Mi primera mamada

Yo no podia creer que estaba siendo penetrado por primera vez, en eso la sacó casi toda y me la metió de una de un envión fuerte penetrándome más que antes y chocando sus bolas contra mi culo con fuerza y yo sentía su panza en mi espalda mientras me decía si me gustaba ser penetrado. Yo no respondí pero le agarré con mis manos sus piernas y tiré mi cola bien para atrás para ser penetrado más a fondo.

Quedamos en vernos con un amigo pero como en la casa de él no se podia y yo vivía con mis padres decidimos buscar otro lugar para hacerlo, así que quedamos en encontrarnos en una esquina y buscar lugar donde poder estar. Al principio pensamos en un bosque que habia cerca de mi casa pero al llegar ahí nos dimos cuenta de que había gente así que seguimos buscando un lugar y al final entramos al patio de una escuela de mujeres que podíamos pasar a la parte de atrás y estar tapados por unos arbustos de la vista de la gente  que pasaba que no era mucha ya que eran ya casi las 2 de la mañana.

Apenas entramos yo no me pude resistir y lo abracé y lo besé en el cuello para pasar mi mano por su cola mientras él hacía lo mismo conmigo, esta vez yo empecé a desnudarlo, quería verlo desnudo otra vez, así que le saqué la remera y la colgó de un arbusto para luego hacer lo propio con mi remera…

Yo le abrazaba y besaba todo su cuerpo mientras mis manos pasaban de su culo a su pene, le desabroché el pantalón y se lo bajé, él se bajó el calzoncillo para pedirme que se la chupe un rato y luego me pidió que lo penetre, así que me desnudo y mientras lo hacía me metió un poco su dedo en la cola cosa que me sorprendió y me hizo saltar, me dijo que aun no estaba preparado para ser penetrado, me bajó el pantalón y me puso de espaldas a la pared de la escuela mientras él se agachada y yo sin problemas se la metí de una en su culo.

Este estaba ya tan abierto que casi sin lubricarlo lo penetré de una. Estuvimos así un buen tiempo hasta que  acabé dentro del culito,  él me pidió que se la chupe hasta acabarme en la boca otra vez, cosa a la que no me negué para nada. Se la comencé a chupar y succionar hasta que cuando estuvo por acabar, me detuvo y puso solo la punta dentro de mi boca mientras se pajeaba y me pegaba con la mano en los labios para así terminar echando su leche en mi boca.

Nos limpiamos un poco con agua de un bebedero que había en el patio y salimos asegurando nos que nos llamaríamos para otro encuentro, y así fue él me llamó a los pocos días y nos empezamos a ver casi todas las noches en el colegio de mujeres, nos esperábamos en la puerta y entrábamos para pasar al fondo entre los arbustos,  él se bajaba los pantalones y yo se la chupaba y lo penetraba luego para que él me acabe en la boca y así todas las veces.

Ya llevábamos en esto un tiempo cuando un día me pide que se la chupe más de lo normal cosa que no me molestó hacer ya que me encanta chuparle la pija, pero me pidió que no solo la chupara sino que además  que junte en mi boca saliva, mientras hacía esto y que su pija quedara bien ensalivada, quería verla toda mojada por mí, así lo hice y se la dejé empapada, me paré, me saqué el pantalón y cuando me estaba por poner contra la pared para penetrarlo (como siempre) él me abraza por detrás fuertemente y me corre para quedar él contra la pared y me dice que me llegó el día, que ahora iba a sentir por primera vez lo que era un hombre…

Mientras me decía esto pasó a hacer presión para que baje la cabeza, me pidió que ponga las manos en mis rodillas, yo ya sabía que quería hacer y lo estaba deseando, primero sentí como me apoyaba la pija contra la cola y me pidió que lo apunte a mi agujero cosa que hice.

Cuando sentí la punta de su pene en mi ojete fue algo raro, en eso él empieza a presionar cada vez más hasta que entró toda su pija en mi, hasta ese momento, virgen culo, me la metió hasta el fondo sin parar (igual no la tiene muy larga pero si muy ancha) se quedo quieto unos segundos para luego empezar con un mete y saca lento pero sin detenerse que cada tanto se apresuraba…

Yo no podia creer que estaba siendo penetrado por primera vez, en eso la sacó casi toda y me la metió de una de un envión fuerte penetrándome más que antes y chocando sus bolas contra mi culo con fuerza y yo sentía su panza en mi espalda mientras me decía si me gustaba ser penetrado…

Yo no respondí pero le agarré con mis manos sus piernas y tiré mi cola bien para atrás para ser penetrado más a fondo.

Cuando había pasado un rato le pedí que no me acabara adentro, que quería que lo hiciera en la boca y así lo hizo, cuando estaba por acabar la sacó,  apoyó la cabeza entre mis labios y mientras se pajeaba me acabó en la boca tragándome  toda su leche. Ese día no quise acabar como hombre quise solo ser cogido y así fue, más tarde en mi casa  tocándome la cola me hice una paja que me tragué también y hasta el día de hoy me gusta la ironía de que me penetraron por primera vez en un colegio para damas.

Autor: mpq 2009

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En un colegio de monjas

El espectáculo de la jovencita y el hombre aquel me excitó de tal manera que me follé a Isabel con una violencia, como nunca. Le apretaba las tetas, estrujándolas hasta hacerle daño, y hacerle emitir gemidos de dolor y de placer al mismo tiempo. Un gemido de Isabel, me demostró que había llegado al orgasmo, al igual que yo, que empecé a correrme en su coño de forma abundante.

Escribo estas letras desde la prisión madrileña que da su nombre a un barrio de la capital española. Mi delito… ¡ah! Haber estado en el paraíso.

