Confidencia

Cruzó su pierna detrás de las mías y con un ligero empujón me envió sobre la arena, mi verga ya estaba dando guerra de nuevo, me besó en la boca, incrustó su chucha en mi verga mientras su mano derecha comenzó a introducirse nuevamente. Me cabalgó insaciable con su mano metida en mi culo. Me desleché muchas veces y ella orgasmó otras tantas.

Ha pasado en realidad muy poco tiempo desde aquel sublime momento en que decidiste que ya era tiempo de entregarme esa parte de ti que me negabas con innumerables pretextos. No sabes cuan feliz me hizo ese regalo de ti y cuanto significa cada vez que te exploro de esa manera. Necesito decirte algo ahora, hacerte mi confidencia más secreta, aquella que te reflejará cuanta confianza y fe tengo en ti al contarte con todos los detalles algo que sucedió una vez en mi vida y me marcó para siempre y que quizás te explique algo más de lo que ya conoces de mi.

Eran aquellos tiempos en los que mis hormonas comenzaron a alborotarse más que en ningún otro momento, quizás fue hace poco más de quince años. Eran los tiempos en que aquella joven mujer llegó a mi vida para trastocar todas mis bases. Ella era una hijita de papá con una figura de ensueño, un rostro de ángel y una personalidad desbordante que envolvía y encantaba a quien se acercara a ella.

Me sentí el ser más afortunado cuando las circunstancias se dieron y la jovencita de apenas 18 se decidió por el cuarentón incipiente al ofrecerme beber el vino de la lujuria en la copa de su boca y en su cuerpo sediento de aventuras. Hicimos el amor y culeamos muchas veces a hurtadillas y sin tiempo suficiente para entregarnos totalmente del modo que los dos queríamos. Pero cada necesidad trae su respuesta y ella se dio cuando sus padres viajaron por una semana fuera del país y yo tuve que inventar en mi hogar un viaje profesional que me permitió pasar una verdadera luna de miel, los dos solos en una casa de veraneo que sus padres poseían una zona muy conocida por su belleza natural y muy poco concurrida. Una verdadera mansión al pie del mar, escenario propicio para lo que vendría después.

Habíamos culeado como salvajes la mañana y la tarde de ese primer día juntos como marido y mujer, sin interferencias de nadie, llegada ya la noche ella echada en el suelo sobre una alfombra persa que adornaba la sala familiar, miraba en la televisión videos que iba cambiando sucesivamente en el reproductor hasta escoger el deseado. Yo descansaba en el sofá y leía el periódico. Los dos, como fue lo normal desde que llegamos allí, estábamos completamente desnudos. No se cuanto tiempo pasó y yo, que ya estaba tan laxo, casi cabeceando del sueño, sentí de repente el ardor de su cuerpo en el medio de mis piernas y besitos que subían alocados por la parte interior de las mismas. Mi sorpresa, agradable por cierto, me hizo tirar el periódico y mi mirada no pudo dejar de observar que en la TV corrían escenas de sexo entre una pareja. Ella, mi hembra de ese momento, continuaba su tarea y yo la dejaba hacer. Sentí como el líquido pre-seminal fluía de mis entrañas y se desparramaba por la cabecita de mi verga que ya se erguía imponente.

Con uno de sus deditos de su mano derecha esparció el líquido por toda la cabecita y me llamó la atención que ella empapó su dedito con él antes de que su lengua jugara como una mariposa aleteando a su alrededor. Los besitos siguieron recorriendo tronquito y bolsas y su lengua hacía maravillas, y continuaba bajando, en uno de esos momentos me volteó a medias sobre el sofá y yo la dejé hacer y fue entonces que ella besó mi culito que estaba latiendo y latiendo desaforadamente por los deseos encendidos e introdujo su lengua, fue ella y fue así que por vez primera sentí una caricia en mi ano virgen hasta ese instante.

Me volteó nuevamente, mi cuerpo se deslizó un poco hacia el suelo, otra vez de frente a ella pero dejando mis nalgas al aire. Ella continuó sus caricias de manos, boca y lengua y me abandoné a incontenibles deseos que me hacían vibrar completamente y cuando el chorro de leche anunció su eminente salida con espasmos de verga y culo, ella no se cómo lo hizo pero con su boca traviesa se enterró hasta lo más profundo de su garganta toda mi verga incluyendo mis bolas en el mismo momento que sentí que un dedo entraba en mi ano muy en profundo. Me vine como jamás lo había hecho antes. Borbotones de leche manaron y se deslizaban hacia el interior de su garganta. Ella aprovechó esos instantes y sentí otro dedito acompañar al primero, luego uno más, luego otro hasta que finalmente sentí que su mano había entrado totalmente dentro de mi. Ella sacó el trozo de mi carne de su boca y continuó lamiendo, gimiendo y diciéndome:

¨Qué rico mi vida, qué rico se siente, tu culito es un guante¨. No puedo describirte lo que sentía al observar curioso como su mano introducida totalmente en mi culo jugaba dentro de él. Me sentía más laxo que nunca, sentía que ella me dominaba totalmente, cerré mis ojos y continué dejándola hacer. Siguió masturbándome con su mano izquierda, luego con su boca y su lengua y mientras lo hacía, su mano izquierda exploraba mis tetillas, mi torso o mis nalgas, mientras su mano derecha continuaba jugueteando dentro de mí e introduciéndose cada vez un poco más. Estuvimos así, creo que un par de horas más, luego sentí un ¨ploff¨ cuando extrajo su mano y dejó de mamarme la verga. Se acurrucó sobre mi pecho y me dijo ¨ Te amo ¨.

Nos fundimos en un beso interminable en el cual me entregué por completo. Eran quizás entre las once y doce de la noche cuando ella me pidió que saliéramos de la casa hacia la playa, a pocos metros frente a nosotros, solitaria y alumbrada tan sólo por la luz de la luna. ¨ Ven, vamos que quiero sentirte junto a las olas del mar ¨ fueron sus palabras y la seguí, tomados de las manos y aún completamente desnudos. Nos metimos al agua, jugueteamos, nos besamos y nos dijimos muchas promesas de amor, luego cuando decidimos volver a cruzar el pequeño trecho que nos separaba de la casa, ella me detuvo y me dijo:

¨Papi, quiero cabalgarte y hacerlo otra vez¨. No esperó mi respuesta, sentí como cruzaba su pierna detrás de las mías y con un ligero empujón me envió sobre la arena mojada y ella sobre mi. Mi verga ya estaba dando guerra de nuevo y mi culo no estaba de modo alguno cerrado y más bien titilaba y creo que en el fondo deseaba ser tomado nuevamente. Lo hizo así, me besó en la boca, incrustó su chucha en mi verga mientras su mano derecha comenzó a introducirse nuevamente. Me cabalgó insaciable con su mano metida en mi culo. Me desleché muchas veces y ella orgasmó otras tantas. Se levantó luego y sin sacar su mano de dentro de mí me pidió que me pusiera ¨ perrito ¨ que quería ¨ algo más¨. ¨¿Qué más puedo darte mi amor si ya te entregué todo?, le dije. ¨Ya lo verás, mi vida ¨, me dijo ella y prosiguió.

Su mano se adentró entonces aún más que antes y sentí como penetraba y penetraba hasta que llegó a estar dentro medio antebrazo. Me gozo cuanto quiso, me poseyó totalmente hasta arrancar de mi labios un ¨ soy tuyo, mi amor, has de mi lo que quieras y cuando quieras ¨. ¨ Lo se, ahora eres mío realmente, nunca nadie te hará lo que yo, tu culito es mi guante y es un guante de noche a medio antebrazo, no tienes idea de lo que se siente estando allí adentro, eres tan suave por dentro y eres mío por siempre, ahora vamos a casa mi vida ¨ y sacó su brazo invasor. ¨ Falta algo ¨, le dije. Ella se asombró y replicó ¨ Qué puede faltar ya ¨. ¨ Quiero tu culito, quiero penetrarlo con mi verga ahora ¨. ¨ Eso no, eso no, no me lo pidas que no te lo daré pues me dolerá ¨. No quise insistir pues la verdad estaba ya muy agotado. Entramos y abrazados dormimos desnudos esa noche hasta media tarde del día siguiente.

La semana pasó rápidamente, lo que no impidió que todos los días viviéramos un ensueño, pasamos desnudos todo ese tiempo, nos acariciábamos, hacíamos el amor, culeabamos, nos preparábamos el desayuno y las comidas cuando teníamos hambre y nos mimábamos mucho. No hubo un sólo de esos días en que ella no me hiciera sentir con la ya descrita caricia especial que no sólo era la dueña total y absoluta de mi culo si no de mi vida completa. Tal era mi fascinación por ella que si me hubiera exigido destruir mi hogar es probable que lo hubiera hecho. Mirado todo esto en retrospectiva creo que tuvo el buen juicio de nada exigirme. Todos esos días intenté pidiéndoselo de todas las formas que me permitiera penetrarla por su culito.

Nunca logré vencer esa resistencia a pesar de mi ofrenda y quizás porque justo por esa ofrenda ella siempre ejerció dominio sobre mi. Pasaron varios meses desde esa semana gloriosa y durante todo ese tiempo todo siguió igual, igual en afectos, en caricias, en hacer el amor, en culear, en su posesión sobre mi, y cuando menos esperaba, una tarde de esas, cuando estuvimos juntos a solas y yo pensaba en cómo volver a pasar otra ¨ luna de miel ¨, ella me dijo de sopetón: ¨ Te voy a dejar para siempre. Hay un nuevo hombre en mi vida ¨.

No podía creerlo. ¨ Estás bromeando o estás loca ¨, le dije.  ¨ Es más, él ya me rompió el culo y te voy a dejar, me voy a culear con él hasta hartarme ¨. ¨ Pero si a pesar de mis ruegos nunca quisiste darme el culo ¨, le reproché. Ella me contestó de inmediato: ¨ Tú lo pediste, él no lo pidió sino que lo tomó y me encanta. Me voy, es mejor que no intentes nunca acercarte pues lo nuestro ya terminó. Te amé y mucho, pero nada es para siempre. Adiós¨.

Así concluyó mi relación con ella, te he contado el resto, he tenido algunas aventuras después y sin embargo nunca sentí la necesidad de repetir aquella sublime experiencia y nadie jamás se ha enterado de aquello. Contigo sin embargo me ocurre tan diferente. Siento que eres quien puede enseñorearse en mí, a quien le permitiría adentrarse así de profundo en mí para que sea mi dueña. Tú eres un ser especial, no una persona en la que pueda ver una copia de ella, mereces mi entrega total. ¿La aceptas, la quieres, la deseas, mi vida? Quiero saber, sin rodeos, totalmente sinceros, tus pensamientos acerca de mi confidencia. He puesto mi secreto más recóndito para demostrarte toda la confianza que he puesto en ti. Todos mis besos para ti. Te adoro.”    James.

