La Fantasía de todo Hombre

Mi novia Sara y yo estábamos teniendo una de esas conversaciones sobre sexo que de vez en cuando tienen las parejas. Sara insistía en que los hombres sólo pensábamos en follar a mujeres y adornarlas con pollas como si fueran un árbol de navidad. Por mi parte defendí que la fantasía de todo hombre era estar con dos mujeres a la vez.

A Sara le empezó a picar la curiosidad sobre este tema, y me preguntó si la fantasía era sólo por disfrutar de dos mujeres, o por ver a las dos mujeres montándoselo juntas. No me quedó más remedio que contestar que ambas respuestas eran correctas, porque sinceramente me costaba inclinarme por una u otra opción.

El verano llegaba a su fin y septiembre empezaba a refrescar el ambiente. No sacamos el tema de nuevo hasta que nos visitó Chiqui, una antigua compañera de trabajo de Sara. Si bien Sara era de piel pálida, delgada, con poco pecho y un culito respingón, Chiqui, de treinta tantos, le aventajaba en tener unos pechos enormes, una piel morena y una figura estupenda.

Aprovechando la visita de su antigua compañera, fuimos a cenar a una terraza. Cuando ya íbamos por la segunda jarra de sangría, me fijé en que Chiqui no perdía detalle en todo lo que decía Sara. Los ojos color miel de nuestra amiga brillaban con los vapores de nuestra bebida, y su sonrisa estaba enmarcada por unos labios finos y sensuales.

Como es habitual, ambas mujeres se fueron juntas al baño, dejándome solo. Me puse a mirar cosas del móvil hasta que al rato sus risas me hicieron levantar la vista para atender su llegada.

Me quedé mirando cómo se acercaban, y especialmente el escotazo que lucía Chiqui, complementado por unos taconazos y unos pantaloncitos ajustados.

Sara por su parte lucía un vestidito celeste palabra de honor muy ajustado, sin sujetador, que acababa casi a la altura de las nalgas.

LUIS: ¿me he perdido algo? ¡yo también quiero reírme!

Nuestra amiga se acercó a mi oído de forma conspiradora y me dijo:

CHIQUI: Sara me ha contado sobre vuestras discusiones sobre qué es lo que le gusta o no a los chicos.

Perdiendo un poco el tono de espionaje le dije:

LUIS: Y tú Chiqui ¿Qué crees que es lo que más les gusta a los hombres?

CHIQUI: muy sencillo: Todo. Especialmente todo lo que sea nuevo.

LUIS: eso incluye a dos chicas juntas ¿no?

CHIQUI: ¡claro! Los chicos siempre estáis pensando en lo mismo. Estoy segura que tú ya nos has imaginado a lo largo de la noche juntas.

LUIS: Pues sí, para qué nos vamos a engañar.

SARA: ¿y te pone imaginarnos juntas?

LUIS: compruébalo tú misma…

Discretamente guio su mano bajo la mesa y lo colocó sobre mi paquete.

SARA: ¡es verdad!

CHIQUI: ¡¿Qué me dices?!

SARA: la tiene dura como una farola.

CHIQUI: ja, ja, ja. Eso es que no sólo te pone tu chica, sino yo también…

LUIS: hombre… con esos escotes que nos traes… no queda mucho para la imaginación….

Todos reímos, y mi Chiqui preguntó picarona…

CHIQUI: y a ti Sara… ¿Te pone la situación?

La aludida miró a ambos lados, metió la mano bajo la mesa y Chiqui dio un sobresalto. Sin poder ver nada pude imaginarme que mi chica le había incitado a hacer la prueba del algodón.

CHIQUI: ¡ya veo que sí! Uff, qué susto me has dado. Tienes las braguitas húmedas. Seguro que Luis debe de estar bien cachondo.

Sin decir nada, le cogí una mano y se la planté sobre mi paquete. Ella, ni corta ni perezosa, lo acarició lentamente antes de retirarla.

LUIS: ufff. Creo que será mejor pedir la cuenta.

Invitamos a nuestra amiga, y tomamos un taxi para ir a nuestra casa. Nos sentamos los tres en la parte de tras, y ambas féminas tenían el brazo por detrás del cuello de la otra. Estábamos muy apretados, y aprovechando que la radio estaba puesta, Chiqui nos contó que a parte de caerle muy bien Sara, siempre le había gustado.

Comentamos la cena, con cierto nerviosismo en el ascensor, y finalmente entramos los tres en nuestra casa. Para romper el hielo, le mostramos nuestra morada a nuestra invitada. Nos hicimos unas cuantas fotos juntos, estando nuestras cabezas bien cercanas.

Fuimos a la cocina donde preparé varias copas. Sara y Chiqui hablaban animadamente y reían sin parar.

CHIQUI: Luis, ¡no te podrás quejar de novia!

