me aparta y se saca la chaqueta que llevaba y yo la corbata y el saco, vestía una blusa blanca de delicada tela y semitransparente, dejando entrever un par de senos de medio tamaño pero de firme porte sujetados por un sostén blanco, su perfume sutil y embriagador me enloquecía, expelía aroma de mujer, se me hacía irresistible la situación, sentía mi miembro cada vez más duro que nunca, percatándose de mi reacción me toma con su mano izquierda el miembro por sobre el pantalón con delicadeza pero a la vez con firmeza y empieza a acariciarlo con un ritmo suave a tiempo de acariciarse los senos por encima de la blusa y el corpiño, que no podían ocultar la erección de sus pezones, escena que me excitaba más aún, a lo cual replico con un beso y tomándole la mano derecha coadyuvo en su frenético masaje.

Sus senos me despertaban un morbo inexplicable, nunca me había sentido tan excitado, pensaba que no aguantaría mucho, pese a que suelo caracterizarme por mi alta resistencia, entonces procedo a desabrochar la blusa, sin dejar de basarla, nuestras lenguas se entrecruzaban, lo cual me permitió sentir su delicada piel, ella respondía con gemidos de placer y en un movimiento instantáneo sin que me dé cuenta deja caer el sujetador, dejando a mi merced, muy frente mío, un par de rebosantes senos de rozado pezón, no muy erguidos pero hermosos sin duda, los cuales pedían a gritos ser besados, masajeados, mamados,  a lo cual no me resistí y procedí a profesarle una serie de mamadas, de pellizcos que despertaban gemidos de placer más continuos y acentuados en mi circunstancial amante, me resultaba morboso e irresistiblemente excitante, el que una extraña correspondía a mis caricias, sin que medie sentimiento alguno, solo el deseo y la pasión desenfrenada, ella por su parte acentuaba más su masaje por sobre mi miembro, hasta que se separa un paso atrás y me sujeta por el cinturón el cual con maestría única desabrocha, dejando caer mis pantalones, dejando al descubierto mi descomunal erección, entonces me toma nuevamente el miembro, esta vez por encima de mi calzoncillo, que denotaba una suerte de carpa de campamento, y poniéndose de rodillas ante mí,  tomándome con la mano derecha por las nalgas, empieza un juego de besuqueos, de lames, y mordisqueos, a lo cual atino por sujetarla por la cabeza fusionando mis manos con su cabellera, no podía más, sentía acabar en cualquier momento.

Esa extraña señora, me estaba haciendo sentir un hombre de verdad, deseado, correspondido como nunca antes me había sentido, y antes de que sucediese lo inevitable, tomándola por los brazos la levanté hacia mí para fundirnos nuevamente en un desesperado beso, a tiempo de bajar la cremallera de su falda, la cual cayó al suelo y dejó a relucir un par de torneadas piernas, sin pantis ni medias, que terminaban o empezaban, como quieran verlo, en un redondo trasero cubierto por un blanco calzón semitransparente, por el cual se denotaba un delicado cocho y algo abultado en medio, pues se notaba que en los extremos el mismo estaba delicadamente depilado, sin resistir más la tumbé a la cama, y posándome entre sus piernas empecé con besos y mordisqueos a apoderarme de sus senos, su pancita, su ombligo sin dejar de acariciar aquel cocho sediento de placer, mojado ya por todos los jugos eliminados, hasta parar mi lujurioso recorrido en mi objetivo final, su olor de hembra me excitaba más y más, mis impulsos animales estaban a flor de piel, quería comerme entero ese cocho sediento y separándole las piernas al máximo empecé a ser mío ese centro de placer, ella se retorcijaba, el movimiento de sus caderas aumentaba con cada caricia con cada beso,  a tiempo de exhalar ahhh!, ahhh! con mayor frecuencia, y con voz entrecortada y con un acento autoritario y desesperado me ordenó, ¿que esperas? me dijo, hazlo tuyo, comételo, chúpamelo, ahhh!, ahhh!, no doy maaasss, no me hagas sufrir, hazme sentir mujer, tu mujer ahhh!, ahhh!, a lo cual procedí a bajarle el calzón húmedo y hediondo a mujer.

Ella levantó el trasero para ayudarme en mi cometido, sin dejar de retorcerse, de gemir, aferrándose con ambas manos a las sábanas que resistían su maltrato, la vista era lo más maravilloso que había visto en mi vida, un chochito muy bien depilado en los extremos y un corte bajo al medio, eso sin duda me elevo a mil, y situándome debajo y de frente al mismo, le separé las piernas al máximo, su rosa estaba abierta y mostraba un clítoris de erecta presencia al cual le dedique mis mejores caricias orales, sentía ganas de comerlo enterito, pase mi lengua de arriba abajo, de abajo arriba, los jugos eran tan abundantes que mi rostro estaba bañado en ellos, hasta que tomándome la cabeza a la altura de mis orejas, con la mirada perdida y ronquida voz me pidió que la penetrase, a lo cual me resistí en ese momento, pues quería que mi mujer explote de placer, y sentía que aún el momento no había llegado, ya pues de una vez, mételo ahhh!, ahhh!, que esperas reiteraba, y so seguía en mi juego, usaba mi lengua cual insaciable falo, ella se retorcía con mayor fuerza, sus gemidos se hacían más fuertes, con las dos manos aparte al máximo su nalgas para llegar a su ano, el cual se encontraba mojado, pues había sido víctima de los jugos de su vecina, y con mi lengua empecé a lamerle el ojete, con movimientos circulares y penetrantes, definitivamente, mi señora hacia aflorar mis sentidos más profundos, ella insistía en su petición, dame tu verga, destrózame de una buena vez ahhh!, ahhh!, penétrame ahhh!, ahhh!, por lo que más quieras ahhh!, ahhh!

Entonces percatado de que el momento crucial había llegado, me puse el condón y la tome por los tobillos para ponerla patas al hombro, frotando previamente mi verga contra su cocho, contra su ano, la embestí de un solo movimiento, mi falo entró con facilidad hasta el fondo de su ser, su cocho remojado me recibió hambriento, sus ojos cerrados, sus gemidos de placer, me enloquecían, sentía el deseo de hacerle el amor como nadie se lo había hecho en su vida, pues era lo mínimo que podía hacer, estaba disfrutando del mejor sexo que me había ocurrido, entonces con movimientos firmes y lentos en principio empecé mi arremetida, para luego tornarse en una acelerado mete y saca, ella ya no gemía, gritaba de placer, yo estaba a diez mil, se frotaba los senos, se pellizcaba los senos, le escena, me motivaba y mis embestidas eran mucho más acentuadas, hasta que no pude más y terminamos en la mejor de las corridas que nunca tuve, ambos extasiados y sudorosos nos tumbamos sobre la cama uno al lado del otro, luego de unos minutos pude reaccionar y me dirigí al peinador a recoger los escoses, para luego recostarnos y brindar por lo sucedido. Ya no me sentía culpable, más al contrario me sentía agradecido con lo sucedido.

