Vuelta al cole salvaje

Era el último año de Instituto y mi exnovia Carolina, a sus 18 añitos estaba nerviosa. La vuelta al cole era especialmente dramática aquel año ya que significaba el fin de muchas cosas y la elección del futuro en la universidad, trabajo o formación profesional.

Las clases empezaron de forma similar al año anterior, y todos los del aula se conocían. Ya la primera semana un grupo de chicos propuso salir de fiesta para celebrar que era el último año. Carolina se apuntó y a provechando que la marcha era en un lugar famoso, llamó a su tío Miguel, el cuál vivía justo en esa zona. Su tío, divorciado y de 40 años justos, le atendió animado y se alegró de la llamada. Le dijo que podía quedarse a dormir, y si quería, con alguna amiga también; él ya lo hablaría con sus padres.

La semana transcurrió rápida, y algún que otro chaval intentó ligar con ella. Carolina era una chica no muy alta (1,69), de cara dulce sonriente, melena rubia, delgada y unos buenos pechos talla 90. Estos, volvían locos a sus compañeros, y ella disfrutaba del juego a base de llevar camisetas y tops que realzaran su figura.

Era sábado, y a las 19:45 se presentó en casa de su tío Miguel. Dejó las cosas en el que sería su cuarto y pidieron unas pizzas para cenar. Antes de despedirse, su tío le pidió que cuando llegara fuera a darle un beso para saber que había llegado bien y se quedara más tranquila.

Carolina se arregló y colocó un vestidito azul, que si bien no era muy corto, sí era bastante escotado.

MIGUEL: ¡ligarás mucho esta noche! – dijo el hombre mientras le miraba descaradamente los pechos arrejuntados en su escote.

CAROLINA: pufff. Los chicos de clase son unos pesados. No volveré muy tarde. ¡Chao! – dijo tras darle un besito de despedida.

Los compañeros y compañeras de clase se juntaron en un parking cercano a la zona de marcha y celebraron un botellón. Del maletero abierto de un coche salía música, y el de otro servía de barra de bar con las bebidas que habían pagado entre todos.

Carolina empezó hablando con sus amigas, y con la escusa de “invitar” de vez en cuando se acercaba algún compañero de clase para darle otra copa. Tras el segundo vodca con red bull, Carolina empezó a sentirse bastante contentilla, y animó a todos a que dejaran de beber y se fueran de marcha. Los chicos prefirieron quedarse en el botellón.

Así pues, Carolina y tres amigas más se fueron a la zona de discotecas y fueron entrando un rato en cada una de las que eran gratis. Su amiga Sandra le propuso entrar en una nueva en la que invitaban a un chupito muy bueno a las chicas. Sandra no se lo reveló, pero nada más entrar se dieron cuenta que la medida de edad era bastante superior a la suya. La gente rondaba los treinta años o más.

Se tomaron su chupito y pidieron unos cubatas aprovechando los precios populares del local.

Sandra, Noelia, Nieves y Carolina hicieron un pequeño círculo y se pusieron a bailar. No tardó mucho en llegar el primer pesado que intentó ligar con ella. La diferencia con las otras discotecas es que éste no era ningún niñato, sino que se trataba de un chico bien arreglado y vestido de marca de treinta años. El chico, sin mediar palabra, le agarró de la cintura y se puso a bailar con ella. Le caía bien, y no intentó nada, así que le siguió el juego. El chico, de nombre Joaquín, le invitó a otro cubata, el cual no se pudo acabar porque empezaba a ir un poco borracha. Intercambiaron teléfonos y el mozo le dijo si quería ver su nuevo coche.

Carolina inocente aceptó y le siguió. Se trataba de un modelo deportivo con lunas tintadas. Joaquín le dejó sentarse en el sitio del conductor y después hicieron lo propio en los asientos de atrás. Una vez dentro, el chico le tocó el pelo y se acercó lentamente a su cara. Ella sabía lo que se le venía encima, y no supo qué hacer. No le detuvo, y cuando los labios del treintañero se juntaron con los suyos, se dejó llevar. El beso fue cada vez más caliente, y pronto el chico colocó una de sus manos encima de su pierna y fue subiendo poco a poco por dentro del vestido.

