Trío o inicio lésbico

Jaime mamaba uno de mis senos, el otro chico mamaba el otro, la chavita y yo nos besábamos, mi vagina apretaba muy fuerte la verga de Jaime quien no dejaba de complacerme también. Mi vientre estaba a punto de estallar, tuve que morder mi mano para no gritar, traté de disfrutarlo al máximo y moví las caderas apretando tanto la verga deliciosa como tratando de ordeñarla toda y dejarlo seco.

Un día mi esposo y yo fuimos de compras y frente al estacionamiento vi un cine erótico, me llamó la atención y tímidamente traté de ver que había más allá de la taquilla, se veían maniquíes con ropa sensual, fotos de escenas eróticas, como solo pude husmear mientras mi esposo recibía el boleto del estacionamiento, me quedé con la curiosidad.  A partir de ese momento en mi cabeza giraban varias ideas sobre lo que pasaba más allá de donde yo pude ver, mi esposo es una persona sumamente tradicionalista y jamás aceptaría llevarme ahí, así que dominada por mi curiosidad le pedí a un amigo íntimo que me llevara. Jaime, que es el nombre de mi amigo, accedió al escuchar mi narración de cómo había yo llegado a ese lugar y la curiosidad que tenía, así que accedió a llevarme, él y yo teníamos varios años de conocernos y si bien es verdad que manteníamos relaciones sexuales ocasionales ante todo éramos buenos amigos, él sabía que la relación íntima con mi esposo era casi nula y además extremadamente aburrida así que cuando yo lo necesitaba ahí estaba no solo para el sexo, también para compartir otras cosas lo cual afianzaba más mi confianza con él.

El día que fuimos acordamos ver el ambiente y dependiendo de eso trataríamos de disfrutar la situación o solo nos quedaríamos como meros espectadores. Jaime no es el tipo de hombre por el que la mujer desfallezca, pero ya conociéndolo uno siempre quiere más, es muy buen amante además de estar muy bien dotado. Ese día a pesar de que traté de vestirme lo más discreta posible quise al menos ponerme una falda pegadita pues sabía que eso le excitaba mucho así que vestí con una falda negra arriba de la rodilla, que aunque no demasiado entallada si dibujaba bien las caderas y el contoneo de mis nalgas, una blusa negra con un buen escote al frente que dejaba ver mi gran busto, medias negras y zapatillas negras también. Jaime me pidió que entrara al baño y me quitara las medias, yo accedí y aún más decidí quitarme también la tanga.

Al entrar a la sala él dejó que yo subiera los primeros dos escalones y discretamente me tomó de la pierna y subió su mano hasta notar que mis nalgas estaban al descubierto, bajó la mano y me tomó de la cintura apretándome fuertemente hacia él, yo entre la oscuridad solo atiné a menear las nalgas un poco como tratando de acurrucar su bulto, su ya enorme bulto. Nos mantuvimos así un instante mientras tratábamos de observar donde estaba el mejor lugar. La sala era pequeña y solo las butacas más altas estaban ocupadas, decidimos sentarnos tres filas antes de la última, ya ahí miramos a nuestro alrededor, la última fila estaba llena, la mayoría de las parejas estaban besándose, abrazándose, otras más se encontraban ya casi desnudas, algunas de la chicas mamando otras galopando, un par de parejas completamente desnudos, tratando de acomodarse lo mejor posible para disfrutar el momento.

Jaime me empezó a besar, yo sin más ni más llevé mi mano hasta su entre pierna y lo comencé a acariciar con cierta presión, sin pensarlo más bajé su cierre y saqué su verga erguida  aunque noté cierto pudor en él, al ver que el chico de al lado lo miraba, trató de cubrirse con la mano, sin embargo yo me agaché y ahí mismo empecé a lamer y mamar aquello que tanto me gusta, poco a poco fue olvidándose de las miradas y se dejó llevar por la sensación de mi boca caliente mamándole la verga. Por un momento mi cabello caía de forma que cubría su miembro y al darme cuenta de que el chico de la butaca de debajo de la nuestra miraba con insistencia, levanté con mi mano el cabello y traté de mamarlo más y lamer riquísimo, de forma que aquella mirada indiscreta prestara más atención a mi acción, el chico siguió mirándome como disfrutaba del miembro de mi amigo y a pesar de que su pareja le estaba haciendo lo mismo creo que se le antojó que yo se lo hiciera, eso me excitó más así que decidí recostarme boca abajo para poder mamar mejor.

En esa posición Jaime comenzó a levantar mi falda y con sus dedos inició una exploración por mi panocha, yo abrí un poco las piernas para facilitar su labor, sentía riquísimo la dedeada que me daba, sin embargo me concentré tanto en la mamada que yo le propinaba que apenas sentí cuando una mano más trataba de disfrutar mi placer, lentamente giré mi cabeza y vi como el chico de la butaca de enfrente había cambiado de lugar con su pareja y se estiró para poder acariciar mis nalgas, Jaime me hizo una seña para saber si no me molestaba, no respondí, sin embargo me excitó la idea y moví un poco las caderas como aprobando la acción.

Mi panocha escurría y la verga de Jaime estaba sumamente erguida, decidí sentarme nuevamente y después de abrazarme fuertemente Jaime me preguntó si todo estaba bien, le dije que si. Los chicos de frente a nosotros se cambiaron de butaca y se sentaron justo detrás de nosotros, en ese momento Jaime me mencionó que le había excitado mucho que el otro chico me dedeara, yo le dije pues yo lo que quiero es que me cojas, así que me paré frente a él pero de espaldas, abrí las piernas, él subió la falda, me tomó de las caderas y me dejó caer de un sentón en él, mmmmmm! de un solo golpe sentí la penetración, cabalgué así sobre él por un buen rato, hasta que me detuve y me subí sobre sus piernas de frente a él, entonces Jaime metió sus manos debajo de mi blusa y trató de desabrochar mi brasier pero le pedí que no lo hiciera así que solo lo subió del frente y sacó los pechos por el escote, comenzó a acariciarlos y mamarlos delicadamente.

Él chico de atrás tenía en la misma posición a su pareja pero al ver mis pechos grandes y mamables dejó de atenderla, yo miraba sus ojos llenos de deseo hacia mí, no pude contener las ganas y decidí tocar su rodilla con la mano, él al sentirla la llevó hasta sus bolas y me enseñó como acariciarlas, sin embargo tenía ahí ese para de nalgas blancas, suaves, así que decidí dejarlo a él y tocar a su pareja, apreté sus nalgas, ella no parecía molestarse, bajé la mano y dedeé su culito, con eso bastó para que el chico le pidiera que bajaran hasta nuestro lugar, y así lo hicieron.

Ya al lado nuestro, ambas arriba de nuestras respectivas parejas, el chico buscó mi boca y yo solo decidí dejarme llevar, nos besamos pero la chica se unió a nosotros ante la mirada observadora de Jaime quien mostraba su excitación endureciendo más su verga que mantenía dentro de mi, él no se unió al beso, solo disfrutaba de lo que veía, de pronto el chico apartó sus labios y quedamos solo ella y yo besándonos, además ella empezaba a acariciar mis senos, lo cual me dio la confianza suficiente para hacer lo mismo, y aún más, pasé mi mano derecha debajo de sus nalgas y metí mis dedos dentro de su panocha, caliente y depiladita, la chica no era precisamente el tipo de mujer que me llamaría la atención sin embargo la excelente reacción ante mis caricias me incitaba a hacerla disfrutar.

Por un momento al ver que era muy joven me frené, sin embargo ella estaba disfrutando en verdad lo que yo le hacía, tomé sus senos entre mis manos y lamí sus pezones lentamente mordisqueándolos con suavidad y delicadeza, ella estaba bastante agitada, gemía, jadeaba, por un instante miré que todos nos veían, en un instante, Jaime mamaba uno de mis senos, el otro chico mamaba el otro, la chavita y yo nos besábamos, mi vagina apretaba muy fuerte la verga a punto de reventar de Jaime quien no dejaba de complacerme también.

