El Jinete y los cuatro ladrones

Me van a penetrar cinco hombres en cadena. El primero, de unos cuarenta años, moreno y gesto severo, parece ser el maestro de ceremonias: me ha abierto las piernas y ahora está follándome el coño a grandes caderazos, como un verdadero jinete. Los otros cuatro sólo se masturban, medio dispersados por la habitación.

En la cama, atada, en el club.

Me van a penetrar cinco hombres en cadena. El primero, de unos cuarenta años, moreno y gesto severo, parece ser el maestro de ceremonias: me ha abierto las piernas y ahora está follándome el coño a grandes caderazos, como un verdadero jinete. Los otros cuatro sólo se masturban, medio dispersados por la habitación. A decir verdad, por lo menos dos de ellos sudan bastante y cunden las caras de pánfilo y los resoplidos, pero el hombre que ahora me folla, me excita bastante. Qué bastante; hace que mi coñito rezume y se hinche. Ya lleva veinte minutos, los demás parece que tampoco se cansan, es una pena que no sepan apreciar la boca de una chica dispuesta a mamarles: de momento, ninguno se ha acercado.

Cuando el jinete empieza a sudar también, me doy cuenta del mecanismo del juego: él es el que manda. Pronto se sienta a horcajadas en mi pecho y mete su polla en mi boca: es gruesa y capuchona, y tiene unas enormes pelotas velludas. La mete y la saca a su antojo, obligándome siempre a tener la boca bien abierta propinándome pequeños golpes en la lengua, echándome la mandíbula hacia abajo.

Con una señal, ha permitido que los demás me follen el chochito, y noto la segunda polla del día penetrándome enseguida. Pero estoy más ocupada con mi Jinete, que, hundiendo su pene en vertical en mi garganta me susurra “Come mi cipote, zorra…”. Luego la saca, me la pasa por los labios, me da pollazos fuertes en la cara. Cuando empieza a menearme los cojones en la boca abierta estoy tan cachonda que casi no siento las pollas de sus amiguitos y se los como con avidez, rechupeteándolos dentro de la boca, sintiendo su olor a animal.

Bruscamente, para. Echa a sus secuaces de las inmediaciones de mi entrepierna otra vez con un simple gesto. Abriéndome las piernas, me come el culo, de lleno, sin miramientos. Cada vez me siento más violentamente excitada alrededor de esos hombres. Mete dos dedos en mi ano. Pasando su mano por mi pelvis aprovecha y abre mis húmedos labios para comprobar que estaba muy dilatada de recibir todas las pollas de sus amiguitos.

-Mirad, chicos, está más abierta que la capa de ozono- Los demás le ríen el chiste. -Creo que ha llegado la hora del… fist-fucking.

-¡No pienso hacer eso!- grito, casi asustada. Estaba atada a una cama, acompañada por cinco hombres empalmados.

-Claro que lo harás… no tienes opción- sonrió con una mueca Jinete, por supuesto, el único que hablaba.-¡Abridle las piernas!

Rápidamente tenía cuatro manos encima dejando mis partes al descubierto. Ante mis gemidos de oposición, pareció impacientarse. Cogió una fusta y gruñó:

-Ahora vas a ver quién manda.

Me azotaba con la fusta en el coñito una y otra vez. El dolor era intenso, pero estaba muy excitada, lo cual convergía en una extraña mezcla de sensaciones. Además, de vez en cuando usaba su fusta para separarme los labios del coño.

Entonces, silenciosamente, paró e introdujo tres dedos en mi vagina. Yo estaba bien domada ya, y no dije nada para que parase. Ni siquiera me dolía, mi coño estaba, efectivamente, muy dilatado, con lo que cuatro de sus dedos entraron con facilidad. Un esfuerzo más sirvió para que cupiera su puño fuerte, sintiéndome henchida y hasta avergonzada por la capacidad de mi conejo, y sintiendo también, de vez en cuando, la corrida de algún amigo suyo que no aguantaba más y decidía acabar en mi cara, concretamente y no sé por qué, en los ojos.

Quitando el puño con suavidad, Jinete procedió a meterme sus tres mojadísimos dedos en el culo. Los recibí con gusto y devoción; tanta, que abrí la boca para comerme el glande del chico alto con más cara de tonto sólo para mirar desafiante al amo. Me sodomizó lentamente, a largos pirolazos, para después correrse en mi boca, gruñendo de placer.

Autora: Clarissaa

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