El lápiz y mi jefe

Comienzo a mamarle la polla, me agarra por el pelo y me tira al suelo apoyando mi cabeza y levantando mis piernas. Solo estoy sujeta por el cuello y la cabeza. ¡Me duele! Comienza a follarme tan fuerte que no paro de gritar. Me azota el culo y las tetas y no deja de llamarme puta ladrona. Yo estoy disfrutando como nunca, en el fondo estoy cachonda y a punto de correrme.

Hace un tiempo ya, que fui ascendida. Pero mi primer trabajo fue como secretaria. Me dedicaba a hacerle las tareas a un señor bastante arrogante y ya mayor. Yo quería entrar en la empresa por que sabía que el puesto de directora ejecutiva quedaría libre e iba a luchar por el. Así que me dediqué a esperar 2 años hasta que al final lo conseguí. En esos dos años, me aburrí mucho. Mi trabajo hablando claro era un coñazo y tenía mucho tiempo para navegar por internet.

Tenía un pequeño despacho con una mesa, ordenador, etc. Lo típico para una secretaria, y a través del mío se accedía al de mi jefe. Me tiraba todas las mañanas navegando por internet, veía de todo. Desde páginas de libros hasta páginas porno. Aquello tenía mucho morbo ya que si me pillaban podían despedirme. Muchas de las mañanas tenía que macharme al baño a masturbarme y soy un poco escandalosa.

Me gusta chillar y gemir cuando disfruto. Así que más de un día hubo trabajadores que me escucharon. Yo estoy segura de que luego se pajeaban ellos pensando en mí, pero no es eso lo que quiero contaros.

Pasaba el tiempo y el hecho de masturbarme en el baño ya no tenía tanto morbo. Así que una mañana comencé a ver videos lésbicos y a meterme un lápiz por la faldita tocándome el clítoris. Tenía “uniforme” para trabajar. Debía ir con camisas blancas y faldas de tubo por debajo de las rodillas.

Yo soy una chica morena y alta. Tengo unos buenos pechos, seré sincera y confesaré que me los operé dejándolos bien redondos y gordos. Una talla 100. Mi cuerpo es delgado (de ahí que tuviera poco pecho) y soy de tez morena con unos pezones bien negros y gruesos.

El caso es que cuando me excito mis pezones se salen de orbita y traspasan cualquier sujetador que pueda llevar, con mi camisa blanca, imagínense lo que se notan. A esto que estoy con el lápiz entre mi rajita, sale mi jefe para mandarme hacer unas llamadas y percibo que no deja de mirarme los pezones. Me ponía muy cachonda que pudiera haberme pillado pero no lo hizo. Notaba que su pene se ponía morcillón, se que mis tetas le encantaba y yo me encargaba de lucírselas. Volvió a meterse en su despacho y yo seguí moviendo el lápiz por mi clítoris. Notaba como se hinchaba y me ponía más y más cachonda, hasta comenzaban a salirme gemiditos.

Noté que mi mente se transportó y se salió de órbita dejándome dominar por mi cuerpo. Me levanto con mi lápiz metido en mi rajita y llamé a mi jefe a la puerta. Él se levantó para recibirme y noté su polla dura en su pantalón. Me puso más cachonda aun. Me senté en la silla y le dije:

-Mira José es que tengo una duda con un pedido.

(Me apoyaba en su mesa y le mostraba mis tetas y pezones hipererectos, a la vez que movía mis piernas y subiéndome la falda un poco)

-Dime Irene, ¿que ocurre? ¿Con que pedido?

Yo notaba que sus manos no estaban sobre la mesa y supuse que se estaba tocando la polla, esa gran polla que parecía tener. Atrevida de mí…salté con esto:

-Ay José es que hoy tengo mal día, y me duele mucho aquí (me agarré un pezón que al tenerlos tan gordos se pueden agarran de sobra) -¿Donde dices? -Mira aquí… (Y me agarro los dos)

Él se queda plasmado mirando y continúo diciéndole:

-Es que es un dolor tan fuerte que me repercute en la conchita y no se que hacer. (Me subo la falda y me abro de piernas) -Pero, ¿que tienes ahí? (se levanta y se agacha ante mi apartando mi tanga negro hacia un lado) ¡Estás robando material de oficina! ¡Este lápiz es de la empresa! ¡Voy a tener que castigarte!

Yo me sorprendo de lo agresivo que de repente se a puesto y me asusto. De repente me da un bofetón y me dice:

-Ahora por puta ladrona vas a chuparme la polla y sin rechistar. Zorra, ¡que eres una zorra ladrona!

Yo obedezco sin decir nada, estoy asustada y a la vez tan cachonda. Comienzo a mamarle la polla, él empuja su cabeza fuerte contra ella y me la hinca hasta que me dan arcadas. Me tapa la nariz y noto que me ahoga mientras me da bofetones y me chilla lo puta que soy.

De repente me agarra por el pelo y me tira al suelo apoyando mi cabeza y levantando mis piernas. Solo estoy sujeta por el cuello y la cabeza. ¡Me duele! Comienza a follarme tan fuerte que no paro de gritar. Me azota el culo y las tetas y no deja de llamarme puta ladrona. Yo estoy disfrutando como nunca, en el fondo estoy cachonda y a punto de correrme.

Él nota que se va a correr y me agarra de los pelos abriéndome la boca y me escupe obligándome a que me la trague. Noto que me ahogo pero me gusta.

Se viste y me dice…

-Recoge y limpia esto, continua con tu trabajo. Aquí no ha finalizado tu castigo, ya te llamaré cuando me apetezca follarte de nuevo.

Si os ha gustado me encantaría recibir vuestras opiniones.

Autora: Sirena

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Laura

Fui desabrochándole el pantalón hasta extraerle la verga, y comencé a besarla, era la vida misma de mi amado expresándose a través de sus sentidos y yo la sentía con todo su calor, la sentía cobrar existencia y estimularse con mis caricias. Necesitaba sentirme suya y que él me sintiera a su merced, quería que me gozara, yo iba a ser feliz con su placer, aún a costa del mío.

Me llamo Laura, soy de Barcelona y tengo cuarenta y cuatro años, de los que he vivido los últimos quince con mi marido Jordi, mi gran amor. A los dos nos gusta el sexo más que comer con los dedos y a lo largo de los años hemos disfrutado de todos los placeres que nos han apetecido, sin problemas y con mucho cariño entre ambos.

Siempre he sido ardiente… De niña aprendí que podía estar tocándome la rajita con los dedos durante horas. Me gustaba mucho sentarme entre la balaustrada del balcón para rozarme con los barrotes entre las piernas y también me gustaba espiar al señor Fulgencio, un vecino viudo y muy mayor: conocía sus hábitos gracias a la disposición de las ventanas que daban al patio interior de la casa y sabía a qué hora solía desvestirse para lavarse, momento que me producía un extraño temblor placentero. Era un hombre muy elegante y ritual que en aquel año en que hice la primera comunión me dio a conocer, inconscientemente, que la cosita que tenían los niños en el lugar donde yo tenía la rajita, llegaba a crecer mucho. Pronto me di cuenta de que me gustaba tocarme mientras le veía desnudarse.