Mi vientre estaba a punto de estallar, tuve que morder mi mano para no gritar, traté de disfrutarlo al máximo y moví las caderas apretando tanto la verga deliciosa como tratando de ordeñarla toda y dejarlo seco.

En cuanto pude incorporarme tomé mi bolsa y le pedí a Jaime que nos fuéramos. El chico se acercó a nosotros para pedirnos el teléfono pero creo que aún no teníamos conciencia de lo que había pasado. Fue muy emocionante esa primera experiencia lésbica, además de exhibicionista, y seguramente lo que vendrá será mucho mejor.

Autora: Kiara

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Complaciendo caprichos

Mi pene se metió en su hambrienta conchita, Camila movía sus caderas como en circulo, eso aunado a lo rápido y profundo que le estaba metiendo y sacando la verga hicieron que solo aguantara unos cinco minutos y terminé depositando en el condón una gran cantidad de leche; afortunadamente con las ganas que tenía de verga esta mujer, Camila terminó al mismo tiempo que yo.

Siempre he creído que es mucho mejor relatar experiencias vividas porque se pueden dar muchos más detalles y hacer vivir al lector más plenamente la experiencia que cuando la historia es ficticia. En fin lo dejo a su consideración y espero comentarios favorables o adversos, todo nos ayuda a mejorar.

Por aquellos entonces trabajaba de mesero en uno de los tantos salones que hay en Cd. Juárez, Camila era cliente asidua todos los viernes y sábados y, por lo tanto nos saludábamos con cierta familiaridad, aunque yo notaba que se llevaba bien con todos los meseros, el trato conmigo era muy peculiar, cuando se acercaba para saludarme solía abrazarse a mi y durar así mucho tiempo, en muchas ocasiones se las ingeniaba para pasar muy juntito a mi y frotarme todo su trasero en mi verga, cuando me acercaba a servirles las bebidas siempre me estaba abrazando o tomándome las manos, o peor aún llegó a atreverse a manosearme el bulto.

La realidad es que esta situación me molestaba un poco porque Camila, aparte de ser como diez años mayor que yo, era casada y a mí nunca me ha gustado enrolarme con mujeres con compromiso, obvio que si lo he hecho pero procuro que sea lo menos posible. Camila no era lo que se dice una chica linda, tampoco voy a decir que fuese desagradable, lo que si le ayudaba bastante es que tenía un cuerpo de lo más espectacular, no era una modelo pero tenía buenas tetas, no estaba gorda y tenía un culo de infarto, de esos que se antojan para comérselos.

La situación cambió un día en que ella estaba con unas amigas y una de ellas, al ver la confianza con la que Camila me abrazaba le dijo, – Está lindo el meserito, a ver si lo presentas, – , Pues si estará muy lindo, pero es maricón – contestó Camila. Al ver la cara de sorpresa que pusieron las amigas yo me puse de todos colores. – ¿Como crees que va ser maricón?  Replicó otra amiga, – pues como yo ya tengo tiempo tirándole el calzón y ni un lazo me echa, yo creo que si le gusta batear de zurda. Me retiré si saber ni que decir en medio de las risas de todas ellas.

No fue sino hasta al siguiente semana cuando le reclamé a Camila su proceder, – Es que ya ni la aciertas Camila, ¿como te pones a decirle a las chicas que soy puñalón?, después ellas se lo van a decir a otras y al rato no voy a agarrar ni madres – y Camila protestó – es que tú tienes la culpa, te abrazo, te pongo las nalgas, te agarro la verga y nunca haces nada cabrón, – mira – le dije yo – si no te hago caso es por respeto a tu marido. – No mames, ese cabrón no se merece ni tu respeto ni el mío, ese tío para que veas si es maricón, se la pasa todo el día con un amigo tomando, a mi se me hace que se andan picando uno al otro, con decirte que hace más de dos meses que el pendejo no me toca ni un pelo, por más que le sobo la verga en las noches el cabrón dormido, salgo de bañarme y me ando encuerada por toda la casa a ver si se le antoja y nada de nada, con decirte que he llegado a masturbarme cuando estamos acostados para que vea que traigo ganas y ni por enterado se da, ya me tiene hasta la madre.

– Bueno, eso ya cambia las cosas porque así como me platicas el torpe anda buscando que le pongan el cuerno y una chica así tan buena como tú merece que le pongan más atención – fue mi respuesta, – ¿entonces que, te animas papacito? – espérate, vámonos con calma, a mi me gusta ser yo quien busque a las mujeres, para darle sabor al asunto tu sabes, pero igual y le hacemos la lucha… si yo te pidiera que te pusieras lencería roja, porque es la que más me gusta, ¿lo harías? – ay si yo te dijera, lo que a mi más me gusta es comprarme calzones, tangas y brasieres sexy´s, me gusta ponérmelos y ver como me quedan en el espejo, me gusta ver como las tetas casi se me salen en esos brasieres de encaje y sentir como la tanga se pierde entre mis nalgas, me pongo cachonda de pensar que mi viejo al verme así me va a tirar en la cama y me va a comer todita, pero ya te dije al cabrón le vale madre como me vista ya no le gusto, ya no le excito…

– Pues a mi me gustaría ver una tanguita de esas que dices y ver ese par de nalgas que te cargas solamente cubiertas por un hilito –

Su respuesta no se hizo esperar, al día siguiente apenas llego me llamó aparte, y yéndonos a la parte de atrás de donde estaban las bocinas del sonido, sin decir ni agua va, se bajó los pantalones mostrándome una tanguita casi transparente roja, y dándose la vuelta pude ver ese par de nalgas que casi hacen que me vaya de espaldas, inmediatamente alargué mis manos para acariciar toda la firmeza y suavidad de sus nalgas, para luego repegarla a mi miembro que de inmediato se puso más duro que un bate de béisbol. – Así es como yo quería que me agarraran – dijo Camila, con ganas, con amor, con hambre. – Pues la verdad no entiendo como tu viejo viéndote así no se le antoja, estás como para culearte la noche entera – aclaré. – Y luego, ¿que esperas que no te atascas? – Por mi te daría aquí mismo, pero vamos a hacer algo mejor, le voy a decir al capitán de meseros que me siento mal, que me quiero ir a mi casa, cuando tú me veas salir me sigues y verás como nos quitamos las ganas los dos.-

Dicho y hecho, apenas me estaba despidiendo de los guardias cuando ya estaba Camila en la puerta junto a mi, me hice el disimulado y caminé hasta el estacionamiento, apenas estaba abriendo al puerta de mi carro cuando Camila se me echó encima, besándome mordiéndome, con aquellos ímpetus de mujer insatisfecha, – vámonos le dije entre jadeos – tenemos poco tiempo y no debemos desaprovecharlo – más por fuerza que por ganas se separó de mi subiéndose al carro, no bien había yo arrancado cuando comenzó a sobarme por encima del pantalón, ahí si no le dije nada y la dejé que se diera gusto y que me diera gusto a mi – sácatela mi rey – me dijo en un tono de voz que se notaba lo excitada que estaba, apenas paré en el primer semáforo y accedí a su petición liberando mi herramienta que ella procedió a chupar como si la vida se le fuera en ello tanto, así que casi me hace terminar… Afortunadamente me pude contener hasta que llegamos al motel – , me gustaría que me hicieras un strip tease para poder admirar tu cuerpo en todo su esplendor.

