Mi ardiente profesora particular

Me fijé en su cara, expresando por si sola el placer que sentía, aparté la mirada de ella pues solo con verla ya tenía ganas de venirme y quería dar más la talla, creo que ella tuvo un orgasmo pero pudo continuar y al poco, en mi frenesí final le anuncié nuevamente que me iba, ella no paró, es más, aceleró muchísimo más y empezó a jadear, hasta que al final descargué mi lefa en el condón.

Por aquellos tiempos los estudios no me iban nada bien, por eso mis padres optaron por buscarme un profesor particular, he de decir que la idea no me gustó nada pero a la larga aprendí más de lo que me esperaba en todos los ámbitos. He de afirmar que acabé adorando estudiar por imperativas razones que después relataré.

Mis padres no tardaron mucho en encontrar un profesor para mi, hijo de un amigo de mi padre, susodicho profesor no tardo en dejarlo puesto que no podía atender a mis estudios ya que necesitaba más tiempo para los suyos.

Así que su hermana, que por aquellos tiempos tenía 19 años (uno más que yo), no tardó en ofrecerse a ayudarme para conseguir dinerillo para la universidad.

Ella era morena, tenía unos ojos castaños que irradiaban una luz especial, tez morena (se le notaba que este verano había tomado el sol), unos labios carnosos, su cuerpo no estaba nada mal, debía tener como mínimo  95 de pecho, su cintura supongo que sería unos 62 y sus caderas de un perfecto 90 (Ohh aún recuerdo como su culo se movía cuando andaba…), sí tenía un bonito culito prieto, no muy pequeño ni muy grande, simplemente perfecto. Además, estas medidas las lucía con ropa ajustada y con soltura. He de reconocer que me ponía como una moto estudiar con ella y no tardé en cascármela en su honor.

Cuando ya llevaba un mes con ella (empezamos a congeniar), una tarde haciendo un difícil problema de matemáticas y viendo que no me salía, ella me alentó diciéndome que si lo solucionaba correctamente haría lo que yo quisiera. Me apliqué a fondo, así que no tardé mucho en solucionarlo. Ella me preguntó:

– Y bien, ¿que quieres? A la que yo respondí: – Quiero invitarte a la fiesta de fin de año del colegio, habrá baile y barra libre (que os pensabais soy un caballero). – Está bien, acepto- dijo ella.

Yo me mojaba, con sólo pensar en ese día, ya me la ponía dura. Y al fin llegó. Ella vestía un vestido muy ajustado y escotado. Estaba buenísima. En la fiesta bebimos bastante y después bailamos juntos, no pude disimular mi tremenda erección, producida por el roce de sus senos sobre mi pecho. Una vez incluso le clavé mi herramienta en todo el ombligo a lo que ella respondió con una leve sonrisa.

Al finalizar la fiesta íbamos los dos muy tajas y me ofrecí a acompañarla a casa. En el portal ella dijo lo bien que se lo había pasado y comentó muy picarona el golpe que le había dado con mi polla y, para mi sorpresa, me ofreció la posibilidad de subirme a su piso, a lo cual yo acepté encantado.

Una vez arriba empezamos a besarnos, ella se disculpó y se fue al lavabo un momento, regresó en ropa interior y con un condón en la boca (¡Como estaba!), acto seguido me desnudé hasta quedarme en calzoncillos. Ella me bajó los calzoncillos y se quedó un rato mirando mi erecto falo. Empezó a besarme el glande, luego me dio lametazos por todo el tronco mientras arañaba levemente mis pelotas y luego se dedicó un poco a ellas con su boca.

Entonces se la tragó, me repasó toda la verga con los labios, ejerciendo una particular presión con estos, mi glande al descubierto, cuando no estaba en lo más profundo de su garganta, estaba entre su juguetona lengua que no paraba de acariciarme. Como buen novato no tardé mucho en correrme y lo hice en su boca, haciéndola toser a causa del chorro de lefa; ella me comentó que ningún chico antes se le había acabado en la boca pero que él era él y no le importaba.

Yo me dispuse a devolverle el favor así que me arrodillé ante ella y, palpando su hermoso culito, le bajé las braguitas que ya las tenía muy húmedas. Al igual que hizo ella, me quedé un ratito mirando sus partes, embriagado por su peculiar olor. Le besé el ombligo y su vientre, alargó su mano para acariciarme y también se la bese.

Baje más, le besé sus labios externos y luego profundice más con la lengua, a lo que ella respondió con un prolongado gemido; pasé mi lengua de arriba a bajo entre sus pliegues, esta era como una especie de pez nadando en su humedad. Su respiración fue acelerando y yo decidí seguir los pasos recomendados en cierto texto y tomé su clítoris con mis labios; ella reaccionó en un fuerte y largo orgasmo. Yo hice mío su placer.

Al cabo de un rato, cuando ella ya se había restablecido me puso el condón con la boca. En ese mismo momento le comenté que era virgen, ella se extrañó mucho pues comentó que lo comía como un puto profesional.

Ella amablemente me apoyó en su sofá y me dijo que no me preocupara y que sería lo máximo de complaciente para su alumno puesto que ella lo haría un hombre.

Se sentó a horcajadas y empezó a hacer un movimiento de trote lento mientras me acariciaba la mejilla y me daba un largo beso. Fue acelerando, y yo con la emoción levanté mi torso para que mi cara quedase a la altura de sus tetas y posteriormente sobé y lamí como si me fuera la vida en ello; cogí sus pezones eran duros y desprendían un extraño calor, jugué un poco con ellos pues eran deliciosos de tocar. A los 40 segundos de haber empezado yo ya empecé a notar que me iba, al verlo ella se frenó, me besó y me comentó que quería que durase un poquito más para disfrutarme al máximo. A los 10 segundos yo ya podía continuar así que la cogí por las caderas para adoptar un papel más activo.

Esta vez el polvo fue mucho más rápido, y para mi sorpresa lo pude aguantar mejor que en las anteriores ocasiones. En ese momento me fijé en su cara, tan bella, expresando por si sola el placer que sentía, para aguantar más aparté la mirada de ella pues solo con verla ya tenía ganas de venirme y quería dar más la talla, ya que las chicas tardan más en llegar al orgasmo. Creo que ella tuvo un orgasmo pero pudo continuar y al poco, en mi frenesí final le anuncié nuevamente que me iba, ella no paró, es más, aceleró muchísimo más y empezó a jadear, hasta que al final descargué mi lefa en el condón. Ella me lo quitó mirándome con sus chispeantes ojos, tenía la cara rosada y el cuerpo también, supongo que a causa de la excitación que tenía.

Nos tumbamos los dos a descansar y decidí quedarme a “dormir”, llamé a mis padres alegando quedarme a dormir en casa de un amigo. Posteriormente ella me enseñó un par de posturas, hasta que al final le dije que no podía más, ella me dijo que entonces lo mejor sería practicar un 69 para relajarnos… Fue la mejor noche de mi vida.

Después de esta primera experiencia dejó de darme clases pero quedamos progresivamente para practicar otras materias, no llegamos a ser novios porque ella tuvo que irse a Alemania a estudiar.

Autor: Molocacho & KaKarot

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Un rápido con la fácil de la clase

En ese momento quería darle por el culo, pero su estrategia funcionó y la dejé caer de golpe sobre mí, penetrándola de primera intención y con sus deliciosos pechos en mi boca, ya yo tenía una erección bastante avanzada tenido a la buena mamada que me había hecho, y ella no necesitaba mucho debido al tamaño de mi arma para llegar, por lo que dentro de poco ya estábamos acabando casi juntos.

Lo que les voy a contar sucedió en mi último año en la escuela, primero que todo, esto es el Caribe, aquí estamos acostumbrados a tener huracanes todos los años que nos hagan tener vacaciones inesperadas por el uso de las escuelas como refugio, lo que no estamos acostumbrados es a tener terremotos que nos hagan cambiar del edificio de nuestra escuela porque el original se derrumbó. Tuvimos que cambiarnos de edificio, pero quizás esto fue lo mejor que pudo haber pasado, pues el nuevo local resultó ser un paraíso para los rincones escondidos donde hacer travesuras.

En mi clase como en todas existía la “pizza”, esa chica que se entrega en 30 minutos y está siempre caliente, pero esta quizás está un poco más buena que el resto, se llama Nadia, es una pelirroja no muy alta pero con proporciones de ensueño, una colita paradita de esas que no te cansas de mirar y te mueres por acariciar, senos firmes y para nada pequeños, por su piel siempre imaginé que tendría pezones rojizos como su cabello, pero lo mejor del caso es que ella siempre supo que está bien buena, parecía encantada con que la miraran descaradamente y no era muy difícil andarse manoseando con ella, aunque yo por lo general me cuidaba pues como mi actual esposa, entonces mi novia, estaba también en mi clase, y me celaba hasta con la sombra de Nadia, pues todos sabían su fama de ligera; aún así, no faltaron las ocasiones en las que en busca de una tarea o para que la “ayudara” en un trabajo me dejara sentir bien de cerca sus duros senos o me dejara deslizar mis manos por sus maravillosas nalgas.