Así pasamos unos minutos, prendí el televisor, estaban transmitiendo una pornográfica y la escena de ese momento consistía en una brutal mamada que dos mulatas le profesaban a un tipo, entonces mi amante se puso a jugar con mi miembro, el cual, al sentir las manos por sobre mis bolas, empezó a despertar nuevamente, entonces ella me mira y me susurra al oído, ahora me toca, y se uso a darme una mamada de película, perecería que estaba en competición con las mulatas de la película, me besaba los huevos, me los chupaba, metía mi verga hasta su garganta, lo mordisqueaba, lo tomaba con ambas manos, mierda! pensé, nadie, ni mi mujer me había mamado la verga de esa manera, era lo máximo, sentía tocar el cielo, así pasaron varios minutos, estaba a su merced, había perdido toda capacidad de reacción y solo quería que ella no parase, que continuara hasta terminar en su boca y llenarla de mi leche, pero en el momento menos pensado se detuvo y nuevamente mirándome a los ojos me dijo, desvírgame, que?, pregunté medio aturdido, lo que oíste me dijo, nadie me la metió por el ano, a mi marido no le atrae y hasta ahora pensaba que a mí tampoco, pero cuando me besaste el cocho y terminaste jugando con mi anito, me despertó la curiosidad.

La petición era difícil de resistir, además de haber experimentado el mejor polvo de mi vida, ahora me iría a desvirgar a esa mujer, no podía ser, eso era demasiada suerte, entonces le dije, déjame lubricarte, así dolerá menos, y sin demora alguna ella se dio la vuelta y puso frente mío el tremendo culo que tenia, estábamos en un 69, empecé a lamer su cocho, apartando al máximo las piernas, giro la cabeza y me dijo, el cocho no, ya te lo comiste, ahora comeme el culo solo el culo, que es todo tuyo, entonces cual soldado obedece las ordenes de su capitán, procedí a besarle, a lamerle a chuparle el ano, a tiempo de meter la primera falange de mi dedo índice, y jugar con él con movimientos circulares, para que se dilatase, luego las dos falanges, luego del dedo entero, luego dos, ella volvía a retorcerse de placer, con una mano se aferraba a mi verga que no dejaba de masajear, con la otra se masturbaba el clítoris sin dejar de mamarme la verga que ya estaba hinchada y a punto de explotar nuevamente.

Percatada de que su culo ya podía aceptar mi miembro me calzó un condón, se recorrió en dirección a mi verga, sentándose sobre la misma, sujetándola con una mano la posó en la entrada de su culo y con movimientos suaves pero firmes empezó a tragárselo de a poco, nuestros gemidos se entremezclaban, y nuestros movimientos se hacían más fuertes, más acelerados, rompeme el culo, destrózame, no pares, no pares, sigue, sigue, ahhh!, ahhh!, hasta que nos fundimos en una corrida tan o más fenomenal que la primera. Seguidamente se tiró sudada y desvanecida de espaldas sobre mi pecho, sentía que mi verga se quebraba, pero eso no me importaba, lo único que quería era hacerla disfrutar a mi mujer, descansamos unos minutos, fuimos hacia la ducha, no enjuagamos mutuamente sin dejar de acariciarnos y besarnos…

Después de ése día, nuestros nicks cambiaron, y nuestros encuentros continuaron, pero eso es otra historia…

Disculpas por lo extenso del relato, pero no queríamos omitir detalles del mejor sexo de mi vida…, confesarles que a ambos nos tomo tiempo decidir contar nuestra experiencia (100% real), esperamos les guste, recibimos comentarios sobre todo de nuestra ciudad: La Paz, Bolivia y porque no también del resto del país y del mundo si se puede.

Saludos.

Aburrida y Stress.

Autor: Stress

omendoza42@gmail.com

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Experiencia en la red

Acomodé mi pene entre sus labios vaginales, y presioné, ella sólo gemía, combinaba el que rico con otras palabras, la coloco de lado y nuevamente la penetro, tomándola desde atrás, sentía su agitación, ella se colocó en cuatro patas, me acomodé y nuevamente la penetré, sentía una corriente, ella lo percibió y empezó a gemir más fuerte, no sabes cómo me impactó sentir esos gemidos.

Hola amigos. Vivo en México, y radico en la ciudad de Reynosa, por mi trabajo, tengo la oportunidad de viajar con alguna frecuencia al sureste del país.

La conocí, en una sala de chat del IRC Hispano, #charlasexo, y como es ya costumbre, intercambiamos fotografías, y estuvimos cerca de 2 meses con una comunicación fluida en la que cada 3 ó 4 veces por semana coincidíamos en la sala, tiene 31 años, aún soltera, intercambiamos diversos temas y charlas y de a poco nos fuimos soltando, me platicó de su vida personal, los 3 novios que tuvo, etc.

Entre charla y charla fuimos ingresando al tema sexual y nos envolvimos en confidencias de las cosas que nos gustaban sexualmente, y nuestras pláticas se pusieron más intensas, descubriendo en ella toda una mujer con experiencia en hacer el amor, pero tenía ya cerca de medio año que no tenía relaciones. Siempre jugábamos con la posibilidad de vernos y pasarlas juntos, pues tanto ella como yo, con la confianza queríamos estar juntos, hasta que sucedió.

Por motivos de trabajo tuve que ir a un estado del Sur, estuve cerca de 1 semana, de regreso a la ciudad donde resido, tuve que pasar por la famosa ciudad de Poza Rica, lugar donde vive ella, la verdad sólo podía estar unas horas allá, pues tenía que estar a primera hora del día siguiente en la ciudad donde resido.

Llegué a la ciudad en la mañana, inmediatamente la llamé, estaba trabajando, olvidé decir que ella tenía un negocio propio que le permite cierta independencia. Al escuchar mi voz, no podía creer que estuviera en su ciudad, se emocionó muchísimo, le dije que disponía de pocas horas y me gustaría conocerla y platicar con ella (evité decir que quería hacerle el amor, estaba implícito).

Ella me hizo una primera confesión por teléfono, que tenía 3 semanas saliendo con una persona, y pensaban almorzar juntos, pero lo podía cancelar. La verdad a mí no me importó que tuviera novio, pero hice como que estaba un poco contrariado, ella me pidió disculpas, pero debíamos ser consientes que esa era su vida real y no quiso decirme nada por no romper la fantasía que vivíamos virtualmente, pero igual quería verme y saludarme.

Le di las señas de donde me encontraba, un lugar público, un centro comercial cercano a la central de autobuses, la esperé y demoró cerca de 20 minutos en llegar. La primera impresión fue de mirarnos sonreír estábamos nerviosos, nos besamos tímidamente en la mejilla, me dice vamos a comer unos helados, en una heladería que había en el mismo centro comercial.

