Fui muy puta

Me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho y yo pidiendo métemela por favor, en eso empecé a sentirla dentro, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche.

Hola, mi nombre es Ana, tengo 49 años me dicen que muy bien llevados, y os voy a contar lo puta que me comporté unos años atrás cuando tenía unos 25 años, yo estaba casada, con un hijo, y era muy mal tratada por mi ex-marido, dándome, palizas, insultos, bueno de eso no me gusta recordar.

Yo trabajaba en una fábrica y todo empezó cuando uno de los encargados que teníamos empezó a tirarme los tejos, era mayor, tendría unos 40 años, en una posición bastante cómoda y empezó a regalarme braguitas, bombones y yo no le hacía caso, le decía que estaba casada y no me interesaba nada, además con un marido muy celoso que no podía ni hablar casi con mis propios hermanos, se ponía furioso y no digamos con otras personas, pasó un fin de semana que fuimos a una boda de unos amigos y cuando llegamos a casa me dio una paliza que el lunes no pude asistir a trabajar.

En fin que Pedro, el encargado, no desistía en su empeño, era muy amable conmigo, seguían sus regalitos que me dejaba en la taquilla, me esperaba a la salida, hasta que un día accedí a subir en su coche para acercarme a casa, y me propuso tener relaciones con él, yo negándome, llegó a ofrecerme dinero, cosa que en casa escaseaba ya que la única que trabaja era yo, pero me resistía una y otra vez, ya un día me ofreció dinero para hacerle una paja yo nunca había estado con otro hombre que no fuera mi marido y ese día lo acepté nos fuimos lejos de la ciudad como a unos 60 km. por miedo supongo, en el coche se sacó la polla y empecé a pajearle, cuando llevaba un buen rato me la metí en la boca y terminó corriéndose en mi boca, yo solo le dejé que me tocara por encima de mis braguitas ya que nadie más que mi ex me lo había hecho.

Pasó un mes aproximadamente y mis hermanos y cuñados, o sea la familia, propusieron de ir a comer a un restaurante, cada uno pagaba su parte, y mi ex-marido me decía que no podíamos ir porque no teníamos dinero, le dije que yo a escondidas había ahorrado algo, con lo cual podíamos ir a esa comida, él se puso todo contento y que tenía una maravillosa mujer que sabía muy bien administrar y ganar la pasta ya que a él ningún trabajo le duraba. Si decía yo te voy a invitar de los cuernos que llevas, cabrón, yo ya estaba muy harta de él pero lo quería.

El caso que Pedro seguía insistiendo en vernos y la primera vez no había estado mal, había sido muy fácil ganar ese dinero. Me propuso que le comunicara que no me encontraba bien por la tarde y me daría la tarde libre, y él también la tomaría, y así lo fue, esta vez me llevó más cerca, a Sagunto, a unos 30 km. de la fábrica, igualmente solo fue una paja como la vez anterior, y él poco a poco fue retirando las bragas a un lado hasta meterme los dedos dentro, no le dejé más ya tuve un buen orgasmo comiendo su hermosa polla, con su mano que no dejaba de acariciarme. Dándome otra vez la misma cantidad de euros y mi ex seguía insultando que yo era una puta, ahora si ya lo había conseguido. Repetimos varias veces más sin nunca llagar a penetrarme yo no quería pero me gustaba cada vez más.

El tema fue que llegó el verano nos fuimos de vacaciones y cuando regresamos en septiembre la fábrica había cerrado. Y todos a la calle, nos seguimos viendo ya que hacíamos guardia en la puerta para que no se llevaran los dueños las máquinas y nos quedásemos sin cobrar. Pedro seguía insistiendo hasta llegó a ofrecerme unos cuantos euros, eran muchos, por una noche y tonta de mí no lo acepté, él me decía que ahora que pasábamos las noches de guardia me sería más fácil, pero yo no acepté. (Tonta de mí, ahora me arrepiento no haber sacado más pasta).

Tampoco él me gustaba, si en cambio acepté irme con otro compañero, una noche en su casa Manolo, un chico de 30 años, muy majo, llevaba unos meses separado, la noche era muy fría y dije que no me sentía bien, él se ofreció a llevarme a casa y nos fuimos por el camino a casa, me dijo que sabía lo mal que lo pasaba con mi ex, bueno, lo sabía todo el mundo, y me eché a llorar, paró el coche y claro le expliqué, ahora la que me espera cuando llegue a casa, me preguntará quien me ha llevado y ya tendré la bronca, con lo cual me propuso ir a su casa descansar y por la mañana podría regresar a mi casa con el bus, y me gustó la idea y acepté ir a su casa, me cuidó muy bien me ofreció unas infusiones y la verdad empecé a sentirme mucho mejor, estábamos hablando en el sofá, empezó a decirme que siempre me había admirado, que era muy guapa y palabras muy amables, la cuestión que se me había ido el frío por completo y cada momento estaba más caliente y excitada por lo que me decía y me contaba.

Sin casi darme cuenta nos estábamos besando, empezó por mi parte débil mi cuello y estaba yo como un flan, no tardé nada en ponerle la mano en su paquete y como estaba de duro, ummm cuando lo recuerdo, le bajé la cremallera y salió disparada, vaya polla, nunca antes había visto nada igual, larga y gorda, intentaba tragarla toda pero no había forma, casi no cabía en mi boca, me dio media vuelta metió su cara debajo de mi falda y a mordiscos me arrancó mis bragas, no tardamos nada en irnos los dos, yo tenía un orgasmo descomunal con su polla en mi boca y su lengua jugando con mi chocho, como nunca nadie había hecho antes conmigo, paramos un rato, nos fumamos unos pitillos, y al poco rato pasamos a la habitación.

Nos quitamos las ropas mal puestas que teníamos y me tumbó en la cama, su lengua recorría todo mi cuerpo con lo que no tardé en tener otro orgasmo, pero tenía unas ganas locas de tener esa polla dentro que se lo pedí por favor, métemela, no puedo aguantar más, me puso a cuatro patas, sentía su capullo que jugaba en la entrada de mi chocho, y yo pidiendo métemela, métemela por favor, y en eso empecé a sentirla dentro poco a poco, cada vez más hasta llegó en un momento que me dolía, nunca me había imaginado que todo eso cupiera dentro, no se las veces que me corrí esa noche, me penetró un montón de veces cambiando de posición, el cabrón duró toda la noche se corría y a los 5 minutos estaba otra vez con el cacharro en posición, nunca me lo había imaginado, cuando se corría mi ex ya no había forma y yo pensaba que todos los hombres eran iguales, que equivocada estaba, cuantas cosas me había perdido.

Y llegaron las 7 de la mañana me di una ducha me vestí y no tenía bragas ya que estaban rotas, me tuve que ir en el bus sin bragas y sin poder casi caminar, tenía el chocho como un tomate muy maduro, cuando llegué a casa le dije a mi marido que no había dormido nada, que era muy duro eso de hacer guardia toda la noche, y que me iba a descansar. A partir de ese día tenía más guardias que antes para estar con Manolo, la cosa duró tres meses dos veces por semana, hasta que Manolo regresó con su ex-mujer. Nunca lo he olvidado, fue el primero que me hizo sentir mujer y disfrutar como una perra.

Autora: Ana

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Tres hembras maduras II

Una vez terminado mi curso de verano en Besançon y el master intensivo de educación erótica dirigido por Simone con Marion y Marie Louise como profesoras adjuntas tenía que encontrarme con mi mamá en Paris.
En la cena de despedida agradecí a las tres sus cuidados y les juré que nunca iba a olvidarlas. Marion me regaló un precioso reloj Breguet, que todavía llevo, con una dedicatoria grabada. Simone una pluma estilográfica de oro también grabada con su nombre y el mío. Marie Louise me prometió un regalo sorpresa. Mi regalo fue el follarme de nuevo a las tres juntas exhibiendo para su contento la recién aprendida maestría.
Un viernes a mediodía llegué a Paris. Llevaba un equipaje voluminoso y me di un lujo subiendo al taxi que me llevó de la Gare de Lyon hasta la place des Vosges, en el Marais cerca de la Bastille. Mi madre era, por herencia de sus abuelos, dueña de un amplio apartamento duplex resultado de una división y posterior rehabilitación de un palacio del -creo-XVII. Mi madre había nacido en el seno de una familia enriquecida a principios del XX pero que habían ido gastado casi todo su patrimonio. Mi padre era un profesional con unos holgados pero no excesivos ingresos. Mis dos hermanas mayores, ya casadas y emancipadas, no habían cursado más allá del bachiller. Yo, el varón y favorito de mi madre, había sido un privilegiado: soy desde la infancia bilingüe en español y francés y a edad temprana ya dominaba el inglés. Como desde pequeño manifesté afición por las matemáticas y las ciencias en general  recibí la ayuda de profesores particulares muy competentes en esas materias.
Dejé las maletas en la portería y subí los escalones de tres en tres. Mi mamá ya me había oído llegar y me estaba esperando con la puerta abierta. Nos fundimos en un abrazo y pude apreciar su turgente cuerpo, su tibieza  y oler su dulce aroma.
Después de cenar me preguntó si estaba decidido a intentar ingresar en la Grand Ècole: la Polytechnic, que eran dos años de preparación etc. Contesté que sí, que estaba dispuesto a emplearme a fondo.
-Entonces voy a llamar a un matrimonio amigo, Anick y Jean. Jean es una persona muy importante que nos puede ayudar. Los invitaré a cenar.
Pasé el día siguiente callejeando por Paris y visitando Notre Dame en compañía de un conocido que trabajaba en su rehabilitación. Fue un día hermoso de final del verano.
Al volver al apartamento casi me caigo de la emoción: Marie Louise mi preciosa y madura mulata me abre la puerta. Era tarde y no hubo lugar a efusiones. Mi mamá al notar mi sorpresa me dice que Marie Louise le ha sido prestada gentilmente por  Simone para que se ocupe de mí durante el tiempo en que ella estuviera en Madrid.
Temía que la cena fuera un aburrimiento con dos gabachos presuntuosos. Pero no fue así. Anick era dueña de un rostro y unos ojos muy expresivos. Cabello largo castaño oscuro con reflejos rojizos. Tenía la edad de mamá y su misma serenidad de espíritu y además estaba buenísima, con unas carnes firmes que había notado  en el momento de la presentación: me dio un suave abrazo. Jean era un excelente conversador, brillante que no pedante.
Tras la cena Jean y yo pasamos a la pequeña biblioteca a tomar café. Tras un intercambio de frases corteses fue, sutil pero directamente, al verdadero objeto de nuestra reunión:-Carlos, debes saber que te conozco desde el momento en que eras un bebé recién nacido y que, aunque es la primera vez que nos reunimos, tu madre me ha dado cumplida cuenta de ti,  de tu educación…. Como parece ser que todos estamos de acuerdo en que la opción que deseas es la mejor: ingresar en la Ècole Polythecnic, yo tomando decisiones con las que tu madre está totalmente de acuerdo te he inscrito en una CPEG (escuela preparatoria). Te he inscrito bajo mi apellido, con lo cual tendrás todos los derechos de un ciudadano francés en el momento que firmes estos papeles.
Sacó de un sobre grande unos folios y me los alargó. Comencé a leerlos y al llegar al tercer folio levanté la vista, escruté el rostro de Jean y lo comprendí todo: Jean era mi padre biológico. Sin inmutarme le devolví el escrito y le dije-Señor, lo he comprendido. Y estoy de acuerdo.

Levantándome le tendí la mano y Jean, emocionado, me la estrechó y me dio dos besos en la mejilla al más puro estilo gálico.