A quien pueda interesar, mido 1,92 y hace ya un tiempo que estoy yendo al gimnasio por lo que estoy algo fuerte y con el tamaño suelo verme muy bien.  Lo más que llegamos fue a una recalentada en mi camioneta una vez que le llevé el cuaderno a su casa, no pudimos más porque estábamos muy cerca de su casa y todavía no había hecho que le tintaran los cristales, cosa que me cuestionó mi novia, pero pude escaparme al darle la excusa de que no podía dejar objetos de valor como la laptop o mis discos a la vista de los ladrones.

En fin, después del cambio de edificio cuando vi todo el local me encontré en el tercer piso un rincón que estaba tan oculto que ni siquiera la administración lo había descubierto, y que bueno, pues inmediatamente se me ocurrió que podría ser un magnifico lugar para echar un polvo rápido y clandestinamente, de esa manera que pone mucho más caliente. Pensé llevar a mi novia cuando fuera posible a mi pequeño “motel” del que no le había contado a nadie aún, pues quería ser quien lo estrenara, pero pasó algo que me hizo usarlo antes de lo esperado.

En este país se va a la escuela con uniforme, pero en ocasiones se flexibiliza la regla cuando se hace una celebración o cualquier tipo de actividad extracurricular, bueno, al caso que ni me acuerdo que había esa vez pero nos tocaba ir sin uniforme y por cuestiones de la vida mi novia no fue a clase ese día, luego al llamarla supe que estuvo enferma, lo que me hizo sentir algo culpable de haber hecho lo que entonces hice. Al llegar me provocó curiosidad saber cómo vendría Nadia para provocar a los tipos en su única intención de parar los miembros de todo el que la viera, ya me esperaba algo espectacular, pero lo que vi como a todos me dejó sin aliento.

Llevaba el pelo rizado, ya era de todos conocida la discusión que siempre llevaba con mi novia porque no se quería rizar el pelo a pesar de que yo lo prefería así, en ese momento no lo relacioné con mis aficiones pero me encantó que lo haya hecho así, bajo su pelo entonces rizado sus hombros lucían descubiertos pues llevaba un top con mangas finas que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, dibujando perfectamente su cintura y ajustado a sus senos que exhibían al aire la mitad de su hermosa piel, la pequeña blusa terminaba justo sobre el piercing que adornaba el obligo que ya había tenido la oportunidad de saborear en mi camioneta, lo mejor quizás era, que llevaba una falda corta hasta los muslos negra y ajustada a sus caderas quizás la hacían parecer un poco una mujerzuela, pero a ella no le importaba mucho, estaba haciendo lo que quería, atraer las miradas de todo aquel con suficiente testosterona para fantasear con ese monumento de mujer, no porque llevara poca ropa, pues más que la mini y el top, lo que me puso a mil fue esa mirada que me dio cuando se percato de que le miraba descaradamente los senos; cuando tuve la oportunidad de mirarle los ojos, saboreo sus labios como deseando que yo lo hiciera, a lo que sonreí deseando terminar ahí mismo lo que habíamos dejado inconcluso en mi camioneta.

Desde entonces traté de buscar el momento oportuno ese día para mostrarle mi lugar “secreto” luego de las primeras clases salimos al receso, ella fue con unas amigas y yo los el grupo de siempre por unos refrescos, como el sitio en el que estábamos no estaba ideado para ser una escuela, podíamos entrar y salir cuando queríamos, era algo que la administración no podía controlar, y fuera cerca había una cafetería bastante agradable donde podíamos comprar bebidas y una que otra fruta, allá nos fuimos por unas bebidas cuando encontramos al grupo de chicas en el que estaba, no había sido coincidencia, prácticamente la estábamos siguiendo para ver más de cerca y por más tiempo sus escotes, desde mesas diferentes pude ver como Nadia pelaba una banana y la mordía muy sugestivamente mirándome a los ojos, cuando digo sugestivamente quiero decir que se la metió casi entera a la boca para sacársela de nuevo y morder solo la punta, miré hacia los lados a ver si alguien más lo había visto pero parece que solo yo lo noté pues era el único que le miraba los ojos, los otros se entretenían con ese cuerpazo.

Antes de volver a clase, vi que se separaba del grupo, yo como no le quité los ojos de encima, vi que me seguía mirando, yo torpemente le inventé una excusa a mis amigos para separarme no era lo suficientemente buena como para que me creyeran pero en ese momento no me importaba, la seguí hasta que vi que iba camino a los baños, para no llamar mucho la atención no dije su nombre, sino que la llamé con un silbido, ella entendió que era con ella, cuando me acerqué me preguntó:

– ¿No estarás siguiéndome al baño?- A lo que dije: -Tengo pensado algo mejor.

La muy zorra solo había pensado en calentarme sin medir las consecuencias, pero no se imaginaba que ya tenía el plan listo desde hacía rato, mu sigilosamente subimos las escaleras y sin que nadie nos viera llegamos a mi lugar. En el camino le había dicho que aún no me terminaba de pagar por el cuaderno que le había prestado, y que me gustaría ver como terminaba de comerse una banana, ella me dijo que si encontraba sitio hasta lo podría sentir. ¿Cuál sería su sorpresa cuando se encontrara en un sitio oculto después de pasar tres puertas incluyendo una oculta que parecía una pared?

La poca luz que entraba al sitio entraba por una especie de ventana que había en el techo, donde de haber alguien de todas formas no podía ver donde estábamos, solo debíamos cuidarnos de no hacer ruido pues no sabía que podía haber en el cuarto contiguo. Cuando entramos no aguanté las ganas de besarla a lo que ella respondió fácil y sin problemas colgando sus brazos de mi cuello, yo la levanté y la pegue contra la pared, con firmeza pero en silencio luego pensé si debía besarla, pues imaginé la cantidad de vergas que habrían pasado por esa boca, pero por lo caliente que estaba y de pensar que luego pasaría la mía no me importó mucho mientras la besaba manoseaba su cuerpo hasta llegar a sus perfectas nalgas que tan bien palpaba a través de su falda, antes de yo notarlo, literalmente se sentó en mis manos enredándome totalmente con sus piernas.

En ese momento sentí su vagina en mi abdomen cuando la cargué y empecé a besarle el cuello y hasta los senos a lo que ella respondía mordiendo mi oreja, a la vez que me decía “Hazme tuya mi amor”, ya sabía que son de las estrategias de las zorras para ponerte más caliente, pero me dio una idea de algo sumamente excitante, como ya les dije yo estoy alto y fuerte y ella es flaquita y pequeña, por lo que no se me hizo muy difícil pasarla del abrazo hasta subir sus muslos sobre mis hombros, al estar recostada a la pared, no me pesaba nada y su vulva ahora estaba justo frente a mi rostro, pude sentir su raja húmeda a través de su tanga blanca que luego le quité desde atrás enrollándola por su precioso culito, dejando libre su concha para hacerle una mamada espectacular, la que le provocó unos gemidos un poco más alto de lo que hubiese esperado.

Ella seguía derramando sus jugos sobre mi cara, mientras mis manos seguían acariciando su cuerpo hasta donde pudiera hacerlo con el balance necesario, hasta para una putilla como ella esta era una situación sumamente pervertida, estaba colgando de los hombros de un tipo que le hacía una mamada en la escuela, ella normalmente le daba a los tipos algo rápido, para sacarle el polvo de prisa, pero ahora estaba gozando sola y de lo lindo, por lo que pronto la sentí estremecerse con su primer orgasmo.

Seguí dándole besos cortos mientras se calmaba y yo recogía con mis labios sus jugos vaginales, luego la bajé y me dijo: -Te toca. La dejé caer lentamente hasta que ella misma bajó hasta quedar arrodillada frente a mi paquete que desde hacía rato ya estaba desesperado por salir del pantalón.  No pretendo presumir, pero hasta en el Caribe mis 23 cms son respetados por eso aún ella, que de seguro ha visto muchas con las cuales compararla, no ocultó su asombro al encontrarse con el tamaño de mi verga, inmediatamente se la llevó a la boca, succionando primero mi glande, estimulándolo con su lengua.

No puedo negar que eso me estremece, no cabe duda de que tiene experiencia la chiquilla, después trató de tragar lo más posible, aunque no logró entrarla completa, mientras ella chupaba la hice poner el culo en pompa que ya lucía desnudo al tener la fada enrollada en la cintura, con la imagen de su cuerpo contorneándose y con el buen trabajo que hacia tragando, subiendo y bajando hasta mis bola y lamiéndome el glande debo reconocer que de haber seguido así me hubiese venido dentro de poco pues la chica sabía lo que hacía.