Fue ésta la carta que entregué a aquella mujer que me regaló imborrables momentos en una etapa de mi vida en la que ella tuvo un significado muy especial. Ahora ella también se ha perdido entre las sombras y no se si un día volverá a mi vida. Siempre será recibida con los brazos abiertos y con la sensualidad infinita que siempre despertó en mí. En esta carta deposité sentimientos genuinos y relaté experiencias vividas sobre las cuales tal vez alguna lectora pueda y quiera emitir comentarios; quizás también deseé opinar sobre la forma en la que he expresado la sensualidad que envolvió esas experiencias. Mil gracias por sus comentarios.

Autor: James Fleming

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Seduciendo a mi suegra III

Metí el glande hasta que chocó con el himen. Con suaves metidas la fui disponiendo para el sacrificio, de pronto empujé bruscamente rompiendo su telita, lo hundí del todo en la raja. Dio un pequeño grito. Rosita una vez pasado el dolor comenzó a moverse conmigo. Agitaba su cabeza, mientras gemía guturalmente. Cuando sentí llegar su orgasmo estallé llenándole su vagina con un torrente de leche.

Las empleadas ven y oyen todo.

Tras lo sucedido en el Valdivia, Diana venía cada noche a mi dormitorio en cuanto las niñas se habían dormido y el resto de los habitantes de la casa estaban recogidos en sus habitaciones y cada noche y muchos amaneceres hacíamos el amor como leones.

A Diana le gustaban las sesiones de besos morosas, con mucha lengua y saliva y cuando notaba mi pene altivo, mientras yo me sentaba en el borde del lecho, se arrodillaba y me la mamaba rico, como dicen aquí, y cuando notaba que estaba a punto de recibir mi leche dejaba de hacerlo y me imploraba que se lo metiera en su concha. La encontraba siempre muy mojada.

Yo evitaba acabar al tiro ensartándole la verga de golpe y hasta el fondo llegando mis testículos a hacer presión sobre su vulva y presionando fuertemente la parte superior de la base del pene sobre la parte superior de su coño y una vez contralado el deseo vehemente de regarla con mi leche comenzaba un metesaca primero lento, luego más rápido, más tarde lento otra vez, manteniendo el control y haciendo que ella lo perdiera con mis acometidas llevándola a una serie de orgasmos sucesivos. Ambos nos gritábamos frases cargadas de lascivia:

-¡Te gusta mi polla gorda, perra¡ -¡Oh sí me gusta que me folles como un animal,  soy tu puta! ¡Préñame ya!

En ocasiones colocaba sus pantorrillas sobre mis hombros y sacando mi pene, abundantemente lubricado por sus líquidos, de su coño se lo metía en su maravilloso culo, pero siempre imploraba que me corriera en su vagina. La complacía siempre porque también deseaba que se quedara preñada de mí. ¡Qué locura!

Por las mañanas el polvazo era más rápido. Algunos amaneceres, al despertarme abrazado a ella con las manos en sus tetas le colocaba mi pene medio erecto y morcillón entre sus nalgas subiéndole antes su camisa de dormir para que notara mi carne, Diana colocaba una de sus piernas sobre las mías y entonces la embestía penetrándola.  Otros, si ella se despejaba antes, me comía la verga y el culo con gran amor usando de sus labios, su lengua y su saliva. Cuando su lengua se abría camino a través de mi ano, mi pico y yo nos levantábamos de inmediato encontrando su cotorra húmeda, hinchada… Solía ser muy temprano y veíamos salir el sol por encima de los Andes.

Era para estar enamorados y nosotros lo estábamos. Cuando acabábamos ella me cogía el pene y lo lamía degustando nuestros mezclados líquidos como una gatita lengüetea su platito de leche. Tras lo cual nos deseábamos buenos días mientras nos besábamos. El servicio era tratado con cariño y cuidado y esto nos era retribuido por su parte. O eso creíamos.

Nuestra vida trascurría como la de una familia feliz, muy feliz. Mi amante lucía contenta, siempre de buen humor y además aprendía velozmente una curiosa mezcla de chilean-spanglish. Mi hija menor ya llamaba a Diana mami y Jill, la mayor, comenzó a imitarla. Invitamos varias veces a nuestros vecinos Jimena y Charles, invitaciones que fueron devueltas con placer y también a compañeros del trabajo que venían acompañados de sus parejas.

Un día domingo por la mañana cuando las niñas habían salido de paseo con la nanny nos colocamos en las tumbonas de la piscina y como siempre que nos sentíamos  solos comenzamos a toquetearnos hasta que el calentón nos hizo zambullirnos. Allí continuamos el juego. Le quité el biquini y comencé a chupar sus pezones que gracias al agua fría y las caricias se notaban espléndidos. Diana respondió deslizando mi calzón y alcanzando con su mano mi pico. A continuación se sumergió y consiguió meterlo en su boca. Al sacar la cabeza para respirar no aguantó más y desprendiéndose ella misma de la parte del biquini que le quedaba se abrazó a mí con sus brazos mientras sus muslos apretaban mi cintura. Llevé con la mano mi verga hasta la entrada de su chocho y empujé valientemente sintiendo una sensación que solo se da follando en una piscina: el pene pasó del frío líquido a la ardiente cueva de mi puta. ¡Qué excitante obscenidad! Culeamos apasionadamente durante un buen rato como si el mundo se hubiera parado hasta que me gritó:

-¡Me estás volviendo loca, acaba ya dentro de mí!

Al escucharla perdí el control y me derramé en sus entrañas mientras ella comenzaba un largo orgasmo. Salimos de la piscina, desnudos, y buscamos las toallas para cubrirnos mientras recuperábamos el aliento y el sol nos calentaba.

Al cabo de unos momentos me levanté de la tumbona y entré en la casa descalzo a buscar algo de ropa seca y coger unas chelas para beber. Andaba con cuidado intentando no hacerme daño en los pies y a punto de entrar en la cocina escuché dos voces que me frenaron. Eran las dos empleadas, Tina y Rosa (Las familias de Tina (Ernestina) y Rosa se habían instalado hacía unos pocos años en la comuna Padre Hurtado procedentes de un pueblito cerca de Melipilla y su edad en el momento en que esto sucedía era 18 ó 19) que hablaban entre ellas. No percibían mi presencia y conversaban en un tono abierto con frases cuyo sentido me dejó estupefacto:

-Jia, jia mijita tú estai volada. El señor anda prendido de la misia. Estai frita. Decía Rosita.-¿Y vos no? Yo ahora estoy botella. Solo encuentro huevones y flaites que no sirven, pero vos estai por botar el diente d’leche jia jia.-No me importaría botarlo  con el señor pero él anda to´ó e’día califa detrás de la gringa.-También va la misia. En cuando creen que naide los ve se besan bacán. Ná de topones, puros lenguaos. Además la señora cree que tiene pata’e lana y que no oímos cuando se va a romper el catre con el señor. Ara mismito los he visto desde la sala de arriba. Han estao culiando en la piscina. Carlito ha salido altivo ¡Qué filorte pá dar puñalás de carne!. Me ha dejao goteando.

Logré enfriar mi ira y volví quedamente a donde me esperaba Diana. Al ver que no traía la bebida se levantó ella después de ponerse algo de ropa y entró en casa. Volvió enseguida y al poco rato llegaron las dos parlanchinas, medio serias medio risueñas llevando las cervezas y un aperitivo. Nuestras miradas se cruzaron y yo aproveché para darles un buen repaso.

Físicamente eran bastante diferentes: Tina tenía la piel color bronce  muy claro, pelo corto negro liso, ojos a juego, también negros, un toque achinados, labios rojo oscuro generosos, estatura entre metro sesenta y sesenta y cinco, pantorrillas y tobillos bien formados, y muslos, por lo que se veía por debajo del borde del uniforme, torneados, caderas y culito muy agradables de ver, grandes sin ser enormes, pechos que hacían notar su volumen y una cintura fina. En resumen: una panochita apetecible para los admiradores  del sexo femenino y tierno.

Rosa tenía el aspecto más aniñado con un color de piel más claro que Tina, pechos pequeños que sólo se anunciaban a través de la tela que los cubría, ojos de color café claro, grandes que parecía que miraban siempre con sorpresa,  pelo oscuro sin llegar al negro, largo y algo ondulado dos o tres centímetros más alta que su compañera. Pantorrillas y muslos estilizados pero un culito bien proporcionado y unas nalgas que se pronunciaban cuando andaba. Tina era más expresiva y vivaz pero Rosa tenía el encanto que da la ingenuidad. Era también una linda panochita o como decimos en España un guayabo, un chochete.

Nosotros, Diana y yo, continuamos saciando nuestra sed de amor y sexo. Un día jueves comiendo con ella en un restaurante de Providencia (una avenida de moda) me preguntó:

-Charlie ¿tú sabes cuánto te quiero? ¿Cuánto te necesito?. Estas preguntas retóricas siempre me ponen a la defensiva pues son preludio de cuestiones más serias. Así que le contesté:-jaja No sé. Ummm… Bueno sí. Diana continuó-: No solo es el sexo, que sí lo es, sino amor lo que creo que compartimos. Y son las niñas, la responsabilidad que tenemos con ellas. En resumen, he decidido divorciarme de Frank cuanto antes. ¿Y tú te quieres casar conmigo?

Como un caballero y sin pensármelo dos veces le dije que sí. Diana continuó diciéndome que entonces me tendría que dejar solo unos días mientras arreglaba todo en los Estados. Así que las niñas y yo la despedimos el día domingo en Pudahuel.Me había dejado solo como una fiera hambrienta pero con dos ovejitas cerca.

Durante la cena en la cocina devoraba con la vista a mis ovejitas: Tina se dio cuenta enseguida y empezó a exhibirse delante de mí. Era la chispa que le faltaba a mi fuego. Les pedí que trajeran una botella de Champaign. Rosita la puso sobre la mesa con la copa correspondiente y le indiqué que pusiera dos copas más para ellas. Retozona Tina preguntó:

-¿Qué va celebrar el señor?-El señor solo no va a celebrar nada. Van a ser Tina, Rosita y Carlito los que van a conocerse mejor esta noche. Sus caritas se arrebolaron al entender que habían quedado al descubierto. Levanté una mano y continúe:-Salud p’a todos y a beber.

Tras la primera copa vino la segunda y ya las dos panochitas se sintieron más seguras:

-Me di cuenta el otro día al oíros que sois unas personitas interesantes. .-¿Le gustó lo que oyó? preguntó la atrevida Tina.:-Sí pero también lo que vi.

Tina se acercó a mi en el sofá y se acurrucó sobre mi regazo. Llamé a Rosita que se acurrucó a mi derecha. Estaban encantadoras las dos con las mejillas arreboladas ahora por el bienestar y la confianza que da el vino y la amistad. Besaba a Tina en las mejillas hasta llegar a la comisura de sus labios y para no hacer de menos a Rosa me volví y directamente le puse mis labios sobre los suyos y ella me respondió dejando sus labios blandos y entreabiertos. Mi lengua entró y encontró la suya, tan delicada como un pajarito. Tina, mientras me besaba en el cuello que se le presentaba franco y sentí su mano abriéndome la camisa y acariciando el pecho. Las cogí de sus manitas y las subí al dormitorio. Allí les dije que quitaran la ropa para bañarnos juntos. A la vez que me desnudaba veía como ellas hacían lo mismo.

