La chica de la sala de estudio

La levanté y me senté en el sofá con ella encima dándome la espalda, con mi sexo dentro y moviéndose sobre mí, mientras con una mano le masajeaba un pecho y con la otra le masturbaba. Metí un dedo en su vulva, junto a mi polla y fue entonces cuando Julia se volvió a correr. Yo llegué un momento después, saqué mi verga en el momento justo y mi leche cayó sobre su culo y su espalda.

En principio la sala de estudio de una biblioteca es un lugar para estudiar, un lugar tranquilo y serio donde la gente se aísla entre las hojas de libros o apuntes y se va con la cabeza cargada de las horas pasadas intentando comprender y memorizar textos que no le interesan. Todo esto es la teoría, pero hay veces que, por una de esas vueltas insospechadas que da la vida, incluso un lugar con normas tan rígidas se convierte en el punto de inicio de algo mucho más apasionante.

En una de esas salas de estudio estaba hace un tiempo, mirando las hojas de apuntes para una oposición sin poder concentrarme en ellas, intentando vencer el sueño que hacía que se me bajaran los párpados y la boca se me abriera en un bostezo con el que también colaboraba el tremendo aburrimiento.  Fue este aburrimiento lo que me hizo levantar la mirada de las fotocopias que debía estudiar y concentrar mi atención, casi sin darme cuenta, en el gran número de chicas, muchas de ellas atractivas, que había en la sala. Me dediqué durante unos pocos minutos a escudriñar, una a una, todas las caras que podía ver desde aquel puesto de lectura situado al fondo de la estancia.

Casi doscientas personas se repartían el espacio de aquella gran sala, pero la mayoría de ellas tenían la cara oculta para mí tras los focos fluorescentes que proporcionaban una extraña iluminación casi carente de sombras. Fue esto lo que me hizo desistir de seguir mirando y dirigir una vez más la atención hacia las hojas que tenía delante. Así volví a inclinar la cabeza con la intención de seguir leyendo, cuando me distrajo una vez más el ruido de unos tacones que parecían acercarse desde la puerta, situada en la pared opuesta.

Levanté la cabeza, miré al punto del que provenía el sonido y mi mirada se encontró de golpe con otra mirada que se acercaba cada vez más, llevada por lo que me pareció toda una belleza. Aquella chica debía tener unos 20 años. Era alta (sólo unos centímetros más baja que yo), delgada, pero bien proporcionada y con unos pechos generosos. Pero lo que más llamaba la atención eran sus ojos. Un par de ojos negros y grandes, con pestañas largas y espesas, y enmarcados en una cara que casi parecía la de una niña.

Le seguí con la mirada mientras pasaba por mi lado, casi rozándome y se dirigía a dejar su bolso en una de las taquillas. La miré de reojo mientras realizaba esta operación y comprobé que tenía dificultades para cerrarla con la llave. Para mí esto fue una oportunidad que no podía desperdiciar. Sin perder un momento me levanté y le ofrecí mi taquilla que estaba vacía. Ella me dio las gracias con una sonrisa y mientras ponía su bolso en mi taquilla me presenté y le pregunté su nombre. Se llamaba Julia y me dijo que todos los días iba a la biblioteca a la misma hora para estudiar.

Pasé el resto de la mañana mirando a aquella preciosidad más que a los apuntes y los días siguientes abordándola a la menor oportunidad, comprobando que en ocasiones mi mirada se cruzaba con la suya, hasta que al fin, después de unos días, conseguí quedar con ella para vernos ese sábado por la noche.

Aquella noche salí solo y a la hora señalada entré al bar donde habíamos quedado. Allí estaba Julia con un grupo de amigas. Pareció alegrarse al verme e inmediatamente me presentó a sus amigas. Después de eso la invité a tomar unas copas y no había pasado más de una hora cuando nos separamos del resto. Julia me propuso ir a una discoteca que había a pocos metros de aquel bar.  No habíamos hecho más que entrar cuando empezamos a besarnos. Julia besaba muy bien con aquellos labios carnosos y el ambiente y la música de la discoteca parecía volverla más apasionada. A los pocos minutos mi mano estaba en su muslo y no pasó mucho tiempo antes de que acabara colocándose en su trasero.

