Su primera vez, Juanita y Clara

Estimulé con el pene, su clítoris, y la vagina, con los dedos la fui abriendo y de a poco fui penetrando con el juguete. Lentamente su sexo fue cediendo y el juguete penetrando, hasta que topé con el himen. Allí presioné con un poco más de fuerza, y alcancé la victoria.

Juana, era una chica muy joven y desorientada. Era muy bonita, rubia y gordita con unos senos y una cola que daban ganas de morder. Era alumna de guitarra de mi amiga Ivana. Tenía mucha curiosidad y morbo por el hecho de que viviéramos juntas. Si bien sabía que no éramos pareja, también sabía que ambas éramos lesbianas. Ivana tenía una novia hacía varios meses, pero yo estaba sola.

Juana  vivía con unos tíos en la ciudad,  pues sus padres eran del interior. A mí me encantaba esa chiquita, me ponía a mil cada vez que pensaba en ella. Mi compañera  y yo somos mujeres grandes que hace tiempo vivimos juntas. Nuestra vida es tranquila, nos queremos y respetamos  mucho. Mi  vida sexual es bastante activa a pesar de que ahora no tengo pareja estable. En fin, Juana alimentaba cada día mi tentación de ser una “come niñas”. Ella era totalmente vulnerable, era muy joven, curiosa y ardiente, y la idea de ser su primera amante me fascinaba tanto que estaba dispuesta a arriesgarme.

Durante semanas la observé, fui amable y dulce con Juana, hasta que una tarde mientras esperaba a Ivana, me acerqué a conversar e insinuarme. Ella se puso muy nerviosa, pero no me rechazó, y eso alentó mi conducta.  Durante un par de semanas fuimos intimando, hasta que una tarde me contó que debía ir al ginecólogo, pues alguien se lo había recomendado, ella tenía 18 años y nunca había ido a una revisión médica ginecológica. El hecho es que no quería que su tía se enterara, pero tampoco quería ir sola. Entonces, me ofrecí a acompañarla y aceptó.

Fuimos una tarde, yo le tomé la mano unos instantes para darle confianza, mientras estábamos en la sala de espera. Entró, demoró un buen rato, y salió totalmente tensa, sudorosa y avergonzada. La invité a pasar por casa, y conversar del tema, pues si bien la doctora había sido muy paciente y comprensiva, era la primera vez que se desnudaba y era examinada íntimamente. Llegamos a casa, conversamos y traté de bromear un poco para que se distendiera, luego de un rato lo conseguí.

Clara – Juana, debes quedarte tranquila, es una revisión normal de las que tendrás muchas a lo  largo de la vida. Juana – lo sé y me habían advertido que no era agradable, pero igualmente me sentí muy avergonzada. Clara  -bueno ya verás que todo mejora con el tiempo, y además todo será mucho más natural cuando tengas intimidad sexual con una pareja. Vas a rogar que te toquen la conchita, ya verás, je, je.

Juana, sonrió y bajó la mirada. Yo estaba muy caliente con aquella niña, pero era claro que ese no era el momento de avanzar, de todas maneras hice mi primer intento. Nos sentamos en la cocina a tomar un café, le tomé la mano casi todo el tiempo, y finalmente al despedirnos la besé prácticamente en los labios. Me miró sorprendida, pero no rechazó el mimo, sonrió y se fue. Le pregunté cuando tenía clase y como me contestó que faltaba una semana, me ofrecí, si lo necesitaba a ser su amiga para conversar cuando lo necesitara. ¡Sorpresa! Suerte para mí, el domingo a la tarde, Ivana había salido con su novia, y sin avisar Juanita llegó a mi puerta con ganas de conversar.

La abracé con cariño y nuevamente le di un beso atrevido. Nos sentamos, cerca de la estufa a leña, le ofrecí una copita de licor. Al cabo de un rato, yo estaba muy cerca de ella y lista para avanzar:

Clara – ¡Me gustas mucho, Juana! Quiero estar contigo, ayudarte, enseñarte cosas, hacerte feliz. Juana – no te entiendo, yo no estoy segura de esto, contigo me siento bien, pero nunca pensé en otra cosa. Clara – déjate llevar, no te pongas nerviosa, yo puedo ayudarte a pasarlo bien, sólo tienes que tener confianza en mí y relajarte.

Susurrando estas palabras en su oído, tomé su mano y la puse sobre mi pecho, su mano se llenó de mi seno y ella instintivamente lo acarició y presionó. Mmmm que rica sensación, desear y ser deseada. La besé muy suavemente, y me retiré para mirarla y ver su rostro: sus ojos estaban cerrados, su expresión era de asombro. Ella trataba de procesar lo que sentía. Abrió sus ojos y se encontré con los míos. Sonreímos, le pregunté si todo estaba bien, y su silencio fue una tímida invitación. Déjame verte, le dije y comencé a abrir su blusa. Fue una lucha excitante, la tímida y curiosa virgen, versus la mujer experimentada y muy caliente.

Momentos más tarde, su torso estaba despojado por completo, sus tetas eras hermosas, grandes, suaves, y mías. Yo estaba sentada frente a ella, acariciando sus pechos, mirándola a los ojos y besándola suavecito. Ella se recostó en el sofá, giró la cabeza hacia un costado, y comenzó a respirar agitadamente. Nos besamos durante varios minutos, fue maravilloso sentir su aliento caliente, su ansiedad, mi lujuria. Me arrodillé frente a ella, tratando de abrir sus piernas, mientras ella no me miraba, y se resistía. “Juana, Juana, mírame por favor, por favor. Ay mamita relájate, déjame tocarte, te aseguro que vas a estar bien.” Giró su cabeza, al frente, me miró, y me dijo: “tengo mucha vergüenza, vergüenza de sentirme tan excitada”.

Me puse de pie para inclinarme sobre ella y besarla mucho. “¡Niña tonta!, no hay razón para sentir vergüenza por ser feliz,  y sentir deseo. Yo te deseo, tú me gustas mucho desde hace tiempo. Si quieres irte, vete ahora, yo no te voy a obligar a nada, pero estoy segura de que tú deseas esto, tanto como yo”.  La tomé de la mano y fuimos a mi cuarto. Allí se acostó, mientras yo me desnudaba para ella. Me acosté a su lado, y conseguí vencer su resistencia, mi mano acarició el interior de sus muslos. Sus piernas cedieron a la presión y descubrí la conchita más húmeda y perfumada.

¡Mi nena, estás muy mojada! ¿Te gusta sentir mis manos?  “¡Ay Clara, no puedo más del gusto, gracias, te quiero mucho! Este es un momento increíble de mi vida.”

Estaba muy excitada, y en ese momento ya no había vuelta atrás. Acaricié su vientre rollizo, ¡ufff que morbo! Subí su falda, le quité la bombacha,  y separé sus piernas para acariciar su vello púbico, los labios de la vagina, el clítoris ardiente, y finalmente hice pequeños círculos con la yema del dedo rodeando su vagina. Su cuerpo se arqueó en un primer orgasmo, su vientre se hinchó y gritó con fuerza. Unos minutos después, la besé con toda mi lengua y volví a tocar su sexo, nuevamente se sintió en la cima, apretaba sus pechos con ansia, lloraba de placer. Comencé a acariciar los rollitos de su vientre, su respiración todavía era agitada, pero estaba relajada. Desnuda a mi lado, con las piernas abiertas, y buscando mis labios, para repetir el beso. Esa chiquita era lo máximo,  estaba en mi cama, y lo estaría por mucho tiempo más.

Al cabo de un rato, sus manos comenzaron a buscar mi cuerpo, mis pechos, su boca succionaba mis pezones.  Mamó mis pechos, mientras se abrazaba con fuerza a mí, luego tímidamente buscó mi sexo. Estaba turbada y no sabía que hacer, su mano se quedó muy quieta entre mis piernas. Le indiqué que moviera los dedos, que me acariciara, suavecito. Así de a poquito se fue animando y sentir mi humedad la excitó, entonces se inclinó sobre mí para mamar mis pechos, y acariciarme más intensamente, sus dedos se resbalaron dentro de mi vagina. Fue muy intenso sentir su mano tímida, pero ávida, dándome placer. Nos dormimos un rato y al despertar, Juana se sintió rara, avergonzada, confundida. Estábamos desnudas y abrazadas, su cabeza y su mano descansaban en mi pecho. La besé rico y ella respondió, pero enseguida quiso levantarse.

Clara – a dónde vas Juani, espera no me has dicho nada, ¿cómo te sientes? Juani – estoy confundida, nunca había pensado en acostarme con una mujer, pero la verdad fue muy bueno, tú me hiciste sentir muy bien. Estuve tan excitada todo el tiempo, que siento todo el cuerpo dolorido. Clara – anda vuelve a la cama, y te daré un masaje, no te vayas todavía, quiero tenerte otra vez.

Ella seguía caminando hacia la puerta, entonces me levanté, me acerqué para abrazarla, y sentí como sus piernas se aflojaban. Puse mis manos en su culo redondo y la apreté contra mí.

Clara – anda niña, ¿quieres volver a la cama?

La besé, y ella bajó la mirada, pero volvió a la cama. Le pedí que se pusiera sobre la cama en cuatro, y me acomodé para acariciar y explorar su culo y su sexo por detrás. Ella comenzó a gemir, otra vez y de inmediato se humedeció. Metí mi dedo en su sexo, se sentía muy apretado y caliente. Metí mi dedo en su ano, todavía más apretado. El orgasmo la hizo caer sobre la cama. Quiso darse vuelta, pero no la dejé, le pedí que se quedara así y abriera las piernas, yo quería desvirgarla.

Clara – Juani, quiero que seas mi mujer, quiero desvirgarte, ¿te gustaría? Juani – ¿Qué dices? Estás loca, quisiera irme a casa, por favor.

Se asustó mucho, me dejé llevar por la lujuria y ella no estaba preparada. La tranquilicé y la llevé a su casa. Durante más de una semana no vino a sus clases ni llamó, hasta que una tarde la llamé y le pedí que viniera para conversar. Cuando llegó la noté tranquila, relajada, entró sonriente y nos besamos en la boca. Nos sentamos a conversar:

Clara  – te extrañé mucho, me encantó estar contigo. Juani – yo estoy confundida, pero la verdad también te extrañé.

Me incliné para besarla, y nos besamos y acariciamos muy rico. La invité a la cama, pero se resistía así que tuve que trabajarla un poco:

Clara – vamos amor, tengo ganas de tu sexo mojado, ya sabes que me enloqueces y estoy segura de que serías feliz conmigo. Quiero que seas mi hembra.

Mientras decía esto, mis manos estaban en sus tetas, y su vientre, ya desnudos. Su temperatura subía, ya podía adivinar el olor de su sexo mojado. Sus piernas comenzaron a ceder, y volví a insistir, “vete a la cama, ya te alcanzo”. Se levantó despacio, y caminó delante de mí sólo con su pantalón puesto.  Después de unos minutos entré al cuarto, con un pene delgado atado a mis caderas, ella estaba parada frente al espejo. Me paré a su espalda, abracé su cintura, acaricié su vientre, besé su cuello, sopesé sus tetas, las sacudí para hacerla reír. Nuevamente insistí: “quiero desvirgarte, ya verás que no te duele, yo lo puedo hacer mejor que cualquier macho. ¿No quieres ser mi amante?”

Ella estaba excitada, pero insegura, continuamos con las caricias y los besos, caímos sobre la cama, me acomodé entre sus piernas y así las separé, tomé un frasco de lubricante e inundé su concha.  No volví a preguntar, ya no le pedí permiso, puse un almohadón bajo sus caderas y  le di las instrucciones:

“Aflójate mamita, déjame hacer y verás como gozas, no te asustes cuando veas un poco de sangre, es el himen que voy a romper, sabes”.  Ella se puso algo tensa, me miraba con sus ojos grandes, estaba a punto de llorar de los nervios. “Shhh, amorcito, todo irá bien, relájate, yo te quiero”.

Estimulé con el pene, su clítoris, y la vagina, con los dedos la fui abriendo y de a poco fui penetrando con el juguete. Lentamente su sexo fue cediendo y el juguete penetrando, hasta que topé con el himen. Allí presioné con un poco más de fuerza, y alcancé la victoria.

Ella sintió algo de dolor, pero enseguida sintió el placer de mis caricias. Organizamos una mentirilla para que  pudiera pasar la noche conmigo, le avisó a sus tíos y todo arreglado. Nos metimos en la bañadera, y allí estuvimos un buen rato, nos masturbamos mutuamente. Luego nos vestimos pues Ivana, llegaría en cualquier momento.  Así pasamos semanas, en una locura de sexo, sexo y más sexo. Nos enamoramos como unas locas, sin importar los 25 años de diferencia.

Autor: AmandaZ

z.amanda@mailcity.com

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Continúa el romance de Clara y Teresa

Abrí mis piernas, ella se paró a los pies de la cama a observar mi humedad, luego se acostó a mi lado y me acarició suave y amorosamente hasta que me corrí en su mano. Toda su mano estaba en mi vagina, y se movía, giraba, entraba y salía. Sus ojos no se apartaban de los míos, su respiración se confundía con la mía. Era como si el tiempo nunca hubiera pasado, una comunión perfecta.

Luego de aquel fin de semana increíble, de un reencuentro que nunca pensé tuviera tanta pasión, me volví a casa. Los siguientes días, fueron interminables, la extrañaba mucho, si bien hablábamos todos los días y nos decíamos lo mucho que nos queríamos y nos hacíamos falta, yo no resistía la soledad. Lloraba en el teléfono como una niña.

Todo lo bueno del reencuentro, se tornó en una pesadilla de soledad y ansiedad sin control.  Una noche la llamé muy tarde, y hablamos hasta la madrugada. Ella no podía dejar su trabajo, y quería que yo me fuera a vivir con ella. Yo estaba confundida, pero la necesitaba mucho, finalmente decidí pedir unas vacaciones para poder pasar más tiempo juntas y ver como funcionaba todo.

Nosotras ya habíamos vivido juntas en nuestra primera etapa, y nunca tuvimos problemas de convivencia, pero ya no éramos las mismas y estábamos muy acostumbradas a las mañas de la soledad.

Yo tenía casi todo listo para viajar, cuando una mañana, tocaron timbre de mi casa y al abrir estaba allí parada mi Tere. La felicidad, me inundó, fue un momento sublime, aquel abrazo, aquel beso no los podré olvidar jamás. Pasamos unos días en mi casa antes de viajar a B.S., hicimos un par de reuniones para que se reencontrara con viejas amistades, visitamos a mi familia, nos escapamos una tarde a un hotelito que solíamos frecuentar en La Paloma. Después de esa semana de sueño, viajamos a su casa, pues tenía que volver al trabajo. Cuando llegamos noté algunos cambios, básicamente tenía un dormitorio nuevo.

Clara – Ay Tere que lindo, cambiaste los muebles. Teresa – Mi amor, no te olvides que estamos comenzando una nueva vida. Yo espero que te quedes conmigo para siempre, y que te sientas la dueña de casa. Clara – (sumamente emocionada) Te amo como nunca amé a nadie.

En ese momento me desnudé, y ella al mirarme hizo lo mismo. Luego, durante varios minutos, nos miramos hasta el último rollito, la última arruga. Las miradas eran caricias amorosas que mostraban entrega total y absoluta. Su cuerpo era para mi el más hermoso y deseable del mundo. Mi cuerpo era para Teresa el más adorado y ansiado.

Me acosté en nuestra cama, y abrí mis piernas totalmente, ella se paró a los pies de la cama a observar mi humedad, luego se acostó a mi lado y me acarició suave y amorosamente hasta que me corrí en su mano. Toda su mano estaba en mi vagina, y se movía, giraba, entraba y salía. Sus ojos no se apartaban de los míos, su respiración se confundía con la mía. Era como si el tiempo nunca hubiera pasado, una comunión perfecta. Ella tomó mi mano y la llevó a su sexo, para masturbarla duro, como a ella le gusta.  Primero utilicé mi mano, pero después deseaba comer su sexo y hundí mi cabeza entre sus piernas, hasta que sentí mi rostro bañado por su licor.

