Nos vemos después de tantos años

Nuestras pelvis gritan por acercarse, incremento la presión y siento como tu himen comienza a distenderse alrededor de mi glande y tus ojos a agrandarse. La membrana es fuerte y resiste, hasta que te apreso por los hombros y con una estocada final me recibes triunfante, taladrando. Tres embestidas más te hacen recibirme entero, consumando totalmente nuestra unión.

Algunas décadas atrás trabajamos en la misma institución, tú tenías un trabajo temporal atendiendo una biblioteca en Chile, lo que me daba pretexto para ir y mirarte, pues siempre has sido linda. Pero por una razón que no he logrado descifrar, siempre tuviste distancia a los hombres, negándote toda posibilidad de conocerlos, o de salir con ellos incluso cuando te ofrecí llevarte a casa te negabas, pero las décadas han pasado y no logro sacarte de mi cabeza, vuelvo a ti y aceptas salir conmigo, esta vez estás decidida a dejar el pasado y salimos a bailar, un tema suave nos permite apretarnos y sacas tu pelo para apretar tu mejilla contra la mía.

Entras en una linda etapa, la vida te sonríe, las hormonas se desatan y recorren tu cuerpo, te relajas y disfrutas dejando que mis manos te acaricien, pero tu falta de experiencia te traiciona y no me dejas avanzar. Pasan algunos meses y te das cuenta que seguir virgen a los cuarenta años no es de ninguna gracia, y menos para ti misma. Has luchado tantos años por mantener tu virginidad que solamente has logrado estar sola, siento que, finalmente, te has reconocido a ti misma que mantener lejos a los hombres ha sido una mala idea.

Un domingo me acompañas a reparar una puerta en una casa de campo, no sospechas que una inocente invitación para el medio día tendrá consecuencias, pero tu inconsciente sabe a que va y va feliz.

Después de los trabajos me tiendo en un sillón cama y te pido que me acompañes, pasado un tiempo comienzas a relajarte bajo mis inocentes caricias. No te das cuenta, pero tu pelvis empieza a gritar por ser presionada, mi mano te acaricia suavemente, y percibo tu crispación cuando, de un rápido movimiento, te suelto el sostenedor, pareces resignarte, y vuelves a descansar calmadamente, pero mis inocentes besos en el cuello te hacen respirar más rápido, hace un calor de diablos, estoy sin camisa y te gusta la idea de tener toda mi piel para acariciarla, después de un momento te saco la blusa y beso tus grandiosos senos, los que reaccionan con alegría, y un largo suspiro te sale desde tu alma, y comienzas a disfrutar de la tarde.

Me aprietas contra tus senos, esta no es la primera vez que nos acercamos, pero antes estábamos en una estación de metro, y a pesar de tu entusiasmo y lo linda que estabas no lograste liberarte de una vida de obligaciones y arrancarnos esa tarde a darle curso a la vida.

Pero hoy tenemos todo el tiempo del mundo y ninguno quiere parar. Beso tus gloriosos senos una y otra vez, como si el mundo se me fuera acabar, mientras mi pene erecto roza tus piernas, mis manos recorren tu cuerpo y nuestras pelvis comienzan a pegarse. Me percibes duro como madera, pero yo debo guiar tu mano al cetro de la vida, lo grande y caliente te sorprende, pues nunca habías tocado a un hombre, cae el resto de tu traje, pareces no saberlo, pero tu cuerpo ya sabe que hoy si conocerás el cielo.

Te asusta la evidente desproporción y cuando me pongo arriba instintivamente tratas de juntar tus piernas para cerrar el paso, pero mis rodillas te fuerzan a separarlas, te resignas y te tranquilizas a ti misma haciéndome prometer que solo jugaré en la entrada, el cielo está empedrado de promesas que ambos sabemos que no se cumplirán. Vibras al sentir el contacto con mi glande, el que se desliza verticalmente entre tus labios mayores, los que se encargan de lubricarlo. Tú clítoris agradecido crece, y pronto tu espalda se pone rígida y los líquidos fundamentales de tu cuerpo me rodean, anunciando tu orgasmo e indicándome que soy bienvenido.

Tus labios menores se separan espontáneamente, cual rosa de primavera, y capturan mi capullo, pelándolo. Ya los movimientos verticales se hacen imposibles, y queda solo una dirección factible. Nuestras pelvis gritan por acercarse, incremento la presión y siento como tu himen comienza a distenderse alrededor de mi glande y tus ojos a agrandarse. La membrana es fuerte y resiste, hasta que te apreso por los hombros y con una estocada final me recibes triunfante, taladrando. Tres embestidas más te hacen recibirme entero, consumando totalmente nuestra unión, siento que ahora estoy empujando contra el cuello de tu útero. Por tus mejillas corren las lágrimas, mujer loca, solo a ti se te ocurrió creer que era bueno seguir virgen a los cuarenta años, ¿te explicó que el himen se pone más resistente y doloroso con la edad?

Tu cuerpo me toma como un guante de la mejor gamuza, y empezamos a recolectar la alegría del cielo, te sorprende que te haga poner tus rodillas en mis axilas, pues tu vida retirada en la biblioteca no te permitía identificar alternativas. Te aprisiono fuertemente, y comienza un salvaje golpeteo, que te llevará al clímax, recibo tu insólita solicitud de que termine afuera, pero no lograrás que abandone una posición tan favorable, el golpeteo de mis testículos contra tus nalgas se incrementa, así como tus quejidos de placer y los del mueble, siento los rítmicos apretones de tu vagina que hacen expandir mi glande, y sale un disparo, dos, tres…. tu útero agradecido se repleta, la ex-doncella me mira con los ojos dilatados y se pregunta en voz alta a si misma, ¿así es que, así de buenos son los hombres?, Me abrazas y mientras nuestras almas son una sola me dices, gracias, tú eres lo que yo he soñado en tantas noches solitarias.

Al otro día me preguntas pícaramente si no habrá otra reparación que hacer en la casa de campo, confesándome que sientes como si te hubieran apaleado, desde las clases de deportes del colegio que no hacías tanto ejercicio.

El próximo fin de semana vas confiada y alegre pues ya sabes que eres toda una mujer y no te lastimarás, lo que no sabes es que hoy me entregarás otra virginidad, tal vez más dura que la primera…

Autor: Nada nadita

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Seduciendo a mi suegra II

Hice girar a Diana de espaldas a mí y la ensarté de nuevo. Además en esta posición podía acariciar mejor su clítoris notándolo grande y excitado, todo lo cual me llevaba casi al paroxismo mientras ella emitía gritos, incluso aullidos y aumentaba el ritmo de sus nalgas.

En el capítulo anterior les relaté lo que me sucedió: había culeado a mi suegra la misma noche del funeral familiar. Yo sabía que la había follado, bien follada. Es más, que había abusado de ella y de su culo, pero no recordaba con exactitud todos los detalles. Así que a la mañana siguiente después de pasar por la ducha y afeitarme, entré muy mohíno en la cocina donde todos estaban desayunando. Diana, mi suegra, me recibió seria, pero amable y mi suegro me animó a desayunar y a afrontar el día.

Quiero dedicar unas palabras a explicaros unos pocos detalles acerca de Diana: en ese momento ella tenía 43 años (o sea que me llevaba únicamente 8 años), y se advertía que estaba en femenina plenitud. Ella era, como es frecuente en los hogares yanquis de clase media alta, la que llevaba los pantalones y además controlaba la mayor parte de los recursos económicos y los administraba. Llevaba la voz cantante en los asuntos relevantes y todo se le solía comentar. Pasaron unos días, pocos, durante los cuales me fui recuperando asumiendo mi nueva situación y sin que por parte de Diana se mencionara lo ocurrido si bien es verdad que me trataba de manera distinta, con más atenciones, algo más cariñosa, aunque sin perder su habitual seriedad y con mis dos niñas suplía a la madre recién perdida.

Ella convocó la reunión para hablar del futuro que había que afrontar y en ella yo expresé mi decisión de volver a Santiago con mis hijas y reemprender mi vida. Diana no se opuso a ello sino que, para mi sorpresa pues yo creía que iba a exigir que las niñas se quedaran con ella en los Estados Unidos, dijo que era la opción acertada,  pero que esperaba que le permitiera acompañarnos y permanecer con nosotros por tiempo indefinido hasta que la situación se estabilizara completamente.   Mi suegro no abrió la boca sino para afirmar tibiamente que era lo mejor para todos, por lo que pude deducir que esto ya lo habían discutido entre ellos.

Yo les agradecí su ofrecimiento de ayuda, pero que lo tenía que madurar y que les contestaría. También le advertí a Diana cuando estuvimos a solas, de manera suave, pero tajante que no iba a tolerar intromisión alguna en mi vida por ningún motivo. Al oír esto se le encendió el rostro y me dijo:

-Mira Carlos lo que pasó anoche lo excuso por el estado de ánimo que sufrías y por las circunstancias de la situación. Los hombres sois unos animales en lo que respecta al sexo y yo no debería haber acudido a ti ofreciéndote tantas facilidades para que exteriorizaras tus instintos. – Diana, le contesté, no me puedo avergonzar de lo que hice pues ni siquiera pensé lo que te estaba haciendo, pero la verdad es que estás tan buena que olvidé mi infortunio y te confundí con mi esposa, tu hija.

Al oír esto comenzó a llorar quedamente:

-Sí lo sé, pero tus caricias, las vejaciones a las que me sometiste han roto todas las barreras y desde anoche siento que hay en mí una hembra en la que no me reconozco, pero que me gusta. Perdóname…

La abracé y le besé sus párpados probando el sabor de sus lágrimas y noté como un escalofrío le recorría su precioso cuerpo. Ella quiso besarme en los labios, pero la detuve:

-Por ahora no avancemos por este camino. Ya tendremos tiempo de platicarlo y de exponerte mis condiciones. -Bien, me dijo. Pero porfió para besarme abrazándome y al fin nos fundimos en un largo morreo que hizo que mi verga comenzara a crecer. Llamaron a la puerta y nos recompusimos como bien pudimos.

Después lo pasamos ocupados con la meticulosa preparación del viaje y el cuidado de las niñas y nada más ocurrió, a pesar de que el trato de Diana hacia mí se había hecho más cariñoso hasta que entramos en la casa de Vitacura. Como dije en mi anterior relato vivimos en la zona alta con pocos vecinos. Los más cercanos son un matrimonio con dos hijas Vicky y Anne. Sus padres son Jimena una chilena encantadora de unos 48 años y su marido John, bastante mayor que ella inglés por los cuatro costados, culto y pragmático.

Jimena, a pesar de su edad, conserva una lozanía impresionante y es poseedora de unas grandes tetas y unas nalgas como las que me gustan. Es una coqueta consumada, con mucha labia, ¡vamos! Una calienta pollas. Era de esas que estando en la piscina te pedía con una sonrisa pícara que pusieras un poco de crema en su espalda porque ella no podía: llevaba el brassier desabrochado.

En una ocasión en la que los dos estábamos solos en su piscina, bueno también estaba su hija Vicky chapoteando, me montó el número de la cremita y yo, dulce colaborador en un principio, aproveché para darle una dosis de la medicina que ella estaba necesitando: después de crema en la espaldita pasé a cremita en las corvitas y cremita en la musladita y comprobando que el que calla otorga, de pronto metí la mano bajo el bikini llegando antes de que tuviera tiempo más que de respingar a su concha, que encontré depiladita y algo húmeda y comencé a masturbarla acariciando su clítoris y el interior de su vulva. Ella no hizo nada sino levantar un poco las nalgas y aproveché el momento para entrar con mis dedos más profundamente en su vulva. Continuamos durante unos minutos hasta que estalló en un orgasmo que fue intenso por cómo se movía con mis dedos todavía dentro y la  cantidad de líquidos que derramó en mi mano.

Cuando recuperó cierta presencia de ánimo y el aliento me dijo balbuceando:

-Algunos hombres sois unas bestias, el pico se te ha puesto grande… ¡Tírate al agua para refrescarte coño (así nos llaman en Chile a los españoles), maldito!

Me enfureció y apretándole la mano hasta hacerle dar un gritito le espeté:

-¡No me gusta que hables de esa manera soez, no me gustan las zorras que se depilan la concha! Por esta vez pase, pero cuando decida culearte quiero que te hayas dejado crecer una buena panocha en esa cueva de amor deliciosa que tienes.

Quedó muda de asombro y apenas acertó a decir perdón y sonreír al ver a Vicky salir de la piscina. Lo encajó bien pues en otra ocasión en que estábamos todos reunidos en la piscina, riéndose y agitando el tarro de crema con una mano mientras con la otra se sujetaba el bikini:

-¿Qué caballero va ser mi valet hoy? A lo mejor se gana un premio. Charles respondió: -Yo ya tengo muchos premios, gracias. Así que fui yo su valet y así supe que habíamos firmado la paz y yo había ganado esa batalla.

Mientras tanto los días pasaban, tempus fugit, y el dolor suavemente se desvanecía. Mis instintos se manifestaban de nuevo. Me gustaban las mujeres que me rodeaban: Diana, mi suegra, Jimena, sus hijas y dos huasitas recién llegadas del campo que estaban al cuidado de la casa. Cada una por motivos iguales y distintos a la vez.

Había comenzado a estudiar a Diana, que de verdad se estaba comportando: me organizaba el hogar, se cuidaba de mis niñas: Lynn y Jill, para averiguar hasta qué punto la podría dominar y aunque la casa era grande el número de sus habitantes no era pequeño, eso que no he contado a la Nanny ni a Juan, un huaso socarrón, algo viejito, que cuidaba los automóviles y vivía en una pequeña estancia del garaje. Me acercaba a ella con cualquier motivo, especialmente en la cocina cuando estaba indefensa trasteando le olisqueaba el cuello y le decía:

-¡Qué bien hueles Diana! Y a continuación lo besaba mientras ella elevaba discretamente su grupa para sentir el volumen de mi pene.

Me fui unos días a Río por asuntos del trabajo y con tantas garotas a mí alrededor, en la oficina, en las playas, en las terrazas de los cafés que el último día llamé a casa y le dije:

-Diana mañana arréglalo todo para que tengamos la noche libre. Te he preparado una sorpresa. Y corté sin que pudiera preguntarme nada.

En la sala de llegadas de Pudahuel la encontré: estaba plantada ante mí tímida y deslumbrante con su melena suelta y no se había maquillado. Dejé de empujar el carro, la prendí de la cintura y le besé levemente en sus labios. La gente que había alrededor se volvió a mirarnos: Diana llamaba la atención, era grande y llevaba una sucinta ropa interior que se trasparentaba ligeramente a través del vestido de seda puesto para la ocasión. El tejido de la falda se le introducía por el canalillo de sus estupendas nalgas.

Al entrar en el automóvil me cogió el rostro entre sus manos y comenzó a besarme repetidamente. Estuvimos así unos minutos y después manejé hasta coger la costanera Norte y Vicuña Mackenna entrando en el aparcamiento del Hotel Valdivia en una calle lateral. Una discreta empleada nos condujo, sin que nadie más nos viese hasta la suite Palacio Moro y al cerrar la puerta tras nosotros sin más comenzamos a arrancarnos la ropa y a besarnos. Le mordía sus labios y ella me respondía buscando mi lengua con la suya más profundamente a cada beso.

Me tendí en la cama y la hice colocarse a propósito de un 69 y comencé a lamer su vulva de arriba abajo, hasta llegar al clítoris que ya estaba hinchado, lo absorbí en mi boca apretándolo por su base, suavemente, con los dientes y acariciándolo a lengüetazos. Diana se volvió loca: me comía la verga con frenesí. Al poco estalló en un poderoso orgasmo que hizo chorrear su vulva y arquear su espalda convulsivamente. Cuando acabó me di la vuelta enseñándole la espalda y el culo y le mandé que metiera su lengua en mi ano y que lo lamiera, a lo que siguió un beso negro espléndido, maravilloso, con delectación, mientras con sus manos buscaba mi pene.

Ya no pude aguantar más y cambiando de postura me preparé a penetrarla colocando mi capullo en la entrada de su sexo y lo hice suave y lentamente: fue otro deleite. Tenía una vagina ancha y mi pene, que es bastante grueso entró con gran facilidad siendo mojado por la abundante secreción debida a su primer orgasmo. Sentía como mi verga era acariciada al vaivén del mete saca con apenas una leve presión sobre ella. Estuve a punto de eyacular, pero lo contuve hundiendo a tope mi pene y presionando su base contra la parte superior  de su cueva del amor.

Continuamos follando al unísono y pronto me gritó:

-¡Fóllame, gusano, lléname de leche, yo soy tu perra!

Ya no pude resistir y la leche fluyó como un río dentro de sus entrañas mientras ella gritaba en medio de su orgasmo. Fue monumental. A pesar del cansancio continué bombeando y nos colocamos, sin sacarle la verga, apoyados sobre un costado en la cama. Susurraba:

-Me has dejado muerta… cabrón.

Mientras la bombeaba le acariciaba el clítoris. Esto la volvió a calentar y movía sus caderas rítmicamente para que la culeara más profundo. El roce de su vagina tan delicioso lo sentía mi verga que se puso otra vez muy dura. Hice girar a Diana de espaldas a mí y la ensarté de nuevo. Además en esta posición podía acariciar mejor su clítoris notándolo grande y excitado, todo lo cual me llevaba casi al paroxismo mientras ella emitía gritos, incluso aullidos y aumentaba el ritmo de sus nalgas. A punto de perder el sentido de la realidad le saqué la verga y ayudándome con una mano le coloqué el capullo rozándole el ano. Al sentirlo, agradecida, empujó su culo y me ayudó a penetrarla.

Culeamos unos minutos más y cuando sintió que se acercaba al clímax me gritó que mi semen lo quería dentro de su vagina. Rápidamente la hice colocarse a cuatro patas y le metí el pico por donde me había pedido. Esta posición era gloriosa: veía como la verga entraba y salía de su cueva, sus caderas amplias y tan femeninas, su ano dilatado y húmedo… gritábamos al unísono mientras ella alcanzaba el éxtasis del amor y yo casi llegaba… al fin estallé y cuando dejamos cada uno de palpitar caímos rendidos sobre unas sábanas mojadas por nuestros flujos y nuestro sudor y, sin articular una palabra más, nos dormimos.

Como sólo había tomado un ligero desayuno antes de salir de Río me desperté sobre las doce de la noche hambriento, llamé al servicio: nos prepararon el jacuzzi, cambiaron y arreglaron la ropa del lecho y nos sirvieron la cena fría que había encargado.

Salimos del baño, cenamos tranquilamente, intercambiando sonrisas, caricias, algún que otro comentario intrascendente. Diana me miró y dijo:

-Eres un bicho y te amo.  Hoy ha sido uno de los días más maravillosos de toda mi vida. Haré todo lo que me pidas sin reprocharte nada, pero te ruego que nunca me abandones.

Autor: Carlos

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El Turco y mi mujer

Sentí que me partía, entró hasta la mitad, se quedó quieto hasta que me serené, empezó a moverse en círculos, entraba y salía, me empecé a calentar, puso su mano en mi clítoris, masajeándolo,  estaba en las nubes en la cima, la sacó un poco, con su movimiento circular y un empujón desapareció completa, sentí sus huevos apretados en mi culo llenándolo en una acabada.