Recién cumplidos los dieciocho perdí la virginidad con un chico de veinticuatro, dotado con un miembro que aún recuerdo como gigantesco. Me parecía imposible que aquella barra de carne, tan dura y tan gruesa, pudiera deslizarse a través de mi coñito… Pero eran tales las ganas y el deseo que, pese al innegable dolor que me produjo, conseguí el objetivo: follar. Fue maravilloso… ¡Cómo no! Aquel barbudo de ideas radicales me hizo ver las estrellas, al principio por el dolor, pero conforme mi vagina iba absorbiendo, pulgada a pulgada, su ariete opresor, comencé a sentir vagas oleadas de bienestar inconcreto que poco a poco se transformaron en un definido placer que acabó electrizando todos los poros de mi piel.

Me acosté con muchos chicos y con algunos hombres mayores, y con el tiempo descubrí el placer que me causaba ponerme de rodillas ante ellos y sentir como sus pollas crecían dentro de mi boca. Adoro las pollas y ante el paquete de un hombre no puedo evitar sentir un estremecimiento íntimo. Me enamoré de Pablo, el más alto y guapo de los chicos de la pandilla. Medía un metro noventa y era fuerte y robusto como un dios romano. No tardé en comprobar que tenía un pene que, si bien no estaba en consonancia con sus proporciones corporales, tampoco estaba mal… y lo usaba bastante bien.

Por mi parte, mido un metro setenta y soy muy delgada. Tengo cuerpo atlético y no necesito usar tallas grandes de sujetador, pues no soy lo que se dice una tetona. Mi marido, que a veces me llama “muchacho”, dice que a juzgar por las miradas que detecta cuando vamos por la calle, atraigo a los jovencitos y a los muy adultos. Él dice que mi cuerpo incita al vicio y que le recuerdo a las jovencitas de los años sesenta, tal vez por la delgadez y la melena rubia.

Pocos días antes de que cumpliera veintiún años, Pablo y yo iniciamos un noviazgo que duró seis años y en el transcurso del cual hubo de todo. No llegamos a vivir juntos y conforme pasaba el tiempo yo no veía mi futuro junto a aquel golfo desaprensivo, que por otro lado era un carcamal de cuidado. ¡Ya se veía él en el bar con los amigos y a su mujercita en casa, con los rulos en la cabeza y los niños agarrados a los faldones de su bata!

Yo era un volcán y sentía que la pasión entre los dos era algo que ya pertenecía al pasado, algo que nunca, nunca podría recuperarse. Me sentía muy decepcionada. Pablo, como tantísimos hombres, quería tener a una casta esposa en casa mientras él disfrutaba del sexo con sus guarras. Me engañó todo lo que quiso y pudo, aunque en venganza y como respuesta yo tampoco me quedé manca: acabé follando con casi todos sus amigos, para hacerle cornudo con ellos y quebrarle el insoportable orgullo de gallito. Siempre sospechó que no le era fiel, pero careció del valor necesario para querer saberlo.

Llegó un momento en que Pablo sólo parecía acordarse de mí cuando no tenía a otra mujer a mano. En una ocasión, mientras estamos follando le dije: “quiero ser tu puta” y se escandalizó. Me replicó que lo que decía era una guarrada. Puedo decir que nuestra relación estaba en pleno deterioro por varios motivos que ahora no vienen al caso, y lo cierto es que el sexo, lejos de constituir un nexo de unión, se estaba convirtiendo en una rutina no del todo placentera. Recuerdo que un sábado por la noche, en aquella época, me propuso follarme el culo. Me negué y en aquel mismo instante me prometí ofrecer mis nalgas a otro hombre que no fuera él.

Un buen día Pablo conoció a Jordi, que por aquel entonces acababa de trasladarse a nuestra ciudad, y se hicieron buenos colegas, hasta el punto que cuando estábamos juntos no paraba de hablar de él. Pese a que en aquel entonces yo detestaba todo cuanto se relacionara con el mundo de mi novio, algo me hizo aceptar cuando me propuso presentarme a su amigo. Creo que me enamoré de Jordi desde el momento que le conocí. Era encantador, educado, sumamente delicado y muy alegre. En seguida supe que me acostaría con él y de hecho, no tardé más que una semana en conseguirlo. Jordi y yo nos hicimos amantes la tercera ocasión que nos vimos.

Valiéndome de una estratagema conseguí que Jordi me acompañara, con permiso de Pablo, naturalmente, a la casa que mis padres tienen en la costa barcelonesa. El viaje en coche fue muy divertido y una vez allí el tiempo parecía no transcurrir… Me sentía feliz en la compañía de Jordi y no quería separarme de él. Al atardecer de aquel mismo día le invité, sencillamente, a pegar un polvo conmigo, si a él le apetecía. Jordi se rió sorprendido y respondió que sí, que claro que le apetecía, pero ¿y Pablo? A modo de respuesta le abracé, acerqué mi boca a la suya y nos unimos en un beso largo, húmedo y cargado de una gran dosis de relajamiento, por cuando suponía en cierto modo la llegada a una meta deseada.

Desde el principio, desde aquella primera noche, hubo una unión perfecta entre los dos que se ha mantenido hasta hoy. No salimos de la habitación hasta pasado el mediodía siguiente y nos entregamos a todas las combinaciones de un enamoramiento que estaba en plena explosión, con las manifestaciones de una lujuria que ambos teníamos reprimida. Ternura, sinceridad, caricias sin prisa… Qué polla tenía el animal… la de Pablo no era despreciable, pero ésta era monumental, larga y gordísima, hermosa… Jordi era (y es), capaz de follar durante horas sin correrse, siempre con el rabo erguido, siempre caliente y a punto…

A partir de entonces yo tenía un novio y un amante y durante un tiempo me acosté con los dos. El primero llegó a sospechar, pero al igual que en otras ocasiones, tuvo miedo de conocer la verdad. Sólo tres meses más tarde, cuando quedamos en un bar para que yo le dijera que todo había terminado entre los dos y que yo me iba con Jordi, le hice una relación bastante completa de los hombres con los que le había puesto los cuernos. Quedó lívido cuando escuchó los nombres de algunos de los que él consideraba sus mejores amigos… ¡Ah!, tampoco me corté de explicarle que Jordi ya me había dado por el culo, cosa que no era técnicamente cierta, puesto que no ocurrió hasta pocas horas después, tras haberme reunido con Jordi y haber salido ambos disparados hacia el hotel de nuestros encuentros clandestinos. Así terminó mi noviazgo, con la promesa de Pablo de no volver a dirigirme la palabra en toda su vida; promesa que hasta el momento ha cumplido.

Aquella noche me sentí libre y feliz, con la sensación de que estaba saliendo de un túnel oscuro y ante mí se abría un horizonte muy luminoso… Fue idea de Jordi que en vez de ir a su casa, como en otras ocasiones, esa noche la pasáramos en aquel hotel de parejas más o menos ilegítimas al que solía llevar, o dejarme llevar, por mis amantes ocasionales. Jordi lo sabía y tal circunstancia le gustaba y hasta le excitaba, pues siempre quería saber más y todo lo que iba conociendo de mi vida le iba gustando. Nada más entrar en la habitación le dije a Jordi que me dejara hacer y que simplemente se dejara llevar, pues esta era una noche muy especial para mí. Se quedó de pie, sonriente y con un brillo muy travieso en sus ojos verdes, en el centro de la habitación; con las manos caídas a lo largo de su costado y un gesto como de allá tú, que por mí ya está bien.

