El chaval del club

Me fui sentando de frente a él, en ese glorioso pitote, sintiendo como me entraba poco a poco y muy despacio, recorriendo milímetro a milímetro mis paredes del ano, hasta que quede completamente sentado en él con su fierro hasta los más profundo de mi, gozando como nunca de una muy buena cogida y tratando de acoplarme para después comenzar a cabalgar a mi macho.

Hola de nuevo a todos, quiero contarles una experiencia que acabo de vivir hace apenas un par de días, yo estaba en el club tomando un baño en los vapores y entró en eso un conocido de los que a diario van en las mañanas pero en esta ocasión llegó acompañado de su hijo que es un muchacho de unos 18 a 19 años y se sentó a un lado mío, cuando el chaval se quitó la toalla me quedé atónito de lo bien que estaba, con una verga que para su edad me pareció más grande de lo normal y con un par de huevos que le colgaban muy rico.

Yo traté de disimular para que no se diera cuenta de que lo había mirado pero la verdad me quedé muy intranquilo pues me dejó muy impresionado lo bien que tenía esa verga y no podía dejar de mirar su paquete, que por supuesto no tardó en darse cuenta de que lo observaba pero él no hizo nada pues le cortaba que su padre estuviera ahí pero de vez en cuando me di cuenta de que se la agarraba y se la pelaba y hacía movimientos como tratando de enseñármela pero era obvio que se le comenzó a poner medio dura, en eso se levanta y se dirige hacia los lavabos como para rasurarse y me di cuenta que la tenía medio parada y eso si me calentó más pues que rica, se le movía como campaneando,  yo solo lo observaba tratando de ponerme en calma para que no se me notara mi calentura.

Ya de regreso de nuevo a la banca se sentó a mi lado y como no queriendo me rozó mi pierna dando señales de que saliéramos del vapor y se levantó envolviéndose la toalla en la cintura y diciéndole a su padre que se iría a las regaderas a bañarse, yo me quedé sentado un momento y dejé que saliera él primero, luego me levanté, me puse mi toalla y  salí siguiendo sus pasos como buscando en que ducha se metería, por supuesto se fue a las últimas de pasillo donde casi nadie se mete, ya que son muchas, yo me metí en una enfrente de él y me di cuenta de que ya la tenía súper parada, él se la estaba sobando a todo lo largo y me la enseñaba como presumiendo lo hermosa que la tenía, se la pajeaba como masturbando y solo me miraba con una risa muy picara y sugestiva, yo por supuesto que ya la tenía muy parada y también se la enseñaba y comenzó a masturbarse con más ímpetu hasta que se corrió salvajemente tirando toda su leche al piso…

Yo por supuesto estaba anonadado con semejante verga masturbándose enfrente de mi, pero no me corrí solo seguía con la verga paradísima, él se termino de bañar y se salió de la ducha y solo se acercó un poco y me agarró de la verga y me dijo, te espero afuera, yo me apresuré a bañarme y salí a mi locker para vestirme pero no lo vi por ningún lado y terminé de vestirme y me fui hacia estacionamiento, pero en la entrada a los vestidores estaba ahí con su padre y de inmediato me comentó su padre que muchas gracias por llevar a su hijo, que le había comentado de que podía llevarlo yo, ya que él tenía que llegar a su oficina rápido.

Por supuesto que de inmediato le dije que no tenía ningún problema que me quedaba en rumbo su casa, se despidieron y nos dirigimos a los autos, ya en el carro me dice, ahora si ese culito va a ser mío con una sonrisa picara y maliciosa y de inmediato le contesté y esa vergota me la voy a comer, llegamos a su casa y me dice, entra, no hay nadie, estamos completamente solos, mi madre está en el trabajo también, así que nos metimos y casi de forma inmediata nos comenzamos a acariciar por todos lados, pero lo que yo quería era sentir ese hermoso pedazo de carne entre mis manos, por lo que de forma inmediata le quité el pantalón y le bajé el bóxer y salió como resortera su tremenda verga.

La tomé con mi mano y la pude palpar en toda su plenitud, por supuesto que me incliné dirigiendo mi boca directamente a ese monumento y de inmediato me lo metí completo a la boca, saboreando cada parte de el, después comencé a darle unas mamadas suaves por su glande y luego a todo lo largo de su tallo hasta llegar a sus huevos, los lamía y seguía de nuevo la faena lamiendo ese tronco de carne dura y viril y de nuevo me lo metía por completo a la boca hasta llegar casi a mi garganta proporcionándole la mejor mamada de su vida, llegó un momento que él me dijo que parara porque quería metérmela antes de venirse y si seguía así no podría aguantar mucho, y pues yo la verdad también deseaba enormemente que ese pitote me poseyera, así que me retiré de mi tarea de mamador y me dijo mejor vamos a mi recamara que estamos más cómodos ahí.

