La ventana de enfrente

Abrí la boca y empecé a mamar al ritmo que Checho me hacía mamar, empujaba sus caderas y me empujaba la cabeza con sus manos. Me tuvo mamando no sé cuánto. Después me hizo acostar boca arriba en la cama para chupar mi vagina, darme suaves mordiscos en mi clítoris y jugar con sus dedos dentro de mi vagina y dentro de mi ano. Me excité bastante con sus caricias.

Eran las 11 de la mañana de un día viernes y recibí una llamada de un hombre que no conocía. Me dijo que se llamaba Checho y que me llamaba porque un amigo suyo le había hablado de mí y le había dado mi número de teléfono y le había dicho que yo era una chica alegre, flaquita y muy mamadora. Me reí mucho cuando dijo eso y me preguntó si era verdad. Yo le respondí que sí y sonreí. Entonces Checho me dijo que quería invitarme a su apartamento por la tarde. Acepté ir al apartamento de Checho sólo cuando me dijo que había sido Pablo quien le había dado mis datos.

Había suficiente tiempo para llegar a la cita entonces tuve tiempo de ducharme convenientemente para la cita y colocarme un vestuario como me había pedido. Llegué a su apartamento 10 minutos antes de la hora en que me había citado. Como era un día caluroso me pidió que fuera con un vestuario muy fresco y juvenil. Me coloqué un muy pequeño top de color blanco y debajo no llevaba nada. Me puse un jean ajustado y debajo una tanga hilo blanca. No usé medias y utilicé unos zapatos blancos bajos sin tacón. De todas formas me coloqué una chaqueta negra encima de mi vestuario para no despertar la lujuria de los hombres por la calle.

Llegué por la tarde a la puerta del apartamento de Checho y me desabroché la chaqueta antes de que abriera. Checho abrió la puerta y me felicitó por ser tan puntual. Me dijo que era la primera vez que una chica le llegaba 10 minutos antes. Sonreí pero no le dije nada. Checho me ayudó a quitar la chaqueta y me hizo dar un par de vueltas delante de él para mirarme por todos lados. Me ofreció algún licor para beber pero le dije que prefería un jugo de naranja y me llevó hasta su cocina para sacarlo de la nevera. Checho sacó una cerveza para él. Volvimos a la sala.

Nos sentamos un momento en la sala mientras entrabamos un poco en confianza. En el sillón grande me senté en la mitad y Checho se sentó junto a mí abrazándome y uniendo su cuerpo al mío. Le pregunté qué tanto le había hablado de mi Pablo y me dijo que le había dicho todo de mí. Con Pablo he tenido sexo varias veces y me conoce bastante bien, así que no le pregunté más. Checho le preguntó por mi edad y por mis gustos sexuales para confirmar todo lo que le había dicho Pablo. Me dijo que si era cierto todo lo que le había dicho Pablo de mí, me tendría con él un par de horas.

Checho me empezó a acariciar todo mi cuerpo por encima de la ropa y avisarme en las mejillas, junto a la boca y en el cuello. Metió una de sus manos dentro de mi top y al comprobar que no tenía brassier se excitó mucho, lo noté de inmediato. Coloqué mi mano sobre su pantalón y tenía una buena erección. Pronto me quitó el top, pero cuando fui a desabrochar mi jean, me retiró bruscamente las manos y me dijo que él mismo me iba a desnudar. Lo miré pero no dije nada. Entonces se agachó un poco y me quitó los zapatos. Me acarició los pies y subió por mis piernas acariciándome sobre el pantalón con sus manos hasta llegar a mi vagina y acariciarme por encima del pantalón bastante fuerte, diría que un poco rudo. Checho me miraba y me besaba en el cuello y sin dejar de abrazarme empezó a chupar mis pezones, ambos, los alternaba como para que sus chupadas fueran iguales en ambos y pronto mis pezones se endurecieron. Eso excitó más a Checho.

Checho desabrochó mi pantalón y acarició mi vientre jugando con mi tanga hilo. Rápidamente Checho abrió su pantalón y sacó su verga erecta y sin decir nada colocó mi mano sobre su verga para que se la agarrara. Se la acaricié suave pero Checho me pidió que lo masturbara fuerte. Apreté un poco más y lo masturbé más fuerte pero lento. Checho me miraba con mucha lujuria, yo quería saber qué estaba pensando pero no fui capaz de preguntarle. Checho me hizo poner de pie delante de él y me quitó el jean. Sólo me dejó con la tanga hilo. Me excitaba verlo sentado con su verga erecta fuera del pantalón y mirándome con lujuria.