Corazones agitados, jadeos incesantes, besos, olor a sexo caliente, nuestra habitación era la gloria.

Después de un rato, nos sentamos enfrentadas y trenzamos las piernas para poder chocar nuestros sexos uno contra el otro. Muy abrazadas, con los pechos apretados, sudorosas y anhelantes, fue un momento maravilloso, un delirio. Era clarísimo que teníamos que seguir juntas y que no haberla seguido la primera vez que se fue del país fue un gran error. A partir de allí formamos una pareja sólida en todos los sentidos. Durante varias semanas vivimos una luna de miel, puede que alguien piense que es una ridiculez: dos veteranas, con mil batallas peleadas, viviendo un romance. No sé, puede ser, pero la verdad es que nos sentíamos de veinte, en todos los sentidos.

Salíamos a bailar, a caminar, nos reíamos sin razón aparente, y reavivamos la pasión. La pasión era por momentos incontrolable, una tarde cuando volvió de trabajar, yo estaba haciendo algunos ejercicios de yoga en el living. Se sentó muy en silencio a observarme y cuando terminé ya no estaba. Me levanté medio sorprendida a buscarla y la encontré en la ducha. La puerta del baño estaba abierta, como la mayoría de las veces, observé su figura mojada, fresca, deseable y no pude contenerme, me quité la ropa y entré a la ducha.

A partir del momento en que rocé su piel, ella giró hacia mí y nos besamos mucho, apretadas una contra la otra.

“Dame toda tu mano”, le pedí. Ella se agachó muy lento, acarició mis piernas, besó mi escaso vello púbico y su mano fue lentamente ubicándose, en mi sexo buscando mi vagina. De a poquito y con un leve y dulce dolor, su mano entera se movía en mi interior, generando en mi ser, oleadas de placer, calor, mucho calor, mi sexo ardía en deseos de ser suya. No quería que se saliera, yo la deseaba como nunca antes.

Finalmente salimos del baño, y yo seguía ardiendo en deseos de ser suya. Me tendí en la cama, abrí mis piernas, y solo tuve que mirarla, para que Teresa comprendiera. Bañó su mano con lubricante y nuevamente guardó su mano en mí. No quería que usara el arnés, quería sentir sus dedos, nudillos, su puño entero en mi interior. Creo que finalmente me desmayé de tanto gozar, cuando desperté era de madrugada y ella estaba dormida sobre mi pecho, su mano olía a mi sexo, estaba sobre mi vientre.

Me volví a dormir, absolutamente feliz, y satisfecha. En la mañana, se fue muy temprano, la llamé pero estaba ocupada y no tenía tiempo de almorzar. Hasta la tarde no nos vimos.

Cenamos temprano y nos llevamos el postre a la cama. Hacía semanas que dormíamos desnudas, y esa noche no fue la excepción. Siempre había querido comer sobre el cuerpo de una mujer, increíblemente nunca lo había hecho.

Coloqué crema batida y frutillas sobre todo su cuerpo, Teresa, no podía parar de reír, pero cambió las risas por suspiros y jadeos cuando comencé a comérmela completita. Uffff, que fiesta, su piel encremada, su sexo húmedo y las frutillas azucaradas. Se retorcía en la cama de placer y yo me sentía a tope. Lo más sabroso fue su coño caliente, ufff ¡que gloria!

Nuestra vida era fabulosa, nos entendíamos tan bien, en todos los sentidos. Cualquier cosa que hayamos pasado, para llegar al reencuentro, sin dudas valió la pena. Aún hoy, luego de años de convivencia, seguimos tan seguras y felices.

Autora: Amandaz

z.amanda@lycos.com

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Un viejo amor, Clara y Teresa

No hicieron falta palabras, toda la pasión, el grande y viejo amor estaban allí entre nosotras. Sonreímos, nos acariciamos, no hubo palabras, hicimos el amor entre suspiros, gemidos y gritos ahogados por besos y lenguas húmedas y traviesas.

Después de Marta, entendí que yo necesitaba otra cosa. Hacía mucho tiempo que no tenía una relación más seria, es cierto que tengo amigos y amigas para conversar, discutir temas de la vida, pasear, viajar. Pero al llegar a casa nadie me espera, y si un día no llego a nadie le importa. Cursi, pero cierto, y a veces siento necesidad de contar con alguien al final de la jornada.

Pensando en todo esto, recordé a mi última relación seria, Tere, una mujer increíble, inteligente, dulce, arrolladora, linda. Mi Tere, tenía unos 10 años más que yo, habíamos tenido un romance hermoso algo así como 12 años atrás. Una relación muy fuerte, ella es una mujer poderosa, que siempre tomaba la iniciativa, a quien le gustaba tener controladas las situaciones.

Nos dejamos por un tema de distancias geográficas, ella dejaba el país por trabajo y yo no podía acompañarla y dejar todas mis cosas aquí. Nos mantuvimos en contacto por un tiempo, incluso nos hicimos algunas escapadas porque nos extrañábamos mucho, pero con el tiempo la distancia nos superó. Decidí buscarla y saber que era de ella. Me costó poco trabajo encontrarla porque seguía trabajando para la misma empresa, y ahora estaba en Buenos Aires. La llamé, hablamos mucho y con mucha naturalidad. Ella estaba sola, y se alegró al saber que yo también. La comunicación entre nosotras siempre fue muy buena, muy abierta y directa. Así fue como el siguiente fin de semana me tomé un buque para ir al encuentro de un viejo amor.

Llegué temprano en la mañana, ella me esperaba en el puerto. Nos fuimos directo a su casa a dejar las cosas y luego salimos a pasear. Caminamos toda la mañana, conversamos, nos reímos mucho. Ella estaba casi igual a como la recordaba, cabello rubio corto, alta y delgada, pero con caderas bien redondeadas, sus senos eran grandes (yo tenía el recuerdo de unos hermosos pezones puntiagudos). No nos olvidemos que se trata de una mujer de 60 años, pero muy coqueta y elegante. Siempre me había impresionado su porte, su manera firme y confiada de caminar.

Almorzamos en un lugar muy elegante, y llegando el momento del cafecito, me miró a los ojos intensamente y me dijo cuanto le alegraba verme. Tomó mi mano y la besó con dulzura. Estábamos cerca de su casa, de manera que caminamos de regreso, hablamos de nuestras vidas y le conté por qué había decidido buscarla. Sonrió, me miró a los ojos y nos besamos en plena calle. Llegamos a su casa, y me fui a descansar al dormitorio asignado. Íntimamente rogué que no me pidiera otra cosa, pues estaba muy cansada y me sentía totalmente vulnerable. Afortunadamente, adivinando mis pensamientos, me dijo que ella también tomaría una siesta, para poder salir en la noche y presentarme a unos amigos.

A la noche nos preparamos para salir, aunque hubiera preferido quedarnos solas en su casa. Sus amigos resultaron personas muy agradables, pasamos una linda velada. Cuando volvíamos en el taxi, nos tomamos de la mano y así hicimos todo el viaje. En el ascensor, nos besamos una vez más, y me susurró que me deseaba. Su cuerpo estaba recostado sobre el mío sus manos en mi rostro, su aliento caliente en mi cuello. Nos abrazamos y sentí que no podría luchar contra aquel alud de sentimientos. Entramos, nos sentamos frente al ventanal, con las luces apagadas, apenas la timidez de unas velas iluminaba la estancia.

Yo sentía miedo, de lo que fuera a pasar, dos mujeres grandes con cuerpos no tan atractivos, tratando de revivir viejas épocas, ¿qué podía salir de todo aquello? Pero no podía articular palabras, mis ojos se llenaron de lágrimas mientras a aquella mujer me besaba y abría mi blusa. Sus manos eran demandantes como años atrás. Desnudó mi pecho, tomó mis senos en sus manos y los besó con devoción. Me besaba, y ahora iba por mi sexo. Su mano me arrancó la ropa íntima, sus dedos se metieron en mi vagina con gran agilidad y firmeza. Entre lágrimas y besos tuve mi primer orgasmo del fin de semana.

Nos besamos mucho, su mano se apretaba contra mi sexo, yo me abracé a su cuerpo, y de a poco le quité la blusa. De pronto nos despegamos para mirarnos, fue una pausa increíble, no hicieron falta palabras, toda la pasión, el grande y viejo amor estaban allí entre nosotras. Sonreímos, nos acariciamos, no hubo palabras, hicimos el amor entre suspiros, gemidos y gritos ahogados por besos y lenguas húmedas y traviesas. Nos dormimos sobre la alfombra, hechas un nudo apretado. En la mañana, una sensación de paz me invadió. Me sentía liviana como una pluma, no me importaba nada, nada más que estar allí con aquella increíble mujer. Una mujer apasionada como pocas había conocido.

Demoró un rato en despertarse, así que tuve tiempo para imaginarnos juntas en alguna parte del mundo, no importaba donde, pero juntas en la vida, en la misma cama, muy unidas. Mi mente iba demasiado rápido, lo sé, pero no lo puedo evitar así soy yo. Se despertó y se sintió inquieta por su desnudez:

Clara – ¡Ay Tere, ni te molestes en cubrirte, llevo un buen rato observando tu cuerpo, y el mío, no creas! Es claro que eres una mujer hermosa, con un cuerpo de 60, y yo una linda mujer con un cuerpo de 50. Tú me encantas, adoro mirarte, tocarte y todo. Espero que te haya pasado lo mismo. Teresa – (que me miraba sonriente), si alguien me hubiera dicho hace una semana que esto pasaría, lo hubiera tildado de loco soñador. He pasado la noche más notable de los últimos años. No recordaba que éramos tan compatibles. Clara – quiero más, ahora, anda dame un beso.

Me acosté sobre ella, presioné sus senos y comencé a succionar.  Cuando acaricié su sexo, ya estaba muy mojado. Sonreí, gozosa, sentía que le estaba dando placer a una hembra maravillosa. Sus ojos pedían más y más, su lengua estaba ávida de mi piel.  De pronto giramos y ella estaba sobre mí, frotando su sexo duramente contra mi pierna, mientras apretaba mis tetas duras y enrojecidas. Gritó de placer y se derramó sobre pierna. Me miró con lujuria y se inclinó para besar mi sexo, hasta hacerme correr en su cara. Jadeantes, húmedas nos quedamos abrazadas sobre la alfombra donde pasamos la noche.

En algún momento de la mañana sonó el timbre, pero no atendió, nos levantamos en silencio y nos metimos en su cama, muy pegaditas. Luego de otro rato de mimos y caricias, decidí tomar una ducha. Ella preparó café y unas frutas para desayunar/almorzar. Cuando salí del baño el banquete estaba servido sobre la cama. Comimos, nos besamos, conversamos mucho, mucho, tanto que casi se nos hicieron las seis de la tarde y seguíamos en la cama. El timbre volvió a sonar, y esta vez fue a abrir. A pesar de ser domingo, se trataba de un asunto de trabajo que debía resolver, de manera que me quedé sola en el dormitorio, y como demoró un rato, me quedé dormida.

Al otro día cuando me desperté ya se había ido a trabajar, pero un rato después me llamó para disculparse. Yo estaba tan feliz que era imposible que me enojara, así que simplemente me dediqué a esperar su vuelta en la tarde. Ordené un poco el dormitorio, cociné algo para la noche, y me relajé en la bañera. Tanto así, que cuando llegó yo dormitaba en el agua tibia y perfumada. Me desperté al sentir su beso, y su mano que trataba de masturbarme. Ayyyyyy, por favor, que riquísimas sensaciones me provocaba Teresa. Me corrí en la bañera, con su mano en mi sexo, y su lengua en mi boca. ¡Qué placer tan indescriptible! Luego de un rato, pude incorporarme y me dejé abrazar por su cuerpo perfumado, fuimos a la cama. Me recosté y me pidió que cerrara los ojos. Todo mi cuerpo temblaba de tanta excitación, de pronto sentí sus manos separando mis piernas, y luego sus dedos hurgando mi vagina. De inmediato su lengua me lubricaba y sentí algo metiéndose dentro de mí. ¡Que ricooo!

-¿Qué es eso?, le pregunté. -Solo disfruta y mantén los ojos cerrados, amor.

Aquello comenzó a girar dentro de mí, pude reconocer las bolitas entrando y girando en mi interior. Me corrí otra vez, gritando con fuerza. Increíble, simplemente increíble.  Nunca pensé que buscar a Teresa después de tanto tiempo me diera tantas satisfacciones. Pasamos un fin de semana increíble, hablamos de todo, cosas que no había hablado con nadie y en la cama fue sensacional.

Queda para una próxima oportunidad, el resto de mi historia, con Teresa.

Autora: Amandaz

z.amanda@lycos.com

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Le puse los cuernos a mi novio

Su polla daba golpecitos a la entrada de mi coño, yo sentía el coño chorreando y mis manos empujaban su culo para que por fin metiera su tranca, finalmente metió de un golpe la mitad de su verga y yo lancé un grito de placer, la sacó, la restregó contra mi clítoris y la volvió a meter, comenzó a follarme, sentía sus pelotas golpear mi culo. Clavé mis uñas en su espalda y volví a correrme.

Después de visitar su página y de disfrutar de sus relatos, me he animado a colaborar contando algunas de mis propias experiencias. Espero que los lectores disfruten. Primero de todo me presentaré: me llamo Clara, tengo 33 años y soy de mediana estatura y mediano peso.

La experiencia que voy a contar sucedió cuando tenía 19 años. Esto ocurrió un verano en el cual por circunstancias del trabajo el chico con el que salía por entonces se tuvo que quedar en Madrid mientras que yo me encontraba disfrutando de la playa con mis padres en una zona del litoral mediterráneo. Mi novio llegaba el viernes por la tarde y se quedaba hasta el domingo. Ni que decir tiene que aprovechábamos las horas que estábamos juntos para hacer el amor allá donde podíamos: unas veces en casa si mis padres habían salido a dar una vuelta, en el coche o incluso bañándonos en la playa.

Un sábado, no sé por qué, pero nos pusimos a discutir por una tontería y la cosa se fue calentando hasta el punto que nos enfadamos de verdad. Mi novio con el mosqueo se marchó diciendo que pensaba pasárselo bien lo que quedaba de fin de semana en Madrid. ¡Aquello me llegó al alma! Con la rabia que me entró decidí que yo no iba a ser menos.

Esa noche me aticé unos tragos de bourbon para animarme y me arreglé para salir de marcha a la discoteca. Aquella noche hacía mucho calor. Me puse un vestido liviano sin sujetador, muy corto que dejaba ver generosamente mis muslos, un tanga, y unas sandalias tipo como las que llevaban las romanas de las pelis. Me recogí el pelo en un moño dejando el cuello al descubierto. Después de maquillarme, me miré al espejo y la verdad me sentí sexy, aunque pensé que con estas pintas todo el mundo iba a pensar que iba buscando guerra. Me acordé de las cosas que me dijo mi novio, y me dio igual lo que pensasen. Iba a salir a pasármelo bien y no pensaba cortarme a esas alturas. Antes de salir de di otro trago al cuatro rosas.

Me encaminé hacia la parada de taxis. Durante el camino me crucé con algunos grupos de chicos que me miraron de arriba abajo, uno de ellos me silbó y otro me soltó un piropo bastante fuerte. Yo me hice la loca y seguí mi camino como si nada, pero en mi interior notaba un cosquilleo de excitación. Llegué a la parada y me subí en el primer taxi de la fila. Me acomodé en el asiento trasero y al hacerlo el vestido se me subió dejando ver todas mis piernas y el color blanco de mis bragas. En circunstancias normales me habría acomodado el vestido decorosamente, pero aquella noche, tal vez envalentonada por el alcohol, me sentía poderosa. El conductor se giró para verme y puso unos ojos como platos ante el espectáculo inesperado. Tartamudeando me preguntó dónde íbamos, le di el nombre de una disco de moda y partimos.

