Juegos prohibidos entre Padre e Hija

En un segundo ella empezó a hacer movimientos en señal de que estaba disfrutando su segundo orgasmo y sin cambiar mi ritmo, sentí como sus labios y toda su vagina aprisionaba mi verga en su totalidad, como una ventosa que quiere sacar toda mi leche. Poco a poco le fui dando la vuelta hasta que ella quedó boca abajo, la alcé por las caderas y me dediqué a saborear ese culo, le metía un dedo, dos, cambié por mi lengua, era increíble, ya mi pene estaba durísimo.
Read more

Me gusta / No me gusta

Morbosa situación

Amor Filial Hetero, Madre e hijo. Milfs. Yo estallaba de la excitación y no pude contenerme. Le pedía a mi hijo que me penetrase más y quería ser poseída por mi joven hijo. Miguel se deleitaba con mis aullidos y me cogía cada vez más fuerte, mientras besaba mi espalda y me tomaba de los pechos. En el momento de mayor éxtasis para mi clítoris, mi hijo acabó dentro de mí y me llenó de su leche. Fue el mejor orgasmo de mi vida.

Read more

Me gusta / No me gusta

Los hermanos de mi joven esposa II

Fueron las pasadas fiestas decembrinas cuando la familia de mi esposa vinó a la casa, yo al saber que pasarían con nosotros el 24 y 25 de diciembre, estaba que no cabía de contento, tanta felicidad seguro debía de ser pecado.

Primero llego Carlos con su novia Liz, luego llegaron mis suegros, y por ultimo hizo su arribó Luis quien venía acompañado de su prometida Claudia y de sus jóvenes cuñados Cristian Alixander, Alfonso y Brighton, todos ellos de ojos azules igual que Claudia, eran delgados, de pelo semi rubio, de piel blanca, y facciones finas, y por lo visto eran bastante alegres, porque enseguida empezaron de parlanchines. Otra cosa curiosa es que todos se veían de la misma edad, lo cual me desconcertaba, pero decidí no hacer ningún comentario al respecto.

Todos habían llevado vivires para enriquecer la cena de navidad, pero él que se destacó al hacer venado al horno fue Cristian quien estudiaba para ser Chef, yo nunca había probado el venado, me agradó la carne aunque un poco recia para mi gusto, tenía un muy buen sabor;

Como era de esperarse en cuanto supimos que estudiaba Cristian para ser Chef, le pedimos que nos preparara más cosas igual de suculentas, asintió enseguida y en cuestión de horas ya tenía todos los ingredientes listos para preparar jaiba, pez espada, una sopa de mariscos y empanadas de camarón, el solo hecho de pensar que comería camarón me hizo pensar que en la noche andaríamos todos como burros en primavera; De pensar que solo había dos mujeres y 7 hombres eso sería una verdadera orgia.

Pasaron las horas y el hambre ya empezaba a ser demasiado evidente, pues en nuestras platicas el tema de conversación giraba en torno a la comida, que si alguien habían preparado tal o cual cosa, que cual era la comida más rara que habíamos degustado, etc, etc, por ello decidí ir a la cocina haber en que le podía ayudar a Cristian y aprovechar para comer algo de lo que estaba preparando, debido al calor que hace en la cocina, vi a Cristian sin camiseta, se le marcaba bien sus músculos del abdomen y su pans se le ajustaba marcándole el contorno del calzón, y dividiéndole las nalgas, no sé cuánto tiempo me quede como hipnotizado observándole, pero fue evidente, porque el, a pesar de darme la espalda, sonrió soltando una leve risa y me dijo – “¿estarás todo el tiempo observándome el culo o vendrás a ayudarme a terminar la cena?”, yo también solté una risa nerviosa por ser tan obvio, y me acerque a ayudarle, le ofrecí una disculpa, él me dijo que no había problema, que no le quitaba yo nada con verle, que ya estaba demasiado acostumbrado a que lo vieran de esa forma, por eso no le daba mucha importancia.

Continuo la cena todo normal, pero yo no podía dejar de pensar en Cristian, a mi izquierda se encontraba Diana sentada y a mi derecha se sentó Cristian. Al paso de unos minutos por debajo del mantel deslice mi mano hacia la pierna de Cristian, si él se incomodaba mi estrategia era fingir que me apoyaría para levantarme, pero no se incomodó, solo sonrió un poco, así que empecé a subir mi mano, poco a poco hasta llegar a su entrepierna, y comencé a acariciársela sobre el pans, se le empezó a poner dura, y dejo de platicar tanto como era su costumbre, ya que empezaba a tener uno que otro espasmo de excitación, sus otros hermanos se dieron cuenta del cambio de actitud de Cristian, pero decidieron no decir nada, entonces decidí desamarrar su jareta del pans y meter mi mano, así lo hice y sentí su pene a traves de una pequeña tanga, eso me indicó que el iba preparado para buscar un encuentro así, entonces metí mi mano debajo de su tanga y le toque su pene, mismo que ya había lubricado por la excitación, empecé a subir y bajar su prepucio, así hasta que, me trataba de detener con la otra mano para que no siguiera, era inminente una eyaculación, saque mi mano tome 3 servilletas y la baje otra vez, y continúe masturbándolo lentamente hasta que se vinó en mi mano, pero las servilletas lograron absorberle su eyaculación.

Eenseguida me levanté y me fui al baño, no precisamente a tirar las servilletas, más bien quería saborear sus esperma, me las metí en la boca en cuanto estuve en el baño, su esperma sabía muy dulce, me gustó mucho, luego de que tome todo lo que pude, tire las servilletas al escusado y me lave la boca, regrese a la mesa, y me incorpore a la convivencia, note que Cristian estaba algo sonrosado, quizá se sentía mal por lo que pasara unos minutos antes, entonces le puse otra vez mi mano en su entrepierna y note que no había anudado la jareta del pans, por lo que mi mano incursiono una vez más en su entrepierna, así que le toque su pene, el cual ya estaba flácido y retirándole el prepucio con un dedo empecé a sobarle el glande, creo eso lo éxito muchísimo, porque con su mano me toco también mi pene, y tuve que detenerle pues se podía dar cuenta mi esposa. Después fui a sacar colchones inflables y a extender el sillón cama para que pudieran acostarse nuestros invitados, en la recamara principal nos quedaríamos mi esposa y yo en la cama matrimonial y en un colchón con ruedas se quedarían mi cuñado Luis y su prometida Claudia, en el otro cuarto se quedarían mis suegros, en el sillón cama de la sala se quedaría mi cuñado Carlos y Liz, y en tres colchones inflables se quedarían Cristian, Alfonso y Brighton. Al otro día me levante como a eso de las 6am al baño y decidí ir a la cocina por un vaso de leche, pero volteé a la sala y gracias a que tenían prendida la luz de una pequeña lamparita, daba una luz muy tenue pero que servía para alumbrar los contornos de las personas y un poco más, vi que mi cuñado Carlos estaba en un colchón inflable junto con Brighton, y su novia Liz dormía muy profundamente, lo cual me hiso suponer que le dio pastillas para dormir, Alfonso hacia como que dormía pero estaba al pendiente de lo que pasaba con su hermano Brighton, y Cristian el me seguía con la mirada, decidí acercarme a Cristian, y en ese instante el levanto sus cobijas invitándome a meter con él, pude ver que estaba completamente desnudo, y luego le pregunte si podía llamar a sus otros hermanos, él se sorprendió, y se portó indiferente, así que me incorpore y fui a donde estaba Alfonso, lo toque, y el brinco de lo nervioso, empecé a desnudarle, podía sentir su temblor, no sé si de miedo o de excitación, luego le di un beso en su boca, y cuando lo tuve desnudo le hice sexo oral tanto en el pene como en el culito, luego le dije que se pasara al colchón de Cristian, y me fui con Carlos y Brighton, me metí en medio de los dos, y empecé a meterles mano, luego Carlos ya quería penetrarme y yo le hice la seña que fuéramos al colchón donde estaban Cristian y Alfonso, se pararon Brighton, y Carlos y nos reunimos en el colchón los 5, y empecé a penetrar a Cristian, mientras Carlos penetraba a Alfonso, y a Brighton le metí el pene de plástico de mi esposa, por lo visto esos tres hermanos eran vírgenes, nunca habían estado con un hombre o con una mujer, por eso nos fue más fácil ganarles la voluntad de que se dejaran penetrar, empezaron a gemir al poco rato, y pensé que se despertarían los demás invitados, pero creo Cristian a mis suegros y a las mujeres les había echado una especie de pastilla adormilante , el único que se despertó fue Luis, y al vernos a todos cogiendo, decidió cogerse a Brighton, así estuvimos un rato, luego nos cambiamos de hermano y cogíamos a otro, hasta que logramos cogernos cada quien a los tres hermanitos, ni se diga las veces que eyacularon al ser cogidos, luego les hicimos nos chuparan el pene, al principio no querían, pero cuestión es que se animara Cristian que los demás también lo hicieron, con un poco de asco, pero lo hicieron, se notaba su inexperiencia, porque a veces como que querían morderlo, también terminaron haciéndonos sexo oral en el culo. Ya como a eso de las 8am nos fuimos a bañar todos juntos y mi cuñado Carlos le interrogo a mi cuñado Luis si sabía que sus cuñaditos les gustaba el pene y que por eso los había invitado?, a lo que Luis respondió – “como iba yo a saberlo, yo creo ni ellos lo sabían, pero ahora que lo experimentaron, seguro les gusta el camote”, lo que no dejamos fue que ellos experimentaran que se siente penetrar, quizá porque no queríamos que se nos acabara la oportunidad de penetrarles, ya que a ellos seguro que también les gustaría penetrar, pero ese gocé simplemente se los prohibimos, cada vez que querían darnos la vuelta para saber que se siente penetrar, nosotros nos reusábamos diciendo que aún no habíamos terminado, que quizá después dejaríamos a ellos que nos lo hicieran también, pero por el momento nosotros éramos los que habíamos iniciado y los que debíamos de quedar satisfechos. Por fin a las 10am dieron señales de vida mis suegros y nuestras mujeres, parecían todos aletargados, pero se compusieron luego de echarse un buen baño, dijeron que tuvieron pesadillas, y nosotros cambiamos la conversación, no vaya a ser que se dieran cuenta que todos escucharon los mismos sonidos y que cayeran en cuenta que no habían sido pesadillas, sino que había sido real. Otra vez en la tarde del 25 me ofrecí a ayudarle a Cristian, pero esta vez todos los demás idearon que también querían ayudar y que sería mejor que se fueran a hacer las compras las mujeres y mis suegros, que según esta vez las queríamos consentir, así que debía ser sorpresa lo que prepararíamos, y les indicamos que no regresaran hasta que les llamáramos, entonces se fueron al cine a matar el tiempo, y en eso nosotros nos apuramos a hacer la comida – cena y enseguida nos desnudamos, y nos empezó a grabar con su celular mi cuñado Carlos que ya para entonces tendría unos 19 años y los cuñados de Luis tendrían unos 18 años, todos empezamos a coger y probamos nuevas posiciones, en algunas la penetración era más profunda, Luis propuso usar condón, pero nadie le hicimos caso, ya que los muchachos habían sido vírgenes y nosotros no teníamos sida ni ninguna enfermedad de tipo sexual, pues decidimos hacerlo al natural, los chicos empezaban a ser más propositivos y después también empezaron a ser parlanchines igual que lo eran cuando platicaban sobre otras cosas, eso era novedad para mí, pues cuando tenía yo sexo con mi esposa casi no hablábamos según yo para no desconcentrarme, pero esa nueva experiencia rompió ese tabú que tenía yo y mis cuñados, y entonces esa orgia fue un verdadero jolgorio . Los cuñaditos de Luis aunque no les gusta mucho la mecánica se hicieron contratar por el dueño del taller como chalanes, y pese que se supone deben de ayudar a quien sea de los mecánicos, ellos solo están conmigo. Ya también se hicieron de novias, hasta se mandan cartitas de amor, y quizá si las estimen, pero su gusto por el sexo gay sigue igual de presente en sus vidas. Además ninguno de los 6 somos afeminados, es decir no se nos nota que somos gays, o bisexuales, no es como la gente piensa que son los gays, al menos nosotros somos normales como cualquier persona, pero con nuestro gusto sexual distinto, si a veces echamos un taco de ojo con algún buen galán que veamos, pero sabemos ser discretos, normalmente no pasa de unas miradas y ya.