Siempre fantaseaba con la idea que a mi mujer se la iban a coger, en nuestros devaneos sexuales lo manifestaba pero ella es muy tradicional, no me seguía en los juegos,  se molestaba, insistía para seguir con la fantasía en la cama, pero no había caso, por allí era una forma de proteger cualquier deseo o fantasía que tenía.-

Tenemos 23 años de casados,  somos muy compañeros,  tenemos cuatro hijos y una vida normal,  ella es una hermosa mujer con un detalle, sus hermosas tetas, todavía muy firmes, un razonable cuerpo,  bonita de cara, lindo porte, llama la atención por eso  sabía que esas tetas las deseaban muchos, tenía oportunidades…por allí se decidía….-

Un día tiempo atrás en un momento de su orgasmo, con el control de la situación le digo con suavidad, “estás tragándote otra pija, no la mía” ¿de quieeeeen?, preguntó con palabras entrecortadas, ¡del turco! Ella estiró aún más su orgasmo.

El turco es un espécimen que le gustan todas las mujeres, a mi mujer le había tirado los galgos en varias oportunidades, una vez un amigo me contó que tuviera cuidado que la había visto charlar muy animadamente en nuestro auto con él,  (no me comentó nada)  yo me había hecho el bocho pensando en que al final se la iba a clavar,  estaba seguro,  el turco es paciente pero muy seguidor, le faltaba el momento justo.-

Un día unos amigos que viven en una quinta a unos kilómetros de la ciudad nos invitan  a cenar justamente con el turco, mi cabeza estaba entre la oportunidad de la fantasía y lo que pasaría si se realizaba,  pero decidí seguir, tuve una erección pensando con morbo, sabía  la habilidad del turco, oportunidad única para un buen resultado, se  la serviría en bandeja para que si tenía que pasar se sacaran las ganas y se la clavara de una buena vez.-

Mi mujer se vistió coqueta, se puso una blusa abotonada blanca bastante ceñida que le resaltaban esos pechos deliciosos (talla 105), una pollera tableada suelta muy bonita que hacía tiempo no usaba ;media hora antes de ir le digo que estoy mareado no me sentía bien, que fuera sola,  ¡tomate algo!, no, no tengo ganas de ir, que te lleve el turco, ¡estás loco!,  ¿Qué tiene? te lleva te trae; bueno, está bien…(no dudó mucho)

Lo llamó, a la media hora sonó la bocina, me dio un beso se subió al auto y se fueron.- Eran las dos de la mañana, la cabeza me daba vueltas pensando, a las tres se abrió la puerta sin hacer ruido se acostó,  yo hecho un perfecto dormido. A la mañana en el desayuno le pregunté cómo la pasaron,  dijo que bárbaro, algún comentario sin trascendencia,  había tomado dos copas de vino blanco y una de champán (que nunca tomaba)

A la noche con una ansiedad que me moría esperando en la cama, empecé con los toques naturales, fuimos levantando temperatura,  tenía mi verga que estallaba por el morbo de la situación, me contuve hasta que ella estuviera en clímax, cuando me di cuenta que estaba por acabar le pregunto agitado: ¿te clavó el turco?  no me respondía,  insistí,  más fuerte ¿Te clavó el turcooo?, con un orgasmo especial  dice: ¡Sssssiiiiiiiiiii!,  ¡Me clavooooooo!, acabé como hacía mucho que no lo hacía.-

Se durmió abrazada tranquila,  buen polvo por su nuevo ingrediente morbo.-

Seguía con hormigas en la cabeza,  no quería perder la tranquilidad, al día siguiente a la noche totalmente empalmado en la cama me acerco a ella,  la rozo con la pija dura, me dice ¡Hummmmmmm! en la oreja me susurra,  calentito,  calentito,  papá estás muy caliente, ¿qué te pasa?, tal la calentura que la subí enseguida, se la enterré, papi como estasss!, empezó a excitarse fuerte, la veía con más movimientos de caderas, más suelta, me excitó más todavía, cuando estaba lista largo ¿te la dio por el culo?, insistí dos veces,  acabando me dice,  ¡Siiiiiiii…me lo hizo!, la llené de leche,  no podía creer que tuviera tanta,  era mi morbo, ella a los gritos le tapé la boca, el turco la había desvirgado, a mí nunca me lo dio.

Otra vez acurrucada en mis brazos tranquila se durmió placenteramente.- Yo seguía con la intriga por saber como pasó, después de cuatro días sin relaciones, el sábado nos acostamos temprano,  yo quería saber, mucha intriga,  con la luz apagada  acostado boca arriba se pone al lado me da un beso en la mejilla, con su mano en mi pija, sabiendo que de esa forma dominaba el momento, suave me dice al oído, sé que querés saber qué pasó,  yo te lo quiero contar porque te amo y te lo debo, pero
me tenés que contar después lo tuyo con mi amiga Laura…

Sorprendido no tuve mas remedio que decir “de acuerdo “ Al fin lograste lo que querías, te hice cornudo, que sea el turco quién me cogió, fue hermoso, polvazo de locura, tiene la pija como lo comentan mis amigas, ahora te puedo ser franca, siempre fantaseaba que me cogía,  me masturbaba pensando en eso, la culpa es de las conversaciones entre amigas que tuvieron relaciones con él, todas maravilladas con su pija, en cómo se las cogía,  no te lo podía decir, quiero que me entiendas, una vez me había tenido lista contra una pared en un  pasillo de su negocio,  zafé porque venía una de sus empleadas, en ese momento no quería que me coja, pero con su calentura me iba a violar, no lo podía parar, me pidió disculpas diciéndome que nunca se había calentado tanto con una mujer, que no se pudo controlar.-

Empezó su relato:

El viaje de ida nos fuimos riendo con anécdotas,  en la cena no sacaba los ojos de mis tetas, nos cruzamos las miradas, se dio cuenta que lo pesqué, nos sonreímos los dos, me empecé a excitar.-

Cuando volvíamos un poco por el vino otro poco por el momento le dije estoy un poco mareada,  pará un rato que tomo un poco de aire,  salió de la ruta,   se metió entre unos árboles que tapaban el camino,  paró el motor, me miró, se  acercó hablándome muy amable, pasó la mano por mi hombro, me apoyé en  él, apoyó los labios en mi frente, suavemente me dio unos besos, aumentó mi excitación, de reojo me daba cuenta que miraba mis tetas, tranquilamente me empezó a besar los ojos, desabrochó el segundo botón de la blusa,  el tercero,  el cuarto,  yo haciéndome la mareada,  abrió la blusa,  quedó mi corpiño a la vista, es el que se cierra de adelante.

Con experiencia lo abrió al medio, dejó mis tetas al aire, pezones duros, se dio cuenta que era consciente, estaba embelesado, se le escapó ¡que belleza! empezó con suavidad por el pezón, con la aureola,  yo ya estaba recaliente, me erguí en el asiento arqueando la espalda hacia adelante ofreciéndole mis tetas a sus manos, se le iban los ojos, la quiso poner entera en su mano, se dio cuenta que era imposible, muy grandes, giro su cabeza mirándome, se acercó a mis labios me besó, los abrió introdujo toda su lengua en mi boca, era su primera penetración,  dejó los labios empezó a chupar las tetas, a jugar con su lengua, puso su mano en mi rodilla, lentamente empezó a subirla por la parte de adentro, abrí un poco las piernas, comiéndome la lengua para no gemir, llegó a mi bombachita, puso la mano en mi coñito, estaba empapada,  se le escapó ¡estás a punto caramelo!

Se arrodilló enfrente del asiento entre mis piernas, bajó sus pantalones, subió la pollera, me alzó un poco, desapareció la bombacha, yo con los ojos cerrados, después pasó las manos debajo de mis nalgas, me corrió hacia adelante hasta el costado del asiento, apoyó su verga en los labios jugosos de mi conchita la apoyó suave para dejarme claro que no había marcha atrás, nariz con nariz dice ¡mirame!, quiero verte en los ojos cuando te haga mía, los abrí, empujó, mi vagina quedó completa, estaba totalmente lubricada, ¡placer indescriptible!, dueño de la situación empezó a serrucharme, yo habría la boca, gemía, un experto, mirándome seguía mis reacciones apuraba y frenaba de acuerdo  a mis facciones, clavada su mirada en mis ojos para que no los cierre, cuando estaba cachonda dice, ¿tenías claro que tarde o temprano te clavaría no? ¡Si lo sabía, por favor, clavame por favor!, pedilo otra vez ¡clavame, clavame por favor! paró la serruchada, con sus ojos como poseído me pregunta con los dientes apretados, ¿que sos vos?.. ¡Una putaaaaaaa! Empujó su pelvis violentamente, sentirla en mi fondo con su leche en mi interior con su orgasmo maravilloso grito: ¡tuyaaaaaa…al fin yaaaaaaa!,  cerré los ojos,  con su pija adentro mío dice con seguridad:

Te me habías escapado una vez, dos no, al rato en un respiro digo: desde aquella vez en el negocio siempre quise que me hagas tu mujer. Imposible arrepentirme, ya era suya.-Tal mi morbo imaginando al Turco con su pija totalmente clavada en mi mujer empujando con sus manos las nalgas para que le entre un poco más y mirando las tetas quedarse quietas con el último chorro de leche, que no necesitó masturbarme para acabar bajo las sábanas.-

Después de un rato de tranquilidad, sobre todo para mí, continuó con el relato: Se colocó al lado, las tetas al aire jugando con ellas, ¡fantásticas, pensar que son mías!,  acercó su boca a la mía,  un beso suave, profundo, realmente sentía que era suya, me tenía a disposición, fue subiendo de a poco la temperatura, un experto jugando con tetas y pezones, su pija ya parada,  en ese momento la vi, ¡una belleza!, tal cual decían mis amigas, me dio un beso hermoso, colocó su mano en mi nuca se separó un poco de mí, dejó de besarme, me miró, haciendo fuerza sobre la nuca bajó mi cabeza hasta su verga, la tuve que tragar, chupámela amor, a gatas podía con ella,  empecé con la succión a entrar y salir, con mi mano masajeaba los huevos, empezó a mugir, su erección era bárbara, su mano me apretaba para que no me escapara, me di cuenta que acababa,  explotó.

¡Tragate la leche amorcito! ¡Acordate de tu maridito!   ¡Putaaaaaaa!, me llenó la boca, tragué lo que pude, el resto se escapaba por los labios, limpiame, lo hice sin chistar con mi boca, ese hombre me había tomado, su mirada era posesiva no me podía oponer no tenía fuerza, haría lo que quisiera conmigo, se estaba sacando la calentura que tenía con tu mujer, siempre apostó que lograría cogerme, su persistencia le dio sus frutos.-

Descansamos un rato, con la mano en su pija empecé suave a acariciarlo, me llevó un tiempo pero otra vez parada, se dio vuelta me empezó a besar, nos estábamos calentando, se separó, me dice ahora lo quiero como perrito, me hizo colocar de espaldas a él, arrodillada, la cintura entre los dos respaldos de los asientos, los codos apoyados allí,  mis piernas bien abiertas, mi culito bien parado, se colocó en posición, la puso en la conchita húmeda, un empujón…hasta el fondo,  empezó el entra y sale.

Yo en las nubes gimiendo, cuando me tenía en el clímax me metió un dedo en el culo,  tuve una sensación encontrada, puso otro, me tranquilicé,  siguió, me hizo acabar a los gritos, en ese momento me empuja los codos,  caigo entre los respaldos atrapada sin poder moverme con el culo abierto, bien para arriba, medio cuerpo en el asiento de adelante y medio cuerpo en la parte de atrás, tuve que poner los codos en el piso para no pasar de largo, sacó la verga de mi cuquita abrió mis nalgas, la apoyó en la entrada del culo. ¡Noooo que soy virgen! no, no!,  me agarró de los pelos dio vuelta mi cabeza para que lo mire, con esa mirada potente y dominante dice gritando: ¡erass virgen, este culo es mioooooo! ¡La mandó de un viaje!,  ¡Nooooooooooo!

Sentí que me partía, entró hasta la mitad, se quedó quieto hasta que me serené, empezó a moverse en círculos, entraba y salía, me empecé a calentar, puso su mano en mi clítoris, masajeándolo,  estaba en las nubes en la cima, la sacó un poco, con su movimiento circular y un empujón desapareció completa, sentí sus huevos apretados en mi culo llenándolo en una acabada con un grito de: ¡Para tu maridoooooooooooooo! ¡Putaaaaa!

Era un vencedor que había cazado a su presa, fui violada por el culo con la precisión de un macho experto,  tuve otro orgasmo hermoso.- La realidad decía que este hombre me haría su puta,  ya no sería la misma, esa pija la seguiría necesitando, mi culo había quedado vacío.-

Me ayudó a salir de la situación,  limpiámela,  la quiero bien limpita. Nos vestimos callados ya en la puerta de casa,  me dice, ahora sos mía, lo tenés que tener claro,  quiero tenerte una noche completa conmigo,  armá la cosa sino me enojaré,  quiero enseñarte sexo como parece que tu marido no lo ha hecho, llámame, me dio un beso, puso mi mano en su pija, ¡Para que no la olvides!,  fuera del auto golpeé el vidrio, al abrirlo le digo, cumpliste mi fantasía, lástima que podría haber sido completa si tu violación hubiese sido total, me fui.-

Al entrar en casa tenía una sensación rara, mi cuerpo estaba extasiado, lleno, en mi cabeza pensamientos encontrados,  sabía que todo sería distinto, ese hombre era por ahora el dueño de mi cuerpo, sobre todo del culo, nada sería igual.-

Terminado su relato dándome un beso en el oído termina diciéndome, gracias papá por empujarme al turco,  me cogió maravilloso, me hizo el culo que nunca pensé que lo iba a poder hacer, me siento mal porque vos lo intentaste siempre,  pero si no fuese por violación no hubiese ocurrido, por eso le agradezco al turco esta sensación nueva que estaba desperdiciando, ahora tendrás que convivir con un amante de tu esposa, como aprendí a convivir con las miradas de Laura, soportar que tus amigos en  el café sonrían, ya el turco se habrá encargado de explicarles detalladamente cuando y cómo le inauguró el culo a tu mujer.-

Gracias mi amor por dejarme ser más mujer. Hizo dos movimientos con su mano largué toda la leche de mi calentura.-

Autor: Cornilargo jim

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El polvo perfecto

La calidez y humedad del coño de ella hacían que su excitación fuese en aumento, la sensación era indescriptible, cada vez que sacaba su polla para volver a meterla el placer iba aumento, los orgasmos llegaban uno tras otro. Él notaba que un cosquilleo cada vez mayor recorría su verga. Ella estaba al borde de comenzar a gritar de felicidad. Él alcanzó el clímax, y se corrió dentro de ella.

Entre beso y beso él la cogió en brazos y se dirigió hacia la habitación, suavemente la dejó sobre la cama, y se apartó un poco para poder verla mejor, su rostro era perfecto, en el brillaban radiantes de deseo sus ojos azules, mientras en sus carnosos labios se dibujaba un beso. Él paseo su mirada por todo su cuerpo, ¡fantástico!, pensó para si mismo. Se inclinó sobre ella y lentamente comenzó a levantarle el vestido hasta que se lo quitó por la cabeza, dejando al descubierto su maravilloso y dulce cuerpo.

Con sus manos acarició sus tersos pechos, pellizcando levemente sus pezones duros como piedras. Poco a poco se agachó y comenzó a besarla en la boca, sus lenguas se enlazaron en un alocado juego, finalmente él dejó de besarla en la boca, y deslizó sus propios labios por su cuello hasta llegar a sus pechos, allí la besó en el canalillo y enseguida subió por su pecho izquierdo, hasta alcanzar el pezón, donde con la lengua jugó golosamente, mientras notaba como la excitación de ella iba en aumento.

Ella notó como él la dejaba sobre la cama, y se apartaba un poco como si quisiera verla una vez más antes de pasar a la acción, vio como su mirada recorría todo su cuerpo, y finalmente se detenía en sus pechos donde él clavó una mirada febril de deseo. Esto la excitó mucho más que todos los besos anteriores, lentamente él comenzó a besarla otra vez y a pasear su lengua por su cuerpo, sus manos no podían dejar de acariciarlo, en algún momento él se había quitado la camisa, y ahora ella podía pasar la mano por sus increíblemente duros abdominales, así lentamente deslizó su mano dentro de sus pantalones, y allí encontró lo que estaba buscando, duro como una piedra ella lo acarició lentamente, hasta que él exhaló un suspiro de placer.

Al notar la mano de ella dentro de sus pantalones, él supo que estaba mucho más excitado de lo que lo había estado nunca, apartó la mano de ella, y se quitó los pantalones, mientras tanto ella introdujo su mano dentro de sus bragas y comenzó a masturbarse. El sonrió y suavemente le sacó las braguitas de encaje, con dulzura le abrió las piernas y observó la vulva de ella que ya estaba húmeda por todo el juego previo, así que se inclinó sobre el perfumado coño y con la lengua jugueteó un poco mientras ella gritaba de placer. Ella comenzó irremediablemente a correrse y él notó como un líquido ligeramente salado le llegaba a la boca.

Había sido sin duda la mejor comida de coño que le habían hecho, no tenía ni idea de en donde había él aprendido a hacer eso pero sin duda era una bendición del cielo, parecía como si supiese exactamente donde estaban todos y cada uno de los puntos clave, ni siquiera otra mujer habría podido hacerlo mejor. Ahora era su turno y no iba a defraudarlo, decidió dejar los preliminares y dirigirse directamente a su miembro que estaba totalmente erecto, lo manoseo un poco golosamente y finalmente se lo metió en la boca, allí jugueteó con el haciéndolo entrar y salir de la boca, intentando que sus labios acariciasen lo mas suavemente posible el glande.

En poco tiempo notó que él estaba muy cerca de correrse, así que se detuvo un momento mientras pasaba la lengua por la parte inferior de su verga y sus testículos. Al momento volvió a reanudar su mamada con renovada energía, jugando con la abertura de su poya, hasta que finalmente se dio cuenta de que iba a correrse. Notó como él le avisaba de que no podía aguantar más y pensó en apartarse, pero inmediatamente decidió llegar hasta el final, puesto que él también lo había hecho, así que le dio los últimos toques con la lengua y finalmente él se corrió en su boca, su semen era espeso y caliente, ligeramente amargo pero no desagradable.

La mamada que le había hecho fue grandiosa, casi ninguna mujer aceptaba tragarse el semen, y eso era algo que le excitaba profundamente. Después de aquello siguieron besándose y acariciándose mientras él recuperaba fuerzas para un segundo asalto. Cuando notó que estaba en disposición de volver a la carga, deslizó una mano entre las piernas de ella y comenzó a calentarla de nuevo mientras con la boca mordisqueaba alternativamente sus pezones.

Ella notó como la excitación volvía a su cuerpo, y cerró las piernas sobre la mano de él, en un intento de retenerla en esa posición. Él se dio cuenta de que ella ya volvía a estar preparada así que lentamente apartó sus piernas y se colocó entre ellas. Ella agarró su pene y lo introdujo en su coño, este se deslizo dentro suavemente sin encontrar ninguna resistencia, dejando a su paso un intenso placer que volvía una y otra vez, sin dar ningún descanso.

La calidez y humedad del coño de ella hacían que su excitación fuese en aumento, la sensación era indescriptible, podría estar así toda la vida, tenía todos los pelos de su cuerpo erizados, y cada vez que sacaba su polla para volver a meterla el placer parecía ir en aumento.

Ella sudaba, mientras los orgasmos llegaban uno tras otro. Él sudaba, mientras notaba que un cosquilleo cada vez mayor recorría su verga. Ella estaba al borde de comenzar a gritar de felicidad. Él alcanzó el clímax, y se corrió dentro de ella.