Me desnudé lenta, sensualmente para él y al hacerlo iba sintiendo tanta sensibilidad en mi epidermis que a punto estuve de sentir vergüenza por tal exposición de mis sensaciones. Cuando me llevé las manos a la espalda para desabrocharme el sujetador, Jordi me lo impidió: “Déjatelos puestos; quítate las bragas, pero no el sujetador. Es el símbolo y el recordatorio de tu propio vicio y de tu sumisión a mí… ya te diré yo cuando puedas quitártelo”. Casi me corrí oyendo aquellas palabras tan ansiadas y caí de rodillas frente a él, yo prácticamente desnuda y él completamente vestido, como la ramera que me sentía y como la que quería ser tratada. Jordi me había comprendido.

Postrada frente a mi amor, fui desabrochándole nerviosamente el pantalón hasta extraerle la verga, ya en pleno esplendor y comencé a besarla y lamerla con devoción, como si del objeto más valioso se tratara. Era la vida misma de mi amado expresándose a través de sus sentidos y yo la sentía con todo su calor, la sentía cobrar existencia y estimularse con mis caricias. Lamí sus cojones, aquellos huevos deseados y soñados, pretendiendo excitarle al máximo para que tomara posesión de mí. Necesitaba sentirme suya y que él me sintiera a su merced, quería que me gozara, yo iba a ser feliz con su placer, aún a costa del mío… Sus huevos estaban hinchados, bajé, seguí bajando con la lengua por el estrecho canal que conduce hasta la entrada del ano y con una mano le masajeaba la polla deslizándola a todo lo largo, de arriba abajo. Con la otra mano me apoyaba en el suelo, ya que la postura me resultaba un poco forzada, arrodillada entre las piernas de mi hombre elegido para prodigarle las caricias más obscenas.

Él, entretanto, permanecía de pie en silencio y me acariciaba la cabeza con las manos, mesándome los cabellos. Yo me consumía en un infierno abrasador que me enajenaba y me lanzaba a desinhibirme y a presentar a mi hombre, a mi elegido, toda la desnudez de mi cabeza calenturienta y de mi sexo insaciable. Quería que me poseyera en todo el sentido de la palabra, me sentía suya y necesitaba que él también se sintiera mi dueño, mi señor… En la inverosímil postura en que me encontraba, arrodillada bajo las piernas de mi amado, lamí y lamí sus deliciosos cojones y hundí la boca y la lengua en su ano. ¡Qué digo!, la verdad es que quería comerle, besarle y lamerle el culo, esta parte tan secreta, púdica y a la vez perversa del cuerpo humano. Estaba dispuesta a ser su prostituta… y él me aceptó.

De repente noté con más fuerza la presión de sus manos sobre mi nuca, me agarró con fuerza y me obligó a separarme. “¿Qué pasa?” me preguntó. “¿Quieres rebajarte hasta el fondo del arroyo, es esto lo que deseas?” “Sí, amor mío –respondí- hazme tuya para siempre y siempre, siempre, seré tuya. Quiero ofrecerte una parte de mi virginidad, quiero que en algo seas tú el primero”. A continuación, libre ya de su duro abrazo, me di la vuelta y quedé de espaldas a él, de rodillas en el suelo y apoyada en los antebrazos. Levanté la grupa y le pedí que me hiciera añicos el culo. Estaba dispuesta a todo y mi vagina no dejaba de prodigarme espasmos incontenibles.

Me enculó. Chillé y me rebatí, intenté zafarme al no poder soportar el dolor. Pero él lo impidió y sujetándome con fuerza por las caderas consiguió introducirse completamente en mi interior. Yo no cesaba de gritar, aunque afortunadamente no sólo no me hizo caso sino que noté como mi sufrimiento estaba en relación directa con la dureza de su pene. Pasó los dedos entre el sujetador y mi espalda y tensó el elástico, lo que hizo que mis pechitos se aplastaran, y lo soltó de golpe, haciendo que sintiera un latigazo.

Me llamó puta y me derretí. Nunca me había ocurrido una cosa semejante: me corría sin cesar, era una sensación desconocida y maravillosa. Nadie hasta entonces, ninguno de mis novios ni de mis amantes me había llamado con esta palabra. Su puta… me sentía honrada y halagada… me admitía como a su puta. Folló en mi culo durante escasos minutos, que me parecieron dolorosas horas, antes de gemir y descargar toda la rabia acumulada en sus huevos. Sentí su leche devorándome las entrañas y perdí el conocimiento. ¡Ah!, lo de no quitarme el sujetador se convirtió en un rito que sigue vigente en la actualidad: es la señal de que espera de mí no ternura sino sumisión.

Me casé con Jordi dos meses después de aquel día en que había roto mi noviazgo con Pablo y que el mismo Jordi me había hecho sentir realmente suya; incluido el escozor que durante casi una semana sentí en mi pobre culito. Así comenzó una relación feliz que todavía se mantiene y en la que el sexo siempre nos ha sacado de los socavones provocados por el paso de los años, el tedio y la rutina. Aquel día marcó un cambio en mi vida y desde entonces me he dedicado a hacer feliz a mi Jordi, que de paso resultó ser un salido de madre en todo lo que tenga que ver con el sexo (y para él casi todo en la vida tiene relación con el sexo), un pervertido decadente que me ha hecho conocer y disfrutar de los placeres más insospechados.

Los primeros años de nuestra vida en común fueron pura lujuria y no dejamos de hacer nada que se nos antojara placentero. La complicidad en nuestras pequeñas perversiones nos ha mantenido siempre muy unidos, y en aquella época fue cuando nos fuimos conociendo y gustando cada vez más. Flipábamos mucho cuando nos sorprendíamos el uno al otro con miradas sórdidas o procaces hacia otras personas (cuerpos de maravilla holgazaneando bajo el sol veraniego).

A mí los hombres mayores me han atraído siempre y Jordi lo sabía, así que él no se cortaba de presentarme caballeros que creía que podían ser de mi agrado. Por mi parte, yo sabía que Jordi se ponía muy caliente cuando yo le contaba, con todo lujo de detalles, los recuerdos más escabrosos de mi vida sexual antes de conocerle. Aún hoy se sigue poniendo como una moto cada vez que aludo a una ocasión en que me acosté con el director de personal de la empresa en la que yo trabajaba como administrativa… Esto no tendría nada de particular de no ser porque lo hice para conseguirle trabajo a Pablo (mi ex – novio). El primer año que vivimos juntos dimos rienda suelta a nuestros deseos y a nuestras fantasías, de modo que me acosté con todos los hombres que me atrajeron, siempre bajo la aprobación de mi marido, que colaboraba en la preparación de mis encuentros y posteriormente se solazaba al oírme explicarle los detalles más sórdidos de mis aventuras.

Me sentía muy feliz y trataba de corresponder a mi marido proporcionándole todos los deseos y todos los placeres que pudiera sentir. Hoy, bastantes años más tarde, seguimos tan unidos como el primer día y a pesar de que ya estamos en la edad adulta seguimos cometiendo locuras… que temo contar para no aburrir, pues creo estar abusando de vuestra paciencia.

Autora: Laura

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Carlos me hizo suya

Después de untar su polla en aceite, poco a poco me la fue metiendo ese fue el único momento que me dolió, pero enseguida empecé a disfrutar de toda su polla dentro de mi culo. Mientras yo me acariciaba el clítoris con la mano llegando así tres veces al orgasmo hasta que él me llenó todo mi interior con su cálida leche.