Me gusta / No me gusta

Puta y fea pero coge como nadie

Le penetré otra vez por la vagina lubriqué bien mi verga, metí dos dedos en su culo y lo fui dilatando, ella gritaba. No pierdas tiempo, rómpeme el culo, Le arrimé el miembro a la puerta de su ojete, estaba en la gloria, le iba a destrozar el culo a mi prima del alma, se la enterré lentamente. Era de no creer como se engullía mi carne con su culo, se notaba que lo tenía bien entrenado.

Hola, antes que nada les cuento que esta es una historia real que jamás pensé que me pasaría pero bueno por motivos de fama pues han de saber que soy una persona famosa pues cambiare los nombres así que me llamaré Rodrigo y mi prima, que es la protagonista de esta historia, se llamará Claudia.

Siendo así pues me describo: soy rubio 1.70, tengo ojos verdes y soy medio de complexión, tengo buena pinta y además pues no estoy nada mal dotado, sin ser precisamente un fenómeno ,pues la tengo de 18 cm sin exagerar.

Mi prima no es un monumento, es fea pero el hecho de que sea mi prima me da muchísimo morbo y sobre todo a ella, les cuento que hace apenas unos días me encontré con ella yo regresaba a México de una gira por España en donde presente mi nuevo disco y entonces ella decidió visitarme.

Todo comenzó hace unos años antes de que me hiciera famoso entre copas de un año nuevo pues sin darnos cuenta nos besamos como locos y nos vieron familiares pero no le dieron importancia. Hasta hace poco cuando regresé ella era una chica normal con su novio y yo con mi novia, que no es famosa, y no ha salido a la luz pública, pero en fin esto es anónimo.

Al verme nuevamente después de la larga gira ella se abalanzó sobre mí en la calle muy entusiasmada y yo también, pues siempre le he guardado especial afecto,ahora más, ella me miro a los ojos y paró la trompita, la verdad no me pude resistir y la besé descaradamente en la calle, así nos fuimos caminando por la privada donde vivo beso tras beso, después en una esquina comencé a tocarle las tetas que vaya que las tiene grandes, ella me dijo.

– ¡Aquí no! Y entonces sugerí… – Vamos a mi casa a lo que ella accedió casi de inmediato.

En mi casa no esperamos a  cerrar la puerta cuando se abalanzó sobre mí a besarme loca y apasionada mientras yo le sacaba el bressiere y la blusa.

Ella tenía una cara como de endemoniada de lo caliente que estaba y yo estaba igual, le masajeé las tetas hasta que me cansé y le saqué la falda que tenía puesta, ella me quitó la camisa y comenzó a besarme el cuello y a raguñarme lo que me pone a 1000, le propuse un 69 que accedió y me dio una mamada monumental mientras yo  besaba la panocha y le jugueteaba con mis dedos en el ano, ella estaba más que feliz y calientísisisiisima

Le mamé la conchita hasta que me vine en su boca y sus chorros de jugos me cubrían lengua y garganta. Pasó poco tiempo y me empalmé de nuevo y comencé otra vez a besarle la panocha, ella enloquecía con mi lengua hasta que la puse en cuatro y la penetré por la vagina. Ella estaba poseída realmente y yo con su culote en mi frente estaba vuelto loco.Hicimos varias posiciones como la cuchara parados, la levanté, se puso arriba y así hasta que quedó nuevamente en cuatro y entonces si empezó la diversión.

Ella me gritaba. -¡Si, si, sis,siisiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!. ¡Maaaaaaaaaasssssssssssss! -¡Me estás partiendo!

Comencé a tocarle el ano otra vez suavemente para que no se sorprendiera, le jalé el cabello y gritaba.

-¡Retuércete perra!

Y ella accedía más y más, al cabo de un tiempo ya había tocado bastante su ano y le medí 2 dedos de golpe y casi se desorbitan sus ojos pero pronto les tomó cariño y me pidió más pero en lugar de eso le di mi verga despacio y lubricada por su vagina. Ella parecía estar desmayando de placer mientras ella sola se hacía una paja y yo le acariciaba sus tetotas.

Le penetré otra vez por la vagina lubriqué bien mi verga, metí dos dedos en su culo y lo fui dilatando, ella me gritaba…-No pierdas tiempo, rómpeme el culo, ¿a que esperas? Le arrimé el miembro a la puerta de su ojete, estaba en la gloria, le iba a destrozar el culo a mi prima del alma, se la enterré lentamente… Era de no creer como se engullía mi carne con su culo, se notaba que lo tenía bien entrenado pues ni una lágrima ni un quejido, solo, -¡Dámela toda hasta el fondo cabrón!

Mis huevos gopeaban su nalgas una y otra vez, el ano de Claudia parecía que exprimiera mi verga, gritaba y gemía mientras seguía masturbándose,  de pronto contrajo ferozmente su culo, señal que estaba acabando, se movió frenéticamente mientras deliraba…-Así cabrón…así rompelo así, dame toda la leche… hijdepuuu…

Y a pedido terminé dentro de ese culo infernal…

Nos besamos y fuimos a la ducha, por sus piernas corría todo el semen de su culo bien abierto… era todo un poema verla caminar abierta de patas…

Ella y yo tenemos cita para diciembre, creo que encontré donde saciar mis instintos y lo mejor es mi prima sin ninguna duda, además tiene un culo para festejarlo toda la noche…

Autor: anonimato707

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC

Me gusta / No me gusta

Claudia, mi nueva jefa

Cuando vi ese culito virgen de Claudia y no pude evitar querer dársela, se la metí sintiendo como forzaba ese culo, Claudia pegó un grito y se inclinó hacia mí, le metí una mano en las tetas y con la otra metía todo lo que podía en su conchita que estaba chorreada, Lauri también le hacía una paja, no aguanté mas y llené ese culito con mi leche, unas gotas chorrearon por ese culo espectacular.

Hola, les quiero contar lo que me pasó hace unos días cuando estaba en el trabajo. Yo soy un empleado administrativo de una empresa textil muy grande y hace muy poco cambiamos los jefes de mi sector. Mi nueva jefa, Claudia, una abogada 2 años menor que yo (yo tengo 29), es una morocha muy excitante pero su carácter hizo que de inmediato sus secretarios, Lauri, una chica con quien a veces salgo, y yo nos pusiéramos en su contra enseguida. Lauri tiene 31 y está casada hace 6 años, sin embargo su marido viaja seguido y con ella ya prácticamente tenemos un pacto perfecto en el que gozamos de un sexo espectacular cuando podemos, pero nunca mezclamos eso ni con el trabajo ni con su matrimonio.

Es una situación rara pero la llevamos muy bien, o mejor dicho la llevábamos hasta que Claudia apareció en nuestras vidas. Pasó que un día nos quedamos supuestamente a realizar horas extras a la tarde y cuando todos se fueron Lauri y yo nos comenzamos a comer todo (como siempre hacíamos) era algo muy excitante que habíamos puesto a prueba hacía unos meses y no podíamos parar. Cerramos la puerta de la oficina, en el piso en el que trabajamos ya no queda nadie a esas horas, y la subí al escritorio para chuparle la conchita tan espectacular.

Lauri era una putita en la cama y le gustaba experimentar cosas que con su marido no se animaba. Por eso, y por la bronca que le teníamos a la nueva jefa, ella me dijo que quería que se la meta en la Oficina de Claudia.

Entramos, le levanté la pollerita, bajé su tanguita y se la empecé a meter por el culo hasta el fondo como a ella le encanta. De repente la puerta se abrió y solo podía ser la persona con la llave, era Claudia, nos miró, yo metiendo mi pija por el culo y Lauri con las tetas sobre su propio escritorio, entró a la oficina y cerró mientras nosotros nos ruborizamos sin decir palabra y nos empezamos a vestir. Claudia no dijo nada por unos segundos y cuando yo comencé a ayudar a Lauri a ponerse el corpiño nos detuvo diciéndonos que por eso podía despedirnos y que si no queríamos que eso pase debíamos seguir frente a sus ojos.

La verdad es que a mí la erección se me había ido con el susto pero Claudia se sentó en una silla frente a nosotros y preguntó “¿y, para cuando?”, yo dudé dos segundos pero Lauri enseguida se sacó la bombachita nuevamente y me dijo “metémela bien”, parecía disfrutar toda esa situación, cosa que volvió a excitarme y sin muchos titubeos saqué mi pene (nuevamente erecto) mientras miraba como Claudia le clavaba la vista a Lauri y se relamía de placer al verla…

Me la sacudí un poco frente a sus ojos y de un saque se la metí a Laurí por el culito, ella pegó un grito de dolor pero yo estaba tan caliente que quería enterrársela hasta el fondo, Lauri me dijo “más despacio” y en seguida Claudia dijo con vos de mando “No, metésela bien a esa putita”, yo estaba que me moría y Claudia volvió a decirle a Lauri “eso es lo que querés puta”, Lauri la miró mientras yo se la metía una y otra vez y le dijo “si me encanta ser bien putita” como si le gustara el jueguito propuesto por la jefa.

De golpe Claudia se paró y mientras se hacía una paja le agarró el pelo a Lauri mirándola a los ojos fijamente mientras yo la hacía gritar de dolor y placer, parecía que eso era lo que más la excitaba, entonces yo solté a Lauri y fui contra Claudia que al verme venir me dijo “salí de acá, no quiero nada con vos”, yo estaba como loco y no me importó nada, agarré a Claudia le arranqué su tanguita y mientras ella decía “salí, salí” se la metí, tenía una conchita muy húmeda y estrecha que me hizo querer meterla mas y mas, y cuando ella decía “no, no” mi excitación era aún mayor.

Levanté sus piernas a la altura de mis hombros pero ella se negaba, entonces Lauri la agarró de las manos con sus rodillas, apoyando su vagina bien húmeda en su boca mientras yo alcé sus piernas y se la metía con todas mis fuerzas. Lauri me decía “dale, dale a esta puta”, cuando de pronto Claudia dejó de negarse y Lauri cambió su “dale dale” por “chupame si, chupame”, entonces me di cuenta que mientras yo me tiraba a Claudia ella chupaba la concha de Lauri.

Como estaba por acabar me aparté para buscar un preservativo porque quería llenar esa concha de leche y en ese momento Lauri que sostenía la cabeza de Claudia porque esta se la estaba chupando increíblemente, se dio vuelta acostándose en la alfombra para que se la chupara mejor, fue ahí cuando vi ese culito tan redondo, firme y virgen de Claudia y no pude evitar querer dársela.

