Historia de Josefina de Esade

HISTORIA DE JOSEFINA DE ESADE

 

EN EL CINE

 

Esta vez se decidió. Bajó las escaleras que la conducían a lo que parecía un auditorio hecho de lamentos. En la oscuridad se pegó a una pared lateral que recorría la sala de proyección. Llegó a la última fila y con las manos tanteó los respaldos de las butacas. Se introdujo por un pequeño pasillo lateral y se sentó en la tercera butaca desde la izquierda. Sus ojos  vieron entonces una enorme pantalla. Los lamentos que escuchó al inicio se convirtieron en alaridos de placer. La oscuridad lo bañaba todo excepto ese rectángulo luminoso donde se sucedían las imágenes. No había más dudas. Una sensación de cierta incomodidad pero a la vez de curiosidad contenida le recorría el espinazo. Cómo había decidido dar ese paso ,ya ni lo recordaba. Una sensación de fuga, tal vez , un intento de destrozar las equidistancias de un territorio desconocido, vedado, excitante.

Comenzaba a calentarse tanto que ni  tan siquiera reparó en que a ambos lados de ella, las butacas habían sido ocupadas. La pequeña ráfaga de luz que bañaba la sala iluminó por un instante dos sonrisas marfileñas. Dientes demasiado blancos para rostros extremadamente oscuros. Cuando quiso darse cuenta una mano reposaba en su muslo. La percibió demasiado tarde cuando el dedo ya llegaba fatalmente al encaje de la media y aún así le dio igual. En ese momento se giró. Sus ojos percibían algo más que oscuridad. Dos rostros oscuros. Volvió a mirar de nuevo. La dialéctica entre la pupila, el cristalino y la retina le permitió ver mejor. Dos rostros negros la miraban con tanta curiosidad que ni tan siquiera se percató de una segunda mano por encima de su rodilla. Pero a estas alturas ya lo había comprendido todo. Incluso antes de que ocurriera. Levantó  su pierna derecha, casi como un resorte y la colocó sobre la roca de una rodilla. Entonces lo supo. Iba a disfrutar como nunca lo había hecho hasta entonces. El primer dedo había superado la barrera del encaje de unas medias satinadas de color negro y se posicionaba en la cara interna del muslo. La segunda mano había llegado todavía más lejos y apenas la notó. La falda se plisaba por encima del vientre. Sus manos hasta ahora quietas se abrieron en aspas y aterrizaron sobre dos bultos enormes. La cabeza se dejaba caer en el respaldo y comenzaba a desentumecerse. Sabía que llegaría ese momento , pero no que fuera tan pronto. El negro de su derecha le facilitó el trabajo. Se desabrochó la bragueta de forma sincopada hasta que el tirador llegó al final. La mano izquierda de ella buscaba todavía una cremallera mientras que la derecha encontraba un promontorio sobre una tela de algodón .Unas manos nudosas levantaban las costuras de la braguita y acariciaban los bordes de sus labios genitales. Antes de hiperventilar empezó  a gemir en silencio. Más tarde llegarían las súplicas. Y el ” dame más” , ” la quiero también en el culo”. La cabeza contorsionada. El rostro contraído. La mano derecha de ella comenzó a sacar no sin cierto esfuerzo el preludio de un cipote enorme, el resto necesitaría dos manos y voluntad de tragar mucho . No podía abarcar su circunferencia con el anillo que formaban sus dedos. Siempre le habían gustado la pollas grandes. Tener la sensación de perder el control. No poder acabarse nunca un pene con las manos o con la boca, ni tan siquiera poder dominarlo dentro de ella. Una polla grande conseguía lo imposible: dilataba hasta un extremo insospechado la cavidad vaginal llenando al mismo tiempo sus paredes. La  cremallera del negro de la izquierda quedó franqueada. Los dedos africanos le trabajaban el cuello del clítoris simultáneamente como pistones, en pequeñas secuencias circulares. Mientras un dedo formaba elipsis, el otro dibujaba verticales. Estaban cubiertos de babas. Y cuando quiso darse cuenta ya había sucedido. Tenía dos pollas, una en cada mano, con venas como tallos y una corona que dibujaba dos glandes enormes que empezaban a supurar un líquido gelatinoso. Se desplazó ligeramente hacia la derecha y se inclinó sobre la primera polla. Comenzó lamiendo el cuerpo del pene. Quería retrasar lo inevitable .Comenzó a dar pequeños mordiscos hasta rodear el prepucio con sus labios. Su mano izquierda seguía bombeando la segunda polla en sacudidas rápidas.Cuatro dedos negros habían dejado de bascular en los bajos fondos. Uno de ellos, díscolo, comenzó a trabajarle el agujero del culo en una primera exploración. Otra mano enorme sostenía su cabeza como una garra iniciándola en un ritual . Ni tan siquiera escuchó las palabras del negro. Más tarde las recordaría. Sin darse cuenta tenía casi la mitad de la polla, todo lo que podía abarcar, dentro de su boca, la trabajaba de forma voluntariosa con la lengua. Las arcadas venían de vez en cuando. Después desaparecían. Dejó de mamársela y se levantó. También supo que eso era lo que siempre había querido. Se dirigió a un reservado de la parte posterior del local. Las miradas los siguieron. El placer los precedió. Entraron en un pequeño cuarto. Una falleba cromada aseguró la intimidad. Se inclinó hacia abajo doblando las rodillas. Los negros entendieron su deseo. Se colocaron uno a cada lado. De su bolso aparecieron un par de guantes de muselina. Quería experimentar el placer a través de un tamiz. Palpar el tallo de una polla con raíces como un guante quirúrgico busca la vena . Y empezó a hacer sonar las cuerdas de un banjo. Y viajó hasta Nueva Orleans. Y descubrió un jazz de diámetros grandes. Sabía desde el principio lo que ocurriría después. Las dos enormes vergas dentro de su boca le dibujaron por un instante una sonrisa jockeriana.  A horcajadas del primer negro recibió en su cavidad vaginal un cilindro de 27×6 cm que la hizo correr casi al mismo tiempo que otro tren de cargas de 28x7cm le perforaba el culo. Supo que no podría dejar de correrse si continuaba el embudo. Decidió esperar hasta que no pudo más. Se levantó y recibió la primera leche en la barbilla borrándole por un instante la fina película de maquillaje que llevaba. La segunda descarga la quiso contener en sus labios hasta que decidió que no podía tragar más. Se incorporó .Se limpió el rostro. Se subió las medias. Se estiró la falda. Se adecentó. Se despidió de ellos con una sonrisa en los labios y una promesa en los ojos.Recorrió la pared lateral , subió las escaleras, hizo girar el torno, salió de la sala y pisó la calle. Había oscurecido. Llegó la noche. El crujido de una llave la sacó del sopor. Escuchó un timbre de voz que le era familiar.

Y entonces recordó las palabras en la fosa oscura.

” Te gustan grandes ¿eh?”

Sí. Lo cierto es que le encantaban las pollas de ébano.

 

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Mis primeras veces 8

La primera vez que me corrí rodeado de mirones fue después de salir del cubículo donde hacía unos momentos me habían enculado. (Leer mis primeras veces 7)

Al abrir la puerta y salir a la zona de los urinarios había cuatro o cinco hombres y por sus miradas deduje que habían escuchado los gemidos y los cuchicheos del que había salido poco antes que yo.

Me dirigí a la sala pequeña donde pasaban películas porno heterosexuales y me apoyé contra la pared detrás de las butacas. Había unas siete u ocho personas; algunas sentadas en las butacas y otras de pie alrededor de las butacas. En ese momento, en la pantalla se veía una escena en la que dos enormes pollas estaban ensartando los dos agujeros de una rubia escultural  que lanzaba unas evidentemente falsas expresiones de deseo y placer. No habrían pasado ni quince segundos cuando se me acercó un hombre y sin vacilar me agarró el paquete apretándolo con suavidad.

Como yo todavía estaba muy empalmado, evidentemente le gustó lo que tocó y pasó inmediatamente a bajarme la cremallera de los pantalones sacando mi mega-excitada polla.

En ese momento hice un amago de cubrirla porque me cohibía la gente que había a nuestro alrededor, pero pensé que eso sería otra experiencia con algo de morbo, que son las que me gustan.

El hombre era bastante mayor que yo y le dejé hacer.

Se arrodilló con una facilidad que evidenciaba que estaba muy acostumbrado a hacerlo y con una lengua y unos labios muy mojados y expertos me la fue chupando como si dentro de la boca tuviera la cosa más deliciosa del mundo.

La verdad es que era un experto chupapollas. Las personas que había escampadas por la sala se fueron acercando para contemplar de más cerca la escena.

En esos momentos olvidaron las grandes tetas, el coño y las pollas que se veían en la pantalla para ver algo más real.

Yo estaba muy acelerado, ya que estaba disfrutando mucho de aquella buenísima mamada, aunque me sentía un poco incómodo con aquellos espectadores.

Pero al cabo de unos segundos me concentré en el contacto de aquella suave boca con mi polla y me olvidé de que nos estaban mirando.

Me corrí enseguida llenándole la boca de leche mientras yo podía ver a un par de espectadores que se masturbaban.

Se tragó lo que le había regalado con evidente placer e incorporándose me dio una palmadita en el culo, me susurró al oído que mi polla estaba muy rica y se marchó.

El grupo de mirones también se dispersó y luego me fui yo.

Ese día disfruté mucho, lo malo es que en otras ocasiones en las que he ido a ese cine, no se ha vuelto a repetir.

Sí que me la han mamado alguna vez en las butacas y en los lavabos, pero no como aquel día que fue completo.

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En el baño del cine

Siendo este mi primer relato,  debo advertirles sobre mi falta de experiencia al redactar un relato erótico.

 

Primero que nada soy de Mazatlán, Sinaloa,.. México, soy blanco, mido 1.70 complexión regular, ni gordo ni flaco, de cabello oscuro.