En el local nos mirábamos y poco a poco entramos en confianza, charlando cosas sobre las bondades del Internet para conocer personas, etc., etc. Entre risa y risa nos tocábamos levemente, yo su rostro, ella mis manos y brazos, en un momento entre risa y risa, le robé un beso y fue correspondido con mucha entrega de parte de ella.

Nos volvimos a mirar y recién empezamos a hablar como lo hacíamos por la red, con la confianza de toda la vida. Entre beso y beso, nos calentábamos, ella me dice, no quiero que te vayas sin tener un recuerdo de ti, pues deseo que estemos juntos, oír esto último en mis oídos me puso a mil. Le digo, tú me guías… pedí la cuenta, la pagué, salimos.

Fuimos a su auto, estacionado a 30 metros del local, nos sentamos dentro de él, nos mirábamos y nuevamente nos besamos con frenesí, ya mi pene se traslucía en mi pantalón y ella con su mano derecha lo tocaba. Nuevamente nos miramos, me dice: sabes tengo 3 semanas con este chico, pero aún no tenemos relaciones, parece que con él va en serio. Yo sin dejar de besarla le digo: yo te conocí antes de él, mirando su cara llena de deseo le pregunto vamos amor quiero estar a solas contigo. Ella me dice, si amor, yo también quiero. “¿A dónde vamos?” Responde: “a mi departamento”.

Partimos a su departamento, (olvidé decir que ella vive sola), una mujer completamente independiente. Llegamos, sorteando el tráfico de la pequeña ciudad, ingresamos me dice: deseo tomar antes un baño, y le di la razón pues aquí hay mucha humedad y se suda mucho, al menos yo que no estaba acostumbrado lo sentía. Me dejó sólo en la sala mientras se fue a su dormitorio, y cerró las puertas, me serví una cerveza del refrigerador y me entretuve viendo la decoración de muy buen gusto por parte de ella.

Escucho su voz. “Ven para acá”, “báñate conmigo”. Ingresé a su dormitorio y la puerta de su baño semi abierta, con la puerta de la ducha abierta también. Ella desnuda con jabón en el cuerpo me dice: “pasa amor”, me desnudé ya con un estado de erección muy evidente e ingresé a la ducha, ella al ingresar me abrazó con su cuerpo, se pegó a mí y me miraba a los ojos, yo mido 1.70, ella 1.66.  El jabón lo pasaba por todo mi cuerpo acariciando mi espalda, mi pecho, mi estómago, pegó su rostro en mi pecho y empezó a masturbarme con sus manos llenas de jabón, se sentía riquísimo.

“Déjame saludarlo”. Se agacha y lo empezó acariciar con la lengua, yo estaba en la nubes con ese trato, sentía sus labios disfrutar mi pene. Me aguanté, ella se incorporó, abrió el agua con más fuerza y nos deshicimos del jabón, salimos de ahí, nos secamos, y me dice: “ahora déjame a mí”. Me pide que me recueste de espaldas y ella se acerca a mi pene y me hace una de las mejores mamadas que yo recuerde en mi vida, le mandaba besos volados, luego poco a poco lo engullía, lo soltaba, pasaba su lengua por momentos tierno, por momentos rápido, todo en mí eran sensaciones, ella hacía todo.

No me quedé atrás, la hice voltearse y la coloqué en un 69, delicioso, su vagina emanaba un sabor que me embriagaba, ella al sentir mis labios apresuró sus caricias sobre mi pene, me besaba con más pasión y entrega, sentí una corriente que se enfrentaba a mi rostro y un largo gemido de su parte y sólo palabras entrecortadas que decían: “¡que rico!” “¡que rico!” “¡que rico!”.

Una segunda vez, y se vino de nuevo, todo ella era gemir, la volteo y la echo de espaldas a la cama y continúo besándole el clítoris, en un momento entre que rico y que rico, que repetía a cada momento, me pide: ¡Métela! Fue un ruego, una orden, acomodé mi pene entre sus labios vaginales, y presioné, como mantequilla ingresó y fue un lento y rápido mete y saca. Ella sólo gemía y gemía combinó el que rico con otras palabras, la coloco de lado y nuevamente la penetro, tomándola desde atrás, sentía su agitación y su frase ¡que rico!

En un momento, ella se suelta de mí y me dice como perrito, se colocó en cuatro patas, esperaba, me acomodé y nuevamente la penetré, y otra vez estuvimos en un constante gemido los dos, yo sentía que me venía, sentía una corriente, ella lo percibió y empezó a gemir más fuerte, no sabes cómo me impactó sentir esos gemidos. Con mis gemidos le decía ya me vengo y ella me pedía, ¡vente! ¡Vente amor!

Retiré mi pene, y toda su espalda quedó manchada con el sabor mío, me acosté sobre ella aún gimiendo, la besaba y respiraba a su lado. Nos quedamos unos minutos respirando agitadamente, nos veíamos y sonreíamos. Nos acomodamos mejor en la cama, y mirándonos, en silencio le acariciaba el rostro y sólo reía, y se decía a sí misma “lo loca que era” y que “no lo podía creer”. Sin darnos cuenta ya eran cerca de las 5 de la tarde, su novio estaba por venir y mi bus tenía que partir nos despedimos.

Obviamente ahí no acaba la historia, pues ella luego fue a Reynosa, para encontrarnos, todo lo tenía coordinado, iba a estar un fin de semana por allá, pero no fue como lo planificamos, pues mi esposa (¡sí!, soy casado), no hizo el viaje que tenía planificado realizar y se quedó en casa, así que vino en vano y no pude atenderla como a mí me hubiera gustado. Desde esa vez no la he vuelto a ver ni sé nada de ella y le doy la razón, pero es algo que no estuvo en mis manos. Sé que ahora está de novia y cuando coincidimos por el chat, nos gusta recordar esos momentos tan dulces que tuvimos.

Autor: inquieto_37

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Una ardiente paloma en el chat

Me salí de ella, seguía arrobado por la expresión de sus ojos, con un dedo limpio el borde del labio, el color del rouge era solo un vago recuerdo de otro tiempo, pero aún faltaba una caricia a mi ego de macho poderoso, el movimiento de la glotis al dejar pasar dentro de si la esencia de mi masculinidad, degustó el licor de hombre como el mejor y más delicioso elíxir.

Este relato refleja un estado de ánimo, una sensación que trasciende los límites de cualquier deseo, es más, mucho más que un deseo ferviente, es una fantasía que se está haciendo carne, comenzó por una simple curiosidad de conocer el chat.  Hace tan solo un par de días en una, una conversación despertó mi curiosidad por saber cómo era ese tema del chateo.   Esa misma noche luego de cenar, y por no tener nada mejor que hacer, me fui con la taza de café a tomar asiento frente a la computadora y en pocos minutos había entrado a un nuevo escenario, un mundo de relaciones interpersonales, contactos virtuales absolutamente nuevos y desconocidos.