Ella pareció sorprendida, pero lejos de molestarle, sentir mi mano en sus nalgas le hizo besarme con más ganas, casi con ansia, a la vez que metía la mano bajo mi camiseta para acariciarme el vientre y el pecho. Metí ambas manos por detrás de su pantalón, seguro de que su camiseta impediría a los demás ver lo que hacía mientras apretaba su precioso culo con todos mis dedos, ella se apretó contra mí, me llevó hacia ella apretándome la espalda y debió sentir en su pubis la erección que yo tenía para entonces. En ese momento los besos se volvieron más dulces y metí los dedos entre su tanga y su piel, presioné suavemente y Julia, al sentir mis dedos en medio de sus glúteos, me susurró al oído que fuéramos a otro lugar.

Vivo con mi familia, pero tengo la suerte de tener la casa para mí solo casi todos los fines de semana, así que fuimos allí. Eran las cuatro de la madrugada y en mi edificio sólo viven personas ancianas, niños y matrimonios con hijos que no tienen tiempo para salir por la noche, así que normalmente soy el único al que se puede ver entrar y salir de allí a esas horas. Por eso estaba tranquilo y por ese motivo continuamos allí mismo con lo que habíamos dejado a medias en la discoteca. La besé mientras la llevaba de espaldas contra una pared e inmediatamente aproveché la soledad del portal para desabrocharle el sujetador, Julia hizo lo mismo con mi pantalón y me dediqué a acariciarle los pechos mientras ella me apretaba contra su cuerpo agarrándome del culo.

Su sujetador estaba en el suelo, mi pantalón totalmente desabrochado a punto de caer de mis caderas y las manos de Julia introduciéndose por mi bóxer mientras me mordisqueaba el cuello y yo le subía la camiseta y acariciaba esos preciosos pechos grandes y firmes y apretaba y movía sus pezones entre mis dedos…

Me agaché delante de ella, le desabroché el pantalón, bajé sólo un poco el tanga y dejé al descubierto casi todo su pubis. Lo tenía depilado, excepto una fina línea de vello muy corto, Comencé a lamerle. Primero los bordes de la línea de vello, de abajo a arriba, con lametones largos. Mi polla estaba tan dura que me molestaba tenerla apresada debajo del pantalón, así que la dejé salir. Quedó libre en toda su extensión mientras llegaba más abajo con la lengua. Llegué a meter un dedo en su culito mientras lamía sus labios y su flujo…

Ella se corrió allí mismo, en el portal, después, entramos al ascensor y subimos a mi casa. Fuimos derechos al salón y allí nos desnudamos el uno al otro. Estábamos tan excitados que no nos tomamos tiempo y la ropa desapareció rápidamente mientras nos besábamos. La única excepción fue su tanga. Sin quitárselo, Julia se tiró en el sofá y yo me arrodillé ante ella para continuar con lo que había estado haciendo en el portal, esta vez masajeando su vulva con los dedos. Tenía la palma extendida, dos dedos acariciaban cada labio de su coño y mi lengua se introducía entre ellos.

Julia gemía, se estremecía… y chorreaba. Cuando tuve la palma empapada la aparté, la olí y se la di a oler a ella.

Fue entonces cuando me puse de pie, me coloqué entre sus piernas y sin ceremonias comencé a introducir mi sexo en su rajita. Tenía la verga a punto de estallar y ella estaba tan mojada que entró de golpe haciéndome gritar al sentir el roce de su tanga. Julia dio un gemido y empecé a moverme. Ella estaba sentada con los pies en el sofá para que pudiera penetrarla más a fondo, me cogía los glúteos y me apretaba contra ella a cada movimiento mientras yo le penetraba apoyándome en el sofá y bombeaba una y otra vez sin dejar de besarle el cuello, a cada movimiento sentía su tanga en mi verga y el placer se volvía aún mayor.

