En la clínica privada

Comenzó a penetrarme, muy rápidamente y muy bruscamente acelerando muchísimo sus embestidas, mientras yo intentaba no gritar por el placer, agarrándome de la pared. Él sacó uno de mis pechos de mi brassier y lo comenzó a estrujar, empujándolo al ritmo de sus penetraciones.

Primero que nada, me presento de nuevo, díganme Audrey si quieren, es un seudónimo. Me describo a mí misma, la gente dice que tengo buen cuerpo y lo acepto, soy rubia, con ojos azules y labios carnosos.

Mis pechos son medianos, acercándose más a grandes, y mi trasero es un objeto de deseo. He vivido sola los últimos 3 años, lo cual me ha dado tiempo de fantasear de muchas cosas. El relato que escribiré ahora es ficticio, igual que los personajes y las situaciones.

Durante cierto tiempo, trabajé como asistente de consultorio en una clínica privada, aunque el trabajo era fastidioso, por estar sentada todo el día, casi sin descanso viendo gente enferma, además de que contagiarse era algo fácil. Lo único que disfrutaba de ese trabajo era que el doctor me trataba muy bien; en ciertas ocasiones lo había descubierto mirando el amplio escote que tenía mi bata. Casi nunca usaba nada abajo, por el calor.

Bueno, un día, el doctor me llamó a su consultorio, al cruzar la puerta, noté como sus ojos se encajaban inmediatamente en mis pechos, desvió la mirada inmediatamente y me invitó a tomar asiento. Después de una corta conversación, me invitó a cenar con su esposa a su casa, en 2 días, yo acepté encantada, le dije que me presentaría ahí. Los dos nos levantamos al mismo tiempo y salimos del consultorio. Se ofreció a llevarme, pero le dije que no, que prefería caminar, además de que sólo lo hacía desviarse más.

Ya camino a casa no podía evitar dejar de pensar en el doctor, en la manera en que siempre me veía, y más aún, ahora no podía creer que estaría en su casa dentro de 2 días, quizá debía estar preparada… no, solo ilusiones, recordé que era casado y su esposa estaría ahí. En fin, ya en la esquina de mi casa, cerca de un parque, un sujeto salió con una navaja, y me la puso en el cuello, diciéndome que no hiciera ruido, y que caminara con naturalidad hacia el parque.

Lo obedecí, con miedo a que pudiera herirme. Cuando al fin llegamos a una zona cubierta de árboles, me puso de frente a él y me miró, diciéndome. “Ahora vas a saber para lo que eres buena”; y de un solo tajo, abrió mi bata y mis senos salieron al aire. Intenté taparme, pero el sujeto me tomó las manos y las ató con una cuerda. Me quitó lo que quedaba de la bata, mi cuerpo temblaba, de nerviosismo, de frío y a la vez ¿de excitación?  Me tiró al suelo y me levantó la cadera. Pude ver como sacaba el pene de su pantalón, demasiado asustada como para intentar huir.

El sujeto apartó las bragas de mi vagina y ensartó su miembro dentro de mí, haciéndome gemir. Intenté zafarme, pero me tenía bien sujeta de las caderas. Él me decía que me quedara callada o que me iba a matar, prefería morir, pero poco a poco, esta sensación de dominación me fue dando más placer. Creo que inconscientemente acepté la situación y fue entonces cuando comencé a gozar de aquella violación.

El tipo este, como ya dije, me tenía sujeta de las caderas, con las manos atadas y con su pene dentro de mí. Le dije que parara, que le iba a ayudar con la situación. Me miró unos segundos, sospechosamente, pero finalmente pareció aceptar. Lo senté en el pasto, crucé mis brazos amarradas por su cuello y me levanté poquito, para meterme su pene.

La sensación al principio fue dolorosa, pero muy placentera, me desinhibí totalmente y empecé a gritar como loca, moviendo mis caderas para que su pene entrara en mí cada vez más y más. El sujeto apachurró mis senos, los lamía mientras mordía mis pezones que se habían endurecido, sentía como mi vagina se contraía contra su pene, haciéndome sentir un placer intenso. Comencé a acelerar mi sube y baja de caderas, hasta que un grito del hombre, me hizo saber que acababa de eyacular dentro de mí. Los dos nos relajamos. Su verga seguía dentro de mí, tratando de recuperar la respiración, me eché para atrás y di un último gemido, mientras me apretaba mis pechos. Le di un beso en la boca y me levanté, arreglando lo poco que me quedaba de ropa.

Esa noche, llegué a mi casa y dormí muy cómodamente, preguntándome cómo es que me había excitado tener sexo con un desconocido. A la mañana siguiente, llegué tardísimo al consultorio, pues la aventura me había agotado totalmente. El doctor me recibió apresurado, sorprendiéndose de mi aspecto de cansancio y me pidió que comenzara cuanto antes. Le pedí disculpas y comencé a reorganizar a los pacientes.

