Hermanito enfermo

Me hacía gemir como una loca, arañé su espalda, él metió sus dedos en mi culo y su lengua muy dentro de mi boca. Le pedí cambiar de posición, tomó mis piernas y las puso al hombro y me penetró sin parar una eternidad. Sentí que llegué a la luna más de una vez era lo más rico y maravilloso que una mujer puede sentir. Le dije al oído más fuerte y ya estábamos corriéndonos juntos.

Les quiero contar una historia que me sucedió con mi hermano. Mi nombre es Janeth y el de mi hermano es Henry. Nosotros vivimos en la ciudad de Huancayo-Perú. A media cuadra del parque los héroes del distrito de Chilca. Él tiene 23 años y estudia Medicina en la UPLA y yo tengo 19 añitos y estudio odontología en la misma universidad.

Era uno de esos tantos días en el cual mi hermano se enfermaba de los pulmones ya que el pobre tiene principio de cáncer al pulmón. Estaba echado sobre la cama débil y triste. Así que me acerqué al filo de su cama para poder consolarlo en su tristeza. Ya te vas a poner mejor le decía. Me recosté al lado de él y tomé su cabecita para que pueda recostarse sobre mis pechos. Se acomodó y nos quedamos en silencio. Aquel día tenía que salir con mi enamorado y más tarde con Luis otro enamorado. Pero al llegar la noche él me pidió que no lo deje porque sentía mucho miedo quedarse solo.

Está bien le dije. Pero voy a llamar a Arturo para avisarle que ya no saldré le dije. Arturo es su mejor amigo y mi enamorado. También llamé a Luis. Luis es el chico con el que le engaño a mi enamorado, un estudiante de odontología. Bueno así que regresé y me alisté para dormir con el pobrecito de mi hermanito. Hazte a un lado le dije y él se arrimó con una sonrisa de felicidad ya que estaba muy asustadito.

Ya en la cama escuché la voz de mi madre que me dijo que lo arropara bien y lo cuide mucho. Ella es obstetra.

Bien le dije, lo abracé y él también lo hizo. Nos quedamos quietos y en silencio cuando me di cuenta que mi chochito estaba rozando una puntita durita. Yo pensé que era un botón de su ropa de dormir, pero cuando él se acomodó más cerca de mí sentí que era una cosa muy grande. Estaba sintiendo el pene de mi hermano. Acaricié su nuca tratando de consolarlo y él me apretó más a su cuerpo y no saben qué bien sentí.

Era maravilloso sentir cómo esa cosa iba creciendo poco a poco muy cerca de mí. Pronto sentí que mi vulva también empezaba a hincharse más y más y a ponerse húmeda y caliente. Mi pecho se agitaba era fantástico. No sé por qué empecé sin querer a besarlo en la oreja y él me dijo que nunca olvidaría esto. Y también empezó a besarme en el cuello. Él me estaba acariciando y yo nada pude hacer para impedírselo. Sentía sus grandes manos acariciar mi espalda. Era tan rico.

Poco a poco empezó a meter su mano dentro de mi pijama para poder apretar mis nalgas redondas y apretujarlos con pasión y dulzura. Era tan rico que lo estaba disfrutando. Así que me eché boca arriba y el hizo lo propio sobre mí. Tomó mis pechos entre sus dedos y me decía que nunca creyó que esto era posible pero que era lo más maravilloso y me besaba sobre mi ropa. Se movía rítmicamente y con fuerza como si tratase de hacerme sentir su órgano grande y duro. Mi chocho estaba húmedo y reventando de calor.

Ni Arturo había hecho eso antes. Aunque Luis en una oportunidad me besó los pezones de lo más rico pero nada más. Henry era todo un poder de placer. Poquito a poquito fue desabotonando mi ropa para dejarme desnuda. Lo primero que hizo sin pensarlo dos veces fue mordisquear mis tetas, redondas y erectas. Tomé sus huevos entre mis manos y le dije:  mételo.

Ni terminé de decirlo y empezó a desnudarse con locura con ira pero deliciosamente. Acomodó a su preciosura en el umbral de mi huequito y de un solo tiro me penetró sin que mi vagina se diera cuenta que ya estaba siendo frotada y desflorada sin compasión. Mi hermanito, mi primer hombre, mi primer coito. Explotaba en humedad y lujuria quería tenerlo dentro muy dentro por siempre y para siempre.

Me hacía gemir como una loca, arañé su espalda, él metió sus dedos en mi culo y su lengua muy dentro de mi boca. Le pedí cambiar de posición para así sentir en mi vientre a su pene largo y hermoso. Tomó mis piernas y las puso al hombro y me penetró sin parar una eternidad. Sentí que llegué a la luna más de una vez era lo más rico y maravilloso que una mujer puede sentir. Le dije al oído más, más fuerte y guauuuuuuu, ya estábamos corriéndonos juntos y eyaculando nuestros líquidos.

Nunca lo olvidaré. Qué delicia. Él seguía moviéndose y contrayéndose como si tratará de vaciar la última gota de su líquido caliente y abundante. Me seguía besando mis tetas tiernamente hasta que me quedé satisfecha de sus labios y de su saliva sobre mi cuerpo. Poco a poco nos tranquilizamos mientras me apretaba mis nalgas. Uffff… ¿chicos pasa algo?… preguntó mi mamá. No mami respondí con el poco aliento que me quedaba.

Si supiera que su hijita ya no era más una niña sino una mujer con mucho semen dentro y lo mejor de su propio hijo enfermito.

Bueno preciosos quieren que les cuente más… ahora puedes encontrarme en la casa de Arturo… ¿Luis?…me hizo más de lo que mi imaginación pudo alcanzar y me dejó. Luego les contaré la historia de la pinga de mi abuelo.

Autora: Janeth

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Mi amiga la dentista

Estuvimos un buen rato dándole hasta que ella me avisó que iba a tener un orgasmo que continuase igual. Me cogió la mano derecha y me lo acercó a su chochito. Yo busqué su clítoris pero ella quiso que bajara un poco más lo que interpreté que quería un dedo por la vagina. En ese momento de doble penetración noté un calor en la palma de mano…Perdóname, pero me estoy meando de gusto.

Esta semana me dolió la muela de juicio y recordé que mi dentista me aconsejó quitármela. Pero como a todos, no es un tema nos entusiasme mucho lo fui posponiendo. La dentista  en cuestión  es amiga de mi mujer y mía, y además de ser un encanto de mujer,  está buenísima.

La cosa es que me presenté en la consulta para que me mirase la muela. Me dijo que debía sacármela pero mejor otro día. Me dio las instrucciones para ese día y cuando le dije que me cobrara, pues ya no me cubría la mutua, se negó. Yo le insistí pero ella no cedió. Yo bromeando le dije que entonces debería pagarle en especies. No sé, te cambio alguna bombilla, te pinto la casa, te hago un masaje, – Ummm, no sé, no sé, eso estaría bien, si no fuera porque a tu mujer no le gustaría. Me dijo. -Si, si, además ya le hace poca gracia que venga solo. -¿Por qué..? – ..Mira, cosas de ella.

La verdad es que cuando íbamos los dos, siempre hablaba conmigo más que con ella. A veces llegaba el punto que parecía que flirteábamos. Yo me puse un poco nervioso, pues soy muy tímido y quise cambiar de tema. Le pregunté por su hermana que se casó el año pasado y recordé la fiesta que hicimos en su casa para despedir la soltería de su hermana. Estuvo muy divertida, además tuvo su punto picante, le dije. Me sorprendió mucho que en los juegos que preparaste siempre sacaras temas de tangas, posturas y chochitos depilados. No me imaginaba que fueras tan picante. Ella se rió y me dijo que un poco. Que suerte, yo también lo soy pero mi mujer no me sigue. La verdad es que yo había fantaseado mucho con ella y tenía mucha curiosidad por saber hasta dónde podría llegar con el tema sin que se molestara. Así que me lancé. -Paula, ¿te puedo hacer una pregunta? –  Si claro – ¿Tú, como lo llevas? – ¿Qué?, me dijo con cara de espanto. -Ya sé que es muy atrevido, pero llevo tiempo preguntando me como lo llevas, si depilado totalmente o te dejas algo de vello…

Ella todavía colorada de la vergüenza, me confesó que lo tenía sin un solo pelito. – Que suerte debe tener tu chico. – Bueno, no tengo en estos momentos. – Pues que coqueta  que eres entonces. Yo todavía no he podido convencer a mi mujer para que se lo haga y mira que me hace mucha ilusión. Pero creo que excepto en pelis o por internet, no voy a tener la oportunidad de ver uno así. – Seguro que si que la tienes, me dijo queriéndome consolar.

– Sabes, de vez en cuando a mí también me gusta arreglarme esa zona. – Ella se rió en parte por la conversación surrealista entre una dentista y su paciente. -Paula, puede que me mandes al carajo, pero me encantaría que me lo enseñarás – le solté así, de golpe. – Pero tú estás loco, y si se entera tú mujer, nos metemos en un lío tremendo. – Tienes razón, pero yo no se lo diría a nadie, si tú no lo haces no habrá ningún problema, en la consulta no hay nadie, con no abrir y no coger el teléfono nadie molestaría. Ni hablar, me soltó. – Mira, te encuentro muy atractiva, y puede que sea la única oportunidad para ver una rajita así. Además, solo será mirar, y si quieres te bajas los pantalones y sin quitarte las braguitas te bajas la goma  y así me lo muestras. -Mira Javi, es una locura pero te lo voy a enseñar un momento para que te quedes tranquilo. Pasa nuevamente a la consulta que voy a cerrar la puerta no vayamos a tener un susto.

Me fui hacia dentro. Mi corazón iba a mil. Entró detrás de mí se desabrochó la bata blanca, se bajó los pantalones y me recordó que solo mirar. Bajó la goma de la braguita justo hasta donde empezaba su rajita, y la volvió a subir. Yo apenas pude verla. – ¡Ya esta! Dijo. – Por favor Paula, sabes que apenas he podido ver nada. – Perdona, estoy muy nerviosa y un poco excitada.

– Venga relájate, no pasa nada.- Esta vez se bajó un poco más, y yo le ayudé cogiéndole de las manos para que las braguitas, que eran rosas, pequeñas y muy sencillas, bajaran por debajo de sus muslos. -Es un chochito precioso. ¿Quien lo disfrutará?, dije.- ¿Es qué no lo estás disfrutando?, me preguntó. – Sí, pero me refería a algo más, ya sabes. – Pues venga, dejémoslo ya que te vas a poner muy malo. – Espera, espera, le supliqué. Ya que estamos en este punto déjame pasar un par de dedos por tu pubis y tus labios para sentir lo suavecito que se ve. – Te estás pasando, quedamos que solo mirar. – Sí, tienes razón, pero tampoco es tan grave…  pero si te vas a sentir mal lo dejamos pero si tú también lo deseas  déjame tocarte. – Está bien, pero nos estamos pasando.