Los pechos de Tina eran grandes, con una textura exquisita, areolas rojo oscuras pequeñas y pezones como garbancitos del mismo color. Su monte de Venus estaba cubierto por un bello negro sedoso  y abundante que escondía su chucha. Rosita apenas tenía tetas pero sus pezones eran grandes y parecían sensibles, su bello menos abundante dejaba ver los labios de su chocho, tan precioso que estaba deseando comérmelo. Al inclinarse por un momento observé el agujerito de su culo con algunos pelitos a su alrededor. Mi pene estaba ya completamente duro. Nos metimos en la ducha como en un sándwich, dejando correr agua templada, nos enjabonamos unos a otros. Yo les lavé sus culitos, suave muy suave, metiendo en ellos los dedos con mucho cuidado moviéndolos dentro en círculo.

Tras los culitos lavé sus coñitos teniendo mayor cuidado con el de Rosita al comprobar que su himen estaba entero. Le froté dulcemente el clítoris que se iba poniendo erecto. A Tina al contrario le metí primero un dedo y al notar que no había obstáculo le metí otro entrando profundamente en su vagina. Ellas, cuando se lo pedí, me lavaron el culo. Tina me enjabonó y luego me introdujo dos de sus deditos en él. Di un pequeño respingo. A Rosita le dejé el pene. Me lo descapulló con una mano y, tras sopesarlo y mirarlo extasiada, con la otra me lo enjabonó.

Caímos en la cama todavía húmedos por el agua. De inmediato me apoderé del chochito de Rosita chupándolo con primor. Metiendo la lengua y pasándola por sus labios menores y mayores y más tarde de su clítoris. Tuvo un orgasmo mientras susurraba de gusto:-Iiiiiiih. Se quedó desmadejada por unos momentos, sin aliento. A Tina la coloqué de espaldas en la cama y comenzamos un 69. Lo hacía rebién la panochita. Yo tenía que contralarme para no acabar en su boca. Noté como  me acariciaban y me pasaban la lengua por la espalda y la nuca. Era mi Rosita. Tina llegó al orgasmo y fue el una hembra plena, dejando sus líquidos en mis labios y cara. Tina, recuperada dijo:

-Ara te tocó a ti, Carlito. Y tumbándome se metió el glande en su boquita y después de chuparlo con abundante saliva llamó a la Rosa:-Ven Rosita ayúdame. Rosa besó y chupó mis bolas, mordisqueó mi pene. Se lo comían entre las dos delicadamente. -Ya es tiempo de que Carlito te convierta en una verdadera mujercita. No debí tener miedo. Yo te tendré la mano.

Tina le hablaba preparándola para que yo la montara. Me coloqué sobre ella y con la mano coloqué mi verga en la entrada de su vulva. El glande fue succionado dentro hasta que chocó con el himen. Con suaves metidas la fui disponiendo para el sacrificio: de pronto empujé bruscamente rompiendo su telita: lo hundí del todo en la raja. Dio un pequeño grito.

Poco a poco se fue acoplando mi pico con su vagina. Rosita una vez pasado el dolor comenzó a moverse conmigo y yo le cogí sus nalgas para follarla profundamente. Agitaba su cabeza, fuera de sí, mientras gemía guturalmente. Cuando sentí llegar su orgasmo estallé llenándole su vagina con un torrente de leche.

Entre Tina y yo limpiamos el vientre y la chucha de la desmadejada Rosa que blandamente se dejaba hacer mientras sonreía feliz. La pusimos dentro de uno de mis pijamas que le quedaba grande: arremangamos las mangas para que tuviera las manos y los pies libres. Cerró sus ojos y empezó a respirar plácidamente de inmediato. Tina me reclamó:-Carlito, quiero tu leche dentro de mí.

Yo, que por la mañana temprano había follado con Diana no sabía si iba a poder complacerla pero ella me puso frente a la boca sus pechos y me incitó a comérselos: la verdad es que eran grandes, duros y exquisitos. Después, recogiendo en su boca la saliva mezclada de nuestros besos embadurnó el canalillo de sus tetas y colocando el pene allí comenzó a masturbarme. Mi pene reaccionó y al rato nos colocamos de nuevo en un 69. Le succioné toda su chucha, clítoris y todo y se vino en mi boca gimiendo de gusto.

Mi pico estaba listo de nuevo y colocándola como una perrita le acaricié sus preciosas nalgas, sus muslos tan llenitos, el culito cuya piel, lo mismo que la de sus labios vulvares tenía un color más oscuro. Le coloqué la punta en el ano tras ensalivárselo y empujé. Estaba muy prieto y solo llegué a encajarle el glande. Tina ayudaba para que entrara todo. No se quejaba aunque de su garganta salía un ay sofocado al morderse los labios.

Notando el dolor que le estaba produciendo desistí y entré con mi pene en su vagina y comenzamos un culeo que aumentaba de intensidad mientras más nos calentábamos. De pronto noté su vagina contrayéndose en un orgasmo poderoso y yo respondí acabando dentro de ella. Al fin caímos uno al lado del otro.

Nos besamos cariñosamente dándonos gracias mutuas, y así, tan amorosamente, nos dormimos los tres juntos.

Autor: Carlos

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Sexo obsceno con la amiga de mi esposa

No hay nada más erótico que ver la cara de una mujer mientras la penetras por el culo,  yo continué con mi faena como desesperado, ya que sabía que estas oportunidades no se dan a diario, hasta que sentí que mis bolas chocaban con su chucha, por lo que empecé un bombeo suave para que se acostumbrara y después aceleré la velocidad, mientras escuchaba sus quejidos de placer.

Un día estaba en mi apartamento en labores domésticas cuando alguien toca el interno, al responder me doy cuenta que es Mariluz, gustoso le abro y la dejo entrar a mi apartamento, venía vestida con una blusa bien entallada, pantalones jeans bien pegados, venía peinada y maquillada como un reina…

Al ver mi cara de sorprendido me plantó un beso en la boca y me preguntó como estaba, yo medio atontado le dije que bien y la invité a sentarse, le pregunté si quería algo de tomar y la muy puta me responde, con tu leche basta…

Se acercó a mí y se sentó en mis piernas a horcajadas y me comenzó a besar apasionadamente, nuestras bocas se fundían en una cantidad de besos y sentí su lengua penetrar mi boca buscando la mía y comiéndosela como loca, mientras tanto mis manos recorrían su espalda y paraban en sus nalgas y las acariciaba y apretaba con lujuria extrema…

En un momento que dejó de besarme, se paró erguida y me preguntó: ¿Me extrañaste? A lo que contesté, no te imaginas cuanto.  En ese momento se abre la blusa y se quita el bra dejándome de ver sus senos que rápidamente fueron objeto de devoción y pasión, comí, besé y mamé de la forma más desesperada esos senos color marrón y con una punta desarrollada que más que teta parecía biberón de bebé.

Después de excitarse al máximo, la muy guarra me dice que ahora me toca darle leche a ella, se baja de mis piernas y me bajó los pantalones y me comenzó a dar una mamada de dioses, subía y bajaba su boca apretando mi miembro mientras acaricia mis bolas, era un poema ver su cara de viciosa, entonces  mirándome a los ojos me dice:

¡Te dije que me des leche! a lo le contesté,  ¡ordéñame!, pero creo que debí pensar  mejor la respuesta, ya que sentí cuando me escupió el ojo del culo y me metió un dedo alcanzando mi próstata y masajeándola mientras me mamaba y pajeaba con su mano, hasta que no aguanté más y le dije que me venía, por lo que ella aceleró el ritmo haciéndome venir a chorros en su boca, mientras ella tragaba y degustaba…

Al término de 2 minutos ella se había tomado mi leche y se limpiaba los labios, mientras me decía, ¡te dije que quería leche!, pero no creas que he terminado.  Levantándose se quitó el jeans y el hilo dental, el cual me puso en la cabeza para que oliera el aroma de su coño, paso seguido se puso en cuatro y me pidió que la mamase como la vez pasada, y como los deseos de una mujer son órdenes, me situé detrás de ella y comencé a mamar su sexo degustando los líquidos que manaban de su coño y alternando con su ano que me pedía que también se lo mamase una y otra vez hasta que sentí como se venía en mi boca, y se llenaba de su corrida.

Posterior a esto nos sentamos y no dimos besos cariñosos mientras nos reponíamos un poco. Como a la media hora comenzó a masajearme la polla nuevamente hasta que se puso dura y pidió que me la cogiera, por lo que nos fuimos directo a la cama…

Ella abriéndose de piernas me invitaba a que la penetrara, le puse mi pene a la entrada de su vagina que estaba caliente y mojada y de un solo golpe se la metí, la muy puta gritó, me quedé quieto, pero al recobrarse me dijo sigue…

Yo seguí, metiéndole la pinga como si fuera una daga que apuñala a su víctima, sólo sentía los arañazos y lo besos que se sucedían mientras sus piernas en mis nalgas me apresaban y me incitaban a cabalgarla como loco, hasta que sentí su chucha palpitar y entre suspiros sus quejidos me indicaron que se había venido de manera espectacular.

En ese momento cualquiera se hubiera venido con ella, pero algo en mi cabeza me rondaba, y era el deseo de poseerla por el culo, le pedí que se pusiera boca  abajo y poniendo un cojín alcé sus nalgas, que abrí y devoré su ano, lo lengüeteé durante un buen rato mientras ella se recuperaba.

Alcancé un gel lubricante que guardo en mi cómoda y le eché una gran cantidad mientras me ponía en mi pene y sin más preparación le puse la cabeza del pene en su ano y comencé a introducirlo, cuando ella cayó en cuenta giró su cabeza y me pidió que por favor todavía no, que ella quería, pero tenía miedo del grueso de mi pene…

Pero como no hay nada más erótico que ver la cara de una mujer mientras la penetras por el culo,  yo continué con mi faena como desesperado, ya que sabía que estas oportunidades no se dan a diario, hasta que sentí que mis bolas chocaban con su chucha y al verle la cara se veían lágrimas en sus ojos, pero me dijo:

¡Ya que me rompiste el culo, lo menos que espero de ti es que hagas gozar mucho!, por lo que empecé un bombeo suave para que se acostumbrara y después aceleré la velocidad, mientras escuchaba sus quejidos de placer y en el instante que ella me dice que se estaba viniendo, mi polla eructaba chorros de leche en sus intestinos, hasta que cansado me recosté a su lado.

Y si allí estaba yo, teniendo  un tipo de sexo obsceno y descarado con la amiga de mi esposa la cual me confesó que ella nunca le habían hecho el amor así, y que le gustaría que yo fuese  su macho, por lo que entendí que había desperdiciado el tiempo, al no buscar mujeres que satisficieran mis deseos.  Pero le contaré más adelante como desvirgué a mí cuñada por el culo y algo más…

Espero le haya gustado, voten si le gustó.  Hay muchos relatos de experiencias adicionales.