Hay que decir que la chava tenía talento, puse en el televisor un canal de música romántica, y al compás de “The last resort” de los “Eagles” Camila se movía con una cadencia, con una sensualidad que ya quisieran muchas teiboleras, ondulaba sus caderas ampliamente y subía y bajaba su culo en pompa, con sus manos recorría su cuerpo de arriba a abajo, las ponía en su cabello y bajaba acariciando sus hombros, enseguida tomaba sus pechos acariciándolos en toda su extensión, continuaba el recorrido por su vientre hasta posar las manos en sus caderas, luego las iba cerrando lentamente por sobre su sexo haciendo al forma del triangulo perfectamente, a continuación recorría sus piernas por dentro y por fuera hasta los tobillos, todo esto sin dejar de mirarme fijamente, con los labios entreabiertos y mirada cálida, lo mejor fue cuando se ponía de espaldas, con un azote suave pero fuerte se tomaba sus nalgas y las abría mientras se iba agachando mostrándome una espectacular vista de su trasero, y casi al terminar cuando ya se había despojado de su tanga, la vista de su rajita cubierta por unos vellos muy recortados era para morirse.

Justo al final de la canción y cuando estaba en esa posición, metió dos dedos en su vagina, notando por el sonido de los mismos, que estaba empapada, acto seguido se acercó hacia mi poniendo sus dedos cerca de mi cara, los que procedí a chupar golosamente, deleitándome con el exquisito sabor que siempre se desprende de una vagina caliente, para luego compartir con ella sus fluidos en un beso intenso. Agradecí el espectáculo con una sonrisa y una caricia en sus nalgas, – bueno – le dije – ahora me toca hacer a mi, – la recosté en al cama y poniéndole sus manos hacia arriba le dije – no quiero que bajes tus manos ni que hagas nada, déjame acariciarte y disfrútalo, pase lo que pase no actúes para nada, solo relájate y disfruta.

Me levanté y me despojé de la ropa quedándome solo con el bóxer, abrí sus piernas y me puse encima de ella, comencé besando su oreja, deslizándome por sus mejillas hasta sus labios repitiendo esto varias veces, mientras hacía esto sobaba mi miembro aun dentro del bóxer por sobre su húmeda intimidad, recorrí con mis labios y mi lengua todo su cuello, mis manos aprisionaron sus pechos tomándolos por su base, oprimiéndolos, levantándolos para luego besarlos poniendo mi lengua sobre sus pezones moviéndola en círculos, y después dejar que mis labios subieran y bajaran por esas bellas protuberancias.

Casi no podía esperar el momento de volver a saborear el sabor de sus fluidos vaginales aunque ahora directamente de la fuente de emanación, coloqué mi cara entre sus piernas y dediqué unos cuantos besos a sus labios vaginales y la cara interior de sus muslos como queriendo excitarla más aunque dudo que eso fuera posible, ya que cuando besaba su pelvis esta ya palpitaba de manera muy acelerada, y sus jugos que caían por entre sus piernas habían dejado ya una gran mancha de humedad en la cama. Con los dedos de mi mano izquierda abrí su rajita puse mi lengua en el interior de su rajita, movimiento que ella acompañó con un intenso y prologando “aaahhh”, mi lengua entraba en el interior de su conchita primero de forma lenta y luego cada vez más rápida, en un par de ocasiones bajó sus manos para apretar mi cabeza contra su pelvis olvidando la condición que le había puesto, pero que yo le recordé volviéndolas a colocar en su posición, metí mi dedos índice y medio en su conchita, una vez adentro los separé lo más que pude y comencé a mover mi mano en círculos para que los dedos a su vez acariciaran completamente las paredes de su vagina.

Camila se movía de forma incontrolable, tanto así que varias veces me hacía perder el ritmo Sus gritos y gemidos eran cada vez más fuertes, concentre el movimiento de mi lengua exclusivamente sobre su clítoris dándole pasadas rapidísimas y cuando sentí que empezó a temblar violentamente saqué mis dedos de su vagina y aprovechando lo mojados que estaban le metí el dedo índice de un solo empujón en el culo, ese fue el detonador del primero de varios orgasmos que la hicieron moverse y manotear como una posesa en la cama, así estuvo gritando y retorciéndose durante más de un minuto, ya que yo no le sacaba el dedo de su cola ni dejaba de lamerle el clítoris, hasta que no aguantó más y me empujó violentamente separándome de ella.

Me alejé un poco mientras Camila jadeaba y sudaba copiosamente limpiándome con papel higiénico el exceso de fluidos sobre mi rostro – Eres un cabrón – dijo Camila cuando se recuperó un poco – casi me dejas seca, me hiciste venirme como diez veces, y eso por que te quité si no me vengo otras diez, – ¿y que no era eso lo que querías, no que traías muchas ganas? – repelí a mi vez – es que estuvo muy intenso, muy fuerte, en pocas palabras estuvo cañón – respondió – bueno pues ahora a lo que sigue – dije avanzando hacia ella y sonriendo, – esa voz me agrada, venga mi macho – me animó Camila.

La jalé hasta que sus nalgas quedaron a al orilla de la cama, me situé en medio de ella y me puse el condón, levanté una de sus piernas colocando su tobillo en mi hombro, ella quedó un poco de lado en la cama y así en esta posición logré que la penetración fuera lo más profundo posible, mi pene se deslizó suavemente en su hambrienta conchita, la penetración fue placentera debido a lo húmedo de su cuevita y debo reconocer que a pesar de los años esta cabrona estaba bien apretadita, como decía, la penetración fue placentera, el mete y saca fue casi casi glorioso, tanto así que tuve que hacer soberanos esfuerzos para no terminar inmediatamente, y aparte de todo Camila movía sus caderas como en circulo, eso aunado a lo rápido y profundo que le estaba metiendo y sacando la verga hicieron que solo aguantara unos cinco minutos y terminé depositando en el condón una gran cantidad de leche; afortunadamente con las ganas que tenía de verga esta mujer, Camila terminó al mismo tiempo que yo y así no me vi tan mal.

Ahora si me cansé, papito – decía Camila – mientras yo tomaba el teléfono y pedía unas cervezas a la recepción, cuando colgué se levantó y se abrazó a mi felicitándome por esa acción ya que ella también tenía ganas de una cerveza, me entretuve un rato pellizcando sus pezones. Me levanté para ponerme el pantalón, no quería que cuando vinieran a entregar las cervezas me encontraran desnudo, y aproveché para ir al carro por unos cigarros y una bolsita con soda que traía, yo siempre he pensado y he visto que cuando me pongo coco tardo más tiempo en correrme, regresé a la habitación y esperé a que trajeran las cervezas mientras Camila orinaba ruidosamente en el baño, llegó la camarera con las cervezas y mientras las pagaba Camila salió del baño así encuerada como estaba y se aproximó a tomar una, la camarera ni se inmutó, imagino que habrá visto muchas veces a mujeres y hasta a hombres desnudos en ese motel, pero a mi si me pareció una total falta de pudor por parte de Camila, porque aún y cuando era otra vieja no es para andar exhibiéndose con una desconocida, total que fui al baño y aproveché para darme un buen pase…

Salí y Camila ya estaba viendo una película porno, tomé una cerveza y me senté junto a ella en la cama – ¿traes coca? – Preguntó Camila, – ¿como dices? – Respondí a mi vez intentando fingir demencia – no te hagas si hasta acá escuché los suspiros que te estabas dando en el baño, dame poquita – suplicó Camila – así que también le pones a la coca, pinché Camila quien te viera tan santita, pero si quieres un pase te va a costar, vas a tener que darme las nalgas… ¿Otra vez? si te las acabo de dar – no te hagas pendeja lo que te estoy diciendo es que quiero chiquitearte, que te quiero dar por el culo…

Ahí si como que se asustó y me dijo – no papi, por ahí no, mi viejo lo ha intentado varias veces y siempre me lastima, te hago lo que quieras pero eso no, es que de veras duele mucho. – Mira, a lo mejor tu viejo no ha sabido dilatarte bien y por eso te duele, déjame intentarlo con cariño y suavidad y si aun así te duele mucho le paramos y no hay bronca, – está bien, pero primero vamos a terminarnos estas cervezas y a lo mejor ya relajada con las cervezas lo podemos hacer, mientras tanto no te hagas  y hazte unas líneas – accedí a su petición y preparé cuatro líneas sobre la mesa dos para cada quien, nos fuimos a la cama a continuar tomando, me senté recargado en la cabecera y Camila delante de mi recargada en mi pecho… en esta posición podía abrazarla completamente y me deleitaba acariciando ese cuerpo de mujer madura, suave, firme y con un aroma muy característico.