Acostumbrada a liarse con chicos de su edad, le sorprendió que Joaquín no se detuviera ahí, sino que dirigiera su mano directamente hacia su sexo. La colocó allí, notando el calor y la humedad, para empezar a masturbarla lentamente. Hizo un amago de pararle, pero su mano férrea seguía y pronto empezó a gemir. Unas risas le llamaron la atención, y pudo ver que en la parte de delante del coche estaban cinco de sus compañeros de clase riéndose y haciendo señas.

PACO: ¡vaya guarra está hecha Carolina!

CARLOS: ¡sí, ahí a punto de follar con ese viejo!

JOSE LUIS: ¡con lo buena que está, no me extraña!

ÍÑIGO: ¡mirad, mirad, cómo le mete mano!

VICENTE: ¡qué guarra!

PACO: ¡ya verás cuando se lo contemos a sus amigas! ¡ja!

Carolina salí a toda prisa del coche sin colocarse mucho el vestido.

CAROLINA: ¡eh! ¡esperad!

PACO: ¿qué pasa, no te basta ese tío?

Los cinco tíos rieron.

CAROLINA: ¡no le digáis nada a mis amigas por favor!

PACO: ¡ja!

CAROLINA: me liaré con los cinco si me prometéis no decir nada a nadie…

Los chicos sonrieron, la cogieron por la cintura y se fueron, dejando los gritos e insultos del calenturiento Joaquín a sus espaldas.

Entraron en un local de gente de su edad, y sin esperar a que ella hiciera nada, Paco se lanzó, la abrazó y empezó a morrearla.

PACO: no será la última vez que nos liemos este curso…

CAROLINA: ya veremos…

Le dio un pico de despedida y se abrazó a Jose Luis, mientras se enrollaba con él.  Fue turnando a cada chico hasta que justo al terminar le llamaron sus amigas. Habló con ellas, que ya estaban en otro garito, se despidió de sus compañeros de clase promesa en mano, y se fue con sus amigas.

Bailaron y bebieron, y finalmente Noelia le acompañó hasta casa de su tío antes de coger el coche.

Carolina subió en el ascensor y entró en el apartamento con las llaves prestadas. Intentó no hacer mucho ruido, pero el traqueteo de los tacones era inevitable. Una vez dentro, vislumbró una trémula luz en el comedor y se acercó para apagarla. Bajo la iluminación de una lamparita, su tío Miguel estaba sentado con un libro en las manos y un copón vacío en la mesita.

Le sonrió y le dijo que se acercase y le contase qué tal había ido la noche. Dado el estado etílico de Carolina, se sinceró como si de un amigo íntimo se tratara. Le contó sobre el botellón y lo criajos que eran sus compañeros de clase. Le relató sobre el pub para gente más mayor, que Miguel ya conocía, y sobre cómo había conocido allí a un treintañero muy majo.

MIGUEL: ¿y no intentó nada contigo? – le cortó Miguel con una mirada pícara.

CAROLINA: bueno… al principio parecía que no. Pero luego, ingenua de mí, me llevo hasta su coche para enseñármelo…

Carolina, de pies frente a su tío sentado en el butacón, le relató como aquel hombre le había metido mano, como le habían descubierto sus amigos y ella se había liado con todos ellos para sellarle los labios.

Su tío se levantó y la abrazó como para consolarla. Ella le dijo que no pasaba nada, que en el fondo se había divertido. El mantuvo el abrazo, y su mano empezó a acariciarle la espalda. Cada vez estaban más pegados, y Carolina podía sentir como el paquete de su tío empezaba a hacer presión contra ella.

MIGUEL: seguro que entre aquel tío y tus compañeros, has vuelto bien mojadita… – Le susurró, poniéndola nerviosa, al oído.