 

Todo comenzó un día como cualquiera, me aburría y decidí ir al cine, como no encontré eco en las invitaciones, me fui solo, era de noche, llegué un poco temprano a la función y la sala estaba aun vacía, por lo que salí al baño a orinar antes de que comenzara la película, ya en el baño entre a un cubículo con puerta para tener privacidad, sentía mi pene erecto y quería acomodarlo dentro del pantalón, mi pene no es muy grande mide 16 cm aun así es incomodo andar con el pene erecto nomas porque si, lo saqué del bóxer para acomodarlo cuando escuché la puerta abrirse, me asome por la rendija de la puerta y alcance a ver a alguien asomándose a mi cubículo, yo tenía el pene en la mano, y lo movía para que perdiera un poco su rigidez, noté que el movimiento rápido, (como cuando alguien se sabe descubierto) al salir del cubículo me di cuenta que aun seguía ahí, era una silueta delgada con un culito respingón con el uniforme del cine, Pantalón beige con playera tipo polo azul marino y cachucha al color dela playera, mientras me lavaba las manos observaba que no volteaba, seguía en lo suyo como tratando de ignorarme, yo nunca he estado con un hombre pero me daba curiosidad penetrar a uno, le dije con voz firme,..

 

-¿te gustó lo que viste?

 

Solo bajo la cabeza y simuló arreglar el dispensador de toallas de papel, terminé de lavar mis manos y me dispuse a salir, no sin antes pasar por el dispensador de toallas y acercarme un poco, al pasar por detrás suyo le hice una insinuación,..

 

-Si te gusta lo que ves pídelo.

 

Sequé mis manos y al salir le di una palmadita en el trasero para observar la reacción, y solo dio un pequeño sobresalto y un pequeño gemido escapó de su boca, noté algo extraño en su tono, pero me excitó un poco más de lo pensado.

 

Volví a la sala del cine sin más acción que el haberme atrevido tocar ese culito, ya en la sala me perdía por momentos recordando la escena del baño y casi no ponía atención a la película, en eso note que entró a la sala la misma silueta, volteando a los asientos como buscando algo, para ese entonces la sala ya estaba medio llena y no notó donde estaba yo sentado, al salir de la sala, me pregunté ¿a que habrá entrado?,  ¿me estaría buscando o sería coincidencia?, decidí entonces salir de la sala, ya para ese momento la película era lo de menos, me excitaba pensar que podría darse algo, yo no acostumbro estar con gente desconocida, pero,  ¿a quien no le ha cruzado por la mente hacerlo?

 

Salí de la sala, y volteé hacia el otro lado del lobby del cine en una zona más oscura donde están otros baños, ahí estaba, y al verme se enfiló hacia el baño de hombre y entró, yo le seguí, el lobby es algo largo y se me hacia aun más lejano para llegar, la emoción me hacia latir mas fuerte el corazón, al llegar por fin al baño y entrar, me apuró un poco a entrar y cerró la puerta, y solo dijo,..

 

-Si me gustó lo que vi, fue entonces que noté de nuevo su tono y advertí que era una chica menudita, delgada de piel blanca y con una carita linda, yo estaba nervioso pero ya estaba ahí y no era momento de pensar, me acerque despacio y la besé en la boca, tomándola con mis manos por la cintura y pegándola a mi cuerpo, se separó un poco para decirme que solo teníamos poco tiempo,  subí  su camiseta de uniforme para descubrir unos senos pequeños pero bien formados, redonditos y firmes hice hacía arriba su sostén y me dedique a chupar esos pezones rosas deliciosos, ella gemía y eso me puso aun mas excitado, mientras estaba chupándolos ella comenzó a desabrochar su pantalón y le ayudé a bajarlo y quitárselo, vi entonces un tanga de encaje rosa pálido que casi se perdía entre su piel blanca y tersa, la cargué para sentarla en el lavamanos de mármol  y quitar su tanga , ella desabotonó mi camisa y me la quitó, yo comencé a besar su cuerpo bajando por hacia su ombligo y llegué a su rajita, era hermosa, de un color rosa brillante con un clítoris que apenas sobre salía, su respiración era acelerada y comencé a chupar esa conchita que ya estaba empapada en jugos, con un dedo jugaba en su panochita mientras con la boca lamia su clítoris y estimulaba sus labios vaginales tenía un olor que me encantó, comencé a penetrarla con mi dedo mientras la chupaba, ella agarraba mi cabeza y solo atinaba a decir que le gustaba, que siguiera, aceleré el ritmo de la mamada para hacerla gemir y en poco tiempo noté sus convulsiones, -ooh si, así me gusta, me vengo, me vengo- ella trató de retirarme al venirse pero no la dejé hundí mas fuerte mi boca en su panochita y la comí más duro, ella tapó su boca con su mano para evitar un grito y tuvo un orgasmo fabuloso, yo notaba como su jugo inundaba mi boca y eso me daba placer, subí a besar su boca aun son sus fluido en la mía y ella contestó el beso, saqué mi pene del pantalón el cual estaba tan duro como era posible, tomé un condón y me lo puse, y la penetré de un solo golpe, ella abrió los ojos en un gesto de placer, y le dije, – aquí esta lo que querías- ella solo asintió y cerro sus ojos, y comencé a penetrarla lento, y ella se movía al ritmo de mis embestidas, la tomé por la cintura para acelerar el ritmo y ella me abrazó la cargué un poco subiéndola y bajándola para penetrarla en esa posición, ella solo callaba sus gemidos y buscaba mi boca, la volví a sentar en el lavamanos, para poder penetrarla con mayor facilidad, y asi estuvimos por un par de minutos, luego ella se bajó del lavamanos y se volteó, yo la tome por la cintura y la volví a penetrar en esa posición su cuerpo recargado en el lavamanos y yo entrando y saliendo en su conchita jugosa volteé al espejo que estaba enfrente y ella me veía con cara de lujuria, eso me puso a mil y aceleré el ritmo, ya sentía venirme cuando ella comenzó a gemir diciendo que se venía en ese momento no pude mas y me vine en un orgasmo largo e intenso, mientras veía en el espejo el orgasmo de ella en su rostro, mis piernas temblaban y la abracé por la espalda besando su cuello, al salirme de nuevo escuche un leve gemido de ella, me quité el condón y le ayudé a subirse la tanga, limpié mi pene con papel y subí mi pantalón mientras ella se vestía, abotoné mi camisa y ella me dijo, jamás lo había hecho con un desconocido, volteé y con una sonrisa le conteste que también era la primera vez que hacia algo así, al terminar de vestirse nos dimos un largo beso y me dijo, “no le cuentes a nadie”, sonreí y salió del baño, espere un tiempo prudente para salir yo y me dirigí al estacionamiento, fue al llegar que me di cuenta que no le había pedido nada para volverla a contactar, regresé al cine y la busqué, con mi tarjeta en la mano, ella venía caminando y me dijo,..-Ya salí… Sonreí  le di mi tarjeta y le pregunté,.. ¿a dónde te llevo?… Pero esa es otra historia, que contaré después.

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Historias de Viana 3: Primer Contacto

Hace semanas que Nico me ha agregado a Facebook, obviamente respondí a su solicitud, no tardó mucho en enviarme un mensaje privado diciendo que Marco me sugirió como su amiga y que tardó más de un mes en decidir si hacerlo o no, desde ese día hemos estado yendo a tomar el café a una cafetería que está en nuestra misma calle casi todos los días, es un tío super encantador, parece muy inalcanzable para una chica como yo, él es mucho más alto que yo, mide 1,88 aproximadamente, por 1,68 que mido yo, él va al gimnasio, yo el único ejercicio que hago es andar en bicicleta.

Lo que más me ha llamado la atención de él es la cantidad de gustos que ambos compartimos, a los dos nos encanta la naturaleza, sobretodo ir a los acuarios y pasarnos horas observando a los peces, la novela histórica, la de fantasía, pero sobretodo un buen café, buena conversación y el chocolate, me siento muy a gusto con él, me transmite serenidad, confianza, es en una de nuestras salidas a tomar el café cuando me invita a cenar el Viernes por la noche, yo accedo encantada.

La cena del Viernes transcurre sin contratiempos, hablamos de nosotros mismos, de los últimos libros que hemos leído, páginas web interesantes, hasta que me dice que le gustaría volver a repetir lo de esta noche.

-Deberíamos repetir.- dice Nico de repente.

-Estoy de acuerdo, lo estoy pasando muy bien.- le respondo.

-Cuando la compañía es buena se pasa el tiempo volando y te quedas con ganas de más.- responde él.

-Comparto lo que has dicho, es extraño que un hombre como tú no tenga novia.-

-He tenido novias, pero ninguna me ha llenado, te veo a ti y no sé, eres diferente a todas las mujeres con las que he salido, contigo puedo hablar, llevamos casi tres horas aquí y no te has levantado para ir a pintarte los labios, y mira todo lo que has engullido, me encanta.-

-¿Me estás llamando gorda?.- le pregunto con un toque de indignación.

-¿Qué?, ¿cómo?, ¡nooooo!, en absoluto, jamás, en realidad me siento muy atraído hacia ti, tanto mentalmente como físicamente, mírate, no eres un esqueleto con un pellejo de piel encima, por primera vez siento una conexión muy fuerte con alguien.- contesta Nico.

-Gracias por los piropos, yo también siento una conexión muy fuerte contigo.-

Seguimos hablando otro rato, de repente a Nico se le ocurre la idea de ir al cine, son sesiones de pelis antiguas, compramos nuestra entrada, y nos metemos en la sala, está completamente vacía, la película que están reponiendo “Metrópoli”, no llevamos ni diez minutos de película cuando Nico me coge de la mano y me obliga a mirarle, sin verlo venir empieza a besarme, siento su lengua dentro de mi boca, busca la mía para jugar sensualmente con ella, la acaricia, mi lengua responde a esas caricias, hasta que no nos queda otra más que volver a respirar, le veo sonreírme y me da un tierno beso en los labios, yo le sonrío. Volvemos la mirada hacia la pantalla pero su mano no ha dejado la mía. Me siento mejor en el asiento, de repente la mano de Nico desciende hacia mi entrepierna y empieza a tocarme, yo abro un poco las piernas para que tenga más acceso, le sonrío, y él me sonríe, ayudándose de su otra mano me desabrocha los pantalones, me levanto un poco para dejarlos caer hasta mis rodillas, pasa su mano por encima de mis bragas, vuelve a sonreírme como si me estuviera pidiendo permiso, yo pongo una de mis manos en su entrepierna notando algo duro debajo de sus pantalones, abro su cremallera y meto la mano para dejar libre su pene, no puedo verlo en la oscuridad pero me gusta su tacto, es grueso y de una longitud normal, le acaricio, él se desabrocha los pantalones y se baja un poco los calzoncillos para que yo pueda tener más acceso a él, toco sus huevos, son peludos, nada de esas chorradas depiladas de los metro sexuales, recorro toda su longitud con mi mano, haciéndole cosquillas con un dedo en el glande, le miro a los ojos, los ha cerrado y respira entrecortadamente, muevo mi mano con más rapidez y sigo haciéndole cosquillas, con la otra mano aprieto sus testículos, para luego acariciarlos con suavidad, su respiración cada vez es mucho más rápida, me urge a que mueva mi mano mucho más rápido y que le apriete más los testículos, está a punto de correrse, cojo rápidamente un pañuelo de papel que se queda empapado de su semen por completo, le vuelvo a mirar y le veo completamente relajado y devolverme la mirada.