Yo no contesté, simplemente deslicé la punta de mis dedos por su inexistente triángulo púbico. En ese momento mi miembro que estaba bastante hinchado se puso como una piedra hasta el punto de estar incómodo. Seguí acariciándola y sin perder el contacto fui a buscar sus labios. Ahí noté que ella ya no dijo nada y se dejaba hacer. No sabía si pasar un dedo por la rajita para no romper aquel momento. Lo que sí hice fue inclinar mi cabeza hacia adelante y aproximarme un poco al juguetito. En ese momento yo estaba sentado en el asiento del paciente y ella de pie justo en frente. -¿Qué haces me preguntó?  -Quería saber cómo es tu aroma. -Pues a que quieres que huela… además con lo caliente que está… Justo en ese momento se quedó callada, roja como un tomate pues reconocía que estaba disfrutando también con aquella situación.

Le cogí de las manos, se las besé y le dije, -Mira Paula, yo estoy disfrutando mucho y me gustaría que tú estuvieras disfrutando igual que yo. -Si yo también lo estoy pasando bien, me contestó. -Pues mirá, para acabar si no te importa me acercaré para olerte el conejito y  te daré unos besitos de despedida. Ella no dijo nada por lo que entendí que aceptaba. Así lo hice. Mientras disfrutaba de su olor le di el primer besito  y fui dando un rodeo hasta poner mis labios en la rajita. Entonces noté como ella ponía sus manos en mi pelo y me acariciaba la cabeza despeinándome. Eso lo entendí como una rendición y aproveché para sacar mi lengua y repasar el interior de su coñito de abajo hacia arriba. Al no esperarlo, como un acto reflejo, hizo que se separara de mí y que sus rodillas se doblasen al sentir la punta de mi lengua contactar con su clítoris.

-¿Qué haces? me dijo con un tono rozando el enfado. -Perdona Paula, siento haber abusado de la confianza,  pero he disfrutado con la vista, el tacto y el olfato, y si te hubiese pedido permiso no sé si me hubieses dejado. -Pues igual sí, me dijo bastante enfadada, pero ahora no. No te conformas con nada. Recuerda que todo empezó con vérmelo y mira a donde hemos llegado.

Paula, era unos siete menor que yo pero en ese momento parecía al revés. -Además ya veo por dónde vas, después de saborear mi conejo faltará el quinto sentido, el oído. ¿Este como lo experimentarás? -Muy fácil, le dije, si me dejas comerte el coño y consigo que goces me será suficiente con oír como gimes. -Eres un cabrón, me has embaucado poco a poco. -Pero no me digas que lo estás pasando mal, pregunté. – Mira, estoy tan caliente que espero  que no me dejes así ahora, así que  comételo y no pares hasta que te lo diga o caiga muerta.  Le hice quitarse toda la ropa y se puso nuevamente la bata blanca pero desabrochada. Se tumbó en el sillón y yo en su butaca con ruedas y nos intercambiamos los papeles. Yo sería el médico y ella la paciente. Se tumbó, se abrió de piernas todo lo que pudo y empecé a trabajárselo todo lo bien que supe.  Primero gemía y yo estaba que iba a reventar. Quise meterle un dedo pero me lo impidió.

Cuando llevaba un buen rato, y esperaba que se corriese en cualquier momento una alarma sonó a mi lado. Era el móvil de Paula en el bolsillo de su bata, una llamada. Le dije que no lo cogiera. Pero miró, era su hermana. Después le llamo. Yo cambié de opinión, cógeselo, que es muy morboso que hables mientras te lo estoy comiendo. Me dijo que parase un poco y descolgó. Yo no puede parar y mientras que hablaban de tonterías yo volví a la faena. Conseguí que se le escapase un pequeño gemido y tuvo que mentir. Dijo que estaba abriendo un video muy gracioso por internet y se le escapó la risa. Seguidamente me lanzó una mirada basilística y que hizo recapacitar y no seguir jugándomela. Entonces aproveché para sacarme mi pieza y para seguir con la broma y tentar a la suerte di la vuelta y le puse mi tronquito cerca de la boca para ver que hacía.

Lo agarró y para mi sorpresa mientras que su hermana hablaba ella me lo lamía y se lo metía en la boca sin acabar de cerrarla simulando una mamada. Al poco se despidieron y eso evitó que me corriese. – Cariño, esto hay que acabarlo ya, otro día hacemos más cositas. Yo me quedé blanco. No contaba con repetirlo. – Ahora sí que quiero que me metas dos deditos mientras me chupas la pepita. Así lo hice, me pedía más fuerte y más rápido y en dos minutos noté como sus piernas en alto dieron un espasmo y temblaron. – Estoy destrozada, no había experimentado nunca nada igual. Yo estaba muy satisfecho acariciando mi tranca. – ¿Y ahora que quieres?, me preguntó. – Que no seas tú quien me dejes a medias. – Si quieres voy a por un condón a la farmacia de enfrente. – No, no quiero que salgas todavía. – Pues, no sé Paula, chúpamela hazme una paja, lo que quieras, pero me hagas salir empalmado. Ella echó una risita y me dijo, – Tranquilo tonto, mi rajita está tan agradecida que vas a poder correrte dentro de ella. No te preocupes porque estoy tomando pastillas para un problema con la piel. Se levantó de la camilla, y se dirigió a mí y me propinó un morreo espectacular.

Se dio la vuelta, apoyó una rodilla sobre la camilla se subió la bata e inclinándose hacia adelante con el culo en pompa me dijo. – Ahora me vas a follar salvajemente. – Tranquila que con esta posición no aguanto mucho. – Lo sé me dijo ella con un tono de superioridad. Se la clavé y empecé a bombear despacio. Era espectacular la visión del agujerito de su culito. Le pregunté que si se lo habían estrenado. Mi contestó que solo una vez y que le  gustó pero el tío la tenía muy gorda y vio las estrellas. – Ahora ya pasado tiempo y tengo ganas de probarlo otra vez si puede ser con una no tan grande, así como la tuya. Te gustaría. – Nunca lo he hecho y me volvería loco. – Vale, pero si no te importa lo haremos en mi casa, en la cama que es más cómodo. – Cómo quieras.

Por segunda vez daba a entender que esto lo repetiríamos y yo no lo tenía tan claro. – Venga- me dijo- dejémonos de palabrerías y fóllame fuerte, como una perra, hazme daño. Entre las palabras, los gemidos que empezaban a ser gritos, la postura, y el rato de que llevábamos no pude aguantar más de cinco minutos. Rápidamente me dio otro beso, me obligó a vestirme deprisa y me echó de la consulta mientras que ella medio desnuda con mi semen resbalando por sus piernas me decía que me esperaba mañana para sacarme la muela.

Ya en la puerta, antes de abrirla para salir nos volvimos a dar un beso de campeonato. Mis manos recorrían todo su cuerpo y se recreaban en sus pequeños senos y en el culito que un día sería mío. En ese momento sonó un móvil. Era el mío, mi mujer que llegaría tarde. Me ofrecí para ir a buscarla. Totalmente confundido no relacionaba la maldad que acababa de cometer con mi ofrecimiento.

Ella me dijo que sí, pero que más tarde, que ya me avisaría. Mientras Paula aprovechó la oportunidad para devolverme la jugada que le había hecho antes mientras hablaba con su hermana. Se levantó la bata y acercó su trasero a mi bragueta y comenzó a hacer movimientos sensuales en círculo. Pasé mi mano libre por su vientre y fui bajando hasta dar con el inicio de la rajita.

Por un momento había olvidado la depilación y eso me hizo reaccionar con otro intento de erección. Mientras mi mano aplicaba un masaje a aquel conejo insaciable mi mente no sabía como cortar con la conversación telefónica que hacía rato que había perdido el hilo. Cuando colgué le recriminé que había sido muy mala. – Te lo debía, me dijo riéndose.  – Ah, por un momento pensé que querías adelantar tu sesión de sexo anal. – Si no fuera porque mis piernas no pueden y que seguro que tú tampoco…

– Oye, ¿quien ha dicho que yo no puedo? Además, cuando lo tengas dilatado yo ya me habré recuperado. Se lanzó a mi cuello y nuevamente me besó metiendo su lengua hasta la campanilla de mi garganta. – Vamos para adentro que en el botiquín tengo una cremita que servirá de lubricante, me ordenó.

La Paula que ahora se paseaba desnuda por la consulta no era la misma que una hora antes me había revisado la muela. Aprovechaba cualquier oportunidad para besarme. Me pidió que me quitara toda la ropa y mirándome con cara de niña caprichosa me pidió un último deseo:

– Quiero que me beses el culito. – ¡Que! – Quiero que me pases la lengua y me des gustito – Lo siento pero no veo capaz. –Pero yo sí que quiero.  Tranquilo me he pasado una toallita húmeda, lo tienes limpito para ti.

No tuve otra opción y rápidamente yo también empecé a disfrutar de aquello hasta el punto que se me puso nuevamente la poya como una piedra. Después le metí un dedo y después dos tal y como ella me dirigía para finalmente avisarme que se acabaron los juegos y que quería empezar la guerra. Estábamos de pie apoyados en un pequeño mostrador llenos de instrumental y medicamentos. Estuvimos un buen rato dándole hasta que ella me avisó que iba a tener un orgasmo que continuase igual. Me cogió la mano derecha y me lo acercó a su chochito. Yo busqué su clítoris pero ella quiso que bajara un poco más lo que interpreté que quería un dedo por la vagina. En ese momento de doble penetración noté un calor en la palma de mano.

– Perdóname, pero me estoy meando de gusto. Soy una guarra, perdóname. – Cariño, no te preocupes, le dije para consolarla mientras notaba el pipi caliente que caía por nuestras piernas. – Sigue por favor, córrete dentro de mí, me pidió.

Cuando acabamos nos limpiamos nos vestimos y me fui. La despedida fue más tranquila. Estábamos exhaustos. Salí y me metí en el coche. No podía conducir. Me quedé unos minutos en trance. Pensado en la situación que se me presentaba. En mi mujer. En lo que había pasado en la consulta. Un golpe sonó en el cristal de lateral. Miré y era Paula. Bajé la ventanilla y ella metió la cabeza para volver a meter su lengua en mi boca.  Después se fue, no sin antes decirme: mañana te llamo y no se te ocurra no cogerme la llamada. Ahora eres mío.

Autor: Emile Zola

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Un dia bien aprovechado

Hijo, tu padre no me ha hecho disfrutar tanto en la vida. Calla zorra, como no vas a disfrutar con una polla tan dura como esta, ya te has corrido comete el coño de esta zorra, quiero que le limpies bien el coñito a esa zorra. Cuando se lo dejes bien limpio se la meteré a fondo. Si, metemela ya que estoy a mil, en mi vida había visto tanta leche salir de una polla.

El caso es que había quedado con mi amiga Ana, ya sabéis con la que montamos un intercambio en nuestro ático. El caso es que quedamos un sábado para ir de compras y luego ir a comer aprovechando que nuestros maridos se habían ido a ver a su equipo a otra ciudad y seguro que luego se irían de putas, teniendo dos putonazos como nosotras en casa. El caso es que Ana vino a buscarme a casa iba radiante con un top blanco y una minifalda preciosa y super, super mini.

