Dyana

Me lamía, me chupaba me mordía los senos, yo le agarraba sus tetas, eran grandes y muy firmes, con unos pezones deliciosos. Hizo que me quedara con las piernas abiertas, se agachó y me empezó a lamer mi cosita, se bebía todo el jugo de mi vagina, me corrí y me tiré a la cama. Se puso encima de mí, colocó su vagina en mi cara y me pidió que le hiciera lo mismo que ella me había hecho.

Hola, mi nombre es Dyana, tengo 21 años, soy mexicana, blanca, cabello negro, mido 1.65, y con un cuerpo nada despreciable.

Llegó a mi casa, la hija de una amiga de la infancia de mi madre, se conocieron en el colegio, pero después la Sra. Carmen se casó y se fue vivir a Canadá, tuvo una hija y ella es de la que escribiré, Carol es su nombre, (de 21 años), fuimos a recogerla al aeropuerto, cuando la vi llegar, me impresionó su aspecto, era bastante masculina, era poco más alta que yo, morena, con unos bellos ojos verdes, llevaba un t-shirt bastante holgado y unos jeans como dos tallas más grandes de lo que debían ser, cabello corto negro y una apariencia muy ruda, la saludé y la verdad me cayó muy mal, era un tanto arrogante, en fin subimos a la camioneta, ya adentro se hicieron las presentaciones.

Mamá.- mira, Carol, te presento a mi marido Damián (48 años), mi hijo mayor Daniel (20 años) y mi bebé Dyana (18 años). Carol solo volteó, y con un gesto dijo todo. Les juro que me dio miedo la forma en la que me vio o más bien nos vio, pensé que ahí mismo nos iba a matar, incluso Raúl (el chofer), no le quitaba la mirada de encima y en serio que no creo que fuera por lo bonita que era.

Llegamos a casa y Raúl bajó las maletas, las llevó a la habitación que sería de ella, cuando subí me encuentro con que mi hermano estaba muy contento con ella platicando y riendo, yo siempre he sido muy celosa, y al ver a mi hermano tan a gusto, me encelé, me fui a mi cuarto y traté no verla. Todo el día eran halagos para ella de parte de todos por lo brillante que era, la felicitaban por la carrera que había elegido, no saben cómo la odié…

Un día llego a casa y realmente me sentía muy mal, tenía asco, me dolía horrible la cabeza, así que me fui directo a mi habitación, tenía las cortinas corridas, estaba en penumbra, cuando de repente, siento que alguien se sienta en mi cama volteo y era Carol, me preguntó: ¿qué te pasa? ¿Te encuentras bien? Me siento mal, me duele la cabeza y ando con mucho asco (le dije algo molesta). ¿Segura es eso? No será que… ¿Qué…? ¡Acaba tu pregunta! Bueno que estés embarazada…

Me dio tanta gracia su pregunta que me solté a reír, se me olvidó por completo mis malestares, ella sólo se quedó viéndome, yo le dije que para nada, que no era embarazo, simplemente que ese no fue mi mejor día. ¡Anda, vamos, te invito un helado! Yo acepté, cuando llegamos al lugar, juro que todos nos veían, era muy obvia en su aspecto, estuvimos platicando un buen rato, después nos fuimos a un parque que estaba enfrente del local, y seguimos ahí nuestra conversación.

-Carol… ¿te puedo preguntar algo sin que te enfades? –Dime. -¿Eres lesbiana? (Bastante directa ¿no?) –No… -¿Estás molesta conmigo? -No, descuida, me lo preguntan muy seguido…

Y así quedó, después de un rato regresamos a casa. Fuimos a su recámara y se empezó a desvestir.

-¿Qué haces?  -Me voy a cambiar para la cena, ¿por qué?-No por nada, si quieres me salgo para que lo hagas a gusto… (Mis mejillas estaban sonrojadas, pero no dejaba de verla).-No, no es necesario, quédate.

Yo estaba sentada en la cama y ella frente a mi desnudándose, debajo de esos trapos tenía un cuerpo realmente lindo, era un cuerpo delgado, fino, unos senos grandes, con unos pezones morenos bastante apetecibles, su piel tersa, unas caderas redondas, amplias y con unas nalguitas muy ricas… yo no hacía otra cosa si no verla, quería guardar en mi memoria todo lo que veía. Cuando terminó me dijo:

-Ahora te toca a ti, vamos a tu cuarto para que te cambies de ropa. Accedí.