Todo el espectro de una sala de chat, participantes nominados con variedad tal de nick que asombran, desde los nombres comunes, a la extravagancia y originalidad.   Para no ser menos me vestí con un nombre tan simple como lo era mí búsqueda, solo conocer algo más de ese nuevo mundo, busco amiga, poco de originalidad y de expectativas, ingresé en la sala, recorrí la lista de partícipes y mi atención me llevó a uno en particular, por original y por el nick elegido era toda una definición en sí misma: Paloma, intuía que tras esa pantalla podría haber una mujer de valía como para chatear, incitarla a responder era el desafío.  Le escribí una sola frase que resumía toda la intencionalidad -¿podría conversar contigo?

Respuesta afirmativa, y en poco tiempo ese ida y vuelta, jugando a la escondida virtual nos convirtió por un momento en niños lúdicos, del lenguaje juguetón pasando por la insinuación atrevida y de doble sentido, nos citamos para seguirla en un ámbito algo más reservado.   El Messenger fue nuestro reducto de encuentro, el vínculo que permitió conocernos, adentrarnos un poco más en la intimidad del otro interlocutor.

Así por varios días, era esperar la nocturnidad para establecer contacto, en mi caso era como esperar a esa noviecita a la salida del colegio, acompañarnos en nuestra soledad de a dos en las noches.   Llegó el momento que podíamos desprendernos de esa atracción imposible de resistir, el monitor delineaba nuestras palabras en prolija calígrafa, la caligrafía se traducen en frase, la frase en concepto, el concepto en idea, la idea en imagen de una forma de expresión, esa forma de expresión es el vínculo de una pasión que se agiganta y trasciende la barrera física de la pantalla.  Lo virtual accede al sentimiento y del otro lado de la virtualidad se recibe ese mensaje cifrado, que decodificado por el corazón se asimila e incorpora en el otro ser.

Con el decurso de las noches va germinando un sentimiento de simpatía primero, este deviene en afecto y cordialidad para por fin decantar en una especie de amor que va creciendo en intensidad, la conversación matizada con detalles y sensaciones de la intimidad de cada uno suma el condimento necesario para poner la caldera del deseo en su punto máximo. Como si la plática del Messenger no fuera suficiente, sumamos el contacto diurno por los muchos mensajes de texto por celular.

Poco falta, casi nada, para que el estallido de la revelación tome contacto, el contacto virtual está llegando a fin de su ciclo, los mensajes adquieren cada vez mayor voltaje, los ánimos no soportan el alejamiento, y de golpe alguien escribió: -¿Y si nos vemos?

Pero… recién ahí la realidad no dio de golpe en el corazón, el obstáculo de la distancia era de momento una barrera que impedía el acercamiento físico.    Nos dejó pensando, cada uno en su mundo, pero Paloma, asomó de la galera del mago con una carta de triunfo, escribió:   – La semana próxima debo ir a la ciudad próxima a donde vives y debo quedarme al menos un día, te parece si…   – ¿Si que? –fue la respuesta   – ¿Si… nos encontramos?    -¡Siiiiiiiiiiiii! fue la devolución a esa pregunta.

El resto es fácilmente deducible, a las pocas horas de su arribo nos encontramos.  Solo una pequeña foto nos acercaba a una realidad que nos inquieta por igual.

Los años y la experiencia de vida no sirven, ahora la cosa es cara a cara, el todo o nada, gustar o ser rechazado, me sentía como Julio César a la entrada de Roma, y como él me dije, la suerte está echada, entré al discreto barcito, ella eligió el lugar, yo la hora, la reconocí, me gusto, me gustó mucho, era mejor de la imagen que de ella tenía todas noches de diálogo.  Ahora faltaba lo peor, me miró, nos miramos, me sentí rindiendo el más difícil examen de mi vida, no hubo respuesta, solo una sonrisa, sin dejar de mirarme en sus ojos, me senté, el momento de solicitar un café al camarero sirvió para ordenarme y ver como afrontaba el minuto siguiente.

Saqué mi vista de ella para mirar al camarero, era una forma de darle un respiro y que pudiera evaluar sin la inquisidora pregunta ocular, ¿qué tal?, ¿te gusto? Al devolverle la mirada me topé con una sonrisa cálida, había complacencia o resignación, pero al menos no rechazo de plano.

El calor de café parecía crear un clima más natural, más cálido y afable.   De ahí en más, con el hielo del encuentro derretido, más alguna broma de circunstancia la charla fue discurriendo por los carriles usuales de dos personas que saltaron el obstáculo del primer encuentro.  Departimos como una hora, pasamos por varios tópicos sin entrar en esas intimidades que nos habían alentado a llegar a este momento, claro una cosa es el trato a través de una pantalla y otra muy distinta el vis a vis, donde estamos rindiendo examen con cada gesto, con cada palabra, todo en blanco y negro y sobre la mesa.

Como a ella se le hacía tarde para llegar a no sé qué lugar, pagué y salimos, me ofrecí a llevarla en mi auto.  Ahora en el ámbito intimista del habitáculo, y con, no recuerdo bien que excusa, detuve la marcha, mientras la suave música daba marco, iniciamos una nueva conversación, casi al descuido dejé que las manos se encontraran, el roce cómplice y las miradas perdidas, la de uno en el otro, fueron el escenario para llegar a un casto y seco beso.   Contacto breve en tiempo e intenso en repercusión, separados brevemente fue como tomar impulso para otro salto al vacío, volviendo por mis deseos, propicié el acercamiento, ella consintió.

Ahora el beso tenía contacto pleno, en extensión y contención, los labios ocupan más espacio, mi lengua inicia un tímido intento de exploración, ella accede, se deja, invita a pasar al interior de su boca.  Las humedades se mezclan, las lenguas inician el ritual ancestral de amor, intercambio de caricias, abrazo íntimo de dos individualidades que se funden en una sola, dos cuerpos pegados que sueldan esperanzas, manos convertidas en tenazas que aprietan el cuerpo incandescente y lleno de pasión adulta.

Los cuerpos sabios y experimentados parecen de dos jóvenes e inexpertos en su primera cita, si eso somos, nos estamos estudiando, recorriendo, reconociendo, aprendiendo el abc del leguaje cifrado de dos seres que buscan contención mutua, vasos comunicantes de un mismo sentimiento, fluye la pasión y el deseo a través de los labios, las manos son el nervio conductor del deseo y la pasión.   El fragor generado en ese instante alcanzaba para incendiar un bosque, dos leños secos de amor estaban a punto de encender el fuego de sus vidas e inmolarse en la hoguera de la pasión descontrolada.