Durante el viaje, me di cuenta que no paraba de mirar por el espejo retrovisor y yo haciéndome la despistada, mirando por la ventanilla, empecé a separar los muslos con lo que el chofer, un señor maduro de unos cincuenta, podía atisbar incluso los pelillos de mi coño que salían por los lados del tanga. Hubo un momento que creo que se fijaba más en mí que en la carretera y un coche le pegó una pitada. Decidí que era mejor acabar con el juego y crucé las piernas. Finalmente me dejó en la puerta de la disco, y al bajar me dijo:

“Oye nena, así como vas parece que vas pidiendo que te follen” Me sorprendió esa procacidad, pero reaccione y le dije “Pues si, a eso vengo, a ver si me pegan el polvo de mi vida”

El taxista marchó y yo me di cuenta que todo el mundo en la cola me había oído. Las chicas se miraban como diciendo “vaya guarra” y los chicos se daban codazos. Entré sin más y me dirigí a pedir la consumición. Al poco se puso a mi lado un chico moreno, alto y atlético. Tenía unos dientes blancos muy bonitos que no dejaba de mostrar, sonriendo todo el tiempo. La verdad es que me gustó al instante, tanto su timbre de voz como su conversación. Dijo llamarse Mario. Pidió otra ronda y yo notaba como me invadían los calores. Yo estaba sentada en el taburete, mientras que él de pie me tenía con el brazo rodeada mi cintura y su mano la notaba que ascendía y descendía por el costado de una manera cada vez menos sutil hasta que al final la tenía junto a mis pechos.

Me notaba caliente y le dije que fuésemos a la pista a bailar. A estas alturas el local estaba muy lleno y nos costó llegar. Yo iba por delante y él iba detrás cogido de mi cintura. En uno de los apretones me di cuenta de lo empalmado que estaba. Apreté mi culo hacia atrás y me imaginé lo que tenía entre las piernas. La sensación es que era mucho mayor que la de mi novio y más gruesa. A estas alturas el tanga lo notaba mojado por la excitación que estaba experimentando, los pezones los sentía duros y en punta. Nos detuvimos más o menos a mitad de pista de baile y de tanta gente que había casi no nos podíamos mover. Me volteó y me estrechó fuerte entre sus musculosos brazos. Se inclinó y nos besamos apasionadamente.

Me apreté a su cuerpo todo lo que pude clavándole mis pezones en su pecho. Metió su pierna entre las mías y con un hábil movimiento de cadera acomodó su verga para que rozase mi vagina. Sus manos se colaron por debajo de mi falda y comenzó a sobarme el culo con movimientos circulares, separaba y juntaba las nalgas y a cada movimiento de separación notaba que se separaban también los labios del coño. Comenzamos a movernos rítmicamente y cada movimiento su paquete rozaba mi clítoris. ¡Aquello era demasiado!, estaba totalmente empapada y notaba los flujos cayendo por mis muslos.

Tuve un momento de lucidez. ¿Pero que estaba haciendo? ¡Estaba prácticamente follando con un desconocido y rodeada de gente! Miré a mi alrededor, pero nadie parecía estar dándose cuenta, estábamos rodeados por parejas que iban a lo suyo y algunas se estaban dando un buen lote. Mario pareció darse cuenta y me susurró al oído que esa noche me iba a hacer feliz como nunca antes lo habría sido. Me besó el cuello pasando su lengua de arriba abajo… me abandoné… saqué una de sus manos y me introduje su dedo índice en la boca y mientras lo chupaba le miraba a los ojos. Volvió a meter rápidamente la mano debajo de mi falda pero esta vez su dedo se dirigió a mi ano. Di un respingo, nunca antes con mi novio me había hecho esa caricia. Metía la punta del dedo y la sacaba, la volvía a meter y daba un movimiento circular, mientras su sexo se frotaba junto a mi clítoris, mis movimientos se aceleraron, y una corriente eléctrica me recorrió mi cuerpo, pegué un alarido al correrme que gracias a la música estruendosa solo oyeron los que estaban a nuestro lado.

Mario me pidió que le acompañase al coche. No dudé un instante, me había hecho correr de pie mientras bailábamos, podía pedirme cualquier cosa… en mi cabeza solo tenía el pensamiento de poder coger ese miembro que había notado tan grande y grueso bajo su pantalón y poder devolverle un poco de la felicidad que me había dado.

Salimos abrazados hasta el aparcamiento, al llegar a la altura de su coche, abrió la puerta y ya no puede esperar más… me arrodillé y extraje su miembro. Su polla salió disparada hacia mi cara, era la más larga y gorda que había visto en mi vida, la vi preciosa con el glande brillante. Me la metí en la boca y empecé a chupársela con fruición. Le pasé la lengua alrededor del capullo para después metérmela hasta la mitad, apretaba los labios, la sacaba y volvía a repetir… la encontraba deliciosa… Mario me tenía cogido la cabeza y suspiraba. Bajé con la lengua hasta la base de su hermosa polla y comencé a chuparle las pelotas hasta que finalmente me dijo:

“Para, para que me corro…”

No hice caso, seguí con frenesí chupando sus huevos y moviendo mi mano con fuerza. Mario tuvo un estremecimiento y comenzó a soltar un chorro de leche que cayó sobre mi cara y vestido. Continué chupando su miembro, limpiándola y sacando brillo. Aquella polla maravillosa comenzó de nuevo a crecer.

Me levantó, me bajó el tanga y lo echó dentro del coche y a mí me puso encima del capó, me bajó los tirantes del vestido y dejó a la vista mis pechos. Se lanzó a ellos metiendo toda su boca, chupando y mordisqueando mis pezones, mientras su dedo pulgar presionaba y daba giros en mi clítoris… no podía más…

“Mario por favor metemela” le supliqué “hazme tuya”

El sonrió y siguió chupándome las tetas pero ahora su polla daba pequeños golpecitos a la entrada de mi coño, eran como besitos, yo sentía el coño chorreando y mis manos empujaban su culo para que por fin metiera su enorme tranca, finalmente metió de un golpe la mitad de su verga y yo lancé un grito de placer, la sacó, la restregó contra mi clítoris y la volvió a meter de golpe, mis jadeos iban en aumento…

“Metemela toda, clávemela hasta los cojones, fóllame, fóllame…”

Me izó en vilo y sujetándome las piernas con sus brazos comenzó a follarme salvajemente, ahora sentía sus pelotas como golpeaban mi culo a cada embate. Clavé mis uñas en su espalda y volví a correrme.

Me dio la vuelta, y apuntó su verga hacia mi culo.

“No Mario, ¡por ahí no!”

Nunca lo había hecho por detrás, pero ya era tarde, tenía su capullo ya en la entrada y de dos fuertes empujones metió una parte. Di un grito porque el dolor era muy fuerte. Sus manos comenzaron a trabajarme tetas y coño y las sensaciones comenzaron a cambiar. Ya no sentía tanto el ardor del culo como el calor de sus caricias. Introdujo dos dedos en mi chocho mojado y acompañó el mete-saca con los movimientos de su polla en mi culo. Finalmente con dos fuertes golpes se corrió dentro y su semen lubrico en parte la dilatación que sentía en mi ano. Su corrida coincidió con mi tercer orgasmo.

Nos besamos y nos metimos en el coche. Allí nos quedamos relajados, él abrazándome, y yo acurrucada sobre él y feliz por todo lo que había sentido. Me arreglé y me acercó a casa.

Antes de marcharme me pidió el tanga como recuerdo de esa noche. Me pareció romántico y se las di. Me dijo que nos viéramos la tarde del domingo en un conocido pub. “Pero ven sin bragas”.

Me reí. Le di un beso y bajé del coche. Iba caminando hacia mi casa y parecía que había bajado de un caballo por lo abierta que tenía las piernas. Afortunadamente a esas horas no había nadie por la calle y todas las luces de las casas estaban apagadas.

Lo que ocurrió al día siguiente… bueno pues es otra historia…

Autora: Clara

Me gusta / No me gusta

Compañeros de piso

Cada vez que le comía la polla a un tío y me tragaba todo lo que echaba, me daban algo de comer, por lo que estuve bien servida. Después de haberme comido todas las pollas, alguna más de una vez, y los dos coños, nos fuimos al salón donde nos sentamos, yo encima de algún tío que me la metía por el coño y me follaba de espaldas a mí, mientras el resto hablaba de asuntos personales y de trabajo.

Hola, mi nombre es Mar, tengo 32 años y tengo buen busto, no en vano estuve trabajando durante la veintena de go-go e incluso de stripper. Pero nunca llegué a hacer y ni siquiera pensar en lo que llevo haciendo desde hace más o menos un año.

El caso es que una antigua compañera del colegio, que es amiga íntima amiga mía, me consiguió trabajo en su empresa. El único problema es que debía mudarme a la ciudad donde ella vivía o a alguna de los alrededores, pues no estaba comunicado mi lugar de residencia con la empresa con transporte público, y como no tenía coche pues hablé con mi amiga y me alquiló una habitación en el piso donde vivía con su marido.

Clara, mi amiga, también trabajó conmigo de go-go, aunque no llegó a lo de stripper. Lo digo para que os hagáis una idea del cuerpo que tenía ella, aunque tenía menos pecho que yo también era bastante voluptuoso. Su marido, Alex, trabajaba de fotógrafo en un negocio particular que tenían en su familia, tenía 30 años y estaba para mojar pan.

El caso es que todo marchaba bien, pero mis compañeros de piso salían todos los viernes y no volvían hasta el sábado al mediodía. Me decían que iba a fiestas, y que si quería podía ir. Pero no me animaba, así que me quedaba en casa, o salía con alguna de las nuevas amistades que hice allí. Pero un día me aburría y me entró la curiosidad, así que me decidí a entrar en cuarto del matrimonio para fisgar. Primero me fui al sifonier que tenían para guardar la ropa. De ahí lo único que conseguí averiguar era poca cosa, pues ya había visto casi toda la ropa que allí guardaban. Lo único que me sorprendió fue la escasez de ropa íntima de Clara, ya que sólo encontré dos tangas minúsculos y una braga, y tan sólo un sostén. Luego me dirigí al armario. Allí había más de lo mismo. Posteriormente presté atención a un arcón en el que no me había fijado antes.

Tenía un candado puesto así que me desilusioné un poco, pero me puse a buscar en los cajones de toda la casa, y al final se me ocurrió recurrir a lo de la horquilla, aunque no tenía ya muchas esperanzas. Pero parecía ser que el candado era como simbólico, porque apenas se resistió. Simplemente, al meter la horquilla noté como un resorte, que al ejercer un poco de presión cedió y pude fisgar en el interior del arcón. Allí sí que encontré una verdadera sorpresa. Lo que contenía el arcón era bastante material fotográfico, vídeos y varias prendas de cuero, minifaldas y tops bastante minúsculos, además de una máscara de cuero y una fusta. También había varios consoladores con diferentes tamaños y anatomías, incluyendo uno que era bastante exagerado. Estuve ojeando varios paquetes de fotos, en los que aparecían Clara y Alex, aunque casi nunca coincidían en la misma foto.

En las fotos en las que estaba Clara, aparecía penetrada por hombres (que no eran Alex), e incluso mujeres con penes postizos. No sólo salía con uno sólo sino con varios a la vez.

En las que era Alex el que salía, la temática era la misma, pero con mujeres que no conocía. Ver esas escenas en las que Clara era penetrada por dos hombres a la vez, sodomizada por el culo, con la cara y el cuerpo manchado de semen, ver cómo le colgaban grumos de esperma por la barbilla, y en otras ver a Alex, ese tremendo pollón, que desconocía, y que me encantaría poseer me puso a cien. El ver todo eso me hizo pensar en que era yo la que estaba en esas fotos, no pude resistirlo más y empecé a tocarme en el chocho, hundiéndome varios dedos. Me decidí a coger un par de vídeos de los que allí se encontraban junto con uno de los consoladores y me fui a la salita de estar. Allí puse el vídeo y me desnudé. En el vídeo aparecían presentándose dos chicas, entre ellas Clara, y cuatro hombres, entre ellos Alex. Se iban turnando la cámara para la presentación. Luego giraron la cámara y apareció un sofá. Uno de los chicos se sentó y junto a él las dos chicas. Se empezaron a besar entre los tres a la vez que las chicas le sobaban el paquete.

Luego una de ellas se agachó, le bajó la cremallera del pantalón, no llevaba calzones, por lo que la polla apareció sin obstrucciones. La cogió con una mano, mientras que con la otra masajeaba los huevos, y de un bocado se lo metió en la boca. Se la chupaba frenéticamente, y dejaba colgando una mezcla de saliva con líquido preseminal cada vez que se la sacaba de la boca. Luego Clara (la otra chica), s el chico de antes le había apartado la tanga. La otra chica esperó a que uno de los chicos se sentara, para ensartarse su polla de un golpe por su rajita. Luego, Alex se agachó y empezó a lamer su ano mientras era penetrada por el chocho. A Clara mientras tanto la estaban sodomizando por el culo de una forma brutal.

Ver como chocaban los huevos del tío contra su raja, esa penetración me produjo un grado de excitación que casi me desaparece el consolador en mi interior alcanzando el clímax. Seguí viendo la película, pero ahora quería experimentar lo mismo así que me introduje el consolador por mi ano y pensaba que era Alex el que lo estaba haciendo, como hacía con la chica, a la que también la penetraban desde abajo por el conejo. Así estuvieron un rato, luego se vio como se empezaban a terminar los chicos en el interior de ellas para que luego las hicieran limpiarles el miembro manchado de esperma. Luego se colocaron en la misma posición en la que estaba Clara, y volvió a aparecer el chico del principio, volviéndose a ir el resto. El hombre se afanaba en encular a base de bien a las dos chicas. Primero a una, luego a la otra. Hasta que se volvió a correr de la misma forma que la otra vez. El vídeo terminó con una escena en la que las dos chicas se besaban compartiendo el esperma recibido anteriormente.

A partir de ese día me dedicaba a vestirme con la ropa del arcón, a ver los vídeos y a masturbarme con los consoladores mientras veía las fotos y vídeos. Incluso me llevaba algunas fotos a mi habitación para pajearme por las noches.

Parecía que no se daban cuenta, o al menos eso pensaba yo. Pero un día me hicieron creer que se iban, como de costumbre, pero a la media hora volvieron, con dos chicas más, pillándome en plena faena. Después de los típicos comentarios de que guarra era, y que me iban a dar un escarmiento se me acercaron Clara y las otras dos chicas (Eva y Marta, según supe después) y empezaron sobarme (estaba desnuda viendo uno de los vídeos), y me besaban, a lo que yo no sólo no me resistía, sino que pedía más, pues estaba cachondísima. Luego Marta me besaba, mientras Eva me mordía los pezones y Clara me comía el coño a la vez que introducía varios dedos por esa cavidad. A todo esto, no me percaté de que Alex se fue a por la cámara y nos estaba grabando. Pero cuando lo descubrí, me dio igual, quería participar en esas orgías. Posteriormente, Me tocó a mí comer el coño y ano de Eva, mientras ésta se lo comía a Marta, que a su vez se lo comía a Clara, que me lo comía a mí.

Era una escena, con las cuatro formando un cuadrado impresionante del que Alex no perdió detalle filmando primeros planos. Después decidieron que me iban a dar mi escarmiento. Me hicieron poner a cuatro patas en el piso, y trajeron varios consoladores, entre ellos el descomunal. Empezaron metiéndome uno por el coño y luego otro por el culo. Mientras Alex se había desnudado y era partícipe de la fiesta en la que yo le comía la polla, lo cual hice con ganas pues me moría por saborearla desde que la vi por primera vez en las fotos. A la vez me masturbaban el clítoris, no veía quien era pero me iba a hacer polvo de esa forma, pero no podía resistirme a las gozadas de las que era producto por los consoladores y la polla de Alex. Luego, me intentaron meter los dos consoladores por el coño, y al principio costó un poco, aunque no me dolió, y luego fue todo como la seda debido a mi excitación. Alex de pronto sin avisarme se corrió en la boca, lo que me produjo arcadas, y que se me resbalara por la boca, a lo que me ordenaron, con un azote en culo que lo recogiera y me lo comiera, y dándome otro me indicaron que más valía que no lo repitiera. Me ordenaron, no obstante, a seguir chupándosela a Alex, que tardó un poco en recuperarse, pero que lo hizo al fin y al cabo, y en ese tiempo habían pasado a meterme el consolador de tamaño descomunal por el coño, y no ofreció ninguna resistencia me orificio vaginal.

