En el Delta

Aquí os relato algo que pasó hace pocos días, todo y que empezó cómo un sueño gracias a la red, es una pequeña historia que aún no tiene fin…

Ella estaba allí, recostada contra su coche y la mirada perdida en la inmensidad de ese mar, su mar mediterráneo, se la denotaba un aire de felicidad que se podía casi palpar al mirarla, quizá mis ojos la admiraban, la acariciaban en recuerdo de ese momento pasional que habíamos compartido..

Su camisa negra aún desabrochada, era la prueba, hacía unos instantes que había cedido la pasión, y esa camisa dibujaba el perfil de su pecho desnudo, su blanca piel aún poco acariciada por el Sol en estos primeros días de primavera, hacían que la imagen fuera más bella y su cuerpo más deseable.

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Fin de semana en la parcela

Esta historia comienza cuando nos fuimos un fin de semana mis cuatro amigos y yo a jugar a paintball en una finca que tiene Gonzalo, alías “Puro”. En nuestro grupo de amigos treintañeros y casi cuarentones todos, dejando a nuestras parejas, novias, esposas e hijos/as en casa.

El sábado por la tarde después de una jornada de paintball, en la carretera de la finca nos encontramos a dos chicas muy preocupadas junto a un coche.Cuando mis colegas y yo vimos semejante chicas veinteañeras vestidas como ropa que mostraba más de lo que escondía, salimos como lobos contra ovejas. Paramos junto a ellas y rápidamente intentamos ayudarlas. El coche se les había sobre calentado así que tendrían que llamar a la grúa para que lo llevara al taller mas cercano, siendo la hora que era, ya tarde,  aunque la grúa lo llevara al taller, el taller estaba cerrado así que hasta mañana no tendrían el coche arreglado. No sabíamos qué hacer hasta que “Puro” dijo:

–    Mirad podemos tirar del coche hasta mi finca y mañana llamamos a la grúa. las chicas se miraron una a la otra.

–    Te prometo que no somos violadores.- dijo yo para suavizar la tensión.

–    ja, ja, ja, ja … bueno, vale.

Tras la solución del problema, momentáneamente, nos presentamos. Ellas se llamaba Sara y Damaris, ambas de buen ver. Sara era rubia de 1,80 delgada y llevaba una camiseta blanca con la bandera de londres y unos vaqueros ajustados. Damaris era castaña de 1.70 delgada, luciendo su camiseta verde con vaqueros pitillo. Ambas eran unos bombones dulces para la vista.

Gonzalo ató una cuerda al parachoques del coche de ellas yo me puse de copiloto y Luis, Jose y Manuel se pusieron detrás. Sara y Damaris se montaron en su coche

Un vez que llegamos a la finca le cedimos una habitación a las amigas. Una vez instaladas mientras que el resto preparaban la barbacoa “Puro” y yo nos quedamos hablando con las muchachas.

–    Bueno contadnos, algo de vosotras.

–    Nosotras somos estudiantes de  cuarto año de psicología

–    y compaginar  los estudios con algo, hobbies, cursos, novios, no sé yo

–    Pues a mi me encantan los caballos, y no, no tenemos novio ninguna de la dos. y ¿ vosotros?

–    Yo trabajo de maestro.- les contested

–    Yo trabajo de mecánico- dijo Puro.

–    Me lo imaginaba así tan grande como eres.- tengo que decir que Puro medía 1,80 y su peso rondaba los 130 kilos era una mole.

–    ¿Esta finca es tuya?.- le preguntó Damaris a Gonzalo.

–    Toda ella.¿quieres que te la enseñe?

–    Vale, ¿ te vienes? le preguntó a Sara mirándola fijamente.

–    No. respondió ella.

Tomándola de la mano Gonzalo hizo que Damaris se levantara y ambos se perdieron por la oscuridad de la finca, yo seguí hablando con Sara y me estuvo contando que ella era del Bosque, un pueblo de Cádiz, que tenía dos hermanos mayores y que su madre era ama de casa y su padre labrador.

Al rato la cena estaba lista y Damaris y Puro no habían regresado así que fui a buscarlos con  Luis y José, Manuel se quedó con Sara en la mesa.

Estuvimos caminando por la finca hasta que vimos las cuadras y que la luz estaba encendida. No llegué a abrir la puerta cuando vi  a Puro chupándole los pechos mientras que ella rebuscaba dentro de su bragueta la polla de este. Paré a Luis que estaba apunto de hablar y nos quedamos los tres mirando desde la rendija de la puerta de las cuadras.Puro le comía las tetas por encima de la camiseta de londres mientras que ella disfrutaba de los bocados que este le daba en su pechos. Puro le levantó la camiseta, dejando ver los pechos de la joven, tras ellos comenzó con una mano a tocar un pecho y con la boca a meterse el otro pecho dentro de su boca.

Estuvo un largo rato chupándole los pechos a Damaris hasta que se agachó y comenzó a abrirle el pantalón vaquero para meter sus dedos, que más que dedos parecían un muestrario de chorizo. Mientras metía un dedo dentro de su coño le comía los pechos, Damaris estaba gimiendo de placer. Entre lo gemidos y el cuerpo de la chica medio desnuda Luis sacó su polla y comenzó a machacársela. José  que vió lo que hizo Luis también sacó su polla y conmigo fuimos tres. Gonzalo seguía chupándole los pechos y dándole placer al coño de Damaris cuando esta se deshizo de su camiseta y se agachó sacando la polla de Puro, bueno el pedazo de carne en barra que tenía Puro de polla, y comenzó a chuparla. Yo no pude aguantar más la excitación y entré en las cuadras diciendo.

–    Si te quedas con hambre aquí tienes otra polla. ambos se asustaron pero no fue mal recibida la invitación ya que cuando llegué a donde estaban Damaris tomó mi polla y comenzó a moverla de arriba a abajo. José y Luis al momento entraron en la cuadra con sus pollas también en la mano y diciendo aquí tienes dos más. Damaris se levantó y los cuatro la rodeamos. Ella comenzó a acariciar la polla de José y la mía mientras que Luis que estaba detrás de ella le cogía los pechos y le comía la boca, José y yo pellizcamos los pechos y Puro se masturbaba para no perder la ereción y le metía un dedo en el coño.

Tras un largo sobeteo le quitamos las braguitas. Ella se puso de rodillas y comenzó a comerle la polla a José mientras manoseaba mi polla y la de Gonzalo, Luis mientras se masturbaba. Estuvo un rato cambiando que polla se comía y cual masturbaba hasta que excitados la levantamos y la pusimos sobre una manta que estaba en un fardo de paja.

Luis estaba cerca de su cabeza y José y yo a los lados, Puro la tenía de frente y le abrió las piernas y viendo su polla y el coñito de la muchacha, la cual había empezadoa a chuparle la polla a José, por lo que Puro  pensó mejor que fuera yo que tenía la polla menos gruesa que la de él,  yo fui el primero en metersela pero antes me puse a comerle el coño a Damaris mientras que ella mastrubana la polla de Puro y la de Luis y se tragaba la polla de José, luego puse un poco de saliva en mi polla y le empecé a meter la polla dentro de su coño, el coño lo tenía prieto prieto pero poco a poco comenzaba a ceder y mi polla a hundirse más en su coño. Al rato comenzó a gemir dejando las pollas de mis compàñeros desatendida pero daba igual Puro se estaba entreteniendo con su pechos mientras que Luis se mastrubana con los gemidos de la moza, José aunque intentaba que la muchacha siguiera no lo conseguí y mira que le ponía la polla en los labios y se metía en la boca, tras un largo de folleteo Puro me exigió su turno le saqué la polla del coño de Damaris y le dejé sitio a Puro. Puro colocó su enorme polla en la entrada delc oñito y luego comenzó a meterla poco a poco cada vez mas adentro, esa chica no gritaba de placer eso era dolor, pero pronto ese coñito apretado cedió y comenzó a sentir placer al tener esa polla tan grande en su coñito.  Luis tras un rato masturbandose se corrio girandose a la derecha para no manchar ni a Damaris ni a ningúno de nosotros, aunque había terminado seguía machandose la polla viedno como esa joven se turnaba para comerle la polla a José y a mí mientras era empalada por la polla de Puro. José fue el siguiente en correrse, lo avisó y Damaris se concetró en su polla para que toda esa leche cayera dentro de su boca y así fue. Puro aumentaba la velocidad y Damaris gemía cada vez más yo mientras acariciaba los pechos de ella mientras que me masturbaba opara no perder la ereción, esperando volver a meterle la polla a la moza. Puro no pude aguantar más y se corrió , mas dentro del coño de la muchacha que fuera pero echó suficiente para que manchara la barriga y los pechos de Damaris y creo que algo cayó en la cara. Puro se apartó rendido por el esfuerzo y yo me puse entre las piernas de la muchacha. No quería repetir e hice que se diera la vuelta, si alguna polla iba a abrirle el ano que fuera la mía más que la de puro así que volvía a humedecer mi polla y la colcoqué en la entrada de su ano, comenzando a penetrarla de forma grotesca en ese agujero negro tan chiquillo pero pronto abrazaba mi polla como abraza una serpiente a su presa. Damaris estaba rendida de la excitación que le había propinado Puro y la que le estaba dando yo y se desbanecía menos mal que José y Luis estaban al quite y la levantarón para que me la termianra de follar y eso hice aceleré el ritmo para que mi polla entrara en ese ano y se corriera dentro como un aspesor en verano sobre el césped.

Tras mi corrida estuvimos un rato recuperando el liento y luego los cinco salimos primero José y Luis seguidos de Damaris y por último Gonzalo y yo, viendo como Damaris se tambaleaba debido a las dos polla que se la había follado esa noche.

Al llegar a la casa Manuél seguía hablando con Sara, con la comida en la mesa.

Damaris se fue a asear y Sara le acompañó, el resto nos quedamos a comentarle a Manuel la jugada, ante la mirada de enviada de este, es más cuando volvieron las chicas Manuel desnudaba a Damaris con la mirada de forma muy descarada.

Tras la cena empezamos con las copas y los bailes, todos nos turnábamos para bailar con las chicas, Damaris no hacía ascos a bailar con uno o con otro mientras que Sara guardaba las distancias con Manuel el cual se había quedado con ganas de meter la polla en caliente, mejor dicho en el caliente coño de alguna de esas chicas. Pasa la noche y la bebida se gastaba pero lo que más se gastaba era el hielo así que Puro propuso que fuéramos a por hielo. Nadie dijo nada todos nos quedamos a espera a ver quien se ofrecía .