Fue otro día aburrido, como de costumbre, sin nada más que hacer, que ver a gente tosiendo, vomitando, corriendo al baño, etc. Si no fuera por el doctor, ya hubiese renunciado hace tiempo. En fin, ya era la hora de salida y las consultas ya habían sido cumplidas, el doctor me mandó llamar. Cuando entré a su oficina, de igual manera que la noche anterior, lo primero que vieron sus ojos fueron mis pechos. Esta vez, sin embargo, lo noté mucho más interesado en mí.

Me preguntó:

-¿Qué te pasó hoy? Nunca habías llegado tarde Audrey, y eso no es todo lo que me preocupa, es decir, con todo respeto, mírate, estás hecha un desastre, ¿Qué te pasa?

Inmediatamente vi mi oportunidad, este era el momento para satisfacer mis deseos por mi doctor.

-Bueno-le dije- lo que pasa, es que… es algo personal, es que es algo que me avergüenza. -No importa, dijo él, cuéntame lo que quieras. -Bueno, lo que pasa, es que ayer, me pasé masturbándome pensando en ti, deseaba tenerte dentro de mí, sólo pensaba en ti, cogiéndome, me imaginaba chupándote todo. -¡Por favor, basta, no sea imprudente, estoy casado! Lo sé- le dije, mientras me sentaba en sus piernas.

Le di un beso en la boca, mientras tocaba su aparato, el cual ya tenía una notable erección. Desabroché mi bata y saqué un pecho de mi sostén, poniendo el pezón en su boca, mientras yo seguía tocando su miembro.

-¿No vas a hacerme tuya? le pregunté. -Agárrate de lo que puedas niña.

Me tendió sobre su escritorio y me abrió de piernas, dejando al descubierto mis braguitas rojas, se deshizo de ellas inmediatamente y comenzó a masajear mi clítoris, metiendo uno que otro dedo en mi vagina, yo empujaba su cabeza hacia mi vagina, quería correrme en su boca, quería que probara mis jugos. Para acelerar la excitación, comencé a acariciar mis pechos, apachurrarlos, lamiendo mis pezones.

El doctor seguía con su exquisita labor, nunca había sentido algo tan delicioso, sin duda su esposa era feliz.

-¡Dame más, dame, dame más! Quiero que me excites, cógeme, te quiero dentro de mí, te deseo, soy tuya, hazme lo que quieras.   El doctor hizo caso omiso a mis peticiones y siguió lamiendo mi vagina. No pude retenerme más, tuve un orgasmo en su boca, se encargó de chupar todos mis jugos. Se embarró la mano con ellos y mojó mis pechos con mis líquidos los sobó, Ahh. ¡Cógeme, cógeme, quiero tenerte dentro de mí! Me moría porque me metiera su miembro.

El doctor me tomó de la espalda, me levantó y me sentó sobre el escritorio. Me quitó la bata, botón por botón y yo desabroché mi sujetador, dejando mis pechos al descubierto total, con mis pezones erectos, manchados de mis jugos.

-Tómalos, son tuyos, ¿Querías mis pechos? ¡Ya son todos tuyos! Crucé mis piernas alrededor suyo y tomé su miembro, hasta tener el glande en la entrada de mi vagina. Puse los dos brazos en el escritorio y entonces él hizo su primera embestida; sentí un placer increíble y me corrí inmediatamente. Sentir su enorme miembro dentro de mí, mi trasero flotaba, mientras mis pechos rebotaban con cada sube y baja de nuestras caderas.

-¿Estás contenta? ¿Quieres más?-dijo el doc. -Dámela toda, le dije.

Me tomó de las caderas y me bajó del escritorio cargada, pasamos, a un cuarto anexo al consultorio, donde había una pequeña cama individual (para propósitos médicos, obviamente). En el camino que me llevó cargada, no dejaba de mirar su pene, era de tamaño muy respetable, como 22 centímetros, muy grueso, me iba a dar un placer inmenso, aún no había dado todo de mí, quería esperar el momento óptimo. En cuanto llegamos al pie de la cama, él me dejó hincada en el piso, y él se sentó en el borde de la cama.

-Quiero que me la chupes, quiero llenarte de semen esa deliciosa boca tuya.

Y luego, luego, me di a la tarea de chupársela, su olor era delicioso, igual que su sabor, la metí completa, hasta casi ahogarme, pasé mi lengua por toda su verga, chupé su cabecilla, y entonces, el doctor me empujó la cabeza, haciendo que su pene me llegara hasta la garganta. Es todo tuyo… y haciendo una última embestida dejó todo su semen sobre mi boca, me escurrió hasta que llegó a mis pechos. Lo embarré en ellos. Su pene parecía nuevo, seguía igual de grande, como al principio. Ahora vas a saber lo que es placer niña, te voy a dar por el ano Esa idea me espantó un poco, pues había oído que era muy doloroso, pero la excitación me llevó a aceptar.