Hola, debo comenzar a decir que mi nombre es Yoli, esta historia ocurrió el verano pasado. Fue una semana de verano que mi marido Luis y mis amigos Carlos y Ana planeamos irnos una semana de vacaciones de pesca a un río en una tienda de campaña los cuatro.

Estando ya todo preparado y a punto de salir, mi amiga Ana por problemas familiares, tuvo que suspender las vacaciones, pero nos animó a que nos fuésemos los tres cosas que así hicimos. Ya en el lugar de acampada, un lugar solitario y con mucha arboleda junto a un río, donde poder bañarnos preparamos la tienda y comenzamos a disfrutar de la semana.

Para dormir los tres juntos en la tienda yo me ponía a un lado, Luis en medio y Carlos en el otro lado, así dormimos la primera noche, la historia comenzó a la segunda noche cuando en determinado momento me desperté con ganas de hacer pis, salí de la tienda sin decir nada a ninguno de los chicos ya que estaban durmiendo.

Cuando volví a la tienda vi que Luis se había desplazado de sitio, ocupando el mío, yo por no despertarle me puse entre medio de los dos, y me dispuse a dormir, al poco rato me desperté notando que una mano me acariciaba el vientre muy suave y que un cuerpo estaba muy juntito a mi espalda y que un pene muy duro estaba junto a mi culito.

Yo pensando que era Luis me dispuse a colaborar y llevando una mano a mi espalda me propuse acariciar ese duro pene que me acariciaba, cuando tomé conciencia que el que me acariciaba era mi amigo Carlos, por un instante pensé en retirarme y regañarle por lo que estaba haciendo, pero por no despertar a Luis y porque yo estaba ya un poco caliente le dejé hacer dejando que su mano se metiera por debajo de la blusa y me acariciara mis pechos y mis duritos pezones.

Fue cuando yo le cogí su dura verga y la saqué de su bañador y comencé a acariciarla y a restregarla por mis nalgas, él entonces dejó mis tetitas y bajando su mano por mi vientre la metió por debajo del bikini buscando mi rajita y acariciándola dejándole yo hacer, bajándomelo seguidamente.

Dándome yo la vuelta y abriendo mis piernas él me la metió suavemente por mi rajita, metiéndomela y sacándomela suavemente así hasta que noté como me llenaba mi coñito de su caliente leche haciendo que yo a la vez llegase también al orgasmo dejándola dentro unos minutos mientras nos recuperábamos, para después sacarla lentamente mientras yo me colocaba mi bikini y mi blusa disponiéndonos a seguir durmiendo.

A la mañana siguiente él seguía besando mi boca, después él bajó por el cuello dándome mordisquitos en las orejas (cosa que me pone muy caliente) siguió bajando a mis tetitas, mientras me apretaba con la mano una, él jugaba con su boca en la otra acariciando con su lengua el pezón que ya lo tenía duro y tieso como su polla.

Después de estar así un rato, se dio media vuelta y buscó mi coñito para poder chuparlo y me ponía su polla en mi boca, mientras el uno al otro nos comíamos nuestras partes íntimas.

Yo acariciaba con mi lengua sus testículos mientras con la mano acariciaba su polla, después la metí en mi boca comencé a darle mordisquito en la punta, cosa que le hacía chillar de placer, hasta que me llenó mi boca de su líquido blanco, espeso y caliente llegando yo también al orgasmo, después me dijo que me pusiera a cuatro patas que me la quería meter por el culo.

Yo le pedí que no me lo hiciera por detrás que me iba a doler, pero él dijo que no me preocupara, que usaría aceite como lubricante y que enseguida disfrutaría, después de untar su polla en aceite, poco a poco me la fue metiendo ese fue el único momento que me dolió, pero enseguida empecé a disfrutar de toda su polla dentro de mi culo.

Mientras yo me acariciaba el clítoris con la mano llegando así tres veces al orgasmo hasta que él me llenó todo mi interior con su cálida leche otra vez, quedándome dormida y relajada hasta que llegó Luis que me despertó. Los siguientes días actuamos como si nada hubiese pasado ya que Luis no nos dejó.

Autor: P-P-F

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Va por ti María

María fue incrementando el ritmo mientras él la follaba con un dedo en el culo, cada vez estaban más excitados los dos, en un momento dado él la levantó sacándosela y poniéndola de pie contra la pared se colocó detrás de ella y apartándole las nalgas se la clavó lentamente primero hasta que estuvo casi todo el pene dentro, entonces dio un empujón fuerte que hizo que la chica chillase.

Esta historia surge una tarde de otoño, ya se que sólo fue sexo virtual, más bien la historia que un hombre y una mujer realizan desde el teclado de un ordenador en que saltaron chispas, fue auténticamente muy caliente, la historia la contaré desde el nombre del chico, Fernando (nombre supuesto).

Era una tarde de verano en una cala mayormente desierta por lo menos a esa hora Fernando y María habían accedido a la cala para dar un paseo romántico, después de varias vueltas a la playa se acercaron a un gran paredón rocoso, ella apoyó la espalda en la roca mientras él se situó en frente, empezaron a besarse, al principio pequeños picos simplemente rozando sus labios hasta que la temperatura fue subiendo y las manos ya no se contenían.

María era una chica hermosa, de pelo corto, estatura media, ojos marrones y nariz chata y pequeña, labios carnosos, los pechos medianos con los pezones grandes de color rosado oscuro, vello púbico recortado y moreno, culo prieto y no demasiado grande, muslos bien torneados.

Las lenguas cada vez se iban encontrando más apasionadamente, la pasión se iba desatando y mientras su boca intentaba atrapar sus labios y su lengua juntarse con la de ella en un beso de fuego, sus manos la iban desnudando primero soltando los botones de la blusa como queriéndolos arrancar, ella a su vez le desnudó de cintura para arriba mientras el beso era puro fuego, pura pasión, ella le quitó el cinturón y le dejó en bóxer, él metió las manos bajo la falda que ella llevaba, una falda plisada por encima de la rodilla y de un golpe seco le arrancó el tanga.

Luego siguieron desnudándose, ahora ella le quitó el bóxer y la polla de él saltó fuera, un miembro de 16 cms, atravesado longitudinalmente por una vena que sobresalía que cuando penetraba a alguna chica hacía que rozase por su clítoris, él la desnudó del todo y ella fue besándole a él bajando por su cuello y besándole en su pecho, atrapó sus pezones con los dientes y le daba pequeños mordiscos que hacían que el chico emitiese pequeños gemidos y que su polla todavía se pusiese más dura mientras las manos de ella le realizaban pequeños masajes en su polla descapullándole y acariciándole la base de ella y sus testículos, fue descendiendo por su ombligo y cuando llegó a la cintura le seguía lamiendo, pero sin apenas rozarle, fue jugando con él mientras la polla parecía buscar la boca de la chica.