Tardaron casi un minuto en recuperar la respiración. Pasado ese tiempo él se apartó y la miró a los ojos, ella también le miraba a los ojos, los dos sonrieron y se volvieron a besar. Tal vez no se volvieran a ver nunca después de esa noche, pero aquella hora juntos había sido simplemente perfecta.

Autor: Anónimo

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La obsesión de Bibiana

Mis dedos los sentía mojados, la humedad había traspasado la tela de los pantalones cortos. Apreté mis dedos contra mi vagina, y cerré las piernas, consiguiendo así un profundo orgasmo que nunca había esperado. Mi boca comenzó a succionar aquella verga con desesperación, mi mano empujaba la base del miembro contra sus huevos, Bernardo se unió a mi clímax estallando una vez más.

Siempre había tenido esa fijación. Deseaba vivir la experiencia de tener un miembro masculino dentro de mi boca, desde que de joven entré sin avisar a la casa de mi tía Maricarmen y la encontré dándole sexo oral a un hombre.

En esa ocasión recuerdo que si bien me confundí al encontrar a mi tía de rodillas y con ese líquido alrededor de sus labios, ella supo manejar muy bien la situación al tomarlo con calma y decirme que se trataba de un amigo y que lo que estaba haciendo era porque lo quería mucho. Claro que me impresionó muchísimo ver el pene de su “amigo” en completa erección, pues si bien sabía lo que era nunca había visto uno “en vivo y a todo color”. Esa imagen quedaría en mi mente durante muchos años, pero en ese entonces no le di importancia, así que yo no comenté el hecho, por razones obvias mi tía tampoco. Mucho tiempo después me enteraría de que aquel hombre era su casero y que ella estaba pagando así un mes de renta que debía, pero en fin.

Yo crecí con toda normalidad, me hice adolescente y después me volví una mujer, y nunca tuve problemas con ese suceso ocurrido tiempo atrás, hasta que ya a los 23 años me invitó mi novio al cine y en la película hubo una escena en la que se daba a entender que la chica le daba sexo oral al protagonista. Aunque no se veía nada en escena, la simple acción de ella al desaparecer hacia abajo y ver los gestos del muchacho fueron suficientes para encender la mecha de una bomba que estallaría posteriormente. Mi novio no le prestó atención a la escena porque era una película cómica, pero yo lo viví de una manera diferente.

Desde aquella noche que salí del cine no pude dejar de imaginar lo que podría haber pasado si de alguna manera mágica pudiera ver lo que los personajes hacían y no se veía en pantalla. Aunque no lo demostré ante mi novio, estuve excitada todo el tiempo después en que fuimos a cenar en compañía de nuestros amigos. Me supe controlar muy bien y disimular que no pasaba nada, pero como si hubiera sido un hechizo, comencé a verle forma fálica a todo objeto alargado que veía, incluso pude practicar la habilidad de mirar en fracciones de segundo los bultos de mis amigos, y obviamente de mi novio, pero mis principios me hicieron disimular lo que sentía.

Recuerdo que esa noche me estuve acariciando mis más secretos rincones de una manera en la que antes no lo había hecho, y en esa ocasión pensé mucho en cómo podría ser darle sexo oral a alguien y practiqué prolongadas y diferentes sensaciones con aquel cepillito de hule que usaba como cosquilleador, por lo que no me costó trabajo al día siguiente volver a la normalidad, y mostrarme con toda la serenidad necesaria en mi puesto de mercadotecnia en una gran trasnacional. Sin embargo, el pequeño copo de nieve había empezado a bajar la cuesta y conforme pasaron los días la obsesión fue aumentando. Constantemente tenía pensamientos acerca de estar con mi novio en una situación así, pero no me animé a decirle o proponerle nada. En primer lugar, tenía poco tiempo de salir con él, y no quería que pensara que era yo una cuatro letras, pero por otro lado no estaba muy convencida de que hacerlo con él sería una experiencia grata.

Empecé a tener un conflicto conmigo misma, pues por un lado me moría por darle una buena mamada al primer hombre que se bajara los pantalones, pero por el otro no podía hacer una cosa así porque mi posición social se tambalearía. Llegué a pensar en contratar los servicios de un profesional, es decir, un servicio de acompañamiento, pero descarté la idea al pensar que no era yo como aquellas mujeres cincuentonas que andan buscando muchachos, además de que no me inspiraba seguridad el pensar en hacérselo a un chico al que le pagan por meter el popotito en la papayita de esta, aquella y a lo mejor hasta el culito de aquél. Ante esta situación yo sufría al tener que sobrellevar juntas de departamento en compañía de los otros ejecutivos y tener que luchar en contra de mis pensamientos lujuriosos. Me imaginaba cómo sería chupársela al jefe, luego comparaba mi fantasía con otra que había tenido de cómo sería hacérselo a mi vecino, en fin.

Toda esta situación llegaría a su clímax en el paradisiaco puerto de Acapulco, donde asistí a una convención de mi empresa. Mi función, junto con la de mi compañero Bernardo, fue coordinar el evento, por lo que cualquiera que conozca de organizar convenciones sabrá que para dos personas era una responsabilidad del tamaño del mundo y una excesiva carga de trabajo. Sin embargo, yo tenía ya tiempo de conocer a Bernardo, pues sus papás son amigos de los míos y nos conocemos desde niños, hicimos la primera comunión en la misma iglesia, y aunque él estuvo mucho tiempo viviendo fuera del país, tengo mucho aprecio por él. Bernardo es un muchacho alto, corpulento, pero no gordo, y es muy tranquilo, es lo que se diría una gran oso de peluche. Mentiría si dijera que lo quiero como un hermano porque quiero mucho más a mis primos, pero Bernardo ocupa un lugar muy especial en mi corazón, y creo que lo reafirmó con lo que pasaría en esa convención.

Como les contaba, nos tocó organizar la convención, así que viajamos desde unos días antes a Acapulco a preparar todo, incluyendo coordinación con el hotel, el servicio de transportación, contratar edecanes, hacer gafetes, mantas, etcétera, así que nos mantuvimos ocupados todo el tiempo, y no nos daba tiempo de descansar. Con el húmedo calor que estaba haciendo, me parecía una tortura tener que estar ocupada y no poder disponer de tiempo para darme un chapuzón en las albercas, pero mi sentido de responsabilidad es muy alto y por eso estuve concentrada en dejar todo listo para la convención.

Bernardo se encargó de organizar los banquetes y los seminarios, además de que estuvo en contacto con proveedores locales, por lo que también estuvo vuelto loco durante los días anteriores a la inauguración. Finalmente, el primer día llegó, y aunque fue de menor actividad en preparación hubo bastante tensión al sentir que nuestros directivos estaban checando que todo estuviera en orden, además de que tuvimos nuestros primeros contratiempos, como que no encendía un proyector, que se retrasaba una plática, que no aparecía un gafete, o que cambiaban al expositor, etc.

Sin embargo, al final del día hubo una pequeña recompensa, pues como cierre de ese día hubo un pequeño coctel con el que tuvimos la oportunidad de -al fin- tener un momento para relajarnos. Creo que fue la primera ocasión en la que pude platicar con más calma con Bernardo y preguntarle cómo estaba su familia -él tiene 2 años de casado-. Fue entonces cuando después de tres tequilas tuve la suficiente calma para ver a mi alrededor. Ahí estábamos, junto a la alberca, brindando con los asistentes, y podía ver a mi alrededor algunos cuerpos semi desnudos de los turistas que se bañaban en la fresca agua de las piscinas. Como si hubiera cambiado de canal al televisor, mi mente comenzó a insistir en mi obsesión, y comencé a imaginar cosas al ver a esos muchachos. Bernardo se dio cuenta de que mi mente estaba en otro lugar, por lo que hizo un comentario un tanto sesgado.

– ¿Hace calor verdad?… Estoy seguro de que te gustaría meterte a nadar… -dijo.  -No, -le respondí – todavía tenemos que hacer los diplomas de mañana y los gafetes que hacen falta. Ya son las ocho y si no lo hacemos en este momento tendremos que hacerlo a media noche, y eso es muy mala idea.

Así pues, apenas terminamos nuestra bebida y nos dirigimos a una habitación que habíamos acondicionado como oficina y bodega, ahí teníamos cajas de promocionales, libretas, la computadora, impresora, y todo lo necesario para trabajar. Nos pusimos de inmediato a trabajar en los preparativos del día siguiente, hasta que después de media hora de actividad, mi voz rompería el silencio:

-Oye Bernardo… ¿si te pido un favor me lo harías? -Sí, claro, Bibiana, dime – me respondió inmediatamente. -Mira, es algo muy especial, y no quisiera que tengas una mala impresión de mí por lo que te voy a pedir. -¿Qué es?… dime, con confianza -preguntó él. -Si te digo que me gustaría mamarte la verga… ¿me dejarías?

Yo misma me ruboricé por lo que acababa de decir, pude decir “pene” o “miembro”, pero no quise dejar lugar a confusiones. Al mismo tiempo, me di cuenta de su sorpresa al escuchar mi pregunta, al ver cómo se abrían sus ojos y hacía cara de interrogación.

– ¿Qué?… -dijo, y trababa de comprender mi pregunta. -No quiero que pienses que quiero tener relaciones sexuales contigo o de que me gustas como pareja, simplemente deseo experimentar el sexo oral, pero no siento a alguien con tanta confianza para hacerlo. -¿Pero cómo crees? -me respondió, y por unos segundos pensé que había sido un error proponerle esto a mi amigo – tú con tan buena educación que tienes, con tan buenos principios, realmente no podría hacerte eso. -¿A qué te refieres con “hacerme eso”?… No me “harías nada”, yo te estoy pidiendo que me dejes hacértelo a ti. Y no tienes por qué sentir que me harías un daño, pues no me estarías quitando nada.

-No sé… -Mira, si es por Angie -su esposa- no te preocupes, jamás saldría de mi boca nada de esto. Además sería solo en esta ocasión y ya. De verdad me siento obsesionada con esto y ya no puedo aguantar más. -Pero… ¿y por qué no lo has hecho con tu novio? -preguntó él, como si fuera algo obvio. -No sé, no me sentiría bien de pedírselo. Por eso te lo pido a ti. Quiero que lo tomes como un regalo de agradecimiento por nuestra amistad… ¿me dejarías?

En ese momento me di cuenta de que él ya estaba excitado, y con un movimiento discreto de su mano acomodó su miembro, que se notaba ya en proceso de erección. Yo por mi parte, estaba húmeda, y no me había quitado la mano de mi zona púbica, desde que había comenzado a hablar, sin embargo, no se había notado tanto porque tenía las piernas cruzadas, y la tela de los pantalones cortos y holgados disimulaba un poco. Sin embargo, precisamente el que yo estuviera con las piernas desnudas y mis sandalias, hicieron que Bernardo echara un recorrido visual por mis piernas, y creo que eso facilitó las cosas.

-Pues… está bien… si tú quieres… -respondió finalmente Bernardo – ¿ahorita?… -Síp… -le contesté No pude evitar sonreír de gusto al escuchar su aprobación.

Entonces, sujeté mi cabello hacia atrás, haciéndome un chongo, con el fin de que mi cabello no estorbara para lo que iba a comenzar a hacer.

-¿Qué quieres que haga?… -me dijo él amablemente. Pude notar su sinceridad, ya que no quiso aprovecharse de la situación, pienso que otro hubiera tomado otra actitud. Yo, por mi parte, simplemente le indiqué que se pusiera de pie, pues yo tenía la firme intención de hacerlo todo. Bernardo puso sus manos en la cintura, tal vez sin saber dónde más ponerlas.

Entonces comencé a hacer mi sueño realidad. Siempre había luchado por no dejarme opacar por alguien del sexo opuesto, y esa noche, por primera vez en la vida, me puse de rodillas ante un hombre. El sonido que hizo su cierre al abrirse fue música para mí, y lentamente fui introduciendo mis dedos para liberar de su prisión a aquella parte tan íntima de mi querido amigo. Al sentir las yemas de mis dedos la textura de su miembro, comencé a temblar de emoción, y noté que él comenzó a tratar de tener control de la forma en la que reaccionaba. Una vez que pude sacar de la bragueta a su maravillosa verga la admiré durante unos segundos mientras lo tenía aprisionado con mi mano derecha. Nunca me había imaginado que Bernardo podía tener una cosa tan grande y gruesa, a pesar de que ocasionalmente ya le había echado algún vistazo. Estaba rosada, con una pequeña gota transparente en la punta, completamente en erección, y podía sentir sus palpitaciones en mi mano.

-Es bellísima- le dije, al mirarlo a los ojos, él solamente me sonrió sin decir palabra, tal vez para no verse vulgar. -No sabes cuánto he querido vivir este momento, Bernardo -le dije mientras mi mano se movía instintivamente para masturbarlo, y mi mano izquierda tomaba su lugar para sostener sus testículos con toda la suavidad necesaria. -Gracias-dije, mientras lo introducía hasta el fondo de mi garganta. Quise llenar todas las noches en que soñé cómo sería sentir unos vellos púbicos en mi nariz y barbilla, en que soñé sentir unos testículos en mis labios, y que quise saber cómo palpitaría una tremenda carne entre mi paladar y mi lengua.

Fuimos tomando confianza. Mis movimientos comenzaron a ser automáticos, como si hubiera aprendido a hacerlo hacía tiempo. Comencé a meterla y sacarla de mi boca rítmicamente, como suponía que lo hacían las profesionales, aunque en realidad nunca he visto cómo lo hace una… más que mi tía Maricarmen. La saqué de mi boca completamente mojada por mi saliva y su secreción. Entonces mi lengua salió disparada como si fuera una serpiente con vida propia, y comenzó a jugar con sus pliegues, y a esconderse abajo del suculento glande. Bernardo comenzó a dar muestras de un intenso placer al gemir repetidamente, lo que hizo que me llevara la mano izquierda hacia mi monte de venus, que a esas alturas ya se encontraba con una alta temperatura.

Mi boca atacó de nuevo al indefenso chafalón de Bernardo, y lo aprisionó de nuevo entre las suaves caricias que le proporcionaba la parte interna de mis cachetes así como mi impaciente lengua. Bernardo apretaba sus glúteos para tratar de contener sus reacciones instantáneas provocadas por el placer que le estaba dando su amiguita, y yo, generosa, miraba hacia arriba para comprobar si lo estaba haciendo bien. Saqué varias veces su miembro para darle ligeras mordidas, aunque en realidad hubiera querido comerme esa pieza enorme. Bernardo comenzó a acariciar mi cabeza, y a enredar sus dedos en mis cabellos. Me di cuenta de que no se contendría más.

El comenzó a bombearme, por lo que simplemente me quedé quieta, siendo totalmente sumisa a sus acometidas, que cada vez se volvieron más salvajes. Estaba mi boca completamente a su servicio, al servicio de sus deseos, y así lo entendió él. Recibí entonces una abundante descarga de semen que en un solo instante llenó mi boca, mientras aún me bombeaba, y yo recibí sin queja alguna.

-Ahhhh… perdóname… -dijo Bernardo – no quise ser brusco…  -No te preocupes -le contesté, con su semen escurriendo por las comisuras de mis labios, mientras masturbaba su deliciosa verga, que poco a poco iba dejando de estar dura, pero aún escupía esperma, ahora sobre mi rostro. -Ahhhh… Bibiana… -decía él, mientras su mano derecha auxiliaba a mis dedos en la delicada labor de las caricias.

Después de eso no mediamos palabra, yo continué masturbándolo, sin darle oportunidad de relajarse a su miembro. Así, poco a poco fue recuperando una hermosa erección hasta erguirse nuevamente ante mi vista. No desperdicié la oportunidad y comencé a lamer su escroto, mientras me daba el lujo de oler el aroma que producía la región del pie que se dirige hacia su ano, al que di un descarado beso. En esos momentos mi boca comenzó a escucharse más ruidosa, debido a la gran cantidad de esperma y saliva entre la que prácticamente nadaba su preciosa reata.

La saqué de repente y comencé a golpearla contra mis labios, lo que excitó a Bernardo en suma.

-¿Te gusta así? -le dije en el tono más cachondo que pude. -Ahhh sí, preciosa… síguele…

Con decisión volví al ataque, esta vez dejando que su miembro se introdujera profundamente y con mis dientes presionaba levemente, tal vez la combinación de dolor y placer provocó que Bernardo casi se volviera loco. Lo escuché expresarse obscenamente, de una manera en la que jamás lo había escuchado, pero en esos momentos me causó mayor excitación. Mi mano izquierda se movía insistentemente sobre mi triángulo de intimidad y mis dedos los sentía mojados, pues la humedad había traspasado ya la tela de los pantalones cortos. Entonces, apreté mis dedos contra mi vagina, y cerré las piernas, consiguiendo así un profundo orgasmo que nunca había esperado.

Mi boca comenzó a succionar aquella verga con desesperación, y mi mano derecha empujaba la base del miembro contra sus huevos, aumentando su longitud. Bernardo se unió a mi clímax estallando una vez más, aunque en esta ocasión su eyaculación fue externa, por lo que la mitad de mi rostro quedó bañado de esa deliciosa sustancia que a lengüetazos comencé a comer. Cabe decir que el esperma escurrió por mi cuello hasta ensuciar la tela de mi camiseta, cayendo sobre mis pechos, justo sobre mis pezones erguidos, que se notaban claramente por la inevitable humedad de mi sudor. El clima tropical y la calentura del momento no eran para menos. Parecía yo de concurso de camisetas mojadas.

Me quedé así, de rodillas, todavía unos diez minutos más, masturbando a Bernardo, dándole besos y lengüetazos a su maravilloso miembro. En esos momentos sentía una enorme gratitud por el amigo que me había dado la oportunidad de hacer realidad un sueño, una obsesión que me había atormentado por mucho tiempo. Un peso se quitó de encima de mí desde ese momento.

Su esposa nunca ha sabido de lo que ocurrió en esa convención. Tampoco mi novio. Creo que nunca nadie se imaginaría lo que ocurrió entre estos dos jóvenes responsables en aquella oficina. Debo hacer hincapié en que pudimos todavía tener listo lo del día siguiente. Faltaban otros dos días de convención. Dos días de trabajo. Y dos días que no desperdiciaríamos.

Autora: Susy

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La hice sentir de verdad

Ya ambos desnudos decidimos entrar a la ducha a experimentar algo nuevo con el agua recorriendo nuestros cuerpos ardientes, comencé a besarla desde la boca bajando hasta sus senos, me pegué a ellos como un bebé buscando su leche, no veía su cara pero sentía como su cuerpo se movía de un lado para otro y sus gemidos comenzaban a salir de su boca lo que me excitaba mucho.

Mi relato se basa en algo que me sucedió, soy un tipo normal, y lo que me pasó no se si le pase a cualquiera. Vivo en Lima – Perú, digamos que mi nombre es Sebastián y el de la protagonista de la historia es Karin.

El día 21 de noviembre 2008 por la tarde me conecté al MSN como tantas otras, estaba revisando mi correo cuando vi que uno de mis contactos se puso en línea. Era Karin, llevábamos un buen tiempo de conocernos, porque conversábamos de todo, ella es una señora de 34 años, casada con 4 hijos. Nos bromeábamos y hablábamos de nuestras intimidades como viejos amigos.