Ya en la habitación nos quitamos la ropa para quedar completamente desnudos los dos y él se recostó en la cama y de forma inmediata me dirigí hacia él de nuevo acariciando todo su cuerpo, pero lo que me tenía hipnotizado era en verdad su majestuosa verga, no es que fuera muy grande ni muy gorda, pero es de esas vergas que son hermosas de principio a fin, de unos 18 cm de largo, curveada un poco hacia arriba, puntiaguda del glande y un poco más gorda del tallo, con prepucio, pero se podía pelar completamente y muy dura de todo un chaval muy viril, en una palabra muy rica.

Bueno me puse por encima de él apuntando también mi verga hacia su cara, la cual de forma inmediata comenzó a darle una buena mamada y por supuesto que yo de igual forma comiéndome todo ese manjar de dioses, después siento que comienza a lamerme el culo dándome unos lengüetazos muy ricos en mi hoyito, que me comenzaron aponer como loco pues es algo que en verdad me encanta y me acomodé mejor abriendo lo más que podía mis nalgas para que pudiera atenderme lo mejor posible y claro esta, que estaba preparando el camino para que su ricura de verga entrara sin ningún problema, llegó el momento en que ya me estaba metiendo los dedos en mi ano y lamiendo más y más todo lo que podía y yo como loco sintiendo ese macho hacer muy bien su trabajo, hasta que llegó el momento en que le dije, que me urgía que me penetrara.

Me di la vuelta, saqué un condón de mi cartera se lo puse lo más rápido posible y así acostado me fui sentando de frente a él, en ese glorioso pitote, sintiendo como me entraba poco a poco y muy despacio, recorriendo milímetro a milímetro mis paredes del ano, hasta que quedé completamente sentado en él con su fierro hasta los más profundo de mi, gozando como nunca de una muy buena cogida y tratando de acoplarme para después comenzar a cabalgar a mi macho, ya que sentí que todo estaba bien comencé muy despacio a levantarme, poco a poco para de nuevo sentarme y meterme lo que había salido, después de nuevo a levantarme pero ya más rápido y sentarme más fuerte en él, hasta que ya de plano comenzó a empujarme solo y acompasábamos la entrada y salida de su verga por mi anito, con un ritmo muy delirante, haciéndome gozar como loco…

Luego llegó un momento que me dijo que quería que me pusiera de perrito, por lo que me puse a la orilla de la cama y él de pie, de nuevo me introduce su verga en mi ano, ya sin ningún tipo de compasión, hasta el fondo de mi y comenzó a darme una cogida de campeonato, él me tomaba por mis caderas y me dejaba ir todo su mástil hasta el fondo, para de nuevo sacarlo y dejármelo ir con todas sus ganas, muy rápido y eso me tenía en la locura total; y en verdad lo digo, me encanta la verga, me pone como loco que me cojan de esa forma, es lo máximo, que un buen macho sepa cogerte, no como un pendejo, que un día me la metió y a las tres metidas se vino y no sentí nada de nada, dejándome muy caliente y frustrado, que ni siquiera vale la pena contarlo.

Pero bueno sigo con mi relato, mil disculpas por la interrupción, yo pensé que este chaval se vendría en cualquier momento pero no fue así, si no que me pidió que me diera la vuelta y puso mis piernas en sus hombros y de nuevo me la metió por completo, pero ahora me agarraba mi verga y me la pajeaba al mismo ritmo de sus embestidas y de vez en cuando me daba una buena mamadita, hasta que yo ya no aguante más y comencé a soltar mi leche por todos lados y él en cuanto vio que me venia, se metió mi verga a la boca, mamándomela increíblemente y recibiendo mi leche en su boca…

Luego siguió con su mete y saca de su verga en mi culo y me dijo que estaba a punto de terminar, por lo que comencé a apretar lo más que podía mi esfínter para satisfacerlo a lo máximo su venida y en dos embestidas más soltó un grito de lo más profundo de él y comenzó a sacudirse dentro de mi con su verga hasta el fondo, proporcionándome el placer más increíble de todos ya que terminó de venirse se recostó encima mío y se comenzó a relajar y diciéndome que este culito era de él y por supuesto yo le contesté, esta verga me la comí completamente, nos reímos un rato, después nos metimos al baño asearnos y nos despedimos prometiendo repetir esto.