-Joder Ana un poco exagerada la mini que llevas para ser por la mañana. -Chica con este calor Uhh, pues mira tu pantaloncitos super ajustados y esa camiseta que se te marcan los pezones que ya verás como vamos a poner a los babosos. -Oye vamos hoy de calientapollas. -Eso lo tenemos fácil jajajaja que zorras que somos.-Así de fresquitas y de guapas nos fuimos a comprar unos trapitos. La verdad es que todos los tíos se daban la vuelta y nos decían de todo…

-Ana vamos a entrar a Zara que hay unos vestiditos que vi el otro día que me gustaron, la tienda estaba a tope y los probadores a tope de maridos con caras de aburridos esperando a que sus mujercitas se decidan a comprar algo, menos mal que en cuanto nos vieron se animaban aunque las zorras de sus mujeres les gritaran, ¡Que miras, pero de que vas mirando a esas guarras! El caso que le dije a Ana, bueno me voy a probar este vestidito a ver que tal me queda, en eso que me quito el vestido y solo llevaba el tanguita cuando Ana corre las cortinas y aparezco ante la visión de todo el mundo en pelotas, – ¡Lucia ya estás! -Uy perdona, Os podéis imaginar los tíos babeaban viéndome mis duras tetas y mi culito duro con un tanga super indecente.

– Huy, perdona Luci…-Que guarra eres Ana, pero ya que estábamos por calentar al personal, dejé la cortina entreabierta para que siguieran disfrutando de la visión los hijoputas de los tíos, seguro que nada más llegar a casa se follaron a las frígidas de sus mujeres pensando en mis tetas, uhhhhhhhh y eso me hace sentirme tan, tan, pero tan puta. Ahhhg… -Venga, me cojo estos dos vestidos que me gustan. Nos íbamos por la calle riendo las dos recordando como nos miraban las pedorras de las mujeres…

-Jo Ana, mira que abrir la cortina cuando estaba solo con el tanga. -Ah, peor hubiera sido que hubiera estado yo, que ya sabes que cuando llevo minifalda no llevo bragas ni nada. Seguimos la mañana de compras, cuando Ana dijo, vamos a entrar a Mango que tienes unos trapitos muy majos, estaba a tope de gente sobre todo de chavalitas jóvenes con sus novios, Ana cogió varias cositas y entró al vestuario cuando se estaba cambiándole dije…

-Ana que tal te queda (corriendo las cortinas y apareciendo su bello cuerpo en pelotas sus duras tetas y su chochito perfectamente afeitado) Jo, Luci que vengativa eres, mira que correr las cortinas. -Creo que tú también quieres que se caliente algún chavalito, jeje. Os podéis imaginar los chavalitos que estaban esperando a sus novias alucinando, y como antes, dejamos la cortinilla entreabierta, y todos mirando con disimulo.

Salimos riéndonos y nos fuimos hacia mi casa. Nos hicimos una paella y un besuguito a la brasa, porque encima de estar buenas de rabiar cocinamos de maravilla. Después de comer Ana dijo:
-Salimos a la terraza para seguir con este moreno integral, así que salimos en pelotas, estábamos especialmente bellas nuestros cuerpos morenos tumbados y fue entonces cuando Ana me dijo:
-Oye porque no cuentas a los lectores como iniciamos mi marido y yo a nuestro hijo en el sexo. -Ah pues buena idea, seguro que se van a hacer buenas pajas a nuestra salud, venga recuérdame la historia.

Como sabes, tenemos un hijo de 18 años. Nos consideramos unos padres modernos, bueno el caso es que hace 2 meses una noche, mientras estábamos en la cama, le estaba chupando el rabo a mi marido como no lo chupa ni la mejor zorra, cuando de repente le digo:

-Juan esta tarde he llegado a casa un poco antes de lo de costumbre y a que no sabes que ha pasado…-Cuéntame pero no pares de chuparme la polla guarra (nos va el morbo de la grosería pero solo en la cama pues no somos maleducados ni mucho menos) Ahhh que bien lo haces cacho puta, la chupas como nadie… -Pues que he llegado a casa y he visto a nuestro hijo haciéndose una paja mientras veía una película porno. -¿Y te ha visto él? -Si, pero yo he hecho como que no me he enterado y no le he dicho nada. -Ana yo creo que nuestro hijo es un hombrecito y que es normal, pero si tú para su edad te habías cepillado a medio instituto guarrilla…

-Ya, pero es que me da cosa que crezca y lo coja cualquier puta y le enseñe a follar. -Bueno yo creo que eso lo podemos solucionar lo vamos a llamar y que venga a la habitación. -Luis, haz el favor de venir a nuestra habitación. -¿Qué pasa papis? -Mira hijo tu madre me ha dicho que te ha visto como te hacías una paja esta tarde…

Se puso colorado como un tomate, -No te preocupes hijo, es normal que te excites y te hagas pajas, entonces Ana quitó la sábana de la cama y ahí estábamos desnudos, y mi pobre hijo alucinado…

-No me digas que no te gusta el cuerpo de tu madre… -Claro, está buenísima, todos mis amigos me lo dicen, y además alguna vez os he cogido alguna película porno de las que os grabáis y he visto, papá, lo bien que te la chupa y como te corres en sus tetas… -Hijo, ¿pero como te atreves a ver esas películas de nuestra intimidad?… -Ana por favor no le riñas, ahora estamos desnudos y si quieres hijo te vamos a enseñar a hacer disfrutar a una mujer. – Lo estoy deseando.  –Desnúdate…

-Joder que pedazo polla tienes hijo en eso has salido a tu padre que me hace disfrutar como a una autentica guarra, hijo menuda polla tienes, te la voy a comer y verás lo que vas a disfrutar, sentaros los dos que os la voy a chupar dijo Ana… -Ahhh ahhh que gusto me das mamá, parece una sirenita Aghhhh, que tetas más bonitas tienes, ahhh…-Mira hijo, en la cama a tu madre le gusta que la traten como a una zorra. -Pues vamos guarra, chupa esta polla.

-Joder Luis, nos estás poniendo a mil, total que en tres mamaditas se corrió en mis tetas. -Jajaja no has durado ni dos minutos, pero no te preocupes, a tu edad esa polla se levanta enseguida, de eso ya nos encargaremos nosotros.

-Papá, ¿te importa que te chupe la polla? -Pero hijo. -Follar no había follado todavía pero chupar pollas he chupado la de algún amigo y además ya he visto en alguno de los videos donde estáis follando que tu también te gusta chupar pollas y dar por el culito pues comparte la polla con la guarrilla de tu madre, -Zorra, aparta la boca que se la vamos a chupar entre los dos–Vamos, mira que dura tiene la polla el hijoputa de tu padre, ahhh, auuhhh no paréis de chuparme la polla uhhh…

-Vamos ahora cómele el chochito a la zorra de tu madre. -Auuhhh dale más deprisa a la lengua, así, así, Uhhh, que bien lo haces hijo hijoputa, Uuuuhhh… Mientras me comía el chocho, mi marido le masajeaba el culito y le dijo… -Hijo, prepárate que te la voy a meter. Era super excitante, mi hijo chupándome el chichi y mi marido follándoselo, uuuuuuhhhh… -Papá que gusto me das. -Hijo no pares de comerme el potorrito, ahhhhhh, venga ahora hijo, quiero que metas esa polla en el coño de esta zorra viciosa…

-Te voy a meter esta estaca dura zorra, toma, ¿te gusta he viciosa? mira cornudo como disfruta esta putilla, hijo, que bien te está follando a esta zorra que tienes por madre.

-Si…si…aggg…-Hijo no pares, que gusto me estás dando con esa polla uhhh, ahhh… -Callaros y ahora papá chupámela, que ya te he visto en algún video como se la chupabas a tus amigos mientras la guarra de mi madre se metía otra polla bien grande en ese coño de super puta que tiene..
Dicho y hecho mi mujer y yo le chupamos la polla mientras yo me la cascaba como una zorra.

-Ahhh que bueno tener por madre a una guarra y por padre a un cornudo perdido, poneros los dos a cuatro patas -Este hijo es increíble, resulta que nos está dando clases él a nosotros. -Si, porque soy un hijoputa, callaros y poner el culo… Mi mujer y yo nos pusimos a cuatro patas y tan pronto me daba a mí que a la zorra de mi mujer…

-Aaaaaaaahhhhh, ahhhh, hijo, tu padre no me ha hecho disfrutar tanto en la vida. -Calla zorra, como no vas a disfrutar con una polla tan dura como esta cacho zorracon -Maricona, ya te has corrido comete el coño de esta zorra zas, zas, toma golpes en el culo, quiero que le limpies bien el coñito a esa zorra. Cuando se lo dejes bien limpio se la meteré a fondo…- Si, metemela ya que estoy a mil. -Calla zorra… Ahhh que coño más bueno tienes siii….más…Ahhhg…como gozo…-Papis me corro, poner la cara que os la voy a regar. En mi vida había visto tanta leche salir de una polla.
Así fue como queríamos enseñar a nuestro hijo a follar y nos dio una lección, espero que os haya gustado…

Mientras Ana me estaba contando su experiencia yo seguía tumbada en la hamaca sin parar de tocarme el chochito y cuando Ana acabó su relato y me vio tan, tan caliente se lanzó a mi conejito y me lo comió de maravilla Si queréis dejar algún comentario, empezar por insultarnos, nos pone a cien pensar las pajas que se hace la gente mientras lee nuestras historias, por hoy vale.

Quiero dar las gracias a todos los que me habéis puesto comentarios diciendo que os han gustado mis experiencias, eso me pone el chochito a tope porque a puta y viciosa no me gana ninguna.

Un beso en vuestra polla y un lametazo en el chochito de las golfas.

Autoras: Luci y Ana

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Cosas que dejé en Barcelona

Empezó a ronronear como si fuera una gatita en celo. Cuando entró la punta estuve sin moverme para que su ano se acostumbrara a su nuevo huésped pero después se la metí hasta el fondo, estaba aturdida de los intensos orgasmos que había tenido yo se la metía hasta el fondo salvajemente. A veces la sacaba para ver el espectáculo de cómo se volvía a meter por aquel generoso agujero.

Nunca había sido muy dado a las celebraciones, y menos cuando el homenajeado era yo. Pero esa vez lo teníamos merecido. El presidente nos agradeció las últimas operaciones financieras (en estos tiempos inciertos para la bolsa), con un viaje a Barcelona con todos los gastos pagados, en un lujoso hotel para todos los de la oficina.

Sí, esta vez el cerebro había sido yo, pero todo se habría ido al traste si no fuera por mis tres colegas de la oficina, todas mujeres, todas excelentes profesionales… y todas realmente hermosas. Sudor y lágrimas me ha costado guardar las distancias para con ellas. Mis deseos van mucho más allá de ir a sus despachos a llevarles el informe de turno, a compartir el café, o a criticar a tal o cual cliente.