Esa tarde conversando fue diferente, estábamos platicando acerca de de nuestras intimidades como siempre lo hacíamos y se me ocurrió preguntar si le gustaría estar conmigo, lo que ella dudó en  responder, y aceptó, que sí, entonces empezó la cosa más candente entre nosotros… hablamos de lo que podíamos hacer ambos en la intimidad, en ese momento mi mente se me vinieron miles de pensamientos.

Decidimos que si nos podíamos encontrar, lo cual ella aceptó  y me dio una fecha, puesto que ella estaba fuera de Lima, quedamos para el día 28 de noviembre a las 08:00 pm.

El gran día llegó, la conocí por primera vez, quedé asombrado con su belleza y su cuerpo, describo como es ella, piel blanca, ojos negros, labios sensuales, aproximadamente 1.72 mts. de estatura, unos senos grandes, de esos que invitan a ser devorados, un culo de infarto, en resumen, un monumento de mujer.

Ahora que estábamos frente a frente nos miramos y sonreímos, nos fuimos caminando con la luz de la luna y las estrellas conversando de lo que nos decíamos por el MSN, se notaba un poco nerviosa igual que yo, como estábamos callados solo caminando di el primer paso de hablar diciéndole que me alegró que estuviéramos acá juntos, así pudimos conversar de las cosas de ella, que en su matrimonio no iba bien, y que hace mucho no tenía nada con su esposo, eso me puso muy caliente, caminando encontramos un hotel el cual me atreví a invitarle a pasar y ella dijo que si, así que subimos, entramos a la habitación…

Ambos nos miramos, decidí tomar con mis manos su cara y le di un beso lo cual sentí que ella estaba temblando, pregunté porque se puso así, me dijo que no había hecho esto que no fuera su esposo, entonces empezamos a abrazarnos, acariciarnos, para que pierda el miedo fui recorriendo su cuerpo con mis manos hasta que tenga la confianza, a través de su blusa se notan sus pezones erectos. Era todo un pedazo de mujer a mi disposición, y poco a poco se veía lujuriosa, deseosa de mí.

Nos besamos en ese momento, fue un beso muy intenso para no olvidarlo, no todos los días se da ese paso de amigo a amante, y menos con una de esas mujeres que cualquiera desearía tener, empezamos a desvestirnos ambos y pude sentir su cuerpo desnudo junto al mío, tenía una piel suave y un aroma delicioso.

Ya ambos desnudos decidimos entrar a la ducha a experimentar algo nuevo con el agua recorriendo nuestros cuerpos ardientes, no me hice esperar, comencé a besarla, desde la boca bajando hasta sus senos, me pegué a ellos como un bebé buscando su leche, he de decir que no veía su cara, pero sentía como su cuerpo se movía de un lado para otro y sus gemidos comenzaban a salir de su boca lo que me excitaba mucho.

Después de unos minutos comienzo a bajar, con mis labios rozando su piel, hasta llegar hasta su clítoris, mmmmm, haciendo unos movimientos circulares con mi lengua  y pensar que me imaginaba conocerla y ahora está ahí, toda mía.

Así empieza estallar de placer con lo movimientos en su clítoris, me levanté y le di vuelta, empecé besando su espalda, tocándole el culo, sentía su respiración más agitada, deseosa que la tome, así que empecé a penetrarla lo cual los gemidos comienzan de nuevo, comienzo a hacer movimientos sintiendo mi pene dentro su vagina.

Karin no soportó más, me pedía que siguiera, hasta que llegó a su primer orgasmo en la ducha, estaba muy húmeda, después de salir de la ducha nos dirigimos a la cama donde nos echamos besándonos, ella empezó acariciar mi pene, recorriendo mi cuerpo con su boca, llegó a la punta y empezó a besarlo.

Waooooooo, que bien hacía el sexo oral y cuando menos lo esperaba se puso encima mío colocándose suavemente, pero aumentó el ritmo cada vez más, siento que se enloquece, grita y gime, ella seguía cabalgándome mientras se movía, me dediqué a besarle los senos, a besarlos y morderlos suavemente con mucho cariño y ternura.

Ella saltaba cada vez más rápido, como si tuviera resortes en las nalgas y se clava mi pene más y más, tiene los ojos cerrados y se aferra a mí. Hasta que llega al clímax, junto a mí, tuvimos juntos nuestros orgasmos simultáneamente, siento que ella se deja caer hacia atrás, rendida, la tomo con mis brazos y nos recostamos juntos, a descansar un momento de este momento que acabamos de vivir.

Nos quedamos así un rato, hablando de lo que hicimos, de cómo llegamos hasta ahí, y de que ojalá esto no afectara nuestra amistad, bueno, en realidad nunca lo hizo, por el contrario, nos compenetró más.

Tuvimos muchos encuentros más intensos con mucha pasión, pero ahora estamos alejados, pero mantenemos comunicación, se que ambos no olvidamos los intensos momentos que compartimos.

Autor: Sebastián

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Con un desconocido

Empezó a moverse y empujaba con mucha fuerza para que su pene se introdujera totalmente, me soltó una mano y me la puso encima de mi clítoris, sentí que me subía un calor extremo por mis muslos, mis sentidos se anulaban mientras un placer recorría cada poro de mi cuerpo, todo dentro de mí gritaba, y mi voz se entrecortó, oí su voz pidiéndome que me corriera y jadeando como loco.

Me levanté pronto y sentía que ese día la vitalidad me invadía por completo, me vestí y salí a la calle un día espléndido, un sol reluciente y en el aire flotaba un aroma de felicidad que percibían mis sentidos.

Cogí mi coche y conduje por la ciudad sin rumbo, un semáforo hizo frenar mi trayectoria y mis ojos miraron el coche de al lado, un chico moreno miraba con disimulo en mi dirección. ¡umm! pensé.

Mis ojos le miraron con deseo y mi boca sonrió… él asintió y con un gesto hizo que bajara la ventanilla de mi coche, solo con dos palabras me hizo estremecer.

-Me gustas.

Nos dimos los teléfonos y quedamos para tomar una copa esa misma noche…

Uff deseosa.. me fui a comprar algo que ponerme y ropa interior, sabía que esa noche iba a ser loca y muy intensa… feliz con mi nuevo vestido y mi lencería…. me propuse a darme un baño…

Llené la bañera con agua calentita y me sumergí en ella, mi cuerpo se estremecía de placer mientras mis pezones se erizaban, un escalofrío recorrió mi nuca mientras mis manos rozaban los muslos suavemente. Mis manos empezaron a recorrer mi vientre y bajaron hasta mi clítoris, mis dedos jugaban deseosos de dar placer, solo el pensar en ese morenazo y en la noche me estremecía. Un repaso a mi vello publico tenia que estar perfecto para dar placer.

Quedamos en un bar de moda y nada más llegar él estaba al lado de la barra me miró, sonrió, y se acercó hacia mí, umm, su mano sobre mi cintura deslizándose firmemente, me acerco hacia él, hasta que podía percibir su olor, un olor intenso y agradable, sus labios rozaron mis mejillas y me dijo:

-Princesa… nos vamos… a otro lugar más acogedor…

Mi sonrisa era un sí rotundo…(Una cena en su casa y un par de copas fueron el resultado) Me llevó a su casa y después de él entrase… me cogió de la mano y me llevó a su cuarto.

Su boca me besaba, unos labios carnosos y frescos que se deslizaban por mi cuello mi hombro y mis pechos, desabrochó mi vestido y su boca bajaba por mi ombligo hasta llegar a mi tanga… sentí como sus dientes lo mordían y tiraban de la lycra, sus manos lo bajaron y metió su lengua en mi sexo…

Sentí como lo recorría y me empujó hacia la cama, sacó un pañuelo y ató mis manos en el cabezal.

Tapó mis ojos con otro pañuelo mientras hablaba y me relajaba tanto que incluso creí que me corría de placer…

Sentí algo frío que bajaba por mis pechos, un hielo quizás… sii, se derretía al contacto con mi piel, chupaba las gotas de agua que se deslizaban, yo gemía y gritaba mientras le pedía que siguiera, que bajase hasta mi sexo y disfrutara, que me hiciera disfrutar. Su lengua rozó mi clítoris despacio y cada vez más enérgicamente, mi cuerpo se arqueaba mis piernas totalmente abiertas empujaban su cabeza de arriba hacia abajo, su boca se abría y sentía sus labios abiertos y sus dientes mordían los labios jugosos.

La lengua recorría la extensión hasta llegar a mi ano lo mojaba, y eso me haciía gritar de placer, me introdujo un dedo por la vagina y otro por el culo los movía rápidamente y metió dos y tres y cuatro, de pronto noté algo caliente su pene erecto jugaba sobre mi boca…

Saqué la lengua y empecé a jugar lamiendo y chupando con frenesí. Abrí mi boca y me comí su sexo despacio, mi lengua jugaba en el interior de la boca y oía sus gemidos de placer mientras agitaba, movía sus caderas con soltura y cada vez más rítmicamente…. ya estábamos a punto, sacó su pene de mi boca y noté que se deslizaba por encima de mi cuerpo, algo caliente, húmedo y suave se posó sobre mi clítoris y se agitó, noté sus manos sobre mis caderas y con mis piernas abiertas metió su pene en mi vagina bruscamente, esto me hizo retorcer de placer, jadeaba, mordía mis labios y mi cuerpo temblaba.

Empezó a moverse y empujaba con mucha fuerza para que su pene se introdujera totalmente, me soltó una mano y me la puso encima de mi clítoris … yo me acariciaba y me masturbaba mientras él me decía que le gustaba verme tumbada, sin poder ver nada masturbándome y haciendo lo todo lo que él quería.

Esto nos puso a cien y no aguantamos demasiado, sentí que me subía un calor extremo por mis muslos, hacia mi pecho mis sentidos se anulaban mientras un placer recorría cada poro de mi cuerpo, todo dentro de mí gritaba, y mi voz se entrecortó, oí su voz pidiéndome que me corriera y jadeando como loco.

Llegué hasta lo más alto del clímax con fuerza le oí gritar y entre sacudidas de placer se hizo el silencio….

Autora: Princess

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Tarde de sexo

Me recuestas y me miras a los ojos, tus manos recorren rápidamente mi cuerpo, te acomodas y me posees de nuevo, tu peso y los besos que me das al mismo tiempo, hace que gima de placer; entras y sales y tú también gimes conmigo, los movimientos que tú haces incrementan nuestros flujos y me besas lentamente y tú llegas al clímax; entonces sacas tu pene y vas regando todo tu semen.

La lluvia cae como diluvio tú y yo estamos juntos fundidos en un beso de pasión, a pesar del frío ahí afuera, aquí en esta habitación arde en calor, siento tu respiración, tus manos recorren mi cuerpo y van bajando por encima de mi ropa, tratando de fundirse en mi, sigues con mi espalda y tu boca se separa de mi lentamente, mientras me vas recostando y tu boca empieza a besar mi cuello, tu aliento me hace vibrar.

Tus manos se posan en mis senos que corresponden a tu atrevimiento y se erectan, tú los estrujas sobre mi ropa, los masajeas, los mueves tan rápido y dolorosamente, pero en vez de sentir dolor me haces gemir de placer, siento como el calor incrementa y mi respiración se agita, veo tu rostro y tus facciones.

Empiezo a desabotonar tu camisa botón por botón y busco tu boca, te beso y nuestras bocas se van juntando y mis manos te van desvistiendo a prisa mientras estoy sintiendo tu lengua, tu saliva y tus manos que van recorriendo mi cuerpo y quitando todo aquello que le estorbe, me desposas de mi blusa y sigues bajando, entonces me quitas tiernamente la falda y luego empiezas a besar mi abdomen y tu boca se baja y me quitas lentamente mis pantis mientras mi piel se eriza, y seguidamente me despojas del sostén, mi excitación incrementa al mayor grado que mi desesperación por sentir tu piel junto a la mía se agrada y termino de quitarte tu ropa.

Entonces te recuesto y empiezo a besar tu cuello despacio, mi lengua lo recorre y empiezas gemir de placer mientras vas tocando mi espalda, llego a tu pecho, lo beso lentamente y me acercó a tus tetillas y las beso, las muerdo despacio lo que te provoca un quejido de dolor y placer, siento que estás caliente como yo y pides más y sigo bajando rápido y con mucho deseo y llego a tu pene, le paso la lengua y siento que mi cuerpo se calienta al 100%, entonces sigo más abajo llegando a tus testículos los lamo despacio y vuelvo a subir a tu pene que empiezo a lamer la cabeza y abro mi boca despacio y empiezo a meterme toda tu polla y me empiezo a mover con movimientos hacia adelante y hacia atrás.

Trato de tragármela toda y es la sensación más placentera que he experimentado, y es por ello que no quisiera dejar de hacerlo pero entonces me recuestas y vas besando mi cuello y me muerdes despacio y sigues bajando y yo siento que mis flujos vaginales empiezan a escurrir, mientras sigues bajando y llegas a mis senos que están ahí, erectos y duros de excitación que tengo de saber que pronto los mamarás, y así es, por que cuando llegas los recorres, con la punta de tu lengua vas recorriendo cada centímetro, despacio, lentamente y empiezas a mamar uno mientras que con tu otra mano mueves el otro en movimientos circulares.

Mis flujos están cada vez más intensos mientras sigues recorriendo mi cuerpo con tus manos y estás por mis piernas mientras me besas en la boca, la sensación de intercambiar nuestras salivas es genial, mientras vas bajando despacio por mi cuerpo y la excitación es mayor cada rocé de tu piel y la mía siento como tus labios van por mi vientre despacio y tu aliento se acerca a mi vagina y lo siento cada vez más cerca y mis flujos son cada vez más intenso y empiezo a sentir tu aliento cerca, con tu lengua recorriéndola despacio, primero mis labios vaginales y después con un dedo abres mi vagina que está súper mojada con mis flujos, siento como tu lengua se introduce en mi y toca mi clítoris, me hace gemir de placer y tener un orgasmo por los movimientos que tu lengua hace, sin pensarlo mucho mis manos mueven mis senos y mi cuerpo hace movimientos que nunca pensé llegar hacer y en un placer que tampoco llegué a esperar.

Entonces tú te recuestas sobre de mi con tu miembro totalmente erecto estás súper excitado y yo igual aun quiero más y eso es increíble para mi así que empiezas moverte despacio sobre de mi sin penetrarme y aquella sensación es como un martirio para mi y te pido que me penetres abriendo las piernas y siento como tu pene se va introduciendo en mi y siento tu peso y quiero saber si estás aquí si esto no es un sueño y te entierro las uñas para saber y como muestra de todo el placer que estoy sintiendo.

Luego me cambias de posición y me sientas sobre de ti y así eres más enorme y me produce mayor placer y dolor, pero me gusta y empiezo a gemir mientras tus manos mueven mis caderas y mis manos toman mis senos y los mueven duro mientras tú me estás moviendo y eso hace que mis jugos empiecen a salir desenfrenadamente.

Me inclino y te doy un beso tú accedes y al estar así hace que tengamos un orgasmo es decir que toquemos el cielo juntos, y nos quedamos fundidos uno al otro sin separarnos ya que nos queremos sentir.

Afuera la lluvia a cesado pero nosotros no…

Y luego me recuestas lentamente y me miras a los ojos y me sonríes, tus manos recorren rápidamente mi cuerpo, te acomodas y me posees de nuevo, tu peso y los besos que me das al mismo tiempo hace que gima de placer; entras y sales y tú también gimes conmigo, los movimientos que tú haces incrementan nuestros flujos y me besas lentamente y tú llegas el clímax; entonces sacas tu pene y vas regando todo tu semen, lo vas regando por mi cuerpo desde mi vello púbico y sigues el camino de mi ombligo hasta llegar a mis senos y yo estoy sintiendo todo tu semen caliente y muy excitante.

Y ahí en mis senos te empiezo a masturbar con ellos y empiezas a gemir y es tanto placer que no te puedes contener y te vienes, algo salpica mi en mi rostro y tú empiezas a recorrer mi cuello con tu semen que llega hasta mis labios lo pones sobre ellos…yo los abro lentamente y siento tu semen que cae y lo empiezo a mamar y esto hace que eyacules de nuevo y tomo gustosa, lo sacas de mi boca y lo vas pasando por mi cuello y mis senos y ahí viertes la otra parte que te quede y luego te recuestas en mi y nos quedamos largo rato así observándonos y besándonos…

Luego me recuesto en tu pecho y me abrazas, te volteo a mirar y tú también lo que haces y te beso de nuevo, me siento dichosa por tenerte a mi lado al igual que tú… .

La lluvia a empezado de nuevo y tal vez si tus fuerzas y las mías regresan y volvemos a repetir sin esperar mucho.

Autora: Ana N.

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Haciendo el amor con María

Quedo sentado con ella cabalgándome y me dedico a sus senos, los cuales beso con pasión, ella está como posesa cabalgándome. Salta como si tuviera resortes y se clava mi pene, tiene los ojos cerrados y se aferra a mí como si fuera a írsele este momento de entre las manos, llega al clímax, junto a mí, tenemos nuestros orgasmos simultáneamente, y siento que ella se deja caer hacia atrás, rendida.

No iniciaré esta historia con el típico este es un caso 100% real, ni diciendo que tengo un pene de 25 cms. y que la protagonista de la historia es una mujer 10. El relato se basa en algo que me sucedió, soy un tipo normal, y lo que me pasó no se si le pase a cualquiera. Lo cuento porque llevo un tiempo leyendo las historias relatadas en esta web. Vivo en Colombia. No entraré en detalles, digamos que mi nombre es Eric y el de la protagonista de la historia es María.

Esa noche me conecté al MSN como tantas otras, estaba revisando mi correo cuando vi que uno de mis contactos se puso en línea. Era María, llevábamos un buen tiempo de conocernos, pero hasta esa noche entre nosotros no había pasado nada que fuera más allá de una simple amistad. Nos bromeábamos y comportábamos como buenos amigos, y en las noches nos encontrábamos a veces en el MSN y charlábamos un poco por ahí.

Esa noche no fue diferente, estábamos platicando acerca de nuestro día, como nos había tratado, y lo cansados que estábamos. En eso le hice una pregunta que a veces hacíamos en tono de broma, ¿María, ya estás con tu pijama puesta?, si es así, ¿me dirías como es?, a lo que ella respondió, No se si decirte, pensarás que esta niña anda muy pobre. Vaya, ese comentario me despertó la picardía y le insistí e insistí hasta que me lo dijo, me dijo que sólo tenía puesto un panty y una camisetita muy delgada, porque tenía calor. Su respuesta fue más de lo que esperaba, pero a la vez, a mi mente se me vinieron miles de pensamientos.

Ella no es para nada fea, piel blanca, ojos castaños, aproximadamente 1.70 mts. de estatura, unos senos paraditos de esos que invitan a ser devorados, un culo de esos de infarto, en resumen, un monumento de mujer. Me encontraba divagando hasta que sus mensajes me devolvieron a la tierra, pero la conversación subió de tono, hasta que me dijo que se iba a dormir, a lo cual respondí diciéndole que le enviaba un abrazo grandísimo y un par de besos igual de inmensos para que los dejara llegar a donde ella quisiera, otro de nuestros comentarios a modo de broma que antes de esa noche no había significado demasiado.