Solté el preservativo, alcé la cintura de Claudia para que quede a la altura exacta y se la metí sintiendo como forzaba ese culo, Claudia pegó un grito y se inclinó hacia mí, entonces le metí una mano en las tetas y con la otra metía todo lo que podía en su conchita que estaba chorreada por todos lados, Lauri se puso frente a ella y también le hacía una paja hasta que no aguanté mas y llené ese culito con mi leche, eyaculé tanto que al sacarla aún cayeron unas gotas que chorrearon por ese culo espectacular.

Aunque me hubiera encantado hacer que Claudia me la chupe hasta el fondo porque tenía unos labios súper carnosos, yo ya estaba más que satisfecho por lo que me quedé mirando como las chicas se llenaron de pajas entre ellas un rato más.

Hoy con Lauri y Claudia siempre nos juntamos a hacer alguna travesurita, me enteré que Claudia es lesbiana y nunca había hecho el amor con un hombre, pero después de unas copas siempre me dice que mi pija en su culo mientras se chupa una concha es lo mejor que le puede pasar. Bueno esta es una historia real, espero que les haya gustado.

Cualquier comentario o chica que se quiera anotar a nuestras aventuritas será bienvenido…

Autor: Nacho

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC

Me gusta / No me gusta

La colegiala se la aguantó toda

Mamó como nunca me mamaron, calidad y cantidad de movimientos bucales increíbles.  La acabada llegó urgente y perentoria, ni siquiera pude ponerla sobre aviso, sus ojos fijos en los míos y el rostro encendido eran datos fehacientes que disfruta su labor.   Siguió chupando hasta asegurarse que no me quedaba más leche calentita.  Retiró mi carne de la boca, se relamió el resto, había tragado todo.

 

La vida se va jalonando con recuerdos y vivencias, gratas y de las otras. De las otras, mejor olvidarse, de las gratas, algunas más caras a nuestros afectos van quedando como gota de miel sobre tantas otras cosas que nos amarga.  Algunos aún hoy se muestran vívidos, con grato sabor, recordándonos que fuimos protagonistas y quedan por siempre incorporados a la rica historia personal que, como forma de gratificarme voy a tratar de recrear para los amables lectores de este prestigioso sitio en la web. Sea pues este testimonio personal, un reconocido agradecimiento para alguien que hoy transita por otro andarivel de la vida.

Mi hijo y sus compañeros se reunieron para organizar el tradicional viaje de fin de curso a Bariloche.  No tuvieron mejor idea que venirse a casa.  estar toda una tarde, varones y muchachas, hasta bien entrada la madrugada delineando proyectos e intercambiando opiniones acerca del futuro viaje que los despega a una importante etapa de sus vidas, para muchos una despedida.

Llegada la hora de marcharse, ayudé en la devolución a sus hogares de las niñas, en realidad es una forma de decir, casi todas rondan los dieciocho años y algunas de belleza contundente capaces de hacer perder la cabeza al más pintado. Yo me ocupé de tres, a cuál más apetecible, ni pensar en eso, traté de comportarme como una persona de otro planeta, luchaba fuertemente por no verlas como el fruto prohibido, de no hacer caso de la serpiente haciéndome ver donde no debía.

Todas con el desenfado propio de la adolescencia y el “sex a peal” de quien quiere beber el mundo de un sorbo.  La vestimenta de fin de primavera, top ajustado y mini, muy mini, mostrando más allá de lo prudente, no contribuía demasiado en calmar mi ánimo ya de por sí soliviantado por haber compartido buena parte de la tarde con ellas, menos mal que los muchos no están como este veterano con intención de pegarles una revolcada para guardar en la memoria corporal.

Estábamos por llegar a la casa de Claudia, la última en cuestión.  Rubiecita, todo picardía y sensualidad adolescente con sus deliciosos 18 años, toda ella emanaba un halo de tentación y pecado. Me pidió detener el auto, en una zona cubierta por un espeso manto de sombras.  Me miró, sin otra prevención se colgó de mi cuello, la cara en sus manos y me zampó un besó, tan dulce como sorpresivo, pero con tanta pasión que necesitaría revolver un buen rato en mi memoria para poder compararlo. Poco se esforzó para meter la lengua en mi boca. Me besó con intensidad, todos los condimentos de febril pasión se estaban expresando, liberando los efectos del cóctel de hormonas en ebullición.

Nos separamos, agitados, trastornados, me dejó el sexo excitado, como nunca.   Posó una mano sobre él y se asombró de lo rápida reacción.

– Papi, ¡qué bien!, ¡cómo te pusiste! – Nena, yo no soy de  madera.- Sí, y yo te puse al palo ¿no?

Por suerte a esa hora de la madrugada nadie nos vio.   Con tal de irme, acepté pasé a buscarla al día siguiente, después de la salida del colegio, menos más que eligió un lugar discreto.

Dudé en ir a buscarla, pero tenía miedo que esta pendeja me acosara y se me viniera a casa, esa había sido una especie de velada amenaza, esto me estaba complicando la existencia, pero como contrapartida me gustaba a morir.  Este era una de esas situaciones en que se debe optar entre el placer y la honestidad, pero bien sabido es que el pecado siempre triunfa sobre la virtud, este caso fue otra derrota de la virtud, sin más problemas de conciencia la cabeza de abajo decidió el curso de los acontecimientos.   En cinco minutos estuve para buscarla.  Subió y salí como una exhalación puse distancia del lugar, ya tenía pensado el sitio poco transitado para pegarle una buena “apretada”.   Esta vez los dos estábamos con la pasión a flor de piel para dar rienda suelta a la calentura que nos consumía.

– ¡Qué bueno, otra vez estás al palo!

Sin tiempo para nada, la muchacha derribó todas mis prevenciones y precauciones, abrió  la bragueta y metió mano y la liberó del encierro forzado, con la soltura de quien está tocando lo que le pertenece,  masaje, acaricia, seguridad y experiencia hablan de que no es una improvisada a la hora de excitar a un hombre.  Sabe cómo y dónde aplicar la experiencia acumulada, controla y maneja a su antojo mis reacciones.
 
– ¡Qué gorda y caliente!, ¡ahhhh! -le hizo efecto el contacto, por un momento llegué a pensar que nada la conmovía.

Fue lo último que le escuché, la metía en la boca.  Hacía los honores y comenzó la deliciosa mamada.  La situación era tórrida, yo no podía concentrarme demasiado, mirar para todos lados, inquieto de que pudieran vernos mientras ella hacía su faena.   La adrenalina por el peligro, era un nuevo ingrediente, que eleva el morbo de la relación  bucal con esta preciosura.

Mamó como nunca me mamaron, calidad y cantidad de movimientos bucales increíbles.  La acabada llegó urgente y perentoria, ni siquiera pude ponerla sobre aviso, sus ojos fijos en los míos y el rostro encendido eran datos fehacientes que disfruta su labor.   Siguió chupando hasta asegurarse que no me quedaba más leche calentita.  Retiró mi carne de la boca, se relamió el resto, había tragado todo.  Otro detalle para mencionar fue que para no mancharme el pantalón, había puesto un pañuelo a modo de babero.  Sin dudad era experta en “oratoria”.

– ¡Tocame acá!

Llevó mi mano a su entrepierna, con un par de dedos en ella comprobé lo mojada que la tenía.  Se abrazó a mí, apretó mi mano contra su fuego interior, gemía, estaba acabando con mi mano en su chocha.   Al serenarse, corrió la tanga y limpió y recogió todo el flujo en el pañuelo, me lo regaló como trofeo.

Por ahora me basta, pero quedamos con ganas de más ¿no?  Asentí.   Acordamos que el viernes nos “diéramos con todo”.No podía conciliar el sueño, andaba al palo, quería sacarla de mi mente, otra vez el conflicto de pasión y obligación moral:  pudo la pasión.

Llegó el momento, la llevé al hotel.  La desnudé casi a mordiscos, le dejé la piel toda besuqueada, y lamida.  Los pechos firmes, cúpulas de azúcar coronadas de frutilla, goloso quise comerlas.  Recorrí la planicie del vientre dejando mi saliva en el hoyo del ombligo, rodé por el matorral de pendejos hasta saciar la sed en el oasis de su sexo.  A esta altura ya nos habíamos colocado en la clásica postura del sesenta y nueve.

No perdió el tiempo, trabajaba a destajo con el miembro, poniéndolo en condiciones de dar guerra.  La lamida de los labios vaginales, terminaron por ponerla en condiciones de pedir que la carme masculina fuera a calmar el hambre de fémina.     La calentura aceleró los tiempos, pidió urgente tenerme en ella.  Abrí de piernas y le apoyé la verga en la entrada, empujé en ella, se resistió retrocediendo un poco diciendo que sentía dolor. No entraba fácil.  Repetía, que a pesar de las ganas le costaba, por no tener mucha experiencia o por tan gorda, era visto que toda su experiencia había no había pasado demasiado de la exposición oral, ahora estaba rindiendo sexo tradicional en examen práctico.. 

-Teneme paciencia, muero de ganas, andá despacio.

Colaboró con voluntad y dedicado esmero en la cogida, hasta que fue entrando, resbalando por el estrecho pasadizo.  Se sentía estrecho y disfrutaba en él, por momentos apuraba la penetración, urgente, ir y venir de la pija en su conchita.  No paró de gemir y respirar con dificultad, entrecortado en toda la extensión del polvo. 
 
La fui trabajando ahora ponía en práctica toda la experiencia, era el momento de lucir las medallas ganadas en buena ley, la estaba haciendo caminar por las nubes, el estado de excitación hacía estragos en ella, balbucea algo inteligible, sonidos sin sentido, hasta que pude interpretar que pretendía avisar que estaba cercana al momento de gloria.   El pene respondió al pedido, noté que se hinchaba más todavía, se movía más a prisa dentro de la cueva.
 
El final estaba cada vez más cercano, trataba de mantener la concentración para no terminarle dentro, la premura del calentón no dejó tiempo de comprar preservativos y ni siquiera sabía si se cuidaba, de todos modos yo debía cuidarla.  Mi placer subía por el ascensor y el de Claudia por la escalera.  

Ella se mueve aferrada a mi cuerpo, arquea su cintura para aproximarse en  cada embestida, estamos llegando al borde del precipicio, la orden cerebral era un par de pasos más y era el salto al vacío, ella urgía más intensidad en las acciones, yo pretendía detenerme al mismo borde y ella continúa caminando por el borde de la cornisa.  Nuevamente el conflicto de mi responsabilidad y la pasión, ella exige urge acción, como puedo le hago saber el riesgo, imposible congeniara riesgo y pasión, me sujeta para imponer su criterio de goce, ella corre los límites más allá de la prudencia, pide que siga, que nada importa más que su felicidad, nada ni nadie la separa de mi.

-¡Sólo un poco más! es la exigencia suprema, justo el espacio que la separa del glorioso orgasmo que avanza dentro de sus entrañas. Un tsumani, un maremoto fueron sus palabra para contarme el placer de ser mujer y poder gozar esa experiencia inédita. Se convulsiona, ondas de calor la recorren, oleadas de placer la trastornan. Retenido y exigido salté al vacío, nada más importaba que dejar fluir el volcán que ella había fogoneado, el magma lácteo produjo una nueva onda de calor que apuró un nuevo y más prolongado orgasmo.
 