-Guau.- me dice. –Creo que me toca.-

Nico se sube los calzoncillos y los pantalones, me obliga a levantarme ya ponerme delante suyo, me siento sobre el respaldo delantero apoyando mis pies en las butacas que están al lado de él, antes he tenido que despojarme de toda la ropa mi parte inferior. Pasa su mano por mi sexo, que está completamente húmedo, empieza a jugar con mi clítoris, hacerme cosquillas, las odio, pero me excitan, lo frota con suavidad haciendo movimientos circulares, con su otra mano extiende la humedad que mana de mi vagina, después de unos minutos se levanta para volver a besarme, se sienta y sigue con su juego, separa las dos partes de mi sexo, y es cuando empieza a introducirme dentro uno de sus dedos, primero lo mueve con cuidado, luego con menos cuidado, recorre cada centímetro de mi húmeda y oscura y secreta cueva, está disfrutando, luego decide meter otro dedo, la sensación es maravillosa, los mueve como si estuviera apretando algo de modo que a la vez presione mi clítoris, mete la otra mano por debajo de mi camiseta y la siento pellizcarme un pezón, estoy muy cerca de llegar al clímax total,  muevo mi cuerpo para que sus dedos puedan entrar más, aunque en realidad no pueden porque los tiene completamente hundidos, pero mi propio movimiento incrementa la sensación de placer, no puedo más, entre sus caricias y sus palabras bonitas el mundo deja de existir para mí durante unos instantes.

Me visto, y salimos del cine que está completamente desierto, no está lejos de nuestro edificio, así que vamos andando, entramos y subimos a nuestro piso, me vuelve a dar otro beso, muy intenso.

-Me ha gustado.- le digo.

-A mí también, vayamos despacio ¿de acuerdo?.-

-De acuerdo.- le contesto.

-Cada vez que te toques quiero que pienses en mis manos tocándote.- le dice al oído.

-Ya lo hago.-

-La próxima vez daremos un paso más, pero si no estás segura habla conmigo, comunicación Viana, es importante.-

-Vale.- le respondo.

-Bueno, nos vemos.-

Nico se despide de mi con un húmedo beso con lengua, me sonríe, da unos pasos pero vuelve sobre ellos para volver a besarme. Por fin conseguimos irnos a nuestros pisos, entro en el mío, cierro la puerta con llave, de la habitación de Marcos y Gael vienen ruidos, decido no interrumpir su momento de placer, y decido seguir disfrutando del mío hasta quedarme dormida en la oscuridad de mi dormitorio.

FIN.

HISTORIAS DE VIANA 4: Descubrimientos y Pasos Pequeños … PRÓXIMAMENTE.

NOTA DE LA AUTORA: esta es una historia de ficción, los personajes que aparecen en ella NO son reales.

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Descubrí sexo en cines porno de México

En la gloriosa época de oro del cine mexicano, cuando se producían más de cien películas al año, en su mayoría de malas a muy malas, pocas fueron realmente buenas, fue cuando se abrieron múltiples y grandiosas salas, que con el tiempo y por muy variadas causas fueron desapareciendo. Para subsistir, algunas salas empezaron a proyectar cine porno.

Hacia 1990, hice mi primera incursión en cines porno del centro de la ciudad de México. Uno de los primeros al que asistí fue al Savoy, muy cercano al Eje Central, donde se encuentra la Torre Latinoamericana.

Ese día proyectaban una película italiana, ambientada a principios del siglo XX, supuestamente porno, pues sólo se les veían los pechos a las mujeres. Los tipos se montaban vestidos en ellas que gemían, pero nadie se desnudaba realmente, y de lo poco que me acuerdo de la historia e imágenes, es que había una actriz a la que su personaje sólo le gustaba por el ano porque quería seguir siendo virgen, la empinaban sobre un árbol y dizque la penetraban y al final descubrían que era hombre. En esa ocasión, un tipo me rozó ligeramente la pierna y de inmediato le retiré con energía la mano, se levantó y se fue. Terminé de ver la película y me fui.

Poco a poco le subieron lo explícito a sus películas, el viejo cine Savoy es el típico con asientos en la parte de abajo y otros arriba de la sala, esta última área, actualmente ha sido acondicionada para dividir el cine en dos salas de cine porno, la de abajo heterosexual y en la de arriba gay, primero le dedicaron un solo día (viernes), luego dos (lunes y viernes), luego tres y ahora no sé si diario. Pero desde que se hizo sala gay hace unos cinco años, sólo he ido en cinco ocasiones.

Espere como un año o dos para pisar nuevamente otra sala porno. Ahora fue al cine Teresa, una enorme, vieja, y el algún momento lujosa sala de cine de dos niveles muy amplios. De cine familiar paso a sala porno, tiene la taquilla sobre la acera, así que cualquiera que transite por el Eje Central puede ver a los que nos formamos para pagar y entrar.

Hacia 1992 me ponía nervioso de sólo imaginar que pudiera verme afuera o adentro alguien conocido, ahora sé que es algo poco probable en una ciudad de más de 20 millones de habitantes. Al entrar me sentaba en la última fila y colocaba en mis piernas la mochila que llevaba de la escuela, de forma tal que me permitiera discreta y cómodamente acariciarme el pene, y si un tipo se sentaba al lado mío, de inmediato colocaba la mochila en medio de mis piernas, con lo que tapaba todo y daba a entender que no habìa posibilidad de que pasara algo. Así la dejaba hasta que mejor desistía y se iba. Así en varias, muchas ocasiones hasta que…

Un día como cualquier otro en el que iba al cine Teresa, al atravesar las pesadas cortinas, me senté en mi lugar habitual,
hasta atrás de la sala.

En esa ocasión descubrí que podía haber sexo en el cine, en el primer asiento hacia el pasillo había un señor de pelo blanco, como de 60 años, con lentes. De rato, un tipo como de 35 años, 1.75, de complexión fuerte, varonil, de pelo ondulado, moreno y de bigote pidió permiso de pasar al señor de pelo blanco y se sentó junto a mí, de inmediato coloque mi mochila en señal de no querer nada y fije mi mirada en la pantalla, percibí que se sacó el pene, pero no voltié en ningún momento, entendió y se recorrió un asiento hacia el señor de 60 años.

En otras ocasiones percibía que algo pasaba en otros asientos pero me daba mucho miedo voltear a un lado o a otro, pero ese día me armé de valor y me di cuenta de qué pasaba. El tipo joven se sacó el pene, pude ver que era grande, estiró uno de sus brazos, el izquierdo que quedaba del lado del señor canoso, y apoyó su mano en el respaldo del asiento de adelante.

Entonces, observé que ese movimiento de brazo, facilitaba que el del asiento de a lado pudiera tocarle el pene y tapar un poco la mirada de curiosos cuando pasaban por el pasillo. La mano del señor se movía discretamente, con miedo o nervios. El moreno le dijo algo al señor, se levantó y se colocó de pie sobre el pasillo, al otro lado del señor, y tenía su pene afuera del pantalón, no entendía bien por que se levantó, pero el señor del pelo blanco optó por levantarse e irse.

El tipo del pene grande se sentó nuevamente, dejo libre el primer asiento hacia el pasillo, al poco rato llegó un chico como de 25 años, delgado se sentó y de inmediato estiró la mano y comenzó a masturbarlo frenéticamente, eso me tenía a mil, me atreví a sacarme el mío, pero aún con discreción. El moreno le dijo algo al oido del recién llegado y nuevamente se levantó y se colocó de pie del otro lado, sobre el pasillo, ligeramente recargado en el marco de la entrada, con el pene de fuera y…

El tipo sentado giró la cabeza y comenzó a darle una mamada muy vigorosa, con fuerza, durante unos cinco minutos, en ocasiones interrumpidos cuando alguien entraba a la sala. Finalmente terminó en la boca del mamador, se guardó el paquete y se fue, el que estaba sentado escupió el esperma y el ruido que hizo al caer todo lo que le dejó en la boca hizo que me viniera.

Así, pude ver el mecanismo de acción, alguien se sienta cerca, si te gusta subes tu brazo y colocas tu mano en el asiento de adelante, el otro estira la mano y te masturba. Visitas después, también me di cuenta que además podían mamarte la pistola estando sentado, sólo había que cuidarse del par de empleados del cine que de vez en cuando pasaban para echarte la luz e intentar impedir o sólo disimular que lo intentaban, y evitar que pasara lo que pasaba en toda la sala.

Al poco tiempo de esa experiencia me decidí a dejarme mamar la verga. Nuevamente ocupé mi tradicional lugar, de rato llegó un tipo de traje, algo gordito, serio, varonil, guapo, se sentó junto a mi, levanté mi brazo, el estiró su mano y me preguntó si quería que me la mamara, asentí con la cabeza, estaba muy nervioso y excitado. Y fue delicioso sentir su húmeda y cálida boca sobre mi cabezota caliente y dura. No alcanzaba a chuparme más allá de la mitad del pene, pero no iba a aguantar mucho y le pregunté si me dejaba venir en su boca. Dijo que sí, le sostuve la cabeza con mi otra mano y le aventé todo, sentí como no se daba abasto a chupar la cantidad que me salía y como caían algunas espesas gotas al piso.