– Nadie va a ir. Panda de cabrones y luego querréis beber, verdad?- Dijo Puro.

– Ok, yo voy pero no se donde puede haber hielo a estas horas.- le dije.

– En el bar del juanillo, donde te ponen el tanque de cerveza a 60 céntimos.- Respondió Puro.

– Vale, voy contigo mamona. Pero me llevo a la peque que no me fio de vosotros cabrones.- Dijo Puro con una sonrisa

– Si yo tengo que ir me llevo a Sara, que no me fio de dejarla sola.- Dijo Damarís.

– Yo también voy.- Dijo Manuel.

– Si hombre ahora vamos a ir todo el mundo, nos vamos nosotros cuatro y vosotros os quedáis en la casa vigilando que el fuego no se apague.- Dijo finalmente Puro.

Nos montamos en coche. Yo conducía, Puro de Copiloto y las chicas detrás. Nada más salir de la finca Puro me estuvo guiando todo el rato por donde tirar hasta que finalmente llegamos a un garito llamado ” Bola Negra”, pare cía más un puticlub que un pub. Aparqué en la puerta y entramos los cuatro. No había mucha gente rápidamente nos pusimos en la barra, y mientras las chicas iban al aseo Puro y yo nos quedamos en pidiendo un copazo de capitán Caribe.

Al momento llegaron las chicas y Gonzalo le pido dos copas más al camarero.

Puro le daba pellizcos a Damaris en el culo la cual tonteaba con él con el típico juego de “no me pellizques pero pellízcame” llegando el momento en que se empezaron a comer la boca allí mismo, mientras que yo habla con Sara, bueno ella hablaba porque yo no hacía mas que mirarle los pechos e imaginármela denuda. Llegó un momento que el sobeo a Damaris era tan descarado que el camarero nos llamó la atención y Puro sacó su cartera y pagó la cuenta a regañadientes mio que intenté pagar pero con esa mole que era Puro nadie podía discutir. Aparte de las bebidas pagó una bolsa de hielo que nos llevamos del local.

A la hora de entrar en el coche Puro se metió detrás con Damaris y diciendo que la parte de atras estaba ocupada cerró la puerta y comenzó a meter mano a Damaris la cual se reía. Sara se puso de copiloto y conduje hasta la parcela.

Todo el viaje los cuatro estuvimos callados, bueno más bien Damaris y Puro se estaban comiendo la boca uno al otro y Sara y yo estábamos únicamente escuchando, cuando ” gira a la derecha”, ” ahora a la izquierda” en la señal sigue recto” Puro comenzó a guiarme ” pasada la casa roja métete por esa calle” seguía las indicaciones ” cuando llegues al cartel métete dentro” seguí el camino hasta que llegue a un olivar perdido del pueblo, en el cual no podía seguir. ¿y ahora? – le pregunté a Gonzalo. ” Ahora paga las luces y el motor” y eso hice. Nos quedamos a oscuras mientras que Puro y Damaris comenzaban otra vez con el manoseo. Mira a la cara a Sara la cual miraba a la pareja de atrás, ambos nos reíamos, le miré el escote y luego la tomé de la cara y comencé a comerle la boca. Ella lo estaba deseando porque su besos, su lengua y sus manos se abalanzarón sobre mí como un leona a una gacela. Sus manos acariciaban mi polla por encima de mis vaqueros y yo sus pechos por encima de su camiseta, a lo largo de la noche su camiseta, su sujetador, su pantalón, su bragas volaros de su cuerpo cayendo al suelo de mi coche al igual que mi camiseta y mi pantalón quedando mi polla al aire. Sara no lo dudó, quería que me la follara así que comenzó a humedecer mi polla con su boca, lamiendo los jugos que aún quedaban de su amiga, pero eso a ella no le importaba. Puro se puso a Damarís encima suya situados en el asiento del copiloto comenzando a dar golpes en el asiento delantero. Yo viendo los golpes que daba y las dificultades que tenía puro por follarse a Damaris en ese espacio tan chico hice que Sara se subiera encima mío y echando el asiento del copiloto hacía adelante y el asiento del piloto atrás pudimos acoplarnos los cuatro. Una vez que Sara situó su coño encima de mi polla comencé a follármela. Su coñito no era tan prieto como el de su amiga pero ella apretaba para que yo pudiera sentir su coño ofreciendo resistencia a mi polla.

En el coche se mezclaban los gemidos de Sara y de Damaris y las respiraciones de Puro y mía.

– Menudas putas, verdad?.- dijo Puro

– Si que lo son, pero que buenas están.- le respondí

Ellas gritaban de placer y asentían con la cabeza y con las voz, “si, si,si” Finalmente puro de corrió dentro de Damaris la cual tuvo que salirse del coche y con un klinex limpiarse. Yo me corrí también dentro de Sara, la muy puta me lo pidió así. Acabados todos nos fuimos a la finca a seguir bebiendo y bailando. A la mañana siguiente llamamos a la grúa y se fueron las dos putillas.

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El canguro se folla a la chica que cuidaba

Todo ocurrió hace unos meses. Por motivos de trabajo tuve que salir de mi pueblo e irme a Madrid hacía 10 años, pero con la boda de una prima mía tuve que ir al pueblo. Llegué el Viernes a casa de mi padres donde pasaría la noche y luego el sábado me vestiría e iría a la boda.
El sábado a las 12 de la mañana era la misa, estuve puntual con mi primo Vicente y estuve saludando a la gente que hacía años que no veía, cuando me llamó la atención una chica morena guapisima con el pelo lacio delgada de un 1,70 metros que llevaba un vestido corto morado y un palabra de honor que no dejaba salir a ninguna de sus dos grandes tetas.
– Vince, ¿ esa chica quién es?
– ¿Cuál?
– La morena del vestido morado.
– Ja, ja, ja, ja ¿ en serio no sabes quien es?
– No.
– Es Paula.
– ¿Paula? .- me quedé pensando un poco.- Paula ¿la chica a la que cuidaba cuando tenía 9 años?
– la misma,
– Si que ha crecido,
– Claro, nos ha jodido que han pasado una pila de años.

Tras la ceremonia me fui con mi primo Vicente en su coche a una finca que estaba a las afueras del pueblo, “ Los esparragales” para celebrar el convite, mientras que los novios se hacían la fotos estuve conversando con varios invitados. de repente sentí alguien que me golpeaba en el hombro, al dar me la vuelta me encontré a Paula con una sonrisa de oreja a oreja.
– Hola.-. me dijo
– Hola, Dios que guapa estas.- le dije
– Gracias
– De nada, ¿ dónde está tu novio?
– No tengo novio.
– ¿ Y eso con lo guapas que eres?
– Pues ya sabes en el pueblo poco hay para escoger.
– Bueno y ¿ Qué hay de tu vida?.- le pregunté.
– Pues bien ahora estoy empezando la universidad.
– Me alegro.- a esto se acercó un camarero con una bandeja con varias bebidas, yo tomé una cerveza y Paula tomó otra.
– ¿Bebes cerveza? .- le pregunté.- si cuando te cuidaba y te dejaba beber un buche decías que estaba asquerosa.
– Para que tu veas que las cosas cambian.-
– Pues si.- le dije chocando su copa con la mía.
Llegaron los novios y con ello se acabó el buffet yéndonos dentro del local. En las mesas me fijé que me había tocado en la mesa 6 con mis primos los aburridos mientras que a Paula le había tocado en la mesa 7 con mi primo Vicente. Hablé con mi primo Oscar que estaba en la mesa 7 para que me cambiara el sitio y el accedió sin problema.
En la comida Paula no hacía ascos a nada se bebió el vino blanco que acompañaba al pescado y el vino tinto que acompañaba a la carne, también lo su sorbete de mojito y el de las dos chicas que estaban sentadas a su lado. A la hora de la barra libre se levantó y se fue con sus dos amigas a la barra quedándonos Vicente y yo solos en la mesa al momento volvió a la mesa con una copa llena.
la conversación la llevaba Vicente hablando con la chicas que eran, al igual que Paula, amigas de mi prima.
Sonó una canción de Cristina Aguilera y las tres chicas dejaron sus copas en la mesa y se fueron a bailar.
Estaba con mi primo Vicente bebiendo cuando Paula desde la pista de baile nos saludó efusivamente saltando y haciendo que sus pechos botaban.
– Illo, esa tía buena de 18 añitos quiere montárselo contigo.
– No es cierto.
– Claro que lo es no ves como te mira, escúchame, esas pivitas hacen verdaderas locuras en la cama.
– y eso lo dices por que…
– Porque soy un treintañero que va a bares y está harto de follarse a universitarias, y créeme cuando te digo que esas pivitas universitarias hacen verdaderas locuras en la cama.
– Estoy más cerca de la edad de su padre que de la suya.
– Eso a ellas les mola la figura paterna, los tíos que podrían ser sus padres le chifla y te lo digo porque yo he sido el “papi” de más de una de ellas.
– Estas enfermo.
– Bueno tu te lo pierdes,- hizo un gesto al grupo donde estaba Paula con sus dos amigas y ellas se acercaron.
Al momento las tres chicas se acercaron
– Hola.- dijo una de las chicas rubias.
– Hola respondí yo.
– ¿ de que habláis?.- preguntó Paula.
– De muchas cosas, sobretodo de lo que se divertía cuando se quedaba cuidándote en tu casa de pequeña.-dijo Vicente a lo que las chicas se rieron y se miraban entre ellas- chicas porque no les dejamos para que se pongan al día. Se marcharon a la pista de baile y Vicente me dijo al oído “ Se su Papi”.
Estuve un rato hablando con Paula, recordando anécdotas Paula siguió bebiendo de los chupitos que le traían sus amigas, y la veía muy borracha así que le pregunté.
– Oye Paula ¿cómo vas a volver a casa?
– Pues me iba a ir en el coche de María, pero la muy puta se ha ido.- Se quedó quieta y con voz melosa me dijo.- llévame tú, ¿ me llevarías?.- yo sonreí.
– Vamos vivimos a dos casas el uno del otro.- insistió Paula.- además no sería responsable dejarme coger mi coche en este estado, ¿verdad?.- me dijo torciendo la cabeza y mostrandome su cara angelical. acepté y fui a la barra a despedirme de mi primo y explicarle a sus amigas que me la llevaba a casa por si alguna se apunta. Ellas dijeron que no así que tomé una botellita de agua de la barra y fui a por Paula dándole la botellita de agua para que se le pasara la borrachera.