Autor: Jemec

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Contribución

Mientras yo estaba empalada me metió un dedo en la chucha, separó mis piernas y le dijo a mi esposo, vamos a hacer un sándwich con la puta de tu mujer. Mi esposo estaba arrecho, como nunca con una verga que no le conocía, me fue metiendo su herramienta en mi chucha recién lubricada por la leche de Willy. Me sentí como una reina, adorada, llena como nunca de verga y de pasión.

Me llamo Ximena y llevo casada varios años con Tony. Yo pasé mi adolescencia internada en un colegio de monjas en Suiza y aparte de una que otra relación lésbica con compañeras de internado no tenía ninguna experiencia al llegar al matrimonio. Yo sabía que no era lesbiana y lo que pasó en el internado fue simplemente la lógica manera que teníamos de calmar nuestros instintos de adolescentes en un estricto internado.

Mi esposo fue el que se encargó de enseñarme todo lo que sé de sexo y tuvimos una vida sexual excitante hasta que poco a poco las cosas se fueron enfriando. Un día me dijo mientras hacíamos el amor si yo tenía ‘fantasías sexuales’, me explicó que muchas parejas las tienen para estimularse durante el sexo. Yo honestamente no sabía de qué hablaba y le pregunté si él tenía alguna. Tony me dijo que el imaginaba que yo estaba teniendo sexo con otro hombre o mujer mientras él se masturbaba. Por mi educación católica poco menos pensé que el mismo diablo había penetrado en mi esposo y tuvimos una tremenda pelea. Lo sorprendente es que pasados unos días yo empecé a pensar en lo mismo; que tenía sexo con otro hombre mientras mi esposo nos veía y hasta sacaba fotos… poco a poco esta fantasía se fue volviendo una verdadera obsesión y en la calle imaginaba teniendo sexo con extraños, con amigos y hasta unos obreros que hacían obras en la casa.

El resultado, imprevisto para mí, fue que me puse más fogosa con mi esposo y él mismo se dio cuenta y me lo dijo “-¿qué te ha pasado que estás mucho más ardiente en la cama?”. Finalmente le conté lo que realmente había pasado y la pasamos muy bien por un tiempo. Poco a poco, sin embargo yo deseaba más y más que ‘nuestra’ fantasía se haga realidad y fue así que un día le pregunté a mi esposo que si había pensado en hacer realidad que me acueste con otro hombre delante de él. “Pues sí, me dijo, pero no lo mencioné para evitar un problema, ¿por qué?” “Porque yo creo que también lo deseo” -le dije un poco temerosa de su reacción. Esto nos excitó mucho y esa noche fue fantástica.

Días más tarde Tony me preguntó “¿y con quien te gustaría acostarte delante de mí?… me gustaría filmarlo” –añadió… Le confesé que me tenía arrecha un obrero negro que trabajaba en obras de la casa. “Da la casualidad’-me dijo mi esposo- “que Willy”, que así se llamaba el negro “un día me dijo que me envidiaba por la bella y sexy esposa que tenía”. Le respondí que gracias y que además de bella y sexy eras un volcán en la cama. “De inmediato vi la arrechura que mis palabras causaron en el negro”… La arrechura que su cuento causó en mí también fue increíble y le dije a mi esposo. –”Arregla las cosas con el negro y lo hacemos cuando quieras… ya me dejaste caliente”.

A los dos días mi esposo me dijo: “Hablé con Willy, esta tarde después de cerrar obras e irse con sus compañeros volverá como a las 7… ¿Qué te parece?” añadió. De inmediato comencé a chorrear de arrechura… En la tarde me bañé, y al hacerlo me afeite la vulva, mi esposo siempre me lo pedía y yo se lo negaba, pero esa noche iba a estar con el negro y quería impresionarlo. Desde las 6 y 30 me fui anticipando a nuestra locura, bebimos vino con mi esposo que arreglo su cámara de filmar de tal manera que no se vea… Willy llegó a las 7 en punto, traía una botella de ron y se veía fantástico y deseable, mi vagina anhelaba la experiencia y estaba húmeda y chorreante…

“Buenas noches” dijo Willy, les traje ron. “Tomamos vino” dijo mi esposo,” pero te preparo un ron.” Tomó la botella y fue a la cocina a prepararle el trago, mientras tanto Willy me dijo: “Se ve hermosa señora Ximena, muy hermosa, siempre la he admirado, muchas veces me he masturbado pensando en usted”. Casi me caigo y le dije: “Willy, no me trates de usted, trátame de “tú” y así lo haré yo” – “Ok Ximena” dijo Willy y se sentó. Tony volvió con el trago para el negro, después me contó que le había preparado una verdadera bomba. Willy se lo tomó de inmediato y Tony le preparó otro. Yo ya estaba chispeada por el vino y para romper el hielo dije: “Willy, ¿es verdad que los negros tienen la verga más grande que los blancos?” “No lo sé” dijo Willy –”pienso que la mía es normal”. Entonces yo dije –”Bueno, hay una manera de saberlo, y es comparar con la de mi esposo”. Todo esto tenía a mi esposo y Willy como un par de toros, lo podía ver por el bulto que ambos tenían en el pantalón.

“Querido”, le dije a Tony saca tu herramienta y déjenme ver, mientras decía esto Willy ya la tenía afuera. La de mi esposo, que yo pensaba que era lo que consideraba ‘normal’ medía como 7 pulgadas y tenía casi una de diámetro. Pero la de Willy, era impresionante. Media como 10 pulgadas o más y era casi 2 pulgadas de grueso, era como el mango de un bate de béisbol. “¡Ooooohhhh!” No pude evitar de susurrar… esa cosa no me va a entrar, pensé un poco desilusionada, pero al mismo tempo pude sentir como mi vagina ardía de deseo… “Willy…” –le dije. -“¿puedo tocarla?” –”es para ti Ximenita, haz lo que quieras con ella”. Me dijo, que ya estaba acelerado. Agarré la inmensa verga y la acaricié como a un tallado de colmillo de elefante. “Que joya que tienes Willy, pero dudo que me entre” –”No te preocupes, te va a entrar, vas a ver”… Me respondió entre jadeos.

Los tres estábamos arrechos y yo fui desnudando a Willy mientras él lo hacía conmigo, mi esposo se sentó, masturbándose lentamente… Estábamos ya sentados en la alfombra de la sala, Willy agarró mi cabeza y dirigió su verga a mi boca… “Chúpamela” me ordenó… La tomé en mis manos y le di una mamada de película, mientras lo hacía él fue dándose la vuelta, abrió mis piernas y metió su lengua en la laguna que ahora era mi chucha, separó los labios, expuso el clítoris y empezó a chuparme en una forma increíble, mientras tanto fue acariciando mi culo con su dedo índice y suavemente lo fue insinuando. Jamás había estado más arrecha. “¡Ooohhh Wiiillly, que me haces… que deliiicia!” Yo jadeaba y gritaba de placer… estaba enloquecida, totalmente desinhibida, miré a mi esposo que me guiñó un ojo, mientras se masturbaba. Me encantó que me vea desnuda, arrecha, por otro hombre… chupándole la verga mientras él metía su gruesa lengua en mi vagina y su dedote en mi culo, yo ondulaba mis caderas como culeando, diciendo obscenidades, jadeando, gritando de placer… “No puedo más… Willy… ¡métemelo, no doy más! “No todavía putita”, me dijo, te falta un poco para estar lista…

Me excitó aún más que me diga puta… me sentía puta y eso me apasionaba… “realmente es verdad” –pensaba- “soy una puta…” Finalmente no pude más le dije a Willy que se acueste de espaldas mientras me ponía con las piernas separadas sobre el mástil que me esperaba, fui bajando mis caderas lentamente, ondulando suavemente, circularmente. “Estoy en el cielo”, pensé. “Es increíble y delicioso”. Empecé a cabalgarlo moviendo las caderas y frotando mis tetas endurecidas y turgentes en su negro pecho, lo empecé a besar y le dije: “Me has llenado Willy, como nadie lo ha hecho”. Sabía que mi vida nunca sería igual que todo había cambiado, gritaba y jadeaba y miraba a mi esposo mientras tenía por primera vez múltiples orgasmos… Mi esposo se masturbaba y empezó a eyacular, Willy me dijo: “Voy a acabar putita, si quieres lo saco…” –”Noooo,” le rogué, “lléname con tu deliciosa leche”, empecé a sentir chorro tras chorro de leche caliente en mi chucha…

Willy luego sacó su salami y mi chucha empezó a botar montones de semen… agarré su verga y la chupé llena de pasión y más deseo. “Si putita” me dijo Willy, “deja mi verga lista porque ahora te la voy a dar por el culo…” Yo sabía que eso era simplemente imposible. Jamás había tenido una verga en el culo, mucho menos un bate de béisbol. “Eso es imposible Willy” –le dije como disculpándome, “tu cosa jamás pasaría por mi agujerito…” –”Vas a ver que si” me respondió, “yo no la voy a meter tú vas a ensartar tu culito en mi verga…”  Y siguió, “acuéstate de lado”. Lo hice y él colocó la punta de su herramienta contra el esfínter de mi ano. “Empieza a menear esas maravillosas caderas Ximena”, me dijo sujetándome firmemente, pero sin penetrarme. Sentí una sensación indescriptible en mi ano y empecé a menearme, fui sintiendo como a poco mi esfínter se aflojaba y los jugos lubricaban mi apertura, no sentí ningún dolor, sólo un placer increíble que aumentaba más y más.

Sentí esa carne caliente penetrándome y le pregunté: “Como lo estoy haciendo”. “Lo estás haciendo muy bien”, me dijo. “Como la putita caliente que eres”. Eso me ayudó aún más y empujé hasta que sentí sus huevos pegados en mis nalgas.

“¿Como lo he hecho?” le volví a preguntar. “Lo has hecho muy bien como la puta necesitada que eres, ahora te voy a culear y a hacerte gozar como nunca lo has hecho”. Fue verdad. Jamás en mi vida había sentido algo tan increíblemente delicioso. Willy se acostó de espaldas en la alfombra mientras yo estaba empalada y moviendo mis caderas enardecidas. Me metió un dedo en la chucha, luego otro, separó mis piernas y le dijo a mi esposo, “que esperas, métele la verga en la chucha, vamos a hacer un sándwich con la puta de tu mujer”. Mi esposo estaba hipnotizado, arrecho, como nunca con una verga que no le conocía, se acercó y me fue metiendo su herramienta en mi chucha recién lubricada por la leche de Willy. Me sentí como una reina, adorada, llena como nunca de verga y de pasión…

Cuando terminamos los tres desesperados de gozo, Willy dijo: “voy a ducharme y me voy, los dejaré culeando entre los dos”. “Noooo,”-le rogué, “no te vayas… o llévame contigo”…”no” dijo Willy – “Ahora eres mía, tu culo es mío y soy yo quien te dirá cuando lo quiera putita”. Y yo pensaba, es verdad, ahora mi culo es de este negro y no podré vivir como antes… le pertenezco… soy su puta”. Como leyendo mi mente mi esposo me dijo: “Ahora si te has vuelto puta, esposa mía”. Willy se fue y antes de irse puso 20 dólares en la mesa. “te dejo lo que yo tengo cuando salgo con putas”. Yo seguí culeando con mi esposo que me lo dio en el culo por primera vez en nuestra vida, al terminar me dijo: “me has hecho feliz, yo te voy a dar lo que le daría a una puta de primera como tú”. Puso cien dólares en la mesa y fue a ducharse.