Cuando estaba a punto de correrme me separé de ella, la levanté y me senté en el sofá con ella encima. Julia quedó sentada dándome la espalda, con mi sexo dentro y moviéndose sobre mí, mientras con una mano le masajeaba un pecho y con la otra le masturbaba. Metí un dedo en su vulva, junto a mi polla y fue entonces cuando Julia se volvió a correr. Yo llegué un momento después, saqué mi verga en el momento justo y mi leche cayó sobre su culo y su espalda.

Después de eso caímos rendidos en el sofá, abrazados y desnudos, aunque ella aún conservaba puesto su tanta empapado. Se fue en cuanto amaneció, dejándome el tanga de recuerdo.

Han pasado sólo unos días desde aquella noche y nos hemos seguido encontrando en la sala de estudio. Las miradas ahora son más directas, las insinuaciones casi constantes y con un poco de suerte tendré algo nuevo que contar el próximo sábado.

Autor: Edu

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La amiga de la familia

La agarré por la cintura y comencé un mete y saca muy lento, gozando cada centímetro de su vagina, esa postura me excita mucho más que las anteriores, le dije de cambiar porque me iba a correr muy fácil, así que esta vez, se sacó mi pene y lo empezó a lamer, hasta metérselo todo en la boca mientras me acariciaba los huevos, hasta que ambos terminamos por tener una corrida monumental.

Tengo que decir que lo que voy a contar, sucedió realmente. Yo hoy tengo 37 años, y me he decidido a contarlo, porque creo que nadie se molestará, sobre todo la protagonista, junto conmigo, de esta historia, ya que lamentablemente murió hace algunos años. Por esa razón, omito nombres.

Todo comenzó cuando yo tenía 18 años. Por aquel entonces, yo estaba experimentando ese fuego que sólo se siente al amanecer de la adolescencia. Ella era amiga de la familia, de unos 36 años, más bien baja, 1.55 cm, con unos pechos que a mí me volvían locos, grandes y hacia adelante, y un buen culo. De cara no era muy agraciada, pero sí muy pícara. Tengo que decir que lo que sucedió, no fue por iniciativa de ella, sino más bien por mi terca insistencia.

El hecho fue que con motivo de las fiestas patronales de mi pueblo, ella se desplazó desde su ciudad, hasta mi casa con la idea de pasar unos días con nosotros. Su habitación estaba junto a la mía, y la utilizamos normalmente como cuarto para ver la televisión. Por ese motivo, por las noches yo permanecía en su habitación un rato, viendo la TV., mientras ella acostada, me acompañaba. En los primeros días, yo me excitaba muchísimo viendo su enorme sujetador, colgando de un lado de la silla de la habitación, y ella me lo notaba, pues yo estaba en pijama, y ya se sabe.

Yo aprovechaba cuando se iba al baño para oler su ropa interior, ese aroma que dejaban sus tetas en el sujetador, esas minúsculas bragas, (en esos días no se usaban por aquí los tangas, como ahora). Luego le hablaba de que me gustaría follarla, y ella una y otra vez me decía qué era lo que veía en ella, que yo tenía unas cuantas primas muy buenas, algo mayores que yo, no mucho, que seguramente estarían encantadas de follar conmigo. Yo la verdad, lo veía difícil, y además se me caería la cara de la vergüenza, si me rechazaban, así que lo más seguro, y rápido para mí era seguir insistiendo.

Una noche me dijo si quería ver la TV. desde su cama, así que me senté al borde, apoyando mi espalda en el cabecero. Al rato, ella al ver mi pene tieso, me dijo si sabía como aliviarlo, y yo le dije que no. Entonces me bajó un poco el pantalón del pijama, y comenzó a acariciar mi pene. Yo sentí un escalofrío en la espalda, que era nuevo para mí. Siguió con sus caricias, cada vez más rápidas, hasta que en unos minutos, tuve mi primera corrida, la cual fue a parar toda en sus manos. Esa noche dormí como un recién nacido.