El doctor, me puso en cuatro sobre la cama y me dijo que me relajara, que iba a doler al principio, pero que sería la gloria cuando me acostumbrara. Acepté y me preparé a recibir el impacto de su pene. El doctor jugó un poco con mis enormes nalgas, las acarició y me relajó bastante, mis glúteos se había puesto duros, levanté la cadera un poco para indicarle que era el momento de ser penetrada. Inmediatamente sentí como su miembro se introducía dentro de mí casi completo, dejé salir un gemido de dolor, el maldito no había usado ni lubricante, sentía como me desgarraba el ano, fue un dolor inmenso, que no pude soportar mucho tiempo, intenté salirme de él, pero como había pasado la noche anterior, estaba bien sujeta de las caderas, el doctor no me dejaba salirme.

-¡Déjame, déjame, salte de mí, me estás partiendo, ahhhh, nooo, ayyy, me duele mucho, sácamelo, sácamelo! Pero no me escuchó y siguió con sus penetraciones, cada vez lo hacía más y más duro, y también cada vez me iba acostumbrando más y más al dolor que me produjo ese inmenso miembro, sentí como mis jugos se escurrieron sobre las telas que cubrían las camas, mientras el doctor seguía con sus movimientos de caderas, tuve no sé cuantos orgasmos seguidos, mi vagina se dilató totalmente y mi ano estaba ocupado por alguien más.

-Ahora te voy a llenar toda de semen. ¿Quieres? ¿Quieres? Te voy a soltar todo.

Estaba tan adolorida que no contesté, pero sentí como se corrió dentro de mí y apoyé mi cabeza en la almohada, para ver como se escurría su semen y se mezclaba con mi sangre y mis fluidos.

-Ahora sí, vas a tener que limpiármelo todo.

Debo admitir que me dio asco, puesto que esa combinación es repugnante, pero la excitación me hizo hacerlo. Y vaya que no es algo recomendable, casi vomito. Pero en fin, el doctor me dio un aventón a mi casa y llegué a dormirme, sin siquiera bañarme. Lo bueno es que me dio el día libre, para que me recuperara y pudiera ir a cenar a su casa en la noche, con la esposa. El día siguiente me desperté bastante tarde, el dolor que había tenido toda la noche parecía haber desaparecido mágicamente, de hecho podría masturbarme sin herirme, realmente tenía ganas de hacerlo, pero recordé la velada que me esperaba en la noche, de nuevo con mi doctor, ya vería la manera de hacerlo sin que su esposa estorbara.

Me arreglé muy bien para aquella noche, me bañé, me dediqué especialmente a tallar mis pechos, pues habían quedado con el olor del semen y de mis fluidos. Al salir, rasuré mi vagina, me quité todo el vello que tenía en mi pubis, me puse lápiz labial rojo, atractivo, sombra en los ojos que me hacía ver hermosa, me puse un brassier ajustado, negro, con bordados en las copas, me puse un calzón negro, de esos que se unen con medias, encima de todo, un vestido con escote al frente y a los lados, me hubiera cogido a mí misma de lo atractiva que me veía (sin afán de presumir, pero es la verdad).
Me alisté a ir, tomé las llaves de mi auto y me dirigí a casa del doctor. Toqué a la puerta y me abrió una señora bastante bella, con una voz sensual ¿Audrey?-preguntó. Sí, mucho gusto y me invitó a pasar. La casa era bastante bonita, se veía que le habían dedicado mucho dinero a construirla.

-¿Algo de tomar? dijo ella. No gracias, así estoy bien.

De pronto llegó mi deseo, el doctor vestía un traje, que lo hacía ver aún más atractivo, mi deseo por él se hizo de notar, puesto que mis pezones se pusieron duros al instante. Traté de cubrirlos con el abrigo que tenía, pero aparentemente él se dio cuenta, puesto que su mirada se clavó fijamente en ellos. Pasamos al comedor y estuvimos hablando de cosas triviales, bromeando de algunas cosas, criticando otras, opinando. Pese a que todo parecía ameno, yo me estaba aburriendo, pues mi intención esa noche era cogerme al doctor, a ese macho tan atractivo que en esos momentos me hacía humedecerme nada más de verlo.

Pero mi momento llegó, cuando su esposa dijo: Ahora vuelvo, tengo que ir al baño, sigan divirtiéndose. En cuanto subió el último escalón, lo único que pude hacer fue descubrir mis pechos y enseñárselos al doctor. Se paró inmediatamente y me dio la mano para que me parara.

– Desabróchate el vestido. -Pero su esposa está arriba, doctor. -Hazlo, solo hazlo, nunca se enterará.

La excitación de que su esposa nos viera no me hizo esperar y desabroché mi vestido inmediatamente, él levantó mi abrigo junto con la falda y me bajó un poco las bragas, desabrochó su pantalón y sacó su pene. Inmediatamente comenzó a penetrarme, muy rápidamente y muy bruscamente acelerando muchísimo sus embestidas, mientras yo intentaba no gritar por el placer, agarrándome de la pared. Él sacó uno de mis pechos de mi brassier y lo comenzó a estrujar, empujándolo al ritmo de sus penetraciones.