Le costó reponerse, las emociones las superaron, abrazados durante un tiempo, recuperamos el deseo de otro polvo.  Lo hicimos, dolió menos que el anterior, lo disfrutó con igual intensidad, gritó el orgasmo, sostuve la penetración alargando su placer y el mío hasta el último momento.   Previo al desenlace no quise terminarle dentro, contra sus deseos, la retiré y busqué su boca.   Me permitió entrar en su dulce boquita, chupó con fruición sus propios jugos conjugados con los míos.   El borbotón de leche se derramó dentro de ella y la degustó todita.

Intenté, sin éxito, convencerla de olvidar lo sucedido. -Ya está, te sacaste el gusto de tener sexo con un tipo mayor, ahora hagamos de modo que esto no sucedió. Cumplida la fantasía y todos en paz.   Estaba visto que no compartíamos el mismo criterio, la pendeja tenía otros planes de momento, me hizo saber que era tarea imposible, pretendía seguir con estas experiencias. 

Seguimos teniendo sexo una vez a  la semana, hasta el viaje a Bariloche, luego muy de vez en cuando. Ahora tiene un machito que la tenía bien nutrida de lácteo.  Por suerte para todos, esta deliciosa aventura tuvo un final feliz, nos hicimos amigos, ¡qué bueno!

Joven mujer si la experiencia de Claudia te pareció interesante, puedo explicarte los detalles omitidos por razones de espacio y transmitirte la personales en forma privada y confidencial.   Te estaré esperando en la dirección que figura al pie.

Autor: Arthur
 
arturk1986@yahoo.com.ar

Me gusta / No me gusta

Carta a Claudia

Me acerco y extiendo mi mano y te aprieto tus tetas, tus pezones están paraditos con mi otra mano debajo del agua te toco y sobo tu entrepierna, allí corres tu tanguita a un lado y me dejas palpar y tocar tu conchita saladita.

Hola mi amor diría tu marido…

Lo que pasó en estas vacaciones fue algo tan caliente que te lo recordaré, recuerdas como movías tus pompis y tu culito…

Recuerdo tu hermoso cuerpo con una tanguita bien apretadita entre tu rajita húmeda y caliente… Mmmmm que sabroso era verte en la playa, al atardecer ver a tu marido y niños jugando en la arena… cuando tú me ves en el mar…

Le haces seña a tu esposo que te vas a nadar un poco más a lo profundo y te vas a zambullir en el agua y comienzas a entrar despacio…las olas golpeando tus tetas, tus pezones se paran con la brisa del mar…

Estás hermosa y bronceada… como una sirena ardiente… allí vienes a mí y a una distancia de la orilla nos ponemos a saludar y conversar… siento tu rico perfume en la brisa del mar…

Tu cabello suelto vuela en el aire… Me acerco y extiendo mi mano y te aprieto tus tetas, tus pezones están paraditos con mi otra mano debajo del agua te toco y sobo tu entrepierna… allí corres tu tanguita a un lado y me dejas palpar y tocar tu conchita saladita…

Mmmm que jugosa se siente… te meto un dedo y con el pulgar te masajeo el clítoris…

Uff que paradito y desprotegido está y que caliente se siente Sra. Claudia… abres más tus piernas y allí debajo del agua te masturbo y palpo tu conchita rasuradita… mmmm que rica está… luego me acerco y bajando mi traje de baño te dejo tocar mi verga…

Te gustaría darme unos jugosos lamidos y besos sobre mi cabeza  putita… si está roja, enorme y pulsando… paradita y durita como te gusta a ti… allí debajo del agua me acerco a tu cuevita y te toco tu culo, mmmm tu sabroso ano, tus pompis… que rica estás zorrita mía…

Luego te clavo mi verga debajo del agua en tu agujero exquisito… tu marido y niños jugando al horizonte y tú los saludas de lejos mientras te enchufo, te cojo, te violo con mi verga pulsando dentro de tu cálida cueva y sus paredes húmedas…

Allí cierras tus ojos y te vuelcas en un orgasmo caliente, si putilla te siento dentro pulsando y comiendo mi verga tu gran concha, aún debajo del agua… que divino Sra. Claudia…

Después que te bombeo hasta dejarte bizca, me vengo yo y me corro, mi lechita hirviendo y espesa en tu rajita… mmmm. Ahí comienzas a jalármela otra vez sin darme descanso y a medio pararse.

Ya vuelta loca por la calentura te pones de espalda a mí, haces nuevamente tu tanguita a un lado, pero ahora me regalas tu rico culito, yo sólo te la ensarto poco a poco y luego de un jalón, aún no entiendo por qué, si sería lo riesgoso de la situación.

Me sentí más caliente que nunca y volví a inundarte Claudia, pero ahora en tu rico culito que tanto me gusta, ahí nos desprendemos y seguimos nuestros viajes disimulados como si nada hubiera pasado…

Lo recuerdas…

Besos húmedos y largos ¡mi putita! Y gracias por todos tus besos y mamaditas en mi tronco Claudia… Cuando te vea te lo clavo a donde más a ti te guste.

Autor: Armando de México

Me gusta / No me gusta

Un cuento para compartir

Mordí su lengua, la aprisioné con mis labios y lentamente la succioné, atrapé su labio inferior entre mis dientes oprimiéndolo, tironeándolo, extasiándome con sus gemidos de placer, él rodeó mi cuerpo con sus fuertes brazos comprimiendo mi pecho contra el suyo, su boca seguía unida a la mía haciendo maravillas, fundidas en un beso apasionado, sensual, erótico y deliciosamente salvaje.

Era una noche fría, a pesar de estar en pleno mes de octubre, pero eso es común en las sierras de Córdoba (mi provincia), había llegado hasta allí junto con un grupo de compañeros para realizar un estudio acerca de las condiciones sanitarias de este pequeño pueblo, como nos iba a llevar varios días pedimos permiso para pasar las noches en un convento que queda en las afueras del pueblo, esta era la última noche, al otro día terminaríamos el trabajo y volveríamos a la ciudad.

Esa noche me sentía rara, no podía dormir, estaba inquieta, no aguantaba estar acostada y me levanté. Era una habitación larga con dos hileras de camas dispuestas a un lado y a otro, mi cama estaba al final de la habitación, por lo que tuve que recorrerla a tientas hasta llegar al pasillo, pero allí, aunque las luces estaban apagadas estaba iluminado por el resplandor de la luna que entraba por los ventanales que dividían el pasillo, de los amplios jardines del convento, iba caminando despacio para no despertar a nadie, recordando las historias que habíamos escuchado en el pueblo, acerca de una criatura extraña que habitaba en alguna parte de la montaña, nadie sabía quién era, aparecía y desaparecía de la nada.

De repente sentí que no estaba sola, me di vuelta y lo vi, su imponente figura se dibujaba en uno de los ventanales, estaba mirándome, cuando se dio cuenta que lo había visto giró y salió corriendo hacia los jardines, yo corrí hacia la ventana y pude ver como se perdía entre los árboles y fui tras él, al llegar a los árboles dudé un segundo ya que no sabía a dónde iba, estaba sola y nadie había notado mi ausencia, pero un sentimiento más fuerte me impulsó a seguir a ese ser misterioso y me introduje también entre los árboles.

Hasta ese momento no había notado el frío, y comencé a tiritar ya que sólo llevaba puesto un camisón de raso largo, con breteles, seguí atravesando la arboleda, estremeciéndome por el frío, pero sentía que algo o alguien me guiaba, me indicaba cual era el camino correcto que debía seguir, caminé durante mucho tiempo, hasta que los árboles terminaron y me encontré en un extenso páramo que rodeaba a una antigua y majestuosa mansión, me fui acercando y llegué a la entrada principal que estaba flanqueada por dos escalinatas, subí por una de ellas y al llegar a la puerta noté que estaba entreabierta, la empujé suavemente y entré a la mansión.

Tenía un amplio vestíbulo con una escalera que conducía al salón principal, al fondo había una chimenea en la cual el fuego estaba ardiendo, el piso estaba regado de velas encendidas, de distintos tamaños, también había velas encendidas sobre la chimenea, en candelabros, en todos los muebles, creando un ambiente cálido y sensualmente inquietante.

Busqué un poco de calor en el fuego de la chimenea, mientras recorría con la vista el lugar, era increíblemente hermoso, en su arquitectura y decoración predominaba el estilo renacentista, en el fondo del salón había una escalera con una balaustrada tallada en piedra con gran delicadeza al igual que los detalles de las puertas, los arcos y la galería superior. Junto a la chimenea había un sillón y esparcidos por el piso varios libros, todos eran tratados sobre alquimia y rosacruces. Me llamó la atención la cantidad de cuadros que poblaban las paredes, pude reconocer entre ellos “El cortejo de los magos”de Gozzoli ,”La primavera” y “Nacimiento de Venus” de Botticelli ,el “Parnaso” de Mantegna, pero hubo uno en particular que atrajo toda mi atención, era el retrato de una mujer, me acerqué más porque no podía creer lo que estaba viendo, ¡la mujer del cuadro era yo! o por lo menos el parecido era asombroso, estaba tan absorta mirando el cuadro que me sobresalté cuando oí ruidos de pasos.

Pude sentir que ese ser estaba detrás de mí, un temblor recorrió mi cuerpo, mezcla de temor y excitación, giré despacio y me encontré frente a frente con él y pude verlo bien por primera vez, era un hombre terriblemente corpulento con brazos y manos que destilaban una gran fuerza, llevaba el cabello largo que le caía sobre los hombros, a la luz de las velas pude ver su rostro, su fealdad ejerció una poderosa atracción en mí, me sentí completamente atraída por esa criatura, mezcla de hombre y bestia, no podía quitarle los ojos de encima, el comenzó a hablarme sorprendiéndome su voz exquisitamente masculina y sensual que acariciaba mis oídos aumentando la atracción que ejercía en mí.

Me saludó mencionando mi nombre lo cual me sorprendió y fue así que me contó su historia, me explicó que su aspecto era producto de su desmedida ambición, ya que se había obsesionado con la alquimia y buscando el secreto de la conversión del oro fue víctima de un conjuro y la única forma de romperlo era haciéndole el amor a la mujer de sus sueños y esa mujer debía responderle con la misma pasión.

Me dijo que la mujer de sus sueños era la protagonista del cuadro que tanto había llamado mi atención, que me había soñado desde siempre y que desde mi llegada al pueblo había estado esperándome, sabía todo de mí como si me conociera de toda la vida, yo permanecía en silencio, inmóvil, por mi mente pasaban mil cosas a la vez ¿Cómo sabia tanto de mí? Creí imaginarme como, ¿Cómo me haría el amor? ¿Me haría daño? ¿Podría entregarme a el por completo? ¿Qué pasaría después? Si lo que decía era cierto, al deshacer el embrujo la bestia se iría y yo no quería eso, mi atracción hacia él era tal que sentí en ese momento que podría llegar a amar a esa bestia y no quería que desapareciera.

Tan ensimismada estaba en mis pensamientos que cuando me di cuenta estaba junto a mí y me ofrecía una copa llena de vino, que acepté con gusto ya que el estado nervioso por el que atravesaba me había dejado la boca seca. Se sirvió una copa para él y se sentó frente a la chimenea, me pidió que me sentara a su lado, bebí unos sorbos de vino y eso hizo que me relajara un poco y pudiera contestar todas sus preguntas y a la vez preguntarle a él.