Le cogió de una mano e hizo que mi novia diera una vuelta lenta luciendo su cuerpo, sus apretados pechitos encajados en el vestido y su culito que parecía el de un anuncio de lencería.

SARA: espero que no te moleste lo que voy a hacer…

Se acercó y le dio un piquito de adolescente a nuestra amiga.

CHIQUI: je, je, je. Para nada, lo estaba deseando.

Sara volvió a acercarse y repitió el pico, solo que esta vez no se separaron. Sus cuerpos se acercaron más y Chiqui le mordió la parte de abajo del labio, a lo que mi novia respondió profundizando más con su beso. Chiqui le acarició el hombro mientras seguían besándose.

Mi novia se giró un momento hacia mí y me dijo mientras me acariciaba con un dedo la cara:

SARA: ¿te gusta esto cariño?

LUIS: ufff, sí. Vosotras seguid, por mí no os cortéis.

Sin previo aviso, Chiqui se acercó a mí me dio un pico finalizado en un lengüetazo. Me giré hacia mi novia y ambos nos morreamos con pasión.

Lanzada, Sara sujetó la parte de arriba del escotado top de Chiqui y lo bajó. A la luz amanecieron dos tetas inmensas con grandes pezones oscuros. Mi novia me miró divertida y acercó su carita inocente al pecho derecho. Dio una lenta y primera lametada sobre el pezón, seguida de otras más intensas acabadas en succión. Entre chupada y chupada ella me miraba, riéndose y poniéndome cada vez más caliente.  Cuando quise acercarme no me dejaron y Sara continuó su labor en el otro pecho.

Sara le acarició los pechos y bajó hasta su vientre. Sus manos continuaron el descenso hasta su pantalón, donde tras unas cuantas caricias se agachó para bajárselo. El tanguita rojo de Chiqui nos puso muy calientes, y mi novia no pudo resistir tocárselo.

Yo estaba como un volcán, y me coloqué entre ambas chicas agarrándolas por la cintura. Besé con pasión a mi novia, e hice lo propio con Chiqui. Mientras nos besábamos, mi mano bajó de su cintura a su culo, el cual apreté por encima de aquel tanguita rojo.

Besé más tiempo del justo a Chiqui, y Sara aprovechó para acariciar mi paquete por encima de la ropa.  La tenía muy dura, y ella no hacía sino volverme más loco.

Al final ambas chicas me tocaban el paquete y yo estrujaba sus culos como si fuera un panadero. Levanté la parte de abajo del vestidito de Sara, y su tanguita negro resaltó su pequeño y durito curo. Ambas chicas se acariciaron el culo la una a la otra mientras yo me ponía las botas metiendo mano donde podía.

Chiqui se apoyó en la encimera de la cocina y mi chica le quitó el tanga. Su precioso y depilado coñito emergió en aquella postura y Sara se lanzó a darle mordisquitos en el culo mientras se lo tocaba. Sus besos la llevaron hasta la entrada de su gruta, y allí le despachó varios lametones lentos pero intensos.

Uno de los dedos con uñas pintadas de negro de Sara empezó a hacer skating sobre los labios inferiores de Chiqui. El dedo se acercó más al pozo de su vagina, y terminó metiéndose. El mete saca aumentó de ritmo mientras yo, excitado, contemplaba la escena tocándome el paquete por encima de la ropa.

Sara se puso en la misma postura que su amiga, y esta le bajó lentamente el tanga para después acariciarle el coñito con delicadeza, como si fuera de cristal. Jugaba con su clítoris con la eficiencia y cuidados de un cirujano. Mientras besaba a Sara, Chiqui le estaba haciendo un cunnilingus brutal.

LUIS: ahora me toca a mí.

Ayudé a ambas chicas a subirse en la encimera de la cocina y a colocarse con las piernas abiertas, la una montando la pierna de la otra.

A mi disposición tenía dos coñitos húmedos que se agitaban convulsos por que les diera placer.

Empecé por Sara, y se lo hice como bien sabía que le gustaba. Ella gemía, y por el rabillo del ojo vi como Chiqui le acariciaba la pierna y los pechos por encima de la parte de arriba de su vestidito.

Salté a Chiqui, y en seguida me di cuenta que su coño era más grande que el de mi chica, la cual le estaba besando el cuello y comiendo la oreja.

Le acerqué un dedo a mi chica, que chupó con devoción, y luego, el mismo a Chiqui, que hizo lo propio.

Masturbé a ambas féminas a la vez mientras las besaba alternativamente. Cuando paré, se bajaron y se empezaron a morrear abrazadas como si se hubieran conocido en una discoteca.

Mientras se daban el lote, me desnudé y me coloqué detrás de Sara, la cual se rio al notar mi miembro erecto sobre su culito. Me lo acarició lentamente mientras que su amiga restregaba sus pechos sobre ella al tiempo que le comía la boquita.