Luego saqué mi pene de su boca y la dejé como estaba, en la posición del perrito me di vuelta y empecé a besar su culo mientras desde atrás acariciaba sus pechos, le quité la blusa y la dejé con sus tetas al aire, definitivamente no necesitaba sostén, tenía un tamaño más que aceptable y eran totalmente firmes, cuando me arrodillé tras ella supo mis intenciones de romperle la colita, a lo que inmediatamente se giró, diciendo que solo lo había hecho una vez, con un pene más pequeño que el mío y le dolió tanto que no se había vuelto a atrever, me hubiese molestado no poder darle en ese momento pero me distrajo verla desnuda frente mío y con su coño latiendo a la espera de que se lo destrozara, puso cara de niña buena y se llevó un dedo a la boca preguntándome:

-¿No vas a aprovechar que mi conejito te está esperando?

En ese momento quería darle por el culo, pero su estrategia funcionó, inmediatamente me senté y la dejé caer de golpe sobre mí, penetrándola de primera intención y con sus deliciosos pechos en mi boca, ya yo tenía una erección bastante avanzada tenido a la buena mamada que me había hecho, y ella no necesitaba mucho debido al tamaño de mi arma para llegar, por lo que dentro de poco ya estábamos acabando casi juntos.

Después que ella dejó de cabalgarme al terminar yo dejé salir todo lo que tenía dentro de ella, pues por la calentura ni nos percatamos de usar condón, luego ella me dijo que se tomaba siempre la píldora, claro, putita al fin, solo me quedé preocupado por alguna enfermedad pero por suerte hasta ahora no ha habido problemas.

Luego de ponernos la ropa, volvimos fuera, donde todavía no empezaban las clases, yo me fui directo al cuarto convertido en salón donde luego vi entrar a mis amigos que puede que hayan tenido alguna sospecha pero no les dije nada hasta la graduación unos meses después, luego les contaré como logré romperle la cola y la primera vez que logré meter a mi novia en el rincón, saludos.

Autor: Ernesto

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Maestra superada

Me puse en cuatro patas. Me penetró con la misma energía que al principio, sensibilizada como estaba me hizo tener otro orgasmo. Se apoyó de mis senos para cogerme con fuerza, lo sentía más grande si es que eso era posible, me lastimaba y al mismo tiempo era tan placentero. Me volvió a llenar de su leche calentita y abundante, era tan rico sentir su gran pene explotando de placer dentro de mí.

Todo comenzó en el msn…, allí conocí a un chico muy agradable con el que me gustaba hablar de música, casi teníamos los mismos gustos, aunque yo le llevaba como 9 años, se que dirán que a lo mejor no es tanto, bueno, no tenía la edad para ser su madre, pero hay etapas en la vida en las que las edades si se nota, pues bien él tenía 21 añitos, (hagan cuentas), siempre le rehuí a las relaciones con chicos más jóvenes que yo, toda mi vida, sin embargo, soy de esas mujeres casadas muy amadas pero mal atendidas…

Si amables lectores, yo soy de esas… así que después de darle mil vueltas al asunto acepté a tener un affaire con él, por su juventud asumí que tendría mucha energía….y me decía, -Anda, enséñame todo lo que sabes, quiero que me enseñes a ser el mejor amante-… eso levantó mi ego, que ni que…

Acordó a pasar a recogerme en el horario de comida de mi trabajo… cuando se bajó del coche pude ver su menuda figura, apenas era un poco más alto que yo y muy, muy delgado, a pesar de que ya le conocía en foto en persona se veía tan frágil que casi me sentí pederasta.

Subí al auto y él haciendo gala de su impulsiva juventud posó su mano en mi pierna, así que me entraron los nervios… él lo notó y eso hizo que su ego y su prominente miembro se elevaran y haciendo gala de su renovada confianza subió su mano hasta llegar a mi tanga e introdujo sus delgados dedos estimulando mi clítoris, mmmmm… ¡Y aún no llegábamos al hotel!

Cuando llegamos al elevador del hotel, no pude evitar lanzarme a sus brazos, y dar inicio a las “clases”, cuando llegamos a la habitación ya nos estábamos desnudando… continuamos comiéndonos mutuamente, y cuando llegó el momento de mostrar su equipo, me quedé de un pieza… contrastaba enormemente con el resto de su físico, su pene era grande, y ancho… y pensé que todo lo que le faltaba a su frágil cuerpecillo, lo tenía debidamente acumulado donde es preciso… así que de inmediato me di a la tarea de degustar tan peculiar herramienta, mmmmm… era tan rico, ese pene estaba tan duro y caliente Mmmm… Solo de recordarlo yo misma me pongo emocionalmente erecta!

Sentí en mi paladar su abundante líquido pre-seminal, era un verdadero manjar tener esa delicia en mi boca, aunque por más esfuerzos que hacía no lograba meterlo todo…

Mi joven amante entonces se dio a la tarea de explorar mi cuerpo, me recosté en la cama y él subió mis piernas en sus hombros y comenzó a lamer mi caliente vaginita, y con sus huesudos dedos abrió los labios y encontró mi prominente botoncito, de inmediato lo lamió hambriento… -¿así nena?, ¿así te gusta? -, -Siiiii… Mmmm… Más por favor así.

-Dime si lo hago bien…-, -Oh si, así sigue mmmmm, -Humm.. Que rica estás nena….mmm… -Penétrame papi, cógeme por favor…

Yo estaba más que lista y ansiosa de recibirlo, aún así me dolió un poco, cuando finalmente lo pude sentir dentro de mi, comprobé las ventajas de tener un amante joven, era tan vigoroso, se movía rápido, lo metía lo más profundo que podía al tiempo que con sus delgadas manos amasaba y magreaba mis tetas, mmmmm.

Lo sentía tan grande dentro de mi, que me arrancó un orgasmo delicioso, finalmente se vino dentro de mi con mucha fuerza y abundantemente… Obviamente pensé que se tomaría unos merecidos minutos antes de continuar con nuestra deliciosa sesión de sexo, ¡pero que equivocada estaba!

Cuando terminó de venirse, me pidió que cambiáramos de posición, así que me puse en cuatro patas en la tradicional posición de “perrito” y Mmmmm… Me penetró con la misma fuerza y energía que al principio, sensibilizada como estaba me hizo tener otro orgasmo casi de inmediato. Se apoyó de mis senos para cogerme con fuerza, así como estaba lo sentía más grande si es que eso era posible, me lastimaba y al mismo tiempo era tan placentero….

-Oh, nena, me encantas. – Así papi, así más duro, más. – ¿Así esta bien? ¿Así es como lo querías?  – ¡Ohhhhh!… Siiiii…

Me volvió a llenar de su leche calentita y abundante… era tan rico sentir su gran pene explotando de placer dentro de mi…

Cuando terminó de darme su leche vi en el reloj que era momento de darme un baño para volver a la oficina, seguramente si no lo hubiera interrumpido, hubiera continuado… definitivamente yo no tenía nada que enseñarle a este joven y audaz amante…

-¿Lo hice bien nena? -, -Lo hiciste delicioso cariño…

Desafortunadamente no pude conservarlo por mucho tiempo, ya que comenzó a confundir las cosas, me preguntaba que por que no lo quería y pretendía salir conmigo a deshoras como si yo pudiera ser una especie de “noviecita”… lástima…

Espero que hayan disfrutado esta aventura, tanto como yo disfruté recordarla…

Besos

Autora: Cherry

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Profesor atractivo de 35 años, busca… III

Con cada rebote por una piedra, la verga de Sergio se hundía más en mi culo, mi amante gemía calladamente porque mi apretado culo le estaba provocando fuertes y placenteras sensaciones e inclinándose nuevamente hacia mi oreja me susurró que exprimiera su verga con el culo, ya que pronto me llenaría el culo de leche.

¿Qué fuerza es lo que hace al hombre ir en diferentes direcciones y al mismo tiempo lo mantiene unido? Eso, eso es la fuerza de…

Ocurrió poco después de cumplir los 11 años, mis padres debieron descuidarse y no se percataron cuando resbalé y caí en la parte profunda de una alberca en ese balneario de la ciudad de Monterrey, al que habíamos ido de vacaciones.

Recuerdo estar sumergido y tocar el fondo con mis pies y tratando inútilmente de aferrarme a algo que pudiera sacarme a flote, cuando de pronto unos brazos cálidos me sujetaron fuertemente y me jalaron hacia ellos, y al sacarme a la superficie, mis pulmones inhalaron abruptamente el aire que se les había negado, confortando súbitamente mi atormentada alma. Debieron pasar tan solo unos segundos, pero me pareció una eternidad, mi entera y corta vida pasaron ante mis ojos por unos segundos, y cuando alcé la mirada lo primero con lo que me topé fue con la sonrisa y los ojos alegres de un guapo joven de veintitantos años con un pequeño lunar debajo de uno de sus ojos.