María con una mano descapulló la polla de Fernando mientras ponía la boca en la punta y fue metiéndosela dentro como dos cms como queriendo lubricarla a la vez que con un dedo de la otra mano hacía pequeños círculos en el culo del chico, apretando de vez en cuando un poco, pero sin llegar a meterlo, de un golpe se metió toda la polla en la boca y con movimientos rápidos y enérgicos apretándola con sus labios fue mamándola mientras el chico no paraba de emitir gemidos de placer y acariciarle el pelo, ella seguía con sus masajes en el ano de él hasta que llegó un punto que notó como se venía y sin poder retirarse recibió el semen de su amante en la boca, retirándola recibió otro par de chorros que fueron a parar a sus pechos, él reaccionó agachándose y lamiéndosela toda compartiéndola con ella luego en un largo y profundo beso.

Fernando después de esto se quedó sentado en la arena con María a su lado, la miró y se empezaron a besar otra vez, cada vez la pasión de su beso aumentaba y la excitación de él también, la de ella por descontado hacía mucho tiempo que estaba completamente mojada, él empezó a darle mordisquitos por el cuello mientras con la mano le acariciaba el coño al principio con suavidad y luego cada vez con más fuerza, cogió sus pechos y los comía con ansia mientras le metía un dedo en el coño y la follaba con él.

Descendió a su ombligo mientras ya ahora con dos dedos follaba su coño y con uno su culo, ella cada vez jadeaba más vigorosamente, le sacó los dedos y entonces procedió a lamer su pubis por la parte de arriba y a bajar por sus ingles, llegó a sus labios vaginales pasando la lengua por ellos, separándolos con los dedos hizo una “u” poniendo en mitad de esa u el clítoris de ella y metiendo y sacando la lengua rozaba con fuerza el clítoris cada vez más fuerte…

Ella hizo que él se separase y tumbándole boca arriba se penetró de forma directa, se metió la polla en el coño y empezó una cabalgada suave al principio mientras él cogía sus pezones con la boca lamiéndolos y dándole pequeños mordiscos y con la mano le ponía un dedo en el culo y repetía lo que ella había hecho con él, es decir, pequeños círculos en su ano introduciendo el dedo de vez en cuando un cm y sacándolo mientras se la follaba.

María fue incrementando el ritmo de las acometidas cada vez más y los jadeos también mientras él la follaba con un dedo en el culo, cada vez estaban más excitados los dos, en un momento dado él la levantó sacándosela y poniéndola de pie contra la pared se colocó detrás de ella y apartándole las nalgas se la clavó lentamente primero hasta que estuvo casi todo el pene dentro, entonces dio un empujón fuerte que hizo que la chica chillase.

¡Aaaaaaaahhhhhhhhhh! Me rompiste cabrón… le insultó ella.

Estaba toda dolorida, pero después de varias acometidas el dolor se fue convirtiendo en placer mientras su amante masculino iba con los dedos masturbando su clítoris cada vez iba incrementando la velocidad del roce y de sus acometidas mientras con la otra mano atrapaba sus pezones y pellizcándolos los estiraba lo que hacía que la chica emitiese gemidos mezcla de dolor y placer. La chica como por un resorte cada vez se iba agachando más hasta quedar completamente a cuatro patas momento en el cual Fernando le sacó la polla del culo que hizo que ella notase como si le entrara una brisa fría dentro de ella y se la clavaba casi sin solución de continuidad en el coño.

María en ese momento se vino en un orgasmo muy dulce y prolongado que fue haciendo que se medio desmayase, sopor del cual le sacaba las embestidas del chico que la follaba como un perro en celo, la cogía del pelo y la estiraba ligeramente lo que conseguía que ella contrajese sus músculos, María mientras era follada, contraía y soltaba sus músculos de la entrada de la vagina en la zona de la vulva apretando la base de la polla de Fernando que notaba como su excitación subía, él se situaba sobre ella como cubriéndola entera.

Fernando notó de repente como llegaba su orgasmo y la desmontó y masturbándose ligeramente con las nalgas de la chica soltó tres chorros de semen que fueron a parar a la espalda de la chica. Ambos se besaron y quedaron tendidos, abrazados sobre la arena.

Como os dije esto forma parte de una sesión de cybersexo auténticamente maravillosa.

Autor: Picante100

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Como folló a mi madre

Le imploré fóllame, seguimos uniendo nuestros cuerpos, besándonos por todos los poros de nuestros cuerpos, hasta que me dice, me voy a correr, y yo en ese momento necesitaba tenerlo dentro, y le dije aguanta, la puse dentro mío, yo encima de él y comencé a cabalgar, él apretando mis pezones, al mismo ritmo, hasta que le dije, cariño córrete que me voy a correr, que orgasmo alucinante.

El otro día os conté como descubrí a mi novio en la cama con mi madre, ahora os voy a contar como me dijo mi novio que consiguió seducir a mi madre para follarla.

El día siguiente al trío que había hecho con mi madre y mi novio, a la noche fui a ver a mi novio, estaba feliz por haber cumplido una fantasía, pero, a mí corroía saber por qué se había acostado con mi madre y ¿cuánto tiempo llevaban poniéndome los cuernos?, eso me traía muy alterada, así que tan pronto le vi lo primero que le dije fue:

¿Desde cuando estás follando a mi madre?

Se quedó todo sorprendido, y lo primero que me dijo fue “estás celosa”, eso aún me puso más histérica, así que chillando le exigí saber desde cuando se estaba acostando con mi madre, al ver que yo estaba alterada, accedió a decírmelo, lo más sorprendente fue descubrir que había sido la primera vez que se acostaba con ella cuando los pillé, y le insistí en que contara como había conseguido llevarla a la cama, a lo cual él no quería acceder, comencé a besarlo, anda cuéntamelo, bajé mi mano por encima de la ropa hasta llegar al pene, bajé la cremallera, y metí mi mano, anda cariño, cuéntamelo, sabes que ahora estoy deseosa de saberlo, vale, te lo cuento, pero no pares, sigue meneándomela, artes de mujer nunca fallan, je, je, je.

Y mientras yo le estaba haciendo una paja, me comenzó a contar que el día anterior cuando había salido de trabajar se encontró a mi madre esperando el autobús, así que para ser un buen yerno se ofreció a llevarla a casa, y que mi madre ese día llevaba una falda que al subir al coche se le subió un poco y pudo contemplar esas piernas bien torneadas, y que como habíamos estado fantaseando con ella en algún  momento de nuestros encuentros, que eso le hizo tener una pequeña erección, sobre todo cuando miró hacia arriba y tenía un escote que podía ver el canalillo, pero se dijo no, mira para delante que es tu futura suegra, y sólo son fantasías, y que fueron hablando de muchas cosas hasta llegar a casa y que mi madre, como buena anfitriona que es que le invitó a un café, y mi novio aceptó.

Cuando llegaron a dentro de la casa mi madre vio una nota que mi padre le había dejado que hoy iba a llegar tarde, que tenía unos imprevistos que debía solucionarlo, que hasta bien tarde- noche no iba a llegar, y le dijo siéntate que me voy a preparar el café, mientras mi novio se quedó en la salita, su cabeza comenzó a fantasear como sería follarse a la madre de la novia, ya lo habíamos imaginado muchas veces los dos juntos y nos ponía a cien, y él con sólo pensarlo ya se le estaba comenzando a notar un bulto suculento, así que dejó  de pensar…

Cuando entró mi madre con el café, se sentó enfrente de él, en un sofá que estaba más bajo que la silla donde estaba él, así que tenía justo enfrente a mi madre con un escote donde le veía el canalillo y el comienzo de sus tetas, y mi madre tenía enfrente el paquete de mi novio que estaba llenando cada vez más, yo al escuchar todo eso, me estaba retorciendo mientras ya le estaba chupando la polla a mi novio como me estaba excitando, le dije continua, continua, él como podía siguió con el relato.

