Comida de trabajo

Empezó entonces a introducirme sus dedos; primero uno  metiéndolo y sacándolo, luego introdujo otro y siguió con el movimiento, pero esta vez más rítmico. Por último me metió el tercero y lo hizo con más fuerza y más firmeza, lo apretaba ya introducido, no lo sacaba apenas. Mientras con su boca había localizado el clítoris y lo estaba succionando. El orgasmo fue tremendo.

Habíamos tenido una comida muy amena. Hasta las 6 no venía la visita a la oficina, por lo que prolongamos los cafés y licores hasta 4.30, que fue cuando nos avisaron que teníamos que irnos ya que el restaurante cerraba tras las comidas. Estábamos ya dejando la propina cuando el cielo, que llevaba todo el día negro, soltó un ruidoso trueno y empezó a diluviar. El restaurante ya cerrado por lo que nos fuimos corriendo a la oficina que se encontraba a un par de manzanas.

Cuando llegamos mi camisa blanca estaba empapada y se pegaba a mis pechos transparentándose absolutamente mi sujetador de encaje. Intenté ocultarlo con mis brazos pero lo que no podía ocultar es que estaba tiritando, tenía mucho frío, el calor del verano ya se había ido. El me abrazó instintivamente pero le avisé que se mojaría más. El contacto con él unido al frío me hizo temblar más fuerte y a castañear los dientes. Se separó, me miró dulcemente y me dijo:

-Tienes que quitarte la camisa o no te secarás nunca y vas a coger frio. -Pero me voy a congelar si me la quito. -Te dejaría mi camiseta pero también está mojada. -¿Que puedo hacer? -Espera, vamos a hacer “supervivencia”, nos quitamos las camisas y nos damos calor el uno al otro, así nos templaremos y esperamos a que se nos seque la ropa.

Lo expuso con una naturalidad y simpatía que empecé a desabrocharme la camisa con una sonrisa, pero mis manos temblaban de frío y no atinaba una.

-Espera que te ayudo…

Me miraba a los ojos y de ahí volvía su mirada a sus manos maniobrando con el botón. Quitó el primero muy despacio, quedaba a la altura del escote y cuando lo quitó se empezó a adivinar los pechos. Paró un poco, nos miramos y volvíamos a mirar a la zona de operaciones, casi sincronizadamente. Después del segundo botón se descubrieron mis voluptuosos pechos. El me miró a como pidiendo permiso y pasó su mano por mi escote como si lo quisiera secar. Yo no podía quitar mis ojos de él y  se acercó para besarme. Nos dimos un corto y suave beso.

Siguió desabrochando el resto de los botones, abrió de par en par la camisa y se abalanzó a mi cuello, mientras, con mi ayuda nos desprendíamos totalmente de la camisa y del sujetador. Se paró para quitarse él también su camiseta con un rápido gesto. Después me abrazó fuertemente. El contacto de nuestros cuerpos provocaba chispas, después de tanto tiempo deseándonos…

Buscó mi boca para darme un largo y apasionado beso mientras bajaba sus manos para agarrarme del trasero y atraerme hacia él. Podía notar su miembro erecto. Me agarró más fuerte y me impulso para subirme sentada a la mesa. Me abrió las piernas y se colocó entre ellas. Quedábamos justo a la medida. Seguía besándome, me comía los labios, bebía de mi saliva. Bajó a mis pechos donde continuó la orgía de su lengua, chupando, mordiendo y besándolos.

Yo estaba completamente excitada y le acercaba a mí para poder sentir más cerca su miembro aunque fuera a través de los pantalones.

Sus manos abandonaron mis pechos para quitarme los pantalones, luego los suyos. Con sólo la ropa interior, el contacto era total. Nos ardían los sexos y bajó hasta el mío para repetir lo que en boca y pechos había hecho con su boca. Me separó las piernas más aún y con sus dedos abrió mis labios para ir en busca de lo más íntimo con su lengua. La movía de abajo a arriba, a los lados y trazando pequeños círculos. A veces paraba para realizar pequeñas succiones. También aplastaba todo el ancho de su lengua para pasarla por todo el recorrido.

Empezó entonces a introducirme sus dedos; primero uno  metiéndolo y sacándolo, luego introdujo otro y siguió con el movimiento, pero esta vez más rítmico. Por último me metió el tercero y lo hizo con más fuerza y más firmeza, lo apretaba ya introducido, no lo sacaba apenas. Mientras con su boca había localizado el clítoris y lo estaba succionando. El orgasmo fue tremendo.

Al ver que no podía dejar de gemir decidió parar. Se irguió y me acercó su pene. Tenía el sexo empapado en saliva y fluidos, lo que hizo que entrara solo y a la primera. Aunque acababa de correrme, me encantó y a juzgar por el alarido que se le escapó a él también.

Me recostó hacia atrás y asiéndome de ambas piernas empezó a follarme sin contemplación, con empellones fuertes y firmes. Tuve el segundo y mejor orgasmo cuando derramó su leche dentro de mi, notando como salía goteando de dentro de mi.

Se sentó agotado en una silla y allí nos recuperamos, apenas faltaba una hora para la visita.

Autora: Gema

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