En ese momento, como si hubieran estado esperando pegadas a la puerta entraron mi mamá y Anick, también emocionadas, con los ojos húmedos, me abrazaron con fuerza, con lo que pude paladear de nuevo sus tibios cuerpos.
En un ambiente alegre y distendido largamente hablamos de nosotros mismos y nos citamos en una notaría para ratificarnos en el documento que a continuación firmamos todos. Y para terminar Jean me dijo:-Carlos, hijo mío, perdóname por ofrecerte algún consejo: primero no hagas nada de lo que no te sientas capaz de asumir sus consecuencias, mantente internamente tranquilo aunque te rodee el caos, ni olvides la posibilidad de desorden en un tiempo de orden. Lee, si no lo has hecho ya, cuatro libros que están detrás de ti en la librería: El libro de las cinco esferas de Miyamoto Mushashi, El Príncipe de Machiavelli, El Arte de la Guerra de Tsun Zu y Las Amistades Peligrosas de Chordelos de Laclos. Todo eso complementará las enseñanzas de la bella  Simone.
Al oír esto último casi perdí la presencia de ánimo. Anick y Mamá rompieron a reír y me abrazaron de nuevo para mi placer.
Aquella misma noche me leí de un tirón los tres primeros volúmenes y comencé el cuarto durmiéndome sobre las cinco de la mañana. Temprano me despertó Marie Louise con el desayuno. Antes de terminar estaba preparada la bañera: la hermosa mulata me frotó con una suave esponja todo el cuerpo, me lavó la cabeza y rasuró mis mejillas de una escasa barba, me secó y para terminar la faena me dio un masaje suave. Me dejó como nuevo después de una noche de poco sueño.
Mi mamá me llevó a comprar la ropa y el equipo que iba a necesitar. Tras encontrarnos en la notaría con Jean y Anick y ratificarnos en lo firmado (mi madre tenía poderes específicos de mi padre nominal) la noche anterior fuimos a almorzar en un pequeño restaurante. Jean al oír a mi madre, al tiempo del café, comentar que había pasado la noche leyendo los libros recomendados preguntome por mis impresiones:-De Mushasi es muy interesante la idea del constante perfeccionamiento individual a través del ejercicio de tu oficio y la necesidad de reflexionar sobre ti mismo y sobre todo aquello que te rodea, buscando la verdad que subyace. De Tsun Zu que el mejor líder es el que vence sin luchar batalla alguna. De Machiavelli que en la lucha por el poder se debe ser inexorable. De Chordelos que no se puede confiar en los sentimientos de los seres humanos, y que si tienes alguna debilidad te harán pagar por ella.
Jean me dijo que estaba agradablemente asombrado por el resumen. Al despedirnos me aseguró que debíamos mantener un estrecho contacto y que su casa, y todo lo que tenía, estaba abierta para mí cuando lo deseara.
El primer día de clase se pasó en la presentación de los alumnos. En seguida congenié con varios chicos y con chicas: especialmente Brigitte, Bernadette y Christoffe. Brigitte tenía una apariencia regordeta pero en realidad era de constitución atlética y también parecía alegre y extrovertida. Bernadette era dueña de un rostro precioso y un cuerpo estilizado. Era reservada pero enseguida noté que tenía gran interés en mí y me complacía en la idea de, llegado el momento oportuno, meterle mi rabo en su coñito: consideré que iba a ser un proceso complicado, una partida de ajedrez ya que mi deseo era no hacerle ningún daño.  Con respecto a Christoffe le catalogué como a un gallito que tenía capacidad y ganas de constituirse en líder de la clase entera y juzgué que controlándole a él tendría controlados al resto de una manera discreta.  Me dediqué por unos días a conocer y valorar a cada uno de mis compañeros y de los profesores. Me di cuenta que el dinero que habían invertido mis padres en educadores privados había sido fructífero: el nivel que tenía en matemáticas era muy superior al del resto y en físicas y química era sencillamente mejor.
Adopté el papel de compañero perfecto: procurando no demostrar todos mis conocimientos ayudaba con discreción a cualquiera que me solicitara. Respecto a los docentes los estudiaba cuidadosamente buscando sus debilidades tanto profesionales como emocionales. Recababa cualquier dato sobre compañeros y profesores confeccionando una base de datos que me pudiera ser útil para controlarlos en cuanto tuviera necesidad de ello.
Brigitte vivía encima de un café enfrente del centro Pompidou. Su madre, viuda de militar, era dueña de dos cafés más en París. Según su hija, vivía únicamente para sus negocios.
El día en que llevé a mi madre al aeropuerto para un vuelo temprano a Madrid me había citado con Brigitte en la explanada del Pompidou para hacer footing. Al llegar no la vi y me dirigí hacia el café que estaba a medio abrir. Asomé la cabeza y al momento, con un tono de urgencia, me llamó una voz femenina:-¡Ven a ayudarme! Me percaté que de pie sobre una silla, en precario equilibrio y con una mano levantada apenas apoyada en un estante alto había una mujer. De un salto entré y llegué a tiempo de cogerla por la cintura y alrededor de los muslos antes de que cayera. La deposité en el suelo suavemente y ella después de darme las gracias me preguntó quién era yo:-Soy Carlos compañero de Brigitte.Habíamos quedado citados. Ella me contestó-: Claro eres Carlos. Yo soy su madre. Brigitte ha tenido que hacer un encargo pero enseguida viene. Y me ofreció compartir el café que había preparado y mientras lo bebía la contemplé detenidamente. Tenía un aspecto peculiar vestida con una bata de trabajo: no era muy alta, 1,65, pelo muy rubio cortado casi al cero, ojos azules porcelana, cutis perfecto, un rostro ovalado con nariz fina y menuda, labios carnosos y boca pequeña y un delicioso lunar cerca de la comisura, de piel muy blanca, rosada, cuerpo con apariencia fuerte, caderas anchas por la edad y la maternidad y unas pantorrillas finas y bien esculpidas. Quedé completamente enamorado de la madura Joëlle. Enseguida empezó mi campaña comentándole a Brigitte lo hermosa que me había parecido su madre y lo mucho que me gustó salvarla de la caída al rodear con mis brazos su cintura y muslos. Todo esto se lo dije de una manera naïf y graciosa para que pudiera trasmitirlo a Joëlle sin que ninguna de las dos se sintiera molesta.
Esa noche con mi mamá ya en Madrid, al llegar a casa la encontré silenciosa. Comencé a buscar a Marie Louise la mulata de mis amores. Vi luz en el dormitorio principal y allí tendida en la cama con un negligé trasparente encontré a mi Venus africana esperándome.:-¡Cuánto te he echado de menos! Y ella me contestó que le había pasado lo mismo. Con premura me desnudé y comenzamos un 69 delicioso donde su lengua, boca y saliva alternaban verga, huevos y culo  y las mías se introducían a fondo en su culito y en la profundidad de su vagina sin olvidar el hinchado clítoris y los gruesos labios de su vulva hasta que ella me hizo el regalo de su gran orgasmo dejándome la cara regada con sus líquidos y viendo como palpitaba su sexo. Marie se puso a mi lado y con su mano se introdujo mi verga y comenzó a mover rítmicamente sus hermosas caderas: mi pene entraba y salía con enorme suavidad de su encharcado coño mientras nos besábamos. Mis manos apretaban sus nalgas y a la vez le metía los dedos en su culo para abrirlo y relajarlo y cuando noté que su excitación crecía me coloqué encima, le puse sus pantorrillas en mis hombros y le metí mi verga en su culo mientras ella se acariciaba el clítoris. Al cabo de un rato fuera de sí me gritó que quería mi leche en su vagina y entonces la coloqué apropiadamente y comencé a follarla al estilo misionero hasta que estallamos a la vez en un orgasmo maravilloso. Descansando desfallecidos me dijo que le volvía loca el río de mi semen llenándola y que me quería como una madre incestuosa. Yo le conté que había conocido a Joëlle y que me parecía muy atractiva. Marie Louise, riéndose, me dijo que sabía que yo no era hombre de una sola mujer, que yo y la gran verga que tenía harían enloquecer a muchas mujeres y que ella me ayudaría en todo pero que no debía olvidarme de ella. Le prometí que yo también la quería como un hijo y que nunca iba a dejar de follármela.
Al cabo de unos días aprecié un avance-: Mi madre me ha preguntado cuál es mi relación contigo. Le he contestado que solo somos buenos compañeros, que no somos novios y que en todo caso que tú estabas enamorado de ella jaja. De todas formas le has caído muy bien pues no tiene inconveniente a que entres en casa cuando quieras. A partir de ese momento alternábamos mi casa y la suya para estudiar. Joëlle solía echarnos un vistazo, nos llevaba un tentempié y se demoraba unos momentos cambiando frases amables y al despedirse nos acariciaba a los dos la cara en una caricia delicada que a mí me excitaba mucho. Yo aprovechaba para cogerle la mano y besársela.
En una fría y lluviosa tarde del otoño de Paris durante la cual habíamos estado estudiando Brigitte se sintió enferma y me rogó que fuera a recoger a su madre al café de la elegante Avenue Montaigne pues Joëlle no conducía ni le gustaba pagar a un taxi. Recogí las llaves del coche, salí y me dirigí al café adonde llegué 15 minutos más tarde. Al entrar en el caldeado local fui recibido por Joëlle que con la excusa del frío y de que yo debería tener hambre hizo que nos sentáramos en la mesa de un rincón. Mandó, después de cerciorarse que me apetecía, que me sirvieran un steak tartar y una copa de vino tinto. –Carlos, quería conversar contigo y me ha venido muy bien que seas tú el que me recojas. Joëlle comenzó a hablar de sí misma, de su viudedad, de su dedicación a sus negocios, de la educación de su hija, de la ayuda que yo les estaba prestando no solo a su Brigitte sino también a ella misma, de que yo era un soplo de aire fresco, de las insatisfactorias experiencias que había tenido con un hombre que la dejó desilusionada y con la certeza que para ella el amor se había terminado…Al oír esto la interrumpí y la cogí de la mano:- Querida Jo-Jo eso para mí, sería una pena, pues estoy enamorado de ti. Se le humedecieron los ojos al oírme:-¿De verda? Pero  eres muy joven…Sin embargo quiero confiar en ti…quiero entregarme a ti. Le contesté que eso dependía de ella misma y que yo solo quería compartir con ella los placeres y éxtasis del amor.
Ya dentro del automóvil me dijo que aunque mi cara era todavía la de un niño mi carácter era el una persona muy adulta y acercando su boca a la mía comenzó a besarme suavemente aunque a cada beso iba aumentando la pasión con que lo hacía hasta que nuestras lenguas se entrelazaban en cada nuevo beso. Yo le devolvía sus besos sin intentar acariciar sus intimidades pues no quería asustarla. Quería que ella sola se entregara a mí.
Al cabo de un buen rato de este jugueteo con un suspiro me dijo:-Llévame a casa, cariño mío.
La llevé a mi casa. Entramos al caldeado interior enlazados por la cintura. Marie Louise, previsoramente, había preparado el dormitorio principal. Al entrar cerré tras de nosotros y comenzamos a besarnos de nuevo. Senté a Joëlle al borde de la cama y poniendo frente a ella con la rodilla en el suelo le quité las botas y calcetines que llevaba puestos ese día y aproveché para chupar cada uno de sus dedos . Tras esto le desabotoné la blusa y aflojé su falda. Llevando las manos a su espalda solté el cierre de su bracier: a los pocos instantes estaba casi desnuda: unicamente tenía la pratección de unos clásicos calzones. La tumbé sobre la cama y procedí a besarla: en la frente, las sienes, los ojos, su lunar cerca de la comisura y ya sus labios. Fui bajando y mi boca se apoderó de una tetas grandes y firmes y de sus gruesos pezones. Procedí a desnudarme completamente mientras Jo-Jo me miraba. Le hice darse la vuelta y le saqué sus feos calzones y le acaricié sus grandes y hermosas nalgas separándolas: me encontré el agujerito de su culo orlado por un círculo de piel marrón clara. Por allí le pasé repetidamante la lengua emitiendo sonidos guturales como los que se hacen cuando terminas de comer algo que es delicioso:-Ummm.. Joëlle se retorcía dulcemente y empinanaba su culo para facilitarme la tarea y entonces le introduje la lengua en su ano y la moví circularmente haciendo que se relajara y ensanchara:-¡Es la primera vez que me lo hacen, Bebé! ¡Cómo me gusta! Al oirla llamarme Bebé, como hacen mi mamá y Marie Louise, sentí un aumento de mi excitación y mi verga dio un salto. Después por medio de lamidas y bocaditos le busqué y encontré otros centros sensibles en corvas, cuello, nuca, orejas, espalda. Le dije:- Date la vuelta y enséñame tu coño que quiero saborearlo. Así lo hizo y levantado sus rodillas abrió sus muslos dejándome ver su ya abultada vulva con una sedosa pelambrea rubia. En ese momento se dio cuenta del tamaño de mi verga y gritó extasiada:-¡Qué grande! ¡Va a ser para mí, dejámela un poquito. Incorporándose ligeramente la cogió y se la llevó a su boca chupando por unos momentos el capullo.-Toma mi coño y hazme lo que tu quieras ¡Esta noche quiero ser tu perra!.
Le di su gusto: poniendo la cabeza entre sus muslos le chupé los labios del chocho y llegué a su clítoris que ya se apreciaba grande y hinchado. ¡Qué bueno sabía! Casi en seguida tuvo un orgasmo que no la dejó ni gritar. Sólo contrajo y retorció su cuerpo y con las dos manos me apretaba la cabeza para que no me separara de su vientre. Al fin conseguí separarme lo suficiente para encontrar con mi glande la entrada de su chucha y empujé despacio para que se acostumbrara al grosor de la herramienta que la estaba ensartando pero sentí que mi verga era primero atraída y luego absorbida sin remedio dentro de su vagina tan mojada. De manera que mi deso de metérsela suavemente se convirtió en realidad en una entrada brusca y salvaje hasta el fondo de sus entrañas y ahí Jo-Jo comenzó a deleitarse con una serie de orgasmos: en cuanto terminaba uno empezaba el siguiente. No los conté, claro, pero recordando ahora al menos encadenó tres. Al terminar comenzó a llorar como una niña. Era esa clase de llanto que estalla cuando ha desaparecido la ansiedad que te domina. La acurruqué en mi pecho para calmarla y la besé  suavemente, una y otra vez hasta que la ternura se tornó en deseo y su lengua acarició la mía:-¿Me dejas chuparte la polla?-Siií y me senté en el borde de la cama y mi puta se arrodilló ante mi y se la metió en la boca. Umm lo hacía realmente bien: se tragaba lo máximo que podía y empleaba la lengua con maestría. Después le tocó el turno a los huevos y cuando en ello estaba entretenida empuje su cabeza hasta que su boca se encontró con mi culo y su lengua me chupó el ano. No podía más. Necesitaba correrme. Me levanté, le subí la cabeza hasta que pudo comerme la verga y luego empecé a follarle su boca. En ese momento sentí que su pelo fuera tan corto: no podía tirar de él para hacer que avanzara y rotrociedera sobre mi verga. Así que le cogí fuertemente de las orejas y le guiaba así el movimiento de su cabeza a la vez que yo movía mis caderas hacia atrás y hacia delante. Fue maravilloso: su boca era como su coño y pronto de solté mi semen sin dejar que se saliera de su boca: se lo tragó todo. Con la verga todavía dura coloqué a Jo-Jo de rodillas  en el suelo y apoyando se cabeza en el borde del lecho. Yo me coloqué detrás de pie y flexionando las rodillas lo suficiente y cogiéndomela con la mano se la fui pasando por su coño de arriba abajo. Desde el clítoris hasta la entrada de su vagina, que estaba encharcada, y al agujero de su culito a la vez que con los dedos llenos de la crema, que previsoramente me había preparado Marie Louise embadurnaba su culo  y mi verga. Cuando escuché que Jo-Jo runrruneaba de placer coloqué el glande en su ano y, gentilmente, comencé a introducírselo. Como estaba relajada conseguí introducir una buena mitad y comencé a cualearla y a la vez a acariciar su clítoris. Era morbosamente encantador ver su sumisión mientras mi pene la culeaba a placer. Trabajé como un artesano, como me habían enseñado, pendiente de las reacciones de mi dama, buscando y estimulando sus zonas erógenas con gran entusiasmo ¡Jo-Jo era, en realidad, mi primera conquista!
Cuando noté que su orgasmo se acercaba saqué mi verga de su culo y, obligándola a que bajara su cabeza un poco más de manera que su  hinchada vulva se mostrara a mis ojos en su plenitud, le ensarté en su vagina mi herramienta. Primero a cámara lenta y el último tercio de forma brusca enterrándola totalmente en sus entrañas. Jo dio un grito:- ¡Me llenas toda! Comencé a follarla y mis huevos a cada acometida chocaban en sus nalgas,mi glande buscando su punto G con gran dedicación. Al cabo de un par de minutos le llegó el enorme orgasmo: los labios de su vulva palpitaban a la vez que sus fluidos salían abundantemente dejándome empapados los huevos y la pelvis. En ese momento dejé que mi leche la inundara y se mezclara con sus jugos.
Descansamos tendidos en al cama:-¿Te llevo a casa?- Prefiero pasar la noche contigo-¿Lo sabe Brigitte?-Sí.