Perdí la cuenta de la cantidad de orgasmos que tuve, y no hacía más que moverme como una perra en celo. Me pegaban azotes sin motivo alguno ya, de hecho me dejaron el culo que no pude sentarme sin dolor dos días, por eso y por lo que viene a continuación. Eso es que me metieron dos consoladores por el culo, yo me moría de dolor, pero la polla de Alex, que me llenaba la boca me impedía gritar. Con el paso del tiempo me fui haciendo a la penetración y empecé a disfrutar. Luego noté como era el super consolador el que me rompía el culo, e intenté agacharme para hacer más fácil la labor. Al principio no entraba, pero al ejercer un poco de presión consiguió reventarme el ano. Así estuvimos un rato, yo tragando la polla de Alex, y Marta y Clara rompiéndome el culo mientras Eva lo grababa todo. Después nos dedicamos todas a satisfacer a Alex. Le lamíamos el ano, le chupábamos los huevos, otra la besaba, y la cuarta grababa.

Luego, me pusieron en el suelo y Alex me penetró el ano, lo cual no fue nada difícil después de la soberbia dilatación a la que había sido sometido. Luego se marcharon y me quedé en casa sola. M Al día siguiente me despertó Clara, y me hizo salir en camisón a la cocina donde ya me estaba esperando Alex. Me obligaron a quedarme desnuda delante de ellos, luego Clara fue a mi habitación mientras Alex me explicaba mi nuevo rol en la casa. A partir de ese día iría desnuda por la casa, a no ser que ellos expresamente me dijeran lo contrario, incluso si había visita. Cuando saliera de casa, para ir al trabajo o cualquier cosa, siempre sin ropa interior y con faldas o vestidos que quedaran justamente por debajo del culo. Y los fines de semana les acompañaría a sus fiestas-orgías.

Durante la semana siguiente fui al trabajo como me habían ordenado, sin ropa interior y con vestidos y faldas cortos. Además como estábamos entrando en el calor del verano, no llevaba medias, y junto con mis voluminosos senos que se contoneaban exageradamente al andar ofrecían un espectáculo impresionante. Pronto empezó a correrse la voz de que iba como realmente iba al trabajo, y decidieron despedirme antes de que terminara la semana, pues el jefe me dijo que si no guardaba un poco más de pudor no le quedaría más remedio que hacerlo y como me negué lo hizo. Alex y Clara me dijeron que no me preocupara, que ellos me mantendrían si seguía con ellos y hacía lo que me dijeran. Así que no me preocupé, y me quedé con ellos.

Al llegar el fin de semana más o menos sabía lo que me esperaba, pero no tanto. Nos fuimos a una parcela en la sierra, y naturalmente iba vestida como debía. Al llegar nos esperaba el matrimonio propietario de la casa. Eran bastante jóvenes. Luego al entrar vimos que sólo había hombres, no sé cuantos exactamente, unos once o doce. Me giré hacia Clara, y me dijo que la siguiera que me iba a presentar. Cada vez que me presentaba a uno, éste me daba un beso metiendo su lengua hasta el fondo de mi garganta, y magreándome el culo de forma que cada vez tenía el vestido más subido, de hecho terminó por encima de la cintura dejando toda mi intimidad al descubierto. Luego, después de haberme colocado el vestido de nuevo y de haber saboreado las bocas de todos, incluida la pareja propietaria de la casa, pusieron un poco de música, lenta, para bailar antes de irnos a cenar.

Naturalmente bailé con todos, incluyendo a Clara y a Carmen (la dueña de la casa), y aprovechando la ocasión aprovechaban para magrearme un poco más, e incluso ir más allá, pues más de uno me introdujo sus dedos por mi raja y mi culo y algunos otros me sacaron los pechos chupando mis pezones con descaro. Hasta hubo un momento en el que estaba bailando con dos hombres a la vez, uno delante y otro detrás, y sentía sus pollas contra mi vientre y mi culo. Cada vez estaba más cachonda. Cuando nos fuimos a cenar, observé que faltaba un plato para uno de nosotros, pero pronto descubrí que era el mío, pues antes de cenar debía tomar el aperitivo. Éste consistía en que mientras el resto de la gente cenaba, yo debía ganármelo haciendo mamadas por debajo de la mesa, para lo que todos se desnudaron de cintura para abajo. Cada vez que le comía la polla a un tío, y me tragaba todo lo que echaba (todo lo que podía, domo podréis entender se me resbalaba bastante por la boca), me daban algo de comer, por lo que estuve bien servida. Después de haberme comido todas las pollas, alguna más de una vez, y los dos coños, mientras ellos cenaban, nos fuimos al salón donde nos sentamos todos, bueno, claro yo encima de algún tío que me la metía por el coño y me follaba de espaldas a mí, mientras el resto hablaba de asuntos personales y de trabajo.

Después de varios trotes encima de no todos los hombres y de haber recibido el esperma de alguno de ellos en mi interior, me hicieron poner a cuatro patas sobre el piso, y de vez en cuando se acercaba alguno para metérmela desde atrás, por el culo o por la raja, y otro o varios me acercaban sus pollas para que me las comiera. Así estuvimos un rato bastante largo, hasta que se aseguraron de haberse corrido todos en mi. Yo chorreaba semen desde todos y cada uno de mis agujeros. Clara se me acercó e indicándome que lo recogiera filmó un primer plano de la escena (las dos chicas se dedicaban a grabar la velada).

Luego uno de los hombres se tumbó en el piso, me senté encima clavándome su verga por el culo, mientras otro se puso encima de mí y me perforó por delante. Otro llegó de pie y me empezó a follar la boca hasta que se corrió en mi cara. Cuando hubieron terminado los dos que me follaban, les sustituyeron otros dos, pero ahora estaba sentada a horcajadas y me la metía por mi coño a la que me perforaban el ano por detrás. Luego esos mismos me las metieron los dos por el culo. Los movimientos no eran muy fluidos debido a lo difícil de la postura, pero sentí cada penetración en mis entrañas. Cuando se corrieron, me senté en el piso y se empezaron a correr sobre mi algunos de los que no me habían follado mucho. Después salimos al porche donde en la misma posición, yo entre mis tetas recibí todo el resto de su semen.

Al llegar a casa, tampoco me dejaron limpiarme y además Alex me folló otra vez más dejando su esperma en mi vientre. Nos fuimos a dormir, no sin que antes me dijeran que me esperaban cosas aún mejores.

Autora: hangdog

Me gusta / No me gusta

Otro

Manuel sacó su polla y me penetró. Me estaba follando delante de mi marido sin que este ni tan sólo lo sospechara, y yo a punto de correrme, me costaba disimular el placer que sentía, él agarró mis pechos con las dos manos, las caricias en los pechos hicieron que me corriera rápidamente, mientras Manuel continuaba bombeando hasta que medio minuto más tarde llenó mi coño de leche.

Conocí al que hoy es mi marido hace veinte años, mi experiencia con los hombres era totalmente nula en aquel momento, ni tan sólo un beso había dado nunca a un chico, y claro está, virgen.

Nos casamos seis años después, yo ya no era virgen, y más cosas sabía de los hombres, bueno, mejor dicho, de un hombre. Tuvimos dos preciosos hijos, que llenaron nuestra vida de felicidad, también nuestra vida sexual era muy buena, mi marido si tenía experiencia, y me enseñó muchas cosas que yo perfeccioné. Entre mis amigas yo era la única que había estado sólo con un hombre, ellas no sé si tenían una vida sexual mejor, pero seguro que más variada, ya que me contaban cosas de sus novios, hacían comparaciones de manera de hacer, de tamaños… etc., cosa que yo sólo podía contribuir con los comentarios de mi sexualidad, primero con mi novio, y después de mi marido.

La vida me trató muy bien, mi marido es un cielo, cariñoso conmigo y con los hijos, trabajador, amable y buen amante, económicamente estábamos muy bien situados, él tenía un trabajo que le gustaba con un buen sueldo, y yo ocupaba un puesto de responsabilidad en una empresa con un sueldo similar al suyo. Con una vida tan “perfecta”, ¿que podía ir mal?, pues que a mí me daba vueltas por la cabeza la idea de conocer a otro hombre íntimamente, quería saber que se sentía cuando era otro el que te tocaba, que sabor tenía otra polla, como haría el amor otro hombre, pero claro, por nada en la vida quería que mi vida actual resultara afectada, y como no veía la manera de hacer encajar esto, me limitaba a masturbarme pensando en otros hombres.

Tenemos unos amigos, Clara y Manuel con los que compartíamos muchas veladas, ambos eran muy agradables, socialmente muy iguales a nosotros, la amistad de Manuel con mi marido es desde que iban a párvulos juntos, es decir, se conocen desde siempre, además coincidió en el tiempo en que nos conocimos con mi marido cuando Manuel conoció a Clara, y nos casamos con poca diferencia de tiempo. Un día, hará ya tres años, en que estaba sola en casa, Manuel vino, estaba destrozado y nervioso, no sabía que pasaba, nunca lo había visto así, le hice pasar, él se sentó en el sofá y me dijo:

-Sé que Clara me engaña con otro. -No puede ser, Clara es mi amiga, me hubiera enterado, respondí yo.-Es verdad, hace tiempo que lo sospecho, pero hoy los he visto juntos, es un compañero de trabajo.

Yo no daba crédito a lo que me decía, además, nunca habíamos notado que su relación tuviera una crisis.

Al día siguiente opté por llamar a Clara, quedamos para almorzar este mismo día, fue en un céntrico restaurante, cerca de donde trabajo yo, no tenía más que dos horas, por lo que no podía desplazarme mucho. Sólo de verle vi que su rostro estaba desmejorado, hacía unas ojeras de no haber dormido, me contó que sí, que tenía un amante, y que le apenaba mucho que su marido la hubiera descubierto, ya que pensaba que lo llevaba muy bien, pero que se confió demasiado, me dijo también que era sólo una relación física, que así se lo contó a Manuel, además me enteré de que no era el primero, que en este tiempo que llevaban casados, habían pasado por su cama más de diez hombres distintos, “no soy mujer de un sólo hombre” me dijo, “necesito tener algo distinto en la cama, amo a Manuel, y no sé si lo podré recuperar ahora, la he cagado, es un riesgo que ya conocía, pero creía tenerlo controlado”.

Manuel lo tuvo claro, no quiso recuperarla, y más cuando tiró del hilo y se enteró de todo lo que me había contado Clara, y muchas cosas más. El se convirtió entonces en un asiduo a nuestro domicilio, creo que pasaba más horas con nosotros que en su casa, además, como mi horario laboral era más corto que el de mi marido, nos pasábamos muchas horas los dos solos, cosa que se lo agradecía, ya que tenía un carácter muy abierto y simpático. Desde que tuve la charla con Clara, la idea que ya tenía en mi mente de que me gustaría conocer sexualmente a otro hombre se intensificó, pero también tenía muy claro el riesgo que esto suponía, al contrario que pensaba ella, este riesgo para mí, no era asumible. Ya había pasado un año de su separación, cuando un día cenando los tres, le dije que ya sería hora de que volviera a pensar en las mujeres, él me respondió:

– Ya pienso en las mujeres, incluso tengo una escogida. Entonces yo le pregunté: – Pues a que esperas para conquistarla.- Hay un pequeño problema, está casada, pero es guapa, maravillosa, simpática.- ¿Y ella que opina?- Ella no me hace caso, está demasiado enamorada de su marido.- Vaya, pues lo tienes mal, se puede saber ¿quién es?

Entonces riendo nos dijo:

– ¡Sí, claro, eres tú!

Y levantando la copa dijo:

– Por la mejor mujer del mundo, por ti, ¿no tienes una hermana gemela?

Con Manuel este tipo de bromas no nos extrañaban, teníamos mucha confianza, además de que su carácter hacía que decir esto, se tomara siempre en broma. Un día comenté que quería ir de compras, pero me daba pereza, porque tenía que ir sola, ya que mi marido no le gusta acompañarme, Manuel inmediatamente se ofreció a ser él quien viniera conmigo, yo lógicamente acepté enseguida.

Me vino a buscar con su coche un sábado por la mañana, una oportunidad así no la dejaría escapar, y le dije a mi marido que no me esperara hasta por la noche, aparcamos en el centro de la ciudad, odio los grandes almacenes, prefiero el pequeño comercio, me siento más atendida, además hay mucha más variedad de estilos. Después de dar vueltas mirando escaparates, entramos en una tienda, él se sentó a la salida de los probadores, yo entraba y salía con los modelitos que había escogido, él opinaba e íbamos separando lo que nos gustaba y lo que no, hasta que tocó probarme un precioso vestido de tubo, sin tiras y abrochado por la espalda, entré en el probador, pero no había manera de que pudiera abrocharlo, opté por salir e intentar pedir ayuda a la dependienta, pero estaba atendiendo a otros clientes, entonces Manuel se ofreció a ayudarme.

A mí me daba vergüenza, la cremallera llegaba hasta más abajo del culo, dejando al descubierto toda mi braguita, además eran de este tipo que son casi transparentes, por lo que podía verse todo mi culo. Entonces el dijo riendo que no me preocupara, que se taparía los ojos, me convenció, entró en el probador, le di la espalda muerta de vergüenza, diciéndole que ya podía subir la cremallera, mientras aguantaba el vestido por encima de los pechos con las dos manos para que no se cayese, Manuel me dijo que llevaba unas braguitas muy bonitas, le recordé su promesa de no mirar, y me dijo que yo ya sabía que no lo haría.

Cuando la cremallera llegó arriba, me giré, dándome la vuelta para enseñárselo, el vestido me quedaba divino, pero estaba pensado para llevar sin sujetador, y yo lo llevaba, Manuel insistió que me lo sacara, pero me daba corte estando él allí, además la maniobra era complicada, sin que él me ayudara con la cremallera, no podía sacarme el sujetador, pero con esta prenda puesta no sabría nunca si me quedaba bien. Opte por hacerlo, le dije que bajara un palmo la cremallera, después procedí a desabrocharlos, Manuel no me dejó, quiso hacerlo él, muy lentamente sacó los corchetes uno a uno, comentó que hacía más de un año que no hacía esto, procedí a sacármelo, estaba muy nerviosa.

El vestido me quedaba como un guante, parecía una segunda piel, se marcaba claramente el contorno de mis braguitas, cosa que noté, pero también Manuel, que comentó que estaba pensado para llevar tanga, o nada, dijo. Pues mira, tanga no llevo hoy, le contesté, pero él dijo que si podía sacarme las braguitas. A mí la situación me asustaba, pero me excitaba,  dudé un momento, puse las manos por debajo del vestido, y me las bajé, todo esto mientras Manuel no sacaba los ojos de mí, levanté primero una pierna, para sacármelas, y después la otra, las dejé encima del asiento, tenía miedo que viera que estaban algo mojaditas.

Visto así el vestido me quedaba muy bien, yo pensé que lo estrenaría sin nada debajo, seguro que a mi marido le encantaría. Decidí quedármelo, pedí a Manuel que me ayudara a desabrocharlo, cuando llegó con la cremallera a la altura del culo, me acordé que no llevaba nada debajo, y que estaba viendo directamente mi culo, sin nada de ropa que lo tapara, me puse más nerviosa si cabe, me giré rápidamente tanto que no se qué pasó con mis manos, que sin querer se me escapó el vestido, bajándose de golpe hasta el suelo, quedé de cara a él, con mi cuerpo totalmente desnudo a su vista, y yo no reaccionaba, claro que Manuel tampoco, estaba embobado mirándome, cuando me repuse, rápidamente coloqué el vestido hasta su altura, y le pedí que saliera, roja de vergüenza.

