Mi historia y perversión por la lencería

Se dirigió a mi aparato, me bajó un poco el tanga hasta la altura de los muslos y me la chupó como nunca ninguna mujer lo había hecho, colocó su miembro en mi cara y me pidió que se la volviera a chupar, lo hice y nos fundimos en un gran 69 y así, nos corrimos los dos.

Hola. Esta es la primera vez que escribo, me presentaré, mi nombre es José, tengo 31 años y soy de España. Mi preferencia sexual es heterosexual y lo sigue siendo, pero desde muy joven, he sentido una predilección especial hacia la ropa interior femenina, braguitas, tangas y culotes (o como se escriba). Me solía poner las braguitas de mi hermana cuando estaba solo en casa, me sentía súper excitado al sentir esas dulces prendas en mis partes más íntimas e irremediablemente, acababa masturbándome y derramando una gran cantidad de leche.

El tiempo fue pasando y fui dejando a un lado esa “perversión” hasta que tuve una novia y me fui a vivir con ella. Ella siempre llevaba tangas y mis deseos de poder ponerme una de sus tangas iba en aumento hasta que un día no pude más y cuando ella se fue a trabajar, fui corriendo hasta el cajón donde guardaba su ropita interior, cogí un tanguita color rosa de seda, me desnudé y empecé a ponérmelo, mi polla se endurecía cada vez más al sentir ese tanga subir por mis piernas, cuando me lo terminé de poner, me sentía genial, nunca olvidaré como el hilo dental me violaba mis nalgas, ¡que sensación! Me excité tanto que acabé haciéndome fotos con el teléfono móvil frente un espejo, ¡cuánto me arrepiento de haber borrado esas fotos!

Los días fueron pasando así, cuando ella se iba, yo repetía ese ritual e incluso me ponía una minifalda que le había regalado, que no por error, había comprado con una talla mayor a la suya. Me sentía bastante puta y eso me gustaba muchísimo, fantaseaba con que un hombre llamaba a la puerta y al verme me obligaba hacer todos sus deseos, y acababa masturbándome imaginando una polla en mi boca. A veces, incluso pensé en prostituirme, cuando ella no estaba en casa, coger una mochila y meter la ropa de mi novia y salir a la calle,  cambiarme en un descampado y esperar a que algún macho me hiciera sentir una putita, pero nunca llegué a hacerlo.

Esa historia se acabó e intenté olvidar el contacto de los hilos dentales en mi ojete, pero esa sensación era muy persistente y fuera donde fuera, me perseguía, así que, un día, entré en una tienda de todo a cien y me compré un precioso hilo dental color rosa, muy parecido al que me puse por primera vez, entré en un bar y me dirigí al servicio, me encerré y me puse el tanguita que, momentos antes había comprado. ¡Oh, que delicia volver a sentirlo en mi piel! Me volví a poner el pantalón y salí del aseo, sentía muchos ojos mirándome, aunque no fuera cierto, eso me ruborizó, pero a la vez, me hacía sentir una guarrilla.

Ese día, decidí contratar los servicios de una transexual, miré en el periódico los anuncios por palabras, y busqué en contactos. Allí se anunciaba una transexual de 22 años activa, pasiva y que recibía con minis muy cortas, me decidí y la llamé, nos citamos media hora después en su casa particular. Mi excitación iba en aumento y el pequeño tanguita ya no podía sujetar el tamaño de mi miembro duro y erecto. Llegué a la dirección que me había dicho y me recibió una señorita morena de pelo largo alta y con un traje de tirantes muy corto que no dejaba mucho a la imaginación.

Nos saludamos y me condujo a una habitación con una cama y un armario, puso una película porno donde un chico se la chupaba a una transexual, eso aún me puso más caliente, me invitó a una cerveza y empezamos a besarnos, rápidamente sentí como su polla crecía en respuesta a mis caricias, sin saber como sucedió, me vi de rodillas en el suelo levantándole la mini, sacando su enorme pene e introduciéndomelo en la boca. ¡Mmmmm, qué rica estaba! Después de un buen rato así, nos desnudamos y al ver que llevaba tanga, sonrió y me dijo:

-No sé quién es más puta de las dos.

No acerté a decirle nada, sólo sonreí coquetamente. Me pidió que me lo dejara puesto un rato, que me veía muy bien con él. Nos tumbamos en la cama y volvimos a besarnos, sus manos acariciaban mi cuerpo y mis manos sólo buscaban su polla, quería sentirla entre mis dedos, masturbarla. Ella, se dirigió a mi aparato, me bajó un poco el tanga hasta la altura de los muslos y me la chupó como nunca ninguna mujer lo había hecho, colocó su miembro en mi cara y me pidió que se la volviera a chupar, lo hice y nos fundimos en un gran 69 y así, nos corrimos los dos, ella se tragó toda mi leche sin dejar una gota, yo quise hacer lo mismo y no dejé que se fuera en otro sitio que no fuera en mi boca. ¡Qué sabor más bueno tenía! y aunque sólo habíamos lamido nuestras pollas, me quedé muy satisfecho, nos despedimos y me fui a casa feliz.

Esa experiencia me hizo desear más, volví a citarme con prostitutas transexuales y les pedía que me vistieran de chica por completo y me trataran como una puta, una de estas, incluso llamó a unas amigas suyas a que fueran a su casa y poder presentarme bajo el nombre de Priscila. ¡Buf! me sentía súper puta y me gustaba serlo. Nunca dejaba que me penetraran, sólo quería sentirme una puta y comerles la polla.

Pero dentro de mi cerebro, nacía una nueva perversión: ¿A qué sabría la polla de un chico?

Así que un día, me puse un pantalón blanco bastante transparente, me compré otro tanguita color rojo y volví a ponérmelo en los aseos de un bar, pero no me iba a mover del bar, esperando que algún hombre me dijera algo de mi tanga recién estrenado, porque al sentarme en la banqueta, dejaba verse el triangulillo de la parte trasera.

Los hombres que había en el bar y los que iban entrando y saliendo, se fijaban y miraban mucho mi trasero o mejor dicho, la parte que se veía del tanguita, pero ninguno, me dijo nada. Eso me frustró mucho, aunque me pusiera muy cachondo sus miradas. Lo intenté varios días más sin éxito, probaba con otros tangas, pero nada de nada, incluso me contoneaba al dirigirme al baño, esperando que alguno entrara detrás de mí y me dijera:

-Quieres polla, ¿verdad? ¡Pues toma esta!

Pero, nunca ha sucedido. Así que, aún espero poder saborear el miembro de un hombre y poder sacarle todo su jugo. Bueno, esta es mi historia, por el momento. Quizás pueda volver a escribir sobre mi experiencia con un hombre, pero por ahora no puedo. Mientras si lo deseáis podéis enviarme tus comentarios y me contáis si os a gustado mi historia o no.

Besitos.

Autor: chicoentanga

chicoentanga78@hotmail.com

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