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La amiga de la familia

La agarré por la cintura y comencé un mete y saca muy lento, gozando cada centímetro de su vagina, esa postura me excita mucho más que las anteriores, le dije de cambiar porque me iba a correr muy fácil, así que esta vez, se sacó mi pene y lo empezó a lamer, hasta metérselo todo en la boca mientras me acariciaba los huevos, hasta que ambos terminamos por tener una corrida monumental.

Tengo que decir que lo que voy a contar, sucedió realmente. Yo hoy tengo 37 años, y me he decidido a contarlo, porque creo que nadie se molestará, sobre todo la protagonista, junto conmigo, de esta historia, ya que lamentablemente murió hace algunos años. Por esa razón, omito nombres.

Todo comenzó cuando yo tenía 18 años. Por aquel entonces, yo estaba experimentando ese fuego que sólo se siente al amanecer de la adolescencia. Ella era amiga de la familia, de unos 36 años, más bien baja, 1.55 cm, con unos pechos que a mí me volvían locos, grandes y hacia adelante, y un buen culo. De cara no era muy agraciada, pero sí muy pícara. Tengo que decir que lo que sucedió, no fue por iniciativa de ella, sino más bien por mi terca insistencia.

El hecho fue que con motivo de las fiestas patronales de mi pueblo, ella se desplazó desde su ciudad, hasta mi casa con la idea de pasar unos días con nosotros. Su habitación estaba junto a la mía, y la utilizamos normalmente como cuarto para ver la televisión. Por ese motivo, por las noches yo permanecía en su habitación un rato, viendo la TV., mientras ella acostada, me acompañaba. En los primeros días, yo me excitaba muchísimo viendo su enorme sujetador, colgando de un lado de la silla de la habitación, y ella me lo notaba, pues yo estaba en pijama, y ya se sabe.

Yo aprovechaba cuando se iba al baño para oler su ropa interior, ese aroma que dejaban sus tetas en el sujetador, esas minúsculas bragas, (en esos días no se usaban por aquí los tangas, como ahora). Luego le hablaba de que me gustaría follarla, y ella una y otra vez me decía qué era lo que veía en ella, que yo tenía unas cuantas primas muy buenas, algo mayores que yo, no mucho, que seguramente estarían encantadas de follar conmigo. Yo la verdad, lo veía difícil, y además se me caería la cara de la vergüenza, si me rechazaban, así que lo más seguro, y rápido para mí era seguir insistiendo.

Una noche me dijo si quería ver la TV. desde su cama, así que me senté al borde, apoyando mi espalda en el cabecero. Al rato, ella al ver mi pene tieso, me dijo si sabía como aliviarlo, y yo le dije que no. Entonces me bajó un poco el pantalón del pijama, y comenzó a acariciar mi pene. Yo sentí un escalofrío en la espalda, que era nuevo para mí. Siguió con sus caricias, cada vez más rápidas, hasta que en unos minutos, tuve mi primera corrida, la cual fue a parar toda en sus manos. Esa noche dormí como un recién nacido.

Seguimos con esa práctica unos dos días más, hasta que una noche, insistí en metérsela por la vagina, a lo cual ella, después de tanto insistir, accedió. Yo creo que esa vez no llegué a metérsela, pues nada más estar encima de ella, chupando sus enormes tetas, y el roce de mi pene, con los pelos de su pubis, me corrí como nunca. Como la experiencia fue muy corta, acordamos repetirla al día siguiente, ya que mis padres irían al baile de las fiestas, y yo podría estar toda la noche en la cama con ella.

Durante el día siguiente, ella se cruzaba conmigo por los pasillos de casa, o se hacía la encontradiza, y levantándose la falda, me dejaba ver unas bragas minúsculas, que dejaban salir los pelos del pubis por todos lados. También, y cuando mis padres se iban a trabajar, se quitaba el sostén, y caminaba por la casa solo con una camiseta larga, que le llegaba un poco más abajo del culo, con lo que yo fácilmente notaba la figura de sus pechos balanceándose dentro de su camisa. Todo eso me ponía de lo más cachondo, pero ella me tenía prohibido masturbarme hasta la noche.

La noche siguiente, la tengo grabada a fuego en mi mente. Después de cenar, mi hermana pequeña se fue a dormir, por lo que yo me metí enseguida en la cama con “la amiga de la familia”. Totalmente desnudos comencé a chupar sus tetas, y con una mano, acariciaba su vagina, intentando con sus indicaciones, tocarle el clítoris. Ella mientras comenzó a masturbarme muy suavemente. Su intención no era otra que hacerme correr, para que luego pudiera completar mi penetración vaginal. Así fue.

Después de correrme sobre ella, y aún con el pene tieso, ella me guió hasta la entrada de su vagina, que aunque sólo la había tocado muy levemente con mis dedos, se encontraba bastante mojada. El pene, que por aquel entonces ya lo tenía más o menos del tamaño actual, unos 16 cm., se introdujo en ella con una suavidad increíble.

Me estuve moviendo sobre ella al principio muy rápido, hasta que ella me dijo que me calmara, que sino me iba a correr demasiado pronto. Ella gemía, primero muy calladamente, para ir subiendo de tono poco a poco, hasta que me corrí en su interior, aún recuerdo esa corrida.

Ella que tenía sus piernas cruzadas sobre mí, se desplomó, y yo sobre ella. Después de descansar no sé por cuanto tiempo, me dijo que me pusiera boca arriba, poniéndose ella sobre mí. Al instante ya tenía mi pene erecto, y ella se lo introdujo nuevamente en su vagina, iniciando unos movimientos pélvicos, que me excitaron increíblemente.

Yo mientras tanto le agarraba las tetas, chupándoselas con desespero. Ya cuando estaba a punto de mi tercera corrida, y habiendo tenido ella un nuevo orgasmo, se sacó mi pene, poniéndolo entre sus pechos, haciendo lo que se conoce como una “cubana”, terminando yo por chorrear de semen sus tetas y cara.

Por increíble que parezca, después de todo un día de aguantar sus provocaciones, todavía me quedaron ganas de otro, y ella me dijo de probar a cuatro patas, así que me puse detrás de ella, y fue ella la que la introdujo en su “chocho”. La agarré por la cintura y comencé un mete y saca muy lento, gozando cada centímetro de su vagina.

No sé por qué, pero esa postura me excita mucho más que las anteriores. Entonces le dije de cambiar porque me iba a correr muy fácil, así que esta vez, se sacó mi pene y lo empezó a lamer, hasta metérselo todo en la boca, mientras me acariciaba los huevos.

Estuvimos así como 5 minutos, girándose poco a poco hasta que tuve su vagina junto a mi cara.
Me dijo, “chúpamela”, y fui directamente al asunto, comenzando primero con la punta de la lengua, hasta acabar por meterla toda en su vagina, chupando sus jugos. Ella se retorcía con mi pene en su boca, y eso me ponía a tope, hasta que ambos terminamos por tener una corrida monumental.

Ya casi de madrugada, me volví a mi cama, quedándome el mejor recuerdo de mi iniciación sexual con la “amiga de la Familia”. Luego tuvimos más ocasiones, en las cuales me enseñó más cosas, sobre todo en verano, mientras pasábamos las vacaciones en la playa, pero esas son otras historias

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Me comí el chocho de mi madre

Me comí el chocho de mi madre tal y como ella quería, paseaba la lengua por todo su coño, me centraba en el clítoris, lo succionaba, lo lengüeteaba, tal  como ella me decía, hasta que se le arqueó la espalda y comenzó a gritar, más fuertemente que cuando se masturbó delante de mis ojos por primera vez.

Hace no mucho mis padres se divorciaron. Mi madre era muy joven cuando se casó y me tuvieron, por eso la diferencia de edad tampoco es muy grande. Yo tengo ahora 18 añitos, recién cumplidos, mi cumpleaños fue hace una semana. Mi madre tiene 35 años. Mis padres siempre han sido muy modernos y les ha gustado cuidarse a ambos, es más, mi padre siempre ha flirteado mucho y creo que por eso se divorciaron.

El caso es que desde hace unos 5 años me pajeaba con todo lo que pillaba de por medio (revistas, pelis, fotos en internet….). Tampoco tenía mucho cuidado, esto es, no echaba el cerrojo del WC cuando me masturbaba ni de la puerta de la habitación. Nunca he pensado en mi madre como Diosa del sexo hasta que un día la vi a ella masturbarse. Sí mi madre siempre ha estado muy buena (1,55m altura, pechos normales tirando a grandes, pelo por los hombros castaña, y el cuerpo muy bien porque hace mucho aeróbic).