Esa noche gocé como nunca, y gané 120 dólares. Fue el principio del resto de mi vida de gozar y cada vez, gozar más…

Autora: Ximena

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Un gusto especial

Sus gritos los acallaba besándola, fue moviendo sus caderas, jadeando, mezclados con gritos de placer, luego ya de haberse acostumbrado a ese grosor se la metió haciéndola subir encima de él, como una jockey, podía ver cuando subía y bajaba como jinete rebotando en las ancas, se le notaba el dolor en su cara con una mezcla de placer, cuando le iba entrando y saliendo en su panochita.

La verdad que después de haber conocido las infidelidades de mi esposa y sintiendo profundo amor por ella, he permitido que tenga amantes. Es así que convinimos que cuando alguien le guste, ella debe decirme para que de alguna manera se le invite a la casa y pueda dar desenfreno a los instintos sexuales que tiene.

Es así que algunas veces he tenido que observar algunos de ellos bien dotados como el caso de Juan, que luego de estar en una fiesta lo invitamos a la casa a continuar farreando, entonces yo me hacía el borracho dormido para darle completa libertad a mi esposa y su amante de turno. Me llevaron a un sofá antiguo que estaba en el dormitorio y mi cama que es bastante ancha se prestara para que sea el centro del juego, para ello prendía una lamparita de luz roja tenue del velador, para que yo pudiera observar todo lo que pasaba.

Esa vez comenzaron a besarse desenfrenadamente, y él a desvestirla hasta dejarla completamente desnuda, él luego de sacarse sus ropas mostraba una vergota que parecía de burro, calculo unos 25 cm por 2″, realmente grandísima, ya que mi mujer no podía metérsela toda en la boca, solo podía lamerle el glande y nada más, mi esposa es bajita y delgada, antes se comió algunos postes grandes, pero no de esa magnitud, mientras tanto yo hecho el dormido veía todo lo que sucedía, tenía mi pija bien parada a punto de explotar por todas la cosas que veía que le hacía a mi mujer, la hacía gritar cuando le metía sus dedos al culo, en su panochita, le chupaba sus tetas, hasta que llegó la hora de la verdad, él ya no podía con todas las chupadas que le hacía mi mujer, que pudiendo o no pudiendo, se metía algo a su boca.

Le pide: échate al borde y abrí lo más que puedas tus piernas, pero antes ¿tienes algún aceite o crema? Para qué le preguntó mi mujer, para que no te duela, porque todas por más casadas y paridas que sean, son vírgenes para mí, le prestó un pomo de nivea, él se embadurnó su verga y a ella le puso con su mano un poco de lo mismo, bueno gran puta le dijo, separa las piernas lo más que puedas… yo podía ver que parecía un cirio, a punto de entrar en la panocha de mi mujer, fue entonces que colocó en su vagina esa cabezota y se la fue metiendo de a poquito, mi mujer al sentir esa enormidad en su chuchita, quería a toda costa rechazarlo, lo empujaba de su pecho peludo, arañaba las sábanas, pero ya era tarde se la metió más y más mientras la pobre se movía en su cama llena de dolor hasta que se la metió casi toda, aún así le decía que se la saque, pero su respuesta fue que se la acabó de enterrar más.

Sus gritos los acallaba besándola, hasta que más o menos vi que ya llevaba el ritmo de él, poco a poco fue moviendo sus caderas, jadeando, mezclados con gritos de placer, luego ya de haberse acostumbrado a ese grosor le dio vuelta y se la metió haciéndola subir encima de él, como una jockey en su caballo, podía ver cuando subía y bajaba como jinete rebotando en las ancas, se le notaba el dolor en su cara con una mezcla de placer, cuando le iba entrando y saliendo en su panochita, luego le hizo dar una vuelta en la cama y la jaló hasta el borde la cama, le levantó sus piernas llevándoselas a sus hombros y con una mano agarró su barrote y lo situó en sus labios vaginales clavándosela nuevamente hasta que sus bolas le golpeaban en cada embate sus nalgas con un bombeo permanente enterrándosela hasta el fondo y ella soportando con placer el dolor agradable que le producía hasta que él se vino en una deslechada que para lo peor se encontraba sin condón, así que derramó toda su leche en el interior de su vagina.

Cayó extenuado a un lado de ella, tendida con sus piernas aún abiertas, viéndole como le chorreaba por su ano el semen que le depositó su macho de turno. Luego de unos instantes se levantó y haciéndola sentar se hizo chupar su falo y con sus manos como agarrando una manguera se ayudaba para pajearlo primero lentamente hasta que él le pedía que acelerara el pajeo porque en su boca no entraba más que unos 5 cm.

Cuando no pudo más eyaculó en su boca, algo tuvo que hacerlo pasar, porque el resto le rebasó sus labios hasta caer en sus pechos, yo ya no podía aguantar y también me vine en mis calzoncillos, desde que comenzaron pasaron por lo menos una hora de bombeo permanente, chupada de verga, mordisqueo de tetas, en mi mujer se notaba que ya no daba más porque se cubrió con las sábanas, pero al hombre joven se lo veía arrecho porque le pidió que se sentara en su trípode que volvía a tomar forma de garrote.

Mi mujer le dijo que por esa noche era suficiente, sentado en una silla la hizo que se sentara de frente a él enclavando su arma en la chucha de mi mujer, que sacaba fuerzas de no sé dónde y nuevamente se entregó a los brazos de morfeo, luego de un buen rato así ensartada la llevó hasta la cama y tumbándola penetrada, se la tiró un buen rato hasta explotar de nuevo.

Yo me levanté cuando escuché que cerró la puerta y la tomé en mis brazos y sin más trámite me la monté, mi verga entró como a la puerta de una cueva ancha, y mientras me la culeaba evacuaba semen del amigo que la hizo tan feliz, pero que le dejó la concha adolorida y sus tetas con moretes, yo siempre tengo la manera de palanquearla con mi verga, pero ella creo que ni me sentía por lo dilatada que se encontraba su cuca, terminé por segunda vez porque la primera me vacié en mis calzoncillos, y caí rendido con mi mano en su cuca caliente y mojada, seguía botando el semen de su buen amante.

Espero sus comentarios.

Autor: alberto7847

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Memorias, Memorias

Me senté, con mi culo lo más cerca del borde de el asiento, ella se hincó, con sus piernas bien abiertas su cara y sus tetas hacia mí, y lentamente se sentó en mi pene, y continuó con un reposado sube y baja hasta que los dos acabamos simultáneamente. Esta fue una cogida memorable, tanto así que la recuerdo vívidamente, a pesar de que pasó hace más de treinta años.

Andaba de viaje, enviado por la empresa para la que trabajaba entonces, en ese momento comenzaba el retorno a la capital. Era temprano y una mañana muy fría, la escarcha crujía bajo mis pies al caminar hacia el vehículo, pronto después de salir de la ciudad, vi un paradero de autobús en la carretera en donde bastante gente esperaba. Sintiendo lástima por las personas esperando, y con ese frío, detuve la camioneta (Pick-up Truck), y ofrecí llevarles, una anciana y una madre con sus dos hijos aceptaron encantadas.

La señora joven, sentándose a mi lado, ya que ella sería la ultima en bajarse. A pesar de que la cabina de la camioneta era muy amplia, quedamos bastante apretados, y por un rato mi muslo estuvo en contacto con el de ella, lo que aproveché para iniciar un pequeño toqueteo, el que no fue rechazado, después de viajar unos 20 k., los niños y la anciana se quedaron en ese pueblo, donde estaba su escuela.

La mujer joven me pidió si podría llevarla hasta el pueblo siguiente donde ella tomaría el autobús que la llevaría a la siguiente ciudad, donde tenía que hacer diligencias bancarias. Como estaba en mi camino le ofrecí llevarla hasta la ciudad misma. Al reiniciar el viaje, le sugerí sacarse el abrigo, y cuando lo hizo, me dio una buena sorpresa, vestía una falda y blusa, que mostraban muy bien sus amplias caderas y generosas tetas. Con la excusa de que la ventilación de la calefacción estaba a mi lado le sugerí acercarse a mí, lo que aceptó de buenas ganas, y yo aproveché para continuar mi juego de piernas.

La conversación ahora que estábamos sólo los dos, se hizo más personal, no más cosas acerca del frío, o de la escuela de los niños. Me dijo que era casada, temporalmente viviendo con su suegra en la aldea, su marido un sub-oficial de la marina quien estaba estacionado hacía ya seis meses en una base Antártica, y no regresaba por otros seis meses. En algún momento, después de contarme sus penurias de vivir con la suegra, sin poder salir, ser vigilada constantemente, sin poder tomar un trago o bailar, y ser tratada como una extraña, ella se puso emocional y derramó unas lagrimotas, ahí le di unas palmaditas en el muslo, y un poquito de cariño. Eso era lo más lejos que quería llegar, ya que en ese entonces, yo era casado, y nunca había tenido relaciones con otra mujer.

A todo esto, estábamos llegando a la ciudad, fui caballeroso, y la llevé hasta el lugar donde iba, a la puerta de el banco, nos dimos cuenta que era muy temprano, tendría que esperar casi una hora para su apertura, no podía dejarla así, para congelarse de nuevo.

A continuación fuimos a dar una vuelta por la ciudad, ella me preguntó si la conocía, dije que no, me mostró algunas cosas interesantes, después preguntó: Quiere ir a un mirador que está en la colina en el medio de la ciudad, y fuimos. La vista era sensacional, pero mejor que las vistas era lo que yo tenía a mi lado, ahora que estábamos estacionados, pude dedicarle más atención, ella estaba muy buena, tendría entre 28 y 30 años, unos poquitos kilos de más, pero bien distribuidos, tenía un olor agradable, mezcla de olor a jabón, un poco de perfume, y el olor de humo de chimenea.

Mi resolución de ser fiel, comenzó a flaquear rápidamente, estábamos lado a lado, los muslos en contacto, dejé mi mano reposar en su pierna, me di vuelta hacia ella, pasé mi brazo por detrás de su cuello, y suavemente la empujé hacia mí, el beso fue como con desesperación de su parte, como hambriento, nos apretamos, mi mano izquierda comenzó a explorar debajo de su falda, hasta llegar a sus calzones, estos estaban ya empapados, le acaricié sus labios vaginales, después su clítoris, mientras seguíamos besándonos con furia, seguimos con esto por un rato, pero ella no pudo contenerse, y acabó, teniendo convulsiones como de fiebre malaria.

La dejé relajarse por unos minutos, pero sin parar de acariciar sus pechos, mientras poco a poco le abría toda la blusa, llegando al sostén, removiéndoselo y exponiendo sus tetas en total, eran maravillosas, con dos grandes aureolas, y unos pezones duros, que de inmediato comencé a mordisquear, a todo esto, sus gritos de placer eran tremendos, afortunadamente, en una mañana de invierno como esa, nadie en su sano juicio iría al mirador.