Seguimos con esa práctica unos dos días más, hasta que una noche, insistí en metérsela por la vagina, a lo cual ella, después de tanto insistir, accedió. Yo creo que esa vez no llegué a metérsela, pues nada más estar encima de ella, chupando sus enormes tetas, y el roce de mi pene, con los pelos de su pubis, me corrí como nunca. Como la experiencia fue muy corta, acordamos repetirla al día siguiente, ya que mis padres irían al baile de las fiestas, y yo podría estar toda la noche en la cama con ella.

Durante el día siguiente, ella se cruzaba conmigo por los pasillos de casa, o se hacía la encontradiza, y levantándose la falda, me dejaba ver unas bragas minúsculas, que dejaban salir los pelos del pubis por todos lados. También, y cuando mis padres se iban a trabajar, se quitaba el sostén, y caminaba por la casa solo con una camiseta larga, que le llegaba un poco más abajo del culo, con lo que yo fácilmente notaba la figura de sus pechos balanceándose dentro de su camisa. Todo eso me ponía de lo más cachondo, pero ella me tenía prohibido masturbarme hasta la noche.

La noche siguiente, la tengo grabada a fuego en mi mente. Después de cenar, mi hermana pequeña se fue a dormir, por lo que yo me metí enseguida en la cama con “la amiga de la familia”. Totalmente desnudos comencé a chupar sus tetas, y con una mano, acariciaba su vagina, intentando con sus indicaciones, tocarle el clítoris. Ella mientras comenzó a masturbarme muy suavemente. Su intención no era otra que hacerme correr, para que luego pudiera completar mi penetración vaginal. Así fue.

Después de correrme sobre ella, y aún con el pene tieso, ella me guió hasta la entrada de su vagina, que aunque sólo la había tocado muy levemente con mis dedos, se encontraba bastante mojada. El pene, que por aquel entonces ya lo tenía más o menos del tamaño actual, unos 16 cm., se introdujo en ella con una suavidad increíble.

Me estuve moviendo sobre ella al principio muy rápido, hasta que ella me dijo que me calmara, que sino me iba a correr demasiado pronto. Ella gemía, primero muy calladamente, para ir subiendo de tono poco a poco, hasta que me corrí en su interior, aún recuerdo esa corrida.

Ella que tenía sus piernas cruzadas sobre mí, se desplomó, y yo sobre ella. Después de descansar no sé por cuanto tiempo, me dijo que me pusiera boca arriba, poniéndose ella sobre mí. Al instante ya tenía mi pene erecto, y ella se lo introdujo nuevamente en su vagina, iniciando unos movimientos pélvicos, que me excitaron increíblemente.

Yo mientras tanto le agarraba las tetas, chupándoselas con desespero. Ya cuando estaba a punto de mi tercera corrida, y habiendo tenido ella un nuevo orgasmo, se sacó mi pene, poniéndolo entre sus pechos, haciendo lo que se conoce como una “cubana”, terminando yo por chorrear de semen sus tetas y cara.

Por increíble que parezca, después de todo un día de aguantar sus provocaciones, todavía me quedaron ganas de otro, y ella me dijo de probar a cuatro patas, así que me puse detrás de ella, y fue ella la que la introdujo en su “chocho”. La agarré por la cintura y comencé un mete y saca muy lento, gozando cada centímetro de su vagina.

No sé por qué, pero esa postura me excita mucho más que las anteriores. Entonces le dije de cambiar porque me iba a correr muy fácil, así que esta vez, se sacó mi pene y lo empezó a lamer, hasta metérselo todo en la boca, mientras me acariciaba los huevos.

Estuvimos así como 5 minutos, girándose poco a poco hasta que tuve su vagina junto a mi cara.
Me dijo, “chúpamela”, y fui directamente al asunto, comenzando primero con la punta de la lengua, hasta acabar por meterla toda en su vagina, chupando sus jugos. Ella se retorcía con mi pene en su boca, y eso me ponía a tope, hasta que ambos terminamos por tener una corrida monumental.