Algún tiempo después Camila se levanto y me quito toda la ropa para volver a situarse junto a mi, me separó la piernas y se acostó poniendo su cabeza en uno de mis muslos, quedando mi pene a la altura y a la completa disposición de su golosa boca, mi miembro se encontraba en un estado de flacidez por lo que Camila se lo metía completamente a la boca, lo chupaba y jugaba con su lengua en el de una forma deliciosa, poco a poco fue adquiriendo la rigidez necesaria para seguir adelante, aproveché que Camila estaba chupándomela para irla girando poco a poco hasta quedar en un sesenta y nueve, rápidamente ya estaba otra vez excitada y yo sabiendo lo que quería mientras con mi lengua le daba gusto a su clítoris empecé a jugar con la punta de mi dedo en su ojete, apenas si me daba cuenta de que Camila en su excitación se metía toda mi verga en su boca, llegándole hasta la garganta y la verdad que se siente muy rico porque hay chicas que te la maman pero solo con los labios en la punta y no por eso deja de ser placentero, pero sentir como los labios de la mujer llegan hasta la base del pene y la punta roza la campanilla eso otro rollo.

Bueno total que yo seguía en mi asunto, ya podía meter un dedo completo con facilidad y comencé a moverlo en círculos, haciendo presión en los lados para abrirlo más, cuando sentí que estaba preparada comencé a introducir dos dedos ahí si sentí que le dolió un poco porque dejó por un momento la mamada que me estaba dando, aumenté las caricias al interior de su vagina con lo cual al incrementar su placer relajó un poco su esfínter y pude seguir metiendo mis dedos hasta tenerlos totalmente dentro de ella, separaba los dedos lo más que podía mientras los metía y los sacaba consiguiendo una dilatación considerable.

Ya estaba lista, me salí de abajo de ella dejándola así en cuatro, todavía Camila gimoteaba como intentando pedir que no se lo hiciera pero yo ya estaba fijo con esa idea y no iba a consentir que pasara esa noche sin culearla, se la metí en la vagina mientras con el dedo pulgar volví a la carga sobre su culito, le pedí que bajara su cabeza y puse mi verga en la entrada de su hoyito, Camila estaba muy tensa, ponía las nalgas muy duras y se aferraba fuertemente con las dos manos a la sábana. -tienes que relajarte – le dije – es que no puedo, yo se que me va a doler – tranquila, ya te lo dije que te lo iba a hacer poco a poco, no es la primera vez que lo hago, déjame actuar a mi y veras que tú también lo vas a disfrutar…

No muy segura pero aflojó un poco el cuerpo, bajé mi mano y comencé a acariciar su clítoris, logrando que se fuera excitando y muy pero muy lentamente empecé a meter mi verga por el anhelado esfínter anal, con la dilatación que había logrado fácilmente pude meter la punta y al seguir empujando empecé a sentir la presión de su recto, la saqué un poco y lubriqué con sus jugos vaginales que afortunadamente eran muchos y volví a la carga, durante más de 15 minutos estuve haciendo lo mismo, empujar un poco y volver a lubricar y en cada ocasión podía meter mi verga un poco más, ya casi estaba dentro la mitad cuando Camila me dijo que ya no aguantaba, que se la sacara, – tranquila le dije vamos bien, ya falta poco – si dijo ella, pero la verdad ya no aguanto, me arde y me duele mucho, ya sácala, tú me lo prometiste.

Me quedé quieto un rato mientras seguía sobando su clítoris, no estaba dispuesto a dejar que se me escapara lo que ya tenía en las manos, apenas sentí que se relajó un poquito y se la dejé ir toda de un solo empellón, Camila soltó un intenso quejido e intentó zafarse pero la detuve junto a mi sujetándola con las dos manos, solo era cuestión de esperar un minuto o dos para que se acostumbrara y el dolor pasara, poco a poco Camila dejó de luchar y yo empecé a moverme dentro de ella, ahora si que lo estaba disfrutando cada vez entraba y salía con menos dificultad, Camila también empezó a moverse al ritmo que yo le estaba marcando, y después de un rato sentí que otra vez se estaba viniendo porque apretó su culo de forma que hasta me dolió la verga…

Terminó de venirse y yo seguía bombeando ya llevábamos más de 25 minutos así (por eso me gusta ponerme coco, para aguantar más) cuando me empezó a llegar el orgasmo, le di tres fuertes embestidas y le llené el culo de leche porque ni condón me puse y es que un culito hay que disfrutarlo al natural, me salí de ella y Camila se volteó en la cama y como le faltaba poco para llegar a su orgasmo se metió no uno ni dos sino tres dedos en el culo y con la otra mano se frotó la vagina hasta que terminó gritando – “ves Gabriel lo que me haces hacer” – (Gabriel se llama el marido).

Parece mentira pero a pesar de todo apenas llevábamos tres horas en el motel, todavía podíamos estar una hora más juntos aunque la verdad ya ninguno de los dos teníamos ganas de seguir cogiendo, pedí más cervezas  y continuamos platicando…

Camila me dijo que aunque le había roto el culo le había gustado y que me iba a dejar culearla cada vez que yo quisiera, que pensaba cogerse a varios amigos más mientras su marido la siguiera teniendo en cuarentena, el chiste era empezar pero ya una vez puesto el cuerno las demás veces iban a ser más fáciles pero que ella había querido que yo fuera el primero porque era como un capricho y que ese culo iba a ser solo mío. Que a toda madre – dije yo…

Autor: Majic

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De fresa o de vainilla IV

Se agachó por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerró la puerta, Cuando me tiró a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, nada seguiría igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre.

De cómo jugamos en su cama – Me seduce y me desnuda

Cuando llegué a casa me acosté muy cansada e inquieta, solo pensaba en lo de esa noche, solo con Ale, me di cuenta que nadie me quería como ella, cuando pude dormir  tuve un revelador sueño. Ale y yo, nos besamos en un parque mientras bailábamos, con una especie de vestido transparente, acariciaba mi cuerpo y yo el suyo, solo había una tenue luz, que no me dejaba ver todo su cuerpo apenas cubierto por una delgada tela traslucida, nuestros movimientos eran suaves y eróticos, ambas lo disfrutábamos mucho, pero de repente mi madre nos veía  de un balcón que nosotros no vimos, y me gritaba  “zorrita, traidora, lesbiana”. Y entonces las dos corríamos tomadas de la mano despavoridas, para alejarnos de ese balcón.

Cuando desperté el corazón me latía rápido, eran como las siete, y si me sentía húmeda de abajo, no pode dormir en un rato, el sueño me inquieto bastante. Que significaba eso?, ¿como sería bailar con ella a oscuras? después no sería muy distinto de un sueño, ¿si no me gustaba podía olvidarlo y nadie lo sabría solo ella y yo?,  ¿me haría daño vivir eso con alguien a la que quería y me quería tanto y le tenía tanta confianza? Esos pensamientos me pusieron nerviosa, realmente me dio curiosidad de darnos una chance de jugar, de hacer la peor travesura, disfrutar juntas de nuestra sexualidad por una noche como las otras dos.