Saludos a todos…

Autor: Jorge

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Club swinger

Marcos cuidadosamente separó mis piernas, su pene se acercaba deliciosamente a mi vagina. Sentí su pene entrar y salir de mi cuerpo infinidad de veces. Su fricción era embriagante. Mi lengua no se detenía. Mara esbozó un pequeño gemido cuando alcanzó su primer orgasmo ayudada por mis dedos en su vagina y mi lengua sobre su clítoris.

Era la segunda vez que visitábamos el club. A pesar de que nuestra primera visita había sido más que positiva esta situación nos ponía algo tenso a ambos. Nos encontramos en tu casa para salir juntos. Apenas llegué noté que observaste que por  la transparencia de mi camisa se veían mis pechos. Sentí el fuego de tu mirada tratando de penetrar mi abrigo.

Rozaste suavemente mis labios con los  tuyos y me susurraste al oído que estaba hermosa. Llegamos y los coordinadores se acercaron a saludarnos. Buscamos un lugar cerca de una pista de baile y nos sentamos. Tomaste mi cara y me besaste tiernamente como soles hacerlo, sentí el sabor de tu saliva más saludable que nunca. Fuiste en busca de algo para tomar para nosotros y te esperé allí sentada, mirando algunas escenas interesantes. Marcos se acercó unos segundos después de que te levantaras y me preguntó si podía sentarse con nosotros. Comenzamos a hablar de obviedad es mientras contaba los segundos que faltaban para que regresaras.

Los segundos se convirtieron en horas para mí. Sin embargo, debo reconocer que nuestro nuevo amigo hizo varios intentos para que la tardanza fuera menos traumática. También se acercó su novia, algo menor que yo, y por cierto muy atractiva. Ellos resultaron muy afectivos entre sí mientras dialogaban conmigo. Me explicaron reiteradas veces que en varias oportunidades solo venían a mirar porque eso los calentaba mucho. El se ofreció a hacerme unos masajes en el cuello para ayudarme a relajarme. Ella insistió, me explicó, que a Marcos no suele gustarle cualquier mujer, y que le habló de mí desde que entramos la primera vez. Que ellos se sintieron muy intrigados por la diferencia de edad y lo afectuosos que éramos entre nosotros.

Sus manos levantaron suavemente mi cabello hacia un costado y sus yemas frías se depositaron sobre mi cuello. Sus dedos se afirmaban sobre cada uno de mis músculos y cada vez descendían más por la espalda. Ella se acercó lentamente hacia mí y me desabrochó el primer botón de la camisa. Ante mi sobresalto, me indicó que era para que Marcos pudiera trabajar mejor. Algunas exhalaciones se produjeron porque la sensación era placentera. Poco a poco sentí como la palma de su mano se acercaba más al comienzo de mis  pechos. Y con la otra sostenía mi cabello. Se acercaba tanto a mí que podía sentir su respiración cerca del lóbulo de la oreja, su respiración algo excitada y caliente.

Ella se dirigió al centro de la pista y te interceptó en tu regreso. Tomó tus manos y te propuso bailar seductoramente. Esa parte no me agradó demasiado, hasta que él tomó mis manos también y me llevó al encuentro con ustedes. Bailamos nosotros dos abrazados mientras ellos se besaban intensamente. Noté tu excitación sobre mi cuerpo, y tu respiración agitada. Tus manos recorrían mi cuerpo con intensidad y rapidez. Comenzabas acariciando mi cabello, seguís con el cuello, los pechos y los muslos. Alternabas esos agradables mimos con deliciosos besos húmedos cargados de calentura. Decidí relajarme y disfrutar de esa fantástica sensación que recorría mi cuerpo entero. Marcos se paró detrás de mí y tomó mi cadera por sorpresa. Te miró y dijo que desde que me vio quiso bailar conmigo y si eso era posible.

Me acercaste hacia él y quedaste bailando con Mara. Ella te tomó del cuello y tardó pocos segundos en comenzar a besar tu cuello y tus manos. Vos respondiste tomando sus caderas y acercándola hacia vos. Marcos bailó conmigo un buen rato hasta que tomó a Mara y mirándonos a las dos dijo: Bailen para nosotros. Nos miramos y pensé ¿porqué no?

