Con Eugenia en la oficina

Eugenia abrió las piernas y se subió arriba mío, fue glorioso sentir mi pija resbalando en esa concha, abriéndola, llegando hasta el fondo de Eugenia y sentir sus gemidos mezclarse con los míos, agarrándola de la cintura empecé a darle, ella subía y bajaba, le chupaba las tetas, ella gemía suave, sexy, yo chupaba, mordía, pellizcaba con mis dedos la colita de Euge.

Jueves 10 de abril, miré la agenda y ahí estaban sus iniciales, enseguida recordé nuestra última charla: -Anotate, el jueves 10 voy a poder, mi marido va a estar de viaje y todo va a ser más fácil, no veo que llegue el día lindo. -Dale, espero poder ese día. Besotes.

Eugenia es escribana, tiene 32 años, está casada, igual que yo, y la conocí en la fiesta de cumpleaños de un amigo en común, enseguida me sentí atraído por ella, linda, muy linda, con un gran sentido del humor y con una simpatía mayúscula.

Con un trámite como excusa entramos en contacto, su matrimonio no estaba bien y eso ayudó, un par de semanas después de la fiesta estábamos en un hotel disfrutando de un sexo hermoso y con mucha excitación. Desde entonces cuando se puede nos vemos y soltamos todo ese desenfreno que nos causa tenernos cerca. A veces pasan dos, tres meses sin vernos, solo hablamos por teléfono o por MSN y nos deseamos hasta el límite.

Esa tarde de jueves, las cosas no venían fáciles, cuando Eugenia podía yo no podía y pensé que no iba a ser posible el encuentro, sin embargo un llamado clarificó las cosas.

-Escuchame, estoy en lo de mi tía, cerca de tu oficina, anotá la dirección, Maipú…-¿Pregunto por vos? -Si, le pedí prestada una oficina porque tengo un cliente muy pesado…jajaa…-En diez minutos estoy ahí.

No fueron diez minutos, fueron quince, que me parecieron una eternidad, moría por verla otra vez, hacía casi dos meses de nuestro último encuentro y miles de charlas pasaron en el medio. Llegué, pregunté por ella, subí a un tercer piso, me abrió la puerta una chica de unos veintipico de años, muy linda por cierto, enseguida apareció Eugenia con una señora de unos cincuenta y tantos años.

Eugenia tomó la palabra, señor Martínez, disculpe que no lo pude recibir en mi despacho, por suerte la señora Moreno me presta su oficina para que pueda atenderlo. Le aclaro que la gentileza de la señora Moreno se debe a que es mi tía que sino…

Le agradezco infinitamente señora, estoy con un tema urgente y los tiempos nos impidieron encontrarnos en algún lugar adecuado. La tía de Eugenia dijo que no había porque disculparse, que ella saldría a dar una vuelta y que cualquier cosa podríamos solicitársela a Marisa, la hermosa chica que me había abierto la puerta.

Entré a la oficina de la tía de Eugenia, me senté y después de despedirse de su tía agradeciéndole otra vez por su gentileza entró Eugenia, estaba hermosa, sensual y con esos ojos tan expresivos. Tenía puesto un trajecito negro y debajo podía divisarse una camisa blanca, el pelo atado rigurosamente y unos zapatos negros, muy sutiles.

Cerró la puerta, la trabó, me paré y nos besamos profunda y largamente, dejando a nuestras lenguas encontrarse, mis brazos la rodeaban por todos lados, quería acariciarla, tocarla, recorrerla por cada centímetro de su cuerpo, no podíamos hablar, las ganas de besarnos y tocarnos nos impedía, sentir la respiración agitada de Eugenia me calentó hasta el extremo.

Mientras nos sacábamos la ropa escuchamos el teléfono sonar y a Marisa atender, mientras la chica le explicaba a la persona que había llamado que la doctora Moreno no se encontraba yo estaba chupando las tetas de Eugenia, me vuelven loco, esas tetas me vuelven loco, Eugenia se las agarraba y me las ofrecía, pasaba con mi lengua de un pezón a otro, casi frenéticamente, mientras mis manos acariciaban su colita, me encantó tener su pezón duro y rosado en mi boca mientras con una mano tiraba del hilo de la tanga que salía de su pantalón.