Sus modales eran finos, repondría amablemente a mis preguntas, y hasta nos reíamos juntos de algún que otro comentario, de pronto su mirada cambió, tomó mi copa y la dejó en la mesa junto con la suya, y poniéndose de pie me ofreció la mano para que yo también lo hiciera, cuando estuve de pie junto a él, instintivamente di unos pasos atrás, él se fue acercando lentamente, como si hubiera querido darle tiempo a mi cuerpo para que experimente los cambios propios de la excitación, mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido, la respiración agitada hacía que me faltara el aire, un feroz estremecimiento recorrió mi vientre y piernas, mis pechos subían y bajaban al ritmo acelerado de mi respiración, mis pezones se irguieron bajo la fina tela del camisón.

Siguió acercándose hasta llegar junto a mí, tan cerca que nuestros pechos se rozaban, nuestras miradas se cruzaron y no logré apartar mis ojos de los suyos, cerré mis ojos en un intento inútil de escapar de ese magnetismo que me atraía a él, fue acercando su cara a la mía y pude sentir en su aliento cálido el suave aroma del vino. Sostuvo firmemente mi rostro con sus manos y posó sus labios tibios, húmedos, firmes en los míos, besándome suavemente al principio, volviéndose cada vez más apasionado, entreabriendo sus labios, presionando los míos con más fuerza, yo respondí a su beso y liberando una pasión contenida, me dediqué literalmente a devorarle la boca, con mis labios abiertos al máximo, rodeando los suyos, atrapándolos… introduciendo mi lengua, explorándolo todo, llegando a todos y cada uno de los rincones de su boca, acariciando su lengua con la mía. Era un beso infinito, que surtía efecto lentamente, convirtiendo esa sensación placentera en un inaguantable deseo.

Mientras, sus manos fueron bajando por mi cuerpo, yo rodee su cuello con mis brazos, mientras seguía besándolo con una pasión exquisita, sentía su lengua introducirse en mi boca demorándose en ella, degustándola, saboreándola y haciéndome sentir su propio sabor, mordí suavemente su lengua, luego la aprisioné con mis labios y lentamente la succioné, atrapé su labio inferior entre mis dientes oprimiéndolo… tironeándolo suavemente… extasiándome con sus gemidos de placer, él rodeó mi cuerpo con sus fuertes brazos comprimiendo mi pecho contra el suyo, su boca seguía unida a la mía haciendo maravillas, fundidas en un beso apasionado, sensual, erótico y deliciosamente salvaje. Sus manos subieron hacia mis hombros y mi cuello, acariciando suavemente mi piel generando en mi magníficas sensaciones que explotaban en mi garganta en gemidos de placer, sus dedos tomaron los breteles de mi camisón y los fueron deslizando hacia abajo, despojándome de él, que quedó en el piso junto con mi ropa interior.

Me encontré completamente desnuda frente a él que sin decir una palabra me levantó en sus brazos y me llevó escaleras arriba hasta uno de los dormitorios donde había una cama enorme sobre la cual me acostó, y separándose de mí se dirigió hasta un rincón de la habitación y sin dejar de mirarme, comenzó a quitarse las ropas, ofreciéndome una visión maravillosa de su cuerpo desnudo, macizo, su miembro era de un tamaño acorde a su cuerpo, contundente, rotundo, erecto. Vino hacia la cama y se colocó a mi lado, sin darle tiempo a nada giré sobre mí misma y me subí encima de él, con mis piernas a cada lado de su cuerpo, y empecé a besar su cuello, recorriendo con mi boca ese espacio tan sensible, mordiendo suavemente el lóbulo de la oreja luego, seguí bajando por su cuello, rozando su piel con mis labios, mis dientes, mi lengua, mordí despacio sus tetillas hasta sentirlas erectas, fui deslizando mi cuerpo sobre el suyo con movimientos descendentes…  acariciando su cuerpo con mi cabellera larga, sedosa…  seguí descendiendo con mi boca por su abdomen…

En ese momento él se incorporó y tomándome de los hombros me empujó hacia atrás acostándome en la cama, se colocó sobre mí. Sus manos recorrieron mi piel, como si quisiera grabar en su memoria todos y cada uno de los rincones de mi cuerpo, rodearon mis senos y con sus dedos, atrapó los pezones entre los pulgares e índice hasta que se pusieron rígidos, después volvió a acariciarlos con ternura, y siguió ejerciendo esa mezcla de placer y dolor en esa zona tan sensiblemente erógena. Su boca fue bajando por mi cuello, sus labios eran suaves, y al sentirlos deslizarse por mi piel ahogué una exclamación… pero mi cuerpo se retorcía, estaba enloqueciéndome de placer, posó su boca en uno de mis pezones, besándolos, mordiéndolos, rozándolos con su lengua ondulante, al terminar con uno siguió con el otro… generando en mí, exquisitas oleadas de placer.

Su boca siguió luego, por el abdomen, por el pubis, hasta llegar a mi sexo, separó mis piernas con sus grandes manos, pasó sus brazos por debajo de mis muslos rodeándolos, sus manos descansaban en mi pubis, comenzó a besarme, a invadir con su lengua lo más profundo de mi ser. Yo respondí a esa deliciosa invasión, separando aún más las piernas… arqueando mi espalda… acariciando sus cabellos… tirando de ellos… su lengua recorría ese centro del placer con movimientos cortos y rápidos… para luego introducirse en profundidad… en ese momento ya no tuve control sobre mi cuerpo… que empezó a estremecerse… a temblar… estallando en mi un placer tan exquisito, salvaje y violento que nunca había sentido… mis gritos de placer quebraban el silencio de la habitación.

Lentamente se fue incorporando y se colocó sobre mí… sentir el peso de ese cuerpo inmenso sobre mí no hizo más que aumentar mi placer y el deseo… yo tenía las rodillas levantadas y flexionadas y él se colocó entre mis piernas así pude sentir su miembro erecto, imponente, palpitante, que pugnaba por encontrar el lugar exacto a él destinado… se fue introduciendo en mi poco a poco… realizando con sus caderas un movimiento de vaivén y después con el vientre… deslizando su pecho sobre el mío… todo combinado en una erótica caricia… yo grité y el cubrió mi boca con la suya… mi respiración se entrecortaba… jadeando… por ese sentimiento exquisito que experimentaba al recibirlo íntegramente… mis brazos lo rodearon… acaricié su espalda con mis manos… hundiendo mis uñas en su piel… lo sentía hundirse en mi cada vez más profundamente… haciendo más rápido el ritmo de sus embestidas… urgidas por el apremio de sus deseo…

Cada embestida era diferente… más placentera que la anterior… y con cada una de ellas arrancaba de mí un grito… sentía como me llenaba… como penetraba en la profundidad de mi ser… sus manos sujetaban fuertemente mis nalgas… comprimiéndolas… apretándolas… amoldando mi cuerpo al suyo, como si quisiera fundirlos en uno. Sus movimientos se hicieron más salvajes y violentos… me vi desbordada por un estremecimiento sublime y exquisito que originó violentas sacudidas en mi cuerpo y desfalleciendo de placer… con una verdadera revolución en mis entrañas… alcancé el clímax, con un grito… él también experimentó ese delicioso orgasmo entre exclamaciones guturales arrancadas por la sensación deliciosa que esa penetración profunda le producía.

Me enseñó a disfrutar de él con mis cinco sentidos… con el tacto (su piel era firme y suave)… con el oído (con su voz varonil y sensual hablándome al oído y con sus gemidos), con el gusto (saboreando su piel, su boca), con la vista (todo en él resultaba atractivo a mis ojos)… con el olfato (su olor masculino mezcla de hombre y bestia en celo). Sentí como la descarga cálida de su semen me llenaba mientras mi cuerpo se arqueaba y temblaba al unísono con el suyo… acabamos juntos en una perfecta conjunción de nuestros cuerpos y nuestras almas.

Sin dejar de acariciarme con infinita ternura… se recostó a mi lado jadeante… yo yacía exhausta… disfrutando de la placidez que experimentaba… giré hacia él… acariciando su rostro… le dije… que no quería perderlo… le pedí por favor que se quedara a mi lado… que no me abandonara… mi cansancio era tal, que los ojos se me cerraban de sueño… con las pocas fuerzas que me quedaban le dije susurrando: _te amo… quédate conmigo y me sumergí en un sueño profundo… lo último que recuerdo de él… antes de dormirme son sus ojos increíblemente tiernos y dulces y su maravillosa voz diciéndome: Te amo Claudia.

Cuando desperté era de día… la luz del amanecer se filtraba por las ranuras de las ventanas… poco a poco fueron viniendo a mi mente imágenes de la noche anterior… cuando tuve la lucidez suficiente quise incorporarme en la cama, pero una suave presión en el pecho me detuvo… un brazo me rodeaba… lo retiré suavemente para no despertarlo y giré hacia él esperando encontrar a mi bestia… pero no fue así… quien estaba a mi lado era el hombre más increíblemente hermoso que había visto en mi vida… todos sus rasgos eran finos… armoniosos… bellos… dormía plácidamente… relajado lo que lo hacía más atractivo si es que se podía…

Sí…era atractivo… hermoso… no lo voy a negar, pero contemplándolo comprendí que no generaba en mí los mismos sentimientos que generaba la bestia… que jamás iba a llegar a amar a este hombre como amaba a la bestia. Sigilosamente sin hacer ruido me levanté de la cama y me dirigí al salón donde recogí mis ropas y me vestí… antes de salir… le escribí una nota explicándole mis sentimientos y rogándole por favor que nunca intente buscarme. Salí de la casa y desanduve el camino que fue más fácil con la luz del día, llegué al convento y descubrí que por suerte no se había levantado nadie aún por lo que me ahorré el dar explicaciones.

Ese día nos dedicamos a ultimar los detalles de nuestro trabajo y regresamos a la ciudad, pero ya no fue lo mismo para mí… ya que desde esa noche mi vida cambió… ahora un nuevo objetivo se incorporó a mi vida y es reencontrar a mi bestia… al amor de mi vida… Hace dos años de esto y si bien se han acercado a mí otros hombres yo solo quiero a mi bestia, no me interesan los hombres lindos o apuestos, sólo busco a mi bestia sé que la voy a encontrar y que voy a volver a escuchar de sus labios las tres palabras más maravillosas que escuché en mi vida:

– Te amo, Claudia.

Autora: Hechicera

Me gusta / No me gusta

El cura del pueblo

Ayudé al padre a ir metiendo su pene dentro de la cola de Claudia, yo me acosté boca arriba debajo de ella y chupaba su conchita, Así hicimos hasta que el padre penetró todo su pene en el culo de su secretaria. Luego comenzó a entrar y salir de esa dulce cola, hasta que sintió que Claudia estaba por acabar, ahí el padre le llenó la colita de leche y Claudia se vino con un hermoso y largo orgasmo.

Estaba yo casada con el médico de una ciudad del interior y esta historia pasó cuando yo tenía 27 años y mi marido 35. Llegó a una de las parroquias de nuestra ciudad un nuevo sacerdote que recién salía del seminario, por lo que tenía unos 25 años.

Hacía ya unos meses que había llegado a la ciudad, cuando viene a consultar a mi marido por un problema. Por lo que después escucho que mi marido habló con un colega de otra ciudad, el padre tenía un fuerte dolor en sus testículos. El problema era que tenía erecciones y dejaba que se le baje la erección sola, sin hacer nada para eliminar el líquido seminal que allí se juntaba. Por lo que tenía mucho dolor en ellos. También escuché como mi marido le contaba a su colega “No sabes el miembro que tiene, nunca vi uno tan grande, y el cura no lo usa, las mujeres correrían a su confesionario si se enteran”.