Me pidió que caminara varias veces, de lado a lado, delante de él para mirarme. No sé cuántas veces me hizo andar de lado a lado, pero mientras yo lo hacía que él se masturbaba y me miraba. Yo lo miraba de vez en cuando. De pronto me dijo que me acercara y me hizo poner de espaldas a él para besar mis nalgas, ambas, varias veces. Luego me bajó lentamente la tanga hilo hasta que me la quitó, la acarició, la olió y la besó varias veces. Yo lo miraba de lado. Metió una de sus manos por entre mis piernas para acariciar mi vagina y con la otra empezó a acariciar mi ano. Yo miraba su erección y a veces lo miraba a la cara.

Checho se puso de pie y sin decir nada agarró una de mis manos y me hizo agarrar su verga. Me dijo que no la soltara. Entonces me abrazó y me llevó caminando despacio hacia su habitación, mientras aprovechaba para manosear mis nalgas. Yo apenas llegaba a la altura de los hombros de Checho. Las cortinas de su habitación estaban abiertas y al frente había un edificio desde donde se podría ver todo. Traté de decirle que cerráramos las cortinas pero cuando adivinó lo que yo le iba a decir, me dijo que no, que a él no le importaba que lo vieran culeándome y evidentemente no le importaba lo que cualquiera que me viera pudiera decir de mí. Sin soltar su verga se terminó de abrir su pantalón y sólo la solté cuando se quitó los pantaloncillos y el resto de su ropa. Parado junto a la cama sin decirme nada me abrazó y me acerco a él, manoseó con ambas manos mis nalgas y me apretó contra él haciéndome sentir su verga dura en mi vientre.

Checho tenía unos 45 años, tenía muy buen cuerpo aunque empezaba a notársele un poco la panza y especialmente tenía buena verga y me excitaron mucho sus testículos grandes y totalmente afeitados. Quise preguntarle por qué se afeitaba los testículos pero no fui capaz. Parado junto a la cama, sin decir nada me agarró de los hombros empujándome hacia abajo haciéndome arrodillar. Su verga quedó frente a mi cara y sin decir nada con una mano me la puso frente a la boca y con la otra empujó mi cabeza hacia él. Abrí la boca y empecé a mamar al ritmo que Checho me hacía mamar, porque empujaba sus caderas y me empujaba la cabeza con sus manos. Me tuvo mamando mucho tiempo, no sé cuánto. Después me hizo acostar boca arriba en la cama para chupar mi vagina, darme suaves mordiscos en mi clítoris y jugar con sus dedos dentro de mi vagina y dentro de mi ano. Me excité bastante con sus caricias y gemí bastante.

Después me hizo colocar en cuatro y besó y jugó con su lengua en mi ano, me excité mucho y gemí bastante. Se puso un condón y escupiendo mi ano jugó con sus dedos dentro de mi hasta que empecé a sentir que estaba empujando su verga mientras me sostenía por mis caderas. Gemí más fuerte cuando empecé a sentir que me empezaba a penetrar sin detenerse y sin importarle que me doliera un poco. Le gustaban mis pequeños gritos y gemidos. Yo me agarraba de las almohadas y seguía gimiendo, y cuando traté de colocar mi cara contra una almohada, me agarró del cabello para evitar que lo hiciera y poder escuchar mis gemidos, sin soltar mis caderas con la otra mano. “Qué buen culo tienes, Pablo tenía razón”. Así me tuvo mucho tiempo, sin soltarme del cabello ni las caderas, ni detener sus caderas golpeando contra mis nalgas. Yo estaba cansada por la posición en que me tenía, pero aguanté todo lo que pude.

Sentí un gran alivio cuando me soltó y sacó su verga de mí. Se acostó boca arriba y me dijo que me sentara encima de él, pero clavada otra vez por el ano y de frente él mirándolo. “Cabalga puta”, me dijo y con sus manos en mis nalgas me ayudaba a subir y bajar. Así me tuvo varios minutos, hasta que me pidió que me acostara boca arriba, para montarme. Me levantó las piernas hasta sus hombros y con gran habilidad le volvió a penetrar por el ano, cada vez más fuerte, más rápido, más rudo. Yo gemía cada vez más fuerte y más rápido. Supe después que estaba eyaculando porque gemía y hacía gestos, y se movía diferente. Cuando terminó, se levantó, miré el condón lleno de semen, y se fue al baño, dejándome allí tirada sobre la cama. Miré por la ventana pero no vi a nadie en el edificio de al frente.