Al grano, allí estábamos los cuatro, con cinco días por delante para desconectar algo del ajetreado trabajo que habíamos tenido, y que seguro nos esperaría a la vuelta. Había que disfrutar y yo me conocía lo suficientemente bien esa ciudad como para dejar que mis compañeras se aburrieran un solo segundo. He de decir que aunque trabajemos en el centro mismo de Bilbao, en un lujoso edificio de oficinas, y nuestro salario sea más que aceptable; no somos gente snob. Por supuesto que nos gustan las ropas de D&G, los BMW, los equipos de música NAD… Pero todos somos de “pueblo”, y, en el fondo, acabamos por preferir el ambiente cosmopolita y distendido de los bares del Raval, a la marcha pija del Puerto Deportivo.

De esos cinco días que estuvimos, los dos primeros fuimos a Cadaqués a bucear, pues todos somos amantes del fondo del mar. Y ya en este segundo día el ambiente se había distendido mucho. No dudaban en quitarse el top del bikini delante de mí para enfundarse el traje de neopreno. Las tres tenían unas tetas preciosas, ninguna de tamaño exagerado, bien puestas, vamos. Y yo, para no ser menos, no dudé en quitarme el bañador delante de ellas para ponerme el buzo. La directora de la oficina, al verme desnudo, se permitió un pequeño comentario picantito con el que nos estuvimos riendo un buen rato los cuatro.

En el agua nos lo pasamos estupendamente. Unos peces preciosos, unos fondos increíbles y tres sirenas alrededor mío son el sueño de todo heterosexual enamorado de la mar. Cuando cayó la noche, y ya de vuelta en Barcelona, me propuse llevarles a un bar del Raval, llamado Marsella, al que había ido meses antes con unos amiguetes. Bar de aspecto viejo y dejado; botellas con una generosa capa de polvo, otrora animadoras de tertulias de hombres de saberes, adornando las paredes; mesas con cuadrillas de extranjeros hablando de alcoholes y experiencias sexuales… Preciosas mujeres por todos los lados. Rubias foráneas y morenazas autóctonas estaban despertando mi deseo más salvajemente sexual que debía tener aletargado mientras estuviera con las chicas de la oficina.

Pedimos unas copas de absenta para no desentonar en el ambiente, y estuvimos un buen rato comentando la última operación exitosa (me volvieron a felicitar por ello), anécdotas jocosas, y prometiéndonos que había que repetir estos viajes más asiduamente, aunque los tuviéramos que pagar nosotros. En el poco tiempo que llevábamos de mini vacaciones juntos nos habíamos compenetrado muy bien. Y aunque yo he sido la última incorporación a la oficina me había integrado perfectamente, y estoy seguro de tener en ellas a tres buenas, y buenas, amigas.

Y como amigos empezamos a hablar de novios y novias, satisfacciones y decepciones… hasta que la cosa se puso bastante calentita. Yo no me lo poda creer, estaba hablando con mi jefa de las posturas apropiadas para estimular el punto G femenino; mi jefa, una mujer de no más de 35 que tenía cada oreja pegada a un teléfono y que todavía le quedaba capacidad auditiva para poner verde al abogado de turno que estuviese frente a ella. Mi jefa… que si más que el tamaño, importa el grosor, que si se hace algo incómodo el chochito cuando te empiezan a salir los primeros pelos tras habértelo depilado…

Y yo no me quedaba atrás, la absenta nos había desinhibido lo poco que necesitábamos y la franqueza era absoluta. Me estaban poniendo a 200 por hora. Sus escotes insinuantes, sus manos en mi muslo de forma amistosa… y yo que no podía quitarle el ojo de encima a una francesa con minifalda, largas piernas y estilizadas, y cara de cachonda en busca de carne que llevarse a la entrepierna. Mis acompañantes no tardaron en darse cuenta de ello; y me quedé petrificado cuando una de mis chicas acercó su silla a la de la francesa y le propuso (sin consultármelo a mí antes), un buen rato conmigo. Luego me enteré de que su conversación se centró en mis amplias dotes amatorias, por supuesto inventadas, que mi compañera aseguró que yo tenía. Y no digo que no fueran ciertas… Apenas tardó un par de minutos en girarse hacia mí y asegurarme que “esta perra francesa te va a dejar más seco que una pasa”.

Parece ser que a todas les hizo mucha ilusión esta aventurilla y bromearon sobre mi posible dificultad para bucear al día siguiente. Como ya me habían dejado bastante fácil el asunto, me acerqué a la francesa para darle palique un rato, no sin volver a sorprenderme de lo buena que estaba. Sus dedos en mi brazo, mi dedo índice recorriendo el borde de su corta falda… los acontecimientos se precipitaron y no tardé en darle el primer beso, mi lengua buscó la suya, encontrándomela lasciva y juguetona. Daba la casualidad que ella estaba en el piso de veraneo de su padre, y que afortunadamente se encontraba de viaje de negocios por China.

Le propuse ir a mi hotel, pero ella insistió en que fuéramos a su casa. A mí me dio un poco de pena desaprovechar una noche sin dormir en aquella grandísima cama de aquel magnífico hotel. Ella tenía su coche aparcado no muy lejos de allí, así que nos despedimos de nuestros respectivos acompañantes y nos dirigimos al aparcamiento con continuos besos y toqueteos, dejando atrás un murmullo de sonrisas cómplices y cuchicheos, que no hicieron sino que apreciara más a mis amigas. He de reconocer que la francesa aquella era una guarra de las que hay pocas. Y yo creo que estuve a su altura. Nada más meternos en el coche y sin mediar palabra empezó a tocarme la polla por encima del pantalón. Yo ya la tenía bastante grande así que ella se apresuró a soltarme los botones de los vaqueros y agarrarla con una mano empezando a masturbarme.

Nuestras posiciones no eran muy cómodas, pero aquello también era excitante. Creí entender que le apetecía jugar un rato allí, en su coche, y que de camino a su casa ya recuperaríamos fuerzas. No me lo pensé dos veces. Corrí el asiento para atrás todo lo que pude y me bajé los pantalones para facilitarle los movimientos. Me la estuvo meneando un buen rato hasta que acercó su boca a mi glande y empezó a besarlo muy suavemente. Sus carnosos labios en forma de “O” aprisionaban la punta de mi polla, y su lengua en mi frenillo me estaba volviendo loco. La muy zorra lo sabía hacer bien. Poco a poco empezó a metérsela toda en la boca mientras con la mano seguía masturbándome. Era increíble. Cuando me corrí en su boca ella siguió chupando y moviendo su mano, prolongando mi placer un buen minuto, hasta que la dejó completamente limpia de semen.

Yo no quería otra cosa entonces que abrirle las piernas y meterle un par de dedos por el coño hasta dejarla jadeando. Y me lo puso bastante fácil. Fue ella la que se quitó el tanga, se levantó la minifalda, y se empezó a tocar las tetas sensualmente. Acerqué mi mano a su coñito y le metí de golpe dos dedos dentro. Ella estaba muy mojada, por lo que opté por introducirle otro más. No paraba de moverse para atrás y para delante, lo cual dificultaba mis maniobras, su respiración se entrecortaba, pero tras un rato tocando su punto G no tardó en correrse en mi mano mientras blasfemaba en francés.

Esperé a que ella misma sacara los tres dedos que tenía dentro con los movimientos de los músculos de su vagina y se los di a probar a su boca, lo cual agradeció efusivamente. Sellamos la sesión del coche con un largo beso en el que saboreé la mezcla de sus jugos vaginales con su saliva y los restos de mi corrida. Delicioso. Era cerca de la una y media de la madrugada y la noche no había hecho más que empezar. El coche empezaba a perfumarse con el penetrante (pero exquisito), olor a coño. Y yo estaba con unas ganas locas de llegar a su casa para hacerle mil y una guarrerías. La muy pija tenía un apartamento en Pedralbes, enorme y exquisitamente decorado con muebles de estilo minimalista. Nada más cerrar la puerta de su casa se subió la falda y se puso a cuatro patas. Allí, en la entrada. Y como el tanga ya se lo había quitado en el coche, quedó ante mis ojos el magnífico espectáculo de ver su precioso chochito rasurado y su culo durito y perfecto diciéndome “cómeme”.

No tardé ni un segundo en poner mi lengua a trabajar en su ano. Primero lo rodeaba sensualmente, para luego meterle la lengua lo más profundo que podía. También le metía un dedo en su chocho mojado para pasarlo luego por su culo y abrírselo más. Ella, como en el coche, no paraba de jadear y de decir palabrotas en francés. Eso me excitaba mucho. Cuando ya consideré que tenía suficientemente dilatado el ano le introduje un dedo; no le costó mucho entrar, pero ella, entonces, echó su cuerpo hacía abajo y apoyó su pecho contra el suelo, conservando el culo arriba, y dejándome a mí una más que aceptable posición para continuar con cosas más trascendentales.

Me coloqué tras ella y le puse mi rabo empalmado tocando su coño, procurando estimular su clítoris. Lo debí hacer bastante bien, porque así, y mientras le metía y sacaba un dedo de su culo, ella dio unas sacudidas que me asustaron. Le tembló todo el cuerpo durante unos segundos, como si le recorriese corriente eléctrica. La zorra de ella se había corrido como nunca, y eso que no le había metido nada en el potorro, aún. Me pidió que no cambiara mi posición, pero que le metiera otro dedo más por el culo. A mí me pareció algo extraño porque ella ya había acabado, pero enseguida supe porqué.

El suave contacto de mi glande contra su zona erógena había despertado en ella la llamada de la naturaleza. Mis dedos fueron apretados por su esfínter y mi polla recibió una inesperada y agradable oleada de pis caliente. Antes de que acabara de mear decidí probar aquel licor, así que le pedí que retuviera un poco para que yo lo bebiera. Yo estaba muy caliente y no me dio asco ninguno hacerlo. Me puse bajo su potorro, abrí su vagina y pegué mi boca abierta a su coño para degustar su “líquido secreto”. Fue magnífico. No dejé que nada se desperdiciara fuera de mi boca, y cuando acabó, seguí lamiendo su chocho lo más profundamente que daba mi lengua.

La orina lo había dejado más jugoso y más sabroso. Ella miraba para atrás para disfrutar de la escena también con los ojos, mientras me decía en francés que siguiera dándole caña con la lengua. Estábamos sobre un charco de excitante pis y yo no paraba de calentarme más y más. Mientras le lamía el potorro volví a meterle dos dedos en su culo para acelerar su orgasmo. Fue una excelente idea, dio un grito que se oyó en toda la escalera y se desplomó sobre el suelo mojado nada más sacar mi cabeza de su entrepierna.