Mi madre le notó nervioso y le preguntó que le pasaba, a lo que él le dijo que teniendo a una mujer tan bella delante como no iba a estar nervioso, aún no se lo creía lo que le había dicho, mi madre le contestó que era un halago escucharlo le dio las gracias, mi novio al ver que no lo había parado, prosiguió, se conserva muy bien, ya sé de donde sacó toda su belleza su hija, mi madre le dijo, para que me vas a sacar los colores, que ya había mucho tiempo que nadie le decía nada así,y mi novio sin pensárselo se sentó a su lado, notó que mi madre estaba nerviosa, pero la pilló mirando fijamente a su verga, lo cual le dio todos los indicios para proseguir, pero mi madre se levantó y fue a la cocina a buscar más café, mi novio no se lo pensó dos veces y se fue detrás de ella, cuando llegó a la cocina estaba de espaldas a él preparando otro café, se acercó, la cogió por las caderas haciéndole que su pene erecto, lo notara en su culo, mi madre se giró muy de prisa, molesta pero muy nerviosa.

¿Qué haces?, eres el novio de mi hija, y mi novio le dijo, ya lo sé pero desde hace tiempo fantaseo con usted, más bien fantaseamos los dos con usted, y ahora que la tengo aquí mire como me tiene, mi madre no paraba de ver el pantalón con un bulto muy grande, lo cual mi novio se la sacó ahí mismo, mi madre se quedó paralizada, y sólo dijo, cuanto tiempo sin ver una verga tan erecta, y se lanzó a por ella…

Mi novio me dijo que se la comía de una forma maravillosa, mientras él comenzó a desnudarla, a tocarle las tetas, pellizcándola, ella le estaba tocando sus huevos mientras con la otra mano le estaba haciendo una paja y succionándole la punta de la polla, yo ya estaba mojadísima, así que nos besamos apasionadamente, me comenzó a chupar las tetas, así le hice a tu madre, y que más le hiciste cabrón, hijo de puta, mariconazo, ¿que más le hiciste hasta que os pillé?…

La llevé a la salita y se la puse en la entrada de la concha, ah si, le dije, hazme todo lo que le hiciste, me cogió, me llevó para el sofá y me dijo así, así se la metí, fue penetrándome poco a poco en mi mojadita cueva, hasta que de un golpe me la metió, se puso encima de mi y comenzó a follarme, y me dice, ¿sabes que más le hice?, dímelo, ¿que le hiciste? le amasé las tetas y se las chupé al mismo tiempo que la follé, si, demuéstramelo, haz como si estuvieras follando con ella, recuérdalo todo le dije, así que me continuó follando esta vez entrelazando nuestras piernas, besándonos, apretándonos, comiéndonos el cuello…

Le pedí que me llamara como  si fuera su suegra, noté que eso le hizo empalmarse más, suegrita, cómeme el capullo, quiero tenerlo en lo más profundo de tu garganta, así que siguiendo el juego comencé a chupársela, hasta que nos pusimos en un 69, ¡que bien me chupaba los labios superiores! adentrándome un dedo, luego dos, yo cada vez le tenía la polla más adentro de mi boca, me metió 2 dedos chupándome la concha, así, así le hice a mi suegra…

No pude aguantarme y exploté en un orgasmo llenándole toda la boca de mis jugos, nos encaracolamos el uno en el otro, me dijo, suegrita, te acuerdas que después subimos a tu habitación, como era temprano nadie nos iba a pillar, y yo siguiéndole la corriente, si me acuerdo yerno, vamos a mi habitación, nos fuimos besando, acariciando, gimiendo durante el trayecto, una vez en la cama me giró, me puso boca  abajo, me separó las piernas, y me la clavó de un golpe, girándome la cabeza para besarme, yo ya puesta en mi papel, folla cabrón, folla a mi madre, demuéstrale lo que vales, las embestidas cada vez eran mayores, nos dimos la vuelta en frente el uno al otro, me levantó las piernas juntándomelas, y me metió la picha en la concha bien apretadita…

Yo ya no podía más, chillaba como una loca, así cariño, así chilla como tu madre me decía él, no sé cuantas más veces me corrí, pero, eran deliciosas, hasta que se puso encima mío follándome, y me dijo, aquí es cuando nos pillaste, y yo ya no podía contenerme más…

Le imploré fóllame, sígueme follando, seguimos uniendo nuestros cuerpos, amasándolos, besándonos por todos los poros de nuestros cuerpos, masturbándonos mutuamente, hasta que me dice, me voy a correr, y yo en ese momento necesitaba tenerlo dentro, y le dije aguanta, aguanta, la puse dentro mío, yo encima de él y comencé a cabalgar, él apretando mis pezones, al mismo ritmo, hasta que le dije, cariño córrete, córrete que me voy a correr, ¡que orgasmo alucinante!, nos quedamos agarraditos los dos, exhaustos del polvo que nos habíamos echado.

Autora: Sandra

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Relación apasionada

Quería sentir esa pija dentro de mi culo casi inexplorado y sin más preámbulos, la metió de un solo envión. Comenzó un mete y saca delicioso, me pajeaba el clítoris mientas me cogía duro por detrás, no demoré en chillar como loca denunciando un orgasmo interminable. No aguantó más, la sacó y se puso frente a mí, la leche brotaba y yo tragaba sin parar.

Decidí abandonar la vida virtual, ya no más suposiciones detrás de una pantalla, no más citas a ciegas ni horas abandonada a navegar en Internet. Estaba cansada, herida, desilusionada por relaciones aburridas, pero aún quedaban amigos que despedir y todo un vicio que abandonar. Inspirada en el nombre de una canción, mi nick elegido ese día fue fiera herida.

De pronto, un nombre nuevo y diferente me sorprendió, me llamó la atención y decidí hablarle, intercambiamos opiniones sobre una pasión que compartíamos, la música. Él insistía en conocerme y yo buscaba todos los pretextos posibles para evitarlo, creo que me producía la extraña sensación de que ese hombre me podría transportar a un mundo de erotismo y fantasías difícil de resistir.

Nos encontramos a la luz de la vela, cerca del mar, nuestras miradas cálidas e insinuantes crearon el ambiente, las palabras hicieron el resto. La suave música sugería el acercamiento de nuestros cuerpos aún desconocidos y vibrantes. Sin embargo yo me seguía resistiendo a sentirlo, nos despedimos sin saber si volveríamos a estar tan cerca y tan lejos a la vez.

Las barreras fueron cayendo una a una, nos citamos nuevamente, sólo amistad dijimos, pero ambos sabíamos que era un pretexto para estar juntos una vez más. Al momento de despedirnos miré sus ojos claros, sólo delataban un propósito: poseerme. No resistí tanta lujuria. En un arrebato de pasión, acerqué casi con violencia mi cuerpo al suyo, ansiosa de sentir el aroma del deseo, su piel, su boca, su sexo. Él tampoco se resistió, por el contrario, se entregó a toda aquella locura, lenguas entrelazadas, bocas semiabiertas…

Me besaba desesperadamente, el cuello, el lóbulo de la oreja, bajaba por mi espalda dando pequeños mordiscos que hacían erizar mi piel hasta el último centímetro. Me entregué absolutamente al placer de sentirlo, de vibrar bajo sus expertas caricias, exploré ese cuerpo varonil dispuesto a saciar mis instintos más perversos, bajé lamiendo todo su pecho, su ombligo, hasta llegar a su sexo, su pija ya no resistía dentro de la ropa, bajé la cremallera del pantalón apoderándome de su glande, dándole todo el placer imaginable, la tomaba con ambas manos y arrodillada frente a él que aún permanecía de pie chupé, lamí.