Agarré a Paula de la cintura y la subí al asiento del copiloto, nada más arrancar ella puso la radio a todo volumen mientras que bailaba en el coche, estaba eufórica para que se relajara le dije que bebiera agua.
– ¿ dónde está la botellita de agua?
– No sé.
– Si la que te dí, creo que en el asiento de atrás.
Se quitó el cinturón y se levantó para coger la botella de agua dejándome ver su tanga azul marino y su culo por el espejo retrovisor, se me fueron los ojos por un momento pero luego volví a mirar a la carretera. Ella encontró una botella y le dió un trago muy grande, cuando me dí cuenta no era agua sino vodka, rápidamente le quité la botella.
– hay que ver la de años que han pasado y aún sigues cuidando de mi.
– Tu sabes, el trabajo de canguro nunca acaba.
– Es gracioso que seas tú quien me lleve en el coche, sabes que cuando era pequeña estaba coladita por ti.
– Nooo.- dije.
Ella acercó su cara a mi cara y dijo,
– Muchas noches me tocaba pensando en ti.
– ¿cómo?.-
– acariciaba mis pechos y pensaba que eran tus manos las que me los acariciaba.- mientras me lo contaba estaba estrujando sus pechos con su manos.
– Quiero que seas el primero…
– ¿ el primero?, ¿ de qué?…Paula la virginidad es algo especial, deberías reservarte para alguien especial.
– Tu eres especial.
– No, Paula yo soy muy mayor para tí, debería ser alguien de tu edad.
– Los niños de mi edad son uno putos pringaos.- decía mientras que jugaba con su pelo mirándome.- vamos nadie lo va a saber solo tu y yo.
– Creo que no es una buena idea.
– ¿No te parezco guapa?
– Muy guapa pero eso no es el problema.
– Entonces crees que soy guapa.
– Si
– Gracias.- diciendo esto se bajó el vestido. Ella no sé en qué momento se había quitado el corchete y al tirar se había abierto la cremallera dejando suelto el vestido lo que hizo que bajara con facilidad, una vez quitado lo dejó caer al suelo del coche. quedándose desnuda únicamente con los tacones y el tanga azul marino. Pude ver sus pechos eran grandes y duros estaban totalmente rectos, señal de su juventud.
se incorporó a mi lado mostrándome sus pechos.
– Vamos, quiero sentir tu cuerpo y que me desvirgues.
– No Paula. No es responsable lo que estás haciendo
– Pero te quiero a tí.- diciendo esto comenzó a abrir mi cremallera buscado mi polla. intenté resistirme pero una vez tomó mi polla pude sentir como se hinchaba en su mano mientras ella lo masajeaba de arriba hacia abajo, después metió su mano hasta mis testículos y los masajeó suavemente mientras que miraba mi cara de placer.
Me abandoné conduje hasta un lugar alejado y oscuro, mientras ella daba cuenta de mi polla yo bajé mi mano hasta sus piernas y comencé a acariciarlas mientras le daba picos en la boca, ella comenzó a recorrer mi cuello, yo con mi mano había echado el tanga a un lado y le acariciaba su clítoris y alternaba metiéndole dos dedos que por la lubricación resbalaban fácilmente hasta el fondo.
Llegamos al descampado de los eucaliptos, lugar de folleteo pero en esta ocasión no había ningún coche. Le dije que nos íbamos a sentar detrás que yo iba a salir del coche y que ella se pasará. Una vez dentro del coche en la parte trasera me desnudé y ella se quitó el tanga y los zapatos. Ella se puso encima mío. Yo guié mi polla a su rajita y comencé a meterle la polla mirándole la cara. Una vez dentro comencé a besar apasionadamente. yo le acariciaba los pechos, la cogía del culo, la estaba sobando por todas partes mientras que ella botaba sobre mi polla repetidas veces hasta que se corrió, entonces le dije que se diera la vuelta. Ella se quedó parada, no entendía lo que yo estaba planeando.
– Me has dicho que quieres que sea el primero,verdad?.
– Si.
– Pues voy a abrirte el culo también.
Se levantó se puso de espaldas a mí, yo apunté mi polla a su trasero y comencé a metérsela, gracias a la lubricación resbalaba como un pescado al poco tiempo estaba dentro. Desde la espalda le cogí los pechos y comencé a meterle y sacarle la polla de su ano, no duré mucho y al momento me corrí dentro de su culo.
Hemos repetido muchas veces cada vez que voy al pueblo, ella se ha hecho un tatuaje en el culo el símbolo de marca registrada el resto del cuerpo es de cualquiera pero el culo es solo mío. Por cierto hace tiempo que no voy quizás en navidad vaya.

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Pasando por el Sevilla Rock

Era Viernes y volvía a casa cuando pasé por la discoteca Sevilla rock. En la puerta había montones de jóvenes bailando, bebiendo, fumando… En esta discoteca donde estaba la gente más desfasada, cuando terminé de pasar a toda esta gente me encontré a una chica caminando por la carretera haciendo eses. Aminore para no atropellarla y fue cuando me fijé en la chica, rápidamente la reconocí. Ella era Jael, vecina mía desde siempre. Ella estaba muy borracha y casi no reaccionaba a la bocina de mi coche. Al poco se paró y pude verla luciendo su falda vaquera y su top ajustado de palabra de honor. Paré y bajé la ventanilla.

–    Jael, ¿quieres  que te lleve?- ella se paró y miró.

–    Ostia, Barney eres tú, claro.- diciendo esto se subió al auto.

–    ¿Qué vas para casa?. le pregunté mientras seguía la marcha alejándose del ambiente de la discoteca.

–    No por Dios que aún estoy pedo.

–    ¿Entonces?

–    No sé.

Como ella aún no quería ir a casa y pensé en pararnos a comer algo para que se le bajara la borrachera. Muy cerca de allí había un puesto de hamburguesas. Paré junto al puesto y compré dos hamburguesas y dos bebidas luego estuve conduciendo hasta llegar a un lugar más tranquilo.

Estuvimos comiéndonos las hamburguesas y cuando terminamos estuvimos hablando, me fijé en el piercing que llevaba en la lengua.

–    Perdona si te molesto pero he visto que tiene un piercing en la boca.

–    Si.

–    ¿Te dolió?.

–    Un poco.

–    Eso tiene alguna razón, es decir sientes las cosas mejor.

–    Bueno dicen que los besos son mas excitantes .- no sé si lo dijo para excitarme pero lo había conseguido.

–    ¿ quieres probarlo?.- dijo mientras que apoyaba su mano en mi cuádriceps derecho.

Diciendo eso, me acariciaba el cuádriceps derecho, desde la rodilla hasta casi llegar al paquete, el cual se descontroló en tan sólo unos segundos, provocando que ella, al verlo y notarlo, me mirase con picardía. Pensé que todo sería una trampa, pero la verdad es que no me importaba en absoluto porque, al fin y al cabo llevaba demasiado tiempo sin follar.

–    ¿Qué hacer?, le pregunté.

– Nada, me dijo.

Al terminar de decir eso, Jael se abalanzó sobre mi boca y empezó a comerme la boca como una posesa. Yo no perdí el tiempo y comencé a besarla y a meterle mano por todas las curvas que pude. Ella jadeaba al mismo tiempo que me comía toda la boca, lo que hizo que la polla se me pusiese durísima, deseando escapar de su prisión de algodón. Mi vecina no dudó un instante en liberar a mi pobre miembro.

–    Uff, guau! Ahora sí que veo lo que me he perdido todos estos años – dijo Jael.

Y terminando de decir esto, se llevó a la boca mi verga, mojándola bien con su saliva, metiéndose primero el glande para ir poco a poco metiéndosela cada vez más y más adentro hasta llegar casi a su tráquea. No podía creerme que estuviera recibiendo una mamada en el coche de parte de mi vecina la cual veía jugar a las barbies frente a su casa cuando era pequeña, era absolutamente impresionante cómo la chupaba Jael.

Yo le subí la falda, manoseandole el culo e intentando llegar a su rajita. Jael, al percatarse de mi intención, me facilitó la labor al ponerse en pompa en el asiento, hincando su cabeza en mi entrepierna. Así que aproveché para acariciarle su rajita de arriba abajo, notando cómo empezaba a mojar le el chochito, que desprendía un calor intenso a varios dedos de distancia.

Mientras ella me la chupaba como una auténtica profesional, pajeandome lenta y deliciosamente, yo le iba metiendo dedo a dedo, hasta llegar a tres y casi cuatro dedos. Con el índice, corazón y anular dentro de ella, Jael parecía ser la mujer más feliz del mundo. Pero su mamada me estaba llevando al orgasmo sin remisión. Tenía demasiado semen acumulado y, después de por lo menos diez minutos o un cuarto de hora en esa situación, intenté levantarle la cabeza para evitar correrme y, sobre todo, para evitar correrme en su boca…

Ella se incorporó y mis dedos salieron de su coño. Se subió la falda y metió mi polla húmeda en su coño, mientras yo le bajé su palabra de honor para saborear sus pechos. Sus pechos no eran demasiados grandes y entraban en mi boca bien, jugaba con mi lengua sobre sus pezones algo que a ella le encantaba porque no hacía más que jadear, subiendo y bajando su trasero, metiendo y sacando mi polla de su coñito. Estuvo un rato ella encima mío cuando le susurré al oído que se pusiera en el asiento del copiloto que quería darle un follada bien buena. Ella se puso en el asiento del copiloto y obediente se quitó toda la ropa; yo también me quité la ropa y con mi mano derecha guié mi polla hacía su coño.

Comencé a bombear mi polla dentro de su coño, Jael gritaba de placer; yo mientras aumentaba el ritmo y ella seguía gritando, contra mas gritaba mas exitado me volvía, estaba disfrutando de la estrechez de su coño . Hubo un momento que ella con lo brazos hacía el amago de querrer que parara pero sin ejercer fuerza, le estaba haciendo daño pero a la vez le estaba causando mucho placer; Jael tuvo un gran orgasmo con el cual se corrió lo que empapó todo el asiento del coche fue cuando tomé sus manos por las muñecas  y las aprisioné con una de mis manos por encima de su cabeza con la otra le pellizcaba los pezones. Oía sus gritos de placer, nunca se la habían follado de forma tan salvaje y era algo que le estaba gustando.