Cuando la besaba en el carro, ya no era solo la travesura, comenzaba a sentir un deseo fuerte  por ella, pero no me atreví a decírselo.

Otra  húmeda mañana de ese verano, ya hacía una semana que había sido el baile. Me decidía a pararme, mi cama estaba muy calientita y tenía la sensación de haber tenido una noche maravillosa  y que había soñado bonito. Mi celular sonó, medio dormida leí en la pantalla

“1 mensaje de ale”… el mensaje decía textual: “buenos días nna! En 30 min paso por ti, te invito a desayunar, te quiero mucho”.

Así que me paré y me metí a bañar, había soñado otra vez algo con ella, pero nunca recordé que había vivido en ese sueño.

Como era habitual, llegó con 20 min de retraso, todo el camino escuchamos “accidentaly in love” que nos encantaba desde que vimos shrek 2, fuimos a desayunar a  un Starbucks que queda por el centro, desde que llegó por mi, se veía muy linda, no se maquillo ni nada, así era nuestro estilo, de hecho ni siquiera usaba alguna ropa especial,  llevaba puesta una playera polo blanca, una hoodie x,  unos pants Adidas y unos tenis, iba muy contenta, sus mejillas chapeadas, su cabello suelto, y sus manos adornadas por el anillo  en el pulgar  y sus uñas sin pintar se me antojaban lindas, además olía al perfume que le había regalado el mes pasado. Esa mañana me gustó mucho y me sentía muy bien a su lado, varios volteaban a mirarla, esa chava que les gustaba, era mi novia.

Pasamos toda la mañana juntas caminando por el centro, simulando ser amigas. A medio día fuimos a su casa a comer, su mamá ordenó pizzas para nosotros por que ella saldría, tomaría un café con sus amigas y volvería entrada la madrugada, tan pronto como llegaron las pizzas nos la subimos al cuarto de tv aprovechando que no estaba Karen (su mamá) y podíamos hacer lo que nos placiera, tirar migajas, subir los pies a los muebles, no tomar sopa y cosas así.

Nos quitamos los tenis y nos acomodamos en el sillón frente a la tv, encendimos el televisor pero como no encontramos nada,  ale encendió su Xbox y comimos mientras jugábamos voleibol,  después de darme una paliza y habernos hartado de pizza vegetariana, puso la peli Unfaithful, según ella para aprovechar que su mamá no estaba por que la semana pasada no le había permitido verla con ella, (tenía escenas bastante explícitas e incitadoras) que hizo termináramos juntas abrazadas y tomadas de la mano de vez en cundo ella me acariciaba la espalda y el cuello, si no mal recuerdo yo le di el primer beso ese día, con el pretexto de que tenía cátsup en los labios, ella me tenía abrazada casi por atrás, de vez en cuando yo volteaba para darnos un besito tierno, su aliento con olor a pizza que soplaba en mi nuca me erizaba la piel.

Recuerdo que de repente me tomó un pie, me sacó los calcetines olió mi pie y  bromeó que me olían mal, y se puso hacerme cosquillas en la planta y entre los dedos. Todo era un juego me acariciaba las piernas como lo hacían en la movie y nos reíamos y nos burlábamos de lo cursi que eran los diálogos y los repetíamos algo así como desde el “solo es por pasión, los errores no existen”, además hacíamos comentarios como ¡Ay nena! cuando la protagonista salía en poca ropa, ese tipo de jugueteos y bromas pusieron una atmosfera que me hacía sentir unos escalofrío, sudar las manos y se me entrecortara la respiración, dentro de mí latía un peligroso profundo deseo por mi “amiga” que tenía muy cerquita.

Mientras una escena para adultos se desarrollaba, nos miramos y empezamos a besarnos, y nos tiramos al sillón. Parecía un juego, quedé abajo de ella con una pierna en el sillón y la otra abajo para que ella quedara bien encima de mi y nos besamos así un rato, primero como siempre, pero después subió de tono, como aquel día en el almacén, era realmente excitante, la calentura se me subió a la cabeza y comenzamos hasta  a hacer ruiditos de prendidas, me tocó arriba y me puso peor. En ningún momento supe que hacer,  la situación se me fue de las manos desde hacía algún tiempo, ella lo sentía, y lo disfrutaba,  se veía decidida a hacerme todo y toda suya, le gustaba tener en su control, a mi, mi destino, y mi feminidad.

Me desabrochó el top por debajo de la playera y acarició mis senos muy suavemente, levantó mi playera hasta mis clavículas. Con su lengua dibujó el contorno de mis aureolas y con su boca coloreó mi pezón, con su saliva a besos delineó mi abdomen, desabrochó mi pantalón y bajó el cierre con una mano, he hizo aparecer para si, mi  pubis velado por una delgada tela azul cielo del calzón que llevaba puesto, que no parecía ofrecer obstáculo a su excitación que reflejaban sus delicadas facciones; y algunas otras cosas como sus dilatados pezones y su cuero tan erizado como el mío, la habilidad que demostraba, me asustaba pero a la vez me encendía y me hacía querer  llegar a mi limite y el suyo, aun que quizá  los habíamos dejado ya muy atrás, probablemente ni existían.

-Ven vamos!-  Me dijo tomándome la meno y acomodándose el cabello que tenía en la cara.

Se agachó por mi top y mis calcetas y nos fuimos a su habitación, y cerró la puerta, Cuando me tiró a la cama y vi la puerta, pensé que; nada existía fuera en ese momento, pero cuando regresara, el mundo se reconstruirá de manera diferente, nada seguiría igual, al no salir de ese cuarto en ese momento, elegí de alguna manera cambiar mi vida para siempre.

Pensamientos así de mal viajados me llegaron a la cabeza toda la noche creo producto de los nervios y la incertidumbre que sentí, mi corazón estaba muy confundido no estaba seguro de querer estar ahí pero quería sentirse querido y por eso latía durísimo,  mi futuro era incierto, me daban ataques de risa, las manos me sudaban, la cara la sentía caliente. Las ideas locas me asaltaban la cabeza, hacían a un lado los prejuicios y a soportar de alguna manera  el intenso miedo que estar parada ahí a solas y con el pasador de la puerta, me hacía sentir.

Antes de esto; aunque decíamos que éramos “novias”, y nos  besábamos,  y aun lo del almacén, y todo, siempre la ubiqué como una muy buena amiga, que simplemente había mucha confianza que nos permitía hacer algunas cosas locas, pero después, nunca supe que fue lo que fuimos.

Su recámara estaba helada por que llovía, el piso lo sentí muy frio en mis pies descalzos pero el calorcito que irradiaba su cuerpo junto al mío, pronto me quitó el frio, me abrazaba y con la otra mano me tomaba de la nuca para besarme, Me dejo sin playera, me besaba de vez en vez y me acariciaba los senos, algo me hacía sentir sexy, miraba abajo a Alejandra jugando con mis senos, que les juro en ese momento eran más grandes de lo normal, de pronto me dio un ataque de nervios y reí como loca, a Ale también le empezó a dar risa, si bien muchas cosa no estaban en mi cabeza, como la sensatez, si me di cuenta de lo que pasaba, estaba en playera pero sin top, con pantalones pero con el cierre abajo y con una chava que no era “stright”, ahí no pasaría nada.

Me preguntaba fingiendo demencia – ¿por que te ríes mensa? Esto no es chistoso. Me besó la boca de nuevo y ahora se deleitaba con mi trasero, tan rico también. Después deslizó su mano sobre mi pantalón en ya saben donde, se detuvo un rato y la apoyo suavemente contra mi,  luego la metió entre mi piel y mi ropa interior para  acariciar mis bellos, me acarició mi parte prohibida y hasta  las piernas me temblaron, luego lo hizo…  metió un dedo entre los pliegues que hace la vagina cuando una tiene las piernas casi cerradas, se torció un poco y sin permiso con uno de sus largos dedos se quedó con mi virginidad que me había pertenecido hasta ese momento.