Los vidrios estaban totalmente empañados, continué removiendo la prenda, tanto de ella como mías, la última siendo sus calzones, unos de blanco algodón, anticuados, sin adornos, pero que contenían un culo formidable, seguimos besándonos, ella gemía sin parar, lentamente le besé hacia abajo, hasta llegar a su chucha, le di dos o tres pasadas con mi lengua, y ella se vino de nuevo. Lentamente la puse a lo largo del asiento, con una pierna abierta y apoyada en el piso, me monté, prácticamente en la posición de misionero, y tuvimos una cogida que la llevó a ella a su tercer orgasmo, y a mí a uno que parecía interminable.

Después de un corto rato, de caricias y masajeo, mi pene se comenzó a recuperar, esta vez, yo me senté, con mi culo lo más cerca del borde de el asiento, ella se hincó, con sus piernas bien abiertas su cara y sus tetas hacia mí, y lentamente ella se sentó en mi pene, y continuó con un reposado sube y baja hasta que los dos acabamos simultáneamente. Esta fue una cogida memorable, tanto así que la recuerdo vívidamente, a pesar de que pasó hace más de treinta años.

Nos vestimos, la dejé a la puerta del banco, nos dimos un tierno beso de despedida, y yo continué mi viaje. Lo que siento, es que nunca supe su nombre, ni ella el mío. Quisiera decirles que no tengo un pene de 20 ó 25 centímetros, que no era “guapo”, sino común y corriente, con sobrepeso, nada especial.

Autor: Re_latero

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Con mi suegra en la playa

Se dejó caer, había tenido como tres o cuatro orgasmos. La dejé tranquila, mi cara estaba empapada de los jugos de mi suegra, el sofá estaba mojado y mi pico como fierro. Mi suegra respiraba entrecortadamente, suspiraba y sonreía con los ojos entornados, como disfrutando aún de la rica acabada. La acaricié y besé en la boca enredando nuestras lenguas, con el sabor a sus propios jugos.

Esto sucedió el verano pasado. En realidad fue fortuito, no fue buscado por mí, pero ocurrió y es lo que cuenta. Soy un hombre de 33 años casado, mi mujer tiene 31 y tenemos un hijo de 5. Nuestro matrimonio es normal y nos llevamos muy bien en todo aspecto. Mis suegros nos invitaron por un fin de semana a su casita de la playa a mi familia y a su otro hijo de 38 años con su mujer de 36 y sus niños de 12 y 10 años.

Llegamos y nos instalamos, aunque la casa es pequeñita, cuenta con un solo dormitorio con tres camas, tiene un living comedor espacioso y cómodo y está muy bien arreglada. En la noche del primer día, preparamos unos traguitos y unos picadillos para celebrar y comenzar a pasarlo bien. Pusimos música y nos pusimos a bailar, cada uno con su pareja. Mis suegros José de unos 67 años y Carmen de 62 son muy alegres y buenos para bailar, de modo que comenzamos a pasarlo muy bien. Después de varios bailes, saqué a bailar a mi suegra. Ella es una mujer no muy alta, de 1,60 m. más o menos, algo rellenita de pelo corto y muy alegre, tiene unas grandes y hermosas tetas que le gusta lucir con escotes pronunciados o poleras ajustadas y un trasero, que sin ser fabuloso, le hace juego con su cuerpo, de nalgas sobresalientes y caderas redondas y abundantes, con una cintura que le permite diferenciar éstas…. en realidad está bastante buena!

Bailamos una cumbia, ella estaba muy contenta y reía y bromeaba con todos, al igual que todos nosotros. Al rato, ya los tragos estaban haciendo efecto y nuevamente bailé con mi suegra otro baile tropical, entre balanceo y movimientos, roce involuntariamente con el dorso de mis manos sus grandes tetas, notándolas ricas, ella sólo me miró y sonrió. Yo me atreví y nuevamente ya no tan casualmente volví a rozarle sus tetas por más tiempo. Ella volvió a sonreír mirándome pícaramente.

-¿Le gustan yernito? –preguntó en un susurro. -¡Me encantan! –le respondí.

Seguimos bailando y ya me atreví a más y ahora dí vuelta mis manos y le agarré las tetas por breves segundos, pero con una mano en cada una.

-¿Le gustan las tetas de su suegra, yernito? –volvió a preguntarme con mirada de caliente, sorprendiéndome yo mismo de la inesperada situación. -¡Me enloquecen, suegrita! –Le respondí- ¡son tan ricas. -Tenga cuidado –murmuró- no nos vayan a pillar…

Terminó el baile y volvimos nuevamente a bailar algo lento con nuestras parejas para disimular, pero ambos ya habíamos lanzado la primera piedra y nos mirábamos disimuladamente. Luego bailamos un bolero y allí si la pude abrazar, pero tenía que disimular al máximo, pues alguien se podía dar cuenta, pero tuve la oportunidad de rozar con mis piernas sus muslos y ella al apegarse a mí notó perfectamente mi erección y la refregó disimuladamente con su vientre…

-¡Huuuuuuuuy yernito –exclamó en un susurro- ¡cómo lo tiene! -Por su culpa suegrita –le respondí igualmente- me tiene loquito. La abracé y con mis dedos jugueteé con el broche del sostén como queriéndolo sacárselo. -¿Quiere que me lo saque yernito? –Me dijo sonriendo- Me lo sacaría para Ud., pero ahí si que se darían cuenta y quedaría la grande… tengamos paciencia. -Bueno… ¡qué le vamos a hacer! –respondí.

La mini fiesta continuó, pero mi suegra y yo tratamos de no bailar más, pues se notaba que ambos estábamos calentándonos demasiado y era peligroso. Al poco rato mi suegro dijo que ya era hora de irse a acostar, pues mañana quería aprovechar bien la mañana para ir a la playa. Nos fuimos a acostar. Las mujeres primero, pues ya les dije que era un solo dormitorio. Acostados todos, al poco rato, se sentían los ronquidos de mi suegro. Quedamos ubicados mis suegros en su cama del rincón, nosotros con mi esposa y el niño en la cama del medio y en el otro extremo mi cuñado y su señora. Los niños de ellos en unos sofás cama del living.

Todos dormían aparentemente, mi señora con sus pastillita de las noches para relajarse y se escuchaban los ronquidos de los otros. Yo sabía que a pocos centímetros estaba mi suegra, pues mi suegro se acostaba al rincón… En la oscuridad estiré la mano hacia su cama y me topé con su brazo… ella me tomó la mano y comenzó a acariciármela. De pronto ella la subió y la llevó a su pecho, poniéndola sobre una de sus tetas desnudas… La había sacado del camisón y me la daba para que yo la acariciara… mi verga se paró y comencé a acariciar esa grande y hermosa teta… su pezón estaba erguido y durito… era una situación electrizante… mi suegra gemía silenciosamente y hasta me pareció que se acariciaba su entrepierna con su otra mano…

De pronto mi esposa me abrazó y me pidió que la abrazara… tuve que dejar esa rica teta con un último apretoncito de despedida y entre sueño de mi esposa, la abracé. Ella al notar mi erección me dijo calladamente -Mijito, cálmate, ahora no podemos… pero mañana nos arreglaremos… ahora duérmase.

Al día siguiente, me levanté después de todos. Mi suegro y su hijo con los muchachos había bajado a la caleta a comprar mariscos y mi esposa y su cuñada charlaban en el jardín y jugaban con mi hijo. Salí de la ducha y vi a mi suegra en la cocina, preparando el almuerzo. Me acerqué por detrás, la tomé de las caderas y acercando mi cuerpo al de ella, la besé en la mejilla.

-Hola Suegrita –la saludé- ¿cómo durmió anoche? -Hola yernito –me respondió volviendo la cara para devolverme el beso – ¡dormí medio inquieta Ud. sabe por qué!Acerqué mi miembro que se estaba erectando y lo apoyé en su trasero, entre sus grandes nalgas. Ella estaba vestida con un short blanco y polera roja escotada. Al sentir mi miembro en sus nalgas, ella empujó su potito hacia mí refregándose un poquito y lanzando un suspiro. Entonces yo besé su cuello y subí mis manos hasta sus grandes tetas… ¡oh sorpresa! ¡Estaba sin sostén! -¿Así quería tenerlas, sin sostén, yernito? –me preguntó con voz caliente.

-Así suegrita… ¡son tan ricas! -¿Le gustan las tetas de su suegra… de esta vieja, yernito? -Ya le dije que me fascinan suegrita… son súper ricas y me tienen súper caliente! -Y Ud. a mí… –respondió empujando su trasero contra mi verga que se acomodaba entre sus nalgas, mientras mis manos acariciaban esas hermosas y grandes tetas, cuyo pezón estaba erecto y duro.

-Ya, yernito –me susurró- está bueno…me tiene demasiado caliente… no nos vayan a pillar y echaríamos todo a perder…-¡Qué lástima, estaba gozando tanto…-Ya tendremos tiempo –me dijo- ahora váyase que no se den cuenta.

Me fui al dormitorio, justo cuando sentí entrar a mi esposa a buscar algo para el niño.

-Ya flojonazo –me dijo riendo- eres el último en levantarse, ya va a estar el almuerzo y tú recién vas a desayunar. –y riendo me dio un agarrón a mi paquete que aún estaba medio parado. -Ya vamos a llegar a casa y allí nos desquitaremos mijito ¿verdad? .me dijo besándome y pegando su cuerpo al mío. Menos mal que pensaba que yo andaba caliente con ella…

En la tarde fuimos todos a la playa. En una que yo estaba jugando con mi hijo en la orilla, se acercó mi suegra, vestía un traje de baño de una pieza formal, pero bastante rebajado del busto, mostrando gran parte de sus ricas tetas y su gran poto. Tenía unas piernas bastante aceptables para su edad y no tenía los estragos de la edad. Jugó con el niño y luego entró corriendo hacia adentro del agua. Mi cuñada se acercó y tomando al niño, me dijo que acompañara a la suegra, pues le gustaba bañarse adentro y le daba miedo. Seguí a mi suegra y una vez adentro jugueteamos con el agua. Estábamos retirados de la orilla y además había mucha gente al borde del agua, de modo que nos ocultaban un poco.

En un momento, me coloqué detrás de ella y por debajo del agua, le toqué sus nalgas con mis manos, agarrándole ese gran culo.

-¿Le gusta yernito? –preguntó. La pregunta no era nada original, parece que le encantaba hacerla. -¡Claro suegrita! –Contesté- tiene un culazo súper rico! -Me tiene súper caliente, Luis… no sé si aguantaré hasta que nos vayamos… menos mal que mañana nos vamos. Allí todo será más fácil. Anoche…-¿Anoche? ¿Qué pasó anoche? –pregunté -Anoche estaba tan caliente con las caricias que le dio a mis tetas en la cama, que…-¿Qué? -Que… bueno… ya… tuve que… masturbarme…. menos mal que el viejo no despertó.

-¿Sabe suegrita? Yo la sentí y me tenía súper caliente, me dormí con mi pico súper parado entre las nalgas de su hija…-La suerte de mi hija… que se come eso tan… rico –bromeó.

