Diario de un embaucador: David

Hacía calor y el día pasaba demasiado lento. Era uno de esos típicos sábados de verano en los que no hay nada mejor que hacer más que tirarse en la cama y mirar el techo sin moverse, intentando pasar desapercibido ante el calor.

Había salido del entrenamiento y me había dirigido directamente a la casa. Nos encontrábamos solo mi hermano mayor y yo. Nuestros padres se habían ido a pasar el fin de semana a la playa con unos amigos. Como siempre sucedía en estas ocasiones, habíamos comido algo precocinado y cada uno se había retirado a sufrir el caluroso día a su manera y en su cuarto.

Desde donde me encontraba podía escuchar la música en el cuarto de mi hermano. Nico siempre aprovechaba éstas ocasiones para poner su lista de reproducción a todo volumen sin tener a mamá golpeándole la puerta y diciéndole que se iba a quedar sordo o alguna tontería por el estilo.

Mientras tanto yo me entretenía soñando con lo que sucedería el día siguiente. Había quedado con Alex para practicar química. Me mordí el labio. Solo de recordarlo me temblaban las piernas. Había pasado semanas intentando acercarme a él. El tipo era tan jodidamente sexy. Solo de recordar lo cerca que había estado de su polla, lo deliciosa que se veía… se me hacía agua la boca. Había tenido que utilizar toda mi fuerza de voluntad para no ponerme de rodillas allí mismo, en medio de las taquillas y frente a todo el equipo de fútbol y comenzar a chupársela.

Pero todos conocían su relación con Franco, el capitán del equipo; y todos querían a Franco, nadie se atrevería a hacer algo que pudiera ir en su contra. Era el típico chico bueno que había llegado a capitán por su carisma. El típico compañero al que todos invitaban a las barbacoas y con el que tu madre te comparaba para que seas más educado. Nadie se atrevería a meterse con su novio… aunque todos lo desearan.

Y Alex lo sabía. Siempre tardaba un buen rato en quitarse la ropa, se desnudaba antes de ir a las duchas, se dejaba la cortina entreabierta y demoraba otro rato en volver a vestirse. Era plenamente consciente de su posición. Sabía que todos lo observaban pero nadie se atrevía a ser demasiado evidente… y se deleitaba con eso.

Yo había tenido suficiente. Demasiadas veces había tenido que esconder la polla morcillona por sus exhibiciones, demasiadas pajas me había hecho pensando en él y en lo que haría. De modo que, en la mañana, cuando Franco finalmente lo dejó solo, decidí hacer mi jugada. Había ido hacia él hecho un manojo de nervios y había dicho lo primero que se me había cruzado por la cabeza. Por supuesto que no necesitaba tutorías de química, era uno de los mejores alumnos de la clase, pero fue lo primero que se me ocurrió y fue lo primero que dije. Habíamos quedado para mañana y ahora mi polla se ponía dura de tan solo pensar que íbamos a estar los dos solos en una habitación.

Acostado en mi cama cerré los ojos y me puse a fantasear con las posibilidades. Comencé a acariciarme el pecho, los pectorales, con una mano; mientras que la otra había ido hacia mi abdomen y bajaba rápidamente. Me pellizqué un pezón y solté un gemido mientras metía mi mano bajo las bermudas y me agarraba la polla dura como una roca.

Tenía el glande empapado en precum, de modo que comencé a esparcirlo por todo mi paquete. Suave, muy lentamente, apenas aplicando presión al principio mientras me imaginaba a Alex encima mío, jugando con mis pezones, acariciándome la polla, tocando mis huevos…

De repente oí cómo se abría la puerta y mi hermano se asomaba por ella. No había oído la música apagarse. Rápidamente quité la mano de mis bermudas y me senté como pude en la cama, sintiendo cómo se enrojecía mi rostro y una ola de calor me recorría el cuerpo.

“David, lo siento, debí haber golpeado”. El rostro de mi hermano no denotaba ninguna emoción, ni sorpresa, ni enojo. “Quería hablar contigo.”

“Pasa”, dije con voz tenue. Nico entró y se sentó al pie de mi cama. Se encontraba sin camiseta igual que yo, exhibiendo su cuerpo como siempre. Llevaba unas bermudas negras que contrastaban contra las mías, amarillo brillante y el pelo castaño corto, contrastando con el mío.

“Quería hablarte sobre lo que me contaste en la mesa hace un rato”. Su rostro seguía inmutable. Mientras almorzábamos le había comentado sobre mi pequeña victoria. Nico simplemente se había puesto serio y no había vuelto a decir una palabra. Su humor había cambiado por completo… y al parecer no había cambiado. “¿Hablabas en serio cuando dijiste de reunirte con Alex?”