CAROLINA: tío… qué cosas dices…

MIGUEL: seguro que te has quedado con ganas de estar con un madurito esta noche.

Sus manos le acariciaron los brazos, y mientras que una mano la empujaba por la espalda, la otra se colocó en su nuca. Estaban muy cerca, y Carolina se sentía muy confundida. El aliento a brandi de su tío le golpeaba contra la cara.

Su tío le empujó de la nuca discretamente para atraerla hacia sí mismo.  El hombre se lanzó y le dio un piquito. Ella intentó echarse para atrás, pero su tío apretó la presión en su cuello y le dio más piquitos. La presa sobre su cintura se incrementó y su tío hizo palanca con la lengua para entrar en su boca. Aquella lengua cálida se abrió camino dentro de su boca buscando la suya. Intentó echarla afuera, pero cada vez su resistencia era más débil.

Miguel la abrazó más fuerte, y una de sus manos le apretó el culo mientras no dejaba de morrearla con pasión. Carolina se dejó llevar por la pasión, y cuando el hombre se quitó la camiseta, fue ella la que le abrazó y se lanzó a sus labios. El hombre le tocaba el culo con devoción, como si buscara un tesoro.

Carolina chocó contra la mesa del comedor, y su tío, ni corto ni perezoso la aupó para subirla encima. Al borde de la mesa, ella le tenía entre sus piernas mientras que se besaban con lujuria. Ella le tenía cogido de la cabeza y le metía la lengua hasta el fondo en sus besos al tiempo que movía la pelvis excitada.

Miguel le acarició las piernas lentamente subiéndole el vestido hasta la cintura.  Se restregó contra Carolina al tiempo que le tocaba las piernas como las quisiera sacar brillo.

Carolina, sentada en el borde de la mesa, se bajó la parte de arriba del vestido sacando a la luz sus dos preciosa y grandes tetas. Miguel se las chupó, y de forma impulsiva le quitó el vestido y el sujetador.

Se besaron con pasión acariciándose y restregándose el uno contra el otro. Miguel la chupaba y mordisqueaba el cuello para luego pasar a darse lametazos el uno al otro con las lenguas por fuera.

Ella se tumbó boca arriba y él le acarició delicadamente todo el cuerpo. Cuando llegó a sus partes bajas, le levantó las piernas y pasó su lengua por encima de sus braguitas y la parte interior de sus muslos. Le quitó lentamente la ropa interior, dejando a la vista una zona totalmente depilada coronada por un coño rosadito.

En aquella postura con las piernas levantadas, lee abrió los labios inferiores con las manos, y le pasó la lengua de arriba abajo, besando y chupando su clítoris.

Carolina empezó a gemir mientras le comían el coñito y le rozaban con la nariz el ano. La chica le pidió que parara o se correría. Él obedeció no sin darle un último gran chupetón.

La joven se bajó de la mesa. Le ayudó a terminar de desnudarse, y le agarró su polla erecta arrodillándose frente a él. Golpeó con su punta sobre su lengua y le dijo:

CAROLINA: ¿te gustaría que te la chupara tu sobrinita? ¿te pone eso?

MIGUEL: sí… cómesela a tu tío… mmmmm

Carolina se la metió en la boca y empezó a chupársela mientras le masajeaba los huevos. El hombre gemía y ella alternaba sus succiones con lametazos.

En un arrebato, su tío la ayudó a incorporarse y la subió sobre la mesa. Ella se sentó recostada y le esperó con las piernas abiertas mientras él se ponía un condón. Se acercó, y tras darle unos golpecitos con el cimbrel sobre sus labios inferiores, se la metió lentamente. Comentó un mete-saca in crescendo  al tiempo que su sobrina gemía. Sus tetas se movían rítmicamente de arriba a bajo al tiempo que él la follaba.