Tras un largo rato metiendole la polla a Jael iba a correrme y quería hacerlo en su boca, que ese piercing que me había causado tanto placer fuera el responsable de mi corrida, me senté en el asiento del conductor mientras que movía mi polla arriba y abajo.

–    Quieres terminar me?- le dije mirándola a los ojos, ella lo único que hizo fue asentir con la cabeza y luego se metió mi polla empapada en sus jugos vaginales en su boca. Ella intensificó su ritmo, esperando con impaciencia toda mi leche.

–    Cuidado, ahí va!

Y me corrí de una forma brutal…sin que cayese ni una sola gota de semen por la comisura de los labios de Jael se lo tragó todo, cuando nos recuperamos la llevé a casa, no lo hemos vuelto a repetir pero seguro que volveremos a hacerlo.

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Cómo conocí a Selena

Esta historia sucedió una tarde, fui al carrefour a comprar unas cosilla con mi ropa guarra mi camiseta con agujeros y mi vaquero roto,  a esto que en  la puerta de entrada vi a dos chicas, de unos 20 años, vestidas de forma provocativa, con falda vaquera corta y una camiseta corta que dejaba al descubierto sus pechos por arriba y por abajo sus barrigas, una de ellas, la rubia, lucía un piercing de lo más sensual. Ambas estaban esperando en la puerta.

Estuve comprando las cosas por las que fui y al salir, había pasado por lo menos una hora, y me volví a encontrar a las dos chicas discutiendo. Al parecer se habían equivocado de carrefour y una le estaba recriminando a la otra el error.Yo aminore el ritmo, e incluso me paré a mirar el móvil movido por la curiosidad y el morbo de escuchar la conversación de las dos amigas. Cuando más interesante se ponía la discusión entre las amigas, la chica rubia se fijó en mí presencia.

-Oye, ¿tienes coche?

-¿es a mí?- le pregunté

-Si, ¿ tu nos podrías llevar a carrefour de macarena?

-Si.- la verdad es que no pensé la respuesta y cuando fui consciente estaba montado en mi coche con las dos chicas.

Una de las chicas, la rubia se llamaba Selena su camiseta era rosa, sus pechos sobresalía de su camiseta a lo ancho y por encima, se inflaba y se desinflaba con su respiración, por la parte de abajo su ombligo estaba adornado por un piercing que brillaba atrayendo mi vista. Su falda vaquera, sentada en el asiento de copiloto, cubría lo suficiente para que no se le vieran las bragas y para más morbo se había sentado de lado con sus piernas mirando hacia mí. La otra chica morena con un corte de pelo donde en un lado tenía flequillo y por el otro lado estaba rapada al 5, llevaba una camiseta blanca de la misma forma que la de la amiga, mostrando por abajo su ombligo y por arriba sus enormes pechos, esos pechos eran más grandes que los de su amiga, y sentada en la parte de atrás entre los dos asientos delanteros con las piernas abiertas en línea con la palanca de cambio, su nombre era Barbara.

En el camino no dejaba de mirar por el espejo retrovisor los pechos de Barbara y cuando cambiaba de marcha miraba las piernas de Selena y evitaba al meter quinta marcha darle en la rodilla. En el camino estuvimos charlando les pregunté su edad , 21 años, había fallado por un año les dije mi edad y ellas se rieron, me comentaron que tenía casi la misma edad que sus padres, cosa que no me sentó bien pero la verdad es que por un varios años mi edad estaba más cerca de la edad de sus padres que de su edad. Me contaron que estudiaban peluquería que si quería un día me podía cortar el pelo gratis me dijo Selena mientras que jugaba con mi pelo con su mano cosa que hizo que un escalofrío recorriera mi cuerpo y mi polla se despertara estirándose,  Selena que estaba hablando cortó la frase y empezó a echarle miradas a Bárbara, creo que se había dado cuenta que mi polla se había puesto lista para la acción. De repente algo en el coche cambió, la falda de Selena se había retrasado un poco y casi se le veían las bragas, su rodilla estaba pegada a la palanca de cambio , ella parecía que no se había dado cuenta, además empezó a posar su mano sobre mi pierna primero sobre el muslo pero aumentaba su osadía y llegaba a posar su mano cerca de mi muslo interior a pequeños centímetros de mi polla erecta. No sé el juego que se llevaba pero yo estuve atento a ver hasta dónde llegaba su osadía, ella buscaba el roce de mi mano con su rodilla, yo cada vez que sucedí le pedía perdón cada vez que le tocaba la rodilla. Llegamos a Carrefour Macarena y me pidieron que diera una vuelta a ver si estaban su amigas, dimos la vuelta al centro comercial y no vimos a sus amigas, así que Selena escribió un mensaje a una amiga y dimos una segunda vuelta  y vi un sitio alejado de la entrada del centro comercial pero se podía ver la salida de la gente del centro comercial. Selena le explicó a Bárbara que le había escrito un mensaje a una tal Verónica para que venir a buscarlas. Con el coche parado ni Selena  ni Bárbara hicieron el amago de bajarse ni yo les dije nada. Seguí hablando con ellas esperando a la amiga, Bárbara dijo que tenía que ir al baño por lo que iba a entrar al cuarto de baño del centro comercial, y bajándose del coche cruzó la calle y entró al centro comercial, me quedé a solas con Selena. Ella siguió conversando conmigo pero puso una voz melosa acercándose más a mí llegándose a apoyarse en borde del asiento dejándome ver más su escote y sus pechos. Ella me miraba a los ojos y yo le miraba más al escote que a los ojos, cuando de repente dijo.

-Bueno, tendré que darte de alguna forma las gracias por traernos.

-No hace falta Selena, ha sido un placer.

-Pues tu cosa no dice lo mismo.- dijo posando y acariciando por encima del vaquero roto  mi polla. me quedé helado.

-Tu relájate y disfruta.- Dijo Selena acercando su boca a la mía, mientras sus manos abrieron mi cremallera y metió dentro de mi pantalón una mano cogiendo mi polla entre su dedos. Besaba a Selena y mis manos tomaron su cintura, subiendo la camiseta y dejando su sujetador negro al descubierto. Selena consiguió sacar con cuidado mi polla y una vez fuera comenzó a masajearla consiguiendo que se pusiera totalmente erecta.

-Creo que esto ya está.- me dijo antes de agacharse y meterse mi polla en su boca.

Comenzó a mamarme la polla mientras yo, podía ver como por la parte de atrás de su falda se veía sus bragas negras. Era tarde y ya había anochecido esa calle era poco transitable  por lo que nadie podía vernos;  Selena sabía cómo comerse una polla se la introducía entera en la garganta sin dejar nada fuera mientras que con una mano jugaba con mis huevos, estaba disfrutando de la mamada que me estaba haciendo cuando escuché que alguien intentaba abrir la puerta del coche. Era Bárbara que volvía del baño y no venía sola le acompañaban un grupo de chicas y varios chicos, Selena se incorporó bajándose la camiseta y yo metí mi polla dentro de mi pantalón y abrí a Bárbara la cual abrió la puerta y dijo.

-Mira Selena a quien me he encontrado.

Selena salió del coche al igual que yo. Me presentaron a todas las chicas.

Pensaba irme pero Selena insistió en que me quedara por lo menos para una copa para agradecerme que las hubiera traído así que accedí. fuimos a un bar que se llamaba “entre dos parques” todas las chicas pidieron un copazo y yo para no ser menos también pedí otro copazo. Estuvimos gran parte de la noche tomando copas y chupitos,  Selena se había colocado enfrente mía y yo la tomaba de la cintura pegándola a mi cuerpo, haciendo que sus nalgas sintiera como mi polla se estaba totalmente dura, ella me seguía el juego y aunque estaba hablando con sus amigas siguiendo el ritmo de la música movía su trasero para pegarlo a mi polla. a veces bajaba la mano y le daba un pellizco en el trasero cosa que a ella agradaba.

Pagamos la cuenta y salimos del bar para ir a una discoteca, en la puerta del bar nos distribuimos en los coches aunque había sitio para Selena en el coche de una de sus amigas, le dije a Selena que la llevaba. Ella aceptó y lanzando besos al aire le dijo a sus amigas que se veían en la discoteca.

Entramos en el coche, nos pusimos el cinturón y arranqué de sopetón.

-¿ me vas a llevar a la discoteca?- me dijo con su voz melosa.

-No.- le respondí

-¿me vas a secuestrar?

-Que te secuestre va a ser el mejor de tus problemas.

-Me gusta.¿ y que me vas a hacer?

-Te voy a follar como nunca te han follado.

-me gusta.- dijo sacándose el sujetador negro por una de las mangas de la camiseta. Podía ver como sus pezones estaban erectos.

-¿ me vas a comer mi pechos?

-claro que sí.

-Y ¿ mi coño?

-eso también.

-Me gusta, porque yo quiero comerme tu polla.

 

Llegamos a mi casa aparqué muy cerca. Nada más parar  Selena se lanzó besarme en los labios, yo la abracé por la cintura mientras que la besaba, estuvimos un rato hasta que la separé y le dije que podía vernos mis vecinos que subiéramos. Salimos del coche y llegamos al portal. Tomamos el ascensor, nada más cerrarse las puertas del ascensor me lancé a por Selena y ella a por mi boca,  saltando  y abrazando mi cintura con sus piernas llegando a caerse sus tacones al suelo del ascensor, yo la tomé del culo y la puse contra el espejo  mientras que la besaba lujuriosamente. El ascensor se paró antes de mi piso y rápidamente la bajé dejando de besarla, entró mi vecina del cuarto una señora de unos 50 años que la llamamos “la bruja del cuarto” ella nos echó una mirada de arriba abajo fijándose en que Selena iba descalza y sus zapatos estaban detrás de mis pies y que no llevaba sujetador notándose le los pezones, y en mi pantalón el bulto de mi polla sobresaliendo.

-Buenas noches.- le dije.

-Buenas.- dijo entrando y apretando el botón y dándonos la espalda. Selena y yo sonreímos, después ella se agachó para recoger sus zapatos

 

Llegamos a mi planta y salimos del ascensor.

-Adiós, señora.- Le dijo Selena con sus zapatos en la mano.

-Adiós Doña Angustias.- le dije.

-Adiós.- Nos respondió con la cara de asco.

