Que se quema el sofrito (1)…

Hacía calor. Acababa de salir de la ducha y ya estaba sudando, así que decidí no secarme el pelo y ponerme únicamente un tanguita negro. Me encantaba andar por casa con ropa interior femenina. La noche había sido larga, húmeda y placentera y me había despertado tarde, era casi la hora de comer. Me puse el delantal, eché un chorro de aceite de oliva en la sartén y piqué la cebolla y el pimiento verde con el que hacer un sofrito para hacer la salsa boloñesa con la que acompañar unos espaguetis.
Sería el ruido de la campana o el de la verdura crepitar en la sartén, pero el hecho es que no le oí acercarse. De repente sentí su aliento en mi cuello, su lengua en mi nuca, su mano derecha entre el delantal y mi pecho pellizcando mis pezones, su mano izquierda sobando mi paquete. Me estremecí
Notaba palpitar las venas de su polla mientras la restregaba entre mis nalgas, hubiera podido contar sus pulsaciones si no fuera porque entonces mi mente no estaba pensando precisamente en números. Apenas podía moverme rodeado por sus brazos, aprisionado entre su cuerpo y la encimera.
-Edelmiro, que se va a quemar el sofrito-, acerté a musitar.
Dejó de chupar el lóbulo de mi oreja, -que le den por culo al sofrito-, me susurró al oído.
Pensé en aquel mismo momento que fuera cual fuera el destino del sofrito a mí no me iba a salvar ni el apuntador.
Conseguí desembazarme lo justo para darme la vuelta. Me miro a los ojos y dijo:
-Cómemela- Seguro, seco, rudo.
Me arrodillé, bese su paquete cubierto aún por el slip. Le miré desde abajo a los ojos mientras deslizaba su calzoncillo hasta las rodillas. Bese su glande deslizando cuidadosamente la piel de su prepucio con la mano, lamí la punta y baje por el tenso frenillo. Me entretuve con los bordes de su capullo.
Escuchaba su respiración y sus primeros gemidos y estimulado por ellos fui bajando con la lengua alternando lamidas y besos hasta el nacimiento de sus pelotas. Acurrucándome como buenamente pude le lamí sus pelotas, metiéndome sus huevos en la boca y me entretuve con su periné, su polla golpeaba mi frente, y el la ayudaba con la mano.
Sus gemidos aumentaron, saqué la cabeza, le miré nuevamente a los ojos. No me aguantaba más, necesitaba sentir toda su verga en mi boca. La ensalivé bien para ayudarla a deslizarse, y empecé a tragar lentamente cada centímetro de su carne respirando profundamente por la nariz.
Suspiró.
Mi polla luchaba por reventar la tela del tanga con desesperación. Él comenzó a follarme la boca, agarrando mi cabeza con sus manos para acompasar el ritmo, aunando firmeza y delicadeza. Ahora lento, ahora más rápido y poco a poco cada vez con más violencia. Su glande golpeaba la cara interna de las mejillas, tropezaba con mi úvula, machacaba mi lengua…
Sentí que cesaba el ritmo, que tensaba su cuerpo, oí su gruñido y por una milésima de segundo anticipé lo que llegaba. Noté un chorro caliente en la garganta, su sabroso y viscoso jugo llenando mi boca. Lo saboreé, lo disfruté, me relamí, recogí con mis dedos lo que pude de entre los que mis labios derramaban por no poder contenerlo, limpié su falo, sorbí las últimas gotas que brillaban en su glande y me sentí dichoso por su regalo.
-Vamos a la cama-, me dijo mientras me daba un azote cariñoso. Todo no había hecho sino comenzar.