María me respondió diciendo que le daban cosquillas ahí, a lo que pregunté donde habían llegado, y me dijo que a sus senos, que si me molestaba o no. Por supuesto que le dije que no, pero que era una lástima que no fueran un par de besos reales, sino cyber besos, a lo que le contesté que si, que era una lástima, y ella me dice: ¿Quisieras venir a mi apartamento y hacerlos reales?, a mis senos les encantaría, están aquí todos paraditos. En ese momento sólo recuerdo que no pensé, de haberlo hecho pude pensar que era una broma y que me haría ir a su departamento para luego decirme que era un fresco, o que había caído. En lugar de eso, le dije que en 15 minutos estaba en su departamento, apagué la computadora a toda velocidad y me dirigí hacia allá.

Tras llegar a su edificio y llamar a su puerta ésta se abrió lentamente, dentro había poca luz, pero ella estaba tal cual me lo había descrito. Su panty a duras penas escondía su sexo, y a través de su blusa se entreveían sus pezones erectos. Era todo un pedazo de mujer a mi disposición, y se veía lujuriosa, deseosa de mí. Antes de decir algo se llevó su dedo índice a la boca para decirme que no dijera nada, y me abrazó, nos besamos en ese momento, fue nuestro primer beso, y como olvidarlo, no todos los días se da ese paso de amigo a amante, y menos con una de esas mujeres que cualquiera desearía tener. Ella tenía su plan, desvestirme lo más pronto posible, pero el mío era diferente, así que a tientas la llevé hasta su cuarto, aprisionándola contra mi cuerpo, quería sentir su piel desnuda, era suave, y olía delicioso.

Ya en el cuarto la recosté en la cama, mientras le sacaba su blusa, ahí estaban sus senos, no me hice esperar, comencé a besarla, desde la boca, bajando hasta sus senos, me pegué a ellos como un bebé buscando su leche, he de decir que no veía su cara, pero sentía como su cuerpo se movía de un lado para otro y sus gemidos comenzaban a salir de su boca. Después de unos minutos ahí comienzo a bajar, con mis labios rozando su piel, hasta llegar al elástico de su panty, el cual comienzo a bajar muy despacio, mmmmm, se ve tan tentador, pensar que antes de esta noche no pensé conocerlo nunca, y ahora esta ahí, todo mío.

Pero no pienso en penetrarla inmediatamente, antes quiero hacerla estallar de placer, así que bajo su panty y sigo besando sus muslos, cada vez yendo más hacia su parte interna, cada vez más cerca de su sexo. Ella siente mi respiración ahí y me dice que le dan cosquillas, pero antes que responderle comienzo a besarla ahí, con mi lengua acariciándola junto a mis labios. Los gemidos comienzan de nuevo, comienzo a hacer movimientos circulares con mi lengua, eso la enloquece, mientras encuentro su clítoris, el cual consiento como si fuera un bebé.

María no soporta más, me pide que le haga el amor, mientras soy testigo de cómo llega a su primer orgasmo. La dejo que se relaje un poco y termino de desvestirme, para ese punto solo llevaba mi jeans y mis bóxer, los cuales me saco, y comienzo a jugar con mi pene en la entrada de su vagina, y cuando menos lo espera la penetro, primero suavemente, pero aumento mi ritmo cada vez más, siento que se enloquece, grita y gime, pero esta posición del misionero me cansa, además de que me vengo más rápido, así que sin sacársela la giro con ella y queda sobre mí, levanto mi tronco y quedo sentado con ella cabalgándome, mientras lo hace me dedico de nuevo a sus senos, los cuales beso, estrujo, se podría decir que los castigué con cariño, con pasión, mientras ella está como posesa cabalgándome.

Salta como si tuviera resortes en las nalgas y se clava mi pene más y más, tiene los ojos cerrados y se aferra a mí como si fuera a írsele este momento de entre las manos. Hasta que llega al clímax, junto a mí, tenemos nuestros orgasmos simultáneamente, y siento que ella se deja caer hacia atrás, rendida, la tomo con mis brazos y nos recostamos juntos, a descansar un momento de este momento que acabamos de vivir. Nos quedamos así un rato, hablando de lo que hicimos, de cómo llegamos hasta ahí, y de que ojalá esto no afectara nuestra amistad, bueno, en realidad nunca lo hizo, por el contrario, nos compenetró más.

Ahora ella y yo estamos un poco alejados, por razones de nuestras ocupaciones, pero nunca olvidaré esos momentos que compartimos.

Autor: Ericdraven

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Te dije que esto no terminaba allí I

Ángeles sentía como esa pija se abría paso en sus entrañas y le parecía estar en el paraíso, de a poco  el clímax se  iba  acercando. Se  balanceaban, él la metía y sacaba hacia círculos en la concha y los dos estaban mojados, muy mojados. Ella le seguía el compás, ampliaba sus movimientos consiguiendo  de esa forma aumentar el placer de ambos.

Para mejor comprensión de este relato resumimos brevemente dos anteriores publicados en esta página  con los títulos la inevitable infidelidad (primera y segunda parte). Allí contábamos un hecho real: Ángeles y Salvador después de dos años de compartir fantasías en el chat, se ven  por un viaje que el hace por trabajo a la ciudad donde Ángeles vive. Tuvieron  dos encuentros en los que rompieron  la promesa de no pasar de lo virtual.

En el momento en que se separaron después de una intensa noche,  Ángeles le dijo. Sabes una cosa: esto no termina aquí.

Casi un año después  un curso de su especialidad (ella es médica) le dio a   Ángeles la ocasión de viajar a Buenos Aires por una semana. Un seminario sobre Uso Racional de la Energía (él es ingeniero) fue el motivo por el cual Salvador pudo quedarse en esos mismos  días en un pequeño departamento que tiene en el barrio de  Belgrano.

Un domingo de octubre a media tarde  Salvador viajó a Buenos Aires y despidió en  Aeroparque  a  su mujer que viajaba al interior. Pocas horas después ya instalado en el departamento recibió el llamado de Ángeles anunciándole que su avión había aterrizado y ya estaba en el taxi  camino a su hotel. Combinaron cenar y Salvador la buscó en su auto un rato  después.

Se saludaron como amigos, tratando de ser discretos. Ángeles, estaba muy elegante con  una pollera amplia y una blusa semitransparente. Salvador llevaba un pantalón gris, una chomba azul clara  y mocasines negros.

La cena fue breve y muy agradable. Evitaron temas que los excitaran porque ambos habían acordado que esa noche era solo de amigos.

Luego fueron  hasta el departamento de Salvador para que Ángeles lo conociera y lo ubicara. La excusa fue compartir un café.

Mientras  él lo preparaba  ella recorrió el departamento y fue al baño. Allí comprobó lo que ya sentía: estaba más que  húmeda,  empapada. Cuando volvió a la cocina  al verlo notó que algo de   Salvador estaba creciendo y abultaba ya la  tela fina del pantalón. No lo hablaron pero no dudaron. Tenían tiempo para hacerlo.

Ángeles lo rodeó con sus brazos desde atrás y Salvador sintió en su espalda los pechos endurecidos.  Se  movieron y luego fue Salvador quien la abrazó  también desde  atrás, besándola tras las orejas y en el cuello. La cola de ella se hundió buscando sentir ese bulto que a esta altura tenia las dimensiones de la pija que ella deseaba. Se enfrentaron y se besaron largamente. Las lenguas jugaron, se enredaron y ese juego los puso a mil.

Entonces ella se sacó la tanga de encaje negro y la tiró. El hizo lo mismo con el pantalón y ella le sacó el bóxer. Los tiraron al suelo: era parte del juego previo.

El la alzó y la sentó sobre la mesada. Ella levantó su pollera amplia hasta que solo le cubrió  la cintura. Y se ofreció.

El la miró. Gozó del olor a mujer en celo. Vio como estaban levemente hinchados  los labios mayores brillando por el flujo húmedo que los lubricaba. Ella acarició suavemente la pija y la acercó a su concha. El prepucio corrido y la cabeza también brillante por los jugos preseminales. Jugó frotando los sexos uno con el otro y luego la acomodó  para que él pudiera penetrarla.

Gozaron cada milímetro de  la penetración,  hasta que ambos sintieron que todo estaba adentro. Ella cruzó las piernas por detrás de la cintura de él para acercarse cuanto fuera posible y empezaron el caliente balanceo, las cadencias morbosas, los movimientos que buscaban y encontraban los rincones que más placer les daban, las respiraciones entrecortadas. Todo era lujuria en ese momento.

Ángeles sentía como esa pija se abría paso en sus entrañas y le parecía estar en el paraíso, de a poco  el clímax se  iba  acercando.

Se  balanceaban, él la metía y sacaba, hacia círculos en la concha y los dos estaban mojados,  muy mojados…Ella le seguía el compás, ampliaba sus movimientos consiguiendo  de esa forma aumentar el placer de ambos.

Sin dejar de moverse ella le sacó la remera. El hizo lo mismo con la blusa de Ángeles,  ella se desprendió y casi se arrancó  el corpiño y finalmente en un apretado abrazo las  tetas se hundieron en el pecho de él. Luego él las acaricio, besó los pezones, se amamantó mientras ella le hacía saber con sus palabras y con los suaves arañazos en su espalda, cuanto le gustaba, cuanto gozaba.

Ángeles exploró todas las posibilidades que le daba esa oposición tan poco común. Bajó ambas piernas y sintió como el roce se concentraba en la parte delantera de su vagina  y en el  clítoris y enloqueció de placer. Las cruzó tras la espalda de Salvador y lo atrajo. Jugó  contrayendo y soltando los músculos de la vagina. Eso enloqueció a Salvador. Finalmente las puso sobre los hombros de él y en esa posición le pidió que con un  dedo la penetrara por atrás.

El lubricó sus dedos con la saliva y el flujo de Ángeles y lo acomodó esperando que ella se relajara y se  abriera. Pararon en los movimientos y enseguida sintieron como se aflojaban el esfínter y el dedo casi sin presión se hundía en el culito de ella.

Volvieron entonces a moverse en un va y ven enloquecido que aumento aún más, si era posible, la excitación de ambos que querían que durara mucho, pero las ansias que tenían de  comerse no los dejó, así que dieron rienda suelta al orgasmo que llegó como un torrente….

Recién en ese momento, cayeron en la cuenta de que estaban cogiéndose como tantas veces lo habían hecho virtualmente  y una única vez realmente…

Extenuados, se abrazaron ya de pie y con la mirada se dijeron todo… y sobre todo, que esto no terminaba en ese momento…

Una rápida ducha (no había tiempo para más) en la que no faltaron las caricias que ambos seguían deseando dar y recibir… Al jabonarse uno al otro, hubo roces y hasta leves penetraciones que gozaron.

Mientras ella se secaba el pelo él sirvió el café postergado. Se vistieron y muy formales hicieron el trayecto hasta el hotel de Ángeles. La recepcionista le preguntó al darle la llave ¿Fue buena la cena? Ella respondió. La cena buena… El postre excelente.

Cuando entró a la habitación sonó el teléfono: la llamaban desde su casa.

Autor: Ángel Salvador

salvangeles@live.com.ar

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Me follé dos hembras en la madrugada

Ambas hembras se arrodillan y cada una atrapa una bola con su boca succionándolas con fuerza y mientras con sus cuatro manos me manosean toda la verga que a esa altura mi  glande estaba morado y de un tamaño que creí que se iba a reventar y comienzo a gemir como un animal mientras me corro y ambas se abalanzan al glande para atrapar mi semen que salía por cantidades.

Estimados amigos, leo frecuentemente los relatos que han publicado y me gustan muchos de ellos. Yo me estoy iniciando con este relato y se trata de la siguiente experiencia que gocé mucho:
Hace un par de años, tuve una experiencia con dos mujeres, cosa que nunca había esperado que me ocurriera; había visto varias películas porno y como hombre soñaba algún día gozar teniendo sexo con dos mujeres, pero de ahí a que eso se convirtiera en realidad era otro cuento.

La historia es la siguiente, tenía una novia por varios años, con la cual teníamos una buena relación que por supuesto incluía la cama. Sin embargo, la relación se fue enfriando hasta que terminamos. Después de eso, pasaron varios meses sin que tuviera contacto con mujeres y al séptimo mes, estaba con mucha ansiedad… de sexo, ya no bastaban las noches con masturbaciones y viendo películas porno, por lo que decidí un día ir a una de esas fiestas que promocionan para solteros y solteras.

Conocí a un chica, digo más bien una mujer de unos 30 años (yo tenía 36) de buen cuerpo, llamada Sofía, se notaban firmes su culo y tetas; bailamos, tomamos unos tragos y con buen tema de conversación, bien pasada la media noche le ofrecí llevarla a su departamento, a lo cual aceptó con entusiasmo, lo que me hizo pensar en que tendría posibilidades de sexo esa noche y al momento de irnos me dijo que en la fiesta estaba su amiga Alicia con quien compartía el departamento y me pidió si la podía llevar también, le dije que por supuesto que sí, pero en mi interior me dije “cagó mi noche de sexo”.

Al llegar a su casa, ambas me invitaron a pasar un rato a charlar y tomar otro trago, la amiga debo decir que estaba muy rica también. Todo normal hasta que Alicia dijo que se iba a su dormitorio y quedamos Sofía y yo solos; eso me hizo volver a la acción e intenté abordarla, le besé el cuello y  acariciarla, al principio se mostró un poco fría pero a medida que fui subiendo la intensidad de mis besos y caricias se fue entregando…

Nos revolcamos en el sofá y como podía me fui despojando de zapatos, camisa y pantalón y también le fui tirando la ropa a ella. En eso, ella me detiene y quiere que vayamos a su cuarto, al ponerme de pie se percata que solo llevo puestos mi bóxer blanco de algodón elastizado y nota la silueta de mi verga dura, debo decir con orgullo que es grande, a lo cual exclama picaronamente…

“Ummmm….. Que riiiicooo…” me lleva por el pasillo y no me toma de la mano, sino que agarra firmemente mi bulto y me arrastra a su dormitorio.

Ya en su cuarto que era amplio con cama de dos plazas y una banca de tapiz rojo oscuro a los pies, seguimos besándonos. Yo estaba muy excitado, Sofía se saca el resto de ropa que tenía y hace que me recueste de espaldas en la banca que no era más ancha que mi cuerpo, me abre las piernas y se arrodilla para acercar su cara a mi entrepierna…

Que delicioso y excitante fueron sus besos y suaves mordidas sobre mi verga aún dentro del bóxer, me lo quita y para mi sorpresa no atiende mi verga dura que apuntaba al techo, comienza a besar y lamer mi escroto (zona que me afeito regularmente), se introduce una bola en la boca y siento como cierra sus labios atrapándola y su lengua tibia e inquieta acaricia mi bola por todas partes y la succiona fuerte como queriendo separarla de mi cuerpo, a lo que yo gimo de placer…

Repite lo mismo con mi otra bola y mi verga comienza a dar latidos y saltos de excitación, le ruego que me lo mame y ella  con un gesto me dice que espere, que deja lo mejor para el final.

Saca un aceite aromático de su velador y me unta la verga y bolas, y comienza a darles el mejor masaje de mi vida y luego se come mi glande, chupándolo y lamiéndolo en todo su contorno como si fuera un helado en barquillo que se está derritiendo, y a cada tanto se tragaba toda la verga; yo a esas alturas estaba entregado después de tantos meses sin sexo, con mi rostro mirando al techo.

En eso noto una luz en el techo que me indicaba que alguien abrió la puerta del cuarto que estaba a mi espalda, al momento supe que era la amiga y no hice ningún gesto que delatara que me había dado cuenta y cierro mis ojos, pensé “… le gustará mirar a su amiga mientras goza con un tipo… y esa idea más me excitaba”

Para mi gran sorpresa abro los ojos y Alicia estaba de pie encima mío, desnuda, con su piernas abiertas sobre mi cara y mirándome mientras Sofía no para de chupar y chupar mi verga, me pregunta que quiere participar (yo no lo podía creer) y con mis manos la atraigo hacia mí  para que su coño quede en mi cara y se lo lamo y saboreo sus fluidos con desesperación mientras gime de placer.

Como verán era mi primera experiencia con 2 hembras, y me sorprendo aún que no haya acabado rápido, cuando estaba a punto de correrme, me zafo de ellas dos y me pongo de pie… quería correrme de pie para disfrutar el orgasmo al máximo…

No sé si a otros tipos le pasa lo mismo, porque estando de pie y sentir el peso de mi verga erecta  y bolas colgando mientras me corro siento que el clímax es más intenso…

Volviendo al tema, ambas hembras se arrodillan y cada una atrapa una bola con su boca succionándolas con fuerza y mientras con sus cuatro manos me manosean toda la verga.

A esa altura mi  glande estaba morado y de un tamaño que creí que se iba a reventar y comienzo a gemir como un animal mientras me corro y ambas se abalanzan al glande para atrapar mi semen que salía por cantidades…

No dejan que se pierda ninguna gota y se turnan para exprimir mi pene chupando hasta la última gota…. Quedé exhausto y los tres dormimos juntos.

En el siguiente relato, les cuento la segunda parte… Como me follé a estas dos hembras en la madrugada y me fui a vivir con ellas para darles duro muchas veces…

Autor: Álvaro

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Con mi segunda suegra

Se sentó sobre mí para ensartarse en Jaimito, y comenzar el polvo tan deseado, me estás matando, fueron palabras que le escuché decir. Gritó de placer en un primer orgasmo en que todo su cuerpo tembló en mis manos. Yo bramaba de placer, tuvo un segundo orgasmo, y luego se echó sobre mi pecho, buscando mi boca con la suya. Y al llegar al clímax mi grito de gozo se apagó en su boca.

Personajes: Yo: Me llamo Miguel, tengo un estudio de asesores de seguros, en sociedad con un amigo, y nos va muy bien. Tengo 55 años y estuve felizmente casado durante 25. Tengo dos hijos, ya casados, una vive en Bariloche, y el varón en Estados Unidos. Enviudé hace cinco años, y entonces comenzó mi período de “viudo alegre”, en el cual me puse al día respecto de los veinticinco años de monogamia y fidelidad a mi esposa. Hace un par de años conocí a Virginia, incorporándola al grupo de amigas íntimas. Un año después decidimos iniciar una nueva etapa, y desde entonces se vino a vivir conmigo.

Virginia: Es mi actual mujer, doce años menor que yo, divorciada y sin hijos. Es abogada de una importante empresa que tiene varias plantas industriales en el interior. Nos conocimos durante mi alocada vida de “viudo alegre”, cuando la incorporé al grupo de mis “amigas íntimas” Pero…nos enamoramos, y logró que en poco tiempo me decidiera volver a la monogamia, aunque fuese informalmente.

María Julia: Mi segunda suegra, madre de Virginia. Unos años mayor que yo (63), también divorciada, muy independiente, sin duda no le interesó reincidir en el casamiento, aunque, por lo que pude saber, siguió interesándose por los hombres, pero siempre sin comprometer su independencia. Tiene un negocio de venta de lingerie en Bahía Blanca, donde también vive su hijo, casado con tres chicos, abogado con un estudio al que le va muy bien.

La historia:

María Julia viajaba con frecuencia a Buenos Aires, para comprar mercadería para su negocio, y se alojaba en un appart hotel, porque el departamento de Virginia era muy chico, y a ninguna de las dos le interesaba perder independencia. Pero ante nuestra insistencia, unos meses después de habernos juntado, comenzó a alojarse con nosotros en mi piso, un dúplex  frente al Jardín Botánico. La había conocido en la reunión familiar que hicimos en casa cuando decidimos vivir juntos, y desde el comienzo hubo entre nosotros muy buena onda. Solía tomarme el pelo mencionando mis supuestas aventuras como viudo alegre, y digo supuestas porque creo que no sabía nada concreto, pero las imaginaba. Cuando lo hacía le seguía la corriente, y terminaba siempre diciéndole que esperaba que si había sido muy loco como viudo, al volverme a casar, sería fiel a mi mujer, y entonces no tendría que preocuparse por la felicidad de su hijita.