Apenas empecé a moverme noté que él buscaba su pene dentro del pantalón y se masturbaba lentamente mirándonos apasionadamente. En vos noté una excitación alevosa a través de tu pantalón. Mara se movía con mucha suavidad y deja ver algo de sus muslos levantando ingenuamente su falda. El baile y ustedes mirando eran un ingrediente perfecto para mi calentura. Comencé a desabrocharme los pocos botones que quedaban prendidos en mi blusa y dejarla caer sobre la espalda. Los movimientos sensuales ayudarían a retirarla por completo. Mara asintió y se sacó su remera. Noté que tenía grandes y firmes pechos. Ahora también vos masajeabas deliciosamente tu pene por fuera de tu pantalón. Ambas pijas sonaban deliciosas, pero el baile era un compromiso. Ya no solo ustedes dos miraban. Varias parejas habían interrumpido su diversión y se tocaban sus sexos mirándonos.

Marcos se paró y tomó mi cintura, lentamente bajó el cierre y deslizó la tela hasta mis tobillos. Luego retiró la falda de Mara. Nos tomó de las manos y dijo: aquí terminó el espectáculo público. Los cuatro nos dirigimos a la sala que los coordinadores nos indicaron. Tomé tus manos con algo de inseguridad pero la situación me excitaba lo suficiente como para no retirarme en ese momento. Acercaste mi cabeza a tu entrepierna. Pude sentir el sabor de semen que se asomaba necesitado de mi saliva. Saboreé cada porción de tu pija. Comencé besando intensamente los testículos y llegué con toda la calentura que recorría mi cuerpo a la cabeza de tu pene que tanto placer me da.

Cerré los ojos y disfruté. Lengua, saliva. Marcos propuso que siguiéramos con el baile, ya que todavía teníamos ropa por retirar. Mara y yo disfrutábamos bailando para ustedes. Tocábamos nuestros pechos sutilmente para contener tanta calentura. Ella se acercó a mi espalda y desprendió mi corpiño y entregó su espalda para que yo la ayuda a ella. La situación me resultó embarazosa pero sabía que a vos esa situación te resultaría por demás caliente. También desprendió lentamente mis ligas, y retiró con la ayuda de besos las medias de mis piernas. Ustedes ya sin ropa se masturbaban gloriosamente mientras miraban.

Ella se apoyaba sobre mi, y yo sobre ella. Nuestras tetas se acercaban y se separaban lentamente al igual que nuestras piernas. Noté que Mara tenía los pezones duros y parados. Cuando quedamos enfrentadas no pude resistirme a la tentación de acariciarlos. Estaban fríos pero sumamente firmes, Mara pasó sus dedos por mi boca buscando saliva y pasó nuevamente sus dedos por los pechos. Solo dijo, muero por sentir tu boca sobre ellos. Mis labios tomaron el calor de sus pezones. Y mi vagina se humedeció inmediatamente. Sentí la turgencia de sus pechos en mi boca y en mis dedos, tanto como sentí sus dedos que lentamente, y después de recorrer, parte de mi cuerpo se acercaban lentamente a mi vagina.

Sentí como sus dedos acariciaban lentamente mis labios. Te llamó y te pidió que la ayudes. Tus dedos calientes estaban dentro de mi concha, y sus dedos friccionaban con experiencia mi clítoris. Marcos se acercó y comenzó a besar mis pechos. Alcancé a ver como mordías sus pezones y acaricias fuertemente su culo.

Acercaste su cabeza a mi vagina y saboreó cada uno de tus dedos dentro de mí. La sensación era deliciosa. Tus experimentados dedos y su experimentada lengua dentro de mi caliente y necesitada concha.

En pocos segundos estallé en un primer orgasmo caliente y profundo. Mara tomó mi cara y me dijo: estabas  deliciosa, te espero. A pesar de semejante satisfacción de placer mi calentura seguía intacta. Me acerqué a su entrepierna y comencé a acariciar su clítoris. Mis dedos recorrían circularmente toda su intimidad. Primero fueron dos dedos que quedaron atrapados en su sexo y luego tres. Mientras entraban y salían mis dedos, sentí que mi cara rozaba con tu deliciosa pija, que caliente y parada como siempre se acercaba a mi boca. Alterné entre tu pija caliente y el clítoris necesitado de Mara. Que placer. Que hermosa sensación.