El resto del día pasó escogiendo ropa y más ropa, fuimos a comer, yo le manifesté lo avergonzada que estaba de lo que había pasado en el vestuario, pero él me dijo que no me preocupara, que a él le había gustado, que hacía más de un año que no veía un cuerpo de mujer desnudo. Cuando llegamos a casa, estaba mi marido leyendo un libro, no quería que lo del vestuario fuera un secreto, pero temía que se enfadara, opté por contárselo delante de Manuel como una anécdota divertida, y así se lo tomó, no le dio ninguna importancia. Una noche que salimos a cenar los tres, me puse este vestido, cuando Manuel lo vio, delante de mi marido recordó la anécdota, todos nos reímos, entonces comentó que veía que había optado por llevar tanga, mi marido interrumpió, dijo que no, que no llevaba nada debajo. Durante la cena, entre mi marido y Manuel comentaban constantemente este hecho, diciendo que me resfriaría, que si abría demasiado las piernas alguien se escandalizaría, etc., cierto era que con lo corto que era, con un poco de descuido dejaba mi chochito a la vista de todos.

Otro día comenté sin pensarlo que quería volver a ir de compras, pero esta vez no pretendía que me acompañara Manuel, ya que pensaba comprar ropa interior, tendría que haber callado, ya que ante la oferta de Manuel de acompañarme, mi marido insistió, yo les dije que no, que quería comprar ropa íntima, y no era cuestión de que un amigo la escogiera, pero entre bromas dijo que por qué no, si Manuel ya me conocía entera, no me tocó más remedio que aceptar. Fuimos a varias tiendas, él opinaba sobre tal y cual modelo, en varios casos lo trataban como si fuera mi marido, yo no podía desmentirlo, haber quien dice que es un amigo sólo, y Manuel seguía la broma llamándome cariño, mi vida…

Lógicamente nunca le dejé entrar en los probadores. Al llegar a casa, enseñamos a mi marido los conjuntos que había comprado, él insistió en que me los pusiera, yo me negué, no era cuestión de pasearme con bragas y sujetador delante de Manuel, pero tanto mi marido como Manuel insistían, medio en broma medio en serio, además, mi marido dijo que ya que nuestro amigo tenía tanta paciencia, se merecía este premio. Fue tal su presión, que acabé aceptando, me dirigí a la habitación, y me coloqué el primero de los conjuntos, me miré al espejo y estaba preciosa, no me atrevía a salir, tuvo que venir mi marido, extrañado por el retraso para sacarme casi a la fuerza. Cuando llegué a la sala, Manuel lanzó un silbido, dijo que estaba muy buena, y que era una pena que fuera la mujer de su mejor amigo. Continué con los pases, ellos sentados tomándose algún licor, hasta que di por acabada la exhibición, pero Manuel recordó que había un conjunto más, pero era demasiado atrevido para enseñarlo, y así lo comenté, entonces mi marido insistió, diciendo que con Manuel había confianza y bla, bla…

Me fui a mi habitación, me saqué el conjunto que llevaba y me puse un mini tanga, por detrás no era más que un hilo blanco que quedaba completamente dentro del culo, y por delante un triangulito de ropa transparente, dejaba ver perfectamente todos los pelos de mi coño, los que no asomaban por los lados, además, era tan delgado que se colocaba dentro de mis labios vaginales, y asomaban completamente. La parte de arriba no era más decente, la ropa era la misma, transparentaba completamente el pecho, se veía el pezón casi igual que si no llevara nada encima. No sabía qué hacer, si salir o no, pero recordé que mi marido era quien más alentaba la situación, y yo estaba muy excitada, ¿por qué no aprovecharlo?

Sólo de asomar por la puerta, mi marido aplaudió, Manuel quedó como bloqueado, estaba viendo mis pechos, mi vello púbico y los labios del coño, que asomaban por el lado, yo me lancé, de forma atrevida me di la vuelta, pudieron ver totalmente mi culo, ya que la tira quedaba escondida en él, ya no me importaba nada, veía que mi marido estaba muy contento de que me exhibiera delante de Manuel, por lo que hice un baile sensual, me estiré en el suelo, e hice un juego de piernas que las abría y cerraba delante de Manuel, sabía que estaba viendo mi coño completamente, mientras mi marido aplaudía cada cosa que hacía, hasta que procedí a sacarme el sujetador, me puse de espaldas, lo desabroché, y aguantándolo con la mano, me giré, dejándolo caer lentamente, después procedí a sacarme el tanga, bajándolo lentamente, y de una patada lo lancé a su cara. Quedé completamente desnuda, veía que tenía la situación controlada, mi marido estaba contentísimo de ver cómo me exhibía delante de su amigo, y este ni que decir tiene que lo estaba más.

Decidí continuar con el baile sensual, pasaba mi cuerpo cerca de cada uno de ellos, Manuel tuvo mis pechos a escasos milímetros de sus ojos, opté por acabar el baile sentada en el suelo, de espaldas a ellos abrí las piernas tanto como pude, ni coño quedaba totalmente abierto, pero ellos no podían verlo, mi marido pedía insistentemente que me girara, entonces pilotando sobre mi culo, y sin cerrarlas me giré, quedando parada justo delante de Manuel, quien pudo ver el interior de mis intimidades, yo, sin cerrarlas le pregunté: “¿te gusta mi coño?” “A quien no”, respondió sin apartar la vista de él, me fijé en su bulto, estaba empalmadísimo, entonces opté con las manos, separar los labios completamente y decirle: “míralo bien”. Di por acabado el pase, me fui a la habitación y me puse unas braguitas y un vestido que suelo utilizar para estar por casa, de estos tirados, volví a salir, Manuel aún no reaccionaba, y mi marido decía que le había gustado mucho mi pase de modelos, especialmente el último.

Cenamos comentando cosas de lo que había hecho, Manuel me lo agradeció, nos confesó que estaba muy excitado por lo que había pasado, añadiendo que lástima que no tuviera una mujer para desfogarse. Después de cenar, charlamos de posiciones sexuales, mi marido comentó como nos gustaba ponernos, cual era nuestra posición favorita, etc., Manuel dijo que con Clara muchas veces lo hacían en el sofá, él sentado, colocaba encima a su mujer, dándole la espalda y amarrándole los pechos, mientras la penetraba. Mi marido decía que no lo entendía (cosa muy rara), pidiendo a Manuel que se lo enseñara conmigo, yo dije que de esto nada, entonces dijo que claro, vestidos, que no pasaba nada.

Avergonzada me acerqué a él que ya estaba sentado, me cogió por la cintura e hizo que me girara dándole la espalda, además hizo que me sentara sobre su falda, quedando sus piernas entre las mías, también hizo que la falda del vestido quedara abierta por encima las piernas, a no ser por mis bragas y sus pantalones, aquello era una follada con toda la regla. Manuel empezó a moverse, como si estuviera follándome, mi coño reaccionó, estaba seguro que cuando me levantara notaría su pantalón mojado por mi coño, a mí me gustaba. No sé como lo hizo Manuel, pero puso su mano debajo de la falda, desabrochándose los pantalones, sacó su polla, apartó mis bragas y me penetró.

Me estaba follando delante de mi marido sin que este ni tan sólo lo sospechara, y yo a punto de correrme, me costaba disimular el placer que sentía, entonces mi marido dijo: “No decías que le agarrabas las tetas, no veo que lo hagas ahora”.

Manuel agarró mis pechos con las dos manos, por encima la ropa, yo ya no disimulaba, mi marido se pensaba que simplemente eran unas caricias, pero realmente me estaba follando, además, las caricias en los pechos hicieron que me corriera rápidamente, mientras Manuel continuaba bombeando hasta que medio minuto más tarde llenó mi coño de leche. Me levanté como pude, haciendo lo posible para que Manuel tuviera tiempo de taparse la polla. Yo notaba que la leche de Manuel bajaba por mis piernas, mi marido creía que había visto un jueguecito de su mujer con un amigo, pero realmente me había follado completamente.

Autora: casada_cachonda

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El reencuentro

El sueño de toda una vida se estaba volviendo realidad, dos mujeres al tiempo, sentado en el sofá comencé a disfrutar del espectáculo, Clara le puso las manos sobre el culo a Aleja y se lo manoseaba apretándolo, Aleja empezó a hacer lo mismo, mientras yo jugaba con mi verga, disfrutando cada minuto, ver a esas dos mujeres enfrente, sentir ese olor a sexo, esa atmósfera impredecible.

Noviembre (II)

Durante esa noche no pude dormir, pensando y repitiendo mentalmente cada momento de ese encuentro corto y furtivo, cuando nos despertamos esa tarde, tuve que salir rápido del apartamento ya que el celador avisó por el citófono de la llegada del hermano menor de Alejandra, así que ni siquiera alcanzamos a intercambiar teléfonos y por consiguiente el recuerdo de la experiencia me rondaba y me rondaba la cabeza hasta el punto de tener que masturbarme y así poder conciliar el sueño.

Durante los días siguientes, jueves, viernes y el fin de semana estuve rondando por enfrente de su edificio, pero ni rastros y al final como no supe su apellido no tuve formas de preguntar en la portería; pasó una semana más y al siguiente martes mientras iba para la oficina, me desvié de mi ruta normal y al pasar por enfrente de su apartamento nuevamente la vi, estaba vestida con un blue jeans de esos descaderados, una blusita café, tenis y una chaqueta ligera; yo estaba tres carros atrás de la camioneta en la que ella se estaba subiendo y aunque pité con la bocina de mi carro, no se dio por enterada. Muchas cosas pasaron por mi cabeza, de un momento a otro estaba temblando y con los pensamientos acelerados, no podía perder la oportunidad de entrar en contacto nuevamente y por suerte en el siguiente semáforo pude igualar su auto, como por arte de magia ella me vio y aunque muy seria (más tarde me contó que ese era el carro de sus padres y ni modo de bajarse), escribió sobre el cristal su número de celular y con la boca me pidió que la llamara más tarde, un guiño de ojo con una hermosa sonrisa y se me arregló el día de una forma que no pueden imaginarse.

En la tarde y después de muchos intentos finalmente respondió al celular.

– ¿Alejandra? – Si… ¿Oscar? – El mismo, ¿cómo has estado, cómo van tus cosas? – Pensé que no ibas a llamarme, esta mañana cuando te vi se me movió el mundo… he estado pensando mucho en ti, en cómo te habría acabado de ir esa tarde, si te había gustado lo que pasó… no se pensé que no nos íbamos a ver nuevamente…- Lo mismo me pasa a mí, la verdad no puedo sacarte de mi cabeza… cada vez que pienso en ti… al final tengo que hacerme un pajazo para tratar de calmarme…

– Tú qué crees, por las noches y por las mañanas tengo que masturbarme en la cama o en el baño o hasta… mejor dicho después te cuento… me gustaría volver a verte, la verdad ese fin de semana en la finca de mis padres terminé con mi novio y… me estoy volviendo loca de ganas… por las tardes cuando estoy sola pongo el canal porno que tú estabas viendo y me vuelvo loca imaginando que somos nosotros, como me gustó que me chuparas la rajita, el culito, que me muerdas las tetas y todo lo que me hiciste… ya me estoy mojando otra vez…

– ¿Y tú cómo crees que estoy yo? Sólo escuchándote ya tengo una erección y el recuerdo del sabor de tu sexo me pone a mil, la sensación de eyacular en tu boca, de ver tu carita, sentir ese culito duro y firme, esas tetas, en fin no te imaginas como me pones… tenemos que encontrarnos hoy mismo…
– ¡No! Hoy no puedo, ya tengo un compromiso ineludible…

– ¿Y mañana en la mañana?- Si, mañana si puedo, a qué horas.- Tú dirás…- A la 9:00 en la esquina de mi apartamento ¿vale? – Listo… pero quiero que me des gusto con algo: quiero que te pongas la tanguitas de la vez pasada, con un jeans descaderado y una camiseta sin sostén… – Tú sabes que las mías son muy grandes y eso se nota…- Ponte una chaqueta o un saco encima y listo… ¿vale? – ¡Listo! Hasta mañana…

Ya podrán imaginarse la noche que pasé, y sin embargo me aguanté las ganas de masturbarme para estar mejor dispuesto para el otro día.  A la mañana siguiente pasé muy temprano por la oficina y pedí permiso por el resto del día, tengo vueltas personales que hacer y son inaplazables… le dije a mi jefe, quien no puso problemas para nada. A las nueve estaba en la esquina hecho un mar de ansiedad, pensando si Alejandra vendría o no, pero después de cinco minutos que parecieron horas, ella llegó caminando de frente hacia mí, que visión tan hermosa: una hembra de más o menos 1,72 de estatura, piernas largas y gruesas, el triángulo de ese sexo, el vaivén de su caminar, el color de su piel por encima del jeans, esas tetas moviéndose al ritmo de sus pasos… en fin ya pueden imaginarse.

– ¡Hola! – ¡Hola! Súbete y vamos. – ¡Vamos! Oye aquí nada de besos, que los vecinos…

Tan pronto se subió al carro el olor de su perfume y de mujer recién bañada captó toda mi atención; arrancamos y me dirigí hacía mi apartamento que se encuentra a pocas cuadras de allí, pero a las pocas calles me estacioné en una calle auxiliar y sin mediar palabra nos abrazamos en un beso apasionado, largo, en medio del cual aproveché para comprobar si Alejandra había cumplido con mis deseos y para mi sorpresa y gusto así fue… pude tocar nuevamente esas tetas suaves y grandes, duritas y en un momento le subí la camiseta y se las chupé… Uhhmmm que sensación tan rica…

– ¡Estás loco! Aquí cualquiera nos puede ver, es muy temprano y la gente va saliendo para la oficina… ¡quieto!… – Que rico que me dieras gusto, vamos para mi apartamento, no me aguanto más las ganas de estar contigo…

En cuestión de 20 minutos llegamos al lugar y en menos de 5 minutos estábamos en la puerta del mismo, claro en el trayecto del parqueadero hasta el piso, nada de nada… muchos vecinos y… buenos días, y por aquí tan temprano ingeniero, y ese milagro de verlo y etc., que desespero, ¡me imagino que me entienden! En fin una, vez entramos y cerramos la puerta, el beso más apasionado y frenético de la vida, explorar esa boquita con mi lengua, mientras con mis manos apretar ese culo… que deleite.

– Como te deseo, Aleja… que… rica… estás, que delicia… por fin los dos nuevamente… ven vamos al cuarto…

Ella me abrazó con sus piernas en mi cintura y así la subí hasta mi habitación, parecíamos loquitos, y una vez en el cuarto la acosté sobre mi cama y empecé a besarla suavemente en la boca pasando a sus orejas, su cuello, que delicia escuchar sus gemidos y sentir ese temblor en su cuerpo, bajé por su cuello hasta su pecho y por encima de la camiseta le mordí los pezones, le quité la camiseta y me dedique a jugar con esas preciosas montañas, pasar mi cara entre sus senos, apretarlos, chuparlos y morderlos.

– Sigue… así… así… que delicia… uuhhmmm… ahhhh.

Abandoné muy a mi pesar esas tetas ricas y seguí bajando, por su vientre jugando con mi lengua en movimientos circulares hasta llegar a su ombligo, aquí me desvié hacia los lados con mordisquitos suaves y chupetazos hasta que no aguanté más y seguí mi ruta hacia su sexo, le solté el cinturón, desabroché el pantalón, se lo quité completamente, volviendo a jugar con ese hermoso sexo por encima de la tanguita (la misma que le pedí que se pusiera), separó sus piernas y me dediqué a chupar y morder entre sus muslos hasta llegar a sus rodillas; que espectáculo tan erótico tenía enfrente: su sexo húmedo, oloroso, delicioso… no aguanté más y le quité la tanguita, que salieron empapadas de su flujo; que delicia de vista: una raja morena, carmesí, húmeda, brillante, hinchada… en ese momento retomé mi ruta sobre sus rodillas y me dirigí hacia su sexo, cuando alcancé su rajita le pasé mi lengua de abajo hacia arriba, jugué con su vello y regresé a chupar y morder esa raja, que delicia.