Agitados de pasión, nos separamos, no lo deseábamos, pero lo hicimos por el bien de ambos, era necesario un impasse a tanto fuego, generar un espacio físico y de tiempo para digerir los últimos e intensos momentos vividos.   La despedida fue breve pero llena de sentimiento, cada gesto, cada mirada, cada silencio era una estridencia que nos llenaba la cabeza de música, los ojos de amor y la boca de cálida humedad, recuerdo del contacto reciente.

Nos despedimos, no hubo promesas de encuentro, no hubo acuerdo de nada, para qué, que falta hacía todo había sido dicho, todo había sido acordado, los cuerpos y el deseo eran sabios, no hacían falta más palabras para decir la necesidad harto manifestada en ese contacto, tan breve como pródigo en gestos y señales corporales. No habían pasado más de quince minutos cuando estaba por tomar el celular para llamarla que, el bip, bip electrónico me hizo atender, sí era ella, se anticipó por un par de segundos a mi intención de hacer lo mismo.   Después del ritual -¡hola!, sabes que…    – ¡Si!, yo también…

Respondió con un sí a la nunca formulada pregunta, ambos coincidimos en volver a vernos, a revivir la misma experiencia de un momento antes.   Desandar el corto trayecto al lugar del encuentro previo, como cábala, como para repetir los mismos instantes. Había transcurrido muy poco tiempo, era la pausa necesaria para calmar la timidez y darnos un tiempo de reflexión, ese momento a solas con uno mismo para digerir la emoción de conocernos, ahora era el momento de reencuentro, volver a vernos las caras, sin la ansiedad y la incertidumbre de hace tan solo un momento, ya no era la primera vez.

Nuevamente, en el mismo café, solo que ahora habíamos elegido un lugar más reservado, algo más íntimo, la infusión daba aromático marco a la charla, mezclando temas, lo trivial e intrascendente con otras de más sustancia,  mientras charlábamos nuestros ojos se llenaban de deseo, nuestras manos se fueron buscando, las  de ella estaban húmedas se agitaban, denotaba cierta ansiedad que no podían esconder, las atrapé  entre las mías, la Paloma se deja enjaular, mansamente, disfrutando del encierro.

Terminamos el café, lentamente nos dirigimos al auto, sin preguntar, tomé en dirección a un hotel de la zona, subimos a la habitación, tomados de la mano, dos pequeños amigos temerosos en el primer día de clases, como dos tórtolos, sin hablar, miradas furtivas que insinuaban todo sin decir nada.   Ingresé tras ella, cerré, apoyando la espalda contra la puerta, haciendo contención con el afuera, dejar el recién para entrar en el ahora, nuestro primer momento de intimidad estaba poniendo en negro sobre blanco el deseo y la fantasía que devanaba nuestros sesos y consumía nuestros sexos.

Era ese momento, como un flash nos pasa todo, se detiene el tiempo, el corazón deja de latir, la imagen generada por mil palabras  escritas y otras tantas sugeridas pasan a ser letra muerta, ahora es tiempo de amar, tiempo de poseer, momento de expresar esa pasión incontenible del mejor modo, avasallante, arrollador, tierno, dulce y contenedor.   Era el momento, sentimientos encontrados, darle cauce al desborde del deseo de la mejor manera, sentir y hacerla sentir, canalizar la pasión, hacer imborrable ese momento mágico que irrumpe en nuestras vidas con la fuerza de un potro desbocado agitándose en el pecho, un ciclón de sentimiento.

Registrar visualmente la amplia habitación, bonita y acogedora, sin exagerada decoración para el común de las de estos lugares, para nada recargada de luces ni espejos, creaba un ambiente discreto y maravillosamente intimista.   Ella de espaldas, al otro lado de la habitación, contra la pared opuesta parecía compartía mi evaluación, me sonríe, dulce y tímida.   Se estaba gestando el marco propicio para nuestro encuentro sexual, excusa válida y propicia, fragua donde dos cuerpos serían una sola carne, la idealización de ese momento de nocturna soledad escribía el prólogo de la fogosa pasión.

Aunque demostraba seguridad y aplomo también estaba algo nervioso, ella como desinhibida se movía por la habitación como si fuera su reino, tal vez actuaba, al menos daba la impresión de parecerlo, la situación tenía magia, encanto por lo desconocido, parecíamos dos contrincantes midiéndose, evaluándose para la épica de la pasión.

Tomé dos cervezas del frigo bar, brindamos, un buen sorbo de cerveza helada fue bálsamo para el ardor interior, nos reímos, ella sentada al borde del lecho yo en un silloncito frente a ella, no hablábamos solo reímos.  Hablamos de trivialidades sin dejar de sonreírnos todo el tiempo, casi sin notarlo, una segunda botellita nos fue poniendo en clima más acorde a la situación, momento propicio para un brindis por nosotros, por cómo se había dado la magia de encontrarnos y esta deliciosa locura de acá y ahora.

El alcohol la había desinhibido, se dejó caer de espaldas sobre la cama, por momentos se miraba refleja en el espejo del techo como evaluándose los gestos que ensayaba, se lo hice notar y reía dando vueltas en la cama, haciendo mohines y graciosos giros como una niña y sin dejar de sonreír, me aproximo a ella para hacerle una cosquilla, alarga los brazos y me toma, aprieta sobre su pecho y me da un profundo beso.

El contacto con sus labios, húmedos y la lengua activa en mi boca, llenarme de su perfume, sentir su respiración agitada.  Se dejo estar sobre el lecho, recostado a su lado contemplando esa espléndida mujer, su serena belleza, la expresividad de los ojos parecen indicar cierto grado de excitación, fija su atención en mí, en un momento me dice:

-Te dejé mi marca, tienes mi rouge en el labio y en la cara.  –sonríe y con el dedo pulgar humedecido en sus labios trata de borrarlo. -¿Sabes una cosa?… jamás me imaginé conocer, menos aún que llegáramos a esto, pero no quiero olvidarlo, se ha producido como por arte de magia, ahora lo necesito, no podría vivir sin sentirme tuya.

Enseguida me pides: -Sácate esto, tocando la camisa que tenía puesta, -¿Por qué no lo haces tú?

Sentada comienza a desprender los botones, uno a uno, lenta y perezosa tarea, la abre y besa el pecho, en gracioso y sensual gesto, lame mis pezones, gusta lamerme la piel, retribuyo la gentileza con mi mejor sonrisa.  Me salgo de la cama, ella se queda expectante, mirando como me desprendo del pantalón, mira el bóxer y nota lo excitado que estoy, aprecia el estado de mi erección y me regala una sonrisa de aprobación.