Marcos se me acercó por detrás y cuidadosamente separó mis piernas. Sentí como su pene se acercaba deliciosamente a mi vagina. Sentí su pene entrar y salir de mi cuerpo infinidad de veces. Su fricción era embriagante. Mi lengua no se detenía. Mara seguía acostada con mi cabeza entre sus piernas. Marcos por detrás de mí y vos recostado a su lado, besabas sus pechos. Mara esbozó un pequeño gemido cuando alcanzó su primer orgasmo ayudada por mis dedos en su vagina y mi lengua sobre su clítoris. Apenas acabó se colocó de rodillas y dirigió su lengua fresca sobre tu pene. Ambas pasamos reiteradas veces la lengua sobre tu pija. Saboreamos, y disputamos pequeñas porciones de semen que ese escapaba incontrolablemente. Mara pasaba su lengua por tus testículos y acariciaba tu entrepierna, mientras yo me dedicaba a mi parte favorita.

Sentí varias veces la lengua de Mara fundirse con la mía y el calor de sus labios sobre los míos. Todo ese placer acompañado por la cuidadosa penetración de Marcos fue suficiente para acabar en un segundo y contenido orgasmo. Sentí la tensión en todo mi cuerpo. Y el frío que recorría mi cuerpo.

Mara se colocó abierta de piernas sobre tu cuerpo y comenzó a moverse, a frotarse sobre tu intimidad hasta gemir nuevamente de placer. Para esa altura Marcos había cambiado de posición. Se colocó encima de su mujer y le penetró exitosamente el culo mientras ella seguía frotándose contra vos. Me pediste que colocara mi vagina  sobre tu boca para poder besarme. Nunca sentí tanto placer junto y creo que vos tampoco. Sentí el gemido de Marcos y pude ver su expresión casi al unísono con la tuya. Un nuevo escalofrío recorrió mi cuerpo del que fuiste testigo directo.

Solo segundos después Mara y Marcos se despidieron y explicaron que la ducha la preferían tomar solos. Casi en silencio nos vestimos. La ducha preferíamos tomarla en tu casa. Llegamos, nos duchamos juntos para poder seguir jugando y disfrutando de nuestros cuerpos.

Ambos coincidimos que próxima vez iríamos por más.

Autora: Marian

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El joven masajista

Yo comencé a tocar el hoyito de su ano el cual comenzó a dilatarse, hasta que lo senté sobre mi pene. Al principio le dolía, lo jalé hacia mí y nos dimos un beso apasionado, mientras esto sucedía él comenzó a moverse de arriba para abajo, mientras que su hoyito virgen daba de contracciones, La frecuencia fue mayor hasta que no aguanté dejando ir mi baño de semen dentro de su recto.

Ese día estaba especialmente cansado, reuniones intensas de trabajo, un promedio de 80 horas semanales de trabajo, estaba muerto, si no tomaba un masaje y un sauna para relajarme no podría terminar las actividades que tenía asignadas. Le dejé indicado a mi secretaría que no estaría disponible las siguientes tres horas y me dirigí al Club Empresarial, el más exclusivo y prestigioso de la ciudad, del cual era socio desde ya varios años.

Al llegar me saludaban por mi nombre, yo era famoso por las propinas y siempre era atendido como todo un empresario de éxito, envidiado y solicitado por muchos. Al llegar al área húmeda, me percaté que había un nuevo muchacho o vale, que me ayudó a desvestirme, el muchacho era callado, un tanto serio, pero muy atento. Delgado, pelo obscuro, unos ojos con unas grandes pestañas y cejas pobladas, labios gruesos. ¿Cuantos años tienes? le pregunté, 18, me contestó, ¿cual es tu nombre?, Harold. ¿Sabes dar masaje?, estoy aprendiendo, pues bien tendrás tu oportunidad, así que tu me darás el masaje, si me agrada te daré una buena propina, de lo contrario las gracias, así que esfuérzate.

El muchacho se entusiasmo y mientras fui al sauna, él preparo el privado para masajes y llevo los implemento tal como aceites y velas con olores. En el sauna comencé a pensar en el muchacho, la firmeza de sus rasgos y sus gestos, masculinos pero aun con cara de niño, me lo comencé a imaginar desnudo, la verdad es que me comencé a excitar, con el calor y el sudor que me bajaba, tome una ducha fría para ver si esto la detenía pero por el contrario al ver de reojo al muchacho por la ventanilla del sauna me pudo aun más cachondo.