Esa noche fue colosal. Yo había salido por la noche y mi madre se quedó en casa. Volví muy pronto porque un colega le dio por pelearse en un pub antes de que quedáramos, le rompieron la nariz y tuvo que ir al hospital, así que casi no me dio tiempo ni a coger el autobús. Cuando llegué a casa no dije nada porque pensaba que mi madre estaría durmiendo en su habitación y en su habitación sí que estaba, pero no durmiendo precisamente. Tenía la TV no muy alta, pero lo suficiente para que la oyera a medida que me acercaba a su cuarto, entonces entendí qué película estaba viendo por los gemidos que despedían los altavoces. Dejó la puerta bastante abierta, no me esperaba y se había descuidado demasiado, supuse.

Al principio no sabía qué hacer, si decir algo antes de pasar, si irme y dejarla sola…cuando de repente, entre los gemidos de la TV reconozco la voz de mi madre gimiendo también, y ése fue el detonante para que mirara furtivamente. Ella estaba en su cama a cuatro patas con la cabeza en dirección a la TV y masturbándose con la mano derecha. Esa escena, ver en realidad a una mujer perfecta masturbándose en casa, sin al principio pensar que era mi madre, hizo reacción en mi pene ejerciendo en él una erección incontrolable y hasta gotas de pre-esperma saliendo por el capullo. Seguí mirando mientras ella seguía jadeando y vi cómo se metía los dedos en su coño, que para estar sola lo tenía bien cuidado (muy depilado).

Aquello no duró más de 5 minutos, calculo yo, hasta que entre gemidos se corrió, vi su cara de satisfacción, eso me puso más caliente aún, fui al baño a pajearme sin fijarme si la puerta estaba, o no, bien cerrada.

Con lo descuidado que era me extrañaba que mi madre nunca me hubiera pillado pajeándome, y como sé que mi madre es muy moderna un día tenía que intentarlo así que hablamos de sexo de forma muy abierta:”Mamá, en el instituto me preguntaban que cuantas gayolas me hago” (era demasiado ingenua la pregunta, pero yo ya estaba harto de tanta paja solitaria) -Hijo, pues tú sabrás…

-Yo no tengo ni idea de que es una gayola, me dijeron que si no sabía que te preguntara a ti. -Joder con tus amigos, que cabroncetes. Bueno, no me puedo creer que tú no sepas qué es eso (me dijo con total incredulidad claro) – Pues no lo sé, ¿qué es? – Venga ya Luis, ¿en serio no lo sabes? – Pues no, ¿he hecho algo malo? – No hijo no, sólo que me pareces muy inocente. Es como vulgarmente se le dice a masturbarse. – Ahhh, pues yo no sé ni cómo se hace. – Venga ya… eso sí que no me lo creo, ¿no has visto películas porno ni una revista ni nada? – No mamá, no, joder tú también tratándome como un bicho raro… (Había que ponerle un poco de dramatismo para que ella me creyera).

– Aay perdona Luis, no quería herirte, pero para la edad que tienes y los amigos con los que vas, pues creía que estabas más despierto hijo. En el caso de los hombres la masturbación es la frotación del pene imitando el coito, es decir con la mano generalmente se acarician el pene de arriba a abajo (cuando empecé a oír eso de mi madre mi polla comenzó a levantarse como un misil), con el fin de llegar al orgasmo. Suelen eyacular esperma cuando lo hacen, y en el caso de las mujeres es la frotación de su vagina con el mismo fin.

– ¿Qué fuerte no mamá, y es normal hacerse muchas? – A tu edad sí, ¿de verdad no te has masturbado nunca hijo? – De verdad. ¿Qué se siente? con esta pregunta me salí. – Buff, pues mucho placer. (Yo estaba muy excitado, pero noté como en la camiseta de mi madre se desarrollaban los pezones y se endurecían), cuanto más controles tu propio cuerpo más placer sabrás darte. -¿Y cómo sabes que has tenido un orgasmo? – Pues, es mejor que lo pruebes tú un día, seguro que lo adivinarás. Creo que con esto se quitó del medio rápido.

– Bueno…pues voy ahora al WC.

Mi madre se quedó con cara de “vaya qué lanzao” y ni corto ni perezoso me fui. Me bajé los pantalones, estuve un rato sin hacer nada y luego grité…-Mamá puedes venir por favor.  -¿Qué pasa Luis? (me dijo desde el otro lado de la puerta) – Pasa por favor – (Entró) A ver, que pasa.

– Que creo que lo hago mal porque me estoy haciendo daño. – No querrás que yo te enseñe no (no lo decía muy molesta así que seguí haciéndome el tonto). – Pues si no eres tú en quien puedo confiar ya me dirás en quién.

– Aay hijo, me pones en unas circunstancias… a ver bájate los pantalones (diciendo esto le tembló un poco la voz y se puso roja como un tomate). Asomó mi pene que no estaba fláccido del todo. – Bueno, que conste que empiezo yo, te dejo solo y luego ya terminas tú ¿vale? – Vale (no me lo creía ni yo) – Mira, y comenzó a frotar mi polla con mucha dulzura, comentando cómo debía hacerse.

Yo estaba concentrado en el placer que me estaba dando mi propia madre….qué gustazo. Pensaba en que tenía que disfrutar, pero no me podía correr enseguida porque sino todo se acabaría enseguida. Cuando miré hacia abajo, mi madre ya se había callado y también estaba concentrada en lo que hacía y parecía que gozaba con ello, miré su entrepierna, no vi nada debajo y observé su depilado coño, ella lo notó y sin dejar de frotar mi polla, me miró a los ojos y comenzó a darme instrucciones para que la hiciera un cunnilingus…

Me comí el chocho de mi madre tal y como ella quería, paseaba la lengua por todo su coño, me centraba en el clítoris, lo succionaba, lo lengüeteaba, tal como ella me decía, hasta que se le arqueó la espalda y comenzó a gritar, más fuertemente que cuando se masturbó delante de mis ojos por primera vez.

Después de unos segundos, tumbada, creo que reflexionando sobre lo tenso del asunto, se acercó y me dijo aún exhausta: “El sexo es muy privado y esto que hemos hecho debe quedar entre tú y yo, ni tus mejores amigos deben saber lo que hemos hecho. Yo te he enseñado cómo masturbarte, así que a partir de ahora, cuando quieras podrás hacerlo tú mismo” Yo dije que sí, pero la cosa no quedó ahí, otros días hubo muuuucho más. Pero me he extendido mucho y lo siguiente lo dejaré para otra vez.

Espero que os excitara tanto como cuando me pasó (mamás, pajear a vuestros hijos mayores de edad. Chavales, que vuestras madres os toquen todo lo que podáis).

Autor: C.

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Una realidad auténtica

Después de hacerme acabar varias veces, me tomó de la nuca y me llevó la cabeza hasta su verga que realmente es más grande de lo que uno puede imaginarse, con decirte que prácticamente no podía tragármela. Cuando estaba a punto de acabar, me la sacó de la boca y en ese momento le dije que te iba a llamar; mientras lo hacía fue que me penetró hasta hacerme gritar, y casi me desmayo.

Me llamo Luis y mi mujer Andrea, tenemos ambos 30 años y somos lo que se dice una pareja bien parecida, sobre todo Andrea, que es alta, llenita, morocha de ojos muy negros y pelo también muy negro, con unas tetas bien paradas y duras y un culo, realmente para ponerlo en una exposición.
Aunque parezca mentira, luego de 8 años de casado fue que recién me di cuenta que mi mujer es la más puta de las mujeres, y que eso a mí me gusta. Mi matrimonio era de lo más normal, muy fogoso al principio, para luego ir decayendo un poco, pero siempre teniendo sexo bien satisfactorio, y con bastante frecuencia.

En algún momento empezamos a tener fantasías cuando hacíamos el amor, hablando de que nos gustaría hacer un trío, o simplemente mirar como otro hombre u otra mujer haría el amor con uno de nosotros. Las fantasías siguieron y nos calentábamos mucho, hasta que empezamos a fantasear con que “yo te voy a avisar cuando vaya a coger con alguien” y cosas por el estilo.

En una oportunidad, me llamó por teléfono a mi trabajo y yo no estaba. Cuando esa noche me lo comentó, le dije que había salido para ir a acostarme con una amiga, siempre como parte del juego, me preguntó quién era; qué le había hecho, si le había chupado bien el coño, si le había dado por el culo, etc. A medida que iba inventando las respuestas, mientras nos acariciábamos, nos íbamos calentando cada vez más y nos echamos un polvo inolvidable como cuando éramos novios. Así seguimos por un tiempo relativamente largo, avanzando en nuestras fantasías, por ejemplo, cuando ella se bañaba, perfumaba y maquillaba para salir de compras con sus amigas, me decía que iba a encontrarse con Pedro, o Andrés, o Fernando, que le iban a comer su coñito, o que Manuel o Luis se la iban a follar hasta que no pudiera estar de pie.

Otro día que había ido a tomar el té con sus amigas me llamó para avisarme que iba a llegar más tarde porque en ese momento estaba siendo enculada por mi amigo Raúl que luego se tomaría un taxi. Cuando llegó yo la esperaba ya con mi verga a punto, y otra vez tuvimos un encuentro memorable. La relación realmente había mejorado mucho y parecíamos recién casados por la calentura en que nos encontrábamos casi permanentemente hasta que un día que yo sabía se iban a reunir con otras amigas en casa de Sofía para ver las fotos del último viaje, la vi vestirse con una blusa bien escotada y una minifalda que a mi me deja “de cabeza”, medias negras y zapatos de tacones bien altos y finos.

-¿Adónde vas vestida así? Pregunté más bien para jugar que para saber la respuesta. -A follar con Fernando. Me contestó. -A que sí. Cuando te esté follando quiero que me llames y me lo digas. -Te lo prometo.

Casi no puede irse porque yo ya estaba empalmado y quería cogerla allí nomás antes de que se fuera.
Alrededor de las 19 h. llamó por teléfono Laura, para avisarle a Andrea que la reunión se suspendía para el otro día porque ella y Julia no podían ir. Cerca de las 21 h. yo estaba poniéndome ya nervioso por la tardanza ya que sabía que Andrea no estaba en lo de Sofía cuando sonó el teléfono.

-Hola mi amor ¿cómo estás? Dijo. -Bien, ¿dónde estás tú? -Ya te lo dije, follando con Fernando.

Yo no podía creer lo que estaba oyendo, pero al no haber ido a lo de Sofía, comencé a dudar de que fuera cierto lo que me estaba diciendo.

-No te creo, y me tienes preocupado, dime dónde te has metido. -Estoy con Fernando, que en este momento me está comiendo el coño y yo le acaricio la polla. -Mami, me tienes a mil, vente lo más rápido que puedas, que hoy te voy a hacer de todo. -Tendrás que esperar Papito, porque ahora, estoy a punto de tirarme a Fer, que tiene la polla más grande que me he comido hasta hoy. Escucha como me hace gemir cuando me la pone,- ay Fer… despacio… con cuidado… la tienes muy grande. -¿Desde dónde me estás hablando, Andrea? -¡Qué importa!, déjame gozar y luego te cuento.

Creo que llegué a contar hasta los minutos hasta que regresó, pues no podía con mi calentura y con las ganas de saber en realidad donde había estado. A las 10 y 15′, cuando regresó yo ya estaba esperándola para desnudarla y he de decir que si no la hubiera encontrado tan lubricada, casi habría sido una violación, pues casi sin preliminares me la follé. Luego de ese primer polvo, nos quedamos un poco relajados y mientras la acariciaba y besaba por todos lados, (boca, cuello, espalda, tetas), comenzamos a conversar, y yo le pedí que me contara la verdad de lo que había hecho.

-Ya te dije que me fui a follar con Fer a un motel. -Cuéntame entonces todo con detalles. -Pues me pasó a recoger en su coche y nos fuimos al motel, ya de antes estábamos muy cachondos, así que ni bien subí y nos dimos un beso, me empezó a meter mano, en los pechos y entre las piernas, pues como ves con esta pollera, se me subía hasta dejar que casi se me viera la tanga y eso era una invitación que él aceptó.

-Dices que te metía mano mientras manejaba ¿y tú que hacías? -Mientras me acomodaba bien adelante en el asiento del coche y abría las piernas para que me tocara y viera que mojado tenía el chochito le tocaba la verga por encima del pantalón, y luego se lo desprendí, no me dio el tiempo de hacerle una mamada allí mismo porque llegamos, que si no nos hubiéramos ahorrado el gasto.
-Cuéntame, cuéntame. -Me desnudó casi a los tirones y luego hizo lo propio y me empezó a besar como lo estás haciendo tú ahora. -Sigue que me estás volviendo loco otra vez.