-Ya te voy a acabar y acto seguido, sentí como su semen se desparramaba dentro de mí, llenándome hasta el tope. Nos relajamos y nos vestimos de nuevo, limpiando nuestros fluidos con servilletas, algo bastante sucio de mi parte, pero era preferible a que su esposa se diera cuenta. Su esposa bajó unos segundos después de que nuestro breve acto sexual acabara.

-Muy bien, ¿De qué hablamos? dijo la esposa de manera dulce. De cualquier cosa…

El celular de mi doctor interrumpió el comentario y se levantó muy rápidamente de la mesa.
Demonios, debo irme, adiós, me necesitan de emergencia en la clínica, mil perdones, adiós. Audrey, nos veremos el lunes. Amor, nos vemos más al rato, perdón. Y así, aquella noche se arruinó, pues sabía que no iba a poder coger más con mi señor del deseo.

-Bueno, será mejor que me vaya, dije, mientras me levantaba de la mesa. – Si, tal vez, sea mejor.

-Adiós- me dijo la esposa del doctor- y de repente me dijo: ¡Adiós, maldita zorra! Mientras me daba una cachetada. -Muy linda cogiéndote a mi esposo, pues ahora vas a saber lo tanto que me dolió.
Me dio otra cachetada y me tendió sobre la mesa. Puso sus manos sobre mis pechos, mientras yo aún no podía creer lo que estaba pasando, me costó bastante trabajo, no sabía cómo reaccionar, no sabía si debía irme, o no sabía si debía quedarme. Pero por el momento simplemente le seguí la corriente a la señora. Me sentó sobre la mesa y me quitó el abrigo, prácticamente me arrancó el vestido, Vaya, un vestido de $500 medio roto por una loca, pero en fin, decidí ver que tan lejos podía llevarme la excitación. Me bajó los calzones de un solo tirón y me dejó con mi vagina recién rasurada tendida sobre la mesa.

-Con que venías preparada para mi esposo, eso es bueno, me dio un par de cachetadas, por alguna razón me excitaron y mis pezones se pusieron duros. Ella continuó con su tarea de desvestirme, tomó un cuchillo de la mesa y cortó mi brassier, liberando a mis pechos de su encierro.
Vaya, con razón mi esposo hablaba tan bien de ti, estás bien dotada niña, pues ahora me vas a ver a mí.

Yo seguía sentada en la mesa, mientras ella comenzó con un bailecito bastante erótico que me excitó al máximo, se quitó la falda poco a poco, dejando al descubierto sus nalgotas, debo admitir que se me antojaron como nada más, pero me mantuve sentada y dejé que la señora tomara la iniciativa. Se arrancó la blusa y con esto, me dejó ver su enorme par de senos, eran lo más hermoso que había visto, eran redondos, con un gran pezón oscuro, tuve el impulso de chuparlos y me abalancé sobre ellos, pero la señora me soltó otra cachetada, esta vez me dolió bastante.

-No, ahora yo seré tu ama, si yo no te pido que me lamas no lo harás. ¿Entiendes? Ven acá, ven.
Y entonces me tomó de los cabellos y me jaló para que la siguiera hasta la cocina. Ya que estábamos ahí me subió al mostrador y me ordenó que me quedara quieta, si veía que me movía, me azotaría. Mis pechos, mis glúteos y mis pezones estaban en su máxima dureza. Se fue por un momento y yo me quedé sola, sumida en mi excitación, preguntándome que era lo que me aguardaba; la noche no era tan mala como creía que acabaría. Y al fin, mi captora regresó, cargando unas cuerdas y una cinta, claro que sabía lo que significaba. Estar indefensa de nuevo, ante una desconocida y con todo mi cuerpo a su disposición, este pensamiento me hizo correrme un poco, traté de contenerme, pero escurrí mis jugos sobre el mostrador.

-¡Límpialos con la lengua!  Ahora, maldita perra, hazlo.

Me di a la tarea de hacerlo, me probaba a mí misma al limpiar eso, me excitaba tanto pensar que había salido de mi sexo. Mientras tanto, mi dueña ya me había atado las manos y los pies, me agarró un busto y jaló de él, para indicarme que me levantara. Me tomó de los pechos y me subió a mi posición en el mostrador. Tomó la cinta y me puso un pedazo bastante grande en la boca. Estaba inmóvil e indefensa.

-Ahora sí, vas a saber lo que soy yo. Sacó un pepino enorme del refrigerador, era ancho y largo, debo admitir que me aterró el verlo, pues no creí que fuera a tener ninguna compasión conmigo. Metió ese pepino de un sólo empujón, casi completo, como 30 cm. Y 8 de ancho, lloré inmediatamente, mis ojos saltaron por el dolor, mientras sentí esa cosa enorme dentro de mí. Me retorcí como pude, intentando que esa cosa saliera de mi vagina, intentando que el dolor cesara, pero no salía, comencé a chillar, pero no podía gritar por la cinta en mi boca. Mi dueña estaba parada, viéndome fijamente, metiéndose los dedos en la vagina, no comprendía cómo es que podía gozar viendo mi dolor.