Al salir me dirigí al privado que me tenían asignado, allí le dije al muchacho que tendría que seguir todas mis instrucciones ya que era por demás exigente y que adicionalmente deseaba que él aprendiera. Él, aunque un poco nervioso me dijo que no tuviera pena que él haría todo lo que yo le ordenara. Pues bien, primero comenzaras por mi espalda, me acosté totalmente desnudo, le pedí que apagara la luz, luego las velas y algo de música suave.

El chico realmente estaba nervioso, aunque se esforzaba, primero me echó el aceite y comenzó a masajear suavemente a lo largo de la espalda, mano firme le solicité y él continuó hasta mi glúteo, al sentir su mano le pedí mayor dureza, sin pena le dije, y comenzó por darme un masaje en las nalgas, comencé a elevar mi colita y él comprendió que me gustaba, luego torpemente deslizó la mano entre mi raya, continúa le dije y él obedeció. A todo esto una de mis manos reposaba a un lado de mi cuerpo, casi al borde de la camilla, fue cuando él se esforzaba por continuar su masaje, que su bulto quedó sobre ella.

El roce con mi mano caliente lo comenzó a poner duro y yo como si no me diera cuenta aceleraba el proceso al no permitir que se despegara de mi mano. En ese momento le dije al muchacho, desvístete, te daré yo el masaje, por que quiero que aprendas como darlo. El se sorprendió pero acto seguido se despojó de su camiseta, dejando ver un cuerpo, aunque delgado, bien contorneado, quítate el resto le dije con firmeza y quitándose el pantalón quedó con el calzoncillo puesto, y se acostó.

Comencé por echarle el aceite y darle un masaje de espalda, luego al llegar al borde del calzoncillo, metí mi mano y comencé a masajear suavemente, luego bajé a su pierna y metí mano entre la misma, sentí sus huevitos, redondos y suaves, sentí que su palo por atrás estaba duro, luego le dije que se volteara, él obedeció aunque un poco apenado, y era normal en ese momento él estaba a mil, con el pene erecto aprisionado por el calzoncillo, yo no dije nada y comencé por el pecho, luego su estómago para luego pasar a su vientre bajo.

En ese momento le dije, tengo que quitarte el calzoncillo, a lo que no respondió, entonces pude apreciar su pene, no muy grande pero bien proporcionado y ante todo virgen, sobé por un lado y luego por entre la pierna, el muchacho solo suspiraba, no decía nada, solo gozaba, no resistí y bajé mi cabeza hasta su pene y lo comencé a saborear, sabía a sudor y a un olor de hombre joven, mezcla de talcos y del aceite de bebe que le había echado.

El muchacho no pudo resistir y se fue, me tragué todo su semen y le pregunté que te ha parecido mi masaje, él contesta increíble, pues bien ahora te toca a ti poner en práctica lo que has aprendido y un poco más, él descendió presuroso de la camilla, quedándose desnudo.

Una vez tendido boca arriba con mi pene bien erecto, el muchacho comenzó a masajearme, sin decirme nada, bajó su cabeza y comenzó a chuparme las tetillas, mientras sus manos bajaban a mi entre pierna, rozando mis testículos, luego con su lengua bajó a mi ombligo y por último contorneó la cabeza de mi pene, hasta meterla a fondo de su boca, la cual succionaba increíblemente, rozando su lengua sobre mi frenillo.

Todo era una maravilla, en ese momento el muchacho se subió sobre mí y comenzó a frotar su pene contra el mío, Yo comencé a tocar el hoyito de su ano, el cual comenzó a dilatarse, hasta que lo senté sobre mi pene. Al principio le dolía, pero pronto lo jalé hacia mí y nos dimos un beso apasionado, mientras esto sucedía él comenzó a moverse de arriba para abajo, mientras que su hoyito virgen daba de contracciones, La frecuencia fue mayor hasta que no aguanté dejando ir mi baño de semen dentro de su recto, él al sentirlo comenzó a masturbarse y acabó prácticamente al mismo tiempo.

Ambos estábamos cansados pero satisfechos y yo especialmente relajado. Le pregunté que te ha parecido el masaje y él me respondió con picardía, ¿qué le a parecido a usted el masaje? Fantástico le respondí, te has ganado más que una buena propina, sin duda serás mi masajista personal. Ahora cada vez que me siento tenso y fatigado me dirijo al Club con mi joven masajista.

Autor: marquesegua

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