Después de ese día comencé a ir al menos una vez por semana, y me fijé más en como estaba la movida en el cine, no siempre que iba dejaba que me la mamaran , pero cuando me dejaba les preguntaba si me dejaban echarles el esperma en la boca, si decían que no, no terminaba, los dejaba mamar y de rato me lo guardaba.

No es por sangrón, sino porque además que la tengo grande me salen como seis u ocho tiros espesos, abundantes, con mucha fuerza y no me gusta embarrarme, ensuciar respaldos o que la leche brinque al asiento de adelante o pudiera manchar a alguien.

Yo hasta esos días pensaba que esas eran buenas mamadas, pero no. En cierta ocasión, se sentó junto a mí un tipo de pelo ondulado, de estatura mediana, delgado, velludo, moreno, de bigote que, cuando se bajó a mamar, era capaz de engullirse completo todo mi pene y mamarlo con fuerza, realmente me sorprendió que se metiera mis casi 20cm, sentir el fondo de su boca y el inicio de su garganta al chocar mi cabezota dentro de esa cavidad y su bigote en la base de mi pene fue super excitante.

Realmente fue tan delicioso que en ocasiones posteriores, cuando me la mamaban otros tipos, les empujaba mi verga con fuerza para que se la tragaran toda, pero no cualquiera podía, les daban arcadas y yo les sostenía con firmeza la cabeza, los lastimaba en serio, pero querían aguantar mis embates, querían una verga así de buena, resistían lo más que podían, como acto reflejo estornudaban con fuerza para no ahogarse, se les salían las lagrimas y los mocos por ojos y nariz respectivamente, muchos se levantaban y se iban, y yo pensaba “si no puede chuparla completa no se la merece”.

Ahora, con más experiencia y 35 años de vida pienso diferente, creo que la leche es de quien mejor la trabaja, eso sí, me sigue gustando que me la mamen completa, durante mucho rato (30 – 45 minutos), a puros labios, boca y garganta, nada de meter las manos para chaquetearla, o bien, que me dejen tomarles con firmeza la cabeza y darles hasta el fondo, que me dejen follarles la boca …

Agradezco por adelantado sus comentarios
ciudad de México 2010

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Historia de las mamadas que he dado

Aunque no me llenó la boquita de leche se vio que la disfrutó pues sus expresiones eran de que lo estaba haciendo como toda una putita profesional, además de mamar se la acaricié, lo masturbé y seguía mamando, chupando sus huevos, pasando mi lengua por toda su verga, por el agujerito donde sale la leche pero me quedé con ganas de lechita.

Después de los fajes que tuve con mi amigo Charly en el cual me agasajaba vestidita de nena y los minifajes del relato los fajes de Ximena la verdad necesitaba más pues necesitaba sentir lo que es mamar una buena verga

Por mi mente pasaba la idea de ir a un cine porno pero pues la verdad me daba miedo, incluso alguna vez  entre y me salí por miedo.

Un día fueron más las ganas y me armé de valor y entré al cine Araceli ubicado en el centro de Monterrey N.L. México, al principio no tenía la más mínima idea de cómo empezar a buscar a quien darle una buena mamada, me sentaba al lado de alguien pero se levantaban y se iban, incluso vi a alguien masturbándose, al acercarme y preguntar si lo ayudaba se enojó y de mala manera me corrió, intenté también quedarme parado recargado en una bardita y cada que pasaba alguien parar las nalgas pero ni así,

El caso es que estaba en la parte equivocada pues descubrí que si quería acción era en la parte de arriba del cine y no en la planta baja, pues en la parte alta había mucha acción, vi unos tipos que estaban de pie y uno solo masturbaba al otro, solo usaba la mano (habia más parejas pero esta es clave en el relato) pero yo sin saber cómo acercarme a alguien.

Cuando ya estaba resignada y decidí sentarme a ver la película veo venir un señor que se me deja venir y al ver que se estaba sacando su verga la verdad me dio miedo pero dije, ya estás en esto y no hay marcha atrás,  a pesar de que tenia un olor muy fuerte que desde lejos noté,  sin pensarlo cuando me acerca la verga a la cara y dice, órale,  ahí está, abrí la boca y empecé a chupar y aunque se que lo hice muy bien pues ponía mucha atención en las películas porno para saber cómo se hacía.

El pobre tipo no pudo tener una erección y decidió irse y dejarme con las ganas, cuando vi que al tipo que minutos antes vi que masturbaban ya estaba solo me le acerqué y le dije si quería una mamada a lo que él aceptó y me pregunta, ¿Dónde?  lo llevé a las butacas, me senté y el de  pie, y aunque no la tenía al 100 % erecta, pues supongo que ya se habia vaciado antes.

Se veía más excitado, me agarraba de la cabeza, me jalaba hacia él, me pedía que la mordiera y yo me sentía toda una putita hasta que sentí algo espeso caer en mi lengua que no me supo a nada, la verdad me sentí de lo más putita cosa que me encantó,  además de mamársela me gustaba darme golpecitos con su verga en la lengua y cara , se día fue suficiente y me retiré pero volví tiempo después

El día que volví me fui directo al sanitario, había varios tipos con la verga de fuera pero no tuve valor de acercarme pues había mucha luz así que solo oriné y me fui a la parte de arriba, vi a un señor que se masturbaba una verga muy apetitosa, grande y gorda al cual primero le dije que si lo ayudaba y responde que no, pero al verme que me senté dos filas adelante y me le quedaba viendo con cara de antojo se compadeció y me hace la seña que me siente a su lado.

Sin pensarlo directo me puse a mamar esa verga riquísima pero no acabó, él solo me dijo que iba al sanitario y pues ahorita me pongo a pensar que fui una pendeja, pues tal vez quería que lo siguiera, pero no fue así, en vez de eso me puse a ver con cara de cachonda a los que estaban parados y un muchacho entendió la indirecta y sin pensar se me acerca, se sienta a mi lado y nuevamente mamando una verga también gorda,  grande,  muy sabrosa.

Como estaba empinadita en la butaca le tomé la mano y la puse en mis nalgas, me desabroché el pantalón para que me tocara mejor pero lo hizo poco, aunque no me llenó la boquita de leche se vio que la disfrutó pues sus expresiones eran de que lo estaba haciendo como toda una putita profesional, además de mamar se la acaricié, lo masturbé y seguía mamando, chupando sus huevos, pasando mi lengua por toda su verga, por el agujerito donde sale la leche pero me quedé con ganas de lechita.

En fin, la verdad quisiera un poco más, no sé si que me penetraran pero si quisiera una lengua en mi culito y más lechita en mi boca.

Si eres de Monterrey y quieres acción en eses cine escríbeme a mi correo a ver que hacemos.

Besitos

Autora: Ximena

ximenatv2000@yahoo.com.mx

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Vintage

Con las dos manos le sujeté una de sus nalgas y así, sin cambiar de posición, continué penetrándola. Me acomodé en una postura muy extraña, pero que a ella le encanta, y comencé a joderla con fuerza. Ella comenzó a aturdirse, me tomó una nalga con una de sus garras. Con una nalgada y un bramido angustiante, supe, o creí saber, que se estaba viniendo.

“Lo importante es que nunca pude hacerte sentir mal, feliz Día de la Mujer Mundial”
Andrés Calamaro

“If I changed anything about my past, I wouldn’t be the same person I am today, and I like me today”
Seka

Cómo podría imaginar que llegarían tiempos oscuros en los que la vida, al igual que la pornografía, se convertiría en una predecible realidad a la carta, un imperio de la patanería sin trama ni sorpresa alguna, en pocas palabras, que la realidad tendría rasurado el pubis y sería empinada en un gang bang de autosuficiencia asfixiante. No es raro, entonces, que me dé cuenta que toda historia porno está basada en hechos reales.

Cualquiera diría que el porno no es como para dedicarle muchas letras. En mi caso, y como se verá, ha resultado inevitable.

Aquél día comenzó como todos los lunes. Carolina, mi novia, y yo, inaugurábamos el día con un palito mañanero. Esa mañana estábamos haciendo una prueba de calidad de una pinche pasta dental de marca Colgate que prometía que te lavabas los dientes en la noche y en la mañana el aliento te amanecía fresco. Fuimos ingenuos en creer que nos sucedería como en el comercial de televisión, ese en el que una pareja aparece tendida en una cama y el sol entra por la ventana. La chica, seguramente argentina, sonríe y de la boca le surge un vapor de azul antártico que seguro olía a menta. El vaho bendito es aspirado por la narizota de su pareja, seguramente ecuatoriano, un cabrón que hasta se le quita el sueño con tanta frescura.

Acá quien sonrió primero fui yo. La cara de mi chica no fue como la de quien aspira la fragancia de la menta.

-¡No inventes! ¡No funcionó! ¡Toma!

Me pasó un vaso con agua y un cepillo que tenemos ahí junto a la cama, dizque para no levantarnos de tajo, sobre todo si queremos retozar un rato por la mañana.

Ya con boca fresca me oculté bajo las sábanas para meterle la lengua mentolada en el coño que, modorro aun, estiraba los huesos en mi boca. Los labios de su sexo se abrían como bostezando mientras yo hurgaba con paciencia. Su olor por las mañanas es tan fuerte que me enciendo de inmediato. Es algo en su espesa mata de vello lo que me adormece el cerebro pero me la pone durísima. Por la mañana le amanece hinchado su cuerpo, recargado de energía.

Como de costumbre, ella prefiere no despertarse del todo y dejarse querer. Quizá su mente analítica permanece dormida, pero su cuerpo, instintivo como es, se abandona a lo que sea que yo quiera hacerle. Luego de un rato de estármela comiendo su sexo está muy hinchado. Como quien no quiere la cosa me incorporo en mis piernas, dejando a su alcance mi verga. Su mano dormida no tarda en deslizarse hasta dónde está mi garrote, y lo empieza a tocar como si fuese la primera vez que siente un palo en la mano. Instintivamente empieza a puentearme, y aunque me encanta como muñequea, entrecorto su entusiasmo de una u otra manera para evitar que me coloque tan cerca del orgasmo. Y no es que no quiera regarme, sino que, si la dejo mamarme y masturbarme, me haría eyacular en menos de un minuto, y la verdad sería un desperdicio no aprovechar este coño hinchado.