No se si me empezó a besar bien padre o era su dedito que entraba y salía, realmente eran ambas cosas al mismo tiempo, lo que me hizo sentir tan amada, no hacía más que cerrar los ojos y apretar los dientes por ese ligero dolorcito que sentía mientras mi orifico se amoldaba al tamaño del dedito que tenía dentro, ¡y oye! Que rico es eso. Se separó de mis labios y con una sonrisita me preguntó…

– ¿Se siente bien rico verdad?

Apenas asentí con la cabeza, por que estaba perdida con esa sensación,  gemía solo para mi misma  por lo que  mi cuerpo experimentaba. ¡Sería tan embarazoso que me viera gritando de placer!

Deshizo el nudo del listón de sus pants,  y luego puso mí mano por entre sus bóxers y su pubis, se sentía ligeramente áspero, vacilando mucho deslicé mi mano por entre sus pliegues pero apenas si la tocaba, me tomó por la muñeca, se paró con las piernas un poco más abiertas, contrajo su abdomen como aguantando la respiración  y puso mi mano más abajo, cuando sentí su área calentita y húmeda, por instinto la saqué rápidamente de su pantalón.

Ale separó su boca de la mía y con una sonrisa más, me dijo:

– ¡Vamos! Te juro que no te muerde, no pasa nada, como te diga tu corazón, tú sabes como, sin pena.

También me salió una risita por su tontería pero calle súbitamente cuando metí mi mano dentro de sus bóxers, para buscarle su agujerito,  la deslicé muy despacio, como cuando buscas algo que no estás muy segura de querer encontrar, se lo hallé poquito antes de arrepentirme de nuevo,  le introduje mi dedo medio muy despacio, no quería  lastimarla. Si me preguntas por que le hacía lo mismo, supongo que para ponernos a mano y hacer un desquite, ella salía y entraba yo solo estaba dentro de ella,  era la primera vez que sentía otra vagina, se sentía muy mojada y tibia, se me figuraba más profunda, quizá por la posición de mi mano, que la tenía muy torcida, eso limitaba y cansaba, por eso, bajé mis jeans a mitad de los muslos, a continuación  bajo sus pantalones y sus bóxers a media cadera, tomó mi mano de nuevo y la dirigió a su cosita.

–Juntas pelase, es más rico así- me dijo besándome al oído.

Ahora ya no me podía separar de ella, me estremecía, ahora sentía una intensa atracción asía ella, la abrazaba con el brazo libre y acariciaba su cabello, apoyaba mi cabeza en su hombro, fuera  lo que fuere era la travesura  más deliciosa en la que había estado, y lo más rico que alguien me había hecho, elle jugaba con su dedo dentro de mi, me sentí como,  poseída y dominada. Por mucho que pensé si eso era correcto o no, no quedaba opción. Tal vez las hormonas se me pusieron hasta arriba, me sentía como mareada y abochornada.

De pronto paró, sacó su dedo travieso, me abrazó fuerte, como emocionada y me besó con dulzura. Así que yo también aparté mi dedo de su cosita, se sentía chistoso tan humedecido por ella, discretamente lo limpié en mi calzón que era lo único que me quedaba. Me puso las manos sobre la mejilla y me dijo: -No me la creo, nena, ¡que padre!, ¿te das cuenta estamos juntas?

Ni le conteste, no entendí muy bien a que se refería – se sentía bien pero no me emocionaba como a ella, además sentir su dedo húmedo en la cara no me hizo mucha gracia, pero tampoco le dije nada. Mis pantalones ya estaban en el suelo y ella seguía vestida así que le quite su playera, ella me ayudó levantando sus delgados brazos adornados por unos  dorados vellitos apenas perceptibles  que se veían a contra luz por la tenue iluminación que entraba por entre sus persianas. A continuación ella sola se quitó el bra.

Nos besamos de nuevo y frotamos nuestros torsos desnudos con ese ritmo que solo da una calentura como aquella que se sentía esa tarde en esa habitación.  Se hinco y mirándome a los ojos, tomó mi ropa interior de los lados y con cara de picara preguntó:

-¿Puedo señorita?

Sin esperar una respuesta los deslizó hacia abajo a lo largo de mis pierna y los dejó en los tobillos, le ayudé levantando una pierna y luego la otra, primero solo sacó los jeans y luego hizo lo mismo con mis calzones, los aventó por atrás de ella a la cama junto con nuestras playeras, se incorporó despacio muy cerca de mi, tan cerca que cuando se encontraba de regreso a la altura de mi cadera, sentí escalofríos y me doblé por reflejo hacia atrás, quedó parada de nuevo frente a mi, me dio un beso tronado en los labios.

Hacía algo de frío, hasta temblaba un poco,  por instinto me abrazaba yo solita e intentaba tapar mis senos con los brazos, y miraba descontrolada lo que ella hacía,  se encorvó para bajarse los pantalones y los dejó en el piso, luego apartó su ropa interior hasta sus rodillas y apoyándose en mi hombro, se los terminó de quitar con sus piernas y quedó parada encima como vino al mundo.  Me susurro al oído…

-Tranquila nena, ¡te quiero mucho! Yo voy a cuidar mucho de ti, o las dos coludas o las dos rabonas.

Si has estado en algo así me entenderás: es increíble lo que unas palabras como estas te hacen sentir en momentos como este, en el que solo sientes inseguridad, me empezaba a sentir mejor, hasta creo que dejé de temblar de miedo o de frío. Me puse en cuclillas y le quité sus calcetas, convencida de lo que me acababa de decir. Aunque ya la había visto sin ropa, esa vez, la vi distinta, su pelo negro en sus hombros, su mirada intensa en mi,  el agradable tono blanco de su piel,  su delgada silueta, sus bonitas piernas largas, esa tarde-noche me mostró los senos más hermosos y el pubis afeitado más tierno de este mundo.

Algo curioso es que ella también empezó a cubrir su pecho como yo, y fue posiblemente el único indicio de pena que vi en ella. Un cuerpo parecido al mío superando por mucho las diferencias por las similitudes, era un cuerpo de mujer  desnudo que había aparecido por mi,  la olla de hormonas que hervía dentro de mi, me provocaba a acercarme, a indagar en el,  sus diferentes texturas, a que olía y quizá también, que sabores escondía, quise descubrir cada una de las sorpresas que podía guardar aún este encuentro, la contemplé enfrente de mi por un momento, y  me pareció; que ese instante quedó suspendido en el tiempo inmune al irrefrenable curso de los minutos y permanecer estático por una pequeña eternidad.  Lo recuerdo tan nítido, que estará así, por siempre.

Después de explorarnos mutuamente con la mirada, nos dirigimos una mirada de complicidad y sonreímos, ya no me engañaría más, era ahí, de entre todos lo lugares del mundo en el que hubiera preferido estar, de  haber tenido oportunidad de escoger. Di un pequeño paso al frente y la abracé, tuve necesidad de ocultar por un momento mi desnudez a sus ojos que se me figuraban muy atentos a cualquier detalle en mi, y así oculté la desnudez su vista, ahora era su cuerpo el que percibía esa situación,  y  mi corazón  le confesó el desnudo emocional que sentí que era aun más despojado, con esos violentos golpes que daba dentro de mi pecho.

Es que en ese momento, no tenía nada, no sabía nada, sentí la mayor inseguridad de mi vida, ¿debería quedarme así abrazándola hasta que la noche cayera sobre nosotras? ¿Deberíamos seguir besándonos? ¿O acariciarle su torso totalmente desnudo? ¿o era ahí donde acababa la aventura?  Nos vestíamos e íbamos a la sala a jugar Xbox. Sus pies descalzos en el suelo cerca a los míos y el calor de su cuerpo pegado al mío también desnudo, me hizo sentir tranquilidad y confianza en ella.