Ella había tenido su ración de placer, pero todavía faltaba la mía. La pobre no se recuperaría hasta pasados unos minutos, pero yo no podía esperar. Me puse encima de ella y se la metí por el culo muy suavemente para que no le hiciera daño. Empezó a ronronear como si fuera una gatita en celo. Cuando entró la punta, estuve sin moverme unos segundos para que su ano se acostumbrara a su nuevo huésped; pero después se la metí hasta el fondo sin contemplaciones. Ya no blasfemaba, ni gemía. Sólo un hilillo de sonido escapaba de su boca. Estaba aturdida de los intensos orgasmos que había tenido y me dejaba hacer. Yo se la metía hasta el fondo salvajemente. A veces la sacaba totalmente para ver el espectáculo de cómo se volvía a meter por aquel generoso agujero. Aceleré mis movimientos para correrme, y cuando lo hice ella volvió su cabeza para decirme que había notado cómo eyaculé dentro suyo. Era golfa hasta para eso…

Permanecí encima de ella, todavía con mi pene en su culo, hasta que decidimos darnos una ducha para reponer fuerzas y limpiarnos un poco. Nos levantamos, y mientras ella miraba voluptuosamente el charco de sus líquidos, y todavía le resbalaba pis por la tripa, se pasó el dedo por el vientre mojado, lo pasó por mi entrepierna como para acariciarme los testículos y me lo metió por el culo. Me dio un morreo de campeonato y procedió a meter otro dedo dentro de mí hasta el fondo. Cuando acabó con ese juego se fue para la cocina y vino con una fregona y un par de toallas. La ducha nos reanimó totalmente. Nos besábamos y abrazábamos, nuestros cuerpos resbaladizos. Le enjaboné todo el cuerpito y le lavé el increíblemente bonito cabello rubio que tenía.

Una vez secos fuimos a su habitación. La cama tenía una preciosa cabecera de forja, ideal para usar cuerdas y cosas de esas. Yo nunca lo había probado, pero tampoco tenía muchas ganas de hacerlo entonces. Ella se echó boca arriba, dejándome ver sus tetas y su coñito. Lo tenía todo depilado a excepción de un pequeño triángulo en la parte superior, que le quedaba muy bonito. Con mi dedo índice empecé a recorrer los bordes de ese triangulito tan sensual mientras que con la otra mano le estimulaba la aureola de un pezón. Todo muy despacio, muy sensual.

Mientras se lo hacía, estuvimos hablando sobre lo de su meada, pensó que igual me había ofendido, pero nada más lejos de la realidad. Le dije que nunca me lo habían hecho, pero que me pareció algo muy excitante. También le dije que ya empezaba a ser hora de que inaugurara su coño con mi polla, pero que me apetecía que fuera ella quien llevara la voz cantante. Nada más decírselo, se puso sobre mí y colocó sus tetas a la altura de mi boca. Yo se las empecé a mamar muy suavemente de los bordes a la aureola, y luego mi boca empezó a lamer los pezones algo más agresivamente, para pasar a succionárselos otra vez de forma pausada y sensual.

El trabajo de mi boca en sus bonitas tetas, su chochito sobre mi polla, y sobre todo, ver a aquel hermoso cuerpo sobre el mío, no tardaron en hacer su efecto y mi pene volvió a tener una erección de infarto. Supongo que ella notaría como aquella cosa crecía más y más debajo suyo, porque cuando estaba bien dura (sin que yo le dijera nada), la agarró y se la metió por el chocho muy, muy lentamente. Cuando la tenía toda dentro se quedó quieta un rato como saboreándola dentro suyo. Y luego empezó a botar encima de mí, rápido, pero acompasadamente. Yo, mientras, la agarraba por las caderas y disfrutaba del bamboleo de sus pechos. Ella no paraba quieta un segundo. Me dijo que le gustaba ver como yo disfrutaba viendo sus tetas, y empezó a tocárselas y a estrujarse los pezones con las puntitas de los dedos.

Cuando se cansó de la postura, se tendió boca arriba en la cama y me pidió que se la metiera de un lado. A mí es una postura que me encanta. Mi boca se pudo entretener con su pecho derecho, y mi mano estuvo acariciando su vulva y su clítoris durante la penetración. Durante este tiempo que estuvimos así a ella le dieron varias sacudidas de esas que anteriormente he comentado. Deduje que eran los preludios de un gran orgasmo, pero yo quería acabar junto con ella. De un movimiento y sin sacar mi polla de su humeante potorro, la giré y la puse de lado también, permaneciendo yo detrás de ella. Me gustaba correrme de aquella forma, y era hora de acabar. Aceleré mis movimientos para conseguir mi orgasmo y prolongar lo más posible el suyo. La estaba follando a una velocidad de vértigo, sin contemplaciones. Se la metía hasta dentro y se la sacaba casi hasta fuera en décimas de segundo. A este ritmo no pude aguantar mucho tiempo y exploté dentro de ella con un orgasmo bestial e iluminando su vagina con el escaso semen que debía tener para entonces.

Siguió convulsionándose incluso cuando ya se la había sacado. Y así nos quedamos, cuerpo contra cuerpo, con mi ya maltrecha polla rozando sus genitales y su culo, y abrazándola fuertemente como queriendo que esa chica a la que acababa de conocer no se fuera nunca de mi lado. Las despedidas cuanto más cortas, mejor. Por la mañana nos intercambiamos los e-mails, pero ambos sabíamos que otro encuentro sería harto improbable. Aun así, tengo el convencimiento de que a vosotras, mis queridas lectoras, también os gustaría pasar con este servidor una noche de pasión y sexo desenfrenado. Os espero.

Autor: soidimsenatas

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Dos hermanas salvajes

Empecé a follarme a Sole, decía que se corría y que le encantaba lo que le estaba haciendo. Yo notaba como mi capullo empezaba a palpitar, síntoma de que  iba a explotar de un momento a otro. Así se lo dije a ellas, saqué mi rabo del culo de Sole y entre las dos empezaron a mamármelo, de pronto empezó a escupir semen, entre las dos fueron comiéndolo, haciendo que fueran varias mis descargas.

Os voy a contar una nueva experiencia que me ocurrió viajando por España. Me encontraba en Burgos por motivos de trabajo y lo típico, hay que trabajar pero también dar un poco de diversión al cuerpo.

Después de una jornada un poco pesada entre Vitoria, Logroño y Burgos, salí con unos amigos por la noche a tomar algo en la zona de ambiente. Tomamos unas copas en un pub bastante agradable, el cuál se iba llenando conforme avanzaba la noche. El pub tenía un ambiente de gente que rondaba los 30 años. Yo como tengo 34 me encontraba bastante a gusto.

Había mujeres bastante guapas y otras que sin serlo resultaban atractivas. Ya se sabe, el alcohol también ayuda un poco a ver mejor las cosas. Me fijé en que alguien me observaba, eran dos chicas que estaban al fondo del pub, y de vez en cuando lanzaban alguna que otra mirada y cuchicheaban entre ellas. Yo seguí con mis compañeros riéndome un rato y comentando que buena está esa, y aquella…

Pasado un rato miré hacia atrás y me encontré a una de las chicas bailando cerca mientras la otra se apoyaba en la barra apurando un cubata. Mis amigos se fueron retirando por cansancio, además la mañana siguiente también iba a ser un poco cansada.

Cuando ya me iba a ir, la chica que bailaba me pidió fuego (que excusa más típica pensé yo). Debo confesar que a mí me gusta que las cosas me las den hechas, y por mi apariencia es una cosa que por suerte ocurre con frecuencia.

Le di fuego y me preguntó que si ya me iba, y que qué poca marcha tenía. Le dije que estaba algo cansado del día y que tenía que madrugar así que no era mi mejor momento. Ella respondió que al menos esperara un rato y que les diera un poco de charla a ella y a su…hermana. Me quedé sorprendido porque la verdad no se parecían demasiado.

Comenzamos a charlar y ella me comentó que su hermana estaba soltera y ella divorciada; y que siempre solían salir juntas a tomar algo por Burgos. La conversación en un principio intrascendente fue tornándose interesante cuando me dijo que también vivían juntas y que…lo compartían todo. Me sonó en mi cabeza una alarma que me decía que la frase tenía un doble sentido, así que saqué fuerzas de donde no las había y me tomé algunas copas más en pubs cercanos con ellas.

No sé como, pero al final íbamos los tres camino del hotel donde yo me alojaba. Como es un hotel en el que entras en la habitación con una tarjeta no hubo problema, primero pasaron ellas para disimular un poco y luego yo.

Cuando llegamos a mi habitación todo se caldeó de repente. Entre las dos empezaron a quitarme la ropa. Lo hacían muy suavemente con caricias y lametones que hacían que mi polla diera señales de vida a pesar del alcohol consumido. Primero me quietaron la camisa mientras una me lamía la espalda y la otra acariciaba mi pecho y me chupaba el cuello y los oídos. Yo me sentía en la gloria. Empezaron a quitarme los pantalones y Sole me acariciaba las piernas mientras Marga se entretenía a darme bocaditos en el rabo a través del slip. La polla empezaba a emanar líquidos preseminales. De pronto me quitaron el slip, y Marga puso una cara muy complaciente diciendo ¿esto es para nosotras dos?. Yo contesté afirmativamente como pude ya que Sole me masajeaba los huevos desde atrás. Mi polla mide 18 cms., no es grande pero bueno, pasa la media.

Marga empezó a engullirla lentamente, me lamía todo el tallo con suavidad, y cuando llegaba al capullo daba mordisquitos suaves que me hacían ver las estrellas. Sole me chupaba los huevos como si fueran dos bolas de helado y se muriera de sed.

Yo notaba que mi polla estaba a punto de explotar así que cambié un poco la situación y recosté a Marga en la cama. Con rapidez le quité la ropa y vi una mujer espléndida, medía alrededor de 1m65, delgada pero con formas y con unos senos pequeños pero bien puestos con sus pezones en punta por la excitación. Sole mientras también se quitó la ropa detrás nuestro, y era una mujer también muy interesante, algo más rellena que Marga, de la misma estatura más o menos y con unos senos grandes, también muy excitados. Sole era rubia natural, cosa que comprobé enseguida al ver los pelos de su chochito recortaditos, y Marga morena con su sexo depilado y los labios del coño muy gorditos y apetecibles.

Comencé a lamerle la rajita del coño desde el clítoris hasta el ano, y se estremecía, mientras Sole se introducía mi pene en su boca con mucha delicadeza y con lamidas suaves; se ve que no quería que eso terminase pronto. Marga se corría en mi lengua con abundancia y yo devoraba sus jugos mientras mis manos sobaban sus pezones que parecía que se iban a salir. Me pidió que la penetrase, así que comencé a meter mi polla en su coñito muy lentamente, más bien se lo introducía ella empujando hacia delante. Ella estaba boca arriba en la postura del misionero, y Sole se me subió a la espalda y comenzó a restregar su coño sobre mi culo. Esto provocaba aún más que mis movimientos fueran más lentos. Parecía que era una loncha de jamón envuelto en queso fundido, ya que las dos abrasaban.

Cambiamos de posición, y pues a Sole a cuatro patas y a Marga sobre Sole con las manos apoyadas en la pared. Ante mí se presentaban dos chochitos deliciosos uno encima del otro, así que empecé a lamerlos con suavidad, empezaba por el de abajo y subía lamiéndole el culo y a continuación subiendo pasaba al de Marga haciendo la misma operación. Después a la inversa de arriba a abajo. Estaban totalmente húmedos y rebosantes de su delicioso zumo. Yo bebía de ellos como si de fuentes se tratasen.. Después empecé a penetrar a Sole, para a continuación hacérselo a Marga. Era delicioso, dos chochitos follados por mi rabo, cada uno distinto, una más apretadito y el otro más dilatado. Mientras mis dedos jugaban con sus anitos; primero un dedo, luego dos. Ellas estaban totalmente fuera de sí. La suerte era que al ir cambiando de chochito mi aguante era mayor todavía.