La forma más simple de distraerla de su afán puñeteador es voltearla para meterle la lengua en su ano. Nunca se queja de eso. Ya que está bien caliente, me incorporo y empiezo a juguetear en su coño con la punta de mi verga. Ella se retuerce y se estira, como si se estuviera despertando en ese preciso instante, me mira a los ojos como si me reconociera y me sonríe como si me dijera, “ah, eres tú”. No sé por qué me enternece esto siendo que cuando llegamos a este momento llevo ya veinte minutos de meterle en sus orificios la lengua y los dedos, veinte minutos en que ella se llevó la mano a la boca para ensalivársela y comenzar a masturbarme con una habilidad sorprendente. Si es hasta los veinte minutos de esto que ella reacciona y se cuestiona quién le está haciendo todo esto, ya estoy cabrón.

Como sea, a veces corro con esa suerte de que reaccione rápido, pues en ocasiones ella “despierta” cuando le caen en el vientre mis chorros de semen. En fin. En esta ocasión estaba ella con una pierna levantada, con su coño expuesto, y yo sencillamente me le encajé hasta el fondo. Aunque despierto por fuera, sentí como si por dentro se abriesen distintos departamentos, cada uno con distinta temperatura y dureza.

Con las dos manos le sujeté una de sus nalgas y así, sin cambiar de posición, continué penetrándola. Me acomodé en una postura muy extraña que no es del todo cómoda para mí, pues prácticamente me pongo de cuclillas en el inestable colchón, pero que a ella le encanta, de hecho es su ensamble favorito para venirse. Me puse así y comencé a joderla con fuerza. Ella comenzó a aturdirse y sin medir las consecuencias me tomó una nalga con una de sus garras. Yo hice acopio de fuerza para no reducir ni un ápice mi ritmo, pese a que me estaba ella encajando un dedo –incluida su uña de acrílico- en el culo. Con una nalgada y un bramido angustiante, supe, o creí saber, que se estaba viniendo. Ella no es de venirse una vez. Me exigió que siguiera en esa misma postura y, con esa misma enjundia, se vino unas tres ocasiones más o bien el único orgasmo duró lo que cuatro de ellos.

Abrió su pierna, lo que interpreté como que ella estaba satisfecha. Me acomodé y perfilé mi aterrizaje. Para cuando ella se viene ha pasado mucho tiempo en el que he tenido que suprimir mi eyaculación. Seguido ella me complace y me anuncia desde el principio “Quiero que te vengas”, y yo, obediente, concluyo con esto que no le interesa venirse ella, aunque a veces el cuerpo la traiciona. En esas veces la duración del acto se reduce drásticamente porque me enfoco en lo mío. Pero cuando no me aclara que quiere que me venga, no me siento en la comodidad de correrme si ella no se ha corrido primero. Esta vez, como ella ya se había venido, pues todo era como caer en el vacío.

Me puse a penetrarla con fuerza. Ella estaba ahí, de espaldas sobre la cama, con sus piernas abiertas, yo Embistiéndola. Le tomé su mano derecha, ella quiso entrelazar románticamente nuestros dedos, pero yo tenía otro plan. Saqué mi verga a punto de estallar y se la entregué en la mano. Ella tardó una milésima de segundo en entender que le estaba regalando la responsabilidad de mi orgasmo. No es ella una chica que no sepa qué hacer en cualquier situación, y menos aun en este tipo de situaciones. Su intuición la llevó a masturbarme con una habilidad impresionante, cuidando de engullir con su coño mis testículos. Como fruto de su muñequeo comencé a regarme en su mano que, al contacto de la primer gota caliente, se volvió loca de calentura y puñeteó con el furor de un chamaco. Mi semen terminó de convertir mi verga en una salchicha resbalosa, y ella seguía con su muñequeo hasta no convencerse que no saldría una gota más.

Yo estaba envuelto en sudor. Le sonreía diciéndole lo rico que me había venido, cuando sonó el teléfono. Vi la pantalla del teléfono, era el número de Claudia, mi secretaria. Cierto, los lunes no llego muy temprano que digamos, pero esta vez no iba ni siquiera retrasado. Me pareció extraño que la llamada proviniera del teléfono personal de Claudia y no del conmutador de la oficina. “¿Quién se habrá muerto durante el fin de semana?” pensaba yo mientras le devolvía su llamada.

-¿Bueno? Claudia, ¿Cuéntame qué pasa? ¿Cuál es la urgencia? -Ay jefe, se metieron a robar a la oficina. -¿Qué se llevaron? ¿Cuándo? ¿Tú cómo estás?- repuse sin saber en qué orden preguntar las cosas. -Bien, yo estoy bien. Bueno, un poco nerviosa. No sé que se llevaron. -¿Qué crees que pasó? -No sé. Se metieron por el techo. No se metieron a todas las oficinas, sólo a la suya y a la de coordinación. Yo pude pasar como si nada, el guardia ni sabía que habían robado, yo fui quien le dijo. Me senté en mi silla y me pareció raro ver la puerta de su privado abierta, como siempre la cierra, luego me fijé mejor y vi que el cristal de la puerta estaba roto. Me asomé a su privado y había un regadero. Grité y me fui de ahí. -¿Quién está ahí ahora? -Nadie. Desalojaron el inmueble hasta que usted llegue. -¡Que nadie entre hasta que llegue yo a dar indicaciones!

Regularmente me despierto a las ocho y media, me baño, almuerzo, me tomo un café con Carolina, y termino llegando a las diez con treinta, es decir, una hora y media más tarde de mi horario de entrada. Con la llamada de Claudia me levanté igual, a las ocho y media, pero me bañé en chinga, no almorcé ni bebí café. Con la camisa y pantalón arrugados y con una línea de la almohada marcada en la mejilla izquierda, me dirigí a la oficina.

Durante el camino sólo pensaba una cosa: “Seguro los ladrones encontraron el paquete con los discos de porno que guardé en el cajón de la derecha del archivero”. En efecto, tenía guardado en la oficina un paquete con discos. Con suerte se habrían llevado el tambache de películas así como las dejé, envueltas. Eran como 130 copias ilegales de piratería, sin caja de plástico, en su celofán transparente, en juegos de disco y portadilla. Estaban empaquetadas porque el mismo lunes iba a vendérselas o regalárselas a un tipo que tiene un puesto en el mercado que queda cerca de la oficina, no porque me dedicara a venderlas, sino que desde que había conocido a Carolina me hice el firme propósito de dejar el vicio de la pornografía, en consecuencia quería deshacerme de ellas. Pero eso ya no sucedería.

En el mejor de los casos, los ladrones dejarían la bolsa tal como estaba y en el fondo del cajón. Era una posibilidad, aunque muy remota, pues las tenía dentro de una bolsa negra remachada con cinta de embalaje, la cual daba un aspecto sumamente sospechoso. Los ladrones tendrían que ser absolutamente faltos de curiosidad para dejar intacta esa bolsa que gritaba “¡Ábranme putos!”. En un segundo escenario, los ladrones darían con el paradero de la bolsa y se la llevarían, dejándome sin películas pero liberándome de la tarea que tener que deshacerme de ellas. En el tercer escenario, el más terrible, los ladrones destriparían la bolsa y regarían por diversión las películas dentro de mi privado, todo ello a propósito, dándole un toque bochornoso a la escena del crimen, porque eso era mi oficina en esos momentos, una escena del crimen.

Llegué a las nueve con cinco al edificio del Gobierno del Estado. A mi arribo ya se había regado como pólvora el chisme de que los ladrones se habían intentado llevar el dinero de un cajero automático que estaba dentro del edificio, había trascendido que los rateros eran unos principiantes que no sabían que el cajero tenía dentro una caja fuerte que no podrían abrir a martillazos. Había trascendido también que, quizá por capricho, de las cincuenta y tantas oficinas que alberga el edificio de cuatro pisos, sólo se habían metido a mi privado y a otra oficina, ambas en el cuarto piso.

La gente de nuestras oficinas estaba amontonada en una plaza que queda frente al edificio, esperando el momento en el que se les permitiera entrar a trabajar, mientras que la policía estaba en camino. Le pedí a Ruiz, mi empleado más alcahuete, que me acompañara a revisar las instalaciones. Entramos con un agente investigador. Sentía una curiosidad inmensa de ver cómo habían dejado mi privado, de ver qué habían roto, de ver qué se habían robado, y sobre todo, de ver en qué había parado el tema de las películas.

Cuando entramos a mi oficina las películas estaban, en efecto, regadas por todas partes. Las portadillas parecían exhibidas para su venta y yacía uno que otro disco tirado. Nada más a la entrada estaba la portadilla de “Rocco se ensarta a Suzie”, con el semental italiano Rocco Siffredi cogiéndose precisamente a la tal Suzie, al estilo perro y echando una pierna para adelante para joderla mientras le da a chupar uno de sus pies. Junto a esta portadilla estaba “Blackzilla: La peor pesadilla de Papi” en cuya portada está un negro de nombre Shane Diesel que se hace apodar Blackzilla, por aquello de que el rabo le crece por el frente y parece un Godzilla con la cola al frente. La temática es que él es, precisamente, la pesadilla de Papi porque con semejante vergota destartalará a una jovencita que seguro es hija de alguien (el “Papi” en cuestión, que tiene razones para considerar una pesadilla el que el actor se la meta entera a su hijita, causándole cuando menos daño hepático o renal). Y así, portadas por todo mi privado, regadas y sin posibilidad de recogerse porque variarían la escena del crimen, las huellas, las pistas.

Ruiz, que es mi empleado y sabe que no debe molestarme, sólo dibujó una sonrisa socarrona y dijo con la alegría de un niño “Mire licenciado, esa ya la vi” y señaló “Las Putas de Nacho Vidal”.  Iba a empezar a dar explicaciones estúpidas para idealizar el por qué estaban ahí las películas, pero pensé que era una pendejada intentar reparar lo que ya estaba hecho. Por mi mente pasó el recuerdo de una vez traté de hablar de pornografía con Carolina, pero desistí porque ella opinó antes de siquiera entrar al tema: “Yo pienso que los infelices que ven pornografía tarde que temprano terminan pasando vergüenzas”. Ni qué decir, a mí me había llegado mi momento.