Como había sido muy discreto en ese período, mi círculo de amistades solo suponía, pero nunca sabía nada en concreto. Solamente en alguna oportunidad algunos pudieron verme muy bien acompañado, en lugares públicos, y generalmente por distintas mujeres. Fuimos entrando en confianza a medida que no veíamos más frecuentemente, y a medida que ello ocurría cada vez que hacía comentarios sobre mis aventuras como viudo, comencé a retrucarle sugiriendo que ella no se quedaba atrás, y que además operaba al mismo tiempo en Bahía y en Buenos Aires. Es que si bien no tenía detalles, había tomado nota de los comentarios que más de una vez había hecho Virginia. Y por supuesto cuando nos visitaba, la mayor parte de las noches salía por su cuenta. Claro que eran muchas las oportunidades en las que invitaba a mi mujer y mi suegra número dos al cine o teatro, y a cenar en lugares “de onda”, programas en los que todos lo pasábamos rebien.

Fue a comienzos de un mes de marzo. Marijú, como la llamábamos, había venido por una semana, y el fin de semana salimos a navegar con mi Huija, un crucerito con comodidad para cuatro personas. No conocía el Delta, y la llevé a recorrer varios rincones muy lindos. Esa noche, ya fondeados en una de ellos, y mientras preparábamos todo para comer, tomamos varios tragos; a Marijú le encantaron mis negronis, mi mujer solo tomó jugo de naranja, pero con vodka, aunque solo un poco, que apenas lo acercaba a un destornillador, y yo también opté por los negroni. Era toda comida fría, algunas tartas, jamón, pesceto al horno frío, y algunas ensaladas. Mi suegra number two, como a veces la llamaba, estaba bastante alegre, sobretodo porque durante la comida habíamos pasado a un excelente vino chablis.

Como era bastante frecuente surgió el tema de la fidelidad, y Marijú insistió a su hija en su comentario sobre “querida, tu marido es un encanto, hacele caso a tu madre y cuídalo mucho, puede ser que en su primer matrimonio haya sido fiel, pero después de cinco años de disfrutar de la vida…creo que si se le presentara una buena oportunidad no vacilará en tirarse una canita al aire”. Virginia salió en mi defensa “Mamá, eso ya pasó, y Miguel no sería capaz de hacerlo, le tengo absoluta confianza, ¿no es cierto mi querido?”. A lo que con la mayor convicción le aseguré que así era, ratificándolo con un largo beso en la boca. Marijú aplaudió, y dijo a su hija “lo creo sincero, pero por si acaso tratalo muy bien, si fuera posible mejor que cuando todavía no vivían juntos”.

Terminamos de comer en el mismo tono de conversación, me ayudaron a guardar todo, puse la vajilla en el lavaplatos, y salimos a cubierta para disfrutar de la luna, que nos iluminaba con su tenue luz. Como estaba algo fresco, entramos, nos despedimos de Marijú, que dormiría en el camarote de proa, y dispone de baño. El camarote del capitán (yo) tiene cama matrimonial, y baño. Esa noche hicimos el amor intensamente, dormimos muy bien, abrazados, y a la madrugada, al despertarme, con mi Virginia dándome la espalda, la abracé desde atrás, empecé a besar su cuello, mientras mi mano izquierda, pasada debajo del cuello acariciaba sus lolas, dando suaves pellizcos a los duros pezones. Acercó su cola a la mía, y llevando un brazo hacia atrás ayudó a que los cuerpos se unieran.

Mi verga ya estaba a punto, tomé su pierna derecha y levantándola la pasé detrás de mi cintura; con la mano derecha guié mi herramienta a destino, y apenas sintió que rozaba sus labios (los verticales), empujó hacia atrás, yo adelante, y los diecinueve cm. la penetraron. Los dedos de mi mano derecha buscaron al duro botoncito, giró su cara por sobre su hombro para recibir mis besos, y así, tipo cuchara, completamos nuestro polvo matinal. Luego dormimos un rato, y me levanté para luego de lavarme la cara pasar a la cabina y preparar el desayuno. Eran las ocho y media, y mi suegra no daba señales de vida. Mientras se calentaba el agua salí a inspeccionar las amarras, tomada de unos álamos. Estaba todo bien, y al volver a la cabina me encontré a Marijú, que me saludó con un “hola mi yerno número dos, ¿como se portó mi nena?, hizo el tratamiento que le recomendé?”.

Le respondí que no sabía a que se refería, a lo que me dijo “me refiero a atenderte como se debe, para que no caigas en tentaciones”.   Cambié de tema, y le pedí que fuera poniendo la mesa. Virginia salió del camarote fresca como una lechuga y realmente muy deseable. Desayunamos bien, con jugos de pomelo y de naranja, muy buen café con leche, tostadas con manteca y mermelada y algunas medialunas. El cielo estaba despejado, y mi mujercita sugirió que tomáramos sol, antes de que fuera muy fuerte. Abriendo su robe nos mostró que ya tenía su bikini. Marijú y yo fuimos a cambiarnos a los respectivos camarotes y poco después estaban en proa, tendidas en colchonetas, mientras yo ponía en marcha el equipo de audio y colocaba un par de CD, de acuerdo con sus pedidos.

Marijú pidió a su hija que le colocase protector solar, estaba acostada boca abajo y le pidió que soltara todas las tiras de su bikini. Con Virginia nos untamos uno al otro, también soltó la tira del cuello de su bikini, y se acostó a mi lado, boca arriba, acostada entre su madre y yo. Dormitamos un rato, ya que nadie tenía ganas de charlar. Me levanté para controlar la radio, y las amarras. Al regresar las encontré sentadas, charlando con la parte superior del bikini suelta, de modo que solo los sostenían los breteles, algo flojos, que permitían una mayor vista de cuatro muy buenas lolas. Presté mayor atención al físico de mi suegra, y decidí que a pesar de su edad, ocho años mayor que yo, estaba muy buena y deseable. Pero por supuesto en esa época ni se me ocurría considerarla como otra cosa que mi suegra.

El lugar es bastante escondido, pero pasaron un par de barcos, con solo una pareja en cada uno, que me deben haber puteado por ocupar ese rincón de nuestro Delta, donde con mi Huija he pasado tantos buenos momentos con muy buenas compañeras,(que varias veces fueron más de una, para pasar un fin de semana DA3). Pero es costumbre en el Delta que en lugares como ese el primero que llega tiene derecho a quedarse, y a nadie se le ocurre fondear a muy pocos metros del que llegó antes. Solo una vez me había ocurrido, pero valió la pena pues era una pareja que buscaba disfrutar de a cuatro, y mi acompañante fue lo suficientemente piola como para aceptar la situación. Fue una noche de sábado inolvidable, y un domingo increíble. Nos hicimos amigos, y repetimos el programa un par de veces.

Le había prometido a Marijú que pasearíamos por la mañana, para almorzar en un recreo donde las parrilladas son de primera. Se lo recordé, y aceptaron, pero aclarando que no pensaban ayudarme en nada, pues estaban muy cómodas. Y que preferían quedarse un rato más en ese lugar. Así que al rato fui a la cabina, preparé unos gin&tonic, y los llevé en una bandeja con queso y salame cortado en dados y algunos saladitos. Luego de tomarlos, comencé con la maniobra, puse en marcha el motor, largué las amarras una por vez, y zarpamos. No tuve problema, porque tengo todo previsto como para no necesitar ayuda, la maniobra solo demoró unos minutos más, para reiniciar el paseo por los canales. Me instalé en el timón del Fly-bridge (sobre la cabina), desde donde disfruté viendo a dos mujeres magníficas, que al rato estaban en top less, disfrutando del sol. Antes de hacerlo Marijú me preguntó: “querido yerno, ¿te molestaría que me saque la parte de arriba del bikini?, me gustaría quemarme sin marcas de ropa, y el momento es ideal, total…vos sos el único que nos ve, soy tu suegra, y algo mayor que vos”.Lo primero que cruzó por mi mente fue decirle: no tengo problema, me gustan tus lolas, y disfrutaré viéndolas. Pero solo respondí que no tendría problema, total todo quedaba en familia. Pero en el fondo me di cuenta de que Marijú estaba en lo cierto cuando había dicho que el Miguel de ahora no necesariamente era como el de su primer matrimonio, y pensé entonces que si bien no la buscaría no estaba seguro de poder resistir la tentación si mi suegra me diera pie.

Y me encontré pensando en lo bueno que sería tener mi boca sobre esas areolas oscuras, con pezones como pasas de uva. Deseché esos pensamientos y mi vista y pensamientos se limitaron a las estupendas tetas de mi mujer. Les fui señalando algunas casas de las muchas que hay   en el Delta, y paseamos hasta la una y pico, fondeamos frente al recreo, y esperamos la lanchita que nos llevaría a tierra. Ellas solo agregaron un pareo envuelto en la cintura, y descalzas bajaron conmigo. Ah, olvidé decir que se habían vuelto a poner la parte superior de los bikinis.  De todos modos fueron muchas las cabezas que se dieron vuelta para admirarlas, o para envidiarme, o para envidiar sus figuras, según fuera quien observaba. Nos instalamos en una mesa de la galería, con muy buena vista, y almorzamos una muy buena parrillada, que acompañamos con una botella de vino rosado bien helado. De postre una ensalada de frutas, luego unos buenos cafés, y…de vuelta al Huija.

Decidimos dormir una siesta, y como no había mucho movimiento en el río, no abandoné el fondeadero. Como había dejado cerrada la cabina, y el aire acondicionado encendido, sentimos al entrar una oleada de aire frío. Nos instalamos en nuestros camarotes, y por supuesto hice el amor a mi mujer con el entusiasmo de siempre, aunque quizás un poquito mayor, para tranquilizar mi conciencia. Cuando nos levantamos, ya estaba Marijú vestida, y sentada en los asientos de popa, hojeando una revista. “Hola chicos, ¿descansaron? Les aseguro que los envidié”. Virginia se ofreció para preparar té, pero no tuvo eco. Y como ya era tiempo de iniciar el regreso, puse en marcha el motor, Virginia fue a proa para controlar la cadena del ancla hasta que levamos, y acomodó todo antes de venir al puente alto donde su madre ya estaba junto a mí, observando la maniobra. Ya se había armado la caravana, regresando más o menos a la misma hora los que habíamos salido durante el sábado y domingo.

Un tráfico muy grande, que requería mucha atención, ya que a pesar de las varias embarcaciones de la Prefectura Naval que observaban a los infractores, abundaban quienes no aminoraban su velocidad cuando se cruzaban con otro más pequeño, o   los que siendo de gran tamaño circulaban muy rápido, molestando a los demás. Los observados recibían avisos y retos por radio, y toques de sirena. . Llegamos a la marina cerca de las seis y media, Alejandro, mi marinero de muchos años nos esperó,   para ayudarnos a bajar los bolsos, heladeras y demás que llevamos luego hasta el auto. Quedó a luego a cargo del Huija, para ordenar y acomodar todo.

Marijú me agradeció varias veces por el programa, y al llegar a casa nos avisó que esa noche no cenaría con nosotros, pues tenía una invitación de un amigo. Ginny y yo nos dimos una ducha juntos, y nos portamos bien, solo nos jabonamos mutuamente, y apenas hubo caricias, aunque sí unos cuantos ricos besos. Nos vestimos solo con una robe liviana, y bajamos al playroom, para ver tele. Más tarde comimos algo, y solo bebimos jugo de frutas. A las nueve apareció Marijú muy elegante, perfectamente peinada y maquillada, llevaba un excelente perfume muy adecuado. No dudé de que esa noche compensaría los deseos que pudo haber tenido al estar tan cerca nuestro sabiendo que estábamos gozando haciendo el amor. Pensé que se merecía esa compensación, ya que sin duda la madre de mi mujer estaba rebuena. En sus posteriores viajes, nunca dejó de mencionar sus dudas acerca de lo permanente de nuestra mutua fidelidad, solía agregar que era muy difícil, considerando lo intenso que había sido mi período de “viudo alegre”.

Tanto Virginia como yo le asegurábamos que estaba equivocada, y no debería ser tan desconfiada. Pero…me di cuenta que en alguna que otra ocasión me estaba costando evitar las tentaciones que debido a mis actividades se presentaban con bastante frecuencia. Nunca había tocado este tema con Virginia, pero la insistencia de su madre ya me hacía tener mis dudas. Al fin y al cabo ella había tenido, al igual que yo un largo tiempo sin preocuparse por ser fiel a alguien, y según lo que me había comentado, no lo había pasado mal. Estábamos a mediados de Junio, ya casi en invierno, cuando en uno de los viajes de Marijú coincidieron varios hechos que pusieron a prueba su teoría. Llegó a casa un domingo a la noche, y la fuimos a buscar a Aeroparque, el tiempo era un asco, lloviznas, frío, y además viento. El avión se retrasó, y al llegar comentó que durante el viaje se había sacudido mucho por la turbulencia. Cuando propuse ir a comer antes de ir a casa, me dijo que agradecía la intención, pero como no se sentía del todo bien, prefería ir directamente a casa. Virginia le dijo que de todos modos en casa algo comeríamos, y a ella le prepararía lo que deseara, o un caldito, o un buen té, o lo que fuese.

Al llegar ya estaba bastante mejor, se le notaba en la cara. Me pidió que mientras ella  “desensillaba” podría ir preparando unos ricos Negroni, agregando “me va a caer muy bien uno de tus Negronis”.Virginia preparó una picada, con saladitos, quesos, jamón cocido, TOSTIS y galletitas para untar con queso fundido y leberwurst. Cuando regresó al living era la de siempre, ligeramente maquillada, perfumada, y vestida con una blusa de seda blanca, y pollera verde, con una amplia abertura en el costado izquierdo. Me pareció que no tenía soutien, lo que confirmé algo más tarde, cuando le alcancé su Negroni. Sentí que mi resistencia a la tentación se reducía, y comencé a no pensar en ella como mi suegra, sino como una mujer interesante. Nos contó que tenía una semana de mucha actividad, pues había varios desfiles de ropa en los que pensaba equiparse para la temporada. Nosotros también tendríamos bastante actividad, ya que el martes yo inspeccionaría una industria en Tandil, lo que me tendría fuera todo el día, con regreso a la noche, si todo anduviera bien. Virginia informó que una de las empresas a las que atendían tenían problemas legales, que eventualmente la obligarían a viajar al interior. Esto era normal, y por lo menos una vez al mes mi mujer pasaba un par de días fuera de Buenos Aires, y en mi caso mis viajes eran más frecuentes, y a veces de mayor duración.

El martes a primera hora de la tarde estando en Tandil, recibí un mensaje de texto en mi celular, diciendo que lamentablemente estaba regresando a casa para hacer su valija, pues debería viajar a Tucumán, posiblemente por un par de días. Terminaba diciendo “te quiero mucho, te extrañaré. Atendela bien a la vieja”.Le respondí que no se preocupara, y que yo también la quería mucho y la extrañaría. Y agregué: prepárate para tu regreso. Por suerte la ruta no estaba muy cargada, y el tiempo estaba bueno, así que llegué a casa cerca de las nueve. Al entrar y camino a la escalera para subir a mi cuarto, cuando pasaba frente al playroom salía Marijú, diciendo “Hola yernito, como te fue, debes estar agotado, porque estás en pie desde las cinco y media de la mañana, suerte que llegaste, ya me estaba preocupando, pensando en que podría haberte pasado algo en la ruta”.

Dejé mi bolso en el suelo, y nos saludamos, con un suave beso en la mejilla.”Gracias suegra number two, dame unos minutos, ya bajo a preparar unos Negroni como los que te gustan”, ” y yo voy preparando algo para comer, cuando llegué a casa ya Juanita   se había retirado, pero dejó unas líneas con el detalle de la comida que había y en el lugar en que estaba cada una, sin duda la tenés bien enseñada”. “es que la tengo hace mucho tiempo, es de toda confianza, y conoce bien mis mañas”,”seguro que ella debe estar muy cómoda, al menos eso me ha dicho en otros viajes, no tiene demasiado trabajo, no hay una señora que la cargosee, y gana un buen sueldo, que más podría pedir, supongo que tendrá un hombre en su casa que le de lo que no recibe de vos”.” Si, tiene un marido que trabaja bien, y tres hijos. Y como dices, difícilmente haya otra casa donde trabajar en tan buenas condiciones.

Y con respecto a una patrona que la cargosee, por suerte Virginia se lleva muy bien con ella, y sabe que no tiene por qué preocuparse por las cosas de todos los días”. “bueno yerno, andá a ponerte cómodo, y si querés darte una ducha hacelo, que tenemos todo el tiempo del mundo, como verás yo ya lo hice, y más cómoda de lo que estoy imposible, dentro de lo que mandan las reglas del pudor y buenas costumbres”. Me alejé un paso para verla nuevamente,”suegrita, está bárbara, y no te pregunto que tenés debajo de la robe porque soy un tipo discreto”.”Prefiero que sigas con la duda”. En mi dormitorio me desnudé y me dí una ducha rápida, me puse un pijama, de verano, (pantalón y mangas cortas), chinelas de carpincho, y encima una robe liviana de tela escocesa (de James Smart).Antes de bajar me perfumé con una colonia de lavanda inglesa. Al bajar las escaleras reviví otras oportunidades similares en que bajaba así vestido, para recibir alguna de mis amigas. Borré esos pensamientos de mi mente.

Ella estaba hojeando   una revista y escuchando música en el living uno de mis CD de bossa nova. “veo que coincidimos en la música, ya te preparo un Negroni”.Había llenado con hielo el balde, y sobre una mesita había una bandeja con algo para picotear. Preparé una cocktelera, y como siempre preparé el Negroni con scotch, en lugar de gin como lo hacen muchos. Cuando le alcancé su vaso me dijo “gracias, por nosotros” levantándolo, con el mío toqué los bordes, y repetí “por nosotros” .Acerqué la mesita rodante, y le preparé una galletita con paté. Corté una porción de gruyère, le ofrecí, y se la alcancé.”Como siempre atento, sos un gentleman, y tus negronis una maravilla, espero que no le habrás agregado alguna poción especial”,” mi querida suegra, nunca he recurrido a esos ardides, no me parece correcto, es como hacer trampa en el juego “,”dicen que en el juego y en el amor todo vale”. “Estoy de acuerdo, pero sin engaños, por lo menos así lo hice siempre, y…tan mal no me ha ido”. “Ya lo sé, y aunque no lo creas te diré que conozco muchas cosas sobre ti.

Por casualidad entré en contacto con una de tus amigas, a la que sin mucho trabajo le saqué mucha información ,ya que me interesaba saber como era el hombre de quien se había enamorado mi nena; así que como te dije, creo conocerte bastante. Debo decirte que por lo menos esa mujer te quería mucho, y dejaste en ella un recuerdo imborrable. Me contó detalles increíbles. Pero sin duda algo anduvo mal, porque dejaste de llamarla, y cuando te buscó le dejaste muy claro que todo había terminado. Para tu tranquilidad te diré que no le rompiste el corazón, pues cuando hablamos ya había encontrado otro hombre ideal, aunque no tanto como vos”, “bueno, me alegro de lo que decís, desde ya no te preguntaré nada sobre ella. Solo te diré que todas las mujeres con quien he tenido relación en esos tiempos, lo hicieron sabiendo muy bien las reglas del juego, entre las cuales está la prohibición de enamorarse, al menos no demasiado. Si corté en algunos casos, fue porque no correspondía al sentimiento de una amiga, varias veces a mí me ocurrió lo mismo, y si me entusiasmaba demasiado me aplicaron las   reglas del juego sin piedad.