Era maestro de escuela en una pequeña localidad segoviana, cuando debido a una baja inesperada de un profesor de historia contemporánea, me hicieron llegar la oferta de un colegio internado cercano a Madrid. Al contemplar las cifras que se manejaban en ese contrato, ni me lo pensé.

Llegué al internado un domingo, 27 de septiembre, ya me habían comunicado que el colegio era privado dirigido por una congregación religiosa, y que como la mayoría de ellos, era sólo para uno de los dos sexos, en este caso era femenino. Se encontraban allí niñas desde los 6 años, hasta mujercitas de 18. El colegio se encontraba protegido por un bosque, y ubicado en un antiguo palacete.

Al llegar a la puerta encontré que una de las religiosas estaba esperándome. La hermana Claudia, una mujer de unos cincuenta años con cara apacible y serena como se le presupone a una mujer consagrada a la oración. Me hizo de guía turístico, por las dependencias del colegio enseñándome las clases, la cocina, mi dormitorio, y pude comprobar que las religiosas vivían a parte del resto del personal laico del lugar. Aunque luego comprobé que este personal se reducía a dos personas.

Al llegar a la capilla, pude comprobar que estaban recibiendo misa, cosa obligatoria para todo el mundo, y que lo sería para mí también, a menos que hubiera algún motivo fundado. Allí se encontraban las alumnas del centro, aproximadamente unas doscientas niñas de diferentes edades. Permanecimos en silencio hasta el final de la oración, y salimos hacia el patio al finalizar. Los domingos tras la misa se daba día libre, para ir al pueblo si se deseaba, era la única ocasión en la que las niñas podían salir del centro.

La hermana Claudia, me fue presentando a todas las religiosas, y finalmente a la otra persona no religiosa del centro. Isabel. Aproximadamente 1.70 de estatura, pelo corto rubio, cara preciosa, y una figura que aún cubierta por la sobria vestimenta del lugar permitía adivinar que era muy agraciada. Su sonrisa me cautivó desde el primer momento, sus labios carnosos pedían besos, y sus ojos color miel, exigían compañía.

Comenzamos una charla en la que salió a relucir una de mis más grandes pasiones, la astronomía, que resultó serlo también suya. Enseguida congeniamos, la conversación se tornó muy agradable, y finalmente me comentó que había una taberna en la que se podía comer en un ambiente tranquilo, y disfrutar de un vino de la región excelente. Acepté de inmediato, y cogiendo mi coche nos dirigimos al pueblo que no distaba más de tres kilómetros del colegio.

Llegamos y disfrutamos de la excelente gastronomía popular de la zona. Pasamos la tarde, y ella me advirtió que las clases a las que debería enseñar no iban a ser fáciles, por ser todas de catorce años hasta los dieciocho, una época en la que los jóvenes andan siempre revueltos. La tarde transcurrió en un suspiro, y yo embobado con la sonrisa de aquella manchega de veinticinco años.

Llegó la hora de volver al colegio y al enfilar la carretera de vuelta al colegio, vimos como una con uniforme del colegio hacía autostop, y como el automóvil que transitaba justo delante se detenía. Ella montó sin reparo, y el coche continuó su marcha. Tanto Isabel como yo, nos quedamos extrañados de la situación, pero en vista que se dirigía hacia el colegio no nos preocupamos.

A falta de un kilómetro para el colegio el automóvil cogió un camino vecinal que se desviaba hacia un grupo de casas que había más adelante. Nosotros le seguimos. Vimos cómo aparcaba en un costado del camino, protegido por los árboles, de forma que no se veía desde la carretera. Nosotros detuvimos el coche a falta de unos metros, y sin hacer ruido nos deslizamos hasta el coche aparcado, y ocultos entre los arbustos, vi lo que dio inicio a mí caída hacia el paraíso de fuego.

La jovencita se encontraba arrodillada delante del hombre que la había recogido, de unos cuarenta y cinco años, haciéndole una espectacular mamada al tipo. A mí me excitó mucho la escena, y vi como Isabel tenía la cara transfigurada por el morbo.

-Es Silvia…- me susurró…

Lo cierto es que la tal Silvia debía ser muy buena con la lengua, porque la corrida del hombre no se hizo esperar, ella tragó todo lo que pudo pero algunos restos se le podían ver en la cara, y goteando de sus labios. Silvia resultaba ser una rubia, de pelo corto, muy guapa, de unos 18 años bien dotada, que le miraba al hombre mientras este se corría en su boca, de una manera muy excitante.

Tras correrse, el tipo pensó que iba siendo hora de enseñar a la chiquilla cómo se llega a un orgasmo, así que tumbándole sobre el césped, le subió la falda y le bajó las bragas, y empezó a comerle el coño con un ansía que provocó que la jovencita empezara a gemir con fuerza, teniendo que morderse la mano para no gritar. La violencia con la que el hombre le comía el coño, le provocó más de un orgasmo a la jovencita, hasta que el hombre la desnudó por completo dejando al aire unos lindos pechos que comió con desesperación, mientras le introducía tres dedos en la vagina, que a todas luces tenía ya mucha práctica.

Llegado a este punto mi polla, estaba ya que reventaba, y vi cómo Isabel se llevaba la mano hacia su entrepierna, acerqué mi mano y fui yo el primero que llegó a rozar su coño por encima de la falda del sobrio traje que llevaba. Ella me miró sorprendida, pero tan excitada que me dejó hacer, le levanté la falda, y entre los bordes de sus bragas, conseguí llegar a su intimidad, que ya se encontraba húmeda como sus labios, que empecé a saborear en ese instante. Sentí su mano bajándome la bragueta, y llegando hasta mi polla. Mi otra mano, empezó a desabrochar su blusa, queriendo llegar con ansia hasta sus pechos comprobando que estaban duros y suaves, como había imaginado.