Sugerí que se limpiara rápido todo el regadero, pero el encargado de seguridad del edificio había amenazado que todo debía quedarse como estaba porque era escena del crimen. Ruiz ponía cara de madurez, como si dijera, “estas cosas pasan”.
Llegó la policía.

Uno a uno entraron gorilas a revisar la escena del crimen, todos ponían esa cara de “esto de encontrar ciento treinta películas pornográficas por todo el piso es absolutamente normal”. Obvio, ninguno de ellos creía que aquello fuese normal. Era como una manada en la que los policías eran los machos dominantes que de vez en cuando se acoplaban con las hembras mientras yo era un macho periférico e inexperto al cual además se le atorara la verga en un alambre y que sólo pudiera salir de ese predicamento con ayuda de los demás pero sin evitar desgarrarse el pito, y ellos, los policías, más por benevolencia que por otra cosa, miraran para otro lado para no ver mi verga sangrante. La siguiente comunicación se repitió como seis o siete veces:

-¿De quién es esta oficina? -Del Subcoordinador. -¿Quién es el Subcoordinador? -Yo.  Siempre la miradilla despectiva. Todos compadeciéndose de mí. Uno de ellos de plano no me quiso saludar de mano. Pregunté si ya podía juntar todo aquel desastre en vista de que no se habían llevado nada. Dijeron que no, pues estaban por llegar los peritos. Es decir, toda la bola de changos que se habían paseado por mi oficina en realidad no tenían ni por qué estar ahí, pues no encontrarían los ladrones ahí bajo el escritorio.

Cuando creí que las cosas no podían empeorar recibí en mi teléfono móvil otra llamada de Claudia (quien estaba afuera del edificio porque no les permitían entrar) quien dijo: -Licenciado, necesito que salga. Es urgente.

Se cortó la llamada. Intenté marcarle yo, pero su teléfono no admitía mi llamada. Me resultaba más sencillo salir para ver qué era eso urgente que ella decía. Cuando salí y vi quien estaba a lado de Claudia se me heló la sangre. Junto a ella estaba el licenciado Julián Fajardo, ni más ni menos que el Coordinador Nacional, es decir, ese que podía despedirme con un chasquido de dedos estaba ahí, en el peor día y en el peor momento. Con la sangre liviana que tiene Claudia me dijo:

-Mire quien está aquí licenciado. Visita sorpresa.

Yo sonreí maldiciendo las putas visitas sorpresas. El Coordinador Nacional me saludó y me pidió cuentas de cómo estaban las cosas. Le dije que todo estaba bajo control y que no se habían llevado nada. “Hay un desorden en mi privado, pero nada que no pueda manejar” recuerdo haberle dicho.
-Vamos para su oficina…

Me sentí como han de sentirse los ratones que caen en una de esas trampas de pegamento, esos que están vivos pero saben que es cuestión de tiempo que les llegue un martillazo en la cabeza, o que los tiren en la basura envueltos en esa especie de melaza jodida. Cada paso me calaba. Cuando llegamos a mi privado vi que el escritorio no tenía una sola película. Alguien las había juntado. La sangre me volvió. Dije algo chistoso, no se qué fue exactamente, pero algo dije.

Mi alegría duró poco, pues en efecto, nada había encima del escritorio, pero debajo de él estaban todavía muchas películas. “El Anal-ista”, “American Creampie”, “Ten Little Piggies 2”, “Especial de Zoofilia (Vea a la escultural Mónica Mattos chupándosela a un caballo)”, y un vasto repertorio.

El Coordinador Nacional recogió algunas películas, vio las portadillas al revés y al derecho. No parecía conmocionado. Incluso me dio por pensar que le daba alegría el enfrentar una situación así en la que él estaba en una posición sumamente segura y donde yo estaba completamente jodido. Quizá él pensaba que oportunidades como ésta se dan sólo una vez en la vida, prestándose incluso a la anécdota chistosa que podrá contar miles de veces y en la que él no corre ningún riesgo ni deshonra, justo como ver un sismo desde un helicóptero, algo muy del tipo de “Una vez corrí a un pendejo que tenía cientos de películas porno en la oficina y tuvo la puñetera suerte de que entraron a robar y los ladrones no se llevaron nada pero regaron las películas por todas partes”. Sus oyentes dirían “No mames, pinche mala suerte”. Y él diría taciturno, “Sí, el que es pendejo es pendejo”.

Mi trabajo siempre ha sido muy bueno, siempre intenté ser brillante en lo que hacía, pero ¿Cómo lidiar con esto? Pertenecíamos a la Coordinación Nacional del Sistema Nacional de Equidad de Género, ¿Cómo justificar que tuviera yo este material tan pleno de inequidad de género? Podía salir con la estupidez de que estaba yo estudiando al enemigo para comprenderlo mejor, pero ¿Quién creería semejante mamada? En eso, entró un policía con otro tanto de películas.

-Tome licenciado, nos las habíamos llevado para investigarlas.- reía.

El Coordinador Nacional alzó las cejas como diciendo “¿Cómo, hay mas?”, y también se rió, no porque tuviera ganas de reírse, sino porque no había forma de no hacerlo. Nada más me faltaba traer el cabello rojo y ponerme una puta nariz de bolita, o agacharme a juntar las películas y me tronara el pantalón en la línea del culo. Pude por fin guardar en una bolsa de basura todas las películas y refundirlas en un cajón para tirarlas esta misma noche.

De ahí en adelante el licenciado Fajardo desvió el tema de las películas y se comenzó a interesar en el resto de aspectos de aquel conato de robo, incluso me preguntó cómo iban los resultados de la oficina. Parecía que no hubiera pasado nada. En verdad que su compostura me confundía un poco. Sabía de su fama de patrón culero, y su agudeza era casi mítica, pues pesaban sobre él leyendas de que a sus treinta años había hecho llorar a un Coordinador Estatal de Chihuahua con sólo mirarlo, y que la escena dio pena porque el llorón tenía cincuenta y siete años. Yo no entendía nada, prefería que si me iba a correr me lo dijera ahí, a solas, sin aplazar la ejecución.

La gente entró a laborar y el Coordinador Nacional fue muy amable con todos. Apenas el viernes tenía yo la ilusión de que me ascendieran al puesto de Coordinador Estatal, de hecho me había estado haciendo cargo de todo desde hacía dos meses que dicho puesto estaba vacante, pero hoy la cosa era muy distinta, pues con suerte y me despromocionarían, cuando no que me iban a echar a la calle. De manera sorpresiva el licenciado Fajardo me preguntó enfrente de todo mi personal: -¿Qué me dices, mi buen Ricardo, aceptas mi invitación a incorporarte a mi equipo como Coordinador Estatal?

Yo balbuceé. Se me inundaron los ojos de lágrimas. La gente creía que estaba yo conmovido por el ascenso. Nadie, excepto Ruiz, comprendía que lo que me alegraba no era el asenso, sino el no despido. Incluso el buen Ruiz me guiñó el ojo seguro de que yo le cedería mi puesto por encima de los demás compañeros del mismo nivel, no porque fuese el más capaz, que lo era, sino simplemente porque no ascenderlo aflojaría su lengua como la de una vaca loca. Él sabía lo de las películas y con su guiño me lo estaba recordando. En un microsegundo descubrí que estaba ante algo a lo que no estaba acostumbrado. -Claro que sí, Señor, Acepto.

Fajardo me indicó que volviéramos a mi privado, me ordenó que cerrara la puerta con llave, y luego me pidió que sacara del cajón la bolsa donde había guardado las películas. Sin saber para qué las querría, las saqué. Saqué del escritorio la bolsa repleta de películas porno. El licenciado Fajardo me miraba inquisitivo y yo me movía torpemente. La situación no podía ser más incómoda. -Ponlas sobre el escritorio…

Sin pensarlo comencé a colocar las películas en el escritorio, pero de una manera inconsciente las estaba acomodando por género. No me hubiera dado cuenta de ello, a no ser porque Fajardo dijo:
-Pinche Ricardo. Si serás metódico. ¿Las estás acomodando? -No lo sé, Señor. -Pues mira y dime. Miré… y le dije.  -Pues al parecer así es. -¿Qué criterio seguiste, si se puede saber?

La mirada del licenciado Fajardo era pesada, escrutadora, desarticulante. Tardé en contestar, no porque no pudiera hacerlo rápido, sino porque estaba atónito ante una conclusión que acababa de sacar: Sólo había una razón para que Fajardo pudiese descubrir que las estaba acomodando: que él mismo reconociera el refinado vínculo entre las películas de cada grupo, es decir, que él conociera también los criterios de clasificación. De alguna manera él sabía el nexo invisible entre los distintos grupos de títulos. No quise exponerlo, así que contesté su pregunta:

-Créame que lo he hecho sin pensar, pero sí, creo que hay un orden en esto. Las de acá son del género gonzo, que es una vertiente que pretende ser espontánea y retrata un falso realismo; estas de acá son producciones de un director italiano que se llama Mario Salieri, estas otras corresponden a una actriz que se llama Brianna Love… -Escucha las chingaderas que me estás diciendo Ricardo.  Guardé silencio. Luego de ese silencio incomodísimo balbuceé.

-Me da mucha pena toda esta situación, licenciado, de verdad. Le juro que nunca más traeré pornografía a la oficina. Sé que resulta irrelevante cualquier explicación que yo le dé a esta situación, pero se la diré de todas maneras: había traído estas películas para deshacerme de ellas con un tipo del mercado…

-¿En qué año naciste, Salas? -¿Perdón?-¿Qué en qué puto año naciste?-En 1969, Señor.
-¿Cuándo viste la primer cinta porno de tu vida?-Supongo que por allá de 1983, en un cine que permitía la entrada de quien fuese. -Eras menor de edad. -Sólo respondo su pregunta, Señor.
Fajardo dio una respiración profunda y exhaló como si soltara un pedazo de su espíritu. Arqueó las cejas y su cara dejó aquella expresión severa para asumir una faz más bien triste. Todo entró en una calma chicha.