Cuando se cerró la puerta del ascensor ambos nos reímos, abrí la puerta y entramos en mi casa. Nada más entrar Selena empezó a caminar hacia dentro de la casa tirando sus zapatos por el camino, luego desabrochando su falda vaquera y dejando que se escurriera por sus piernas,  luego levantó una pie y luego el otro y siguió caminando dejando atrás su falda quedándose únicamente en ropa interior y con su camiseta, luego tiró de su camiseta hacia arriba, sacándola por su cabeza y luego la tiró al piso quedándose solo con sus braguitas negras por último se apoyó en la mesa del comedor para quitarse la braguitas, las deslizó suavemente por su pierna derecha primero y luego la sacó por su pie derecho poco a poco fue deslizando por su pierna izquierda hasta que finalmente salió por su pie quedándose totalmente desnuda.

-¿Soy hermosa?. me preguntó, apoyada sobre la mesa totalmente desnuda

-Si, mucho. le dije mientras la observaba desnuda en mi piso a oscuras con la única luz que venía de la calle viendo cómo brillaba su piercing en su ombligo mientras que me quitaba mi camiseta y desabrochaba mi pantalón quedándome en calzoncillo.

Selena se sentó sobre la mesa y me hizo un gesto para que me acercara, me acerqué a ella y comenzamos a besarnos. Mis manos se fueron a su cintura mientras que las suyas se fueron hacía mi polla. Mi calzoncillo cayó al suelo quedándome igual que Selena desnudo en el salón de mi casa.

Dejé de besar los labios de Selena para besar sus pechos, ella inclinó la cabeza hacia atrás permitiéndome que mi boca jugará con sus pechos, que mi lengua lamiera sus aureolas , que mis labios aprisionaran sus pezones. Mis dedos empezaron a entrar dentro de su coño, entrando y haciendo que se abriera al paso de mis dedos., mientras que escuchaba su gemidos de placer. Tras un largo manoseo  saqué mis dedos de su coño e hice que Selena se tumbara sobre la mesa, le abrí las piernas y me agaché para comerle el coño. Tenía una gran mata de pelo en su monte de venus, algo que me fascinaba, tomé cada muslo de sus piernas para abrir su raja y poder meterle mi lengua dentro. Mi lengua jugaba con su clítoris lo que hacía que su coño se humedeciera más y haciéndome así disfrutar de los líquidos de su almeja mientras gemía más fuerte de placer y intentaba cerrar   las piernas para aprisionar mi cabeza en su coño.

-Para, para.- me dijo gritando de placer.

-Quiero que me hagas el amor, pero ten cuidado… que soy virgen.- con 21 años aún era virgen, la verdad es que me sorprendió pero me dio un toque dulce. La incorporé y la tomé en brazos llevándola hasta mi dormitorio. La dejé sobre la cama y luego abriendo las piernas con una mano mientras que con la otra guiaba a mi polla hasta su coño.

 

-Tranquila, mi niña, voy ha hacerlo suavemente.

 

Mi polla resbalaba por su labios los cuales le daban las bienvenida a dentro de su coño, resbalaba bien hasta llegar al impedimento. Llegamos al barra y con un golpe suave ya no hubo barrera, ya Selena podía follar sin problema. Comencé a aumentar la velocidad y ella pasó de un momento de tensión a uno de relajación. me estaba follando a la chica que apenas 4 horas había visto en la entrada del carrefour. En mi mente no hacían más que parecer imágenes de ella en el carrefour, en el coche, en el ascensor, en la mesa de mi salón y ahora la tenía desnuda bajo mi cuerpo follándomela.

 

  • Déjame ponerme arriba.- me pido ella

 

Cambiamos de posición  y ella se puso arriba mio clavándose mi polla dentro de su coño y moviéndose de arriba abajo y delante a atrás yo  puse mis manos en sus pechos para acariciarlos, estaban húmedos, llenos de sudor del esfuerzo que estaba haciendo y del placer que estaba sintiendo, bajé mis manos por su cuerpo llegando a su cintura donde posé mis manos en su culo para hacer fuerza y que mi polla se clavara más adentro de su coño, cosa que le gustó luego con una mano lo abrí sus nalgas y con la otra empecé a meterle un dedo por el ano, eso le hizo perder el ritmo y pararse. le miré a los ojos y le dije

“Confía en mí” tras 3 segundos volvió a  moverse y yo seguí metiendo el dedo en su ano.

Selena estaba siendo doblemente penetrada, por mi polla y por mi dedo, tanto placer hizo que con un grito de placer se corriera y su cuerpo se quedara flojo. Fue ese momento en el que aproveché para tumbarla boca a abajo y levantar le un poco el trasero para meterle mi polla por el culo. Mi polla se abría paso por sus nalgas abriendo su ano, Selena tras su orgasmo no tenía fuerza para negarse y eso lo aproveche yo. Estuve dando fuerte embestidas en su ano llegando a correrme a lo cual saqué mi polla de su ano, vertiendo gran cantidad semen por su culo, espalda llegando a su pelo rubio, ahora castaño por el sudor del acto, le di la vuelta poniéndola boca arriba y me tumbé junto a ella agotado por el grandioso polvo que habíamos echado. Estuvimos besándonos mientras recuperamos fuerzas para una segunda ronda. Así fue como conocí a Selena, la lujuriosa Selena.

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Consolando a una jugadora

Esta historia comienza con mi amigo y compañero Zacarías que se tuvo que operar de la rodilla, para no dejar tirado al equipo que entrenaba me pidió si podía estar con él de segundo entrenador, yo acepté.

Él era entrenador de Volleyball, ambos habíamos jugado cuando éramos universitarios además ambos éramos federados por lo que de VolleyBall entendemos un huevo. El se encargaba de diseñar el entrenamiento me lo mandaba el día antes yo preparaba el material y llevaba a entrenamiento. Llevaba unas semanas entrenando al equipo compuesto por 16 chicas cuando un día vi a Sonia nuestra mejor colocadora algo despistada. Cuando acabó el entrenamiento antes de que se fuera al vestuario a cambiarse la paré y estuve hablando con ella de lo que le pasaba, ella aguardó que todas sus compañeras estuvieran en el vestuario para no ser escuchada por el resto y me estuvo contando que tenía problemas en casa que sus padres se estaban peleando y que eso le afectaba, yo le propuse que desconectara un poco que si ella quería la invitaba a cenar, ella aceptó dándome un abrazo, no sé lo que fue pero al sentir sus pechos contra mi pecho me dió un respingón el cuerpo. “ Duchate y cambiate y nos vamos a cenar, ok?”, ella se fue al vestuario y yo me fuí a recoger los balones, la red y los postes para dejarlo todo recogido para el día siguiente luego me metí en la ducha, una ducha rápida, me vestí y cuando salí me encontré a Sonia con sus zapatillas rojas, con falda roja de algodón que le llegaba hasta las rodillas una camiseta blanca que dejaba ver sus sujetador blanco con dibujos de conejitos y su pelo mojado aún recogido en una cola con su maleta de Betty boop a la espalda, todas sus compañeras se habían ido e incluso su amiga del alma Patricia. Le cogí la maleta para llevarla y mientras caminábamos juntos le pregunté.

– ¿ Donde te apetece ir?
– No sé me da igual
– ¿ qué te parece a los cien montaditos?
– vale.

Nos montamos en el coche, el cual la falda roja de algodón se subió un poco acostumbrado a verla con el pantaloncito corto del equipamiento no era raro verle la piernas pero quizás el hecho de que al final de esas piernas estaban sus bragas y debajo su coñito de 18 años daba un poco de morbo y más cuando el cinturón de seguridad cruzaba por en medio de sus pechos resaltandolos. En el viaje evitaba en la medida de lo posible tener eso pensamientos pero no se me iba de la cabeza, es más me venían imágenes de su culo redondeado en los entrenamiento, mentiría si no dijera que no se me había ido la mirada a su trasero cuando entrenaba bueno a su trasero y a las del resto sobre todo al trasero de patricia que era quien tenía el trasero más redondo y bien formado aunque el de Sonia no tenía nada que envidiarle. Llegamos a bar y aparcamos cerca de la terraza. Nos sentamos en una de esas mesas altas con dos taburetes, rápidamente vimos la carta y dejando a Sonia en la mesa fui a la barra a pedir. En el primer viaje llevé la bebida una coca cola light para Sonia y un tubo de cerveza para mí luego me llamaron por el megáfono y recogía un montadito de palometa para Sonia y una montadito de Tortilla para mía, al poco tiempo volvieron a llamarme para ir a la barra a recoger otros dos montaditos uno de queso viejo y otro de york y queso. Sonia en vez de ponerse en el otro lado de la mesa se puso a mi lado a comerse el montadito de pie una vez terminado Sonia vió mi vaso vacío y me dijo si quería otra cerveza yo asentí y se fue corriendo a la barra a pedirme otra cerveza. cuando volvió con una sonrisa de oreja a oreja la cogi y le dí un abrazo y un beso en la frente, luego dejé de abrazarla, aunque era mayo estaba refrescando y el cuerpo de Sonia lo estaba notando.
– ¿ tienes frió?
– no
– ¿ en serio?
– Bueno un poco.
– ven aquí

ella se acercó a mi y yo la abrace por detrás cubriendo su cuerpo con el mio poniendo mi cabeza en su hombro y mis brazos en su ombligo, el olor que desprendía era embriagador y las imágenes de su trasero junto con la de sus pechos se vieron a mi mente. Rápidamente me acabé la cerveza y pagué la cuenta, con Sonia agarrada a mi cintura y yo a la de ella, así caminamos hasta el coche donde nos separamos y cada uno entró por su puerta.

En el camino a su casa no dejaba de pensar en sus pechos y en ese culito tan redondo que tenía, ni en la fragancia de su pelo. Llegamos a un semáforo en rojo y nos paramos, le hice una visual su falda roja se había subido más que antes, su pechos estaban mostrando su pezones supongo que a causa del frío y sumándole la presión que ejercía el cinturón sobre sus pechos , y se había echado el pelo para su derecha dejando me ver su hermoso rostro. Cuando llegamos a su calle en la puerta de su bloque paramos era una calle poco transitado, ella se quitó el cinturón de seguridad y me dio un beso en la mejilla y cuando me iba a dar otro beso en la otra mejilla mi reflejo giraron la cabeza y me dio el beso en los labios. ambos nos quedamos callados pero al segundo reaccioné

– lo siento
– nada,.. nada – dijo ella pausadamente

abrió la puerta del auto para bajarse cuando la tomé del brazo izquierdo y la besé otra vez, al principio no hizo ningún gesto es mas estaba tensa pero al momento se relajó y su lengua y la mía empezaron a rozarse, luego mi boca quería comerse a su boca y viceversa mis manos pasaron de su brazo a su cintura acariciando en el paso su pecho, entonces escuchamos un coche pitar miré y había un coche detrás y la puerta de mi coche estaba medio abierta.