– Que rico… no pares… uuhhmmm, dale así… así…- Date la vuelta, quiero mirar y comerme tu culito, quiero sentir cada milímetro de ti…

Que deleite poder besar y chupar esas nalgas desde su nacimiento pasando por el botoncito del culito hasta alcanzar la rajita en la parte final. No sé cuánto tiempo pasé jugando con ella, pero al rato me detuvo, me dio un beso en la boca y me dijo:

– Anoche compré algo para ti, pásame mi bolso por fa…- Yo también compré algo para nosotros…

Los dos coincidimos en cuanto a la marca del condón. Para mi sorpresa yo aún estaba vestido o bueno a medio vestir ya que había tenido que abrir la bragueta para liberar mi verga pues no podía resistir más la erección, así que terminé de desnudarme con la ayuda de Alejandra; me puse el condón y retornamos a la acción: ella se acostó boca arriba y yo me dispuse a penetrarla, pasé mi pene a lo largo de su vagina sintiendo esa rajita lubricada, caliente, suavecita.

– Házmelo despacito por fa… es mi primera vez…- Espero que te guste… me tienes al tope….

Así empecé a penetrarla con suavidad, entrando y saliendo sintiendo su temblor, su respiración acelerada, sus gemidos, hasta que ella cogió mis nalgas con sus manos y en un sólo movimiento empujó mi verga hasta el fondo de su sexo… que delicia penetrarla totalmente, al principio soltó un gemido de dolor, pero al momento su ritmo se aceleró y en un frenesí descontrolado alcanzamos nuestro primer orgasmo juntos…..quedé tendido encima de ella por un momento y después me tendí a su lado, relajado como perdido. Para mi sorpresa Alejandra se levantó y retiró el condón de mi pene aún erecto, botándolo a un lado de la cama, para después comenzar a chupar mi verga.

– ¡Como me gusta el sabor de tu semen! – Ahhhh… se siente muy rico.

Me chupó por un rato y después nos quedamos dormidos, abrazados. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero al despertarnos tomamos una ducha caliente, nos acariciamos, me hizo una mamada deliciosa y volvimos a la cama, jugamos toda la tarde, nos reímos, corrimos desnudos por el apartamento, pasado el medio día pedimos algo de almorzar y volvimos a nuestras andanzas y al final de la tarde ya habíamos acabado con los condones y con nuestras fuerzas, ella tenía una carita de cansada, con ojeras, pero una mirada hermosa, con ojos brillantes y de satisfacción. En fin, eran las siete de la noche cuando la llevé hasta su apartamento, nos despedimos como quien no quiere la cosa y así terminó uno de los días más eróticos de mi vida…

Mi ex y Aleja (Noviembre III)

Las cosas con Alejandra venían funcionando de maravilla, durante las últimas semanas fuimos amantes inseparables, es decir en las noches y durante los fines de semana, a cada momento que podíamos; ella es una mujer complaciente que responde a cada uno de mis antojos de forma inocente, pero apasionada, como por ejemplo pedirle que para ir al cine use minifalda sin ropa interior y en la mitad de la película que se pase por enfrente mostrándome sus encantos, o pedirle una mamada mientras voy manejando por la circunvalar, o ir a un bar de media luz y hacer el amor enfrente de todos, pero con disimulo (hasta donde se puede), y permitirme eyacular en su boquita o chuparle esa rajita y ese culito mientras estamos en el último rincón de una pizzería, en fin muchas cosas deliciosas que nos llenan de placer mutuo.

Para mi sorpresa un día a la hora del almuerzo estaba esperándome mi antigua novia, Clara, una rubia hermosa de ojos azules, piel blanca, cabello corto, boca grande y carnosa, un culito parado y respingón, con unas tetas no tan grandes como las de Alejandra, pero siempre paraditas y deliciosas para chupar, coronadas por unos pezones grandes y rosados, una mujer de 27 años, hecha y derecha con sus 1,65 de estatura; nuestra relación no duró mucho, hasta que trató de fijar la fecha del compromiso (6 meses después de conocernos), y las cosas terminaron luego de una discusión acalorada y un polvo de despedida. Para ella hacer el amor es como un compromiso, algo que se debe hacer por el hecho de ser novios, más no algo apasionado, desenfrenado, en fin no sé cómo explicarlo; sin embargo no me quejo de nuestros meses juntos. Ella se trasladó para otra ciudad por cuestiones de trabajo con el banco y las cosas se terminaron de enfriar.

– Hola Clara… como estas… ¡que milagro! – Hola Oscar, vine unos días a Bogotá y quería saludarte, vamos a almorzar, yo invito… quiero que conversemos…

En fin, me imaginé un almuerzo pesado, con reclamos y más, pero no fue así, me contó que el trabajo iba bien, ya se había adaptado a la nueva ciudad también que estaba de novia y que muy posiblemente se pensaban casar en unos meses.

– ¿Y tú? ¿Andas saliendo con alguien? – Si, hace unas semanas conocí a una niña especial…- Y ya te la estás clavando…- Si, tenemos una buena relación…- ¿Es mejor que yo?- ¿Por qué preguntas?…- Me has hecho falta… te extraño… no sabes cómo me gustaba que me chuparas la rajita… uuhhmmm y mi culito… siempre me quedé con las ganas de saber que se sentía que me clavaras por el culito…- Bueno… tú nunca quisiste…

– Si, yo sé, pero es que me daba miedo…y a tu novia ya te la clavaste por el culito…- No, la verdad no hemos llegado hasta allá. Pero a qué viene todo esto, si me dices que piensas casarte…- Tú podrías cambiar esa decisión…- Tú ya sabes lo que pienso del matrimonio… y mi opinión no ha cambiado.

En fin, el postre del almuerzo fue esta conversación, que la verdad lo único que hizo fue llenarme la cabeza de ideas raras y de recuerdos: a diferencia de Alejandra, Clara tiene una rajita chiquita, rosadita, jugosa al igual que el capullito del culito que cada vez que se lo lamía lo encogía y suspiraba de placer además siempre me gustó y me pareció muy sensual el hecho de que la cuquita la llevaba totalmente depilada y con el solo hecho de besarle o morderle una oreja se ponía mojadita a más no poder. Esa noche, mientras hacíamos el amor con Alejandra, es decir en uno de los descansos le conté sobre el almuerzo con Clara.

– ¿Y qué quería la zorra? Que te la clavaras, pilas, que si te pesco te metes en problemas…- Tranquila, nuestra relación ya terminó, aunque te confieso que pensar en ella aún me excita, pensar en el sabor de sus pezones, en como gemía de placer, en que hubiera sentido si le hubiera dado por el culito, no se mira como me pone…

Para ese momento ya tenía la verga otra vez en punto, no sé si por los recuerdos o por el masaje de Alejandra…

– Tú sabes que nunca lo hemos hecho por el culito, pero si quieres podemos probar…

Y sin pensarlo dos veces comenzó a darme una mamada fenomenal, a llenarme la verga de saliva, apretando con la boca de arriba hacia abajo y viceversa y con las manos apretando y soltando las pelotas; hice que me pusiera esa rajita morena en la boca y yo también comencé a consentirla como a ella le gusta, lamiéndole el culito y metiéndole la punta de la lengua… haciéndola gemir de placer… preparando ese culito para ser penetrado por primera vez… en fin jugamos alrededor de 20 minutos, después de los cuales la hice arrodillase encima de la cama, inclinándose hacia delante, de tal forma que tuviera acceso a su culito fácilmente, saqué aceite para bebés y comencé a acariciar su culito… suavemente haciendo círculos con mi dedo del corazón, lamiéndola… haciendo que se relajara al máximo y que sintiera el placer de ser acariciada y lamida; le metí un dedo primero, suave, despacio, sin afán, después otro hasta que su ano estuvo relajado y entonces me coloqué un condón y comencé a penetrarla, despacio al principio, pero cuando le metí media verga, no aguanté más y la penetré hasta el final de un solo empujón.

– ¡Ay! ¡Me dolió!… Ahhhh, sigue… sigue… más… más… no… no pares…dame más…- ¿Te gusta? Así… así…- Si, dame más… dame más… ummm… ummm… acaríciame la rajita… así… así… quítate el condón y lléname el culo de semen… quiero sentir…

No alcancé a resistir más de 15 minutos y al final eyaculé en su culito, que delicia finalmente habíamos probado ese manjar prohibido y la verdad me gustó mucho esa sensación. Ya estábamos relajados en la cama, después de un baño caliente, cuando el teléfono sonó, era Clara.

– Hola, ¿cómo estás?… ¿qué hacías?- Estamos con Alejandra…- O sea, ¡tirando como conejos!- Si, así es…- Te la clavaste por el culo… ¡verdad!- Si, nosotr…

En ese momento Alejandra, roja de la rabia, me tapó el teléfono.

– ¡Qué quiere zorra!- Qué… ¿te gustó? ¿Te lamió el culito antes de clavarte?- ¡Que te importa! ¡Vete a la mierda maldita zorra! -¡No te pongas así! Ya te contó de su sueño de clavarse dos viejas al mismo tiempo… de lamerles las tetas y morderles los pezones… de que se la mamen las dos al mismo tiempo… ¿no te ha dicho nada?- No… ¿y para qué me dices esto? ¡Yo ni loca con otra vieja! – ¡Chao! Mamita… que tengas buenas noches… ja, ja, ja, ja…

La cara de rabia de Aleja se cambió por una carita de sorpresa, colgó el teléfono y me miró como extrañada.

– Como así que tienes un sueño…- Que te dijo Clara…- Me contó de tu sueño de estar con dos viejas… tú no me habías dicho nada…- Bueno, nunca hablamos del asunto, además estamos saliendo hace poco… y las cosas van bien así entre nosotros… no se… no había vuelto a pensar en eso…- Que curioso…

El siguiente viernes, salimos a cenar con Aleja, quedamos de encontrarnos en un restaurante llamado Crepes &… para después ir al cine o algún otro sitio, había sido una buena semana en el trabajo y esperaba un buen fin de semana también; para esta ocasión le pedí a Aleja que se pusiera un vestido enterizo negro, corto de esos pegaditos al cuerpo y obvio que no se pusiera tanguitas, durante la cena quería agacharme a recoger algo del piso para poder disfrutar del espectáculo de su rajita morena, deliciosa, mojadita… en fin… llegué al sitio y por primera vez desde que estábamos saliendo me hizo esperar, la llamé al celular y le avisé que la esperaba dentro del restaurante, quería verla caminar hasta la mesa. Que sorpresa me llevé cuando a los pocos minutos vi entrar al restaurante a Alejandra y a Clara juntas, caminando con coquetería y riéndose al ver mi cara de asombro o mejor de tonto, no sabría como describir cuantas cosas se me pasaron por la cabeza…

– ¡Hola amor! ¿Cómo estás?- ¡Hola papi! (así me llamaba Clara), ¿sorprendido?- Hola, como están… la verdad no me esperaba encontrarme con las dos al mismo tiempo, ¡que sorpresa!

Alejandra se había colocado el vestido que le pedí, pero a diferencia de otros días, estaba maquillada como para fiesta, elegante con estilo, no parecía una mujer de 18 años; Clara vestía de forma similar con un vestido corto, color café, hermosa, sensual, provocativa, no sé cómo explicar la situación y lo cortado que quedé por un momento. Nos cambiamos a una mesa para 4 y ellas se sentaron enfrente de mí, todo el tiempo sonriéndose con picardía y para mi sorpresa, charlando como grandes amigas. Cuando llegó la mesera para entregar las cartas, Aleja dejó caer accidentalmente la suya y me pidió el favor de levantarla: que espectáculo tan erótico me encontré bajo la mesa, las dos se pusieron de acuerdo y a menos de 50 cm de mi cara tenía dos rajitas deliciosas, Clara colocó su pierna derecha sobre la izquierda de Aleja y me ofrecieron una vista casi inmejorable: la rajita de Clara totalmente depilada, rosadita, abierta… la de Aleja morena, coronada por esa línea de vello púbico… todo fue muy rápido y de la sorpresa me golpee la cabeza contra la mesa y al levantarme no supe como excusarme con la mesera que con cara de picardía se retiró sonriéndose.

– Carambas niñas… que vista tan increíble, atiné a decir…- ¿Te gustó?… contestaron al tiempo. – Wuauu… que pregunta es esa, nunca me imaginé verlas a las dos así al mismo tiempo, ¿realmente quieren cenar?- Si, y después vamos al cine y después… quien sabe -dijo Clara- ¿o no Aleja? si te portas bien con nosotras es posible que sea noche de sueños…

Ya podrán imaginarse como transcurrió la cena, ellas divertidísimas viendo y disfrutando con mi impaciencia, me imagino que estaba más rojo que un tomate y con una erección retenida por el pantalón, la verdad yo no disfruté la cena fantaseando e imaginando todo tipo de escenas en mi mente, que íbamos a hacer más tarde y todo ese tipo de cosas. Después de la cena desistieron de ir al cine, Alejandra tenía que llegar a la casa antes de la 1:00, y salimos para mi apartamento; aunque el recorrido no fue muy largo, me pareció eterno, les pedí que me mostraran las rajitas, que hicieran como si buscaran algo en la parte de atrás del carro para que se inclinaran y poder observar, en fin creo que nunca antes había estado tan arrecho ni caliente en mi vida y ellas parecían estar disfrutándolo al máximo, no hacían más que reírse y burlarse de mí.

Cuando llegamos al apartamento la situación cambió ya que ninguno de nosotros sabía qué hacer, serví unos vinos, pusimos música alegre, la verdad ellas no se sentían muy cómodas, entonces, sin mediar palabra Clara se quitó el vestido y quedó totalmente desnuda, una rubia hermosa con esa rajita depilada totalmente y las tetas paraditas con los pezones rosaditos que se veían duros.

– Vas a arrepentirte Aleja… ven vamos a bailar…

Alejandra, sonrojada se paró y también se quitó el vestido Uauu… que vista… el sueño de toda una vida se estaba volviendo realidad, dos mujeres al tiempo, comenzaron a bailar, Clara se dejó puestos los zapatos de tacón para compensar la diferencia de altura, se miraban a los ojos con una mezcla de no sé qué hacer, pero a los pocos minutos se estaban abrazando al compás de la música, yo no podía más de la excitación, me desnudé también y sentado en el sofá comencé a disfrutar del espectáculo, las dos amacizadas, el roce de sus tetas con los pezones duros, Clara le puso las manos sobre el culo a Aleja y se lo manoseaba apretándolo, palmeándolo, Aleja empezó a hacer lo mismo, mientras yo jugaba con mi verga, suavemente, disfrutando cada minuto, no sé si me entienden, pero ver a esas dos mujeres en frente, sentir ese olor a sexo, esa atmósfera impredecible… no se compara en nada a ver una película porno o a leer un relato de sexo, es algo insuperable.

Cuando se acabó la canción, se miraron, se sonrieron y vinieron hacia mí, me hicieron abrir las piernas y cada una comenzó al mismo tiempo a besar, a pasar su lengua lentamente desde los pies hacia arriba, despacio, en círculos, en la medida que iban subiendo pude sentir sus tetas sobre mi piel, su calor, las dos al mismo tiempo… uuummm… al llegar a mis muslos pude sentir la humedad de sus sexos… jugaron un rato en mi entrepierna y finalmente llegaron a mi sexo.

Clara comenzó a chuparme las bolas y Aleja a pasar la lengua desde la raíz subiendo despacio hasta la punta, su respiración, la saliva que se enfría, dos manos diferentes apretando… soltando… masajeando, hummm… después cambiaron de posición y al final las dos hicieron el mismo recorrido cada una a un lado de mi verga y al llegar a la cabeza jugaron con ella con la punta de sus lenguas y para mi sorpresa en un desliz se entablaron en un beso apasionado… ya no aguantaba más y mientras Alejandra le daba con su mano mi verga a Clara no aguanté más y eyaculé como si fuera mi primera vez en la boca de Clara; su reacción fue inesperada, se separó y puso cara como de disgusto.

– ¿Qué pasa?… ¿No te gusta?… es de las cosas más ricas que he probado. Dijo Aleja- dámelo… ahhhh. – ¿Tú, te lo comes? – ¡Claro!… prueba…

Y así me terminaron de limpiar hasta la última gota de semen y nuevamente se fundieron en un beso, compartiendo mi esperma entre sus bocas, eso fue algo que realmente nunca pensé iba a ver, pero ya era la segunda vez de la noche. Esa imagen hizo que mi verga recuperara su forma otra vez, mejor dicho que recuperar, sencillamente no pude perder mi erección ante tanta sensualidad.