Cuando me incorporé al lado de la piscina donde este joven me había rescatado, no pude evitar contemplar absorto la fina capa de vello que su incipiente juventud le regalaba en el pecho a este bello ejemplar masculino. Y casi inmediatamente descubrí en ese momento que yo no era un chico como cualquier otro….yo era….bueno, diferente.

Mi madre corrió en llanto a abrazarme, haciendo que una pila de gente se amontonara curiosa alrededor nuestro, y mi padre le daba las gracias a este taciturno pero bello joven que me había rescatado. Al poco rato y en motivo de agradecimiento, mis padres invitaron a comer a este chico en un puesto de comida rápida del balneario, y por insistencia de mi madre al terminar la comida, le pidió al joven dejarse retratar con ellos y conmigo en uno de los puestos de recuerdos que había en el lugar, mi progenitora mandó hacer dos copias y le entregó una de las fotos al joven, enmarcada en un cursi llavero con forma de corazón.

Creo que fue el momento más embarazoso de mi vida.

Es curioso las cosas que vienen a tu mente en momentos de crisis, y éste sin duda era uno de ellos, porque no podía sentir mis manos del frío que me rodeaba, y mis pies comenzaron a entumirse y sólo unos segundos antes de perder la conciencia y dejar de luchar, los brazos que me sacaron de aquella piscina, parecían ser los mismos que ahora me sacaban del auto inundado, y esa blanca e intensa luz se encendió de pronto….

-¡Enciende la luz Saúl!- le gritó el hombre que me tenía amagado con su mano sobre mi boca y con su otra mano sobre mi pecho presionándolo, a otro chico que se encontraba en una alejada recámara de la casa donde festejaba mi cumpleaños.

Y cuando esa intensa luz se encendió obligándome a entrecerrar por un momento mis ojos, pude girar la cabeza un poco y darme cuenta que el tipo que me sujetaba era Luis, mi celoso ex – amante. Luis me empujó frente a la cama donde se encontraba su amigo Saúl semidesnudo, y éste me sujetó rápidamente de nuevo, mientras Luis comenzaba a desnudarse.

-Sé lo que intentan hacer, pero no creo que su plan les funcione, ¡estamos en la casa de Gera, mi mejor amigo! ¿en verdad creen que me van a obligar a tener sexo con ustedes en la casa de mi mejor amigo sin que él se entere y venga a ayudarme?- les dije con un aire retador muy seguro de mis palabras. -Es que nadie piensa obligarte a tener nada que tú no quieras putito, sé que te encanta mi verga- respondió Luis sacándose su erecto y peludo miembro del pantalón.

E inmediatamente su amigo acercó una botellita de Poppers a mi nariz, haciendo que un inusual y rápido efecto se apoderara de mí, poniéndome muy caliente. Me hizo inclinarme ante él y acercó mi cabeza con una de sus manos a su entrepierna y un aroma a macho sudado penetró mi olfato, Luis era testosterona pura. Alcancé a sacar mi lengua y lamí un peludo y gordo testículo y Luis dejó escapar un fuerte gemido de placer. Mí lengua recorría golosa aquellos dos gordos y peludos testículos cuando de pronto la puerta se abrió.

-¿Qué hacen aquí?- preguntó Gera mi mejor amigo, al darse cuenta que mis agresores se vestían rápidamente.

Yo intenté incorporarme pero resbalé y Gerardo me tomó por los brazos ayudándome a ponerme de pie. Mi amigo al comprender la escena de pronto les dijo: -Ustedes no tienen invitación cabrones, ¡lárguense de aquí o le hablo a la policía! Los dos tipos ya listos salieron por la puerta, pero antes Luis se detuvo y me dijo, que esto todavía no acababa, que ya me las arreglaría con él mas tarde, a final de cuentas no estaría por siempre en la casa“del mariquitas” de mi amigo.

Y al final Luis espetó: -No te hagas el que no te gusta pinche putito, mi verga te fascina, ya nos veremos después-

Gera intentó preguntarme que había pasado pero sin dejarlo hablar tan solo pregunté: -Sergio, ¿dónde esta Sergio?- mmm está en el jardín platicando con los del salón, ¿quieres que….?- no alcanzó a terminar su frase, cuando yo saliendo por la puerta, me dirigí a buscar desesperado al dueño de mis desvelos.

Me acicalé un poco en el baño y después lo llamé al salir al jardín. Él percatándose de mi presencia, al salir por la puerta trasera, me sonrió tímidamente, pero aún siendo indiferente y estoica su sonrisa, hizo entibiecer mi interior, y un hondo suspiro salió de lo profundo de mi garganta. Estaba a punto de hablar pero mi profesor me interrumpió: -¡Felicidades Gabrielito! ¡muchos días de estos! terminó de decirme dándome un fuerte y cálido abrazo. Algo en su abrazo me intrigó, no era el Sergio de antes, sin embargo tampoco era diferente. Y en ese momento mi mente divagó pensando que mientras más cambian las cosas, más siguen igual.

-Este…. mmm…yo quiero decirte que….

Ambos estábamos ansiosos y nerviosos, y Sergio notando que yo tenía menos vulnerabilidad que él ante la adversidad de poder enfrentar el declararme gay  abiertamente, él aún no sinceraba sus sentimientos, así que interrumpiéndome secamente mi amado profesor me dijo: -¿Quieres ir a montar en bicicleta mañana?-

-Claro- contesté cambiando mi sonrisa a una serena y llena de alegría.

La fiesta siguió su curso normal llena de risas tímidas y secretas, señales recíprocas de ternura  y miradas que lo decían todo, y por un momento olvidé el mal rato que me había hecho pasar Luis y su amigo Saúl, o eso trataba de convencerme a mí mismo….¿en realidad ya no deseaba a Luis y su masculina presencia? El haber saboreado el aroma intimo de las peludas bolas de Luis me decía otra cosa.

Al día siguiente con un cielo nublado y melancólico sobre nuestras cabezas, Sergio y yo emprendimos la marcha hacia las llanas praderas que conducen a la cuenca de un río, para ejercitarnos un poco en bicicleta y admirar el bello paisaje. Ninguno de los dos quería tocar el esquivo tema que ambos sabíamos tendríamos que hablar tarde o temprano, y el camino de terracería, plantas y pequeños animales salvajes eran testigos de nuestro silencio.

Por fin el hielo se rompió gracias a una pequeña piedra que no vi y me hizo caer de la bicicleta de montaña, provocando unos raspones sin importancia, pero un gran hoyo en la parte trasera de mi licra de ejercicio, y cuando me levanté dándole la espalda a Sergio éste rió al darse cuenta que debajo de la descosida tela no traía ropa interior, así que lo primero que vio fue la raja de mi culo en todo su esplendor.

-Jajaja ¿no usas ropa interior, o sólo querías provocarme?- Sergio rió de buena gana al comprobar que estaba yo desnudo bajo la delgada capa de tela de la licra.

Yo ruborizándome no le di importancia al suceso subiéndome de nuevo a la bicicleta, y me di cuenta que por primera vez y sin tener la mínima intención de provocar a un hombre, me había apenado de enseñar mi bien formado trasero y la raja de en medio. El camino se hizo entonces placentero, delicioso y tremendamente disfrutable, y yo gozaba y reía plenamente de cada comentario o chiste de Sergio y sentía que un hermoso vínculo amenazaba en formarse.

Y entonces venida de lejos, anunciando a la pradera su refrescante caricia, la lluvia bajó suavemente hacia nosotros, y aumentando su potencia, nos obligó a refugiarnos bajo las protectoras y verdes ramas de un hermoso y antiguo árbol. Un fuerte e impetuoso viento nos golpeó proveniente del norte, el frondoso árbol no era suficiente abrigo para enfrentar el violento temporal, así que Sergio me abrazó fuertemente y al sentir la calidez de su cuerpo, el vacilante dejo de su masculina loción y el roce de su delicioso aliento sobre mi cuello, me sentí libre, protegido, y lleno de un intenso afecto que emanaba de cada fragmento enamorado de mi piel.