No sé como consentí todo esto, de hecho muchas veces me he arrepentido de lo que pasó esa tarde con ella, me culpo por no haberla frenado a tiempo, pero si de consuelo me sirve,

Estar desnudas abrazadas  se tornó en algo muy pero muy  erótico, creo que ni siquiera ella supo que se suponía debía hacer, por eso nos besamos tiernamente  por un rato, nunca me había sentido tan cautivada, en su saliva había un sabor podría decirse “enviciarte”, no quería dejar de besarla, y quise que sucediera más,  me atreví a poner mi lengua en su boca para sentir la suya en la mía, me puso la piel áspera, los vellos de todo el cuerpo se me erizaron y poco a poco se empezó a ponerme húmedo ahí, y algo en el ambiente me hacía intuir que a Ale la pasaba lo mismo.

Autora: Sandra W

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De fresa o de vainilla III

La humedad de sus labios en los míos, el contacto de nuestras bocas y la mezcla de nuestras salivas era algo ya natural, besaba muy rico, abríamos nuestras bocas y lo hicimos más profundo, cuando escuchamos que alguien quería abrir la puerta por fuera nos separamos y limpiábamos nuestras bocas con las manos, quitamos el pasador y salimos riendo tomadas de la mano.

El destino sigue su curso.

A partir de eso los besos se hicieron más frecuentes en las siguientes semanas, buscábamos estar a solas para besarnos cada vez con más pasión, en ocasiones entrabamos juntas en los sanitarios del colegio, cuando veíamos que estábamos solas nos dábamos besos largos y húmedos. Recargadas en la puerta, para que ninguna niña entrara.

Siempre que estábamos en una situación así sentía unas cosquillitas en la panza que nunca supe identificar si eran de nervios o si sentía alguna atracción hacia ella, pero creo que esa sensación de estar haciendo una travesura les daba un toque mágico a nuestros besitos.

La relación parecía haber llegado a su madurez pero aun nos faltaba, por hacer algo, y a ti saber algo. A finales de mayo estábamos por terminar cursos de la escuela y la directora ya nos traía entre ojos para los cursos, de regularización para mi y unos cursos para ayudar a que ale entrara a la uní, pero a Ale su desarrollo académico le tenía sin ningún cuidado y tubo una brillante idea para quedar bien con la vieja y librarnos de sus clases de verano

Las tres chicas y yo apoyamos a la directora para los preparativos de la graduación de la generación de Ale, nuestra labor consistía en conseguir los arreglos necesarios para la ceremonia en el auditorio. Aunque todos sabían que Ale era puro desmadre, sus padres tenían una buena relación con la directora por su posición social, y por este motivo le confió las llaves de la bodega del auditorio. En el solo había algunos arreglos de ceremonias pasadas, sillas rotas y un montón de trebejos olvidados y polvosos.

Desde el primer día nos encargamos de darle un uso a nuestro favor a ese olvidado cuarto. Al no tener un lugar lo suficiente privado para hacer de las nuestras, era el lugar ideal para que nadie nos viera de lesbianas, así que con el pretexto de hacer inventarios nos encerrábamos a solas en la bodega, nuestra energía sexual de adolecentes  reprimida y la privacidad que había nos hacía ir cada vez más lejos.

En uno de estos “inventarios” nos besamos y me calenté hasta el punto de dejar que me quitara la playera y tocara mis senos cosa que no creí que alguna vez permitiría, esos besos tienen una sutil línea que los divide del escarceo sexual, que no es más distante cuando estas con una chava he, una vez que te dejas llevar, la calentura no te permite parar.  Me besó en mi abdomen desnudo me recargó en la pared y besó todo mi torso, se puso bien loca y se daba gusto con mi cuerpo, después se puso de pie y trató de desabrocharme el pantalón pero yo no le permití y le aparté la mano del botón, así que volvió a ocuparse de mis bubis, realmente tampoco deseaba que hiciera eso, pero algo no me dejó frenarla, por el contrario empecé a acariciar las suyas, eso no me excitaba ni nada, lo hacía por reflejo a lo que ella me hacía y por que mis manos en esos momentos deseaban tocar algo y sus nenas era lo más cercano a mí, además de tener una textura agradable; no sabía ni que onda, de hecho su cuerpo en si no me provocaba la menor atracción en esos días, pero ahí algo que si es cierto; estar en esa situación era emocionante, tal vez por que a mi edad nunca antes había hecho eso con nadie.

Después de estar así un rato masajeando los senos la una a la otra la temperatura subió en el almacén y empecé a hacer ruiditos, se aprovechó de eso y volvió a intentar tocarme abajo, solo que esta vez no encontró ningún impedimento por mi parte, de hecho cuando me comenzó a tocar sobre el pantalón le ayudé separando un poco mis piernas para que pudiera desplazar con facilidad la mano, les diré que me llevó a tal extremo que al ver que le costaba trabajo desabrocharme el pantalón lo desabroché yo misma y bajé el cierre,  afortunadamente para mí y desafortunadamente para ella escuchamos pasos aproximarse, me puse mi playera rápidamente y acomodé mis pantalones, los pasos se siguieron de largo, eso me puso un susto de los de a deveras

Ale me tomó para regresar a lo que estábamos, pero el susto hizo que se me apagara el fuego y reflexionar de lo que estuve a punto de permitir. La verdad no estaba preparada para esa situación con ella, agradecía que no hubiera pasado a mayores, me intentó besar pero yo le pedí que nos fuéramos, en el camino a casa me la pasé callada, lloviznaba, y las dos caminamos cabizbajas, al llegar me despedí de un beso en la mejilla y entré a casa.

En cierto modo estaba arrepentida y enojada conmigo misma, por haber permitido aquello, eso no era correcto ni con un chavo, a lo mejor nos podíamos besar, hacía mucho tiempo que no lo hacía, necesitaba una válvula de escape para mis hormonas y hacerlo con una chava era divertido de alguna manera, era como una travesura, a la que tenía derecho a experimentar por mi edad, pero tener un faje era demasiado. Cómo iba a permitir que una amiga me tocara en mi parte, que yo le tenía tanto respeto? mi amiga no debería quitar mi virginidad con su dedo solo por estar caliente un rato,  por supuesto que no!

Al otro día hablé con ella para explique cómo me sentía por lo que había pasado, ella me pidió una disculpa y me dijo que no había sido su intención hacerme sentir mal y me prometió que nunca haría algo que no deseara.

Una semana pasó, y yo ya no estaba cómoda con ella. Una tarde después de clases tuvimos que asistir en la tarde al colegio por que resultó que el intendente de la escuela accidentalmente había tirado a la basura parte de los listones y las mantas que habíamos cortado, Así que la directora ordenó que “el grupito Ale”, (como nos conocían en la escuela) se reportara en el almacén en la tarde; después de hacer una lista de lo que faltaba, Andrea y Faby se fueron y nos dejaron encerradas “accidentalmente” en el almacén, en el momento en que ale me dijo que las llaves las había dejado en su casa, el corazón comenzó a latirme a prisa y las manos me sudaron en frio, estaba otra vez a solas con una chava que no sabía desaprovechar esas oportunidades.

Le sugerí que marcara a su mamá para que le trajera la llave y nos sacara de ahí, los siguientes 45min en lo que las laves llegaron, ale se comportó como una dama, no sentamos en el suelo y me ofreció su sudadera, afuera se oía que caía un diluvio y el almacén estaba helado, acepte por que titilaba de frio  y nos abrazamos para retener calor.