Mi marido le había dicho que seguro era debido a la acumulación del líquido seminal y que tenía que eliminarlo, y que lo mejor sería que se masturbara, pero el sacerdote le dijo que eso no podía hacerlo porque era pecado, por lo cual mi marido le dijo que entonces consultaría con un colega urólogo si existía un remedio para eliminar el liquido y con eso el dolor.

Quedó en mi cabeza lo que mi marido le había dicho a su colega, que “Nunca vi uno tan grande”, y la curiosidad se apoderó de mí, como así también provocó una excitación que fue en aumento cada vez que pensaba en eso.

Mi marido viajaba generalmente algunos fines de semana a la capital del país, donde vivía su madre que ya tenía bastantes años, para ver como estaba, y hacerle compañía. Ese fin de semana viajaría a la capital por lo que como salía el viernes después del mediodía, no había tomado ningún paciente para esa tarde.

Cual sería mi sorpresa esa tarde cuando tocan el timbre de su consultorio, que lo tiene delante de nuestra casa y a acercarme a ver quien era veo al sacerdote parado frente a la puerta. Yo en ese momento estaba vestida con un pantalón corto y ajustado, que marcaba bien mi trasero y una remera pegada al cuerpo que marcaba bien mis pechos, que para decir verdad son generosos, pero que también dejaba notar que no llevaba sujetador.

Le abro y le digo que pase, y le pregunto que le sucedía a lo que me dice si no estaba el doctor porque quería consultarle un problema. Le dije que esperara un poco que ya volvía. No sabía que hacer, la excitación no me dejaba pensar, fui hasta el comedor a pensar que podía hacer. Volví al consultorio, le dije que pase, me puse un guardapolvo de mi marido pero lo dejé abierto a propósito. Me senté en el sillón del escritorio, hice como que acomodaba los talonarios y la agenda que estaba encima del escritorio y le dije.

– Mi marido me avisó recién por teléfono que tuvo que viajar a la Capital porque lo llamó la mamá y que va a llegar el domingo a la tarde, pero que yo lo ayude en lo que necesite. – Lo que pasa es que el dolor ha aumentado y necesito ver a un médico. – Mi marido me contó, yo soy médica uróloga, y me consultó si había algún medicamento para su caso. – Si eso era lo que quería preguntarle. – Mire, no existe ningún medicamento, pero podemos darle algún tratamiento. – Bueno, la escucho.- Tendría que acostarse en la camilla que voy a revisarlo. – Pero doctora, yo soy sacerdote.

– Y yo soy médica, y debo revisarlo. Más todavía si ha aumentado el dolor. En condiciones normales uno se desnuda delante de otra persona. Pero usted imagínese en un accidente, si hay que quitarle la ropa a algún paciente para curarle las heridas, y el médico dice “no, no lo curamos porque tengo que verlo desnudo y eso no se hace”. Las enfermedades son situaciones que no entran dentro de la normalidad y que usted se desnude delante de mí no es un pecado, porque lo que yo estoy haciendo es tratar de curarlo y quitarle su dolor.

El sacerdote accedió a mostrarme la zona, se recostó encima de la camilla, se abrió el pantalón y lo bajó un poco. Me acerque a él, mientras miraba su miembro que estaba un poco excitado, y realmente era enorme. Agarré el miembro y lo corrí hacia su panza, para ver sus testículos, pero no lo solté, apoyé toda mi mano sobre ese hermoso miembro, tenía unas ganas enormes de metérmelo en la boca y chuparlo, se me hacía agua la boca realmente. Comencé a tocarle sus testículos despacio, haciendo que lo revisaba y le pregunté si le dolía mientras tocaba en una zona o en otra. Al pobre le dolía mucho. Noté mientras que su miembro empezó a crecer y tenía que hacer fuerza yo para sostenerlo contra la panza. Entonces lo solté y se levantó apuntando al techo. Miré al sacerdote y se puso todo colorado de vergüenza.

– Perdón doctora. – Pero no se preocupe padre, es normal lo que le pasa. Usted es joven y se excita mucho. Pero tiene que hacer algo para sacar todo el esperma que tiene porque va a seguir doliéndole mucho sino. – Ese es el problema doctora, me duele cuando camino o cuando me siento y cada vez aguanto menos el dolor.- Mire voy a tener que estudiar el esperma, y necesitaré que salga un poco del líquido pre-seminal, para hacerle un estudio.

Agarré su miembro mientras le decía esto y subía y bajaba mi mano por el, pajeándolo.

– ¿Qué hace doctora? – No se preocupe Padre, sólo quiero que salgan las gotitas que salen cuando se excita, así podré hacer el estudio.

Agarré ese miembro del medio y bien fuerte y comencé a subir y bajar mi mano lentamente. No hubiese podido abarcarlo por más que lo agarré con ambas manos. Era enorme en su plenitud. El padre cerraba sus ojos. Enseguida comenzaron a salir las gotas preseminales.

– Así está le dije.

Agarré un tubo de ensayo, lo apoyé sobre la cabeza de su pene. Yo seguía sosteniéndolo. Recogí un par de gotas de ese riquísimo líquido que nadie había probado todavía y le dije.

– Quédese así padre que me fijaré si con esto alcanza. Ya vuelvo. Fui un minuto al comedor y volví.

– Padre. Lamentablemente era muy poco y de baja calidad. Por lo que tendremos que sacar un poco más. – Pero doctora, si me sigue masturbando cometeré un pecado, lo mismo que usted. – Mire Padre, si usted tiene relaciones con alguien comete pecado, si usted se masturba también es un pecado. Pero esto es distinto. Usted tiene un dolor y debe hacer un tratamiento. Usted vino acá para que un médico lo vea, y yo soy médica, y le estoy indicando el tratamiento. Por lo que no diga más nada y quédese acostado.

Nuevamente agarré ese miembro con la mano y comencé a frotarlo, le subía la mano y la bajaba, mientras lo miraba a los ojos. Él me miraba tratando de no demostrar cuanto le gustaba lo que le estaba haciendo. En un momento cerró sus ojos, lo que aproveché para agarrar con mis labios la cabeza de su pene y pasarle mi lengua por toda la cabeza. El padre abrió sus ojos y me dijo.

– Doctora, por favor no haga eso. – padre debo limpiarla para sacar el líquido que no sirve y esperar que salga más espeso para poder hacer el experimento. – Pero Doctora, si sigue así voy a eyacular pronto.

No hizo más que decirlo y comenzó a eyacular, lanzando su semen para todos lados. Entonces le dije.

– Huy padre, acabó muy rápido, ahora ese líquido no servirá porque se juntó con cosas que no están esterilizadas. Pero no se preocupe.

Agarré un trapo y comencé a limpiarlo. Le dije:

– Mire padre hay que volver a hacerlo, quítese la ropa, así esta más cómodo.- ¿Pero doctora, esto es necesario? – Claro que si Padre, esto hay que solucionarlo lo antes posible.

El padre se quitó el pantalón y la camisa y la acomodó en el perchero. Se recostó nuevamente. Su pene no había bajado ni un poco, continuaba levantado en toda su majestuosidad. Comencé a masturbarlo nuevamente, bien despacio, para que lo disfrute. Cuando de su pene comenzó a salir una gota le dije.

– Ve padre, ese líquido es el que no sirve porque es casi agua y hay poco esperma.

Y mirándolo a los ojos acerqué mi boca a su pene y pasé lentamente la punta de la lengua por su cabeza para retirar la gota. Y así hacía con cada gota que aparecía. El placer en la cara del cura cada vez que mi lengua tocaba su cabeza era indescriptible.

– Doctora, ¿no hay forma de acelerar el proceso? – Si padre, pero no quiero acelerar mucho el ritmo porque podrá salir el esperma nuevamente sin aviso y lo perderemos nuevamente.

Solté un segundo el pene y me quité el guardapolvo. Me puse de costado a él con mi colita apuntando para su cara. Agarré su mano y la coloqué en mi trasero y le dije:

– Padre usted toque mi cola que eso hará que tenga mejor excitación y así saldrán las gotas con más semen que nos servirán. Yo intentaré ayudarlo con mi boca.

Continué subiendo y bajando mi mano mientras su mano recorría toda mi colita y mi boca mamaba ese rico pene. Hasta que a los minutos no aguantó más y la mano que agarraba mi cola la apoyó en la cabeza, agarró su pene con la otra mano y comenzó a soltar su semen dentro de mi boca, aprisionando mi cabeza para que no pueda salir. Yo no dejé escapar ni un poco de su semen y lo tragué todo.

Me miró y me dijo:

– Perdón doctora, me excitó mucho lo que estaba haciendo y no aguanté hacer eso. Quería acabar en su boca. – No se preocupe padre, está bien. Igual es muy rico su semen. Pero veo que tiene mucho semen todavía dentro. Que tal el dolor.  – Disminuyó bastante. – Está bien. Pero tendremos que sacar un poco más entonces. Como ve padre, este es el mejor tratamiento para su dolor. – Eso veo Doctora.

Mi mano seguía sosteniendo su pene, el cual había bajado después de esta segunda eyaculación.

– Padre ahora descansaremos un poco mientras tomamos algo fresco, y también así le daremos un poco de tiempo a su pene para que recupere fuerzas. Póngase esta bata y acompáñeme.

Le di una bata esterilizada, de esas que se usan para que los pacientes no sientan del todo desnudos, pero que son transparentes y no tapan nada. Lo lleve hasta el living, le dije que se siente en el sillón y prendí la televisión. Yo le dije que me iba a bañar porque había transpirado un poco. Me bañé dejando mi pelo un poco mojado, y me vestí con mi pollera tableada de colegiala y una camisa blanca media transparente y sin corpiño, dejando abiertos varios botones lo cual dejaban mis grandes pechos mostrando un escote generoso. Me puse unas sandalias de taco alto y una tanga bien chiquita.

Bajé al living, pero me dirigí hacia la cocina, agarré dos vasos y una cerveza bien fría y fui nuevamente al living, apoyé los vasos en la mesa ratona y de espaldas al padre me agaché para servir la cerveza, mostrándole al padre una buena imagen de mi cola, no pudo menos que tener nuevamente una erección.

Le alcancé el vaso agachándome frente a él y mostrándole una linda imagen de mi escote. Cuando alzó la vista y vio que lo estaba mirando a los ojos, yo seguí su vista hasta mis pechos y le dije.

– Por como se movió su amigo parece que le gustaron mis pechos. – La verdad Doctora que no puedo menos que excitarme al verla así vestida. Aparte tiene un cuerpo hermoso. Y yo nunca vi a una mujer desnuda y menos toqué la cola de una mujer. – Pero a mi tampoco me ha visto desnuda. – Es cierto pero se ve bastante de sus pechos. – Bueno padre, miremos un poco la televisión y tomemos algo fresco. Así veremos si le pasa más el dolor que tiene.

Era una tarde de mucho calor y encima yo en la cocina encendí el horno para que esparza más el calor en la casa. La cerveza se acabó rápido, al padre le gustaba mucho la cerveza, por lo que fui a buscar otra. Vi que el padre no perdía detalles de mis pechos cuando yo me movía para agarrar el vaso o servir la cerveza, entonces le dije.

– Parece padre que le gustan mucho mis pechos. – La verdad doctora que se notan muy lindos. – Entonces mírelos bien.

Me arrodillé en el sillón a su lado y me abrí los botones de la camisa hasta llegar al último, y abrí mi camisa de par en par dejando mis pechos totalmente a la vista del padre y acercándolos bien a su cara. Quiso mover su mano para tocar uno pero no se animó por lo que yo misma agarré su mano y la coloqué en mi pecho y le dije, mire que suave que es la piel. Tímidamente comenzó a sobarlo primero uno y luego el otro, hasta que los agarró con ambas manos. Pero los soltó rápidamente.