Estaba yo enfrascado en estos quehaceres cuando un gritito de la joven me hizo mirar, y contemplar como el hombre la embestía con violencia, atravesándole el coño, de forma que ella ya se dejaba llevar y era un juguetito en sus manos.

Este espectáculo me excitó aún más, y poniendo a Isabel a cuatro patas, le abrí las piernas y la penetré por su coño. El espectáculo de la jovencita y el hombre aquel me excitó de tal manera que me follé a Isabel con una violencia, como nunca. Le apretaba las tetas, estrujándolas hasta hacerle daño, y hacerle emitir gemidos de dolor y de placer al mismo tiempo.

Un gemido de Isabel, me demostró que había llegado al orgasmo, al igual que yo, que empecé a correrme en su coño de forma abundante.

El hombre lo hizo a continuación, pero él sacó la polla de Silvia, y se corrió en sus tetas, quedando exhausto encima de ella. Isabel también estaba exhausta al igual que yo, pero enseguida nos arreglamos las ropas, y fuimos hacia el coche. Llegamos al centro sin decir palabra, pero antes de salir del coche, ella me besó en los labios, y tocándome el paquete, me susurró al oído:

-Este año va a ser delicioso…

Autor: IBN SINA

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Retomando una amistad

Empecé a masturbarlo, despacio, y notaba la dureza de su palo, parecía granito. Era como un sueño. Metí su capullo en mi boca y fui bajando poco a poco, él se estremecía, y yo seguía subiendo y bajando, cada vez más rápido. Entonces él soltó mi polla y llevó sus manos a mi culo, lo acarició, y puso su dedo en mi agujerito. Lo metió despacio y empezó a moverlo.

Hola amigos. Soy un asiduo lector de estos relatos y por fin me he decidido a contar mi experiencia. Esto no es un cuento, es algo que me ocurrió hace unos años, tres concretamente, cuando yo tenía  27 años.

Bien, para empezar, he de decir que soy un chico bastante normal, 1,78 metros, unos 74, con una cierta barriguita cervecera, bueno, normal. No soy especialmente guapo, pero tampoco soy feo, o eso dicen. Por abajo estoy bien, no es una cosa enorme, pero está bastante bien, no me la he medido y no calculo bien eso, así que no puedo especificar la medida exacta. También tengo que decir que soy y siempre he sido heterosexual, he tenido muchas novias, rollos y esas cosas, actualmente llevo bastante tiempo saliendo con una chica, incluso vivimos juntos. Pero desde siempre, he sentido curiosidad por el sexo con otros chicos, he visitado páginas de ese tema, y siempre me ha gustado un poco ver esas cosas. Realmente a mí no me excita el ver a dos tíos haciéndolo, sino que únicamente me pone, el ver una polla, eso siempre me ha gustado, una polla grande y empalmada. Cuando veo pelis porno, me encanta ver la imagen cuando el tío se corre, ver la polla expulsando el chorro.

El caso es que hace unos tres años, me encontré con un colega al que hacía tiempo que no veía, éramos bastante amigos, pero habíamos perdido el contacto. Nos tomamos algo y me comentó que se iban a ir él, otro amigo y una pareja (todos conocidos míos del colegio), de acampada, con tiendas, a un pueblito de la sierra, que si quería ir con ellos, que lo pasaban muy bien, de pedo y esas cosas. Yo no tenía nada que hacer ese fin de semana y me animé.

Unos días después, allí estábamos, en ese pueblillo, en el bar, tomando litros de cerveza. Llevamos dos tiendas de campaña, una para la parejita y otra para los tres. La pareja iba a estar esa noche con nosotros y al día siguiente se iban de excursión a otro pueblo, todo el día. Bueno, el caso es que estábamos ahí, bebiendo y pasándolo bien, cuando propusieron ir a otro pueblo cercano a la discoteca y tal. Entonces mi amigo, Carlos, que estaba bastante alteradillo del alcohol dijo que él pasaba, que estaba ya muy borracho, que se quedaba en el pueblo. Me dijo que me quedase con él, que el otro pueblo era un rollo, y que ahí nos podíamos quedar un rato más bebiendo. Yo no sabía qué hacer y le dije que ya veríamos.

Un rato después tuve que ir al servicio a mear, de tanta cerveza, yo ya estaba también un poquillo pedo. Carlos se levantó y vino también, empezamos a correr a ver quien llegaba antes al servicio y entramos a la vez. Yo llegué primero a la taza, me la saqué y empecé a mear. Entonces él se colocó a mi lado y empezó también a hacer lo mismo. Yo miraba hacia abajo, para echarlo dentro de la taza, y vi su aparato. Era una cosa preciosa. Grande, gordo, muy grande. Estaba demasiado gordito para estar en reposo, creo que estaba algo excitado. Pero era una pasada, precioso, con la piel cubriendo casi todo su capullo. Él también me miraba el mío, se lo noté. Volvimos a donde estaban todos. Empezaron a decir que nos íbamos ya, que era tarde, que había que ir a la discoteca. Entonces yo dije que me quedaba con Carlos, no sabía bien por qué, pero algo me hizo hacerlo.