Yo le tocaba su gran culo mientras hablábamos jugueteando en el agua, para disimular. Ella me tocaba por debajo mi verga.

-Parece que Ud. pasa con su cosa parada –me dijo riendo- me dan un a ganas de comérmela aquí mismo…

En eso llegó nadando cerca de nosotros mi esposa.

-¿Cómo lo están pasando? –preguntó alegremente -Súper bien –respondió mi suegra- hacía tiempo que no disfrutaba tanto del mar. El día siguiente pasó entre coqueteos y agarrones con mi suegra… cuando podíamos nos dábamos unos agarrones y un atraque rápido en la cocina, hasta que llegó la hora de la partida. En la capital la vida comenzó nuevamente su rutina. Yo en el trabajo, mi esposa también, mi suegro en su negocio, y mi suegrita sola en la casa…

Eso me tenía inquieto… no hallaba las horas de ver nuevamente a mi suegra. Un día la llamé por teléfono y tuvimos una conversación bien erótica, para una mujer de su edad. Le pregunté cómo estaba vestida, que yo estaba con mi verga parada y la acariciaba al conversar con ella… ella me dijo como estaba de caliente… le hice sacarse sus calzones… me dijo que eran de color negro y que estaba sin sostén, como me gustaba a mí… yo le dije que estaba con mi pico afuera y lo acariciaba… ella me decía que no lo conocía y quería verlo… al final la hice que se metiera los deditos en su concha y se masturbó contándomelo todo hasta que logró un rico orgasmo… después me decía -Por Dios, Luis, lo que me hace hacer…. yo nunca había conversado estas cosas con un hombre, ni menos hacer lo que hice.

-No me diga que nunca se ha masturbado suegrita. -Bueno, sí –respondió- si lo he hecho y… a veces aún lo hago… pero sola… sin nadie que lo sepa…-Ahora lo sabemos los dos, suegrita linda, si supera lo caliente que me tiene. -¡Y usted supiera lo caliente que me ha puesto desde ese día que me tocó las tetas bailando… uuuffffff!

Al día siguiente (miércoles), la llamé de nuevo, pero allí le dije que la iba a ir a ver.

-Espéreme sin sostén y bien sexy, suegrita…. ¡la quiero súper rica! -Pero ¿no será una imprudencia? –Me respondió asustada- inventemos algo…. a ver… ¡ya! voy a llamar a mi hija a la noche y le pediré si usted me puede ayudar mañana con un trámite que tengo que hacer… Ud. pedirá permiso un ratito y me acompañará….pero se vendrá para acá y yo lo espero como usted quiere…-Estupendo, suegrita –respondí entusiasmado- ya veo que las mujeres saben hacer las cosas cuando quieren algo.

Esa noche sucedió lo planeado y mi esposa me pidió que por favor acompañara a su mamá… Yo me mostré algo molesto, pero disimulando a regañadientes accedí. Esperé impaciente la llegada del nuevo día. Como a las 11 de la mañana, salí de la oficina y me dirigí a la casa de mi suegra… de mi suegrita calentona. Al llegar me abrió la puerta… Quedé sorprendido al verla. Vestía una falda blanca bien mini y delgadita… una blusa negra semitransparente, donde se traslucían sus grandes tetas, algo veladas, pero insinuantes, ya tenía el pezón erecto… calzaba unos tacones altos, que hacía realzar sus piernas y su gran culo… Peinada y maquillada… era una belleza madura y rellenita… pero belleza femenina y excitante… Pasamos y ella me abrazó y besó apasionadamente, como si se fuera a acabar el mundo… Mi verga se erectó de inmediato y con mis manos toque todo su cuerpo exuberante y rellenito… sus grandes tetas por encima de la blusa, sin sostén eran una maravilla… Ella se separó de mí y fue a servir un trago para ambientarnos… Cuando caminaba hacia el comedor se giró y su minifalda algo anchita se elevó y pude ver sus nalgas, al parecer tampoco se había puesto calzones…

Nos sentamos en el sofá y después de un brindis, comenzamos a besarnos y a acariciarnos… Le abrí la blusa y dejé sus hermosas tetas al aire sin sacarle la blusa… las besé y lamí sus pezones duros, chupándoselos, ella lanzaba gemidos y suspiros, mientras con sus manos trataba de liberar mi pico…

Yo me enderecé un poco y bajé mis pantalones y slip, dejando libre mi gran verga totalmente parada -¡Ohhhhhh! ¡Que grande!… ¡qué hermosa!… ¡Oh cielos!… es…. preciosa… –exclamó y comenzó a acariciarla con sus manos….- ¡mi hija come de lo mejor! -Ahora sé a quien salió tan caliente mi esposa…-exclamé riendo.

Continué con mis caricias, la falda la tenía a medio muslo, acaricié sus piernas y subí su falda… efectivamente, no se había puesto calzones….

-Suegrita…. veo que está bastante preparada… –le dije acariciando con mi mano su zorrita desnuda, con pocos pelos y bastante húmeda. -¿No le gusto así, sin ropa interior? Ayer estuve todo el día sin calzones ni sostén esperando que usted apareciera… al final después de la pajita por teléfono, me tuve que correr dos más… ¡me tiene demasiado caliente yernito!

Yo me agaché y comencé a besar sus muslos, comencé a lamer sus piernas, arrodillado en la alfombra… ella se recostó y entreabrió más sus piernas, viendo su zorra peludita y rica… sus labios mayores bastante grandes y los menores se veían perfectamente, pues tenía la concha mojada y entreabierta de caliente… era una concha de película… la acaricié con mis dedos… estaba exquisita… luego la besé… ella exhaló un suspiro y se removió en el sofá… mi lengua fue poco a poco lamiendo esos labios gruesos y calientes, mojados y peluditos, ansiosos de recibir una caricia como la que yo le iba a prodigar… ella gemía y suspiraba como esperando la arremetida de mi boca… se tocaba sus propias tetas con sus dedos estrujaba sus pezones… yo con mis manos bajos sus nalgas disfrutaba de acariciar ese rico poto mientras con mi boca comía esa rica concha… saqué mi lengua y lamí esos labios gordezuelos, separándolos y metiendo la punta en su rica concha… el aroma me volvía loco… aroma de hembra en celo… de mujer ardiente… de madura caliente y deseosa de ser culeada… mi lengua entró en su capullo y me di maña para lamer y chupar ese manjar de zorra… quizás más rica que la propia concha de mi mujer, su hija…

De pronto encontré su botón… su clítoris salía como un centímetro fuera de su vulva… hacia allí dirigí mi ataque… ella sintió como una corriente eléctrica, se removió en el sofá , gimió y comenzó a lanzar grititos que cada vez fueron más fuertes… gritaba y se movía como loca, como escabullendo esa lengua que perseguía su clítoris y su goce…estaba gozando…. estaba teniendo el primer orgasmo con su yerno….

-¿Le gusta la concha de su suegra, yernito…. le gus…ta… comer…le la…. zo…rrita…. ¡ayyyyyyy, ayyyyy, aaaaaaagggggg….. Le gusta la zorrita de su sue…graaaaaaaaaa…. yer…ni…to…¡cómasela… cóma…sela… toda…aaaaaaagggggg……ayyy…..ya no puedo…..máaaaaas….ya…. No…puedo….. Cóma….sela…yer…nito….por la puta….. Por la pu….ta….qué riiiico….aaaaaag –parece que le gustaba mucho hablar mientras acababa…. sus preguntas eran las mismas de siempre.

Se dejó caer… había tenido como tres o cuatro orgasmos. La dejé tranquila… mi cara estaba empapada de los jugos de mi suegra… el sofá estaba mojado y mi pico como fierro. Mi suegra respiraba entrecortadamente, suspiraba y sonreía con los ojos entornados, como disfrutando aún de la rica acabada… La acaricié y besé en la boca enredando nuestras lenguas, con el sabor a sus propios jugos… Ella me besó y poco a poco fue bajando sus besos, mientras me quitaba el resto de ropa…

-¡Nunca pensé que era tan rico acabar con la lengua…! Aunque no lo crea, nunca lo había hecho…

Llegó a mi vientre y agachándose tomó mi verga con sus manos y la acarició suavemente, la refregó por sus mejillas, la lamió y luego comenzó a mamarla de una forma exquisita… lamía y chupaba como si se le fuera la vida en eso… Yo gemía y me retorcía, pues era mucha la calentura luego de haberla hecho acabar con mi lengua, estaba demasiado sensible… entonces como pude llegué con mis dedos nuevamente a su zorra… estaba empapada nuevamente… comencé a pajearla al ritmo de su mamada, ella se removía gozando, cuando de pronto ya no aguanté más y comencé a lanzarle chorros de semen a su boca… ella tosió, se atragantó pues según supe después era su primera chupada, pero le gustó demasiado, pues no soltó mi pico por nada del mundo y continuó chupando y tragando la leche hasta dejarlo seco.

-¿Le gustó?, yernito -me preguntó como era su costumbre- ¿le gustó como su suegrita le chupó el pico? Es mi primera vez… me da vergüenza, pero así es… ¿cómo lo hice? ¿Le gusta que su suegra le chupe su pichulita, igual como se la chupa mi hija? Su suegrita es una degeneradita ¿no es cierto? -Suegrita… ¡Ud. la chupa de maravilla! ¡Ni parece que nunca lo hubiera hecho! ¿A usted le gustó, suegrita? -Es lo más rico que he hecho en mi vida… –respondió- ¡tantos años sin haber probado ese manjar!… claro que el viejo es tan puritano que nunca me lo pidió.

De allí nos fuimos a su dormitorio y ya ambos desnudos, en la cama dimos rienda suelta a nuestra lujuria contenida tanto tiempo.

-A mí me gusta arriba –me dijo cuando ya tenía mi pico en la entrada de su rica zorra. Ella me dio vuelta y me fue montando poco a poco… puso la cabeza de mi pico a la entrada de su concha y se dejó caer sobre ella, lanzando un grito de placer y triunfo al sentirse casi traspasada por mi gruesa verga. Sentía su concha apretadita, a pesar del uso que le debe haber dado en su vida.

-Ahhhyyyyyyyy…. ¡que riiiico…! ¡Uuuffffff que rica pichula tiene yernito!…. por la puta …. ¡Que rico… que riii….cooo… así… así –gritaba empujando su cuerpo sobre el mío- así… por favor….. Más….másssss… que rico por la chucha….. Es dema…sia…do…. ayyyyyyy ¡estoy acabando…de nuevooooo!… Ayyy yernito, por la puta que rico…. que rico su picoooooo…

Realmente su zorra era como un guante, estrecha a pesar de su edad y súper caliente. Entre gritos me hizo acabar a mí también y se juntaron en su concha sus líquidos con mi leche en un orgasmo simultáneo que hacía tiempo no experimentaba….. La vieja era súper caliente y súper rica. Quedamos desmadejados en la cama respirando entrecortadamente… con los sentidos casi perdidos, pero con una felicidad tremenda de haber descubierto esa pasión que ambos sentíamos y que ahora sería una entrega mutua por mucho tiempo.