Ya casi de madrugada, me volví a mi cama, quedándome el mejor recuerdo de mi iniciación sexual con la “amiga de la Familia”. Luego tuvimos más ocasiones, en las cuales me enseñó más cosas, sobre todo en verano, mientras pasábamos las vacaciones en la playa, pero esas son otras historias

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Sexo con mi suegra

Yo le chupaba con fuerza la concha, ella gemía y se iba deslizando del sofá al suelo. Le levanté las piernas, se las separé y comencé a lamerle todo el culo y la concha, tenía la pija a reventar pero quería que ella me lo pidiera. Sus gemidos cada vez eran más fuertes, cuando se la metí de un solo golpe, pegó un pequeño grito, me abrazó y comenzamos a besarnos como dos adolescentes.

Era verano en Argentina, mi esposa estaba en Europa por motivos de su profesión, por lo que quedé sólo en casa ya que mi hija se había ido de vacaciones con una amiga. Debo aclarar que tengo 47 años y vivo en la planta alta de una hermosa casa construida por mi difunto suegro, en la planta baja vive mi suegra Raquel que es viuda desde hace diez años, su hijo Raúl que tiene 40 años y es soltero ya que padece una pequeña discapacidad cerebral.

Mi cuñada Lily de 37 años, que está separada desde hace cuatro años y desde entonces no se le conoció relación alguna, y Marco, mi sobrino de 18 años, viven en un departamento ubicado en el fondo de la vivienda.

La verdad que en los 18 años que llevaba de casado siempre tuve la intención de cogerme a mi suegra, máxime después de la muerte del marido, pero nunca había tenido una oportunidad como la que se me presentaba ahora, así que debía planear la estrategia a seguir, ya que si bien nuestra relación erabuena, ella que a los 58 años se conservaba muy bien, con unas tetas grandes y un hermoso culo que siempre trataba de disimular usando ropa amplia, era muy recatada y su fe religiosa le hacía creer que cualquier acto sexual fuera del matrimonio era pecaminoso. Recuerdo una oportunidad en que, con unas copas de más, mi suegro me contó que nunca le permitió metersela por el culo, por lo que todavía lo conservaba virgen y eso me excitaba más aún.

El sábado por la mañana escuché que Lily iría al cine de trasnoche con una amiga y seguramente Marco saldría con sus amigos como todos los sábados, así que era la noche ideal, sólo tendría que encargarme de Raúl y ya lo tenía pensado. Raquel le daba todas las noches, por prescripción médica, un ansiolítico para que descanse mejor y dormiría como un angelito.

Ese sábado hacía un calor terrible. A Raquel le encantaba la cerveza pero bebía poco porque la mareaba y comenzaba a reír.

– Raquel, ¿porque esta noche no te haces una de esas ricas pizzas y con unas cervezas miramos una película?, ya que aparentemente vamos a estar los tres solos. – Encantada, me dijo, con este calor no me da ganas de meterme en la cocina, pero todo sea por un vaso de cerveza.

Ya a la noche, mientras Raquel terminaba con la pizza, me acerqué a Raúl que miraba televisión y le ofrecí un vaso de jugo. Cuando Raquel trajo las pizzas saqué la cerveza bien helada y nos dispusimos a cenar. Mi suegra no sospechaba nada de lo que iba a vivir esa noche…

– Mamá tengo sueño, me voy a dormir. – Espera Raúl tenés que tomar tu pastilla.

Todo estaba saliendo de acuerdo a lo planeado, con una pastilla Raúl dormiría como un tronco. Mientras Raquel se levantó a buscar la pastilla llené nuevamente su copa con cerveza.

– Listo, ¿que te parece Juan si vemos la película que trajiste?, ¿de qué se trata? – De suspenso, como a vos te gusta (yo me había asegurado que tuviera alguna escena de sexo, pero no demasiadas para no incomodarla de antemano), pero terminemos de cenar y luego la vemos tranquilos en el living -le dije.

Cuando terminamos de cenar, nos dirigimos al living y mientras ella ponía la película yo traje otra botella bien fría de cerveza.

-Tomá ante que se caliente -le dije- – No Juan, ya bebí demasiado. – Hace mucho calor, está exquisita, además no me vas a dejar tomando solo. – Está bien, la última copa.