No quería pensar en su polla o en lo que podría pasar, pero dije que me quedaba y me quedé. Ellos salieron, se fueron y nos quedamos ahí los dos. Yo estaba excitado de la situación, aunque no sabía bien por qué, pero aquella polla me hacía estar así. Decidí beber más, como si quisiera tener una excusa por si pasaba algo. Después de un ratillo más, decidimos irnos a las tiendas, que estaban como a unos 15 minutos caminando del bar, apartadas del pueblo. Por el camino me entraron ganas de mear otra vez, y para en el borde a hacerlo, Él también lo hizo. Y volví a ver esa preciosidad. Él se hacía el borracho, no lo estaba tanto, y decía cosas de mi polla, como que era grande o cosas así, y yo le seguía el juego. Notaba que si seguía así la cosa, pasaría algo que nunca había hecho ni me había planteado hacer, pero lo dejaba seguir, que pasase lo que pasase.

Cuando estábamos llegando a la tienda, Carlos dijo que no tenía huevos de dormir en pelotas, que hacía mucho calor, y que no me atrevería, porque luego llegaría Javier y me vería y que me iba a dar vergüenza. Yo dije que sí me atrevía, que sin problema. Entonces él dijo que él también, pero que tendría que ayudarle a quitarle la ropa, que estaba muy borracho (mentira). Al llegar, yo me desnudé, y empecé a ayudarle a él, le quité las zapatillas, él se quitó la camiseta, y yo bajé sus pantalones. Después empecé a quitarle sus calzoncillos. Estaba bajándolos, y me encontraba como a medio metro de su magnífica polla, que estaba un poco más gordita que antes. Noté que me empezaba a crecer la mía, y me dio corte, pero seguí. Estuvimos un ratillo así, bromeando, los dos desnudos y tumbados en las colchonetas, hasta que él dijo: imagina que estás en esta situación con una chica, y acto seguido, cerró las piernas, escondiendo su polla y sus huevos, por lo que se veía como si fuese un chocho.

Cubría la mitad de su capullo, y éste estaba empapado de líquido, una maravilla. No sé lo que le mediría, pero era una pasada. Yo lo agarré mientras chupaba uno de sus pezones, y noté como él me cogía la mía, estaba excitadísimo. Me dejaba llevar. Empecé a masturbarlo, despacio, y notaba la dureza de su palo, parecía granito. Era como un sueño. Entonces decidí que ya que estaba en ese punto, debía dejarme llevar por mis fantasías y olvidarme de prejuicios, por lo que me fui agachando poco a poco, dándome la vuelta, hasta quedar mi cara frente a su maravilla, después acerqué mi boca, y rocé con mi lengua su capullo empapado. Tenía un sabor raro, como salado, que me puso aún más cachondo. Metí su capullo en mi boca y fui bajando poco a poco, como había visto en las pelis. El se estremecía, y yo seguía subiendo y bajando, cada vez más rápido. Entonces él soltó mi polla y llevó sus manos a mi culo, lo acarició, y puso su dedo en mi agujerito. Lo metió despacio y empezó a moverlo dentro.

Yo eso ya lo había hecho en mi casa alguna vez, y me gustaba, incluso un día llegué a meterme una zanahoria pequeña, por lo que no me dolió apenas nada. Después metió otro dedo. Estaba flipando. Con un viejo amigo, su polla enorme en mi boca y dos de sus dedos en mi culo. Estaba gozando. De repente él me dijo: quiero que hagamos otra cosa, lo necesito desde hace años. Yo imaginaba que quería y le dije: adelante, Carlos. Se levantó, me puso a cuatro patas, empezó a mamarme mi agujero, metiendo y sacando los dedos, cogió un bote de crema para el sol, me untó, se puso un condón, lo untó también y puso aquello en la entrada de mi pobre culito.

Yo estaba como loco de ganas. La polla me explotaba, goteaban mis líquidos. Le dije que era nuevo en eso, y me dijo que tranquilo. Metió un poquito. Me dolía, pero quería que siguiese, quería sentir aquello dentro de mí.

Empujó un poco más, cómo dolía, pero yo decía que adelante, que siguiese. Así estuvo un buen rato, poco a poco, hasta que ya casi era más el placer que el dolor. Entonces, la metió entera. Aquello era una mezcla de dolor, ardor y un enorme placer. Se movía dentro de mí, despacio al principio y más fuerte después. Ya no había dolor, mi culo estaba hecho a su polla y yo estaba gozando como nunca. Me estaban follando el culo. Qué placer más grande estaba sintiendo.

Después de un rato, le dije que quería ponerme yo encima de él, se tumbó y me puse frente a él, fui metiendo su polla en mi agujero, ahora entraba perfecta y sin dolor, fui bajando, hasta que estaba entera dentro de mí. Creía que ya no podría aguantar más de gusto.

El mientras me agarró mi polla y empezó a menearla. No tardé ni un minuto en correrme como un loco, con ese enorme palo en mi culo, clavadito hasta dentro, sintiendo sus huevos chocando contra mis nalgas y descargando todo mi semen en el pecho de mi compañero de colegio. Era una delicia todo.

Cuando me recuperé de aquello, seguí botando encima de él, hasta que me dijo que se iba a correr, que no aguantaba más. Le pedí que se corriese en mi cara, como en las pelis. Era otra de mis fantasías de siempre. Se puso de pie, se sacó la gomita, yo de rodillas, con la boca abierta y la lengua fuera, apoyó su capullo en la punta de mi lengua y se la cogí y empecé a menearla. De pronto noté que se ponía más dura, como latiendo, su capullo estaba rojísimo y enormemente gordo, y de golpe… ¡zas!, salió el chorro esperado. Nunca imaginé que esto resultaría tan placentero para mí.

Autor: Roberto

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En un día lluvioso

De un movimiento lento introduje mi salchicha hasta la mitad. Ella lanzó un gemido de dolor pero me dijo que continuara. Comencé a moverme rápidamente y después de tenerla dentro por unos siete minutos saqué mi polla por completo y pude ver una mancha de sangre que cubría mi cabeza por completo. La puse en cuatro y le dije que si podía meterla por atrás y respondió que si.