– Cierra que nos vamos,- le dije.

Cerró la puerta y yo aceleré el coche para salir pitando de allí. Al poco de tiempo conduciendo llegamos al aparcamiento de la cartuja, lugar donde la gente va para… eso.
Apagué las luces y apagué motor. Sonia estaba entrance.

– Sonia, ¿estás segura de que quieres hacer eso?
– Si.

dicho esto posé una mano en su cintura y otra en su cara. volví a meter mi lengua a en su boca, con las dos manos en sus cintura le subí la camiseta y dejé al descubierto su sujetador de conejos el cual desabroché en un instante dejando al aire sus pechos blancos como la leche. Mientras seguía besándola tiré de su falda hacia abajo dejando al descubierto sus bragas blancas. dejé de besarla para bajarle las bragas hasta sus botines rojos y sacarlas de entre sus piernas cuando me estaba acercando a su cuerpo ella me miró con cara de asustada y me dijo

– Soy virgen.
– No te preocupes, no vamos a hacer nada que no quieras.

Bajé mi cara hasta su coño y empecé a lamerlo de arriba a abajo cosa que le provocaba pequeños orgasmos. cuando llevaba un rato comiéndole el coño me bajé el pantalón y saqué mi polla, la cara de Sonia fue de asombro creo que nunca había visto una polla, luego me confesó que sí pero no tan gorda.Con saliva humedecí mi polla y me puse un condón antes de meterla por su chochito, ella no hacía más que jadear hasta que mi polla le rompio el himen cosa que le causó dolor pero ya se había roto la barrera ahora ya estaba lista para disfrutar del sexo. Mi cuerpo era más grande que el suyo así que pronto le dije que se pusiera arriba para no aplastarla, mientras mi polla la penetraba mi boca daba cuenta de sus pechos cabían cada uno en mi boca cosa que le gustaba a ella cuando lo tenía dentro de mi boca y lo mordía. Creo que esa noche tuvo su primer orgasmo y también tuvo dos más antes que me corriera.

Ambos quedamos rendidos en el asiento del copiloto ella con solo sus botines rojos con calcetines blancos encima mío y yo con mi pantalón por los tobillos y descamisado. Una vez recuperados la devolvía casa de sus padres y yo volví a la mía.

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Los primos argentinos de Sara

Los primos argentinos de Sara estaban de visita en España. Rondaban los 18 años y con sus cuerpos atléticos de deportistas venían dispuestos para tener mucha fiesta y disfrutar entre las españolas.

Aquella noche, contra todo pronóstico, en lugar de salir de marcha ellos, lo hicieron los padres de Sara, que tenían una cena y baile con amigos.

Diego y Mauro, que así se llamaban los dos jóvenes, volvieron de comerse unas hamburguesas a casa de sus tíos para saquear el mueble bar.

Al llegar a casa, se encontraron a su prima Sara, mayor que ellos (27 años),  sentada en el sofá hablando por teléfono con su novio. La chica, delgadita, poco pecho y culo de infarto, llevaba puesta ropa de andar por casa: un viejo top blanco y unos pantaloncitos cortos que usaba de pijama.

Los chicos se prepararon unos tragos y se sentaron en el sofá con su prima. No paraban de hacer juerga, y Sara dejó de hablar por teléfono indignada.

SARA: ¡a ver, no me dejáis ni hablar por teléfono! ¿Tengo que ser como vuestra madre o qué? – dijo enfurruñada.

MAURO: ja, ja, ¡mamita, mamita! Vos podés ser lo que queráis.

SARA: uff. Desde que no os veía os habéis vuelto unos salidos.

DIEGO: ¿salidos? ¿No recordás aquel juego cuando éramos más chicos de no sé qué beso-verdad-atrevimiento?

MAURO: sí, nos dimos unos piquitos, pero aquí mi hermano y yo nos tuvimos que pajear después.

SARA: lo que yo decía, unos salidos.

DIEGO: ¿salidos? ¡Acá sí que está salido! – el chico guio la mano de su prima hasta su paquete, donde se podía apreciar una buena erección.

SARA: ¡guarro!

Los chicos se apartaron y quitaron las camisetas. En sus cuerpos de deportistas se marcaban  las abdominales y los músculos de hacer mucho deporte, más que de ir al gimnasio.

DIGO: ¿disfrutás con esto?

Sara pasó un dedo por las abdominales de cada chico.

SARA: ya sois todos unos hombres. Seguro que volvéis locas a las chicas en Argentina.

MAURO: ¿Y acá en España? Ja ja ja.

Mauro colocó su mano en el muslo de su prima y le acarició sutilmente.

DIEGO: prima, ¿vos no querés coger? Vamos relocos contigo..

El chico se lanzó a besar a su prima. Ella al principio se resistió, pero finalmente venció a la tentación y siguió besándole mientras le acariciaba las abdominales.

Mauro le acariciaba las lisas piernas. Su mano saltó hasta sus pequeños pechos y los estrujó como si fueran esponjas.  Diego guio la mano de su prima hasta su paquete, y la apretó con una mano ahí.

MAURO: ¿te gusta mi verga?

Ella no respondió, pero le apretó el paquete y lo masajeó por encima de la ropa.

El chico le besó el hombro y el cuello y Diego, más directo, metió la mano por debajo del top y se ensañó con aquellos  dos pequeños y duros pechos.

Entre los dos le quitaron el top, y sus dos preciosos pechos turgentes salieron a la luz sin la protección de un sujetador.  Como si se tratara de lechones, los dos chicos se lanzaron a besar, chupar y morder aquellas dos tetas.

Mauro fue bajando con sus besos hasta besarle todo el vientre. Al llegar al pantalón, lo bajó con rapidez, y se puso a besarle desde la rodilla hasta llegar a sus pequeñas braguitas de Hello Kitty.

Sara gimió y Diego pudo ver cómo su hermano chupaba sin cesar el coñito de su prima.

La chica estaba concentrada en la comida de coño que le estaban haciendo, y se pegó un pequeño susto cuando de repente se encontró la polla erecta de Diego a su lado.

La agarró por la base, y le dio juguetones chupaditas con la punta de su lengua. Su primo le empujó un poco la cabeza, y ella se la mamó como si fuera una puta. Diego la tenía agarrada del pelo, y la guiaba para que se la chupara sin parar.

Cambiaron posiciones, y Mauro no paraba de decir palabrotas mientras que su prima se la comía.

MAURO: te tengo que coger, te tengo que coger!

Con desesperación, el chico cogió a su prima y tras levantarla en volandas la colocó a cuatro patas contra el brazo del sofá.

MAURO: ¡tenés mi pija!

Agarró con fuerza el culito de Sara, y se la metió de golpe. Comenzó un mete-saca rápido y salvaje que hacía gritar a Sara como si la estuvieran violando.

Diego, mientras tanto y sin dejar de masturbarse, se dedicó a escupir en el culo de su prima e introducirle un dedo.

El chico harto de excitación, se sentó al lado y les llamó la atención a los otros para que le hicieran caso.

Sara se levantó y se sentó de espaldas sobre Diego. Con habilidad, se metió su mástil de golpe y le cabalgó. Mauro le agarró la cabeza, y le metió la polla dentro.

Las tetitas de Sara saltaban, y su culito extendía pequeñas ondas con cada metida.

* * *

De repente sonó la puerta de la entrada. Los padres de Sara volvían.

Asustados, cogieron la ropa, y corriendo desnudos salieron pitando escaleras abajo hasta el garaje. Una vez allí, se vistieron como pudieron, y se metieron en el pequeño coche de Sara.

Salieron por el garaje sin rumbo fijo.

En el primer semáforo, todos se pusieron a reír para liberar tensión.

Mauro empezó a magrearla y le suplicó que fueran a algún sitio a terminar lo que habían empezado.

Sara les llevó hasta el oscuro parque del colegio donde había ido de pequeña. Estaba vacío y nada más detener el coche los dos chicos lanzaron sus manos como garfios hasta su cuerpo.

Salieron del coche, y tras abrir la puerta trasera, Diego se lanzó sobre Sara. Sin quitarle la ropa, guio su polla hasta su coño. Éste, aún estaba empapado, y el chico se la metió con facilidad. Su hermano se masturbaba en la calle viendo el espectáculo. Llegó un punto en el que el chico no aguantó más, y avisó que se iba a correr. Se sacó el pene, y soltó grandes chorros blanquecinos sobre el coñito y el pantalón de ella.

SARA: uff, me has dejado perdida. Voy a limpiarme.

Mauro impidió que lo hiciera, y se abalanzó sobre la chica cubriéndola con todo su cuerpo. La tenía aplastada y su pene pronto encontró su vagina.

La folló con fuerza, como un animal en celo.

El chico se levantó de golpe y se arrodilló sobre la cabeza de ella.

MAURO: ahhh, acabaré en tu carita de ángel…

Ella cerró los ojos, y el chico se masturbó a toda velocidad. Borbotones de semen manaron de su polla, y descendieron sobre los ojos, boca y rostro de su prima.

Limpiaron a su prima entre los dos hermanos y volvieron a hurtadillas a casa.

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Memoria USB perdida (II) – Sudamericano

Había pasado casi una semana de los acontecimientos narrados en el relato “Memoria USB perdida” (I) entre Sara, Isma y yo.

Era viernes y estaba en el trabajo cuando recibí un mensaje de whatsapp de Isma (chico de entre 18-19 años) en el que decía:

“Mira lo que estamos haciendo mi amigo Raúl y yo”.

Tras el mensaje, recibí una imagen en mi Smartphone en el que se veía un monitor con una de las fotos de mi novia Sara que había perdido y dos pollas erectas justo delante.

Le contesté:

“Disfrutad con mi novia chicos. Enviadme una foto cuando acabéis. ”

A los 5 minutos mi móvil sonó. Me fui a una esquina de la oficina y descargué la foto. En ella se veía la misma foto proyectada en el monitor de antes cubierta por un montón de semen y dos pollas flácidas al frente.

Al verlo, les envié un mensaje diciéndoles que estaba en el curro y que ahora no podía escribir mucho y que a ver si Isma me contaba quién era el propietario del otro miembro y qué le había parecido mi novia Sara.

