El instituto

De repente y sin avisarme me clavó toda la polla en mi coño, parecía que me taladraba. Yo no podía aguantar el dolor de tener aquel enorme nabo dentro de mí y empecé a gemir como una guarra. Él me decía que no gritase porque cualquiera podía entrar en cualquier momento. Tengo que reconocer que la idea de que alguien nos pillase me daba demasiado morbo y me ponía más caliente todavía.

Hola, mi nombre es Iria y os voy a contar una historia que me ocurrió hace 2 años en mi instituto, cuando tenía 18 años.

Siempre he sido una chica bastante deseada por todos, algo que me encantaba ya que disfrutaba luciéndome y poniendo cachondos a los tíos con la ropa que llevaba. Mido 1,70, tengo el pelo castaño oscuro, largo y liso, ojos verdes, delgada y por lo que me dicen, unas tetas y un culo deliciosos.

En mi clase había un chico llamado Roberto que era guapísimo, tanto que todas las chicas de la clase o mejor dicho, de todo el instituto lo deseaban. Medía 1,80 aproximadamente, moreno, con el pelo corto de punta y las patillas largas y finas y los ojos de color castaño. Era delgado, pero fuerte, tenía un cuerpo bastante trabajado, pero lo que más destacaba de él era su paquete.

Llevara la ropa que llevara siempre se le notaba un bulto estupendo en su entrepierna, no hace falta decir que yo siempre me fijaba en ello. A mí me gusta vestir muy provocativa, siempre con pantalones ajustados y minifaldas y por supuesto tanga.

Roberto solía llevar vaqueros, dockers, camisetas ajustadas, y rara vez iba con chándal. Los vaqueros le quedaban geniales, porque le hacían un culo delicioso. Los que más me gustaban eran los de color blanco, me parecían los más sexys porque marcaban más paquete. Un día en un examen de historia tocó el timbre, pero yo aún no había acabado. A la hora siguiente teníamos el recreo por lo tanto podíamos coger la media hora entera para acabarlo. Quedábamos 5 en clase y el profesor nos dijo: “Id entregando que tengo clase la hora siguiente” y entre esos cinco estaba Roberto.

Ese día no iba muy arreglado como otros días, pero estaba igual de atractivo. Llevaba un pantalón de chándal de color azul y una camiseta blanca ajustada que le marcaba los pectorales. El pantalón era bastante flojo y se le notaba perfectamente el pene, sobre todo de perfil. Cuando se levantó dirigiéndose hacia la mesa del profesor para entregar el examen pasó por mi lado y evidentemente me fijé en él. Yo también había acabado, pero quería esperar a que entregase Roberto para poder verlo de arriba a abajo. Cuando regresaba de la mesa del profesor Roberto volvió a pasar por mi lado y yo, que hay que decir que no me corto nada, estiré el brazo hacia un lado de la mesa gesticulando como si estuviese cansada de escribir tanto y me doliese la muñeca.

Justo cuando estiré el brazo pasó Roberto y chocó contra él. Noté toda su polla en mi mano, fue algo genial que llevaba meses esperando hacer. Roberto quedó un poco cortado, pero lo miré fijamente y poniendo cara de arrepentida, pero con ganas tremendas de volver a hacerlo le pedí perdón. La verdad es que no me salió tan mal como esperaba porque parecía que fue sin querer, pero ahora sólo vosotros los que me estáis leyendo sabéis que no es así. Una vez que acabamos el examen salimos al recreo. Yo estaba con mis amigas comentando el examen y qué era lo que habían puesto, pero de repente vi que Roberto venía hacia mi grupo y me dijo que fuese con él un momento, que tenía que hablar conmigo seriamente. Reconozco que llegué a estar preocupada en aquel momento, pero como veréis a continuación no había motivos para estarlo. Me llevó a una esquina cerca del vestuario de chicas y me dijo:

– Veo que te gusta tocar demasiado eh, eres una auténtica putita y eso me pone a mil.- No sé de qué me hablas – respondí yo. – Lo sabes de sobra zorra, lo que me hiciste en clase, ahora vas a ver lo que es una buena polla te enteras – me dijo Roberto-

Yo me quedé un poco asustada, pero reconozco que el tono en el que me lo dijo me excitó muchísimo y estaba deseando probar su polla. Me agarró por un brazo y me metió en el vestuario que afortunadamente estaba vacío, porque me gusta que me miren cuando voy sexy, pero no que me miren cuando estoy follando. Me dijo que me agachase y yo como buena guarra que soy obedecí. Roberto se bajó los pantalones del chándal y puso ante mí su delicioso paquete. Llevaba un bóxer Calvin Klein de color amarillo que le marcaba todo el nabo. No podía aguantar más y empecé a sobarle el paquete (eso sí, ahora no hacía falta disimular como en clase), y le daba besos y pasaba mi lengua sobre el bóxer mientras mis manos agarraban su precioso culo.

Luego le quité el bóxer y por fin pude ver su magnífica polla, las había visto grandes, pero nunca tanto, por lo menos medía 22 cm. Me la metí toda en mi boca y empecé a chuparla como una puta de arriba a abajo, y jugando con el piercing que tengo en la lengua, sobre el glande. Roberto estaba disfrutando muchísimo, podía verlo en su cara. Tenía agarrada mi cabeza contra su polla, pero aún así no era capaz de metérmela entera en la boca porque era enorme. Luego Roberto me dijo que fuese preparando mi coñito, porque ahora era su turno. Me levanté y Roberto me acariciaba el coño bajo la falda. Le dije que no podía aguantar más, que quería sentir toda su polla dentro de mí. Me quité la falda y el tanga y los tiré a un lado.

Roberto me tumbó sobre un banco que había en el vestuario y empezó a lamerme los pezones, yo me estaba poniendo cachondísima. De repente y sin avisarme me clavó toda la polla en mi coño, parecía que me taladraba. Yo no podía aguantar el dolor de tener aquel enorme nabo dentro de mí y empecé a gemir como una guarra. Él me decía que no gritase porque cualquiera podía entrar en cualquier momento. Tengo que reconocer que la idea de que alguien nos pillase me daba demasiado morbo y me ponía más caliente todavía.

En cada embestida Roberto me metía la polla cada vez más adentro y yo cada vez estaba más mojada. Me dijo que se iba a correr e inmediatamente me quitó aquel pollón de mi coñito y pidió que me pusiese de rodillas para correrse en mi boca. A los pocos segundos de estar de rodillas se corrió e inundó toda mi boca de su leche caliente. Estaba tan deliciosa que me la tragué toda. Después de limpiarnos y vestirnos salimos disimuladamente del vestuario porque el recreo se había acabado y teníamos que volver a clase.

Desde ese día quedo con Roberto de vez en cuando y cada vez probamos cosas nuevas, que otro día, si os ha gustado esta historia, os contaré.

Gracias por leerme.

Autor: chika_wappa

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