El siguiente relato es 100% verídico y les relataré como fue que perdimos nuestra virginidad yo y mi actual novia. Empezaré describiéndome pues se que eso le añade un buen toque al relato. En este relato no diré mi nombre por razones obvias.

Tengo 18 años recién cumplidos la semana pasada, soy alto, delgado, ojos oscuros, piel blanca aunque un poco bronceado, mi banda favorita es Led Zeppelín así que ya sabrán que tengo el cabello quebrado y una melena que me llega hasta los hombros, eso es lo que le gusta a las chicas de mi.

Todo empezó en la preparatoria, acababa de terminar el segundo año y en la nueva generación entraron muchas mujeres, la mayoría algo feas, pero había una que noté desde el principio, la llamaremos Elena, noté su presencia desde el primer día en que ella llegó pues ella tiene el trasero más grande de todo el colegio, un trasero enorme pero sin llegar a ser exagerado.

Mis amigos y yo tenemos la costumbre de presentarnos chicas aunque sean muy feas, solo es un juego. Ese día me tocó conocer chicas, así que ellos me la presentaron. Desde que me miró supe que le había gustado pero ella a mi no me terminó de convencer. Ella es alta, delgada, unos pechos promedio, una melena que me parece excitante y como ya les mencioné tiene un gran trasero. Pasaron los días y me dijeron que ella estaba perdidamente enamorada de mí. Así que no perdí más tiempo y la hice mi novia.

La verdad sus besos nunca me han gustado aunque en verdad me estaba enamorando. Así pasó un mes, hasta que un día me llamó; sus padres habían salido de la ciudad y estaba lloviendo y estaba sola. Yo ya sabía lo que eso significaba. -Tengo que aclarar que no siempre pienso en el sexo, soy un joven normal con una vida normal que de vez en cuando me hago pajas…- Así que llegué a su casa, todo estaba oscuro y escuché su voz desde la habitación. Llegué y como siempre la saludé con un beso en la boca. Me dijo que tenía miedo pues la electricidad esta fallando muy seguido debido a la lluvia.

Bajamos las escaleras y me dijo que viéramos una película así que vimos Titanic, la película dura unas tres horas, para cuando terminó la película ya eran las 3:30 de la madrugada. Me dijo que tenía sueño y subimos a su habitación, pero antes de dormir me dijo que quería darse una ducha caliente para descansar. Me dijo que la esperara en la sala. Pasaron 15 minutos y ella no salía de la ducha así que subí a ver que sucedía y al ir subiendo las escaleras todas las luces se apagaron quedando en completa oscuridad debido a un rayo. Toque a la puerta de el baño y me dijo que todo estaba bien.

Cuando de repente preguntó:

-¿No te quieres dar un chapuzón? Está haciendo algo de calor…-Me preguntaba a que hora me invitarías a pasar… le respondí.

Así que procedí a entrar al baño, todo estaba oscuro, ni siquiera podía ver mis propias manos. Entonces no esperé más y empecé a desnudarme quedando en bolas. Entré a la ducha y sentí que su mano trataba de rozar con mi cuerpo. Ni siquiera la podía verla a ella.

En un intento por tomar el shampoo mi verga, que ya estaba tan dura y erecta como un tubo, rozó una de sus nalgas, nos quedamos inmóviles mientras mi polla caliente tocaba sus hermosas nalgas.

Empecé a sacudir mi polla entre sus nalgas mientras ella daba pequeños gemidos de excitación. La puse contra la pared helada y empecé a lamer su oreja empujando mi miembro contra su hermoso trasero que tenía una consistencia exquisita. Tomé con mis 2 manos sus tetas, con mis dedos comencé a juguetear con sus pezones que estaban tan duros como pequeños caramelos.

De pronto la electricidad volvió. Nos quedamos quietos por 5 segundos y ella se dio vuelta, nos miramos fijamente a los ojos y observamos nuestros cuerpos empapados por cerca de 5 segundos, ella me miró de nuevo a los ojos y me dijo:

– ¡Que hermosa verga tienes!

Con esa frase ella hizo de mí una bestia salvaje que se la quería comer. Tomó mi polla entre sus manos y sin dudarlo metió esos 19cm de carne viva y caliente en su boca, lo hacía tan bien que incluso realizó su primera garganta  profunda.

Se levantó y se puso contra la pared, me puse detrás de ella y le  pregunté que si estaba lista.
Su respuesta fue un ¡Siiiiiiiii! Empecé a juguetear con mi cabeza en la entrada de su concha que a pesar del agua podía sentir sus fluidos escurriendo tan calentitos.

De un movimiento lento introduje mi salchicha hasta la mitad. Ella lanzó un gemido de dolor pero me dijo que continuara. Comencé a moverme rápidamente y después de tenerla dentro por unos siete minutos saqué mi polla por completo y pude ver una mancha de sangre que cubría mi cabeza por completo. La puse en cuatro y le dije que si podía meterla por atrás y respondió que si.

Vi su trasero frente a mi polla y era un trasero precioso, lampiño y claro, toda una joven primeriza.

Cuando intenté meterla, ella estaba muy estrecha y dijo que parara, así que me detuve. Me dijo que me masturbara para ella y así lo hice, me vine y los deposité en su mano, la que ella lamió después.
Salimos de la ducha con los dedos arrugados y cansados.

Ella se vistió para dormir y nos quedamos por una hora diciendo chistes y después me fui a casa casi a al amanecer pues no sabíamos a que hora regresarían sus padres. Hasta ahora no le he vuelto a ver pues después de ese día su papá la llevó a Guadalajara de vacaciones.