Aunque no lo contesté ese día, Isma me comentó que era la de su mejor amigo Raúl, de total confianza y que pensaba que Sara era una diosa a la que había que hacer ofrendas de semen.

* * *

Ya en casa, le conté y enseñé lo ocurrido a Sara y esta se excitó enseguida.

Al día siguiente (sábado), Isma nos llamó y nos dijo que su amigo Raúl nos invitaba a tomar algo a su casa.  Sara y yo lo hablamos y accedimos.

El amigo de Isma vivía en un chalet grandecito en la periferia.

Llegamos a la casa y nos recibieron Isma y Raúl, su amigo sudamericano. Pasamos al comedor y allí estaban los padres del anfitrión. Nos presentamos como unos amigos de Isma y que más tarde nos iríamos de marcha.

Sara y yo estábamos bastantes nerviosos porque los chicos no estaban solos. ¿Qué tendrían en mente? Les propusimos ir a nuestra casa, que estaríamos solos, pero dijeron que no, y que no nos preocupáramos.

Seguimos a Isma y a Raúl por las escaleras hasta llegar al garaje, desde el que  se podía acceder a un cuarto hecho a medida que Raúl usaba para estudiar, fiestas y jugar a la consola.

Una vez dentro, Sara se quitó el abrigo y dejó a la vista de todos cómo iba vestida:

Llevaba las piernas, perfectamente depiladas al descubierto y un vestidito compuesto por una minifalda en volantes y una parte de arriba con filigranas y transparente. Todo el vestidito era negro, y el sujetador con relleno que se descubría bajo las transparencias era del mismo color.

Isma y Raúl se quedaron alucinados.

Mientras Sara les sonreía, observé aquella habitación desprovistas de ventanas y pude ver una tele de 52 pulgadas con varias consolas conectadas, un sofá, una mesita, una mesa llena de papeles con un ordenador y una pantalla de 22”, estanterías llenas de libros y una pequeña cama de 90.

Sara se sentó en el sofá cruzando las piernas. Aquel cruce le subió la falda un poco y dejó ver aquellas dos preciosas y tersas extremidades blanquecinas.

Raúl abrió un armario y dejó a la vista un nutrido mueble-bar. Todos decidimos tomarnos unas caipirinhas. Mientras Raúl las preparaba, Sara  y yo nos reíamos de las bromas que nos contaba Isma.

Nos sentamos, bastante estrechos en el sofá. En un lateral estaba yo, con Sara a mi derecha, seguida por Raúl y por Isma.

Bebíamos y reíamos hasta que sonó la puerta y se abrió de golpe. La madre de Raúl entró y nos preguntó si necesitábamos algo. Su hijo le contestó que no, que estábamos tomándonos algo para no gastar tanto cuando saliéramos. Su madre dijo que eso estaba muy bien, que ahorraran un poco y dijo que para que no nos sentara mal que nos traería algo para comer.

SARA: qué susto me he dado.

RAÚL: ahhh, no te preocupes. Ahorita nos traerá algo y nos dejará tranquilos. Ahora están viendo la tele pero a las 11 y nomás se irán a la cama.

La mujer cumplió y nos trajo unas minipizzas y otros menesteres para comer.

MADRE: ¿cariño, no pasarás frío? – le dijo a mi novia al comprobar el hecho que llevaba una camiseta transparente.

SARA: no, no se preocupe señora. Llevo un buen abrigo. Es que con tanta gente hace mucho calor en las discotecas y así es como si fuera en bikini.

MADRE: bueno, cuídate y no te resfríes.

La madre se acercó y nos dio dos besos a cada uno.

MADRE: no sé si estaremos despiertos cuando os vayáis así que pasáoslo bien y tened cuidado. Rauilito, si necesitas cualquier cosa llámanos.

RAÚL: valeeee mamita. No te preocupes. Te quiero mamita.

La mujer cerró la puerta y nos dejó solos.

Raúl puso música y nos dijo que no nos preocupáramos por el volumen, que sus padres dormían dos pisos más arriba y no se oía nada.

Pronto las caipiriñas fueron bajando en los vasos y Sara le preguntó a Raúl:

SARA: Luis ya me ha enseñado la foto que le enviasteis. ¿Os lo pasasteis bien con mis fotos?

RAÚL: estabas muy lindaaaaa.

SARA: ya vi que os gustó…

RAÚL: sí… Las fotos las hicimos frente a ese ordenador – señaló la mesa y la pantalla panorámica que reposaba encima.

SARA: ¿pensabas que sería así en persona tras ver las fotos?

RAÚL: así con ropa no sé, ¡¡pero estás padre!!

SARA: Isma antes nos ha contado que jugas al fútbol con él y que eres un crack. ¿Por qué no me enseñas las abdominales?

Sin perder tiempo, el chico obedeció y se subió en seguida la camiseta. Se podían apreciar unas abdominales muy marcadas, mejores que las que hace una semana nos enseñó Isma, en una piel morena como la madera.

Sara pasó dos de sus dedos lentamente por aquella cordillera de músculos del vientre hasta llegar al ombligo.

Sara se levantó riendo y dijo de improviso:

SARA: ¡¡¡esta canción me encanta!!!

Empezó a bailar delante de nosotros tres. Primero abrió los brazos y los fue subiendo lentamente al ritmo que movía la cadera adelante y atrás.  Se colocó una mano en la falda, y la movió arriba y abajo (casi dejando a la vista su ropa interior), mientras que levantaba por encima de la cabeza su otro brazo. Se puso de lado y empezó a contonear su cadera con los brazos levantados. Pese a no tener mucho pecho, aquel sujetador push-up le hacía parecer tener una 90. El vestido ceñido realzaba sus formas, su vientre plano y su culo respingón y de infarto.

Se dio la vuelta, y bailó de espaldas a nosotros, moviendo su culito como si le picara algo y poniéndonos a los 3 bien calientes. Levantó tanto su falda que s ele pudo apreciar un poco el culo. En un descuido hasta su tanga negro.  Volvió a bailar de frente de forma provocativa, luego de lado, y terminó el ciclo de espaldas. De frente se subió el vestido enseñándonos el ombligo. Siguió provocándonos y se subió la parte de arriba dejándonos ver su sujetador negro, que ya teníamos visto por sus transparencias.

Se dio la vuelta, subió su falda enseñándonos las rayitas de su tanga y comenzó a agacharse haciendo una sentadilla sin parar de mover aquel culito blanco y terso.

Se pasó los pulgares por los laterales del tanga y subió y bajó las manos sin parar de bailar. Nos dio la espalda, se agachó y empezó a mover el culito como si tuviera espasmos.

Se dio la vuelta mirándonos y acarició las piernas hasta llegar a los pechos. Los juntó y se inclinó hacia delante marcando un gran cañón transparentado por su parte de arriba del vestido.

De repente la puerta se abrió y apareció Nicolás, el padre de Raúl:

NICOLÁS: a ver, podéis bajar la música que estoy viendo una pelí…

El hombre, bajito, regordete y moreno, de unos cuarenta y tantos, vestido en chándal, se quedó helado al ver a Sara, al verla bailar tan sexy. Se acercó, con el ceño fruncido, al sofá, a donde estaba Sara y le dijo en voz alta casi gritando:

NICOLÁS: ¡¿cómo te atreves a comportarte así en mi casa?! ¡Esto no es una discoteca!

SARA: sólo bailaba, no se enfade. Ahora nos iremos de marcha.

NICOLÁS: ¡ha! ¿Ahorita? ¡Tú lo que hacías era poner cachondos a estos críos!

SARA: ¿no le gustaba cómo bailaba? Se ha quedado mirando fijamente unos segundos…

NICOLÁS: yo, yo…

Justo en ese momento comenzó una canción latina con mucho ritmo. Sara empezó a bailar inconscientemente. Puso una mano en el pecho de Nicolás y le empujó, haciendo que este cayera se tropezara con el sofá y se sentase donde antes se había sentado ella.

NICOLÁS: ¡¿Pero qué carajo haces?!

SARA: shhh – mi chica se llevó un dedo a los labios.- Le bailaré esta canción que seguro le gusta. Relájese y verá como no hago ningún mal.

El hombre se dispuso a rechistar pero en cuanto Sara le dio la espalda y comenzó a bailar moviendo al ritmo de reggaeton su culito se quedó callado y con la boca abierta.

RAÚL: ¿a que baila bien papito?

NICOLÁS: calla, calla…

Sara contoneaba su culito de espaldas, y cuando dobló la espalda su mini falda se levantó dejando a la vista sus duras nalgas y su tanga negro. Él levantó las cejas y ella sonrió al percatarse. Agitó aquel trasero y se movió ligeramente como un flan. Se pasó las manos por el culo lentamente, provocándonos a los cuatro.

Se dio la vuelta y al mirar a Nicolás, éste le sonrió levemente. Bajó la vista y pudo notar una pequeña protuberancia en el pantalón de chándal de aquel hombre maduro. Se acercó a él de frente, colocó sus manos en sus hombros y contoneó su culito. Isma se asomó un poco para ver aquel trasero, pero el resto no perdimos de vista aquella cara viciosa de labios carnosos entrecerrados y el escotazo que tenía mi novia. Aquellas dos tetitas estaban bien cerca de la cara del hombre. Sara abrazó lentamente al hombre, rozándole con los pechos el cuerpo. Cuando se incorporó, sus tetitas estaban a la altura de la lengua del hombre. Sara se puso las manos en los laterales de sus senos y empezó a juntarlos como si quisiera dar palmadas con ellos. Los ojos del padre de Raúl casi se salían de sus órbitas y no paraba de resoplar.

El hombre se estiró para besarle los pechos, pero en ese momento ella se dio la vuelta, siguió bailando lentamente de espaldas y bajando su culito. No hubiéramos sabido si se estaba restregando contra Nicolás si no hubiera sido por su interjección:

NICOLÁS: mmm, ¡qué culito más rico!

Sin previo aviso el hombre le bajó la falda dejándola en tanga. En lugar de protestar ella se rió.

SARA: ¿más tranquilo señor?

NICOLÁS: mmm. Niña, tendrás que quitarme el enfado con tus bailes.

Sara, de espaldas, apoyó sus manos en las piernas de Nicolás y contoneó su culito contra su paquete, del que ya se podía ver una gran erección bajo la ropa.

Aquel culito blanco y puro parecía casi desnudo por el pequeño tanga y se movía de arriba abajo aplastando el paquete de aquel hombre.