Marga me pidió que le sacase los dedos del culo y que le metiese el rabo, y Sole al oírlo también se sumo a la petición pero diciéndome que sería su primera vez, pero que los dedos la estaban matando y dándole un placer desconocido.

Primero se la metí a Marga ya que lo tenía muy dilatado y parecía un túnel que se amoldaba a mis venas a la perfección. Después de un lento mete y saca, apunté mi capullo a la entrada del ano de Sole. La puse por ser la primera vez a cuatro patas con el culito en pompa, y mientras apuntaba a su ano mis dedos jugaban con su clítoris, ella empezaba a recular intentando metérsela, primero entro la cabeza y se quedó parada. Le preguntaba si se encontraba bien y ella me dijo que sí, poco a poco, centímetro a centímetro la hice mía. Hasta que mis huevos chocaron con su coñito. Marga mientras me lamía los huevos y jugaba con ellos. Empecé a follarme a Sole, la cual se deshacía por momentos.

Decía que se corría y que le encantaba lo que le estaba haciendo. Yo notaba como mi capullo empezaba a palpitar, síntoma inequívoco de que aquello iba a explotar de un momento a otro. Así se lo dije a ellas, saqué mi rabo del culo de Sole y entre las dos empezaron a mamármelo, de pronto empezó a escupir semen, el cual entre las dos fueron comiéndolo, haciendo que fueran varias mis descargas.

No dejaron ni gota, siguiendo chupando sin parar. No sé como lo consiguieron pero mi rabo empezó a levantarse, así que no había que desaprovechar la situación y empecé primero a follarme a Marga que me cabalgaba como una posesa mientras Sole me ponía su chocho en la cara y se lo comía con desesperación mientras mis dedos seguían jugando con su culito. Luego Sole empezó a cabalgarme y a quién le pasé a comerle el chocho fue a Marga.

Sole quería que me corriese en su culo, así que tal como estaba sentada ella misma se lo introdujo en su ano despacito, y empezó a saltar sobre mi polla; cuando iba a venir la avisé y notaba como mis chorros de esperma salpicaban sus entrañas, y ella seguía moviéndose, aprovechando para restregar su coño sobre mi vientre. Yo no podía decir nada ya que Marga tenía metido su coño prácticamente en su boca. Las dos se corrían a la vez.

Luego me lamieron mi polla, limpiándome todos los restos de semen. Nos duchamos y nos despedimos; me dijeron que cuando fuese a Burgos ya sabía que pub frecuentaban, y que habían gozado esa noche, que se sentían salvajes Al día siguiente al pagar la cuenta, la recepcionista me preguntó que qué tal había dormido, a lo que le contesté que había dormido poco. Me despidió con un guiño, así que creo que no cambiaré de hotel cuando vaya a Burgos.

Espero que os haya gustado el relato, y si alguna mujer le apetece conocerme en uno de mis viajes ya sabe, que me ponga un comentario.

Autor: luisob67

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Braguitas para mamá

Me subí encima de ella y se la metí. Yo apenas quería moverme, solo quería mirarme en sus ojos y ser consciente del momento que estaba viviendo: se la estaba metiendo a mi madre, la estaba follando… y su cara reflejaba, más allá de cualquier duda, la inmensa felicidad del momento. Se había corrido como una burra y ahora su hijo se la tenía metida y se iba a correr dentro de su rajita.

Cada persona tiene sus filias (atracciones) y sus fobias (miedos), algo que con la edad se va atemperando, pero que en la niñez y en la adolescencia es casi generalizado. En el mundo del sexo es raro que no sientas atracción por las braguitas y miedo o pudor por la desnudez en público. Quién no ha sentido en algún momento fascinación de mirar a una mujer enseñando sus braguitas, aunque sea a hurtadillas y aún a riesgo de que te descubran fisgoneando, y quién en la adolescencia, no ha sentido alguna vez la tentación de curiosear en el cajón de las braguitas de su madre.

Soy Pancho Alabardero, tengo casi cuarenta años, vivo en Madrid, mantengo relaciones con mi madre y me relaciono con colegas que hacen otro tanto. Compartimos experiencias, confidencias y vivencias y a veces, sólo a veces, nos gusta darlas a conocer. Esta es la larga experiencia de un hombre que comenzó regalándole braguitas a su madre por su cumpleaños, y terminó siendo un apasionado de las bragas. Su historia es tan sensual como estimulante y nos adentra en el apasionante mundo del fetichismo y del incesto.

Hola soy Matías, tengo 31 años, trabajo de dependiente en uno de los centros comerciales con más glamour de Barcelona, no tengo novia fija, es decir, mariposeo por aquí y por allí, vivo en casa de mis padres al igual que casi todos los chicos de mi generación, me gasto todo lo que gano en mi coche, mis vicios y mis ligues, no ayudo para nada en casa, soy alto, rubio y de ojos azules, voy regularmente al gimnasio, estudio lo menos posible, aunque eso si, hablo el ingles a la perfección, cosa que por otra parte tiene poco merito en mí, dado que mi madre es inglesa.

Mi madre vino hace años de “Au Pair” a Barcelona para estudiar el español y antes de que terminase su contrato se casó con mi padre y se quedó a vivir aquí. Su matrimonio fue como tantos, de clase media acomodada, dos hijos, y alegrías y sinsabores, supongo que a partes iguales. Mi hermana estudió, se sacrificó, consiguió acabar su carrera, se casó y vive razonablemente feliz, yo en cambio me apunté a la ley del mínimo esfuerzo, hice lo menos posible, es decir: nada, y vivo inmensamente feliz.

Entré de dependiente en unos grandes almacenes, pero poseo el don de las relaciones públicas, de modo que pronto fui promovido a supervisor de la firma y la represento en todos los certámenes de moda y comercio, pero no se confundan, todo lo mío es pura apariencia, todo es de atrezzo, pues en cuanto se rasca un poco se descubre que tras esa flamante presencia sólo se esconde un Don Nadie, un servidor de ustedes.

Lo que les voy a contar comenzó hace unos cinco años y fue con motivo del cincuenta cumpleaños de mi madre. La mujer se sentía un tanto deprimida ante tal celebración, pues según decía ella, era la puerta de entrada a la madurez, aunque bendita madurez, pues mi madre era espigada, rubia natural, bellísimos ojos azules y una figura auténticamente estilizada, de tetas pequeñitas pero proporcionadas, de cara fina pero de labios sensuales y de modales absolutamente delicados, era y sigue siendo una “beatiful lady”, pura fragancia inglesa en las Ramblas de Cataluña.

Pues ante tal evento y tal situación anímica de mi madre, no se me ocurrió otra cosa que regalarle unas braguitas de fantasía, puro erotismo en forma de bragas, un simple trocito de tela que no decía nada, pero que lo insinuaba todo. Eran unas braguitas de puta, negras, llenas de volantes y con ribetes rojos. Pura insinuación: sensuales, sofisticadas, atrevidas, frívolas y explicitas, es decir, no tapaban nada, todo lo dejaba a la vista, exhibicionismo en forma de bragas. Era obvio que la que se las calzara no haría otra cosa que mostrar su chumino a quien lo quisiera disfrutar, de modo que entenderán mi precaución al regalárselas, pues en lugar de alegrarle el día podría llevarme una reprimenda por partida doble, pues mi osadía me llevó a entregarle el regalo cuando los tres, mi madre mi padre y yo, cenábamos en casa festejando su cumpleaños.

Las braguitas venían en un envoltorio elegante y glamoroso. Ella lo abrió con delicadeza y curiosidad y cuando tuvo tan delicada prenda en sus manos, sus ojos casi se llenaron de lagrimas de emoción y felicidad que evidenciaban, más allá de cualquier duda razonable, la sorpresa y la turbación por tan insólito y atrevido regalo de cumpleaños por parte de su hijo.

A mi padre el regalo también le hizo mucha gracia y de inmediato le propuso algo inesperado:

-Póntelas para que veamos como te sientan…

Mi madre, casi sin pensárselo y sin sopesar que no estaba sola con su marido, que yo también estaba allí, se levantó, se fue a su habitación y al momento salió vestida con sus bragas de puta, sin más ropa de cintura para abajo, las bragas y las medias, sólo eso. Se exhibió ante nosotros y mi padre, con suma galantería, se acercó a su entrepierna y besó con delicadeza, e incluso yo diría que con cierta excitación, su atrayente chochito, eso sí, a través de sus braguitas.

Después se acercó a mí e hizo otro tanto, exhibirse delante de mis ojos y a un palmo de mis narices. Yo sentí por un momento el impulso de hacer lo mismo que mi padre, pero no me atreví, y tan sólo alargué mi mano y con la mayor delicadeza del mundo acaricié suavemente su chochito, también por supuesto a través de sus braguitas de puta.

Fue el instante más excitante de mi vida. Por aquel entonces yo contaba 25 años y a pesar de que llevaba follando con chicas más de cinco años, les puedo asegurar que fue apasionante. Llevaba años registrando los cajones de mi madre y tocando, acariciando, oliendo las braguitas de mama. Para mí los cajones de la cómoda donde mi madre guardaba celosamente sus braguitas eran como el cofre del tesoro. Los abría y me deleitaba mirando sus braguitas cuidadosamente dobladas, apiladas por texturas y por tamaños, las tanguitas a un lado, las bragas de media nalga a otro, las de culo entero allá, en el fondo del cajón.

Cuando esa noche por fin pude por un instante acariciar y sentir en mis dedos la delicada textura del chochito de mama, creí que eso sería el Paraíso, pero no, el Paraíso aún no me estaba para serme entregado y disfrutado, esa noche el Paraíso fue para mi padre. Al rato y tan sólo después de beber unos sorbos de champán se encerraron en su habitación y no tardé más de unos minutos en escuchar unos suaves pero inconfundibles jadeos.

Mi madre estaba estrenando sus braguitas de puta que yo le regalé por su cincuenta aniversario. Yo esa noche tuve que conformarme con un premio de consolación: me hice una paja acompasada por los jadeos que llegaban de la habitación de mis padres, incluso sentía tanta afinidad, estaba tan inmerso en el momento, era tal el grado de compenetración que ambos, mi padre y yo nos corrimos a la vez y casi un instante después, mi madre, entre convulsiones, jadeos y suspiros, se retorcía entre orgasmos de felicidad.

Al día siguiente cuando me levanté vi a mi madre ya arreglada y esperándome para desayunar juntos. Mi padre salía al trabajo cada día temprano, en cambio mi madre y yo salíamos de casa como a eso de las 9 de la mañana. Ella trabajada dando clases de inglés a altos ejecutivos y yo entraba cuando se abrían las tiendas, a las diez de la mañana. Desayunamos juntos y nos miramos sonrientes, con complicidad, quizás también con cierta sensualidad, con cierta atracción morbosa, con cierto erotismo.