Nos llamamos por teléfono y chateamos. Si les gustó mi relato comenten, y con gusto les relataré nuestro segundo encuentro que ya tenemos planeado.

Saludos a todos.

Autor: Memo Ochoa

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Mi ex compañera de colegio

Nuestros cuerpos comenzaron un ritmo intenso, sentía como su cuerpo me presionaba cada vez más y podría decir que sentí el momento en que ella terminó silenciosamente, para continuar hasta que explotó toda mi locura por ella entregado completamente, nuestros movimientos siguieron hasta que no tardó en dejar salir unos gemidos de placer que anunciaban su momento de placer.

Son increíbles las vueltas de la vida, después de muchos años de haber salido del colegio, mi generación de compañeros se reencontró, hace ya casi dos años, y en cada reunión han ido apareciendo distintas personas.Una de estas personas es la que motiva este relato, una de mis compañeras, a la que en la época del colegio prácticamente nunca le hablé, simplemente teníamos intereses distintos. Pero la verdad, parece que nuestros intereses actuales si tiene que ver, y después de una de la reuniones de curso, nos empezamos a hablar por chat, y estas conversaciones poco a nos fueron llevando a un punto, que ambos decíamos que no cruzaríamos.

Simplemente puedo decir que nuestras conversaciones estaban llenas de insinuaciones y provocaciones, que nos fueron llevando a sincerarnos y comenzamos a darnos cuenta que algo se despertó en nosotros y finalmente las conversaciones virtuales tuvieron su lado de real al encontrarnos en una de las reuniones con los compañeros, ahí las miradas y las sensaciones que teníamos, fueron preparando el camino a lo que vendría, esa noche lo único que quería era abrazarla y sentirla cerca mío, besarla, me habría perdido con ella esa noche, pero ninguno se atrevió a dar el paso, aunque estuvimos cerca.

A los pocos días, producto de todo lo que nos pasó esa noche, decidimos juntarnos a conversar de esta situación que no estaba bien, ya que ambos tenemos nuestras familias, así que elegimos un lugar tranquilo, pero que no significara nada más, por lo que nos citamos en mi oficina, un día que yo sabia no habría nadie y podríamos conversar tranquilos, cosa que en un principio hicimos, pero poco a poco nuestras miradas, nuestra respiración, fue dejando ver el deseo de estar juntos, nos fuimos acercando y nos dimos nuestro primer beso, fue increíble, nos abrazamos y fuimos aumentando la intensidad de los besos, tratando de no perder el control, los abrazos dieron paso a las caricias, lo que fue prendiendo un fuego en mí, y pude sentir que en ella también, dejándonos llevar completamente por la situación.

De unas sillas de oficina incómodas, nos pasamos un sillón, ella sobre mis piernas, comencé a recorrer su cuerpo con mis manos suavemente, quería descubrirla, primero acaricié sus muslos, su cintura, su espalda, la besaba con locura en su boca, en su cuello y sutilmente algunos besos en su pecho, a esa altura acariciaba su espalda y suavemente rozaba sus glúteos, a momentos me detenía a observarla, a descubrir y disfrutar esa mirada dulce que ella tiene, con sus preciosos ojos de un verde especial, también disfrutaba de su figura, un cuerpo que me enciende.

No nos dimos cuenta cuando estábamos en un sillón más grande de mi oficina, y nuestras ropas aún ejercían resistencia a dejarnos producto del cargo de conciencia de lo que estábamos haciendo, pero las caricias terminaron por derrumbarlas, y así pude ir descubriendo su cuerpo hermoso, sentir su pasión contra el mío, las caricias algo adolescentes se transformaron en besos apasionados, que recorrían su cuerpo y sus pechos, mis manos los acompañaban descubriendo los secretos y rincones húmedos de su cuerpo, nuestros cuerpos a esa altura ya se movían y comunicaban a la perfección, siguiendo un ritmo de movimientos que nos dejaron en el suelo, ella sobre mí con algunos restos de nuestras vestimentas.

A esa altura sentí que ya no pensábamos en nada más, dejándonos llevar por lo salvaje del momento, nos recorríamos con caricias el uno al otro, pude sentir que ya nada nos detendría por lo que comencé a pedirle que me dejara terminar lo que habíamos iniciado, ya que ella aún sentía que lo que hacíamos no estaba bien, aunque su ser le decía que se entregara a mí.

Finalmente me ubiqué en la entrada de su sexo, suavemente fui abriéndome paso y comencé a sentir algo increíble, no había avanzado mucho, pero lo que sentía era distinto a lo que conocía, la presión, la humedad, me estaba volviendo loco, ya no solo era su personalidad la que me encantaba, sino que su cuerpo me estaba embrujando, y en ese momento cuando ya se veía que nada nos detendría sonó el teléfono, un celular que con su melodía terminó todo aquel momento mágico, ya que ella sintió que no podía seguir y que era mejor dejar todo hasta ahí, algo así como salvada por la campana. No se imaginan lo que es terminar un momento tan mágico de esa manera. Nos abrazamos con ternura, creo que esos abrazos calmaron el animal que se había despertado en mi, disfruté de su fragilidad en mis brazos y me sentí invadido por su ternura.