CHIQUI: vamos a darle un poco de alegría a tu novio, o acabará corriéndose solo…

Nos fuimos a la cama, y ante mi tuve la excitante visión de dos tías buenas esperándome a cuatro patas. Me acerqué con el pene erguido hasta el límite, y ambas me acecharon como leonas.

Me acariciaron y mientras Sara daba lametazos a mi prepucio, Chiqui me chupaba el mango del falo. No me la comían, solo me la chupaban, pero yo estaba a punto de reventar del calentón.

Ambas fueron chupando cada una por un lado para luego encontrarse en la punta, donde mezclaron sus lametones con besos con lengua entre ellas.

Chiqui se la metió en la boca, y me la mamó como una profesional, mientras mi novia me daba lametones en los testículos. Cambiaron de postura mientras que yo gemía sin parar.

CHIQUI: ya está bien. Tampoco hay que pasarse.

Las dos se separaron dejándome más caliente que el motor de un Ferrari y se besaron de rodillas en la cama.

Acalorada, Sara terminó de quitarse el vestido. Sus pequeños pechos salieron al aire, y Chiqui no perdió la oportunidad para masajearlos con cariño. Sara se tumbó boca arriba, y su amiga succionó sus pezones mientras le acariciaban el pelo de la cabeza.

Me masturbaba contemplando la escena, disfrutando de ver cómo Chiqui se la estaba comiendo toda, desde los pechos, hasta el cuello, el ombligo y bajar hasta su entre pierna…

Mientras Chiqui le comía el coñito con pasión, me acerqué a mi novia y sin dejar de masturbarme como un macaco, la besé con pasión. Ella me acariciaba la cara y no paraba de decirme lo caliente que estaba. Le dio un par de chupaditas a mi polla, pero la excitación le impedía concentrarse.

Me levanté y me arrodillé tras de Chiqui. Le comí el coño como pude, ya que me atraganté y todo debido a la cantidad de líquido que segregaba.

Decidido, acerqué mi miembro entre sus piernas y jugué con él mojándolo e impregnándome de sus jugos. En uno de estos juegos, se me coló sin querer dentro, y ya no pude parar. Empecé a follármela a cuatro patas mientras ella se la comía a mi chica.

Sus tetas se agitaban como banderas al viento mientras Sara le agarraba la cabeza. La teníamos inmovilizada por ambos extremos.

Chiqui se separó y ayudó a levantarse a su amiga.

CHIQUI: ven. Tú, siéntate en el borde. Ven cariño.

Esperé a Sara con la polla tiesa en el borde de la cama, y ésta se sentó de espaldas a mí sobre mi miembro. Se metió en seguida dentro. Mi chica estaba todavía más caliente si cabe que su amiga. Me cabalgó como una loca, gritando sin parar, mientras su amiga le masturbaba el clítoris y me acariciaba los huevos.

Chiqui se tumbó en la cama y masturbó viendo la escena. Sara se percató, se bajó de mi asiento y se lanzó sobre su amiga. Hicieron un 69 sin parar de gemir, dando varias vueltas. En una de estas, cuando Chiqui estaba arriba, se la metí por detrás. La follé mientras Sara alternaba sus lametazos entre mis huevos y el clítoris de nuestra amiga, que estaba masturbándola.

Les avisé que me quedaba poco para correrme y que quería pedirles algo.

SARA: ¿qué te gustaría?

LUIS: pues aprovechando el tamaño de pecho de Chiqui… correrme en sus tetas si no te importa.

Los tres nos reímos y  Chiqui hizo desaparecer mi miembro entre sus tetas. Las apretaba por los laterales sin dejar de hacerlas subir y bajar. Aquello era una delicia, y mientras que el semen estaba a punto de descargarse, mi novia me morreaba con locura.

Cuando no aguanté más, me corrí sin avisar, a lo que Chiqui sacó mi polla de su abrazó y apuntó mis últimos chorros sobre su boca. Cuando no aguanté más me derrumbé sobre la cama.

CHIQUI: ven corazón, compartamos lo que me ha dado tu novio.

Las dos se besaron llenándose con sus fluidos. Sus besos abrazos terminaron en un 69.

CHIQUI: tu chico ya me ha dado sus fluidos, ahora te toca a ti correrte en mi boca.

La chica, empezó a comerle a mi coño como nunca antes lo había visto. Sara por su parte sólo podía, en tensión, gemir sin parar. Su orgasmo llegó de forma demoledora, haciéndole arquear el cuerpo y llenando la boca de Chiqui con sus fluidos. Ambas se besaron y continuaron acariciándose hasta que el agotamiento me venció, no pude ver más y me quedé dormido.

A la mañana siguiente estaba solo en casa, y me pregunté qué habría pasado tras caer dormido…

– FIN –

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