-Me comió el chocho durante no sé qué tiempo y después de hacerme acabar varias veces, me tomó de la nuca y me llevó la cabeza hasta su verga que realmente es más grande de lo que uno puede imaginarse, con decirte que prácticamente no podía tragármela más allá de la cabeza. Cuando estaba a punto de acabar, me la sacó de la boca y en ese momento le dije que te iba a llamar; mientras lo hacía fue que me penetró hasta hacerme gritar, y casi me desmayo. -Si serás puta. -Como le gusta a Papito, o no te gusta que sea así. -Claro que me gusta.

Ya a esa altura yo no podía hablar más pues mi lengua estaba ocupada yendo de su coño a su culito y nos echamos otro polvo de antología. Después de 8 años de casado echarse dos polvos no era una cosa de todos los días y quedé en un estado de relax, como en el limbo, pero, recordé que realmente no sabía dónde había estado, puesto que a lo de Sofía no había ido.

-Dime ahora realmente donde fuiste. -Ya te lo he contado. -¡Pensé que era otra fantasía! -Claro bobito, estuve en lo de Sofía con Laura y Julia.

En ese momento no sabía cómo reaccionar y le dije:

-No es cierto, llamó Laura para avisar que la reunión se cancelaba, que no podían ir.

-Papito, tú tenías una fantasía, querías que yo te pusiera los cuernos, pues te los he puesto, mejor, te los vengo poniendo desde hace un tiempo, y para ti era fantasía, pero sé muy bien que te ha gustado, só cabrón, así que desde ahora, cuando me empiece a “picar el chocho” voy a salir a coger con quién me dé la gana y luego, como favor, si me lo pides, te lo contaré.

-Si me has contado la verdad, si me has hecho un cabrón, tienes que por lo menos alguna vez, dejarme mirar. -Claro Papito, su nena lo va a dejar mirar como otro macho se la coge, le come el coño y la culea.

Al principio creí que los celos me matarían, pero pronto descubrí que me gustaba, que ver gozar a Andrea con otro hombre era realmente excitante y que eso fortalecía nuestro cariño, pues ella jamás se involucraba sentimentalmente, sólo los quería para follar, y que además yo gozaba nuestros polvos como nunca.

Autor: Luis

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La novata amiga de mi hermana

Se subió en mi polla, al comienzo lo hizo suavemente, luego se sentó un poco más, pero le dolió, así que intentó retirarse, la agarré de la cintura penetrándola completamente. Ella dejó escapar un grito mezcla de placer y de dolor, sentía lo caliente y lo estrecho de su chocho, se comenzó a mover hasta que cabalgaba como una yegua loca. Tuvimos prácticamente un mismo orgasmo.

Mi hermana invitó a una amiga a casa, ya que mis padres salieron de viaje, y yo me iba a una fiesta. Esa noche llegó Adriana, así se llama la amiga. La conocía desde muy niña pero últimamente estaba hecha toda una mujer. La saludé rápidamente, ya que yo iba de salida. Esa noche me la pasé bailando con una amiga cuyas tetas siempre me trajeron loco, pero tenía novio, así que no me atrevía a hacer nada.

Regresé a mi casa súper caliente y dispuesto a hacerme una pajita, pero para mi sorpresa, encontré a Adriana durmiendo en mi cama, entonces me acordé de que le había dicho a mi hermana que no iba a volver hasta el día siguiente. Para esto, Adriana estaba destapada y solo dormía con una trusa sexy larga que se le había subido, dejando al descubierto su coñito sabroso y bien depilado, así que decidí jugármela y cuidadosamente separé sus piernas y empecé a lamérselas muy suavemente, para que no se despertara. Pero aún así se despertó, yo me asusté y traté de pedirle disculpas pero ella me pidió que siguiera, ya que esa noche ella y mi hermana habían encontrado una de mis películas preferidas y en ella salía como le comían el coñito a una chica y se había quedado muy caliente.

Yo no me hice de rogar, primero le quité la trusa y dejé al descubierto sus grandes tetas, cuando quité su sensual sostén y con sus pezones rosaditos, que aún me excitan mucho. Empecé a jugar con ellos, pellizcándolos y lamiéndolos muy suavemente, se comenzaron a poner duros y su respiración empezó a agitarse poco a poco. Seguí bajando por su estómago, hasta detenerme en su ombligo. Luego seguí bajando, empecé a lamiéndole los bordes de su coño, con lo que ella se volvió loca y empezó a moverse, tratando que penetrara mi lengua más adentro y no la hice esperar, fui avanzando hasta encontrar su clítoris.

Cuando mi lengua hizo contacto con el, empezó a soltar unos gemidos, primero entrecortados y luego más seguidos. Le dije que mordiera la almohada para que no hiciera mucho ruido, seguí jugando con su clítoris hasta llegar a su boca y le di un largo beso dejándole esa delicia de clítoris. Le pregunté si le había gustado y me dijo que sí. Le dije que eso era solo el comienzo. Me quité la ropa, liberando mi polla que estaba a punto de reventar y, sin decirle nada, la puse en sus labios.

Primero me dio una mirada extraña, pero decidió hacer lo que había visto en la película, así que empezó a mamarla, no tenía experiencia pero el esfuerzo que hacía por hacerlo bien bastaba. Estuvo mamando hasta que me corrí en su boca, mientras descansábamos, le pregunté si quería sentir mi polla dentro de ella me dijo que no, porque aun era virgen y me decía que no quería sentir dolor. Le dije que iba a sentir un poco de dolor, pero que el placer iba a ser mayor. Me llevó un rato más convencerla, pero finalmente aceptó, sólo si la dejaba sentarse encima para que ella pudiera salirse si le dolía mucho. Se subió en mi polla, que estaba armada nuevamente.

Al comienzo lo hizo suavemente, dejando que mi cabecita sintiera el calorcito de su coñito. Luego se sentó un poco más, pero le dolió, así que intentó retirarse. Pero en mi excitación la agarré de la cintura y la llevé hacia abajo, penetrándola completamente. Ella dejó escapar un grito mezcla de placer y de dolor, y la dejé en esa posición un rato para que se acostumbrase a ese momento. Fue uno de los que más disfruté, ya que sentía lo caliente y lo estrecho de su chocho. Luego de un rato, empecé a moverme, suavemente al comienzo.

Ella dejaba que yo hiciera todo pero, mientras más avanzaba su excitación, se comenzó a mover hasta que cabalgaba como una yegua loca. Tuvimos prácticamente un mismo orgasmo, que nos dejó rendidos al punto de que al rato nos quedamos dormidos.

Al día siguiente, mi hermana entró a mi cuarto a buscar a su amiga y la encuentra desnuda durmiendo encima de mí. Al comienzo pensé que mi hermana iba a hacer un escándalo, pero Adriana me pidió que las dejara a solas un rato. Cuando volví, las dos tenían una mirada traviesa, mi hermana me dijo que no iba a decir nada con la condición de que yo le consiguiera quien le hiciera lo mismo, ya que entre hermanos, no ¿verdad?

Y aun sigo viendo a Adriana, y cuando podemos, cogemos como unos desenfrenados, pero ésa, es otra historia…

Manden comentarios.

Autor: Adrián

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Palomitas de maíz

Calla tonto, lléname todo el chocho de leche, una tía dispuesta a recibir tu corrida es más de lo que se puede desear, y toda resistencia por mi parte acabó al escuchar esas palabras de su boquita contra mi oreja… le llené el chocho de leche con la mayor corrida de mi vida mientras ella meneaba la cintura recreándose con cada chorro en su interior, la tía lo estaba disfrutando más que yo.

Soy un chico normal de 27 años, alto, moreno, deportista, no soy un top-model, pero siempre he tenido mi atractivo, aún así creo que la labia y la forma de mirar/jugar con una chica puede reportarte tantos o más éxitos que el físico. He tenido la suerte de tener (supongo que como casi todo el mundo) una serie de experiencias sexuales muy estimulantes en mi vida y voy a contaros alguna de ellas en una serie de relatos, completamente basados en hechos reales.

No sabía por cual empezar y creo que lo haré por esta que título palomitas de maíz, por razones obvias que entenderéis a continuación, pero os adelanto que una chulería que puede parecer para niños te puede hacer conseguir muchas cosas,  que no son precisamente para niños.

Bien, todo empezó con una cita entre amigos de mi provincia que frecuentábamos un canal de chat, pero la mayoría nos conocíamos en persona. Digo la mayoría porque hasta ese día yo no conocía a Carmela (la cual si lee esto creo que enseguida se va a sentir aludida), pero ella y yo hablábamos bastante por Internet. Ese día concretamente mis intenciones estaban puestas en otra de las chicas del grupo, y las de ella también creo, se llamaba Mabel y llevábamos toda la semana tirándonos los trastos cuando íbamos a tomar café o unas cervezas, pero no se había dado aún la ocasión para quedarnos a solas.

Ese día en concreto pensaba enrollarme con ella en el cine, y realmente la película me importaba un comino, ni siquiera recuerdo cual era. El caso es que entramos en la sala al menos 6 chicos, ellas dos y yo que iba muy pegadito a Mabel, la chica con la que pensaba relacionarme, bueno ya me entendéis. Pero la casualidad quiso que justo en ese momento recibiera una llamada al móvil de un amigo que ahora no viene al caso que me hizo separarme del grupo,  el caso es que me mantuvo 5 ó 10 min entretenido, suficiente como para que las luces de la sala se apagasen y comenzase la película. Cuando entré en la sala no veía absolutamente nada y desconocía la situación física de mis amigos, tanto en la sala como entre ellos, y la colocación que tuviesen era muy importante para mis intenciones.

Decidí avanzar por uno de los dos pasillos hasta dar con ellos,  pero la mala (o buena) fortuna quiso que entrase justo por el lado contrario a donde estaba la chica que pretendía. Ellos estaban colocados justo al revés: primero ella, Mabel, que se había colocado en una punta para esperarme, después los 6 chicos que se habían colocado juntos para hacer bromas y tal, y en la otra esquina (por la que yo entré) estaba Carmela, a la cual como os he dicho había conocido esa misma tarde, pero solo habíamos cruzado un par de palabras. Una vez que me metí por ahí no tuvo solución la cosa, porque Carmela me señaló el asiento junto a ella, y aunque de vaqueros (más tarde le pregunté por aquel cambio y me dijo que lo había hecho para que me fijase en ella,  las chicas se las saben todas). Le dije que me gustaba su nuevo atuendo y ella me dedicó una bonita sonrisa y me dijo: – Gracias, tú también vas muy guapo.

No la he descrito, pero ella era bajita, morena con el pelo rizado a melenita, y con un cuerpecito muy mono y cara de niña mala,  sobre todo cuando ponía esa sonrisa de no he roto un plato, pero puedo romperlo en cualquier momento.

La película era mala de solemnidad así que aprovechamos para irnos conociendo aunque yo en aquel momento aún no tenía claras ideas de enrollarme con ella, pero bueno, había que hacer tiempo. Le comenté que con el lío de la llamada del principio no me había dado tiempo ni de comprar palomitas, nunca sabe uno lo apropiadas que pueden ser ciertas frases tontas, porque pienso que esa en concreto me reporto un fantástico polvo: Ella sacó un cubo repleto que me dijo que había pedido pensando que iba a ser más pequeño y que ella sola no iba a poder, que si quería podíamos compartirlo. Le dije que vale aunque no pensaba cogerle muchas, no soy un caradura, así que durante los siguientes 10 min apenas le cogí un par de ellas. Ella se dio cuenta de que no quería abusar así que se encargó de que si lo hiciera, metiéndome ella misma las palomitas en la boca.

Es un juego bastante típico y que puede parecer inocente,  pero ella me dejaba los dedos en la boca un segundo más de lo prudente,  me lo pareció desde el principio, pero cada vez era peor que la anterior,  y estaba consiguiendo empezar a calentarme. Me metía una palomita tras otra en la boca con esos deditos tan juguetones e insinuantes, pero o tampoco me atrevía a hacer nada sin estar seguro. En una de estas quise confirmar mis sospechas y cogí yo un par de palomitas y se las puse en la boca, a lo que ella contestó comiéndoselas muy despacio y chupándome el dedo detenidamente, eso consiguió ponérmela como una piedra y olvidarme completamente de la otra chica.

Comenzamos en ese juego de te chupo un dedo, te chupo dos, ahora tú, ahora me toca a mi, etc., etc. y nuestras caras cuando nos mirábamos eran un poema,  en esto me atreví a empezar a acariciarle las piernas desnudas hasta la parte superior del muslo, mientras ella me facilitaba la operación dejándose caer para abajo del asiento y frotándome la misma zona de mi anatomía,  Esa chica estaba poniéndome a cien con la cara que tenía y con la naturalidad que tenía su mano a 5 cm de mi polla habiéndome conocido dos horas antes,  No pude más y le pegué un par de muerdos en el cuello que ella me ofrecía con ganas,  veinte segundos después estábamos morreándonos sin que nuestros amigos parecieran percatarse, o eso creía yo, porque dos minutos después noté una mano que me tocaba el hombro por detrás,  era Mabel visiblemente cabreada que me comentó una excusa estúpida por la que tenía que irse a su casa.