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Historias de Viana 4: Descubrimientos y Pasos Pequeños

Descubrimientos y pequeños pasos, eso es lo que Nico y yo llevamos haciendo los últimos dos meses, confesiones también, de esas que te dejan un gran alivio dentro, como si se te quitara un enorme peso de encima. Hace dos semanas me invitó a cenar a su casa, hablando con Marco me sugirió que llevara algo, por ejemplo una o dos botellas de vino, así que lo hice de esa manera, fui a un supermercado y compré dos botellas de vino blanco de ese gallego que está tan delicioso, y me fui a su casa, no me puse nada especial …

Solamente un vestido negro sencillo suelto con un cinturón de color bronce y unas bailarinas, eso si, me puse uno de mis perfumes favoritos L’ EAU de Chloé que mi hermana me regaló en mi último cumpleaños, llamé a la puerta y me abrió completamente cubierto de harina y de cacao en polvo, había entendido mal la hora y llegué antes de tiempo pero pareció no importarle en absoluto, me llevo hasta la cocina y cogió el vino para meterlo en la nevera.

-Me has pillado terminando el postre.- dijo.

-¿Qué estás haciendo?.- pregunté.

-Tarta de tres chocolates pero me he saltado la receta y le estoy poniendo tres chocolates negros en diferentes formas, mousse, brownie y praliné con avellanas.-

-Sorprendente, un chico que cocina.-

-Soy un chico multiusos.- dice riéndose. -En realidad cocinar me relaja, de pequeño mi madre nos obligaba a mis hermanos y a mí a ayudar, luego descubrí sus beneficios, hay gente que hace punto de cruz, otros crucigramas, otros cocinamos, luego cuando me fui a vivir solo pues me dio por hacer cursos de cocina, odio los precongelados y toda esa comida que viene envasada y que es meterla en el microondas y ya, sí, tengo cosas por si algún día no me da tiempo a hacer la comida, pero trato de evitarlas.-

-A mí también me gusta cocinar, sobretodo la repostería, aunque no se me da tan bien como me gustaría.-

-Todo es práctica.- me respondió sonriendo.

Le observé terminar de cocinar, me manda poner la mesa y lo hago, luego termino de ayudarle mientras él va a darse una ducha rápida, vuelve con unos pantalones de color negro y una camisa azul pálido, empezamos a cenar, ha comprado foie y lo ha frito aderezándolo con oporto y lo ha puesto con panecillos tostados, pescado al horno con patatas y verduras y por último la tarta. Cuando sirve la tarta se sienta más cerca de mi, me mira y me sonríe, me encanta cuando lo hace, coge su cuchara, un trozo de su tarta y me la mete en la boca, luego me besa, su lengua extiende por mi boca el trozo de chocolate, luego yo le imito, meto un trozo de mi pastel en su boca y le beso, me acaricia una mejilla, me coge de la mano y me obliga a levantarme.

-Quiero verte Viana.- me dice.

-Verme como.-

-Sin barreras.-

Asentí, dejé que me viera sin esas barreras que para él era la ropa, dejé que me desabrochara el cinturón, él se quitó la camisa para no hacerme sentir cohibida, me quitó el vestido dejándome en ropa interior.

-Me encanta lo que veo.- me dijo.

Yo me dirigí a sus pantalones, la cintura es eslástica así que se los bajé y él se los sacó por los pies, le observé.

-También me encanta lo que veo.-

Pensé que empezaría a quitarme la ropa interior, llevarme a su cama y follarme toda la noche, lo deseaba pero no lo hizo, me tocó los pechos sin querer ir más lejos, nos sentamos en el sofá y me abrazó.

-Cuéntame cosas sobre ti.-

-Cosas como cuales.- le pregunté.

-Cosas, que te gusta, que te disgusta, empezaré yo, me encanta el chocolate, el vino blanco, viajar, el paintball, leer novela histórica y de fantasía, Star Wars, el mar, los acuarios y paro de contar porque no terminaría nunca, no me gusta la gente cotilla, me disgusta muchísimo, tampoco que te utilicen, que te den falsas esperanzas.-

-Ohhh, de eso útimo entiendo bastante, mi ex novio estaba liado con otra, y no fue una vez nada más.- le conté.