Me platicó muchas cosas que no sabía de ella, su padre se había ido con otra mujer cuando ella tenía 13, había tenido un novio hace tres años con el que se había clavado mucho y  después la dejó sin más ni menos, la pasó mal en los siguientes meses, hasta que una chica se portó muy bien y la ayudó a salir de su depre, después de un tiempo “se volvieron más que amigas” y con ella descubrió que las niñas le gustaban más que los hombres, tuvo una relación con ella de año y medio, que por cierto yo conocía, se  llamaba Fabiana precisamente. Después tuvo un par de novias más, pero nada serio, además me confesó que nunca había sentido algo como lo que sentía por mi, con nadie más.

Eso me dejó muy sorprendida, sentí que me tenía confianza y por otro lado no intentó ni siquiera besarme, ella me entendió totalmente, cuando llegué a casa me sentí más unida a ella. Las vacaciones llegaron,  Ale era un oasis en mi vida, todo era diversión y tomar todo con calma. Pronto los besos en la boca regresaron no así los contactos que yo consideraba inapropiados y ale lo aceptaba bien.

Con motivo de su cumple y de su graduación, la mamá de Alejandra y yo le organizamos una fiesta sorpresa en su casa, invitamos a unos cuantos compañeros de la escuela y estuvo padre, hubo alcohol y mucho relajo, pero terminó pronto, como a eso de las 11. Mientras le ayudaba a levantar el tiradero que se había quedado, nos dimos cuenta que estábamos desperdiciando valioso tiempo, y nos fuimos a la cocina a besarnos bien rico. Al poco tiempo, oímos la puerta, me dio un último besito y me hizo unas preguntas muy extrañas…

-Sandra, ¿me quieres mucho? -¿Llegarías a más conmigo?

No pude preguntarle de a que iba esa pregunta, por que Karen (su mamá)  entró a saludarnos y nos hicimos las disimuladas, pero estaba casi segura de haber entendido y eso  estuvo rezumbando en mi cabeza los siguientes días.

Como  era su pareja, por así decirlo, fui su invitada a su cena de graduación, eso era tan extraño, por supuesto no quería ir y le puse mil escusas;

-Mis papás no me dejarán…-Mi mamá los convence…-No tengo para el boleto…-Yo te lo invito… -No tengo vestido…-Te prestaré  uno bonito…

Total que cuando las escusas se me acabaron, no me quedó otra y acepté.

Estuvo a todo lujo,  me prestó un vestido color lila precioso, y ese día, la vi como nunca, en un elegante vestido negro que contrastaba con su tono de piel pero hacía juego con su cabello, tacones altos que presumían sus largas piernas, peinado de salón y maquillada, se veía muy bien, era la chava más guapa de toda la fiesta, aún que cuando se lo comenté a Andrea no estuvo de acuerdo y dio su voto a Faby, pero la verdad es que Alejandra atrajo todas las miradas esa noche y aunque ella  lo sabía, no hizo caso a nadie. Cenamos, bebimos un poco y bailamos para echar relajo con nuestras amigas y unos compañeros, cuando pusieron las baladas, tres chavos le pidieron a Ale que bailara con ellos, y a todos rechazó, Fabiana y Andrea, se pararon a bailar como pareja, y no disimularon nada, que era lo que yo no quería y por eso le dije a ale que prefería no bailar.

Al rato Julio se acercó y me pidió que lo acompañara en dos canciones, la primera lo rechacé pero la segunda  me animé a bailar con él, sabes si fue algo extraño, las copas que traía encima, me hicieron confundirme y sentirme bien con él, creí que era ahí donde pertenecía, mientras danzamos me di cuenta que Julio disfrutaba  tener la mirada fija de Ale en nosotros y se esforzaba en no perderla, me hacía comentarios en el oído y debo admitir que eran graciosos por eso me reía con él, a la siguiente canción las luces cambiaron y todos en la pista se abrazaron para bailar, incluso Faby y Andrea, las que tampoco nos perdían de vista, bailaron muy acarameladas. Yo también abracé a julio, cuando volteé a donde Ale, me pareció enojada, pero yo creí que no tenía motivo para enojarse conmigo, y no hice caso.

Además la loción de Julio y la firmeza con la que dirigía nuestros pasos me hacían pasar un rato bien, así que cerré los ojos y me dejé llevar, alguien tocó mi espalda por atrás e interrumpió lo que pensaba, al voltear a ver quien era el inoportuno, se trataba de Faby que señalaba hacia donde se supone estaba sentada Ale,  no estaba ahí ni su bolso ni su abrigo, la busqué y la pude ver aproximarse con paso decidido a la salida, sin pensarlo solté mi pareja y corrí por mis cosas a la mesa y después a ella, la tomé por un brazo para detenerla, ella se soltó y dijo gritándome:

-Que, poca tienes Sandra – sin mirarme a los ojos-Por que ella lloraba.

Por un momento no supe lo que debería hacer, pero después fue claro no podía dejarla irse así, pegué otra carrera para ir por ella, ya estaba en la calle.
Siguiendo su paso apresurado, le pregunté:

– ¿A dónde vas Alejandra? -No te importa ¿o si? -Es muy noche para caminar por aquí…

Ella volteó y me dijo enojada como nunca la había visto – Regrésate a bailar con el pendejo ese y déjame en paz.

No supe que responderle y solo la seguí esperando a saber que decirle.

-Ale no me hagas esto, déjame explicarte. -¿Qué? ¿ te gusta? -No, ya,  detente vamos al salón y tranquilízate -No quiero saber nada de ti.

La tomé de nuevo y le dije, tú eres la que me gustas.

Se detuvo  y me dijo, – Déjame sola. – Te lo juro- la abracé con mucho cariño…

Primero puso resistencia, después no solo se dejó sino que también me abrazó sin dejar de llorar, la sentí tan frágil, sus delgada espalda que no dejaba de brincar por el llanto y sus tiernos sollozos de niña me partieron el corazón, yo lo había provocado. Me llevó un rato tranquilizarla, pero lo logré, con cariños y besos, y expresándolo mi cariño que le tenía, se convenció de regresar a la fiesta.

Nos metimos al baño y se enjuagó la cara, cuando salió la única niña que había dentro, puse el pasador del baño y la besé, para demostrarle lo que le había dicho, me besó con mucho amor, ambas no sobresaltamos un poco, ella me tomó por la cintura y yo puse mis manos sobre sus hombros, me sentí muy confortada de verla contenta de nuevo, con la humedad de sus labios en los míos, que se chupaban con tanta familiaridad, el contacto de nuestras bocas y la mezcla de nuestras salivas era algo ya natural, besaba muy rico, abríamos nuestras bocas y lo hicimos más profundo, cuando escuchamos que alguien quería abrir la puerta por fuera nos separamos y limpiábamos nuestras bocas con las manos, quitamos el pasador y salimos riendo tomadas de la mano.

Fuimos a platicar a la terraza posterior del salón, donde apenas había dos parejas más, estuvimos mirando la bonita vista que proporcionaba el lugar, platicamos de muchas cosas, especialmente de lo que sentíamos la una por la otra y me dijo por primera vez que me amaba y que nunca había sentido algo así por nadie, yo le contesté algo parecido, aunque no estaba muy segura de ello, la fiesta seguía, el conjunto paró de tocar y llegaron los mariachis, pero nosotros la estábamos pasando bien a solas, cuando su mamá le avisó por teléfono que nos esperaba afuera para llevarme a casa, nos dimos un beso en la boca más, con el riesgo que alguno de los pocos que quedaban dentro, nos mirara, pero nada nos importaba

Fuimos por las otras dos que estaban sentadas a una mesa cansadas de divertirse , Andrea  dormitaba en el hombro de Faby, su mamá nos repartió en nuestras casas, a ellas las dejamos en casa de Andrea, donde, según Ale, no había nadie pues sus padres habían salido de viaje y aprovecharían para tener su primera vez.

Autora: Sandra W

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