La despojo de su camisa de seda blanca, levanta los brazos ayudando, los pechos llenan totalmente el soutién, colman su capacidad y rebasa por encima, el delicado encaje no puede con la erección de los pezones, se marcan en la tela, presionando en busca de libertad, ahora es turno de la falda, suelto el broche y jalo hacia abajo, se tiende de espaldas, arquea la pelvis hacia arriba, la deja escapar, deslizar por sus piernas.   Estamos en igualdad de condiciones, solo las íntimas prendas para acrecentar el sentido de intimidad, regodeo la vista en la contemplación de este soberbio ejemplar de mujer, ansiosa pero calma, caliente pero mesurada, anhelante pero cauta, deseo salvaje pero pudoroso recato, pasional deseo pero morosa en la entrega.

El sutil juego del cortejo entra en su etapa final, le gusta, disfruta esa silenciosa admiración, nota que fijo mi atención en la bombacha de encaje negro, no era tanga pero igualmente pequeña, elogio lo bien que se luce en su graciosa figura -La compré para la ocasión.  ¡Mi amor es para ti, solo para ti, para que disfrutes sacándola!

La miré, no hubo palabras solo nos abrazamos para sentirnos, el contacto de nuestros cuerpos, una deliciosa caricia la piel de uno frotando la del otro. Nos besamos, profundo intercambio de caricias y saliva.  Dejé sus labios para besar sus pechos, chupar esos pezones, solo gemía y atraía mi cabeza hacia ella, luego su mano se metió en mi calzoncillo, entró y tomó el pene, lo acaricia, estudia su tamaño y consistencia, aprecia su dureza, mientras mi mano entra en su bombachita, dos dedos indiscretos se introducen en su sexo para robar la humedad que brota desde lo profundo de su calentura.

Seguí acariciando su intimidad, gemía, estaba en el trance de una creciente excitación, movimiento intenso y profundo, incluyendo al clítoris, al cabo de unos minutos así se apretó contra mí, luego devino una intensa contracción y un profundo suspiro.

-¡Ah!, ¡Ahhhhh! ¡Siii!  -me besó en la boca.  Ahogaba ese grito de amor.

Observaba esa transformación, maravillas del amor, hace poco menos de una hora me había extasiado viendo esa cara llenad de formalidad y ahora era la antítesis de esa mujer, la mirada poseída por la lujuria, se acerca a mi gateando sobre el lecho, movimiento sinuoso como gata en celo, se deshace del bóxer, toma mi pene, agarra entre sus manos, me observa, se mira en mis ojos, y sin dejar de observarme, comienza a mamar la verga.

Sus gestos hablan del gusto que le produce hacerme gozar, sabe masajearlo, y chupar, lento, despacio, rápido, violento, varía tiempos e intensidad, no pude precisar cuanto, pero estimo no menos de un cuarto de hora estuve alojado en su cálida boca.

Puedo apreciar el deleite de su acción, notar el deseo contenido y tanto tiempo esperado.

No necesité decir nada, ella parecía saberlo todo, podía leer el leguaje sexual, decodificar el mensaje, volvió a mirarme con esa intensidad infinita, mirada espesa y comprensiva, sabía lo que deseaba y estaba dispuesta a darme ese regalo, sus manos supieron del temblor que precede a la erupción, sin alterarse ni contraerse, con toda naturalidad, se dejo estar, acompañó las variaciones de ritmo que provocaba yo con el movimiento pélvico en su boca.

Se dejó hacer, pasiva espero el momento culminante, la primera erupción de lava ardiente, un destello en sus ojos dio un gracias, luego dos, tres, hasta que el volcán dejó de latir.

Sus ojos decían lo que no podían sus labios, prolongaba el placer, sentía y comprendía los latidos de la carne volviendo al estado de relax, apreciaba ese momento que el hombre se guarda para sí, quería compartir ese momento conmigo.  Nos miramos, nos entendíamos como de habernos conocido toda una vida.

Me salí de ella, seguía arrobado por la expresión de sus ojos, con un dedo limpio el borde del labio, el color del rouge era solo un vago recuerdo de otro tiempo, pero aún faltaba una caricia a mi ego de macho poderoso, el movimiento de la glotis al dejar pasar dentro de si la esencia de mi masculinidad, degustó el licor de hombre como el mejor y más delicioso elíxir.

Desperté del letargo de tan intenso ajetreo, ella seguía en plácido reposo, fui al baño para tomar una reparadora ducha, debí estar no menos de seis minutos cuando la escucho decir en remedo de una voz de niña: – ¡Papi!, ¡no me invitaste a tomar un baño con vos!, ¡qué malo eres!  -me asomé y la invité con un gesto.  Ingresó, nos bañamos juntos, jugando con el agua, riendo como dos niños.   En medio del juego de enjabonarnos, como no podía ser menos, el miembro retomó protagonismo, se hizo notar, tan pronto lo notó se agachó y comenzó una caricia bucal, ¡qué bien lo hace!, luego se levanta, arquea la cadera y se pega a la pared, apoyando las palmas.

Los abundantes jugos, vaginales hacen todo fácil, solo necesité aproximarme y colocarla en la puertita, tomarlas de la ingles y en un movimiento combinado nos acoplamos, en un solo envión entré todo en ella.  Estaba preparada para una penetración intensa, el movimiento se torna por momentos convulsivo, nos sacudimos con el apremio del deseo.

Como el piso se pone resbaladizo, sin despegarnos nos trasladamos hasta que ella queda con las manos tomada del lavatorio, la curva pronunciada de su cadera ofrece un nuevo ángulo de erotismo, una nueva posición de ataque a su deseo.  Nuevamente esa vibración de su cuerpo se transmite en ligeros latidos vaginales, suaves al comienzo un poco más nítido después, el gemido profundo avisa que tiene su primer orgasmo con el pene como artífice, no le aflojo al movimiento y deviene un segundo round en la intimidad de la hembra.

La humedad del piso y el cansancio de la posición ponen en peligro la estabilidad de los danzarines, es prudente dejar ese escenario y continuarla en el tálamo del amor.  Ella va delante de mi, camina con cadencia y gracia, la misma que pone cuando danza, promesa de nuevos placeres, llega, se deja caer de bruces sobre el lecho, eleva un poco los glúteos, adoptó esa posición como leyendo mi mente, le acerco una almohada, acomoda debajo de su vientre, le permite estarse elevada con menor esfuerzo.

Entré en ella, se sacudió toda, la impulsé hacia arriba, tal vez un poco brusco o la intensidad de la penetración fue la que desplazó su cuerpo en la cama, totalmente acoplados, enterrado en sus entrañas hasta donde lo permiten los límites de su anatomía.   De ahí en más todo fue ritmo y movimiento continuo, entrar y salir, empujar y retroceder, se deja llevar por mi pasión y por la salvaje intromisión, se agarra a las sábanas, siente como se abre su sexo, sabe como aprisionarme, hacerme sentir sus músculos en el ejercicio de ser mujer activa.