La verdad es que con la mente lúcida me hubiera importado, pero estaba tan cachondo que en realidad eso me allanaba el camino para follarme a Carmela que era en lo único que pensaba en ese momento, así que no la detuve y se marchó enseguida (no la he vuelto a ver). Mientras tanto Carmela y yo seguíamos con lo nuestro, metiéndonos mano,  y lengua y pasamos el resto de la peli deseando que terminase para ir a enrollarnos en profundidad a cualquier sitio.

Cuando acabó la peli un amigo común nos ofreció llevarnos en coche a casa, pero le dije que yo al menos prefería andar, ella murmuró una excusa parecida que rápidamente le despejé la duda:

– Vamos a enrollarnos a mi casa. Ella solo dijo: – Ammm vale. Como si le estuviera proponiendo un café, realmente esa chica me sorprendía, pero yo también podía sorprenderla a ella.

Poco tardamos en llegar a mi casa, abrí la puerta del portal y ella pasó tras de mí, le impedí encender luz alguna y empecé a tocarle el culo por debajo de la falda mientras le daba un buen morreo, llevaba toda la noche deseando disfrutar ese culito que apenas me había dado tiempo a mirar y que ya estaba palpando por encima de las finas bragas que ella llevaba. Seguimos dándonos morreos hasta llegar al sofá de cuero del portal y allí nos sentamos, yo me estaba calentando muchísimo y no quería llevarme un chasco, así que decidí preguntarle: – ¿Quieres que sigamos adelante? Ella me contestó con un – ¡Sí! Muy seguro y oscuro que no dejaba ninguna duda, así que empecé a dedicarme a sus tetas, que eran duritas y de tamaño mediano.

Se las saqué por encima del escote y empecé a lamerle los pezones mientras ella me frotaba los brazos y el pecho,  me estaba dando un festín con sus tetas y con sus pezones duritos, marrones y pequeños,  en ese momento recuerdo perfectamente que empezó a bullir en mi cabeza la idea de que no llevaba condones (pensaba comprarlos en una máquina para follarme a la otra chica, pero con el cambio de planes se me había olvidado todo), pero bueno, pensé que me arreglaría con una mamadita,  que equivocado estaba,  y seguí mamándole las tetas dejando esos dilemas para después. Ella se removía y se la notaba aún más cachonda que a mí y pidiendo a gritos un tratamiento en el coño que yo aún no le había dado, así que empecé a bajar la mano por su tripita hacia la zona en cuestión.

En ese momento ella me paró la mano y me dijo: – Antes de que sigas tengo que advertirte una cosa importante. Yo que estaba a mil en ese momento no estaba para mucha charla y lo que quería era disfrutar de aquel chocho lo antes posible, me quedé alucinado con la interrupción y la miré suplicante. Ella añadió: – Verás, soy anorgásmica, o al menos me cuesta mucho correrme, creo que es justo que te lo diga antes de que pase nada más para que no pienses luego que es culpa tuya. Yo ya estaba cachondísimo de toda la tarde, pero aquello era todo un reto, y si cabe consiguió ponérmela aún más dura,  así que le contesté rápido y conciso: – ¿Anorgásmica? ¡Te vas a enterar!

Le aparté un poquito, las minúsculas bragas blancas que llevaba, lo justo para dejar al aire un chochito recortado,  y bastante mojadito, se notaba que llevaba así al menos una hora (desde el cine, cosa que no me extraña porque yo mismo ya llevaba la polla empapada de líquido preseminal). Empecé a jugar con aquel tesoro recién abierto abriéndoselo bien con los dedos sin parar de morrearla, la verdad es que me ponía como una moto saber que le estaba tocando el chocho a aquella semi desconocida (aunque habíamos tonteado alguna vez por Messenger) mientras ella me lamía la lengua como una descosida. Se notaba que le iba la marcha porque jadeaba:

– Mmmmm, siiii, que bien.

Mientras yo seguía acariciándole el coño sin detenerme en ningún sitio en particular,  solo quería explorar terreno conquistado antes de empezar a darle gusto de verdad,  pero ella creo que tenía otros planes porque aprovechó ese momento para sacarme la polla del pantalón y empezar a hacerme una paja de escándalo,  – ¡Ufff vaya rabo, niño! Me encanta, exclamó ella relamiéndose y empezando se la estuvieran follando, y el tratamiento empezó a dar sus frutos enseguida,  ella empezó a gemir bien fuerte y sin reprimirse: – ¡Aahh, mmmmm, que bien! ¡que gusto me das! Dame, dame, mmm ¡que dedo más rico! ¡Me encanta!

Por supuesto le seguí dando así, mientras ella me acariciaba la polla con la mano ahora sin ningún ritmo, se notaba que no podía concentrarse en otra cosa que no fuera su coñito inundado,  así que me aproveché para quitarle de la cabeza esa tontería de los orgasmos y le proporcioné el primero a fuerza de acelerar el ritmo de la vibración de mi dedo sobre su clítoris. Ella lo recibió con ganas, se notaba que realmente estaba necesitada y gritaba: – ¡Aaaaahhh me viene! ¡No puedo creerlo! ¡Me estoy corriendo! ¡Que gustito en el chocho!

Mientras tanto me exprimía la polla con su mano derecha y me mordía el hombro, realmente es un disfrute ver como se corre una chica de esa manera por tu culpa,  y más si te dice eso de que le cuesta tanto,  te levanta muchísimo el ánimo,  y lo que no es el ánimo, ¡porque mi polla estaba a tope! Tan a tope como agradecida estaba ella que quería tirarse a chupármela como una loba, pero la detuve y le dije: – No, no, aún no he terminado con ese chochito.

Me puse de rodillas frente al sofá y empecé a lamerle la tripita levantándole la falda, y a continuación le pegué un par de lametones en aquel chochito recién corrido e hipersensible, lo cual ella agradeció con un murmullo,  aún no estaba recuperada de su inesperado orgasmo, pero yo quería que disfrutase bien de aquella noche, así que empecé a lamérselo más intensamente y a meterle el dedo corazón bien adentro,  esto pareció gustarle porque se abrió bien de piernas y empezó a pedir caña: – ¡Si, si! ¡Métemelo, más adentro, más! ¡Dame dedo, dame! Mi amiguita estaba resultando ser una zorrita integral, y yo no iba a desaprovechar esa fantástica oportunidad de disfrutármela a lo grande,  seguí dándole dedo y nuestra amiga anorgásmica tuvo su segundo orgasmo en 40 segundos, gritando como una verdadera puta y repitiendo: – ¡Otra vez me corro! ¡Increíble, increíble! No me lo creo.

Ahí fue cuando no pude resistir más y la dejé que me regalase una buena mamada, cosa que se le daba bastante bien, así que me recosté en el sofá, y la dejé hacer su trabajo de buena mamadora,  me comía la polla lamiéndome bien el capullo y limpiándomelo a fondo, después me lamía el tallo desde arriba hasta llegar a los huevos, y finalmente se metía media polla en la boca (todo lo que le cabía sin demasiada dificultad). Después me la succionaba sin parar de pajeármela con la mano, en plan peli porno, y yo me moría de gusto tumbado en el sofá. Ahí fue cuando ella me dijo: – ¿Niño, te la acabo? ¿O quieres que echemos un polvo?

Evidentemente yo me moría por follármela y se lo dije, pero le mencioné el famoso problema de los condones que había recordado antes,  y ella no disimulaba su cara de decepción. Me dijo que realmente tenía ganas de que me la follase,  y eso es más de lo que un tío puede oír,  así que le respondí lo típico en estos casos: – Si quieres te la meto un poquito que se nos quiten las ganas. Ella me miró y me dijo: – No se, no se,  mira que me conozco y después no hay quien me pare.

¡Cuanta razón tenía! Yo ceo que cualquiera que haya hecho eso alguna vez sabe que una vez que se empieza,  ¡cualquiera para! Pero aún así ella creo que sin querer dejarme reflexionar demasiado sobre el asunto se levantó veces, ¡no me ha pasado esto en mi vida, aaaaahhh! Pero que pollón tienes, fóllame cabrón, ¡me corro!”, decía ella mientras me cabalgaba desatada y yo le sobaba el culo y las tetas a mi antojo. Y se corrió… ¡vaya si se corrió! Noté perfectamente como las paredes de su coño se contraían ordeñándome la polla… y eso fue más de lo que pude aguantar:

– “Carmela quítate de encima, rápido, que se me sale, ¡me corro me corro!” Le grité desesperado, pero la niñita con 20 añitos no me soltó: “Calla tonto, aprovéchate, lléname todo el chocho de leche”, dijo apretándose contra mi cuerpo, sentándose sobre mi aún más fuerte… cualquier tío que me oiga sabrá que en ese momento, una tía dispuesta a recibir tu corrida es más de lo que se puede desear… y toda resistencia por mi parte acabó al escuchar esas palabras de su boquita contra mi oreja… le llené el chocho de leche con la mayor corrida de mi vida mientras ella meneaba la cintura recreándose con cada chorro en su interior… la tía lo estaba disfrutando más que yo. Y me vacié por completo en aquel chochito insaciable… sin ningún remordimiento.

Nos estuvimos morreando a oscuras un rato más con toda la ropa hecha un cristo y medio desnudos, y después la acompañé con sus primos… y me fui a dormir.

Nos hemos visto un par de veces después, pero nunca con la intensidad de esa primera vez… y creo que hay que atribuirle parte del merito a ese cine… y por supuesto a las palomitas de maíz, así que desde entonces siempre que voy a uno no se me olvida pasarme antes por la tienda… por si acaso.

Si alguien quiere comentar algo de este relato.

Autor: Salteador Neo

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Mi madre

Mientras me estaba follando a mi mujer me lo metió por el culo, sentí abrírseme las entrañas y llegarme hasta los mismos cojones la punta del vibra, mi madre lo puso a plena potencia, todo mi cuerpo vibraba hasta que descargué la leche de mi polla en el interior del coño de mi mujer.

Amigos, antes que nada me voy a presentar, vivimos en Madrid, llevo once años teniendo relaciones sexuales con mi madre, estoy casado, tengo hijos y comparto a mi mujer y a mi madre en asuntos de cama. Ella tiene actualmente sesenta y siete, años, unos 75 kilos de peso, 160 de altura, grandes pechos adornados por una aureola de unos seis centímetros de diámetro, coronados con unos pezones como dedales, culo gordo y algo respingón, piernas muy torneadas, de carnes apretadas y muy morena. Desde que tengo uso de razón tan sólo la he visto usar braguitas los días de la regla.

Mis aventuras con ella comenzaron desde joven, por esa época me hacía invitar a la piscina de casa a un grupo de amigos míos, con la excusa del calor y que era bueno tomar el sol en cueros vivos, nos ponía a todos en pelotas en la piscina, y ella también en cueros nos iba dando crema solar uno por uno, con la particularidad de que se esmeraba muchísimo en los genitales y culo, hasta el punto que nos bajaba con delicadeza el prepucio dejándote al aire el capullo después de un buen masaje, mismo que las primeras veces hacía que nos corriéramos en sus manos.

Mientras nos pajeaba con una mano con la otra te amasaba los cachetes del culo con los dedos te iba masajeando el ano hasta poder meterte un dedo que movía en círculos o metiendo y sacando, aquello nos ponía a cien, entre baño y baño nos iba llamando uno a uno, y los demás deseando que les llegara el turno y así poder verla de cerca, excitada con las tetas duras como piedras y esos pezones enrojecidos que tocábamos con una especie de misterio o magia que hacía que mientras le tocabas los pezones sus piernas se abriesen dejando ver entre esa gran mata de vello púbico, que era nuestra mayor envidia, una especie de boca de fondo rosado y húmedo con un bultito arriba cubierto de piel como nuestras pollas, suave como terciopelo, que cuando lo frotabas le hacía salir líquido de su chocho y la hacíamos respirar de forma acelerada, dando gemidos y suspiros hasta que soltaba un grito y nos separaba la mano de ese botoncito mágico.