Y así como llegó, el temporal comenzó a amainar repentinamente, y al descubrir que el peligro había pasado, ambos quedamos sorprendidos, por un extraño y reconfortante sentimiento que impedía que nos separáramos. Sergio me miró a los ojos alejando su varonil rostro del mío y me dijo suavemente en medio de la serena y verde pradera, y el taciturno cielo triste y gris:

-Es algo indescriptible, pero siento que ya nos conocíamos de otra vida o… algún otro lugar, y no quiero que esta paz y ternura que brindas a mi alma desaparezca nunca…-Tienes una sonrisa que me recuerda memorias de mi infancia, donde todo era brillante como el más azul de los cielos, y desde que te conocí y miré tus ojos por primera vez, me recordaron a mi mejor amigo de cuando tenía 12 años y corríamos a ese lugar especial, una ranura en el tronco de un árbol enorme, donde solíamos escondernos y protegernos en días malos como éste, o cuando nuestros padres nos reprendían y huíamos de casa.

-Él era menor que yo, y sus padres lo trataban muy mal, yo sólo quería protegerlo….como sólo quiero protegerte a ti…esa necesidad me trasmites, y yo…yo quiero hacerlo, quiero que….me dejes cuidarte, o tan sólo…déjame estar contigo, por favor bonito…-

Sus hermosas palabras hicieron delirar con un fuerte temblor hasta el mas recóndito de mis huesos, y mis ojos se humedecieron de una inmensa felicidad, mi corazón desbordaba amor, un fuerte, grande y sincero amor. Volvimos a abrazarnos pero ambos sabíamos que al soltarnos, no volveríamos a ser los mismos nunca más. La lluvia comenzó a tomar fuerza nuevamente, y decidimos jugárnosla y correr hasta la carretera, tomando nuestras bicicletas con una mano y con la otra cubriéndonos con unas ramas secas nuestras cabezas.

Era muy peligroso montarnos en las bicicletas y pedalear hasta la ciudad, así que protegiéndonos bajo otro árbol que estaba al lado de la carretera, hacíamos la señal de “aventón” a cada auto que pasaba, con la esperanza de que pudieran llevarnos de regreso. Luego de varios intentos por fin una camioneta grande de dos cabinas y con la parte trasera llena de cosas como bicicletas, kayaks, remos, casas de campaña y artículos de cocina se detuvo y el conductor un joven como de veintitantos años, se ofreció a llevarnos.

Sergio y yo subimos nuestras bicicletas en la parte trasera de la camioneta haciéndoles espacio entre tantas cosas, y al intentar subirnos en los asientos traseros de la camioneta descubrimos que había muchísimas cosas mas, dejando libre tan sólo un asiento, por lo que tuve que sentarme y viajar encima de las piernas de Sergio. En la cabina había dos chicos jóvenes, más el conductor, que según nos dijeron venían recorriendo México, acampando en cada bonito lugar que encontraban, estaban algo amontonados, pero muy alegres, y al quedar claro el lugar donde nos bajaríamos, que estaba a mas de una hora de distancia (y por el temporal, sería un poco mas largo) los chicos volvieron a subir el volumen de su música y a ocuparse de sus asuntos.

De pronto siento los dedos de Sergio acariciando suavemente la raja de mi desnudo culo a través del agujero que tenía en mis shorts de ejercicio, arrancándome un leve suspiro y haciendo apretar mis dientes. Continuó disimuladamente masajeando mi culo, hasta ir cada vez más adentro, deteniéndose solo para ensalivar discretamente sus dedos, y vigilando que los chicos siguieran en su rollo.

La parte trasera de la camioneta estaba algo oscura y las cosas que teníamos al lado por montones ayudaban a darnos refugio para el excitante encuentro sexual que Sergio y yo íbamos a vivir por primera vez. En un hábil movimiento Sergio bajo su licra hasta los tobillos y pude sentir la tibieza de su gruesa verga palpitar dura como piedra por entre mis desnudas nalgas. Pude sentir también la maraña de necios y abundantes pelos negros de su pubis que cosquilleaban en mi trasero.

Sergio frotaba callada y disimuladamente su verga por mi raja, fingiendo mirar distraído por la ventanilla, y yo haciendo mi parte vigilaba que los chicos no se dieran cuenta de nuestras acrobacias sexuales. Mi maduro amante encontró una botellita de aceite para bebé entre las cosas de los vacacionistas, y humedeció su palpitante y peludo pene erecto. Se inclinó suavemente en mi oreja derecha y susurró apenas con un sonido perceptible:

-¿Quieres que te la meta aquí delante de estos chavos bebé?- mi respuesta fue un callado gemido que traducido del idioma del deseo, podría interpretarse como un sonoro y desesperado ¡sí!

Sentí la punta de sus dedos lubricar con el aceite de bebé mi culo,  e introduciéndolos uno por uno me hacía casi llorar de placer, un muy reprimido gemido anunció de pronto la punta de su gruesa cabeza penetrar mi dilatado culo.

-¿Todo bien, chavos? Ya falta poco más de media hora para llegar- preguntó girando la cabeza uno de los chicos que venían en la cabina, y yo ahogando un fuerte gemido, con mi cara roja y mi mirada perdida, contesté un tímido “si, gracias”, y volviendo a girar su cabeza a su lugar el joven regresó a su música con sus amigos, sin imaginarse que yo estaba totalmente penetrado por la gruesa verga de mi maduro compañero.

Con cada rebote por una piedra o un tope del camino, la verga de Sergio se hundía cada vez más en mi atormentado culo, y mi amante ayudaba a esto con sus suaves pero firmes movimientos de pelvis que me tenían en la gloria.

Sergio gemía calladamente porque mi apretado culo le estaba provocando fuertes y placenteras sensaciones e inclinándose nuevamente hacia mi oreja me susurró que exprimiera su verga con el culo, ya que pronto me llenaría el culo de leche. Mi amante se había transformado en una fiera salvaje, que solo vociferaba palabras cachondas y un sin número de ¿te gusta nene? ¿te gusta mi vergota en tu culo verdad? Y yo solo podía disimular cuanto podía, ya que el nerviosismo de ser descubiertos me tenía algo preocupado, pero totalmente caliente.

-Uh ¿hace calor no chicos?- preguntó Sergio de pronto a nuestros compañeros, quitándose la camisa y dejar al descubierto el rebele vello de su masculino pecho. -Si, es por el bochorno de la lluvia- contestó uno de ellos con cara de interrogación.

Ahora Sergio estaba totalmente desnudo en la parte de atrás, y recargando uno de sus brazos por encima del asiento, pude sentir el aroma masculino de su axila transpirada. Los vellos de su pecho me hacían cosquillas en mi espalda desnuda, ya que Sergio también disimuladamente me había levantado la parte trasera de mi playera, y su verga erecta no perdía un ápice de dureza, mientras seguía taladrando mi culo, y el poseedor de semejante herramienta para coger, miraba distraído por la ventana, como si nada estuviera sucediendo.

Los chicos se detuvieron en un mini súper a comprar bebidas y nos preguntaron que si queríamos algo, a lo cual contestamos que no, y bajando ellos tres de la camioneta, estoy seguro que se extrañaron de que no hubiéramos querido bajar y estirar las piernas, viendo que también estábamos “misteriosamente” llenos de sudor.

En cuanto se bajaron de la camioneta, y aprovechando que la lluvia seguía cubriendo nuestra excitante sesión sexual en medio de extraños, Sergio giró mi cabeza y me besó apasionadamente al tiempo que con sus manos abría más mis piernas y aceleraba sus movimientos. Yo echando mi cuerpo y mi cabeza hacia atrás del asiento, comencé a tener un orgasmo, y mi semen escapaba filtrándose a través de la delgada tela de mi licra, y en ese momento mi maduro amante, vació toda su leche en mi interior con un fuerte y gutural gemido, al tiempo que mordía ferozmente mi cuello, dejándome la marca de sus dientes.

Estábamos respirando agitadamente, cuando los chicos regresaron riendo, y pararon en seco sus risas, al comprobar que un olor a sexo estaba en el ambiente y viendo nuestros rostros ruborizados y sudorosos, hicieron el esfuerzo por continuar como si nada, no sin antes percatarme de que uno de ellos le decía a otro cosas en secreto. Llevábamos poco de estar nuevamente viajando en carretera cuando siento que la verga de Sergio perdía dureza y se encogía, saliendo de mi adolorido culo que comenzaba a estrecharse de nuevo.

Luego de esto Sergio me pidió secretamente que me levantara un poco para subirse de nuevo el short de licra y regresamos a la normalidad, pero ahora reíamos en secreto de nuestra desquiciada y excitante aventura sexual que habíamos compartido.

Al llegar a nuestro destino, Sergio fue el primero en bajar y yo esperé unos segundos para que se pusiera de nuevo la playera y al ir Checo a la parte trasera de la camioneta a buscar nuestras bicicletas, uno de los chicos se volteó hacia mi desde su asiento y me dijo antes de que yo bajara:

-¡Que palote se aventaron! ¿eh cabrones?, me tenían con la verga dura como de piedra y ¡tuve que jalármela y vaciarme en el baño del mini súper!-

Y en eso el chico de al lado lo besó sensualmente y me dieron su tarjeta, despidiéndose y diciéndome que les encantaría que algún día los acompañáramos de campamento. Yo salí con la tarjeta de la camioneta en shock, y cuando arrancaron, le conté todo a Sergio y éste sin más se echó a carcajadas como un chico de secundaria.