-Mi novia, ex novia se largó a trabajar fuera, dio por sentado que dejaría mi trabajo y todo para irme con ella, no dudó en romper conmigo.-

Seguimos hablando otro rato, en ese rato no dejó de acariciar mi cuerpo, nos quedamos un rato en silencio hasta que de repente decidió cambiar el juego, me hizo levantarme, me puso delante suyo y me quitó toda la ropa interior, se sentó un me observó, hasta que empezó a tocarme de nuevo, pasó sus manos por mis muslos, mi vientre, empezó a hacerme cosquillas con su lengua empezando por cada uno de mis pechos y bajando hasta mi ombligo, es genial sentir sus manos sobre mi piel, sigue descendiendo, mete una de sus manos entre mis muslos y empieza a tocarme. De repente deja de hacerlo, se levanta, puedo ver la enorme tienda de campaña que tiene entre sus piernas, a los pocos segundos vuelve con un bote de aceite de almendras, se pone un poco en sus manos pero antes de dejarle tocarme me pongo de rodillas y le bajo los calzoncillos dejando libre su bonita y dura erección, él me levanta y se sienta diciéndome con la mirada que espere, extiende el aceite por mis pechos y comienza a masajearlos durante un rato, baja sus manos hasta llegar a mi sexo, lo llena todo de aceite, me manda abrir un poco las piernas, lo suficiente para meter dos dedos dentro de mi, pero la sensación más indescriptible es cuando siento su lengua sobre mi clítoris, de mi boca salen sonidos que no se entienden, me encanta lo que está haciendo, soy tan virgen en estas cosas que es alucinante, me abre más las piernas y su lengua está ahora a la entrada de mi vagina, la humedece para poder volver a meter un dedo y follarme con él, no tardo en empezar a pedirme que me meta otro, que me lo haga duro, y obedece, contraigo los músculos de mi vagina de manera instintiva cuando esa enorme sensación de placer me invade.

Le miro, me mira, me sonríe, le sonrío, me pongo de rodillas y empiezo a tocar su duro pene, paso los dedos por su glande, y decido sustituirlos por mi lengua, le doy lametazos suaves, hago movimientos circulares mientras maseajeo sus testítulos. Me anima a que me meta toda su polla en la boca, nunca antes había hecho esto, él ha debido darse cuenta por culpa de mi inseguridad al hacerlo, me va guiando, su polla va penetrando lentamente mi boca hasta que ya no puedo metérmela más porque me dan arcadas, la dejo unos instantes dentro para acostumbrarme, y luego empiezo a mamársela, a chupársela como si fuera un chupachups, le debe estar gustando porque le oigo gemir, saco su pene de mi boca y mi lengua va directamente a sus testículos, los muerdo y eso le pone a 100,  le masajeo a la vez el tronco del pene con una de mis manos, y cuando termino con sus testículos vuelvo a metérmelo en la boca, se lo chupo cada vez más rápido, dándole de vez en cuando ligeros mordiscos en el glande pero sin hacerle daño, de repente me aparta y de su interior sale disparado un denso líquido blanco que da de lleno contra mis pechos, con mis manos me lo extiendo sobre ellos, haciendo que eyecule nuevamente, cuando termina se queda relajado, se acerca a mi y me besa.

-Otro paso más.-

-¿No me vas a follar?.- le pregunto directamente.

-Hoy no, vayamos despacio, me gustas Viana, quiero que esto salga bien y muchas veces las prisas son malas.-

-Vale, me ha encantado la cena.-

-A mí me ha encantado más el postre completo.-

Vuelve a besarme, se levanta y me trae una toalla mojada para que me limpie, empiezo a vestirme, él se pasea desnudo, tiene un cuerpo para mi perfecto.

-¿Desayunamos mañana juntos?.-

-Eso no se pregunta.-

Se pone algo encima, me acompaña a la puerta y se despide de mí con un beso.

FIN

HISTORIAS DE VIANA 5:  Paintball  … PRÓXIMAMENTE

NOTA DE LA AUTORA:esta historia es ficticia, sus personajes no son reales. Aunque en esta parte si que hay una fantasía que ojalá pudiera cumplir, la de que un hombre cocine para ti, mi marido es mejor que no entre en la cocina porque entonces te puedes pasar horas limpiando, algún día conseguiré que cocine para mí.

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