Nos dirigimos a mi cuarto, yo iba muy nerviosa, cuando entramos, me preguntó que si me ayudaba a lo cual no me negué, me sacó la blusa y la falda, yo trataba de taparme, pero fue en vano, ahora era ella la que me veía como yo hace un rato lo hacía. Me sentí algo incómoda así que lo más rápido que pude me vestí. Así pasaron varios días con coqueteos, con miradas hasta que fuimos un día al cine, las dos solas nadie nos acompañó, vimos una película con temática lésbica, de 2 chicas que se enamoraron y para poder estar juntas decidieron cometer un asesinato, claro que no pasaron las escenas de cama. Al terminar yo tenía la duda de cómo se hacía el amor entre dos mujeres, así que le pregunté a Carol, ella sólo me respondió que una de las formas de hacer el amor era con la boca. No pregunté más y regresamos a casa.

Después de cenar me fui a dormir, ya estando en mi cuarto recordaba las escenas de las 2 chicas besándose, abrazándose, diciéndose cuanto se amaban… al recordar eso me empecé a calentar, me fui tocando sobre mi camiseta de algodón mis senos, alrededor de ellos y luego los pezones, sentía como poco a poco se iban endureciendo, fui bajando mis manos por el vientre, después me acaricié mis muslos, hasta que metí mi mano debajo del bóxer, para ese entonces yo ya estaba súper mojada, mi clítoris estaba hinchado, lo toqué despacito de arriba abajo, después en círculos para terminar de lado a lado, sentía todos mis músculos tensionados, seguí más y más rápido… ahhh… hasta que me vino un orgasmo delicioso… me quedé dormida.

No sé cuánto tiempo había pasado desde que me quedé dormida, me desperté con una sensación deliciosa en mi vagina, abrí bien mis ojos y en la penumbra del cuarto pude distinguir que Carol estaba entre mis piernas, no supe en qué momento me quitó el bóxer y me levantó la blusita de algodón, ella se dio cuenta de que había despertado y dejó de hacer su trabajo y acercándose a mi oreja me dijo: te voy a enseñar cómo se hace el amor entre dos mujeres…

Inmediatamente después me besó en la boca, en ningún momento la rechacé, ese primer beso hizo que se me erizara la piel, nos besamos por un tiempo y ella comenzó a bajar por mi cuello, se detuvo en mis senos, mientras me mamaba uno, con una mano me tocaba el otro seno, me estiraba el pezón muy suavecito, lo torcía, hacía de él lo que quería, mis jadeos eran cada vez más intensos y los de ella también, dejó mis tetas para de nuevo bajar, besó mi vientre, acarició mis caderas y mis piernas y muy lentamente me las fue abriendo, después con sus dedos me abrió mis labios vaginales, acercó su lengua y me empezó a lamer al clítoris, yo no paraba de gemir y de tocarme mis tetas, las sentía calientes y duras.

Ella ponía su lengua en mi entradita, y después bajó hasta mi ano, yo me sentía en la nubes, de repente sentí como mi cuerpo empezó a convulsionar me vino un orgasmo como jamás antes había tenido, al ver que yo había terminado, Carol me besó en la boca y se fue sin decir media palabra, mi cabeza daba muchísimas vueltas, no estaba segura de lo que había pasado, hasta llegué a creer que sólo había sido un sueño, y eso me hizo creer, los días siguientes no mencionamos para nada lo sucedido, incluso yo me alejé un poco de ella, estaba muy confundida.

Pasaron 2 semanas yo me estaba bañando, escuché un ruido extraño, pero no le di importancia así que seguí con lo mío, y fue cuando sentí a alguien por mi espalda, era ella, tomó el jabón de entre mis manos y me empezó a enjabonar todo el cuerpo, con las manos llenas de espuma acarició mis senos y me susurró al oído:

-Te he extrañado mucho. -Yo también. -¿Por qué no has venido a mí en estas 2 semanas? -Es que no estaba segura de lo que había pasado esa noche… Porque pasó, ¿verdad? -¿Lo dudas? ¿No recuerdas como te corriste en mi boca, como te hice sentir, como estaban tus pezones de tanta excitación? -Ahhh si, si recuerdo… estaban justo como ahorita…-Exactamente… nos sabes cuánto me gustas, cuánto me excitas, desde que llegué no hay día que no me masturbe pensando en ti, imaginando tu cuerpo desnudo en mi cama dispuesta a hacer cualquier cosa… quiero que seas mía, solamente mía. ¿Estás dispuesta? -Si lo estoy.

Me tenía hipnotizada, en ese momento yo hubiera hecho lo que me pidiera. Terminamos la ducha y salimos, me quitó la toalla y así paradas me empezó a tocar, me lamía, me chupaba me mordía los senos, ahora con más pasión que la primera vez, mientras tanto yo le agarraba sus tetas vaya que estaban ricas, eran grandes y muy firmes, con unos pezones de una textura deliciosa.