Nunca había experimentado un dolor tan extremo, creo que me desmayé o algo así, porque cuando desperté, estaba en una habitación, tendida desnuda en una cama, con mi ropa a un lado. Sin dudarlo, me vestí, salí de ahí y renuncié a mi trabajo en el consultorio médico, casi no podía caminar por el dolor que aún me agobiaba.

Bueno, este es el segundo de muchos relatos que les contaré, por favor, mándenme sus comentarios u opiniones y díganme que piensan. Debo aclarar que no soy lesbiana.

Autora: Nellis_cuteblonde

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La clínica II

Se la clavé hasta el fondo, ella con sus piernas abiertas como una perra jadeando, y sus pechos al aire flotando de un lado a otro, mientras mi polla entraba y salía por completo de su coño pelado, yo no podía aguantar mucho más, pues eso de follarme a esa santurrona, que en el fondo era un putón verbenero, con unas ganas de follar fuera de lo común.

Después de aquel día en el archivo las cosas con Marian fueron diferentes, al principio cuando me acercaba por allí ella se hacia la dura pero yo pasaba rozándola y notaba como un escalofrío recorría su cuerpo y aunque ella disimulaba, la erección inmediata de sus pezones la delataban, un día llegué antes que ella y al oírla entrar me escondí debajo del mostrador ella entró en una pequeña habitación y se puso la bata, después se acercó donde yo estaba y se sentó, buff que visión, además no sabía muy bien porque pero llevaba la parte de debajo de la bata desabrochada.

Al poco movió más hacia delante la silla mientras empezó a abrir y cerrar sus piernas al ritmo de la música que sonaba en la radio, yo lo veía un poco oscuro pero… no puede…ser…me parece que no lleva, no es posible, si era posible no llevaba bragas.

En uno de esos abrir y cerrar con mis dos manos la paré y pasando mis dedos por sus muslos me acerqué hasta su sexo que estaba húmedo, ella avanzó su culo quedándose sentada en el canto de la silla, de forma que yo sin problemas llegué con mi boca a su coño y empecé a propinarle una comida de en toda regla, la muy calentorra me había visto entrar y se preparó para la fiesta, ella jadeaba como de costumbre pero de golpe paró en seco, una enfermera había entrado, quiso cerrar las piernas pero no la dejé y mientras hablaba de no se que con la chica, yo seguí metiendo mi lengua por su vagina, a ella de vez en cuando se le escapaba algún suspiro medio apagado, tanto es así que hasta la enfermera se dio cuenta.

-¿Que te pasa algo? No, no es que he pasado un catarro y me cuesta respirar a veces.

Aquel coño estaba chorreando y yo le metí de golpe dos dedos, Marian no pudo evitar soltar un pequeño grito, y se levantó diciendo:

-Ves, a veces me coge como un ahogo. -Cuídate, el aire acondicionado es muy malo.

La chica se fue y Marian se vino hacia mí: -Tu gamberro sal de ahí ahora mismo, pero que te has pensado, ¿estás loco? ¿Que quieres que nos pillen? Esto me pasa por tonta mira que liarme con un mocoso, esto solo me puede traer problemas. Jolín estaba realmente enfadada. -¿Tienes trabajo en el archivo, no? Pues ala pasa adentro y a currar haber si te calmas.

Entré en el archivo y me puse a trabajar pensando que me había pasado, si nos llegan a pillar, vaya faena, en fin como hacía calor me puse los pantalones de deporte y al verlos empecé a recordar aquella tarde, en dos segundos mi polla estaba tiesa como un palo, pensé en hacerme una paja pero al final me decidí, tampoco podía hacerme nada raro así que me quité el pantalón y llamé a Marian:

-Marian, ¿puedes venir un momento? -¿Que quieres?, ahora tengo trabajo. -Ya, será un minuto. -¿Que quieres? -Es que no se que hacer con esto. -¿Con que? Yo detrás de la puerta completamente desnudo y con mi polla tiesa tope la esperaba. -Con esto. -Pero, que te he dicho que no. -Va no seas así.

Ella se dio la vuelta y medio abrió la puerta para irse, pero yo detrás de ella empujé la puerta cerrándola, al tiempo que apretaba mi polla contra su culo.

-¿Que haces?, suelta.

Levanté la bata y coloqué mi rabo entre sus nalgas mientras mis manos apretaban sus pechos.

-Que me dejes te he dicho, ahhh cabrón. ¡Joder que pedazo de polla niño!

Aún iba sin bragas y sin tocármela con un certero movimiento se la metió en su raja, la follé ahí mismo de pie mientras con una mano la agarraba de su larga melena negra y con la otra golpeaba sus nalgas, ella gemía como una yegua y al poco tuvo su primer orgasmo yo no podía más y empecé a correrme en su vagina, ella se retorcía de placer al notar mi semen dentro de ella y notar como sobresalía chorreando por sus piernas, antes de acabar completamente se separó agachándose y aún le dio tiempo de tragarse los últimos chorros.