– Bueno amor… ahora es nuestro turno… ¡tú dirás!

Por fin, era mi turno de disfrutar de esas dos hermosas mujeres, el sólo pensar en esto me enloquece nuevamente, en fin, al principio Aleja y Clara se sentaron una al lado de la otra, una pierna de Clara encima de la Alejandra… esas dos rajitas sólo para mí y comencé a chupar, a lamer a penetrar esas rajitas con mi lengua, a lamerles el culito a penetrarlos con mi lengua, fueron como 20 minutos de probarlas, de mezclar sus sabores en mi boca… de oírlas gemir de placer… y entonces Clara se paró y se arrodilló en el borde de la silla poniéndole su rajita en la boca de Aleja y para mi sorpresa ella comenzó a comérsela.

– Así… hummm… así… como si fuera la tuya, chúpame… cómeme… ahhhh…sigue… chúpame el culito… así… así… como Oscar te lo chupa a ti… ahhhh…- Oscar… clávame… clávame… ¡ya! Me pidió Aleja… métemela toda… duro… duro.

Así estuvimos un buen rato yo penetrando a Aleja mientras ella se comía la rajita de Clara, después ellas se montaron en un 69 con Aleja debajo y Clara encima, lo que me dio la oportunidad de clavarme a Clara mientras Aleja me lamía las pelotas entonces Clara me dijo: – Oye es mi turno por el culito… quiero que me claves mientras Aleja me chupa la raja… métemelo de una… ahhhh… que rico… dale… dale… uuummm…

Y así jugamos hasta que un orgasmo nos sacudió a los tres al mismo tiempo, fue como si un camión nos hubiera pasado a todos por encima: quedamos tendidos al lado, cansados, cubiertos en sudor, exhaustos, pero satisfechos. Pasamos al baño, nos duchamos entre besos y caricias… que delicioso se siente poder meter los dedos de las manos en dos rajitas diferentes y al mismo tiempo, jugar con sus culitos… más tarde seguimos haciendo el amor entre los tres: Clara acostada boca arriba y yo penetrándola, mientras Aleja en mi espalda acariciándome con sus tetas y la punta de su lengua en mi culo mientras penetraba a Clara, que delicia, después cambiaron de posición y al final ellas chupando mi verga hasta tomarse la última gota de mi semen… en fin fue una noche espectacular, una noche que no podré olvidar en mucho tiempo…

Bueno por ahora los dejo, esta noche vamos con Aleja para la Calera y no sé qué cosa podamos encontrar. ¡Saludos para todos!

Autor: Oscar

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Mi primera clase de sexo

Yo continuaba chupándole la verga a mi papá escuchando todo lo que me decían, mamá me separó de papá y apoyándose en la mesa dejó expuesta su chorreante concha y le dijo a papá, vamos cariño, mostrémosle a esta perra como me coges, dame por mi concha que ya está chorreando de ganas. Mi papá empuñando su gran verga la hundió de un solo empujón en la concha de mi madre.

Hola amigos,  es la primera vez que escribo mis historias y espero que les guste.

Bien mi nombre es Clara y lo que les voy a contar pasó hace 2 años atrás; hacía una semana que había cumplido 18 años y mi madre me había dicho que ya era una mujer y que tendría que ayudarla con las tareas de una mujer en la casa para atender a mi padre y mi hermano que en esos días estaba de viaje pero que pronto regresaría, yo no me puse muy contenta por que pensé que tendría más cosas que hacer como limpiar, cocinar o lavar aparte de mis deberes escolares aun cuando esas cosas ya las hacía, pero mi madre no se refería a esas cosas sino a otras mucho más placenteras que pronto descubriría.

Mi padre llegó del trabajo muy temprano para su costumbre eran las 3  y él siempre llega pasadas las 6 de la tarde, de inmediato lo saludé  muy gustosa abrazándolo fuertemente como era mi costumbre, él también me abrazó con fuerza más de la habitual y pude sentir en mi barriga la erección que tenía  bajo sus pantalones, sentí también sus manos en mis nalgas que a diferencia de otras veces no eran unas nalgadas sino unas caricias, como amasando y levantando mis nalgas, eso me sorprendió pero me sentí bien. Luego mi padre yendo hacía mamá le dio un gran beso y con una de sus manos acariciaba las grandes nalgas de mamá y con la otra estrujaba uno de sus senos que fácilmente pudo descubrir ya que mamá solo tenía  puesta una bata muy ligera cosa normal en ella cuando está en casa pues usa solo la bata sin nada debajo, o anda solo con su pantaleta muy pequeña metida entre sus grandes nalgas y su corpiño que apenas cubre las aureolas de sus senos.

Luego le  preguntó ¿Ya hablaste con Clarita? Si, ya le dije que es ya una mujer y que tiene que ayudarme en las cosas de la casa, pero creo que todavía no entiende bien a que me refiero. Bien dijo mi papá, habrá que darle su primera clase a la niña para que baya aprendiendo de que se trata sus nuevas tareas.

Yo miraba fijamente como mamá desabrochaba el cinturón del pantalón de papá mientras este seguía amasando los senos de mamá ya expuestos abiertamente y hablaba de mi primera clase, entonces luego de bajar el pantalón de papá y liberar su verga erecta mi mamá me miró fijamente y con cara de lujuria me dijo:

Clara,  ahora vas a ver con mucha atención como le chupo la verga a tu padre y luego como él me coge y como yo lo complazco en todo lo que se le antoje por que esta noche tú nos acompañaras en la cama y tendrás que complacerlo como yo lo hago.

Yo no salía de mi asombro de ver parado a mi padre con la verga bien erecta y a mi madre chupándosela y metiéndosela hasta la garganta, solo me quedé parada mirando sin perder detalle. Comencé a sentir cierto calor en mi concha como cuando mi hermano a escondidas me tocaba y me forzaba a tocarle su verga erecta moviéndola de arriba a bajo, primero no me gustaba pero luego veía como crecía  y se ponía dura entre mis manos, mi hermano gemía y me pedía que lo hiciera más rápido hasta que me ponía de rodillas y masturbándose eyaculaba en mi cara y metía su verga en mi boca soltando sus chorros de leche en mi boca para que me los tomara, luego me mostraba mi cara en el espejo llena de leche y me decía que era una buena puta, nada de esto sabían mis padres o eso creía yo.

Mamá me llamó a su lado me puso de rodillas y me dijo, vamos pequeña, prueba la verga de tu padre…

Yo la tomé en mi mano y pasé mi lengua por su roja cabeza y luego la fui metiendo lentamente en mi boca, tuve que esforzarme pues era más grande y gruesa que la de mi hermano por lo que no pude meterla toda en mi boca pero igual logré que a papá le gustara.

Papá dijo, La niña aprende rápido, ¿verdad querida? y mamá le dijo, Si, que aprende, pues ya a practicado con su hermano, ¿verdad pequeña puta?

Yo me quedé sorprendida pensaba que nadie sabía lo que hacía con mi hermano.

Y mamá continuó. ¿O que crees que no te he visto como le chupas la verga a tu hermano y lo masturbas hasta que te da toda su leche en la cara y luego te miras en el espejo del baño como quedas con la cara llena de esperma?, vamos perra, chúpasela fuerte a tu padre así como se la chupas a tu hermano.

Clarita dijo mi papá, eres tan puta como tu mamá, que bueno porque nos vamos a divertir mucho contigo, tu mamá, tu hermano y yo…

Yo continuaba chupándole la verga a mi papá escuchando todo lo que me decían y cada vez que me llamaban perra o puta sentía que un fuego se encendía en mi interior y resumía por mi conchita que aun no había sido explorada más que por los dedos de mi hermano y la lengua de mi mejor amiga.

Mamá me separó de papá y apoyándose en la mesa, y posando un pie sobre una silla dejó expuesta su chorreante concha y le dijo a papá, vamos cariño, mostrémosle a esta perra como me coges, dame duro primero por mi concha que ya está chorreando de ganas. Mi papá tomó a mamá de la cintura y empuñando con una mano su gran verga  la hundió de un solo empujón en la concha de mi madre que soltó un alarido y luego una súplica…

Siiiiiiiii, así cariño, dame duro, méteme toda tu verga, sabes que me gusta sentir que me partes en dos la concha, ¿ves Clarita? dijo con ternura, ves lo bueno que es tu padre, tiene una verga  grande y dura con la que te cogerá esta noche, hoy dejaras de ser virgen y te convertirás en una mujer y podrás disfrutar conmigo de la verga de tu padre y tu hermano sin que tengas que esconderte.

Así cabrón empuja fuerte tu verga en mi concha gritaba mi madre con una cara de puta que nunca antes le había visto.

Si perra, te gusta que te coja como a una puta, ¿verdad? muéstrale a tu hija lo puta que eres… mira Clara, mira como le dejo la concha a tu madre y sacó la verga  de la concha de mamá y pude ver que dejaba un enorme hueco de donde emanaba un río de líquidos, era el orgasmo de mi madre que chorreaba por sus piernas.

Ahora verás como le dejo el culo…

Cuando mamá escuchó eso abrió los ojos y nuevamente se le iluminó el rostro como si se tratara de algo que esperaba con ansias y separó sus nalgas con sus manos dejando ver el agujero de su culo listo y dijo, vamos cabrón, no me hagas esperar, rómpeme el culo, méteme tu verga rápido que quiero sentirla llenarme las tripas…

Papá no se hizo esperar y escupiéndole el culo empujó fuerte su verga dentro de la pequeña entrada.

Toma perra,  ¿quieres verga? tómala toda en el culo que se que te gusta…Asi asiiiiii, cabrón chuléame fuerte rómpeme el culo, ayyy, ayyyyy como me haces daño cabrón, no pares, mételo más, hazme recordar la primera vez que rompiste el culo, siiiii.

Yo miraba estupefacta como entraba y salía tremenda verga del interior del culo de mamá y tuve miedo pues sabía que pronto sería mi culo el que recibiría ese trato, pero aunque asustada no podía dejar de sentirme tan excitada y tuve un orgasmo tremendo viendo como papá culeaba a mamá

Papá tomó de los cabellos a mamá y la puso de rodillas clavándole fuertemente la verga en la boca de mamá y ella no ponía resistencia, al contrario trataba de abarcar toda la verga de papá en su boca hasta que papá mirando al techo gritó y dejó ir largos chorros de esperma dentro de la boca de mamá bañándole también la cara y las tetas.

Yo sin esperar invitación me arrodillé junto a mamá comencé a lamer sus mejillas llenas de esperma luego mamá me besó y dejó en el interior de mi boca gran cantidad de esperma de mi padre el cual tomó gustosa, luego tomé la verga de papá y la chupé hasta que la dejé sin rastro de semen.

Papá me dijo, Espero que hayas prestado mucha atención pequeña puta, por que esta noche te cogeré como me la he cogido a tu madre… Si papá estoy lista para atenderte como mamá lo hace a ti y a mi hermano. Papá se apartaba de nosotras que estábamos aun de rodillas pero mamá le dijo con un tono muy enérgico, ¿A donde crees que vas cabrón? aun no has terminado conmigo, sabes lo que quiero, dame mi refresco.

Papá volteó y le dijo, Eres la puta más sucia que conozco, por eso me casé contigo, quieres tu refresco verdad perra pues lo tendrás.

Papá se acercó a nosotras, tomó su verga la apuntó hacía la cara de mamá y comenzó a soltarle un chorro continuo de orines los que mamá trataba de tomar bañándola literalmente yo estaba perpleja pero no me movía y mi padre mirándome me dijo, seguro que tú también quieres que te refresque y apuntando su verga hacía mi me llenó la cara de orines y no pude evitar tragarme unos cuantos chorros de ese néctar que pronto aprendería a apreciar.

Cuando papá terminó de refrescarnos nos pusimos de pie, mamá y yo nos abrazamos con papá y yo les dije gracias por darme esta clase me servirá mucho esta noche papá y mamá los quiero mucho, y se que de ahora en adelante podré jugar con la verga de mi hermano y la de mi padre sin remordimientos y espero que tú mamá me sigas enseñando como hacerlos felices.

Claro que si hija, dijo mi madre, te enseñaré todo, y disfrutaré de tu cuerpo también, ya verás como nos la pasamos cuando no estén ni tu hermano ni tu papá y  ahora date un baño y duerme un poco que esta será una larga noche, tu padre y yo te vamos a coger muy fuerte.

Autora: Norja31

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Mi culito virgen

La estocada fue brutal e hizo salir un alarido de mi garganta. Mis lágrimas salían a borbotones y con la boca abierta sin poder articular palabra, me preguntaba que estaba haciendo yo allí. Luego con  el violento mete y saca del cabrón el dolor remitió un poco y hasta pude adivinar un poquito de placer que me produjo un tímido orgasmo cuando al final el mamón acabó dentro de mi culito violado.

Todo empezó un día que estaba aburrida en la barra de una discoteca de ambiente en Barcelona. Allí conocí a una chica guapísima con la que empecé una relación de amistad y con el tiempo de algo más. Un día en una de nuestras salidas nocturnas en busca de fiesta me confesó que ella se dedicaba a ser chica de compañía de ejecutivos/as, cuando la solicitaban para ir a fiestas, cenas, convenciones o simplemente para ir a un hotel sin más preliminares.

La verdad es que yo me quedé un poco estupefacta, resultaba que con la chica que últimamente salía y que nos lo pasábamos tan bien, era prostituta de alto standing. “Vaya, vaya” es lo único que se me ocurrió decir. Esa noche mi cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto, no me lo podía sacar de la cabeza.

La cosa con el tiempo se quedó aquí y no volvimos a comentar el tema hasta un día que recibí un mensaje en el móvil donde me decía que le urgía hablar conmigo. Cuando pude la llamé y quedamos en tomar un café en el centro. Cuando nos encontramos, después de darnos un beso de los de película que hizo mirar embobados a cuantos estaban en el pequeño café, me dijo el motivo del encuentro.

– ” Mira Alba, resulta un poquito delicado lo que voy a proponerte, pero me gustaría que no te enfadaras, si no te gusta simplemente di no y seguiremos siendo tan amigas” – Mirándola con los ojos abiertos y con una cierta impaciencia para saber el asunto tan misterioso, le dije – ” No te preocupes, suéltalo” – Acompañando esto con una sonrisa.

– “Mira ya sabes a que me dedico cuando me lo piden, tengo mis clientes, buenos clientes que cuando vienen a la ciudad y precisan de mi compañía me llaman. Pues bien, tengo un cliente que de vez en cuando me hace partícipe de sus fantasías más íntimas. Normalmente se las puedo satisfacer yo, pero en este caso tiene uno que no.” –

La cosa se iba poniendo interesante, más  o menos veía por donde iban a ir las cosas pero dejé hablar a Clara antes de decirle que no.

-” Tengo un cliente que me ha pedido si tuviera alguna amiga con el agujerito de atrás virgen, para podérselo cliente desflorar. Que le encantaría muchísimo una niñita para poseerla por detrás” -Yo le había confesado a Clara que esa parte de mi estaba todavía intacta y aunque alguna vez ella me había puesto los deditos, cosa que me había encantado, no llegamos a penetraciones más serias.

Cuando oí su propuesta, aunque ya me la estaba temiendo, no lo podía creer. Me estaba proponiendo que me prostituyera, que fuera la putita de uno de sus clientes. Al verme tan descolocada me dijo que la perdonara y que olvidara lo dicho. Que era evidente que no me había hecho ninguna gracia la propuesta.

Esa noche no pude conciliar el sueño, di un montón de vueltas en la cama pensando en Clara y su “amigo” y aunque me escandalizaba solo de pensar en que yo pudiera ser una putita, la verdad es que me ponía en situación y me calentaba de mala manera. Al día siguiente la llamé y le dije que de acuerdo, pero que yo no sabía como actuar en esos casos. Clara me comentó que era perfecta, sin experiencia, con la carita aniñada que tengo y muerta de miedo era lo que el “pájaro” quería.