Nuestras conversaciones siguieron las semanas siguientes, tratábamos de justificarnos y no sentir tanto cargo de conciencia por lo que habíamos hecho, pero nuestras conversaciones no cambiaban, seguíamos provocándonos, lo que finalmente nos llevó a nuestro segundo encuentro, esta vez yo sabía que no podríamos hacer nada, por que ella me dijo claramente que no quería que volviera a pasar y que necesitábamos aclarar esta situación, así que volvimos a juntarnos en mi oficina, por que no era otro el objetivo que conversar…

Se pueden imaginar que la escena se repitió, pero esta vez nos dejamos llevar y los celulares estaban silenciados, por lo que finalmente volvía a tenerla en mis brazos, pero esta vez nos entregamos el uno al otro, quedando desnudos en el suelo, ella sobre mi y esta vez sin pensar en nada más, sentiría esa magia, ese embrujo que siento al hundirme en su humedad, que me presiona dándome sensaciones increíbles, poco a poco estaba cada vez más dentro de ella, y cuando ya estuvimos completamente conectados, nuestros cuerpos comenzaron un ritmo intenso, lo que junto a los besos me hizo sentir una verdadera conexión con ella, sentía como su cuerpo me presionaba cada vez más y podría decir que sentí el momento en que ella terminó silenciosamente, para continuar hasta que explotó toda mi locura por ella entregado completamente, nuestros movimientos siguieron hasta que no tardó en dejar salir unos gemidos de placer que anunciaban su momento de placer.

Después de todo ese momento de magia, volvieron a nosotros los sentimientos de culpa, que tontera, nos sentamos tranquilamente y conversamos, en un regaloneo deliciosos durante un buen rato, no me van a creer que tonto fui al decirle como broma que si le gustaría una segunda, y ella riéndose me dijo que ¡SI!, pero como yo lo había dicho como broma, no fui capaz de darme cuenta que hablaba en serio y les menciono esto por que hubo una tercera vez, que espero no sea la última, en la que aproveché todas las oportunidades que me dio, cada vez más relajados con nuestros remordimiento, nos juntamos una noche, conversamos un rato, empezamos a besarnos, nos miramos con picardía, lo conversamos y nos dirigimos a un motel, por que ya sabíamos a lo que íbamos y lo que queríamos…

Comenzamos por reconocer el lugar y bromear un poco, seguramente de manera inconsciente con el fin de relajarnos, primera vez que yo estaba en un motel, y más aún con una mujer que no era la mía, pero eso no me importaba mucho, solo quería estar con ella, así que nos pusimos en la cama y comenzamos a besarnos, bromeábamos por el nervio de la situación, seguimos besándonos, acariciándonos, y lentamente nos fuimos desnudando, ella tiernamente se cubrió con las sabanas, por una vergüenza que ella tiene de mostrar su cuerpo y que no puedo entender, ya que tiene un cuerpo precioso.

Seguimos con nuestras caricias, la besaba, lamí sus dulces senos, pudiendo sentir como con cada beso era cada vez más mía y poco a poco se fue generando el ambiente, el calor y la humedad nos unieron, comenzamos a hacer el amor intensamente, la verdad es que lo que siento con ella es algo increíble, me siento en el cielo, como que nos conectamos físicamente y espiritualmente, al parece ella también, ya que en un minuto me dijo algo, que creo no voy a olvidar en mi vida, por la forma y la intención con que lo dijo “Me encanta como me llenas”, y creo que no se refería solo a lo corporal, porque yo también me sentí lleno de ella.

Y como mencioné antes, esta vez aproveché todas mis oportunidades, estuvimos haciendo el amor y unidos en un mundo privado durante unas horas, lamentablemente como la cenicienta, tenia que volver a su casa, pero la verdad es que aún sigo unido a ella, lo que ella me da, evita que la pueda olvidar o dejar, se ha transformado en algo así como una droga a la que me hice adicto.

Autor: Carlos

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Mi estudiante favorito

Mi verga se deslizaba dentro del cuerpo de Daniel, él movía sus caderas haciéndome disfrutar de un placer como nunca antes lo había disfrutado. Daniel se movía y gemía cada vez que le enterraba mi verga, me excitaba más y más, mi verga salía y entraba continuamente de su culo. Jamás pensé que yo llegase disfrutar de algo así como eso, hasta que me vine dentro del apretado culito de Daniel.

Hace dos semestres comencé a dar clases, en un colegio universitario, y como de costumbre no faltan las putitas que piensan que abriendo sus piernas, van a conseguir pasar el semestre. Cosa para la que estaba y estoy preparado siempre, pero para lo que no lo estaba era para Daniel. Un chico de unos veinte años, que siempre se sentaba al frente de la clase, que dominaba magníficamente la materia, y participaba activamente la mayor parte del tiempo. Pero su apariencia era prácticamente la de una nena. Delgado, de abundante y largo cabello castaño bien claro casi rubio, de piel blanca, no muy alto, y con un tono de voz bastante afeminado, sin contar que abiertamente decía ser gay.

Nada de lo anterior me molestaba o llamaba la atención, es más hasta se puede decir que lo consideraba mi estudiante favorito, pero cierta noche durante una de las clases, me di cuenta de la manera tan especial que ese chico me tenía clavada la vista. Traté de no ponerle atención, pero su manera de verme me comenzó a poner algo nervioso. Para completar todo eso, me recordó que pasaría por mi apartamento a buscar un material, para realizar un trabajo investigativo. Su manera de hablarme fue bien seductora, lo que me puso más nervioso aun. Al llegar a mi apartamento, me dediqué a revisar unos exámenes por lo que me olvidé temporalmente de la visita de Daniel, así que cuando tocó la puerta, se puede decir que me agarró desprevenido.

Al abrir la puerta y encontrarlo frente a mí, me puse bien nervioso y él lo notó, por lo que supongo se puso a actuar de una manera bien seductora y femenina. Yo estaba deseoso de que se marchase lo más pronto posible, pero él de manera bien inteligente me comenzó a buscar conversación, hablando de temas que me apasionan, y por los que se puede decir que bajé la guardia, al punto que hasta le ofrecí algo de beber. Por espacio de casi una hora seguimos charlando, ofreciéndome una mayor confianza, y lentamente comenzamos a tocar el tema del sexo.