Sonó el móvil de Carolina, y ella vio que se trataba de Joaquín, el treintañero que había conocido. Se lo dijo a su tío, y éste le dijo que descolgara y que así se tirara de los pelos por no haber hecho las cosas bien esta noche. Ella se rio, y procedió, habilitando el manos libres.

JOAQUÍN: hola Carolina, te llamaba para pedirte disculpas y… ¿qué es eso que suena?

MIGUEL: ¡está follando con un hombre de verdad! – interrumpió.

JOAQUÍN: ¿qué? ¡será zorra!

Carolina gemía y Miguel, excitado, bombeaba más fuerte.

JOAQUÍN: ¿pues sabéis qué? Si pensabais que me ibais a joder con esto, estáis muy equivocados. Ahora mismo estoy dentro del coche, y me la voy a cascar oyéndoos. ¿Te gusta eso Carolina?

CAROLINA: qué.. ahhh.. mmm. ¡qué te follen!

JOAQUÍN: ¿cómo a ti, verdad? Ja j aja. Escucha cómo me la casco…

Al parecer el chico debió de acercar su móvil a su entrepierna, ya que se escuchó un sonido de fricción.

Miguel se inclinó hacia delante para chuparle las tetas, y cuando se irguió, giró una de las piernas de Carolina hacia un lado. Con el culo en aquella posición, Miguel se la metió por el coño apretándose bien contra sus nalgas.  Ella gemía pegando gritos, y él le daba azotitos en el culo.

Su tío se la sacó de golpe y le dijo que se pusiera a cuatro patas. Ella se bajó de la mesa, y se apoyó en la misma poniendo el culo en pompa. Formaba una L girada a la derecha y sus tetas se apoyaban en la madera. Miguel se acercó y vio cómo aquel coñito abierto rezumaba líquidos. Se la metió, y empezó a follarla haciendo que las embestidas movieran un poco la mesa. Ella se levantó un poco y él le estrujó las tetas como si fueran de gomaespuma.

MIGUEL: ufff, no aguantaré mucho más.

Carolina tumbó en el sofá, y tras mamársela un poco, empezó a hacerle una cuaba a su tío.  Su polla se ocultaba entre sus tiernas tetas, y sus pezones rosados se aplastaban contra sus manos que hacían fuerza para que aquel miembro no escapara.

De repente Miguel retiró la polla y empezó a cascársela rápidamente frente a su cara. Un gran chorro de semen se estampó contra la cara de su sobrina, y el resto se derramó como una marea blanca sobre sus pechos. Un reguero blanquecino caía de la boca de ella hasta el sofá. Su tío se tumbó sobre ella y la besó con pasión, compartiendo su propio semen y llenándose el cuerpo con el de ella. Se fue a la ducha dejándola sola.

Un sonido llamó la atención de Carolina: su móvil. Lo cogió y se dio cuenta que Joaquín no había colgado.

JOAQUÍN: ¿ya habéis acabado? De repente no he oído nada.

CAROLINA: sí…

JOAQUÍN: joder… ¿y me vas a dejar así?

CAROLINA: ¿te la estás tocando?

JOAQUÍN: sí…

CAROLINA: imagínate que estoy en el coche contigo y te la agarro yo. Te hago una paja lenta para luego llevármela a la boca y metérmela entera….

JOAQUÍN: mmmm, sigue…

CAROLINA: te la chupo cada vez más rápido. Sí… Córrete en boca Joaquín.. sí… Lléname con tu leche para que me la tague.

JOAQUÍN: ¡¡¡sí, sí, sí, uahhhhhhhj!!!

Pasados unos segundos…

JOAQUÍN: ufff. Mañana tendré que limpiar el coche. Ha sido increíble. A ver si podemos quedar un día y lo hacemos en real…

Se despidieron, y Carolina, tras asearse, se fue a dormir al cuarto de invitados como si no hubiera pasado nada.

La semana siguiente, en clase, sus compañeros le dedicaban miradas cómplices pero no dijeron nada. Aquello había sido una vuelta al cole salvaje…

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