– Padre, entonces nunca chupó un pecho. Pruebe que rico que es.

Agarré su cabeza con una mano y acerqué un pecho a su boca. El sacerdote abrió su boca para recibir mi pezón en su boca y comenzó a chuparlo desesperadamente. Le indiqué que lo haga más despacio y puse primero uno y luego otro pecho en su boca, así los fue besando a los dos pechos una y otra vez. Yo agarré su pene con una mano y comencé a frotarlo, sus manos agarraron mi espalda y luego bajó una, comenzó a subir por la pierna hasta que llegó a mi cola, levantando mi pollerita y tocando la piel de mi cola y mi tanguita.

– Padre parece que le gustan mucho mis pechos y mi cola. – Si doctora me encantan, son muy ricos y su cola es muy hermosa. – Bueno pero debemos seguir con el tratamiento para quitar todo ese dolor.

Me arrodillé en el suelo entre sus piernas y comencé a chuparle el pene nuevamente. El padre me había agarrado con una mano la cabeza y entrelazaba sus dedos en mi pelo, mientras suavemente cada tanto empujaba mi cabeza contra él, para meter mi pene más dentro de mi boca. Pero lamentablemente entraba muy poco porque era demasiado grande. Me levanté y coloqué nuevamente un pecho en su boca, tiré mi pelvis para adelante y acerqué mi rajita hacia la cabeza de su pene. Cuando el padre sintió este contacto me dice.

– ¿Que hace doctora? – Nada padre, es para lograr una mayor excitación y que finalicemos rápido el tratamiento.

Agarré su pene y recorrí con su cabeza toda mi conchita, desde atrás hasta el clítoris, jugaba con el y volvía hacer el movimiento para recorrerla toda. Tiré mi cuerpo un poco para atrás para que el padre vea como su pene tocaba mi conchita.

– Padre, ¿usted nunca vio a una vagina no? – No doctora. – Entonces debe mirarla y conocerla de cerca

Me recosté en el sillón y abrí bien mis piernas para que el padre me vea bien. Le indiqué que acerque más su rostro a fin de que la vea bien de cerca.

– Padre, porque no la besa y conoce el gusto de una conchita de mujer.

El padre acerca tímidamente su boca a mi conchita y le da un beso.

– No padre usted acérquese, bien, ahora con la punta de su lengua toque mi clítoris, acá, muy bien, ahora recorra con su lengua el resto de la conchita, Muy bien padre, lo está haciendo muy bien. ¿Le gusta el sabor? – Si doctora mucho. – Siga padre, siga un poco más.

Con mis manos apretaba su cabeza contra mí, no quería que salga, y pronto llegué en un orgasmo increíble. Contenido ya desde hacía un par de horas. Cuando finalicé le hice chuparla bien para que la limpie.

– Que bien padre. Me encantó como me chupó la concha. Me hizo gozar mucho. Ahora siéntese nuevamente mientras yo sigo con su tratamiento. Ahora vamos a hacer lo mismo que hacía con la lengua pero con la cabeza de su pene.

Me paré en el piso y coloqué una pierna al costado de afuera y otra entre sus piernas. Agarré su pene y dirigí su cabeza para recorrer mi conchita, la cual estaba súper mojadita. Poco a poco cuando recorría la conchita yo bajaba más para intentar meter su pene en mi conchita. Hasta que logré que se meta su cabeza dentro.

– Salga doctora, por favor, ya fue bastante lo que hicimos. – Padre, el tratamiento lo debe indicar la doctora no el enfermo. Por lo que tendrá que hacer lo que le pida. Agarre mi cintura con sus manos e intente levantarme y bajarme sin que su pene salga de mí. Muy bien así. Mire como cada vez entra más.

Sentía como su pene iba llenando todo mi interior, que placer indescriptible, me vine una vez mientras iba penetrando despacito mi interior. Por lo que me apreté fuerte a él mientras me estaba viniendo. Me siguió penetrando hasta que lo metió casi todo, dejé caer mi peso encima de esa hermosa pija que me partía en dos y llenaba todo mi interior. Le dije que espere un poco y le indiqué que ahora me agarre de la cola y me haga salir y entrar el pene en mi conchita. Me agarró un múltiple orgasmo y me hizo llegar como diez veces cuando él llegó y descargó su semen dentro de mí. Fue un placer indescriptible. Lo abracé y me dejé caer sobre él. Sentía su pene igual de duro y parado que antes.

– Padre ni se le ocurra sacarme el pene. Agárreme de la cola y levántese y sin sacar el pene de mi conchita, lléveme así con mis piernas abrazando su cintura hasta mi habitación. Recuéstese despacio y gire el cuerpo para quedar usted encima mío. Ahora siga entrando y saliendo con su pene de mi conchita. Muy bien padre, usted es un excelente paciente, así dele, más fuerte, pártame en dos, penétreme fuerte. Descargue toda su leche en mi interior. Muy bien, lo está haciendo perfecto. Ahhhhhhhhhhhh. Muy bien padre me hizo llegar de nuevo.

Así me tuvo como 30 minutos penetrándome, y descargó nuevamente su leche en mi interior. Lo abracé con mis piernas y mis brazos y lo hice acostar encima de mí y le prohibí sacar su pene de mi conchita hasta que yo le diga. Me quedé dormida así, penetrada por ese enorme pedazo de carne que llenaba todo mi ser. Cuando desperté, su pene había salido de mi interior y él estaba dormido boca arriba a mi lado.

Ya eran casi las 9 de la noche. Escucho que alguien toca el timbre. Desde mi habitación no se escuchaba muy bien. Me pongo la bata y voy a abrir. Cuando me fijo quien es, me di cuenta que era una compañera mía del secundario. Le abrí la puerta y ella también se sorprendió al verme. Le pido que entre porque estaba solo con la bata. Le pregunté que necesitaba y me dijo que ella era la secretaria de la parroquia y que el padre había venido a ver al doctor y no había regresado a la parroquia y que estaba muy preocupada, por lo que luego de cerrar la puerta de la Casa Parroquial, ella vino a ver si el doctor sabía a donde había ido.

Yo siempre había sido muy amiga de ella, desde chicas, y en la secundaria salíamos juntas, por lo que tenía mucha confianza con ella, por más que hacía mucho que no la veía. Ambas de jóvenes nos gustaba mucho salir con chicos, hasta que uno la dejó embarazada y la abandonó, a partir de eso no quiso saber nada con ninguno y se dedicó a cuidar a su hijo. Le dije que no se preocupe que el padre estaba bien. Y le conté todo lo sucedido. Desde que él vino a ver a mi marido hasta esa tarde en que tocó el timbre y le abrí.

– Pobre padre, seguramente tendría muchísimo dolor y habrá ido a ver a otro médico a otra ciudad. – No le dije, Está aquí, en mi cuarto durmiendo.

Y le conté todo lo sucedido esa tarde. Ella abría su boca sin poder creer lo que le contaba y como el padre me había penetrado. – ¿Y también te chupó la concha? – Si y te digo que para no haberlo hecho, lo hace muy bien. – No te puedo creer. ¿De verdad lo tiene tan grande? – Vamos a mi cuarto y lo veras por vos misma. – Es enorme. – Y no sabes lo lindo que se siente cuando te penetra.

Nos acercamos a la cama. El padre dormía profundamente. Había quedado rendido después del tratamiento que había recibido esa tarde. Le indiqué a Claudia que se acerque y lo vea de cerca. Nos sentamos en la cama al costado del padre. Ella lo miraba fijamente y tenía un brillo especial en los ojos. Yo sabía que se había excitado con mi relato y más ahora que estaba viendo lo bien dotado que estaba el padre. Lo agarré con mis manos y le indiqué que lo tocara. Ella lo agarró con su mano, lo introduje en mi boca y el padre se movió en sus sueños. No tardó mucho en ponerse duro nuevamente, le dije a ella que lo besara. Que pruebe lo rico que es. Ella se lo metió en la boca y comenzó a chuparlo. Hacía mucho que no tenía un miembro entre sus manos.

Yo apagué la luz y esa habitación quedó totalmente a oscuras. No entraba ni un poco de luz. Me senté al lado de mi amiga y chupábamos ese pene, primero una y luego la otra. El padre se despertó y colocó una mano en la cabeza que le estaba chupando la pija, sin darse cuenta que no era su doctora quien le estaba dando esa rica mamada, sino su secretaria.

– Así doctora que rico, me encanta, muy bien, me vengo doctora, voy a acabar, voy a acabar en su boca nuevamente doctora, siiiiiiiiiiiiiii, así muy bien, que rico, que placer, tómelo todo doctora.

En ese instante prendí la luz y él se dio cuenta que no era yo la que tenía en ese momento la boca llena con su semen, sino que era su secretaria. No sabía que decir. Soltó la cabeza de su secretaria pero ella no sacó su pene de su boca, sino que siguió chupando hasta no dejar ni una gota.

– ¿Pero que está pasando, que sucede aquí? – No se preocupe Padre. Su secretaria vino a buscarlo porque nos quedamos dormidos y ya eran las nueve de la noche y usted no había vuelto a su parroquia. Yo le conté su problema y le ofrecí a enseñarle como debía hacerle el tratamiento ella misma, para ayudarlo a que no le duelan tanto los testículos. Por lo visto lo hace muy bien y a usted también le gustó mucho ese tratamiento.

– Le hago bien el tratamiento padre. Lo quiero ayudar con este problema. – Si Claudia lo haces muy bien. Me gustó mucho como me chupaste. – Bueno padre ya es de noche, ¿porque no bajamos a comer algo y a ver algo de televisión? – Es que yo no tengo mi ropa aquí. – Póngase esta bata que le caerá bien. Vaya y tome un baño, mientras nosotras preparamos la comida.

El padre fue a bañarse. Mientras nosotras estábamos abajo preparando todo, él bajó envuelto en la bata. Le dije que se siente en uno de los costados de la mesa, yo me senté al lado y mi amiga en la punta, al otro lado del padre. Preparé unos milanesas y una ensalada y abrimos otra cerveza para tomar. Mientras comimos miramos una película por lo que no hablamos mucho.

Cuando finalizamos mi amiga comenzó a levantar la mesa. La mirada del padre se dirigió al culo de su secretaria que llevaba puesto un pantalón de jeen que le marcaba muy bien su hermoso culo, que era más grande y redondo que el mío.

– Parece que le gusta el culo de su secretaria, padre. – Para decir la verdad, esa es una de las causa por las cuales me excito a cada rato y comenzó este dolor. – Lo que pasa padre es que usted tiene muchas fantasías en su cabeza y hasta que no las cumpla, no podrá aguantar las erecciones y este problema continuará.- Perdón padre, no me di cuenta que causaba eso en Ud, dijo la secretaria. – No te preocupes, no es tu culpa. – No es tu culpa pero podes ayudarlo ven acá.

La hice parar entre el padre y yo y le hice recostar en la mesa su cuerpo, cosa que su culo quedaba más hermoso todavía.

– Deme su mano padre. Sienta lo lindo que es este culo.