Fue cuando me preguntó ¿en que él se diferenciaba de una chica?, aparte de lo obvio desde luego. De inmediato me preguntó que si le permitía, que me modelase, para que viera su cuerpo y le dijera sinceramente que le parecía. Al principio caminó frente a mí de manera bien femenina, pero poco a poco sus manierismos fueron más delicados, y de momento comenzó ante mi sorpresa a quitarse toda la ropa, pero de una manera tan sugestiva, que me quedé con la boca abierta, observando sus paradas nalgas, apenas cubiertas por un ínfimo slip. Aun sabiendo de que se trataba de un chico. Su manera de moverse, fue capturando toda mi atención, hasta que me di cuenta de que mi miembro se me había puesto bien duro.

Ya estaba por decirle que terminase, que lo hacía muy bien, pero que no me interesaba más nada. Cuando Daniel, se arrodilló al extremo de la sala y comenzando a gatear mostrándome su parado culito. Yo estaba embelesado, mirando sus nalgas, así que cuando se me acercó lo suficiente, y sus finas manos se posaron sobre la bragueta de mi pantalón, no tuve la fuerza de voluntad de retirárselas. Con una habilidad tremenda, extrajo mi miembro del pantalón y casi de inmediato se dedicó a pasar su húmeda lengua por la cabeza de mi verga, haciendo que mi erección fuera mucho mayor.

Lentamente Daniel así desnudito como estaba me comenzó a chupar toda mi verga, la que yo veía asombrado prácticamente desaparecer por completo dentro de su boca, al tiempo que prácticamente sin que me diera cuenta, me fue bajando los pantalones, y hasta mis interiores. Mientras más me mamaba la verga, sus manos más se acercaban a mi fundillo, y aunque eso en parte me hacía sentir algo incomodo, la manera que me estaba mamando mi verga, me tenía por completo capturada mi atención. Hasta que yo mismo coloqué mis manos sobre su cabeza y comencé a movérsela de adelante hacia atrás, disfrutando más y más de la buena mamada que Daniel me daba.

Pero de la misma manera en que comenzó a mamar, se detuvo por completo y sin decir palabra, extrajo mi verga de su boca, y lentamente girando sobre sus talones, me dio la espalda, para luego ponerse en cuatro, ofreciéndome sus rosadas nalgas. Las que después de quitarme mi camisa no dudé ni un segundo en agarrar con mis manos, y dirigir mi verga al centro de su parado culito. A medida que lo fui penetrando, me fui sintiendo más y más excitado. Mi verga se deslizaba sabrosamente dentro del cuerpo de Daniel, mientras que él movía sus caderas divinamente, haciéndome disfrutar de un placer como nunca antes lo había disfrutado.

La manera en que Daniel se movía y gemía cada vez que le enterraba mi verga, me excitaba más y más. Mis brazos apretaban su cuerpo contra el mío, mi boca besaba y mordisqueaba su cuello, y mi verga salía y entraba continuamente de su culo. Jamás pensé que yo llegase disfrutar de algo así como eso, era algo increíble, hasta que fue tal mi excitación que finalmente me vine dentro del apretado culito de Daniel. No podía creer que le estuviera metiendo mi verga a ese tipo, y que encima me gustase tanto. Cuando saqué mi verga de su culo, estaba agotado, por lo que me senté en una de las butacas de mi sala.

Yo quedé exhausto, hasta que de nuevo comencé a sentir su boca sobre mi verga. En cosa de segundos, me lo volvió a parar, su manera de chupar mi verga, lamer mis cojones, y hasta de tocar mi esfínter con la yemas de sus dedos, me excitó tremendamente. Por un buen rato, Dani continuó chupa que chupa, mama que mama y lame que lame. Me sentía en la gloria, nunca antes, mujer alguna me habían hecho disfrutar tanto en tan poco tiempo, como Dani lo había hecho con su culo y después con su boca. Yo estaba tan envuelto en la mamada que él me estaba dando, que hasta me dejé caer sobre la alfombra de la sala, y de momento que frente a mis labios se encontraba su miembro, no tan grande y grueso como el mío, pero si lo suficientemente grande como para notarlo.  Así que mientras él mamaba mi verga, yo tímidamente comencé a chupar la suya.

Entre una cosa y otra, sus manos me tocaban ávidamente mis nalgas, hasta que de momento me preguntó Dani si me gustaría probar. No me tuvo que decir que, ya que apenas comenzó a decírmelo, sin dejar que terminase de hablar le respondí que sí. Fue entonces que él agarrándome por los tobillos, levantó y separó mis piernas, dirigiendo su miembro al centro de mis nalgas. Las que recibieron su verga completa, no me había dado cuenta hasta ese momento pero a medida que me fue acariciando mi esfínter, realmente me lo fue dilatando al punto que me penetró sin dificultad. También por un largo rato estuvo comiéndome el culo como quien dice, pero de qué manera tan sabrosa.

Cuando finalmente se vino dentro de mí, los dos nos quedamos acostados sobre la alfombra donde desnudos nos quedamos dormidos abrazados el uno al otro. Al despertar, sentí algo de vergüenza, pero apenas lo vi saliendo del baño recién duchado, con la toalla alrededor de su pecho y mostrándome las nalgas, me provocó volver a clavármelo, y así se lo hice saber. Daniel y yo ahora somos pareja aunque la mayoría del tiempo soy yo el activo, hay sus días y sus noches en que él también me da de lo suyo.

Autor: Narrador

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