Mi madre, el sexo más delicioso

La mamé y mamé y ella gemía, tenía mi pene a más no poder de caliente, me coloqué encima de ella, le levanté las piernas y se la metí hasta el fondo, ella gimió y empecé a moverme primero lentamente luego más rápido. Aquello era un volcán devorándose mi pene, la cogi y ella gemía más y más hasta que sentía que me venía y me corrí totalmente llenándola de leche.

Lo que contaré es un hecho totalmente real, creo que pasa en todas las familias o en la mayoría, solo que no se cuenta por la moral y perjuicios, tampoco yo quisiera que se enteraran los que me conocen, menos mis familiares.

Aparte de esta experiencia también las tuve con mi tía y mi prima; también mi hermano me contó que se había cogido a mi prima lo que contaré posteriormente.

Todo empezó cuando tenía 18 años, hace pocos años, yo, Enrique, no me había fijado en mi madre Laura; que en esa época tendría 39 años, la cosa es que habían ido a una fiesta con mi padre y se habían embriagado toda la noche, yo estudiaba por las tardes, todos mis hermanos, que son 4, en la mañana; mi padre se fue al trabajo como pudo, así que me quedé solo mi madre y yo, ella dormía por su estado de licor.

Estaba tirada en su cama cuando entré y noté que se le había subido la pollera hasta las rodillas, me excité y intenté despertarla pero seguía durmiendo, entonces con algo de miedo le subí más y seguía durmiendo, le subí todo hasta la cintura y vi su calzón amarillo, estaba excitadísimo viendo su tremendo culo.

Mi madre tenía unas buenas piernas y un culo grande, sus medidas serán aproximadamente 92-62-96, así que empecé a masturbarme viéndola allí sin atreverme a tocarla, quise ver más y le hice el calzón a un lado y por primera vez vi su concha tan peluda y rica, de verdad fue un espectáculo fenomenal, tenía una concha velluda y me masturbé a más no poder y me corrí muchas veces.

Creo que desde esa vez es en que intentaba verla siempre en cuando estuviera ebria, pero no volvió a pasar más si no hasta después de 2 años, claro desde aquel momento veía a mi madre como una hembra.

Sucedió que al año mi padre murió y un año después y algunos meses después de su muerte sucedió lo que tanto quería, cogerme a mi madre.

Había una fiesta organizada por el hermano menor de mi madre, o sea mi tío, a la cual fuimos ella y yo en representación de mi padre, todos tomamos mucho, mi madre también tomó mucho, bailamos, luego nos fuimos a casa a descansar totalmente ebrios.

Ella se fue a su cuarto y yo me fui al mío que quedaba en el segundo piso y en la primera planta, la cosa es que no podía dormir, veía a mi madre tan bella y deseable y pensé que nada se estaba interponiendo entre ella y yo y que ella era viuda libre, y debía estar en deseos de un hombre.

Me revolcaba en mi cama fantaseando cogerla, me masturbé dos veces recordando aquella vez en que vi sus partes íntimas; hasta que no pude más y decidí bajar a su cuarto, estaba durmiendo totalmente, me acerqué y tropecé con uno de sus zapatos que había tirado en el piso cerca de su cama, así que despertó y me miró sin decirme nada.

Estaba totalmente excitado teniéndola ahí, así que me tiré encima de ella, le saqué los senos, medianos pero bien redondos y ella me dice: ¿Mi hijito quiere su tetita?

Yo le dije ¡si!

Y empecé a mamarle y ella empezó a gemir, creo que se estaba excitando, empecé a acariciarla más y más, ella cerró los ojos sin decir nada, trataba de hacerse la dormida pero sabía que me sentía, así que le levanté su pollera hasta la cintura y empecé a acariciar su concha por encima de su calzón, estaba caliente así que se lo bajé hasta las rodillas y la acaricié, tenía realmente mucho vello y eso me excitaba más, luego puse mi cabeza entre sus piernas y empecé a mamarle la concha, tenía un sabor algo agrio pero excitante.

La mamé y mamé y ella gemía, esta vez notoriamente, y decía, ¡umm! ¡Ahhhhh! A ratos pronunciaba el nombre de mi padre, ya no podía más, quería metérsela toda, tenía mi pene a más no poder de caliente, y una corriente de éxtasis circulaba por mi cuerpo como si alguien pudiera matarme pero sintiendo placer, me coloqué encima de ella, le levanté las piernas y se la metí hasta el fondo, ella gimió y empecé a moverme primero lentamente luego más rápido.

Aquello si era un volcán devorándose mi pene, la cogi y ella gemía más y más hasta que sentía que me venía y me corrí totalmente llenándola de leche y mojando también sus vellos, ella me apretó fuerte con sus piernas, y estuvimos así algunos minutos luego yo reaccioné.

Me puse mi ropa y subí corriendo a mi cuarto muy feliz y a la vez confundido, quizás remordimiento, no se, pero a mi madre la dejé con las piernas abiertas, el calzón en la rodilla y llena de semen, no se como se habrá arreglado.

A la mañana siguiente no tenía cara para verla directamente ni ella me miraba mucho, no dijimos nada y seguimos normalmente así hasta después de dos años, pero eso lo contaré luego.

Autor: Coldcito

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