Esa noche Sergio me invitó a quedarme en su casa, y pasamos la noche juntos y abrazados después de haber hecho el amor dos veces más, una en el baño y la otra sobre la alfombra de su sala. La suave y fresca brisa, arrulló mi mente, sintiendo la suave fragancia que emanaba del velludo y cálido cuerpo de mi amante que se confundía y mezclaba con el nostálgico aroma a tierra mojada.

Poco después me enteré de que mis padres se iban un mes entero a visitar una tía hermana de mi madre que estaba en el Paso Texas, por lo que me quedaría solo en casa, y  Sergio se le ocurrió que podría pasar ese tiempo viviendo en su casa, así que tomé mudas de ropa y mi lap top y me instalé feliz en la residencia de mi amado novio. Pasamos un verano de lujo, visitando antros, fiestas y reuniones con amigos, comimos del deseo que provocaban nuestros cuerpos desnudos en las noches calurosas y bebimos de la alegría de nuestros corazones recién comprometidos.

La noche de ese viernes, el fin de semana anterior al re-inicio de clases y después de hacer violenta y apasionadamente el amor,  Sergio se pasó largo rato acariciando mi desnudez y yo dormido sobre casi todo su cuerpo, me sentía en el paraíso. Sentí que se incorporó después de un rato al baño, y luego de eso me quedé profundamente dormido, no abrí los ojos sino hasta la mañana siguiente.

Lo primero que recuerdo al abrir mis ojos fue una nota amarilla pegada al monitor de mi computadora, mi somnolencia fue desapareciendo al ir descubriendo señales de que Sergio se había ido para siempre: su closet vacío sin ninguna maleta, su celular apagado y en la cocina el refrigerador sin alimento alguno.

Regresé a la recámara y al leer sus palabras dejadas en esa nota, mi respiración se volvió agitada y mi vista amenazó con nublarse, mi cabeza estallaba en una fuerte migraña de la cual deseaba no salir jamás…

Continuará...

Autor: BABYBOY

israboston@hotmail.com

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Mi ex-novia, Susana

La apoyé en la cama, puse sus piernas encima de mis hombros y de un golpe seco se la clavé hasta el fondo. Me agarra el culo y me empuja hacia ella. Cada vez mis embestidas eran más fuertes mientras miraba la cara de viciosa que tenía Susana. Estaba fuera de sí, notaba como se iba a correr, estaba contrayendo los músculos de su vagina. Estallamos los dos al mismo tiempo. Fue algo increíble.

Esta historia pasó hace un par de meses y tengo la necesidad de contarla. Para evitar problemas, todos los nombres van a ser ficticios. Espero que os guste. Yo soy profesor de marketing y publicidad en una empresa de formación. Y de vez en cuando suelo dar clases en seminarios en diversas ciudades de España.

Lo que me ocurrió un fin de semana aún lo estoy viviendo, deseando que me vuelva a ocurrir otra vez. Un amigo me pidió que le ayudara a dar unas clases en un curso que él estaba dando en Sevilla, quería que yo contara mis experiencias a sus alumnos. En principio no me apetecía mucho la idea, pero como hacía tiempo que no veía a mi amigo, pues acepté. Fue un fin de semana, a principios de julio, así que me desplacé a Sevilla un jueves por la tarde para dar mis clases el viernes y sábado, tal como él quería.

Llegué a la estación de AVE de Sevilla, un viaje que se me hizo larguísimo por el dolor de cabeza que tenía. Cuando llegué a la estación allí estaba mi amigo esperándome. Me reí en un principio de él porque estaba bastante más gordo que la última vez que lo vi. Aunque le acompañaba una chica morena de ojos negros que me quitó la respiración. Mi amigo se llama Ricardo y su nueva amiguita Silvia, un nombre que me parece sensual.

– ¡Paco! Cuanto tiempo! Sigues igual que siempre. – Hola Ricardo. Ya veo que a ti si que te han cambiado los años, y no sólo por esa barriga.- Ah, esta es Silvia, mi novia.- Encantado Silvia, qué, ¿te trata bien Ricardo? – Muy bien -dijo ella con una voz muy sensual. – Vamos Paco, no seas payaso, a ver si me vas a asustar a esta preciosidad. – No te preocupes Ricardo…. aunque con esa barriga… – Sigues igual de bromista, no cambias. Vamos, te llevamos al hotel, te duchas, te preparas y te recogemos para dar una vuelta por Sevilla, que te veo mala cara. – El viaje no se me ha dado bien.
– Vamos chaval, que yo diría que últimamente no has follado mucho. – Ricardo, no digas eso a tu amigo -le recriminó Silvia…

La verdad es que el muy cabrón me conocía bien. Yo tengo novia, pero últimamente no había tenido mucho contacto con ella. Su trabajo no le deja mucho tiempo para mí y a veces me resulta pesado no tener a nadie a mi lado. A pesar de todo, no podía evitar pensar en ese cuerpo que caminaba junto a mi amigo abrazado. Era una chica alta, calculo que algo más de 1″70, con un pelo largo liso precioso y llevaba unos pantalones vaqueros ajustados, se le notaba un poco la forma de las braguitas. Y sus pechos, resaltaban con la camiseta blanca ajustada que tenía puesta. Bufff, su meneo me estaba volviendo loco, aunque intentaba distraerme pensando en mi novia.

Nos montamos en el coche de Ricardo. Yo pasé directamente a la parte de atrás, por dejar a la parejita delante, aunque también lo pensé para mirar a Silvia, cosa que no podría hacer en el asiento de adelante. La verdad es que la muchachita además de guapa era bastante agradable. Estuvo todo el trayecto de la estación al hotel conversando conmigo. Me ponía loco, al mismo tiempo que hablaba se acariciaba el pelo. Yo perdí la noción del tiempo y llegamos al hotel. Sin darme cuenta me había empalmado e intenté disimular la erección mientras bajaba del coche. Me pareció que Silvia se dio cuenta, pero rápidamente cogí una maleta y la puse delante para taparme.

– Quedaros ya aquí, yo ya me encargo de las maletas – contesté- – Ah no, Silvia y yo te ayudamos. Además no tardamos nada, ¿verdad Silvia? Silvia estaba como distraída… – Silvia? – Ah! Ricardo, perdona, sí, subimos las maletas arriba si queréis.

Llegamos a recepción. Nos atendió un chaval que ya tenía preparada la llave de la habitación. Parecía que nos estaba esperando. Miré el número, la 169. Buen número pensé, me daba buenas sensaciones. Nos acompañó el chico de recepción y me deseó feliz estancia. Silvia fue corriendo al baño y Ricardo y yo nos reímos al ver sus prisas.

– Parece que no aguanta mucho. – jajajaja, estaba deseando subir las maletas.- Anda, Ricardo, tomémonos una copa -le pedí. – No que se nos hace tarde.- Si va a ser un momentito. Vamos, que hace tiempo que no charlamos. En ese momento salió Silvia del baño.

– Tenías prisa cariño -le comentó Ricardo. – Ya te digo, no aguantaba más las ganas. – Le decía a Paco que nos íbamos a casa pero él insiste en tomar una copa.- Claro -interrumpí yo-. Si son 10 minutos, así me contáis dónde me vais a llevar después. Silvia parecía animada y al final Ricardo aceptó.- ¿Qué queréis tomar? pregunté mientras abría la nevera- Hay whisky, ron, a ver… también ponche. – Yo quiero una Coca-Cola -dijo Silvia- – Y tú Ricardo? – Ponme un whisky, que me va apeteciendo – Ahí lo tienes. Yo me serviré una Coca-Cola, para hacer compañía a Silvia.

Decía esto mientras guiñé un ojo a Silvia. Ella pareció sentirse incómoda y se sentó un poco apartada. Estuvimos charlando Ricardo y yo un buen rato, mientras yo no quitaba el ojo a la figura de Silvia. Me volvía loco, sentía la necesidad de poseerla a pesar de ser la novia de mi amigo. Ya no pensaba en mi novia, lo único que pasaba por mi cabeza era ese cuerpazo de la niña bien puesto. Ricardo se acabó el whisky y se marcharon con la promesa de recogerme después para dar una vuelta por Sevilla. No sin antes deleitarme con el paseo de Silvia según se iba alejando de la puerta.