Con el paso del tiempo nos fuimos atreviendo a más, le metíamos los dedos por su culo, por el chocho mientras ella nos pajeaba, hasta que llegó el día que decidió follarnos, fue una tarde en estábamos viendo TV (mis tres amigos y yo), se acercó a nosotros con refrescos y la merienda, a decirnos cosas picantes, a tocarnos por encima de la ropa, hasta que terminamos todos desnudos en el salón. “Hijo mío hoy vamos a hacer algo que ni tú ni tus amigos habéis hecho antes”. Se puso de rodillas delante de nosotros y comenzó a mamarnos la polla, cuando nos tuvo a los cuatro con los rabos bien tiesos dijo: “vamos niño méteme la polla por el coño”. Tuve el honor de ser el primero, aquella experiencia fue maravillosa, sentía como ese húmedo coño me abrazaba el capullo y conforme metía la polla se me iba echando para atrás la piel, sentía cada pliegue del coño en mi polla que la metía muy despacio entre miedo a lo desconocido y por el placer que me daba.

Sentí los labios vaginales dar en mi pubis, al igual que el botoncito rozándome mi piel, ella se movía como culebra, por instinto le comía los pezones, sentía como sus dedos me abrían el ano y sus dedos jugaban en el, hasta que de pronto todo mi cuerpo se convulsionó como si una descarga eléctrica me hubieran dado, mi polla empezó a llenarle el chocho de leche, mi culo palpitaba con sus dedos dentro, quería seguir moviendo la polla dentro de su chocho, pero el gusto era tan intenso que no podía seguir, así que la saqué y dejé sitio a mis amigos. Viendo a estos follarse a mi madre me volví a empalmar me puse cerca de su boca y mi madre comenzó a mamarme de nuevo la polla hasta vaciarme otra vez mis cojones.

Con el tiempo mis amigos fueron desapareciendo de nuestras vidas, dando sitio a otros. Pero principalmente follaba con mi madre a solas. Un día al levantarse de la silla de un bar, se le pillaron los pelos del coño entre unas tiras de maderas que estaban sueltas, dejándose en la silla un buen manojo de pelos,  esto la impulsó a depilarse por completo el chochete, labor que me encargaba a mí, y cada vez que le hago una depilación terminamos follando como verdaderos animales, usamos vibradores que tanto se lo meto yo por el culo como que me los mete ella a mí, el follártela con un buen vibra metido en el culo que te roce la próstata mientras ella tiene otro metido por su culo que roza tu polla por dentro del chumino te hace levitar al llegar al orgasmo.

La última vez que follé con ella fue hace unos días durante sesión de depilación, a ella le gusta ponerme una especie de taparrabos que básicamente es una cinta rodeando mis caderas con dos rectángulos de tela, uno me tapa los cojones y otro el culo. Ese día fui con mi mujer a su casa, nos recibió con tan sólo una camiseta playera ajustada marcando pezones y hasta el ombligo se le marcaba.

La coloqué encima de la mesa del comedor, tumbada con las piernas en V, le di un buen masaje a su abierto chumino que la puso mojadísima, mi mujer al ver el masaje de coño se puso a mil por hora, hasta el punto de masturbarse mientras observaba el masaje preliminar, cuando tenía su chocho lleno de fluidos se subió a la mesa y de rodillas sobre la cara de mi madre le hizo comerle el coño, a mi madre parecía que los fluidos de mi mujer le recorrían todo su cuerpo y le salían por su coño, yo seguía con la depilación hasta dejarla sin un pelo, antes de acabar mi mujer ya se había corrido entre gritos y gemidos.

Mi madre pidió que le metiésemos por el culo un vibrador negro de grueso calibre mientras le acaba la depilación. Cuando vio que la depilación estaba terminada empezó a pedir que la folláramos: “cabrones follarme no me dejéis con las tetas a punto de explotar y el coño hinchado”. Al verla tan cachonda no me lo pensé dos veces me la traje hasta el borde de la mesa y le metí la polla hasta los cojones, mi mujer se volvió a colocar encima de la mesa, pero esta vez como si se follase a mi madre rozando chocho con chocho para así poder comerle las tetas.

Yo alternaba el chocho de mi madre, el chocho de mi mujer y por culo le metí otro vibrador, cuando mi madre se corrió quiso dejar sitio a mi mujer y al hacer el movimiento de salir de debajo de mi mujer, se metió hasta el soporte de las baterías el vibra que tenía en el culo, se puso como poseída echó mano a otro vibra y mientras me estaba follando a mi mujer me lo metió por el culo, sentí abrírseme las entrañas y llegarme hasta los mismos cojones la punta del vibra, mi madre lo puso a plena potencia, todo mi cuerpo vibraba hasta que descargué la leche de mi polla en el interior del coño de mi mujer. Nos “desembalamos ” los tres y no dimos una ducha en común revitalizante.

Autor: mteresa1955

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El que la sigue, la consigue

Después de lavarme y secarme bien fui a donde ella me esperaba en la posición que le había mandado y me monté encima, la penetré y comencé el vaivén, dentro y fuera para masturbarme la verga en el interior de su chocho mientras ella me acariciaba la espalda y el culo. Así me follo a las furcias como tú, guarra, y la culeé hasta inundar su coño con mis chorros de esperma.

Todo empezó hace unos diez o doce años cuando una noche de amor con mi esposa le dije que me encantaría hacerle el amor a Elisa, su propia madre, viuda desde hacía muchos años. Ella me dijo que estaba loco pero enseguida añadió que decidiera por mi mismo si llevarlo a cabo o no. He de decir que mi mujer no era muy ardiente que digamos en materia sexual; todo lo contrario a mí que soy un hombre muy dado a toda clase de juegos sexuales. Creo que, si deseamos a cualquier mujer merece la pena intentarlo. No importa su condición. Personalmente lo he hecho con algunas, solteras y casadas: tardaremos más o menos tiempo pero las probabilidades que tenemos los varones de conseguirlas son muy altas si nos ponemos a ello sin desánimo. Ellas lo desean tanto como nosotros los hombres pero han sido educadas frecuentemente en el recato y la pasividad. Empecemos por las más cercanas, las mujeres de nuestras propias familias, primas, tías, hermanas, sobrinas… suegras. La convivencia familiar, a mi entender, también incluye el sexo.

Así que inicié mi plan dejándome ver por ella, por Elisa, en ropa interior. Yo notaba cómo se alteraba cuando, aprovechando que Marisa, mi mujer, estaba al otro extremo de la casa y yo irrumpía donde ella estaba llevando encima tan solo un slip mínimo, blanco y muy finito, semitransparente. Se le mudaba el rostro y hacía como que miraba a otro lado. A mí eso me excitaba mucho: decidir el momento, ponerme el slip o el tanga más provocativo, espiar para que mi mujer no se enterara y acercarme así a mi suegra con cualquier pretexto banal pero con la intención de exhibir mi cuerpo ante ella. Por supuesto que cuando me acercaba ya estaba empalmado y mi paquete ostentaba un bulto considerable. Algunas veces incluso humedecía mi prenda más íntima para que fuera aún más transparente. Yo gozaba con su azoramiento y, a veces, tenía que terminar masturbándome para aliviar mi excitación.

En una ocasión en que estábamos Elisa y yo solos en mi casa me fui a duchar. Lo hice con la puerta del baño abierta y la llamé para que, por favor, me acercara la toalla. Cuando me la tendió a través de las cortinas inicié una conversación lo más natural que pude en la que exponía la necesidad que teníamos los hombres de obtener un continuo alivio sexual, que ella me gustaba y que deseaba hacerle el amor. “Estás loco!” me contestó. En mi interior le di la razón pero yo continué con mi plan de caza.

Entonces íbamos con frecuencia los tres a una casa de campo. La puerta del baño tenía un pequeño agujero por la que veía a Elisa ducharse: tenía un cuerpo atractivo aunque no era ya una mujer demasiado joven. Unas tetas medianas y todavía firmes y el oscuro vello que cubría su chumino no era tan poblado como para no permitir que se le viera perfectamente el corte de aquella raja que tanto deseaba yo penetrar y comerme. Me ponía a cien … pero me decía a mi mismo que aún no había llegado el momento.

El siguiente paso que se me ocurrió lo llevé a cabo en aquella misma casa. Un día por la mañana me armé de valor y me levanté el primero de los tres. Cuando oí ruido en el dormitorio de mi suegra supe que ya empezaba a levantarse. Me quité el pijama quedándome completamente desnudo y con mi verga dura como un poste me arrimé a una esquina de la mesa del salón sobre la que apoyé mis cojones y, agarrándome con la mano el tronco de mi cipote, empecé a bambolear mi cuerpo en un movimiento de vaivén que imitaba la copulación. Se me saltaba el corazón cuando Elisa salió en bata de su dormitorio como todas las mañanas para ir al baño y se encontró con el espectáculo gratuito que yo había montado para ella. Anduvo unos pasos, se detuvo al verme, dio media vuelta y regresó a su cuarto donde estuvo un buen rato hasta que se atrevió a salir de nuevo. Para entonces yo había regresado a mi cama junto a mi mujer. Como yo miraba en otra dirección mientras agitaba mi miembro en la mano no cruzamos nuestras miradas pero supe que ella se había tragado la visión de su yerno en pelotas masturbándose a un par de metros o tres de ella.

Así, más o menos, sin prisas pero sin pausas, siguieron las cosas durante dos o tres años. Por otra parte nuestro trato era tan cordial y agradable como siempre pero yo sabía que ella sabía, y ella sabía que yo sabía… ! Fue entonces cuando mi esposa cayó gravemente enferma. Al tercer año de su enfermedad y conociendo que su final estaba anunciado yo me volqué en ella, pero eso no impedía que yo siguiera teniendo necesidades sexuales. Elisa se vino a vivir con nosotros para poder atender mejor a su hija y un buen día decidí dar un paso definitivo. Cuando oí que ella estaba en la cocina preparando el desayuno me levanté de la cama, fui donde ella estaba y sin decirle palabra alguna me acerqué, metí mi mano por debajo de su falda hasta llegar a sus bragas que franqueé y empecé a acariciar su mata de pelo y su tajo.

Ay, chico, déjame… que Marisa se va a enterar … No te preocupes que está dormida y tú y yo necesitamos esto, le dije. No, no. Suéltame. Házselo a Marimar (una de nuestras más íntimas amigas). A ella le gustara y seguro que se deja. Ya, pero no está aquí y tú sí estás. Además tú también lo necesitas y sé que te gusta. No, no, yo no quiero esto.

Ella decía que no quería “esto” pero para entonces yo me había sacado ya el cipote y los huevos del interior del pijama y le había hecho agarrármelos a Elisa con su mano. Con la boca decía una cosa pero hacía otra: parecía que le hubieran pegado la mano con cola y no la apartaba del poste de mi verga por nada a la vez que protestaba contra mi acción y se negaba pudorosamente a continuar. Yo sabía de su lucha interna: por un lado necesitaba sexo ella también, por otra parte yo era el marido de su hija … al que ella deseaba sin atreverse a confesárselo a sí misma.

Ahí quedó la cosa y dejé pasar unos días. Nuestra relación era como si no hubiera pasado nada pero había pasado mucho. Yo empecé a repetir lo de levantarme por la mañana pronto los fines de semana, ir directamente a la cocina al encuentro de mi suegra, desnudarme delante de ella en silencio y abrazarla por detrás. Ella seguía trasteando como si nada pero sintiendo la dureza de mi miembro desnudo apoyado fuertemente en sus nalgas. Le tocaba las tetas, le levantaba las faldas, le bajaba las bragas y pegaba mi miembro contra su culo. Poco a poco le fui enseñando a ponerse detrás de mí, entonces yo separaba mucho las piernas y le decía que me la agarrara desde atrás. Ella lo hacía entre ciertas protestas de inocencia y se veía que le encantaba. Finalmente le metía la mano izquierda por delante, entre las bragas, y le acariciaba la pepita mientras me masturbaba con la derecha. Ella esperaba muy dócilmente a que me viniera y vertiera mi producción láctea para desahogar mi excitación.

Después del doloroso fallecimiento de mi esposa pasaron unos meses hasta que volví la carga definitiva.

Una tarde, al levantarme de una siesta, me aparecí desnudo del todo en el salón donde ella estaba y le dije sin más preámbulo: Elisa, voy a follarte. Me acerqué a ella, empecé a quitarle la ropa y comprendí que iba a ser definitivamente mía cuando no opuso la menor resistencia. La senté en el sofá y le separé las piernas lo más posible. Al fin pude mirarla a mis anchas, recostada ahí con los atributos de su feminidad mostrados en su plenitud y observados por mis ojos con descaro. Luego me dirigí al vídeo y puse en marcha una película porno sentándome a su lado. Ya a las primeras escenas tomé su cabeza y le obligué a mamármela: le encantaba!