Después de descansar un rato, nos duchamos juntos y yo regresé a mi trabajo, poniéndonos de acuerdo sobre lo que le diríamos a mi esposa (su hija) y la forma de volver a juntarnos, pues nos quedaba mucho todavía que hacer entre ambos. Desnuda me fue a dejar a la puerta de la casa, prometiéndome que se pondría sólo un vestido sin calzones ni sostén, cada vez que la visitara, quedando en evidencia que era sólo el comienzo. Después les cuento otras aventurillas con mi querida suegrita.

Autor: José

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Sueño cumplido, mi suegra

Le empecé a bajar el calzón, ella dijo todavía no, entonces te arranco le dije, si…si…si viólame, culéame, méteme la lengua en esta chucha que de ahora en adelante va a ser tuya cuando quieras. Le bajé los calzones, sintiendo su braga humedecida por los jugos que había ya estado botando, y viendo como los pelitos de su coño se desparramaban por entre su calzoncito.

Me llamo Alberto y conocí a mi esposa cuando yo tenía 33 años y nos casamos cuando cumplí los 36 y ella 24 años. Vivimos algún tiempo en un apartamento rentado y por esas cosas de la vida nuestros suegros nos ofrecieron un apartamento en la casa que ellos tienen por lo que decidimos cambiarnos.

Mi suegra es una mujer de 58 años llamada Isabel, cuando la conocí me impresionó su forma de ser jovial y agradable, además de sus voluminosos pechos y su bien dotado pompas, para su edad no esta nada mal, confieso que se me vinieron ideas locas después que la vi por primera vez.

Nuestra vida transcurrió normalmente en casa de mis suegros, pero un día que tuvimos una fiesta mi suegra se pasó de copas y en un momento dado se desapareció de la reunión, al buscarla yo la encuentro en el baño sentada en el inodoro y con los pantalones abajo, ese momento que vi su coño peludo, me propuse que sería para mi ya que parece que mi suegro no le atiende en la cama y a mi me encantan las mujeres maduras.

Superado ese incidente comencé con mi plan para poder estar con mi suegra, le hacía bromas, le hablaba en un tono subido, al principio como que no le gustó, pero luego y para tranquilidad mía parece que las cosas fueron tomando otro rumbo.

En mi trabajo pedí vacaciones por un mes y cierto día después de ir a dejar a mis hijos en la escuela, regresé a casa y para mi sorpresa mi suegro y mi señora habían salido a realizar unas gestiones en un Banco de la localidad, por lo que tardarían todo el día en regresar, al subir las escaleras oigo que mi suegra estaba duchándose y yo pasé directamente a mi departamento a acostarme un rato por lo que me desvestí y me puse una salida de cama, después de un momento oigo que tocan a la puerta y al salir veo que era mi suegra que venía con el pretexto de pedirme una taza de azúcar, por lo que le hice pasar a la sala hasta conseguir lo que me había pedido.

Fui a la cocina y la observaba desde allí ya que se había puesto unos pantalones ajustados y una blusa un poco escotada por lo que se veía sexy, ella sabía lo que tenía, entonces empecé a tener una erección y no podía controlarla, al salir de la cocina creo que mi suegra vio mi situación, pero no me dijo nada y empezó a conversar diciéndome que nos habíamos quedado solos, que ella estaba acalorada por eso había tomado el baño, yo armándome de valor le dije como broma que sabiendo eso era de que me llame para yo poder enjabonarle la espalda, a lo que mi suegra se sonrió y me dijo que era un tremendo, que me estimaba mucho entonces yo le pregunté: ¿sólo me estima querida suegrita? Y me acerqué un poco más adonde estaba ella.

Ella como que se asustó, pero yo me acerqué un poco más nuestros cuerpos ya se tocaban, entonces mi suegra me dice que le pasa, que es lo que quiere, yo ya sin poder contenerme le dije, yo le quiero a usted suegrita, pero no como tal sino como mujer, siempre me ha gustado y he soñado con estar con Ud. Me contestó, Alberto eso no puede ser, Ud. sabe que yo tengo a mi esposo, aunque ya no me satisfaga, lo que Ud. me propone no puede ser, mi hija es su esposa. Yo le contesté acercándome un poco más, suegrita no se preocupe tendremos nuestros encuentros cuando usted verdaderamente pueda sin que le pueda afectar a su relación con su pareja, pero yo quiero es más deseo estar con Ud. No Alberto, me dijo casi suplicando, entonces yo acerqué mi boca a la suya y le di un beso superficial, ella cerró los ojos y yo traté de meter mi lengua en su boca a lo que ella se resistió, me empujó y exclamó no, no y no, pero yo vi que hizo eso no con una verdadera intención sino más bien, para que yo piense que se estaba portando honesta.

No te resistas, aprovechemos ahora que estamos solos le dije. No me tientes, respondió tuteándome por lo que yo pensé esto se esta componiendo. Déjate llevar por el instinto, por la pasión contesté, acercándome a ella.

Ella bajó la vista y vio que mi bulto estaba creciendo, a lo que respondió: Alberto si pasa algo entre los dos, prométeme que no lo contarás a nadie. No mi suegra linda le respondí y me abalancé sobre ella, uniendo nuestros labios desaforadamente. Empecé a besarle el cuello, las orejas, las manos mientras acariciaba sus nalgas pronunciadas, ella como que se quiso resistir al principio, pero luego metió sus manos por entre mi bata de dormir, me acarició los pechos y despacio muy despacio empezó a sobarme mi pene por encima del calzoncillo. Ya no aguanto suegrita balbuceaba ya, al tiempo que seguía besándole en la boca oyendo su respiración entrecortada y sus gemidos que cada vez se hacían más fuertes y prolongados, parecía que empezaba a excitarse de sobremanera.

Tanto tiempo sin sentir esto me dijo, sigue queriéndome cabrón, quiero ser tu zorra este día, culéame como nadie me lo ha hecho, dame verga por donde nunca he recibido repetía. Yo estaba a punto, por lo que empecé a desabrocharle la blusa, ella me abrió la bata quedándome solo en calzoncillos con la verga bien parada. Pégame una mamada de la verga le dije, ella respondió yo nunca he hecho eso, me parece asqueroso, cogí su cabeza y la hice bajar hasta que esta quedó a la altura de mi verga, métete en la boca putona y lámeme le respondí, ella con timidez al principio fue metiéndose mi tronco, después de un rato empezó una mamada genial. ¿Te gusta verdad?, dije. Si mi cabrón, decía mientras me pegaba unos lengüetazos de fuego. No que no sabías hacer esto comenté. No sabía pero tú te mereces esto y más dijo.

Ahora que no hay nadie salgamos a culear a la terraza de la casa propuse. Si mi rey, voy a traer la alfombra de la sala para tenderla y vamos a seguir culeando arriba comentó, mientras se le notaba lo excitadísima que estaba. Salió moviendo sus caderotas, luego de un momento subimos a la terraza, yo le iba abrazando por detrás y sobando mi verga en su hermoso culo. Espera ya llegamos, yo también estoy arrecha dijo.

Tendimos la alfombra, acto seguido empecé de nuevo a besarla, le saqué suavemente el sostén y empecé a mamarle las tetas, ella se retorcía de placer mientras jadeaba. Mmmmmmmm, que rico sigue papito, destrózame, introdúceme, hazme sentir lo que no me ha hecho sentir nunca el cabrón de mi marido, mijito… agggggggg, assiiiiiii, dame tu verga decía. Ya mi suegra linda, sígueme diciendo cosas bonitas, no te calles, te voy a culear como nunca te han hecho, pero no solo esta vez, quiero que seas mía siempre que yo quiera, porque tu culo me tiene loco le decía yo.

Si mi culeón, me he estado perdiendo algo increíble, ya se me iba a cerrar el chocho, porque no me dijiste antes que querías este cuerpo, de ahora en adelante cuando yo quiera esa verga va a venir a perforar esta concha, balbuceaba.

Le empecé a bajar el calzón, ella dijo todavía no, entonces te arranco le dije, si…si…si viólame, culéame, méteme la lengua en esta chucha que de ahora en adelante va a ser tuya cuando quieras. Le bajé los calzones, sintiendo su braga humedecida por los jugos que había ya estado botando, y viendo como los pelitos de su coño se desparramaban por entre su calzoncito.

De un tirón rompí sus bragas, eso le excitó más porque empezó a jadear más fuertemente mientras decía quiero esa verga dentro de mi, dámela no me hagas sufrir, introducemelaaaaaaaaaaaaaaaaaa. Yo bajé pasándole mi lengua por su boca, sus pechos, su ombligo, su mata de vellos hasta llegar a su “hueco” el cual estaba mojadísimo, procediendo a introducirle mi lengua oyendo un chillido de placer de mi suegra que me decía asiiiiiiii papito, que rico, sigueeeeeeeeeee dame mássssss, no te detengas, me esta saliendo un líquido por la concha que es eso, explícame, pero sigueeeeeeeee hazle bailar a esa lengüita rica rica en mi cuca, aggggggg… mmmmmmm… que ricura.

Eso que te está saliendo es porque es la primera vez que estás gozando como es debido, mueva un poco su culito para que mi lengua juegue más en su concha le dije. Si mi amor pero siga, yo también quiero mamarte me dijo. Entonces yo me di la vuelta, poniendo a la altura de su cara mi pene, ella me sacó los calzoncillos y empezó a introducirse la verga en su boca. Me vengo le dije, agggggggggg que rico que has sabido mamar, suegra zorra, sigue mamando así, mmmmmmmm y le solté la leche en su boca. Ella empezó a lamerme y quitó de mi pene todo vestigio de leche, siguió en la mamada y mi verga empezó a recobrar su dureza.

Ahora méteme mijo, soy toda tuya decía, dame ya esa rica verga, dale a tu suegrita, entonces yo me acosté y ella como una experta puta se ensartó la verga en su chocho y empezó a cabalgarme. Agggggggg. Asiiiiiiiiiiiiiiiiii, sigue, dame más no pares, méteme hasta el fondo mmmmmmmm, quiero mássssssssssssss chillaba mientras se retorcía de placer. Si mi suegra linda te voy a culear todos los días pero sigue culeando, mássssssss, mmmmmmmmmmmmmm, ohhhhhhhhhhhhh, gemía yo mientras ella seguía metiéndose mi verga.

Me voooooooyyyyyyyyyyyyyyy dijo, agggggggggggggggggg, que rico gritaba quiero más vergaaaaaaaa, ahhhhhhhhhhhhhhhh y me chorreó con todos sus líquidos en mis piernas. Yo también en ese momento terminé abrazándonos y chillando juntos como si nunca hubiéramos tenido sexo.

Estuvo genial dijo, ahora si vistámonos antes que venga alguien, yo le dije nooooo, quiero seguir haciéndote el amor ahora que estamos solos, a lo que contestó golosoa y de nuevo empezó a chupetearme el pene. Esa es otra historia que pronto les contaré, como aquella otra en la que dejó el local que tiene ella al cuidado de su marido mientras nosotros dábamos rienda suelta a nuestra lujuria. En un motel, que por cierto era la primera vez que conocía mi suegra.

Autor: Soñador

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