-Te envidio, mi buen Ricardo.-No comprendo- Contesté con interés verdadero.-Sí, te envidio. No digo que estuviese bien que hubieses estado expuesto a la pornografía a tan temprana edad. ¿Cuántos años tendrías? ¿Catorce? No importa. Lo cierto es que la oportunidad para ti fue así, no hubieras podido ver el porno a los veinte porque sencillamente no habías nacido antes. Naciste en el sesenta y nueve, qué se le va a hacer. Estabas en pleno desarrollo psicosexual y fue entonces que te tocó ver el mejor cine porno, como se debe, en una sala de cine. No comprendo cómo es que tienes toda esta mierda –comenzó a tomar en sus manos algunas portadillas, las cuales comenzó a aventar con desdén en la bolsa de basura-, esto es una mamada de cine.

Yo nací en 1979, cuando hubiere tenido oportunidad e interés de ver porno ya se producía pura basura. Créeme Salas, nunca te avergüences de haber entrado al cine siendo un menor, pues era así o no era de ninguna manera. La era estaba en tu contra. Sólo sobreviviste. Los ochenta eran una mierda en general, lo único digno que se hizo en ese entonces era el porno.

-Supongo que tiene razón en lo que dice, Señor.-Puedo ver que no puedes evitar clasificarlo todo. Eres un espécimen raro, Ricardo. Todo te ha de parecer extraño. ¿Nunca te ha dado por escribir cosas cachondas?

-Una vez Señor. Como celebración al no sé qué centenario de Don Quijote pretendí escribir mi propia versión alternativa de la obra de Cervantes; la iba a llamar Don Cachote. Así como Don Quijote narra la historia de un hombre que de tanto leer historias de caballerías se vuelve loco y va por el mundo creyéndose que el mundo es un mundo de caballeros andantes, yo escribiría acerca de un hombre que de tanto ver porno y leer relatos eróticos enloquecía e iba por el mundo creyendo que la realidad era una realidad porno, colocándolo en toda serie de situaciones chuscas. -Muy complicado Salas, para ello necesitas haber leído Don Quijote. -Lo hice, pero tardé tanto que cuando acabé ya no era año de su aniversario.

Su rostro comenzó a tornarse duro. La amabilidad y la sinceridad de Fajardo se estaban esfumando ante mis narices. Con un gesto me dio a entender que no me creyera que entre él y yo podía haber confianzas. Él estaba regresando a su olimpo, y yo volvía a ser su vasallo. Respiró hondo pero corto. Con mímica me hizo sentarme en mi silla, detrás de mi escritorio, con la superficie repleta de películas pornográficas. Con velocidad de alguacil sacó su teléfono móvil y con la cámara me tomó una foto. El muy cabrón me la mostró. Aparecía yo muy campante con mi escritorio lleno de portadillas, la más visible la de “MILF who love Freak Brothas”, es decir, una ruca rodeada de dos vergas negras de prótesis.

-Te advierto que nada de lo que estamos platicando ahora debe saberse fuera de estas cuatro paredes. Te advierto que puedo correrte cuando me de la gana. Vas a conducir esta oficina con los mismos resultados que hasta ahora, pero además vas a tener que hacer una tarea especial para mí. Vas a ir a una tienda de computación y vas a comprar con tu dinero una memoria de ciento cincuenta gigas, y vas a concentrar ahí las películas que creas que son significativas en la historia del porno, y además deberás redactar una reseña de cada una de ellas. No quiero que me hagas reseñas técnicas, sino que escribas cómo apreciaste tú la película, lo que significó para ti. Me vale una chingada si la película de que se trate está en ruso, tú me vas a anotar qué entendiste. No quiero que busques traductores ni que me trascribas críticas ajenas. No quiero que seas un sabio.

Cada día esperaré que me mandes a mi cuenta de correo electrónico las dos reseñas que puntualmente deberás mandar. Cuando llenes los ciento cincuenta gigas quedarás liberado. Entre tanto, y puesto que veo que no tienes secretaria, te mandaré una de mi absoluta confianza que no sólo te ayudará con las necesidades de la oficina, sino que te ayudará a que puedas cumplir tu misión. ¿Hay alguna duda?
-No Señor. Se puede decir más fuerte pero no más claro.

Ese es el inicio de la historia. Han pasado muchas cosas desde entonces. El recuento de los daños es como sigue: Me he quedado con un amor y he recaído en el porno. Me queda un texto que explica cómo integré el catálogo de películas XXX significativas, que he titulado “Vintage”. Me deja un escrito en el que cuento mi particular historia de la pornografía, al que he titulado “La Vie in Porn”. Permanecen numerosas reseñas de películas, identificadas bajo la serie “Stag Life”. Y por último, me queda en el bolsillo una memoria USB de 150 gigas repleta de cine Vintage y meses de trabajo que me resisto a borrar pero no he podido vender.

Complicado.

Autor: Jilo

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Retraído y tímido, pero no tanto

Empecé a recorrer su boca con mi lengua. Otro tabú roto. Tocamientos, mamadas, besos. Yo estaba entregado. Y mi vecino lo sabía. Dentro de mí surgió el deseo de ser suyo. Otro tabú se caía, quería que esa polla que tocaba y mamaba me penetrase, me bajé el slip y el pantalón, le ofrecí mi culo para que lo tocara, cosa que yo deseaba y me penetrara si él lo deseaba o lo quería.

Vivo en Alemania pero cada 2 meses voy a Madrid. En septiembre entré en un cine de Madrid donde una vez me hicieron una paja y yo la hice.

Había dejado atrás mi timidez que era un impedimento para repetir aquellos momentos que recordaba muy agradables.

A los pocos minutos de haber entrado ya me habían rozado varias veces el paquete por encima del pantalón, me calenté de inmediato y mi paquete no demoró en ponerse bien empinado.

Decidí sentarme y a poco alguien se sentó a mi lado. Comenzó el tocamiento disimulado en el muslo y por encima del paquete. Yo me dejaba hacer, me estaba agradando, si bien me puse un poco tenso !ah esa timidez!

Mi vecino de asiento me abrió la bragueta del pantalón y por encima del slip me apretaba muy suavemente la polla, se notaba que lo hacía con gran satisfacción. El placer empezaba tanto para él como para mí.

En un momento en el que dejó de sobarme bajé el slip y apareció mi polla. Mi vecino aprovechó, se agachó metió mi miembro en su boca y me dio una corta mamada. Me atrajo hacia sí y quiso besarme. Yo no abría la boca.

Y cambió de táctica. Me apretó los pezones muy fuerte. Me hacía daño y quité su mano. Me subió la camisa y empezó a besar y chupar mis pezones como si fuesen los de una mujer, como si intentase sacarme leche y de vez en cuando pasaba sus dientes con suavidad y así con placer empecé a fantasear que era una hembra y mi vecino un macho hambriento. Intentó de nuevo besarme y no me dejé, pero eso no fue inconveniente para él.

De nuevo me dio una mamada a la polla, esta un poco más larga, otra vez besos de hombre a mis pezones y vuelta a besarme en los labios.

Yo no quería abrir la boca y estiré mi mano para tocar su polla, ya estaba engrasada, unos movimientos y empezó a gemir. ¿Fueron esos gemidos? ¿Fue mi calentura? No lo sé pero me arrodillé y le di una mamada metiéndomela hasta el final de la garganta. Era mi primera vez y me había prometido no hacerlo nunca.

Volví a sentarme para recuperar el aliento. Momento que mi fugaz amante aprovechó para besarme en la boca, poco a poco fui abriendo mi boca, dejé que su lengua recorriera una y otra vez mi boca.

Y empecé a recorrer la suya con mi lengua. Otro tabú roto. Tocamientos, mamadas, besos. Yo estaba entregado. Y mi vecino lo sabía. Dentro de mí surgió el deseo de ser suyo. Otro tabú se caía, quería que esa polla que tocaba y mamaba me penetrase, me bajé el slip y el pantalón, le ofrecí mi culo para que lo tocara, cosa que yo deseaba y me penetrara si él lo deseaba o lo quería.

En ese momento en mi cabeza estaba el pensamiento de ser por una vez mujer de alguien, de que alguien me hiciese suyo.

No quiso, siguió concentrado en el toqueteo e ignoró mi culo. Decepcionado miré a mi alrededor donde se habían congregado algunos mirones y me entró el deseo de tocar y chupar otras pollas y dejarme hacer lo que quisieran. Los mirones lo notaron y alguno se bajó el pantalón y se acercaron pero mi vecino apartó al que más cerca estaba de mí.

Y habló por primera vez…

-Vamos delante allí tenemos más sitio.

¿Que me pasó?

¿Quizás la decepción de que no había hecho caso de mi culo pudiendo hacerme su hembrita sin siquiera pedírmelo?

¿Quizás que apartó a los demás no dejándome que me hicieran puta cuando yo sí lo quería y lo deseaba firmemente?

Me levanté y me fui.

Y ahora se que tengo que volver, si la timidez me deja, que me dejará, porque tengo que contestar a estas preguntas: ¿Quiero ser hembrita de un solo hombre o quiero ser putita de varios? Cualquier respuesta que encuentro me pone muy caliente.

A veces pienso que sería bueno encontrar alguien que me introdujese con paciencia en el placer gay, que rompiese mi timidez y mi culo. Ser pasivo y esto me fascina, lo deseo con todo mi cuerpo, y si él quiere alguna vez activo.

¿Alguien me puede ayudar en esto (en Madrid o hasta 300 Km alrededor) o en resolver mis dudas?
Aunque sea por correo electrónico.

Autor: Retraídoytímido

Y ahora a bajar un buen video y a gozarla… Clika aquí http://www.videosmarqueze.com/ no te lo prives.

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Vaya con mi mamá

Nuestros manejos ya habían hecho mella en la desconocida, cuando sus jadeos eran muy frecuentes, lo cual indicaba el grado de excitación al que la habíamos llevado, se inclinó hacia el desconocido y extrajo su pene erecto metiéndoselo a la boca, dejándome su culo a la mano, sin perder un solo segundo le introduje un dedo, lo movía en pequeños círculos dentro de su cálido orificio trasero.