Hizo que me quedara de pie, pero con las piernas abiertas, ella se agachó y me empezó a lamer mi cosita, yo ya estaba más que mojada, ella se bebía todo el jugo que emanaba de mi vagina, al poco tiempo me corrí y me tiré a la cama. Ella se puso encima de mí, me puso su vagina en la cara y me pidió que le hiciera lo mismo que ella me había hecho.

Con mucha timidez empecé a imitar lo que me había hecho hace unos instantes, chupaba su clítoris mientras ella se movía, el sabor de esa vagina era irresistible no quería parar de hacerlo, así que la tomé por las nalgas, se las empecé a apretar y a pegarla más a mi cara, hasta que se corrió, me llenó la boca con su jugo el cual me bebí todo. Nos besamos y desde ahí decidimos que sería bueno empezar una relación.

Esto es solo el principio, espero les esté gustando y manden sus comentarios, reciban un beso…

Autora: Dyana

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Con Eugenia en la oficina

Eugenia abrió las piernas y se subió arriba mío, fue glorioso sentir mi pija resbalando en esa concha, abriéndola, llegando hasta el fondo de Eugenia y sentir sus gemidos mezclarse con los míos, agarrándola de la cintura empecé a darle, ella subía y bajaba, le chupaba las tetas, ella gemía suave, sexy, yo chupaba, mordía, pellizcaba con mis dedos la colita de Euge.

Jueves 10 de abril, miré la agenda y ahí estaban sus iniciales, enseguida recordé nuestra última charla: -Anotate, el jueves 10 voy a poder, mi marido va a estar de viaje y todo va a ser más fácil, no veo que llegue el día lindo. -Dale, espero poder ese día. Besotes.

Eugenia es escribana, tiene 32 años, está casada, igual que yo, y la conocí en la fiesta de cumpleaños de un amigo en común, enseguida me sentí atraído por ella, linda, muy linda, con un gran sentido del humor y con una simpatía mayúscula.

Con un trámite como excusa entramos en contacto, su matrimonio no estaba bien y eso ayudó, un par de semanas después de la fiesta estábamos en un hotel disfrutando de un sexo hermoso y con mucha excitación. Desde entonces cuando se puede nos vemos y soltamos todo ese desenfreno que nos causa tenernos cerca. A veces pasan dos, tres meses sin vernos, solo hablamos por teléfono o por MSN y nos deseamos hasta el límite.

Esa tarde de jueves, las cosas no venían fáciles, cuando Eugenia podía yo no podía y pensé que no iba a ser posible el encuentro, sin embargo un llamado clarificó las cosas.

-Escuchame, estoy en lo de mi tía, cerca de tu oficina, anotá la dirección, Maipú…-¿Pregunto por vos? -Si, le pedí prestada una oficina porque tengo un cliente muy pesado…jajaa…-En diez minutos estoy ahí.

No fueron diez minutos, fueron quince, que me parecieron una eternidad, moría por verla otra vez, hacía casi dos meses de nuestro último encuentro y miles de charlas pasaron en el medio. Llegué, pregunté por ella, subí a un tercer piso, me abrió la puerta una chica de unos veintipico de años, muy linda por cierto, enseguida apareció Eugenia con una señora de unos cincuenta y tantos años.

Eugenia tomó la palabra, señor Martínez, disculpe que no lo pude recibir en mi despacho, por suerte la señora Moreno me presta su oficina para que pueda atenderlo. Le aclaro que la gentileza de la señora Moreno se debe a que es mi tía que sino…

Le agradezco infinitamente señora, estoy con un tema urgente y los tiempos nos impidieron encontrarnos en algún lugar adecuado. La tía de Eugenia dijo que no había porque disculparse, que ella saldría a dar una vuelta y que cualquier cosa podríamos solicitársela a Marisa, la hermosa chica que me había abierto la puerta.

Entré a la oficina de la tía de Eugenia, me senté y después de despedirse de su tía agradeciéndole otra vez por su gentileza entró Eugenia, estaba hermosa, sensual y con esos ojos tan expresivos. Tenía puesto un trajecito negro y debajo podía divisarse una camisa blanca, el pelo atado rigurosamente y unos zapatos negros, muy sutiles.

Cerró la puerta, la trabó, me paré y nos besamos profunda y largamente, dejando a nuestras lenguas encontrarse, mis brazos la rodeaban por todos lados, quería acariciarla, tocarla, recorrerla por cada centímetro de su cuerpo, no podíamos hablar, las ganas de besarnos y tocarnos nos impedía, sentir la respiración agitada de Eugenia me calentó hasta el extremo.