Esa copa fue suficiente para que comenzara a mostrar sus grandes tetas al descubierto.

– Esta noche te voy a coger suegrita. -le dije mientras la sostenía del cabello y con la otra mano le apretaba los pezones. – Nooooo, estás loco, soy tu suegra, soltame o grito. -Vas a gritar pero de placer suegrita -le dije mientras metía mi mano por debajo de su falda y comencé a morderle suavemente un pezón y ella se retorcía como una víbora. -Ahhhhhhh, no por favor, no, nooo, pará, ahhhhhhhh. -Comenzó a llorar.

Me incorporé para sacarme el pantalón y ella intentó escapar, la tomé de un brazo y la tiré sobre el sofá y le arranqué la pollera y la bombacha, por lo que quedó totalmente desnuda, tratando de cubrirse, mientras lloraba, su concha peluda.

– Que peluda la tenés suegrita, un día de estos te voy a afeitar, pero por hoy te la voy a chupar así. – Me arrodillé, metí la cabeza en su entrepierna y comencé a chuparle esa concha peluda. -Noooo, noooo, por favor, ahhhhhhh, ahhhhhh, ahhhhhhh, Juan estás loco, ahhhhh -ya no tenía más resistencia.

Mientras yo le chupaba con fuerza la concha, ella gemía y se iba deslizando del sofá al suelo. Le levanté las piernas, se las separé y comencé a lamerle todo el culo y la concha con delicadeza. Yo tenía la pija a reventar, pero quería que ella me lo pidiera. Sus gemidos cada vez eran más fuertes.

-Ahhhhhh, ahhhhhhhh, cogeme de una vez, metémela ya Juan por favor.

Cuando se la metí de un solo golpe, pegó un pequeño grito, me abrazó y comenzamos a besarnos como dos adolescentes. Estuvimos cogiendo hasta que quedó tendida, completamente agotada. Entonces saqué mi pija todavía dura de su concha, me arrodillé sobre su cara y le dije.

– Bueno querida suegrita, ahora una buena mamada… – Noooooo, no eso no por favor, eso no, es asqueroso -y comenzó a resistirse nuevamente, mientras yo acercaba mi pija a su boca ya cerrada con fuerza.

Con mis piernas aprisioné sus brazos y no tuve más remedio que taparle la nariz para que abriese la boca para respirar, se retorcía más que nunca, lo cual me excitaba más aún. Cuando por fin abrió la boca se la metí hasta la garganta. Comenzó a dar arcadas hasta que la tomé del pelo y le ordené queme la chupara. Abrió los ojos, se tranquilizó y pegó una mamada increíble que me hizo acabar nuevamente, esta vez dentro de su boca.

-Trágate toda la lechita le dije -mientras le chorreaba por la comisura de los labios- y desde ahora, suegrita, vas a ser mi putita sin chistar, ¿de acuerdo? – Si Juan lo que vos digas -ahora metete en la cama que mañana es domingo y tenés que ir a misa -la alcé en mis brazos-, yo te llevo -le dije-, y de ahora en más vas a dormir completamente desnuda, ¿entendiste?.

La acosté en la cama y al verla tendida inmóvil, con las piernas abiertas, la pija se me endureció nuevamente, así que le dije:

– Antes de irme te voy a pegar una última cogida. – No por favor me arde mucho y estoy agotada, andate por favor.

No había terminado de decir esto cuando ya tenía toda mi pija adentro y comenzó a gemir nuevamente. Esta vez cuando estaba a punto de acabar, se la saqué y acabé sobre sus tetas. Hice que con sus propias manos de desparramara mi leche por su cuerpo y que se chupara las palmas.

Le di un apasionado beso de lengua y la dejé descansar, se lo tenía merecido.

Autor: Ger47b

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Confesiones de mi novia

Su concha súper lubricada y con los labios muy abiertos y empezamos a masturbarnos, mientras la besaba le hacía preguntas, ella respondía con silencio, tomando mi miembro con una mano y tirando de la piel, acariciando la cabeza de mi verga con la otra mano, la cual estaba hinchada y súper mojada, mientras mis dedos se deslizaba muy fácilmente en su concha que chorreaba de placer.