Les voy a platicar la experiencia que tuve unos días atrás, tengo 18 años y les voy a narrar cuando descubrí que tan puta podía llegar a ser mi mamá, a la cual les voy a describir, ella es morena de ojos verdes, con 35 años cumplidos, ya que nos tuvo muy joven y se separó de mi padre hace poco tiempo, tiene un cuerpo capaz de resucitar a un muerto, tiene un culo a lo Patricia Montero y unos senos grandes y firmes como de una jovencita, ya que ella acude a clases de aeróbicos, por lo regular viste de forma muy provocativa, como por ejemplo vestir mallones de colores claros donde se marca a la perfección su ropa interior, y como ella gusta de usar tangas, ya se imaginarán el espectáculo, también viste minis bastante breves de vuelo amplio, donde si se inclina un poco se puede apreciar el nacimiento de sus enormes nalgas, y continuamente despierta la bajas pasiones a su paso por las calles, ya que en repetidas ocasiones nos ha platicado a mis hermanas y a mí, cómo cuando va por la calle algún tipo de vez en cuando se atreve a tocarle el culo y decirle palabras candentes como:

– Que buenas nalgas tienes zorrita.

Incluso algunos de mis amigos me han mencionado lo buena que está mi madre y que como desearían follársela, lo cual en ocasiones me enfada, y por más que le decimos que se vista menos sensual nunca nos ha hecho caso, por lo que nosotros terminamos por ya no decirle nada.

Pero mi forma de verla cambió un día cuando me encontraba paseando por el centro de mi cuidad, caminaba sin rumbo alguno, cuando me topé con un cine donde se proyectaban películas porno, como no tenía nada que hacer decidí entrar a la sala, todo estaba en penumbras dado que ya había empezado la película, entre jadeos del sonido de la cinta, me apresuré a tomar asiento, una vez que me acomodé y mis ojos se acostumbraron a la poca luz, me puse a observar un poco a mi alrededor, cuando escuché cierto murmullo de la gente, y es que la silueta de una solitaria mujer se aproximaba por el pasillo central, y por suerte se sentó en la fila frente a mí, no acababa de sentarse cuando se sentó un tipo junto a ella, después pude observar como el fulano comenzaba ciertos avances con la chica, ya que podía apreciar cuando la iluminación de la cinta lo permitía, como su mano comenzó a tocar sus desnudas piernas, sobando delicadamente sus rodillas y deslizándose por los bellos muslos de la mujer, ya que la tipa llevaba un vestido delgadito de verano con botonadura por la parte frontal.

Yo comencé a poner más interés en la pareja que a la película, ya que al paso del tiempo la mujer abrió sus piernas y se recostó un poco en el asiento, supongo que para facilitar el acceso de la mano a su monte Venus, y pude notar como la mano del tipo desaparecía bajo su falda, en ese momento me dije; – Yo también quiero disfrutar de la golfa- y acto seguido me paré semi agachado y me situé del lado libre junto a la desconocida, y casi de inmediato comencé mis avances, tocando sus piernas, las cuales se sentían perfectamente formadas y duras, traté de tocar su sexo pero me topé con la mano del otro individuo, por lo que opté por incursionar en otro lado, y noté que el vestido era levantado en su parte alta por un desarrollado par de inmensos senos, por lo que pasé mi brazo por sobre su hombro y metí mi mano bajo el vestido, y qué sorpresa notar que no existía el sujetador, sus tetas eran como un par de rocas, de lo firmes y juveniles que se sentían, por lo que me apoderé de sus erectos pezones, me afané en frotar con mis dedos esos duros botones, pero me moría por ver de fuera ese delicioso pecho, fue hasta en ese momento en que reparé en su rostro y pude notar que portaba unas gafas oscuras.

También noté que llevaba un tipo de peluca, y comprendí que era para guardar su anonimato, por lo que continué en mi labor de liberar el par de tetas de su encierro, por lo que abrí los botones del vestido dejando de fuera sus tetas, y como el tipo que también manoseaba a la hembra ya había desabotonado la falda por la parte baja el vestido terminó completamente abierto, cayendo totalmente de su cuerpo y quedando en la butaca, solo quedó vistiendo un pequeño tanga de satín color negro, al fin pude admirar ese bello cuerpo casi al desnudo, portaba un vientre perfectamente plano, el cual enmarcaba una breve cintura y sus deliciosas caderas, y ni mencionar lo delicioso que se apreciaba su sexo, de inmediato, el desconocido y yo, le magreamos todo su cuerpo, mamamos sus tetas, metimos los dedos en sus orificios cálidos, sentimos sus fluidos por su cálida raja, yo me apropié de su pequeña tanga, ya que en rápido movimiento se la arranqué de sus nalgas y la olí, era el perfume más delicioso del mundo.

Para esos momentos nuestros manejos ya habían hecho mella en la desconocida caliente, cuando ya sus jadeos eran muy frecuentes, lo cual indicaba el grado de excitación al que la habíamos llevado, se inclinó hacia el desconocido y extrajo su pene erecto y húmedo, metiéndoselo de inmediato a la boca, dejándome su culo y ano a la mano, sin perder un solo segundo, le introduje un dedo en el ano, lo movía en pequeños círculos dentro de su cálido orificio trasero, notando a la perfección cada rincón de sus calientes intestinos, noté como la mujer se estremeció con mi acción, sus movimientos de mamar se hicieron más frenéticos y rápidos, y en unos minutos me percaté que el fulano eyaculaba, y como su semen chocaba en la cara de la mujer, quién con su dedo índice apuraba los restos de semen para metérselos a la boca y tragárselos, de inmediato se volteó hacia mí y repitió la operación con mi pene, era magnifica mamando la verga, y como el desconocido, yo también no tardé en eyacular sobre su rostro.

Mientras nos recuperábamos, ella tomó su vestido y se lo puso, y en un rápido andar abandonó el cine, yo tenía ganas de ver si podría lograr llevarme a la desconocida a follar a un hotel, así que me apresuré a seguirla, ella caminaba muy rápido por lo que no lograba alcanzarla, en un callejón ella dobló para meterse al mismo, y al acercarme sigilosamente me percaté que la tipa se deshacía de su peluca y de las grandes gafas, al mirar su rostro casi me voy de espaldas, ¡era mi madre!.

En un principio un gran enfado me golpeó la cabeza, me contuve para no lanzármele encima y gritarle lo puta que era, pero después al recordar lo que sucedió en el cine, me calmé ya que le iba a sacar ventaja a la situación, por lo que esperé a que terminara de arreglarse la ropa, y la seguí de lejos, donde me percaté que abordó el metro, y cuando ella entró yo me metí detrás de ella, al reconocerme me preguntó: – ¿Qué haces en este lugar? , por lo que me acerqué a su oído y le dije:- Tú eres la que me tiene que explicar lo que hacías en el cine porno.

Ella palideció y me dijo una vez repuesta de la impresión. – No sé de qué hablas, y yo sólo le dije que no fingiera, acto seguido metí mi mano a mi bolso y le mostré su tanga, ella se puso más pálida que un fantasma, y no articuló palabra alguna, a lo que aprovechando su estupor, le tomé su culo por encima de su faldita, colocando mis dedos en la raja de sus enormes nalgas, mientras le apretaba sus duras carnes, ella me dijo: – Déjame, soy tu madre, a lo que le respondí – No parecías mi madre cuando me mamabas la verga.

Ella sólo guardó silencio, y yo aprovechando que el vagón venía lleno, deslicé mis manos bajo su delgado vestido, tomando sus nalgas directamente y en un rápido movimiento, sin darle oportunidad de nada le volví a introducir un dedo en el ano, ella no emitió sonido alguno, por lo que le dije que si no se convertía en mi esclava, mis hermanas se enterarían de lo golfa que era su madre, ante esto mi madre sólo emitió un leve quejido como de sollozo, mientras hablábamos yo ya había extraído mi pene del pantalón y llevé su mano directo a el, le ordené que me hiciera una paja, a lo que ella sin chistar me obedeció…

Que grato era sentir su cálida mano subir y bajar la piel de mi caliente miembro, una vez que mi pene no podía estar más empalmado, le retiré su mano de mi pene y comencé a frotarlo por el canal de sus nalgas, mientras una de mis manos se introducía por los botones delanteros del vestido para apoderarme de sus paradas tetas, la otra de mis manos le tocaba su depilado coño, el cual aunque parezca mentira ya estaba lubricado por sus fluidos, tanto que ya no logrando aguantarme, acomodé la punta de mi miembro en la entrada de su vagina y se lo metí de un solo empujón.

A lo que ella sólo emitió un quejido apagado, y se inclinó levemente y se paró sobre las puntas de los pies, con lo que me facilitó que mi pene entrara hasta la empuñadura, así escondidos entre el gran número de gente, comencé a bombear a mi madre, lo cual me ponía a mil por dos razones, imagínense follar a su madre y no sólo esto sino para colmo en un lugar atestado de gente, no sé cuánto tiempo follamos a bordo del vagón en movimiento, ya que llegamos a nuestro destino y yo seguía dentro del cálido chocho de mi madre, cuando ella me dijo que me apurara ya que teníamos que bajar, por lo que saqué mi pene y eyaculé fuera de ella, golpeando mis chorros de semen sus enormes nalgas, notando perfectamente cómo se quedaron los hilos de semen en sus carnosas nalgas y con su mismo vestido le limpié su culo lleno de lefa, dejando mojada la tela del vestidito delgado de verano.

Una vez abajo, parecíamos una pareja de enamorados caminando bien abrazados, ya que mi madre después de descubrir que tenía un hijo capaz de darle tanto placer, ya no pensaba desperdiciarme ni un minuto más, nos alejamos por un callejón oscuro, donde la volví a tomar por debajo del vestido, tomando el nacimiento de su culo, y nos prometimos, que de ahora en adelante repetiríamos este tipo de cogidas y que incluso nos platicaríamos nuestras fantasías, para que las efectuáramos juntos, pero ya después les narraré las fantasías de mi madre y mías.

Saludos y dulces pajas.

Autor: T.T.

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