En muchos casos pude mantener la amistad, y eventualmente revivir algunos momentos. Puede   parecer algo cínico, pero es realista, y espero que confesarte esto no disminuya el concepto de mí que tienes como suegra”.”no, te entiendo, de alguna forma has hecho lo que yo hice muchas veces, y si me preocupo por ustedes es porque no quisiera que le pase esto a Virginia, aunque…entre nosotros, ya es suficientemente grande, y ha tenido suficientes experiencias como para saber   que  hacer de su vida”. “Creo lo mismo, y te aseguro que con ella hemos acordado ser honestos, y si apareciera un tercero, o tercera entre nosotros, lo conversaríamos   con toda franqueza. Ninguno de los dos lastimaría al otro, a sus espaldas”. “Me tranquilizas, sos duro, pero ella   también lo es, estoy segura de que en caso de que aparezca otra, u otro, resolverán el tema de modo civilizado. Y cambiando de tema¿ me servís otro trago?,por favor”.

Me reí, y levantándome busqué la cocktelera, para llenar los vasos, con las últimas gotas. Propuso comer algo, y fuimos al office, donde sobre la mesa había un par de tartas y unos tomates. Abrí una botella de Chablis bien frío, y cambiando drásticamente el tema, hablamos del desfile que había visto, de la gente de Bahía Blanca, y comimos algo. Preparé unos cappuccinos, y con ellos en la mano volvimos al living. Me pidió que pusiera algo de música brasilera, elegí uno de Gal Costa, la segunda canción era “agua de beber”, y Marijú:”hace mucho que no la escuchaba, quisiera bailar,¿venís?”…tomé su mano, y comenzamos a seguir la música, bailando separados. Nunca la había visto bailar, y lo hacía muy bien, con ritmo, y movimientos suaves pero llenos de sensualidad. No hablamos palabra. Siguió otro más lento, naturalmente nos acercamos, cada vez más, y más, hasta que los cuerpos se unieron, las caras se tocaron, y no se separaron. Me besó en el cuello, suavemente, rozándolo con sus labios, luego con la lengua. Y me di cuenta que la deseaba demasiado como para rechazarla. Mi lengua se introdujo en su oreja, acariciándola y hurgando en su interior.

Miguelito, ¿te das cuenta de lo que estamos haciendo? “Si, mi querida, no he podido vencer la tentación, tenías razón, no soy capaz de serle fiel a Virginia, y nada   menos que con vos, que sos demasiado deseable, a pesar más abajo (en negro). De ser mi suegra, te deseo, y me parece que me correspondes, ¿o no?”. Separó su cara para mirarme a los ojos y me dijo que le pasaba lo mismo, que estaba haciendo algo que no debería, pero no podía evitarlo. Unimos las bocas en un beso eterno, los cuerpos siguieron moviéndose al ritmo de la música, pero   las lenguas siguieron enroscándose rozándose, visitando la otra boca, recibiendo suaves apretones de dientes. Mis manos bajaron hasta su cola, para apretarla contra mi erección imparable. Mi querido, llévame a mi cama, no aguanto más. Separé entonces mi cara, y mirándola a los ojos:”Mi querida, no podemos seguir con esto, mejor dicho no deberíamos seguir”; manteniendo mi mirada, llevó su mano al bulto de mi erección, y me dijo:”Miguel, estás tan caliente como yo, que estoy toda mojada, ¿crees que podremos detenernos?”. “Si paramos ahora, y se va cada uno a su cama te digo que sería posible.

Te pido que lo hagamos, es mejor enfriar esto. Y mañana, más serenos, y sin tanto Negroni, veremos como manejarnos. Dame esa oportunidad. Ahora debemos parar, quizá mañana desee empezar de nuevo, no lo sé”, “mi querido, me cuesta muchísimo ser tan racional como vos, y con gran dolor acepto no seguir. Pero te digo que no creo que mañana te desee menos que ahora. Ahora me voy a dar una ducha bien fría, y si  no es suficiente, me haré una paja como cuando era joven”.”Gracias, creo que haré lo mismo, porque estoy por explotar, y te insisto en que debemos esperar a mañana, total…Virginia recién vuelve pasado a la tarde”. Sin hablar más, ella subió a su   dormitorio, yo ordené algo la cocina, guardé en la heladera algunas cosas, y me fui para arriba. Me di una ducha, bien fría, y luego de secarme, me metí en la cama, desnudo, como lo hago habitualmente. Rememoré lo ocurrido, una y otra vez, tratando de definir mi posición ante la situación creada.

Reconocí que mi fidelidad hacía agua, ya que había estado a punto de acostarme con la madre de mi mujer; aunque había reaccionado para evitarlo, pero solo transitoriamente. Y que ya no estaba seguro con respecto a serle fiel a mi mujer. Por lo menos lo hecho sirvió para resolver el problema inmediato de la tremenda calentura con Marijú, mi erección desapareció. Sin embargo me costó dormirme, y tuve sueños en los que estaba haciendo el amor con Virginia, que en mis brazos   se transformaba en su madre, con  la que poco después alcanzaba un clímax fenomenal. Me levanté un par de veces, caminé por el dormitorio, obsesionado con lo que haría más tarde, con Marijú. Pude volver a dormirme, hasta que escuché en la radio despertador las voces conocidas del programa habitual. Eran las siete y media, me levanté, me afeité y vestí, para bajar a desayunar. En eso estaba cuando bajó Marijú, con una robe bien cerrada.”Hola Miguel, ¿como dormiste?”, respondí que poco y mal, pero ya estábamos en un nuevo día.”Que no será uno cualquiera, espero”,”yo también, qué te parece si esta noche vamos a comer afuera, elegí donde, te llamo luego para coordinar.

De todos modos espero llegar a casa alrededor de las siete y media”. “De acuerdo, entonces nos vemos”. Una vez en la oficina, no tuve tiempo para otra   cosa que atender varios asuntos, coordinar reuniones, y hablar con algunos clientes, Almorzamos con mi socio y un par de directivos de una de las empresas clientes. Llamé a Marijú a su celular donde dejé mensajes, ya que nunca pude conseguirla. Tampoco los contestó.

Llegué a casa a las ocho menos cuarto, ella ya estaba, pues había algunas bolsas de una boutique muy importante. Subí y como la puerta de su cuarto estaba cerrada seguí hasta el mío, y me di cuenta que sentía temor de que hubiera desistido de la cena, y quizá decidido salir con alguno de sus amigos. Eso me convenció de que en ese momento solo me importaba salir con ella, y tenerla en mis brazos toda la noche. Ya no me interesaba Virginia. Me bañé y afeité, y decidí vestirme informalmente, con pantalón gris, camisa celeste sin corbata, y un chaleco de cashmir. Una vez listo al pasar por su cuarto di un par de golpes a la puerta, su voz respondió: “esperame abajo Miguelito, enseguida voy” Me gustó lo de Miguelito. De la heladera saqué un cartón de jugo de naranja, y me serví un vaso. No quería empezar con las copas. Prefería mantenerme fuera de su efecto, a pesar de saber que mi cultura alcohólica me permite tomar bastante y no tener problemas. Puse un CD de Bossa Nova y me senté a esperar. Al rato bajó, la vi monísima, como siempre, con su pollera azul y una blusa de seda estampada muy moderna, impecablemente peinada, y, lo que más me importó, sonriente.”Hola Miguelito, ¿tuviste un día muy bravo?, porque lo que es yo…no paré un minuto, pero por suerte me salió todo muy bien, y estoy muy contenta con la ropa que compré, para mi negocio, y también para mí”.

Le dije que la veía espléndida, y le pregunté que tipo de comida   preferiría para esa noche.”No importa tanto el tipo de comida, sino que sea un lugar bien tranquilo, recuerda que tenemos algo que hablar”.Le aseguré que tenía in mente   algo especial, no muy concurrido en días de semana, y con muy buena atención.”Es un poco temprano, ¿Querés tomar algo antes de salir?”. “Bueno, pero que no sea Negroni, ¿puede ser un bloody Mary?”. “Por supuesto, tengo todo, inclusive Tabasco, si te gusta picante”,”dale, pero unas gotas apenas, ¿querés que te ayude? por ejemplo puedo buscar el hielo”. Acepté, y le pedí que ya que estaba también trajera un cartón de jugo de tomate, que está en la parte de abajo de la heladera.

Mientras tanto fui preparándome un Old Fashioned, pero no con Bourbon, sino con scotch. Recordé que la botella de Vodka la guardo en el freezer, y para allá fui. Casi chocamos en la puerta, nos reímos y le explique lo que iba a buscar. Antes tomé unos paquetes de papas fritas y galletitas saladas. La encontré sentada, y muy concentrada escuchando la música.”En un momento   estará tu trago, mientras tanto aquí tienes una papas fritas y galletitas, así nomás, no recordé traer algo en que servirlas”.” No importa, mejor directamente del paquete “.Preparé su trago y se lo alcancé, me senté frente a ella, y levantando la mano con el mío le dije “por nosotros” respondió del mismo modo, y luego del primer sorbo “está rebueno, tenía miedo que fuera muy picante”.    Tomamos en silencio, y preguntó.”¿Pudiste resolver el problema?”. “Me costó mucho, no fue fácil, y la respuesta es sí”, “si a qué”, “a tu pregunta sí resolví el problema, la solución la tenemos que conversar, y me parece que lo mejor sería hacerlo mientras cenamos, salvo que pienses de otro modo”.Pensó   unos segundos,”¿y si lo hacemos ahora?  Podría ser peor echar a perder una buena cena”. “Te veo pesimista, no tengo inconvenientes, yo creo que terminaremos celebrando”.

Me miró a los ojos y dijo “lo mío es muy breve, pienso   y siento igual que anoche. No cambié de opinión, ojalá que vos sí.”. “Creo que ya me conoces bastante bien. No me gustaba tu insistencia en la teoría sobre la imposibilidad de volver a ser un tipo fiel a su mujer, o de que Virginia tampoco es capaz de   serlo.  Realmente me molestaba cuando lo decías. Pero al mismo tiempo en estos meses en que nos vimos frecuentemente empecé a tener mis dudas, y siempre con tu figura de fondo. No me sentí tentado por otras mujeres en muchas circunstancias que se me presentaron, y en todos los casos apenas surgía una posibilidad, racionalmente la   eliminaba, en  cambio, cuando la tentación se encarnaba en vos…solo muchos esfuerzos de raciocinio me llevaban a convencerme que de ninguna manera dejaría de ser fiel a tu hija. Claro que nunca se sumaron circunstancias como ayer. De hecho mi razón fría anoche me hizo aplicar los frenos cuando estaba al borde del abismo. Toda la noche pensé en lo que te debe haber dolido esa frenada en seco. Y luego de rumiar el tema muchas horas me di cuenta de que ya no puedo serle fiel a mi mujer. Lo complicado es nuestra situación.

En resumen, no quiero ni puedo serle fiel a Virginia, porque te deseo a vos por sobre todo. Pero, no obstante tendremos que hablar sobre el cómo avanzar con lo nuestro sin lastimar a Ginny”. Mientras decía estas palabras me fui acercando, y ella se levantó, dejó su vaso en la mesita, y me extendió sus brazos, la abracé fuertemente, y comenzamos a besarnos apasionadamente.•”mi querido, me alegro de lo que dices, me   haces muy feliz, y como la queremos a Ginny, trataremos de evitar lastimarla. Por ahora lo fundamental es que no se entere, lo que requiere una doble vida para nosotros, de todos modos esto no implica que me instale en tu casa y duerma en tu cama. Puedo absorber el que ella siga siendo tu mujer, y te pido que no cambies bruscamente. Después de haber visto   cuanto dudaste, de ninguna manera será un sacrificio para ti. Por un tiempo lo haremos clandestinamente. Y no te quepa duda que en cualquier momento Ginny encontrará su tentación que le haga olvidarse de la supuesta imposibilidad de serte infiel, la   conozco muy bien, ella no es mujer de un solo hombre, y no me extrañaría que ya   haya tenido, o ya tenga alguien que la tiene al borde de la infidelidad, concepto que para ella es bastante elástico”.

Mientras hablaba mis manos levantaban la parte de atrás de su camisa, para acariciar su espalda. Cerré su boca con mis besos, y no hablamos más, labios y lenguas nos comunicaron sin necesidad de hacerlo, ayudados por las manos, que se metieron debajo de la ropa para acariciar al otro. Sentí como muy suavemente sus uñas recorrían mi espalda, las mías buscaron sus lolas, desabrocharon su soutien, los dedos pellizcaron suavemente los pezones, duros y firmes. Cuando nos tomamos un respiro, me dijo “mi amor, dejemos la comida china para otra noche, ahora llevame a la cama”.Pasando un brazo por su cintura, subimos la escalera, con dos detenciones para abrazarnos y besarnos. Fuimos a su cuarto, y nos desnudamos uno al otro, besando y chupando a medida que se descubría cada parte. Cuando mi verga quedó a la vista, se arrodilló para besarla y comenzar una fellatio encantadora. No la dejé terminar, y tomé su cabeza   entre mis manos, para que se levantara, y luego de abrazarla, mientras mi boca buscaba sus pezones, fuimos acercándonos a la cama.

La tomé en mis brazos, y la levanté para depositarla suavemente sobre la cama, se colgó de mí, con los brazos rodeando mi cuello, y apenas apoyó la espalda, juguetonamente tiró de mí hasta hacerme caer sobre ella. Nos revolcamos abrazados, besándonos por todos lados, y riéndonos como locos. Hasta que estando yo boca arriba se sentó sobre mí, para ensartarse en Jaimito, y comenzar el polvo tan deseado. Mis manos jugaron con sus lolas, las suyas acariciaron mi cara, y me metió los dedos en la boca, donde los chupé con placer. Llevé la derecha a su afeitado pubis, y luego de acariciarle el duro botoncito de su clítoris, y acompañar a Jaimito en su recorrido, llevé esos dedos a su boca, donde los chupó con placer. Sí mi amor, así,dale, así…más, más, ayy, me estás matando, fueron palabras que le escuché decir. Gritó de placer en un primer orgasmo en que todo su cuerpo tembló en mis manos. Yo bramaba de placer, tuvo un segundo orgasmo, y luego se echó sobre mi pecho, buscando mi boca con la suya. Y al llegar al clímax mi grito   de gozo se apagó en su boca.

Quedamos quietos, gozando con el contacto de los cuerpos. “Mi querido, ha sido increíble, y me encanta estar así, encima tuyo, con tu pija todavía dentro mío, aunque ahora solo es una cosita chiquita y blanda. ¿Tardará mucho en recuperarse?”. “Mi querida, Jaimito está muy cómodo allí, y en su momento llegará a estar como debe, el tiempo que tarde suele depender del incentivo que tenga”. “Y de la ayudita que pueda recibir ¿no?”. “Bueno, eso va a depender de vos, y del apuro que tengas”. “Mi amor, por ahora no tengo prisa, estoy muy cómoda, y feliz como hace rato no estaba, gracias por estos momentos de felicidad”. “Mi querida Marijú, soy yo quien debe agradecerte, ya que fuiste vos la que me dio el empujoncito necesario para que me diera cuenta de cuanto te deseaba. Y… ¿Qué opinas de bajar a brindar?, tengo champagne en la heladera.Y si te parece, podríamos comer algo”.”Buena idea, nos vestimos, ¿o no?”. “Como desees, yo no soy nada pudoroso, y me encantará brindar así, desnuditos”. Se acostó a mi lado, boca abajo, apoyó su mentón en mi pecho, y “no me digas que le pusiste Jaimito a esa hermosa pija que tienes”, bueno…así lo bautizó una de mis amigas, muy divertida, y como me gustó, así lo llamo”, “¿lo bautizaste formalmente?”.

Le conté que sí, que mi amiga lo había bautizado con champagne, y por supuesto, de inmediato lo había besado.”No me cuentes más, me estoy poniendo celosa”.”Mi querida, recuerda que los celos están prohibidos”.Hablamos luego sobre el tema pendiente, es decir Virginia. Coincidimos en que no debería enterarse, lo que no sería nada fácil, pero nos comprometimos a sacrificar todo para lograrlo. Me insistió en que estaba convencida que su hija no tardaría en encontrar alguien que se transformara en la tentación imposible de evitar “y mientras tanto, deberás complacerla lo que no creo que sea un sacrificio muy grande”.Nos   pusimos de acuerdo en mantenernos comunicados permanentemente, claro que fuera del conocimiento de Ginnie. No sería fácil, pero coincidimos en que valía la pena cualquier sacrificio, con tal de no lastimarla.

Decidimos bajar a tomar algo, y me dijo:”me agarró un acceso de pudor, me pondré algo”,”OK, yo también, pero a lo sumo una toalla, voy a cambiarme, nos vemos abajo”.En mi baño me lavé bien, hice pis, y decidí ponerme una camisa sport POLO), con las mangas arremangadas, y nada debajo, total…es larga y cubre hasta poco más abajo que la cola, y a Jaimito. Ya en el office  organicé  la mesa, con un par de  tomates cortados al medio, una tablita con una porción de queso gruyère y unas fetas de jamón, un pote de paté de salmón, galletitas express y tostis, potes con mayonesa y salsa golf, y unas galletitas saladas. Coloqué la botella de Chandon extra brut en el balde enfriador. Antes de hacer todo esto llegó mi segunda suegra, devenida amante. Estaba sensacional, su peinado perfecto, apenas maquillada (casi únicamente los ojos), perfumada, y vestida con solo un Baby doll rojo, que cubría apenas sus lolas y su cola, y como agregado era casi transparente, y ella descalza.

Me abrazó y nos dimos un largo beso, separó su cuerpo y me dijo “mi querido, recuerda que bajamos para comer algo”, “tienes razón, pero no estuvo mal ¿no crees? ¿Te sirvo algo?”.

Respondió que gracias, pues estaba eligiendo por donde empezar. Comencé preparando una tostadita Tosti con paté de salmón, y se lo ofrecí en la boca. Tomó mi mano, su lengua acarició mis dedos y luego mordió el bocado. Su mano llevó la mía, con la mitad de la tosti, a mi boca, donde por supuesto la recibí gustoso. Intercambiamos de modo similar varios bocados, suficientemente grandes como para requerir más de un   mordisco.”Querida suegra ¿qué te parece si brindamos?”. “Mi querido yerno, de acuerdo, pero te pido que mientras estamos solos nos olvidemos de esa relación, por lo menos en el trato”. ¡PUM! Saltó el corcho, y serví las dos copas, nos miramos a los ojos, y la llevé a tocar la suya diciendo” por este momento, y por todos los que vendrán, que espero sean   muchos”.antes de beber levantó su copa y dijo “te aseguro que así será”.

Bebimos un par de sorbos, y acercó su cara para besarnos. Lo hicimos con las copas en la mano, sin abrazarnos, pero las lenguas se acariciaron un rato. Seguimos comiendo, esta vez cada uno preparó su bocado, es que realmente era todo muy rico…y no habíamos cenado. Le ofrecí helado como postre, y me respondió que de acuerdo, pero si era de limón lo quería con champagne. Por supuesto le di el gusto, con lo que quedaba en la botella.”Miguelito querido, ordenamos esto, te ayudó”, acepté, y guardamos la vajilla en el lavaplatos, y la comida en la heladera. Ya terminando   me preguntó si quería bailar, por supuesto acepté, y puse el mismo CD de bossa nova.