Con su mano derecha me aferraba del cabello obligándome a tragarla toda, a llegar hasta el fondo de mi garganta con su pija, con la mano izquierda pellizcaba mis pezones dejándolos erectos.

Mis fantasías se estaban realizando, estar con un hombre que me dominara haciendo volar mi cabeza, nada era prohibido ni tabú, todo valía para satisfacernos.

Me llevó a la cama recostándome con firmeza, arrancó mi ropa interior, separó mis piernas y se dedicó por entero a darme placer en una conchita cada vez más rebosante de jugos, lamió minuciosamente los labios vaginales hasta llegar al clítoris donde se detuvo, chupando, jugando con su lengua… sus dedos buscaron la entrada de mi placer, desatando un orgasmo feroz, gritos gemidos, locura. Él no resistió más, apoyó la cabeza de su pija en la entrada de mi concha y con un golpe fuerte me penetró violentamente provocándome una cadena de orgasmos casi animales.

Con su lengua empapada de mis jugos lamía mis pezones, luego los mordió hasta provocarme dolor, no me importaba, el placer era muy superior. Cuando estaba a punto de acabar, sacó su pija de mi interior, me tomó firmemente del cabello y me obligó a tragármela, a tragar toda la leche sin derramar una sola gota. Lamí hasta dejar limpio a mi hombre, nos fundimos luego en un beso de lengua que parecía no terminar.

Me tentó la idea de poseerlo con mis dedos, quería su culo, definitivamente lo quería. Lo tumbé en la cama, boca arriba, su sexo quedó muy cerca de mi cara, me hundí en él, lamí sus huevos hasta llegar a ese hermoso culo, comencé a penetrarlo con la lengua, una y otra vez, cedía, se dilataba a cada entrada, mientras tanto le cascaba su pija, masturbándolo con una mano mientras mis dedos ya se aventuraban a penetrarlo, un dedo, dos… gemía, creo que perdió la noción del tiempo.

De pronto, giró sobre mí, golpeándome las nalgas me obligó a subirme arriba de él, dejándole todo mi culo a la vista, escupió sobre el para lubricarlo (más de lo que ya estaba con mis jugos), metió sus pulgares abriéndolo, sentí que me partía pero quería más, quería sentir esa pija dentro de mi culo casi inexplorado, volvió a golpearme en las nalgas, me fui sentando lentamente, y él la metió de un solo envión…

Comenzó un mete y saca delicioso, me pajeaba el clítoris mientas me cogía duro por detrás, no demoré en chillar como loca denunciando un orgasmo interminable. No aguantó más, la sacó y se puso frente a mí, la leche brotaba y yo tragaba sin parar.

– Chupa perra, chupa mi pija sucia de tu culo, no dejes de chupar, limpia a tu amo de una buena vez…

Este fue solo el principio, comenzamos a vernos cada vez con más frecuencia, nuestras cabezas volaban en fantasías que compartíamos y planeábamos llevar a cabo cada una de ellas, imaginando hasta el detalle más ínfimo. El morbo crecía con cada encuentro, éramos dos fieras en celo apareándose sin descanso.

Tenía al hombre de mis sueños, un perverso depravado para compartir mis aventuras. Para él, yo comenzaba a convertirme en la esclava que había deseado poseer cada día.

Hemos cumplido muchas de nuestras fantasías y aún quedan más, vívanlas junto a nosotros en los relatos que siguen.

Autora: Perversita

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Sueño cumplido, mi suegra

Le empecé a bajar el calzón, ella dijo todavía no, entonces te arranco le dije, si…si…si viólame, culéame, méteme la lengua en esta chucha que de ahora en adelante va a ser tuya cuando quieras. Le bajé los calzones, sintiendo su braga humedecida por los jugos que había ya estado botando, y viendo como los pelitos de su coño se desparramaban por entre su calzoncito.

Me llamo Alberto y conocí a mi esposa cuando yo tenía 33 años y nos casamos cuando cumplí los 36 y ella 24 años. Vivimos algún tiempo en un apartamento rentado y por esas cosas de la vida nuestros suegros nos ofrecieron un apartamento en la casa que ellos tienen por lo que decidimos cambiarnos.

Mi suegra es una mujer de 58 años llamada Isabel, cuando la conocí me impresionó su forma de ser jovial y agradable, además de sus voluminosos pechos y su bien dotado pompas, para su edad no esta nada mal, confieso que se me vinieron ideas locas después que la vi por primera vez.

Nuestra vida transcurrió normalmente en casa de mis suegros, pero un día que tuvimos una fiesta mi suegra se pasó de copas y en un momento dado se desapareció de la reunión, al buscarla yo la encuentro en el baño sentada en el inodoro y con los pantalones abajo, ese momento que vi su coño peludo, me propuse que sería para mi ya que parece que mi suegro no le atiende en la cama y a mi me encantan las mujeres maduras.

Superado ese incidente comencé con mi plan para poder estar con mi suegra, le hacía bromas, le hablaba en un tono subido, al principio como que no le gustó, pero luego y para tranquilidad mía parece que las cosas fueron tomando otro rumbo.

En mi trabajo pedí vacaciones por un mes y cierto día después de ir a dejar a mis hijos en la escuela, regresé a casa y para mi sorpresa mi suegro y mi señora habían salido a realizar unas gestiones en un Banco de la localidad, por lo que tardarían todo el día en regresar, al subir las escaleras oigo que mi suegra estaba duchándose y yo pasé directamente a mi departamento a acostarme un rato por lo que me desvestí y me puse una salida de cama, después de un momento oigo que tocan a la puerta y al salir veo que era mi suegra que venía con el pretexto de pedirme una taza de azúcar, por lo que le hice pasar a la sala hasta conseguir lo que me había pedido.

Fui a la cocina y la observaba desde allí ya que se había puesto unos pantalones ajustados y una blusa un poco escotada por lo que se veía sexy, ella sabía lo que tenía, entonces empecé a tener una erección y no podía controlarla, al salir de la cocina creo que mi suegra vio mi situación, pero no me dijo nada y empezó a conversar diciéndome que nos habíamos quedado solos, que ella estaba acalorada por eso había tomado el baño, yo armándome de valor le dije como broma que sabiendo eso era de que me llame para yo poder enjabonarle la espalda, a lo que mi suegra se sonrió y me dijo que era un tremendo, que me estimaba mucho entonces yo le pregunté: ¿sólo me estima querida suegrita? Y me acerqué un poco más adonde estaba ella.