Había magia, flotaban en el aire fragancias de pasión. Le pregunté si llevaba puestas sus braguitas de cumpleaños, se levantó la falda y allí estaban, entre sus bellísimas piernas, dejando a la vista su espesa mata de vello púbico que a duras penas tapaba los labios superiores de su delicado chochito de mujer madura. Una rajita que deslumbraba más que los rayos del Sol al amanecer, que lucia fresca y húmeda a través del tejido de las braguitas. Me miró, me guiñó un ojo y con voz calida y sensual me dijo:

-Es para que me las vean mis alumnos-

-Joder- pensé para mí –aquí van a mojar todos menos yo.

A partir de ese día todo mi universo empezó a girar en torno a las bragas. Comencé a coleccionar catálogos, modelos, texturas, tejidos, formas. Comencé a

visitar boutiques de Barcelona, las más selectas, las más atrevidas, las más guarras. Comencé a visitar sitios Web de Internet para estar a la última, inicié un diccionario donde llegué a almacenar decenas y decenas de sinónimos, de eufemismos, de localismos y por supuesto los nombres en diferentes idiomas.

Bombacha, en Argentina, calzón, trusa, colaless, tanga, hilo dental, cucos, blumer, bloomer, panty, chones, pantaletas… en otros países de América. Pero también Unterwäsche, undergarment, underwear, lingerie, panties, knickers, culotte… todo, todo lo que se podía aprender sobre las bragas me interesaba. Sabían que es una de las prendas de vestir que mueve una ingente cantidad de dinero? Sabían que hay mujeres que entre bragas y zapatos pueden llegar a almacenar en sus roperos cientos de prendas? Sabían que tanto las bragas como los zapatos de tacón son los fetiches preferidos por los hombres y que muy raramente causan indiferencia tanto entre hombres como en mujeres?

Por supuesto es obvio decirles que a partir de ese día buscaba la ocasión para poder regalarle a mi madre lo último de lo último en bragas. Mi padre lejos de mosquearse o de sentirse celoso, se sentía feliz de que le regalase a mi madre bragas, aunque a veces fueran modelitos auténticamente provocativos. Todas, todas le parecían bien y animaba a mi madre a que las luciera, lo que me hizo sospechar que mi padre disfrutaba de la más que evidente infidelidad conyugal de mi madre, pero ni un sólo reproche ni a ella ni a mí por mi obsesión con las braguitas de mamá.

Y surgieron las anécdotas, quizás la más sugerente fue con la dueña de una exclusiva boutique en las Ramblas de Barcelona. La primera vez que entré en su tienda a comprar unas braguitas me preguntó si eran un regalo para mi novia. Le dije que no, que era un regalo para mi madre. Ella lejos de mosquearse me dijo:

-¡Que cool!, ¿Le regalas bragas a tu madre? -Sí- le respondí con total naturalidad. -Y cómo es ella- me preguntó con curiosidad. -Más o menos como tú- le contesté, a lo que ella servicial me ofreció a probárselas para que viera como sentaban. Acepté y se las puso, aunque tuve que comprar otras porque esas quedaron destrozadas después de la follada que los dos nos metimos en el probador.

Esta obsesión se prolongó a lo largo de más de cinco años, hasta que cierto día, uno más en el largo deterioro de la relación conyugal entre mi padre y mi madre, llegó la ruptura. Ese día mi padre me llamó por teléfono y me anunció que se iba de casa a vivir con otra mujer. Me pidió que cuidara de mi madre y que estuviese con ella para que no se sintiese sola.

Yo me quedé pensativo y dudé entre comprarle un ramo de flores o unas braguitas para cuando llegase a casa no se sintiese triste. Opté por las braguitas, unas braguitas que eran una auténtica pocholada, alegres, de colores amarillo chillón y naranja, para que le levantaran el ánimo, pero la verdad es que cuando llegué a casa mi madre no estaba triste y el ánimo lo tenía levantado. La encontré aliviada, feliz, como si se hubiese sacado un peso de encima, vamos que no me propuso irnos de discotecas a celebrarlo por pura educación, se ve que estaba de mi padre hasta las narices.

Esa noche le preparé una cena fría a base de salmón y rosbif, y, como correspondía a tal acontecimiento, regada ligeramente con unas copas de champán. Cuando ya apurábamos la última copa, brindamos por un futuro mejor y acercamos nuestros labios para besarnos, pero al sentir sus labios rozando los míos, algo me impidió separarme de ellos y prolongué ese beso más allá de lo razonable. Bueno, no sólo prolongué el beso, además asomé ligeramente mi lengua y se encontró con la suya que hacía otro tanto.

Aquello fue como una invitación para adentrarse en la tierra prohibida, en el jardín del Edén, y créanme, me adentré en la tierra prohibida. Era consciente que estaba besando a mi madre, pero también era consciente la pasión que levantaba en mí. Mi lengua rápidamente se coló dentro de su fresca y almibarada boquita y se entregó a una apasionada y delirante carrera por descubrir, por probar todas las mieles que guarda su sensual boca de mujer madura.

Mi madre me correspondía desinhibida y excitada, nuestras lenguas estaban entrelazadas, nuestros cuerpos abrazados, su chochito pegado a mi polla que ya no daba más de si, sus tetitas fundidas en mi pecho palpitante, sus ojos de vez en cuando se abrían y miraban llenos de lujuria, de pasión, los míos, que lejos, muy lejos de escabullir su mirada, la mirada de una madre que estaba siendo seducida por su hijo, irradiaban pasión, ardor, y pedían a gritos sexo, sexo mama, quiero sexo mamá.

Ambos estábamos de pie en medio del salón poseídos por una fuerza cósmica y sobrenatural, por una atracción animal. Era consciente que aquella mujer que tenia entre mis brazos, que besaba, que acariciaba, que deseaba su sexo por encima de cualquier otra cosa era mi madre, pero lejos, muy lejos de cohibirme, me excitaba sobremanera y mi mano buscó ansiosamente su chochito hasta que alcancé los pliegues de sus braguitas y comencé a acariciarle el chochito.

-Quieres regalarme unas bragas o quieres quitármelas- me preguntó con voz suave al oído, intuyendo que aquel paquete que había traído esa noche cuidadosamente envuelto en papel de regalo eran unas braguitas para mamá.

-No- le respondí decidido, muy decidido -Quiero quitártelas.

Fue entonces cuando me di cuenta de mi enorme error, estaba confundiendo lo esencial con lo accesorio, las bragas no eran un fin en si mismas, eran tan sólo un medio para estar cerca del chochito de mamá.

Ella en ese momento se abandonó, se tumbó en el sofá, se abrió ligeramente de piernas y dejó ante mi vista el Pórtico de La Gloria. Yo me arrodillé delante de sus piernas, le bajé suave, muy suave las braguitas que llevaba puestas y acerqué la punta de mi lengua a su deliciosa y perfumada rajita de su chochito. Estaba humedecida, lubricada, olorosa, abierta. Mi lengua se fundió con su excitadísimo clítoris y se lo relamí suave pero intensamente, de arriba a bajo, hacia dentro, hacia fuera.

Sus piernas me atenazaban con fuerza, con pasión, y sus manos buscaron nerviosas mi cabeza para aferrarse a mis pelos y empujarme hacia su rajita. Yo hurgué entre sus nalgas para descubrir su culito hasta que conseguí poner un dedo sobre su culo, comenzando a continuación la danza de la vida. La rajita de su chochito estaba siendo lamida por mi lengua y su culo acariciado por mi dedo, todo ello acompasado, intenso, vibrante, hasta que aparecieron las primeras convulsiones y jadeos, aunque yo no aflojé ni por un momento la intensidad de mis caricias.

Fue un orgasmo intenso, vibrante, enloquecedor. Cuando su cuerpo se fue serenando me subí encima de ella y se la metí. Yo apenas quería moverme, solo quería mirarme en sus ojos y ser consciente del momento que estaba viviendo: se la estaba metiendo a mi madre, la estaba follando… ella estaba relajada y su cara reflejaba, más allá de cualquier duda, la inmensa felicidad del momento. Se había corrido como una burra y ahora su hijo se la tenía metida y se iba a correr dentro de su rajita.

A partir de ese momento mi interés por las bragas cayó exponencialmente. No quería ver a mi madre con las bragas puestas, la quería siempre ligera de ropa y franca su rajita, pero exponencialmente también creció mi interés por follar con ella, tanto, tanto que estoy sopesando muy seriamente la posibilidad de no ocultar nuestra relación incestuosa. Éste no es más que el primer paso de un largo camino lleno de pasión.

Autor: Pancho Alabardero

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Ocurrió aunque no lo esperaba

Ella no era una chica que desaprovechaba la oportunidad de probar una polla, y más la de un chico mayor que ella. En sus ojos se le veía una luz brillante. Se le veía impaciente, se le notaba que tenía ganas de verla, que nunca había visto una, tenía ganas de tocarla, de probarla, de tenerla entre sus manos. Tenía una cara de vicio que lo decía todo.

Hola. Os voy a contar una historia que jamás pensé que pudiera ocurrirme, pero ocurrió. Solo de recordar lo que aquella tarde pasó en mi coche, me pongo a mil, no puedo evitarlo. Los diálogos no son exactos, exactos, pero he intentado recordar todo aquello que le dije y que ella me dijo, además todo aquello que hicimos, intentado ser lo más ceñido a la realidad.

Volvía hacia casa en coche. No estaba demasiado lejos; estaba en un centro comercial cerca de mi casa, parado en un semáforo, mirando alrededor para distraer un poco la vista, y al girarme hacia la derecha, vi a la hija de un amigo mío que hacía tiempo no veía. La conocí con más o menos nueve o diez años, ahora tenía 18, pero al verla, sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. Cuando la conocí, se podía adivinar que iba a ser esa clase de niña que no desaprovecharía la oportunidad de probar una buena polla que se le presentase encima. Ya desde pequeña, iba tanteando el terreno, sabía demasiado para su edad, y jugaba con ello. Por eso, al verla, me entró un escalofrío impresionante, pensando si tal vez estaría equivocado, o en el fondo sería toda una puta. Así que bajé la ventanilla, y la saludé:

– Hola guapetona, ¿qué tal? – Huy, hola – puso cara de decir, cuanto tiempo sin verte, con una expresión un tanto tímida. – ¿Cómo estás?  ¿Vas hacia casa? – Si. – Pues venga, que te llevo.

Subió al coche. Me conocía desde hacía tiempo, y era normal que no pensase nada malo sobre mí, que tuviera confianza, podía tenerla. Se puso el cinturón, y miró todo el interior del coche. Empezamos a hablar un poco. Le pregunté cosas sobre ella, sobre su familia, como estaban…

– Cuanto tiempo sin verte, como has cambiado, a mejor claro (…) Bueno, ¿qué me cuentas? Estás estudiando ¿verdad? ¿En qué curso estás? – Estoy en 45º de bachiller.- ¿Y cómo te va? Seguro que bien, porque yo se que eres inteligente y nunca has tenido problemas y nunca los tendrás. Me dijo tu madre, una vez que la vi por el barrio, que estabas practicando deporte… karate o algún arte marcial. – Estoy haciendo judo – se le escapó una sonrisa de satisfacción al hacerle esta pregunta.
– ¿Y te gusta? A mí también me gustaría practicar alguna clase de arte marcial. Que suerte, como te envidio, si tuviera más tiempo… – le dije, poniéndole una mano sobre una de las suyas.