-Jo, tío eres un semental no había visto a nadie tan cargado de leche como tú. Espera que salgo a ver si hay alguien.

Marian se recompuso como pudo y salió, tardaba bastante así que me estiré en una estantería, al rato oí ruidos como estaba la luz apagada no se veía casi nada pero noté como pasaba a mi lado, mi polla ya estaba recuperando su forma así que me coloqué de costado para que cuando pasara mi verga le quedase delante de su cara, de repente noté como su cara chocaba con mi pene y soltó grito por el susto.

-Ayyy, ¿que es esto? Coño no era Marian sino la mujer de la limpieza, no sabía que hacer ostia pobre tía que le iba a decir.-Pero chico, ¿que haces aquí? Perdone señora es que estaba cansado y…-Ya, ¿pero en pelotas? Es que hace calor.-Pero hombre ponte algo y no estés con ese aparato al aire.

La mujer tenía unos 40 años mediana estatura rubia teñida, caderas tirando a anchas y un pecho que no estaba mal. Bastante guapa y apetecible.

-Sí, si espere que me bajo y me visto.

Bajé de un salto y casi me caigo encima de ella.

-Ay pero…que…ufff que sofoco…madre mía…Pero hijo, ¿que estás loco?
-Perdone es que no encuentro los pantalones. -¿No son esos? A si, disculpe si me deja…es que esto…es tan estrecho…

Yo intenté pasar lo más pegado a la estantería posible pero por mucho que nos intentásemos separar mi polla no pasaba, así que la rocé totalmente.

-Madre mía, pero hijo, vaya cacharro que tienes, madre mía, madre mía. Si es el doble que la de mi Paco.

Yo entonces me quedé quieto sin tirar ni para un lado ni para otro y ella nerviosa, noté como su respiración se aceleraba mientras seguía recordando a todos los santos y mirando al techo, yo me la cogí y le di dos golpes en su vientre.

-Ahhh, ¿que haces ladrón, pero que te has creído? -No nada es que es usted muy guapa. -Calla, anda, -Tóquemela. -¿Que? -Joder que me la toques, por favor.-Oye, pero que, -Venga por favor. – Estás loco…-Me voy a correr solo de mirarte. -¿Que? Pero…

Ella se me quedó mirando como para darme una bofetada pero al momento poniendo una cara de esas de “Aay estos chiquillos” me la cogió, joder me quedé alucinando.

-¿Que ya? ¿Esto es lo que querías? ¡Jolín que tamaño!…

Empezó a subirme y bajarme la piel y mi polla se puso dura como una piedra.

-¡Madre! ¡Que pedazo de cipote tienes hijo!…

Ya no había que decirle nada ella seguía masturbando mi polla ahora con las dos manos, yo por mi parte le metí mis dos manos por su escote para magrear sus tetas mientras ella seguía diciendo:

-No, no chico para que yo, que no,…. aaay….ufff…. aay. Serás cabrón, ummm madre, madre mía…

Se agachó y empezó chupármela como una salvaje, hasta que la tuve que parar para no correrme. La levanté y sentándola en una estantería desabroché su bata azul, y prácticamente le arranqué sus bragas.

-Ahh, ¡animal!

Me quedé parado, su coño estaba totalmente depilado y se veían brillar sus líquidos.

-¿No te gusta sí? Vaya con la devota…

Y se la clavé hasta el fondo, ella con sus piernas abiertas como una perra jadeando, y sus pechos al aire flotando de un lado a otro, mientras mi polla entraba y salía por completo de su coño pelado, yo no podía aguantar mucho más, pues eso de follarme a esa santurrona, que en el fondo era un putón verbenero, con unas ganas de follar fuera de lo común, me tenía a cien, antes de correrme se la saqué, la hice bajar y la puse en el estante más bajo a cuatro patas y clavé mi lengua en su coño y recogiendo sus jugos los escupía en su ano.

-Ni se te ocurra que yo no…-No, no tranquila…-Oye que lo digo… de verdad. Si, si…

Cuando estuvo bien mojado apunté mi polla y empujé con fuerza.

-Ahhhhhh, hijo de puta…Ay madre mía…ahhhh Sácala, sácala, -Ya la saco, y empecé a sacarla poco a poco y cuando ya estaba casi fuera la volví a clavar en su culo.

-Ahhh…me vas matar… si… duele…mmmm.

La follé por su culo mientras ella se retorcía como una perra y cuando no pude más se la saqué y volteándola se la metí en boca.

-Eso sí que no ¿eh? -Chupa y calla. -Pero, no, mmm, permmmm, no te crrmmmm, Ahh.

Mi polla empezó a escupir dentro de su boca y ella con cara de asco escupía mi leche fuera pero yo con mis manos en su nuca no la dejaba escapar poco a poco dejo hacer ascos y empezó a lamer y chupar y tragar toda mi leche y la que no podía se la dejaba caer en su cara y restregaba mi glande por toda su faz.