Ella como que se asustó, pero yo me acerqué un poco más nuestros cuerpos ya se tocaban, entonces mi suegra me dice que le pasa, que es lo que quiere, yo ya sin poder contenerme le dije, yo le quiero a usted suegrita, pero no como tal sino como mujer, siempre me ha gustado y he soñado con estar con Ud. Me contestó, Alberto eso no puede ser, Ud. sabe que yo tengo a mi esposo, aunque ya no me satisfaga, lo que Ud. me propone no puede ser, mi hija es su esposa. Yo le contesté acercándome un poco más, suegrita no se preocupe tendremos nuestros encuentros cuando usted verdaderamente pueda sin que le pueda afectar a su relación con su pareja, pero yo quiero es más deseo estar con Ud. No Alberto, me dijo casi suplicando, entonces yo acerqué mi boca a la suya y le di un beso superficial, ella cerró los ojos y yo traté de meter mi lengua en su boca a lo que ella se resistió, me empujó y exclamó no, no y no, pero yo vi que hizo eso no con una verdadera intención sino más bien, para que yo piense que se estaba portando honesta.

No te resistas, aprovechemos ahora que estamos solos le dije. No me tientes, respondió tuteándome por lo que yo pensé esto se esta componiendo. Déjate llevar por el instinto, por la pasión contesté, acercándome a ella.

Ella bajó la vista y vio que mi bulto estaba creciendo, a lo que respondió: Alberto si pasa algo entre los dos, prométeme que no lo contarás a nadie. No mi suegra linda le respondí y me abalancé sobre ella, uniendo nuestros labios desaforadamente. Empecé a besarle el cuello, las orejas, las manos mientras acariciaba sus nalgas pronunciadas, ella como que se quiso resistir al principio, pero luego metió sus manos por entre mi bata de dormir, me acarició los pechos y despacio muy despacio empezó a sobarme mi pene por encima del calzoncillo. Ya no aguanto suegrita balbuceaba ya, al tiempo que seguía besándole en la boca oyendo su respiración entrecortada y sus gemidos que cada vez se hacían más fuertes y prolongados, parecía que empezaba a excitarse de sobremanera.

Tanto tiempo sin sentir esto me dijo, sigue queriéndome cabrón, quiero ser tu zorra este día, culéame como nadie me lo ha hecho, dame verga por donde nunca he recibido repetía. Yo estaba a punto, por lo que empecé a desabrocharle la blusa, ella me abrió la bata quedándome solo en calzoncillos con la verga bien parada. Pégame una mamada de la verga le dije, ella respondió yo nunca he hecho eso, me parece asqueroso, cogí su cabeza y la hice bajar hasta que esta quedó a la altura de mi verga, métete en la boca putona y lámeme le respondí, ella con timidez al principio fue metiéndose mi tronco, después de un rato empezó una mamada genial. ¿Te gusta verdad?, dije. Si mi cabrón, decía mientras me pegaba unos lengüetazos de fuego. No que no sabías hacer esto comenté. No sabía pero tú te mereces esto y más dijo.

Ahora que no hay nadie salgamos a culear a la terraza de la casa propuse. Si mi rey, voy a traer la alfombra de la sala para tenderla y vamos a seguir culeando arriba comentó, mientras se le notaba lo excitadísima que estaba. Salió moviendo sus caderotas, luego de un momento subimos a la terraza, yo le iba abrazando por detrás y sobando mi verga en su hermoso culo. Espera ya llegamos, yo también estoy arrecha dijo.

Tendimos la alfombra, acto seguido empecé de nuevo a besarla, le saqué suavemente el sostén y empecé a mamarle las tetas, ella se retorcía de placer mientras jadeaba. Mmmmmmmm, que rico sigue papito, destrózame, introdúceme, hazme sentir lo que no me ha hecho sentir nunca el cabrón de mi marido, mijito… agggggggg, assiiiiiii, dame tu verga decía. Ya mi suegra linda, sígueme diciendo cosas bonitas, no te calles, te voy a culear como nunca te han hecho, pero no solo esta vez, quiero que seas mía siempre que yo quiera, porque tu culo me tiene loco le decía yo.

Si mi culeón, me he estado perdiendo algo increíble, ya se me iba a cerrar el chocho, porque no me dijiste antes que querías este cuerpo, de ahora en adelante cuando yo quiera esa verga va a venir a perforar esta concha, balbuceaba.

Le empecé a bajar el calzón, ella dijo todavía no, entonces te arranco le dije, si…si…si viólame, culéame, méteme la lengua en esta chucha que de ahora en adelante va a ser tuya cuando quieras. Le bajé los calzones, sintiendo su braga humedecida por los jugos que había ya estado botando, y viendo como los pelitos de su coño se desparramaban por entre su calzoncito.

De un tirón rompí sus bragas, eso le excitó más porque empezó a jadear más fuertemente mientras decía quiero esa verga dentro de mi, dámela no me hagas sufrir, introducemelaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Yo bajé pasándole mi lengua por su boca, sus pechos, su ombligo, su mata de vellos hasta llegar a su “hueco” el cual estaba mojadísimo, procediendo a introducirle mi lengua oyendo un chillido de placer de mi suegra que me decía asiiiiiiii papito, que rico, sigueeeeeeeeeee dame mássssss, no te detengas, me esta saliendo un líquido por la concha que es eso, explícame, pero sigueeeeeeeee hazle bailar a esa lengüita rica rica en mi cuca, aggggggg… mmmmmmm… que ricura.

Eso que te está saliendo es porque es la primera vez que estás gozando como es debido, mueva un poco su culito para que mi lengua juegue más en su concha le dije. Si mi amor pero siga, yo también quiero mamarte me dijo. Entonces yo me di la vuelta, poniendo a la altura de su cara mi pene, ella me sacó los calzoncillos y empezó a introducirse la verga en su boca. Me vengo le dije, agggggggggg que rico que has sabido mamar, suegra zorra, sigue mamando así, mmmmmmmm y le solté la leche en su boca. Ella empezó a lamerme y quitó de mi pene todo vestigio de leche, siguió en la mamada y mi verga empezó a recobrar su dureza.

Ahora méteme mijo, soy toda tuya decía, dame ya esa rica verga, dale a tu suegrita, entonces yo me acosté y ella como una experta puta se ensartó la verga en su chocho y empezó a cabalgarme. Agggggggg. Asiiiiiiiiiiiiiiiiii, sigue, dame más no pares, méteme hasta el fondo mmmmmmmm, quiero mássssssssssssss chillaba mientras se retorcía de placer. Si mi suegra linda te voy a culear todos los días pero sigue culeando, mássssssss, mmmmmmmmmmmmmm, ohhhhhhhhhhhhh, gemía yo mientras ella seguía metiéndose mi verga.

Me voooooooyyyyyyyyyyyyyyy dijo, agggggggggggggggggg, que rico gritaba quiero más vergaaaaaaaa, ahhhhhhhhhhhhhhhh y me chorreó con todos sus líquidos en mis piernas. Yo también en ese momento terminé abrazándonos y chillando juntos como si nunca hubiéramos tenido sexo.

Estuvo genial dijo, ahora si vistámonos antes que venga alguien, yo le dije nooooo, quiero seguir haciéndote el amor ahora que estamos solos, a lo que contestó golosoa y de nuevo empezó a chupetearme el pene. Esa es otra historia que pronto les contaré, como aquella otra en la que dejó el local que tiene ella al cuidado de su marido mientras nosotros dábamos rienda suelta a nuestra lujuria. En un motel, que por cierto era la primera vez que conocía mi suegra.

Autor: Soñador

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