¿Te gusta cómo usan a esas hermosas putas de la película? Sí … sí … ¿Verdad que están cojonudas? Sí, están muy buenas. Ya lo creo. Saca más fuera el culo para ofrecerme mejor tu chocho, que te lo voy a masturbar.

Seguí haciendo comentarios acerca de la longitud de aquellos nabos que se ensartaban en los orificios de aquellas espléndidas y sumisas hembras, “mira cómo la tiene ése, está para comérsela … ya me gustaría a mí también que me agarrara un tío así por banda y que hiciera conmigo lo que le apeteciera …”. Nos gustaba especialmente mirar cómo se la sacaban antes de correrse y se vaciaban en las bocas y rostros de las chicas. Ella obedecía en todo. Era, por fin, mía. Y yo me volvía loco mirando cómo crecía su excitación mientras yo le acariciaba su clítoris arriba y abajo por medio de su pelambrera; a un lado y al otro, hasta que le hacía estallar, jadear de placer incontenible … le faltaba la respiración y no sabía para dónde mirar mientras buscaba ansiosamente el aire que le faltaba para poder soportar las oleadas del gusto que se adueñaba de todo su cuerpo.

Normalmente a mí me gustaba y me gusta prolongar mucho las sesiones de sexo. Siempre me invento cosas para ello.

Cuéntame cómo te usaba tu marido. Ay, pues no sé. Lo normal … no? Supongo que además de joderte a veces te pedía que lo masturbaras, verdad? Sí, claro. ¿Cómo lo hacías? Pues me llevaba al salón cuando no estaban los niños en casa, se sentaba desnudo en una butaca con las piernas abiertas y yo tenía que cogérsela con una mano y se la movía arriba y abajo hasta que no podía más y se le salía toda la leche a chorros ¿Se la chupabas? Claro, claro, como a ti. ¿Tienes fantasías sexuales? Pocas. La más habitual es que estoy paseando sola en un parque, se me acerca un hombre y me fuerza. Yo me resisto pero él me obliga y acaba violándome. Y ¿te masturbas? Sí. En la cama y a veces en un sofá. ¿Te has masturbado pensando en mí? Por supuesto, muchas veces. Eres una puta, una zorra! ¿Lo sabías? Sí pero no más que cualquier mujer. Todas somos por dentro unas putas y estamos locas porque nos jodáis. ¿Cuándo empezaste a usar tu mano sobre tu raja? Tendría diez u once años. Una vez, con el movimiento del tranvía, me excité y me corrí allí mismo. ¿Te gusta cómo te uso sexualmente? Sí, mucho. Bésame.

Y abría su boca de para en par y yo me la comía entera. Y su coño. Y sus tetas. Y toda ella hasta que volvía a explotar de gusto.

¿Te acuerdas de Isabel, nuestra amiga? Sí, me acuerdo. Otra zorra. ¿Sabías que durante años fue mi esclava sexual? No, no lo sabía. ¿Qué le hacías? De todo. Teníamos hecho un pacto por el cual ella se dejaba usar por mí. Me gustaba especialmente mandarle masturbarse frente a mí recostada en un sillón. Cada vez que la visitaba en su apartamento le pedía que me trajera un cinturón de goma que ella tenía. Sabía muy bien para qué. No la pegarías … Oh, sí, justamente es lo que hacía. Y siempre antes le explicaba las razones aunque se las sabía de memoria: que era doloroso pero que ella lo necesitaba mucho y era imprescindible para que se sintiera esclava; y que cuando hubiera terminado no olvidara darme las gracias.

Luego le mandaba ponerse en posición y ella se iba dócilmente siempre frente al mismo armario, se colocaba de pie con las piernas abiertas, en ligueros y calzada con zapatos de tacón alto, las manos atrás en la nuca y a esperar la lluvia de golpes que se le venía encima. Antes de empezar le anunciaba cuántos y dónde se los iba a administrar. El miedo se le traslucía en los ojos pero ello no impedía que yo le diera unos cincuenta correazos repartidos por el bajo vientre, las nalgas y la cara interior de los muslos que son muy sensibles y era donde más le dolía.

Cuando terminaba ella me daba las gracias, yo la abrazaba y la besaba para consolarla y acto seguido la penetraba hasta satisfacerme. Vaya … la muy guarra …! ¿Hace años que tú me deseas a mí, verdad? le pregunté. Pues claro … ¿Y tú sabías que yo iba a por ti cuando me aparecía en slip delante de ti dejándome ver algunos pelos de mi vello púbico? Hombre, claro, no soy tonta. Lo notaba todo. Como cuando te pusiste a hacerte una paja allí en medio del salón … Y luego tú te masturbabas recordándolo, no? Lógicamente. Cuando volví a mi habitación asustada por haberte visto así me tumbé en la cama, me subí el camisón y me puse a masturbarme como una loca. A ver, Elisa, me voy a rasurar toda esta molesta pelambrera de la polla y de los cojones, ven y mira, le dije.

Fui al baño y volví con todo lo necesario. La puse bien cerca de mí para que contemplara cómo iba cortándome primero con unas tijeras la larga y espesa mata de pelos que recubría mis genitales y luego le mandé que fuera sujetando cada zona mientras yo iba lentamente afeitándomelo hasta quedarme como un niño impúber pero completamente limpio (y me ha gustado tanto ir afeitado que ya no soporto desde entonces tener mi sexo en medio de tan espesa selva y sólo me dejo un centímetro de pelo sobre el vientre, el resto tan limpio como mi cara y sólo puedo usar tangas pequeños que me sujeten el paquete por delante y una cinta ceñida a la raja de mi culo). Ve a la cama y espérame allí boca arriba y con las piernas bien abiertas, le dije finalmente. Ella obedecía ya sin rechistar todas mis órdenes.

Después de lavarme y secarme bien fui a donde ella me esperaba en la posición que le había mandado y me monté encima, “ábrete bien esa raja de puta que tienes, que te voy a clavar la polla en ella”. “Sí, sí, húndela en mi coño …”, la penetré y comencé el vaivén, dentro y fuera para masturbarme la verga en el interior de su chocho mientras ella me acariciaba la espalda y el culo. “Así me follo a las furcias como tú, guarra …!” y la culeé hasta inundar su coño con mis chorros de esperma.

De ésta o parecidas formas he venido utilizando a mi suegra Elisa para mi placer durante estos cinco o seis años últimos hasta que por circunstancias de la vida ella ha tenido que irse a vivir a una ciudad muy distante.

Autor: Cazador

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Mi historia con mi cuñada

Bajé mi pantalón y así como estaba Daniela mirando también por la ventana pero oculta tras las cortinas la penetré y empecé un brutal mete saca con la excitación que me provocaba ver al esposo de mi Daniela a unos metros de donde me estaba tirando a su mujer, así llegué al mejor polvo que me he tirado en mi vida.

Me ponía a millón el solo pensar en volver a tirarme a mi cuñada, así que llamé a su casa como se que está pasando un mal momento con su marido y además se está tirando a un sujeto que no me cae bien por su arrogancia, y pregunté por Pedro su marido, claro que yo sabía que no estaba, pero era para comprobar que estaba sola y tuve mucha suerte estaba totalmente sola, así que sin avisarle nada me fui para su casa y le pregunté que si Pedro ya había llegado y me contestó que tal vez se demoraba porque estaba en los trámites del seguro de su carro, así que sin mediar palabra me acerqué y hábilmente la besé y traté de abrazar.

Esto la sorprendió mucho pero se veía insegura, le dije que era la mujer que más deseaba , que ninguna mujer me hizo sentir tanta pasión, trató de huir a su habitación pero yo la seguí y le pedí que abriera la puerta, ella se negó inicialmente pero le dije que si no le gustaba sentirse deseada, que lo del amante que tenia era diferente porque él tenía una esposa gorda y fea y que estar con ella era una experiencia fabulosa, y que conmigo era diferente porque mi esposa (su hermana) era igual de hermosa que ella, que yo lo estaba arriesgando todo por sentirla, sentir esa dulzura que lleva guardada hace tiempo, porque yo creo que ese sujeto que tienes por amante no te hace feliz.

Entonces se abrió la puerta de su habitación, me dijo entra. Tenemos que hablar, primero, quiero que todo esto sea un secreto, segundo, ¿quien más sabe lo que está pasando con mi amigo?, tercero, quiero tener sexo, no quiero enamorarme de nadie porque no se qué va a pasar con mi matrimonio, si puedes con esto adelante, no sin prometerme que será un secreto.

Así le prometí que nunca diría una sola palabra, se acercó a mí y me permitió que la besara en el cuello y pasara mis manos sutilmente por su espalda, se empezó a erizar y a pedirme que la tocara por todo el cuerpo, empecé por abrir los botones de su blusa uno a uno mirándola a los ojos para luego quitársela, apareció ante mí un hermoso sostén de color rosa con bordes de finos encajes que le hacían ver unos senos fantásticos que sin ser grandes estaban bien paraditos, empecé a besarla al rededor del sostén para luego bajar hasta ese vientre blanco y muy plano con un ombligo poco profundo que me permitía ver el fondo limpio que me llamaba para que tocara con el ápice de mi lengua, mirándola a los ojos vi en su rostro el deseo y el placer que le estaba provocando.

Aceleré el paso para bajar el pantalón y sorprenderme con semejante visón, la de mi querida Daniela en un tanga tipo seda dental con unos encajes que hacían juego con el sostén, y esas nalgas blancas y bien redonditas, les confieso que me temblaba todo el cuerpo y no sabía por dónde empezar así que opté por besar esas hermosas nalgas, mientras le acariciaba los muslos ella dejaba escapar unos pequeños gemidos que me excitaban aún más, luego me incorporé para poder pensar y llevarla a otro nivel de excitación pues de este momento dependía si se repetiría esta situación, le quité el sostén y saltaron ante mí un par de esculturas redondas pequeñas pero hermosas.

Unos pezones pequeños y rosados me estaban haciendo perder el control así que los toqué y los besé suavemente para comprobar que eran reales, Daniela no podía más y me pidió que la penetrara y yo le dije que esperara solo un minuto, pero ese era mi juego, hacerme desear así que bajé a atender su chochito, mordí el tanga y empecé a bajarlo con los dientes para ese entonces estábamos transformados, volví a su chocho y abriéndole las piernas pasé rápidamente y de un solo toque por su clítoris de mi lengua ella gritó y me dijo con voz temblorosa, Juancho, no me hagas esto por favor! cómeme ya!

Pero yo empecé a lamer ese chocho que tanto deseaba sintiendo así ese magnífico olor tan especial y ese sabor a miel que solo tiene mi Daniela, porque era mía en ese momento y así me lo demostró cuando unos segundos después me dio un orgasmo como pocos he visto en mi vida. Me tomó del pelo y me llevó con fuerza hasta ella y me hizo acostar en su cama para luego darme un beso y quitarme lo que me quedaba de ropa y darme una espectacular mamada de como 10 segundos pero con la intensidad de toda la vida, de un salto quedo encima de mí y abriendo bien su chocho puso mi glande en su entrada y despacito muy despacito empezó a deslizar mi pene en su interior, luego empezó a dar unos saltos que se fueron acelerando y hacerme sentir en la gloria, pero después de como 5 minutos se escuchó el ruido de un motor era Pedro.

Daniela me dijo dámelo ya que llegó Pedro, pero mi susto no lo dejaba salir, pero conté con la suerte que atrás llegaba otro carro era un amigo de Pedro y traía cerveza se oyó cuando este saludó y ofreció una cerveza a Pedro y luego destaparon el capot del carro para ver algo en el motor, en ese momento Daniela se levantó, yo ya estaba vestido y ella mirando por la ventana me dijo algo que todavía me tiene perplejo, -¿No quieres acabar lo que empezaste? yo rápidamente miré por la ventana y Pedro y su amigo estaban mirando el carro por dentro así que bajé mi pantalón y así como estaba Daniela mirando también por la ventana pero oculta tras las cortinas la penetré y empecé un brutal mete saca con la excitación que me provocaba ver al esposo de mi Daniela a unos metros de donde me estaba tirando a su mujer, así llegué al mejor polvo que me he tirado en mi vida.

Se lo eché por completo dentro, me vestí y bajamos a la sala cuando Pedro y su amigo entraron a la casa y nos saludaron como es normal, lo que no fue normal fue el apasionado beso que Daniela le dio a Pedro delante de los que estábamos ahí sorprendidos hasta Pedro se sorprendió ya que estaban cruzando un mal momento y teníamos entendido que hacía un par de meses no tenían nada como pareja, espero que haya contribuido para bien de los dos, y no me importaría no volver a hacer nada con Daniela pero si se repite les contaré.

Autor: Juanka

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