Quedamos una tarde en su casa para prepararlo todo. El individuo llegaría más o menos a las 18:00 h y primero estaría con Clara y luego lo pasaría a la habitación donde estaría yo encima de la cama con braguitas de niña, calcetines blancos y sin sujetador. Clara me comentó que no me preocupara que ella estaría vigilando para que el tío no se pasara, que yo debía mostrarme en todo momento modosita, un poquito con miedo y quejarme cuando me penetrara, pues debía de pensar que era la primera cosa que me entraba en el culito.

Esa tarde antes de oír el timbre de la puerta Clara me estuvo más ajeando el culito y dilatándomelo un poquito para que no fuera tan dura la primera experiencia, pero no demasiado como para que él notara que estaba dado el agujerito. Nos lo pasamos de maravilla las dos en la cama, yo nerviosa como un flan y ella trabajándome el agujerito con sus deditos y lubrificador, tuve unos orgasmos anales increíbles, aunque lo bueno me había de llegar.

Cuando el tipo entró en la casa Clara lo recibió como solía hacerlo, se lo llevó a la habitación de al lado y pude oír las conversaciones obscenas que mantuvieron y todos y cada uno de los gemidos que se produjeron. No pude evitar ponerme muy caliente imaginándome la escena y me bajé las braguitas de algodón blancas, para no mancharlas

Después de una pausa empecé a oír lo que decían de mi y todo lo que pretendía el “pájaro” hacerme. Me empecé a ponerme nerviosa, muy nerviosa. Entre muchas de las cosas que quería hacerme estaba el azotarme, amordazarme, taparme los ojos y como no, clavármela. Clara le dijo que taparme los ojos y atarme no. Que lo otro mientras no se pasara que de acuerdo.

La verdad es que cuando entraron estaba muy asustada y Clara estuvo a punto de decirle a su cliente que lo dejáramos. Yo estaba encima de la cama sentada con las piernas encogidas sobre mi pecho y temblando como una niña pequeña. Esto al “pájaro” lo calentó de mala manera, solo faltaba que babeara.

Cuando el tipo le dijo a Clara que me amordazara ella me dijo al oído que si querría dejarlo, yo le dije que no con la cabeza y entonces me dijo que estuviera tranquila que ella estaría en la habitación de al lado.

– “Venga zorra vete ya, que quiero comerme los postres”-oí que decía. Clara salió de la habitación ajustando la puerta sin cerrarla cosa que me tranquilizó un poco.

El tipo vino hacia mí y agarrándome de las muñecas me tendió encima de la cama, haciéndome mostrar mis pechos duros y empinados por la mezcla de excitación y miedo. Me los agarró de forma brusca y pellizcándome los pezones dijo -“así me gusta una zorrita novata, cuando acabe contigo ya podrás salir a hacer la calle” – Un gemido sordo salió a través del pañuelo que Clara me había puesto delante de la boca.

Un momento más tarde ya tenia al individuo sudando encima mío manoseando, chupando y mordisqueando mis pechitos. Quería pedirle por favor que parara, que no quería seguir pero solo me salían palabras ininteligibles que aún le excitaban más. Vi que Clara asomaba la cabeza por la puerta, cerré los ojos y agarré fuerte las sábanas. Había querido jugar y tenía que jugar.

Unas cuantas veces mordió más de lo debido mis pezones haciéndome chillar y arquear todo el cuerpo de dolor. El resultado fue una carcajada de placer del “pájaro”. Cuando se cansó de mis pechitos ya rojos y doloridos me bajó directamente las braguitas y sin mostrar demasiado interés por mi pubis depilado y mi vagina mojadita y cerradita, solo me pellizcó un par de veces el clítoris cosa que me hizo arquear otra vez de dolor y me salieron las primeras lágrimas. XOX2

Luego dándome la vuelta me hizo poner a cuatro patas y allí empezó el verdadero tratamiento de posesión. Al ver mi culito redondito, terso, rosadito y durito, despertó el animal que llevaba dentro, o al menos la parte que aún no había salido. Se lo comió todo de arriba abajo y de izquierda a derecha, sin ningún tipo de miramientos y ausencia de toda delicadeza.

Mordiscos, pellizcos, azotes fueron todo lo más aproximado a una acaricia. Noté como me introdujo la lengua hasta donde pudo dentro de mi ojete. Y esa saliva y un par más de salivazos fue la única lubricación que recibí.

Cuando se cansó de todo esto ya pasó directamente a introducirme los dedos a lo bruto. Primero uno hasta lo más hondo, luego un par de aquellos gordos y callosos dedos. Eso me estaba dando placer pero recordé que Clara me dijo que me quejara y así lo hice. Amordazada y gimiendo de dolor. Mientras el tío me trabajaba mi querido agujerito con un mete y saca de los deditos, notaba como su aparato que le colgaba se iba refregando por mis muslos y nalgas a la espera de la estocada final. De pronto sobrevino una calma, premonición de lo que habría de venir.

-“Zorra, puta,.. Te voy a enseñar a gozar”-vino precedido de un par o tres de fuertes cachetes en mis doloridas nalgas. Y luego un grito y. “Goza zorra…”

Un latigazo me recorrió todo el cuerpo, desde la parte baja de mi columna hasta estallarme en mi nuca. La estocada fue brutal e hizo salir un alarido de mi garganta hasta casi quedarme afónica. Mis lágrimas salían a borbotones y con la boca abierta sin poder articular palabra, me preguntaba que estaba haciendo yo allí.

Luego con el posterior bombeo del animal, el violento mete y saca del cabrón que tenía detrás, el dolor remitió un poco y hasta pude adivinar un poquito de placer que me produjo un tímido orgasmo cuando al final el mamón acabó dentro de mi culito violado.

Después de la corrida, sin decir nada el tipo se dejó caer encima mío y mi agotado cuerpecito no aguantó su peso, desplomándome encima de la cama con el cuerpo del tío encima mío chorreando sudor Cuando hubo descansado se levantó y sin decirme nada me dejó boca abajo tendida en la cama y salió de la habitación a liquidar con Clara. Me saqué la mordaza y tendida como estaba en la cama eché a llorar hasta que Clara me consoló, pero eso será mi segunda historia…

Autora: Alba

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Leticia y una fría mañana de julio

Ariel comenzó a besarle las tetas a Clara, tenía la conchita bien húmeda, necesitaba la verga de Ariel en mi boca, la deseaba como el aire, mientras él le mordía las tetas a ella me puse a chupársela, mientras comía esa hermosa verga, Clara empezó a chuparme la conchita, me tocaba el clítoris y me enloquecía, todo el placer que recibía me daban más ganas de chupar esa verga.

Una y mil veces pensé que los relatos que leía en la web eran inventos, pero como dicen, siempre hay una primera vez. Soy una mujer de 29 años, vivo en la capital de Argentina. Mi nombre es Leticia y estoy casada desde hace cuatro años con Ariel, soy alta, rubia y grandota, mis medidas son 105-70-100 y hasta este hecho que he decidido contarles mi vida sexual era activa, pero muy normal.

Todo comenzó una fría mañana de julio, me dirigía a mi trabajo en el centro. Ya en el subte, logré sentarme, cosa bastante complicada por la mañana, lo cierto es que desde que subí, me llamó la atención una mujer que estaba sentada a mi lado, era una cara conocida, pero no lograba recordar de donde. Llegó la estación donde debía bajarme y esta mujer, se levantó y bajó en la misma estación que yo. Mientras intentábamos salir por el molinete la miré fijo a los ojos, intentando reconocerla, al mismo tiempo ella me sonrió y saludó.

– Hola Leti, ¿cómo estás, tanto tiempo? La mire intrigada… – ¿No te acordás de mí? – Soy Clara, la hermana de María Juárez, ¿te acordás?

Ahí reaccioné, María Juárez era amiga mía de la época del secundario, y esta mujer, que me había intrigado durante todo el viaje, era su media hermana, era mucho más grande que nosotras, pero un par de veces había salido con nosotras en aquellas épocas del secundario, Clara tenía ya cuarenta y dos años, pero realmente no los aparentaba.

– ¿Cómo estás? Pregunté sorprendida por su imponente presencia, estaba vestida con un traje azul que le sentaba muy bien. – Muy bien, me parecías conocida cuando subiste, pero pensé que vos ni te acordabas de mí. – Como no me voy a acordar, que fue de la vida de María. – Se casó, hace un par de años y se fue a vivir a Costa Rica. – Mira que bien, y vos en que andas. – En nada fuera de lo común vengo a trabajar, pero discúlpame, ahora estoy bastante apurada porque llego tarde, pero si querés un día nos juntamos y charlamos.

Nos pasamos los teléfonos y cada una siguió su camino, no entendía que era exactamente lo que me había pasado, pero como nunca en la vida me había sentido atraída por una mujer, Clara despertó en mí una sensación hasta aquí inédita. Esa noche, al tener sexo con Ariel me excité muchísimo imaginando a Clara entre nosotros, y gocé de un orgasmo maravilloso. Al día siguiente tenía ganas de llamarla, de verla otra vez, pero la verdad es que no me animaba, así que dejé pasar el tiempo, una semana después, estando en el trabajo, me pasan una llamada, y era ella.

– ¿Hola Leti? Soy Clara, ¿te acordás? – Si, por supuesto… – Bueno, si querés nos encontramos, tomamos algo y charlamos. – Dale…

Nos encontramos, a las siete de la tarde en un bar céntrico, y estuvimos charlando hasta casi las diez de la noche, nos contamos muchas cosas de nuestras vidas, y la pasamos muy bien, yo, volví a sentir la misma atracción que la mañana aquella en que nos encontramos. La charla fue muy amena, hasta que se puso… digamos que un tanto caliente. Clara me preguntó:

– Y tu matrimonio, ¿cómo va? – Muy bien, la verdad que con Ariel encontré el paraíso. – ¡Bueno! Contame como es. – Tiene 26 años, es alto y no es para ser fanfarrona, pero, ¡es muy lindo! Nos reímos y de pronto, Clara dijo algo que me excitó mucho. – ¡26 años! ¡Que bombón! Lo bien que te debe tratar en la cama, ¡un bebito te buscaste! – Si, pero además de eso es un muy buen tipo. – A bueno, entonces déjamelo ver, porque debe ser de mentira. – Si querés, venite a comer a casa algún día. – dale.

No se bien por qué, pero lo cierto es que ese diálogo, me dejó bien calentita, a tal punto, que esa noche como estaba sola en casa, me hice un pajita deliciosa, ya no tenía dudas, quería que Clara entre en mi cama, me la imaginaba entre Ariel y yo, y volaba de calentura. Lo cierto es que un día arreglamos y vino a comer a casa, cuando entró, noté como Ariel la miraba y eso me gustó, Clara era casi tan alta como yo, pero de medidas más suaves, aproximadamente 95-60-100, tiene un cuerpo muy lindo y armónico que llama la atención enseguida, es morocha y súper simpática. Clara me acompañó a la cocina para ayudarme con la comida, apenas quedamos solas me comentó lo siguiente:

– ¡Que bien guardado te lo tenías! Que lindo es Ariel, la verdad debes ser la envidia de todas tus amigas.

Me hice la tonta y le cambié el tema, creyendo que todo era producto de mi imaginación y de la sensación que me generaba tenerla en mi casa y el deseo que despertaba en mí. Todo transcurrió dentro de lo normal, comimos y charlamos de nuestras de vidas, de su media hermana, de mi trabajo, del trabajo de Ariel y de cosas por el estilo. La noche cambió radicalmente cuando ya instalados en el sillón y charlando de la vida Ariel tomó la posta de las preguntas:

– Y vos Clara, ¿estás casada, en pareja, divorciada, a que club perteneces?

Clara, con cara de pícara contestó:

– Al club del placer. – ¿Y como es eso? – Es un club en el que haces lo que querés, cuando querés, con quien querés… y está muy bueno. – A qué te referís con lo que querés…

Yo observaba la situación y escuchaba atenta, estaba increíblemente excitada, y ni siquiera sabía de qué se trataba realmente.

– Me refiero, a que si me gusta un hombre, lo busco, si me gusta una mujer, la busco…

Me quedé asombradísima, y notaba en la cara de mi marido, la expresión de calentón que lo distingue.

– Debe estar bueno… -dijo Ariel. – Es hermoso, y mucho más hermoso cuando lo que imaginas lo haces realidad. – Me imagino – acoté temerosa y excitada como estaba.

Clara me miró fijo y casi obligándome a responderle me preguntó:

– ¿Qué te imaginas? Contanos. No recuerdo como hice para juntar coraje, pero lo junté… – Imagino tantas cosas… – Contame, no me dejes así… – me dijo Clara. – La verdad, me intrigas… desde que te vi, te imagino en la cama entre Ariel y yo…

La cara de mi marido era espectacular, lo notaba muy excitado, y yo no podía creer lo que había dicho. Clara, no dijo nada, solo nos miró y avanzó sobre el sillón donde yo estaba sentada, se acercó hasta mi boca y me dio un beso hermoso, suave y caliente. Su lengua entró y salió de mi boca, y me estremeció. Mientras me besaba comenzó a acariciar mis tetas, haciendo hincapié en mis pezones, que estaban durísimos. Yo me dejé llevar, dejé que me toque toda, comencé a tocarle las tetas, cuando paramos de besarnos, Clara miró a Ariel, que se estaba tocando, después depositó su mirada en mí y me preguntó:

– ¿Y si le hacemos mimitos?…

Nos acercamos a Ariel, Clara le dio un beso de lengua, y se agachó hasta su verga, la sacó y me pidió que entre las dos chupáramos esa pija. Ariel volaba de calentura, tenía la verga durísima, y entre las dos besamos primero la cabeza y después Clara se la introdujo toda en su boca, Ariel tiene una verga hermosa, de unos 18 centímetros y bastante gruesa, la chupábamos un ratito cada una, de vez en cuando nuestras lenguas chocaban y nos besábamos, poco a poco nos fuimos quitando la ropa…

Ariel comenzó a besarle las tetas a Clara y verlos me calentaba sobre manera, tenía la conchita bien húmeda y caliente, necesitaba la verga de Ariel en mi boca, la deseaba como el aire para respirar, entonces mientras Ariel le mordía las hermosas tetas a Clara me puse a chupársela, mientras comía esa hermosa verga, Clara empezó a chuparme la conchita, ¡que delicia!

Chupaba y metía sus deditos en mi jugosa concha, me tocaba el clítoris y me enloquecía, todo el placer que recibía me daban más ganas de chupar esa verga, estaba tan caliente que no aguantaba más, sentía que estaba por acabar en cualquier momento y Clara chupaba mi conchita con toda su lengua y con cuatro dedos me tocaba todo mi interior, estaba por acabar cuando Ariel me llenó la boca de leche, acabamos casi al mismo tiempo, mientras mi conchita chorreaba Clara no paraba de chupar, tuve un orgasmo hermoso, unos minutos después, Ariel, con su pija parada todavía, comenzó a penetrar a Clara, se movía lenta, pero firmemente sobre Clara, no tardó mucho mi amiguita en acabar, gritó como loca con la pija de mi marido adentro.

Apenas acabó se la pidió por la cola, Ariel, que ama el sexo anal, le dio vuelta violentamente, Clara metió su mano en su concha y se lubricó la cola con sus juguitos vaginales, Ariel apoyó en ese culo hermoso la gruesa cabeza de su pija y la insertó de una, comenzó un bombeo infernal en el culazo de Clara, me acerqué a la boca de Clara y volvió a chuparme la concha mientras su culo se comía la pija de mi marido. Clara volvió a acabar, esta vez desesperadamente, Ariel sacó su verga y me la puso en mi conchita, duró un par de minutos y me volvió a llenar de leche calentita, cuando la sacó, Clara se la limpió con la lengua y quedamos exhaustos, besándonos entre los tres.

Fue la noche más hermosa de mi vida sexual, desde esa noche, necesito a mi marido y a una mujer en mi cama, adoro los tríos, con Clara lo hicimos algunas veces más, ahora estamos a la búsqueda de una mujer que sienta lo mismo que yo, entre tanto con Ariel seguimos teniendo sexo maravilloso, aunque en mi interior creo que para lograr el placer máximo necesito además de la hermosa pija de mi marido una conchita para chupar y para ver como Ariel la coge. Espero que les haya gustado este aspecto de mi vida, espero sus comentarios. Un beso a todos.

Autor: Rocio

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