Desde el comienzo bailamos abrazados, mis manos buscaron su cola, y al pasar por debajo del camisón, confirmé que no llevaba nada debajo; acaricié sus firmes nalgas, mientras ella me decía “sinvergüenza, no tenés   nada para guardarlo a Jaimito ¿y si se alborota?”,”mejor, como vos tampoco llevas nada, apenas se levante lo tendrás a tu  disposición”.Saqué fuera del baby-doll una de sus lolas para chuparla y morder el pezón, sus uñas arañaron mi espalda, y Jaimito se despertó, con la mano que acariciaba su cola la apreté contra mí, y naturalmente, como buen misil buscador que es mi Jaimito buscó el blanco, hasta colocarse sobre su sexo.

Bailando abrazados la llevé hacia el respaldo del sillón, donde con ambas manos debajo de su cola la levanté para apoyarla. Se colgó de mi cuello, y levantando sus piernas rodeó con ellas mi cintura. Para no perder tiempo mi mano tomó la dura vara, y luego de acariciar los bordes de su concha y el duro botón del clítoris, visitó una vez más la cálida cueva del sexo de mi nueva amante” .Ni siquiera perdimos tiempo en desnudarnos, mi camisa ya había sido desabrochada desde el comienzo, y su baby-doll no fue obstáculo para ninguna de mis caricias. Besamos y mordisqueamos los respectivos pezones, mi mano izquierda no abandonó su cola (aunque por la posición no pudo hurgar en su culito); la derecha se dedicó a lolas y pezones. Cuando se descolgó de mi cuello una de sus manos alcanzó mi culo, y   cuando alcanzamos el clímax uno de sus dedos me había metido la punta. Fue otro gran polvo, para celebrarlo abrí otra botella de Chandon, que llevamos arriba. Luego de unas copas, y de retomar fuerzas, “Miguelito, mi amor, la historia del bautismo de Jaimito me dio una idea, ¿me dejás?”.Y   fue así que luego de meterlo en su copa, lo lamió, volvió a meterlo para seguir, y enseguida lo metió completo en su cálida boca.

Yo estaba de pie al lado de la cama, y mientras lo hacía me agaché, con una mano apreté sus lolas, y   con la otra alcancé su culo, donde luego de unas caricias me di el gusto de meterle un dedo para acariciar su interior. Como sentí que estaba por explotar, me separé, le ordené que se acostara, tomé sus dos manos con las mías y las llevé hacia atrás, hasta los barrotes de la cama, diciéndole que se agarrara de ellos. Con una mano seguí sujetando las suyas, y al descender mi cara besé sus brazos, y ya camino a sus lolas se me ocurrió hacer una escala en su axila donde al primer chuponcito su cuerpo vibró mientras me decía “sí, seguí, me gusta, ¿Cómo sabías?, dale”.

Obedecí, y mi mano bajó a apretarle los pezones y me acomodé   entre sus piernas. Esta vez fue su mano la guía de Jaimito, y apenas lo presentó, con un brusco empujón se lo enterré por completo. Sus piernas se enredaron con las mías, y la cogí con violencia. La besé en la boca, chupé los pezones, volví a la otra axila, y así, mientras gemía de placer, exploté en un orgasmo como hacía mucho no tenía. Quedamos así, abrazados estrechamente, los cuerpos laxos, recuperando el aliento. “Mi querido, ¿como se te ocurrió besarme en la axila? es uno de mis puntos erógenos secretos”, “mi amor, fue pura inspiración, y me alegra haber descubierto tu secreto. ¿Tenés muchos más?”. “No te imaginas, mi vida está llena de secretos, esta noche iniciamos otro”.    Dormimos…a las cinco y media la despierto, semidormida la doy ¡vuelta, rimming…anal

A   las siete y media, polvo matinal… la dejo para bañarme, etc…Salgo para oficina, no sin despedirme. Recordamos que Ginnie regresaría esa tarde, quedamos en almorzar– ella bajó a las ocho y media, con robe desayunó, allí la encontró María, a las nueve   y media salió para sus cosas. A media mañana me llamó para decirme que no podría almorzar conmigo, pero que a las cuatro y media estaría libre, y a mi disposición, por supuesto acepté, y a esa hora la pasé a buscar, para dirigirnos al telo más cercano.    Hicimos el amor un par de veces, la primera sentados frente a frente, tratando de no tocarnos, gozando solo con la vista. Claro que eso no duró mucho, y comenzaron los abrazos y besos, las caricias en su sexo,   seguida de chupada de dedos, en fin… otro polvo de novela. Luego de un rato de descanso comenzó con sus caricias y besos, y nos encontramos de costado, abrazados, mis dedos hurgando en su culito, la otra mano acariciando sus lolas, su pierna levantada y pasada detrás de mi cuerpo.

Ya le había metido dos dedos en el culo, que reemplacé por la cabeza de Jaimito, que sin mucho trabajo comenzó su visita por la puerta trasera, Lo hicimos lentamente, intercambiando caricias, besándonos en la boca cuando giraba su cara hacia atrás. Llegamos juntos al clímax, y por largo rato no nos movimos, con su cola apretaba al pobre Jaimito, que siguió dentro de la cálida cueva. Nos separamos, y tuvimos tiempo para ponernos de acuerdo para la noche. La acerqué a un taxi, volví a mi oficina para terminar algunas tareas, recibí el llamado de Ginnie desde Aeroparque, y a las ocho y pico llegaba a casa para encontrarlas, juntas, madre e hija, mi suegra número dos y mi mujer, mis dos amantes. Esa noche cenamos en casa, muy cómodos, charlamos mucho, muy prudente Maria Julia dijo que estaba cansada, que por la mañana debería tomar el primer vuelo, y “chicos ustedes estarán deseando ir a la cama, hasta mañana, que lo pasen bien”.Así fue, hicimos el amor intensamente, y dormimos de un tirón hasta que sonó su despertador .Desayunamos los tres, nosotros con robe y salto de cama, y Marijú ya vestida.

Mientras nos bañamos y vestimos, Marijú controló sus e-mail, y luego de un par de llamados telefónicos se asomo a nuestro cuarto para decirnos “hasta luego chicos, nos vemos a la tarde”. “Vieja, ¿a que hora sale tu vuelo? Recordá que te llevaremos a Aeroparque”.”No se molesten, tengo que estar a las 1930,y no quiero complicarlos”. Entonces   intervine diciéndole que la llevaríamos, y lo mejor sería encontrarnos en casa más o menos a las cinco y media. Virginia comentó que no estaba segura de llegar a tiempo, y yo aseguré que sin falta estaría en casa a esa hora.   Por suerte Virginia pudo terminar con sus cosas en tiempo, y tomamos una taza de té antes de salir. Me sorprendió la naturalidad con que nos estábamos comportando mi segunda suegra y yo, ya que fuimos los mismos de antes, y Ginnie ni sospechó lo que había ocurrido. Nos despedimos con los besos de siempre, en la mejilla, y sin efusividades. Apenas embarcó Marijú invité a mi mujer a cenar, lo que hicimos en un restaurante chino, después de guardar el auto, pues queda a dos cuadras de mi piso. Me contó con entusiasmo lo bien que le estaba yendo en Tucumán, donde la empresa clienta del estudio tenía un problema legal muy serio, pero ya lo estaba solucionando.

Comentó a la pasada que los directivos (y dueños) eran gente macanuda, más o menos de su edad, que se habían hecho cargo de la empresa del padre, que acababa de retirarse, muy enfermo. Y en los últimos años se había aferrado al cargo, pero no se había adaptado a la situación, y estaban al borde del colapso. Fue todo como en los viejos tiempos, y esa noche repetimos la anterior, haciendo el amor un par de veces. Lo notable fue que no sentía ninguna culpa por los cuernos que le había puesto, y nada menos que con su mamá. Al analizar el tema me di cuenta que nuestra relación se estaba acabando, y que mi affaire con Marijú no era la causa de eso, sino una consecuencia. Pasaron varias semanas, Marijú no tenía previsto viajar a Buenos Aires. Nos comunicábamos diariamente, y los dos seguíamos muy enganchados y con ganas de vernos. Se puso muy contenta cuando le conté que le había ofrecido a mi socio hacerme cargo de un par de empresas muy grandes de la zona de Bahía Blanca, a las que atendía habitualmente él. De ese modo tendría motivos para viajar seguido y verla en sus pagos. Mi relación con Victoria se estaba poniendo casi crítica.

Estaba muy tensa, discutíamos mucho, y en cuanto a sexo, no lo hacíamos tan frecuentemente, y a veces era casi como una obligación. Seguía viajando frecuentemente a Tucumán, siempre por dos o tres días, y estando lejos ya no nos hablábamos mucho por teléfono. Apenas lo imprescindible. Era para mí un gran esfuerzo no mandarla al demonio, pero preferí esperar a que ocurriera algo que fuese un detonante, y entonces concretar la ruptura. Mi primer viaje a Bahía fue a fines de julio, a poco más de un mes de nuestra primera vez. Viajé en el primer vuelo de un martes, me esperaban en el aeropuerto, y fuimos directo a la planta. A unos diez Km. de la ciudad. Terminé a la tardecita, y me acercaron al hotel, donde me pasarían a buscar a la mañana siguiente. El regreso estaba previsto en el último vuelo del miércoles, ya que a las cinco de la tarde terminaría mi actividad. Por supuesto ese era el programa oficial.

En el real, organizado con Marijú hubo agregados: no dormí en el hotel sino en el departamento de mi nueva amiga, y en vez de regresar en el último vuelo del miércoles, lo hice en el primero del Jueves, a las nueve y media. Naturalmente después de pasar otra noche juntos, esta vez sin tener que levantarme muy temprano para estar en el hotel cuando me pasaran a buscar. Las dos noches cenamos en su casa, y… comprobamos una vez más que en la cama nos llevábamos muy, pero muy bien. La esperada crisis se produjo en los primeros días de agosto, cuando Virginia   me confesó que no pensaba seguir viviendo conmigo, porque se había enamorado de Gustavo, uno de los dueños de la empresa tucumana, quien le había propuesto dejar el estudio, y abrir otro en Tucumán, donde su empresa sería el primer cliente, con perspectivas de agregar muchos más gracias a su influencia y conexiones. En su estudio no había tenido problemas, ya que se iba en buena relación, y se intercambiarían tareas.

Lo resolvimos muy fue como antes. Cuando le pregunté si había hablado con su madre me dijo “Miguelito, estoy algo distanciada con la vieja, nunca me gustó lo que decía poniendo en duda nuestra fidelidad. Y me da mucha bronca ver que tenía civilizadamente, y esa noche como despedida volvimos a hacer el amor un par de veces.

Reconozco que la cosa no razón, por lo menos en mi caso, y sospecho que también en el tuyo, ya que últimamente tengo la sensación de que o me metiste los cuernos, o estás a punto de hacerlo.¿tengo razón?”; le respondí que sí, que no se equivocaba, y que lo había hecho un par de veces, mientras ella estaba en Tucumán, con una de mis antiguas amigotas. Por supuesto que me preguntó quién era, y si la conocía.

Mi respuesta fue ” querida Ginnie, sabes muy bien que puede decirse el pecado pero nunca el pecador, y también sabes lo reservado que soy para estas cosas”.

Y así fue que volví a mi antigua condición de viudo alegre, por ahora con mi ex suegra, pero con la puerta abierta para cualquier otra relación que pudiese aparecer. Este tema había sido hablado con Marijú, acordando que lo nuestro no sería excluyente.

Y agradecería me envíen comentarios.

Autor: Killapy

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Ráfaga de fuego

Con frecuencia se desataba en mí una oleada ascendente del más auténtico placer. Era un placer profundo y renovado que luego de llegar muy alto derivó de forma lenta y deliciosa en una cascada de orgasmos espaciados que alcanzaron su clímax cuando ese miembro invasor de mis entrañas, descargó dentro de mí un torrente de semen tibio y pegajoso que alivió todo rastro de dolor.

Llegaba el final de la temporada de vacaciones de verano y mi esposo debía partir una semana antes de lo previsto, pues su jefe lo requería con urgencia para atender asuntos de trabajo.

A falta de mejores planes, aquel verano lo había dedicado por completo al cuidado de mi cuerpo: ocho y más horas de sueño al día; ejercicio y frutas en las mañanas; mucho sol en las tardes; y mariscos, vino y vodka en las noches. Esta rutina además de distensionada me mantenía reconfortada con mi aspecto físico. Aunque ya no soy una jovencita pertenezco al rango de las cuarentonas bien conservadas – debo reconocer sin falsas modestias sigo siendo una mujer bastante atractiva. No solo me lo dice el espejo. Me lo dicen las miradas masculinas, pues la verdad es que no paso desapercibida cuando cruzo las calles, cuando salgo de compras o entro a un restaurante.

Durante estas vacaciones me lo han confirmado los hombres de esta isla, quienes nunca se contienen y en cuanto pasas cerca, invariablemente te dirigen por igual un piropo cargado de lasciva, que una alusión directa sobre su gusto por tus tetas, por el ritmo de tus caderas o su deseo de comerte por tu culo. A fuerza de no hacer otra cosa, son verdaderos maestros en manosear con la palabra y en desvestir con la mirada a cuanta turista les pasa por el frente.

Este verano, debo confesarlo, he descubierto que disfruto ser mirada como hembra, y no hago ningún esfuerzo por evitar el paso por en medio de los muchos corrillos de hombres que en las tardes se forman en torno a una botella de ron. Cuando caminas por las calles debes estar preparada para oír de todo: desde tiernas promesas de amor eterno a cambio de una mirada, hasta las más obscenas propuestas.

La partida adelantada de mi esposo coincidió con la llegada imprevista de su sobrino Mateo quien vino acompañado de una pareja con la que comparte su afición por el buceo y las aventuras submarinas. Mateo es un chico estupendo a quien he visto crecer pues es el primo preferido de mis hijas y siempre venía con nosotros a pasar las vacaciones. Pero el tiempo ha pasado y ya no es un chico.

Sus rutinas deportivas lo han convertido en un hombre de espalda ancha y hombros fuertes. Sus brazos gruesos y bien torneados terminan en unas manos grandes, delgadas y traviesas, y sus cabellos negros y siempre despeinados, contrastan con su piel tostada por el sol. Al verlo en traje de baño – el cual se ha puesto en cuanto ha llegado, fue imposible dejar de reparar en que además de ser muy guapo, todo indica que está muy bien dotado.

En cuanto llegaron mis inesperados huéspedes les indiqué las habitaciones disponibles y luego me retiré a mi habitación y subí a mi bicicleta fija a por mis ejercicios. La verdad sea dicha, desde el momento mismo en que vi a Mateo algo se desordenó dentro de mí. Sentía un gusto insuperable que fue interrumpido por la entrada inesperada de Mateo en mi habitación en busca de un poco de crema para el cuerpo.

Bajé apresurada de la bicicleta. En ese instante quise que se abriera la tierra y me tragara pues tomé conciencia de que mis bragas estaban empapadas. No lograba controlarme. Mi respiración era agitada, las piernas me temblaban y sentía las pupilas dilatadas. Mateo gratamente sorprendido me recorría de cuerpo entero con su mirada.

Visiblemente ofuscada traté de resolver el impase lo más rápido posible dirigiéndome hacia el baño en donde no atiné a otra cosa que a poner a correr el agua de la ducha. Salí del baño y me dirigí nerviosa al vestier sabiendo de antemano que ahí no encontraría ninguna crema. Mateo entró detrás de mí. Con visible nerviosismo abrí primero un cajón, luego otro, luego el siguiente. El corazón se me salía. En cuanto oí que las puertas del vestier se cerraron mi respiración se detuvo. Sin darme tiempo a nada Mateo me tomó desde atrás por la cintura y ajustó mi cuerpo contra el suyo. Traté de apartarlo, pero sus brazos me rodearon con firmeza y sus manos me tomaron por el vientre.

A mi segundo intento por soltarme Mateo respondió con firmeza y sin darme tregua alguna una de sus manos se deslizó por debajo de mi sostén mientras con su otra mano me presionaba el vientre para luego deslizarse por dentro del encaje de mis bragas buscando acomodo entre mis piernas. Estaba atrapada. No atendía mis falsos ruegos para que me soltara, pues mis débiles súplicas, se entrecortaban con pequeños gemidos contenidos. Además era un hecho que la humedad de mis bragas me delataba.

Cuando sus labios húmedos merodearon por mi cuello, mi espalda se arqueó de manera incontrolada y mis caderas retrocedieron haciendo que mis nalgas percibieran que una columna firme y gruesa se acomodaba en medio de ellas. Mis rodillas flaquearon lo cual fue aprovechado por su mano invasora para encajarse a todo lo largo de mi sexo, mientras su otra mano manoseaba sin pudor mis senos y pezones. Mi respiración antes detenida, de nuevo se agitó. Ante el abandono de la fuerza de mis piernas, ahora me encontraba sostenida por esa mano encajada en la abertura de mi coño húmedo e hirviente.

Su mano diestra hizo saltar el broche de mi sostén y ahora mis tetas al aire se batían de manera magistral al ritmo que desde atrás le imprimían las caderas de Mateo pegadas a las mías, con unos movimientos circulares centrados en su miembro a punto de estallar. Luego de manosearme a su gusto me suplicó al oído que me pusiera de rodillas. Obedecí inmersa en una densa nube de lujuria.
Me puse de rodillas y apoyé mis dos manos en el suelo, él se colocó detrás de mí. Metió su mano de canto por debajo de mis bragas e inició un lento recorrido descendiendo por la comisura de mis nalgas, abriéndose paso con su dedo pulgar por en medio de mis labios, pasando por encima de mi clítoris, para de ahí ascender por mi vientre en busca de mis pezones los cuales amasaba suavemente con la yemas de sus dedos.

El brazo conectado a esa mano traviesa reptaba por en medio de mis piernas y presionaba hacia arriba la curvatura de mi sexo. Con gran resolución se deshizo de mis bragas y bajó su bañador dejando en libertad su miembro erecto el cual tomó por la raíz en una de sus manos para esparcir con su congestionado glande, los líquidos tibios y profusos emanados de mis entrañas ardientes, a todo lo largo de ese territorio de placer que se extendía desde el apretado orificio de mi ano hasta mi clítoris enardecido.

Con frecuencia se desataba en mí una oleada ascendente del más auténtico placer. Era un placer profundo y renovado que luego de llegar muy alto derivó de forma lenta y deliciosa en una cascada de orgasmos espaciados que alcanzaron su clímax cuando ese miembro invasor de mis entrañas, descargó dentro de mí un torrente de semen tibio y pegajoso que alivió todo rastro de dolor.

La momentánea inmovilidad que siguió a su copiosa eyeculación fue celebrada por mi vagina agradecida con profusas contracciones, que me permitían dimensionar cuan larga y ancha es esa verga descomunal que me había tomado por asalto. Muy lentamente, aún con mis cavidades invadidas, curvó su cuerpo sobre el mío y nos fuimos deslizando hasta quedar tendidos en el suelo del vestier.

El agua de la ducha seguía corriendo pues no era mi interés desconectarme de aquel ángel caído del cielo, que tuvo la buena idea irrumpir en mi habitación sin anunciarse, y que sin dejar de mantenerme atravesada, ahora me acunaba entre sus brazos.

Autor: El Herbolario

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