-Ayyy, ¿que es lo he hecho?, Aay madre mía, Aay que me he vuelto loca…

Levanté la vista y ahí estaba entre las estanterías, era Marian que había estado espiando y se metía la mano entre los botones de su bata, de repente se recompuso y vino decididamente hacia nosotros.

-Ooooooh, ¿pero que es esto?, ¿será posible? Con esta criatura…¿y tú que? Verás cuando se entere tu padre. -Aay madre del amor bendito, Aay por todos los santos que he hecho, que me he vuelto loca, loca, loca, ay Marian que yo no se que ha pasado…

-¿Que no lo sabes?…ya veo, ya tranca que gasta el chico.-Madre mía, madre mía.-Cállate ya con tanta madre, no te habrás acordado tanto de tu madre mientras te follabas al chico que solo tiene 18 años. Si, si se acordaba y de todos los santos también.-Tú calla que no se vamos a hacer.-Ayayay Sra. Marian que jamás, yo le juro…que…-Anda cállate y siéntate ahí mientras me calmo y pienso que he de hacer.-Bueno no hay para tanto. -Tú te callas.

Me fui a sentar a ver como se salía Marian pero ella enseguida me dijo:

-Tú no, quédate de pie que eres joven.-Vale, vale.

Marian se sentó igual que la Sra. de la limpieza, en un estante bajo y yo me quedé de pie en pelotas con mi polla morcillona colgando, me intentaba cubrir pero no podía, aquella pobre mujer aún con la bata descompuesta medio desabrochada, con restos de semen y sus bragas tiradas a mi lado se tapaba la cara medio llorisqueando, eso si sin atreverse a mentar a más santos y su madre. Marian me miraba y sonreía. Yo dije:

-Si acaso, ¿me puedo vestir no? -No, te he dicho, ¿no tenías ganas de…? pues quédate ahí a ver si se te pasan.-Es que…-Mira ponte las manos en la cabeza y date la vuelta.

Así lo hice y Patro que así se llamaba, alzó su cabeza y miró extrañada por la orden que me había dado Marian.

-Jolín no se que es peor, vaya culito.-Gírate chaval.

Patro secándose las lágrimas y con mirada confusa se dirigió a Marian.

-¿Que piensa hacer Sra. Marian?

Entonces ella sin dejar de mirar mi pene fijamente que estaba a escasos 60 cm. de su cara dijo:

-No lo sé chica, no lo sé, esto es muy fuerte pero me parece que empiezo a entenderte,… vaya pedazo de polla que tiene el chico…que pasada…-Aayy madre mía, si es lo que decía yo, que jamás había visto nada igual. Y tan jovencito…-Sí, si claro pero le juro que no volverá a ocurrir.-No jures tanto, no jures… -Bueno estoy pensando que no diré nada, porque está claro que aquí nadie dirá nada ¿verdad? Noooo, claro que no. -No, no nada de nada.-Vale pues bien será nuestro secreto. -Sí, si señora, muchas gracias, muchas gracias, es usted una santa. -¿Una santa? Si, si claro…jaja…-Vaya pedazo de polla nene…

Y diciendo esto me la cogió con las dos manos, una en mis huevos y la otra me descapullaba dejando mi brillante glande al descubierto.

-Pero, pero… Aaay madre…-Calla y deja a tu madre…

Patro estaba al fondo con lo cual no podía salir, sofocada, roja como un tomate, su respiración estaba acelerada y el sudor brillaba en su frente y en sus pechos aún medio desnudos, antes de que aquella pobre pudiese reaccionar Marian ya se había metido mi polla en la boca, y con lujuria y mucho arte, la chupaba de arriba abajo, mientras la Patro sin querer mirar pero mirando de reojo se secaba con un pañuelo el sudor de la cara y de los pechos mientras murmuraba por lo bajo el nombre de todos los santos que conocía, a ver, supongo, si encontraba alguno que la perdonase, en fin Marian seguía con sus manos asidas con fuerza en mis nalgas se tragaba una vez y otra mi polla gimiendo como de costumbre.

-Ummm, que cul…mmmmm…

Y sin dejar de chupar quitó sus manos de mi culo y empezó a desabrocharse la bata, uff tampoco llevaba sujetador y sus inmensas tetas salieron con sus pezones desafiantes, la Patro alucinaba pues supongo que no se podía explicar como aquella mujer, entre otras cosas, iba completamente desnuda debajo de la bata, los movimientos de la pobre Sra. eran cada vez más nerviosos.

-Déjenme salir por favor.-¿Que? Calla anda ven aquí mira que dura.-Yo no ni hablar…

Marian la cogió por la barbilla y la acercó a su cara.

-Deja ya tanta mojigatería que nuestra edad no se puede dejar pasar esto.-Ayyy, no, ni hablar.