Nico había conocido a Franco en una barbacoa que habíamos organizado en casa para el equipo. Eso había sido un par de años atrás. Se habían vuelto muy unidos desde entonces, eran mejores amigos, casi inseparables. Lo que significaba que también conocía a Alex. También sabía sobre mi fascinación hacia el novio de su mejor amigo, pero Nico nunca había hecho ningún comentario al respecto… hasta ahora.

“Si, claro”, respondí. “¿Por qué no hablaría en serio? Sabes que hace mucho estoy buscando una oportunidad así”.

“Una oportunidad de engancharte con el novio de otro”. Lo dijo como si estuviera hablando del calor infernal que estaba haciendo. No había un atisbo de reproche en su tono.

“¿Qué quieres decir?”

“Quiero decir que deberías pensártelo dos o tres veces. Es la pareja de tu capitán, de tu amigo. ¿En serio quieres hacerle esto a Franco?”

“¿Hacerle qué? Solo vamos a estudiar química”.

“Tu y yo sabemos que deseas más que ninguna otra cosa que suceda algo más. No hagas como si no te vi al entrar, David”.

“¿Y eso qué? Métete en tus asuntos, Nico”, dije, aunque sabía que el rostro se me había enrojecido y eso me enfurecía aún más.

“Es tu decisión”, dijo luego de una larga pausa. “Pero ten cuidado con ese Alex, me da mala espina”.

“Solo lo dices porque no quieres que nadie más…”

“…que nadie más te toque, por supuesto”. Me interrumpió y me sonrojé aún más, si eso era posible. “Eres mío, hermanito. Creo que tendré que recordártelo”.

Antes de darme tiempo a decir nada más, se abalanzó sobre la cama, me tomó de las muñecas, colocó ambos brazos detrás de mi cabeza y chocó sus labios con los míos.

No intenté resistirme, sabía que sería en vano. Mi hermano era bastante más grande que yo y estaba más trabajado. Además, siempre disfrutaba de nuestras sesiones.

Su lengua me recorrió los labios antes de introducirse en mi boca y apoderarse de ella por completo. Recorría cada centímetro y dictaba los movimientos de ambos. Mientras tanto podía sentir su enorme paquete contra el muslo, lo que automáticamente hizo que me pusiera duro una vez más.

“Eres mío, hermanito, voy a marcarte y vas a acordarte de quién es tu dueño, ¿está bien?” Dijo una vez se hubo separado de mi boca para respirar. Asentí con fuerza.

“Quiero que lo digas”, dijo con su voz de macho alfa.

“Si, soy tuyo, quiero que me marques y me lo recuerdes”, dije con verdadero deseo.

Hacíamos esto desde que éramos adolescentes, no era nada nuevo. Nuestro padres siempre habían sido de viajar mucho. Les gustaba disfrutar de su tiempo “a solas”. De modo que Nico y yo solíamos quedar solos en casa al menos un par de veces al mes. Hacía un trabajo excelente con su papel de hermano mayor. Desde pequeño había sido muy protector conmigo y yo muy dependiente de mi hermano mayor. Y ese sentimiento había crecido exponencialmente junto a nosotros.

Un día me había encontrado besándome con un compañero  en mi habitación. Se había enfurecido, nunca lo había visto así. Lo había echado sin miramientos y probablemente le diera un buen susto, porque aquel chico nunca se me volvió a acercar. Esa misma noche se coló en mi habitación, me tomó justo como me había agarrado ahora y lo hicimos por primera vez. Desde entonces, cada vez que papá y mamá se toman unos días fuera, Nico me recuerda a quién pertenezco.

Ahora me quitaba las bermudas de un tirón, sin soltarme los brazos y besando y mordiendo mi cuello, marcándome. Terminó de quitarme la prenda y llevó tres dedos a mi boca. Automáticamente me dediqué a chupar como si se tratara de su enorme miembro. Mientras tanto él bajaba con su boca por mi pecho y se disponía a besarme un pezón, lo recorría con la lengua y lo mordía, enviando olas incontrolables de placer por todo mi cuerpo.

Retiró los dedos de mi boca y gemí con anticipación cuando me abrió las piernas y comenzó a masajear mi entrada con movimientos circulares. Me mordía el labio inferior intentando no emitir ningún sonido a pesar de que moría de placer por dentro, sabía el efecto que tendría eso en él. Luego de unos segundos en que solo se oían sus juegos con mi pezón, levantó los ojos negros y me observó con una sonrisa lasciva en el rostro.

“Estás muy callado”, dijo con tono irónico. “Creo que tendré que aflojarte la lengua, ¿eh, hermanito?”