Yo ya estaba duchado y arreglado cuando sonó el teléfono. Era Ricardo. Me comentó que lamentaba mucho, pero que no iban a salir. Silvia se encontraba mal y él se iba a quedar haciéndole compañía. Me comentó que me recogería por la mañana para ir a dar la clase. Vaya, estaba deseando salir para volver a ver a esa mujer. Aunque pensé que mejor así, sin tentaciones a la vista, siendo fiel a mi novia. Así que se esperaba la noche aburrida, me tumbé en la cama, puse la televisión y estuve así un buen rato, hasta que llegó la película del plus. Fue fantástica, en la peli había una chica que se parecía bastante a Silvia, completamente desnuda, poseída por un hombre que la manejaba en mil y una posiciones. Cuánto me hubiera gustado ser yo y cuánto me hubiera gustado que aquella chica fuera Silvia. No puede evitar el masturbarme, tres veces hasta que me venció el sueño aquella noche. Sonó la puerta. Era Ricardo. Me había quedado completamente dormido con la televisión puesta. Ya era de día.

– Vamos holgazán, ¿no sabes que tienes que dar clases? -me pareció oír la voz de Ricardo. – ¡Bufff! me he quedado completamente dormido.- Ya lo veo, vamos arriba.- Qué tal Silvia? se encuentra mejor? – Ah mucho mejor, ella lo que necesitaba era un buen revolcón. No veas cómo estaba ayer de caliente.- Me alegro -dije muriéndome de envidia.

Me vestí enseguida, quitando como pude los restos de la noche anterior. Bajamos y nos metimos en el coche camino de las clases. Llegamos a un edificio antiguo. Ricardo aparcó en doble fila.

– Paco, te acompaño para que veas dónde están las clases y te dejo con mis alumnos. – Pero…¿no vas a estar con nosotros? – Ah! No puedo acompañarte, pero no te preocupes Paco, que tú ya tienes experiencia en esto. – Bueno, si tú lo dices…

Ricardo me dejó justo en la puerta de clase y me deseó suerte. Yo entré a paso ligero. Ni siquiera miré hacia los alumnos cuando entré, pero parecían todos sentados. Preparé mis papeles y alcé la mirada: – Buenos días señores.

En ese momento me quedé pálido. No podía creer que en aquella clase estuviera ella. Podía haber esperado a cualquier chica, incluida a Silvia, pero no podía esperar encontrarme con mi ex-novia dos años después. Ella no había cambiado nada. Seguía igual de radiante. Preciosa. Con su melena rubia que le caía por los hombros. Esos ojos azules que me volvía loco cuando me miraban mientras me hacía una buena mamada. Me vinieron en un momento todos los recuerdos, todas las noches de sexo, todas las situaciones morbosas, todo el deseo de querer tenerla. No me podía creer que en tan sólo dos días deseara a dos chicas que no eran mi novia. Algo me debía estar pasando.

Empecé la clase como pude, intentando no hacer caso a mis deseos e intentando no mirar a Susana, que era como se llamaba. Pero me era imposible reprimirme, la veía escribir echándose a un lado el pelo y dejándolo caer sobre uno de sus hombros. Intentaba ver más allá de su vestido, uno azul celeste de tirantes, ajustadito por la cintura y con vuelo por abajo. Se le notaban los pechos marcados, no llevaba sujetador. Me estaba poniendo enfermo aquella mujer.

Llegó la hora del descanso, 15 minutos. Decidí ir al servicio. Estuve allí un buen rato lavándome la cara para refrescarme. Cuando salí, allí estaba, de pie, esperándome.

– ¡Paco! No sabía que te dedicabas a dar clases -se acercó a darme dos besos. – Pues uno debe hacer de todo, le agarré por la cintura para corresponder a sus besos. – Ya sabes que a mi me gusta aprender. – Y a mi enseñar Susana. – Jajajaja! Sí, en tus buenos tiempos me enseñabas de todo, aunque sigues igual que entonces. – Gracias, tú sigues igual de preciosa o más. Me encanta tu vestido. – ¿Te gusta? -se giró sobre sí misma y pude admirar con el vuelo de su vestido un poco de sus braguitas. – Mucho. No te imaginas cuanto. – Venga, que ya te estoy viendo las intenciones. Recuerda que ya no somos novios.- Pero, si quieres quedamos a tomar algo después de clase. – Perfecto…me vino la alegría en ese mismo momento… – Vámonos a clase que se alarga el descanso.

Seguimos con la clase y aquel tiempo se me hizo eterno. Estaba deseando acabar. Por fin acabó mi suplicio y salimos a tomar algo. Llamé a Ricardo para que no fuera a recogerme. Le comenté que me iba al hotel dando un paseo y luego lo llamaría para salir por la noche. No puso ninguna pega.
Caminamos charlando de los nuevos tiempos. Le comenté que yo tenía novia, ella también me comentó que tenía novio. Estuvimos al menos dos horas paseando, nos reímos mucho. Nos metimos en un bar muy acogedor, había sillones al fondo, y ella me agarro de la mano para sentarme en uno de ellos, y se sentó junto a mí.

– Hace tiempo que no estamos así de juntitos -me comentó- – Sí, hace mucho, lo echaba de menos. – ¿Sí? y tu novia ¿qué pensaría de esto? – ¿Qué quieres tomar? -corté enseguida la conversación. – Mmmmm -dudaba- – Un ponche con Coca-Cola. – Sí, sigues sabiendo mis gustos. – Eso no se olvida tan fácilmente. – ¿Y qué más no se olvida tan fácilmente?

La muy jodida me estaba calentando con sus indirectas. No sabía si estaba jugando conmigo o quería agarrarme y follarme allí mismo en el sillón del bar. Sólo tenía dos opciones, correr hacia la puerta, o tratar de averiguar si aquella mujer quería un buen polvo conmigo. Así que opté por…

– Lo bien que folla ese cuerpo. Eso sí que no se olvida. – ¡Vaya! -acercó su mano a mi pierna y me acarició el muslo – ¿Y tu novia no te folla? -insistió. – ¿Y a tí no te folla el tuyo? -ahora fui yo quien puso la mano en su muslo- – Veo que sigues tan ardiente Paco, no pierdes facultades…subió su mano hasta ponerla encima de mi paquete… – Y tú sigues tan buena y caliente…yo hice lo mismo, metiendo mi mano entre el vestido y alcanzando a tocar sus braguitas, bastante húmedas… – Ahhhhg Paco -dio un gemido al contacto de mi mano… – No sabes cuánto he deseado tu polla todo este tiempo…  – Tenerla bien adentro de mi coño. – ¿Sabes lo que he deseado el follarte otra vez Susana? – Llévame a tu hotel y verás todo lo que te he echado de menos.

Salimos del bar y cogimos un taxi para llegar al hotel. Teníamos prisa, mientras subíamos por el ascensor íbamos metiéndonos mano. Yo ya no aguantaba más, necesitaba follarla. Abrí la puerta y entramos en la habitación. Nos íbamos desnudando camino de la cama. Le solté los tirantes y quedé su vestido recogido por la cintura. Le acaricié sus pechos. Estaban duros, muy duros. Me agaché un poco para morderlos suavemente, chuparlos, besarlos. No podía más, dos años esperando a follarme esa preciosidad. Me desabroché los pantalones como pude y me los bajé lo suficiente para que mi polla quedara a la altura de su coño. La apoyé en la cama, puse sus piernas encima de mis hombros y de un golpe seco se la clavé hasta el fondo.

– Ahhh… ¡Paco! Cómo echaba de menos tu polla. – ¿Te gusta como follo Susana? – Así cabrón. Clávamela bien. Me agarra el culo y me empuja hacia ella… – Joder, cabrón, qué bien follas. – Vamos, dime eso que tanto te gustaba decirme. – Ahhhg – Vamos – Soy tu puta – ¿Ah si? ¿Eso eres, mi putita? – Sí cabrón, soy una puta, aaahhhh, una zorra, soy tu puta.

Susana decía cada vez con más fuerza esas palabras. Yo estaba a punto de estallar. Cada vez mis embestidas eran más fuertes mientras miraba la cara de viciosa que tenía Susana. Estaba fuera de sí, notaba como se iba a correr, estaba contrayendo los músculos de su vagina.

– Aaaaaaaaaaahhg cabrón me corro. Insúltame. – Vamos zorra – Así puta – Me voy a correr en tu coño y después me vas a limpiar la polla con tu boquita. – Ahhhhggg me corro. Sssssssiiiiiiiiiiii…

Estallamos los dos al mismo tiempo. Fue algo increíble. Hacía tiempo que no me corría de aquella manera. Susana quedó rendida en la cama. En ese momento me acordé de Ricardo y Silvia. Había quedado en salir con ellos esa noche. Cogí rápidamente el móvil y llamé a Ricardo. Era demasiado tarde. Ricardo estaba abajo con el coche, mal aparcado y Silvia había subido a buscarme. Se iba a dar cuenta de aquel desenfreno de sexo. Tocaron a la puerta. Arropé a Susana con las sábanas, me coloqué una toalla a la cintura y abrí. Silvia salió corriendo de nuevo al servicio. Se dio cuenta de la situación cuando regresó.