Checho regresó con la verga lavada. La tenía fría por el agua, pero aún erecta. Se subió a la cama de pie y me dijo que me arrodillara y se lo siguiera mamando. Así lo hice para que no perdiera totalmente la erección, y cuando lo tenía otra vez duro, se puso otro condón, me acostó boca arriba y se montó sobre mí, para darme una fuerte cabalgata penetrándome por la vagina, hasta que se botó de nuevo. Otra vez se levantó, le vi un poco menos de semen en el condón y fue al baño a lavarse. Yo seguí tirada en la cama, esperándolo.

Cuando regresó se acostó junto a mí, me abrazó, y me besó en  el cuello y las mejillas y me dijo: “estás sabrosa, Pablo tenía razón”. Su verga ya estaba flácida y más pequeña. Encendió a control remoto el TV y el reproductor de DVD y empezamos a mirar una película pornográfica, donde 2 hombres tenían sexo con una sola chica. Me preguntó que si me gustaban los tríos, y le dije que si. Me dijo que le gustaría hacer un trío conmigo. Le respondí, que cuando quisiera. Me recosté sobre su pecho, pero noté que se quedó dormido unos minutos después. Seguí mirando la película pornográfica, escuchando los gemidos de la chica, sentada encima de un hombre que la penetraba por la vagina, y el otro por el ano. La chica se divertía y yo me imaginaba en su lugar, imaginando que Checho era uno de esos hombres.

Cuando se despertó Checho, la película continuaba y me pidió que me agachara sobre él a mamárselo. Cuando lo tuvo duro me hizo sentar encima de él primero penetrada por la vagina y después por el ano. Antes de eyacular me hizo poner en cuatro, me penetró por el ano, me agarró de nuevo por el cabello y con la otra mano de mis caderas, hasta que terminó. Gemí todo el tiempo. Cuando se fue para el baño a quitarse el condón y lavarse, lo miré pero le había salido poco semen. Pensé: “creo que no va a querer más”. Me quedé tirada en la cama esperándolo. Cuando regresó me dijo: “puedes irte”.

Salí a la sala, recogí mi ropa tirada en el piso, me vestí, fui al baño a orinar y peinarme. Checho acostado en su cama, solamente con el pantaloncillo puesto me dijo: “yo te vuelvo a llamar otro día, cierra bien la puerta al salir”. Checho apagó el TV y el DVD y cerró los ojos para descansar.

No supe si alguien me vio en el edificio de al frente, porque algunas ventanas tenían las cortinas totalmente cerradas, otras totalmente abiertas y otras un poco abiertas. Caminé algunas calles mientras buscaba un taxi para ir a mi casa. En eso me llamó Pablo muy emocionado a contarme que Checho había quedado muy satisfecho conmigo y muy agradecido con él por haberle dado mis datos y en agradecimiento Checho lo invitaría en los próximos días a su apartamento a beber, a ver porno y a divertirse con un par de chicas, pero me advirtió que si Checho cumplía su invitación, Pablo me llevaría a esa fiesta. Le pregunté si yo sería la chica de él o de Checho y sonriendo me dijo que eso lo decidirían entre ellos. Pablo me preguntó si estaba libre para esa noche, le dije que sí y me pidió que fuera a su apartamento a darle sexo a las ocho de la noche. Le dije que sí.

No habían pasado diez minutos de haber salido del apartamento de Checho cuando timbró mi teléfono, contesté y me habló la voz de un hombre maduro que dijo llamarse don Vito. Le pregunté si ése era su nombre y me dijo que no pero que así le podía decir. Le pregunté quién le había dado mi teléfono y me dijo: “soy un vecino de Checho, vivo en el edificio de al frente”. Le pregunté cómo se había enterado de mí, y me dijo que me había visto desde cuando entré a la habitación de Checho, hasta cuando salí del edificio. Me dijo que quería que fuera a su apartamento a darle el mismo tratamiento que a Checho. Me dijo que si podía ir de inmediato.

Miré el reloj, hice mis cálculos, y le dije que sí. No estaba lejos, regresé caminando. Cuando llegué a la puerta del edificio donde vivía don Vito, vi a Checho mirando por la ventana mientras me anunciaba en el citófono de la puerta. Don Vito desde su apartamento me abrió la puerta para entrar al edificio. Checho seguía mirando mientras yo entraba. Checho y don Vito vivían en el tercer piso, uno justo al frente del otro.

Autora: Camila

camilitarod@live.com

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