Pronto llegamos al barrio donde vivimos, el camino se hizo corto. Vivimos muy cerca el uno del otro. Tengo una plaza de garaje, un garaje con plataforma, que al principio, para quien no ha montado nunca en uno de ellos, resulta un tanto… espectacular…

– Y bueno, ¿de chicos, como andamos? Porque tú seguro que tendrás 3 ó 4 novios, o amigos, amigos… ¿verdad? Y habrás tenido un montón, seguro, una chica tan guapa y tan graciosa… – No, que va, no tengo novios, no me gusta tener novios. – Pero alguno habrás tenido, ¿no?  Y besado, seguro que habrás besado a alguno… – Claro, ya he besado a algunos, he tenido varios novios, pero no me han gustado… – ¿Por qué no te han gustado? Con lo guapa y lo guay que eres tú por dentro y por fuera… que idiotas. – Ya, pero… – Pero… ¿qué?

Se hizo un poco de silencio, no sabía que contestar. Enseguida hablé yo:

– Voy a guardar el coche en el garaje. ¿Alguna vez has visto un garaje de plataforma? – ¿Un garaje de plataforma? ¿Qué es eso? – Ahora lo verás.

Metí el coche en el garaje. Primero se tiene que entrar en una planta baja pequeña, donde subes en una plataforma, al cerrarse las puertas, se acciona y va bajando hasta dejarte en la planta donde tienes la plaza de garaje.

– Tú tranquila, no te asustes. Aunque parezca que no tiene salida, vas a ver lo que pasa. Ahora el coche irá bajando poco a poco, al principio dará un pequeño tirón, pero tú espera.

Tenía cara de estar un poco asustada, era lógico, resultaba una novedad para ella. Nunca había visto una. En ese momento, aproveché para darle un beso en los labios, pues ahí no nos podía ver nadie, y podía dárselo tranquilamente y le dije:

– Aquí tienes un beso de un chico de 27 años, rápido, sencillo, suave, para que lo tengas, para ti solita. Y ahora te voy a dar otro mejor, para que sepas como besa un chico de 27 años…

Ella no opuso resistencia, enseguida se entregó al cálido beso que le di al principio, y luego a los que le fui dando suave, dulcemente, mientras le acariciaba la parte trasera de la cabeza. Su boca estaba ansiosa, besaba con ganas. La notaba muy nerviosa, yo también lo estaba, incluso me estaba excitando un poco, pues sabía donde podía llegar. Después de unos minutos, paré de besarla, dejándola a punto de caramelo. La plataforma dejó de bajar, y me disponía a dejar mi coche en su plaza. No había nadie, claro, es un sitio poco transitado y más a esas horas, ya a punto de cenar, todos estarían en sus casas preparando la cena.

Cuando me disponía a dejar mi coche bien aparcado en su sitio, ella se estaba relamiendo los labios con su lengua lentamente, con cara de vicio, saboreando el sabor de mis labios después de haberlos puesto en contacto con los suyos, le pregunté.

– ¿Alguna vez has visto una polla de un chico de 27 años? – No. – Pues aquí dentro tienes una- le dije señalándole mi bragueta- Desabróchame el pantalón y podrás verla.

No estaba equivocado; ella no era una chica que desaprovechaba la oportunidad de probar una polla, y más la de un chico mayor que ella. En sus ojos se le veía una luz brillante. Son unos ojos negros preciosos, con una mirada inquietante, pero a pesar de lo oscuros que son, se podía ver un brillo increíble. Se le veía impaciente, se le notaba que tenía ganas de verla, que nunca había visto una, tenía ganas de tocarla, de probarla, de tenerla entre sus manos… Tenía una cara de vicio que lo decía todo. Me desabrochó el pantalón, yo le ayudé un poco pues con los nervios… y me aparté lo suficiente los pantalones como para estar cómodo.

– Madre mía, que polla. – Cógela, es tuya, puedes cogerla.

La cogió suavemente, con delicadeza. A pesar de que no estaba totalmente empalmado, la cara que puso fue de asombro. Estuvo unos segundos jugando con ella, sobándola de arriba a abajo, y poco a poco se fue haciendo más dura, levantándose.

– Joder que dura se está poniendo. Vaya polla. – Ven, súbete encima, ponte encima de ella.

Llevaba un pantalón muy fino, casi transparente, que se le ceñía al cuerpo un montón. Puse su culo encima de mi polla, encajándola para no hacerme daño y para que la pudiera notar.

– ¿La notas? – Si. Está muy dura.

Uffffff, como me ponía notar la presión de su culito sobre mi polla. En ese momento empezamos a besarnos salvajemente mientras yo le iba quitando poco a poco la ropa. Le quité la camiseta que llevaba, para verle los pequeños pechos que tenía. Madre mía que pechitos. Los tenía pequeños, si, pero tenía unos pezones…  uffffffffffffffff, tenía ganas de comérmelos. Empecé a chupárselos, a masajearle sus pequeños pechitos, que suaves que estaban. Uff. Le pasaba la lengua por encima de ellos dibujando círculos, de arriba a abajo. Ella arqueaba su cuerpo hacia atrás, mientras se le escapaba de vez en cuando un gemido pequeño y largo. Llegó un momento en que se abrazó intensamente a mí… Dirigí mi mano derecha hacia su chochito, y pude comprobar lo caliente que lo tenía, cómo temblaba.

– Chúpamelo más. Quiero que me los sigas chupando.

Seguí chupándoselo mientras le acariciaba por encima del pantalón su chochito, el cual pedía algo más que caricias. Estaba ardiendo, temblaba, lo notaba húmedo. Notaba que pronto iba a ser mío. Lo frotaba por encima primero poco a poco, luego más rápidamente. Ella respondía a mis caricias con pequeños gemidos de placer y arqueando un poco su cuerpo. Gemía y se arqueaba. Notaba cómo se retorcía de vez en cuando y cómo flexionaba su cuerpo… En ese momento, le dije.

– Quítate el pantalón, quiero ver tu chochito.

Que braguitas más lindas tenía, que inocentes (todo lo contrario a ella), y su chochito, sin un pelo, sin nada, mmmmmm, sólo de pensarlo… mmmmm. Enseguida me abalancé sobre él.

– Ponte cómoda, y disfruta. Ábrete un poco de piernas.

Cuando se abrió de piernas lo pude contemplar entero. Ni un solo pelo, todo limpio, inocente, mío. Posiblemente iba a ser el primero en probarlo, en besarlo, en… Ella estaba muy nerviosa, ansiosa, no podía ocultarlo. Se arqueaba, respiraba profundamente, estaba empezando a sudar un poquito. Comencé a lamérselo, poco a poco para saborearlo todo, para que ella disfrutase y se llevase un buen recuerdo. Primero jugué con mi lengua, luego con uno de mis dedos. Le metía poco a poco mi lengua, dibujaba círculos, el sabor era increíble, ella disfrutaba, gemía. Luego, cuando metí uno de mis dedos en su interior, se le escapó un pequeño grito, un grito de placer y de dolor, le dije que se tranquilizara, que no iba a dolerle, no iba a hacerle daño. Ella asintió y se dejó hacer.

Jugué un poco con mi dedito en su chochito, metiéndolo y sacándolo con cuidado, mucho cuidado, poco a poco, mojándolo con un poco de saliva y haciéndolo cada vez un poquito más ancho. Le masturbé, me encanta masturbar, pensando como se masturbaría ella en su casa, cuando no estuvieran sus padres. Ella estaba disfrutando de lo lindo, se le veía en la cara que ponía, no paraba de gemir. Tenía el coño algo mojado, no paraba de mover su cuerpo, de arquearlo, de… Su cara, era una caña, una pasada. Reflejaba todo.

– Coge mi polla, ahora si está dura.

Se le abrieron tanto los ojos cuando dije esto… La cogió con las dos manos, con fuerza.

– Chúpamela. ¿Sabes chuparla? Pues yo te enseñaré.

Se la metió en la boca poco a poco llegando hasta la mitad. Noté sus dientes en la cabeza de mi sexo, su paladar. Le dije que fuera con cuidado, que solo usara los labios, que se imaginara que es una piruleta, y que utilizara los labios y su lengua. Mmmmmmmm, como la chupaba, para ser su primera vez no lo hacía nada, nada mal. Aprendía muy deprisa. Chupaba con fuerza, pero al mismo tiempo suavemente. No me soltaba la polla para nada, la tenía cogida con las dos manos sobre su base, y al mismo tiempo la chupaba… con tanta fuerza… uffffffffff… que podría correrme en cualquier momento, pero aguanté. VeíAñadir una imagena como la metía poco a poco en su boca, a veces pasando por encima la lengua, con mucho cuidado. Parecía que fuese la última vez que iba a chupar una polla… mmmmmm.

-Si quieres, puedes metértela hasta el fondo de la boca, puedes chuparla toda. Mójala toda, es toda tuya. Pero ten cuidado, no te atragantes.

No dijo nada, simplemente se limitó a hacerme caso. Se la metió hasta donde pudo, y pude notar el calor de su boca, lo mojados que estaban sus labios… mmmmmmmmmm Sabía que con el tiempo, sería toda una maestra chupando pollas. Uf, como la chupaba. Estábamos a oscuras en el garaje, pero podía verla perfectamente. Notaba sus labios como subían y bajaban, notaba su saliva sobre mi polla que tarde o temprano iba a reventar.

– Un poco más rápido. Así, asíiii, agggggggggg.

Uf, era increíble. Tarde o temprano me iba a correr. No podía aguantarlo. Era demasiado.

– ¿Te gusta?

Asintió…

– Sigue, no pares. Vas a probar algo que te va a gustar, no te asustes, ¿vale? asintió. – Chupa con un poco más de fuerza, juega con tu lengua y la cabeza. Cómetela entera. Era increíble. – Siii, sigue, chupa, siiiiiiiiiiiiiiii, aggggggggggggggg.

Me corrí salvajemente. Fue brutal. Pensé que se iba a asustar. Al principio pensé que iba a quitar su boca de mi polla, pero no la quitó, se quedó quieta hasta que descargué todo lo que pude, y para colmo al final se lo tragó todo. Me quedé alucinado. Me miró a los ojos.

– ¿Te gusta? – No mucho, pero está bien- dijo mientras sonreía.

Jugaba con su lengua y los jugos en su boca, como si realmente le gustase. Le di un pañuelo para que se limpiase un poco, y le di otro largo y cálido beso, mientras le pasé la mano con fuerza por su caliente y ansioso chochito.

– Ponte la ropa, que nos van a pillar. Otro día, eso de ahí abajo, va a saber lo que es una polla de verdad. Esta polla va a caber toda ahí dentro.

Solo sonrió no dijo nada…

Autor: chicosimpatic69

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