Era una locura hermosa, excitante hasta el cielo, mientras me sacaba la camisa, Eugenia se sacaba el pantalón, ya estaba solo con esa tanguita blanca maravillosa, estaba bien metidita en su culito, tanto había tirado del costado de esa tanga que la había metido bien adentro.

Tenía la pija dura como un fierro, grande, mojada, con ganas de Eugenia, y Eugenia no tenía pensado dejarme con las ganas, se arrodilló, me sacó el slip, tomó mi pija con su mano y sin media palabra, solo miradas, se la metió toda adentro de su boca y empezó a chupar. Era increíble, la agarraba del pelo, y le pedía que me la chupe más y más…así puta, así!, y Eugenia comía, chupaba, hacía ruido con su boca y eso me calentaba más.

Era terrible el morbo que tenía por estar cogiendo con ella ahí, de trampa, en un lugar donde jamás había estado, en un estudio contable, con una pendeja hermosa afuera pensado que dentro de esa oficina había una escribana con su cliente y Eugenia chupaba con más ganas y su mano subía y bajaba por el tronco de mi pija acompañando el ritmo que su boca marcaba.

Que ganas de comerte así la pija que tenía lindo… dijo y pensé que me moría en ese momento, déjame chuparte le pedí, y Eugenia accedió de la forma más sensual que podía hacerlo, me pidió que me agache, antes de hacerlo la besé profundamente, ella se dio vuelta, corrió un portarretratos que había sobre el escritorio de su tía, apoyó las manos sobre el escritorio dándome la espalda, inclinó levemente su cuerpo y quedó ante mis ojos ese culito, esa tanguita que podía volarle la cabeza a cualquiera y me dijo:

Comémela lindo…por favor… yo estaba de rodillas, con su culito en mi cara, le corrí la tanguita y me dejé llevar, le separé los cachetes de su culito y le hundí la lengua buscando la humedad de su conchita, pronto la encontré, Eugenia abría las piernas, casi se recostó sobre el escritorio, el portarretratos cayó al suelo y le chupé la concha como si fuera la última vez, le metí un dedito, dos…mi lengua, me excitaba tener la cara manchada por sus jugos.

Eugenia hacía todos los esfuerzos posibles por no gemir, pero era  imposible, con su voz entrecortada dijo esas palabras mágicas, me vas hacer acabar nene… más chupé, más hundí mi boca y a pesar de todos sus esfuerzos soltó un gemido entrecortado, Aaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhh ¡hijo de puta! Así! cuando Eugenia me insultaba era porque la excitación la había superado, cuando estaba poseída por el placer me puteaba y a mí…más me calentaba.

¡Ahora te voy a coger bien esa concha puta! Dije mientras me sentaba en el sillón principal de la oficina, la agarré de la cintura y la traje hacia mí, Eugenia abrió las piernas y se subió arriba mío, fue glorioso sentir mi pija resbalando en esa concha, abriéndola, llegando hasta el fondo de Eugenia y sentir sus gemidos mezclarse con los míos, agarrándola de la cintura empecé a darle, ella subía y bajaba, le chupaba las tetas, ella gemía suave, sexy, yo chupaba, mordía, pellizcaba con mis dedos la colita de Euge.

Éramos un volcán a punto de explotar cuando golpearon la puerta de la oficina, Eugenia con su mano tapó mi boca, a mi nada me importaba y seguía moviendo mi cintura, cogiéndola, le chupaba los dedos mientras Eugenia preguntó quien era, Marisa se escuchó del otro lado, termino en cinco minutos, espérame por favor dijo Eugenia, y riéndose volvió a moverse arriba mío, más fuerte, más salvaje, más caliente.

No podía más, quería llenarla de leche, acabarle bien adentro, acabame…acabame…acabame hijo de puta que te acabo, me rogó Eugenia, un poco más nena…un poco más, me dio ese poco más, le di un poco más y acabamos juntos, nos hubiéramos quedado ahí tirados un buen rato y hubiéramos vuelvo a coger, pero no se podía.

Nos vestimos, arreglamos un poco el escritorio, nos repusimos en el baño y después salimos, Marisa estaba con una persona que jamás supimos cuando llegó, entró a la oficina tomó unos papeles y se los dio. Yo me despedí de mi escribana y volví a mi oficina, con ganas volver a cogerla…

Espero que les haya gustado, cualquier duda por favor dejen su comentario.

Autor: Joaquin

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