Agarré su mano y le hice recorrer todo ese culo, inclusive dirigí su dedo para que lo pase por toda la raya de mi amiga. Era increíble pero nuevamente comenzó a tener otra erección. Le indiqué a Claudia que se saque el pantalón, así podrá tocar bien ese sabroso culito que tanto lo atormenta. Cuando se lo sacó la cara del padre se llenó de placer. Le dije al padre que abra las piernas ella se paró entre ellas y le indiqué al padre que con ambas manos tocara esa cola, le moví la mano para que también toque ese culito en su plenitud tocando con un dedo el agujerito de su cola. Me puse detrás de ella y le ayude a sacarse la camisa que tenía puesta, le desabroché el corpiño y saltaron sus pechos. Agarré la cabeza del padre y lo dirigí hacia los pechos de su secretaria, la cual estaba excitadísima.

Le dije a Claudia que se arrodille y me ayude a bajar la excitación que había provocado en el padre. Ambas nos arrodillamos delante del sacerdote y agarramos su pene con una mano cada una y comenzamos nuevamente a una chupada increíble. El padre estaba que no podía creerlo, tener entre sus piernas a su secretaria y a la doctora chupándole la pija. Hice parar a Claudia y le indiqué que se siente encima de la mesa.

– Padre, ahora pruebe los jugos de la conchita de su secretaria, que ella esta deseando mucho eso.

El padre empezó a chuparle la concha a Claudia y yo seguí chupándole su pija. Claudia no tardó mucho en tener un orgasmo. Ahí me paré, le dije al padre que se pare, que ahora penetraría una conchita que hacía mucho nadie penetraba. Entonces le agarré su pene y lo apoyé encima del clítoris de Claudia, él jugaba con mi cola y con la otra le tocaba un pecho a su secretaria, moví el pene para que juegue con el clítoris y lo moví recorriendo esa conchita de arriba abajo. Claudia tenía cerrados sus ojos cuando sentí que esa conchita estaba lista para ser penetrada porque ya se metía como media cabeza, lo saqué, le pasé la lengua a la conchita de Claudia, chupé la cabeza del pene y lo empecé a meter despacio, le indicaba que moviera su cintura para adelante y para atrás despacio, mientras su pene entraba cada vez más en la conchita de su secretaria. Ya había ingresado la punta, Claudia le pidió que pare, que le dolía, que la saque. Lo retuve al padre para que no salga y le dije.

– Claudia quédate así mientras te acostumbras a este pene.

Empecé a pasar mi lengua por el clítoris de Claudia, lo cual hizo que ella se excitara muchísimo y dijo, “Para que voy a llegar”. Le empujé la cintura al padre fuerte para que la penetre de golpe, Claudia gritó, le había entrado la mitad, yo seguí chupándole y le indiqué al padre que se quede quieto un ratito, cuando vi que ella disfrutaba muchísimo le indiqué al padre que empiece a sacarlo y meterlo despacio.

– Si padre, penétreme más, pártame en dos, deme más fuerte.

Con mi mano en la cintura le iba indicando el ritmo al padre, ya Claudia había tenido otro orgasmo y seguía disfrutando, le empujé nuevamente fuerte la cintura al padre el cual empujó más todavía con lo que todo su pene entró dentro de su secretaria, hice que el padre se quedara quieto hasta que Claudia se acostumbró y continuó gozando. Le indiqué al padre que continuara entrando y saliendo despacio de su secretaria. Me fui al living y agarré una cámara de fotos y comencé a filmar al padre penetrando a su secretaria.

– Bien padre, mire como la parte en dos a su secretaria, que rico. Mire como su pene se metió todo dentro de esa conchita.

El padre al oír mis palabras le daba más rápido a Claudia. Y Claudia estaba en el Cielo recibiendo a ese pedazo de carne en su interior. Claudia llegó nuevamente. Me acerqué a ellos, le dije al padre que se quede un segundo quieto con el pene dentro. Le saqué una foto así y comencé a filmar nuevamente mientras él sacaba su pene de Claudia y ella gozaba mucho.

– Parece que esta vez no va a llegar tan rápido. Claudia vamos a mi habitación.

Subimos nuevamente a la habitación. Una mano del padre se había apoderado de mi cola y la otra de la cola de Claudia.

– Claudia ponete en cuatro que el padre te va a dar así.

El padre comenzó a penetrarla así, por la conchita desde atrás, se había excitado mucho con la posición, le indiqué que lo sacara y apoyé su pene en el agujerito de la cola de su secretaria. Claudia se quiso retirar pero la calmé, le dije que se tranquilizara que iba a ser muy dulce la penetración. Ayudé al padre a ir metiendo su pene dentro de la cola de Claudia, cuando veía que le dolía, el padre paraba y yo me acostaba boca arriba debajo de ella y chupaba su conchita, Así hicimos hasta que el padre penetró todo su pene en el culo de su secretaria.

Luego comenzó a entrar y salir de esa dulce cola, hasta que sintió que Claudia estaba por acabar, ahí el padre le llenó la colita de leche y Claudia se vino con un hermoso y largo orgasmo. La hice recostar a Claudia y al padre encima de ella sin que lo sacara, le dije, “Déjelo que se baje adentro”.

Después de eso, Claudia se tuvo que ir rápido porque había dejado a su hijo con su madre y el padre se fue curado a su parroquia.

Desde ya que nuestras vidas no fueron iguales y el tratamiento debía continuar.
Besos…

Autora: Lorena

Me gusta / No me gusta

Como ligarse a una prima

Le metí la mano en su coñito, yo desde atrás de ella, luego fui subiendo hasta llegar al agujero del culo, entonces ella enseguida me dijo que nunca lo había hecho así, y que le gustaría probar pero que le daba mucho miedo. Le dije que se agachara con el culo hacia arriba, y lo pude ver, un agujero que pedía verga, mojé mi palo, le eché un poco de shampoo, y se le comencé a introducir.

Esto es una historia real, que me sucedió hace algunos años; los nombres han sido cambiados para proteger a su autor y las personas que intervienen en el. Desde muy temprano desarrollé mi sexualidad debido a una chica que cuidaba a mi hermana cuando pequeña. Siempre iba más adelante que mis compañeros.

Cuando cumplí 19 años mi prima tenía unos 18, y un cuerpo que a cualquier hombre enloquecería, unas medidas casi perfectas y un culito con el cual más de una vez me apliqué una masturbadas violentas. Poco a poco fui planeando la forma de comerme ese coñito y ese culito.

Un fin de semana en que mis padres se fueron de paseo con mis tíos, cuando salía de mi apartamento de farra con mis amigos, me encontré con mis tíos, quienes me dijeron que mi prima se quedaría conmigo, no podía contener mi alegría, pero me tocó para que no se dieran cuenta, me dijo que ella estaba donde unas amigas y que le dejara las llaves con el celador.

Me fui con mis amigos, pero pasé todo el tiempo pensando en como haría y en querer regresar pronto a casa. Cuando eran como las 11:00 p.m. decidí irme, al llegar al apartamento me sorprendí al saber que mi prima no había llegado, subí me acosté en el cuarto de mis padres y me puse a ver la tele hasta quedarme dormido.

En la madrugada desperté cuando siento un leve olor a licor, al voltear veo a mi prima con un corto camisón de dormir y una tanguita de la cual salían uno que otro pelito, parecía que mi prima se había tomado algunos tragos con sus amigas. Al verla así, a mi disposición, dormida, borracha no aguanté y me puse más duro que nunca, sabía que tenía que aprovechar esa oportunidad, tenía que lanzarme o me arrepentiría toda la vida.

Comencé por levantarle el camisón un poco, y cual fue mi sorpresa al ver que no llevaba nada arriba, sus senos, que aunque no eran muy grandes, estaban bastante firmes y chupables. Me quité el pantalón de mi pijama, como vivo en tierra caliente solo duermo con eso, y comencé mi labor. Primero empecé por sobarle los senos, para luego pasar a darle pequeños lengüetazos, mi prima se incorporó y me asusté bastante pero no despertó. Comencé con mucho cuidado a bajarle su tanguita pero cuando ya casi la tenía lista, ella despertó y me preguntó:

¿Que haces?

No supe que contestarle. Ella miró mi miembro, que no es ni muy grande ni muy pequeño (16 cms.), y me dijo:

¿Estás así por mí?

Yo le contesté que si, que siempre había soñado con tenerla así, y no aguanté más y me mandé a besarla, ella puso algo de resistencia pero cedió, ofreciéndome su lengua y jugando con la mía al mismo tiempo. Le terminé de quitar la bata y comenzó la faena.

Primero me acosté y le ofrecí mi palo, a lo que ella sin chistar, lo tomó y comenzó a darme una mamada de locura, mi prima no solo me la mamaba sino que me la succionaba, era maravilloso, pero tuve que detenerla porque sino me vendría más pronto de lo conveniente.

La tomé y con violencia la puse en cuatro al borde de la cama y le introduje de un tajo mi palo por el coñito, ella gimió de placer y comenzó a gritar:

-Dame más primito, párteme en dos, entiérrame esa vergota, conviérteme en tu puta.

Esto me excitaba más y más, se la saqué cuando más excitaba estaba y me acosté ofreciéndole mi polla para que la cabalgara, sin pensarlo dos veces, y con una pericia que no le conocía se sentó en ella, metiéndosela toda de una vez.

Allí comenzó el placer descomunal, ella gritaba, yo me sentía en la luna, de pronto me gritó. -Me vengo, me vengo, y tuvo un orgasmo que la mandó a la luna. Al verla tan extasiada la empujé contra la cama y me dispuse a perforarla nuevamente, me monté encima de ella y se la clavé sin piedad.

No demoramos mucho en estas cuando tuvimos una corrida al mismo tiempo. Me arañó toda la espalda, era su forma de demostrarme el placer.

Descansamos unos minutos y me propuso que nos bañáramos juntos, lo que como se pueden imaginar acepté sin ningún problema. Mientras nos enjabonábamos mutuamente mi verga se puso dura otra vez y cuando estamos en plena sobadera, se le cayó el jabón, al agacharse a cogerlo, pude ver su culito rosadito y estrecho, entonces decidí que también sería mío esa noche

Le metí la mano en su coñito, yo desde atrás de ella, luego fui subiendo hasta llegar al agujero del culo, entonces ella enseguida me dijo que nunca lo había hecho así, y que le gustaría probar pero que le daba mucho miedo. Yo le contesté que no se preocupara, que yo le enseñaría, aunque no sabía como porque mi experiencia en ese sentido no pasaba de ser unas cuantas películas, o una que otra foto. Le dije que se agachara con el culo hacia arriba, y lo pude ver, un agujero que pedía verga, mojé mi palo, le eché un poco de shampoo, y se le comencé a introducir.

Primero solo la cabeza, ella gritó, le pregunté que si se lo sacaba y me dijo que ni se me ocurriera. Luego para tratarla como la puta que era, se la metí toda a lo que ella gimió para luego intentar sacársela, a lo que le dije, que ni lo intentara y la agarré por los hombros para tirarla hacia mí.

Luego de unos segundos de esperar a que su culito se dilatara, empezó la faena otra vez, le di por lo menos por 10 minutos, ese culo se habría más y más cada vez, ella me pedía que la partiera, que no sabía porque no lo había hecho nunca así, que le diera con todo, que siempre me había deseado.

El hecho de ya haber tenido una eyaculación me ayudó a poder demorar dándole mucho tiempo más. Mi orgasmo fue primero y ella al sentir como le llenaba el culito de leche, se vino en chorros que, sin mentirles, ensució el piso de la ducha. Al terminar nos limpiamos y nos quedamos dormidos desnudos.

Después les contaré que pasó al otro día cuando mi prima Claudia contó esto a una amiga e hicimos un trío el día siguiente que me dejaron seco y exhausto.

Autor: Anónimo

Me gusta / No me gusta