– Vaya. No has necesitado mucho tiempo para ligar en esta ciudad. – Bueno, -no sabía que contestar.  Es una larga historia. – Espero que me la cuentes, me hablaba sin dejar de mirar a Susana,- Mañana. – ¿Mañana? – Sí, no te preocupes Paco. Le diré a mi novio que estás un poco… indispuesto. – Pero… – Que no te preocupes. Espero que disfrutes esta noche como yo lo hice ayer con mi Ricardo pensando en ti…Me sonrió pícaramente, me dio un beso en la mejilla y se largó…

Cerré la puerta y me senté en el suelo tratando de asimilar todo lo que me estaba sucediendo. La historia, aquí no acaba. En mi próximo relato sabréis más.

Podéis comentarme con vuestros aplausos, dudas o críticas. Me podéis contar qué os parece.

Un beso a mi musa Silvia.

Autor: Paco

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Mi estudiante favorito

Mi verga se deslizaba dentro del cuerpo de Daniel, él movía sus caderas haciéndome disfrutar de un placer como nunca antes lo había disfrutado. Daniel se movía y gemía cada vez que le enterraba mi verga, me excitaba más y más, mi verga salía y entraba continuamente de su culo. Jamás pensé que yo llegase disfrutar de algo así como eso, hasta que me vine dentro del apretado culito de Daniel.

Hace dos semestres comencé a dar clases, en un colegio universitario, y como de costumbre no faltan las putitas que piensan que abriendo sus piernas, van a conseguir pasar el semestre. Cosa para la que estaba y estoy preparado siempre, pero para lo que no lo estaba era para Daniel. Un chico de unos veinte años, que siempre se sentaba al frente de la clase, que dominaba magníficamente la materia, y participaba activamente la mayor parte del tiempo. Pero su apariencia era prácticamente la de una nena. Delgado, de abundante y largo cabello castaño bien claro casi rubio, de piel blanca, no muy alto, y con un tono de voz bastante afeminado, sin contar que abiertamente decía ser gay.

Nada de lo anterior me molestaba o llamaba la atención, es más hasta se puede decir que lo consideraba mi estudiante favorito, pero cierta noche durante una de las clases, me di cuenta de la manera tan especial que ese chico me tenía clavada la vista. Traté de no ponerle atención, pero su manera de verme me comenzó a poner algo nervioso. Para completar todo eso, me recordó que pasaría por mi apartamento a buscar un material, para realizar un trabajo investigativo. Su manera de hablarme fue bien seductora, lo que me puso más nervioso aun. Al llegar a mi apartamento, me dediqué a revisar unos exámenes por lo que me olvidé temporalmente de la visita de Daniel, así que cuando tocó la puerta, se puede decir que me agarró desprevenido.

Al abrir la puerta y encontrarlo frente a mí, me puse bien nervioso y él lo notó, por lo que supongo se puso a actuar de una manera bien seductora y femenina. Yo estaba deseoso de que se marchase lo más pronto posible, pero él de manera bien inteligente me comenzó a buscar conversación, hablando de temas que me apasionan, y por los que se puede decir que bajé la guardia, al punto que hasta le ofrecí algo de beber. Por espacio de casi una hora seguimos charlando, ofreciéndome una mayor confianza, y lentamente comenzamos a tocar el tema del sexo.

Fue cuando me preguntó ¿en que él se diferenciaba de una chica?, aparte de lo obvio desde luego. De inmediato me preguntó que si le permitía, que me modelase, para que viera su cuerpo y le dijera sinceramente que le parecía. Al principio caminó frente a mí de manera bien femenina, pero poco a poco sus manierismos fueron más delicados, y de momento comenzó ante mi sorpresa a quitarse toda la ropa, pero de una manera tan sugestiva, que me quedé con la boca abierta, observando sus paradas nalgas, apenas cubiertas por un ínfimo slip. Aun sabiendo de que se trataba de un chico. Su manera de moverse, fue capturando toda mi atención, hasta que me di cuenta de que mi miembro se me había puesto bien duro.

Ya estaba por decirle que terminase, que lo hacía muy bien, pero que no me interesaba más nada. Cuando Daniel, se arrodilló al extremo de la sala y comenzando a gatear mostrándome su parado culito. Yo estaba embelesado, mirando sus nalgas, así que cuando se me acercó lo suficiente, y sus finas manos se posaron sobre la bragueta de mi pantalón, no tuve la fuerza de voluntad de retirárselas. Con una habilidad tremenda, extrajo mi miembro del pantalón y casi de inmediato se dedicó a pasar su húmeda lengua por la cabeza de mi verga, haciendo que mi erección fuera mucho mayor.

Lentamente Daniel así desnudito como estaba me comenzó a chupar toda mi verga, la que yo veía asombrado prácticamente desaparecer por completo dentro de su boca, al tiempo que prácticamente sin que me diera cuenta, me fue bajando los pantalones, y hasta mis interiores. Mientras más me mamaba la verga, sus manos más se acercaban a mi fundillo, y aunque eso en parte me hacía sentir algo incomodo, la manera que me estaba mamando mi verga, me tenía por completo capturada mi atención. Hasta que yo mismo coloqué mis manos sobre su cabeza y comencé a movérsela de adelante hacia atrás, disfrutando más y más de la buena mamada que Daniel me daba.

Pero de la misma manera en que comenzó a mamar, se detuvo por completo y sin decir palabra, extrajo mi verga de su boca, y lentamente girando sobre sus talones, me dio la espalda, para luego ponerse en cuatro, ofreciéndome sus rosadas nalgas. Las que después de quitarme mi camisa no dudé ni un segundo en agarrar con mis manos, y dirigir mi verga al centro de su parado culito. A medida que lo fui penetrando, me fui sintiendo más y más excitado. Mi verga se deslizaba sabrosamente dentro del cuerpo de Daniel, mientras que él movía sus caderas divinamente, haciéndome disfrutar de un placer como nunca antes lo había disfrutado.

La manera en que Daniel se movía y gemía cada vez que le enterraba mi verga, me excitaba más y más. Mis brazos apretaban su cuerpo contra el mío, mi boca besaba y mordisqueaba su cuello, y mi verga salía y entraba continuamente de su culo. Jamás pensé que yo llegase disfrutar de algo así como eso, era algo increíble, hasta que fue tal mi excitación que finalmente me vine dentro del apretado culito de Daniel. No podía creer que le estuviera metiendo mi verga a ese tipo, y que encima me gustase tanto. Cuando saqué mi verga de su culo, estaba agotado, por lo que me senté en una de las butacas de mi sala.

Yo quedé exhausto, hasta que de nuevo comencé a sentir su boca sobre mi verga. En cosa de segundos, me lo volvió a parar, su manera de chupar mi verga, lamer mis cojones, y hasta de tocar mi esfínter con la yemas de sus dedos, me excitó tremendamente. Por un buen rato, Dani continuó chupa que chupa, mama que mama y lame que lame. Me sentía en la gloria, nunca antes, mujer alguna me habían hecho disfrutar tanto en tan poco tiempo, como Dani lo había hecho con su culo y después con su boca. Yo estaba tan envuelto en la mamada que él me estaba dando, que hasta me dejé caer sobre la alfombra de la sala, y de momento que frente a mis labios se encontraba su miembro, no tan grande y grueso como el mío, pero si lo suficientemente grande como para notarlo.  Así que mientras él mamaba mi verga, yo tímidamente comencé a chupar la suya.

Entre una cosa y otra, sus manos me tocaban ávidamente mis nalgas, hasta que de momento me preguntó Dani si me gustaría probar. No me tuvo que decir que, ya que apenas comenzó a decírmelo, sin dejar que terminase de hablar le respondí que sí. Fue entonces que él agarrándome por los tobillos, levantó y separó mis piernas, dirigiendo su miembro al centro de mis nalgas. Las que recibieron su verga completa, no me había dado cuenta hasta ese momento pero a medida que me fue acariciando mi esfínter, realmente me lo fue dilatando al punto que me penetró sin dificultad. También por un largo rato estuvo comiéndome el culo como quien dice, pero de qué manera tan sabrosa.

Cuando finalmente se vino dentro de mí, los dos nos quedamos acostados sobre la alfombra donde desnudos nos quedamos dormidos abrazados el uno al otro. Al despertar, sentí algo de vergüenza, pero apenas lo vi saliendo del baño recién duchado, con la toalla alrededor de su pecho y mostrándome las nalgas, me provocó volver a clavármelo, y así se lo hice saber. Daniel y yo ahora somos pareja aunque la mayoría del tiempo soy yo el activo, hay sus días y sus noches en que él también me da de lo suyo.

Autor: Narrador

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