Nicolás se lanzó y colocó sus manos en las piernas de Sara. Fue bajando hasta tocarle el culo. Aprovechaba para apretar a la chica más contra él.

Sara se levantó y se subió encima de Nicolás, como una amazona sobre aquel hombre regordete. Le apartó las manos cuando este intentó tocarle las tetas y se quedó quieta.

SARA: ¿nos dejarás hacer lo que queramos sin rechistar?

NICOLÁS: sí sí. Pero amor, no pares.

Sara rio apoyándose con los brazos en el sofá, empezó a cabalgar al hombre. Al principio despacio, restregando lentamente su tanguita por encima de el paquete de él, pero poco a poco fue cogiendo velocidad y emitiendo gemiditos. Se podía apreciar una mancha de humedad en su tanguita. En un momento dado la camiseta del hombre se subió, y la punta de su polla salió a la luz. Ella la tocó con un dedo, se rio y cabalgó más rápido. Cuando el hombre no aguantó más, se corrió, soltando un buen chorro blanco que le impactó sobre la barriga, seguido de otros 3 que terminaron formando una laguna que se desbordaba por los lados.

Sara se paró y le dio un piquito al hombre. Éste se levantó y se fue al baño a limpiarse.

SARA: ¿qué? ¿Nos vamos de marcha?

Los 3 chicos nos miramos y tras aquella exhibición pasional contestamos con una tímida afirmación.

RÁUL: Papá, ¿qué nos podrías acercar a la disco en el auto? – preguntó a su padre nada más este salió del baño.

NICOLÁS: claro que sí hijito – dijo sonriendo – os llevaré a los 3.

***

En el coche no ocurrió nada digno de mención. Llegamos a un pub de mala muerte bastante pequeño que solían visitar Raúl e Isma. Estaba bastante lleno por chicos de su edad, y tanto la música como las personas eran claramente latinas. Nos quitamos los abrigos y nos dirigimos al otro extremo de la puerta para poder dejarlos apoyados en una barra llena de ropa.

En cuanto Sara dejó a la luz sus suaves piernas acabadas en minifalda y su camiseta transparente que era una ventana hacia su sujetador, los chicos del lugar centraron su vista en ella como si sus miradas fueran arpones.

Isma propuso invitarnos a unos chupitos, y nos dirigimos abriéndonos paso hasta la barra. Yo iba justo detrás de Sara. Pude ver cómo muchos chicos más que apartarse un poco para dejarle paso hacían justo lo contrario para rozarse y acercarse más. Otros tantos le dedicaban piropos o la animaban a que se fuera con ellos.

Nos resguardamos en una parte de la barra que quedaba un poco solitaria al tener una columna por medio. Tomamos nuestros chupitos y aprovechamos el espacio libre para bailar un poco.

Sara bailaba extremadamente sexy. Sólo nosotros tres la separábamos del mar de tiburones que intentarían comérsela a la mínima ocasión. Éramos sus protectores, pero nosotros, y más tras el espectáculo acontecido en casa de Raúl, también éramos escualos.

LUIS: cariño, porqué no te quitas esa camiseta, que total el efecto será el mismo – le dije bromeando.

En lugar de burlarse de mi broma, se puso a reír y se quitó la camiseta, quedándose en sujetador. Sus tetitas botaban con su baile dentro de aquel constringente sujetador.

Mientras Sara bailaba aquella música latina, Raúl se le acercó animado. La cogió por la cintura y se pusieron a bailar cada vez más pegados. Ella giró y siguió bailando de espaldas. Su culito se movía como la rueda de un coche, y en cada vuelta rozaba el paquete de Raúl. En un momento determinado ella dio un giro, y todos pudimos apreciar la imponente erección que tenía el chico. Se volvieron a pegar y Raúl la agarró de la cintura juntándola bien contra sí.

Su baile era cada vez más caliente hasta que Sara se separó y se acercó a Isma, que estaba sentado en un taburete. Le beso lentamente en los labios, y se arrejuntó los pechos en el sujetador frente a la cara del chico. Éste, hundió su cabeza entre aquellas dos tetas, no muy grandes, pero bien turgentes.

Raúl se acercó a Sara por la espalda y se pegó a su culito diciéndole.

SARA: nos has puesto muy cachondos en mi casa. Al chófer ya le diste lo suyo, ahora nos toca a nosotros.

Raúl se apretó más a ella  y le colocó sus manos en la cintura. Sin parsimonias, subió rápidamente hasta llegar a los pechos y los apretó hacia arriba. Le acarició las piernas y fue ascendió hasta subirle la falda lo suficiente para dejar al descubierto su tanguita. Sin delicadeza, le desabrochó el sujetador y le estrujó las tetitas mientras que ella no dejaba de besarse con Isma.

Mientras Raúl seguía magreándola, Sara le bajó la bragueta de los vaqueros a Isma y sacó su polla al aire libre. Empezó a masturbarle al son de la música sin dejar de mirarle.

El chico se levantó del taburete y ayudó a sentarse a ella. Inmediatamente, acercó su tranca a la cara de Sara, y ésta empezó a darle lametones al prepucio.

ISMA: sí nena, cómetela.

Ella, obediente, se metió aquel miembro erecto en la boca y empezó a chupársela. Raúl también había desenfundado y se la cascaba justo al lado. El joven acercó su miembro a la cara de Sara, y esta, en un rápido movimiento, cogió aquella cola por la base y empezó a chuparla. Su cabeza se movía con rapidez mientras mamaba alternativamente aquellas dos pollas.

Se bajó de la silla y se puso en cuclillas en el suelo para chupar aquellas pollas mejor. Sus pechos botaban por el ritmo de sus succiones. Juntó los dos capullos y se los metió a la vez en la boca.

Los mirones se arremolinaban entorno a nosotros cuatro y mantenían las distancias.

RAÚL: así así, putita, así. Chúpatela toda. Toda la pija…

Ella aumentó el ritmo sin dejar de mirarle.

RAÚL: ¿te gusta?

SARA: mmmm, sí, mmm.

Me senté en el taburete y empecé a cascármela yo también. Raúl ayudó a mi chica a levantarse y tras meter una mano bajo su falda empezó a masturbarla.

RAÚL: no hace falta mucho… qué mojadita está…

Le subió la falda y tras apartar el tanga a un lado, fue buscando con la punta de su lanza su coñito.  Sara se apoyó en mí para no caerse. Nos sonreímos y su cara se transformó cuando nuestro nuevo amigo se la metió de golpe.

Se la estaba follando con golpes secos, y ella me miraba con un gesto agónico de placer. A los pocos minutos, me miró con cara traviesa, y tras coger mi miembro empezó a chupármela.

RAÚL: mmmm, qué culito tienes, mmmm. – Decía mientras le agarraba el culo al ritmo de sus penetraciones.

SARA: sí… Isma.. ahora tú guapetón… Métemela…

Sonriente, el aludido pidió turno y se colocó detrás de Sara. Le acarició la espalda y empezó a penetrarla muy lentamente. Ella quería más, pero él disfrutaba cada introducción con deleite. Pegó su cuerpo al de ella y le susurró al oído:

ISMA: voy a correrme dentro de ti, como he estado haciendo a diario en mi imaginación mientras me la cascaba.

El chico aumentó el ritmo hasta que su voz se elevó por encima de la música y empezó a correrse dentro de mi chica. Se apartó a un lado, y sin dar tiempo a que Sara se limpiase, Raúl ocupó su lugar y empezó a follársela con fuerza.

Los mirones se habían envalentonado y un par de chicos acariciaban a Sara. Poco a poco se fueron soltando más, y uno le estrujaba las tetas mientras que otras tantas manos anónimas la toqueteaban por todos lados.

Aquello se nos estaba yendo de las manos. Pude ver cómo Isma llamaba desde el móvil de Raúl con cara seria. Raúl no tardó en correrse. Se separó y chorreones de semen cayeron por las piernas de mi chicas. Un desconocido intentó penetrarla, pero Sara se pegó a mí y le rechazó.

LUIS: chicos, hay que irse. Coged la ropa y abridme paso.

Cogí a Sara en brazos y seguí a Raúl e Isma que se abrían paso entre la multitud. Al salir a la calle, el padre de Raúl nos esperaba con la puerta abierta.

NICOLÁS: ¡vamos, vamos, a dentro!

***

Nos metimos a toda velocidad, con Sara casi desnuda dentro del coche y conducimos hacia casa de Raúl.

NICOLÁS: Isma ya me lo ha contado todo. No os preocupéis,  no pasa nada.

De repente Sara cortó la tensión riéndose a carcajadas.

SARA: eso, no ha pasado nada. Sólo que casi me follo a todo el pub.

Todos nos reímos. Mientras hablaba, se iba vistiendo.

SARA: a todos menos al más importante…

Isma y Raúl se bajaron al llegar a su casa y su padre nos acompañó hasta nuestra casa. Entró por el parking y una vez paró el coche Sara le dijo:

SARA: gracias por todo Nicolás. Es usted un caballero.

NICOLÁS: faltaría más.

SARA: fíjese que mi novio se ha quedado sin disfrutar esta noche. Iba a recompensarle en el coche, pero por respeto a usted no lo he hecho.

NICOLÁS: no pasa nada…

Sara metió la cabeza entre los asientos delanteros y le dio un beso en la mejilla a Nicolás. El hombre rio, y no me di cuenta de por qué hasta que me pude dar cuenta que Sara le estaba acariciando el paquete. En un santiamén le sacó la polla y empezó a pajearle.

Yo hice lo propio y cuando Sara se dio cuenta, se acercó a mí de espaldas y levantó la falda. Apartó su tanga a un lado. Y se agachó hasta meterse mi polla. La luz del parking se apagó dejándonos a oscuras. Aún estaba empapada por dentro. Empezó a cabalgarme y yo apenas sólo podía ver su culito saltando y su espalda. Se reclinó un poco más hacia detrás y pude ver a nuestro conductor entre los dos asientos con la polla en ristre. Ella volvió a inclinarse hacia delante, y me imaginé que los gemidos que oía debían de provenir de la satisfacción de Nicolás mientras mi chica se la chupaba.

El hombre no aguantó mucho y al poco tiempo se corrió. Sara se levantó y dio la vuelta. Pude ver cómo tenía la cara y el cuello llenos de semen. Empezó a cabalgarme de frente hasta que me corrí dentro de su coñito.

Nos limpiamos con clínex y recompusimos, listos para volver a casa.

FIN.

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