Y mientras decía esto Marian empezó a dar golpes con mi polla en su cara, refregándosela por la boca que ella cerraba con fuerza negando con la cabeza, yo estaba acojonado con la escenita, aquella mujer lo estaba pasando francamente mal, cuando de golpe Marian soltó mi pene y encarándose a Patro le soltó un bofetón que resonó en toda la estancia, aquella pobre se quedó de piedra con la boca abierta no se podía creer lo que le estaba pasando.

-Y ahora déjate de tonterías y…

Cogió de nuevo mi polla y esta vez sin oponer resistencia y medio mirando de reojo a Marian la Patro se tragó mi verga hasta el fondo, chupó y chupó, Marian ya de pie me acercaba sus preciosos pechos para que yo los lamiese y mordiese a cada pellizco en sus pezones ella soltaba un grito y la Patro con mi polla en la boca miraba hacia arriba, pero ya más suelta pues vi como se metía una mano en su entrepierna y con la otra se pellizcaba los pezones.

Hice una señal a Marian para que la mirase y ella sonriendo con gesto de aprobación se agachó y poniéndose mejilla con mejilla empezó a lamerme los huevos y siguió por mi pene hasta que se encontraba con la lengua de la Patro, ésta intentaba apartarse pero Marian la rozaba con su lengua, de repente Patro dio un saltito, Marian con su mano por detrás de su culo le había clavado un dedo en su vagina.

-No eso si que no eh…

Pero Marian como si nada la empujó hacia arriba, poniéndola medio de pie la tomó con fuerza por sus caderas y le clavó su lengua en el coño a lo que la otra respondió con un grito, y como de costumbre aludió a unos cuantos santos, mientras yo magreaba sus bonitos pechos al tiempo que ella rendida y aceptando que sería condenada al infierno, tomaba mi polla y la chupaba con fuerza.

-Ahh no puedo más, por todos los santos fóllame otra vez…

Con sus manos apoyadas en la pared me ofreció su culo, Marian sin perder tiempo abrió sus nalgas y tomando mi polla la encaró a su ano y empujándome hizo que se la clavase hasta el fondo.

-Ahhh…ahhh…si…si…rómpelo… rómpeme… Joder con la señora…empecé a bombear con fuerza y pegué una cabalgada brutal sobre aquel dolorido culo mientras la beata gritaba: – Así, así fóllame así, como una ramera asquerosa, sii soy tu perra reviéntame, párteme en dos…

Joder si se soltó, Marian delante de ella chupaba sus pechos y se los mordía con fuerza mientras ella seguía gritando, estaba como loca, aquella reprimida había explotado y era peligrosa. Marian decidió después de ver que Patro había tenido por lo menos tres orgasmos salvajes, que ahora le tocaba a ella. Y poniéndose con su culo en pompa me dijo suavemente: -Métemela… Así lo hice se la metí hasta el fondo de su coño apretando con fuerza ante los suspiros de Marian, cada vez más rápido.

-No te corras dentro…

Yo seguía como un martillo y la Patro como loca estaba debajo de mis piernas lamiendo mis huevos y de vez en cuando la sacaba para chuparla y pasar su lengua por la raja de Marian.

-Uff. Ufff. No puedo más…

Marian se soltó enseguida y girándose se dispuso a chupar pero Patro se había adelantado y robándose la una a la otra mi polla recibieron una soberana corrida en sus caras, con sus lenguas fuera y tragando los abundantes borbotones de leche que escupía mi polla sin cesar, cuando acabé sus caras y pechos estaban bañados en semen, Marian se relamía con dulzura mientras me miraba, pero la Patro, estaba como loca estirada debajo de nosotros, encima de la bata que había puesto en el suelo, retorciéndose y embadurnando todo su cuerpo con mi semen y diciendo: -Más, dame más, estoy hirviendo, mójame, moja a vuestra puta más…

Joo vaya tela de tía Marian, empezó a lamer mi glande en círculos y con su mano empapada en semen acariciaba mi capullo sin cesar, yo no podía más y me retraía, ella lo estiraba y seguía provocándome cosquillas hasta que no pude más y mientras la Patro abierta de piernas y mirándonos desde el suelo seguía pidiendo más, de mi polla empezó salir un gran chorro caliente pipi que Marian se encargó de dirigir hacia el cuerpo de Patro que con sus manos en los labios vaginales se los abría al máximo al igual que su boca para recibir mi líquido que iba de una orificio al otro bajo la dirección de la astuta Marian.

Vaya pasada, no me podía creer lo que estaba pasando, aquella tía era una máquina y seguía pidiendo más mientras reía como una posesa, antes de acabar, Marian se agachó y se metió mi polla en la boca recibiendo el final de mi meada, y al acabar con la boca llena se dirigió a Patro y dejó caer el líquido sobre la cara para a continuación ponerse de cuclillas sobre ella y acariciándose empezó a mearse sobre Patro, que con la boca abierta recibía tan preciado líquido, hasta que se llenaba y lo escupía para recibir más, mientras ella misma se acariciaba, y rendida y sin fuerzas su vejiga soltó un gran chorro de blanco orín que subía con fuerza y que yo no dudé en recibir por todo mi cuerpo.

Autor: Alan

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