Mientras nos sacábamos la ropa escuchamos el teléfono sonar y a Marisa atender, mientras la chica le explicaba a la persona que había llamado que la doctora Moreno no se encontraba yo estaba chupando las tetas de Eugenia, me vuelven loco, esas tetas me vuelven loco, Eugenia se las agarraba y me las ofrecía, pasaba con mi lengua de un pezón a otro, casi frenéticamente, mientras mis manos acariciaban su colita, me encantó tener su pezón duro y rosado en mi boca mientras con una mano tiraba del hilo de la tanga que salía de su pantalón.

Era una locura hermosa, excitante hasta el cielo, mientras me sacaba la camisa, Eugenia se sacaba el pantalón, ya estaba solo con esa tanguita blanca maravillosa, estaba bien metidita en su culito, tanto había tirado del costado de esa tanga que la había metido bien adentro.

Tenía la pija dura como un fierro, grande, mojada, con ganas de Eugenia, y Eugenia no tenía pensado dejarme con las ganas, se arrodilló, me sacó el slip, tomó mi pija con su mano y sin media palabra, solo miradas, se la metió toda adentro de su boca y empezó a chupar. Era increíble, la agarraba del pelo, y le pedía que me la chupe más y más…así puta, así!, y Eugenia comía, chupaba, hacía ruido con su boca y eso me calentaba más.

Era terrible el morbo que tenía por estar cogiendo con ella ahí, de trampa, en un lugar donde jamás había estado, en un estudio contable, con una pendeja hermosa afuera pensado que dentro de esa oficina había una escribana con su cliente y Eugenia chupaba con más ganas y su mano subía y bajaba por el tronco de mi pija acompañando el ritmo que su boca marcaba.

Que ganas de comerte así la pija que tenía lindo… dijo y pensé que me moría en ese momento, déjame chuparte le pedí, y Eugenia accedió de la forma más sensual que podía hacerlo, me pidió que me agache, antes de hacerlo la besé profundamente, ella se dio vuelta, corrió un portarretratos que había sobre el escritorio de su tía, apoyó las manos sobre el escritorio dándome la espalda, inclinó levemente su cuerpo y quedó ante mis ojos ese culito, esa tanguita que podía volarle la cabeza a cualquiera y me dijo:

Comémela lindo…por favor… yo estaba de rodillas, con su culito en mi cara, le corrí la tanguita y me dejé llevar, le separé los cachetes de su culito y le hundí la lengua buscando la humedad de su conchita, pronto la encontré, Eugenia abría las piernas, casi se recostó sobre el escritorio, el portarretratos cayó al suelo y le chupé la concha como si fuera la última vez, le metí un dedito, dos…mi lengua, me excitaba tener la cara manchada por sus jugos.

Eugenia hacía todos los esfuerzos posibles por no gemir, pero era  imposible, con su voz entrecortada dijo esas palabras mágicas, me vas hacer acabar nene… más chupé, más hundí mi boca y a pesar de todos sus esfuerzos soltó un gemido entrecortado, Aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh ¡hijo de puta! Así! cuando Eugenia me insultaba era porque la excitación la había superado, cuando estaba poseída por el placer me puteaba y a mí…más me calentaba.

¡Ahora te voy a coger bien esa concha puta! Dije mientras me sentaba en el sillón principal de la oficina, la agarré de la cintura y la traje hacia mí, Eugenia abrió las piernas y se subió arriba mío, fue glorioso sentir mi pija resbalando en esa concha, abriéndola, llegando hasta el fondo de Eugenia y sentir sus gemidos mezclarse con los míos, agarrándola de la cintura empecé a darle, ella subía y bajaba, le chupaba las tetas, ella gemía suave, sexy, yo chupaba, mordía, pellizcaba con mis dedos la colita de Euge.

Éramos un volcán a punto de explotar cuando golpearon la puerta de la oficina, Eugenia con su mano tapó mi boca, a mi nada me importaba y seguía moviendo mi cintura, cogiéndola, le chupaba los dedos mientras Eugenia preguntó quien era, Marisa se escuchó del otro lado, termino en cinco minutos, espérame por favor dijo Eugenia, y riéndose volvió a moverse arriba mío, más fuerte, más salvaje, más caliente.

No podía más, quería llenarla de leche, acabarle bien adentro, acabame…acabame…acabame hijo de puta que te acabo, me rogó Eugenia, un poco más nena…un poco más, me dio ese poco más, le di un poco más y acabamos juntos, nos hubiéramos quedado ahí tirados un buen rato y hubiéramos vuelvo a coger, pero no se podía.

Nos vestimos, arreglamos un poco el escritorio, nos repusimos en el baño y después salimos, Marisa estaba con una persona que jamás supimos cuando llegó, entró a la oficina tomó unos papeles y se los dio. Yo me despedí de mi escribana y volví a mi oficina, con ganas volver a cogerla…

Espero que les haya gustado, cualquier duda por favor dejen su comentario.

Autor: Joaquin

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