Su sexo me aprieta en la entrada y cede en la salida, el delicioso proceso del goce tiene un límite, el nuestro también.   Se muestra dispuesta a llegar a la estación del éxtasis, espera el tren arrollador que se desliza por el túnel su sexo, agita la bandera de aviso una vez, la maquinaria del amor está presta a arribar a la estación en el tiempo convenido.

Un solo gemido, gritado a dúo, festejó el arribo triunfal, la bienvenida de ella fue apoteósico, el espeso semen hizo las veces de licor para en brindis en tan magno suceso.

Nos quedamos, quietos, muy quietos.   Me dejé derrumbar de costado, a su lado, así en silencio, en cucharita, sintiendo su espalda húmeda contra mi pecho, la convexidad de sus glúteos acoplados en la concavidad de mi pubis hasta que los temblores de la épica gesta fueran desapareciendo, los ritmos respiratorios y cardíacos a niveles normales.  En silencio, cada uno en lo suyo estaba haciendo el racconto de los últimos momentos, un renovado placer nos embargaba al recordar las imágenes aún latentes en la retina. La ducha nos recibió, tomados de la mano entramos y gozamos de la caricia del agua, luego nos secamos el uno al otro jugando como dos novios.  Una nueva cerveza nos acompañó en una charla matizada por besos, caricias y sonrisas.

Ella me volvió a confiar que jamás había pensado en hacer algo como esto, para nada lo había considerado como algo realizable, pero se había sentido seducida, contenida y cuidada que ante la insinuación de esta locura de amor, se colgó de la misma nube, se dejó llevar a mi fantasía, habitar mi isla solitaria, compartir mi tiempo, quedarse en ese espacio creado para nosotros. Estaba conmigo, gustosa de haberlo hecho, agradecida de haberla hecho sentirse tan mujer, recuperar sensaciones olvidadas y descubrir inéditas formas de gozar y ser gozada.

La devolví donde la había recogido, nos despedimos con un beso tierno y apasionado.

Desconozco si este fue el final o continúa, el destino y ella tienen la próxima palabra, por ahora estoy en el messenger, esperando verla.

Me interesa tu comentario.

Autor: El Marqués

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Adictivo

Cambiamos nuevamente de posición y quedé con las rodillas en el sofá con el culo bien abierto, literalmente, sin hacerse esperar mucho volvió a invadirme tomándome fuertemente de la cintura mientras me susurraba cosas al oído, me encantas, decía entre jadeos, me encanta hacerte mío, volvió a decir, mordía mi cuello lamía mis labios, mordía mis oídos y me volcaba en un placer increíble.

Contaré un poco de mi, soy alto mido 1.85 peso 80 kilos, tengo el cabello largo pero suelo traerlo siempre atado, soy  delgado, moreno claro, de piernas largas y bien formadas, tengo 23 años actualmente y estudio economía. Este es mi primer relato, de vez en cuando suelo pasar por aquí y tan es así que me he decidido al fin a compartir una de las experiencias que me han sucedido, así que sin más les dejo con la historia.

Hay veces que a todos nos pasa, que en una noche de tantas, el cuerpo la mente y cada parte del cuerpo nos pide y exige descargar ciertas tensiones acumuladas, tan es así que buscamos alivio donde quiera que lo haya. En aquel entonces contaba con mis buenos 18 años y a esa edad las exigencias hormonales son bárbaras. Vivo en la Ciudad de México, y como muchos saben la mayoría solemos conocer gente más que interesante por el famosísimo chat. Pues bien andaba yo por el chat y después de 40 minutos de infructuosa búsqueda terminé platicando con un fulano con una foto, y no se veía mal, así que concretamos una cita para minutos después dado a que vivíamos realmente cerca.

Llegué al lugar citado y me concreté a esperar lo debido, a esas horas de la noche no conviene quedarse tanto tiempo solo.  Afortunadamente para mí mi cita apareció y quedé muy satisfecho. En nuestra plática jamás preguntamos edad ni nada, de hecho aún me sorprende, pues para que uno se vea con alguien  es asediado por cuestionamientos bastante específicos. Pero ahí estaba él en toda su maravillosa gloria, alto, delgado y blanco, atractivo, y con una cabellera más bien escasa (tenía unas grandes entradas) pero no precisamente calvo, solo que tenía el cabello muy corto, aún así todo eso, sumado a lo que ya me había gustado de él, no hacía más que favorecerlo.

Decidimos platicar y comenzamos a caminar sin rumbo, y terminamos en un parque de la colonia que es bastante grande, bastante oscuro y bastante solitario. Lo único que podía pensar en esos momentos era, “mira a donde te vienes a meter” sin embargo mientras la plática avanzaba comencé a tomar en cuenta otras cosas de él, no solo manteníamos una plática decente y constante, era inteligente incluso ligeramente insultante, de aquellas que no solemos tener con cualquier persona.  Comenzamos a caminar por el parque, con todo y la obscuridad cuando él pasó su largo brazo alrededor de mi cuello y yo lo dejé hacer.

Aún ahora me pregunto por qué nos comportábamos como si estuviésemos en medio de un cortejo si platicamos por un chat donde concretas otro tipo de cosas, aún así aquello me gustó más. Seguíamos platicando y ahondando más en la personalidad del otro, y en nuestras formas de pensar cuando pasó: nos quedamos unos instantes viéndonos el  uno al otro y sin pensarlo más, y por decisión mutua, nos plantamos un beso kilométrico que, aún ahora, me sigue dejando perplejo. Era grato poder besar a alguien de mi altura sin tener que agacharme, me tomé la libertad de pasear mis manos por su espalda, cosa que a él pareció agradarle, y que sus guturales gemidos me confirmarían después.

De repente tomó una de mis manos y la puso sobre su entre pierna, al instante adiviné su rigidez pero aquel endemoniado pantalón de mezclilla no me dejó adivinar más. Y mandando al diablo el lugar donde estaba, bajé para poder mirar de una vez aquello que, a buen seguro, pedía a gritos salir de su encierro.

¡Señores! Hay quienes sin correr tras la liebre la alcanzan, y como sacado de cuento estaba frente a mi uno de los ejemplares más hermosos que he visto, tamaño anchura, demonios por donde quiera que lo viera aquello ya empezaba a parecer demasiado. Y es que muy a pesar de lo que pueda decir la gente en general, nunca he buscado miembros gigantescos, porque si somos sinceros, hay que aceptar que en verdad duele.

Aún así  aquellos segundos que me dediqué a admirar no me fueron interrumpidos, y supongo que él sabía porqué. Así que superándome de mí primera impresión comencé a pasar mi lengua por cada parte hasta comenzar a tratar de introducirlo poco a poco en mi boca ¡era mucho!  Pero el morbo que aquel simple hecho me provocaba no me impidió seguir adelante;  de repente una pequeña ráfaga de aire frio me regresó un poco de serenidad bajándome en algo lo bruto. Retomando, ahí estaba yo con un tipo que me había atraído sobremanera, con la boca llena de la verga de ese tipo y los dos en medio de un parque deportivo, que a pesar de ser de noche solían meterse incluso niños a jugar o a saber que tipo de personas.