Una vez más comenzó a subir por mi cuello, dejando marcas en el camino y dirigiéndose hacia mi oído. Por supuesto que conocía mi punto débil a la perfección. Me comenzó a mordisquear el lóbulo al mismo tiempo que introducía el primer dedo dentro de mí. El doble estímulo fue demasiado, no tuve opción más que empezar a gemir con locura.

“¿Te gusta cierto? ¿Te enloquece que tu hermano mayor te de placer? Abre esas piernas para mi”, me susurraba al oído entre cada mordisco y la entrada y salida de su dedo.

“Si, quiero más”, dije cerrando los ojos y dejándome llevar por todas las sensaciones que invadían mi cuerpo.

“¿Más? Que hermanito tan goloso”, dijo riendo por lo bajo mientras introducía un segundo dedo y hacía que me arqueara de placer. Era sobrecogedor, intentaba mover los brazos, aunque fuera en vano, y eso parecía potenciar aún más a mi hermano. “Te voy a hacer mío, vas a gemir mi nombre y no vas a desear a nadie más, ¿está claro?”

No tardó en introducir el tercer dedo y decidir que ya estaba listo para recibir su enorme miembro. Buscó lubricante en el cajón de mi mesa de dormir, destapó la botella y se desparramó un poco del gel sobre el miembro, lo esparció con una mano, me abrió las piernas y se colocó contra mi entrada. Todo esto sin soltarme los brazos. El sentimiento de impotencia me volvía loco: mi hermano estaba a punto de penetrarme y yo no podía hacer nada al respecto (no que quisiera hacer algo tampoco).

“Esto es por desear a otro e intentar darte placer pensando en alguien que no sea tu hermano mayor, ¿está claro?”, dijo mirándome a los ojos.

“Si”, dije devolviéndole la mirada. Automáticamente recibí una fuerte nalgada.

“Si, hermano”, me corrigió.

“Si, hermano”, respondí. Su mano seguramente me habría dejado una marca más, pero no me importaba. Después de todo, mi cuerpo era suyo.

“Así está mejor”, dijo antes de comenzar a introducirse lentamente dentro mío.

Su miembro era enorme, al menos veinte centímetros de gruesa carne. Podía sentir como me ensanchaba, cerré los ojos intentando soportar el dolor. Una vez estuvo completamente dentro, se detuvo, esperando a que me acostumbrara a su tamaño. Llevábamos años haciendo esto, mi hermano sabía perfectamente lo que hacía. Solo necesité verlo una vez a los ojos para que supiera que estaba listo. Automáticamente comenzó a retirarse, dejando solo la punta dentro mío, solo para volver hundirse una vez más.

Repitió este proceso una y otra vez, cambiando levemente el ángulo hasta encontrar el punto en que mi espalda se arqueó y los sonidos que emitía se volvieron inteligibles. Entonces comenzó a acelerar y golpear ese punto uno y otra, y otra y otra vez hasta cumplir su palabra.

“¡Nico! ¡Nico! ¡Ahí, no pares! ¡Nico!” Su nombre se escapaba de mi boca como una plegaria. Mi hermano me tenía completamente dominado y yo estaba disfrutando como loco.

No pudimos sostener ese ritmo mucho tiempo más, luego de un par de embestidas, fue él quien comenzó a gemir de placer; su actuación de tener todo bajo control volando por la ventana mientras empujaba con furia contra mí una y otra vez hasta que sentí su semen derramándose dentro mío. Ver su rostro contorsionado de placer, oír sus gemidos de alivio y sentir su semilla dentro de mí, me hizo correr automáticamente también. Mi leche salpicó su abdomen y el mío mientras nuestros labios se volvían a encontrar y mis brazos finalmente eran libres para enredarme en su cabello y presionarlo contra mí.

“¿Aún planeas verlo mañana?” Preguntó luego de un rato, después de desplomarse a mi lado, nuestros cuerpos cubiertos de sudor.

“Solo es una estúpida tutoría de química”, dije intentando quitarle importancia. El sexo con mi hermano era genial, pero ya era hora de que probara algo nuevo, y ¿qué mejor que con un bombonazo como Alex? Siempre y cuando Nico no se enterara, no tendría de qué preocuparme.

Una fuerte nalgada me arrancó de mis pensamientos.

“Ve a darte una ducha”, dijo mi hermano mayor, “luego ven aquí de nuevo, parece que no has entendido. Eres mío. Habrá que reforzar la lección.”

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Bueno, ésta vez fue un poco diferente. Como dije, a medida que vaya avanzando, la historia se irá ensanchando y nuevos personajes se irán agregando.

La historia principal la veremos a través de los ojos de Alex, es por eso que éstos capítulos especiales de otros personajes no tendrán numeración.

Espero y lo hayan disfrutado, saludos!

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