Una tarde, no se muy bien porqué me detuve a pensar en una película porno que tengo hace tiempo guardada y en la cual, entre varias escenas muy calientes, aparecen tres chicas en el consultorio ficticio de una ginecóloga, dos rubias vestidas de enfermeras “atienden” a una rubia flaquita.

Las chicas le dan un service tremendo, lamiéndola, penetrándola de diversas formas y con varios juguetes, las tres chicas son realmente hermosas, una flaca, las otras dos voluptuosas y todas súper mojadas y alteradas de la tremenda calentura que les propina el momento… casi sin pensarlo cuando hablo con mi novia le comento: “Cuando vengas tengo algo muy interesante que mostrarte”… Ella imaginándose de que se trataba el asunto contestó con su voz sensual un “Bueno… ahí voy, un beso” y me bañé, con mil cosas en la cabeza y con una calentura que volaba, al esperar su reacción.

Ella es una morochita muy bonita, delicada, flaquita, con un culo impresionante y tetas pequeñas, pero muy sensibles, lleva la conchita depilada y muy suave y pequeña, casi adolescente. Pelo negro medio, ojos oscuros y una boca preciosa.

Yo soy grandote, pelo negro y, según ella, tengo una carita hermosa y una boca muy tentadora. Si bien mi miembro no es descomunal, comparado con su cuerpito es lo suficientemente grande como para llenarla a más no poder (llega a los 20 centímetros en momentos de mucha exitación).

Al llegar coloqué la película en la video y luego de besarla la acomodé sobre mis piernas y puse play… justo en la escena del lesbianismo, al principio pensé que se enojaría y que me pediría de sacar la película… pero vi, muy a mi sorpresa, que miraba atentamente cada momento de la caliente película, comencé a acariciarla en la espalda, besar el cuello y noté cómo de a poco iba cediendo a su tensión corporal, pero sin perder un solo segundo de la película.

Al finalizar la escena que a mí me importaba que vea, paré la video, la tomé de la mano y la llevé a mi cama, no sin antes repasar ciertas cosas que deberían saber…

Muchas veces habiamos hablado de tener un trío, la mejor respuesta que obtuve fue un “Bueno, pero después de estar con otra chica, estamos con otro chico y ahí quedamos a mano…” Por supuesto, la idea no me interesó ni un poco, ademas de repetidas veces mandarme a la mier… o simplemente ignorando mis propuestas.

Al llegar a mi cama la desvestí lentamente y besándola la dejé en ropa interior y mi sorpresa fue enorme al notar empapadísima su concha, súper lubricada y con los labios muy abiertos…

Nos acostamos y empezamos a masturbarnos mutuamente y mientras la besaba le preguntaba…

“¿Qué pasó mi amor, te pusiste como loquita?” A lo que respondió con un silencio y tomando mi miembro desde la base con una mano y tirando de la piel muy fuerte hasta hacerme doler… y acariciando la cabeza de mi verga con la otra mano, la cual estaba hinchada y súper mojada.

Mientras mis dedos se deslizaba muy fácilmente en su concha que chorreaba de placer… y seguí con el interrogatorio.

-¿Qué fue lo que más te gustó? -La situación… -Mmmmm… ¿y las chicas? -Puede ser… -¿Cuál? -Mmmmmmm… la rubia -dijo dudando un poco- -Ahh… que lindo lo que me estás diciendo mi amor…

En este momento empezamos a acercarnos al orgasmo en forma inminente… al acabar, luego nos acostamos y me llegó a contar que una noche, mirando venus -el canal porno- notó que ante una escena lésbica, de forma irrefrenable comenzó a mojarse entre las piernas y los pezones se le pusieron durísimos y no pudo contener unas ganas enormes de tocarse y masturbarse en el baño…

Así descubrió que le gustan las mujeres… y yo me volví totalmente feliz, mis sueños están cerca de realizarse… pero eso lo dejamos para una próxima entrega.

Autor: Dreamingar

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