Como adivinándome el pensamiento se inclinó hasta mi oído y un la voz, enronquecida por su evidente excitación me dijo “vamos  a mi casa” con ese tonito que me redujo a un estado de masa temblorosa,  y que de haberlo pedido me habría dejado joder ahí mismo.
Tomamos un taxi, y no sé si fue por la excitación y el éxtasis del momento, pero llegamos en lo que a mí me parecieron segundos. Entramos a su casa y me invitó a pasar a la sala, apagó la luz y encendió una lámpara de mesa con un resplandor mucho más suave. Sin preguntar nada y sin yo oponer resistencia alguna nos volvimos a concretar en besos y caricias. Nuestras manos viajaron por el cuerpo del otro como tratando de memorizarlo. Le dio un ligero apretón y dijo “me encantan tus nalgas”, me gustó lo que dijo o más bien como lo dijo, con ese tipo de voz que debería ser prohibido. Ya para ese entonces nuestras manos habían cobrado ya vida y se habían dedicado a quitar cada pedazo de tela, que a esas alturas no hacía más que estorbar.

Respiré, y con ambas manos lo aventé ligeramente en el sofá, no se me había olvidado que me había dejado a media tarea en el parque y yo quería continuar.  Lo tomé con una mano y sin mediar palabra comencé a pasar mi lengua y boca sin inhibición y con entrega toda, de esa manera carente de egoísmo que él no solo pareció fascinarle  y que a mí me causaba satisfacción. Tomó mi cabeza para regular la velocidad con la que lo hacía, o para poder tomar un poco de aire que para esos momentos seguramente le estaba haciendo falta. No sé aún cuanto tiempo me dediqué a esa tarea, solo que de repente sentí como  él me separaba de su cuerpo y me reemplazaba en el lugar en el que él estaba.

Se dedicó a lamerme ligeramente, después averiguaría que no le era tan grato hacer el sexo oral, pero a cambio me dio un placer hasta entonces desconocido para mí: levando un poco mi trasero, abriendo mis largas piernas y su lengua, ávida y ágil me asaltó de una manera que jamás había experimentado. Aquello era nuevo, no sabía si gemir o gritar, me olvidé de respirar ¡no podía ni pensar!, y la verdad era que me moría de gusto y placer, no tenía nombre para mí en ese entonces aunque ahora sé que le decimos sencillamente beso negro, cabe decir que para mí no fue negro: pasaba de ver negro, a blanco y estrellado y un sinfín de colores más.

Cuando se retiró de aquella afanosa tarea, estuve tentado a protestar pero al verle a los ojos pude notar ese brillo que, con lo que me quedaba de lucidez en ese momento, me decía que lo que me deparaba todavía no era ni la mitad de lo que venía, y recordando sientas dimensiones debo confesar que sentí temor, ligero si pero ahí estaba agarrado con mis altos niveles de excitación y que combinado con el morbo del momento terminó por perderse muy lejos. La punta de su pene comenzó a juguetear en mi entrada cosa que me excitó aún más, pero a las primeras presiones supe con certeza que aquello no sería tarea fácil. Yo para aquel entonces a pesar de ya haber tenido novio (mi única experiencia sexual) él no le llegaba ni a la mitad (ni de altura ni en medidas).

El seguía intentando y a mí me seguía doliendo, tomé una decisión, así que tratando de imitar su tono de voz le dije “siéntate” para mi fortuna él obedeció. Pensando en lo que tendría que hacer me lancé a saborear nuevamente aquel falo que se erguía orgulloso de sí mismo, al mismo tiempo y aprovechando la humedad de mi entrada comencé a prepararme con mis propios dedos, una vez sentí que estaba más relajado me senté a horcajadas sobre él y quedando de frente volví a robarle otro beso mientras terminaba de acomodarme.

Respiré tratando de relajar todos mis músculos y dirigí nuevamente la punta a mi entrada, me dolía solo que esta vez y para satisfacción de los dos aquella gruesa cabeza logró entrar en mí. Seguí preparándome dejando entrar y salir de apoco su pene  y cuando  ya iba por más de la mitad me dejé ir liberando un gemido por parte de él y un ligero grito de mi parte, respiraba tratando de relajar las contracciones que mi esfínter daba de protesta ante tal intromisión. Y una vez estas disminuyeron comencé a moverme de arriba abajo, poco a poco, como si temiera que algo dentro de mí se fuera a romper saboreando cada centímetro de él y gozando de su cara de plena satisfacción. No tomó mucho rato para mí el acostumbrarme, y él lo notó de inmediato retomando así el control.

Volvió a cambiar de posición conmigo recostado en el sofá y él entre mis piernas entrando dentro de mí, tan profundo como nadie lo había hecho ¡y de qué forma! Su ritmo era constante, fuerte que me hacía temblar cada vez que llegaba hasta el fondo con cada arremetida, unas gotas de sudor resbalaron de su frente a mi pecho, haciéndolo más cautivador a mi vista, yo por mi parte me dedicaba a contraerme para hacerle sentir más y pedirle que no parara, que me gustaba lo que hacía y que dicho sea de paso no era más que la verdad.

Cambiamos nuevamente de posición y quedé con las rodillas en el sofá sosteniéndome del  respaldo y con el culo bien abierto, literalmente, sin hacerse esperar mucho volvió a invadirme tomándome fuertemente de la cintura mientras me susurraba cosas al oído “me encantas” decía entre jadeos “me encanta hacerte mío” volvió a decir, mordía mi cuello lamía mis labios, mordía mis oídos y me volcaba en un placer increíble.

Por tercera vez en esa noche volvimos a cambiar de posición, lo que me permitió tomar un poco de aire. Tomó posición quedando nuevamente encima de mí y continuo, sus movimientos comenzaron a hacerse más fuertes e irregulares, sus gemidos se hicieron unos tonos más graves y me apreté más a su cuerpo, contrayendo mas mi interior. Sentí como me tomaba del miembro para empezar a masturbarme mientras me gritaba “vas a hacer que me venga”, sus movimientos se transformaron en embestidas casi brutales y con un fuerte alarido se descargó por completo en mi, llenándome de su ser y haciéndome terminar al mismo tiempo qué él en uno de los orgasmos más deliciosos que he tenido.

Cayó exhausto sobre de mi, por mi parte muy apenas sentía mis piernas, la respiración era entrecortada, y nuestros cuerpos estaban bañados en sudor…

Más adelante comprendí que aquello se había vuelto adictivo para mí.

Autor: enigma_dark

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